Francisco y una jerarquía católica colombiana que no toda cree en la paz

Desde su primer discurso en el palacio bogotano de Nariño, hasta su despedida en el realismo mágico de Cartagena de Indias, el papa Francisco hizo de la paz, la esperanza, la reconciliación y el perdón los ejes centrales de un discurso, difícil de ser digerido por una derecha colombiana, alimentada y soportada por la jerarquía católica desde los tiempos de la Conquista, contraria a la paz y la reconciliación, consciente de que la guerra le ha dado poder, riqueza e impunidad.


Quizá no esperaban los poderosos sectores ultraconservadores –defensores de la guerra- escuchar un mensaje de inclusión política democrática del Papa, quien señaló que “todos somos necesarios para crear y formar la sociedad, esta no se hace sólo con algunos de pura sangre, sino con todos, y aquí radica la grandeza de un país en el que todos tienen cabida y todos son importantes”,


El Papa llamó a desoír “la cizaña” que les impide llegar a la paz, y dentro de esa categorización incluía la del ex presidente Uribe, quien en su misiva le señalaba que “nunca nos hemos opuesto a la paz, sin embargo, la impunidad total a los responsables de delitos atroces, su elegibilidad política, la autorización legal que han recibido para gastar dineros ilícitos en sus actividades políticas, y otros puntos, se constituyen en estímulos al delito”.


En Villavicencio, donde se reunió con víctimas de la guerra, alertó sobre el terrorismo mediático: “no se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa, sigan así”.


Renovarse y salir del confort


Ante más de un millón de fieles en Medellín, ciudad de profundas raíces católicas y otrora capital mundial del narcotráfico, el papa Francisco lanzó un fuerte llamado a la Iglesia católica a renovarse –con un discurso más progresista, por la lucha contra la desigualdad social y la pobreza, que llegue a las nuevas generaciones de campesinos, trabajadores, estudiantes- , dejar el confort e involucrarse en la reconciliación en países como Colombia, castigados por la violencia.


Francisco es consciente de que es importantísima la renovación en un escenario en el que las iglesias evangélicas vienen ganando en la captación de feligreses, y erigiéndose como administradoras de la fe religiosa, con mensajes y prácticas afines a los planteamientos de extrema derecha en toda la región.


Los mensajes de Francisco parecen sumar a las políticas del presidente Santos. Pero el debate en Colombia, donde el poder fáctico que maneja el país desde hace más de dos siglos y del que forma parte la jerarquía católica, seguirá en el marco de la campaña electoral.


Francisco, que desde 2013 ha promovido un clero más cercano a los pobres, frecordó que hace casi medio siglo, en esta ciudad la jerarquía católica de América Latina se comprometió en 1968 con la llamada "opción preferencial por los pobres". Y también que fue una de las que se opiso al acuerdo de paz con la guerrilla, alentada por el expresidente Álvaro Uribe, quien enfrenta acusaciones de paramilitarismo y genocidio.


Señaló que los sacerdotes y jerarcas eclesiásticos son "interpelados" por un "clamor de hambre y justicia", y que en Colombia además se espera que se comprometan en la reconciliación de una nación lacerada por medio siglo de enfrentamiento armado con millones de víctimas entre muertos, desaparecidos y desplazados.


Desde la ciudad con más templos en Colombia, el Papa pidió a la Iglesia a que se involucre más con los más desfavorecidos aunque para "algunos eso parezca ensuciarse, mancharse (...) son muchos los que tienen hambre, hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados", expresó. Antes les había recordado a los obispos que no eran "políticos" sino pastores, en una alusión a las voces que desde la jerarquía de la Iglesia han criticado el pacto con la insurgencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN).


Francisco ha respaldado sin ambages los esfuerzos de paz del lpresidente Juan Manuel Santos, quien fuera ministro de Defensa de Uribe, pero también ha exigido "verdad y justicia" para las víctimas del conflicto, con cuyos representantes se reunió en Villavicencio.


La opción por los ricos


El documento presentado ante la Comisión de la Verdad se deja en claro que en el desarrollo de la violencia en Colombia algunos sectores y miembros de la iglesia católica la han promovido y justificado. La activa participación en ciclos de violencia de la Iglesia proviene desde la conquista y la colonización legitimando, bendiciendo o santificando la violencia.


Desde mediados del 19 los clérigos hicieron política en contra del partido liberal. El asunto religioso pareció definir las diferencias entre los liberales y conservadores. Desde 1930, luego de la pérdida de la hegemonía conservadora, la Iglesia se opuso a las reformas generando un clima de polarización política y social, aportando a la generación de un ambiente que desencadenó en un conflicto interpartidista que dio origen a la violencia, que se prolongó hasta finales de los 50, arrojó un saldo de más de 200.000 víctimas de muerte violenta.


Para la resolución de éste conflicto, en 1958 se firmó un pacto, el del Frente Nacional, una repartición del poder entre los dos partidos durante 16 años con la bendición de la iglesia Católica, que se benefició al consagrarse a Dios como fuente suprema de toda autoridad con reconocimiento de los dos partidos.


Toda esa verdad del pasado sobre el papel de la iglesia no ha significado una actitud de reconocimiento o de perdón explícito y claro, hasta ahora.


En desarrollo de la violencia desde 1960 hasta hoy, se ha conocido la intervención de personas, sectores, y de una interpretación de la doctrina católica que han instigado la violencia, poniéndose del lado de la doctrina conservadora, militar y paramilitar, que alentó la persecución genocida de liberales, comunistas, hasta de sectores progresistas de la misma iglesia católica y de otras iglesias. Otros, pocos sacerdotes, religiosas y religiosos, optaron, también, por la violencia, como vía para el cambio de la sociedad, haciendo parte de organizaciones rebeldes.


Llama la atención, sobre las graves consecuencias para la moral y la ética de la sociedad que agentes o documentos de la iglesia hayan sido promotores de violencia, impulsando cruzadas para exterminar a hijos e hijas de Dios por pensar distinto, por aspirar a un orden social que respete las libertades de las democracias modernas.
“La Comisión de la Verdad, al asumir un relato sobre el rol o el papel de sectores de la iglesia católica en la violencia sociopolítica, podrá, además de identificar esas responsabilidades, alentar a la imperiosa necesidad de alentar un mea culpa, un pedido de perdón, en un proceso de reconciliación y de transición democrática en Colombia, siendo un aporte a la búsqueda de la paz estable y duradera”, señala el documento.


Obispos y paramilitarismo


Más de dos decenas de obispos y sacerdotes católicos están acusados de tener vínculos con el paramilitarismo y habrían apoyado o justificado sus crímenes en varias regiones del país. Pacific School of Religion en Berkeley, California, y su programa de Changemaker Fellowship, realizaron un informe como insumo para la Comisión de la verdad, agrupando más de 40 casos en los que se demuestran la participación activa de la iglesia católica en la guerra.


Las pruebas van desde testimonios acerca de acciones realizadas por obispos y sacerdotes como documentos obispales en los que se invita a “combatir la amenaza comunista” y abarcan casi todos los departamentos de Colombia, especialmente Santander y Antioquia donde los obispos y sacerdotes participaron de manera importante en el actuar de las organizaciones paramilitares.


En 1984 se destacó el caso del cardenal López Trujillo, quien nunca desmintió los escándalos mediáticos frente a las relaciones existentes entre Pablo Escobar y sacerdotes de la diócesis de Medellín. No condenó a los sacerdotes vinculados con el narco paramilitarismo y defendió ante medios de comunicación extranjera a Pablo Escobar Gaviria.
En junio de 1986, el cardenal López Trujillo allanó junto con un sacerdote, un sicario y civiles armados, la parroquia de padre Eliseo Tobón de Medellín, con el fin de encontrar una carta firmada por 80 sacerdotes que denunciaban varios conflictos que sostenía el cardenal con otros sacerdotes y laicos y sus vínculos con el narcotráfico.


Generó con ayuda del sector conservador y católico de Alemania, la persecución a cristianos liberales, sobre todo a sacerdotes que basaban sus prácticas desde una perspectiva de la teología de la liberación, hostigando a varios miembros de esta institución eclesiástica y llegando al punto de expulsarlos de sus parroquias.


En 1971 y 1992 el monseñor Darío Castrillón, Obispo de Pereira, estableció nexos financieros con el narcotraficante Carlos Ledher Rivas, parte del Cartel de Medellín dirigido por Pablo Escobar Gaviria, llegando a bendecir el dinero del narcoparamilitar Lehder y sus posesiones terrenales.


