Miércoles, 11 Enero 2017 06:33

Teodoro y Teodorín

Teodoro y Teodorín

El dictador de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang, que llegó al poder en 1979 y lleva ya 38 años sentado en la silla presidencial, no se anda por las ramas. Su hijo Teodorín es su vicepresidente desde el año pasado, electo con la misma aplastante mayoría que su padre, más de 90 por ciento de los votos.

El viejo Teodoro, que para llegar adonde está derrocó a su tío Francisco Macías, otro dictador sanguinario, domina como pocos el arte de permanecer en el mando: controla, para empezar, el organismo que cuenta los votos; es el eterno candidato del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), que en esas mismas últimas elecciones sacó 99 de los 100 escaños del parlamento; desaparece a los opositores molestos, los compra cuando puede, o los manda al exilio. Y, por supuesto, tiene los ojos puestos en crear una dinastía, de allí que Teodorín, su vicepresidente, sea ahora su sucesor.

Las cifras electorales son, por supuesto, falsas. En 1993, por ejemplo, tras prohibir la participación de 10 de 14 partidos políticos, cuyas personerías fueron anuladas, la abstención, medida por los organismos internacionales, llegó a 80 por ciento. Y la gente sigue sin acudir a votar en cada elección. ¡Para qué? Las boletas están contadas de antemano.

Guinea Ecuatorial es un pequeño país centroafricano colonizado por España, de apenas unos 28 mil kilómetros cuadrados, un poco mayor que El Salvador. No llega a alcanzar el millón de habitantes, la mayoría de ellos sumidos en la pobreza pese a la abundancia de yacimientos de gas y petróleo, explotados por compañías trasnacionales, y cuyos beneficios van a dar a una minoría encabezada por la familia presidencial.

Teodoro y Teodorín. Pareciera el dúo de una historieta cómica, pero no lo es. Son personajes más bien de una novela de vampiros con nombres de vodevil. Teodorín, el delfín de la dinastía, y que ahora tiene 47 años, empezó a entrenarse en el gobierno de Teodoro como ministro de Agricultura y Bosques, cargo que ocupó por siete años; con un salario de 3 mil dólares, pronto había amasado una fortuna de más de 100 millones, gracias a un impuesto sobre la tala y exportación de madera, cobrado a su favor y depositado en cuentas extranjeras. Y también, aventajado que es Teodorín, se hizo con el monopolio de la televisión, dueño único de la cadena Asonga.

La rapiña de la madera no fue sino su capital semilla y luego echó mano libremente de las ganancias petroleras, así que pudo empezar a gastar en lo que quería y ser dueño de lo que quería: una mansión de 30 millones de dólares en Malibú, California, donde estudió unos cuantos meses en la Pepperdine University, afiliada a las Iglesias de Cristo; otra mansión en la avenida Foch, en París, en el exclusivo distrito XVI, que vale 220 millones de dólares, decorada con pinturas de Renoir y Degas, y dotada de spa, cine privado, una discoteca, peluquería, gimnasio y salones de banquetes.

Coleccionista de automóviles exclusivos, entre ellos un Bugatti Veyron deportivo de un millón 300 mil dólares, de los que sólo existen 30 modelos en el mundo; un Maserati de 800 mil dólares, además de un Aston Martin, un Ferrari, un Rolls-Royce, un Bentley Arnage, un Bentley Continental, un Lamborghini Murciélago y varios Porsches. Y como un solo Bugatti le pareció poco, adquirió dos más. Poco pudoroso, y más bien lleno de orgullo por su exclusivo y numeroso botín, lo enseña a través de múltiples fotografías en Instagram y demás redes sociales.

En Estados Unidos compró el sello discográfico TNO Entertainment y, dada su pasión por la música y los espectáculos, entre muchas de sus posesiones exóticas se halla un guante compuesto de piezas de cristal que utilizó Michael Jackson en la gira mundial para promocionar su disco Bad. Los grifos en los múltiples baños de sus mansiones los mandó a dorar en oro de 21 quilates, lo mismo que los retretes de su jet privado, comprado en 40 millones de dólares.

Un país pobre y pequeño, que apenas gasta 0.6 por ciento del PIB en educación, si abunda en gas y petróleo, aunque esa riqueza sea malversada, suele gozar de consideraciones de los gobiernos poderosos, y del olvido diplomático acerca de las constantes violaciones a los derechos humanos y a las reglas democráticas. Este manto parece seguir cubriendo aún a Teodoro, pero han empezado a descobijar a Teodorín.

Ahora se encuentra sometido a procesos judiciales en diferentes tribunales bajo cargos de corrupción, blanqueo de dinero, malversación de fondos públicos, extorsión, abuso de bienes sociales y abuso de confianza. En Estados Unidos, el Departamento de Justicia incautó la mansión de Malibú. En Francia, Suiza y otros países europeos, muchas de sus propiedades y cuentas bancarias también han sido confiscadas. Un yate le fue decomisado en Holanda, aún queda otro en Marruecos.

Sólo realizar la inspección e inventario de los haberes encontrados en la mansión de la avenida Foch, por instrucciones del Tribunal Penal de París, tomó nueve días. Un cargamento de vino Chateau Pétrus en las cavas, decenas de zapatos Dolce Gabbana en los clósets, son algunos de los hallazgos más banales.

Teodorín ha tenido que escapar a Guinea Ecuatorial, huyendo de los jueces, para refugiarse en uno de los tantos palacios de Teodoro. La fiscal francesa Charlotte Bilger considera que Teodorín tiene "una necesidad compulsiva de gastar". Gastar lo robado, claro, aunque según su alegato todo es legítimo, producto de su propio esfuerzo. Cuántas veces no hemos oído lo mismo antes.

El vicepresidente Teodorín será condenado en ausencia, pero nadie ha dicho que semejante escándalo impida a Teodoro traspasarle un día el mando presidencial, o que no pueda sucederlo a su muerte. En un país de tanta miseria, donde la esperanza de vida supera apenas los 50 años de edad, sólo Teodoro y Teodorín pueden cantar con propiedad el himno nacional que empieza: Caminemos pisando la senda / de nuestra inmensa felicidad...

Masatepe, enero 2017.

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Finlandia experimentará desde enero el reparto de una renta básica de 560 euros al mes

La Seguridad Social finlandesa ha elegido a 2.000 ciudadanos desempleados para pagarles 560 euros al mes y examinar la utilidad de implementar la medida

Un grupo de 2.000 ciudadanos finlandeses elegidos mediante un muestreo aleatorio entre los desempleados del país se convertirán a partir de enero de 2017 y durante un periodo de dos años en protagonistas del experimento mediante el que la Seguridad Social de Finlandia (Kela) quiere examinar la utilidad de implantar una renta básica, que durante la duración del estudio consistirá en el cobro de 560 euros al mes libres de impuestos.
La institución ha explicado que mediante este experimento pretende analizar cómo podría rediseñarse el sistema de seguridad social para afrontar los cambios del mercado laboral y cómo podría hacerse que promoviera la participación activa, proporcionando mayores incentivos para trabajar, así como reduciendo la burocracia y simplificando el sistema de subsidios.


