Lunes, 23 Agosto 2021 05:33

El enigma de lo popular

El enigma de lo popular

“Le encanta conceptualizar lo de ‘pueblo’, pero le molesta cuando el pueblo con ojos, nariz y boca se le acerca en una cafetería a pedirle una selfi”. Esta frase, tan lapidaria como provocadora, me la comentó un gran amigo hace varios años sobre un dirigente político que se jactaba de teorizar sobre cómo hay que entender, comunicarse y sintonizar con el ‘pueblo’, pero que luego, a la hora de la verdad, le incomodaba y, mucho, tener el más mínimo roce con la gente sencilla que habita las calles de cualquier ciudad. ¡Qué viva el pueblo, pero cuánto más lejos de mí, mejor!

¿Nos estará pasando algo similar como progresismo latinoamericano? ¿Será que interpelamos a la clase popular creyéndonos que se trata de la clase media? ¿Que abusamos de una visión paternalista con demasiados prejuicios? ¿Que hemos dejado de oírles? ¿Que los vemos desde muy lejos? ¿Que no entendemos sus códigos porque tenemos otros marcos referenciales?

No hay respuesta única ni sencilla para un asunto de dimensiones tan complejas. Asunto que, además, ha de considerar otro eje clave: la episteme local, que determina qué es lo popular, desde lo económico, social, cultural… No debemos caer en la trampa de considerar a América Latina como un todo, monolítico y homogéneo. Encontraríamos infinitas diferencias si comparamos el comportamiento de los sectores populares en Colombia con Argentina. Y el tema "país" no lo es todo, debemos considerar otros aspectos determinantes, como la división entre rural/urbano, la condición de género, la juventud, la cuestión regional, etc.

Esta amplia gama de variables nos obliga a enfrentar un “dilema de época“ en que no caben atajos. Ni mucho menos darle la espalda. O, peor, creer que la clase popular se activa a través de un software o un simple clic sólo por interpelarla como tal. Este desafío para el progresismo es impostergable. Y más si consideramos que la pandemia ha hecho estragos, que el neoliberalismo está en crisis de respuesta y expectativas y que, además, se ha iniciado la segunda ola progresista a escala regional en este siglo XXI, por lo que los focos están puestos sobre los nuevos proyectos políticos que tienen como base la mejora de las clases populares.

¿Y qué es justo lo que la clase popular entiende como “mejora para sí?“ Estoy seguro que si a una mamá de la clase popular le hablamos del riesgo-país, ella nos dirá que lo que le importa es el riesgo-pañal; si a una pareja con bajísimo nivel de ingresos le hablamos de que tiene que esforzarse para mejorar su situación, seguramente nos mandará "a la mierda" porque ambos se despiertan a las 5 de la mañana y regresan a casa a las 11 de la noche (en encuestas del Celag, alrededor de 80 por ciento en ocho países de la región considera que el origen de la riqueza no está en el esfuerzo); si hacemos referencia a la importancia de la deuda externa nos dirán, como también lo hemos demostrado en diversas encuestas, que lo que les preocupa es el endeudamiento que sufren y que no les deja vivir porque les preocupa la situación financiera, la tienda de la esquina u otro prestamista informal; si les hablamos de política internacional, ellos responderán que lo que les interesa es aquello que transcurre en su barrio; si procuramos emplear un lenguaje política y académicamente correcto para sostener una conversación en un bar popular, nos mirarán como extraterrestres; e inclusive en muchos países, si pretendemos implementar una justísima y necesaria agenda feminista, la mayoría de mujeres no estarán de acuerdo (como lo dictan encuestas del Celag en Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay).

Otro tema recurrente es el de la "meta aspiracional", que si bien existe y hay un patrón de imitación de la clase media, es cierto que este horizonte no es inmóvil; cambia en función de las condiciones. Cuando el ingreso de una familia no alcanza para llegar a mitad de mes, ésta deja de pensar en aquello que hacía cuando tenía capacidad para finalizar el mes con relativa holgura. Las prioridades y hasta los sueños mutan al compás del cambio en las condiciones materiales.

La relación que las clases populares tienen con la política constituye otro nubarrón indescifrable para buena parte de nosotros. Presuponer que cuando se lavan los dientes están cavilando sobre la amenaza del "populismo" es una estupidez. Lo mismo que creer que están preocupados cotidianamente por "la grieta" o por el lawfare.

No obstante, esto no significa que las clases populares estén despolitizadas. Aceptar esta premisa es justo lo que pretende hacernos creer la Iglesia neoliberal. Nada más lejos de la realidad; la clave está en saber cómo la gente común se politiza, sobre qué temas, por cuál vía, cómo se informan, qué les preocupa. Y conocer si se sienten representados por la clase dirigente que pretende defenderlos. En muchos casos ocurre que encontramos un porcentaje marginal de representantes, candidatos o gabinetes progresistas de extracción popular, salvo excepciones (véase lo de Pedro Castillo en Perú o Evo Morales en Bolivia).

En este sentido, el tipo de liderazgo también importa. Vargas Llosa nunca ganó una elección.

Y hablando de elecciones: de vez en cuando, surgen sorpresas aparentemente ilógicas. ¿Por qué un barrio popular le ha dado la espalda a un candidato progresista si es éste el único que seguramente tomará medidas en su favor? Para muestra, un botón: la votación a favor de Lasso en barrios populares de Quito. La mejor explicación es mirar holísticamente la relación que tenemos con eso que llamamos "lo popular", muy por encima de campañas y apuntes coyunturales.

Estas reflexiones constituyen un primer esbozo de lo que nos estamos preguntando en el Celag. Salir de nuestra burbuja es condición sine qua non para seguir pensando acertadamente en América Latina. Al enigma de lo popular sólo lo podremos afrontar con éxito asumiendo que aún estamos lejos de saber cómo piensan, sienten, sufren, en qué condiciones habitan, cómo se divierten, cómo se relacionan con los otros, cómo se entretienen, consumen, votan, sueñan, cuál es su unidad de tiempo (cómo conjugan presente y futuro)…

Y si nos toca cambiar metodologías y marcos teóricos, pues deberá hacerse tanto como sea necesario.

Alfredo Serrano Mancilla, doctor en economía, director del Celag

Publicado enPolítica
Inteligencia artificial y sesgos algorítmicos ¿Por qué deberían importarnos?

Cada vez más, la inteligencia artificial es parte de nuestras vidas, a menudo de manera imperceptible. Ya no se trata de utopías tecnológicas sobre el futuro, sino de un presente muy concreto. Pero detrás de avances que incluyen desde diagnósticos médicos hasta vigilancia masiva están los algoritmos, cuyos «sesgos» amenazan con perpetuar e incluso profundizar las desigualdades del presente. Poner el foco en los datos, los modelos y las personas puede servir para construir una inteligencia artificial más «justa».

Una cámara enfoca las escalinatas de entrada del Instituto de Tecnología de Massachusetts (mit). La investigadora Joy Buolamwini sube algunos escalones y se escucha su voz en off:

Una de las cosas que me atrajeron de las ciencias de la computación fue que podía programar y alejarme de los problemas del mundo real. Quería aprender a hacer tecnología que fuera interesante. Así que vine al mit y trabajé en proyectos de arte que usaban visión artificial1. Durante mi primer semestre en el Media Lab hice un curso sobre «invención científica». Lees ciencia ficción y eso te inspira a crear algo que seguramente sería poco práctico si no tuvieras el curso como excusa para hacerlo. Yo quise construir un espejo que me inspirara por las mañanas. Lo llamé Espejo Aspire. El espejo me colocaba leones sobre el rostro, o gente que me inspirara, como Serena Williams. Le coloqué una cámara y con un software de visión artificial, se suponía que debía detectar los movimientos de mi cara. Pero el problema era que no funcionaba bien, hasta que me puse una máscara blanca. Cuando me ponía la máscara, me detectaba. Cuando me la quitaba, ya no me detectaba.

Así comienza Prejuicio cifrado (Coded Bias), el documental dirigido por la cineasta Shalini Kantayya y estrenado en 2020 que narra cómo Buolamwini tomó conciencia del sesgo racial existente en los algoritmos de reconocimiento facial y analiza sus consecuencias. Buolamwini es una mujer negra, especialista en informática, activista y fundadora de la Liga por la Justicia Algorítimica (Algorithmic Justice League), y hace algunos años descubrió que varios sistemas comerciales de reconocimiento facial diseñados por Amazon, ibm y Microsoft funcionaban mejor con el rostro de sus amigos blancos que con el suyo2. Más allá de los dilemas éticos sobre el desarrollo de sistemas de reconocimiento facial3, el caso de Buolamwini muestra claramente cómo un sistema basado en inteligencia artificial puede adquirir un sesgo y cumplir mejor la tarea para la que fue diseñado en un grupo de individuos que en otro. 

