El panorama del derecho al aborto en Colombia

En Colombia mueren aproximadamente 70 mujeres al año por tener que someterse a abortos inseguros, 136.000 requieren atención medica post aborto, siendo la tercera causa por muerte materna en Colombia. Aun así, la decisión de la despenalización está en manos de 9 magistrados y en espera de respuesta de un impedimento presentado por uno de ellos, frente a una situación que incumbe a millones de mujeres.

 

En Colombia se estima que el 44% de los embarazos no planeados terminan en un aborto inducido (Allan Guttmacher Institute -AGI, 2010). El grupo de mujeres más afectadas son jóvenes, de zonas rurales, pobres y deslazadas. Es la tercera causa de mortalidad materna en Colombia, lo que corresponden al 16% según el Ministerio de la Protección Social (2004). De acuerdo a un estudio de la OIM (2008) 70 mujeres mueren anualmente en Colombia por tener que someterse a procedimientos riesgosos.

Aproximadamente cada año, un total de 132,000 mujeres sufren complicaciones debido al aborto inducido practicado en condiciones clandestinas y riesgosas. La proporción de mujeres que sufre complicaciones y son atendidas en un centro de salud depende de su lugar de residencia y de su condición socioeconómica, siendo las mujeres de las zonas rurales las que menos atención reciben, un 53%, mientras que en las zonas urbanas es un 24% de mujeres pobres que no reciben atención postaborto en instituciones de salud.

En Colombia existe la sanción C355 de 2006 que permite el aborto bajo tres causales: cuando la continuación del embarazo constituya peligro para la vida o la salud de la mujer, certificada por un médico; cuando exista grave malformación del feto que haga inviable su vida, certificada por un médico; cuando el embarazo sea el resultado de una conducta, debidamente denunciada, constitutiva de acceso carnal o acto sexual sin consentimiento, abusivo o de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas o de incesto.

Sin embargo, en cuanto al reconocimiento del aborto como un derecho que respeta la libre decisión, la equidad, la vida, más allá de las tres causales de la sanción C355, lo que se busca es la legalización y reconocimiento del aborto como un derecho que debe ser reglamentado e implementado por el Estado, y no solo sacarlo del código penal, lo que es importante, pero la exigencia de este derecho también debe contener la implementación de educación sexual, acceso a los anticonceptivos y disposición para procedimientos seguros en las entidades prestadoras de salud para abortar.

La sentencia C355 de 2006 sigue permitiendo el lucro a los servicios de abortos clandestinos e inseguros que pone en peligro la vida de muchas mujeres. El pasado 18 de noviembre la Corte Constitucional retomó la discusión sobre la despenalización del aborto debido a las dos demandas interpuestas, una de ellas por la organización Causa Justa que congrega 45 organizaciones feministas y defensoras de los derechos de la mujer.

Actualmente, la Corte se encuentra compuesta por 9 magistrados de los cuales se sabe que 5 están de acuerdo con la despenalización y los otros 4 no. Se conoce que las ponencias a discutir en la Corte fueron presentadas por los Magistrados Antonio José Lizarazo y Alberto Rojas Ríos. Sin embargo, se presentó un impedimento por uno de los magistrados por lo que se debe esperar la respuesta de un conjuez que posiblemente dé su veredicto este mes lo que permitiría retomar la discusión sobre la despenalización del aborto en dicho órgano judicial.

La despenalización sería un gran avance, pero es importante ir más allá y exigir que se legisle sobre su implementación, legalizándolo, y así reconocer el aborto como un derecho que debe garantizar el Estado. No obstante, no se puede obviar el avance de la iglesia, la ultraderecha y la derecha quienes vienen presionando a la Corte Constitucional para que no despenalice el aborto.

Ejemplo de lo anterior, es la cita de la revista la Silla Vacía que publicó recientemente un estudio de la Universidad Externado en el que afirma que “solo entre el 2 y 3 de octubre la Corte recibió 1.672 correos anónimos exactamente iguales que dicen que la despenalización es facultad del Congreso y no de un órgano judicial”, siendo su objetivo que la Corte no despenalice el aborto y no por alguna cuestión democrática. Este medio también afirma que esta estrategia se hizo mediante una convocatoria de la organización “Unidos por la Vida”, que tiene conexión con “CitizenGo”, que a su vez es filial de la española “Hazte Oír”, organizaciones con presencia mundial, llamados grupos de presión, católicos y de derecha, que buscan no permitir que avance el reconocimiento de derechos para las mujeres, los pobres, los migrantes y otros grupos oprimidos por el capitalismo.

De igual manera el partido de gobierno Centro Democrático de Iván Duque es en general una de las organizaciones políticas que más miembros tiene en estos grupos internacionales de presión, varios de sus funcionarios como los del Ministerio de Salud y el de Justicia, y la misma Procuradora Margarita Cabello se han manifestado en contra de la despenalización. Incluso este año en el Congreso se conformó una “bancada Provida” con 23 parlamentarios de los partidos Conservador, Centro Democrático, Colombia Justa Libres, Cambio Radical y Decentes, de las tendencias de ultra derecha, derecha, y progresismos.

Para las próximas elecciones ningún partido ni candidato a congreso o a presidente se ha pronunciado ni puesto en su agenda el derecho al aborto y la salud sexual y reproductiva, pero ya se sabe la posición de la mayoría de los partidos como los indicados más arriba, que se oponen tajantemente al derecho al aborto. Para Gustavo Petro, progresista y el más probable candidato por la alianza Pacto Histórico tienen una posición cerrada de “aborto cero”, su coalición con el pastor evangélico Alfredo Saade como precandidato presidencial por la alianza de Petro deja clara su simpatía con la posición de Saade frente al derecho al aborto, sumándose a toda la ola reaccionaria contra este derecho fundamental de las mujeres.

Luis Carlos Galán del Partido tradicional liberal se hace a un lado y argumenta que son las mujeres las que deben abordar el tema porque se trata de la soberanía sobre sus cuerpos. En cuanto a Alejandro Gaviria quien por venir de la carrera académica se creía de pensamiento más progresista parece no tener en ningún punto del programa el derecho al aborto. El único que se manifestó a favor de la despenalización y la implementación fue Sergio Fajardo.

Lo anterior indica que no hay que esperar a que los políticos que aspiran a la presidencia tengan en su agenda los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Colombia, y que hay que conquistarlos en las calles. Pero hay que dar un vistazo a las organizaciones y como vienen avanzando. Se pueden reconocer en Colombia varias organizaciones de mujeres cuyo eje es en algunos casos la paz, la etnia, la educación, entre otras, no necesariamente todas estas organizaciones se suman a la lucha por el derecho al aborto. Algunas de las que estuvieron dentro del grupo que presentó las demandas interpuestas a la Corte Constitucional y que se agruparon con Causa Justa son La Mesa por la Salud y la Vida de las Mujeres, el Centro de Derechos Reproductivos, Profamilia, Católicas por el Derecho a Decidir Colombia y Dejusticia.

En cuanto a las organizaciones obreras, juveniles, las movidas barriales y las batucadas feministas surgen apoyando los espacios de movilización y protesta en pro del derecho al aborto. Está también el gremio docente que se moviliza por causas como el 25N, aunque no hay un apoyo abierto como organización al derecho al aborto. En zonas más conservadoras del país prefieren ser las organizaciones identificadas como movimientos de mujeres mas no feministas, hay temor a las ideologías por la estigmatización que puede surgir y fuertes creencias morales y religiosas aun influyentes.

Es necesario nuclear todas esas luchas que muchas compañeras están llevando en sus barrios y localidades, en sus lugares de trabajo y de estudio, para hacer más fuerte, visible y organizada la lucha por los derechos de las mujeres, seguir el ejemplo de la marea verde de las compañeras argentinas y fortalecer la presencia en las calles y conquistar en Colombia el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito.

Begonia D.Corresponsal en Bogotá

Domingo 5 de diciembre

Publicado enColombia
¿Por qué el capitalismo no le teme a las distopías?

Entrevista a Francisco Martorell Campos

Lejos de sentirse perturbado por las críticas y las imágenes distópicas, el capitalismo las impulsa y utiliza como carburante. En un contexto desprovisto de alternativas, el sistema no siente ninguna amenaza. ¿Por qué las izquierdas parecen incapaces de construir ideas de futuro en un mundo neoliberalizado? Francisco Martorell Campos, autor de Contra la distopía, lo analiza en esta entrevista.

Tras defender la necesidad de reinventar la utopía en Soñar de otro modo, el ensayista español Francisco Martorell Campos acaba de publicar Contra la distopía (La Caja Books), un texto que destapa, desde una óptica de izquierdas, las inconsistencias teóricas y las contrariedades políticas de las narraciones distópicas. Combinando la crónica periodística, la teoría cultural, la observación sociológica de la actualidad y el análisis de un gran número de obras literarias y cinematográficas, Martorell traza un mapa del territorio sin concesión alguna. 

¿Hasta qué punto la distopía es el reverso menos amable de la utopía?

La frontera entre utopía y distopía es porosa. No tratamos con polos opuestos o excluyentes. En toda utopía habita una distopía potencial, sea porque la civilización que retrata posee rasgos susceptibles de desembocar en el totalitarismo o porque el lector tiene una tabla de valores diferente y experimenta desagrado ante ella. También pasa al contrario, que en toda distopía palpita una utopía implícita, inferida de la negación o reformulación del orden sociopolítico descrito. Además de estas convivencias casi siempre involuntarias, existen distopías diseñadas ex profeso para albergar impulsos utópicos y conatos esperanzadores. Son las denominadas «distopías críticas», protagonizadas por colectivos subversivos que combaten en el porvenir a regímenes inhumanos de índole fundamentalista y/o capitalista, a veces con éxito. En cualquier caso, no creo que la utopía sea por obligación más amable que la distopía. A fin de cuentas, la utopía nace de la misma certidumbre que la distopía: la de que el mundo apesta. Sin esta constatación pesimista, no hay utopía que valga. Utopías como Los desposeídosLa mujer al borde del tiempo y Marte verde no son ejemplos de amabilidad o candidez que digamos, cualidades que sí son achacables a muchas distopías.

¿Cuánto de verdad contienen las distopías?

