Las desigualdades y las insuficientes propuestas para reducirlas

El crecimiento desmesurado de las desigualdades que ha estado ocurriendo en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte ha generado una larga bibliografía académica sobre las causas de este crecimiento. Esta bibliografía, que era ya bastante extensa antes de la Gran Recesión, ha crecido incluso más durante las crisis financieras y económicas de los últimos años que han acentuado todavía más la extensión y la intensidad de tales desigualdades, creando una alarma entre los establishments políticos que gobiernan tales países, por la posible desestabilización política que dicho fenómeno pudiera crear, tal como está ocurriendo en España, uno de los países de la Unión Europea donde el crecimiento de las desigualdades ha sido mayor.


Según el último informe de Oxfam, el 1% más acaudalado de la población española concentra tanta riqueza como el 80% más pobre y, por si no fuera poco, veinte personas tienen la misma riqueza que el 30% más pobre de la población. Su patrimonio ha ido aumentando (lo hizo en un 15% el año 2015), mientras que el de la mayoría de la población española, el 99% restante, vio el valor de su patrimonio reducido (en un 14%) durante el mismo periodo. Los presidentes de las empresas del IBEX-35 cobran 158 veces más que el salario medio del país.


Una situación semejante ocurre a nivel mundial, donde, según el mismo informe de Oxfam (y también según el Credit Suisse Global Wealth Data), el 1% de la población, la que tiene más riqueza en el mundo, poseía en el año 2009 el 44% de toda la riqueza mundial, porcentaje que subió al 48% en 2014 y que, siguiendo tal tendencia, llegará a poseer el 50% de la riqueza mundial este año 2016. Otros datos impactantes de tales informes es que los 80 billonarios más ricos del mundo tenían en 2014 un total de 1,9 billones de dólares, que equivale a la riqueza que tenía la mitad de la población mundial, habiendo incrementado la suya un 46% solo en cuatro años (2010-2014), a la vez que la riqueza de la gran mayoría de la población ha ido descendiendo, con lo cual, la distancia entre los súper ricos por un lado y la gran mayoría de la población por el otro ha crecido de una manera muy, pero que muy acentuada.


Las explicaciones más conocidas de las causas del crecimiento de las desigualdades


Una parte muy importante de esta literatura científica quer ha estudiado las desigualdades se ha centrado en describir las tasas de crecimiento de la riqueza poseída por los súper ricos comparándolas con las tasas de crecimiento de la riqueza de todos los demás. El autor más conocido en este tipo de estudios ha sido Thomas Piketty, que basó su análisis del crecimiento de las desigualdades en la evolución de las rentas del capital. Sin desmerecer la enorme importancia de su trabajo, hay que señalar que analizar la evolución de las rentas del capital sin analizar, y todavía menos, sin relacionarlo con la evolución de las rentas del trabajo, constituye uno de los puntos más flacos de su espléndido trabajo (ver mi crítica del libro de Piketty "El porqué de las desigualdades: una crítica del libro de Thomas Piketty 'Capital in the Twenty-First Century'", Público, 15.05.14), pues es imposible entender la evolución de las rentas del capital sin entender la evolución de las rentas del trabajo. Las dos están íntimamente relacionadas, ya que el crecimiento desmesurado de las rentas del capital en los últimos años se ha llevado a cabo a costa del descenso de las rentas del trabajo. La evidencia de ello es abrumadora, clara y potente, y lo que es también claro y convincente es que ha sido precisamente esta redistribución de las rentas, transfiriendo rentas de la mayoría de la población a una minoría, la que ha causado la Gran Recesión, como he detallado en mi reciente libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015, cuya visibilidad en los mayores medios de información ha sido casi nula.


Hay que redescubrir categorías analíticas olvidadas u ocultadas –como explotación- para entender el crecimiento de las desigualdades


La inmensa mayoría de estudios sobre las desigualdades han evitado, sin embargo, analizar esta relación existente entre la evolución de las rentas del capital y la evolución de las rentas del trabajo, pues este tipo de estudios abre toda una serie de interpretaciones de la realidad, interpretaciones que han sido marginadas, vetadas y excluidas en los círculos y fórums donde la sabiduría convencional en el conocimiento económico se reproduce, fórums donde la minoría de la población beneficiaria de tal redistribución (tales como los propietarios y gestores de las empresas del IBEX-35) es muy influyente. Existe hoy en los mayores fórums de pensamiento económico una marginación de los análisis que utilizan una metodología de estudio y una narrativa que ponen incómodas a tales minorías.


Me estoy refiriendo a categorías de análisis como explotación y conflicto de clase, conceptos y términos sistemáticamente silenciados en los medios de mayor difusión y persuasión y que raramente aparecen en los fórums donde la sabiduría convencional se reproduce. Y ello a pesar de que tales categorías analíticas son esenciales para entender el porqué las desigualdades son tan grandes y continúan creciendo.


Veamos los datos. Las políticas neoliberales impuestas desde los años ochenta (a partir de la revolución, o mejor dicho, contrarrevolución neoliberal iniciada por el Presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido) no eran ni más ni menos que un ataque frontal del mundo del capital al mundo del trabajo. Lo que ha ido ocurriendo durante estas pasadas décadas ha sido la imposición de políticas públicas encaminadas a aumentar la tasa de explotación del mundo del trabajo por parte del mundo del capital bajo el argumento de que la eficiencia económica necesitaba el aumento de la competitividad, realizada sobre todo a costa del sacrificio del trabajador mediante la bajada de salarios y disminución de su protección social. Y estas medidas han sido altamente exitosas.


Como consecuencia, las rentas del trabajo, como porcentaje de las rentas totales han ido disminuyendo en la mayoría de países capitalistas desarrollados. Las rentas del trabajo pasaron a representar del 70% del PIB en EEUU, el 70,4% en Alemania, el 74,3% en Francia, el 72,2% en Italia, el 74,3% en Gran Bretaña, y el 72,4% en España en los años 70, a solo el 63,6% en EEUU, el 65,2% en Alemania, el 68,2% en Francia, el 64,4% en Italia, el 72,7% en Gran Bretaña, y el 58,4% en España en el año 2012. (Para expansión de la evidencia científica que avala esta tesis, ver mi libro citado anteriormente).


Las rentas del capital, por el contrario, se han ido disparando, creando un problema bien conocido en los textos de economía política que se define como overaccumulation, que no es otra cosa que la enorme acumulación y concentración de las rentas del capital obtenidas a costa de la súper explotación de las rentas del trabajo. Ahora bien, esta enorme concentración de las rentas (y de la propiedad, es decir, del capital) y consiguiente crecimiento de las desigualdades, ha creado otro grave problema, pues la mayoría de la demanda que estimula la economía productiva -que es la economía que produce bienes y servicios- procede de las rentas del trabajo (es decir, de la mayoría de la población, que es la que deriva sus ingresos a partir del trabajo).


Al disminuir estas rentas del trabajo, disminuye también la demanda doméstica y con ello el crecimiento económico. Y es ahí donde se encuentra la génesis de la Gran Recesión, y también del enlentecimiento de la economía mundial, explicación que raramente aparece en los grandes medios de información y persuasión. Es, pues, el aumento de la tasa de explotación del mundo del trabajo el causante del gran crecimiento de las desigualdades que, a su vez, ha creado la crisis de demanda tan notable que mantienen las economías estancadas, y cuya máxima expresión se ve en la Eurozona, la parte del mundo capitalista desarrollado occidental que ha estado estancada durante más tiempo.

¿Cómo intenta el capital resolver el estancamiento económico?


El mundo del capital (lo que antes se llamaba la clase capitalista y ahora se presenta como el 1%) es consciente de que esta situación, inducida por las políticas neoliberales impuestas a la población desde los años ochenta, está creando un grave problema político para el sistema capitalista, pues tal explotación puede generar una respuesta de protesta que puede amenazar la propia viabilidad del sistema. La polarización de la vida política a los dos lados del Atlántico Norte es un síntoma claro de ello.


El pánico (y la consiguiente represión que le acompaña) que el establishment político europeo ha mostrado frente a opciones políticas opuestas a la aplicación de las políticas neoliberales es un ejemplo de ello. Pero hay otro problema -este de carácter económico- que tiene que ver con el estancamiento económico y que fuerza al mundo del capital a buscar nuevas áreas de inversión para mantener su rentabilidad elevada. De ahí que las empresas privadas vayan expandiéndose en nuevas actividades. Tres de ellas, merecen especial atención.


Una es la expansión de la militarización de la economía, con la continuación de una guerra global que aparece en muchas áreas de conflicto bélico a la vez. Tal militarización incluye los sistemas no solo de armamento, sino también de seguridad y de represión, jugando un papel clave en el intento de estimular la economía mediante los gastos en armamento, en sistemas de seguridad y en un largo etcétera.


La segunda área es la de la privatización de los servicios y transferencias públicas, que engloban desde las pensiones a la sanidad, la educación y otros servicios públicos del Estado del Bienestar. Todas estas intervenciones requieren de un mayor protagonismo por parte de las esferas económicas y financieras privadas, a costa de los espacios públicos. Los tratados de libre comercio TTIP y TPP son elementos clave de esta estrategia.


Y la tercera área de intervención es la especulación financiera, que ha adquirido unas dimensiones no conocidas anteriormente, y que ha requerido una enorme desregulación de la movilidad de capitales, que continuará y que determinará pronto una crisis incluso mayor que la que hemos experimentado durante la Gran Recesión.


Cada una de estas tres intervenciones incrementa todavía más las desigualdades. La militarización de la economía estimula la acumulación y concentración del capital, como también ocurre con la privatización de los servicios y transferencias públicas. Y un tanto igual ocurre con las transferencias de fondos públicos a las empresas privadas en el pago de la deuda pública y en los rescates de las empresas financieras, colapsadas debido a su comportamiento especulativo.


Los límites de las propuestas que se están considerando para reducir las desigualdades


A la luz de estos hechos, hay que analizar las soluciones que se están proponiendo por aquellos autores más sensibles a la necesidad de reducir las desigualdades, tales como Thomas Piketty, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Jeffrey Sachs y Anthony Atkinson, entre otros. Estos autores han propuesto el incremento de la gravación impositiva a las rentas del capital, la expansión de la fiscalidad progresiva, el crecimiento de la protección social y del gasto público social, así como un aumento de las rentas del trabajo y la prohibición de los paraísos fiscales. Tales medidas son muy necesarias y deben realizarse urgentemente, pero, sin embargo, son también insuficientes, pues dejan tal como están las causas reales de las desigualdades, que, como he subrayado, son las relaciones de propiedad del capital en cada sociedad, origen de tales desigualdades. No se puede intentar corregir las desigualdades sin alterar y cambiar las relaciones de propiedad del gran capital, dejándolo en manos privadas, es decir, en manos de la minoría –los súper ricos- que continuará ejerciendo un enorme poder, no solo económico, sino también político y mediático en cada una de estas sociedades.


