El cohete chino Larga Marcha 2F con la nave espacial Shenzhou-13, el 16 de octubre de 2021. AFP

Políticos lamentan que la Fuerza Espacial estadounidense no esté avanzando a la par que el sector espacial privado del país.

China está avanzando en el desarrollo de su potencial espacial "al doble del ritmo" que EE.UU. y podría convertirse en el líder mundial en ese ámbito hacia el final de esta década, expresó este sábado el general David Thompson, jefe adjunto de operaciones espaciales de la Fuerza Espacial estadounidense, según cita el portal Defense One.

"El hecho de que, en esencia, en promedio [los chinos] están construyendo, desplegando y actualizando sus capacidades espaciales al doble del ritmo que nosotros, significa que muy pronto, si no comenzamos a acelerar nuestras capacidades de desarrollo y entrega, ellos nos superarán", manifestó el alto cargo militar durante un panel de discusión en el Foro Reagan de Defensa Nacional en California.

Y expresó que, para tal escenario, "el 2030 no es una estimación irrazonable".

Las palabras de Thompson fueron recibidas con aprobación por parte del congresista demócrata Jim Cooper, actual jefe del subcomité de fuerzas estratégicas del Comité de Servicios Armados.

"Demonios que sí", exclamó el legislador al ser preguntado sobre si Washington y Pekín se encuentran actualmente compitiendo en una carrera espacialrecoge la CNN.

Por otra parte, Cooper lamentó que la Fuerza Espacial estadounidense no esté avanzando a la par que el sector espacial privado del país, instando a esa rama de las FF.AA. a demostrar mucha más creatividad.

"Para ser realmente superiores, tenemos que ir más allá de la imaginación de Elon Musk, de la imaginación de Jeff Bezos, más allá de sus billeteras. El presupuesto [de la Fuerza Espacial] ahora mismo es de 17.000 millones de dólares, eso es mucho dinero, pero considerando cuán crucial es el espacio, ¿estamos haciendo lo suficiente?", cuestionó.

Publicado: 5 dic 2021

Viernes, 03 Diciembre 2021 05:36

Retorno a El Pato

Campesinos de Guayabal en el Festival del Retorno a El Pato DAHIAN CIFUENTES

Una exrepública independiente en las profundidades de Colombia

La comunidad campesina de El Pato surgió como respuesta social a la guerra. Su peculiar organización permite a sus miembros permanecer en el territorio y establecer un orden social propio a partir del acceso a la tierra.

Entre tanques de gasolina, neumáticos y costales empachados de yuca y plátano va don Eduardo, agarrado de lo que puede para no caer sobre la salvaje trocha. Va recién bañado y pulcramente vestido. El movimiento de la chiva1 que lo transporta en su azaroso techo le ensucia el pantalón y él, sonriente, dice que campesino es campesino, aunque vista de paño inglés. Sus ojos claros se suspenden en la contemplación del paisaje montañoso. Va callado, como un pecado, esquivando las ramas que castigan la altura en la que viaja. Escucha el viento con la solicitud que tienen los amantes de Johann Sebastian Bach y, de vez en cuando, interrumpe la introspección para saludar a algún paisano, siempre con la misma ceremonia: levanta una mano, grita alguna ponderación y vuelve a la sensibilidad. El sol calcina, como podría suceder en cualquier infierno, pero la realidad es otra: don Eduardo va para su cielo, un pequeño cielo llamado Guayabal, perdido entre las apretadas montañas del departamento del Caquetá.

Don Eduardo nació en 1959 y, desde muy chico, comprendió su destino: la tierra. Pero, como la tierra es insegura para quien no la tiene y la desea, ese sueño habitable y perfecto mutó varias veces en algo que él, dice, nunca va a lograr entender con plenitud. Su cielo nunca ha dejado de serlo, pero «otros» se han encargado de volverlo un dolor, y no un dolor de cabeza cualquiera, sino un dolor insondable, de alma.

