Viernes, 02 Febrero 2018 18:02

La estrategia del 1% y la nuestra

La estrategia del 1% y la nuestra

Dos datos de los días recientes iluminan la estrategia del 1 por ciento más rico de la humanidad. Los medios divulgaron hacia finales de enero un estudio de Oxfam, donde se asegura que de toda la riqueza generada en 2017 en el mundo, 82 por ciento quedó en manos del 1 por ciento más rico, mientras la mitad de la población no recibió absolutamente nada. La economía funciona apenas para beneficiar a una ínfima minoría que concentra cada vez más poder ( goo.gl/qZwgNJ ).

El segundo dato proviene del Foro de Davos, donde se reúne el sector que representa los intereses del 1 por ciento. Todas las crónicas aseguran que los CEOS de las multinacionales y los hombres (hay pocas mujeres) más poderosos del mundo, estaban felices y convirtieron el encuentro anual en los Alpes suizos en una verdadera fiesta. Casi todos llegaron en jets privados; por los cuatro días de encuentros y conferencias y el acceso a las sesiones privadas pagaron 245 mil dólares (goo.gl/UBSLLa).

Realmente, tienen razones de sobra para estar felices. Las cosas, "sus" cosas, marchan de maravilla. Las cotizaciones en la bolsa de Wall Street se multiplicaron por tres desde la crisis de 2008. El índice Dow Jones estaba en 8 mil puntos durante 2009 y estos días cotiza a 26 mil. Una escalada permanente, aunque las economías están estancadas o apenas crecen. No hay ningún dato de la economía real que respalde el crecimiento exponencial de las bolsas, lo que muestra su desconexión con la producción y su conversión en meros casinos.

Los datos que muestran el acaparamiento de riqueza nos descubren la estrategia silenciosa del 1 por ciento. Más de 80 por ciento de la riqueza que se genera en el mundo es para ellos. Alrededor de 20 por ciento va para casi la mitad de la humanidad, esa que se mira en el espejo de la riqueza y aspira, con o sin sentido, a estar cerca de los más ricos esperando que se les caigan algunas migajas. Para la otra mitad, nada, no hay futuro, sólo pobreza y represión.

La dominación siempre busca apoyarse en tres patas: las clases dominantes, las clases medias y los sectores populares. El arte de la dominación siempre ha sido sostenerse con base en la hegemonía, que se consigue ofreciendo un lugar a los sectores medios y venderle la ilusión de progreso a los de más abajo.

En los periodos de oro del capitalismo, entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la crisis del socialismo real (1945 a 1991, aproximadamente), la sociedad funcionaba integrando a los trabajadores mediante el salario estable con plenos derechos. Eso les permitía obtener seguridad para sus familias, que esperaban (y a menudo conseguían) el tan soñado ascenso social. Las clases medias ya estaban en una posición más o menos confortable. Fueron los años del desarrollismo y la cultura del consumo.

Esa estrategia fracasó, por varias razones: rebeliones descolonizadoras en el tercer mundo; rebeliones fabriles contra el trabajo opresivo en el primer mundo; rechazo del patriarcado y el machismo por las mujeres en todo el mundo, rebeliones juveniles en las grandes urbes; ocupación masiva de las ciudades por oleadas de campesinos migrantes, y varias revoluciones como la cubana, la vietnamita y la de los guardias rojos chinos, entre muchas otras.

Lo cierto es que la clase dominante comenzó a replegarse sobre sí misma, a construir murallas para defender sus intereses y a desentenderse del resto de la humanidad, en particular del 50 por ciento más pobre y, a veces, más rebelde. Dejó de lado la integración de los trabajadores, estrategia que había urdido para neutralizar la onda expansiva de la revolución rusa (1917).

Ahora, el 1 por ciento enarbola una estrategia que consiste en reducir la población del planeta a la mitad, como señalan algunos estudiosos del Club de Bilderberg, otro espacio de los más ricos (goo.gl/C2mcdS). Es cierto que son especulaciones más o menos fundadas, porque el 1 por ciento no se arriesga a publicitar sus intenciones, como no lo hacen cada vez que deciden emprender un genocidio contra los sectores populares.

Esa estrategia viene endulzada, como diría León Felipe, con cuentos. Los gritos de angustia y los llantos, escribe el poeta, "los ahogan con cuentos". Uno de esos cuentos, el más terrible por eficiente, son las promesas de derechos, ciudadanía y respeto de la voluntad popular. "El sistema político brasileño es un cadáver pudriéndose a cielo abierto", sostiene un analista luego de la condena a Lula (goo.gl/ZUqhr4). Quizá por eso la bolsa de Sao Paulo bate todos los récords.

Una de las tácticas preferidas de la estrategia del 1 por ciento es el fraude electoral. Hay tres tipos, según dice la experiencia. El fraude posterior al voto, como sucedió recientemente en Honduras. El fraude antes, durante y después de la emisión del voto, técnica que se aplica en México desde 1988, por lo menos. La tercera es aceptar al vencedor y luego sobornarlo y/o amenazarlo de muerte. Esto es lo que sucedió en Grecia, según Yanis Varoufakis, el ex ministro de Syriza quien lo vivió desde dentro.

Hay más técnicas para asegurar el poder de los poderosos, siendo el golpe de Estado con genocidio (como en Chile y Argentina, entre otras) las más extremas. Lo que está claro es que el 1 por ciento se ha blindado: tiene el poder del dinero, de las armas legales, las ilegales y de los medios. Cada día acumula más poder.

Es evidente que, hoy por hoy, no los podemos derrotar, ni por las malas ni por las buenas. ¿Entonces? El problema somos los y las de abajo, porque depende de nosotros y de nosotras el seguir creyendo en los cuentos de arriba. Cuentos que tuvieron cierta credibilidad cuando el sistema aspiraba a integrarnos. El problema consiste en seguir confiando en estrategias insostenibles, porque ya no existen las bases materiales y sociales que las hicieron posible.

Como no nos vamos a rendir, el camino debe ser construir lo nuevo. Para sobrevivir en la tormenta, no tenemos otra opción que construir dos, tres, muchas Arcas de Noé (como decía el Che respecto de Vietnam). Espacios de autonomía para afrontar el colapso que nos descerrajan los de arriba.

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La policía suiza reforzó los trabajos de vigilancia en los alrededores del centro de conferencias de Davos, a un día de que comience el Foro Económico Mundial

 

El crecimiento económico sólo beneficia a los más ricos: Oxfam

Indica que la desigualdad social es una traba para eliminar la pobreza en el mundo

Tiene 1% de la población más recursos que todo el resto

 

Davos.

La desigualdad en el ingreso siguió en aumento el año pasado. Sólo ocho empresarios, todos varones, poseen una riqueza que equivale al ingreso de 3 mil 600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad, reveló la organización humanitaria Oxfam, en un reporte publicado a propósito de la realización, esta semana, del Foro Económico Mundial, que reúne en esta ciudad a la élite de la política y los negocios del mundo.

