La oposición de Venezuela ganó el simbólico estado de Barinas: razones y consecuencias

Sergio Garrido fue electo gobernador en un bastión del chavismo

Se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre tras la inhabilitación del candidato Freddy Superlano. Es el estado natal de Hugo Chávez y donde gobernaron su padre y sus dos hermanos. Barinas es también un estado marcado por numerosas dificultades materiales. 

 

La oposición venezolana ganó el domingo la elección a gobernador en el estado Barinas. Su candidato, Sergio Garrido, de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), venció a Jorge Arreaza, excanciller y ministro de Industria y Producción Nacional. El primero alcanzó 55.37% del apoyo, contra 41.26% del segundo, más de 13 puntos de diferencia, en una elección de la cual participó el 52.23% del padrón. El tercero, Claudio Fermín, también parte de la oposición, obtuvo el 1.77% de los votos.

El resultado fue reconocido por Arreaza, quien, antes que el Consejo Nacional Electoral (CNE) emitiera el boletín oficial twitteó: “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo”. Garrido, por su parte, anunció su victoria desde su comando de campaña: “ganó Barinas, ganó Venezuela, ganó la Unidad”, afirmó, acompañado de diferentes dirigentes de la oposición.

La elección en estado llanero de palma y sol fue particularmente importante por varias razones. En primer lugar, se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre, cuando, luego de que la oposición asomara como vencedora sobre el chavismo por un escaso margen, la Sala Electoral del Tribunal Supremo Justicia declaró que la elección debía repetirse. La razón esgrimida fue la inhabilitación del opositor Freddy Superlano desde el año 2019, una decisión que resultó cuestionada por la oposición, así como por algunas figuras públicas del chavismo.

La historia de los Chávez

La nueva fecha anunciada por el CNE estuvo luego acompañada por denuncias de la inhabilitación de otros candidatos opositores, como Aurora Silva de Superlano, esposa del expostulante, y el candidato del Partido Comunista de Venezuela, Aldemaro Sanoja. En ese contexto tuvo lugar la campaña para una elección en un estado de fuerte carga simbólica por ser el de nacimiento de Hugo Chávez, y por haber sido gobernado por el chavismo durante 23 años seguidos: primero por su padre, Hugo de los Reyes Chávez, luego por su hermano Adán Chávez -actualmente embajador en Cuba-, y finalmente por su otro hermano Argenis Chávez, quien renunció a su intención de ser gobernador luego de la derrota del 21 de noviembre.

Barinas, el pueblo de Sabaneta donde nació y se crío Hugo Chávez, es uno de los puntos fundacionales de la historia del chavismo, parte de su mitología, como, en términos de acontecimientos históricos lo es el caracazo del 27 de febrero de 1989 o el levantamiento del 4 de febrero de 1992 en el cual Chávez apareció en la escena pública. Pero Barinas es también un estado marcado por las numerosas dificultades materiales, de servicios gasolina, gas o luz -como gran parte del país-, así como por las críticas a las gestiones de los gobernadores, algo repetido y conocido desde varios años atrás. Una organización popular chavista, con trabajo en el estado, atribuyó, por ejemplo, la derrota a “una parte, no toda, de la dirigencia, que practica una forma de hacer política autocrática, distanciada de las bases, sin contenido ideológico, meramente asistencialista, que trata al pueblo como reservorio de dádivas”.

Esa situación de desgaste en Barinas fue reconocida implícitamente por Arreaza que levantó la antigua consigna de Chávez, “revisión, rectificación y reimpulso”, en el marco de una campaña que puso al expresidente en el centro, a diferencia de otras apuestas electorales del chavismo que, para el 21 de noviembre, optaron por dejar de lado, o poner en segundo plano, la simbología roja más tradicional. Arreaza apostó a un despliegue de elementos del chavismo, desde la música hasta la espada de Simón Bolívar. “Logramos reconectar con el sentimiento, logramos reconectar con el Chávez que llevamos dentro (…) hubo una desconexión, pero hemos logrado reconectar”, afirmó en una rueda de prensa el día lunes.

Arreaza señaló que se trató por un lado de una “derrota cuantitativa”, pero, por el otro, de una “victoria cualitativa de la revolución bolivariana en un escenario difícil y adverso”. La dimensión cuantitativa fue visible en la diferencia de Garrido y el crecimiento de votos: entre la elección del 21 de noviembre y la del domingo 9 de enero la MUD pasó de 103.809 votos a 172.693, un 66% más, mientras que el chavismo creció de 103.693 a 128.583 votos, es decir un 24% más. Garrido, oriundo de Barinas y militante de Acción Democrática en el sector de Henry Ramos Allup, no era, hasta entonces, un dirigente de gran fuerza o trayectoria reconocida nacionalmente.

El resultado abre diferentes puertas de interpretación y posibles cursos de acción política para cada lado. Por el lado del chavismo, la nueva derrota en Barinas confirma el escenario adverso en el estado de Chávez, que no logró ser revertido aún con un candidato de envergadura nacional y el gran despliegue de fuerzas y recursos. Una pregunta podría ser si ese cuadro es extensible a otros estados del país o no. Si bien visto en términos de mapa el chavismo tiene 19 de las 23 gobernaciones, en las alcaldías ganó en cambio 205 de 322, y, en términos de votos su tendencia es, como se vio en los últimos años, a una disminución. El chavismo, con un núcleo duro y en gran parte organizado, se encuentra ante la pregunta de cómo volver a crecer en un marco de fuerte desgaste político generalizado, donde la división de la oposición no le es, como se vio el domingo, una garantía de victoria.

¿Qué estrategia encarará la oposición?

Del lado de la oposición, el panorama sigue, a pesar de los festejos por Barinas, marcado por la fragmentación y la falta de certeza sobre las estrategias a seguir. El resultado del domingo fue utilizado, por ejemplo, para posicionar en redes sociales la idea del referéndum revocatorio presidencial, cuyo camino podría ser iniciado este año. Sin embargo, esa apuesta no aparece como compartida en las filas de una oposición que puede subdividirse en cerca de cuatro sectores, atravesada por disputas públicas dentro de algunos de ellos, con la figura Juan Guaidó que volvió a ser reconocido como “presidente interino” por Washington, pero que dentro del país se encuentra reducido a una virtualidad por momentos grotesca.

¿Buscará la oposición un proceso de unificación y acumulación de fuerza en el horizonte de las presidenciales del 2024? ¿Intentará antes el revocatorio? ¿Optará nuevamente por un atajo? Las preguntas, que tienen varias de sus respuestas en el departamento de Estado, ocurren en el marco de la que aparece como el freno a la caída económica que se mantuvo desde el 2014, un posible nuevo crecimiento del PIB, con una visible mayor circulación de dinero, dólares, consumo, zonas de opulencia en el este caraqueño, que conviven con las dificultades crónicas de falta de agua, luz, gasolina o gas en numerosas partes del país. 

11 de enero de 2022

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El candidato opositor a la Gobernación de Barinas, Sergio Garrido, muestra la bandera del estado durante una rueda de prensa. Garrido se reconoció este domingo como ganador de la repetición de los comicios.

El triunfo en Barinas en un segundo intento fortalece a los opositores de cara a las presidenciales de 2024 o un posible revocatorio a Maduro, que algunos sectores promueven para este año

 

La oposición venezolana volvió a ganar en el estado de Barinas. El candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, Sergio Garrido, resultó electo gobernador en la repetición de los comicios que ordenó el Tribunal Supremo tras anular la victoria del opositor Freddy Superlano en las regionales del pasado 21 de noviembre, una juagada que le ha salido mal al chavismo. El triunfo lo obtuvo con 57,6% de los votos, una ventaja de 16 puntos y una participación de más de la mitad del electorado, según el escueto reporte que dio el Consejo Nacional Electoral.

El resultado se conoció inicialmente por la declaración del perdedor Jorge Arreaza, exyerno de Hugo Chávez que fue promovido por el Gobierno. “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo. Agradezco de corazón a nuestra heroica militancia. Seguiremos protegiendo al pueblo barinés desde todos los espacios”, escribió en un tuit pasadas las 10 de la noche, cuando el CNE todavía no anunciaba los resultados.

Luego del reconocimiento de Arreaza, Sergio Garrido y Freddy Superlano dieron una conferencia de prensa en la que confirmaron su victoria. “Barinas ha dado un ejemplo de cómo podemos salir de los obstáculos en unidad”, dijo Superlano, quien asumió como jefe de breve campaña luego de que le despojaran el triunfo en noviembre y lo inhabilitaran.

La oposición venezolana logra una importante victoria, frente al apabullante poder del chavismo. No solo ha puesto fin a la dinastía de los Chávez, que gobernaban el Estado desde hace 20 años, sino que también ha desafiado al Gobierno en todas sus maniobras para intentar torcer los resultados que comenzaron con la anulación de la victoria de Superlano. Sergio Garrido ganó contra todo el derroche de recursos del Estado dirigido por varios ministros de Nicolás Maduro, que se instalaron en Barinas para empujar a su candidato. Las nuevas elecciones se celebraron un enorme despliegue militar y policial de más de 25 mil funcionarios para poco menos de mil mesas de votación, que fue considerado una intimidación. El chavismo repartió neveras y electrodomésticos y abasteció a la región con la gasolina y el gas que escasean en todo el país.