El experimento, que se extenderá entre el 1 de enero de 2017 y el 31 de diciembre de 2018, contempla el pago de 560 euros al mes a cada uno de los participantes, que en caso de periodos inferiores a un mes cobrarán 18,67 euros por día.


Esta cantidad se mantendrá invariable durante la duración de la prueba y no será reducida por ningún otro ingreso que los beneficiarios pudiesen obtener. De hecho, en caso de encontrar empleo, los participantes seguirán cobrando esta renta básica, aunque una cantidad equivalente se les deduciría del cobro de determinados beneficios sociales.


Los 2.000 ciudadanos participantes en el experimento fueron, con algunas excepciones, elegidos aleatoriamente entre un grupo objetivo de 175.000 personas de entre 25 y 58 años que recibieron el pasado mes de noviembre algún tipo de subsidio o pensión por desempleo por razones distintas de una baja temporal y que no cobraban prestación por paro.


La Seguridad Social finlandesa precisó que los beneficiarios de esta renta básica recibirán el primer pago de 560 euros el próximo 9 de enero de manera automática y sin necesidad de contactar o someterse al control de Kela.


"Aquellas personas incluidas en el estudio recibirán la renta básica automáticamente, por lo que no es necesario que se pongan en contacto con Kela", indicó Marjukka Turunen, responsable legal de la Seguridad Social finlandesa, quien recordó, no obstante, que los participantes deberán comunicar aquellos beneficios o restricciones que impidieran el cobro, como iniciar el servicio militar, empezar a cobrar una pensión o mudarse fuera del país.
Según Kela, que ha comunicado por carta este miércoles la identidad de las personas seleccionadas para el estudio, el 48% de los beneficiarios de la renta básica serán mujeres y el 52% hombres. Un 30% tiene edades comprendidas entre los 25 y 34 años, el 29% entre 35 y 44 años, y el 41% entre 45 y 58 años.


Asimismo, la Seguridad Social finlandesa indicó que durante los dos años previstos de funcionamiento del experimento supervisará su evolución a través de los datos registrados, por lo que no someterá a controles a los participantes para averiguar su situación laboral.


"Se dejará en paz a los participantes en el estudio de población durante el experimento. Kela no les llamará regularmente para preguntarles su situación laboral, que, en su lugar, será monitorizada mediante los datos registrados", añadió Turunen.

 

EUROPA PRESS - HELSINKI
29/12/2016 - 12:59h
29/12/2016 - 12:59h

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No hay cambio posible sin debilitar a las grandes empresas y fortunas

 

Las empresas gigantes y las grandes fortunas. Estos son los actores más importantes de una economía crecientemente globalizada, los que determinan las reglas del juego y los que cosechan los mayores beneficios.

 


Según la Conferencia de Naciones Unidas y el Desarrollo (UNCTAD) las 100 empresas transnacionales (ET) más importantes tenían en 2015 activos valorados en cerca de 13 billones de dólares, una cantidad superior al Producto Interior Bruto (PIB) de los países que forman parte de la Unión Económica y Monetaria, superaba en un 159% el de toda Latinoamérica y el Caribe, en un 789% el del África Subsahariana, en un 973% el de la economía española y en un 3174% el del conjunto de los países de ingreso bajo, según la clasificación utilizada por el Banco Mundial.


Si las comparaciones se hacen teniendo en cuenta las diez ET más importantes, atendiendo al volumen de activos que manejan (Royal Dutch Shell, General Electric, Total, British Petroleum, Exxon Mobil, Chevron, Volkswagen, Vodafone y Apple) las asimetrías son asimismo muy destacadas. Este selecto grupo de grandes corporaciones atesora activos por valor de 3,3 billones de dólares, lo que equivale al 28% del PIB de la zona euro y al 63% del de Latinoamérica y el Caribe, el 108% del contabilizado en el África Subsahariana, el 272% del de España y el 731% del registrado en los países de ingreso bajo.


Las grandes empresas no sólo lo son por su tamaño, medido por el volumen de activos que controlan y por las exportaciones que realizan. También tienen conexiones accionariales, entre sí y con otras muchas firmas, creando una tupida malla de intereses y relaciones, revelando un panorama corporativo mucho más concentrado que el reflejado por las estadísticas oficiales.


La tendencia a la concentración empresarial –empresas cada vez más grandes para competir con éxito en los mercados, doméstico y global- y también a la formación de alianzas y grupos de presión que refuerzan el poder oligopólico de las grandes corporaciones forman parte del adn del capitalismo. La crisis económica, lejos de atenuar este proceso concentrador, lo ha impulsado, con el aumento de las fusiones y adquisiciones empresariales, la mercantilización de los espacios públicos y el debilitamiento de la capacidad reguladora de los estados nacionales. El capitalismo que emerge de la crisis es más corporativo y oligárquico.


El Credit Suisse (Research Institute, 15 de octubre de 2015) aporta información regular sobre la distribución mundial de la riqueza. Dada la carencia de la datos fiables y contrastados –ante la capacidad que tienen los poderosos para ocultar una parte de su riqueza e ingresos- y la falta de interés mostrada por los gobiernos y las agencias internacionales al respecto, la información aportada por esta institución es del máximo interés.


Encontramos en este ámbito un panorama similar al referido a las ET (en realidad, forman parte del mismo proceso, la concentración empresarial y la de la riqueza se retroalimentan). Según el Credit Suisse, en Europa, algo más de 10 millones de personas, el 1,7% de la población adulta, acumulaban una riqueza superior a un millón de dólares. En el estado español gozaban de la misma situación de privilegio 360 mil personas, el 1% de los adultos.


Centrando nuestra atención en los mega ricos, los que concentran una riqueza superior a los mil millones de dólares, el Credit Suisse contabiliza en 2015 a 439 adultos; si se amplía el abanico a todos aquellos cuya riqueza se sitúa entre los 500 y los mil millones habría que añadir otros 696. En nuestro país, 20 personas se encuentran en el tramo superior, más de mil millones, y 33 en el siguiente.


Nada de esto es relevante para la economía estándar, que permanece instalada en un relato donde los actores son los países y donde el libre juego de la oferta y la demanda, alimentado por una supuesta mano invisible, se configuran como el motor de la economía. Un capitalismo sustentado en la competencia perfecta, donde ninguna empresa puede operar, de manera duradera, con beneficios extraordinarios, y donde no influyen en los procesos de toma de decisiones, en la operativa de los mercados y en la gestión de los asuntos públicos las enormes y crecientes diferencias en la distribución de la renta y riqueza.