La súper concentración de riqueza sigue imparable. El crecimiento económico sólo beneficia a los que más tienen, denunció.

Las cifras mostradas en el reporte revelan que el uno por ciento más rico de la población posee más que el restante 99 por ciento. Esa minoría registró además 82 por ciento del crecimiento patrimonial global el año pasado. La lista de multimillonarios aumentó más que nunca entre 2016 y 2017.

La desigualdad social es una traba para la eliminación de la pobreza en el mundo, advirtió Jörn Kalinski, de Oxfam Alemania. Es veneno para nuestra sociedad, agregó. Oxfam alabó los avances en la lucha contra la pobreza extrema. Según datos del Banco Mundial, la cifra de personas que cuentan con menos de 1.9 dólares al día se redujo a la mitad entre 1990 y 2010, y bajó todavía más desde entonces. Aun así, la creciente desigualdad de ingresos impide que el número de personas que salen de la extrema pobreza sea más elevado. La ONG también criticó la reciente reforma fiscal de Estados Unidos.

A pesar de que los líderes mundiales se hayan comprometido con el objetivo de reducir la desigualdad, la brecha entre los más ricos y el resto de la población se amplía, señaló Oxfam. Investigaciones de la ONG revelan que, en los pasados 25 años, el uno por ciento más rico de la población ha percibido más ingresos que el 50 por ciento más pobre de la población en su conjunto.

“El boom de los multimillonarios no es signo de una economía próspera, sino un síntoma del fracaso del sistema económico”, afirmó la directora de Oxfam, Winnie Byanyima. Desde 2010, es decir, en plena crisis tras el estallido de la burbuja financiera en 2008, la riqueza de la élite económica aumentó como media de 13 por ciento por año, precisó.

El pico se alcanzó entre marzo de 2016 y marzo de 2017, periodo en el que se produjo el mayor aumento en la historia del número de personas cuya fortuna sobrepasa los mil millones de dólares, a un ritmo de nueve nuevos multimillonarios cada año.

Oxfam basa sus cálculos en datos del banco Credit Suisse y de la revista estadunidense Forbes.

Las mil 810 personas con una fortuna superior a mil millones de dólares estadunidenses que integran la lista Forbes de 2016 poseen en conjunto 6.5 billones (millones de millones) de dólares, la misma riqueza que 70 por ciento de la población más pobre de la humanidad.

Si los milmillonarios mantienen su nivel de rentabilidad, dentro de 25 años ya tendremos el primer billonario en el mundo, alguien con una fortuna de al menos 1 billón de dólares (aproximadamente, el equivalente al PIB de España).

En América Latina, la riqueza de los multimillonarios creció en 155 mil millones de dólares el año pasado. Dicha cantidad de riqueza sería suficiente para acabar casi dos veces con toda la pobreza monetaria por un año en la región, de acuerdo con Oxfam.

Para la organización, las mujeres obreras son las que se encuentran en lo más bajo de la pirámide. En todo el mundo, ellas ganan menos que los hombres y están sobrerrepresentadas en los empleos peor pagados y los más precarios.

En América Latina las mujeres laboran casi el doble de horas que los hombres en trabajos no remunerados.

 

 

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Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:13

Reforma fiscal de Trump

Reforma fiscal de Trump

 

Los promotores de la recién aprobada reforma fiscal en Estados Unidos la describen como el acto más importante en materia de política recaudatoria desde Ronald Reagan. El equipo del actual inquilino de la Casa Blanca no deja escapar la menor oportunidad para transmitir su convicción de que la reducción de impuestos a las corporaciones y a los estratos de altos ingresos traerá aparejado un mayor crecimiento económico y todos los beneficios en materia de empleo que la expansión implica. Al igual que hace 30 años los mitos y dogmas dominan el diseño de la política de ingresos fiscales.

La polémica que rodea la reforma fiscal de Trump se ha concentrado sobre el tema de la desigualdad y de los exorbitantes beneficios para los ricos y las grandes corporaciones. Pero hay otro importante ángulo en este debate que no ha recibido la atención que merece. El objetivo primordial de la reforma aprobada por la mayoría republicana en el congreso estadunidense es acelerar el crecimiento económico y la creación de empleos a través de un aumento en la inversión.

Pero, ¿cuál es el fundamento racional que sostiene esta forma de ver las cosas? La justificación que esgrimen los partidarios de esta reforma utilizan un razonamiento sencillo pero engañoso. Sostienen que la reducción de gravámenes hará que las empresas (y los ricos) inviertan más porque tendrán que pagar menos impuestos sobre sus ganancias. El aumento en la inversión no sólo generará un mayor número de empleos, sino que incorporará innovaciones tecnológicas en procesos y productos. Y eso hará que aumente la productividad, con lo cual también se incrementarán los salarios. El crecimiento económico que traerá aparejada la reforma fiscal se traducirá en un avance en materia de bienestar para toda la población. Adicionalmente, la aceleración económica traerá una mayor recaudación, con lo cual se cerraría este círculo virtuoso.

Pero ¿es cierto que aumentará la inversión y el crecimiento con esta reforma fiscal? Para empezar, habría que suponer que los impuestos elevados son la causa de que la inversión haya sido insuficiente a lo largo de años recientes (por no decir decenios). Pero ese supuesto tiene problema: la inversión productiva ha tendido a disminuir desde hace ya más de tres décadas. Es por lo tanto difícil atribuir el comportamiento de esa variable a los niveles impositivos; se necesitan operaciones de malabarismo en econometría para llegar a esa conclusión.

En realidad, la determinación de los niveles de inversión responde a numerosos factores y, en todo caso, la carga fiscal es sólo uno de esos factores. Muy probablemente no es el factor más importante. Sin duda el más importante es el de la rentabilidad esperada. Muchos economistas hablan de los sentimientos del mercado y Keynes se refirió a los espíritus animales para referirse a la compleja matriz de factores que determinan las decisiones de inversión. Estas expresiones están ligadas al tema de la rentabilidad. Pero el análisis de los economistas convencionales deja mucho que desear.

Otros analistas han trabajado los datos sobre rentabilidad en las principales economías capitalistas a lo largo de un periodo de cinco décadas. Su principal conclusión es que la reducción en la tasa de inversión está directamente relacionada con la disminución de la tasa de rentabilidad. Ninguna reforma fiscal va a revertir esta tendencia.