Esta no es una cuestión menor. La expresión «inteligencia artificial» dejó de ser propiedad exclusiva de las novelas de ciencia ficción y de los libros de computación. Noticias sobre avances fascinantes –como computadoras capaces de asistir al personal médico en tareas de diagnóstico o de manejar automáticamente vehículos no tripulados– aparecen cada vez con más frecuencia y se vinculan cada vez más con nuestras vidas. Sin embargo, no todas las noticias son tan alentadoras. Lo que experimentó Buolamwini no es un caso aislado: durante los últimos años, hemos visto desde sistemas para reconocimiento facial que alcanzan un peor rendimiento4 en mujeres de piel negra que en hombres blancos, hasta traductores del inglés al español que perpetúan estereotipos de género. Estos ejemplos ilustran un fenómeno conocido como «sesgo algorítmico»: sistemas cuyas predicciones benefician sistemáticamente a un grupo de individuos frente a otro, resultando así injustas o desiguales. Pero ¿cuáles son las razones que llevan a estos sistemas a generar predicciones sesgadas? Para entenderlo, comencemos por definir algunos conceptos que nos serán útiles a lo largo de este ensayo: «inteligencia artificial» y «aprendizaje automático».

Cuando la inteligencia deviene artificial y el aprendizaje, automático

Existen muchas definiciones de «inteligencia artificial». Aquí usaremos una definición general ofrecida en uno de los libros fundamentales del campo, que describe la inteligencia artificial como la disciplina que se encarga de comprender y construir entidades inteligentes (pero artificiales)5. Esta definición es muy amplia y abarca conceptos que van desde los sistemas de razonamiento deductivo basados en reglas lógicas hasta algoritmos de aprendizaje automático que buscan detectar automáticamente patrones en conjuntos de datos y luego usarlos para realizar predicciones6. Un elemento central para este último subcampo de la inteligencia artificial son entonces los datos, que constituyen la materia prima utilizada para automatizar el proceso de aprendizaje en el que los sistemas son entrenados para realizar predicciones. 

Los datos pueden ser imágenes, sonidos, texto escrito, redes, posiciones de un gps, tablas o cualquier representación que se nos ocurra. En todo caso, la idea central es que los modelos de aprendizaje automático aprenden a partir de los datos. Esta noción resulta central en la actualidad, dado que la gran mayoría de las tecnologías disruptivas adoptadas masivamente en el siglo xxi y que son presentadas como inteligencia artificial utilizan en realidad métodos de aprendizaje automático. Pero ¿cómo aprenden estos sistemas?

Existen distintos paradigmas de aprendizaje. Uno de los más utilizados es el del aprendizaje supervisado, en el que los sistemas son sometidos a un proceso de entrenamiento que es guiado por anotaciones o etiquetas. La idea es simple: se intenta asociar características o patrones propios de los datos con las correspondientes etiquetas. Es decir, se analizan los datos en busca de patrones distintivos que permitan separar una categoría de la otra. Tomemos un ejemplo: imaginemos que queremos entrenar un sistema para que pueda decirnos si el contenido de una imagen corresponde a un perro o a un gato. Bajo el paradigma del aprendizaje supervisado, lo que necesitaremos es una base de datos compuesta por imágenes de perros y gatos, con la correspondiente etiqueta asociada a cada una. Durante el proceso de entrenamiento, el algoritmo tomará esas imágenes y comenzará a hacer predicciones a partir de ellas, asociando características (información de la imagen) con etiquetas. De forma simplificada, podemos pensar que estas características están dadas por diferentes patrones presentes en la imagen, como el color, el brillo, la cantidad de patas, el tamaño del cuerpo o la forma de las orejas. Si nos detenemos a pensar en estas características, algunas serán más útiles que otras para distinguir entre perros y gatos. Por ejemplo, la cantidad de patas no parece ser una característica útil para diferenciarlos; sin embargo, el tamaño del cuerpo sí podría serlo. La idea es que, por medio del entrenamiento, los sistemas aprendan a asociar patrones en estas características con las correspondientes categorías. Al principio estas asociaciones serán seguramente incorrectas; pero a medida que avance el proceso de entrenamiento, el modelo se irá ajustando y mejorando su desempeño en la tarea asignada. 

Esta idea que ilustramos con imágenes es extrapolable a otros tipos de datos sobre los que hablábamos: si quisiéramos entrenar un sistema para aprender a traducir texto de inglés a español, necesitaríamos muchos textos escritos en ambos idiomas. Para inferir el estado de ánimo de una persona a partir de su voz, necesitaríamos grabaciones de audio de personas hablando, y la correspondiente etiqueta que indique si se encuentran alegres o tristes. Si pensáramos en un sistema que detecte patologías automáticamente a partir de imágenes radiográficas, necesitaríamos pares de imágenes con su correspondiente diagnóstico médico. O si quisiéramos entrenar un modelo para detectar rostros en imágenes, necesitaríamos una base de datos de fotografías de personas, con etiquetas que indiquen en qué lugar se encuentra el rostro de cada una. 

Como vemos, los datos juegan un rol esencial en el entrenamiento de sistemas por medio de aprendizaje automático, dado que son la fuente de información que le indicará al sistema cuándo ha llegado a conclusiones correctas y cuándo no. Algo que resulta fundamental en este proceso, y que no siempre es tenido en cuenta, es que un sistema raramente se construye para realizar predicciones con los datos con que fue entrenado. Por el contrario, se espera que los modelos puedan sacar conclusiones acertadas sobre datos nunca vistos durante el «aprendizaje» –los datos de prueba– y cuyas etiquetas no se conocen. Esta capacidad de generalización es un rasgo primordial, dado que de nada serviría un modelo predictivo que solo acertara en situaciones conocidas. Imaginemos un detector de patologías en imágenes radiográficas que puede predecir si una persona tiene o no neumonía utilizando solamente imágenes de esa misma persona. O un traductor de inglés a español que solo puede traducir textos que ya estaban traducidos. En general, la hipótesis de trabajo de estos sistemas es que los datos de prueba serán de alguna manera similares a los datos de entrenamiento, pero no los mismos. Por ejemplo, si entrenamos un modelo para detectar neumonía en humanos, el modelo será utilizado en otros humanos, pero no en animales. O si entrenamos un sistema para traducir del español al inglés, los textos de prueba serán distintos de los de entrenamiento, pero estarán siempre escritos en español, y no en francés. En este caso, resulta evidente que un sistema que aprendió utilizando textos en español no podrá generalizar al francés. ¿O acaso le pediríamos a un intérprete de francés que traduzca mandarín? Sin embargo, existen variaciones entre los datos de entrenamiento y prueba que pueden ser más sutiles que el cambio de español a francés o de humanos a animales, pero que igualmente producen un efecto devastador en la calidad de las predicciones. 

Volvamos a imaginar el caso del sistema para distinguir entre imágenes de perros y gatos, pero con una pequeña variación: nuestra base de datos solo está compuesta por perros negros y gatos blancos. En este caso, el color del animal será una característica sumamente útil para distinguir entre ambas clases. De hecho, nos dará una predicción perfecta: si el color predominante en el cuerpo del animal es negro, será un perro; y si es blanco, será un gato. Ahora imaginemos que en nuestro conjunto de prueba hay una sutil diferencia: aparecen perros de color blanco. ¿Qué creen que sucederá con las predicciones sobre los perros blancos? El sistema seguramente les asignará la etiqueta «gato» de forma incorrecta, resultando en un rendimiento más bajo para este subconjunto de la población objetivo. Tomar en cuenta estos factores al entrenar sistemas de inteligencia artificial basados en aprendizaje automático es clave si queremos evitar el sesgo algorítmico en varios sentidos. Veamos algunos ejemplos.

Sobre datos, modelos y personas

Hace algunos años, llegó a mis manos, por recomendación de colegas, un artículo que se titulaba «ai is Sexist and Racist. It’s Time to Make it Fair»7 [La inteligencia artificial es sexista y racista. Es hora de volverla justa], de James Zou y Londa Schiebinger. El artículo discutía un aspecto sobre el que hasta ese momento no me había detenido a pensar respecto de los modelos de inteligencia artificial que yo mismo estaba implementando: estos modelos pueden ser sexistas y racistas. En otras palabras, pueden adquirir un sesgo que los lleve a presentar un rendimiento dispar en grupos caracterizados por distintos atributos demográficos, lo que redunda en un comportamiento desigual o discriminatorio. Y una de las razones detrás de este comportamiento eran justamente los datos que usaba para entrenarlos. 

Los ejemplos de sesgo algorítmico adquirido a través de los datos son variados y muchas veces tienen que ver con bases de datos que no representan en realidad al conjunto de la población. En el caso reportado por Joy Bowlamwini y Timnit Gebru8, en el que diversos sistemas comerciales de reconocimiento facial muestran un rendimiento dispar respecto a variables demográficas como el género y el color de la piel, son las mujeres de piel negra el grupo para el cual los modelos presentan peor rendimiento. Este hecho está posiblemente relacionado con la falta de representatividad de mujeres negras en las bases de datos utilizadas para el entrenamiento. Ejemplos similares se encuentran al analizar ImageNet, una de las bases de datos de imágenes etiquetadas más grandes del mundo, que ha sido motor del desarrollo de los modelos más populares de clasificación de imágenes9. ImageNet posee millones de imágenes clasificadas en miles de categorías. Sin embargo, pese a que es utilizada mundialmente, más de 45% de las imágenes provienen de Estados Unidos y reflejan una realidad localizada en el hemisferio norte y que encarna representaciones propias de la cultura occidental. No resulta sorpresivo entonces el ejemplo citado por Zou y Schiebinger: sistemas de inteligencia artificial entrenados con ImageNet asignan las categorías «novia», «vestido», «mujer» o «boda» a la imagen de una novia occidental vestida de blanco, pero identifican como «arte de performance» o «disfraz» la imagen de una novia vestida con el típico atuendo usado en la India, que ciertamente difiere del occidental. 