Este es el discurso de los poderosos, que oculta, deliberadamente, la existencia de las “manos visibles” de los mercados, que son las de las grandes corporaciones y fortunas, con el inestimable apoyo de las redes y medios de comunicación (intoxicación, más bien) que controlan y, sin el menor pudor, ponen a su servicio. No solo condicionan de manera decisiva las agendas de los gobiernos, sino que han ocupado, en el sentido más literal del término, el espacio de la política y de lo público.


Sin debilitar su poder, ningún cambio es posible.

 

Fernando Luengo, profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del colectivo Reinicia Podemos

https://fernandoluengo.wordpress.com.

@fluengoe

 

 

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“La utopía más importante de esta época es el neoliberalismo”

El analista político y periodista cuestiona la “antipolítica tecnocrática” e impugna el optimismo de artistas como Bono y economistas como Jeffrey Sachs en la lucha contra el hambre. Y dice: “Tenemos que poner fin al triunfo de las multinacionales sobre los Estados”.


La elegancia del provocador de sombrero negro –extranjero fascinado con la cultura argentina, aunque rechaza la obsesión por el psicoanálisis de los porteños– reside en el placer de cuestionar la filantropía capitalista de las grandes empresas multinacionales, la “antipolítica tecnocrática” que bosqueja los programas de ayuda al desarrollo de los organismos internacionales y fundaciones, esa especie de nueva religión que proclama que la innovación del sector privado puede terminar con la desnutrición. El martillo del feroz pesimismo de David Rieff en El oprobio del hambre (Taurus) desbarata la trampa de las “buenas intenciones”, como sucede en el cuento de Antón Chéjov, citado en uno de los epígrafes: “Es necesario que en la puerta de cada hombre satisfecho, feliz, esté parado alguien con un martillo, y le recuerde con un martillazo de modo constante, que hay hombres infelices, que, por muy feliz que él sea, la vida tarde o temprano le enseñará sus garras, llegará la desgracia, la enfermedad, la pobreza, la pérdida, y nadie lo verá ni lo oirá a él, como él no ve ni oye ahora a los otros”. En el libro, un excepcional trabajo de investigación y escritura de largo aliento, impugna el optimismo de un conjunto de personalidades públicas influyentes, desde estrellas populares como Bob Geldof y Bono, hasta economistas como Jeffrey Sachs, que están convencidas de que la pobreza extrema y el hambre serán erradicadas en la primera mitad del siglo XXI. “Seis siglos antes del comienzo de la era cristiana, el profeta Ezequiel declaró que el hambre era el oprobio de las naciones. Lo que sobre todo quería decir con hambre era hambruna, el hambre que mata. Y durante buena parte de los dos mil seiscientos años transcurridos desde los tiempos de Ezequiel, en casi todas partes del mundo sus palabras han seguido siendo tan convincentes como cuando las escribió”, plantea Rieff, analista político, periodista y crítico cultural, hijo de la escritora Susan Sontag (1933-2004).


Nada más alejado de lo empírico que el anhelo de estar en el backstage del fin de la pobreza. “La dura realidad es que para evitar la hambruna recurrente en todo el mundo, que ahora cuenta con siete mil millones de habitantes, a los que se sumarán casi sin duda otros dos mil millones en 2050 y quizás mil o dos mil millones más en las dos décadas siguientes, la producción agrícola tendrá que incrementarse sin cesar”, argumenta Rieff desde una especie de rescate neomalthusiano. “Los orígenes de El oprobio del hambre me llevan a recordar que he estado veinte años trabajando en asuntos humanitarios, sobre todo con Médicos sin Fronteras. No fui exactamente corresponsal de guerra, sino una persona que escribía sobre los aspectos humanitarios en zonas de guerra. Estuve en Bosnia, Congo, Ruanda, Sudán, Kosovo e Irak... Yo quería escribir sobre el desarrollo y cuando vino la crisis económica y alimentaria de 2007 me di cuenta de que había cambiado muchos mis opiniones. La crisis de 2007 es parte de una historia mucho más larga. He estado dos años pensando que iba a escribir un libro de reportaje, y finalmente escribí un libro bastante curioso porque tiene un aspecto polémico”, advierte Rieff en la entrevista con Página/12.