A mí me gusta analizar la distopía desde dos ángulos. En el primero, aparece como un diagnóstico deliberado y desencantado sobre la civilización, el progreso y el ejercicio del dominio. Por regla general, las tesis «verdaderas» de dicho diagnóstico conviven con apreciaciones inexactas. Contemplada desde el segundo ángulo, la distopía aparece igual que los demás artefactos culturales: como un síntoma de las contradicciones no resueltas del sistema en un momento dado. Eso sucede, por ejemplo, cuando el relato confiere el don de la resistencia a un individuo solitario, o cuando afea el acto revolucionario o identifica la emancipación con el regreso a la naturaleza, o cuando opone de manera tajante realidad y apariencia, libertad e igualdad, humanidades y tecnología, sentimiento y razón. En este ámbito, también se puede decir que la distopía expresa verdades. Verdades, claro está, enunciadas inconscientemente y formadas por contenidos de la ideología dominante. 

¿La distopía pone en entredicho al sistema capitalista o lo corrobora?

En tanto que género, la distopía no acostumbra a preconizar el fin del capitalismo, sino a justificarlo. Cuantitativamente, siempre ha sido mayor el montante de relatos distópicos que demonizan regímenes inspirados en el socialismo: relatos confeccionados para que la gente se asuste de los proyectos izquierdistas de transformación y asuman sin rechistar los valores liberales y/o conservadores (la libertad del individuo, la familia, la intimidad, la tradición y demás). Es verdad, no obstante, que la distopía cuenta desde sus orígenes con una corriente anticapitalista relevante, y que a lo largo del siglo XXI ha aumentado el volumen de distopías dedicadas a reprobar al capitalismo. Pero, salvo excepciones como Jennifer GobiernoLa chica mecánica y títulos minoritarios como Sleep Dealer, la mayoría de aportaciones recientes no pueden tildarse de anticapitalistas en sentido estricto. Lo que de verdad patrocinan es el capitalismo con rostro humano, fantasía subyacente a Wall-E, 3%, Elysium, In Time, Ready Player One, El corredor del laberinto y otras muchas historias semejantes. A pesar de su talante moderado, el sentido común nos dice que tales producciones deberían alentar, por poco que fuera, la indignación y susceptibilidad hacia el sistema capitalista. No parece que sea el caso. Dado el gran impacto de las distopías citadas, los efectos contestatarios ya deberían notarse. ¿Alguien los nota? Yo no. Tal vez estas ficciones solo reafirman a los ya convencidos o despiertan la duda en personas puntuales, eventualidades insuficientes para hablar de una capacidad de politización y reclutamiento mínimamente significativa, que trascienda la adopción del atrezzo correspondiente en esta o aquella manifestación. Es importante reparar, asimismo, en que el aluvión actual de distopías que eligen al capitalismo como diana prospera en un contexto desprovisto de alternativas, neoliberalizado de arriba a abajo. Si nos atenemos a las evidencias, resulta obvio que al sistema no le hace daño ser desacreditado. Mientras sus oponentes se limiten a denunciarlo y no conciban nuevos modos de organización política que ilusionen a la gente, dormirá a pierna suelta. Lejos de sentirse perturbado por las críticas, el capitalismo las impulsa y utiliza como carburante. Su hegemonía es de tal envergadura que las absorbe, las procesa y, finalmente, las evacúa en forma de mercancía con la que entretener a las masas y conseguir pingües beneficios, eventualidades que cualquiera puede constatar si se fija, fuera de la distopía tal cual, en las paradojas acarreadas por El juego del calamar. Mark Fisher señaló a propósito de Wall-E que la ideología capitalista es hoy anticapitalista. Enzo Traverso me comentó durante una entrevista algo análogo a propósito de La casa de papel. Sospecho que ambos tienen razón, que en la situación reinante la crítica desprovista de alternativas colabora en la reproducción de lo criticado y nos acostumbra a prescindir de ideas para superarlo. 

¿Hay algo de masoquismo por esa querencia por las distopías tan en boga en series, libros, películas...?

Lo que a mi juicio padecemos es una autoindulgencia ilimitada, un placer obsceno en sentirnos los más desgraciados de la historia y los culpables de todos los males imaginables, apreciaciones que confluyen en el sentir de que estamos a punto de recibir castigos demoledores. Beneficiada por tal atmósfera, la distopía se hace multitudinaria, desborda su hábitat constitutivo y condiciona el grueso de imaginarios culturales. Vehicula la fascinación por el apocalipsis y la primacía del miedo típicas de nuestras sociedades. Que se haya convertido en una moda triunfal financiada por los grandes estudios y las principales editoriales y plataformas no es más que la punta de iceberg de procesos más amplios y transversales. La pose decadentista cotiza al alza, especialmente en la teoría cultural, consagrada a lanzar jeremiadas sobre el colapso, el exterminio y el control absoluto. Los profetas del desastre con ínfulas eruditas detectan riesgos muy serios y delatan ignominias intolerables, pero sin insinuar ninguna solución inteligible. Atrapado por el halo distópico, el pensamiento sucumbe a las mismas paradojas que las distopías de la ciencia ficción y se encharca en un bucle de diagnosis, reprimendas y advertencias que no inquietan a nadie ni cambian nada. Por increíble que parezca, es el tipo de pensamiento que más beneficia al sistema. Aporta conocimiento sobre los efectos e idiosincrasias del poder mientras reprime cualquier esperanza capaz de desafiarlo.

¿Por qué no existen alternativas inspiradoras, intentos «de engendrar un ordenamiento social distinto»?

Por una parte, a causa de la preponderancia del sesgo distópico que acabo de comentar. Por otra, porque el capitalismo ha coronado la globalización y es harto complicado esquivar sus coordenadas y alumbrar alternativas dignas de ese nombre. Si intentamos imaginar futuros civilizados, justos y prósperos donde el sistema capitalista no exista, descubriremos que la imaginación se encuentra predeterminada por él y que resulta necesario depurarla. Por suerte, y después de más de cuatro décadas, empieza a tomarse conciencia de la gran relevancia de este asunto. El decrecentismo, el aceleracionismo y el solarpunk son muestras heterogéneas de la ambición, todavía en ciernes, de abandonar la zona de confort distópica y reconquistar utópicamente el futuro.   

¿El género distópico es más proclive a los postulados de la izquierda?

En absoluto. En un capítulo del libro desvelo que el género distópico rebosa de obras ultraconservadoras, explícitamente antiecologistas, antifeministas y antisocialistas. Mención aparte merecen las muy desconocidas distopías retrógradas españolas publicadas en las cuatro primeras décadas del siglo XX. O los usos reaccionarios de la distopía en la actualidad, con los ultraderechistas españoles, los conspiranoicos trumpistas de Estados Unidos y personajes de la talla de Froilán de Marichalar apropiándose de la simbología de 1984, Matrix V de Vendetta. Sin olvidar a Los juegos del hambreDivergente y el conjunto de distopías juveniles más famosas, alegorías aparentemente empoderadoras y prorevolucionarias que a poco que se las examine con seriedad se muestran como auténticos aparatos de propaganda del individualismo y el libre mercado. Adonde quiero llegar es que el éxito de la serie El cuento de la criada no debe hacernos perder de vista que el repertorio distópico se amolda a cualquier ideología política. Cierto es, lo dije antes, que hay distopías izquierdistas, pero el análisis certifica que también producen efectos conservadores a día de hoy. Hasta las más insurrectas colaboran del cierre ideológico que bloquea la imaginación e incentivan conductas contemplativas, fatalistas o defensivas.

¿Existe el peligro de que la gente crea que con ver distopías toda lucha política está resuelta? (en el sentido de que hay quien piensa que escribir algo en Facebook es ir a la guerra, mostrar su lucha anticapitalista).

Algo de eso ocurre. En la década de 1990, abundantes intelectuales de vanguardia pensaban que deconstruir textos era una intervención política radical de gran relevancia, en la medida en que sacaba a relucir los modos en que el malvado falogocentrismo maniobra en las catacumbas del canon literario y filosófico occidental. Hoy este textualismo corre paralelo a la distopización de la cultura y da pie a que determinados individuos con arrebatos reivindicativos vean saciada su inclinación a sentirse rebeldes, escépticos e incisivos leyendo y viendo distopías. 

¿Por qué «toda distopía legitima el presente»?

Por la metodología que emplea. Porque compara el presente con un futuro peor. Sea conservadora o progresista, llamamos distopía a un relato que describe una civilización venidera más injusta, represiva y cruel que la del lector. La consecuencia inevitable es que el presente siempre resultará preferible por comparación. Incluso en las obras que quieren cuestionarlo, se abre paso el «virgencita, virgencita, que me quede como estoy», el sentir placentero de que, al fin y al cabo, no estamos tan mal, que las cosas podrían ser peores, que, pese a las imperfecciones de la sociedad circundante, tenemos suerte de no vivir en el universo de la novela o la película en cuestión. Cuando la gente dice que ya vivimos en una distopía, se deja llevar por la moda y utiliza mal el término. La distopía es, por definición, peor que el presente, no importa lo terrible que este sea. Su objetivo no es otro que atemorizar a la gente para que salga de la inopia, pase a la acción y evite que los peligros narrados (el socialismo totalitario, el capitalismo sin cortapisas, el integrismo extremo, el colapso climático…) se hagan realidad. El problema, me parece, es que las amenazas no inmediatas, concernientes al futuro, dejan indiferente a gran parte del personal, que se resiste a alterar su modus vivendi y cede la responsabilidad de gestionar el desaguisado a los descendientes. Además de esto, la saturación de distopías es tan desproporcionada que el público se ha habituado a las predicciones aciagas y ya no experimenta miedo alguno. 

¿Qué le llevó a escribir el libro?

La exigencia personal de finalizar el proyecto que inicié con Soñar de otro modo. En ese ensayo focalizaba la crítica en la utopía moderna con vistas a desvelar sus contraindicaciones y sugerir vías para gestar utopías renovadas. Aunque ya dejaba constancia de que el apogeo de la distopía era un obstáculo añadido para los objetivos de la izquierda, no profundicé en el asunto. Ahora lo he hecho. No ha sido un libro fácil de escribir. Mal que bien, puede considerarse pionero. Existen, ciertamente, libros muy buenos sobre la distopía, pero todos ellos pecan de un exceso de formalismo y coinciden en exaltarla. Faltaba uno dedicado a radiografiar sus aspectos sospechosos, materia que solo habían abordado artículos o pasajes breves, centrados en temáticas y obras específicas.  Por otro lado, es cada vez más habitual escuchar a personas lamentarse de que hay muchas distopías y pocas utopías. Cuando menos te lo esperas, alguien lo dice. Pues bien, mis dos libros nacen del deseo de dotar de contenido a ese dictamen y ayudar a que no acabe reducido a la categoría de eslogan inofensivo, mantra bienintencionado o rótulo de la Vanity Fair.