Barinas se suma a Zulia, Guárico y Nueva Esparta entre las gobernaciones ganadas por la oposición, más un tercio de las alcaldías. La elección en Barinas se convirtió en un objetivo común para la oposición, en medio divergencias en la plataforma de apoyos al liderazgo de Juan Guaidó. Dirigentes nacionales de distintos partidos opositores se sumaron a la campaña de Garrido.

Ahora el resultado sirve de base para un cambio de dirección en la estrategia opositora, debilitada por sus fracasos en la búsqueda de una transición política en Venezuela y desdibujada por abstenerse en los comicios de los últimos años. El triunfo de Barinas en un segundo intento los fortalece de cara al escenario electoral de las presidenciales de 2024 o un posible revocatorio a Maduro que algunos sectores promueven para este año.

Caracas - 09 ene 2022

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Hillary Clinton, candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 2016, advirtió que una probable relección de Trump en 2024 tendría graves consecuencias para su país. En la imagen, durante un acto de campaña en Cleveland, Ohio.Foto Afp

Una explosiva encuesta de The Wall Street Journal (WSJ) que (en)marca el futuro demográfico-electoral de EU arroja que “los votantes latinos (sic) ahora están igualmente repartidos” entre los dos partidos, cuando los “republicanos han obtenido rápidas (sic) ganancias con un crucial voto demográfico (sic) que había favorecido ampliamente a los demócratas”.

Según WSJ, los recientes hallazgos constituyen un “perturbador (sic) desarrollo para el partido demócrata, que había contado por mucho tiempo con un descomunal apoyo latino” (https://on.wsj.com/3IOd3PG). Un año después de que los demócratas obtuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes con más de 60 por ciento del voto latino, ahora "37 por ciento latino apoyaría al candidato camaral republicano y 37 por ciento al demócrata".

WSJ No lo dice, pero en el mismo bastión demócrata de California, con el popular gobernador Gavin Newsom y la vicepresidenta Kamala Harris (KH) –cuya aceptación se ha derrumbado a 28 por ciento–, en la elección del año pasado, los republicanos reiniciaron su inesperado reflujo electoral. Más asombrosa aún ha sido la espectacular captura de 30 por ciento de los votantes latinos de Biden que ahora han girado a favor de Trump.

En un solo año, la dupla Biden-Kamala ha sufrido los embates de la humillante salida de Afganistán, la hiperinflación, el radicalismo wokenista, la parálisis de la enmienda a la infraestructura en el Senado, las nuevas variantes del Covid-19 y, sobre todo, la desastrosa política migratoria, que afecta e infecta la sique de los latinos y que es explotada exitosamente por los estrategas del Partido Republicano, quienes proyectan triunfar en las elecciones intermedias de noviembre de 2022 con el retorno del trumpismo, con o sin Trump.

Tales prolegómenos afloraron en la reciente elección a la gubernatura de Virginia con Glenn Youngkin, moderado plutócrata republicano (https://bit.ly/3ISO5yw), quien capturó la mayoría del voto latino en detrimento de su contrincante Terry McAuliffe, (TM): máximo estratega de la pareja Clinton (Bill-Hillary).

Habría que matizar: aún en la coalición del llamado Partido Demócrata, sin contar los sicalípticos escándalos de Bill Clinton y su intimidad con el "suicidado" Jeffrey Epstein, es la marca del "clintonismo" la que se ha desplomado en la opinión pública y, en particular, con el voto latino.

Dos días después de la explosiva encuesta del WSJ, Hillary Clinton (HC) –quien ha visto en un año el derrumbe electoral de sus grandes aliados, la vicepresidenta KH y TM– vaticina que Trump intentará relegirse en 2024, lo que sería un "punto decisivo" para el país y la oportunidad para frenar sus "mentiras" y “desinformación (https://bit.ly/3oUs7U7)”. HC agregó en forma catastrofista que un triunfo de Trump tendría "graves consecuencias para EU".

Tres días posteriores a su entrevista a Today y después de que una encuesta dio empatados a Trump y a Biden para la elección presidencial de 2024, HC volvió a la carga contra su némesis Trump, de quien dijo sentirse "fatal" por no haberlo derrotado en 2016.

La ex Secretaria de Estado sentenció que un potencial triunfo de Trump en 2024 "significaría el aniquilamiento de la democracia". HC todavía se lamenta de no haber sido la "primera presidenta" de EU y aprovechó la oportunidad de arremeter contra el ex director del FBI James Comey, quien en caso de no haber “sacado su truco (sic) días antes de la elección, hubiera triunfado”.

Con o sin latinos, la mayoría prefiere las "políticas de Trump" a las de Biden: "señal ominosa" (sic) para los demócratas más allá de 2022 (Daily Mail, 12/12/21). En un intervalo de 52 años, la demografía, en particular la de los mexicanos –más de 62 por ciento de los latinos–, ha propinado un dramático vuelco en los dos principales estados del Colegio Electoral y con los dos primeros PIB: California y Texas, lo cual fue epitomizado por el último presidente demócrata en Texas, Johnson (periodo 1963-1969) y los dos últimos presidentes republicanos en California, Nixon (1969-1974) y Reagan (1981-1989). En la democracia posmoderna, la demografía es destino.

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Viernes, 03 Diciembre 2021 05:32

Una nueva dirección

Militantes del partido Libertad y Refundación festejan la victoria de Xiomara Castro, el 28 de noviembre, en Tegucigalpa AFP, LUIS ACOSTA

La victoria de Xiomara Castro en Honduras

Detrás de la elección como presidenta de la líder opositora –luego de 12 años de autoritarismo y represión– asoma el hastío popular frente a un régimen vinculado al narcotráfico, las grandes empresas y el extractivismo.

Los hondureños salieron a votar masivamente contra la continuidad del prolongado régimen autoritario de Juan Orlando Hernández. Los resultados preliminares de las elecciones generales del 28 de noviembre perfilan a Xiomara Castro como la próxima presidenta de Honduras, con una ventaja de 20 puntos (53,61 por ciento) sobre el candidato oficialista Nasry Asfura (33,87 por ciento). La coalición de partidos que la acompaña tiene ante sí el desafío de cumplir con las expectativas de una ciudadanía esperanzada en encontrar soluciones a las crisis sociales y políticas que viene enfrentando el país.

POLÍTICAMENTE INESTABLE

Honduras, uno de los países más pobres y desiguales de América Latina, se ha caracterizado por una permanente inestabilidad política. Durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, la sucesión gubernamental se dirimió primordialmente a través de la guerra civil y, de tanto en tanto, por elecciones amañadas en las que se obstaculizaba el voto opositor. Luego de la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1933-1949), el golpe de Estado fue la técnica de cambio de gobierno por excelencia, hasta que en 1981 –y por presiones externas– comenzó un período de alternancia democrática dominado por los partidos Liberal y Nacional. Esta forma de bipartidismo se vio bruscamente interrumpida por el golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya, lo que creó las condiciones para un reacomodamiento del tablero político a partir de 2012. Sin embargo, el Partido Nacional ganó las elecciones de 2009 y los comicios generales de 2013 y 2017, que llevaron al Poder Ejecutivo al nacionalista Hernández y volvieron a poner en escena las «elecciones estilo Honduras» (véase «Malos recuerdos», Brecha, 1-XII-17). Diputado entre 1998 y 2014 y presidente del Congreso Nacional entre 2010 y 2014, Hernández fue el primer mandatario hondureño en lograr la reelección. Su padrino político fue el expresidente Porfirio Lobo (2010-2014), ahora relegado a una posición marginal y adversario suyo.

El régimen de Hernández, émulo confeso del viejo dictador Tiburcio Carías, ha significado un profundo retroceso para el país. Ha minado las bases del Estado de derecho y de la mutua vigilancia de los poderes. Se considera a sus titulares como hombres leales al presidente que, junto con el alto mando militar, forman parte del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad que lo sostiene (véase «Lo que lleva a la revuelta», Brecha, 12-VII-19). Su gobierno ha enriquecido a sus aliados de la banca privada al otorgarles la administración de fondos públicos en forma de fideicomisos y les ha cedido el control de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros. Además, ha debilitado de manera severa la capacidad de maniobra de las empresas de servicios públicos, así como los sistemas de salud y educación. La pandemia también mostró con claridad cómo se maneja el régimen del todavía presidente. Y es que las posibilidades de sobrevivir al covid-19 han estado ligadas a la capacidad de pagar los altos precios requeridos para el tratamiento, en un contexto en el que el Partido Nacional ha puesto en cuestión los derechos laborales consagrados por el Código de Trabajo, al emitir una ley de trabajo por hora. Las cosas no terminan ahí. Bajo el gobierno de Hernández se ha aplicado una política de neto corte extractivista, con sus consabidas depredaciones de bosques, minería a cielo abierto y entrega de los bienes comunes como el agua (véase «Criminalizados», Brecha, 17-III-16). Con el aparato estatal bajo su control, Hernández ganó las elecciones de 2013 y de 2017, pero lo hizo contaminado por una fuerte impopularidad.

Pese a todo, el clan Hernández ha sabido beneficiarse y hegemonizar el sistema de negociaciones cupulares imperante en Honduras, respetando las «reglas del juego» al responder cuidadosamente a los intereses de todas las elites prominentes, que son, en esencia, las facciones mayoritarias de los sectores empresariales, de las Fuerzas Armadas y de las iglesias. La embajada estadounidense ha jugado un papel tutelar en ese sistema (véase «La ingeniería del Estado de sitio», Brecha, 8-XII-17). El prolongado régimen de Hernández se ha desenvuelto en medio de una cultura política de acuerdos entre pares, en la que juegan un rol fundamental los grandes pactos entre quienes se consideran caciques de los partidos políticos.