Y por si eso fuera poco, existen otros indicadores que también hacen dudar de la efectividad de la reforma fiscal de Trump. Hay un dato en particular que llama la atención: los coeficientes de capacidad instalada ociosa. La información de la Reserva federal muestra que en la actualidad existe 24 por ciento de capacidad instalada ociosa para toda la economía estadunidense. Alguien podría pensar que ese es un dato coyuntural y que con las reformas de Trump todo será distinto. Sin embargo, lo más grave de ese indicador es que viene empeorando desde hace cuatro décadas. Los lectores lo pueden comprobar. En esas gráficas se observa que en 1965 el coeficiente de capacidad ociosa era de 11 por ciento. La serie de datos sigue con los típicos vaivenes de los ciclos de negocios de cualquier economía capitalista. Pero la tendencia hacia el incremento de los coeficientes de capacidad ociosa no puede ignorarse. Por eso en las últimas tres fases de expansión, el pico es inferior al de la expansión anterior. Es evidente que la tendencia secular del indicador de capacidad ociosa es al alza.

Para decirlo de otro modo, los datos demuestran que existen niveles de capacidad excedente cada vez más importantes. ¿Por qué habría un inversionista de arriesgarse a erigir una fábrica cuando sabe que ya existe en la rama un exceso de inversión? Si aumentar la inversión es el objetivo central de la reforma fiscal de Trump, lo más seguro es que va a fracasar. El único logro será el de regalar más dinero a los súper ricos y a las corporaciones que no lo usarán para inversiones productivas.

 

Twitter: @anadaloficial

 

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Lunes, 18 Diciembre 2017 07:42

Llamando al rey

Llamando al rey

La desigualdad reina en Estados Unidos y el dinero es rey. Esa es la noticia que quedó media perdida entre abusos sexuales, engaños y políticos "pragmáticos" que pactan con los diablos. Y, siempre con sus excepciones, a la mayoría de los representantes políticos de este pueblo les dio igual que la gran mayoría sean obligados a ser víctimas de un modelo que abierta y explícitamente está beneficiando a unos cuantos amos de este juego que insisten en llamar "democracia".

Ahora con el bufón peligroso en la Casa Blanca, se cumple con el sueño de los ricos, la plutocracia consolida su poder con el bajo arte de la retórica populista, la gran estafa se realiza envuelta de farsa.

La semana pasada, el relator especial para extrema pobreza y derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Philip Alston, emitió un informe preliminar después de una gira de investigación por Estados Unidos, y concluyó que a pesar de ser el país más rico, poderoso y tecnológicamente avanzado, nada de esto se emplea para abordar las condiciones de pobreza en que viven 40 millones de personas: más de uno de cada ocho estadunidenses. La mitad de éstos viven en la pobreza extrema. Los niños son un tercio de la población pobre.

Más aún, indicó que con el giro dramático de política económica en relación con la desigualdad y la pobreza, incluyendo lo propuesto en la reforma fiscal por ser adoptada en estos días, Estados Unidos buscar "convertirse en la sociedad más desigual en el mundo".

Alston ofrece una serie de indicadores para ilustrar sus conclusiones: En términos de desigualdad, Estados Unidos ocupa el último lugar de los 10 países más ricos del mundo en torno a sus mercados laborales, pobreza, red de bienestar social, desigualdad de riqueza y movilidad económica, según el Centro Stanford sobre Desigualdad y Pobreza. Dentro de la OCDE, Estados Unidos es el país 35 de 37 en términos de pobreza y desigualdad.

Otros indicadores: el gasto en salud es el doble del promedio de la OCDE, pero hay menos doctores y camas de hospital por persona en el promedio de la OCDE; la tasa de mortalidad infantil en 2013 fue la más alta del mundo desarrollado; se registra la tasa más alta de obesidad en el mundo desarrollado; el acceso a agua potable y condiciones sanitarias ocupa el puesto 36 del mundo; el índice de pobreza juvenil es el más alto de la OCDE con 25 por ciento viviendo en pobreza.

“El sueño americano se está volviendo rápidamente la ilusión americana, ya que Estados Unidos tiene hoy la tasa más baja de movilidad social de todos los países ricos”, afirmó.

Más aún, Alston vinculó en parte la prevalencia de estas condiciones al deterioro del sistema democrático estadunidense, señalando que "el principio de una persona-un voto se aplica en teorías, pero está lejos de la realidad". Acusó que en este país hay medidas tanto explícitas como "encubiertas" para suprimir el derecho al voto. En zonas y en sectores pobres, la participación electoral es reducida. (El informe preliminar).

Otro reporte difundido la semana pasada, el Informe Sobre la Desigualdad Global 2018, elaborado por un equipo de investigadores encabezados por el reconocido economista francés Thomas Piketty, reporta el incremento dramático en la concentración de riqueza en Estados Unidos comparado con Europa. En 1980 ambos ofrecían índices parecidos de desigualad con el uno por ciento más rico concentrando 10 por ciento del ingreso nacional; pero desde entonces, Estados Unidos ha sido el campeón. Mientras en Europa el uno por ciento ahora acapara alrededor de 12 por ciento del ingreso nacional, en Estados Unidos el uno por ciento más rico ahora concentra 20 por ciento del ingreso nacional. Más aún, el ingreso anual del uno por ciento estadunidense se ha incrementado 205 por ciento desde 1980; y para el 0.001 por cento más rico, el auge ha sido de 636 por ciento. Mientras tanto, el salario promedio anual de 50 por ciento de la población de abajo en este país se ha estancado desde 1980. (El informe completo en español).

Pero hay más que un rey en este país. Frente a todo esto, se ha lanzado un llamado para retomar la última iniciativa del reverendo Martin Luther King Jr en 1968, interrumpida cuando fue asesinado: la Campaña de los Pobres (Poor People’s Campaign). El reverendo William Barber –líder afroestadunidense con un creciente perfil nacional– y la reverenda Liz Theoharis han llamado a resucitar esa campaña, ya que medio siglo después, "las condiciones han empeorado haciendo más urgente que nunca la necesidad de un nuevo movimiento moral". Indican que comparado con 1968, hoy viven oficialmente en la pobreza 60 por ciento más estadundienses; la brecha entre el gasto federal en el presupuesto militar y en programas antipobreza era de 2 por 1 y ahora es de 4 a 1, se requiere regresar a lo de King, quien junto con líderes sindicales, comunitarios, indígenas, jornaleros y más, lanzó "una campaña para fomentar una revolución de valores en Estados Unidos".

Barber escribe que por eso líderes religiosos y morales están lanzando la nueva Campaña de los Pobres, para "retar los males entrelazados del racismo sistemático, la pobreza, la economía de guerra, la devastación ecológica y nuestra moralidad nacional distorsionada". Subrayó, en un artículo que publicó en The Guardian, que las observaciones del relator de la ONU "son una alarma por la emergencia moral que enfrenta el país".

Convocando a un movimiento multirracial y ecuménico, Barber recuerda que "los giros más radicales y progresistas en la historia de nuestro país ocurrieron cuando ciudadanos preocupados por las divisiones raciales se unieron". Subrayó que "no es suficiente ser testigo. Si vamos a salvar el alma de este país de la pobreza que nos está matando, tenemos que actuar, tenemos que agitar, tenemos que causar líos justificados". (poorpeoplescampaign.org).