¿Cómo encara la crítica de un género tan amplio y diverso como la distopía?

Mis reproches a la distopía parten del supuesto de que las historias que las sociedades se cuentan a sí mismas influyen de manera decisiva en sus expectativas, emociones y actitudes. Puesto que actualmente esas historias son principalmente distópicas y sus secuelas prácticas no se antojan, visto lo visto, prometedoras para los intereses progresistas, me parece urgente indagarlas y someterlas a juicio. Las diatribas que lanzo contra la distopía son de carácter político y tiran de muchos hilos. Puestos a sintetizarlos, diría que giran en torno a tres circunstancias: al papel reconciliador que desempeña el género distópico en la sociedad contemporánea, a los impactos negativos que deja en los receptores y a las inconsistencias conceptuales en las que se basa. Los dos últimos apartados resultan de especial interés, pues muestran que la distopía no solo es contraproducente ahora mismo porque armoniza con, y es promovida por, las tendencias sistémicas en curso (generalización del miedo, impotencia ubicua, ausencia de alternativas). Ni siquiera porque gran cantidad de distopías sigan haciendo caso omiso de quién manda ahora y continúen alertando de lo malignas que son la planificación social, la igualdad y la colectividad. La distopía es contraproducente porque, al margen del ideario que profese cada texto particular, estimula, en el peor de los casos, la desmovilización resentida, y en el mejor la movilización reactiva, limitada a evitar males mayores, no a alcanzar nuevos bienes. Por si esto fuera poco, el análisis de las novelas, películas y series distópicas certifica que tratamos con un discurso que depende, salvo contadas excepciones, de unas nociones de individuo, Estado, revolución, tecnología, naturaleza y realidad profundamente cuestionables y simplistas, incluso despolitizadoras, con independencia del tipo de distopía de que se trate (contrarrevolucionaria o revolucionaria, de la automatización o del yo contra el mundo, de la realidad virtual o del yo confinado, etcétera).

Si tuviera que recomendar un par de títulos distópicos imprescindibles, ¿cuáles serían? 

Recomendaría muchos. Mi propósito, vaya por delante, no es que la gente deje de consumir distopías, sino que lo haga con sentido crítico y a sabiendas de que es preciso equilibrar la balanza y consumir o, mejor todavía, concebir utopías si de verdad esperamos retomar la iniciativa política. Dicho esto, aconsejaría La parábola del sembrador, inicio de una trilogía que quedó inconclusa justo en el momento en el que la autora, Octavia Butler, iba a reemplazar la crítica del futuro atroz rendido a la extrema derecha y el cambio climático por la descripción de la sociedad alternativa edificada por los rebeldes en otro planeta. También recomendaría la película Hijos de los hombres (Alonso Cuarón, 2006), guiño a los activistas de mediana edad para que aparquen el nihilismo pasivo del cascarrabias y vuelvan a comprometerse cuando todo parece perdido. Y no hay dos sin tres: el cómic Transmetropolitan, ácida y divertidísima soflama antineoliberal no exenta de claroscuros.

Este artículo es producto de la colaboración entre Nueva Sociedad y CTXT. Puede leer el contenido original aquí.

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Foto: American Chemical Society.

Investigadores chinos han dado a conocer una prometedora creación para la salud humana. Se trata del desarrollo de microrrobots, en forma de pez, que tienen la capacidad de administrar directamente fármacos de quimioterapia en células con cáncer. 

Ello podría revolucionar, de cierta forma, la quimioterapia, pues si bien esta trata con éxito muchas tipologías de esa enfermedad, los efectos secundarios pueden ocasionar determinadas consecuencias para el organismo humano y presentar diversos síntomas indeseables. Aplicar directamente fármacos a las células enfermas, podría ser sumamente beneficioso para disminuir riesgos y síntomas molestos.

El estudio, publicado recientemente en la revista ACS Nano de la Sociedad Estadounidense de Química, explica cómo estos microrrobots, en forma de pez, son guiados mediante imanes hasta las células cancerosas. Por medio de un cambio d pH encaminado a medir la acidez, este provoca que abran la 'boca' y puedan liberar su carga de medicinas de quimioterapia.

Los científicos asiáticos imprimieron en 4D microdispositivos con forma de cangrejo, mariposa y pez, a través del empleo de un hidrogel sensible al pH. Con ajustes de la densidad de impresión en ciertas partes del robot, los integrantes codificaron ese  cambio de forma en función del pH.

Posteriormente, magnetizaron a los microrrobots colocándolos en una suspensión de nanopartículas de óxido de hierro.

Los expertos pudieron dirigir al 'pez' a través de esos vasos sanguíneos,  simulados para llegar a las células cancerosas en una región específica de una placa de Petri. Al reducir el pH, el robot abrió la 'boca' para soltar un fármaco quimioterapéutico que mató las células cercanas.

Amén de los resultados alentadores, hay aspectos en los que se debe continuar trabajando, por ejemplo: los microrrobots precisan de menores dimensiones, de cara a su fácil navegación por vasos sanguíneos reales

6 diciembre 2021

Viernes, 03 Diciembre 2021 07:55

Mujeres de Frente: resistencia y dignidad

Mujeres de Frente: resistencia y dignidad

Una de las alegrías profundas que me ha deparado la pandemia, pese a todos los dolores, es haber conocido a nuevas organizaciones, siempre abajo y a la izquierda, en diversos países de nuestra América. Teia dos Povos (Red de Pueblos) es una de ellas, que reúne comunidades indígenas, negras y campesinos sin tierra. Realiza la séptima jornada de agroecología en Bahía (Brasil) a fines de enero (https://teiadospovos.org/).

Al calor de la revuelta colombiana “descubrimos” Canal 2 de Cali (canal2.co), televisora comprometida con la calle, y Radio Contagio de Bogotá (contagioradio.com), con las que emprendimos el camino de coordinar medios independientes, alianza que esperamos ampliar a todo el continente.

Otra organización que desconocía es el colectivo Mujeres de Frente, que nació en la cárcel de Quito en 2004, “conformado por mujeres presas y no presas, embarcadas en un proceso de investigación-acción feminista antipenitenciaria”.

En su página se definen como “una comunidad de cooperación y cuidado entre comerciantes autónomas de las calles, recicladoras, trabajadoras del hogar, estudiantes universitarias, profesoras, artistas, mujeres excarceladas, familiares de personas en prisión, niños, niñas y adolescentes” (https://mujeresdefrente.org/).

Las decenas de compañeras de abajo que integran Mujeres de Frente (como comprobamos en un taller sobre autonomías) se dicen “sexualmente diversas” y casi todas son del color de la tierra: indígenas, afrodescendientes, mestizas y “cholas blanquedas”, como se nombran, lo que las diferencia de los feminismos de clases medias, blancas y académicas.

Eligieron trabajar en los espacios donde conviven, a partes iguales, los dolores y las resistencias. Nacieron en la cárcel, pero arraigaron “donde el tejido social es cotidianamente desgarrado por las dinámicas de acumulación de capital y del Estado penal”, que las condena a la exclusión.

Como son mujeres de abajo, trabajan la autonomía material para no depender ni de políticos ni de patrones. En el centro de Quito crearon la Casa de las Mujeres, espacio de encuentros donde circulan personas y saberes, abierto a diversos colectivos y donde funcionan la Escuela de Formación Política Feminista y Popular, el Espacio de Wawas (para niños y niñas), la cocina y el comedor popular, un ambiente para talleres y reuniones, el Taller de Costura y La Canasta Comunitaria de Alimentos.

Con otros colectivos han creado la Alianza contra las Prisiones, porque consideran que la inmensa mayoría de las mujeres y varones presos en América Latina están en la cárcel por “delitos de pobreza”, o sea robos de celulares, animales de crianza y el narcomenudeo. Denuncian la creciente criminalización de la migración, “delito” que afecta siempre a las personas más pobres.

El Taller de Costura es un espacio productivo y de aprendizaje, donde las máquinas y los saberes se comparten, así como el producto de las ventas. La Canasta Comunitaria de Alimentos, que también funciona en la casa, es “una solución colectiva al problema del hambre” y un emprendimiento productivo de un grupo de mujeres. Hacen compras colectivas al por mayor abaratando precios al negociar directamente con los pequeños campesinos que producen alimentos orgánicos.

Casi todas las integrantes de Mujeres de Frente son jefas y cabezas de hogar que no pudieron trabajar durante los primeros meses de la pandemia, ya que sufren persecución policial y estatal si salen a las calles a reciclar, a vender o a desarrollar cualquier otra actividad. Crearon una red de 70 mujeres para acompañarse y enfrentar juntas los momentos críticos.

Se inspiran en la educación popular y en la investigación-acción participativa, publican un periódico al que titularon Sitiadas, que es como se sienten las mujeres de abajo, con un lema que reza: “Reflexiones sobre el Estado punitivo y el sostenimiento de la vida sin Estado”.

El tercer número, que puede encontrarse en su página, refleja testimonios de vendedoras ambulantes, trabajadoras domésticas y mujeres que, no teniendo empleo fijo, deben hacer de la calle su espacio primordial para sostener la vida. Todas denuncian el racismo imperante, la represión policial y lo que definen como “la guerra de los ricos contra nosotras, en la que la estrategia es despojarnos, herirnos, confundirnos, matar nuestra confianza, debilitar nuestra capacidad de lucha”.

Tienen claro que es el Estado el que hace la guerra, que aprovechó la pandemia para intentar “una limpieza de nosotras comerciantes”, destruyendo sus carpas y productos para erradicarlas de la calle, llevándolas al borde de la sobrevivencia porque comen de lo que venden cada día.

Hasta hoy se mantienen firmes, porque no tienen otra vía que luchar para que coman sus hijos. Pero, sobre todo, porque todas sus vidas han sido dolor y resistencia, porque no conocen otra vida que no sea tejerse con otras como ellas; ese modo de vida de los de abajo que llamamos dignidad.

Economía moral

¿Salvará China al planeta?