En 1989 trascendió el enfrentamiento del obispo Castrillón con las misioneras de la Madre Laura, en razón de su trabajo con los indígenas en la diócesis de Pereira. El 15 de mayo de 1985, las misioneras denunciaron el crimen atroz del que fueron víctimas tres indígenas, entre ellos un niño, oriundos La Pradera, municipio de Pueblo Rico, departamento de Risaralda. En la Conferencia Episcopal, Castrillón las acusó de distribuir propaganda marxista y las relacionó con la guerrilla del M-19.


En 1982, el paramilitar Ivan Roberto Duque, afirmó que el padre Carlos Enrique Ciro Parra, en el púlpito, en el confesionario, en las calles y en las reuniones de la comunidad, propagaba un discurso anticomunista, que señalaba a los partidarios de esta ideología como ateos y cercanos del diablo, discurso que se integró para el fortalecimiento y entrenamiento de las fuerzas paramilitares.


En 1993 y 1994 el padre Oscar Javier Palacio se vio involucrado con varios acciones del grupo paramilitar Los 12 apóstoles, que asesinó a 30 personas, supuestos insurgentes. En sus declaraciones ante la fiscalía reconoció sus actos, defendió a comerciantes y terratenientes y ocultó la identidad de quienes hacían parte de este grupo paramilitar.
El Capitán Meneses de la Policía de Yarumal, quien proporcionó armas a los 12 Apóstoles, afirmó que Palacios ocultó en su parroquia las municiones proporcionadas al grupo paramilitar y creó el fondo de seguridad, que tenía como fin sostener al grupo paramilitar.


Entre la fe, la política y el lucro


El resultado negativo del plebiscito para refrendar el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc dejó en evidencia que hay un sector determinante en las elecciones: las iglesias cristianas (no católicas). Su voto fue decisivo en el triunfo del No, y aunque Colombia es un país laico, las iglesias participan de forma abierta en las decisiones políticas. Pese a eso, no tienen la obligación de pagar ni un solo peso de impuestos.


Lo sucedido con el plebiscito generó que de forma masiva ciudadanos solicitaran que estas iglesias paguen impuestos. El diario El Espectador preguntó en el Ministerio de Hacienda, la Dian y la Red de Justicia Tributaria, ¿Cuánto dinero deja de recibir el Estado en impuestos por todas las iglesias que están exentas de pagar tributos? Nadie tiene la respuesta.


En los últimos tres años, se constituyeron 1.258 iglesias no católicas, más de una en promedio diario y se calcula que alcanzan un patrimonio bruto que se aproxima a los cinco mil millones de dólares.


Es claro que el Estado no tiene ni idea de cuánto deja de recibir por concepto de impuestos que no pagan las iglesias, asunto que ya genera debate ante la inminente radicación de la reforma tributaria que busca reorganizar y unificar los impuestos, y aunque no lo plantean con claridad, aumentar el recaudo para la paz y el posconflicto. Precisamente las iglesias, fueron determinante en el triunfo del No al plebiscito para la paz ¿Es hora de que tributen?, se pregunta El Espectador.


¿Fe o negocio?


En Colombia existen 5.552 parroquias, 76 jurisdicciones eclesiásticas, que incluyen 13 arquidiócesis, 56 diócesis (incluso el Obispado Castrense) y 10 vicariatos apostólicos. Funcionan 43 seminarios mayores y 46 menores, según la Conferencia Episcopal. Trabajan allí 8.600 sacerdotes, entre diocesanos y religiosos, para atender a millones de fieles. En Bogotá, por ejemplo, hay 876 sacerdotes por diócesis para un total de 7 millones 530 mil habitantes.
A eso se suma una población de religiosas estimada en 14.860 personas, 5.552 seminaristas, entre diocesanos y religiosos y 161 prelados, entre cardenales, arzobispos, obispos, vicarios apostólicos y el ordinario castrense.


Los colombianos entregan a la Iglesia Católica, por lo menos 4 mil millones de pesos (más de millón y medio de dólares) solo en limosnas . Una investigación de Caracol Radio estableció que en Colombia hay por lo menos 3 mil 779 parroquias católicas, a través de las cuales se recauda la millonaria cifra.


Ese ha sido uno de los eternos debates que han rodeado a las iglesias y confesiones que desde la décadas de los 90 han empezado a brotar por todo el país. Iglesias, libres de impuestos, pero activas en política


Según la legislación vigente, en Colombia las organizaciones sin ánimo de lucro, como por ejemplo las Organizaciones No Gubernamentales, gozan del beneficio tributario de estar exentos de declarar el impuesto sobre la renta. Este beneficio se extiende a las iglesias y confesiones religiosas del país, que a la luz de la ley, también son consideradas entidades sin ánimo de lucro.


Sin embargo, las diferentes Iglesias y confesiones religiosas reportaron durante el año 2013 un patrimonio cercano a los 9,7 billones de pesos (unos 5,2 millones de dólares en esa época) y más de cuatro billones de pesos (2.140 millones de dólares) por concepto de ingresos, según la administración fiscal.


El Ministerio del Interior certificó que a la fecha, en el país, están registradas 5.209 iglesias y en promedio, al mes, se reciben entre 30 y 50 solicitudes para registrar nuevas iglesias. Estas congregaciones, tan pronto reciben el certificado del gobierno, pueden ejercer sus actividades confesionales e inmediatamente recibir la mencionada exención tributaria, beneficio que era exclusivo de la Iglesia Católica hasta la Constitución de 1991, que declaró a Colombia como un Estado laico.


El ministerio del Interior tiene registradas cerca de 5.000 iglesias, pero la dirección impositiva habla de 7.000. La diferencia, según explica el director de la división de impuestos, Santiago Rojas, obedece en muchos casos a que se crean fundaciones (que no pagan impuestos), vinculadas a las iglesias, para evadir impuestos y trasladar un beneficio a una persona natural o una empresa constituida.


Pero la realidad es que la ultraderecha colombiana está acostumbrada a hacer oídos sordos a todo aquello que pueda ir contra sus intereses. Como antecedente (que no precisamente deba repetirse), en la anterior visita papal (Juan Pablo II en 1986), también se bendijo la paz recién firmada entre el gobierno y las FARC, pero meses después se desató el genocidio en contra del partido izquierdista Unión Patriótica.

Camilo Rengifo Marín
CLAE

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Miércoles, 06 Septiembre 2017 06:39

El valijero, uno de los hombres de Temer

El valijero, uno de los hombres de Temer

El presunto dueño de los bolsos repletos de dinero descubiertos ayer se encuentra en prisión domiciliaria gracias a la actitud complaciente de un juez de Brasilia que lo procesó en una causa por obstrucción de justicia.


Los valijeros de Temer. Uno de los hombres de confianza del presidente, Guedel Vieira Lima, fue acusado de ser el dueño de los bolsos repletos de billetes descubiertos ayer en Salvador de Bahía, en el nordeste del país. La foto tomada por la policía en una supuesta “cueva” de Vieira Lima retrata la desmesura de la gavilla que tomó el poder tras derrocar a Dilma Rousseff. La imagen muestra nueve bolsos y siete cajas de cartón llenas de dinero. Los investigadores de la policía federal descubrieron el escondite en el marco del Operativo Tesoro Perdido después de meses de seguirle los pasos a Vieria Lima conocido como uno de los operadores todo terreno del mandatario pese a que renunció a su cargo de ministro de gobierno en noviembre del año pasado envuelto en otro escándalo.


El presunto dueño de las bolsos se encuentra en prisión domiciliaria gracias a la actitud complaciente de un juez de Brasilia que lo procesó en una causa por obstrucción de Justicia. En junio ese mismo magistrado de Brasilia había ordenado la breve prisión de Vieira Lima al ser pillado cuando presionaba a uno de los miembros de la gavilla que se aprestaba a contar todo al Ministerio Público Federal. El arrepentido en cuestión, que sigue dispuesto a revelar como funciona la banda, es Lucio Funaro. Ayer el Supremo Tribunal Federal aceptó su confesión, que ahora puede alimentar una acusación contra Temer.


Recopilemos esta historia policial: el jefe de Estado tiene un hombre de confianza, Vieira Lima, que además de esconder plata, posiblemente para sobornos, se ocupa de intimidar a los “traidores” que quieren romper con el grupo.