Otro ejemplo está dado por los traductores automáticos como Google Translate, donde se encontró que el sistema asignaba un género específico al traducir palabras que son neutras en un idioma y no en otro10, perpetuando así estereotipos de género como la asignación del género femenino a la palabra «nurse» y masculino a «doctor», palabras que en inglés valen para ambos géneros. Es posible que en los textos utilizados para entrenar el modelo la probabilidad de encontrar la palabra «nurse» traducida como «enfermera» ciertamente fuera más alta, y por tanto el modelo minimiza las chances de error al asignar ese género en situaciones de incerteza, y lo mismo vale con «doctor». Un caso relacionado es el de los sistemas de puntuación para la asignación de préstamos bancarios o límites de gasto en tarjetas de crédito: frente a una pareja con ingresos, gastos y deudas similares, la empresa de tarjetas de crédito estableció un límite para la mujer de casi la mitad del límite del esposo11. La brecha salarial entre hombres y mujeres es una realidad del mundo desigual en que vivimos, y probablemente los datos con los que fue entrenado el modelo la reflejaran, por lo que su recomendación era asignarle mayor límite de gasto al hombre que a la mujer. Es decir, los datos son un reflejo (acotado) de la realidad actual. Sin embargo, en estas situaciones cabe preguntarse: ¿realmente queremos que el modelo perpetúe (y hasta en ocasiones amplifique) las desigualdades, por el solo hecho de que vivimos en una sociedad desigual? ¿O queremos modificar esta realidad? El recorte que se hace de estos datos, la población utilizada para construir las muestras, las variables que se miden: todas son decisiones humanas que están lejos de ser neutrales. El aura de neutralidad que muchas veces se atribuye a los sistemas automáticos se desvanece en el instante mismo en que comprendemos la relación entre los datos, los modelos y las personas. Y la necesidad de auditar la equidad de nuestros modelos tomando en cuenta una perspectiva interseccional se vuelve sumamente relevante.

En ocasiones, cuando detectamos posibles sesgos o rendimientos dispares en estos modelos, es posible pensar en soluciones para mitigarlos. Una de ellas sería balancear de alguna forma los datos, para evitar que los modelos resulten discriminatorios o injustos, dependiendo de la situación que estamos modelando. Otra opción podría ser inducir al sistema a que utilice representaciones «justas» de los datos, en el sentido de que no estén asociadas a las características que son fuente de discriminación. O, directamente, obligarlo a ignorar estos atributos protegidos, como el género u otras características demográficas, al momento de tomar una decisión. Sin embargo, debemos ser cuidadosos al diseñar estas soluciones: aunque ocultemos ciertos atributos a un sistema, como el género o el grupo étnico al que pertenece una persona, la correlación entre esos atributos y otras variables seguirá existiendo. Recordemos que si hay algo que los modelos de aprendizaje automático hacen bien es encontrar patrones y también correlaciones. Por eso, si bien la comunidad académica de investigación en equidad algorítmica (fairness) ha trabajado arduamente durante los últimos años en pos de construir modelos justos y que no discriminen, el factor humano en el diseño de estos sistemas resulta primordial. Aunque existen en la actualidad diversas formalizaciones del concepto de fairness, muchas de ellas resultan mutuamente incompatibles, en el sentido de que no es posible maximizarlas al mismo tiempo12, y por tanto se debe optar por aquellas que se desee maximizar. 

No alcanza entonces con generar bases de datos representativas o modelos justos en algún sentido específico. Los sistemas de inteligencia artificial están diseñados por personas con sus propias visiones del mundo, prejuicios, valoraciones de los hechos y sesgos adquiridos a lo largo de su experiencia de vida, que pueden filtrarse en el diseño y la definición de criterios de evaluación para estos modelos. Si esos grupos de trabajo no son lo suficientemente diversos como para reflejar una amplia variedad de visiones, muy probablemente no lleguen siquiera a darse cuenta de la existencia de los sesgos, y por tanto a corregirlos. No hay ejemplo más claro que el caso de Joy Buolamwini, quien descubrió el sesgo racial de los sistemas de detección facial al usarlos en su propio rostro. 

Ahora bien, si la diversidad en los equipos que conciben estos sistemas resulta tan relevante, esperaríamos que en la práctica esos grupos fueran realmente diversos, no solo en términos de género, sino también de clases sociales, etnias, creencias, edad u orientación sexual, solo por dar algunos ejemplos. Pero la respuesta no siempre es la que deseamos, y en palabras del ai Now Institute de la Universidad de Nueva York, la industria de la inteligencia artificial está viviendo una crisis de diversidad «desastrosa»13. Según su informe, elaborado en 2019, estudios recientes encontraron que solo 18% de los trabajos publicados en las principales conferencias de inteligencia artificial son realizados por mujeres, y que más de 80% de quienes son docentes de inteligencia artificial son hombres. Esta disparidad también se refleja en la industria, donde, por ejemplo, las mujeres representan solo 15% del personal de investigación de inteligencia artificial en Facebook y 10% en Google, dos de las empresas líderes en el área a escala global. Por otro lado, no se cuenta con datos públicos sobre personas trans o con otras identidades de género. Y a escala regional la situación tampoco mejora. Por ejemplo, según un informe elaborado por la Asociación Chicas en Tecnología y el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (intal-bid)14 sobre mujeres en el sistema universitario argentino entre 2010 y 2016, existen grandes brechas de género en el ingreso y egreso de las estudiantes de las disciplinas ctim (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática). Así, se observa un registro de 33% de mujeres y 67% de varones. 

Ahora bien, aunque este escenario suena desolador y muchas de las situaciones que hemos discutido a lo largo de este artículo resaltan aspectos negativos potencialmente asociados al uso de estas tecnologías, muchos de los esfuerzos realizados en los últimos años para crear conciencia sobre estos riesgos y aumentar la diversidad de la comunidad de inteligencia artificial, tanto en el ámbito académico como en la industria, comienzan a sentar las bases para un futuro más promisorio. Iniciativas como la de Chicas en Tecnología o el Observatorio de Datos con Perspectiva de Género en Argentina, o WomenInml, QueerInai, BlackInai y Latinxinai a escala global, solo por nombrar algunas, comienzan a poner en debate y a cuestionar esta realidad. Los gobiernos empiezan a preocuparse por la necesidad de regular el uso y desarrollo de estas tecnologías. La emergencia de foros de discusión especializados en estas temáticas y el interés de todas las ramas de la ciencia por conocer las implicancias y potenciales aplicaciones de la inteligencia artificial en sus propios campos de estudio abren nuevos horizontes para el desarrollo científico guiado por los datos. Porque no se trata de obstaculizar el avance de la inteligencia artificial como disciplina, sino de que tanto quienes la utilizan como quienes la desarrollan sean conscientes de sus limitaciones, y de que las tomemos en cuenta a la hora de concebir y hacer uso de estas tecnologías.

  • 1.

La visión artificial (computer vision) es una rama de las ciencias de la computación que se encarga de construir algoritmos y programas de computación capaces de identificar contenido en las imágenes e interpretarlas.

  • 2.

Si bien estos sistemas son más conocidos por su uso en vigilancia masiva o publicidad, también es posible encontrarlos en otros contextos, como en cámaras fotográficas (para hacer foco en el rostro de manera automática) o en redes sociales (para etiquetar a personas de manera automática).

  • 3.

«Facial-Recognition Research Needs an Ethical Reckoning», editorial en Nature, 18/11/2020.

  • 4.

En el contexto de este artículo, utilizaremos el término «rendimiento» de un sistema de inteligencia artificial para hacer referencia al nivel de acierto de las predicciones que realiza.

  • 5.

Peter Norvig y Stuart Russell: Artificial Intelligence: A Modern Approach, Pearson, Londres, 2002.

  • 6.

Kevin P. Murphy: Machine Learning: A Probabilistic Perspective, MIT Press, Cambridge, 2012.

  • 7.
  1. Zou y L. Schiebinger: «ai is Sexist and Racist –It’s Time to Make it Fair» en Nature, 18/7/2018.
  • 8.
  1. Buolamwini y T. Gebru: «Gender Shades: Intersectional Accuracy Disparities in Commercial Gender Classification», trabajo presentado en la 1a Conferencia sobre Equidad, Responsabilidad y Transparencia, disponible en Proceedings of Machine Learning Research (PMLR) vol. 81, 2018.
  • 9.

Olga Russakovsky et al.: «ImageNet Large Scale Visual Recognition Challenge» en International Journal of Computer Vision vol. 115 No 3, 2015.

  • 10.

Gabriel Stanovsky, Noah A. Smith y Luke Zettlemoyer: «Evaluating Gender Bias in Machine Translation» en Actas de la 57a Reunión Annual de la Asociación de Lingüística Computacional (ACL), 7/2019.