LA SEDUCCIÓN POPULISTA

Las elecciones del domingo marcan un cambio de rumbo de la política hondureña. Perteneciente a una familia de hacendados y empresarios de la madera, vinculada históricamente al liberalismo, Xiomara Castro lidera una coalición que ha sido la revelación de la campaña. Sus críticas al gobierno de Hernández le granjearon parte del apoyo popular y la ubicaron en la primera línea política. Autoidentificada como una persona de izquierda, afirmó que su lucha es por desarrollar en Honduras un modelo basado en el «socialismo democrático».

Castro es esposa de Manuel Zelaya, el presidente depuesto por un golpe de Estado en 2009. Antes miembro del Partido Liberal, Zelaya fue víctima de un golpe tras evidenciar un giro al estilo del «populismo refundador» sudamericano, para usar la expresión del sociólogo Carlos de la Torre. Las críticas a los tratados de libre comercio con Estados Unidos, el acercamiento a Venezuela y al llamado bloque de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y la tentativa de modificar la Constitución le atrajeron la enemistad de una parte de la elite tradicional. Con el golpe consumado, su esposa saltó a la palestra y se ganó la simpatía de un sector de la ciudadanía hondureña. Cuando Zelaya fundó el partido Libertad y Refundación (LIBRE), Castro se convirtió en la primera figura de la organización. En 2012, apenas un año después, se lanzó como candidata presidencial, pero en 2013 quedó en segundo lugar, con 28,8 por ciento de los votos. Quiso volver a intentarlo en 2016, pero acabó por abandonar la carrera en favor de Salvador Nasralla, líder de la Alianza de Oposición contra la Dictadura y entonces el candidato mejor posicionado para enfrentar a Hernández. Nasralla perdió la elección por un escasísimo margen y denunció un «descomunal fraude electoral» (véanse «Democracia rematada» y «El fraude casi consolidado», Brecha, 8-XII-17 y 22-XII-19).

Castro volvió a lanzarse como candidata en enero de 2020. Con la venia de su marido, derrotó a sus tres oponentes internos dentro de LIBRE con el apoyo de seis de las nueve corrientes internas del partido e inició el camino hacia la presidencia. Su campaña estuvo centrada en la crítica a las leyes destinadas a sostener el juanorlandismo, en la promesa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva carta magna, en la crítica a las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico –a las que calificó como una entrega de la soberanía popular a empresas internacionales–, y en el rechazo al modelo neoliberal y a la corrupción. Además de su promesa de vender el avión presidencial –al que consideró un lujo que el país no puede permitirse cuando buena parte de la población atraviesa severos problemas sociales–, afirmó que Honduras buscará relaciones con China, con lo que marcó una agenda alejada del histórico «norteamericanismo» de la dirigencia política local. Castro prometió, asimismo, terminar con el régimen de «narcodictadura» que, según su perspectiva, encarna Hernández.

Su discurso también tuvo un eje de especial importancia: el referido al rol de las mujeres. La candidata se manifestó contra la violencia de género y el acoso sexual, aunque ha sido ambivalente en relación con el aborto. Ha hecho declaraciones favorables cuando se trata de ciertas causales, pero también ha sostenido posiciones más ambiguas. Por otro lado, la virtual presidenta electa ha sido duramente criticada por sus pasadas manifestaciones en favor del chavismo. Sus detractores la han acusado de querer implantar el comunismo en el país y de generar un clima de desconfianza en el mundo empresarial. Ella ha respondido que es una «socialista democrática» que busca una política que tenga a los seres humanos en el centro de las preocupaciones. Tras conocerse los resultados preliminares, que dejaron a Castro 20 puntos por encima de Asfura y más de 40 por encima de Yani Rosenthal, del Partido Liberal, la futura presidenta resaltó la importancia de llamar a un diálogo con todos los sectores para la puesta en marcha de una democracia directa y participativa. El Ejecutivo adquiere, sin lugar a dudas, una nueva dirección.

LOS PARTIDOS Y SUS PERSPECTIVAS

Las elecciones del domingo despertaron gran afluencia e interés gracias a los efectos que supone la salida de Hernández, en un país en que las tasas de abstención tradicionalmente se ubican en la mitad del censo electoral. El partidizado Consejo Nacional Electoral registró una participación histórica de 68,09 por ciento, aun cuando las novedades son escasas: los actores en contienda cuentan con décadas de experiencia en el sistema político de negociaciones cupulares, en el que han colaborado en la construcción de una cultura de la ineficiencia y de la corrupción, donde la carrera política aparece ante todo como un medio para el enriquecimiento. El lenguaje político de los competidores se inscribe en la tradición personalista de las lealtades y los vínculos partidarios en beneficio de prebendas y favoritismos clientelares.

Esta figura del Estado como «botín de los triunfadores» quedó evidenciada con nitidez en el trabajo de las instituciones judiciales estadounidenses. Frente a la debilidad de la justicia en Honduras, Estados Unidos ha extraditado y arrestado en su territorio a reconocidos políticos y gánsteres hondureños que violaron las leyes estadounidenses. En este contexto, la justicia de Estados Unidos sentenció en marzo a cadena perpetua al hermano del presidente y exdiputado Antonio Hernández, a causa de su implicación en el tráfico de cocaína hacia ese país, en complicidad con el cártel de Los Cachiros, liderado por Devis Maradiaga, cuyas declaraciones fueron una pieza clave en varios juicios. Maradiaga afirma haber colaborado con conocidos profesionales de la política local, lo que lo ha vuelto uno de los narcotraficantes más célebres del país. Preso en Estados Unidos, reveló en el juicio a Antonio Hernández haber pagado sobornos por varios cientos de miles de dólares al presidente actual, a su vicepresidente Ricardo Álvarez y a los expresidentes Zelaya y Lobo.

El candidato del Partido Liberal, el banquero Yani Rosenthal, guardó prisión por tres años en una cárcel estadounidense por lavado de activos para Los Cachiros. Es hijo del banquero Jaime Rosenthal, quien fuera vicepresidente (1986-1990) y diputado por el departamento industrial de Cortés (2002-2006). En su dilatada carrera política, Yani ocupó cargos de dirección en el Partido Liberal, fue ministro de la presidencia (2006-2008) en el gobierno de Zelaya, diputado en el Congreso Nacional entre 2010 y 2014, y precandidato a la presidencia en 2012. Ganó las primarias en 2021, pero no funge como dueño de partido. Los Rosenthal fueron propietarios del diario Tiempo, del Banco Continental y de Canal 11, un medio privilegiado para su campaña. Su emporio comenzó a decaer tras el escándalo internacional que lo vinculó con la banda de Maradiaga. La condición de exconvicto le restó credibilidad a su intento de presentarse como «el centro» frente a «una derecha corrupta y una izquierda radical», tal como declaró en su campaña.

Por su parte, el candidato nacionalista Asfura era percibido como la continuación del régimen de Hernández. De haber ganado, se habría visto en la incómoda situación de tener que proteger al actual mandatario, quien es acusado en la fiscalía del distrito sur de Nueva York de haber recibido del Chapo Guzmán un aporte de 1 millón de dólares para financiar su candidatura en 2013. Para ese mismo propósito, los nacionalistas saquearon los fondos del seguro social y de la Secretaría de Agricultura. La candidatura de Asfura, quien ha sido incondicional al presidente, heredó el legado de un gobierno que es muy corrupto y que está políticamente desgastado. Su principal activo fueron los recursos públicos y de la cooperación internacional, que se manejan a través de la más importante estructura clientelar del Partido Nacional: el programa Vida Mejor. El oficialismo también dispone de abundantes recursos financieros obtenidos por el robo de fondos públicos durante la pandemia y de los onerosos préstamos aprobados por la mayoría mecánica de que disponen en el Congreso.

Castro tiene, por su parte, otros condimentos que se agregan a los ya explicados. En primer lugar, fue promovida por su marido, quien busca recuperar las riendas del Estado desde que fue expulsado por un golpe en 2009. La familia Zelaya formó parte de un grupo de ricos hacendados, históricos empresarios de la depredación del bosque, y es parte de la clase política que maneja el Estado desde la década de 1980. Por eso fue sorprendente su giro a la izquierda como presidente. Su larga trayectoria de militancia en el Partido Liberal y una década de coordinación general de LIBRE le permitió al matrimonio Castro-Zelaya acumular un capital político considerable, con el que tienen un papel decisivo en los vaivenes del sistema. Zelaya fue expulsado momentáneamente del juego político debido a sus proclamadas simpatías con el castrismo y el chavismo y a la tentativa de amañar a su favor la elección de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y convocar a una «consulta popular de la cuarta urna» con pretensión hegemónica. Pero la forma de la asonada en su contra, mediante un golpe de Estado, marcó la política hondureña durante estos 12 años de autoritarismo.