–Cuando empezó a escribir acerca del hambre, ¿tenía una mirada más “ingenua”? ¿Estaba más cerca de los utopistas?
–No, nunca estuve del lado de los utopistas, pero seguramente tenía una mirada más ingenua. Si tengo una política, una perspectiva moral, es el antiutopismo tanto contra la derecha como contra la izquierda. La utopía más importante de nuestra época es el neoliberalismo. Alguien me podrá decir que está (Nicolás) Maduro en Venezuela y (Evo) Morales en Bolivia, pero creo que estamos en un momento terminal de la utopía socialista en esos países. Por desgracia, la utopía neoliberal está más fuerte que nunca. Empecé a escribir cuando tenía 30 años, ahora tengo 63, y si hay un vínculo entre mis libros es el antiutopismo. Hay estructuras, civilizaciones, sociedades, ambientes políticos más o menos horribles y sé que hay cosas por hacer. Mi conclusión es que tenemos que poner fin al triunfo de las multinacionales frente a los Estados. Esta fue la victoria de una cierta línea política, la de (Margaret) Thatcher y (Ronald) Reagan, pero estoy seguro de que es posible acabar con eso. No me refiero a la caída del capitalismo, que es otra cosa. No creo que en este momento podamos terminar con el capitalismo. Quizá sí dentro de cien años. Los movimientos antiglobalización dicen que otro mundo es posible, pero yo digo que no es muy probable. Supongamos que estoy equivocado y que va a venir la revolución entre comillas. Pero no será mañana y mientras tanto, ¿qué hacemos con la hambruna, que yo creo que va a regresar? ¿Qué hacemos con la desnutrición, que es terrible en muchas partes del mundo, sobre todo en India?
–En el primer capítulo del libro, titulado con un interrogante, “¿Por fin un mundo mejor a nuestro alcance?”, formula varias preguntas, entre otras, si es el capitalismo la respuesta o la raíz del problema, y si es posible una transformación nutricional sin una transformación política. ¿Qué respuestas puede dar hoy?
–En este momento, el capitalismo ganó. No digo que el capitalismo del 2030 será el mismo. No digo que los Estados Unidos van a imponer la actual versión norteamericana del capitalismo; es muy posible que el capitalismo dentro de treinta años sea a la manera de China o de Vietnam. No sé si será peor o mejor, este es un asunto para hablar en otra conversación. Pero no veo que haya una verdadera alternativa al capitalismo en este momento, sobre todo por la victoria del capitalismo en Asia y en India. Si hablo de China, India y Vietnam, me refiero más o menos al 40 por ciento del mundo. Si incluyo a Brasil, Argentina, Chile, México y los Estados Unidos, sería un 30 por ciento más. Puede haber versiones más simpáticas y más crueles del capitalismo. Yo preferiría una versión menos cruel. Pero el capitalismo es nuestro futuro. La cuestión es cómo hacer para que ese capitalismo, que para mi gusto es demasiado cruel, tenga un rostro más humano. Esto es lo que trato de pensar en el libro, desde una óptica muy pesimista. Me gustaría que Noami Klein tuviera razón, pero no veo cómo. Hay una diferencia entre el optimismo y la esperanza. Terry Eagleton acaba de publicar un libro muy interesante que se titula Esperanza sin optimismo (Hope without Optimism)
–¿Cuál es la diferencia entre esperanza y optimismo?
–La esperanza es una categoría moral, es el argumento de Eagleton, y estoy totalmente de acuerdo. El optimismo es una constatación empírica: hay o no hay razones para el optimismo. Para mí, escritores como Noami Klein confunden esperanza y optimismo. Yo creo que no se puede cuestionar a alguien porque tenga esperanza. Al contrario, pienso que es absolutamente legítimo. He leído atentamente los libros de Klein, conozco a muchas personas en el Right to Food (Derecho a la Alimentación) en Delhi y Bombay, he pasado mucho tiempo de mi vida en la India, pero no veo la justificación empírica para un optimismo sobre el desarrollo o sobre un cambio de sistema.
–¿Por qué en El oprobio del hambre cuestiona a la fundación Bill Gates?
–El déficit democrático es el fantasma en el banquete del filantrocapitalismo. No tengo ninguna duda de que la fundación Gates hace muchas buenas cosas, no quiero poner en cuestión las intenciones de Bill Gates ni de la fundación en tanto institución. Pero tienen una confianza absolutamente equivocada en el papel central de los descubrimientos científicos y de las tecnologías. Las proposiciones de Gates en torno a la tecnología son correctas, pero no puedes resolver la crisis de la alimentación con soluciones tecnológicas porque es una crisis de injusticia y desigualdad. Gates no quiere pensar en estos términos y es por eso que creo que su proyecto no puede tener el éxito que él cree que tendrá en unos años. No tengo nada en contra de Gates, aunque reconozco que me da cierto placer criticar a los grandes (risas).
–En uno de los capítulos del libro, “Promesas a los pobres”, cuestiona el consenso imperante en los años 80 y 90 sobre la adopción de políticas de libre comercio de amplio alcance que podían llevar al desastre. Y cita al geocientífico Laurence Becker porque dice que “no existe en el mundo un mercado verdaderamente libre”. Este es uno de los grandes debates del presente: si hay que proteger los mercados internos, para que puedan desarrollarse y crecer, como han hecho la mayoría de los países, o liberalizar los mercados. ¿Qué opina usted?
–No creo en ningún absolutismo. El neoliberalismo es un absolutismo; el marxismo, también. Cada país exitoso ha insistido al inicio de su desarrollo en proteger a varias industrias, a los bancos o a los agricultores. No formo parte de la religión del neoliberalismo ni del marxismo: las dos son versiones de fe. Como no creo en revoluciones ni de izquierda ni de derecha, busco una síntesis. Lo que hizo (Luiz Inacio) Lula (da Silva) en Brasil con el programa “Hambre Cero” me pareció una solución interesante y exitosa porque la única respuesta posible es el fortalecimiento del Estado y la responsabilidad de la política democrática. Hablar de un mercado completamente libre es una tontería.
–¿Qué le interesa de Hambre Cero?
–Para empezar había un consenso y Lula tenía confianza en el Estado, pero también sabía que no podía gobernar sin el acuerdo de los capitalistas de San Pablo. Lula logró un compromiso histórico y para mí es la única respuesta realista en nuestra época. El programa “Hambre Cero” redujo drásticamente la malnutrición y la desnutrición. Tengo un enorme respeto y he aprendido mucho de Amartya Sen, pero creo que desgraciadamente se equivocó cuando planteaba que únicamente las sociedades democráticas podrían resolver las hambrunas. Es una ilusión muy sentimental, para contestar honestamente... Muchas dictaduras han conseguido reducir la pobreza, mejorar la sanidad pública y hacer más eficiente el funcionamiento de sus sociedades.
–Uno de los temas que trabaja en el libro es la desigualdad como una condición del sistema capitalista mundial. ¿Por qué crece la desigualdad?
–Lo que vemos es que crece la desigualdad más al interior de los países que entre los países. Hay una versión del capitalismo que favorece, como dice Thomas Piketty, el aspecto financiero y no el aspecto productivo. El capitalismo es una fábrica de desigualdades.
¿Cómo cambiarlo? Es muy difícil... Los perdederos de la globalización en Gran Bretaña votaron por el Brexit.
–¿Por qué toda la derecha del mundo, desde Marine Le Pen en Francia a Donald Trump en Estados Unidos, salió a celebrar la salida de Gran Bretaña de la Unión Europa?
–El neoliberalismo está en guerra contra el populismo de derecha porque el capitalismo no quiere que gane Trump. El 99 por ciento del capitalismo quiere que gane Hillary Clinton. Hace treinta años era posible hablar de la derecha global como una unidad. Ahora hay verdaderamente una ruptura casi completa entre el populismo de derecha –para no decir fascismo– y el neoliberalismo globalizador. Trump y Le Pen siguieron la línea del Brexit, pero el capitalismo no. Ni Trump ni Le Pen podrían ganar las elecciones porque, ¿cómo puede ganar la derecha cuando el capitalismo se opone?
–¿Es posible que Trump gane las elecciones en Estados Unidos?
–No, es imposible. No se puede hablar de una victoria de Trump cuando el capitalismo y los jóvenes negros se oponen a él. Desde el punto de vista matemático no veo posibilidades. El fascismo histórico tenía una versión anticapitalista como en Italia y en la Alemania nazi; pero cuando tomaban el poder, lo hacían con el acuerdo de la clase capitalista. Trump no tiene este acuerdo... Pero si gana Trump, me voy a vivir a Toronto (risas).
–Sería bastante curioso, adjetivo por cierto benévolo, un mundo con Trump como presidente de Estados Unidos y Le Pen como presidenta de Francia, ¿no?
–Es más posible Le Pen en Francia, aunque no creo que vaya a ganar porque el Frente Nacional no es un verdadero partido, sino un negocio de familia. Para mí es más probable que gane (Nicolas) Sarkozy o (Alain) Juppé, la derecha clásica. Y van a adoptar algunas propuestas del Frente Nacional para atraer a más votantes. Al menos Le Pen no está loca y es una persona ideológicamente sincera. Trump no tiene ningún principio; es un cínico.

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Posee cerca de la mitad de la riqueza global sólo uno por ciento de la población

Los millonarios representan solamente uno por ciento de la población mundial, pero se reparten cerca de la mitad de la riqueza privada global, según el informe anual del bufete financiero Boston Consulting Group (BCG).


En total, 18.5 millones de familias afortunadas detentan 47 por ciento de la riqueza acumulada en ingresos en el mundo, detalla el informe publicado el martes. Ese porcentaje equivale a 78.8 billones de dólares, superando el producto interno bruto (PIB) mundial.