  • 11.

Genevieve Smith e Ishita Rustagi: «When Good Algorithms Go Sexist: Why and How to Advance ai Gender Equity» en Stanford Social Innovation Review, 2021.

  • 12.

Sorelle Friedler, Carlos Scheidegger y Suresh Venkatasubramanian: «The (Im)Possibility of Fairness: Different Value Systems Require Different Mechanisms for Fair Decision Making» en Communications of the ACM vol. 64 No 4, 4/2021.

  • 13.

Sarah Myers West, Meredith Whittaker y Kate Crawford: «Discriminating Systems: Gender, Race and Power in AI», AI Now Institute, 4/2019.

  • 14.

Ana Inés Basco, Cecilia Lavena y Chicas en Tecnología: «Un potencial con barreras. La participación de las mujeres en el área de Ciencia y Tecnología en Argentina», Nota Técnica No IDB-TN-01644, bid, 2019.

Una mujer palestina asoma desde la puerta de su casa. — REUTERS 15/05/2021 21:55

La Franja de Gaza sufre la tercera guerra de la última década. Esa zona diminuta y poblada por dos millones de personas está acostumbrada a ataques israelíes cada vez más sofisticados, como más sofisticada es la resistencia de las milicias palestinas. En las actuales circunstancias, dormir en Gaza no es fácil, especialmente para las familias con niños pequeños.

Los bombardeos de la aviación son sistemáticos y masivos desde el lunes y no se detienen durante la noche. Israel asegura que se dirigen contra objetivos militares pero durante esta semana han destruido centenares de edificios, incluidas tres de las torres más altas de la Ciudad de Gaza, donde vivían decenas de familias.

"Los bombardeos son mucho más intensos por la noche", dice Kayed Hammad en una conversación telefónica. "Por la noche son verdaderamente locos, mucho más locos que durante el día. Comienzan a intensificarse a partir de las 12 de la noche o la 1 de la madrugada y suelen continuar a ritmo frenético hasta las 5 de la mañana. Luego no paran, pero ya no son tan intensos".

En toda la ciudad ocurre lo mismo, como si los israelíes buscaran el insomnio de los gazatíes. "No he podido dormir por la noche desde el lunes. Por las mañanas duermo un poco, cuando ya no aguanto más". Lo mismo les ocurre a su esposa y sus hijos en el alto edificio donde residen, no muy lejos de la costa oriental del Mediterráneo, en el barrio Al Naser. El edificio "baila" algunas noches, dice Kayed, algo que sucede cuando los proyectiles caen más cerca.

Entre los miembros de su familia no ha muerto nadie, ni tampoco nadie ha resultado herido hasta ahora. Sin embargo, unos antiguos vecinos, al norte de la ciudad de Yabaliya, no han tenido la misma suerte. Su edificio fue bombardeado y en todo el edificio han muerto cuatro personas y ocho han resultado heridas, todos civiles.

Hasta primera hora del sábado, el ministerio de Sanidad de Gaza había contado 140 muertos y 950 heridos. Cuarenta de los fallecidos eran niños. Es el balance oficial, aunque algunos lo disputan, especialmente en Israel, donde afirman que el número de víctimas es muy superior y resaltan que muchos muertos son "terroristas".

"Algo que viene ocurriendo esta semana, y que no sucedió en anteriores guerras, es que los aviones israelíes están bombardeando las calles, concretamente el centro de las calzadas, y especialmente los cruces. Creen que hay túneles subterráneos que utiliza Hamás por toda la ciudad. Dicen que quieren cortar y destruir la red de túneles", explica Kayed.

Uno de los barrios más castigados ha sido Sheij Zayed, entre Beit Lahiya y Yabaliya, al norte de la Ciudad de Gaza, pero los bombardeos se han repartido equitativamente por esta ciudad y por otras localidades distribuidas a lo largo de los 40 kilómetros de longitud que tiene la Franja.

"En el norte de Yabaliya hay zonas que recuerdan a Shuyaiya en 2014, aunque no es exactamente lo mismo", explica Kayed. "En 2014 los tanques fueron los que causaron toda la destrucción de Shuyaiya y ahora son los aviones". La diferencia es que en aquella guerra los tanques arrasaron todo a su paso, casa a casa, mientras que ahora el objetivo de los aviones son edificios que no necesariamente están contiguos.

Kayed, que tiene 56 años, vive con su mujer y sus cuatro hijos. Debido a la desastrosa situación en la Franja de Gaza no tiene empleo pero sus hermanos ayudan a la familia. Muchas familias de Gaza viven en condiciones similares puesto que la Franja está aislada por Israel y Egipto y muy pocos gazatíes son los que pueden emigrar. Otros, sin embargo, están dispuestos a quedarse pase lo que pase y haya las estrecheces que haya.

Los hijos de Kayed "lo pasan bastante mal con los bombardeos", especialmente por la noche. La población de cierta edad está acostumbrada, si es que alguien puede acostumbrarse a las bombas, a que periódicamente los aviones israelíes sobrevuelen la Franja y descarguen proyectiles aquí y allá. Puede decirse que en gran medida los bombardeos son un sorteo. Los israelíes dicen que antes de destruir un edificio avisan a los ocupantes, pero los gazatíes aseguran que no siempre hay avisos.

Una de las consecuencias de los bombardeos es la destrucción de los servicios públicos, algo a lo que Israel parece contribuir con gran dedicación. En la Franja los servicios son escasos. El mismo suministro de agua procedente de acuíferos subterráneos contaminados por el agua del mar es escaso. En todo caso el agua no es potable, de manera que las familias que pueden permitírselo compran agua embotellada.

Eso sin contar con los cortes de agua. Las familias que residen en zonas privilegiadas pueden recibir hasta ocho horas de agua al día, mientras que en otras aéreas no reciben nada o una o dos horas al día. El alcalde de la Ciudad de Gaza dijo el viernes que el tratamiento de las aguas residuales es muy deficiente y que hay cloacas que han sufrido grandes desperfectos.

15/05/2021 21:55

Por Eugenio García Gascón

Publicado enInternacional
Venezuela reconoce una inflación del 9.500% en 2019

En un gesto inusual, el Banco Central revela datos sobre la economía local. Maduro logra desacelerar el alza de precios a costa de una brutal contracción económica

La hiperinflación en Venezuela sigue causando estragos. En 2019 llegó al 9.585%, según ha informado el Banco Central de Venezuela a través de su página web. El precio de los alimentos aumentó 80 veces el año pasado y el de los bienes relacionados con la salud, 180 veces. Cualquiera que haya ido últimamente a un supermercado, una farmacia o una consulta médica en Venezuela es consciente de lo que ha revelado el Banco Central. Costear la vida diaria es la mayor preocupación de muchos venezolanos. En los anaqueles de las tiendas hay productos disponibles, pero solo una pequeña porción de la población puede pagarlos.

Las nuevas cifras de inflación sigue siendo brutales, más en una economía moribunda como la venezolana. No obstante, revelan una desaceleración respecto al índice de precios al consumidor de 2018, que se ubicó en 130.060%, según la misma data oficial.

La inusual revelación se hizo a través de la página web del ente sin mayor explicación de parte del Gobierno. El dato ni siquiera fue mencionado en la reciente rendición de cuentas que hizo Maduro ante la Asamblea Nacional Constituyente. Para algunos economistas, la difusión de la cifra es parte de la política de liberación económica que comenzó a aplicar Maduro el año pasado, como última medida para enfrentar la deriva en la que está sumida el país luego de 15 años de controles.

"El año pasado el motivo de revelar cifras podía ser otro, más relacionado con condiciones de sus socios comerciales para obtener más endeudamiento. Hoy, tiene que ver más con la tendencia de liberalizar la economía y darle un marco a la empresa privada para fijar precios y estructuras de costos y que tome la batuta para lograr cierto abastecimiento. El gobierno ha empezado a reconocer, sin decirlo, que no puede mantener el gasto público con la reducción de la renta petrolera", señala el economista Luis Bárcenas, de la firma Ecoanalítica.

Las cifras, sin embargo, no muestran que la apertura corresponda a un verdadero golpe de timón. El Gobierno de Maduro tiene un pulso con la hiperinflación a través del recorte del gasto público y de la reducción total del crédito. En Venezuela, la tarjeta de crédito es un objeto en desuso, pues ningún banco puede ofrecer financiamiento por las restricciones que ha impuesto el Banco Central de Venezuela al encaje legal. La dolarización informal también le ha favorecido en ese forcejeo contra los precios. "Las personas no tienen la misma capacidad de compra, por lo que las empresas bajan los precios o no los suben tan agresivamente porque se encuentran con un consumidor con menos dinero para gastar".

El país todavía no supera la hiperinflación. En 2020 podría seguir en el deshonroso primer lugar entre los países con más inflación del mundo y donde la economía se ha contraído dos tercios desde que llegó Maduro al poder. Se prevé que este año su desempeño continuará achicándose un 10%, de acuerdo a la estimación del Fondo Monetario Internacional divulgada a finales de enero.