Dicha minoría continuará acumulando su riqueza a través del proceso de sobreacumulación (que está basado en explotación), que podrá modificarse y reducirse a través de las medidas redistributivas citadas anteriormente, pero sin eliminarlo. De ahí que, además de aquellas necesarias intervenciones, se deberían también considerar intervenciones públicas encaminadas a cambiar los sistemas de propiedad de los medios de producción, distribución y especulación, tema muy olvidado y abandonado en los programas de los partidos de izquierda, hoy en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, que parecen haber olvidado que sin alterar tales relaciones de propiedad difícilmente se cambiarán las bases de la explotación, causa primordial del crecimiento de la desigualdad.


De esta lectura se deduce que aquellas medidas redistributivas deberían expandirse para incluir también medidas de apropiación, no solo de las rentas del capital, sino del propio capital, a través de su trasvase y transformación en propiedad pública, empezando por sectores claves del capital financiero y del sector energético. Las reservas mentales y políticas que amplios sectores de las izquierdas tienen hacia la estatificación de la propiedad, no deberían excluir la posibilidad de integrar elementos importantes del sector financiero y energético –entre otros- en el sector público, que permitiera romper el enorme dominio que el mundo del capital ejerce sobre los Estados, facilitando así su democratización, condición indispensable para la reducción de las desigualdades.

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Experiencia de América latina para Davos

Esta semana, diversos líderes mundiales se reúnen en el Foro Económico Mundial para dialogar sobre la forma de mejorar el estado actual del mundo y de afrontar los retos más urgentes. Hay mucho sobre lo que conversar, en particular acerca de la crisis mundial de desigualdad, que se ha hecho especialmente visible en los últimos años, tras la crisis económica y financiera de 2008 y 2009. La desigualdad está creciendo a un ritmo alarmante y plantea un grave riesgo para el crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y la estabilidad social.


El impacto destructivo de la extrema desigualdad sobre el crecimiento sostenible y la cohesión social es evidente en América latina y el Caribe. Aunque la región ha logrado un éxito considerable en la reducción de la extrema pobreza durante la última década, sigue mostrando niveles altos de desigualdad del ingreso y de la distribución de la riqueza, que han obstaculizado el crecimiento sostenible y la inclusión social. En América latina y el Caribe, la desigualdad está impidiendo retornar a una trayectoria de crecimiento inclusivo, ante un entorno exterior desalentador, con una proyección de crecimiento para 2016 que la Cepal estima en un 0,2 por ciento.


Aunque la desigualdad del ingreso se ha reducido durante los últimos años, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. En 2014, el 10 por ciento más rico de la población de América latina había amasado el 71 por ciento de la riqueza de la región. Según los cálculos de Oxfam, si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1 por ciento más rico de la región tendría más riqueza que el 99 por ciento restante.


Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América latina crecieron en promedio un 21 por ciento anual, es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región según las estimaciones de Oxfam. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de los beneficios del crecimiento de América latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media. Este grado extremo de desigualdad y de concentración del ingreso también se ve confirmado por los análisis de los datos fiscales disponibles relativos a la renta personal en diversos países de la región.


Salvaguardar los avances ya logrados por América latina y garantizar un crecimiento inclusivo y sostenible deben ser prioridades para todos los países de la región. En consecuencia, la Comisión Económica para América latina y el Caribe y Oxfam están decididas a trabajar de manera conjunta para promover y construir un nuevo consenso contra la desigualdad. No existe una panacea para este problema, pero sí es posible tomar medidas que, combinadas, podrían marcar una gran diferencia. La reforma tributaria es un buen lugar para empezar.


Unos sistemas tributarios inadecuados, así como la evasión y la elusión de impuestos, cuestan a América latina miles de millones de dólares en ingresos tributarios impagados, unas cantidades que podrían y deberían invertirse en luchar contra la pobreza y la desigualdad. El incremento de los ingresos tributarios es clave para la inversión pública en la reducción de algunas de las brechas históricas de la región, como el acceso marcadamente segregado a bienes públicos de calidad en el ámbito de la educación, la salud, el transporte y la infraestructura.


En muchos países, el sistema tributario se apoya de forma particular en los impuestos sobre el consumo, que resultan especialmente gravosos para los grupos de ingresos bajos y medianos. Además, los sistemas tributarios de la región suelen estar más orientados a los ingresos laborales que a las ganancias de capital y a menudo carecen de impuestos sobre bienes inmuebles y sucesiones, de manera que se incrementa la concentración de la riqueza, que es aún mayor que la concentración del ingreso. La recaudación del impuesto sobre la renta personal es relativamente baja, especialmente entre los grupos con ingresos más altos. La Cepal calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10 por ciento más rico solo equivale al 5 por ciento de su ingreso disponible. Como resultado, los sistemas tributarios de América latina son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad.


Además, los gobiernos otorgan un trato de favor a las compañías multinacionales en materia de impuestos, por medio de reducciones excesivamente generosas de las tasas de los impuestos de sociedades en muchos países de la región. Según algunos cálculos, la carga impositiva para las empresas nacionales equivale al doble de la carga efectiva soportada por las compañías multinacionales.


A esto hay que añadir las terribles tasas de elusión y evasión de impuestos en la región. De acuerdo con las estimaciones, las pérdidas de recaudación del impuesto sobre la renta de las empresas van del 27 por ciento del ingreso potencial de la tributación de las empresas en el Brasil al 65 por ciento en Costa Rica y el Ecuador. La Cepal estima que la evasión y la elusión de los impuestos sobre la renta personal y de las empresas costaron a América latina en 2014 más de 190.000 millones de dólares, es decir, un 4 por ciento del PIB regional.


Un sistema tributario internacional arcaico y disfuncional también proporciona a las empresas y a los ricos amplias oportunidades para que eviten pagar los impuestos que les corresponden en justicia.


La pérdida crucial de ingresos procedentes de los productos básicos y el estancamiento experimentado por muchas economías hacen que el pueblo de América latina no pueda permitirse que una parte tan amplia de los ingresos y la riqueza de la región estén libres de impuestos. Es absolutamente esencial que todos paguen los impuestos que les corresponden según sus medios económicos, de modo que se pueda financiar un crecimiento sostenible e inclusivo, no solamente en América latina, sino en todo el mundo.


Con objeto de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, todos los gobiernos tendrán que tomar medidas concertadas y coordinadas para la creación de un sistema tributario adaptado al siglo XXI. Los gobiernos deben implementar sistemas tributarios más progresistas en sus respectivos territorios y fortalecer la cooperación mundial y regional para evitar una competencia perversa entre naciones en el ámbito tributario. Los países de América latina y el Caribe también podrían reforzar los impuestos sobre los bienes inmuebles o volver a introducir el impuesto sobre sucesiones. Asimismo, deben trabajar conjuntamente bajo los auspicios de las Naciones Unidas para reformar el sistema tributario internacional, de modo que las empresas multinacionales y los ricos no puedan aprovechar las lagunas de la legislación tributaria ni esconder sus riquezas en paraísos fiscales con objeto de evitar pagar sus impuestos.


¿Qué puede aportar la experiencia de América latina a los líderes políticos y los encargados de tomar decisiones del sector privado y la sociedad civil, que se preparan para participar en la próxima reunión en Davos? Esa experiencia muestra que la decisión de afrontar la desigualdad debe formar parte de un nuevo pacto social para mejorar la situación actual del mundo y que cualquier plan para hacer frente a esa desigualdad e impulsar el crecimiento inclusivo debe otorgar un papel destacado a la creación de un sistema tributario más justo.

 

Por Alicia Bárcena * y Winnie Byanyima **
* Secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal).
** Directora ejecutiva de Oxfam Internacional.

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Se incrementa la desigualdad de manera dramática: Oxfam

Davos.


Oligarcas, jeques petroleros y herederos de miles de millones de dólares, quienes conforman las 62 personas más ricas del mundo, poseen exactamente lo mismo que la mitad más pobre de la población global, según el estudio Una economía al servicio del uno por ciento, de la organización humanitaria Oxfam.


Hace un año ese patrimonio estaba en manos de las 80 personas más ricas del planeta.


Los beneficios políticos han generado que cuatro multimillonarios en México hayan visto aumentar su riqueza, equivalente a 2 por ciento del producto interno bruto del país en 2002, a 9 por ciento en 2014. Es decir, más de 50 millones de habitantes están en la pobreza.


Una parte significativa de las fortunas de los cuatro individuos se deriva de sectores que han sido privatizados, concesionados y/ o regulados por el sector público.


Oxfam denunció que en ese ámbito se genera un sistema regido por el amiguismo, en el cual ciertos sectores son privilegiados y protegidos con consecuencias económicas y sociales graves, que resultan excluyentes. Las personas más ricas deben dejar de pretender que sus fortunas están beneficiando a todos, apuntó.


Explicó en el informe Desigualdad extrema en México, concentración del poder económico y político, que la acumulación de riqueza en pocas manos lastra el crecimiento, genera sociedades más injustas y violentas y limita las políticas de reducción de la pobreza.


Añadió en su texto sobre México que entre 2002 y 2015 las cuatro principales fortunas del país han pasado a multiplicarse por cinco. Esta tendencia de acumulación de riqueza en pocas manos es global y provoca sociedades más desiguales y violentas, en las que la combinación de falta de inversión en políticas sociales, fiscalidad regresiva y regulación deficiente de sectores estratégicos lastra las posibilidades de los más vulnerables a llevar una vida digna y tener las mismasoportunidades de partida, afirmó Consuelo López Zuriaga, directora de Oxfam México.


En casi todas partes crece de manera dramática la desigualdad social, denunció Oxfam en la investigación, que comienza a ser difundida este lunes.


De acuerdo con los autores, algunas de las causas son la aplicación de impuestos totalmente insuficientes a los grandes capitales y sus ganancias, así como la continua transferencia de beneficios a paraísos fiscales.