Zelaya se reintegró al tablero gracias a los acuerdos de Cartagena firmados en 2011 con el gobierno de Lobo. Frente a la aún inhabilitada figura de la reelección, decidió promover la candidatura de Castro en 2013 con el partido LIBRE, básicamente un desprendimiento del otrora poderoso Partido Liberal y que dispone de una pequeña ala de izquierda organizada. LIBRE le arrebató al liberalismo alrededor de la mitad de sus adherentes. El perfil carismático de Castro ha sido exitoso entre su militancia, aun cuando su presencia parece limitarse al período electoral y pese a que sus apariciones mediáticas son escasas. Ha sabido aprovechar la herencia simbólica y material de su esposo, pero evitó esta vez vociferar, como en campañas anteriores, que «votar por Xiomara es votar por Mel». Aunque todavía en 2016 Zelaya apostaba abiertamente por su retorno a la presidencia, el malestar general que el Partido Nacional le imprimió a esta perspectiva lo ha convencido de que esa no es la mejor estrategia, al tiempo que redujo sus apariciones públicas con Castro.

UNA CAMPAÑA DESESPERADA

El proceso electoral adquirió un giro inesperado el 13 de octubre cuando, tras una reunión con el expresidente Zelaya, Salvador Nasralla anunció su afiliación a la fórmula presidencial de LIBRE en calidad de vicepresidente. Nasralla es el presentador de televisión más conocido del país y ha atraído la simpatía de los electores más jóvenes por su lucha abierta contra la corrupción del régimen actual. Obtuvo el segundo lugar en las elecciones de 2017 como candidato de LIBRE, luego de ser expulsado del Partido Anticorrupción, con el que participó por primera vez en 2013. Desde el 12 de noviembre, la coalición la compone adicionalmente el excandidato del movimiento Honduras Humana Milton Benítez, conductor del programa El perro amarillo, que ha ganado reputación por sus denuncias contra la corrupción y la banca.

La súbita suspensión de la enemistad que perduraba desde el comienzo de la crisis poselectoral de 2017 entre Nasralla y los Zelaya permitió que nasrallistas, indecisos e independientes se sumasen progresivamente a LIBRE y optaran por el voto de castigo contra el régimen de Hernández. La coalición despierta expectativas al prometer un desmonte del proyecto gubernamental desarrollado por el Partido Nacional, al que critica sin ambages como «pandilla de ladrones». Pese a la multiplicidad de identidades políticas que componen la coalición, su estrategia populista fue exitosa. En una muestra de desesperación, el oficialismo aceleró la entrega del Bono de Vida Mejor del Bicentenario, decretado hace un mes y equivalente a 7 mil lempiras en efectivo por beneficiario (289 dólares), con lo que acudió de manera descarada al mecanismo de compra de votos.

En un país con un pasado anticomunista visceral, el Partido Nacional se ha servido de los elogios de Zelaya hacia el régimen cubano, al igual que hacia el venezolano y el nicaragüense, para intensificar una campaña anticomunista contra Castro. En busca de afianzar su posición con las iglesias, los nacionalistas concentraron su campaña en sacar provecho de la postura un tanto ambigua de los Zelaya sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto. Asfura llegó a firmar un acuerdo provida con la Confraternidad Evangélica de Honduras y orientó su discurso a la defensa de los valores tradicionales.

A pesar de estas querellas de orden ideológico, Hernández mantuvo buenas relaciones con su vecino Daniel Ortega, y los principales líderes de la oposición nunca dejaron de acudir a las reuniones a puerta cerrada con el oficialismo. Poco después de una reciente reunión con Ortega en Managua, las autoridades hondureñas encarcelaron al candidato independiente y excapitán de las Fuerzas Armadas Santos Orellana, quien ganó notoriedad por denunciar el involucramiento de los militares en el narcotráfico. Existe un aproximado de 26 militantes asesinados entre el 23 de diciembre de 2020 y el 25 de octubre de este año.

Pero las elecciones no se focalizaron en contrastar alternativas para resolver estas y otras problemáticas urgentes que enfrenta el país. Por el contrario, buena parte de las campañas se basaron en la solicitud del «voto en plancha», en desprestigiar a las adversarias y los adversarios o, en el mejor de los casos, en proponer soluciones mágicas sustentadas en el cortoplacismo electoral. Para los grandes jefes de los partidos, sus clanes internos, sus fieles lugartenientes y quienes participan en sus redes clientelares –en particular, para los familiares y amigos de los candidatos–, lo esencial es ocupar un lugar en el sistema de negociaciones cupulares. Honduras es una suerte de democracia oligárquica.

Con todo, gran parte de la ciudadanía decidió ejercer su derecho al voto de manera pacífica. Aunque los caudillos tradicionales de los partidos políticos declararon ganadores a sus candidatos antes de tiempo, los competidores han respetado tácitamente los resultados. No se registraron mayores disturbios, protestas o conflictividad social similares a las conocidas en 2017. La calidad del espinoso avance democrático alcanzado está por verse en este país de tradiciones políticas autoritarias.

Por Daniel Vásquez*
3 diciembre, 2021

*   Daniel Vásquez es profesor de Teoría Política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Honduras.

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Honduras: pierde Taiwán, gana China y empata Biden

El resultado de la elección presidencial en Honduras se escenificó como planteé: 19 por ciento de ventaja de Xiomara Castro –aquí avancé 17 por ciento–, además de que “en medio de una vecinal ambientación hostil a los demócratas y más favorable al trumpismo, a Biden le conviene paradójicamente más el triunfo de Castro, pese a su mayor afinidad con China. De paso, Biden podría resarcirse del golpe de Estado teledirigido contra el ex presidente Manuel Zelaya, esposo de Castro (https://bit.ly/3phg9mi)”.

Más allá de la dicotomía que se maneja de un triunfo de la candidata Castro de "izquierda", no pocas veces banalmente reduccionista, mediante las trascendentales dicotomías geopolítica y geoeconómica se deducen hallazgos muy ilustrativos que colocan en su justa dimensión y su nueva correlación de fuerzas a la novedosa situación emergente que trasluce el abordaje multidimensional del país centroamericano, sin soslayar el reflejo de la lucha intestina entre Biden y Trump cuando los republicanos juegan en forma maximalista la carta migratoria para recuperar el control de la Cámara de Representantes y del Senado en 2022.

Honduras –asolado por la miseria (catalogado por el Banco Mundial como el tercer país más pobre de América Latina), el desempleo, la violencia, el narcotráfico y la perturbadora corrupción del gobierno posgolpista de 12 años de grave retroceso del Partido Nacional (gran aliado del PAN calderonista en México y del uribismo en Colombia)– en el año fiscal reciente fue el país latinoamericano que más migrantes envió a EU: 320 mil, casi 3 por ciento de la población total de Honduras, de más de 10 millones.

Si definiera en la clásica dicotomía topográfica de "izquierda-derecha" a la presidenta Castro, la colocaría como centroizquierda moderada y de apertura a la empresa privada, además del diálogo constructivo con EU, como refirió el ex presidente Manuel Zelaya, depuesto teledirigidamente por Obama/Biden/Hillary Clinton (https://bit.ly/3EcPjSB).

Deng Xiaoci y Wan Hengyi del Global Times, portavoz del Partido Comunista Chino, asientan que “los secesionistas de Taiwán, los injerencistas de EU sufren un ‘golpe severo’ en medio de una votación ‘masiva’ en la elección de Honduras (https://bit.ly/3pbqu3j)”.

Mientras la isla renegada de Taiwán sigue perdiendo adeptos en Centroamérica y ahora sólo contaría con 14 países en el mundo, a Honduras se le abre la oportunidad de la llegada de inversiones de los pudientes comunistas de China continental cuando EU prosigue su declive geoeconómico que le impide "ayudar" masivamente al "triángulo norte" de Guatemala/Honduras/El Salvador con el fin de frenar la masiva migración a la transfrontera de México y EU. Las inversiones chinas en Honduras ayudarían paradójica e involuntariamente a Biden, quien no ha sabido lidiar con esta inhumana situación. Desde el punto de vista geoeconómico, la derrota de Taiwán la deslegitiman humillantemente a escala universal, mientras la probable llegada de inversiones chinas aprovecharía logísticamente el singular atributo bioceánico de Honduras desde el golfo de Fonseca hasta el Puerto de Cortés.

Los pudientes comunistas chinos continentales resultarían vencedores con su política diplomática de "una sola China", mientras EU restañe sus heridas para invertir en su abandonada infraestructura que sacrificó, en aras de su globalismo neoliberal financierista. Desde el punto de vista geopolítico, hasta donde se sabe y se percibe, China no tiene ningún interés en colocar bases en Latinoamérica como las que ostenta ya EU en Colombia y Honduras.

Veo sumamente difícil que el gobierno de coalición de Castro/Salvador Nasralla modifique o desmantele la omnipotente presencia militar de EU que cuenta con una base aérea en Soto Cano/Palmerola, además de sus búnkers diplomático-militares.

Vale la pena señalar que la cotización de la divisa local, la lempira, se mantiene significativamente estable a 24.17 por dólar: un barómetro nada despreciable.

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La izquierda regresa al poder en Honduras para redimir las heridas del golpe de Estado de 2009

Xiomara Castro obtuvo una contundente victoria en las  elecciones 

Con más del 50 por ciento de los votos escrutados, la candidata por el partido Libertad y Refundación (Libre) le sacaba veinte puntos al oficialista Nasry Asfura, actual alcalde de Tegucigalpa que buscaba la presidencia por el Partido Nacional.

 

Honduras tendrá por primera vez en su historia una presidenta mujer. Xiomara Castro obtuvo una contundente victoria en las elecciones -ganó en diecisiete de dieciocho departamentos- y comienza a repararse la trágica herida abierta el 28 de junio de 2009, cuando militares entraban a su casa para exiliar en Costa Rica a su esposo, el entonces presidente José Manuel Zelaya Rosales, inaugurando la serie de golpes de Estado blandos que azotaría a Latinoamérica en este siglo XXI.