El desequilibrio entre el alza de la tasa de cambio y de los precios ha venido produciendo lo que los economistas llaman el encarecimiento de la vida en dólares, que la gente llama erróneamente como una inflación en la moneda extranjera. Bárcenas señala que entre 2018 y 2019, tomando en cuenta el porcentaje de inflación revelado por el BCV, el poder adquisitivo del dólar -en el que se hacen ya 60% de las transacciones- se redujo un 20%. Al cierre del año pasado necesitabas 0,25 dólares más para adquirir lo mismo que en 2018 comprabas con 1 dólar.

En contrasentido con la dolarización, la Constituyente de Maduro ha anunciado recientemente reformas en las leyes tributarias que imponen penalizaciones adicionales de entre 5% y 25% a las transacciones que se hagan en dólares o criptomonedas distintas al petro. La medida buscaría, además de forzar el uso del petro, pescar algo del flujo de divisas que se mueve actualmente en la economía. "El deterioro del bolívar es tal que la gente igual va a preferir usar dólares aún pagando un impuesto adicional".

Por Florantonia Singer

Caracas 6 FEB 2020 - 04:15 COT

Publicado enEconomía
Las personas con trastornos psíquicos no somos más violentas que el resto

Como persona con un diagnóstico psiquiátrico severo, me veo obligada a hacer algunas puntualizaciones al artículoCuando cuidar cuesta la vida, de Itziar Gandarias y Amaia Zufia, publicado en El Salto. El artículo trata de una madre de 72 años que murió asesinada a manos de su hijo de 45 el pasado 23 de agosto en el barrio de Iturrama de Pamplona. El hijo que mató a la madre lo hizo, al parecer, afectado por un brote psicótico de la esquizofrenia paranoide que tiene diagnosticada, por lo que, a partir de ahí, concluyen que cuidar de una persona con problemas de salud mental es deporte de alto riesgo y pasan a indicar cómo se deberían afrontar los cuidados desde una perspectiva feminista.

No es de rigor que se haya puesto tanto el foco en que el asesino tiene un diagnóstico psiquiátrico. Porque ello lleva a pensar que las personas con trastornos psíquicos somos más violentas que el resto, y nada más alejado de la realidad. La OMS ha desmentido hasta la saciedad que las personas que tenemos un sufrimiento psíquico extremo tendamos a la violencia y a la agresividad más que la población que no lo padece.

El porcentaje de personas violentas entre las diagnosticadas no es mayor que entre las que no han sido psiquiatrizadas nunca. Y, sin embargo, en el texto, sin manejar datos estadísticos que lo avalen, se incide una y otra vez en que el peligro y el riesgo, el horror más espantoso, se debe al hecho de que se trate de una persona con problemas de salud mental, como si los “cuerdos” no mataran.

Somos conscientes de que nuestro trastorno puede provocar a veces un gran impacto en quienes nos cuidan y de que familias y profesionales padecen a veces unas cotas de incertidumbre, temor y dolor elevadísimas. También sabemos que es labor de las instituciones sacar al entorno más próximo de la orfandad y la falta de conocimiento para dotarlo de los medios necesarios para poder transformar su papel doliente en un factor positivo en la recuperación de la salud.

Pero con todo, el planteamiento que convierte a las personas diagnosticadas en seres con los que hay que tener una continua prevención y estar en alerta permanente resulta tremendamente dañino para quienes padecemos sufrimiento psíquico, porque contribuye a mantener y perpetuar el estigma que tanto daño nos hace como seres humanos individuales y como colectivo.

No somos muchas las personas que contamos con naturalidad que nos han diagnosticado una esquizofrenia, fobias, un trastorno bipolar o un trastorno obsesivo-compulsivo —por citar sólo algunos diagnósticos— pero, sin embargo, los trastornos severos crónicos afectan al 9% de la población. Más que los casos de cáncer. Y, pese a lo abrumador de la cifra, vivimos escondidas y marginadas porque, en el mejor de los casos, se nos ve como personas diferentes, distintas, y provocamos como mínimo prevención.

Es una actitud prejuiciosa que nos hace mucho daño, porque somos personas más frágiles, más necesitadas; nos encontramos en peor situación para relacionarnos y tenemos peores condiciones psíquicas. Además, el prejuicio de la peligrosidad social no sólo provoca desprotección y sufrimiento, sino que conduce también muchas veces a una vulneración intolerable de nuestros derechos, que se ven cuestionados, cuando no suprimidos, solo por causa de nuestro diagnóstico.

Por otra parte, sin desdeñar en absoluto el planteamiento feminista, es importantísimo señalar que hay también otras voces que deben ser escuchadas a la hora de establecer una estrategia para los cuidados. Es la voz de las propias personas diagnosticadas, que reivindicamos nuestro derechos a participar en la toma de decisiones que afectan a nuestra salud. Sabemos mejor que nadie lo que nos viene bien y lo que nos viene mal. Y no queremos nada sobre nosotras sin nosotras.

Por eso consideramos que debemos ser parte activa del proceso que se ponga en en marcha para mejorar las condiciones de vida tanto de cuidadores y cuidadoras como de nuestras propias vidas. No olvidemos que quienes cuidan de las personas con diagnósticos severos sufren mucho, pero no hay ninguna duda de que quienes padecemos el trastorno psíquico sufrimos mucho más. Ojalá que en el futuro para defender los derechos de un colectivo maltratado no caigamos sin querer en la trampa de maltratar a otros colectivos todavía más discriminados y vulnerables.

Por Asun Lasaosa Zazu


publicado

2019-09-12 06:43

Eusebio Leal, Historiador de La Habana. Foto: Yander Zamora/ La Tiza

 “El que conoce lo bello, y la moral que viene de él,

 no puede vivir luego sin moral y sin belleza”.

José Martí

 

Frente al Historiador de La Habana, Eusebio Leal, se han sentado decenas de personas con el propósito de entrevistarle; de incontables formas se ha recabado su opinión acerca de “lo humano y lo divino”, lo inmaterial y lo tangible. Cuando una sabe que tendrá la posibilidad de estar en ese rol, al inmenso honor se le suma una igual dosis de ansiedad.

¿Qué pregunta, entre todas las deseadas, presentarle? ¿Cuál, que no sea reiterativa? ¿Cómo deslindar y establecer en tan poco tiempo un puente entre su obra de rescate patrimonial y la promoción de una cultura de diseño en el entorno visual del Centro Histórico habanero?

Ante la condicionante de su escaso tiempo es preciso ir a las esencias y centrarnos en el factor común que caracteriza el trabajo de la Oficina del Historiador al intervenir un inmueble, un espacio abierto o editar una publicación: la estética de lo bien hecho.

 La belleza, en su relación con el diseño, no es resultado de una acción cosmética, de una convocatoria a destiempo para poner “lindas” las cosas. En cambio, un producto de buen diseño irradia belleza en la armonía que integran su expresión material, el uso al que invita, las ideas que representa. ¿Cómo se forma en usted la noción de lo bello?

— Para empezar, habría que tomar como exergo ese hermoso poema cantado de Silvio Rodríguez, cuando pide que el rabo de nube se lleve lo feo y deje con nosotros lo bello.

“Lo bello siempre es una relación misteriosa entre nosotros y lo que admiramos, pero no cabe duda de que eso también es fruto de una educación y de la interacción con una serie de señales que nos van marcando pautas.

“Cuando era niño, en la escuela se nos pedía hacer diseños con papelitos de colores, algo parecido al origami japonés. Aquello era una sugerencia para el uso del color y de la forma, para la búsqueda de una estética de la vida cotidiana, que es para mí la cuestión fundamental.

“Hay una necesidad de transmitir a todas las generaciones ese culto a la belleza. Para ello el diseño debe entrar en el universo del hogar y estar presente en los cubiertos, la loza, el vestuario.

“Hace años una gran amiga, Nisia Agüero, realizó grandes esfuerzos por llevar el arte y el diseño a los tejidos. Enseñanzas como esa ayudaron a formar en nosotros —la Oficina del Historiador— una urgencia por decir nuestra palabra a partir de una política: incorporar el diseño a las diferentes esferas de nuestro quehacer. Así lo hicimos con las publicaciones, es algo en lo cual ha trabajado mucho (Carlos Alberto) Masvidal, Premio Nacional de Diseño y que se ejemplifica en los títulos de nuestra casa editora Boloña o en los números de la revista que testimonia nuestra labor, Opus Habana.

“También hemos integrado el diseño a la concepción de una moderna versión del museo que trasciende la muestra de la colección y apuesta por la interactividad; es lo que hemos desarrollado en el Palacio del Segundo Cabo.

“De igual manera, en la nueva museología didáctica dirigida a los niños y jóvenes del Centro a+ espacios adolescentes, hay todo un diseño que aprovecha los códigos de la antigua fábrica que existía donde hoy está enclavada la institución, para hacer un discurso de la belleza en el mundo fabril.

“Hemos tratado de incorporar estos principios en la concepción de una vivienda decorosa y digna, para lo cual hacemos algo más que levantar paredes, dentro de los límites que imponen las carestías. Soy de los que creen que con poco se puede hacer mucho”.

Sin necesidad de pausas para rebuscar en el pasado, Eusebio elige entre sus memorias una vivencia muy peculiar, que ejemplifica su afirmación.