El uno por ciento de la población mundial tiene un patrimonio mayor que el del resto del mundo, subraya el texto al citar datos del Informe sobre la riqueza 2015, del banco Credit Suisse. En otras palabras, el patrimonio de unos 70 millones de súper ricos es superior al de los más de 7 mil millones de personas en la Tierra.


Sólo en los pasados cinco años el patrimonio de los 62 más ricos, entre ellos 53 hombres, aumentó 44 por ciento, a 1.76 billones de dólares (1.61 billones de euros). Al mismo tiempo, el patrimonio conjunto de la mitad más pobre de la población se redujo en alrededor de un billón de dólares. Un descenso de 41 por ciento, a pesar de que en el mismo periodo la población mundial aumentó en 400 millones de personas, indica la organización humanitaria en su informe sobre el desarrollo social, que siempre presenta en vísperas de la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos.


Oxfam llamó a los aproximadamente 2 mil 500 políticos, directivos empresariales y científicos de más de 100 países que se darán cita del 20 al 23 de enero en la localidad suiza a utilizar su influencia para lograr que la brecha entre ricos y pobres se reduzca en vez de que se ensanche.
Reglas, para los ricos


Vivimos en un mundo cuyas reglas están hechas para los súper ricos, afirma Tobías Hauschild, miembro de Oxfam Alemania. Ello hace más difícil la lucha contra la pobreza y las enfermedades. Lo que se necesita es un sistema económico y financiero que beneficie a todos.


Ese sistema, según el texto de Oxfam, debe impedir que las grandes compañías eludan su responsabilidad. Nueve de cada 10 grandes empresas tienen filiales en al menos un paraíso fiscal, asegura la investigación.


Oxfam exige que los impuestos sobre los beneficios se paguen únicamente en el país donde éstos se obtienen. Además, la responsabilidad de los políticos es acabar con los paraísos fiscales, que permiten a los súper ricos ocultar sus gigantescos capitales.


Con el fin de crear un sistema tributario internacional justo es necesario, sostiene Oxfam, obligar a las empresas a que informen públicamente y por países sobre los beneficios obtenidos y los impuestos pagados. Además, la organización humanitaria exige que los estados pongan fin a una competición ruinosa para ofrecer las tasas impositivas más bajas y que hagan públicos todos sus incentivos fiscales.


Debemos encarar a gobiernos, empresas y élites económicas presentes en Davos para que se comprometan a poner fin a esta era de los paraísos fiscales, que alimentan las desigualdades mundiales e impiden a centenares de millones de personas salir de la pobreza, afirmó Winnie Byanyima, directora general de Oxfam International, que estará en el encuentro suizo.

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NY Times: Los ricos de EEUU tienen un sistema tributario que les ahorra miles de millones

Con la desigualdad a niveles nunca vistos, los norteamericanos más ricos (el 1% del 1%) han financiado y creado con la connivencia del Gobierno un auténtico sistema impositivo privado. Estos complejos "loopholes" (excepciones) son del todo ajenos al ciudadano medio. George Soros, uno de los defensores del incremento de impuestos para los muy ricos, ha hecho sin embargo lobby para mantener esta fiscalidad, y junto a otros han financiando la campaña presidencial de 2016. Sin ningún escrutinio público, la Agencia Tributaria negocia privadamente con ellos.


Los magnates de fondos de cobertura Daniel S. Loeb, Louis Moore Bacon y Steven A. Cohen tienen mucho en común. Han logrado miles de millones de dólares y actualmente amasan grandes fortunas. Ellos han invertido grandes sumas en colecciones de arte -y millones más en candidatos políticos-.


Además, cada uno ha aprovechado una laguna fiscal esotérica que les salvó millones en impuestos. ¿El truco? Transferir el dinero a las Bermudas y transferirlo nuevamente de vuelta.


Con la desigualdad en sus niveles más altos en casi un siglo y el debate público se levanta sobre si el gobierno debe responder a ella a través de mayores impuestos a los ricos, los muy ricos estadounidenses han financiado un aparato sofisticado y asombrosamente eficaz para proteger a sus fortunas. Algunos la llaman la "industria de la defensa ingresos", que consiste en una falange de los abogados más costosos, planificadores del estado, grupos de presión y los activistas anti-impuestos que explotan y defienden una increíble variedad de maniobras fiscales y coincidentemente ninguno de los anteriormente mencionados a disposición de los contribuyentes de más modesto ingresos.


En los últimos años, este aparato se ha convertido en una de las más poderosas avenidas de influencia para los estadounidenses ricos de todos los colores políticos, entre ellos el Sr. Loeb y el Sr. Cohen, que contribuyen en gran medida a los republicanos, y el multimillonario liberal George Soros, quien ha pedido gravámenes más altos sobre los ricos, mientras que al mismo tiempo utiliza lagunas fiscales para reforzar su propia fortuna.


Todos son parte de un pequeño grupo que ha proporcionado la mayor parte del dinero con que comenzaron las campañas presidenciales del 2016.


Operando en gran parte fuera de la vista del público – y en gran medida a través de disposiciones legislativas arcaicas en tribunales fiscales y en las negociaciones privadas con el Servicio de Impuestos Internos – los ricos han utilizado su influencia para constantemente reducir poco a poco la capacidad del gobierno para aplicar gravámenes en ellos. El efecto ha sido la creación de una especie de sistema de impuestos privada, disponible sólo para varios miles de estadounidenses.


El impacto en sus propias fortunas ha sido muy notable. Hace dos décadas, cuando Bill Clinton fue elegido presidente, los 400 contribuyentes con mayores ingresos en los Estados Unidos pagaban casi el 27 por ciento de sus ingresos en impuestos federales, de acuerdo con datos del IRS (Internal Revenue Service en inglés o Servicio de Impuestos Internos en español) . Para el año 2012, cuando fue reelegido el presidente Obama, esa cifra se había reducido a menos del 17 por ciento, que es sólo un poco superior a la de la típica familia que gana $ 100.000 al año, cuando se incluyen los impuestos de nómina para ambos grupos.


Los ultra-ricos, "literalmente, pagan millones de dólares por estos servicios", dijo Jeffrey A. Winters, un politólogo de la Universidad Northwestern que estudia las élites económicas "y se ahorran en el orden de decenas o cientos de millones en impuestos."


Algunas de las más grandes batallas de impuestos actuales están siendo llevadas a cabo por algunos de los más generosos patrocinadores de los candidatos a la presidencia en el 2016. Entre estos patrocinadores de las campañas presidenciales están las familias de los inversores de fondos de cobertura Robert Mercer, el cual da a los republicanos, y James Simons, el cual da a los demócratas; así como la operadora de opciones Jeffrey Yass, un donante libre que apoya a los republicanos.


La firma del Sr. Yass está litigando lo que estipula la agencia (IRS) que debe pagar en decenas de millones de dólares por concepto de impuestos. Renaissance Technologies, el fondo de inversiones que el Sr. Simons fundó y que el Sr. Mercer ayuda a dirigir, es actualmente objeto de investigación por el IRS a causa de una laguna que les ahorró un estimado de $ 6.8 mil millones en impuestos en más o menos una década, de acuerdo con una investigación del Senado. Algunas de estas mismas familias también han contribuido con cientos de miles de dólares a grupos conservadores que han atacado prácticamente cualquier esfuerzo de elevar los impuestos a los ricos.


En el fragor de la contienda presidencial, la influencia de los donantes ricos está muy evidenciada. Incluso está en juego el aumento que en el 2013 le hiciera la administración Obama a los impuestos sobre las rentas más altas – el primer incremento sustancial en dos décadas – y una iniciativa del IRS para garantizar que, en efecto se tomen medidas enérgicas contra la evasión fiscal de los ricos que presenta muy altos índices.


Mientras los demócratas como Bernie Sanders y Hillary Clinton se han comprometido a aumentar los impuestos a estos votantes, casi todos los republicanos tienen políticas avanzadas que reducirían enormemente sus facturas de impuestos, a veces hasta en un mínimo de 10 por ciento de sus ingresos.


Al mismo tiempo, la mayoría de los candidatos republicanos están a favor de la eliminación del impuesto de sucesiones, una medida que permitiría a los nuevos ricos, y a los viejos, legar su fortuna intacta, solidificando la brecha de riqueza en el futuro. Varios de ellos (Los candidatos republicanos) han propuesto una reducción sustancial – o incluso la eliminación – en los impuestos de tipos impositivos a pesar de que tienen ya grandes descuentos sobre las ganancias de inversión, uno de los pilares estratégicos más lucrativos con el que cuentan los gravámenes fiscales.


"Existe esta idea de que los ricos utilizan su dinero para comprar los políticos; más exactamente, es que pueden comprar la política, y en concreto, la política fiscal ", dijo Jared Bernstein, un alto miembro del izquierdista Centro sobre Presupuesto y Prioridades Políticas que sirvió como el principal asesor económico del vicepresidente Joseph R. Biden Jr. "Es por eso que existen estas lagunas graves, y por qué es tan difícil para cerrarlas."


Las "Family Offices"


Cada una de las 400 familias que más ganan se llevó a casa, en promedio, alrededor de $ 336 millones en el 2012, el último año del que hay datos disponibles. Si la mayor parte de ese dinero se había pagado como sueldo o salario, como lo es para el estadounidense promedio, las obligaciones fiscales de esos contribuyentes más ricos podían haberse más que duplicado.
En lugar de ello, gran parte de sus ingresos provenían de asociaciones enrevesadas y fondos de inversión de alto nivel. Otros ingresos devengados en turbios fideicomisos familiares y empresas fantasmas en el extranjero, fuera del alcance de las autoridades fiscales.


Los técnicos bien pagados que maquinan estos arreglos trabajan duro en las firmas de abogados "de zapatos blancos" y en bancos de inversión de élite, que funcionan como una variedad de oscuras boutiques de estos servicios. Pero en el punto de apoyo de la formulación de estrategias sobre cómo minimizar los impuestos son llamados family offices, estos son los departamentos de gestión de riqueza personalizados de esos estadounidenses con cientos de millones o miles de millones de dólares en activos.


Las oficinas familiares han existido desde finales del siglo 19, cuando los Rockefeller fueron pioneros en ese tipo de institución, y ganó popularidad en la década de 1980. Pero han proliferado rápidamente en la última década, como las filas de los super-ricos, y el tamaño de sus fortunas, creciendo a proporciones récord.