Con una participación histórica del 68 por ciento del padrón electoral, las y los hondureños se volcaron de forma masiva y desde muy temprano a los centros de votación, lo que terminó dándole la victoria a Xiomara por un 53,6 por ciento contra el 33,8 obtenido por Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional. Tercero quedó con 9 por ciento Yani Rosenthal -detenido hasta hace pocos meses en Estados Unidos por lavado de activos- del tradicional Partido Liberal.

Los nacionalistas que se instalaron en el gobierno posterior al Golpe y que se sostuvieron en el poder con elecciones poco transparentes terminaron convirtiendo a Honduras en un narco Estado. Tony Hernández, hermano del actual presidente Juan Orlando Hernández, condenado a cadena perpetua en Estados Unidos por narcotráfico a gran escala. Tan intocable se creía, que hasta le imprimía sus siglas TH a los paquetes de cocaína que producía. También está tras las rejas norteamericanas el hijo del ex presidente Porfirio Lobo Sosa, quien gobernó entre el 2009 y 2013.

Precisamente después del Golpe de Estado es cuando la figura de Xiomara, a pesar de su labor social como primera dama, comenzó a ganar protagonismo en las inmensas movilizaciones que se dieron por meses, donde todos los sectores -campesinos, estudiantes, feministas, profesores- se aglutinaron en el Frente Nacional de Resistencia Popular, germen del partido político Libre que Mel Zelaya fundaría al volver al país.

En el discurso donde se proclamó presidenta, Xiomara hizo hincapié en la necesidad de acabar con el narcotráfico, la corrupción, la miseria y el odio en Honduras, respondiendo a la campaña que en los días previos a las elecciones la buscó desprestigiar por supuesta comunista y por mujer. Además, prometió el uso de consultas populares para gobernar y revertir la prohibición a la pastilla anticonceptiva de emergencia, establecida después del golpe.

Por el lado del Partido Nacional, el único que habló fue David Chávez, actual diputado y candidato a la alcaldía de Tegucigalpa, quien -a pesar del resultado adelantado por el Consejo Nacional Electoral (CNE)- sostuvo que él ya era el ganador y que su compañero de partido Nasry Asfura -conocido como “Papi a la orden” (sic)- se estaría “convirtiendo en el presidente de todos los hondureños”.

Una de las mayores sorpresas de la jornada ha sido la probable victoria de Jorge Aldana, candidato a alcalde de Libre en la capital, un distrito donde los nacionalistas gobernaban desde hace treinta años. A pesar de que las encuestas previas marcaban como ganadora a Xiomara, se daba por sentado que Chávez retendría Tegucigalpa, pero él solito se tiró tierra encima cuando en el cierre de campaña subió al escenario en un estado de embriaguez -como mínimo- que se convirtió en meme, sobretodo después de justificarse diciendo que lo habían boicoteado poniéndole a su micrófono un delay como efecto de sonido.

En San Pedro Sula, la otra gran ciudad y polo económico de Honduras, Libre triplicó los votos del Partido Nacional, lo que le garantiza la alcaldía al hermano de un empresario dueño de una cadena de comidas que sobresalió por su rol social en medio de los huracanes que azotaron a la región a fines del año pasado. Además, es muy probable que Libre, en alianza con los diputados del partido Salvador de Honduras, obtenga mayoría un Congreso Nacional que renovaba el total de sus bancas.

Los desafíos: pobreza y crisis

El trabajo por delante que tendrá que afrontar Xiomara y su gabinete -asumen sus cargos a finales de enero- es enorme. Honduras es el segundo país más pobre del continente, con un 74 por ciento de pobreza. La crisis provocada por la pandemia de la Covid-19 y la nula reacción pública, sumado a los ciclones, significó el tiro de gracia para una población que desde 2018 huye en caravanas migrantes para buscar trabajo, seguridad y condiciones de vida más dignas.

Honduras ya no es el país bananero de antaño, hoy exporta mano de obra precarizada. Las remesas que envían quienes viven en el exterior superan en valor al 20 por ciento del Producto Bruto Interno, convirtiéndose en el mayor ingreso económico que tiene el Estado y en el único ingreso que tienen muchas familias.

Honduras es también el segundo país con mayor tasa de embarazos adolescentes y donde solo se resuelven el 5 por ciento de las denuncias que llegan al Ministerio Público, cifra que se achica aún más -aunque suene imposible- cuando son casos de femicidios o asesinatos a miembres de la comunidad lgtbiq, periodistas, abogados o defensores de derechos humanos. Vale recordar que fue acá donde asesinaron en 2016 a Berta Cáceres, defensora de los recursos naturales. Sus hijas aún buscan justicia y que los autores intelectuales reciban su castigo. Quienes también reclaman el esclarecimiento de las muertes, son los familiares de los más de veinte asesinados en las protestas posteriores a las elecciones de 2017 por fuerzas del Estado, según declaró en su momento la Alta Comisionada por los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet.

Las tragedias por reparar son infinitas, pero aunque todavía no haya finalizado el escrutinio definitivo, lo que sí ya cambió es el humor de la población hondureña, que después de tantas noticias negativas, se volcó a votar primero, a auditar el recuento y a celebrar después por todos los barrios y poblados del país, hasta altas horas de la madrugada. “Voto masivo mata fraude” fue el slogan utilizado para incentivar a la gente a que emitiera su sufragio, más allá de los reparos que existían con un sistema electoral donde, por ejemplo, no hay segunda vuelta.

Por ley, el CNE tiene hasta un mes para dar un ganador definitivo, considerando las impugnaciones que se puedan interponer. Desde el lunes a las siete de la mañana que no se actualiza el conteo y, considerando la historia reciente, la gente comienza a impacientarse. Pero esta vez la victoria de Xiomara Castro y del partido Libre fue tan abrumadora, que no hay fraude posible que impida que una mujer de izquierda vaya a tomar las riendas del golpeado país centroamericano.

30 de noviembre de 2021

 

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Xiomara Castro ya festeja la presidencia.

Con el 40% de las actas escrutadas, la candidata de izquierda le saca casi 20 puntos al oficialismo

Los hondureños eligieron en las urnas al sucesor del presidente Juan Orlando Hernández, cuestionado por corrupción y cuyo partido sería desbancado tras 12 años del poder, al que llegó tras el "golpe blando" contra Manuel Zelaya.

En unas elecciones presidenciales que se desarrollaron sin mayores incidentes y con una importante participación en torno al 69 por ciento en Honduras, la candidata de izquierda Xiomara Castro, del Partido Libertad y Refundación (Libre), resultaba vencedora por casi 20 puntos de diferencia, de acuerdo a los primeros resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE). Los resultados preliminares, que se demoraron casi una hora generando malestar en la población, le otorgaban a Castro  53,5 por ciento de los sufragios frente al 34 por ciento del candidato del Partido Nacional (PN) gobernante, el alcalde de Tegucigalpa, Nasry Asfura, con el 40 por ciento del total de las actas escrutadas.

Los primeros resultados oficiales coinciden con casi todos los boca de urna, que le daban a Castro una ventaja que se extendía hasta los 15 puntos de diferencia de acuerdo a la encuestadora LeVote. Ambos candidatos, que partían como favoritos a quedarse con la presidencia, se proclamaron ganadores antes de que se conozcan los resultados definitivos, que podrían llevar días en anunciarse. Los hondureños eligieron en las urnas al sucesor del presidente Juan Orlando Hernández, cuestionado por corrupción y cuyo partido sería desbancado tras 12 años en el poder.

Buena participación y tirón de orejas a los candidatos

Los comicios, en los que participaron 14 partidos y doce candidatos presidenciales, fueron observados por más de 400 enviados especiales de la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y expresidentes latinoamericanos. No hubo "incidentes que lamentar" y participaron más de 3,2 millones de los 5,1 millones de votantes habilitados para votar, indicó Kelvin Aguirre, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Aguirre pidió a los candidatos presidenciales no declararse ganadores hasta que el CNE divulgue los resultados oficiales de las elecciones, las undécimas consecutivas desde 1980, cuando el país retornó al orden constitucional. Pero unas tres horas antes de que se cerraran las mesas de votación, los partidos Libre y Nacional daban como ganadores a sus respectivos candidatos.

El gesto de Castro y Asfura generó la inmediata reacción del CNE y la OEA. "Ayudémonos todos a salir bien de este proceso electoral, el pueblo merece actuar con tranquilidad y prudencia hasta que se produzca el resultado final", reclamó la magistrada del consejo electoral, Rixi Moncada, al anunciar el comienzo del escrutinio. Asimismo, la misión de la OEA exhortó "a los candidatos y actores políticos a que tengan una actitud responsable y eviten proclamaciones y pronunciamientos anticipados", mientras que la coordinadora residente de la ONU en Honduras, Alice Shackelford, exhortó a los actores políticos a "mantener la calma".

La masiva afluencia de votantes registrada en la capital hondureña se repitió en varias ciudades y municipios del país centroamericano. De hecho, los colegios electorales lucían repletos desde la primera hora del domingo. Xiomara Castro votó por la mañana en la ciudad de Catacamas, departamento de Olancho, en el este del país, y exhortó a sufragar de forma masiva. "Tengamos paz, no atendamos provocaciones, sabemos que van a intentar provocar al pueblo, hay desesperación, especialmente de aquellos que han estado gobernando estos 12 años", expresó.

