Rodrigo Rojas Vade, exvicepresidente de la Convención Constituyente de ChileMarcelo Hernandez / Gettyimages.ru

El movimiento registra deserciones en masa después de las controversias que agotaron su credibilidad.

La Lista del Pueblo representaba una de las principales organizaciones políticas emergentes surgidas del estallido social de 2019. Estaba formada por líderes sociales independientes que denostaban a los partidos tradicionales y prometían honestidad, congruencia y renovación. Y sorprendieron al ganar 26 bancas en la Convención Constituyente que se definió en las históricas elecciones de mayo pasado.

Pero después de ese inesperado triunfo, comenzó una debacle. En las últimas semanas, la catarata de escándalos de este movimiento de izquierda se coronó con la desconcertante confesión de uno de sus integrantes: Rodrigo Rojas Vade, vicepresidente de la Convención Constituyente, renunció a su cargo luego de reconocer que durante años había fingido un cáncer.

La noticia sorprendió por completo a la sociedad chilena, ya que el activista de 37 años se había granjeado altos niveles de simpatía al participar en las movilizaciones de fines de 2019 que pusieron en jaque al Gobierno de Sebastián Piñera y que desembocaron en un plebiscito para que la ciudadanía decidiera si quería una nueva Constitución y, luego, en la elección de las y los 155 convencionales.

Rojas Vade ganó notoriedad en las marchas con su cabeza pelada, producto, según él, de los tratamientos contra el cáncer. Su popularidad creció hasta convertirse en una de las figuras más reconocidas de la Lista del Pueblo, el movimiento creado por dirigentes que decidieron aglutinarse para participar de manera formal en la vida política chilena.

Por eso logró ser elegido como uno de los siete vicepresidentes de la Convención Constituyente que se instaló a principios de julio y que es presidida por la intelectual mapuche Elisa Loncon.

Ahora será investigado y su incipiente carrera política está terminada. Tanto como la credibilidad de la Lista del Pueblo, que enfrenta un éxodo masivo de militantes que ya no quieren quedar ligados a un movimiento que ilusionó y decepcionó en muy poco tiempo.

Porque este no fue el único escándalo, y una de las consecuencias más graves es que la derecha está utilizando el desprestigio de la Lista del Pueblo para desacreditar por completo el trabajo de la Convención Constituyente, como ya lo denunció el alcalde de Recoleta y exprecandidato presidencial, Daniel Jadue.

Irregularidades en el financiamiento

El financiamiento de varias de las campañas de los militantes de la Lista del Pueblo que se postularon a convencionales constituyentes está bajo investigación del Servicio Electoral (Servel), ya que varios candidatos emitieron facturas de gastos a sus propios familiares. Se trata de millonarios recursos públicos.

Una de las principales alertas fue que Miriam Parra, una dirigente que asesoró diversas candidaturas, cobró diferentes honorarios a pesar de haber realizado el mismo trabajo, lo que motivó su expulsión y la del excandidato Ricardo Mahnke, de quien incluso fue jefa de campaña.

Hay otros casos de excandidatos a convencionales que emitieron facturas a hermanos, primos, tíos, cuñados, esposos, sobrinos o nueras, pero uno de los que más llamó la atención fue el de la activista ecologista Soledad Mella, ya que, en medio de las denuncias por estas irregularidades, también se postuló como precandidata presidencial con miras a las elecciones generales del próximo 21 de noviembre.

Este proceso terminó de evidenciar la desorganización y fracturas que tenía la Lista del Pueblo, ya que se realizó de una manera totalmente desaseada.

El pasado 6 de agosto Cristian Cuevas, un reconocido líder sindical de larga trayectoria en partidos de izquierda, fue elegido como candidato en una votación interna en la que participaron 73 militantes, pero la decisión fue impugnada de inmediato por otros dirigentes que advirtieron que tan pocas personas no podían designar a un presidenciable, y que lo mejor era realizar una elección interna en la que interviniera la sociedad a través de patrocinios (firmas) recolectadas de manera formal en la página del Servicio Electoral.

La postulación de Cuevas quedó invalidada y, aunque siguió su campaña de manera independiente, no se pudo registrar porque no consiguió las 34.000 firmas que exigía el Servicio Electoral.

El escándalo de las firmas falsas

El 12 de agosto, la Lista del Pueblo anunció que sus tres precandidatos presidenciales eran los mapuches Ingrid Conejeros y Diego Ancalao y la activista Soledad Mella, pero en realidad esta última inclusión era más bien simbólica, ya que ella no hizo campaña alguna porque en ese momento se había destapado el escándalo de las anomalías en sus reportes de gastos.

Mientras tanto, los pleitos internos y la suspensión de la candidatura de Cuevas ya habían provocado renuncias en cascada de militantes de la Lista del Pueblo, que hoy ya quedó dividida en varios sectores.

Y todavía faltaba otra controversia que desató tanto indignación como burlas. Finalmente, Ancalao fue designado como su candidato presidencial y el 23 de agosto, horas antes de que venciera el plazo, logró registrarse ante el Servel.