“En la antigua casa de la Obrapía, que no era lo que conocemos hoy sino un edificio habitado, un gran solar lleno de barbacoas y laberintos, vivían unos amigos que precisamente trabajaban en una revista. Un día me invitaron a que comiera en su hogar y, al llegar, me encontré algo inconcebible. Habían arreglado todo usando cajas y otros objetos que las personas desechaban, armonizando colores; tenían una jaula de güin con un canario, una mesita con sus cuatro sillas diferentes… Ellos me demostraron que era posible, con escasos medios, construir un pequeño espacio de felicidad. Con poco se puede hacer algo útil y bello, siempre y cuando bien se utilice.

La Oficina del Historiador ha apostado por expresar ese maridaje entre forma y función a través de obras de alto impacto social. Así vemos viviendas, escuelas, centros de atención a adultos mayores o a menores de edad que son referentes tanto estéticos como en los servicios que prestan. ¿Cómo se llega a este concepto?

— Es el resultado de una evolución; siempre he negado que sea la obra de un iluminado, rechazo para mí el protagonismo absoluto en estas cuestiones. Tenemos varios puntos desde los cuales florecen iniciativas que se expresan en proyectos como el de “a+”, uno de los más importantes, en mi opinión.

“La manzana donde se ubica el Centro —delimitada por las calles Teniente Rey, Habana, Muralla y Compostela— era un amasijo en el que se encontraban una antigua fábrica de medicamentos, otra de envases, unos depósitos de alcohol; lo que había sido el colegio de José de la Luz y Caballero1 se había convertido en un taller de reparación de vehículos… Todo aquello había sido anarquizado, nada tiraba en una sola dirección.

“El nuevo proyecto se concibió como un desarrollo armónico en el cual habría viviendas, se restauraría la farmacia, rescataríamos la huella positiva del pasado que era la escuela, pero quedaba una piedra por solucionar: la vieja fábrica.

“Ahí se diseñó el Centro de Adolescentes. La dirección de Arquitectura y Urbanismo de la Oficina del Historiador, particularmente ese equipo que trabajó con el arquitecto (Orlando) Inclán, hizo un trabajo precioso, dejando toda la maquinaria industrial a la vista, la viga de hierro transformada con un cambio de color, las ruedas dentadas… Rescatar y mostrar el patrimonio industrial es importantísimo”.

De la descripción del proyecto hecho realidad Leal pasa, casi sin transición, a hablarnos de un nuevo anhelo; como si para él no hubiera posibilidad de conformarse mientras exista un lugar relevante opacado por el deterioro o la infrautilización.

“Sueño con el gran edificio de la fábrica de electricidad2 convertido en un centro de arte moderno, donde toda esa antigua tecnología pueda dar una explicación de sí misma y nos introduzca a un mundo donde ya no habite el silencio sino la cultura, la conferencia, el trasiego de las personas de un lugar a otro. Lograr introducir esos códigos en las nuevas generaciones es trascendental, sobre todo ante el avance de una degradación de la ciudad.

“En distintos lugares vemos cómo va surgiendo un tipo de arquitectura desorientada donde la gente busca resolver sus problemas, pero no hay una palabra que le diga ‘esta es la línea, este es el pequeño espacio de caminar, aquella el área verde, así la fachada’. Se trata de una arrabalización que ignora lo bello como necesidad incorporada a la necesidad elemental de tener un techo”.

 Ante esa proliferación de ambientes anárquicos, ¿cuán necesario resulta hacer del diseño un componente más activo en el modelo de prosperidad que queremos construir?

— Primero he de decir que no se puede convertir en consigna o en esquema grabado en lápida algo tan serio como aspirar a un socialismo próspero y sostenible. ¿Cómo puede ser próspero y sostenible nuestro modelo, si no se desatan las manos de la creatividad, si no se establece un diálogo perenne con la realidad. ¿De qué manera lograrlo si primero no se pone la mano en el corazón de la necesidad, si de pronto un acontecimiento extraordinario —como el tornado que castigó gran parte de capital cubana el pasado 27 de enero— nos pone de manifiesto y nos tira sobre la mesa las enormes necesidades acumuladas en la gran concentración que la ciudad supone, quizás una de las más grandes en esta latitud de las Antillas?

“Cuando yo hablo de la monumentalidad de La Habana nunca me refiero al Centro Histórico, porque siempre he afirmado que tiene muchos centros históricos, como Luyanó, otros espacios de Diez de Octubre, La Lisa… En cada uno de ellos se ha manifestado la originalidad y la creatividad de generaciones para construir un diseño orgánicamente previsto desde el día en que nace la ciudad, cuando se orienta que las calles deben caminar de norte a sur, buscando los vientos; la plaza será lugar de reunión; la fuente servirá para buscar el agua, lavar la ropa y dar una imagen de tranquilidad en la relación del hombre con el agua.

“Creo que esa noble aspiración a la que todos queremos contribuir (el socialismo próspero y sostenible) tiene que basarse sobre esos parámetros. La ciudad no es un campamento, es algo más; precisamente, el campamento ha quedado atrás, la ciudad es una expresión superior; hay una racionalidad en su diseño que no puede ser omitida, ni tampoco pretender que sea homogénea. Cada barrio tiene su personalidad, cada invisible frontera aporta un carácter diferente, una forma de conducirse, de expresarse, de ver el mundo.

“Hay una síntesis de ese diseño en el gran paseo de la 5ta. Avenida, donde cada cierto tiempo los árboles cambian, cada tramo tiene su especificidad; por un momento vemos las palmas de corojo, luego aparecen las palmas barrigonas, en un punto están las acacias nudosas, en otro lado la araucaria… esa es la ciudad”.

La media hora acaba. Otros compromisos esperan por Eusebio. Nos despedimos reticentes. Una siente que a este entrevistado excepcional habría que haberle preguntado por el decoro, la Patria, la humildad, la migración, la escuela, los pregones, las tradiciones o el café; por La Habana Vieja que renace o La Habana nueva que envejece. Del otro lado, con la hidalguía indeclinable que su eterno traje gris no puede esconder, habríamos recibido siempre una respuesta generosa, sabia, intensa.

Pero una comienza y termina hablando de “lo bello” porque, como dijera a La Tiza el Premio Nacional de Diseño, Carlos Alberto Masvidal, en la Oficina del Historiador la belleza funciona, y bella es la obra de conservación patrimonial emprendida por esta institución, la cual nos permite amar y vivir una ciudad de 500 años con su bullicio, su eclecticismo y sus sábanas multicolores —ya nunca más solo blancas— izadas en los balcones. Porque bello es el legado de este Historiador dedicado a la restauración de las esencias de una urbe y de los sueños de quienes la habitan. Porque bello es ser leal al propósito de levantarse cada día para hacer de Cuba un país mejor, ser leal desde la médula, desde el apellido.

 

17 agosto 2019 |

Notas:

1 Antiguo colegio El Salvador, hoy escuela primaria. 

2 Edificación de Tallapiedra.

(Tomado de La Tiza)

Publicado enCultura
Martes, 02 Abril 2019 06:34

Venezuela busca salir de la emergencia

Gente esperando colectivos en largas filas ante la falta del servicio del metro de Caracas. Imagen: AFP

Los venezolanos dan muestras de esfuerzos individuales y colectivos ante los cortes de luz y agua. El gobierno implementará un plan por 30 días.

Nicolás Maduro anunció un plan especial de electricidad por treinta días, “un régimen especial de administración de cargas que permitirá equilibrar el sistema eléctrico nacional”. Lo afirmó el domingo por la noche, luego de una semana marcada por apagones sucesivos que pusieron a gran parte de la población en una situación contra las cuerdas para resolver problemas cotidianos, en particular uno: el agua. Y ayer el mandatario calificó la situación de emergencia grave.


“Este plan tendrá especial énfasis en no afectar la energía necesaria para garantizar el suministro de agua potable”, destacó en el anuncio. También declaró que las actividades escolares seguirán suspendidas hasta hoy y que las jornadas laborales serán hasta las 14 horas, tanto en instituciones públicas como privadas. Maduro nombró a Igor Gavidia León como nuevo ministro de Energía en reemplazo del general retirado Luis Motta Domínguez.


El ministro de comunicación, Jorge Rodríguez, afirmó por su parte que el gobierno está haciendo frente a “ataques multiformes al sistema eléctrico”, que generaron “daños de consideración en el patio de transmisión de la central hidroeléctrica Simón Bolívar en El Guri, y en el entramado de las líneas de transmisión, así como en los procesos de conexión y automatización del funcionamiento de las máquinas de generación del proceso de generación y en la distribución de la corriente eléctrica”. El cuadro es complejo, y las respuestas no serán inmediatas.


Las imágenes predominantes del domingo y ayer fueron de gente y gente con botellones de agua buscando como llenarlos. En tiendas con venta de agua, llenaderos (donde llenan los bidones), manantiales al pie del cerro que bordea el valle de Caracas, río arriba –donde también mucha gente fue a bañarse– en tomas de agua improvisadas en túneles, urbanizaciones, caños quebrados para resolver. La pelea por el agua fue permanente, la capacidad de los operativos de cisternas del gobierno no logró dar abasto ante la dimensión de la demanda. Ayer por la tarde comenzó paulatinamente a restablecerse el suministro de agua en varios puntos de la capital y sus cercanías.