El método Temer viene de antes de su llegada al Palacio del Planalto, ya que trabajó junto a Guedel Vieira y el ahora arrepentido Funaro durante años. Fue cuando ese mismo grupo comandaba el bloque de diputados del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). En los años 90 el PMDB de Temer había sido el brazo auxiliar del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, neoliberal. Luego el PMDB se alió al Partido de los Trabajadores durante los gobiernos de izquierda de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Pero a partir del segundo mandato de Dilma, iniciado en 2015, esa organización “pemedebista” fue la responsable de organizar el golpe parlamentario. Las investigaciones inconclusas sobre la destitución de Rousseff indican que hubo valijas, distribuidas por el PMDB, para persuadir legisladores de otros partidos a que se sumen al impeachment.
El plan y el financiamiento de la caída de la presidenta fue conducido por otro “pemedebista”, Eduardo Cunha, el ex jefe de la Cámara Baja que fue condenado y preso por cobrar coimas millonarias a las que ocultó en bancos suizos.


Luego de la detención de su compañero Eduardo Cunha, un dirigente importante en las articulaciones político-delictivas, Temer procuró mantenerlo como aliado y evitar que se acoja a la delación premiada. Y para eso al parecer recurrió a al empresario Joesley Batista, quien habría pagado altas sumas de dinero al ex diputado Cunha confinado en una cárcel de la sureña Curitiba.


Durante una reunión nocturna de Temer con Batista, en la residencia oficial, también se acordó que el cobro de coimas quedaría a cargo del diputado pemedebista Rodrigo Rocha Loures.


El asesor presidencial Rocha Loures fue filmado hace cinco meses, cuando cargaba un maletín con el equivalente a unos 160 mil dólares recibidos de manos de un ejecutivo del frigorífico JBS. Era la concreción del pacto establecido por Temer y Batista dos semanas antes.


Rocha Loures, al igual que su correligionario Vieira Lima, goza de prisión domiciliaria, una prebenda que probablemente hayan recibido por ser lugartenientes del jefe, Temer.


El video de Rocha Loures caminando a paso rápido por el centro de San Pablo con una valija cargada de dinero causó conmoción en la opinión pública en mayo. En esos días también se divulgó la grabación del diálogo entre Temer y Batista que selló el pago de coimas con una frecuencia presuntamente semanal. Siempre en valijas. Las revelaciones causaron un sismo político y especulaciones sobre la renuncia del presidente, que se aferró al cargo.


Ayer las imágenes del departamento bahiano con los bolsos rebozantes de billetes fueron noticia pero no suscitaron un estremecimiento nacional.


Tal vez el público, saturado de valijas y otras noticias sobre la índole mafiosa de este gobierno, haya perdido capacidad de asombro. O esté resignado a vivir en un régimen de baja intensidad democrática dirigido por grupos ocupados en delinquir y aplicar un programa neoliberal agresivo.


Todo indica que la administración temerista se ha consolidado.


El lunes los ocupantes del Palacio del Planalto recibieron con beneplácito el anuncio de la Procuraduría General de la República sobre la aparición de nuevas grabaciones del arrepentido Joesley Batista en las que se habría documentado que su delación fue ilegal. En una charla de cuatro horas el hombre que denunció a Temer por corrupción contó que su confesión fue urdida con un importante miembro del Ministerio Público, en violación de lo que establece la ley de la Delación Premiada.


La noticia dada por el procurador Rodrigo Janot sobre maniobras “graves, gravísimas” en el Ministerio Público significó un vuelco en el proceso contra Temer.


De inmediato sus abogados demandaron que sean anuladas todas las pruebas en que se sostuvo el proceso que se sustancia en el marco de la megacausa Lava Jato. Y en el Congreso la coalición oficialista, donde están los mismos diputados que apoyaron el impeachment en 2016, recuperó su cohesión detrás del presidente que parece haber quedado a salvo de nuevos procesos. Al menos por ahora.

Miércoles, 06 Septiembre 2017 06:27

El Papa vuelve a Latinoamérica

El Papa vuelve a Latinoamérica

Entre hoy y el 10 de septiembre, el Pontífice visitará las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Angelus.


El papa Francisco afirmó ayer en un mensaje en la red social Twitter que en el viaje que emprende hoy a Colombia irá en búsqueda de la reconciliación y la paz. “Queridos amigos, por favor rueguen por mí y por toda Colombia, donde iré de viaje en búsqueda de la reconciliación y la paz en ese país”, escribió el pontífice en la versión en español de su cuenta @pontifex. El papa inicia hoy una visita a Colombia, donde tiene intención de enviar un mensaje de concordia a una sociedad muy polarizada tras más de 50 años de conflicto y que comienza un nuevo camino tras el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC y el alto el fuego con el ELN.


Entre hoy y el 10 de septiembre el pontífice visitará, en el sexto país latinoamericano al que viaja, a las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias, y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Ángelus.


Con su visita a Colombia el papa Francisco regresa hoy a la históricamente católica Latinoamérica, región que alberga a cerca del 40 por ciento de fieles en el mundo a esa religión, pero cuya identificación con esa creencia ha bajado progresivamente, mientras toman fuerza iglesias como la pentecostal y los agnósticos y ateos.


Aunque durante la mayor parte del siglo XX un 90 por ciento de los latinoamericanos era católico, ese porcentaje llega ahora al 69 por ciento y se prevé que siga bajando. “La Iglesia católica ha perdido millones de fieles en la región, principalmente ante la pentecostal. Y la razón principal de la elección del primer papa latinoamericano fue esa competencia”, aseguró hoy a Efe Andrew Chesnut, experto en Religión de América Latina y profesor de la Universidad de Virginia Commonwealth, al comentar sobre la visita del sumo pontífice esta semana a Colombia.


Se calcula que nueve millones de brasileños han dejado el catolicismo desde 2014 un año después del inicio del pontificado de Francisco, y el porcentaje de creyentes bajó a la mitad, mientras el de evangélicos creció al 29 por ciento, según el Instituto Datafolha.


“Y mi previsión es que Brasil, con la mayor población católica del mundo, ya no será de mayoría católica para el 2030”, añadió Chesnut.


De todas formas, el gigante sudamericano mantiene el mayor número de católicos bautizados del mundo, con 172,2 millones, indica el Anuario Pontificio 2017, de la Oficina Central de Estadísticas de la Iglesia.


México está en segundo lugar, con 110,9 millones de bautizados, 85 por ciento de su población, pero la cifra de los que profesan esa religión también ha caído desde los setenta, cuando era 96,2%, mientras se fortalece la fe protestante, evangélica o pentecostal (7,46%) y un 4,680% dice no seguir ninguna creencia.


Colombia, al que el papa Francisco llegará este miércoles, es el séptimo país del mundo con más bautizados en esta fe, con 45,3 millones, aunque ha crecido notablemente la influencia de la religión evangélica. Y le sigue Argentina, décimo país del mundo con mayor número de católicos bautizados (40,8 millones).


El Centro de Investigaciones Pew, con sede en Washington, considera que la tendencia a la conversión a otras religiones avanza rápidamente.


En el informe “Religión en América Latina, cambio generalizado en una región históricamente católica”, el centro Pew menciona que los países con mayor porcentaje de población católica son Paraguay, México, Colombia, Ecuador y Bolivia. Y en el otro extremo ubica a Honduras y Uruguay.


Sin embargo, “muchos latinoamericanos se han unido a iglesias evangélicas protestantes o han rechazado la religión organizada”, señala la institución. Así, en Ecuador, un 11 por ciento dice ser evangélico pese a haber sido criado como católico y la cifra de agnósticos y ateos bordea el ocho por ciento. Y en Paraguay, datos oficiales muestran que también se practica el islam y el judaísmo; mientras Bolivia mantiene un alto porcentaje de población católica (77 por ciento) y una representativa comunidad de cristianos no católicos (22 por ciento). En Perú también bajó la cifra de católicos, de 92,7 a 76 por ciento entre 1993 y 2014, mientras otras iglesias cristianas pasaron de 6,1 al 15 por ciento.


En la lista de mayoría católica siguen Venezuela, con unos 25 millones de fieles, y Panamá, elegida como sede de la Jornada Mundial de la Juventud en 2019 y que tiene m?s de 2 millones de creyentes. En el caso de Chile, que será visitado en enero por el papa, han aumentado las críticas a la postura católica respecto al aborto y el matrimonio homosexual.


El catolicismo ha dejado de ser también la religión dominante en buena parte de Centroamérica, según un análisis de 2016 del Instituto Español de Estudios Estratégicos. Así, en Guatemala casi la mitad de la población profesa la religión católica, 40 por ciento es protestante y un 11 se declara ateo o agnóstico.


Uruguay, considerado el país más laico de América Latina, tiene el menor porcentaje de católicos de la región (42 por ciento) y la mayor tasa de ateos y agnósticos (38 por ciento). “La Iglesia seguirá perdiendo fieles e influencia política”, pronostica Chesnut, al agregar que aún no hay una muestra concreta de que el papa argentino está frenando ese éxodo.