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Sábado, 02 Diciembre 2017 07:59

Los ricos, cada vez más ricos

Los ricos, cada vez más ricos

 

A pesar de las continuas proclamas en defensa de la patria con las que se llenan la boca nuestros gobernantes y colonizan los medios de comunicación, las reiteradas filtraciones como los papeles de Panamá o los recientes papeles del Paraíso confirman lo que ya sabíamos: las élites sólo declaran a la hacienda pública una parte de sus ingresos y su riqueza. A través de los paraísos/guaridas fiscales, la ingeniería contable, los recovecos legales, los precios de transferencia sistemáticamente aplicados por las empresas transnacionales...han encontrado numerosas fisuras (grietas, más bien) para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Un dato puede servir para conocer la dimensión de esta lacra: la comisión de investigación del Parlamento europeo sobre los papeles de Panamá, ha calculado que la UE pierde anualmente un billón de euros de recaudación tributaria por culpa de la evasión y elusión fiscal.

Por esa razón, son muy bienvenidos los trabajos centrados en ofrecer información sobre la privilegiada posición económica de las élites. Mucho se ha escrito y se ha hablado en estos años sobre la desigualdad, la pobreza, la precariedad y la exclusión social –ante la sangrante evidencia, imposible de ocultar, de su aumento–, pero poco sobre la acumulación de renta y riqueza por parte de una minoría de la población. No tanto por el evidente déficit de información al respecto –espacios opacos, donde se mueven cantidades ingentes de dinero y activos financieros-, como por el escaso interés, asimismo evidente, de quienes podrían disponer de esa información para poner negro sobre blanco los enormes e injustificados privilegios que los poderosos han disfrutado y han visto crecer durante la crisis. En unos años en los que buena parte de la ciudadanía tiene que hacer enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, o simplemente no llega, cuando los salarios de muchos trabajadores han experimentado un desplome histórico y cuando el derecho (los derechos humanos, recogidos en las cartas constitucionales) a la vivienda, a un empleo decente o a la salud están siendo continuamente vulnerados.

Por esa razón, hay que felicitarse de que haya visto la luz un nuevo informe publicado por el Credit Suisse Research Institute, el Global Wealth Report, que lleva por título Where are we ten years after the crisis? (¿Dónde estamos diez años después de la crisis?. como siempre, el estudio se acompaña de una base de datos, Global Wealth Databook, referida a la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Con las reservas que antes hemos señalado, los datos de este informe (y de los anteriores) revelan un proceso concentrador de la riqueza que sigue avanzando. Un hecho que no sería posible sin los paraísos fiscales, uno de los principales responsables de la extrema desigualdad en la concentración de la riqueza, ya que permiten esconder el dinero y evadir impuestos. De hecho, todos los estudios muestran que nunca ha habido tanto dinero en paraísos fiscales como ahora. Esto supone que las estadísticas sobre desigualdad subestiman de manera considerable el verdadero grado de concentración de la riqueza, ya que no incluyen el dinero oculto en estas jurisdicciones opacas o paraísos fiscales. A pesar de ello, es interesante ver, con la cautela que merece, algunos datos sobre la desigualdad en España, Alemania y Europa, referidos al ecuador de 2017.

En el Estado español, el 10% de la población adulta concentraba el 57,8% de la riqueza total; el 5% atesoraba el 42,9% y el 1% reunía el 25,1%. Sólo 428.000 personas disponían de una riqueza superior al millón de dólares; y las 17 más ricas tenían cada una de ellas más de 1.000 millones de dólares. El índice de Gini –un indicador sintético habitualmente empleado para medir la desigualdad, que puede tomar registros comprendidos entre 0 (igualdad total) y 100 (inequidad extrema)– alcanzó el valor de 65,7, duplicando los registros que ese indicador arroja cuando se mide el ingreso; en otras palabras, la concentración de los patrimonios es muy superior a la de la renta (que también es alta y ha crecido).

Las asimetrías en Alemania (la historia de éxito y el modelo a seguir, según el discurso dominante) son todavía más pronunciadas. El top 10% de la población adulta concentraba el 65,2% de la riqueza, el 5% disponía del 53,6% y el 1% capturaba el 32,3%. Algo más de dos millones de personas disponen de una fortuna superior al millón de dólares, mientras que un centenar de ellas alcanzaba los mil millones. El valor del índice de Gini era de 79,6, también muy superior al del ingreso.

Los datos para el conjunto de Europa todavía son más extremos. Los porcentajes detentados por el 10%, 5% y 1% de la población adulta eran, respectivamente, del 69,1%, 55% y 31,8%. Poco más de 10 millones de personas tenían una riqueza superior al millón de dólares y 468.000 acreditaban más de 1.000 millones. El índice de Gini en este caso (82,9) superaba los registros de España y Alemania.

El panorama que nos devuelve el informe, y que respalda la información estadística disponible, resulta inquietante y revelador. Sin paliativos, las élites están reforzando sus privilegios: los ricos son cada vez más ricos. Sin pretender una relación exhaustiva de los factores, diversos y complejos, que explican ese proceso, cabe señalar algunos de los que nos parecen más destacados: el negocio de las privatizaciones y la mercantilización de los servicios públicos, las retribuciones extravagantes y extraordinariamente elevadas de los equipos directivos, la evasión fiscal y la ingeniería contable practicada por las grandes corporaciones con el único objetivo de eludir impuestos, el aumento del valor de los activos financieros y la reaparición de las burbujas, los subsidios y ayudas otorgados por las administraciones públicas a las empresas, los rescates a los grandes bancos y la política monetaria del Banco Central Europeo, que alimenta de recursos a la industria financiera y a las grandes empresas.

La concentración de renta y riqueza, además de injusta –pues se ven recompensados los que estuvieron en el origen del crack financiero– es un cáncer para la economía, cáncer que urge erradicar. No sólo porque penaliza el consumo y la inversión productiva (las élites promueven, sobre todo, el consumo de bienes y servicios de lujo y la inversión financiera), sino porque, haciendo valer su privilegiado estatus, acumulan influencia y poder. El resultado es de sobra conocido: la captura (perversión y contaminación) de las instituciones y de las agendas públicas, que, cada vez más, están a su servicio, demostrando otra vez cómo el aumento de la desigualdad está directamente interrelacionado con el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites.

Salir de la crisis implica, necesariamente, romper con esas estructuras oligopólicas que parasitan la economía y están en el origen de la inequidad extrema. Prohibir los paraísos fiscales, desmonopolizar las estructuras empresariales, desfinanciarizar la economía, aumentar la presión fiscal sobre las grandes fortunas y patrimonios, limitar las retribuciones de los equipos directivos de las firmas y obligar a las empresas transnacionales a que declaren sus beneficios donde los generan. Este es el camino.