"Tenemos tanta riqueza que se está creando, tanta riqueza significativa, que crea la necesidad de una estructura como la de la oficina de la familia", dijo Sree Arimilli, un consultor de la industria de reclutamiento.


Estas oficinas familiares, muchas de las cuales se dedican a la gestión y protección de la riqueza de una sola familia, supervisan todo, desde la estrategia de inversión hasta la filantropía. Pero la planificación fiscal es una función básica y esencial de las mismas. Mientras que las técnicas específicas que estos asesores emplean para reducir al mínimo los impuestos pueden ser abrumadoramente complejas, por lo general, siguen unos principios simples, como la conversión de un tipo de ingreso en otro tipo que se aplica un tipo impositivo inferior.


El Sr. Loeb, por ejemplo, ha invertido en una reaseguradora con sede en Bermudas – una compañía de seguros para las compañías de seguros – que da la vuelta e invierte el dinero en su fondo de inversiones. Esa maniobra transforma sus ganancias de inversiones a corto plazo en el mercado, las cuales son gravadas por el gobierno en aproximadamente un 40 por ciento, en beneficios a largo plazo, conocidas como las ganancias de capital, que tributan en aproximadamente la mitad de esa tasa. Esto ha proporcionado la ventaja adicional de permitir que el Sr. Loeb evite impuestos sobre estos ingresos de forma indefinida, lo que permite a su riqueza esquivar los gravámenes y crecer más rápidamente.


La aseguradora en Bermuda del Sr. Loeb salió a la bolsa en 2013 y está presente en el negocio de los seguros, con lo cual no es simple esquivar impuestos. El Sr. Cohen y Mr. Bacon abandonaron estas estrategias basadas en seguros similares recientemente. "Nuestra inversión en Max Re no era un esquema dirigido por impuestos, sino más bien una respuesta al interés de los inversores en una cartera gestionada de forma más dinámica similar a la de Warren Buffett, llamada Berkshire Hathaway," dijo el Sr. Bacon, que conduce Moore Capital Management. "Los fondos de cobertura fueron una minoría de la cartera de inversiones, y los productos de Moore Capital en subconjunto son mucho más pequeño que los de esta cartera alternativa." El Sr. Loeb y el Sr. Cohen no quisieron hacer comentarios.


La organización de la propia empresa como una sociedad puede ser lucrativa en su propio derecho. Algunas de las asociaciones de las que los ricos obtienen sus ingresos están autorizadas a vender acciones al público, por lo que es fácil ingresar dinero en efectivo en una parte del negocio, manteniendo el control sobre este. Pero a diferencia de las empresas que cotizan en bolsa, que no pagan el impuesto de sociedades; los socios pagan impuestos como individuos. Y los impuestos a las ganancias se reducen a menudo por grandes deducciones, tales como la depreciación.


Para las grandes asociaciones privadas, por su parte, el IRS a menudo lucha "para determinar si existe un paraíso fiscal o si se está utilizando una transacción de impuestos abusivos", según un informe reciente de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental. La agencia no se le permite recaudar impuestos pagados directamente de estas asociaciones, incluso los que tienen varios cientos de socios. En su lugar, se debe cobrar a cada socio individual, lo que requiere para la agencia dedicar una significativa cantidad de tiempo y mano de obra.


Los ricos también pueden hacer uso de una serie de deducciones fiscales esotéricas y personalizadas que van mucho más allá de la cancelación de una oficina en casa o la cena con un cliente. Una agresiva estrategia empleada es la de colocar la renta en un tipo de fondo de caridad, generando una deducción que compensa el impuesto sobre la renta. El fondo entonces adquiere lo que se conoce como una póliza de seguro de vida de colocación privada, que invierte el dinero sobre una base libre de impuestos, con frecuencia en una serie de fondos de cobertura. Los herederos de la persona pueden heredar, también libre de impuestos, todo el dinero que queda después de que el fondo paga un porcentaje cada año a la caridad, a menudo una suma considerable.


Muchas de estas maniobras están bien establecidas, y los contribuyentes ricos dicen que están en todo su derecho a explotarlas. Existen otros en un área legal gris, sus límites definidos por la voluntad de los contribuyentes para defender sus estrategias contra el IRS y casi todos están fuera del rango de precios del contribuyente promedio.


Entre abogados de impuestos y contadores, "los mejores y más brillantes consiguen encontrar la manera de hacer estos complicados pequeños acuerdos", dijo Karen L. Hawkins, quien hasta hace poco dirigió el IRS oficina que supervisa los profesionales de los impuestos. "Francamente, estan casi más allá de la capacidad intelectual y de los recursos del Servicio de Impuestos Internos (IRS) para atraparlos."


La combinación de costos y su complejidad han tenido un efecto profundo, dijeron expertos fiscales. Sean cuales sean las tasas del impuesto que establece el Congreso, las tasas reales pagadas por los ultra-ricos tienden a caer con el tiempo a medida que explotan sus numerosas ventajas.


Desde los inicios de la administración de Obama hasta finales de 2012, las tasas de impuestos federales sobre los individuos no cambiaron (excluyendo los impuestos sobre la nómina). Para los estadounidenses que ingresan capitales promedios pasó de un 20.9 por ciento a un 17.6 por ciento. En contraste, para el 1 por ciento, con exclusión de los muy ricos, pasó de pagar un poco menos de 24 por ciento en promedio a poco más de ese nivel.


"Tenemos dos sistemas fiscales diferentes, uno para los asalariados normales y otra para los que pueden pagar asesoramiento fiscal sofisticado", dijo Victor Fleischer, profesor de derecho en la Universidad de San Diego, que estudia la intersección de la política fiscal y la desigualdad. "En la parte superior de la distribución del ingreso, la tasa efectiva de impuestos baja, en contra de los principios de un sistema de impuesto progresivos sobre la renta."


Una defensa muy tranquila


Habiendo ayudado a concebir un sistema fiscal alternativo, los estadounidenses ricos han sido agresivos en la defensa del mismo.


Los grupos comerciales que representan a la compañía de seguros con sede en Bermudas del Sr. Loeb, por ejemplo, han pasado los últimos meses de litigando con el IRS que las normas propuestas para estrechar el control sobre la laguna por las que se rige este fondo son demasiado onerosas.


El gran grupo industrial que representa a fondos de capital privado gasta cientos de miles de dólares en cabildeo cada año para temas como "inversiones alternativas," que es sin lugar a dudas el abuelo de lagunas fiscales de Wall Street, lo que hace posible que los administradores de estos fondos de inversión en lugar de pagar el mayor gravamen impositivo general desvíen una parte sustancial de sus ingresos para el funcionamiento del fondo en lugar de pagar todo lo que se supone de acuerdo a sus ingresos.


El acuerdo sobre el presupuesto que el Congreso aprobó en octubre permite al IRS recaudar impuestos pagados de las grandes asociaciones a nivel de empresa por primera vez – que es mucho más fácil para la agencia – gracias a una disposición que los legisladores deslizaron en el acuerdo en el último momento, antes de que muchos grupos de presión se pudieran movilizar. Pero las nuevas reglas son relativamente débiles – Las empresas aún pueden optar por hace que sus socios paguen los impuestos individualmente – y esta legislación no entrará en vigor hasta 2018, dando a los más ricos el tiempo suficiente para debilitar aún más las regulaciones existentes.


Poco después de la legislación aprobada, la Managed Funds Association, un grupo del sector que representa a los fondos de inversiones más prominentes como DE Shaw, Renaissance Technologies, Tiger Management y Third Point, comenzó a reunirse con miembros del Congreso para discutir una lista de deseos de los ajustes. Los fundadores de estos fondos todos han donado al menos $ 500.000 para los candidatos presidenciales del 2016. Durante la presidencia de Obama, la propia asociación ha crecido hasta convertirse en uno de los más poderosos grupos comerciales en Washington, con un impresionante gasto de más de $ 4 millones al año en cabildeo.


Y mientras que la capacidad de ejercer presión de los más ricos a menudo se despliega a través de asociaciones y abogados comerciales de la industria, algunas familias ricas han sido más enfáticas en defender sus intereses de forma más directa.


El impuesto a la herencia ha sido un objetivo primario. A principios de 1990, un ejecutivo de la oficina de la familia de California llamada Patricia Soldano comenzó a cabildear a favor de las familias ricas para derogar el impuesto, lo que no sólo les ahorrará dinero, sino también que sea más fácil de conservar sus imperios empresariales de una generación a la siguiente. La idea golpeó a muchos agentes endurecidos como poco realista en el momento, dado que el impuesto sólo afectó a los estadounidenses más ricos. Pero los esfuerzos de la Sra Soldano – financiados en parte por las familias Mars y Koch – sentaron las bases para la eliminación de un año que sucedió en el 2010.


El impuesto ha sido restaurado, pero en la actualidad sólo se aplica a parejas que legan aproximadamente $ 11 millones o más a sus herederos, por encima de dejaban más de $ 1.2 millones de dólares lo cual estaba legislado cuando la Sra Soldano comenzó su campaña. Este cambio afectó a menos de 5.200 familias el año pasado.


"Si alguien me hubiera dicho que estaríamos donde estamos hoy, nunca lo hubiera imaginado", dijo la Sra. Soldano en una entrevista.


Algunas de las más profundas victorias en estas regulaciones son apenas conocidas fuera del mundo insular de los ultra ricos y sus gerentes financieros.


En 2009, el Congreso dispuso requerir a las asociaciones de inversión como los fondos de inversión que se registran con la Comisión de Bolsa y Valores, en parte para que los reguladores tuviesen una mejor comprensión de los riesgos que estas asociaciones plantean para el sistema financiero.


El lenguaje legislativo anterior habría requerido oficinas unifamiliares para registrarse, por lo que se evitaba la exposición y escrutinio de estas instituciones financieras altamente secretas y que tanto sus clientes ansiaban evitar. Algunos de los casos del IRS contra los ricos se originan con los consejos de la SEC (Comisión de Bolsa y Valores por sus siglas en inglés), que se encuentran a menudo en mejor posición para detectar la evasión de impuestos.


En el verano de 2009, varios ejecutivos de oficinas de familia habían formado un grupo de presión llamado la Coalición del Inversor Privado para hacer retroceder al Congreso en contra de la propuesta de involucrar al SEC. La coalición ganó una exención en el acta de reforma financiera Dodd-Frank del año 2010, y luego pasó gran parte del año siguiente persuadiendo a la SEC para que adoptara y reconociera su definición preferida de "family office".