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El fútbol como manifestación de la universalidad de los intereses egoístas

“El interés general o común no es cabalmente otra cosa que la universalidad de los intereses egoístas”. Karl Marx.


El imperio del mercado es el imperio del valor de cambio. Y el valor de cambio es la manifestación de la división del trabajo. Y la división del trabajo concebida como interrelación e interdependencia significa que todos dependemos de todos, que todos trabajamos para todos, que todos satisfacemos las necesidades ajenas. Pero esta división del trabajo está organizada de modo capitalista, de modo que en esto de todos trabajamos para todos hay algunos que se llevan mucho más de lo que entregan. Los futbolistas de élite trabajan para los demás, producen un espectáculo que satisface las necesidades de entretenimiento y enajenación de la gente, pero ingresan a cambio demasiado dinero. Eso implica que muchos trabajan para ellos o entregan a cambio más de lo que rec iben. Uno de los secretos del enriquecimiento de los futbolistas de élite está en el modo de consumo, el hecho de que un solo producto, un partido de fútbol, pueda ser consumido de forma simultánea por millones de personas. Pero en el fútbol todo lo irracional e injusto se ha vuelto natural. El traspaso de Neymar al PSG ha costado 220 millones de euros y el propio Neymar ganará anualmente 30 millones de euros. Nadie se asombra y nadie hace nada, ni la izquierda llamada radical, que de continuo equivoca sus blancos. Y la gente en general, dominada por la ideología capitalista, admira la extrema riqueza y el exorbitante lujo. Sueñan con ese mundo. Desean ese mundo. Pero para eso está el Estado, la autoconciencia humana objetivada, para poner remedio a aquello que de modo natural produce prejuicios a las mayarías sociales. Así que como un solo partido de fútbol es consumido por millones de personas, el Estado puede hacer dos cosas: obligar a que la emisión de los partidos de fútbol sea gratis o imponer una carga impositiva del 90 por ciento a los ingresos de los clubes por los derechos televisivos.


Algunos se preguntan: ¿Quién decide el sueldo de Neymar? Y los más listos, los que están en los pupitres de delante de la clase, dicen con aparente seso: el mercado. Así el mercado, donde vendedores y compradores se encuentran, se transforma en una persona que toma decisiones. Ese tipo de respuesta, la afirmación de que es el mercado quien decide los precios, pone de manifiesto que la persona que da esa respuesta está enajenada, trata como a una persona lo que es el resultado de las relaciones de millones de personas en estado de enajenación, esto es, en estado de no controlar la relación social que han creado. Por eso es importante el Estado, para que hable, actúe y represente los intereses de los millones de consumidores del fútbol, y no que solo hablen los clubes de futbol y las cadenas de televisión. Si el mercado es una relación entre personas, dichas personas pueden decidir tener un mercado más justo, esto es, más socialista y menos capitalista. Si tenemos una educación y sanidad públicas, y esto genera tantos beneficios sociales que cualquier gran empresa lo considera un requisito imprescindible en sus inversiones, ¿por qué el entretenimiento futbolístico de las grandes masas tienen que estar en manos de crueles explotadores?


Pero hay más sabios. Son aquellos que dicen que el PSG rentabilizará la compra de los servicios de Neymar. Argumentan que ha sido “el genio” de Florentino Pérez quien ha visto en la publicidad y en la venta de camisetas la fuente de la enorme riqueza de los grandes clubes de Europa. Y así, con esos ingentes ingresos por publicidad, ventas de camisetas y derechos televisivos, las principales figuras del fútbol mundial se han transformado en dioses, en seres intocables, que rezuman riqueza y poder por todos los poros. Pero habría que acabar con ellos, bajarlos del pedestal, convertirlos en personas corrientes; y eso solo se lograría superando al enajenación mercantil capitalista, esto es, hablando del mercado no como una cosa dotada de voluntad sino como un encuentro entre seres humanos unidos por la división del trabajo y donde nadie se debería llevar demasiado, donde el esfuerzo y trabajo de uno como es el caso de Ronaldo y Messi, no pueda equivaler al esfuerzo y trabajo de un millón de personas que vivan del salario base. Los precios de las camisetas, al ser precios de monopolio, deberían ser precios intervenidos por el Estado, y los contratos de publicidad, que permiten a los Messi y Ronaldo ingresar injustamente grandes sumas de dinero, también tendrían que ser intervenido por el Estado. El 90 por ciento de esos ingresos deberían ser de propiedad pública. Y si esto se lograra a nivel europeo, e incluso a nivel mundial, los futbolistas no se convertirían en dioses engreídos y extremadamente egoístas. Aquí hablamos del egoísmo capitalista y no del egoísmo a secas. El egoísmo a secas significa que una persona piensa más en sí mismo que en los demás, mientras que el egoísmo capitalista significa que una persona se apropia para sí lo que es fruto de los demás. Lo que sucede es que este fenómeno, que una persona use en beneficio propio los frutos y conquistas sociales, es normal y legal en el sistema capitalista. Y la mentalidad capitalista es de sobra la mentalidad dominante en el mundo.


Pero alejémonos de los periodistas y empresarios que viven la enajenación positiva y que no son más que unos apologistas de un sistema generador de injusticias, desigualdades y cruel explotación de masas, vayamos al encuentro de aire limpio y ganemos en visión profunda y transcendental. Recurramos a Marx, como hacemos siempre que necesitamos descubrir la esencia del capitalismo y de la economía mercantil, vayamos a sus Grundrisse. Y allí, en la sección titulada ¿Cómo se manifiesta la ley de la apropiación en la circulación simple?, escuchemos sus sabias y poderosas palabras. Se pregunta Marx: “¿Cómo comprueba el individuo que su trabajo privado es un trabajo general y su producto un producto social general?” Y responde: “Por el contenido particular de su trabajo, del valor de uso particular de éste, que es objeto de la necesidad de otro individuo, el cual ofrece a cambio de él, como equivalente, su propio producto. Es decir, por el hecho de que su trabajo representa una particularidad dentro de la totalidad del trabajo social, una rama particular que lo complementa”. Aquí se manifiesta el carácter profundamente dialéctico del pensamiento de Marx. ¿Cómo compruebo que mi trabajo privado es un trabajo general? Por la particularidad, esto es, por la particularidad confirmo lo contrario de la particularidad: la generalidad. Y esto es así porque aquí lo general significa totalidad. Y el fútbol es solo una rama particular del trabajo, no la totalidad. Los futbolistas solo nos satisfacen una necesidad, no la totalidad de las necesidades. Pero hay más, no nos satisfacen una necesidad básica ni una necesidad fundamental, sin embargo, esta rama del trabajo, la actividad futbolística, se ha enseñoreado sobre la población y hemos dejado que así suceda. Ronaldo, Messi y Neymar necesitan del trabajo de los demás, necesitan de la totalidad del trabajo social, sin los cuales no podrían realizar su vida. Pero sucede que el trabajo social al tener forma capitalista ha permitido que estos individuos se enseñoreen sobre la sociedad y la explote. Así se expresa Marx en torno a esta dialéctica del trabajo social: “Solo produzco para mí al producir para la sociedad, cada uno de cuyos miembros trabaja, a su vez, para mí en otro círculo”.


Marx, más adelante, dice algo decisivo: “Los individuos producen dentro de la sociedad y para ella, como individuos sociales, pero al mismo tiempo esto se revela simplemente como un medio para objetivar su individualidad. Y como no se hallan circunscrito dentro de una comunidad natural ni, por otra parte, encuadran la comunidad como algo conscientemente común, necesariamente tiene que existir frente a los sujetos independientes como algo también independiente, externo y fortuito, como algo que existe frente a ellos en forma de cosas”. Esta cosa es el valor de cambio o dinero. Y ahora aclaro: Messi, Ronaldo y Neymar producen dentro de la sociedad, como individuos sociales; solo son lo que son en sociedad, fuera de ella no son nada. Dejados a su merced, en una isla abandonada, no sabrían incluso que pudiera existir algo llamado fútbol. Pero en la sociedad en la que vivimos, dominada por el sistema capitalista, sistema enajenador donde los haya, este carácter social de sus personalidades se presenta como un medio para objetivar su individualidad. Y en vez de mostrar su reconocimiento a la sociedad que los ha creado, Messi, Neymar y Ronaldo invierten la relación, exigiendo a la sociedad que agradezcan la existencia de su individualidad y de su actividad, como si lo que produjeran fuera fruto del aspecto privado de su individualidad y no de su aspecto social. El problema es que Messi, Neymar y Ronaldo no tienen conciencia de comunidad, no saben que lo que son lo son por la comunidad, y en vez de mostrar su agradecimiento a la comunidad la toman como medio para objetivar su individualidad. Puro endiosamiento.