Este material se comparte con autorización de Resumen Latinoamericano

 

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Martes, 28 Noviembre 2017 07:40

Los ricos, cada vez más ricos

MALAGÓN

 

Diversos estudios revelan el avance del proceso concentrador de la riqueza. Un hecho que no sería posible sin los paraísos fiscales, uno de los principales responsables de la extrema desigualdad

 

A pesar de las continuas proclamas en defensa de la patria con las que se llenan la boca nuestros gobernantes y colonizan los medios de comunicación, las reiteradas filtraciones como los papeles de Panamá o los recientes papeles del Paraíso confirman lo que ya sabíamos: las élites sólo declaran a la hacienda pública una parte de sus ingresos y su riqueza. A través de los paraísos/guaridas fiscales, la ingeniería contable, los recovecos legales, los precios de transferencia sistemáticamente aplicados por las empresas transnacionales...han encontrado numerosas fisuras (grietas, más bien) para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Un dato puede servir para conocer la dimensión de esta lacra: la comisión de investigación del Parlamento europeo sobre los papeles de Panamá, ha calculado que la UE pierde anualmente un billón de euros de recaudación tributaria por culpa de la evasión y elusión fiscal.

Por esa razón, son muy bienvenidos los trabajos centrados en ofrecer información sobre la privilegiada posición económica de las élites. Mucho se ha escrito y se ha hablado en estos años sobre la desigualdad, la pobreza, la precariedad y la exclusión social –ante la sangrante evidencia, imposible de ocultar, de su aumento--, pero poco sobre la acumulación de renta y riqueza por parte de una minoría de la población. No tanto por el evidente déficit de información al respecto –espacios opacos, donde se mueven cantidades ingentes de dinero y activos financieros--, como por el escaso interés, asimismo evidente, de quienes podrían disponer de esa información para poner negro sobre blanco los enormes e injustificados privilegios que los poderosos han disfrutado y han visto crecer durante la crisis. En unos años en los que buena parte de la ciudadanía tiene que hacer enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, o simplemente no llega, cuando los salarios de muchos trabajadores han experimentado un desplome histórico y cuando el derecho (los derechos humanos, recogidos en las cartas constitucionales) a la vivienda, a un empleo decente o a la salud están siendo continuamente vulnerados.

Por esa razón, hay que felicitarse de que haya visto la luz un nuevo informe publicado por el Credit Suisse Research Institute, el Global Wealth Report, que lleva por título Where are we ten years after the crisis? (¿Dónde estamos diez años después de la crisis?. como siempre, el estudio se acompaña de una base de datos, Global Wealth Databook, referida a la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Con las reservas que antes hemos señalado, los datos de este informe (y de los anteriores) revelan un proceso concentrador de la riqueza que sigue avanzando. Un hecho que no sería posible sin los paraísos fiscales, uno de los principales responsables de la extrema desigualdad en la concentración de la riqueza, ya que permiten esconder el dinero y evadir impuestos. De hecho, todos los estudios muestran que nunca ha habido tanto dinero en paraísos fiscales como ahora. Esto supone que las estadísticas sobre desigualdad subestiman de manera considerable el verdadero grado de concentración de la riqueza, ya que no incluyen el dinero oculto en estas jurisdicciones opacas o paraísos fiscales. A pesar de ello, es interesante ver, con la cautela que merece, algunos datos sobre la desigualdad en España, Alemania y Europa, referidos al ecuador de 2017.

En el Estado español, el 10% de la población adulta concentraba el 57,8% de la riqueza total; el 5% atesoraba el 42,9% y el 1% reunía el 25,1%. Sólo 428.000 personas disponían de una riqueza superior al millón de dólares; y las 17 más ricas tenían cada una de ellas más de 1.000 millones de dólares. El índice de Gini –un indicador sintético habitualmente empleado para medir la desigualdad, que puede tomar registros comprendidos entre 0 (igualdad total) y 100 (inequidad extrema)-- alcanzó el valor de 65,7, duplicando los registros que ese indicador arroja cuando se mide el ingreso; en otras palabras, la concentración de los patrimonios es muy superior a la de la renta (que también es alta y ha crecido).

Las asimetrías en Alemania (la historia de éxito y el modelo a seguir, según el discurso dominante) son todavía más pronunciadas. El top 10% de la población adulta concentraba el 65,2% de la riqueza, el 5% disponía del 53,6% y el 1% capturaba el 32,3%. Algo más de dos millones de personas disponen de una fortuna superior al millón de dólares, mientras que un centenar de ellas alcanzaba los mil millones. El valor del índice de Gini era de 79,6, también muy superior al del ingreso.

Los datos para el conjunto de Europa todavía son más extremos. Los porcentajes detentados por el 10%, 5% y 1% de la población adulta eran, respectivamente, del 69,1%, 55% y 31,8%. Poco más de 10 millones de personas tenían una riqueza superior al millón de dólares y 468.000 acreditaban más de 1.000 millones. El índice de Gini en este caso (82,9) superaba los registros de España y Alemania.

El panorama que nos devuelve el informe, y que respalda la información estadística disponible, resulta inquietante y revelador. Sin paliativos, las élites están reforzando sus privilegios: los ricos son cada vez más ricos. Sin pretender una relación exhaustiva de los factores, diversos y complejos, que explican ese proceso, cabe señalar algunos de los que nos parecen más destacados: el negocio de las privatizaciones y la mercantilización de los servicios públicos, las retribuciones extravagantes y extraordinariamente elevadas de los equipos directivos, la evasión fiscal y la ingeniería contable practicada por las grandes corporaciones con el único objetivo de eludir impuestos, el aumento del valor de los activos financieros y la reaparición de las burbujas, los subsidios y ayudas otorgados por las administraciones públicas a las empresas, los rescates a los grandes bancos y la política monetaria del Banco Central Europeo, que alimenta de recursos a la industria financiera y a las grandes empresas.

La concentración de renta y riqueza, además de injusta –pues se ven recompensados los que estuvieron en el origen del crack financiero-- es un cáncer para la economía, cáncer que urge erradicar. No sólo porque penaliza el consumo y la inversión productiva (las élites promueven, sobre todo, el consumo de bienes y servicios de lujo y la inversión financiera), sino porque, haciendo valer su privilegiado estatus, acumulan influencia y poder. El resultado es de sobra conocido: la captura (perversión y contaminación) de las instituciones y de las agendas públicas, que, cada vez más, están a su servicio, demostrando otra vez cómo el aumento de la desigualdad está directamente interrelacionado con el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites.