Tan profunda fue la laguna jurídica generada que el fondo de inversiones del Sr. Soros valorado en $ 24.5 mil millones se aprovechó de ella, convirtiéndose a una oficina de familia después de regresar el capital a sus restantes inversores externos. El gestor de fondos de inversiones Stanley Druckenmiller, un ex socio de negocios del señor Soros, adoptó la misma medida.
La familia Soros, que en general apoya los demócratas, se ha comprometido por lo menos con $ 1 millón para la campaña presidencial de 2016; el Sr. Druckenmiller, que favorece a los republicanos, ha puesto un poco más de $ 300,000 para tres diferentes candidatos presidenciales.


Una presentación de diapositivas de la reunión anual de la Coalición Private Investor 2013 atribuye el éxito a múltiples reuniones con los miembros del Comité Bancario del Senado, el Comité de Servicios Financieros de la Cámara, personal del Congreso y al personal de la SEC. "Todos con un perfil bajo", señaló el documento. "Tenemos más de lo que queríamos y algunos extras que no solicitamos."


Un monitor dificultado


Después de todas las lagunas y todos los grupos de presión, lo que queda de la capacidad del gobierno para recaudar impuestos a los más ricos se enfrenta a un último obstáculo: la crisis que enfrenta el IRS.


El presidente Obama ha hecho de la lucha contra la evasión fiscal de los ricos una prioridad. En 2010, firmó la legislación por lo que es más fácil identificar a los estadounidenses que ha ocultado sus activos en cuentas bancarias suizas y refugios bancarios en Islas Caimán.


Su I.R.S. se organizó en el Global High Wealth Industry Group (Grupo de Altas Riquezas Industriales a nivel Global), conocido coloquialmente como "el escuadrón de la riqueza", para examinar a fondo los impuestos de los estadounidenses con ingresos de al menos $ 10 millones al año.


Pero si bien estas medidas han ayudado al gobierno a recuperar miles de millones, los esfuerzos de la agencia han desembocado en escándalo, la presión política y los recortes presupuestarios. Entre 2010, año anterior al que los republicanos tomaron el control de la Cámara de Representantes, y al 2014, el presupuesto del IRS se redujo en casi $ 2 mil millones en términos reales, o casi en un 15 por ciento. Eso ha obligado a desemplear unos 5.000 puestos de profesionales de alto nivel de los cerca de 23.000 con los que cuentan, según la agencia.


Las tasas de auditoría para el club de los $ 10 millones o más, se dispararon en los primeros años del programa de "el escuadrón de la riqueza", pero se han desplomado desde entonces.


El desafío político para la agencia se hizo especialmente agudo en 2013, después de que la agencia reconoció señalar a las organizaciones no lucrativas conservadoras en una revisión de la actividad política por parte de grupos exentos de impuestos. (Altos funcionarios dejaron la agencia como resultado de la controversia.)


Varios funcionarios ex IRS, incluidos Marcus Owens, quien alguna vez dirigió la división de Organizaciones Exentas de la agencia, dijo que la controversia ha dejado muy dañada la voluntad de la agencia para investigar otros contribuyentes, incluso fuera de la división de exentos.


"En el IRS la aplicación está ausente o disminuida" en ciertas áreas, dijo. El Sr. Owens a tiempo que agregó que su antiguo departamento – que proporciona cierta supervisión del dinero utilizado por organizaciones benéficas y organizaciones no lucrativas – ha sido diezmado.


Grupos como FreedomWorks y Americans for Tax Reform, que se financian en parte por las bases de las familias ricas y grandes empresas, han pedido el enjuiciamiento del IRS. Están reforzados por grupos de defensa con mucho dinero como el Club para el Crecimiento, que ha ayudado en los principales desafíos contra los republicanos que han votado a favor de impuestos más altos.


En 2014, el Club para el fondo de Acción del Crecimiento recaudó más de $ 9 millones y pasó gran parte de su ayuda a los candidatos críticos del IRS. Aproximadamente el 60 por ciento del dinero recaudado por el fondo vino de tan sólo 12 donantes, entre ellos el Sr. Mercer, quien ha dado al grupo cerca de $ 2 millones en los últimos cinco años. El Sr. Mercer y su familia inmediata también han donado más de $ 11 millones a varios súper PACs de apoyo y al senador Ted Cruz de Texas, un férreo crítico del IRS y candidato presidencial.


Otro donante prominente es el Sr. Yass, quien ayuda a dirigir una empresa comercial llamada el Grupo Internacional de Susquehanna donó $ 100,000 para el club para el fondo de Acción del Crecimiento en septiembre. El Sr. Yass es miembro de la junta directiva del liberaral Instituto Cato y, al igual que el Sr. Mercer, parece ser partidario en limitar la capacidad del gobierno sobre sus actividades económicas razón que en parte motiva su gasto político.


Pero también puede tener más que un interés pasajero en la creación de un entorno político que socava al IRS, Susquehanna está impugnando una propuesta del IRS contra una filial de la empresa que efectivamente ha repatriado más de $ 375 millones por concepto de ingresos de sus filiales ubicadas en Irlanda y las Islas Caimán en 2007, lo que les crearía una deuda tributaria de gran tamaño. (El afiliado ingresó el dinero a los Estados Unidos en los últimos años y pagó los impuestos de dividendos en él; el IRS afirma que debería haber pagado la tasa de impuesto sobre la renta ordinaria, a un costo de decenas de millones de dólares más de los que pagó.)


En junio, el Sr. Yass donó más de $ 2 millones a tres Super PACs alineados con el senador Rand Paul de Kentucky, que ha llamado para gravar todos los ingresos a una tasa fija de 14,5 por ciento. Ese cambio en sí mismo ahorraría a partidarios ricos como el Sr. Yass millones de dólares.


El Sr. Paul, también candidato presidencial, ha sugerido ir aún más lejos, llamando al IRS una "agencia canalla" y ha hecho circular una petición en 2013 pidiendo el equivalente fiscal de un cambio de régimen. "Sea pues, hemos decidido" -dice la petición escrita- , "que nosotros, los abajo firmantes, exigimos la abolición inmediata del Servicio de Impuestos Internos."
Pero incluso siendo esa campaña una posibilidad muy remota, los contribuyentes más ricos seguirán disfrutando de ventajas con respecto a todos los demás.


Para los ultra-ricos, "nuestro código de impuestos es como un barril agujereado", dijo J. Todd Metcalf, principal asesor de impuestos de los demócratas en el Comité de Finanzas del Senado. "A menos que se tape cada hoyo o se consigue un nuevo barril, este va a filtrarse."


(Artículo original publicado en The New York Times: For the Wealthiest, a Private Tax System That Saves Them Billions. Traducción Raúl Fergo/ Cubadebate)

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Jueves, 03 Diciembre 2015 06:24

El clima, síntoma del poder

El clima, síntoma del poder

Mientras continúa la Cumbre del Clima, un informe de una ONG señaló que la mitad de las emisiones de carbono son producidas por una proporción menor de la población, el sector más rico. China promete que reducirá el 60 por ciento al llegar a 2020.

 

Tras la apertura con los 150 líderes mundiales presentes el lunes pasado, las reuniones en la COP21 de París iniciaron el ritmo pausado de las negociaciones y conversaciones técnicas. Por fuera de los debates, el informe de una ONG reveló que el 10 por ciento de la población más rica del mundo genera la mitad de las emisiones de combustibles fósiles causantes del calentamiento global, y que la mitad más pobre contribuye en un 10 por ciento. Al respecto, China prometió reducir 60 por ciento las emisiones de carbón progresivamente hasta alcanzar esa cifra en 2020. Por otro lado, los estados insulares piden una ayuda urgente a la cumbre de Le Bourget, resaltando que las personas que huyen de regiones afectadas por el cambio climático no están contempladas en el Derecho Internacional.


La desigualdad Norte/Sur sigue siendo uno de los principales obstáculos en las negociaciones de la cumbre del clima en París. El informe de la ONG Oxfam es el que subrayó que el 10 por ciento más rico de la población mundial es responsable de cerca del 50 por ciento de las emisiones de carbono, en tanto los 3500 millones de personas que conforman la mitad más pobre sólo generan el 10 por ciento de esas emisiones.


"Hemos probado que un crecimiento económico fuerte y un medio ambiente más seguro ya no están en contradicción. Eso debería darnos esperanza", había asegurado Barack Obama en la apertura de la COP21. La confianza del presidente norteamericano estriba en estudios como los del economista británico Nicholas Stern y del ex presidente mexicano Felipe Calderón, que identifican sectores que podrían sacar amplios beneficios de una reconversión ecológica de la economía. Entre los beneficiarios figuran las inversiones en eficiencia energética, energías renovables y automóviles híbridos. Eso también supondría una reestructuración profunda de un modelo basado en las energías fósiles. Y ahí la "economía verde" se toparía con otra problemática: la explotación ilimitada de los recursos naturales y la "huella ecológica" de las cadenas de producción y consumo.


Hace más de 25 años que la disputa de cómo repartir la responsabilidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de ayudar a los países más vulnerables bloquea las negociaciones. "El financiamiento podría ser el acelerador para llegar", dice la ONG ActionAid. Desde 2009 se aspira que para 2020 el Norte financie la reconversión al desarrollo sostenible del Sur con 100 mil millones de dólares anuales. Pero además de los montos, en París se discute la forma en que se canalizarán mediante mecanismos transparentes para evitar que vayan a bolsillos equivocados.


En paralelo a la cumbre de París, el gobierno de China anunció que modernizará de aquí a 2020 sus centrales de carbón con el fin de disminuir sus emisiones contaminantes un 60 por ciento. El objetivo es dejar de producir unas 100 millones de toneladas de carbón bruto y evitar la emisión de unos 180 millones de toneladas de CO2 cada año. Cabe destacar que más del 70 por ciento de la electricidad se produce con carbón, del cual el gigante asiático consumió 4200 millones de toneladas en 2013.


El cambio climático para los habitantes de islas del Pacífico hace que éstas se vuelvan cada vez más inhabitables. Quienes huyen de eso no están contemplados en el Derecho Internacional. Si bien migrar es una respuesta, sólo un 25 por ciento estaría en condiciones económicas de hacerlo. En caso de sequías, aumento del nivel del mar o inundaciones, numerosas familias de Kiribati, Tuvalu y Nauru afirmaron que irían a otro lugar.