Todos somos distintos porque todos realizamos trabajos distintos para satisfacer la necesidad social. Pero todos medimos nuestro esfuerzo con algo externo y común: el dinero. Todos los esfuerzos y los trabajos se hacen iguales en tanto se expresan en dinero. El dinero es la expresión de nuestro ser social, nuestro ser social objetivado, el valor de cambio desarrollado, la manifestación como cosa tangible de la enorme y rica división del trabajo. Pero por la forma capitalista de la producción sucede que hay personas como Messi y Ronaldo que su trabajo de un año se cambia por el trabajo de un millón de trabajadores que viven del salario mínimo. La totalidad, la rica división del trabajo social, aquello mediante lo cual podemos vivir de una manera plena y variada, se convierte gracias a su forma capitalista en un cruel sistema de explotación, donde unos pocos se apropian de ingentes cantidades de riqueza mientras los muchos apenas satisfacen sus necesidades básicas.


Pensemos en Nasser Al-Khelaïfi, presidente del PSG y de BeIN Sports, uno de las 100 personas más ricas del mundo, con un patrimonio valorado en 16.000 millones de euros, con el brazo por encima de Neymar, comentándole: Nos has costado muchísimo dinero, pero serás la estrella del PSG y tal vez, que digo tal vez, seguro que serás el mejor jugador del mundo en dos o tres años, tus camisetas valdrán oro, tus contratos publicitarios también valdrán oro, así que tú mismo te harás de oro. Piensa que el mercado mundial está a nuestros pies, la actividad futbolística no cesa de crecer, y la alianza entre los clubes de futbol, las cadenas televisivas y las grandes compañías por medio de la publicidad cada día es más fuerte. El Estado no podrá nada contra nosotros. Sabes que los políticos, con sueldos de mierda, viven bajo la tentación y las picaduras de la corrupción, y no son bien vistos por los ciudadanos. Así que no podemos temerles. Debemos olvidarnos de ellos e ir a lo nuestro. Piensa en la siguiente imagen: contempla un pueblo pobre y arrasado por la guerra; así y todo verás a los niños jugando al fútbol; y qué no daría un niño como ese por tener una camiseta de Neymar. ¡¿Qué me dices?! Hay que pensar en grande. Hay que ver negocio en todo. Así que alégrate. De todas las enajenaciones de masas la futbolística es la más poderosa. ¡El mundo es nuestro!

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A. Latina debe modificar sistema económico

La secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, Alicia Bárcena, instó a repensar el modelo económico e implementar un nuevo paradigma que contribuya a poner fin a las desigualdades económicas, sociales y ambientales y avanzar hacia el desarrollo sostenible.


La alta funcionaria de las Naciones Unidas participó en el evento de alto nivel “Fracturas en la globalización y sus implicancias para las economías emergentes”, realizado en Ciudad de México en el marco del decimoctavo Congreso Mundial de la Asociación Económica Internacional, IEA, organizado en conjunto con el Centro Mexicano de Investigación y Docencia Económicas, CIDE.


Durante su intervención en el primer panel, titulado “Repensar las finanzas globales - Perspectivas de las economías emergentes”, Alicia Bárcena afirmó que “el capitalismo y la hiperglobalización nos han llevado a problemas sociales, políticos y ambientales que no son sostenibles, por lo que debemos repensarnos como sociedad en términos de consumo y producción”.


Precisó que Latinoamérica requiere una política industrial y de diversificación productiva seria con miras a un mayor crecimiento y desarrollo.
En su análisis, la máxima representante de la Cepal llamó a la construcción de un nuevo pacto social que logre terminar con la creciente brecha entre ricos y pobres. Recordó que la brecha está llegando a nuevos extremos y citó las cifras de Credit Suisse que reveló recientemente que el 1% más rico ha acumulado más riqueza que el resto del mundo.

Mundo desigual


“Mientras tanto, la riqueza de la mitad inferior de la humanidad ha caído en los últimos seis años. Esta es sólo la última evidencia de que hoy vivimos en un mundo con niveles de desigualdad que tal vez no hemos visto durante más de un siglo”, alertó Alicia Bárcena.


Agregó que, según Forbes, sólo 8 individuos concentran la riqueza equivalente a la mitad más pobre de la humanidad y precisó que, entre estos multimillonarios, 6 están vinculados con industrias de tecnologías de la información y la comunicación (TIC).


Recordó que el manejo macroeconómico y las políticas industriales, de innovación y tecnológicas son cruciales para resolver los problemas sociales y advirtió que la heterogeneidad de las estructuras productivas entre los países se ve acentuada por la presente revolución tecnológica de la economía digital.


Asimismo afirmó que la globalización es cada vez más cuestionada, principalmente en los países desarrollados, lo que ha provocado un aumento de los nacionalismos, la oposición a nuevos acuerdos comerciales, resistencia a la inmigración y el surgimiento de movimientos contra la globalización.


Ante este escenario, la cooperación internacional es la llave para avanzar en la regulación de los mercados, administrar las tensiones, reducir las desigualdades y consolidar un sistema internacional abierto que proteja los bienes públicos y la prosperidad compartida e inclusiva.


Finalmente, Bárcena llamó a transitar hacia un multilateralismo abierto, mecanismo imprescindible para encarar las tensiones económicas, sociales y ambientales provocadas por la incierta coyuntura internacional.


El decimoctavo Congreso Mundial de la Asociación Internacional Económica (IEA) sobre Globalización, crecimiento y sostenibilidad, fue inaugurado por Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, quien abordó la dinámica de la desigualdad.


En el primer panel, junto a Alicia Bárcena, participaron Mario Blejer, de la London School of Economics; Anne Krueger, de la Johns Hopkins University, SAIS; Guillermo Ortiz, de BTG Pactual y Andrés Velasco, de la Columbia University.

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Latinoamérica es la región del mundo con mayor proporción de riqueza en paraísos fiscales

El 27% de los grandes patrimonios de la zona se encuentra depositado en países 'offshore', frente al 1% de EE UU y Canadá

 

Los paraísos fiscales tienen un filón con las grandes fortunas latinoamericanas. El 27% de la riqueza privada total de América Latina está depositada en países que ofrecen un tratamiento impositivo favorable para los más acaudalados, lo que le convierte en la región del mundo con mayor proporción de capitales privados en estas naciones, por delante de Oriente Medio y África (23%) y de Europa del este (20%). Y a años luz de Europa Occidental (7%), Asia-Pacífico (6%) y Estados Unidos y Canadá (1%), según un estudio presentado este miércoles por Boston Consulting Group, una de las mayores consultoras estratégicas del mundo.


El fracaso de la amnistía fiscal aprobada en Brasil a finales de 2015 —cuyo efecto sobre la repatriación de capitales ha sido "inferior de lo que se preveía"— ha impactado negativamente a las cifras totales de América Latina, según los autores del informe. "En lugar de repatriar dinero, muchos hogares brasileños revelaron riquezas depositadas en paraísos fiscales y optaron por dejarlas allí", subrayan. Brasil es la primera economía latinoamericana y cuna de algunas de las mayores fortunas de la región. Cuatro de las 100 personas más acaudaladas del planeta tienen nacionalidad brasileña. Y una treintena de personas de esa nacionalidad tiene más de 1.000 millones de dólares de patrimonio, el doble que en México y tres veces más que en Chile.


En el próximo lustro, los técnicos de Boston Consulting Group esperan que el patrimonio de grandes fortunas latinoamericanas depositado en paraísos fiscales aumente a un ritmo del 5% anual, ligeramente por debajo de la media global (3,7%) y solo por detrás de Asia-Pacífico (6%) y Oriente Medio y África (6%).


Según los datos del consultora estadounidense, de entre las jurisdicciones que ofrecen ventajas fiscales para las grandes fortunas, en 2016 los preferidos por los más acaudalados del mundo fueron Suiza (con 2,4 billones de patrimonio), el Caribe y Panamá (1,3), Reino Unido (1,3), Singapur (1,2) y Jersey y Guernsey e Irlanda (1,1).
Más patrimonio en manos privadas


El año pasado, la riqueza total de América Latina en manos privadas repuntó un 9% hasta los 5,4 billones de dólares. Y la tendencia al alza se mantendrá en los cinco próximos años, en los que crecerá a una tasa media anual del 6,3%. En 2016, el crecimiento del dinero en manos privadas latinoamericanas fue el segundo más alto de todo el mundo, solo por detrás de Asia-Pacífico (9,5%). Y tuvo origen —fundamentalmente— en la revalorización de las inversiones existentes. Por países, Colombia registró la mayor tasa de crecimiento (14%) por delante de Brasil y México (10% en ambos casos).