Julio Boltvinik

Haris Golemis (HG), miembro del comité editorial del periódico griego Epoch, entrevistó en diciembre de 2020 al destacado ecologista marxista y editor de Monthly Review Press, John Bellamy Foster (JBF). La entrevista se publicó en noviembre de 2021 en esta revista. Una de las preguntas que HG le hizo a JBF fue: “El nuevo virus se originó en China, que es tanto la segunda superpotencia mundial como el mayor contaminador del planeta. ¿Podemos esperar que el gobernante Partido Comunista de China haya aprendido las lecciones de la pandemia y cambie sus políticas en el futuro?” JBF centra su respuesta en el tema de la contaminación:

“Decir que China es el mayor contaminador del planeta es verdadero en un aspecto, pero desorientador en otros. China es el mayor emisor de CO₂, pero está muy por debajo de EU y de otros países ricos en sus emisiones por persona. Aún más, en términos del CO₂ acumulado en el ambiente como resultado de las emisiones históricas (la cifra verdaderamente importante), el grueso ha venido de Europa y Norteamérica. Finalmente, una gran proporción de las emisiones de China está asociada con producción para las grandes corporaciones multinacionales del centro del sistema capitalista, que importan esos productos a sus propios países. Esencialmente, producción que habría ocurrido en el centro capitalista está ocurriendo ahora en la periferia, pero todavía para el centro capitalista… En términos de las respuestas ecológicas globales, China, si bien es un epicentro de la destrucción ecológica, es también un epicentro del ecomodernismo y la reforma ambiental. Ha convertido la ‘civilización ecológica’ en propósito oficial, a diferencia de los países de occidente. Cómo entendamos esto es importante. Hay indicaciones que China está dando pasos ambientales decisivos (aunque todavía no la revolución ecológica requerida). China es ahora el puntero mundial en tecnología energética limpia. Acabo de leer un libro muy interesante de Barbara Finamore (BF), publicado por Polity, titulado Will China Save the Planet? (2018). Tenemos muchas razones para ser escépticos. Sin embargo, dado todo lo que China está actualmente haciendo para enfrentar seriamente su crisis ecológica y la del mundo, la pregunta se sostiene… China, con todas sus contradicciones, puede aún tener un potencial escondido para moverse en la dirección de propósito oficial de una civilización ecológica.”

Compré y devoré el libro de Barbara Finamore (BF) cuyo título en español adopté para mi columna de hoy. Es un libro pequeño de 145 páginas. BF es la directora para Asia de la ONG internacional Natural Resources Defense Council (NDRC) y ha trabajado en materia energética y ambiental sobre China, donde ha vivido también, por 30 años. Escribe con pleno conocimiento de causa. La introducción se titula “China, ¿La portadora de la antorcha del Nuevo Ambiente?” y el epílogo, “China en el asiento del piloto”. Tiene 5 capítulos: 1. La diplomacia ambiental de China; 2. Destronando al viejo Rey Carbón. 3. Catalizando la revolución de la energía limpia. 4. Salto inicial de la industria de vehículos eléctricos. 5. Volviendo verde el sistema financiero de China. En la introducción señala: “Hace pocos años China parecía el menos probable portador de la antorcha de la acción climática. Después de décadas de crecimiento rápido, el país sostuvo la distinción de ser responsable de más de una cuarta parte de todas las emisiones de carbono, más que Estados Unidos y la Unión Europea juntos… Pero las dramáticas medidas adoptadas por China en años recientes para reducir las emisiones, reducir su dependencia del carbón ( coal en inglés, que se podría traducir como hulla) e invertir en energías renovables le ha dado la vuelta a esta visión… Ahora parece que China, si bien aún líder del consumo de hulla y emisiones de CO₂, también encabeza el camino hacia un futuro de energías limpias.

¿Cómo, se pregunta la autora, ocurrió esta evolución de país negacionista del cambio climático a defensor enérgico de la gobernanza del cambio climático?” En el epílogo la autora retoma los cálculos de un experto chino y señala: “Para que China cumpla su parte en mantener el aumento de la temperatura bien por debajo de 2 °C tiene que impulsar e intensificar sus esfuerzos de descarbonización. El consumo de hulla debe permanecer debajo de su pico de 2013, representando 16.7 por ciento de su mezcla energética. El consumo de petróleo y de energía fósil total deben llegar a sus puntos máximos en 2030 y 2040, respectivamente. Estas estimaciones suponen que China llegue a un estado posindustrial en 2020, y que para 2050 su tasa de crecimiento del PIB haya bajado a 2.6 por ciento; la eficiencia energética haya mejorado en 300 por ciento respecto a 2015, y que el país ponga en marcha fuertes medidas de protección ambiental y de reducción de contaminación del aire. Las buenas noticias, continúa BF, es que China está profundamente comprometida a lograr su transición a bajo CO₂ y ha alcanzado ya progresos mayores.

Como resultado, a pesar de que China es todavía el más grande emisor de GEI (gases de efecto invernadero), se puede sostener que está haciendo hoy más que cualquier otro país para reducir sus emisiones de CO₂. PeroChina no puede salvar el planeta por sí misma”. Habiendo dado respuesta así a la pregunta que titula su libro, lo concluye señalando: “Hay espacio (y necesidad) de sobra para que todos los países aceleren sus esfuerzos en la lucha contra el cambio climático. Estados, provincias, ciudades, negocios, inversionistas e individuos en todo el mundo están también intensificando sus esfuerzos para alcanzar nuestros objetivos compartidos. Los retos por delante no requieren nada menos”.

El papel puntero de China también ha sido destacado, como vimos arriba, por John Bellamy Foster. Por su parte, Jeremy Rifkin señala: “China ha entrado al campo de la energía renovable y hoy encabeza el mundo en la manufactura e instalación de tecnologías solares y eólicas. En 2017, China llevó a cabo 45 por ciento de la inversión global en energías renovables” ( The Green New Deal, p.65). “Los gobiernos están estableciendo estándares de economía de combustibles más estrictos y al mismo tiempo están extendiendo generosos incentivos para la compra de automóviles eléctricos. China usó este enfoque de zanahoria y garrote exitosamente, asegurando 21 por ciento de todas las ventas globales de vehículos eléctricos en 2017 en sólo seis ciudades chinas” (Ibid. p.81). Naomi Klein dice que “sólo unos pocos países (sobre todo Alemania y China) han hecho suficientes inversiones en el sector renovable para ver un despliegue a una velocidad como la requerida” ( On fire. The Burning Case for a Green New Deal, 2019, p. 37). Citando al Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia, Klein señala que China es ahora el puntero mundial en energías solar, eólica e hidráulica. Cierro volviendo con Barbara Finamore, quien relata que, para la energía solar China formuló un plan especial de 5 años (2011-2015) que establece una estrategia detallada para fortalecer la industria fotovoltaica (FV), reducir los costos, mejorar la calidad, promover la innovación tecnológica y expandir los mercados solares externos. Los resultados, dice, han sido extraordinarios, después de revisar las metas de 2 a 10 y a 35 gigawatts (GW), China rebasó todas y llegó a 43GW en 2015. Dio otro salto en 2016 y llegó a 77GW aportando más de 50 por ciento del aumento en la capacidad FV global en ese año. En 2017 instaló 53GW adicionales, cifra mayor (en un año) a la total, acumulada de ningún otro país hasta finales de 2016. Cada hora, China instala una turbina eólica e instala suficientes paneles solares para cubrir un campo de futbol. (pp. 67-69). China no salvará sola al planeta, pero vaya que está haciendo mucho y rápido.

www.julioboltvinik.org

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Viernes, 03 Diciembre 2021 05:32

Una nueva dirección

Militantes del partido Libertad y Refundación festejan la victoria de Xiomara Castro, el 28 de noviembre, en Tegucigalpa AFP, LUIS ACOSTA

La victoria de Xiomara Castro en Honduras

Detrás de la elección como presidenta de la líder opositora –luego de 12 años de autoritarismo y represión– asoma el hastío popular frente a un régimen vinculado al narcotráfico, las grandes empresas y el extractivismo.

Los hondureños salieron a votar masivamente contra la continuidad del prolongado régimen autoritario de Juan Orlando Hernández. Los resultados preliminares de las elecciones generales del 28 de noviembre perfilan a Xiomara Castro como la próxima presidenta de Honduras, con una ventaja de 20 puntos (53,61 por ciento) sobre el candidato oficialista Nasry Asfura (33,87 por ciento). La coalición de partidos que la acompaña tiene ante sí el desafío de cumplir con las expectativas de una ciudadanía esperanzada en encontrar soluciones a las crisis sociales y políticas que viene enfrentando el país.

POLÍTICAMENTE INESTABLE

Honduras, uno de los países más pobres y desiguales de América Latina, se ha caracterizado por una permanente inestabilidad política. Durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, la sucesión gubernamental se dirimió primordialmente a través de la guerra civil y, de tanto en tanto, por elecciones amañadas en las que se obstaculizaba el voto opositor. Luego de la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1933-1949), el golpe de Estado fue la técnica de cambio de gobierno por excelencia, hasta que en 1981 –y por presiones externas– comenzó un período de alternancia democrática dominado por los partidos Liberal y Nacional. Esta forma de bipartidismo se vio bruscamente interrumpida por el golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya, lo que creó las condiciones para un reacomodamiento del tablero político a partir de 2012. Sin embargo, el Partido Nacional ganó las elecciones de 2009 y los comicios generales de 2013 y 2017, que llevaron al Poder Ejecutivo al nacionalista Hernández y volvieron a poner en escena las «elecciones estilo Honduras» (véase «Malos recuerdos», Brecha, 1-XII-17). Diputado entre 1998 y 2014 y presidente del Congreso Nacional entre 2010 y 2014, Hernández fue el primer mandatario hondureño en lograr la reelección. Su padrino político fue el expresidente Porfirio Lobo (2010-2014), ahora relegado a una posición marginal y adversario suyo.