Claude Emelee, el viceprimer ministro del estado insular de Vanuatu, fue el último orador en la cumbre parisina. "¿Cuándo podremos decirles a nuestros pueblos que este padecimiento, esta locura absoluta, estas atrocidades climáticas tendrán un fin?", preguntó. Barack Obama, quien se crió en Hawai y en Indonesia, intentó ponerse de su lado: "Yo soy un chico de las islas", y afirmó que los Estados Unidos aportarán 30 millones de dólares, un vuelto, a un seguro para paliar las consecuencias del cambio climático.


Vanuatu es una de las tantas pequeñas islas que se verán afectadas drásticamente por el cambio climático puesto que, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), un aumento del nivel del mar de un metro hasta el 2100 es algo completamente posible.

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La pobreza mundial: los errores del Nobel de Economía

El otorgamiento del mal llamado Premio Nobel de Economía (mal llamado pues no lo otorga la Fundación Nobel, sino un banco) al profesor escocés de la Universidad de Princeton, el Sr. Angus Deaton, debido a su trabajo sobre la pobreza mundial, se ha considerado (correctamente) como un indicador de la preocupación que un gran número de organismos internacionales están expresando sobre el crecimiento de la pobreza en el mundo, y su alivio de que, según la opinión optimista del Sr. Deaton, tal realidad es reversible, siendo posible que, incluso dentro del ordenamiento capitalista actual de los sistemas económicos vigentes en la mayoría de países donde se concentra la pobreza, esta puede eliminarse.

Según el nuevo Premio Nobel de Economía, se necesitaría una transferencia de fondos –relativamente menor- de los países ricos a los países pobres, junto con cambios en estos últimos, con mayor número de campañas educativas dedicadas a su población, lo que sería suficiente para que millones de personas dejaran de ser pobres. En realidad, el Sr. Deaton considera que el aumento de la escolarización ha sido el mayor motor de progreso a lo largo de los siglos, y la mayor causa de la reducción de la pobreza y del mejoramiento del bienestar de la población. Un indicador de ello ha sido el aumento de la longevidad (años de vida que una persona vivirá), que él atribuye al crecimiento de la población que tiene educación, lo cual, según el Sr. Deaton, permite a los pobres conseguir lo que se llama el capital humano, que les permitiría salir de la pobreza y ascender en la escala social.


Esta visión y entendimiento de la pobreza es ampliamente aceptada en un gran número de instituciones internacionales (que incluyen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como una gran parte de ONGs e instituciones gubernamentales y partidos políticos de sensibilidad conservadora y liberal -sin excluir partidos políticos de tradición socioliberal, como es el caso de varios partidos socialdemócratas europeos, incluyendo, por cierto, el PSOE-). En todas estas instancias, aumentar el gasto educativo se considera condición sine qua non para eliminar la pobreza.


¿Cuál es el problema con esta definición de pobreza?


Esta visión de la pobreza, sin embargo, tiene varios problemas. Uno es definir pobreza en función del número de recursos que el individuo tiene. Este nivel de recursos se consideró por mucho tiempo que era de un poco más de un dólar al día, y que ahora ha subido a 1,9 dólares al día. Por cierto, hay que aclarar que lo que se presenta como un dólar al día no es, en realidad, un dólar al día. Para muchísimos países de un bajo nivel de riqueza, el hecho de que una persona tenga un dólar al día se consideraría que tal cantidad es más que respetable para poder vivir sin ser pobre. Ahora bien, cuando el Banco Mundial habla de un dólar al día no quiere decir que la persona tenga a su alcance un dólar estadounidense, sino que tiene la cantidad de moneda existente en el país donde vive el pobre que este necesita para poder comprar los mismos productos que se pueden comprar en EEUU con un dólar. Si en EEUU con un dólar se puede comprar una barra de pan, pues el dólar por día en la India quiere decir la cantidad de moneda india, la rupia, que se necesita para comprar una barra de pan. Esta cantidad, como he dicho antes, ha ido aumentando, pasando de 1,25 dólares al día (1.200 millones de personas, de los cuales un tercio, 400 millones son niños) a casi 2 dólares.


¿Está descendiendo la pobreza en el mundo?


En base en este criterio, se asume que el número de pobres está disminuyendo, pues hay menos gente cada año que está en esta categoría. Pero se ignora frecuentemente que ello se debe al gran crecimiento económico de India y China, que juntos suponen algo más de un tercio de la población mundial. Pero en esta nota optimista se olvida que en otras partes del mundo, como en África, hay más personas que viven en extrema pobreza ahora que hace 30 años (no solo en números absolutos, sino también en términos proporcionales).


El mayor problema, sin embargo, en esta definición de pobreza, es la manera como se conceptualiza la pobreza, la cual se define como mera ausencia de recursos. Según esta conceptualización, el problema de la pobreza es la falta de recursos por parte del individuo que es pobre. Esta definición parece razonable, pero contiene un gran error, pues se centra única y exclusivamente en los recursos que la persona tiene, sin tener en cuenta los recursos existentes en la colectividad a la cual pertenece y de los cuales la persona se beneficia. El valor de subsistencia de un dólar por día para una persona es muy distinto en una sociedad que tenga sanidad pública, por ejemplo, que en una sociedad en que el individuo que tenga que pagar para acceder al sistema sanitario. El contexto en el que vive la persona es de especial importancia para saber qué recursos tiene una persona, pues a los recursos privados (el dólar por día) hay que añadir los recursos públicos. Ni Angus Deaton ni el Banco Mundial toman en cuenta los recursos públicos que pueden condicionar que un individuo teniendo los mismos recursos privados pueda o no ser pobre, dependiendo de otros recursos de carácter público existentes en su sociedad. La definición de pobreza que ellos dan da excesiva importancia a los recursos privados, excluyendo los públicos, fijándose solo en la cantidad de recursos que el individuo puede comprar con el dinero que tiene. Esta visión privatizadora y mercantil de la pobreza es una visión sesgada que dificulta la comprensión de la pobreza.


La pobreza es un concepto relacional


Pero a este error hay que sumarle otro, consecuencia también de centrarse en el individuo sin analizar su relación con los otros individuos en la misma colectividad. Dos personas con el mismo número de recursos monetarios pero viviendo en dos países distintos pueden catalogarse como pobres en una sociedad y dejar de serlo en la otra. Que se definan como pobres o no depende de la cantidad de dinero que el individuo tenga en relación con los demás individuos en aquella colectividad. En otras palabras, la pobreza es un concepto relacional. En realidad, si todas las personas del mundo fueran pobres, no habría pobreza en el mundo, pues al no haber otras personas con otros niveles de recursos, la persona no se sentiría ni sería pobre. La pobreza, pues, depende del contexto en el que vive la persona definida como pobre. Veamos los datos.


Una persona pobre en el barrio pobre del Bronx en Nueva York, EEUU, tiene más recursos físicos y monetarios (televisión, dólares, coche, móvil, mayor espacio de vivienda, transferencias públicas de tipo asistencial, etc.) que una persona de clase media en Ghana (África). Si el mundo fuera una sociedad, el pobre del Bronx, Nueva York, EEUU, pertenecería a la clase media mundial, y la persona de clase media de Ghana pertenecería a la clase pobre mundial. Y, sin embargo (y esto es de una enorme importancia), utilizando incluso el mismo indicador que utiliza Deaton (la esperanza de vida –longevidad- para definir progreso) nos encontramos con la situación paradójica de que el pobre a nivel mundial (la persona de clase media de Ghana) vive 15 años más que la persona de clase media a nivel mundial (el pobre del Bronx). Parece paradójico que el que tiene más recursos (la persona del Bronx) y es menos pobre a nivel mundial, tenga menos años de vida que el otro (el africano de clase media) que tiene menos recursos. Y es ahí donde fallan las teorías de Deaton y de la mayoría del establishment antipobreza, que cree que pobreza es un problema individual de falta de recursos que además se puede resolver a base de educación.


La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo


La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo. Que seas pobre o no y que se te defina como que seas pobre o no, depende de dónde estés ubicado en la estructura social de un país. No se puede tomar al individuo fuera del contexto económico, político y social donde vive. Y ello nos lleva a la raíz del problema que no es la falta de recursos sino la manera como están distribuidos. La distribución de los recursos a nivel nacional, así como a nivel internacional es el tema fundamental que la sabiduría convencional sobre la pobreza reproducida por el Banco Mundial y el Sr Deaton no tocan.


Una persona pobre del Bronx en EEUU está en el fondo de la sociedad, una sociedad profundamente desigual y enormemente polarizada en la que existe poco apoyo colectivo (el Estado del Bienestar en EEUU es muy deficiente, como lo muestra que el 48% de pacientes con enfermedades terminales -es decir, que se están muriendo- estén angustiados por saber cómo pagarán –ellos o sus familias- sus facturas médicas). Es más, este pobre del Bronx está enormemente frustrado, pues la distancia social y económica de él o ella con el promedio de la sociedad estadounidense es enorme, con lo cual se ve abrumado y con pocas posibilidades de salir del fondo del pozo, lo cual crea una gran frustración y patología, responsable de su menor longevidad. La persona de clase media en Ghana, por el contrario, no está por debajo, sino por encima del promedio de la sociedad en la que vive, y por lo tanto, no tiene esta frustración y alienación frente al resto de la sociedad como resultado de la ausencia de una distancia difícil de corregir, algo que sí le ocurre al pobre del Bronx.


Es ahí donde el énfasis en transferir rentas a los pobres para resolver la pobreza es insuficiente. Es conocido entre los expertos en política social que gran parte de las medidas antipobreza que están basadas en la transferencia de fondos públicos de carácter asistencial tienen escasa eficacia en resolver dicha pobreza. Toda la evidencia existente muestra que tales transferencias públicas a las poblaciones pobres, aun cuando necesarias para aliviar la pobreza, son ineficaces para resolver esta en un país. Un tanto parecido ocurre con el énfasis en la educación como medida para salir de la pobreza. Son medidas necesarias, pero insuficientes. Lo que se requiere para eliminar la pobreza son medidas públicas altamente redistributivas, que reduzcan las distancias económicas, financieras, políticas, mediáticas y sociales, que son las causas de la pobreza. La evidencia es abrumadora en este sentido. A mayor desigualdad en un país, mayor es su pobreza. De ahí que lo que se requiere para eliminar la pobreza es la redistribución de los recursos en un país, encaminada a reducir las desigualdades, el tema que es precisamente tabú de los organismos internacionales.