Dentro del segmento de personas con un patrimonio superior a los 250.000 dólares, los más beneficiados en Latinoamérica el año pasado fueron quienes tienen una fortuna de entre 20 y 30 millones de dólares, que vieron como sus inversiones crecer a un ritmo del 13%, seguidos por aquellos que tienen entre uno y 20 millones y por quienes poseen un patrimonio superior a los 100 millones de dólares. En todos los casos, el principal factor de crecimiento fue el buen comportamiento de las Bolsas de valores, pese a que la forma de ahorro preferida (más de la mitad del total) siguen siendo los depósitos y el dinero líquido.

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El dinero de la Iglesia El espíritu pagano de los 'negocios de Dios'

La Iglesia católica, pese a decirse al servicio de los pobres, maneja su patrimonio financiero con los mismos criterios que cualquier empresa. Compra títulos deuda pública, se beneficia de las sicav y busca ganar rentabilidad e influencia con sus multimillonarias inversiones.

 

Madrid
13/06/2017 21:55 Actualizado: 14/06/2017 08:39

Aunque su reino no sea de este mundo, la Iglesia católica nunca ha descuidado los asuntos terrenales. Como cualquier empresa, procura administrar su copioso patrimonio con criterios de rentabilidad y/o influencia. Sobre todo, el patrimonio financiero: los miles y miles de millones que cada año pasan por sus manos, procedentes de las arcas públicas o de las donaciones de sus fieles.


Los negocios de Dios son tan universales como su Iglesia y tienen su epicentro en la sede apostólica de Roma, aunque se extienden por los centenares de diócesis del planeta que cuentan con recursos para hacerlos. Hay ejemplos muy reveladores de hasta dónde llega el poderío económico y cuál la forma en la que gestiona su dinero una institución que se proclama al servicio de los pobres.


A finales de 2012, el Banco Vaticano no quiso quedarse al margen de los pingües beneficios derivados de la crisis de la deuda, que puso por las nubes la rentabilidad de los bonos del Estado. Para sumarse al festín, colocó en ese tipo de productos cerca de dos mil millones, la mayor parte en dos países sobre los que pendía la espada de Damocles de la intervención: Italia (1.179 millones) y España (589 millones).


Se trata sin duda de cifras modestas, comparadas con las que movilizaron por aquella época los grandes inversores institucionales, pero constituyen una prueba irrefutable de que el modus operandi de quienes gestionan la Iglesia no difiere del más habitual en las entidades con ánimo de lucro. A pesar de que, al menos en teoría, los fines que persiguen son radicalmente distintos.


Por supuesto, la Iglesia española no constituye ninguna excepción y, cuando opera en los mercados financieros, parece regirse por aquello de “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. De ahí que, durante años, no haya tenido el más mínimo pudor en utilizar unos de los instrumentos favoritos de los ricos para engordar su patrimonio con el menor coste fiscal.


A principios de 2008, la Iglesia controlaba varias sicav, las sociedades de inversión colectiva cuyos beneficios gozan del privilegio de tributar sólo al 1%. Umasges tenía como socios a los arzobispados de Madrid y de Burgos y a la Mutua Umas, perteneciente a la órbita de la Conferencia Episcopal. En Vayomer y Gran Premier había también una clara presencia eclesiástica, aunque el aliado era en este caso (quién mejor) el banco portugués Espirito Santo.


La crisis se llevó por delante algunas de estas sicav: Umasges fue disuelta en el mismo 2008 y Gran Premiere, en 2011. Vayomer cambió en 2012 su nombre por el de Naujirdam Inversiones, y otro tanto ocurrió con Finanzas Querqus, propiedad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que pasó a llamarse Relian Capital. Pero el objetivo seguía siendo idéntico: sacar la máxima rentabilidad y pagar los mínimos impuestos.


Para saber en qué activos colocan sus activos estas sicav, basta con echar un vistazo a último informe de Naujirdam depositado en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y correspondiente al primer trimestre de 2017. Títulos de renta fija y acciones de grandes empresas, como Banco Santander, Telefónica o Repsol, forman parte de su cartera, por un importe total que rondaba los cinco millones de euros a esa fecha.


Por cierto que la existencia de Naujirdam se compadece mal con el manual de inversiones financieras que aprobó el Plenario de la Conferencia Episcopal celebrado en noviembre de 2016. Según la información que trascendió entonces sobre su contenido, los obispos se comprometieron a no invertir en paraísos fiscales, ni realizar operaciones de carácter especulativo... ni utilizar sicav.


La afición de la Iglesia a poner su dinero bajo el sol que más calienta viene de antiguo y ha hecho que sobre ella caiga algún inesperado chaparrón. El más sonado fue, sin duda, el escándalo de Gescartera, la agencia de valores intervenida en 2001 por defraudar a sus clientes después de ofrecerles altas rentabilidades. Unos veinte millones de euros perdieron las instituciones religiosas que confiaron en ella.


Al menos dos diócesis figuraron entre los damnificados: la de Valladolid y la de Astorga. El ecónomo (administrador) de esta última, el sacerdote Ángel Lucio Vallejo Balda, fue nombrado tiempos después secretario de la Prefectura para Asuntos Económicos de la Santa Sede, seguramente en recompensa por su buen olfato. Ya con Francisco como papa, Vallejo Balda protagonizaría la filtración de documentos pontificios secretos bautizada con el nombre de Vatileaks 2, por la que fue condenado en 2016 a 18 meses de prisión.


Si Gescartera constituyó un ejemplo de las consecuencias de la avaricia en la gestión del patrimonio financiero de la Iglesia, el más reciente del Banco Popular refleja hasta qué punto organizaciones vinculadas a ella están dispuestas a arriesgar mucho dinero a cambio de mantener ciertas cuotas de influencia y de poder.
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Uno de los pesos del banco ha sido tradicionalmente la Sindicatura de Accionistas, que tenía el 9,8% del capital antes de la absorción por el Santander. Pertenecía a ella la Unión Europea de Inversiones (UEI), promovida por personas e instituciones cercanas al Opus Dei, el movimiento religioso que nutrió la alta dirección del Popular durante años, incluidos al menos un presidente (Luis Valls-Taberner) y un consejero delegado (Rafael Termes).


La participación de la UEI, que era del 3%, valía más de 260 millones de euros hace dos años. Para que no se diluyera en las tres ampliaciones llevadas a cabo desde entonces, tuvo que desembolsar una fuerte suma de dinero (74 millones en la última). Como parte lo obtuvo a crédito, el desplome posterior de la acción puso a la sociedad al borde de la quiebra técnica.


Todos estos asuntos, aunque estuvieran en juego fondos de distinta procedencia, han proporcionado argumentos a quienes defiende que la Iglesia debe estar sujeta fiscalización por el Tribunal de Cuentas, al ser perceptora de recursos públicos. Sólo a través de la asignación tributaria (la casilla del IRPF), recibe del orden de 250 millones de euros anuales, a los que hay que añadir las subvenciones de todo tipo provenientes de las distintas administraciones.


Sin embargo, el Tribunal de Cuentas se niega a entrar en las de la Iglesia, como quedó de manifiesto en la votación de su plan para 2017. Nunca antes se había visto el asunto en el pleno, y los siete consejeros nombrados a propuesta del PP hicieron valer su mayoría, frente a los cinco del PSOE. Eso impedirá que se sepa con detalle a qué dedica el dinero una institución como la Conferencia Episcopal, que incluso en los momentos más duros de la crisis ha gastado más en mantener su propia televisión (13TV) que en ayudar a Cáritas.

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La poca dicha de Buenaventura con el TLC

Un lugar en Colombia donde la miseria y el alto número de desocupados contrastan con una inversión portuaria que supera los 500 millones de dólares. El Tratado de Libre Comercio demuestra la inequidad de su aplicación.

 


Cinco años de vigencia del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos pueden resumirse en la paradoja de Buenaventura. Es el puerto marítimo más moderno e importante del país. Se inauguró en marzo pasado. El 70 por ciento del comercio sale hacia el exterior desde su protegida bahía de aguas profundas. Pero su ciudad ubicada a 7,6 kilómetros está paralizada por las sucesivas movilizaciones y paros de sus habitantes. Su desempleo llega al 62 por ciento y el trabajo informal al 90,3%, según datos oficiales del Departamento Nacional de Planeación (DNP). En ese lugar donde la miseria contrasta con una inversión portuaria que supera los 500 millones de dólares, el TLC demuestra la inequidad de su aplicación y una presencia del Estado que no guarda proporciones. “El pueblo ya no aguanta más” se lee en las pancartas de la población afroamericana en esa zona del Caribe colombiano. El acuerdo firmado en 2006 por George W. Bush y Alvaro Uribe, pero materializado hace un lustro, es motivo de controversia. Sus cifras no son visibles más que en las estadísticas de los funcionarios. La marginación y las protestas en Colombia están a la vista.