El régimen de Hernández, émulo confeso del viejo dictador Tiburcio Carías, ha significado un profundo retroceso para el país. Ha minado las bases del Estado de derecho y de la mutua vigilancia de los poderes. Se considera a sus titulares como hombres leales al presidente que, junto con el alto mando militar, forman parte del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad que lo sostiene (véase «Lo que lleva a la revuelta», Brecha, 12-VII-19). Su gobierno ha enriquecido a sus aliados de la banca privada al otorgarles la administración de fondos públicos en forma de fideicomisos y les ha cedido el control de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros. Además, ha debilitado de manera severa la capacidad de maniobra de las empresas de servicios públicos, así como los sistemas de salud y educación. La pandemia también mostró con claridad cómo se maneja el régimen del todavía presidente. Y es que las posibilidades de sobrevivir al covid-19 han estado ligadas a la capacidad de pagar los altos precios requeridos para el tratamiento, en un contexto en el que el Partido Nacional ha puesto en cuestión los derechos laborales consagrados por el Código de Trabajo, al emitir una ley de trabajo por hora. Las cosas no terminan ahí. Bajo el gobierno de Hernández se ha aplicado una política de neto corte extractivista, con sus consabidas depredaciones de bosques, minería a cielo abierto y entrega de los bienes comunes como el agua (véase «Criminalizados», Brecha, 17-III-16). Con el aparato estatal bajo su control, Hernández ganó las elecciones de 2013 y de 2017, pero lo hizo contaminado por una fuerte impopularidad.

Pese a todo, el clan Hernández ha sabido beneficiarse y hegemonizar el sistema de negociaciones cupulares imperante en Honduras, respetando las «reglas del juego» al responder cuidadosamente a los intereses de todas las elites prominentes, que son, en esencia, las facciones mayoritarias de los sectores empresariales, de las Fuerzas Armadas y de las iglesias. La embajada estadounidense ha jugado un papel tutelar en ese sistema (véase «La ingeniería del Estado de sitio», Brecha, 8-XII-17). El prolongado régimen de Hernández se ha desenvuelto en medio de una cultura política de acuerdos entre pares, en la que juegan un rol fundamental los grandes pactos entre quienes se consideran caciques de los partidos políticos.

LA SEDUCCIÓN POPULISTA

Las elecciones del domingo marcan un cambio de rumbo de la política hondureña. Perteneciente a una familia de hacendados y empresarios de la madera, vinculada históricamente al liberalismo, Xiomara Castro lidera una coalición que ha sido la revelación de la campaña. Sus críticas al gobierno de Hernández le granjearon parte del apoyo popular y la ubicaron en la primera línea política. Autoidentificada como una persona de izquierda, afirmó que su lucha es por desarrollar en Honduras un modelo basado en el «socialismo democrático».

Castro es esposa de Manuel Zelaya, el presidente depuesto por un golpe de Estado en 2009. Antes miembro del Partido Liberal, Zelaya fue víctima de un golpe tras evidenciar un giro al estilo del «populismo refundador» sudamericano, para usar la expresión del sociólogo Carlos de la Torre. Las críticas a los tratados de libre comercio con Estados Unidos, el acercamiento a Venezuela y al llamado bloque de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y la tentativa de modificar la Constitución le atrajeron la enemistad de una parte de la elite tradicional. Con el golpe consumado, su esposa saltó a la palestra y se ganó la simpatía de un sector de la ciudadanía hondureña. Cuando Zelaya fundó el partido Libertad y Refundación (LIBRE), Castro se convirtió en la primera figura de la organización. En 2012, apenas un año después, se lanzó como candidata presidencial, pero en 2013 quedó en segundo lugar, con 28,8 por ciento de los votos. Quiso volver a intentarlo en 2016, pero acabó por abandonar la carrera en favor de Salvador Nasralla, líder de la Alianza de Oposición contra la Dictadura y entonces el candidato mejor posicionado para enfrentar a Hernández. Nasralla perdió la elección por un escasísimo margen y denunció un «descomunal fraude electoral» (véanse «Democracia rematada» y «El fraude casi consolidado», Brecha, 8-XII-17 y 22-XII-19).

Castro volvió a lanzarse como candidata en enero de 2020. Con la venia de su marido, derrotó a sus tres oponentes internos dentro de LIBRE con el apoyo de seis de las nueve corrientes internas del partido e inició el camino hacia la presidencia. Su campaña estuvo centrada en la crítica a las leyes destinadas a sostener el juanorlandismo, en la promesa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva carta magna, en la crítica a las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico –a las que calificó como una entrega de la soberanía popular a empresas internacionales–, y en el rechazo al modelo neoliberal y a la corrupción. Además de su promesa de vender el avión presidencial –al que consideró un lujo que el país no puede permitirse cuando buena parte de la población atraviesa severos problemas sociales–, afirmó que Honduras buscará relaciones con China, con lo que marcó una agenda alejada del histórico «norteamericanismo» de la dirigencia política local. Castro prometió, asimismo, terminar con el régimen de «narcodictadura» que, según su perspectiva, encarna Hernández.

Su discurso también tuvo un eje de especial importancia: el referido al rol de las mujeres. La candidata se manifestó contra la violencia de género y el acoso sexual, aunque ha sido ambivalente en relación con el aborto. Ha hecho declaraciones favorables cuando se trata de ciertas causales, pero también ha sostenido posiciones más ambiguas. Por otro lado, la virtual presidenta electa ha sido duramente criticada por sus pasadas manifestaciones en favor del chavismo. Sus detractores la han acusado de querer implantar el comunismo en el país y de generar un clima de desconfianza en el mundo empresarial. Ella ha respondido que es una «socialista democrática» que busca una política que tenga a los seres humanos en el centro de las preocupaciones. Tras conocerse los resultados preliminares, que dejaron a Castro 20 puntos por encima de Asfura y más de 40 por encima de Yani Rosenthal, del Partido Liberal, la futura presidenta resaltó la importancia de llamar a un diálogo con todos los sectores para la puesta en marcha de una democracia directa y participativa. El Ejecutivo adquiere, sin lugar a dudas, una nueva dirección.

LOS PARTIDOS Y SUS PERSPECTIVAS

Las elecciones del domingo despertaron gran afluencia e interés gracias a los efectos que supone la salida de Hernández, en un país en que las tasas de abstención tradicionalmente se ubican en la mitad del censo electoral. El partidizado Consejo Nacional Electoral registró una participación histórica de 68,09 por ciento, aun cuando las novedades son escasas: los actores en contienda cuentan con décadas de experiencia en el sistema político de negociaciones cupulares, en el que han colaborado en la construcción de una cultura de la ineficiencia y de la corrupción, donde la carrera política aparece ante todo como un medio para el enriquecimiento. El lenguaje político de los competidores se inscribe en la tradición personalista de las lealtades y los vínculos partidarios en beneficio de prebendas y favoritismos clientelares.

Esta figura del Estado como «botín de los triunfadores» quedó evidenciada con nitidez en el trabajo de las instituciones judiciales estadounidenses. Frente a la debilidad de la justicia en Honduras, Estados Unidos ha extraditado y arrestado en su territorio a reconocidos políticos y gánsteres hondureños que violaron las leyes estadounidenses. En este contexto, la justicia de Estados Unidos sentenció en marzo a cadena perpetua al hermano del presidente y exdiputado Antonio Hernández, a causa de su implicación en el tráfico de cocaína hacia ese país, en complicidad con el cártel de Los Cachiros, liderado por Devis Maradiaga, cuyas declaraciones fueron una pieza clave en varios juicios. Maradiaga afirma haber colaborado con conocidos profesionales de la política local, lo que lo ha vuelto uno de los narcotraficantes más célebres del país. Preso en Estados Unidos, reveló en el juicio a Antonio Hernández haber pagado sobornos por varios cientos de miles de dólares al presidente actual, a su vicepresidente Ricardo Álvarez y a los expresidentes Zelaya y Lobo.

El candidato del Partido Liberal, el banquero Yani Rosenthal, guardó prisión por tres años en una cárcel estadounidense por lavado de activos para Los Cachiros. Es hijo del banquero Jaime Rosenthal, quien fuera vicepresidente (1986-1990) y diputado por el departamento industrial de Cortés (2002-2006). En su dilatada carrera política, Yani ocupó cargos de dirección en el Partido Liberal, fue ministro de la presidencia (2006-2008) en el gobierno de Zelaya, diputado en el Congreso Nacional entre 2010 y 2014, y precandidato a la presidencia en 2012. Ganó las primarias en 2021, pero no funge como dueño de partido. Los Rosenthal fueron propietarios del diario Tiempo, del Banco Continental y de Canal 11, un medio privilegiado para su campaña. Su emporio comenzó a decaer tras el escándalo internacional que lo vinculó con la banda de Maradiaga. La condición de exconvicto le restó credibilidad a su intento de presentarse como «el centro» frente a «una derecha corrupta y una izquierda radical», tal como declaró en su campaña.

Por su parte, el candidato nacionalista Asfura era percibido como la continuación del régimen de Hernández. De haber ganado, se habría visto en la incómoda situación de tener que proteger al actual mandatario, quien es acusado en la fiscalía del distrito sur de Nueva York de haber recibido del Chapo Guzmán un aporte de 1 millón de dólares para financiar su candidatura en 2013. Para ese mismo propósito, los nacionalistas saquearon los fondos del seguro social y de la Secretaría de Agricultura. La candidatura de Asfura, quien ha sido incondicional al presidente, heredó el legado de un gobierno que es muy corrupto y que está políticamente desgastado. Su principal activo fueron los recursos públicos y de la cooperación internacional, que se manejan a través de la más importante estructura clientelar del Partido Nacional: el programa Vida Mejor. El oficialismo también dispone de abundantes recursos financieros obtenidos por el robo de fondos públicos durante la pandemia y de los onerosos préstamos aprobados por la mayoría mecánica de que disponen en el Congreso.

Castro tiene, por su parte, otros condimentos que se agregan a los ya explicados. En primer lugar, fue promovida por su marido, quien busca recuperar las riendas del Estado desde que fue expulsado por un golpe en 2009. La familia Zelaya formó parte de un grupo de ricos hacendados, históricos empresarios de la depredación del bosque, y es parte de la clase política que maneja el Estado desde la década de 1980. Por eso fue sorprendente su giro a la izquierda como presidente. Su larga trayectoria de militancia en el Partido Liberal y una década de coordinación general de LIBRE le permitió al matrimonio Castro-Zelaya acumular un capital político considerable, con el que tienen un papel decisivo en los vaivenes del sistema. Zelaya fue expulsado momentáneamente del juego político debido a sus proclamadas simpatías con el castrismo y el chavismo y a la tentativa de amañar a su favor la elección de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y convocar a una «consulta popular de la cuarta urna» con pretensión hegemónica. Pero la forma de la asonada en su contra, mediante un golpe de Estado, marcó la política hondureña durante estos 12 años de autoritarismo.