De lo dicho hasta ahora, se debe concluir que enviar dinero de los países ricos a los pobres no ayuda a disminuir la pobreza, a no ser que estos recursos se dedicaran a medidas redistributivas, que raramente tienen lugar. En realidad, si los países ricos quisieran ayudar a eliminar la pobreza en los países pobres, lo podrían hacer fácilmente, ayudando a redistribuir la07enorme concentración de la riqueza que existe en aquellos países. Que no lo hagan es porque muy frecuentemente son los mayores aliados de aquellas estructuras de poder que controlan y se benefician de la concentración de la riqueza en dichos países. El lector entenderá también porque las tesis expuestas en mi artículo no tienen la visibilidad que tienen las del Sr. Deaton o del Banco Mundial, pues las primeras, con su énfasis en la redistribución, amenazan a los grupos de mayor riqueza en un país que tiene gran influencia, cuando no control, de los mayores medios de información y persuasión del país. Así de claro.

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Lunes, 26 Octubre 2015 07:06

Capitalismo ¿bueno y malo?

Capitalismo ¿bueno y malo?

A raíz de la crisis financiera, y con un retraso claro, han aparecido en la escena política algunas fuerzas que mantienen una posición que de modo complejo representan alguna forma contestataria del funcionamiento del capitalismo. Una reacción al sistema sustentado en los enormes flujos de capital, el endeudamiento de gobiernos, empresas y familias, el gran poder de las instituciones financieras, el carácter oligopólico de muchas industrias, junto con mayor desempleo y subempleo y una creciente desigualdad social.


De modo somero esto puede ilustrarse, entre otros, con los casos de Syriza en Grecia, Podemos en España, Corbyn en el laborismo británico y, si se extiende esta noción, puede caber hasta Bernie Sanders entre los demócratas estadunidenses (con el antecedente tal vez de Ocupa Wall Street). El derrotero de cada uno de ellos es distinto y se puede seguir en los acomodos, en ocasiones muy profundos, que tienen que hacer al radicalismo que representan y en las campañas electorales que están hoy en curso.


En ninguno de estos casos se advierte una competencia decisiva con el entorno político y técnico burocrático que prevalece y que no deja de enmarcarse en el proyecto de raíz neoliberal. Este último apenas se ha modificado y de un modo que no representa un cambio decisivo del statu quo, a pesar de los embates de la propia crisis en materia monetaria y fiscal y de las consecuencias de los fuertes ajustes presupuestales que, como ocurre en Europa, han llevado a un reacomodo del proceso de unificación y un renacimiento del nacionalismo cada vez menos contenido.


En materia de las políticas económicas que se aplican de modo general, la variaciones son muy escasas y los organismos internacionales como el FMI y la OCDE no tienen ningún gen evolucionista visible. El proyecto dominante a escala global aparece aun con bastante resistencia.


La revista The Economist se alinea, consistentemente, con un concepto propuesto por J. A. Schumpeter en su libro Capitalismo, socialismo y democracia, publicado en 1942. Se trata del proceso de destrucción creativa que incita la dinámica de este sistema de producción. Es la incesante renovación de los procesos y de los productos que sustituyen a los que se agotan o se hacen obsoletos (en muchos casos de modo premeditado). Este mecanismo se asocia con las tendencias de crecimiento económico de largo plazo y, también, con las fluctuaciones cíclicas y, sobre todo, con el mercado de insumos, capitales y, por supuesto, de trabajo.


De ahí que la revista británica ahora hable de un capitalismo bueno y otro malo. El bueno tiene que ver con la competencia y la innovación y el malo con los monopolios y el amiguismo. Más allá del esquematismo demasiado facilón de esta propuesta, existen, por ejemplo, sectores como el de la microelectrónica y las tecnologías de la comunicación, en los que se ha abierto un espacio para la entrada de nuevas firmas.


Pero incluso ahí se advierte una clara tendencia a la concentración, como pasa en las grandes como Microsoft y Apple o con Facebook y Google, que se apropian de los rendimientos y las rentas, aunque ciertos innovadores en varias partes del mundo ganen a veces mucho dinero con la creación de algunas aplicaciones. Ese proceso de concentración y centralización del capital que formuló Marx sigue siendo la norma a lo largo del espacio productivo y de financiamiento.


Y qué decir entonces de la propensión al oligopolio tan clara siempre y, cada vez que se puede, al monopolio, que sigue siendo la norma. Y el amiguismo que continúa en pleno auge. Todo esto no es una queja, mucho menos indica nostalgia alguna. Se puede reconocer la transformación que significa en la vida cotidiana la innovación y la destrucción creativa, sin renunciar a los conceptos y teorías que son observaciones útiles y necesarias para cualquier análisis que rebase el entusiasmo a ultranza.


Se admite, entre los que proponen una adaptación y renovación posible del capitalismo, que el cambio que aparece tan vertiginoso en ciertos sectores de la producción y en su impacto sobre las formas de consumo, provoca ansiedad y resistencia.


Un ámbito en el que esto sucede de manera ostensible es el del trabajo. Las habilidades de los trabajadores cambian rápidamente y segmenta aún más el mercado laboral y los ingresos. La necesidad de trabajadores se reduce. The Economist señala que hace diez años Blockbuster tenía en Estados Unidos 9 mil tiendas y 83 mil empleados. Netflix emplea solo 2 mil personas y renta su poder de computación y señal de video a Amazon. Un estudio de la Universidad de Michigan muestra que mil 200 empresas que se han hecho públicas en ese país han creado cada una menos de 700 empleos en promedio alrededor del mundo desde el año 2000".


Sobra la gente. Se desvanece la seguridad en el empleo y de ahí el acceso a los beneficios sociales como la salud, la vivienda y las pensiones.


Ese es el precio, se dice, de las fuerzas que impulsa el capitalismo bueno; el precio que se paga por la prosperidad. Pero habría que aclarar cómo se mantendrá el acceso a dicha prosperidad para una creciente parte de la población, empezando por los jóvenes y siguiendo con aquellos que quedan desplazados de la demanda de trabajo. La informalidad y la marginación no son cosas del azar.


Si la estabilidad macroeconómica y el progreso tecnológico dejan de ser compatibles con la estabilidad social, constituyen un quiebre cada vez más amplio de la estructura social.

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Una democracia de los ricos para los ricos

ALAI AMLATINA, 30/09/2015.- "Por primera vez en la historia, el Congreso está dominado por una mayoría de millonarios que son, como promedio, catorce veces más ricos que el estadounidense medio... nuestros representantes están totalmente desconectados de la lucha diaria de la mayoría de los estadounidenses, que viven -de un cheque a otro- atrapados en la agotadora lucha por sobrevivir día a día".

Así lo observa John W. Whitehead, Presidente del Instituto Rutherford, en su libro "A Government of Wolves: The Emerging American Police State" ("Un gobierno de lobos: el estado policial estadounidense que emerge").

"De hecho, aunque se supone que Estados Unidos sea una república representativa, estas personas ganan salarios de seis cifras y habitan un mundo exento de multas, con gimnasio gratuito y atención sanitaria que no es segunda de nadie, sólo tienen que trabajar dos o tres días a la semana; hacen 32 viajes por carretera completamente reembolsados cada año, viajan al exterior, reciben descuentos en restaurantes y están exentos de impuestos en las tiendas de Capitol Hill, con aparcamiento reservado en el aeropuerto nacional de Washington, flores frescas gratuitas en los jardines botánicos y asistencia también gratuita en la preparación de sus informes de impuestos sobre la renta. Ellos ni representan ni sirven al pueblo estadounidense. En vez de eso, se han autoproclamado nuestros amos".

Según informa Dan Eggen en el diario The Washington Post: "las nuevas cifras ponen de relieve una larga tendencia de acumulación de riqueza en el Congreso, que está integrado mayoritariamente por millonarios y casi millonarios que poseen a menudo varias casas y otros bienes fuera del alcance de la mayoría de los votantes que representan".

"Muchos de nuestros políticos viven como reyes. Pasean en lujosas limusinas, vuelan en aviones privados y consumen comidas gourmet, todo pagado por los contribuyentes estadounidenses, bien alejados de aquellos a quienes se supone que representen. Por su lujoso estilo de vida, resulta difícil identificarles con el ciudadano común que vive cheque a cheque y mantiene al país con su dinero duramente ganado con el sudor de su frente".

Como escribe el renombrado economista Joseph Stiglitz en la revista Vanity Fair, "prácticamente todos los senadores de Estados Unidos y la mayoría de los representantes de la cámara, integran el 1 por ciento cuando llegan, son protegidos en sus cargos por el dinero del 1 por ciento y saben que si sirven bien al 1 por ciento serán recompensados por el 1 por ciento cuando dejen sus cargos. Por lo general, las autoridades claves del poder ejecutivo en materia de política comercial y económica también integran el 1 por ciento.

Lamentablemente, dice Whitehead, la política electoral ha sido tan profundamente corrompida por el dinero corporativo que hay pocas posibilidades de que, incluso una persona bien intencionada, pueda promover un cambio real en el Congreso. El camino de las urnas, ya sea a la Oficina Oval o al Congreso, es caro, y sólo los ricos, o aquellos apoyados por los ricos, son capaces de llegar siquiera a la línea de partida.

En el ciclo de las elecciones presidenciales de 2012, ambas partes gastaron mil millones de dólares para intentar obtener la elección de sus candidatos.

Una vez electos, estos burócratas ricos ya privilegiados entran en una vida de privilegio aún mayor, vergonzosamente a expensas de los contribuyentes estadounidenses. Ya sean demócratas o republicanos, todos ellos aprovechan al máximo lo que un informe de prensa describe como "una montaña de ventajas con las que la mayoría de las fortunas mayores del mundo no podrían rivalizar".

Incluso los consejeros más cercanos del Presidente Obama son millonarios, los de su gabinete de quince miembros incluidos. Y luego están los grupos de presión (lobbys), con un estimado 26 cabilderos por congresista, fuente de mucha corrupción y trasiego de dinero en Washington.

Esta presión, dice Whitehead, es alentada a su vez por un estilo de vida del Congreso que exige que los congresistas pasen la mayor parte de su tiempo recaudando fondos para campañas, en vez de respondiendo a las necesidades de sus electores. "Cuando la mitad de su tiempo la dedican a pedir dinero a individuos ricos y a otros intereses especiales, no hay manera que puedan responder a los problemas que están presentes en el país".