El TLC que el presidente Juan Manuel Santos y los empresarios de la Cámara de Comercio Colombo Americana festejaron en su quinto aniversario -se cumplió el 15 de mayo-, está lejos de recoger unanimidades. La ministra de Comercio, Industria y Turismo, María Claudia Lacouture, exalta sus ventajas competitivas: “Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia. 32 de cada 100 dólares que recibimos en concepto de ventas de productos nacionales en el exterior, vienen de la nación norteamericana. A la vez, el 26% de nuestras importaciones se adquieren en ese mercado”, señaló. Además destacó las ventajas que su país consiguió en EE.UU. y que alcanzan a 16.634 posiciones con cero por ciento de arancel.


Hay quienes no opinan lo mismo. El Centro de Estudios de Trabajo (CedeTrabajo) fundado en 1979 publica en su portada un artículo crítico: “Desde los tiempos de la negociación, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue presentado a la opinión pública como un plan de apertura económica que promovería el desarrollo industrial y agropecuario para que Colombia pudiera triplicar sus exportaciones e importar tecnología. Resultó lo contrario, al cumplir 5 años, el balance de resultados demuestra que ha sido el peor negocio de la historia” escribe Leónidas Gómez-Gómez, un liberal de izquierda que fue candidato a gobernador en el Departamento de Santander en 2015 y salió segundo.


El mismo espacio de reflexión además aportó datos concretos sobre el tratado: entre 2012 y 2016 Colombia perdió 2 billones de pesos en comercio con EEUU, unos 9.657 millones de dólares. Si se descuentan las exportaciones mineras, el déficit comercial con la principal potencia asciende a 30.000 millones de dólares, durante el período que lleva vigente el TLC. Pero sobre todo, antes del acuerdo el superávit era de 8.244 millones de dólares y hoy el déficit asciende a 1.414 millones. Lo que representa una caída del 117%. Dos ejemplos: para que Colombia compre una tonelada de celulares debe exportar 777 barriles de petróleo. Desde que se implementó el convenio apenas se lograron exportar 38 productos nuevos, dice CedeTrabajo.


En 2015, cuando promediaba el TLC, ya se insinuaban estos datos. El déficit comercial llegó a ser de 3.043 millones de dólares en los primeros dos meses del año. En ese corto lapso había alcanzado casi la mitad de todo el año anterior: 6.293 millones de dólares. Un comentario del ultraderechista Uribe a los pocos días de que se firmara el tratado en Washington, ahora lo deja reducido a una caricatura sobre el papel: “Cada uno de nosotros se tiene que convertir en un pedagogo del Tratado de Libre Comercio. Un esfuerzo de veintidós meses de negociación, que representa una gran oportunidad y un reto para nuestra patria”.


El presidente Santos suscribe los mismos argumentos de su adversario político. Que el déficit comercial con Estados Unidos se redujo un 70% en 2016(pasó de casi 5.000 millones de dólares en 2015 a 1.414 millones en 2016). En 2011, cuando se instrumentó el TLC, había comentado: “Hoy es un día histórico para las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Y es un día histórico para los empresarios y los trabajadores colombianos, para la inserción de Colombia en el mundo”. A cinco años del lanzamiento del tratado, sigue ponderándolo. También estuvo en el puerto de Buenaventura cuando se inauguró en marzo. Un par de meses antes de que se desataran las protestas sociales multitudinarias. La expectativa de 250 mil nuevos puestos de trabajo para Colombia producto del acuerdo - según la Casa Blanca-, es invisible a los ojos en esa ciudad castigada por la crisis y el abandono del gobierno nacional.


Medicinas, minerales, neumáticos, productos laminados y alimentos como frutas, hongos, yogur, queso fresco, harinas de maíz y trigo, aceites, chocolate, miel, palmitos, camarones y langostinos son exportados a Estados Unidos. Lacouture, la ministra de Comercio, no ve el lado oscuro de la luna. Ve la cara del sol: “Fueron 115 los proyectos de inversión con capital estadounidense que comenzaron en Colombia entre 2012 y 2016, los cuales han generado 22.518 empleos, entre directos e indirectos”.


Si fuera así, no llegan al 10 por ciento de las oportunidades laborales con que se entusiasmó Santos en octubre del 2011, cuando el Congreso de Estados Unidos convalidó el TLC: “Se crearán 250 mil nuevos puestos de trabajo, se aumentará la exportación en un 6%, habrá más inversión para la infraestructura, la industria; más desarrollo y menos pobreza”, declaró.


Si se recorre Buenaventura cinco años después -donde está uno de los puertos de más flujo comercial en Sudamérica-, el toque de queda que rige desde las 18 hasta las 6 de la mañana derriba cualquier discurso político. La población urbana del municipio (381.746 habitantes) pide salud, educación, agua potable, seguridad y sobre todo, trabajo. El Estado reprime y mata con el Escuadrón Móvil Antidisturbios. Su ejército de ocupación donde el Tratado de Libre Comercio es una cáscara vacía.


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Martes, 09 Mayo 2017 06:59

Sale carísimo mantener a los ricos

“No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades”. En la imagen, un lujoso yate arriba a la bahía de Cannes (Francia) justo delante del hotel Carlton.

 

El sistema legal, económico, político y cultural dominante que se sufre en el mundo capitalista promueve los comportamientos egoístas y predatorios. Se admira a quienes con más eficacia y de manera no recíproca vampirizan y acaparan la riqueza generada por ecosistemas o el trabajo de comunidades humanas. En un planeta finito y ecológicamente degradado, la acumulación de riqueza de unas personas es siempre a costa de la desposesión de otras.

Una sociedad sostenible y saludable debería, en cambio, dotarse de mecanismos que penalicen el abuso de lo común e incentiven aquellos comportamientos que mejoren la vida de toda la comunidad y regeneren el medio ambiente del que depende todo ser vivo. Hasta que no comprendamos que la prosperidad, la seguridad y la felicidad solo se consiguen mediante colaboración, confianza y reciprocidad seguiremos atribuyendo la causa de la enfermedad a sus síntomas. Pensaremos, erróneamente, que las víctimas de un sistema perverso—y no el sistema en sí que funciona aplastando a cada vez más personas en beneficio de unos pocos privilegiados—son nuestro problema.

No conviene confundirse de enemigo: lo que resulta socialmente corrosivo y peligroso es la desigualdad y la asimetría de poder, no sus víctimas (las personas más vulnerables). Los que se apropian del bien común son los ricos y poderosos, no los pobres e inmigrantes. Solo hay que recordar que un puñado de personas que caben en un bar pequeño de barrio acaparan más riqueza que el 50% de la población mundial o que el 1% de los humanos dispone de tanta riqueza como el 99% restante. Con estas cifras en mente, nadie puede argumentar que a la sociedad le sale caro mantener a las personas en riesgo de exclusión social sin que suene a distorsión malintencionada de la realidad.

En el mundo capitalista, el dinero público y la riqueza generada por las personas trabajadoras no está subvencionando a los pobres, sino a los ricos. Los ricos se subvencionan devorando lo público y lo común (lo generado por la sociedad y por los ecosistemas) y reproducen su capital sin necesidad de trabajar (intereses, rentas, herencias, especulación). El trabajo y la riqueza, en cambio, lo crea la sociedad, no las macro-corporaciones o la adicción estructural al crecimiento económico (mucho menos la especulación financiera); dichos actores, de hecho, generan dinámicas que precarizan o destruyen tanto el empleo de calidad como el medioambiente del que depende todo ser vivo que habite nuestro planeta (incluidos los seres humanos millonarios).

Las personas vulnerables no quitan el trabajo a nadie. Realmente, además de la creciente automatización que sustituye al trabajo humano, es la dinámica del capitalismo neoliberal la que condiciona que no florezcan empleos de calidad necesarios para la reproducción y el mantenimiento de una vida humana próspera (en agroecología, diseño sostenible y biomímesis, economía ecológica, construcción de casas pasivas, energías renovables, ecología urbana y un largo etcétera).