La capital, así como varias partes del país, fue convertida en un escenario de esfuerzos individuales, familiares, colectivos por resolver las necesidades, tanto del agua como también del transporte. El gobierno de la alcaldía de Caracas habilitó rutas especiales en vista de la dificultad de movilidad por falta del servicio de metro, y se pusieron en marchas operativos de grupos de motorizados chavistas para llevar a la gente hasta su casa.


En ese contexto se registraron protestas el domingo por la tarde y ayer. Algunas fueron promovidas por la oposición, para impedir por ejemplo el paso de camiones cisternas enviados por el gobierno y crear mayor dificultad para capitalizarla políticamente a través de escenario violentos. Se trata de un método utilizado en otras oportunidades, como en el 2017 y en particular en el 2016, donde la táctica fue la de generar focos de protesta en las cercanías del Palacio de Miraflores sin asumir la responsabilidad, creando así un intento de levantamiento popular sobredimensionado a través de un trabajo en redes sociales.


Otras fueron en cambio una respuesta espontánea ante la situación de dificultad real provocada por la prolongación de falta de agua que, a diferencia de la luz, no ha regresado en varias partes en los últimos días. Cada día sin agua se traduce en un número mayor de dificultades.


Guaidó por su parte mantuvo la versión acerca de que los apagones serían producto de la corrupción, un incendio provocado por falta de mantenimiento y la incapacidad para resolverlo a organizarse por “cuadra, sector, barrio”, y sentenció una conclusión que reside sobre todo en el orden del deseo y la propaganda: “Se acabó el mito, la leyenda, de que los sectores populares los respaldaron alguna vez”.


Ratificó su llamado a la movilización del 6 de abril, denominada como “simulacro de la operación libertad”, una acción de la cual hasta el momento no ha dicho cómo será, aunque anunció que se crearán “comandos de ayuda y libertad”. También pidió a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ponerse de su lado, y afirmó que la llegada de Marines norteamericanos es una posibilidad.


Ayer también se supo de la decisión de la Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia, que resolvió ratificar la prohibición de salida del país sin autorización hasta tanto culmine la investigación iniciada el 29 de enero, la prohibición de enajenar y gravar los bienes de su propiedad, el bloqueo e inmovilización de cuentas bancarias o cualquier otro instrumento financiero en el territorio venezolano (ver aparte). La Sala dictó también una multa de 200 unidades tributarias debido al desacato de la orden de prohibición de salida, y ordenó remitir copia certificada de la decisión al presidente de la ANC “a los fines del allanamiento a la inmunidad parlamentaria en su condición de diputado a la AN”.


Son entonces varios tiempos en simultáneo los que se viven en Venezuela. Los que marcan la cotidianeidad de dificultades materiales y la búsqueda de su resolución, los que tienen que ver con los intentos de Guaidó de retomar una iniciativa política que ha venido en descenso, los del gobierno por dar respuestas en cada uno de los planos, los más urgentes materiales, así como la amenaza siempre latente debido al esquema del asalto al poder planteado por la oposición. Y detrás, o como dijo el canciller Jorge Arreaza, adelante: los Estados Unidos.
La cotidianeidad se asemeja así a una cuerda tensa, muy tensa, que sin embargo no parece cerca de romperse.

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Miércoles, 27 Marzo 2019 06:23

Nuevo apagón en Venezuela

Nuevo apagón en Venezuela

Los apagones nacionales fueron denunciados como ataques dentro del plan conducido abiertamente por EE.UU.


Un apagón fue registrado el lunes a la una de la tarde y veintinueve minutos en dieciséis estados de Venezuela, incluida gran parte de Caracas. El hecho duró cerca de tres horas. Luego de restablecerse el servicio eléctrico, el ministro de comunicación, Jorge Rodríguez, informó que se había tratado de un nuevo sabotaje como parte del plan de desestabilización contra Venezuela.


“Hemos recibido un nuevo ataque al centro de transmisión y carga del Sistema Eléctrico Nacional para sacar de funcionamiento las máquinas de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar localizada en Guri, en Guayana”, afirmó. A las siete de la tarde se habían alcanzado los valores necesarios de generación para normalizar el servicio.


Cuando el cuadro parecía haberse restablecido, se registró un nuevo ataque a las 9h47 de la noche en el patio de transmisión del Guri, “afectando los tres autotransformadores que lo componen y el cableo imprescindible a fines de la transmisión”, informó Rodríguez. La capital y gran parte del país quedaron nuevamente a oscuras.


Cerca de las 10h45 de la mañana del martes se registraron los primeros restablecimientos de luz en Caracas. Ya el ministro de comunicación había informado en la madrugada acerca de la suspensión por 24 horas de las actividades escolares y laborales en el país, y varios planes de contingencia de transporte habían sido activados, en particular en Caracas, afectada por la paralización del sistema de metro.


El apagón tuvo lugar dieciocho días luego del anterior, que se prolongó durante varios días. En aquella oportunidad el presidente Nicolás Maduro informó que se había tratado de un saboteo propiciado por cuatro formas de ataque: ciberataque, electromagnético, incendio, y complicidad interna, afectando tanto los centros de generación como de transmisión. Esa denuncia fue respaldada por el gobierno de Rusia, que afirmó, a través de la cancillería, que parte de los ataques habían sido propiciados desde el extranjero.


Según el gobierno, es el segundo gran apagón provocado por saboteo, que conforma lo que Rodríguez ha calificado como “la guerra de la electricidad”. En su cuenta de Twitter mostró imágenes del incendio, el trabajo para apagarlo y el lugar exacto donde tuvo lugar.


Este nuevo hecho se produce luego de la denuncia realizada por Rodríguez, quien anunció el pasado sábado que había sido arrestada y desmontada parte de una estructurada armada con fines terroristas. Al frente, explicó, estaban los dirigentes del partido Voluntad Popular, con la participación del mismo Juan Guaidó, operadores internacionales para conseguir los fondos necesarios, y grupos integrados por mercenarios y paramilitares colombianos, salvadoreños, guatemaltecos y hondureños. Parte de los planes eran generar acciones como atentados en el metro y sabotajes.


Los apagones se enmarcan dentro de la trama general iniciada a partir del mes de enero con la autoproclamación de Guaidó, y en la etapa particular que comenzó luego del 23 de febrero, día en que la derecha y los voceros norteamericanos aseguraban que lograrían el ingreso de ayuda humanitaria al país y su plan resultó frustrado. A partir de allí comenzó a hacerse visible la dificultad de mantener la expectativa alrededor de Guaidó en su base social, así como avanzar de manera lineal, como insinuaban voceros de la derecha, hacia la intervención militar extranjera en Venezuela.


Fue en ese momento cuando comenzaron los apagones nacionales, denunciados como ataques dentro del plan de conducido de manera abierta y declarada por Estados Unidos. Aparecen como una forma de presionar en el escenario de caotización, desgaste, presión económica sumada a los ataques financieros que han recrudecido en los últimos días, en particular sobre diferentes bancos. Según Guaidó este apagón, al igual que el anterior, fue causado por la falta de mantenimiento de la infraestructura eléctrica.


La situación se normalizó en Caracas en la tarde del martes. El gobierno ha anunciado el trabajo conjunto entre varias instituciones para lograr la estabilización del sistema en todo el país en el menor tiempo posible, para evitar además el encadenamiento de problemas derivados, en particular la falta de agua. En el apagón anterior los ataques habían sido sucesivos, lo que generó una situación de restablecimiento-nuevo apagón en varias oportunidades.


Esta vez, como la anterior, la tranquila respuesta de la población consistió en resolver los problemas derivados de la falta de electricidad.

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Miércoles, 13 Marzo 2019 06:27

Buscan reponerse del apagón

Buscan reponerse del apagón

El país no ha volado por los aires. Podría haberlo hecho si se toma en cuenta la profundidad del impacto generado por el apagón nacional que comenzó el jueves a las 17 horas y aún no ha terminado de restablecerse el suministro por completo. Las noticias de este martes son que en algunos puntos recién volvió la luz, como en la ciudad de Maracaibo, o en la Comuna El Maizal, en el estado Lara. 

Las consecuencias del apagón fueron múltiples, las formas de enfrentarlas también. Tanto por parte del gobierno como de iniciativas espontáneas. Las políticas, por ejemplo, fueron de abastecer con camiones cisternas los principales puntos, como cerros y hospitales, y garantizar distribución de alimentos a través de diferentes mecanismos. Se trata de normalizar un país que ya estaba en un cuadro de dificultades prolongado, luego de un golpe de una magnitud aún difícil de calcular.


La respuesta no logró dar abasto ante la magnitud de la demanda, por ejemplo, de agua, ya que el sistema de bombeo se vio afectado por el apagón, lo que se tradujo en iniciativas colectivas, como abrir un caño en El Valle o San Agustín, zonas populares de Caracas, para llenar botellas y botellones. Son muchas las imágenes de personas haciendo colas para abastecerse de agua en todo sitio donde se pueda conseguir, comercios, llenaderos, cisternas, manantiales.