Estados Unidos alberga por lejos el mayor batallón de hogares multimillonarios (8 millones de familias), seguido por China (2 millones), pero son Liechtenstein y Suiza los países que en proporción a su población, les siguen. La extrema concentración de riqueza es particularmente marcada en América del Norte, donde 63 por ciento de 60.4 billones de dólares acumulados en fortunas privadas pertenece a los millonarios.


Esa proporción –la mayor del planeta– debería incluso alcanzar 69 por ciento en 2020, según el Boston Consulting Group.
De acuerdo con el informe, la riqueza acumulada en inversiones offshore repartidas en el mundo, que ofrecen baja o nula fiscalización y discreción a los inversionistas no residentes, aumentó 3 por ciento en un año, alcanzando casi 10 billones de dólares actualmente. Suiza sigue siendo el destino offshore privilegiado de las grandes fortunas, seguido por Singapur y Gran Bretaña.


El informe proyecta que el sector continuará creciendo en los próximos años, pese a medidas regulatorias para combatir la evasión fiscal. Las revelaciones de los papeles de Panamá sacaron a la luz la utilización a gran escala de los paraísos fiscales para escapar al fisco, llevando a la comunidad internacional a anunciar un nuevo plan de lucha contra esas prácticas.

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Miércoles, 08 Junio 2016 06:50

Crisis y creación monetaria de los bancos

Crisis y creación monetaria de los bancos

Hay dos modelos básicos para hablar de las funciones de los bancos en una economía moderna. El primero es el de intermediación de fondos prexistentes (fondos prestables). Tiene una larga tradición en la historia de la teoría económica. El segundo es el de creación monetaria.

El primero es una fantasía que nada tiene que ver con la realidad. El segundo sorprende por sus implicaciones.


Si usted le da un micrófono a un economista para que hable sobre los bancos, es casi seguro que comenzará su discurso refiriéndose a los bancos como intermediarios entre los ahorradores y los demandantes de capital. En su historia los bancos comerciales privados aparecerán como simples intermediarios entre ahorradores y aquellos agentes que demandan capital para gastarlo, ya sea en actividades productivas (los empresarios) o para financiar su consumo. El banco central es el único encargado de emitir dinero y controla toda la oferta monetaria.


El modelo estándar que permite introducir esta concepción sobre los bancos dice que en cualquier economía existe un mercado especial en el que se ofrece ahorro y se demanda capital. Los ahorradores y los inversionistas llegan al mercado de fondos prestables y el juego de la oferta y la demanda establece un precio de equilibrio que se llama tasa de interés.

Ese mercado está organizado alrededor de los bancos. Éstos son instituciones muy útiles, porque ponen en contacto a los ahorradores y los demandantes de capital. Los primeros depositan sus ahorros en los bancos, y éstos les pagan una tasa de interés (llamada pasiva). A su vez, los bancos prestan a los demandantes de capital esos recursos y cobran una tasa de interés (llamada activa). La diferencia entre esas dos tasas es lo que constituye las ganancias del banco.


Esta concepción sobre el papel de los bancos no tiene ningún fundamento teórico ni empírico. Pero a los voceros del capital les resulta muy funcional por varias razones. Quizá la más importante es que la historia suena lógica y es aceptada por la mayoría del público. Los bancos reciben depósitos de recursos reales que existen previamente y los prestan a los demandantes. Todo suena muy lógico, pero nada tiene que ver con lo que acontece en la realidad.


Hace un año Zoltan Jakab y Michael Kumhof, economistas del Fondo Monetario Internacional y del Banco de Inglaterra, respectivamente, publicaron un estudio en el que destruyen esa anacrónica e inconsistente visión sobre el papel de los bancos en una economía monetaria capitalista (Consultar el documento). El texto tiene cuatro conclusiones centrales.
Primero, en el mundo real los bancos proveen financiamiento mediante la creación de dinero. Los bancos ofrecen préstamos, pero no necesitan tener en sus bóvedas los fondos necesarios para otorgar crédito. La causalidad se invierte: los préstamos hacen a los depósitos, no la a inversa.


Segundo, la rentabilidad de los bancos proviene de la cantidad de crédito que pueden generar. La actividad de creación monetaria de los bancos se incrementa cuando la economía está en la fase ascendente de un ciclo: las expectativas sobre el crecimiento y las oportunidades de negocios son buenas y el banco participa gustoso del entusiasmo, porque cada nuevo deudor aumenta su rentabilidad. la actividad bancaria es intensamente procíclica.


Lo que sí se necesita es que el dinero creado por los bancos tenga amplia aceptación entre el público. Eso se logra por el hecho de que los bancos aceptan los medios de pago creados por ellos mismos (cheques, tarjetas de débito, etc.) y por un elemento adicional que es la tercera conclusión del estudio: el banco central tiene el compromiso de poner a disposición del sector bancario las reservas que éste demanda. Las reservas no son la causa de los préstamos, sino su consecuencia.
La cuarta conclusión es automática, aunque es difícil de entender para los economistas formados en la escuela tradicional. El nuevo crédito sirve para promover inversiones y consumo. Es combustible para la actividad económica, y eso genera ingresos y ahorro. Es decir, el ahorro es una consecuencia del crédito, no su causa.


Esta visión sobre la moneda endógena creada por la actividad bancaria no es nueva. Es anterior a Keynes, y hoy es compartida por los economistas post keynesianos. Desde luego, esta perspectiva analítica permite explicar con mayor claridad la dominación del sector financiero en el mundo económico. Y también arroja luz sobre la naturaleza de la crisis y de la fase deflacionaria, por la que hoy atraviesan las principales economías del mundo. El colapso en el crédito marcó el giro de la economía mundial a partir de 2008 y anuncia los nuevos candidatos a ser golpeados de manera todavía más brutal en los meses que vienen.


Mientras gobiernos y bancos centrales insistan en pelear la batalla de la crisis deflacionaria con instrumentos derivados de su modelo anacrónico sobre fondos prestables, el colapso económico no podrá ser superado.


Twitter: @anadaloficial

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Viernes, 29 Abril 2016 06:41

El mapa del tesoro

El mapa del tesoro

Son cifras siderales, en verdad imposibles de imaginar. Y sin embargo son reales: lo escondido a través de paraísos fiscales por los más ricos del mundo –el 0,1 por ciento de la población mundial– podría ser tanto como 7,6 billones (millón de millones) de dólares. Eso es más de un tercio (2,3 partes) de la riqueza sumada de todos los habitantes de Estados Unidos.

Son cifras siderales, en verdad imposibles de imaginar. Y sin embargo son reales: lo escondido a través de paraísos fiscales por los más ricos del mundo –el 0,1 por ciento de la población mundial– podría ser tanto como 7,6 billones (millón de millones) de dólares. Eso es más de un tercio (2,3 partes) de la riqueza sumada de todos los habitantes de Estados Unidos, el país más rico del mundo durante el último siglo.