Antes de votar en Tegucigalpa, Nasry Asfura, quien fue acusado en 2020 de malversar fondos públicos, nombrado en los Pandora Papers y vinculado al tráfico de influencias en Costa Rica, abogó por destacar la participación popular. "Lo que el pueblo hondureño quiere al final es el respeto", declaró Asfura y agregó, acaso abriendo el paraguas de lo que vendría luego: "Debemos, como caballeros y como hombres, aceptar las cosas, pero hasta que se cuente el último voto".

Por su parte el presidente Juan Orlando Hernández, luego de emitir su voto en su municipio natal de Gracias en el oeste de Honduras, manifestó: "Estoy optimista con los resultados, yo recibí al país más violento en la faz de la tierra, ya no lo somos, nos entregamos un país quebrado y dejamos un país con unas finanzas robustas". Ortega logró la reelección cuatro años atrás en unas polémicas elecciones en las que enfrentó a un candidato de una alianza coordinada por el exmandatario Manuel Zelaya (2006-09), esposo de Castro, pese a acusaciones de fraude de la oposición y de observadores, lo que desató una ola de protestas y represión estatal que dejó una treintena de fallecidos.

"Hemos experimentado este gobierno por 12 años y hemos ido de mal en peor. Tenemos la expectativa de algo nuevo", consideró el comerciante Luis Gómez. "Esperemos que no haya violencia. Independientemente de quien gane, todos somos hondureños y tenemos que respetarnos unos a otros. Lastimosamente no entendemos eso", dijo por su parte Leonel Peña, un carpintero de 57 años, tras votar en el barrio de Nueva Suyapa, periferia de la capital.

Castro, quien asegura promover un "socialismo democrático" con una agenda progresista, ha sido tildada de comunista por sus rivales más reaccionarios, y ese discurso ha calado hondo en una parte de la sociedad. "Muchas características de Venezuela las quieren traer aquí a Honduras y no las aceptamos", decía Rosa Díaz, una ama de casa de 26 años que votó por Asfura porque cree que "es diferente". "¿Cuál comunismo, si aquí en Honduras el que no trabaja no come? Yo nunca he vivido por un partido", replicaba por su parte Guadalupe Rodríguez, una vendedora ambulante de comida de 54 años.

Jornada tranquila pese a los temores

Aunque existe un alto nivel de desconfianza hacia la política y muchos hondureños temen que vuelva a haber violencia gane quien gane, la jefa de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, Zeljana Zovko, destacó que la jornada se desarrolló en un ambiente "tranquilo" y que la afluencia a los centros de votación fue "alta". Por su parte Estados Unidos envió al jefe de su diplomacia para América latina, Brian Nichols, a reunirse con los candidatos: no quiere que una nueva crisis aliente aún más las olas migratorias que constantemente llegan de Centroamérica.

Durante la jornada se registraron algunas denuncias de irregularidades como la caída del sitio web del CNE, el cierre temporal de al menos un centro de votación y una demora en la apertura de las mesas. Horas más tarde, el portal volvió a estar en funcionamiento y accesible al público, aunque el comité electoral prometió investigar lo sucedido.

Medios locales reseñaron también el cierre temporal por parte de las Fuerzas Armadas de un colegio electoral en Tela, en el departamento norteño de Atlántida, debido al movimiento ilegal de un escáner de huellas digitales, un sistema de identificación biométrica que se utiliza por primera vez en el país.

Además del nuevo presidente, los hondureños también debían elegir a los 128 miembros del Congreso Nacional y 20 representantes del parlamento centroamericano. Los resultados de estos comicios serán definitivos, ya que en Honduras no hay posibilidad de ballotage y se consagra presidente el candidato que más votos obtenga en una única vuelta.

Los temores de fraude y los reportes de al menos 31 muertos como parte de la violencia política en esta campaña avivaron las tensiones, mientras el país experimentó un salto del desempleo de 5,7 por ciento en 2019 a 10,9 por ciento en 2020, según la Universidad Nacional Autónoma, y tiene al 59 por ciento de sus diez millones de habitantes sumidos en la pobreza.

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La jefa de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE), la eurodiputada portuguesa Isabel Santos, este martes 23 de noviembre en Caracas. — Miguel Gutiérrez / EFE

La jefa de la misión, la eurodiputada portuguesa Isabel Santos, ha asegurado que la participación de partidos de la oposición resulta "clave para reconstruir la vida política" del país.

 

La misión de observación electoral de la Unión Europea en Venezuela valora de forma positiva la participación de la oposición en los comicios regionales y municipales del país latinoamericano celebradas el pasado domingo. Sin embargo, destacan que aún existen "deficiencias estructurales". El chavismo ganó en 20 de los 23 estados con una abstención del 58%.

En la declaración preliminar de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE), destacan que "el proceso electoral mostró la persistencia de deficiencias estructurales, aunque mejoraron las condiciones electorales en comparación con las tres elecciones nacionales anteriores".

La jefa de la Misión, la eurodiputada portuguesa Isabel Santos, ha asegurado en la presentación de esta declaración preliminar en Caracas que la participación de partidos de la oposición resulta "clave para reconstruir la vida política" del país.

En el texto, el organismo afirma que "el actual Consejo Nacional Electoral (CNE) se considera el más equilibrado de los últimos 20 años", pero también constatan un desigualdad de condiciones durante la campaña electoral. "El acceso privilegiado al combustible, así como el amplio uso de recursos del Estado, la entrega de bienes, como paquetes de alimentos, bombonas de gas o bombas de agua, afectaron a la igualdad de condiciones", señala el informe.

En cuanto a la cobertura de los medios de comunicación en la campaña han constatado que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tuvo mayor presencia. "La cobertura del partido gobernante fue dominante y  desproporcionadamente favorable en la televisión estatal, y muy significativa en las emisoras monitoreadas de radio y televisión privadas. [...] La presencia constante del vicepresidente del PSUV en los medios de comunicación estatales, en los cuales dirigió encendidos ataques contra opositores políticos, e incluso contra un rector del CNE, va en contra de los estándares internacionales
de cobertura imparcial de los medios de comunicación estatales durante los períodos electorales", apunta el texto.

Se señalan "importantes retrasos en la apertura y el cierre de las mesas electorales" y los observadores vieron la "instalación de dispositivos de control a los votantes por parte del PSUV (puntos rojos) en los 23 estados y en el distrito capital, a pesar de la prohibición explícita del CNE".

Isabel Santos celebró que se haya podido celebrar esta misión de observación, ya que es la primera que envía la UE en 15 años. "Tengo entendido que este ha sido también el resultado de un proceso de diálogo entre los actores políticos venezolanos. Todos los actores", ha afirmado.

Santos ha insistido en la importancia de que este informe preliminar "no puede ser objeto de instrumentalización política". "Combatiré cualquier intento interesado de interpretar esta declaración en favor de intereses partidistas", puntualizó.

Borrell también señala "deficiencias estructurales"  

El alto representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, también ha coincido celebrar las "mejores condiciones electorales" respecto a anterior comicios aunque destaca "deficiencias estructurales".

"Estas elecciones se han organizado en mejores condiciones electorales en comparación con los procesos anteriores, incluso a través de un Consejo Nacional Electoral renovado, considerado ampliamente como el más equilibrado de los últimos 20 años", ha afirmado Borrell en unas declaraciones recogidas por la agencia EFE.

Entre estas "deficiencias", Borrell destacó "la descalificación política arbitraria de los candidatos, el acceso desigual a los medios de comunicación y el uso desequilibrado de los recursos estatales durante la campaña electoral".

"La Unión Europea confía en que este trabajo puede contribuir a encontrar una solución a la crisis en Venezuela facilitando la celebración de unas elecciones creíbles, inclusivas y transparentes en todos los niveles en el futuro, incluido el nivel presidencial", concluyó.

23/11/2021 21:51

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Elecciones en Chile: Boric y Kast, proyectos antagónicos, pasan a ballottage

La nueva izquierda y la derecha reaccionaria

Por un estrecho margen ambos candidatos llegaron a la segunda vuelta. En tercer lugar irrumpió Franco Parisi, presidenciable que ni siquiera estuvo en Chile haciendo campaña.

 

Finalmente se despejó la incertidumbre electoral en Chile: Gabriel Boric representante de la nueva izquierda encarnada por el Frente Amplio junto al Partido Comunista y José Antonio Kast rostro de la ultraderecha más conservadora (Partido Republicano-Frente Social Cristiano) serán los candidatos de la segunda vuelta programada para cuatro semanas más, el 19 de diciembre. Dos proyectos políticos y formas de ver el mundo prácticamente sin puntos en común.

Con un 88,52% de mesas escrutadas, Kast obtuvo un 28% (1.725.653 votos) y Boric, 25,5% (1.573.004 votos). Una leve ventaja que para el candidato de la ultraderecha es sin duda un éxito considerando el 7,93% (523.213 votos) que obtuvo en las presidenciales de 2017. Algo que lo envalentonó en el discurso dado a sus adherentes en el barrio alto de Santiago a eso de las 22:00 horas donde agradeció a Dios, prometió mayor seguridad y luchar contra “el comunismo” y “el terrorismo”. Casi como siguiendo el guión de Bolsonaro y Trump. De momento, Sebastián Sichel, el candidato del oficialismo y favorito de Piñera que obtuvo apenas 12% lo felicitó y aseguró estar abierto a conversar con él.