Según el representante demócrata por Carolina del Norte Brad Miller, "a lo que nos enfrentamos es a un gobierno oligárquico, uno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Si nos propusiéramos la supervivencia de nuestro supuesto gobierno representativo, lo primero que debíamos hacer es arrebatar su control de la élite adinerada que lo dirige".

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El fantasma de la democracia social recorre el mundo

Durante los últimos meses, en el mundo ha surgido una corriente política moderna y de avanzada que está luchando en diferentes países para establecer la democracia social en el poder y por un nuevo modelo de desarrollo económico que genere más justicia y mayor bienestar para la población. Cansados y frustrados con la enorme desigualdad que se ha producido, la cual hoy concentra 99 por ciento de la riqueza mundial en uno por ciento de la población, los líderes sindicales, intelectuales y políticos progresistas están proponiendo ideas, estrategias específicas y programas para balancear la distribución de la riqueza y lograr mayor igualdad y equilibrio entre los miembros de la sociedad.


Con ello se busca desactivar los conflictos sociales y políticos, así como la explotación y la marginación que hoy recorren el planeta y que tantas injusticias y guerras están provocando. Son personas y grupos comprometidos con los ideales de la democracia, la libertad y mayor conciencia social, la cual buscan alcanzar. Esto sucedió recientemente en Inglaterra, donde para sorpresa de los conservadores en el poder y de muchos miembros de esa sociedad, el dirigente político Jeremy Corbyn fue electo por mayoría como líder del Partido Laborista, con una nueva visión de la social democracia y de los cambios profundos que se requieren en la estructura económica de esa destacada nación.


El objetivo de sus propuestas es reducir la desigualdad, crear un estado regulador y promotor de mayores inversiones y oportunidades, así como de más contenido social cercano a la clase trabajadora y a la mayoría de la sociedad. La victoria de Corbyn fue vista como un hecho refrescante que renovó las esperanzas y la inspiración a miles de jóvenes para integrarse a las filas del Partido Laborista inglés, el cual habían abandonado en el pasado reciente.


Al mismo tiempo, Canadá está en un proceso avanzado para elegir al nuevo gobierno, hasta hoy encabezado por el primer ministro Stephen Harper, del Partido Conservador, y las elecciones se llevarán a cabo el ya muy próximo primero de octubre. Las encuestas recientes favorecen por primera vez en la historia al Partido Nuevo Demócrata (NDP, por sus siglas en inglés), que dirige Thomas Mulcair. La ideología de los nuevos demócratas es progresista, con un alto sentido de democracia social y un claro compromiso con las grandes mayorías de la población canadiense y del sector laboral de ese país.


Por su parte, el primer ministro de Suecia, Stefan Löfven, quien fue dirigente del sindicato de IFMettal, se reunió hace unos días en Viena con el canciller de Austria, Werner Faymann, y el vicecanciller de Alemania, Sigmar Gabriel, para concretar un plan que promueve cambios al Tratado de la Comunidad Europea, los cuales contemplan fortalecer los derechos de los trabajadores. De acuerdo con la página web del gobierno sueco, los políticos, todos ellos miembros y líderes de la social democracia de sus respectivos países, junto con las confederaciones de trabajadores de cada uno de ellos, analizaron y negociaron todo un esquema para regular y asegurar condiciones decentes en el mercado de trabajo europeo.


Los demócratas sociales y los sindicatos de Europa quieren y promueven que haya mayor balance entre libertad y derechos, y están convencidos de que las economías de libre mercado, el crecimiento y el movimiento del capital y de las personas, así como los bienes y servicios, no deben ser más importantes que los derechos sociales bajo ninguna circunstancia. Hoy, la mayoría de las compañías están en competencia abierta para ofrecer salarios cada vez más bajos y condiciones de trabajo denigrantes, así lo afirmó Stefan Löfven durante las reuniones. Terminó subrayando a la agencia de noticias TT de Suecia que cuando exista un conflicto entre la competencia y la flexibilidad que buscan las empresas, y los derechos laborales y sociales, estos deben prevalecer, y ese es el objetivo principal del acuerdo al cual llamaron el Protocolo Social.


En otros países, como Brasil, que está atravesando por una crisis de credibilidad y de fracturas en su sistema económico, de repente vuelve a aparecer el ex presidente Lula da Silva para anunciar su regreso a la política. Lula fue el líder nacional de los trabajadores metalúrgicos de esa gran nación de Sudamérica, donde logró reducir los niveles de pobreza, abrir nuevas y mejores oportunidades de empleos, convertir a su país en una potencia con gran futuro y elevar la imagen nacional.


El papa Francisco ha condenado la desigualdad que prevalece en el mundo, la ha calificado de inmoral y propone regresar a la racionalidad por medio de políticas y estrategias que estén más cerca de las necesidades de las mayorías que sufren en la pobreza y el abandono, y, desde luego, sugiere que el mundo vuelva a los caminos de la justicia y el humanismo con dignidad. La influencia del Papa es creciente y siempre busca dar aliento a los más necesitados y presionar a los que más tienen para que compartan su riqueza, respeten la integridad de las personas y reconozcan su derecho a una vida mejor.
Hay muchos otros casos de dirigentes y líderes de organizaciones académicas, sindicales, religiosas y políticas de diferentes países que están proponiendo cambios estructurales al modelo de crecimiento económico para transformarlo, mediante diversas estrategias, en sistemas de prosperidad compartida y de mayor equidad.


En México, la clase empresarial y los políticos conservadores e insensibles parecen ignorar los cambios que están sucediendo en el medio internacional, porque desde luego lo que menos les preocupa son las necesidades de la gente o el futuro del país. Se sienten protegidos por sus riquezas y por la acumulación desmedida de capital y bienes materiales con que se rodean. Sin embargo, sería útil que reconocieran que la realidad los va a rebasar a ellos y a sus familias, por no haberse dado cuenta, por su ignorancia y falta de sensibilidad, que el fantasma de la democracia social que está en contra del estancamiento, de la desigualdad y de la pobreza, tarde o temprano los alcanzará.

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El mundo en 2030: ¿el doble o los mismos objetivos que para 2015?

Que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que serán aprobados en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que comienza mañana en la sede de Naciones Unidas sean 17 no significa que se doble la ambición que reflejaban los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) puestos en marcha en 2000 y con fecha de caducidad a finales de 2015. No hay tanta diferencia entre unos y otros, lo que revela el fracaso de la propia ONU y de los Gobiernos ─sobre todo los del Primer Mundo─ en cumplir su compromiso global en los últimos 15 años.


Resulta por ejemplo descorazonador que el primero de los ODM fuese "erradicar la pobreza extrema y el hambre" y que los dos primeros ODS sean ahora, justamente, "eliminar la pobreza extrema" y "acabar con el hambre". Dos en uno. Si el objetivo se hubiera cumplido, los ODS serían tan solo 15, menos realidad, porque no es la única duplicidad entre ambas agendas. Eso sí, la nueva es más precisa y diferenciadora ─lo que no significa que vaya a ser más eficaz─ a la hora de especificar metas (se enumeran 169 concretas) y buenos propósitos, de establecer el compromiso de hacer un mundo más justo, más limpio, más pacífico, más saludable, más formado y menos desigual.


Este fin de semana, desde el Papa a Obama o Xi Jinping, los líderes mundiales derrocharán en Nueva York promesas solemnes de generosidad y buena voluntad. Porque esta vez, sostienen, "sí que va en serio", y el fracaso está descartado porque "está en juego la supervivencia". Por eso, no será fácil sustraerse a un clima de esperanza que puede durar lo poco que tarden las promesas en pasar por el tamiz del esfuerzo económico y la voluntad política. El costo de hacer realidad esas buenas intenciones en los próximos 15 años no es descabellado, pero sí produce vértigo: no menos de cuatro billones de euros. Y tras la euforia de la cumbre, cuando haya que empezar a pagar la factura, llegará como en tantas otras ocasiones la cicatería y la defensa de los intereses particulares. De hecho, la conferencia internacional celebrada el pasado julio en Addis Abeba para tratar precisamente de la financiación de la agenda 2030 puso en evidencia la preocupación ─si no la convicción─ de que no habrá fondos suficientes para aplicarla.


Es lo que hay y, por eso, no sirve de mucho llevarse las manos a la cabeza y empeñarse en ver la botella medio vacía. En clave optimista, hay que felicitarse porque, al menos, se ha cumplido en buena medida el primero de los Objetivos del Milenio, ya que desde 1990 (fecha que se tomaba como referencia), se ha reducido en más del 50% la pobreza extrema en el mundo, en gran parte gracias al espectacular ascenso económico de China. Aún sigue habiendo, no obstante, más de 1.000 millones de personas que sobreviven con menos de 1,25 dólares (1,10 euros) al día, y 800 millones que pasan hambre, pese a que el mundo tiene capacidad de sobra para producir alimentos incluso para una población muy superior a la actual. Reducir estas dos cifras a cero es la ambiciosa y probablemente utópica pretensión que se marcan los ODS.


Es innegable que, en los últimos 15 años, se ha producido un avance sustancial en la lucha contra la pobreza así como en la mejora de la salud pública (reducción del sida y el paludismo) y la extensión de la educación en los países en vías de desarrollo. También ha habido progresos en el combate contra el cambio climático, que tiene una cita importante en la cumbre de París de diciembre, aunque, a la hora de decidir entre desarrollo y ecología, la mayoría de los países suelen decir que ambos conceptos son compatibles, pero casi siempre terminan apostando por el primero a costa del segundo.


El mundo avanza en algunos terrenos, aunque a tropezones. Faltaría más, pero no lo hace ni con la aceleración suficiente, ni con el equilibrio y el ritmo que debería contribuir a la disminución de la desigualdad y la discriminación, ni promoviendo de forma eficaz la paz y la justicia. Este último no era uno de los siete expresos ODM para 2015, pero sí figura como uno de los 17 ODS para 2030. Hoy por hoy, el mundo es más injusto, desigual e inseguro que en 1990 o 2000, y cuesta creer que esa tendencia cambiará porque unos cuantos jerifaltes pronuncien rimbombantes discursos en la ONU. Otra cosa sería si esos líderes se fueran de Nueva York decididos a trasladar a sus políticas concretas el compromiso adquirido al suscribir los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El viaje más corto será por cierto el de quien tiene más capacidad ─y más dinero─ para solucionar los problemas: Barack Obama.

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