En lugar de dar más poder a las corporaciones y a los dueños del capital (la falacia de que desregulando y privatizando lo público y facilitando la vida a las macro-corporaciones se crea empleo) deberíamos, por el contrario, tasar intensamente los bienes inmuebles y el capital a partir de cierto umbral (pues se trata de la riqueza que se reproduce rápidamente no solo sin necesidad de contribuir al bien común, sino acaparándolo y destruyéndolo), no el trabajo (la contribución, monetarizada o no, al bien común y la sostenibilidad socioeconómica) para, de este modo, reducir la desigualdad y subvencionar con lo recaudado una disminución general de las horas semanales de trabajo con salarios mínimos más altos para acabar con el desempleo, el estrés y la explotación laboral y medioambiental.

Ahora bien, la deliberación sobre qué trabajos son necesarios para la reproducción social y cuáles son social y ecológicamente indeseables debería ser decidido por la sociedad en su conjunto, no por la dinámica de crecimiento económico a toda costa o por las corporaciones transnacionales cuyo objetivo no coincide, en la mayoría de los casos, con el bien común.

Obviamente, si se generasen debates abiertos entre el conjunto de los habitantes de una ciudad para decidir qué empleos hay que fomentar y cómo diseñar el espacio urbano, muy poca gente defendería la necesidad de endeudar masivamente a la ciudad y buscar inversiones extranjeras millonarias para construir autopistas o aeropuertos innecesarios y obras faraónicas disfuncionales que dejan infraestructuras monstruosas carísimas de mantener, deudas eternas, corrupción urbanística y degradación ambiental (estadios olímpicos, macro-casinos, expos, rascacielos). Estos proyectos siempre subvencionan, con dinero público, una dinámica de acumulación que beneficia a los que ya son ricos y generan un espacio urbano deplorable para los demás.

La mayoría de vecinas y vecinos preferirían, sin duda, espacios públicos a escala humana para el disfrute común y cotidiano, mucho más asequibles y fáciles de mantener, y que mejoren la calidad del aire y el agua, reduzcan el ruido y el estrés, favorezcan las relaciones sociales, y no dejen una mella en las arcas públicas: parques, huertos urbanos, zonas verdes y peatonales, bibliotecas y centros sociales, etc. Espacios donde la comunidad pueda encontrarse, sin necesidad de gastar y consumir, para jugar, enamorarse, charlar, hacer ejercicio o aprender y enseñar taichí, yoga, permacultura, carpintería, reparación de electrodomésticos, etc.

No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades, megalomanías y porfolios financieros a costa del bienestar social y ecológico. Que no nos engañen, los que sufren las consecuencias más dolorosas del sistema capitalista perverso no son la causa del problema, sino sus víctimas. Equivocarnos al identificar las causas de nuestro malestar tiene el contraproducente efecto de enfrentar a los oprimidos y, en consecuencia, fortalecer al opresor. Centrarnos en las causas de los problemas, y no solo en sus síntomas, es el primer paso para intentar crear un sistema socialmente deseable, económicamente estable y ecológicamente viable.

 

(Tomado de El Salmón Contracorriente)

 

 

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Lunes, 08 Mayo 2017 07:02

Una sociedad fracturada

Una sociedad fracturada

Cuanta más prosperidad hay en una zona, más votos cuentan para Macron. La otra Francia fue objeto de evocaciones, pero nadie se ocupa de ella.



Un espacio político divido en cuatro y una sociedad fracturada en dos: la elección del centrista liberal Emmanuel Macron es el espejo exacto que refleja mucho más que la frontera entre izquierda y derecha, o aquella que definió el electo presidente entre “progresistas y nacionalistas”. Hay cuatro fuerzas políticas en el nuevo escenario: la del centro liberal presidencial, la de la extrema derecha, la de los conservadores de tradición gaullista y la de la izquierda radical. Y hay dos Francia netas, visibles en la geografía electoral:una, urbana y capacitada, a menudo joven e implicada en el mundo globalizado, y otra rural, suburbana y poco calificada. La primera votó a Emmanuel Macron, la segunda a la extrema derecha de Marine Le Pen. La primera Francia es la de las redes y la conquista, la segunda la de la exclusión y el resentimiento. Pocos votos habrán tenido como este una lectura social tan intensa, y pocos, también, habrán remitido a la imagen de quienes componen la sociedad. Las sucesivas contaminaciones y escándalos de la campaña nunca empañaron el espejo de la “fractura social” (Jacques Chirac, ex presidente 1995-2007), ni el de la fractura digital, ni el del centro y las periferias desiertas y pauperizadas. Las elecciones francesas han tenido el mérito profundo de derrotar al populismo nacionalista y de sacar de los cuentos míticos del progreso la realidad en la que viven la mayor parte de las democracias del mundo, aisladas en zonas de prosperidad y dinámicas de ascenso y, otras, en espacios de confinamiento, de precariedad y sensación de derrota. Trump, en los Estados Unidos, puso la batuta sobre la nota racial, Francia restauró la dimensión social con una transparencia rotunda. Los datos son elocuentes:cuanto más prosperidad hay en una zona, más votos se cuentan a favor de Emmanuel Macron. La otra Francia ha sido objeto de relatos y evocaciones, pero nadie se ocupó de ella. Contrariamente a lo previsto, no fue la infección radial la que monopolizó el debate sino la desesperanza social.


La izquierda está ausente de lo que siempre ha sido su identidad histórica:reconectar, a través de la igualdad, las sociedades fracturadas. La misión le incumbe paradójicamente a un liberal profeso, que carece de partido y cuya próxima y cercana misión, el próximo 21 de junio, consiste en armar una mayoría legislativa para gobernar. ¿Con quién ? ¿Cuántos socialistas irán bajo sus afiches ? Hoy se perfilan dos sólidos ejes de oposición:la ultraderecha, y la izquierda radical de Mélenchon. Su respectivos porcentajes en estas elecciones les permiten conjeturar una traducción legislativa de sus fuerzas presidenciales. Emmanuel Macron está en el centro de ese tablero cuyas complejas realidades fueron más rebeladas por el cambio de retórica del lepenismo que pasó de la xenofobia a la denuncia social que por sus propios diagnósticos. Con esta elección, la desigualdad cifrada en estudios y trabajos sociológicos adquirió el rostro de la gente, reconquistó su identidad. Con Trump, el mundo dejó de ser lo que era y, con la elección francesa, de pronto se recupera la pregunta sobre lo que quiere ser. No sólo hay consumidores de los últimos modelos de celulares, sino, millones de personas que tienen otras preocupaciones más inestables que atender. La elección francesa sopló la cortina de humo de la tecno ilusión, la de la digitalización feliz, la de un mundo integrado y mega conectado donde basta con cliquear sobre un “like” para ser parte de él. Quienes cliquearon en la urna tangible de la extrema derecha no son todos fascistas, ni xenófobos, ni anti mundo. Tal vez sólo hayan pedido, mediante el resentimiento, que los incluyan, que les construyan rutas, sucursales bancarias, mejores escuelas, internet más rápido, mejor acceso a la educación de sus hijos, que les pinten la escabrosa tristeza en la que tantos y tantos suburbios del mundo viven sumidos. La desigualdad social y el enriquecimiento de unos pocos sobre el empobrecimiento de muchos ha sido la narrativa reflexiva de los últimos años. Nunca se había hablado tanto y visto y debatido tan poco. Francia la puso en la pantalla ampliada de la híper realidad, allí donde Trump la había ocultado con sus patrañas raciales y sus insultos a las elites intelectuales.


La apuesta de la recomposición social se la llevó Emmanuel Macron. Sus primeras medidas van en contra de la reconexión. El electo presidente se pondrá, como primera medida, manos a la obra para hacer adoptar una “reforma en profundidad” de la ley sobre el derecho laboral, la misma que, desde el año pasado, levantó un muro de protestas callejeras y terminó de hundir un poco más la tenue presidencia de François Hollande. Todo lo contrario de una política social o de atención a la Francia que está del lado menos floreciente de la fractura. Esta vez, sin embargo, toda anticipación suena a disparate. La elección presidencial, hasta el final, ha sido una sinfonía de singularidades que fueron contradiciendo a los más acertados analistas. Entramos, con Francia, en la quinta dimensión. Los esquemas de antes se quedan cortos y los nuevos habrá que inventarlos para comprender la frondosa y cambiante realidad humana. Lo que, por encima de las retóricas diseñadas por los comunicadores y propagadas por Macron, sí persiste y se ha renovado es el eje izquierda derecha. Nunca fue tan pujante, ni tan evidente la necesidad de una izquierda poderosa que mire y se comprometa cuerpo y alma allí donde siembra su futuro la ultraderecha.

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