Salir de la crisis implica, necesariamente, romper con esas estructuras oligopólicas que parasitan la economía y están en el origen de la inequidad extrema. Prohibir los paraísos fiscales, desmonopolizar las estructuras empresariales, desfinanciarizar la economía, aumentar la presión fiscal sobre las grandes fortunas y patrimonios, limitar las retribuciones de los equipos directivos de las firmas y obligar a las empresas transnacionales a que declaren sus beneficios donde los generan. Este es el camino.

 

Miguel Urbán y Fernando Luengo. Coordinador y miembro de la Secretaría de Europa de Podemos, respectivamente.

 

 

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Lunes, 13 Noviembre 2017 07:49

Paraíso

Según un estudio del Institute for Policy Studies la brecha entre ricos y pobres está generando una crisis moral. Esta desigualdad ha creado también fenómenos sorprendentes, como el hecho de que el político con el índice de aprobación más alto en Estados Unidos es Bernie Sanders, quien se identifica como un socialista democrático

 

¿Quién dice que el sistema no funciona? Para los más ricos, esta coyuntura es un paraíso (no sólo fiscal).

El 1 por ciento de la población mundial ahora concentra más de la mitad de la riqueza mundial y el 10 por ciento más rico controla alrededor de 90 por ciento de la riqueza del planeta, reporta el New York Times.

Los ocho multimillonarios más ricos del mundo controlan el equivalente de toda la riqueza del 50 por ciento más pobre del mundo, reportó Oxfam a principios de este año; esos ocho tienen una fortuna colectiva de 426 mil millones de dólares, equivalente al total de la riqueza de 3.6 mil millones de seres humanos pobres en el planeta (www.oxfam.org/en/pressroom/pressreleases/2017-01-16/just-8-men-own-same-wealth-half-world).

Los súper ricos incrementaron su riqueza combinada por 17 por ciento el año pasada para acumular un total récord de 6 billones de dólares, más que el doble del PIB del Reino Unido. Hoy día hay mil 542 multimillonarios (con fortunas de mil millones para arriba) en el mundo, reporta UBS (www.ubs.com/microsites/billionaires-report/en/new-value.html).

Según este informe, estos multimillonarios son 72 de los 200 coleccionistas de arte más importantes del mundo; unos 109 multimillonarios son dueños de 140 de los mejores equipos deportivos profesionales del mundo. Nadie ha calculado aún cuántos gobiernos han comprado.

El número total de ricos (incluyendo ultrarricos) en el mundo –definido como aquellos con más de 50 millones de dólares en bienes– es de aproximadamente 140 mil 900; la mitad están en Estados Unidos, según un informe reciente de Credit Suisse (https://publications.credit-suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=AD6F2B43-B17B-345E-E20A1A254A3E24A5suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=AD6F2B43-B17B-345E-E20A1A254A3E24A5).

En Estados Unidos, según reporta la Reserva Federal (el banco central), el 1 por ciento más rico de las familias controlan 38.6 por ciento de la riqueza de este, el país más rico del mundo, casi el doble de la riqueza total de 90 por ciento de las familias de abajo, un nuevo récord.

Las tres personas más ricas de este país, Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffett –concentran una fortuna equivalente a la riqueza de los 160 millones de sus ciudadanos, la mitad de la población nacional– según un informe del Institute for Policy Studies, que concluye que esa creciente brecha entre ricos y pobres está generando una crisis moral. Agregan que los 400 estadunidenses más ricos tienen una fortuna combinada equivalente a la riqueza de 64 por ciento de la población, o 204 millones de personas. No hemos atestiguado niveles tan extremos de riqueza y poder desde la primera edad de compra hace un siglo, concluyen. (https://inequality.org/wp-content/uploads/2017/11/BILLIONAIRE-BONANZA-2017-Embargoed.pdf).

La lista de los 400 estadunidenses más ricos de Forbes festejó otro año récord para los más ricos, para ingresar a su club exclusivo, uno tiene que tener por lo menos 2 mil millones de dólares.

La masiva influencia de estos ricos en el gobierno no es nada nuevo, pero es más explícito y desvergonzado que nunca. El gobierno del magnate multimillonario que ocupa la Casa Blanca incluye el gabinete más rico en la historia del país (aunque se acaba de descubrir que uno de los multimillonarios no era tan rico como afirmaba y fue expulsado de la lista de Forbes, el secretario de Comercio Ross sólo tiene 700 millones, que no exagere).

Gates, Soros, la familia Walton (de Walmart), Eli Broad, los hermanos Koch, Robert Mercer, Sheldon Alderson y otros multimillonarios no sólo han impulsado políticas en varios rubros, sino que han logrado tomar control casi directo de la agenda política. Gates y compañía elaboraron la política educativa de Barack Obama (circulaba la broma de que el secretario de Educación Arnie Duncan trabajaba para Gates).

La semana pasada parte de este club exclusivo fue desnudado otra vez, con los Papeles del Paraíso, proyecto del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, documentando como los ultrarricos ocultan sus fortunas y evitan el pago de impuestos a sus países, y que este grupo compacto supera diferencias nacionales, de raza, ideología, genero y religión para protegerse, y a su dinero, de sus pueblos. www.icij.org/investigations/paradise-
papers/).

La desigualdad económica es la mayor amenaza a la democracia, han advertido varios en tiempos recientes: desde Noam Chomsky, el economista Premio Nobel Joseph Stiglitz, Bernie Sanders, Ocupa Wall Street y toda una gama de líderes sociales, hasta algunos de los propios multimillonarios (Buffett, Soros). Y esto es más visible que nunca en este país.

“Nuestros líderes elevaron a una pequeñísima clase de individuos (...) y les construyeron un paraíso, haciendo sus vidas una suprema delicia. Hoy día tienen un poder inimaginable y no tienen que rendir cuentas. Hoy día son estas mismas figuras doradas con sus miles de millones offshore las que son anfitriones de los actos de recaudación de fondos, las que contratan a los cabilderos, las que financian a los tanques pensantes y las que subsidian a artistas e intelectuales. Esta es su democracia hoy. Nosotros simplemente no nos encontramos en ella”, escribe en The Guardian el columnista y autor sobre el escenario sociopolítico estadunidense, Thomas Frank, al comenzar sobre qué revelaron los Papeles del Paraíso.

Resulta que no pocos de los multimillonarios se están haciendo la pregunta de hasta cuándo las mayorías aguantarán tal situación, algunos incluso recuerdan insurrecciones, revoluciones o masivas reformas que se detonaron en otras coyunturas de desigualdad tan extrema.

Algunos argumentan que esa oposición ya se está levantando en Estados Unidos aun en medio de los tiempos más retrogradas en el panorama político, tanto a nivel local, en decenas de batallas políticas, sociales y laborales incluyendo muchas encabezadas por inmigrantes en torno a la desigualdad económica y fenómenos sorprendentes como el hecho de que el político nacional con la tasa de aprobación más alta, Bernie Sanders, se identifica como un socialista democrático.