Boric, que ya obtuvo el apoyo inmediato del Partido Socialista y Marco Enriquez Ominami (que quedó en sexto lugar con 7,6% en su cuarta aventura electoral), tomó la palabra más tarde, remarcando aún más la distancia con el populismo evangelista de esta versión de Kast. De hecho, partió diciendo que, a diferencia de su rival, él no quiere hablar mal de éste y que “la esperanza le ganará al miedo”.

“Hoy hemos recibido un mandato y una responsabilidad que es tremenda. Se nos ha encomendado liderar una disputa por la democracia, la inclusión, la justicia y el respeto a la dignidad de todos y de todas”, señaló visiblemente emocionado. “Tenemos que trabajar por la unidad de los demócratas. Quiero contagiarlos hoy día de energía y esperanza. Que se sienta esa energía y esperanza. Los resultados se siguen ajustando pero no va a ser la primera vez que partimos desde atrás. Lo hicimos cuando luchamos por la educación y no nos creían. Lo hicimos cuando rompimos el binominal. Lo hicimos para la junta de firmas, para la primaria. Y no me cabe ninguna duda que lo haremos para esta segunda vuelta con unidad. Pueblo de Chike: Vamos a ganar esta segunda vuelta.”.

Calor, colas y reordenamiento del Congreso

La jornada electoral estuvo marcada por el calor en la zona central. Cerca de 32 gratos y una alta radiación sumada a ciertos problemas de organización en los locales de votación, con zonas no habilitadas por protocolos Covid-19, generó malestar en los votantes que tuvieron que esperar en la calle lo que hizo que las mesas cerraran mucho más tarde que a las 18:00 horario donde generalmente se estaban cerrando los locales se votación. Sumémosle las cuatro papeletas que además de la presidencial incluía senadores, diputados y consejeros regionales.

Aunque el conteo de senadores y diputados ha sido más lento (a las 22:00 sólo estaba el 40% de la mesas escrutadas) hay al menos dos conclusiones básicas: en la Cámara baja hay una mayoría de izquierda con 35 integrantes del conglomerado Apruebo Dignidad, 35 de Nuevo Pacto Social, 3 de Dignidad Ahora y 3 del Partido Ecologista Verde. La derecha, tendría ya 56 integrantes bajo el conglomerado Chile Podemos + y el Frente Social Cristiano 14.

En la Cámara Alta, hay 24 senadores de Chile Podemos + más uno del Frente Social Cristiano frente a 18 del Nuevo Pacto Social y 5 de apruebo Dignidad. Un mapa que quedará más claro conforme avance el escrutinio.

Sin embargo se abren serios interrogantes. El principal: ¿Cómo un país que, hace apenas dos años, tuvo un estallido donde más de un millón de personas salió a la calle para protestar contra el modelo neoliberal heredado de la dictadura tiene como primera mayoría a un pinochetista declarado como Kast?

Además está el inesperado tercer lugar de Franco Parisi con 13% (802.212), un economista libertario, anti-elite, que hizo toda su campaña desde EE.UU. (se conoció hace un par de meses una orden de arraigo por el no pago de pensión alimenticia) sin figurar en encuestas y desplazando al favorito del oficialismo (y del presidente Sebastián Piñera), Sebastián Sichel (12,6%) y a la DC, Yasna Provoste (11,8%), la candidata de la centroizquierda con los partidos de la otrora exitosa Concertación que gobernó al país por veinte años desde el retorno a la democracia: Partido Socialista, Partido por la Democracia y Partido Radical. Justamente un conglomerado que la generación de Boric buscó desplazar primero en las grandes protestas estudiantiles de 2011 y luego en el Congreso a través del Frente Amplio que agrupaba a los partidos jóvenes de una nueva izquierda. Casi testimonailemente, el profesor representante de la izquierda más dura, Eduardo Artés un 1,5%.

La amenaza ultraderechista

Sólo hay una cosa que a Kast le molesta más que le digan “José”, omitiendo el “Antonio” (contrariando una costumbre arraigada en la clase alta chilena, como le hizo ver Boric en los debates televisados): que lo llamen ultraderechista y pinochetista.

Sin embargo, hay demasiada evidencia que demuestra lo contrario: su programa propone achicar el estado, perseguir a disidentes políticos, cerrar el Instituto de Derechos Humanos junto al Ministerio de la Mujer y achicar el Estado sin profundizar bien de qué manera lo haría. También ha defendido públicamente el legado económico de Pinochet, se ha reconocido amigo del bestial militar Miguel Krassnoff (con cerca de 700 años de condena por diversos asesinatos y violaciones de DD.HH.), se opone al aborto, al matrimonio homosexual y, como si esto no fuera poco, defiende al rodeo y justifica la militarización de la Araucanía.

“Creo que hay varios factores que inciden en el alto nivel de preferencias obtuvo Kast”, señala Mariana Ardiles Thonet, integrante de la Red de Politólogas y docente de la Universidad de Chile. “Tradicionalmente en el país, la gente señala que la primera preocupación del gobierno debería ser la seguridad y los delitos”. Esto se grafica, dice la académica, en la encuesta CEP que sólo tras el Estallido Social, en la medición de diciembre de 2019, aparecieron en los primeros lugares temas ligados a derechos sociales, pero ya en 2021 volvió a aparecer el problema de la seguridad. “Y ese es exactamente uno de los principales temas de Kast. Él tiene una agenda de orden, de mano dura, de crear más cárceles, de criticar la situación de la Araucanía y de frenar la inmigración. Creo que esas ideas le resultan atractivas a un sector de la ciudadanía que resiente el estallido social, y que además tiene temor en el actual contexto de incertidumbre política y de crisis económica, ligada a la pandemia”.

Para el científico social y economista Ramón E. López que Kast lidere la primera vuelta es, sin dudas una mala noticia en un país que necesitaba cambios radicales y urgentes. “Es algo terrible. Chile es un país en la búsqueda de su propia destrucción y la tendrá. Una amiga me dice que esto es un Síndrome de Estocolmo: el pueblo apañando a aquellos los están abusando y empobreciendo. Un país con la desigualdad social y destrucción ambiental que ocurre en Chile no tiene buen fin. Este es un sistema social y ambientalmente insostenible. Un país que se da el lujo de regalarle miles de millones de dólares a los explotadores de sus recursos naturales y a la oligarquía dueña de los monopolios que asfixian a consumidores y pymes, no puede tener un buen vivir. En fin, la historia lo dirá claro, pero cuando ya sea demasiado tarde”.

Sobre la irrupción de Parisi para Ardiles tiene que ver conque ese tipo de candidatos logra atraer a un electorado que rechaza a los partidos y la política tradicional, que ve la independencia de estos espacios como una virtud per sé. “En Chile es muy alto el rechazo a los partidos y al Congreso, y la gran mayoría de las personas dice no identificarse con la izquierda ni con la derecha. Parisi se plantea como algo distinto a la élite y critica la idea de "los poderosos", trata de mostrarse en una relación directa con la gente, en una lógica neopopulista. Probablemente esto ha contribuido a su nivel de apoyo, pese a que resulta insólito que haya hecho su campaña sin estar en el país”.

La esperanza de Boric

A sus 35 años Gabriel Boric acumula una enorme experiencia política desde la vereda de la dirigencia estudiantil en la escuela de derecho de la U. de Chile para luego convertirse en diputado por el extremo sur de Chile, desde donde llegaron sus ancestros desde Croacia. Hábil en lograr acuerdos —aún a riesgo de ser criticado por su propio sector político— fue clave en articular el Acuerdo por la Paz en noviembre de 2019 allanando el camino para el plebiscito que finalmente aprobaría el cambio de Constitución un año después. Su programa está centrado en un cambio del modelo neoliberal a través de una matriz productiva tecnológica y científica (más allá del clásico modelo exportador de cobre y salmón que ha caracterizado al país), revisar las brechas en la distribución del ingreso y establecer el feminismo, el medio ambiente y la salud mental como prioridades de un Estado “cuidador”. Para López, el programa económico de Boric “debe mantenerse en una posición de izquierda. Por muchas volteretas que se de hacia el centro y la derecha no le va a resultar. Mejor caer con dignidad q arrodillarse ante la oligarquía”.

Ardiles dice que es muy difícil saber qué va a pasar en la segunda vuelta. “Tradicionalmente vota menos gente que en la primera vuelta. Parisi tiene una alta votación pero con un discurso antipartidos, antipolítica y no necesariamente todos sus votantes participarán en segunda vuelta. Sin embargo, creo que Kast podría atraer a parte de ese sector”.

Y concluye: “Estos resultados muestran una vez más la volatilidad del electorado chileno. También muestran el peso de la agenda de orden y seguridad que representa Kast, a pesar de que sus propuestas son contrarias a agendas progresistas que se han discutido bastante últimamente (aborto, matrimonio igualitario, alzas de impuestos, reforma policial, etc.). Kast además ya tiene el apoyo de Renovación Nacional. Otro aspecto que se ve en esta elección, y que se confirma una vez más, es el fin de la ex Concertación, que fue el conglomerado que gobernó Chile por 20 años tras el retorno de la democracia. Por último, el resultado muestra una segunda vuelta incierta, y que Boric, si bien ya tiene el respaldo del Partido Socialista, tiene un desafío muy grande para sumar apoyos desde el centro y la centro izquierda”. 