Hay una flor y nata entre estos millonarios. Los más ricos entre los muy ricos que conforman ese grupo del 0,1 por ciento son las 100 mil familias más acaudaladas del planeta. Para pasar por el ojo de la proverbial aguja e integrar ese tan selecto paraíso se debe tener al menos 30 millones de dólares. Esos elegidos que se sientan a la derecha de Plutón, dios de los infiernos pero también de la riqueza, son propietarios de algo más de un tercio de esa riqueza de 7,6 billones de dólares. Eso es lo que calcula el economista de Berkeley Gabriel Zucman, ayudante de Thomas Picketty, el destacado economista francés autor de Capital en el siglo XXI.


En cuanto al total del dinero que se maneja a través de los paraísos fiscales, en 2010 se estimaba entre 21 y 32 billones de dólares, cifra que desde entonces viene aumentando a razón de 16 por ciento anual y que el año pasado oscilaba entre 24 y 36 billones, según Foreign Affairs del 12 de abril. Es difícil la precisión tratándose de estas sumas siderales, pero el trabajo de Picketty se basa en la convicción de que la verdadera dimensión de la inequidad económica es invisible, pues escapa a cualquier parámetro de riqueza que pueda manejar el gran público. A esa riqueza que se maneja a través de las sociedades offshore se le debe agregar el resguardo offshore de entre 5 y 10 billones de dólares en bienes no financieros: resulta prácticamente imposible imaginar esa montaña de bienes inmuebles, oro y otros metales preciosos, gemas, arte, incunables y otros libros raros, automóviles, íconos religiosos, colecciones variadas, yates, barcos, submarinos, jets privados, establecimientos rurales, minas, bosques y pozos petroleros.


Los 11,5 millones de documentos que se filtraron en el caso de los Panama Papers son una parte imprecisa de los 370 mil negocios offshore que alberga Panamá, y para el lunes 9 de mayo el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Icij, por sus siglas en inglés) anuncia “la mayor revelación jamás hecha sobre compañías offshore y la gente tras ellas”, lo que incluirá “más de 200 mil compañías, fideicomisos, fundaciones y fondos incorporados a 21 paraísos fiscales, desde Hong Kong a Nevada, en Estados Unidos”.


“Incorporados” es una buena palabra para adentrarse en el mecanismo del que las offshore forman parte. Pues los arquitectos y controladores del tráfico de esta auténtica industria global de manejo de dinero negro son los grandes bancos, los 50 más grandes del mundo, como el Hsbc, Ubs, Credit Suisse, Citigroup, Bank of America, Royal Bank of Scotland, Barclays, Lloyds, Standard Chartered, J P Morgan Chase, Wells Fargo, Santander, Credit Agricole, Internationale Nederlanden Groep (Ing), Deutsche Bank, Bnp Paribas, Morgan Stanley y Goldman Sachs.


Desde la década del 70, cuando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) logró un significativo aumento del precio del crudo y generó una crisis, estos bancos estuvieron a la vanguardia en asociar a poderosos inversores a su clientela, y los ayudaron a mover sus riquezas a los pagos brumosos del offshore. La arquitectura del sistema debe necesariamente incluir paraísos fiscales dispuestos a arrendar su soberanía fiscal a cambio de que el dinero les llegue. Otorgan anonimidad para el huésped y para su capital corporativo, para su propiedad intelectual y sus bienes no financieros, y un estricto secreto bancario que lo aleja de impuestos, regulaciones y la ley de su país. La gracia del asunto es que el dinero no se queda allí, porque estos súper ricos son tan temerosos como los pequeños burgueses asustados de Bertold Brecht. Los paraísos fiscales no pueden ser, por lógica, laxos en su legislación, cómplices en el secreto bancario y además tener un sistema policial, judicial y político riguroso. Por lo tanto, no son un lugar seguro para guardar plata; sí para lavarla. Una vez seca y planchada, la platita vuelve al circuito financiero a través de los grandes bancos. Así llega a mercados con todas las posibilidades de movimiento a su favor, gerenciamiento del mejor nivel y estabilidad política y financiera.


En esos territorios a los que la plata negra va primero no se puede invertir porque su mercado de capitales es muy pequeño, como lo es el uruguayo. La inversión posible en esos casos es con el capital protegido por una legislación especial (como el régimen de zonas francas) y además favorecido por beneficios extraordinarios (como no pagar peaje por el paso cotidiano de barcazas de celulosa rumbo al puerto de Nueva Palmira), y hecha en nombre del aporte de tecnología y capital productivo para la explotación de recursos naturales, que son en esencia lo que estos territorios tienen como base de su economía. Por eso, por más genuflexa que sea su soberanía impositiva, estos estados son suplantados para ciertos propósitos por jurisdicciones onshore como la ciudad de Londres, Suiza, Delaware, Nevada, Luxemburgo, Dubai, Singapur, Malasia, y Hong Kong. El gran capital tiene todas las opciones a su disposición.

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Jueves, 21 Abril 2016 06:56

Valoraciones ortodoxas

Valoraciones ortodoxas

El FMI tuvo la semana anterior su reunión de primavera. En ella se dieron a conocer documentos importantes que dan cuenta de la situación y perspectivas de la economía mundial, de la estabilidad financiera global y de otros aspectos. Además se reunieron sus comisiones de mayor relevancia, como el Comité Financiero y Monetario Internacional (IMFC) que preside Agustín Carstens, gobernador del Banco de México. El diagnóstico del FMI sobre los desarrollos recientes y las perspectivas indica que la recuperación global se ha debilitado aún más, en medio de crecientes turbulencias financieras. Por ello el FMI redujo de nuevo sus proyecciones de crecimiento esperado para este año.

 

A la reunión del IMFC le siguió una conferencia de prensa de Chistine Lagarde y Agustín Carstens. En ella se planteó que el FMI estaba en estado de alerta pero no de alarma, lo que indica que aunque la recuperación de la economía mundial es modesta, lo importante es que continúa. Sin embargo, la volatilidad financiera y la creciente aversión al riesgo plantean serias preguntas sobre el crecimiento a mediano plazo. Para el FMI y el IMFC lo deseable es que se actúe con un enfoque basado en tres acciones: reformas estructurales ambiciosas, política fiscal amigable con el crecimiento y políticas monetarias acomodaticias. Eso mismo han planteado desde hace mucho tiempo y no ha funcionado.

 

En particular, Carstens respondió a una pregunta sobre la situación argentina señalando que ese Comité recibió con beneplácito el tremendo progreso hecho por el gobierno argentino para terminar con un muy difícil periodo en sus relaciones con los mercados de capital. Advirtió que es muy importante que un país tan importante como Argentina ponga su casa en orden, porque eso contribuye a que haya mayor crecimiento y estabilidad en América Latina. La impertinencia de la declaración es obvia: juzgar un gobierno democráticamente electo que mejoró sustancialmente los niveles de bienestar de grupos amplios de la población argentina como desordenado no tiene ninguna justificación.
Pero Carstens persistió en su planteo al señalar que el gobierno de Macri tendrá que tomar medidas difíciles de digerir, pero que ello le permitirá establecer fundamentos sólidos que le conducirán a crecimientos sostenidos y estables. La experiencia mexicana de los años recientes en las que el propio Carstens ha jugado un papel relevante, como secretario de Hacienda en el gobierno de Calderón y luego como gobernador del Banco de México, no permite sostener que las medidas difíciles de tragar hayan llevado a crecimientos sostenidos y estables. Por el contrario hemos vivido crecimientos mediocres, porque se ha privilegiado el control de la inflación sobre el crecimiento del producto y del empleo.