Algunos insisten en que para salvar a los que viven en la Tierra tendrá que haber una expulsión masiva de los que ocupan el paraíso.

 

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Lunes, 02 Octubre 2017 07:35

Macron, con los ricos

A Macron lo llaman “el presidente de los ricos”.

 

Desde París

 

“Porque él nos impide soñar, impidámosle dormir”. La consigna para el cacerolazo de este sábado lanzada por el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon hizo menos ruido que el denso rumor que se ha instalado en torno al jefe del Estado francés:”Emmanuel Macron, el presidente de los ricos”. La política fiscal del mandatario le valió a Macron el mismo epíteto y los mismos sarcasmos que al ex presidente Nicolas Sarkozy (2007-2012) y su famoso “escudo fiscal”. El macronismo y su reforma de la ley de finanzas se apresta a modificar los cálculos del impuesto a las grandes fortunas (ISF). Su nueva denominación, IFI, impuesto sobre la fortuna inmobiliaria, así como el fiscalidad que atañe al capital contaminaron el debate con la acusación frontal de que el presidente sólo reforma en beneficio de los ricos. Las cuentas son ruidosas: entre otras generosas delicadezas, el nuevo IFI deja fuera de los gravámenes los valores muebles, entiéndase, en este caso, todo lo que brilla como “signos exteriores de riqueza”: los yachts, los jets privados, los autos de lujo, los caballos de carrera y los lingotes de oro no entrarían en los cálculos de las próximas cargas fiscales. Si a ello se le agregan los cambios en el impuesto sobre el capital gracias a los cuales los contribuyentes más ricos pagarán 5 mil millones de euros menos, más los recortes en las ayudas destinadas a la vivienda (1, 7 mil millones de euros menos para los pobres), el ahorro en el sistema de protección social (5 mil millones de euros en recortes) y el alza del 25% en la Contribución Social Generalizada (CSG)que recaerá esencialmente sobre los jubilados, el retrato presidencial se llena de ironías y de juicios negativos. El primer ministro, Édouard Philippe dijo que “asumía una medida en nada popular pero útil para la economía francesa”. Un sondeo publicado por el diario Libération el pasado 18 de septiembre recoge una opinión mayoritaria: para el 53% de los encuestados, la política económica del mandatario beneficia sobre todo a los ricos.

Los moribundos socialistas y la Francia Insumisa de Mélenchon se metieron en esa brecha. Mélenchon, sobre todo, fustiga a Macron como el presidente “de la oligarquía” y ya anhela un cacerolazo masivo como el que derribó en 2012 en Canadá al Partido Liberal de Jean Charest, empecinado en aumentar los gastos de escolarización. La ruptura no sólo se focalizó en la oposición progresista sino que también agita los rangos de los 313 diputados de La República en Marche (LRM) que componen la mayoría presidencial. Varios diputados de LRM se inclinan ahora hacia la opción de presentar enmiendas al proyecto para corregir el “efecto devastador” que estos regalitos fiscales tienen sobre la imagen de Macron.

Resulta que hay una grieta descomunal entre la promesa de presentar un presupuesto “a favor del poder adquisitivo y de un descenso de los impuestos que beneficien a todo el mundo” y esta versión que deja fuera de los gravámenes a los símbolos de la riqueza como esos bienes mobiliarios de lujo no productivos. Las únicas medidas que beneficiarán a las clases medias y modestas es la paulatina eliminación de la tasa sobre la vivienda y un subsidio al consumo de energía (gas, electricidad). Lo demás es un río de gravámenes en aumento y claras economías para los adinerados. La transformación del impuesto sobre las fortunas ISF en IFI y las variaciones en torno a la fiscalidad del capital (una flat tax del 30) le costará al Estado unos 5 mil millones de euros. Estas dos reformas representan por si sola la mitad de los ahorros fiscales previstos para 2018. Por ejemplo, en lo que atañe al IFI, según los casos, es decir, la fortuna que se detenta, los más ricos pegarán unos 10 mil euros menos de impuestos por año. Otro detalle: las fortunas más imponentes (más de 10 millones de euros) están compuestas en un 90% por inversiones financieras, las cuales estarán exoneradas del impuesto. El IFI concierne a 330 mil personas, de las cuales 180 mil se salvarán de la furia impositiva. Ante esto, los comparativos son locuaces: los jubilados, por ejemplo, pagarán entre 200 y 700 euros más de impuestos anuales. Las clases con menos recursos también perderán 60 euros anuales por el recorte de las ayudas a la vivienda (seis millones de hogares).

Con las cuentas claras en la mano, el apelativo de “presidente de los ricos” se forma solo. La política es a menudo un asunto de símbolos y el Ejecutivo ha sacado el lado más oscuro de los mismos. La prensa habla de una “apuesta incierta”. El Ministro de Economía, Bruno Le Maire, alega que “nosotros bajamos la fiscalidad del capital para liberar la capacidad de crecimiento de las empresas y las creación de impuestos”. La oposición progresista pone en tela de juicio la eficacia del procedimiento y califica la transformación como una “reforma de banquero de negocios”. Los presupuestos nacionales y las políticas fiscales desnudan, de hecho, las metas de los mandatos. Son más sabrosos en verdades que todas las narrativas y las estrategias de comunicación. Ahí queda plasmado quien paga y quien ahorra. En la naciente Francia de Macron ahorran los ricos.

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Sábado, 30 Septiembre 2017 07:41

Desigualdad social en Colombia

Desigualdad social en Colombia

 

Colombia se clasifica como una de las naciones más desiguales del mundo y la segunda de América Latina, según datos del Banco Mundial, donde la mayoritaria población desfavorecida debe hacer diariamente lo indecible para poder alcanzar un magro sustento.

El profesor e investigador de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de Francia, Thomas Piketty, durante una conferencia en la Universidad Externado de Colombia, señaló que el 20 % del ingreso de Colombia está en manos del 1 % de la población, mientras que la mitad de esos ingresos pertenece solo al 10 %.

Piketty sugirió que la mejor estrategia para reducir la inequidad en una sociedad es invertir en educación, salud y otros servicios públicos de calidad, pero para pagarlos es necesario establecer sistemas de tributación progresivos, donde los ricos no terminen pagando menos impuestos que los pobres como ocurre en esa nación latinoamericana al igual que en otros países capitalistas del mundo.

Una organización como la del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó un informe en el que subraya que Colombia ocupa el puesto 12 de 168 países en desigualdad en el ingreso, acceso a la educación y la salud entre hombres y mujeres. Paradójicamente, ese mismo informe, sitúa a su vecino país, Venezuela, en el puesto 79, es decir, casi siete veces mejor que Bogotá.

La comparación viene al caso porque el presidente Juan Manuel Santos, en ninguno de sus últimos discursos, ha dejado de criticar al gobierno de Nicolás Maduro y ha insistido en que el modelo social y político de la Revolución Bolivariana ha fracasado.