Zelaya se reintegró al tablero gracias a los acuerdos de Cartagena firmados en 2011 con el gobierno de Lobo. Frente a la aún inhabilitada figura de la reelección, decidió promover la candidatura de Castro en 2013 con el partido LIBRE, básicamente un desprendimiento del otrora poderoso Partido Liberal y que dispone de una pequeña ala de izquierda organizada. LIBRE le arrebató al liberalismo alrededor de la mitad de sus adherentes. El perfil carismático de Castro ha sido exitoso entre su militancia, aun cuando su presencia parece limitarse al período electoral y pese a que sus apariciones mediáticas son escasas. Ha sabido aprovechar la herencia simbólica y material de su esposo, pero evitó esta vez vociferar, como en campañas anteriores, que «votar por Xiomara es votar por Mel». Aunque todavía en 2016 Zelaya apostaba abiertamente por su retorno a la presidencia, el malestar general que el Partido Nacional le imprimió a esta perspectiva lo ha convencido de que esa no es la mejor estrategia, al tiempo que redujo sus apariciones públicas con Castro.

UNA CAMPAÑA DESESPERADA

El proceso electoral adquirió un giro inesperado el 13 de octubre cuando, tras una reunión con el expresidente Zelaya, Salvador Nasralla anunció su afiliación a la fórmula presidencial de LIBRE en calidad de vicepresidente. Nasralla es el presentador de televisión más conocido del país y ha atraído la simpatía de los electores más jóvenes por su lucha abierta contra la corrupción del régimen actual. Obtuvo el segundo lugar en las elecciones de 2017 como candidato de LIBRE, luego de ser expulsado del Partido Anticorrupción, con el que participó por primera vez en 2013. Desde el 12 de noviembre, la coalición la compone adicionalmente el excandidato del movimiento Honduras Humana Milton Benítez, conductor del programa El perro amarillo, que ha ganado reputación por sus denuncias contra la corrupción y la banca.

La súbita suspensión de la enemistad que perduraba desde el comienzo de la crisis poselectoral de 2017 entre Nasralla y los Zelaya permitió que nasrallistas, indecisos e independientes se sumasen progresivamente a LIBRE y optaran por el voto de castigo contra el régimen de Hernández. La coalición despierta expectativas al prometer un desmonte del proyecto gubernamental desarrollado por el Partido Nacional, al que critica sin ambages como «pandilla de ladrones». Pese a la multiplicidad de identidades políticas que componen la coalición, su estrategia populista fue exitosa. En una muestra de desesperación, el oficialismo aceleró la entrega del Bono de Vida Mejor del Bicentenario, decretado hace un mes y equivalente a 7 mil lempiras en efectivo por beneficiario (289 dólares), con lo que acudió de manera descarada al mecanismo de compra de votos.

En un país con un pasado anticomunista visceral, el Partido Nacional se ha servido de los elogios de Zelaya hacia el régimen cubano, al igual que hacia el venezolano y el nicaragüense, para intensificar una campaña anticomunista contra Castro. En busca de afianzar su posición con las iglesias, los nacionalistas concentraron su campaña en sacar provecho de la postura un tanto ambigua de los Zelaya sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto. Asfura llegó a firmar un acuerdo provida con la Confraternidad Evangélica de Honduras y orientó su discurso a la defensa de los valores tradicionales.

A pesar de estas querellas de orden ideológico, Hernández mantuvo buenas relaciones con su vecino Daniel Ortega, y los principales líderes de la oposición nunca dejaron de acudir a las reuniones a puerta cerrada con el oficialismo. Poco después de una reciente reunión con Ortega en Managua, las autoridades hondureñas encarcelaron al candidato independiente y excapitán de las Fuerzas Armadas Santos Orellana, quien ganó notoriedad por denunciar el involucramiento de los militares en el narcotráfico. Existe un aproximado de 26 militantes asesinados entre el 23 de diciembre de 2020 y el 25 de octubre de este año.

Pero las elecciones no se focalizaron en contrastar alternativas para resolver estas y otras problemáticas urgentes que enfrenta el país. Por el contrario, buena parte de las campañas se basaron en la solicitud del «voto en plancha», en desprestigiar a las adversarias y los adversarios o, en el mejor de los casos, en proponer soluciones mágicas sustentadas en el cortoplacismo electoral. Para los grandes jefes de los partidos, sus clanes internos, sus fieles lugartenientes y quienes participan en sus redes clientelares –en particular, para los familiares y amigos de los candidatos–, lo esencial es ocupar un lugar en el sistema de negociaciones cupulares. Honduras es una suerte de democracia oligárquica.

Con todo, gran parte de la ciudadanía decidió ejercer su derecho al voto de manera pacífica. Aunque los caudillos tradicionales de los partidos políticos declararon ganadores a sus candidatos antes de tiempo, los competidores han respetado tácitamente los resultados. No se registraron mayores disturbios, protestas o conflictividad social similares a las conocidas en 2017. La calidad del espinoso avance democrático alcanzado está por verse en este país de tradiciones políticas autoritarias.

Por Daniel Vásquez*
3 diciembre, 2021

*   Daniel Vásquez es profesor de Teoría Política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Honduras.

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Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil, toma la palabra durante la cumbre del Grupo Puebla.. Imagen: EFE

Declaración final del foro que reúne a los líderes del progresismo en América latina 

En la conferencia de prensa que cerró el encuentro estuvieron presentes Aloizio Mercadante, fundador del PT brasileño; Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Argentina; y Marco Enríquez Ominami, coordinador del Grupo de Puebla.

 

El Grupo de Puebla cerró su séptimo encuentro en la Ciudad de México con la presentación de un documento final en el que los participantes exigieron un "modelo de desarrollo solidario para la región". El colectivo formado por líderes progresistas de Latinoamérica abogó por la revisión de la política de sobretasas del Fondo Monetario Internacional (FMI), la reanudación del diálogo en Venezuela y la "recuperación de la paz y estabilidad" en Nicaragua.

En el acto de cierre de la cumbre regional estuvieron presentes Aloizio Mercadante, fundador del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño; Marco Enríquez Ominami, coordinador del Grupo de Puebla y flamante candidato presidencial en Chile; Mario Delgado, presidente del oficialista partido Morena de México; Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Argentina
; y la abogada Carol Proner, miembro de la Asociación Brasileña de Juristas por la Democracia (ABJD).

Durante dos intensas jornadas los "poblanos", como se autodenominan los miembros de este foro, abordaron en distintas sesiones de trabajo la coyuntura latinoamericana, el rol de las nuevas tecnologías y los medios, así como los desafíos económicos, ecológicos y de género. Otro de los temas centrales tratados en este último día de reuniones fue la presentación de un informe sobre el lawfare en la región, en el cual se citaron los casos del exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el del ecuatoriano Rafael Correa, quienes además son miembros del colectivo regional.

Impuesto a los más ricos

Entre sus principales conclusiones, el Grupo de Puebla apoyó la propuesta del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, de disponer un impuesto a las personas y empresas más ricas de mundo para combatir la pobreza. "El mundo pospandemia necesita una reconstrucción más generosa, con menos desigualdad y con menos hambre. Esta propuesta ya tiene el apoyo de presidente Alberto Fernández, Honduras se va a sumar, Bolivia se va a sumar", dijo el exministro brasileño de Educación, Aloizio Mercadante, en la rueda de prensa que concluyó la asamblea del foro en Ciudad de México.

López Obrador propuso en noviembre ante la ONU crear un fondo para combatir la pobreza mediante un impuesto voluntario del cuatro por ciento de las mil personas más ricas del mundo, otro para las mil empresas más grandes y un fondo de 0,2 por ciento del PBI de los países del G20. Frente a las dificultades para aplicar un mecanismo de estas características, Mercadante consideró que "para la viabilidad de esta propuesta primero hay que divulgarla para sensibilizar".

El fundador del PT aseguró que "América latina es la región con más desigualdad del planeta" y pidió una "actitud solidaria" de los que "más ganan". Además se mostró convencido de que Lula da Silva ganará las elecciones brasileñas del próximo año y defenderá la propuesta porque el combate al hambre "forma parte de su historia de vida".

Venezuela, Honduras y Nicaragua

Sobre la crisis venezolana, Mercadante hizo un "llamamiento para que se retome la negociación entre el gobierno venezolano y a oposición patrocinada por el gobierno de México", que se rompió tras la extradición a Estados Unidos de Álex Saab, a quien la delegación chavista quería dentro de su equipo negociador. Y respecto a la victoria de la izquierdista Xiomara Castro en Honduras, la ministra argentina de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, celebró que la futura presidenta hondureña "no es solo una mujer, sino una mujer feminista que se presenta como antipatriarcal".

Gómez Alcorta rechazó además "las retaliaciones en contra de líderes y lideresas progresistas que han adoptado la forma de guerras jurídico-mediáticas", un proceso definido como lawfare. Los puntos expuestos por la funcionaria argentina forman parte de la declaración final del Grupo de Puebla, que también fue leída por la jurista brasileña Carol Proner. Durante su breve participación, Proner indicó que la derecha y la ultraderecha en la región estigmatizan a la población migrante, por lo que los países deben garantizar el respeto de los derechos humanos de las personas desplazadas.

La abogada pidió también que las autoridades de Colombia retomen los diálogos de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y pidió a Nicaragua que "en el corto plazo recupere la paz y la estabilidad, se superen las disputas que polarizan y el país se encamine hacia una reconciliación", al tiempo que condenó las sanciones unilaterales impuestas desde Estados Unidos.

Apoyo al gobierno argentino frente al FMI

En otro tramo de sus conclusiones, el Grupo de Puebla reiteró su apoyo al gobierno argentino en su negociación con el FMI e instó al organismo a revisar su política de sobrecargos, un reclamo avalado también por el G20 en su última cumbre. "El propio FMI reconoció los graves errores que patrocinaron en Argentina. Fue una tragedia económica y social. Por eso, es muy importante que estas instituciones rompan con esta visión y acepten que no hay como pagar una deuda sin crecimiento", expresó el brasileño Aloizio Mercadante al ser consultado por el reclamo de las sobretasas.

El fundador del PT señaló que América latina convivió durante muchas décadas con la crisis de la deuda externa y responsabilizó a las políticas ortodoxas del FMI por la hiperinflación y las crisis prolongadas que golpearon a la región. "No somos los más pobres, somos lo más desiguales", sentenció.