 

La ortodoxia económica dominante no ha dejado de plantear que las llamadas reformas estructurales, que han reducido ostensiblemente la capacidad de los gobiernos para actuar en la economía, conducen a mejoras en las condiciones de vida de la población. En realidad, ha ocurrido que desde que se implantaron estas reformas orientadas al mercado se ha producido una exacerbación de la desigualdad del ingreso y la riqueza en prácticamente todos los países. Se ha documentado profusamente la manera en la que el uno por ciento más rico de las diversas naciones ha incrementado sensiblemente la proporción del ingreso del que se apropian.

 

Carstens repite la misma letanía. Lo que está haciendo el gobierno argentino actual beneficiará los estándares de vida de esa población. Sus valoraciones carecen de fundamento y reiteran lo que hemos escuchado desde hace años y seguimos escuchando. Lo cierto es que no basta con que lo repitan incesantemente. La realidad finalmente se impone demostrando que las reformas estructurales no han beneficiado a las poblaciones. Han beneficiado al uno por ciento más rico de la población. Lo ha hecho en México, en Estados Unidos, en Reino Unido y, sin ninguna duda, lo hará también en Argentina.

 


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Martes, 26 Enero 2016 06:46

Ensayo sobre la ceguera de Davos

Ensayo sobre la ceguera de Davos

El Foro de Davos 2016 se llamó El dominio de la cuarta revolución industrial. Decires de los ciegos:
Según el CEO (chief executive officer) de Autodesk, Carl Bass, la fábrica del futuro tendrá sólo dos empleados: un hombre y un perro. El hombre estará ahí para alimentar al perro. El perro va a estar allí para impedir al hombre tocar el equipo. Imagine un robot capaz de tratar a los pacientes de ébola o la limpieza de los residuos nucleares.


En uno de los primeros paneles de la semana, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, dijo a los participantes: Parto de un lugar de optimismo y esperanza.


Una cita citable: La cuarta revolución industrial está todavía en estado naciente. Pero con el paso rápido del cambio y la interrupción de los negocios y la sociedad, el tiempo para unirse es ahora. Una más: André Kudelski, presidente y CEO de Grupo Kudelski: Cualquier ingeniero experto puede tomar el control a distancia de cualquier cosa conectada. La sociedad aún no se ha dado cuenta de los escenarios increíbles que esta capacidad crea.


Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía 2013, profesor de economía de la Universidad de Yale, expresó con urgencia: No se puede esperar hasta que una casa se queme para comprar un seguro contra incendios. No podemos esperar hasta que haya dislocaciones masivas en nuestra sociedad para prepararse para la cuarta revolución industrial.


También hubo menos estridencia: un informe del foro lanzado al comienzo de la reunión prevé que para 2020, cinco millones de puestos de trabajo se perderán como resultado de los cambios tecnológicos. El vicepresidente estadunidense, Joe Biden: Creo que, en conjunto, estas transformaciones son cambios para el bien. Pero vienen con peligro real, y nos obligan a ser proactivos. Porque, ¿cómo hará el trabajador del almacén que utilizaba para enviar su orden, o el vendedor que solía contratar, para ganarse la vida, cuando él o ella ya no es necesario en esa empresa?


Los participantes Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne estiman que 47 por ciento de los empleos en EU están en riesgo debido a la informatización. Esta tendencia no es sólo un fenómeno centrado en el mundo occidental; según David Rotman, menos personas trabajan en la fabricación actual que en 1997, gracias en parte a la automatización. Foxconn anunció en agosto de 2012 que iban a introducir un millón de robots dentro en tres años para remplazar el trabajo humano.


Klaus Schwab, fundador del foro, fue sensiblemente más cauto. Inició su intervención con estas palabras: Estamos al borde de una revolución tecnológica que fundamentalmente va a alterar nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos. En su escala, el alcance y la complejidad, la transformación será diferente de todo el género humano ha experimentado antes. Todavía no sabemos exactamente cómo va a desarrollarse, pero una cosa es clara: la respuesta a la misma debe ser integrada e integral, involucrando a todos los actores de la política mundial, de los sectores público y privado a la academia y la sociedad civil.


El profesor Shiller tiene conciencia del escenario y urge a darse prisa. Si hay dislocaciones sociales masivas ¿qué quiere hacer? ¿Fumigarlas inmaculadamente?


En el pasado reciente, los banqueros eran los dueños de Davos. Ahora lo son las empresas tecnológicas. Son el futuro. Entre banqueros y esta clase de tecnólogos hemos de vivir.


En otros escenarios se habla de los hechos. Mientras desde la ceguera se hablaba de cómo la tecnología lo resolverá todo, muchos de los participantes de Davos perdían miles de millones en la bolsa. Las dudas en torno al declive chino aparece como una explicación, pero no es la única: las previsiones de crecimiento se ven progresivamente rebajadas para todos; los países emergentes tienen que lidiar con una creciente desconfianza de los inversores y las divisas aparecen como el próximo punto de conflicto entre las economías.


En 2016 el crecimiento será modesto y desigual. Hay un moderado optimismo, pero los riesgos son significativos, dijo hace unos días la directora del FMI. Pero los inversionistas desconfían de esos mensajes que ya suenan forzados y la prueba es que exigen más interés por prestar dinero a corto plazo que en un horizonte de 10 años, en lo que se llama una curva invertida de los tipos de interés, es uno de los indicadores que suelen anticipar una recesión.


George Soros, en un foro económico en Sri Lanka, afirmó que la situación actual de China le recuerda mucho a la de 2008. Además asegura que su situación podría transmitirse al resto del mundo mediante la devaluación del renminbi. Soros podría ser de los que algo ven: cree que podríamos caer nuevamente en un 2008, cuando es el caso que nunca hemos salido de él.


El BRICS prácticamente ya no existe.


Entretanto las desigualdades sociales siguen creciendo. El economista Vincenç Navarro ha escrito el lado complementario de la investigación de Piketty, pues es imposible entender la evolución de las rentas del capital sin entender la evolución de las rentas del trabajo. Las dos están íntimamente relacionadas, ya que el crecimiento desmesurado de las rentas del capital en los últimos años se ha llevado a cabo a costa del descenso de las rentas del trabajo. La evidencia de ello es abrumadora, clara y potente. Nos ocuparemos de la investigación de Navarro.