Así también lo hizo Santos durante la recién concluida Asamblea General de ONU sobre la paz y el cambio climático, minutos después del discurso pronunciado por el mandatario estadounidense Donald Trump quien realizó una amplia diatriba contra el gobierno de Caracas.

El desempleo en Colombia se sitúa en el 9,1 %, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Durante los largos años de guerra contra las guerrillas de las FARC y el ELN, resultaron desplazados cientos de miles de campesinos que debieron irse para lugares lejanos o hacia ciudades y poblados donde les era difícil encontrar trabajo y algún local para sus familias.

Como consecuencia de ese conflicto, unido a la entrega indiscriminada de territorios cultivable por parte de las diferentes administraciones colombianas, en la actualidad el 1 % de la población más rica del país, junto con las compañías transnacionales, son dueñas del 81 % de las tierras.

El 62 % de los jóvenes colombianos que viven en el ámbito rural no se inscriben en la educación secundaria y solo un 2 % accede a la universidad .

Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de 456 000 millones de dólares y enormes riquezas minerales, más de 22 millones de los 42 millones de sus habitantes viven en la pobreza lo cual se ha agudizado con las políticas neoliberales establecidas en los últimos años.

Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) , en Colombia 5 000 niños mueren cada año por causas relacionadas con desnutrición. Un documento suscrito por la Iglesia Católica denunció que “no solo el 52 % de los colombianos vive en la pobreza, sino que el 20 % se encuentra en la indigencia mientras 5 000 000 se van a dormir, diariamente, sin comer”.

Con la entrada en vigor el 15 de mayo de 2012 del Tratado de Libre Comercio TLC), se aceleró la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentó la privatización de servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementó la desigualdad y el trabajo precario; se redujo la producción alimentaria con la entrada de mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perdió la soberanía económica y política de la nación. En territorio colombiano están enclavadas siete bases militares norteamericanas.

Para que congresistas norteamericanos aceptaran aprobar el TLC, se incrementaron las concesiones: se impulsaron las ventas de empresas de producción y servicios como las compañías eléctricas de Boyacán, Pereira, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Meta y Termocandelaria; grandes extensiones de terreno para la extracción de minerales y la agricultura extensiva; construcción de hidroeléctricas con las consecuentes afectaciones a los pobladores originales y al medio ambiente.

Las privatizaciones alcanzaron a los Banco Popular y Colpatria; a las empresas inmobiliarias, servicios de agua potable, alcantarillado, la educación, salud y seguros.

Economistas y organizaciones políticas aseguran que los documentos del TLC, compuestos por 1 531 páginas, desarticulan la soberanía del país al convertirlo en Ley tutelada por lineamientos internacionales mediante el cual ningún organismo del Estado puede aprobar algo que contradiga ese texto. Solo Washington ostenta el derecho a realizar modificaciones a esas leyes con las consabidas ventajas a su favor.

Para reforzar el cerco neoliberal del TLC, Colombia se comprometió dentro del acápite de la Propiedad Intelectual, a ceñirse por otros cuatro acuerdos internacionales que favorecen la penetración y libre accionar de las transnacionales estadounidenses en el país, sin tener que responder por reclamaciones ambientales, despidos laborales y violaciones de derechos humanos.

Indiscutiblemente que Santos se anotó un importante punto con la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pero deberá realizar (en el poco tiempo que le queda en la presidencia) muchas mejoras sociales, económicas y políticas a favor de la mayoritaria población pobre del país, las que no se alcanzarán mediante políticas neoliberales.

 

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

 

 

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El sector financiero, desbocado; provoca "desigualdad e inestabilidad": Unctad

En el actual mundo hiperglobalizado "el sector financiero está desbocado y es fuente constante de inestabilidad y desigualdad", pese a que la crisis que estalló en el mundo en 2008 y 2009 dejó atrás la ilusión de que los mercados financieros no regulados podían operar en combinación con una prosperidad ilimitada y una estabilidad duradera.

Sin embargo, poco se ha hecho desde entonces para solucionar los problemas que ocasiona la riqueza sesgada y la distribución del ingreso, y sólo se han dado esfuerzos moderados para reducir las operaciones en la sombra y recortar las alas a finanzas de altos vuelos, pero las causas profundas de la inestabilidad que llevaron a la crisis financiera de hace casi una década "no han sido eliminadas ni por los gobiernos nacionales ni a escala mundial, pese a que recurrieron a las arcas públicas", señala la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) en otra de las advertencias que contiene su informe anual 2017.

Hay una gran evidencia empírica que revela que en la mayoría de los países el sector financiero está capturando una creciente proporción de sus ingresos, además ejerce una creciente influencia en su economía e incluso en regímenes políticos.

Esa concentración de la banca resulta "alarmante"; los balances financieros a escala mundial de los cinco principales bancos del mundo llegan a superar la renta o el producto interno bruto de varias naciones, al tiempo que persiste una falta de regulación y la incapacidad para sujetarlo a las instituciones financieras para hacer frente a la desigualdad que generan, indicó el organismo.

"Si volteamos al pasado, se observa que el control del sector financiero sobre economías enteras se ha intensificado en las décadas recientes, como lo ponen de manifiesto varios indicadores. Los activos totales del sector bancario desde los años 90 se han más que duplicado en la mayoría de los países, con máximos superiores de 300 por ciento del producto interno bruto en algunas economías de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos", detalla el informe.

Abundó que en los países desarrollados, la banca representa cien billones de dólares, cantidad que supera la renta mundial, y la tendencia en las economías en desarrollo y en transición registran máximos superiores a 200 por ciento en algunos casos.

La desigualdad mundial ha empeorado y la Unctad alertó que la diferencia de ingresos entre el 10 por ciento de la población mundial más rica y el 40 por ciento más pobre siempre aumentó antes de que se desencadenaran cuatro de las cinco crisis financieras mundiales que se han registrado desde 1970.

Después de la crisis financiera de 2008-2009 y hasta la fecha han predominado muchas palabras e intenciones sobre la urgencia de reformar el sistema, incluso se adoptaron medidas regulatorias, con lo cual se asevera que ahora es más seguro, sencillo y justo.

Sin embargo, la Unctad insistió en que los reguladores se ven atados de manos, pues los mecanismos son complejos y las rentas más altas acarrean problemas de deuda privada e inversión especulativa, lo que genera más vulnerabilidad en el sistema financiero y riesgos de crisis, pero son los pobres los que pagan las consecuencias de los ajustes que se implantan por políticas de austeridad.

Y al mismo tiempo que se ha incrementado el financiamiento para todos los sectores económicos, empresas o personas, también ha crecido el endeudamiento en todo el sector no financiero "hasta en 188 por ciento del PIB mundial antes de la crisis", refiere el informe anual de la Unctad.

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