En pleno crecimiento de la variante Ómicron, el Grupo de Puebla volvió a exigir que se suspendan las patentes de las vacunas contra el coronavirus. "Recordamos que, con los ritmos de vacunación, los estados requerirán de 57 años para alcanzar la inmunización, por eso apoyamos la suspensión de las patentes farmacéuticas para que las vacunas constituyan un bien público de la humanidad", advierte la declaración final del foro político y académico.

Al encuentro realizado en la capital mexicana, el tercero presencial, asistieron la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff; el expresidente de Colombia, Ernesto Samper; el expresidente de Ecuador, Rafael Correa; y el expresidente de Paraguay, Fernando Lugo, entre otros. También participaron de forma remota el presidente de Argentina, Alberto Fernández; el de Bolivia, Luis Arce; y el expresidente de Brasil, Lula da Silva

2 de diciembre de 2021

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La imagen fue captada en la playa del atolón Midway en las islas del noroeste de Hawái. Foto Ap

El reciclaje es insuficiente para resolver el problema, señala la Academia Nacional de Ciencias de ese país

 

Estados Unidos necesita repensar y reducir la forma en que genera plásticos porque gran parte del material está ensuciando los océanos y otras aguas, aseguró la Academia Nacional de Ciencias en un nuevo informe.

Ese país, principal productor mundial de desechos plásticos, genera más de 46 millones de toneladas al año, y alrededor de un millón de toneladas termina en los océanos, según el documento.

Si el ritmo del aumento actual de la contaminación por plásticos continúa, para 2030 colocará 58.4 millones de toneladas en los océanos cada año, o alrededor de la mitad del peso del pescado capturado en los mares, agrega.

El reciclaje y la eliminación adecuada por sí solos no son suficientes y no pueden manejar el problema, por lo que "Estados Unidos debería reducir sustancialmente la generación de desechos sólidos (absoluta y por persona) para disminuir los plásticos en el medio ambiente", señala el texto del organismo independiente, creado por el presidente Abraham Lincoln para asesorar al gobierno federal sobre grandes temas de investigación.

El problema de los plásticos no se puede resolver a menos que el país los fabrique menos, los diseñe de manera diferente, los controle mejor y limpie más desechos, y "por eso nuestra recomendación número uno es reducir la generación de desechos sólidos", explicó la líder del informe, Margaret Spring, directora científica y de conservación del Acuario de la Bahía de Monterey.

"Sugerimos que una forma de reducir esos desechos sería hacer menos plástico", agregó la oceanógrafa Kara Lavender Law, coautora del informe que ha realizado numerosos estudios sobre esos desechos. "El reciclaje no puede gestionar la gran mayoría de los residuos plásticos que generamos".

El panel proporcionó un menú de posibles formas de solucionar el problema, comenzando con "objetivos y estrategias nacionales para limitar o reducir la producción de plástico virgen", que parte de materia prima que no se ha utilizado, es decir, material no reciclado.

El problema, según el informe, es que "los precios de los plásticos vírgenes son artificialmente bajos debido a los subsidios a los combustibles fósiles, por lo que su producción es más rentable", y su fabricación en Estados Unidos sigue aumentando.

"Más de 90 por ciento de los plásticos están hechos de materias primas fósiles vírgenes, que utilizan alrededor de 6 por ciento del consumo mundial de petróleo", señala el informe. Esto hace que el plástico virgen sea un problema climático, así como uno de contaminación, sostuvo Jenna Jambeck, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Georgia, que se enfoca en los problemas de desechos .

Si bien el reciclaje "es técnicamente posible para algunos plásticos, se reciclan pocos de ellos en los Estados Unidos", destaca el informe. Añade que los materiales para cambiar la dureza o el color los hacen demasiado complejos para reutilizarlos a bajo costo, en comparación con la fabricación de nuevos plásticos vírgenes.

"Una de las principales barreras para el reciclaje es la economía del plástico virgen y el subsidio de la industria de los combustibles fósiles", precisó Spring.

El Consejo Estadunidense de Química, que representa a los fabricantes de plásticos, elogió la mayor parte del informe de la academia, pero criticó la idea de limitar la producción.

El tema es importante porque los plásticos causan "impactos devastadores en la salud de los océanos y la vida silvestre marina", resaltó el informe.

Los peces, los mamíferos y las aves marinas se enredan en los plásticos o se los comen, se enferman y mueren con frecuencia. Al analizar cientos de estudios, el estudio halló que de 914 especies marinas examinadas, 701 tenían problemas para ingerir el material y 354 de ellas se enredaron.

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La izquierda regresa al poder en Honduras para redimir las heridas del golpe de Estado de 2009

Xiomara Castro obtuvo una contundente victoria en las  elecciones 

Con más del 50 por ciento de los votos escrutados, la candidata por el partido Libertad y Refundación (Libre) le sacaba veinte puntos al oficialista Nasry Asfura, actual alcalde de Tegucigalpa que buscaba la presidencia por el Partido Nacional.

 

Honduras tendrá por primera vez en su historia una presidenta mujer. Xiomara Castro obtuvo una contundente victoria en las elecciones -ganó en diecisiete de dieciocho departamentos- y comienza a repararse la trágica herida abierta el 28 de junio de 2009, cuando militares entraban a su casa para exiliar en Costa Rica a su esposo, el entonces presidente José Manuel Zelaya Rosales, inaugurando la serie de golpes de Estado blandos que azotaría a Latinoamérica en este siglo XXI.

Con una participación histórica del 68 por ciento del padrón electoral, las y los hondureños se volcaron de forma masiva y desde muy temprano a los centros de votación, lo que terminó dándole la victoria a Xiomara por un 53,6 por ciento contra el 33,8 obtenido por Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional. Tercero quedó con 9 por ciento Yani Rosenthal -detenido hasta hace pocos meses en Estados Unidos por lavado de activos- del tradicional Partido Liberal.

Los nacionalistas que se instalaron en el gobierno posterior al Golpe y que se sostuvieron en el poder con elecciones poco transparentes terminaron convirtiendo a Honduras en un narco Estado. Tony Hernández, hermano del actual presidente Juan Orlando Hernández, condenado a cadena perpetua en Estados Unidos por narcotráfico a gran escala. Tan intocable se creía, que hasta le imprimía sus siglas TH a los paquetes de cocaína que producía. También está tras las rejas norteamericanas el hijo del ex presidente Porfirio Lobo Sosa, quien gobernó entre el 2009 y 2013.

Precisamente después del Golpe de Estado es cuando la figura de Xiomara, a pesar de su labor social como primera dama, comenzó a ganar protagonismo en las inmensas movilizaciones que se dieron por meses, donde todos los sectores -campesinos, estudiantes, feministas, profesores- se aglutinaron en el Frente Nacional de Resistencia Popular, germen del partido político Libre que Mel Zelaya fundaría al volver al país.

En el discurso donde se proclamó presidenta, Xiomara hizo hincapié en la necesidad de acabar con el narcotráfico, la corrupción, la miseria y el odio en Honduras, respondiendo a la campaña que en los días previos a las elecciones la buscó desprestigiar por supuesta comunista y por mujer. Además, prometió el uso de consultas populares para gobernar y revertir la prohibición a la pastilla anticonceptiva de emergencia, establecida después del golpe.

Por el lado del Partido Nacional, el único que habló fue David Chávez, actual diputado y candidato a la alcaldía de Tegucigalpa, quien -a pesar del resultado adelantado por el Consejo Nacional Electoral (CNE)- sostuvo que él ya era el ganador y que su compañero de partido Nasry Asfura -conocido como “Papi a la orden” (sic)- se estaría “convirtiendo en el presidente de todos los hondureños”.

Una de las mayores sorpresas de la jornada ha sido la probable victoria de Jorge Aldana, candidato a alcalde de Libre en la capital, un distrito donde los nacionalistas gobernaban desde hace treinta años. A pesar de que las encuestas previas marcaban como ganadora a Xiomara, se daba por sentado que Chávez retendría Tegucigalpa, pero él solito se tiró tierra encima cuando en el cierre de campaña subió al escenario en un estado de embriaguez -como mínimo- que se convirtió en meme, sobretodo después de justificarse diciendo que lo habían boicoteado poniéndole a su micrófono un delay como efecto de sonido.

En San Pedro Sula, la otra gran ciudad y polo económico de Honduras, Libre triplicó los votos del Partido Nacional, lo que le garantiza la alcaldía al hermano de un empresario dueño de una cadena de comidas que sobresalió por su rol social en medio de los huracanes que azotaron a la región a fines del año pasado. Además, es muy probable que Libre, en alianza con los diputados del partido Salvador de Honduras, obtenga mayoría un Congreso Nacional que renovaba el total de sus bancas.

Los desafíos: pobreza y crisis

El trabajo por delante que tendrá que afrontar Xiomara y su gabinete -asumen sus cargos a finales de enero- es enorme. Honduras es el segundo país más pobre del continente, con un 74 por ciento de pobreza. La crisis provocada por la pandemia de la Covid-19 y la nula reacción pública, sumado a los ciclones, significó el tiro de gracia para una población que desde 2018 huye en caravanas migrantes para buscar trabajo, seguridad y condiciones de vida más dignas.

Honduras ya no es el país bananero de antaño, hoy exporta mano de obra precarizada. Las remesas que envían quienes viven en el exterior superan en valor al 20 por ciento del Producto Bruto Interno, convirtiéndose en el mayor ingreso económico que tiene el Estado y en el único ingreso que tienen muchas familias.

Honduras es también el segundo país con mayor tasa de embarazos adolescentes y donde solo se resuelven el 5 por ciento de las denuncias que llegan al Ministerio Público, cifra que se achica aún más -aunque suene imposible- cuando son casos de femicidios o asesinatos a miembres de la comunidad lgtbiq, periodistas, abogados o defensores de derechos humanos. Vale recordar que fue acá donde asesinaron en 2016 a Berta Cáceres, defensora de los recursos naturales. Sus hijas aún buscan justicia y que los autores intelectuales reciban su castigo. Quienes también reclaman el esclarecimiento de las muertes, son los familiares de los más de veinte asesinados en las protestas posteriores a las elecciones de 2017 por fuerzas del Estado, según declaró en su momento la Alta Comisionada por los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet.