22 de noviembre de 2021

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¿Por qué puede volver a ganar el chavismo en Venezuela?

Nicolás Maduro busca ganar legitimidad en los comicios regionales del 21 de noviembre demostrando que la oposición no puede triunfar ni siquiera en unas elecciones con más garantías que las celebradas en los últimos años y con observación internacional. Las divisiones en el bloque antigubernamental explican en parte este panorama.

 

El 21 de noviembre se celebrarán en Venezuela las elecciones regionales en las que se renovarán los poderes estatales y locales (gobernaciones y alcaldías), así como los respectivos órganos legislativos de cada uno de ellos. Estas son quizás las elecciones con más garantías en casi una década. Se trata, claro, de garantías mínimas que no implican compromisos a posteriori por parte del gobierno, que maneja el Estado de modo absoluto (aunque no menos caótico). No se sabe si el gobierno de Nicolás Maduro respetará los resultados ni si, ante una derrota, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) recurrirá nuevamente a la creación de instancias fácticas y paralelas de gobierno, llamadas «protectorados», como una forma de desconocer la elección en los hechos. Los «protectores», vale la pena aclararlo, son funcionarios designados de forma directa por el presidente en aquellas regiones donde perdió el PSUV. Ellos usurpan la función de recibir y administrar de forma directa los fondos del gobierno regional para la ejecución de obras públicas a través de ministerios y entes estatales destinados a la atención social.

De acuerdo con referencias del propio Consejo Nacional Electoral, «un total de 70.244 candidatas y candidatos optarán por los 3.082 cargos de elección popular en disputa durante las Elecciones Regionales y Municipales 2021 (…) La máxima autoridad del Poder Electoral detalló que 329 candidatos y candidatas fueron inscritos para optar por las 23 gobernaciones; mientras que 4.462 candidatas y candidatos fueron postulados para las 335 alcaldías; y 65 mil 453 por las asambleas legislativas y concejos municipales».

Para el chavismo, como para cualquier organización política con vocación de poder, las elecciones han sido desde sus inicios un gran acontecimiento. Desde 1998 –cuando decidió renunciar al abstencionismo como forma de catalizar el descontento– y hasta hoy, tras dos décadas de control casi absoluto del control estatal y social en Venezuela, el oficialismo se juega permanentemente no solo su permanencia, sino también su legitimidad y su eterna vocación y necesidad de reconocimiento ciudadano.

La legitimidad del chavismo fue revalidada casi cada año desde que Hugo Chávez accedió al poder. Desde 1999 hasta 2012, Venezuela asistió a procesos electorales en condiciones desiguales pero competitivas, que le permitieron a la oposición política acceder a distintas escalas de gobierno, algunas muy importantes, como las principales gobernaciones del país. Sin embargo, a partir de 2013 la situación cambió drásticamente. La ausencia del liderazgo carismático de Chávez, el posterior colapso de la economía por la contracción de los precios en el mercado petrolero, la corrupción masiva y altos niveles de endeudamiento sumieron a Venezuela en una crisis profunda que cambió radicalmente la disposición a la competencia que había mostrado hasta entonces el chavismo en el gobierno.

Desde la elección presidencial de 2013 en la que resultó elegido Nicolás Maduro, pasando por las elecciones de la Asamblea Nacional en 2015 –en las que la oposición obtuvo la mayoría por primera vez en casi dos décadas–, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente en 2017 y finalmente una nueva elección presidencial en 2018, la confianza en el poder electoral y la creencia en el voto como mecanismo para el cambio y la alternancia se han visto seriamente mermadas. A la manipulación del cronograma electoral según los vientos políticos fueran o no favorables al gobierno se suma la judicialización de la política. La inhabilitación de partidos y candidatos, la persecución y la represión son acompañadas del uso clientelar y del control social a partir de los recursos del Estado. La venta de alimentos subsidiados y viviendas de bajo costo ha sido parte de los mecanismos mediante los cuales el chavismo ha logrado mantenerse en el poder, a pesar de enorme rechazo que encuentra en la población y de la vocación de cambio y alternancia que manifiesta gran parte de la ciudadanía.

El autoritarismo electoral como método es solo una extensión de lo que ha sido desde sus inicios una forma de administrar el poder y el gobierno. Durante casi dos décadas, el chavismo ha tenido la oportunidad de concurrir a elecciones modificando normas y reglamentos, pero además contaba de hecho con el favor de las mayorías, por lo que, hasta 2012, se conservaban al menos las garantías mínimas para cada proceso.

La debacle de la institución electoral en las últimas dos décadas es fundamentalmente responsabilidad del gobierno. Pero también ha contribuido a ella parte de la oposición –particularmente los partidos tradicionales, las nuevas organizaciones e incluso los medios de comunicación–. Desde muy temprano, el involucramiento de un sector opositor en conspiraciones y golpes de Estado, el uso de la abstención como estrategia y hasta la promoción de una intervención militar extranjera han evidenciado la responsabilidad que la oposición ha tenido en el desprestigio del voto, además de su falta de vocación por participar en luchas concretas que pudieran restablecer la autoridad de los procesos electorales.

En momentos importantes como las elecciones regionales de 2017, la presidencial de 2018 y las convocadas para la Asamblea Nacional en 2020, la oposición política agrupada en el G4 –Acción Democrática (AD), de Henry Ramos Allup, Primero Justicia (PJ), Voluntad Popular (VP) y Un Nuevo Tiempo (UNT)– ha optado por abstenerse, lo que le ha implicado un enorme retroceso en términos de acceso a los espacios de poder efectivos: el poder local, las alcaldías, las gobernaciones y las bancas en el Parlamento.

Si bien es cierto que la judicialización de la política y la represión del Estado han tenido un fuerte impacto en la dinámica de las organizaciones políticas, también es evidente que estas organizaciones carecen de liderazgos sólidos y coherentes, así como de programas de acción política que vayan más allá de desplazar al chavismo del poder. Como esta ha sido casi su única oferta en casi dos décadas, al no lograrlo han producido una enorme frustración en sus bases, que se han visto seriamente afectadas por la crisis económica, la migración masiva y la represión del Estado.

No obstante, durante los últimos seis meses, el gobierno de Maduro ha permitido ajustes importantes en el poder electoral y ha otorgado concesiones que son, en realidad, políticas que mandata la ley en cuanto a nombramiento de dos rectores principales no vinculados al gobierno, la actualización del registro electoral, el levantamiento de inhabilitaciones a algunas figuras y candidaturas claves de la oposición, como la Mesa de Unidad Democrática, y por último, el permiso de observación electoral por parte de actores internacionales como la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y hasta el Centro Carter. 

A pesar de ello, la situación de la oposición es tan precaria que podría obtener los peores resultados en su larga historia de enfrentamiento al chavismo. La fragmentación y la falta de coherencia interna, la ausencia de programas y propuestas, junto con la carencia de un discurso responsable que asuma los errores cometidos y coloque la posibilidad de votar y elegir democráticamente como la ruta en la que hay que persistir, encuentran a la oposición agrupada en el G4 en su peor momento. Y esto sucede justamente ante la primera oportunidad en que la población venezolana tiene, después de casi una década, para manifestar su descontento y su voluntad de cambio democrático sin violencias.

De cara a los resultados del proceso, las expectativas de la oposición son más bien modestas. Se espera que al menos puedan conservar las regiones que hoy gobiernan, como el fronterizo estado Táchira, aunque la división opositora puede poner en peligro esta plaza que pasaría a manos del actual «protector» Fredy Bernal, un ex-policía con amplia trayectoria en el chavismo. La oposición también tiene la posibilidad de conservar la región insular de Nueva Esparta y el estado de Mérida, así como de recuperar el estado Zulia, también fronterizo y otrora importante región productiva y petrolera. Recientemente, aparece en disputa el estado de Vargas (renombrado La Guaira en 2019), en el que los fraccionamientos y diferencias en el chavismo podrían terminar favoreciendo al candidato opositor, el joven médico José Manuel Olivares de Primero Justicia, quien hasta hace un par de meses se encontraba en el exilio.

Habrá que observar con atención cómo quedan conformados los consejos legislativos y estadales, así como los gobiernos locales, para poder caracterizar mejor cuánto se desplazan o no las fuerzas políticas vinculadas al gobierno que hoy controlan casi la totalidad de estos poderes.

En este punto, el gobierno venezolano no tiene ninguna necesidad de intervenir en los resultados electorales, dada la enorme debilidad y la dispersión en el interior del campo opositor. La muy probable victoria del PSUV y los partidos aliados se constituirá de facto en una legitimación del régimen autoritario de Maduro, que será además validado por la comunidad internacional que ha decidido participar con misiones de observación.

Tras las elecciones, puede esperarse una reestructuración a mediano y largo plazo en el interior de los partidos de oposición y la emergencia de nuevas organizaciones sociopolíticas que puedan llenar el vacío en términos programáticos y de acción colectiva para reconectar y movilizar a la población en favor de un cambio democrático.

El mayor dilema para Venezuela, que deberá enfrentar una vez pasadas las elecciones, es si esta oposición será realmente capaz de reconstruir y proponer, de forma clara y sin atajos, una ruta para recuperar realmente la democracia en Venezuela. A pocos días de las elecciones, parece poco probable que estas fuerzas sean las protagonistas del cambio. Esa transformación, tan anhelada por la inmensa mayoría ciudadana, deberá esperar todavía un poco más. 

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