Ante una situación de esas características se podría haber esperado una multiplicación masiva de focos de protesta espontáneos, violencia, movilizaciones, por fuera de lo que la oposición intente convocar. Se dieron hechos como saqueos, por ejemplo, en el centro comercial Sambil, en Maracaibo, donde según informó el gerente general, se trató de un grupo de trescientas personas que lograron derribar portón, fachada y puerta hasta ingresar al interior. Fueron varios casos, aunque no se puede hablar de un cuadro que desbordó y masificó en un escenario inestable, peligroso, por los hechos en sí y los llamados de la oposición. El Fiscal General informó que se iniciará una investigación contra Guaidó por su presunta participación en el sabotaje al sistema eléctrico nacional.


El clima en las calles caraqueñas durante el día ha sido de preocupación, resolución, cotidianeidad, restablecimiento de comercios, sistemas electrónicos de pagos, de transporte, aunque el sistema de metro aún no esté activo. Quien llegue a la ciudad no se encuentra con un cuadro de devastación sino con un escenario de dificultades acumuladas y nuevas, una idiosincrasia venezolana que permite enfrentar adversidades de manera sorprendente para una mirada ajena, un chavismo activado en su dimensión de gobierno y organización popular, una tranquilidad en regreso marcada por la conciencia de que nada ha terminado, sino que se está en el centro de un conflicto nacional e internacional.


Esta última dimensión ha estado sobre la mesa de manera central en la mañana de ayer con la decisión del gobierno de Venezuela, anunciada por el canciller Jorge Arreaza, de dar por terminadas las conversaciones con Estados Unidos para el establecimiento de oficinas de interés, y la orden al personal diplomático norteamericano de abandonar Venezuela en las próximas 72 horas.


Por otro lado, la administración de Donald Trump incluyó en el pedido de presupuesto para el año 2020, la suma de 500 millones de dólares para “la transición en Venezuela”, ratificando la política y la probable prolongación del conflicto.


A su vez desde anteayer se encuentra la misión técnica de trabajo de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), quien fue recibida el lunes por el canciller y ayer mantuvo una reunión en la Asamblea Nacional. En los próximos días, según indicó el canciller, la misión de la ONU se reunirá con instituciones del gobierno bolivariano y los poderes públicos.


En ese contexto elaborarán un informe de la situación dentro de un contexto muy complejo, donde existen datos antagónicos, muchas veces sin confirmación. El caso más claro es el de los muertos que habría provocado el apagón: según voceros de la oposición primero fueron 17, luego un periodista afirmó que fueron 296, entre los cuales 80 neonatos, cifra que luego fue desmentida por la presidenta del Colegio de Médicos del estado Zulia y no fue retomada. El ministro de Salud, por su parte, afirmó que no ha habido muertos en hospitales públicos debido al apagón.


Ayer se dieron protestas convocadas por la oposición, aunque solo reunieron unos pocos cientos de manifestantes. Pero los acontecimientos se mueven con mucha velocidad, se superponen los días con las noches, y la confirmación de los hechos requiere siempre la verificación por diferentes fuentes. La verdad, se sabe, es una de las principales víctimas en estos contextos.

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Tres días de batalla por la luz en Venezuela

A la par del apagón surgen verdades. El “New York Times” señaló que la quema de camiones con ayuda se trató de una bomba molotov lanzada desde filas opositoras.

 

Ciudad fantasma, así parecía Caracas el sábado en la medianoche. El apagón era casi total, solo se mantenían con luces restaurantes de lujo abarrotados, algunas estaciones de servicio, farmacias, hoteles, y los pocos autos y motos circulando. Silencio y oscuridad, un escenario cinematográfico. Nuevamente el apagón y un elemento central: la ausencia de focos de violencia, y una muy pequeña presencia policial en puntos precisos.


En horas de la madrugada la luz volvió por zonas del país y la ciudad. En algunos puntos todavía no lo había hecho ayer en la tarde/noche, es decir que miles de personas quedaron en la oscuridad por más tres días, desde el jueves a las 17 horas, momento del apagón nacional que hizo ingresar a todo el país en un espacio-tiempo desconocido.


No se suele tener conciencia de todo lo que depende de la energía eléctrica: comunicaciones, pagos, transportes terrestres y aéreos, sistemas de salud, horarios del día y la noche, agua, reservas de comida, la posibilidad de estudiar, trabajar. Un apagón total prolongado frena hasta casi detener a un país, sus empresas, instituciones, hogares, cotidianos, acerca a precipicios a medida que se prolonga, y eso, se sabe, genera reacciones.


Por eso fue clave la tranquilidad que se vivió dentro de un cuadro de estas características. Las imágenes de ayer en la mañana fueron de instalación de mercados de fruta y verdura, colas para cargar gasolina, conseguir agua, preocupaciones por familiares, actos de solidaridad, cotidianeidades en tiempos de asedio.


No resulta demasiado azaroso intuir que el objetivo del apagón era desencadenar un cuadro apocalíptico. “En el caso de Venezuela, la idea de que un gobierno como el de Estados Unidos intervenga a distancia contra la red de energía es bastante realista. Las operaciones cibernéticas a distancia rara vez demandan presencia significativa en el terreno, convirtiéndolas en operaciones de influencia ideales que no son reconocidas”, afirma un artículo publicado en la revista Forbes, preguntándose sobre la posibilidad de un cyber-ataque para explicar el apagón.


Agrega: “La obsolescencia del internet y la infraestructura energética del país presentan desafíos poco grandes para este tipo de operaciones, y hace relativamente sencillo borrar todo rastro de intervención extranjera (…) deslegitima al gobierno en curso en la misma dimensión en que el gobierno a la espera se presenta a sí mismo como real alternativa”.


El sabotaje a la red eléctrica en esa magnitud puede ser enmarcado en la secuencia iniciada desde principios de año, donde algunos de los principales acontecimientos fueron: el no reconocimiento de Nicolás Maduro, la autoproclamación de Juan Guaidó, la reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el 23 de febrero como fecha clave para el ingreso de ayuda humanitaria y la imposibilidad de lograr ese objetivo, nuevas reuniones de Naciones Unidas, regreso de Guaidó al país y el apagón.


Luego del 23 ocurrió un desplazamiento discursivo: el repliegue de la amenaza de intervención militar por parte de Estados Unidos, que podría deberse, entre otras cosas, al impacto negativo que genera. El acto seguido fue el traslado a este escenario de apagón, donde el movimiento se desplegó en dos vértices: el hecho como tal, con todas sus consecuencias, y la interpretación, es decir la pelea por determinar las responsabilidades. En este punto la centralidad reside en la capacidad de convencer.


Una de las enseñanzas que han dejado los últimos episodios, es la vulnerabilidad de la verdad ante la inmensa capacidad de posicionamiento de ideas que tiene la articulación entre grandes agencias y gobiernos. El caso más emblemático fue el de la quema de camiones con ayuda humanitaria que habría realizado la policía venezolana el día 23. Un reciente artículo del New York Times señala que, tal como lo había dicho PáginaI12, en realidad se trató de una bomba molotov lanzada desde filas de la derecha, y que no existe certificado acerca de que hubiera medicinas en los camiones. Sin embargo, el hecho fue repetido como verdad por medios de comunicación, el vicepresidente norteamericano Mike Pence, y el encargado del caso Venezuela, Elliot Abramos, ante las Naciones Unidas, entre otros.


La disputa por el convencimiento cobra aún más fuerza en el caso del apagón, por la dificultad de las pruebas, el poco rastro del ataque, las formas en que se desplegaron los golpes -como señaló el presidente Maduro- de manera informática, electromagnética, física, y con complicidades internas.


Se suma a eso que la inestabilidad del sistema eléctrico ha sido recurrente en algunas zonas del país, como en el estado Zulia. Eso, junto a denuncias de faltas de inversiones en el sistema eléctrico, la matriz repetida diariamente de que este gobierno es exclusivamente un espacio corrupción, sumado a destiempos comunicacionales, y los efectos concretos del impacto, ha hecho que el argumento del sabotaje no haya convencido a una parte grande de la sociedad.


La urgencia del gobierno reside en estabilizar el sistema, garantizar abastecimientos de emergencia de comida, agua, gas, reordenar los cotidianos dentro de las dificultades ya existentes, para lo cual, entre otras cosas, dispuso operativos en hospitales, de alimentación, y declaró hoy lunes no laborable. Se puede predecir que existirán nuevos ataques para volver a generar un apagón y trabajar políticamente sobre sus consecuencias. Podrían ser de otras características, se trata de un escenario complejo, de muchas variables, frentes de asalto, posibilidades, actores, tiempos y desesperos.


No se debe perder de vista el escenario general en el cual suceden estos acontecimientos: el intento de crear un gobierno paralelo para obligar a Nicolás Maduro a abandonar el poder político, sea bajo la forma que sea. Guaidó anunció una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional para hoy para declarar Estado de Emergencia Nacional, volvió a hacer un llamado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana con advertencia de última oportunidad. Otros dirigentes de la derecha se pronunciaron nuevamente a favor de pedir la salida violenta con intervención.


La batalla por la luz, centro del asalto en este momento, aún no ha terminado.

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