Publicado: 8 sep 2021

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Draghi, Marx y el papa Francisco/II y última

Ocho. “Quien entra papa, sale cardenal”, escribió uno de los periódicos en contexto de la nominación de Mario Draghi, ex jefe del Banco Central Europeo (ECB), a primer ministro de Italia: varios nombres de otros viejos políticos para dirigir este “gobierno técnico” −las supuestas “caras nuevas” que en su tiempo tanto ridiculizaba Marx (véase: parte I)− terminaron por quedarse fuera (bit.ly/2R5KVBa). Su gabinete de “unidad nacional” apoyado por todas las fuerzas políticas desde la izquierda hasta la Liga Norte (con excepción de los posfascistas de Fratelli d’Italia), lleno solamente de representantes del capital y de los “expertos” neoliberales es una perfecta emanación de la pospolítica y posdemocracia (nadie ha votado por Draghi, su gente o su programa de “reformas”) que ya dejaron de ser una “excepción” para volverse una “normalidad”.

Nueve. Ser un banquero y un neoliberal no excluye ser, para Draghi, un ferviente católico y jesuita. Un acólito del papa Francisco −y anteriormente un gran fan de Benedicto XVI (sic)− Draghi está “profundamente preocupado por la moralidad de los mercados” (sic) y profesa una filosofía “que dirige sus ‘buenas intenciones’ en las estrategias del capital financiero” tratando de “conciliar la iniciativa privada y la búsqueda de la ganancia con el bien común y la solidaridad con los excluidos” (sic). Pero su salvación del euro, que de hecho pavimentó el camino a la pospolítica en Italia, implicó simplemente relegar los costes de esta operación a la gente común y corriente y fortalecer a los mercados (bit.ly/3tdmDU2). La “justicia” y la “moralidad” −sacadas de la enseñanza de la Iglesia− eran sólo retórica.

Diez. La ambigüedad del propio papa Francisco respecto del capitalismo es la que permite este tipo de contradicciones. Si bien sus críticas al sistema −y al neoliberalismo en particular, algo de lo que era famoso también... Juan Pablo II−, al dinero como “un nuevo ídolo” y su “defensa de los pobres y los excluidos” parecen ocupar un lugar importante en sus enseñanzas: Evangelli gaudium, Fratelli tutti, etc. (bit.ly/3dZE2cp). Pero sus llamados prácticos, por ejemplo al FMI o BM “para que trabajen por un futuro más inclusivo y sostenible en el que las finanzas estén al servicio del bien común (¡tal cual el mantra de Draghi!), en el que los vulnerables y los marginados estén en el centro y en el que la tierra esté bien cuidada” (bit.ly/3a9GwUp), hacen que sus buenas intenciones y teoría acaben en lugares comunes.

Once. En un lugar, escribiendo sobre cierta contradicción en la lucha por el socialismo que busca eliminar el antagonismo entre el dinero y las mercancías aboliendo el primero, pero perpetuando la producción de las segundas, Marx apuntaba que esto era “autodestructivo” y equivalente a “abolir al Papa, dejando al catolicismo en su lugar”. La postura de Francisco respecto del capitalismo es una perfecta encarnación de esta metáfora teológica marxiana: sus llamados a que los ricos “compartan su riqueza de modo más justo y ético” y sus llamados a no remplazar al capitalismo (como abogaba Marx), sino a “volverlo más ético” (sic), sólo fortalecen el sistema y expanden sus espacios.

Doce. Otra figura de la élite financiera similar a Draghi, banquero y neoliberal a cargo de la restructuración global en favor del capital −igualmente un ex-empleado de Goldman Sachs− es Mark Carney (bit.ly/3wshJoabit.ly/3tmJI6Q), ex jefe del Banco Central de Canadá y ex jefe del Banco Central de Inglaterra, tildado como el “más influyente católico en Gran Bretaña” ( Tablet, 2015). Sus moralizaciones sobre “la intrínseca ética de los mercados”, sus llamados por un “capitalismo más inclusivo” (sic), sus cuestionamientos de la primacía del precio sobre el valor −“valor de cambio” vs “valor de uso”en términos marxianos (véase: B. Echeverría et al.)− hacen de él un profeta de un oximorónico “neo-franciscanismo procapitalista”.

Trece. Tal vez pocos pensamos en esto, pero las similitudes de Draghi con Francisco −que hacen del primero un perfecto contraparte laico del segundo− abren la cancha, muy a contrapelo del análisis dominante y biempensante, para ver en el papa argentino una quintaesencial figura de la pospolítica. Las claves centrales de su ascenso: devolver la credibilidad moral y financiera dañada por escándalos (pederastia, Banco del Vaticano), la unidad en su torno (igualmente Francisco está rechazado sólo por elementos posfascistas), la crítica del capitalismo que en efecto busca su “reforma” y un mejor funcionamiento, son, en el terreno de la Iglesia, iguales que las de Draghi respecto a Italia.

Catorce. Hace varios años Slavoj Žižek, describiendo cómo el capital capturó por completo a la política, subrayaba que el espacio para las decisiones de los políticos es sumamente limitado y reducido a asuntos indiferentes al capital (“las guerras culturales”). Citaba a Mario Monti, el predecesor de Draghi a cargo de un “gobierno técnico” en Italia, que enfatizaba que los gobernantes “han de ser libres del parlamentarismo”(bit.ly/3dAWXdu). Ayer figuras parecidas, delegadas desde afuera y encargadas a velar por intereses foráneos, presidían las “repúblicas bananeras”; hoy gobiernan las “repúblicas financieras” (de los que son muchos países de la UE), haciéndose incluso de la retórica religiosa y el discurso papal.

 

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