Las tragedias por reparar son infinitas, pero aunque todavía no haya finalizado el escrutinio definitivo, lo que sí ya cambió es el humor de la población hondureña, que después de tantas noticias negativas, se volcó a votar primero, a auditar el recuento y a celebrar después por todos los barrios y poblados del país, hasta altas horas de la madrugada. “Voto masivo mata fraude” fue el slogan utilizado para incentivar a la gente a que emitiera su sufragio, más allá de los reparos que existían con un sistema electoral donde, por ejemplo, no hay segunda vuelta.

Por ley, el CNE tiene hasta un mes para dar un ganador definitivo, considerando las impugnaciones que se puedan interponer. Desde el lunes a las siete de la mañana que no se actualiza el conteo y, considerando la historia reciente, la gente comienza a impacientarse. Pero esta vez la victoria de Xiomara Castro y del partido Libre fue tan abrumadora, que no hay fraude posible que impida que una mujer de izquierda vaya a tomar las riendas del golpeado país centroamericano.

30 de noviembre de 2021

 

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La lucha por la legalización del aborto en Colombia

El aborto en Colombia ha sido despenalizado solamente en tres causales y por ello se encuentra dentro del código penal y no como un derecho fundamental. Por esto se sigue judicializando a mujeres pobres y en su mayoría jóvenes. Ayer estuvo de nuevo en discusión en la Corte Constitucional el libre derecho a la decisión de las mujeres sobre sus cuerpos.

 

En Colombia solo hasta el año 2006 se da un primer paso para la despenalización del aborto. La sentencia C-355 de 2006 permite el aborto bajo tres causales: cuando hay riesgo para la salud o la vida de la mujer embarazada, cuando el diagnóstico fetal es grave, y en casos de violación, incesto o inseminación no consentida. Sin embargo, estas tres circunstancias específicas dejaron a las mujeres expuestas a la estigmatización y el maltrato, incluso a la presión de los católicos en los hospitales públicos.

Además de ser la sentencia C-355 de 2006 una ley injusta se presentan dificultades en su implementación, deja al lucro capitalista del sector privado y de manera clandestina la práctica del aborto, y pone en peligro la vida de las mujeres. Asimismo, esta sentencia puso en el limbo la ley, pues esta entre el derecho fundamental y la penalización. La penalización del aborto requiere ser retirada del código penal colombiano y ratificado el derecho al aborto como un derecho fundamental que permita el libre acceso a la salud, la libertad y la igualdad.

Hoy las mujeres en Colombia trabajadoras, estudiantes, campesinas de bajos recursos deben acudir a procedimientos riesgosos y precarios para abortar, lo que hace desigual el acceso a este procedimiento poniendo en peligro la vida de las mujeres pobres. En declaraciones al diario El País Ana Cristina González miembro del movimiento Causa Justa que hoy interpone acciones jurídicas para la legalización del aborto ante la Corte Constitucional afirma que “El sistema colombiano opera tendenciosamente para condenar a las mujeres que deciden abortar y, en cambio, exonera a los hombres que ejercen violencia contra las mujeres”.

En un informe de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres en Colombia se evidencia que el rango de edad de las mujeres que más acuden al aborto esta entre los 14 y 17 años, y que son más penalizadas las mujeres de las zonas rurales que urbanas, también se observa en este informe que el 42% de las mujeres que abortan son sometidas a violencia de género. Las mujeres que son judicializadas por abortar pagan penas de hasta cuatro años y medio.

La discusión para la total despenalización comenzó ayer en la Corte Constitucional, esto debido a las dos demandas interpuestas, una de ellas por la organización Causa Justa que congrega 45 organizaciones feministas y defensoras de los derechos de la mujer. La Corte se encuentra compuesta por 9 magistrados de los cuales se sabe que 4 están de acuerdo con la despenalización y los otros 5 no se han pronunciado sobre esta decisión, cuatro de ellas mujeres. Se conoce que las ponencias a discutir en la corte fueron presentadas por los Magistrados Antonio José Lizarazo y Alberto Rojas Ríos.

Inadmisible resulta que 9 personas decidan sobre los derechos fundamentales de la mitad de la población colombiana que son mujeres; es evidente la injerencia de la ultraderecha, la derecha y la iglesia católica sobre nuestros cuerpos, llegando a la congelación de la discusión en la Corte Constitucional el día de ayer, aun conociendo las cifras de aborto en Colombia que anualmente es de alrededor 400.000 casos. La Corte Constitucional aplaza el fallo argumentado el impedimento del magistrado Alejandro Linares, lo que para ser aclarado requiere de la elección de un conjuez entre 27 candidatos, eso deja la decisión en manos de ocho magistrados que en caso de presentarse empate deberá de nuevo elegirse un conjuez para aclarar el fallo.

Toda una triquiñuela política que aplaza de manera indefinida la legalización del aborto. Además de las organizaciones feministas, no hay pronunciamiento de sectores políticos de ninguna tendencia pues es una decisión que en Colombia entra en el juego moral de las iglesias sobre todo católica con la que simpatiza la ultraderecha, la derecha y el progresismo.

Es urgente la toma de las calles por parte de las mujeres en Colombia, siguiendo el ejemplo de nuestras compañeras de Argentina que consiguieron arrancar con la movilización la legalización del aborto, y para que la Corte Constitucional de un fallo pronto a favor de la despenalización como parte de la lucha por la legalización del aborto en nuestro país, pero también que sirva para combatir el capitalismo y la ultraderecha, y hacer contrapeso a los grupos católicos próvidas quienes con las pro aborto se manifestaron ayer frente a la Corte.

Compañeras, que la marea verde se extienda y nos contagie en pro de ganar derechos no solo en cuanto a la salud sexual y reproductiva, sino en defensa de nuestros derechos en general.

EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR, ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR, ABORTO LEGAL PARA NO MORIR.

Por Begonia D.Corresponsal en Bogotá

Viernes 19 de noviembre

Publicado enColombia
Sábado, 20 Noviembre 2021 06:24

Los (supuestos) límites del capitalismo

Los (supuestos) límites del capitalismo

Durante mucho tiempo una parte de los marxistas aseguraron que el capitalismo tiene límites estructurales y económicos, fincados en leyes que harían inevitable su (auto) destrucción.

Esas leyes son inmanentes al sistema y se relacionan con aspectos centrales del funcionamiento de la economía, como la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, analizada por Marx en El capital.

Esta tesis dio pie a que algunos intelectuales hablaran del derrumbe del sistema, siempre como consecuencia de sus propias contradicciones.

Más recientemente, no pocos pensadores sostienen que el capitalismo tiene límites ambientales que lo llevarían a destruirse o por lo menos a cambiar sus aspectos más depredadores, cuando en realidad lo que tiene límites es la propia vida en el planeta y, muy en particular, la de la mitad pobre y humillada de su población.

Hoy sabemos que el capitalismo no tiene límites. Ni siquiera las revoluciones han podido erradicar este sistema ya que, una y otra vez, en el seno de las sociedades posrevolucionarias se expanden relaciones sociales capitalistas y desde dentro del Estado resurge la clase burguesa encargada de hacerlas prosperar.

La expropiación de los medios de producción y de cambio fue, y seguirá siendo, un paso central para destruir el sistema, pero, a más de un siglo de la revolución rusa, sabemos que es insuficiente, si no existe un control comunitario de esos medios y del poder político encargado de gestionarlos.

También sabemos que la acción colectiva organizada (lucha de clases, de géneros y de colores de piel, contra las opresiones y los opresores) es decisiva para destruir el sistema, pero esta formulación también resulta parcial e insuficiente, aunque verdadera.

La actualización del pensamiento sobre el fin del capitalismo, no puede sino ir de la mano de las resistencias y construcciones de los pueblos, de modo muy particular de zapatistas y kurdos de Rojava, de los pueblos originarios de diversos territorios de nuestra América, pero también de los pueblos negros y campesinos, y en algunos casos de lo que hacemos en las periferias urbanas.

Algunos puntos parecen centrales para superar este desafío.

El primero es que el capitalismo es un sistema global, que abarca todo el planeta y debe expandirse permanentemente para no colapsar. Como nos enseña Fernand Braudel, la escala fue importante en la implantación del capitalismo, de ahí la importancia de la conquista de América, ya que le permitió, a un sistema embrionario, desplegar sus alas.

Las luchas y resistencias locales son importantes, pueden incluso doblegar al capitalismo a esa escala, pero para acabar con el sistema es imprescindible la alianza/coordinación con movimientos en todos los continentes. De ahí la tremenda importancia de la Gira por la Vida que estos días realiza el EZLN en Europa.

El segundo es que no se destruye el sistema de una vez para siempre, como debatimos durante el seminario El pensamiento crítico frente a la Hidra capitalista, en mayo de 2015. Pero aquí hay un aspecto que nos desafía profundamente: sólo la lucha constante y permanente, puede asfixiar el capitalismo. No se lo corta de un tajo, como las cabezas de la Hidra, sino de otro modo.

En rigor, debemos decir que no sabemos exactamente cómo terminar con el capitalismo, porque nunca se ha logrado. Pero vamos intuyendo que las condiciones para su continuidad y/o resurgimiento deben acotarse, someterse a control estricto, no por un partido o un Estado, sino por las comunidades y pueblos organizados.

El tercer punto es que no se puede derrotar el capitalismo si a la vez no se construye otro mundo, otras relaciones sociales. Ese mundo otro o nuevo, no es un lugar de llegada, sino un modo de vivir que en su cotidianidad impide la continuidad del capitalismo. Las formas de vida, las relaciones sociales, los espacios que seamos capaces de crear, deben existir de tal modo que estén en lucha permanente contra el capitalismo.

El cuarto es que, mientras exista Estado, habrá chance de que el capitalismo vuelva a expandirse. En contra de lo que pregona cierto pensamiento, digamos progresista o de izquierda, el Estado no es una herramienta neutra. Los poderes de abajo, que son poderes no estatales y autónomos, nacen y existen para evitar que se expandan las relaciones capitalistas. Son, por tanto, poderes por y para la lucha anticapitalista.

Finalmente, el mundo nuevo posterior al capitalismo no es un lugar de llegada, no es un paraíso donde se practica el buen vivir, sino un espacio de lucha en el que, probablemente, los pueblos, las mujeres, las disidencias y las personas de abajo en general, estaremos en mejores condiciones para seguir construyendo mundos diversos y heterogéneos.

Creo que si dejamos de luchar y de construir lo nuevo, el capitalismo renace, incluso en el mundo otro. El relato del Viejo Antonio que dice que la lucha es como un círculo, que empieza un día pero nunca termina, tiene enorme actualidad.

20/11/2021

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