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Viernes, 22 Enero 2016 06:51

"El modelo económico ha fracasado"

"El modelo económico ha fracasado"

Sesenta y dos multimillonarios son tan ricos como la mitad del mundo, según el informe de Oxfam. El consejero Maslennikov sostiene que la desigualdad demuestra el fracaso del modelo y exhorta a los países a redefinir el sistema fiscal.


El informe de la organización internacional Oxfam sobre la desigualdad en el mundo, "An economy for the 1%" (una economía para el 1%), difundido esta semana, muestra que las 62 personas más ricas del mundo –53 de ellas hombres, con los estadounidenses Bill Gates y Warren Buffet y el mexicano Carlos Slim a la cabeza– detentan en conjunto la misma riqueza que 3600 millones de pobres del mundo. Esto equivale a decir que poseen la riqueza de casi la mitad de la población mundial que hoy suma poco más de 7300 millones. Las cifras son espeluznantes si se agrega además que esta brecha está creciendo más rápido de lo que la misma Oxfam había predicho hace un año y que las mujeres están desproporcionadamente afectadas por esta desigualdad. Oxfam –cuyo nombre deriva de Oxford, Inglaterra, donde fue fundada en 1942, y de famine que en inglés significa hambre o hambruna– es una confederación de 17 organizaciones no gubernamentales que trabaja en 94 países para encontrar soluciones a la pobreza. Mikhail Maslennikov es un matemático y econometrista que trabaja en Oxfam Italia como policy advisor (consejero político) sobre temas de desigualdad económica y justicia fiscal.


–Según el informe de Oxfam 62 multimillonarios tienen la misma riqueza que casi la mitad del mundo. ¿Cómo se ha llegado a esta conclusión?


–Hemos analizado la distribución del rédito a escala global. La desigualdad es un síntoma de gran malestar social y por otra parte ahora se está transformando en un argumento llevado adelante por organizaciones económicas internacionales como el FMI, Ocde (Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico), Banco Mundial. Porque si las desigualdades económicas no fueran tan extremas como ahora, se habría favorecido el crecimiento económico interno en distintas regiones del mundo. En Italia, por ejemplo, se estima que la pérdida del PIB (Producto Bruto Interno) del 8 por ciento en estos años se debió también a las desigualdades económicas. Por eso hay un gran interés en las organizaciones internacionales por la reducción de las desigualdades económicas, para favorecer así un crecimiento duradero y sostenible.


–Y los gobiernos, ¿qué rol han cumplido en todo esto?


–Los gobiernos en general han subestimado el fenómeno y en cierto sentido lo han favorecido con ciertas decisiones a nivel de política pública. Oxfam se ha concentrado en los efectos producidos por las políticas fiscales, especialmente en los sistemas fiscales nacionales que no son lo suficientemente progresivos (más se gana, más se paga). En muchos países

–un caso llamativo es Estados Unidos– en los últimos 30 años las alícuotas fiscales para los réditos más altos han sido llevadas al mínimo. Esto ha permitido la concentración del rédito en los sectores más altos de la población que pagaron menos tasas al estado. Un ejemplo de poca progresividad en materia fiscal es Italia, donde la alícuota que paga al estado una persona que gana 80.000 euros al año y otra que gana 8 millones, es la misma.


–Usted mencionó también los salarios...


–Para analizar la desigualdad hemos visto también el rédito del trabajo en los últimos 25 o 30 años, hemos analizado el rédito global debido al rédito del trabajo. Y concluimos que sobre la amplia desigualdad económica inciden también las variaciones retributivas. Entre los que ocupan cargos de directivos y los empleados medios la brecha se ha ampliado con el pasar de los años. En el informe hemos analizado casos significativos de grandes compañías estadounidenses. Hay datos de varios países, como Estados Unidos, India o Reino Unido, pero no todas las compañías tienen obligación de publicar los salarios de los grandes managers. En otros países no están obligados a hacerlos públicos. En los países que se pudo ver, la diferencia se está acentuando.


–¿Otros factores que han influido en agrandar la brecha entre ricos y pobres?


–Han influido también las políticas económicas de los últimos 30 años. Ha habido una reducción de las inversiones en los servicios públicos esenciales en general. La de- sigualdad económica para nosotros es también una demostración de que este modelo económico ha fracasado. Cuanto más poder económico se tiene, más riqueza se posee y más se pueden condicionar las decisiones en materia de política económica de parte de los gobiernos.


–¿Cuál ha sido el rol del dinero enviado a los llamados paraísos fiscales?


–Cuando la concentración de la riqueza llega a la cúspide de la pirámide, se trata de conservarla. Una de las formas para hacerlo es defender los privilegios fiscales o bien esconder esa riqueza en algún paraíso fiscal. Algunos economistas y Oxfam han estimado que unos 7600 billones de dólares están escondidos en los paraísos fiscales. Si sobre esta riqueza se pagaran los impuestos, los introitos fiscales para los gobiernos serían de unos 190 mil millones por año. Además los paraísos fiscales son el punto de llegada de las ganancias transferidas por las grandes multinacionales pero también por individuos, fuera de las jurisdicciones fiscales de los países donde realmente hacen su actividad. El ejemplo es el reporte 2012 de grandes compañías estadounidenses que han declarado réditos en las islas Bermudas –un paraíso fiscal– por 80.000 millones de euros, que es el 3,3 por ciento de sus réditos globales. Pero esa cifra no refleja la real presencia económica de esas compañías en las Bermudas donde tienen apenas el 0,3 por ciento de sus ventas globales y el 0,01 por ciento del costo laboral global.


–En estos días se hace el tradicional Foro de Davos, en Suiza, que concentra a políticos, economistas y empresarios de todo el mundo. ¿Qué planteará Oxfam allí?


–Queremos hacer un llamado a las elites y a los gobiernos, lanzando una petición por una mayor justicia fiscal, y queremos también recordar a las elites el nivel de desigualdad en el que vivimos y la responsabilidad que ellos tienen. Oxfam ha demostrado que de las 200 compañías analizadas –entre las que están incluidas las 120 más grandes del mundo y unos 100 socios estratégicos del Forum–, 9 de cada 10 están presentes en los paraísos fiscales. No se pretende demonizar con esto las compañías, pero queremos decir que el dinero enviado a los paraísos fiscales exacerba la desigualdad. O sea, habrá un llamado de atención sobre los niveles insostenibles de la desigualdad y por otra parte se apuntará el dedo de forma provocadora contra la evasión fiscal de las corporaciones que estén presentes en Davos.


–¿Según usted qué debería hacer cada país para tratar de disminuir las diferencias entre ricos y pobres?


–Como prioridad creo que sería necesaria una redefinición del sistema fiscal para que sea más progresivo y un análisis del impacto de ese nuevo sistema sobre los niveles de desigualdad. También mayores inversiones en servicios públicos esenciales como educación y salud, y políticas de apoyo al trabajo. Y a nivel internacional, los gobiernos deberían contribuir a una reforma de la fiscalidad internacional, poniendo fin a los paraísos fiscales.

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