¿Quiénes? El poder. ¿Qué es el poder? Las elites. ¿Qué son las elites? Las que quieren controlarlo todo. ¿Por qué quieren controlarlo todo? Porque se creen dueños de todo. ¿De qué se creen dueños? Hasta de lo que no conocen y no han trabajado. ¿Quién es usted? Un campesino, no un guerrillero. ¿Qué necesita? Apoyo, no bombas.

Desde aquel momento en que vi a don Eduardo encaramado en el techo de la chiva han pasado 12 horas. A estas alturas de la noche tiene los ojos chiquitos y las mejillas sonrosadas. Su voz se confunde con el sonido de la orquesta, que, en onda merengue, pone a transpirar a centenares de parejas. Entre cervezas y rones, asegura que puede vivir, un poco más alegre, al lado de quienes resisten la indolencia de esos «otros» y que, a su manera, celebran el enmarañado fondo histórico del retorno, que también son voces vivas, memorias irreprimibles y, por supuesto, una realidad en marcha.

Para don Eduardo y miles de campesinos de la zona morir no es abandonar la tierra físicamente, sino perder esa porción que con tanto esfuerzo han labrado. Con un par de desplazamientos forzados instalados en sus evocaciones vitales, dice que ser desplazado del territorio es un cansancio, un cansancio total al que solo se puede hacer frente con dignidad.

* * *

Para llegar a Guayabal desde Neiva hay que transitar cinco horas de difíciles trochas en alturas serpenteadas y climas disímiles, entre 500 y 2.800 metros sobre el nivel del mar. El trayecto solo puede hacerse de día y en la noche está prohibida la circulación. Las oscilaciones automotoras se confunden con las vibraciones sensoriales que despierta el imponente paisaje, en sí mismo una oda a la diversidad geográfica y ecológica del país. Hay hondos precipicios tutelados por vacas, sembradíos de café, frijol, aguacate, yuca y plátano y ríos de corrientes arduas y aguas diáfanas, como Las Ceibas, Balsillas, La Perla, El Oso y El Pato.

La frontera entre el departamento del Huila y el Caquetá es una curva en U con una valla que dice: «Zona de Reserva Campesina Cuenca del Río Pato y Valle de Balsillas, San Vicente del Caguán, Caquetá. La ZRC da la bienvenida a un territorio de paz que construye justicia social». Esta fue la primera zona de reserva campesina en el país, constituida el 10 de noviembre de 1997 para subsidiar y entregar terrenos estatales no aprovechados a comunidades campesinas, con el objetivo de generar «procesos de organización y condiciones de vida adecuadas para consolidar y desarrollar sosteniblemente economías rurales y superar los conflictos sociales que las han afectado históricamente».

Guayabal queda a dos horas de San Vicente del Caguán, acaso la capital de aquello que en el gobierno conservador de Andrés Pastrana se llamó «zona de distención» y que, aunque debía durar unos pocos meses, se extendió de 1998 a 2002. Fueron 42 mil quilómetros cuadrados de territorio despejado por las fuerzas militares colombianas para promover mesas de negociación y acuerdos de paz, que nunca se dieron, con la entonces guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

La región fue medular en la gestación del conflicto armado colombiano y, lejos de exteriorizar una estricta idiosincrasia rebelde, sí ha tenido la necesidad de organizarse. No en contra de un enemigo común, sino más bien en contra del olvido al que ha sido sometida históricamente. Para no ir más lejos: hoy, en 2021, la luz eléctrica llega dos veces al día en horarios puntuales, los sistemas de acueducto funcionan prácticamente igual que hace 50 años y hay un solo centro de salud, que parece más bien una desnutrida farmacia. Ahora bien, esto no ha llevado al conformismo de sus habitantes: por el contrario, los procesos organizativos han permitido, a partir de la autogestión y la división social del trabajo, asumir las reformas como propias y solventarlas con lo que está al alcance.

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La noche dominguera, pletórica en grillos y estrellas, es limada por estrepitosos corridos y rancheras. La justa mitad del pueblo dejó de ser una cancha deportiva múltiple para convertirse en bar y pista de baile. Alrededor de 2 mil personas colman las graderías y sus alrededores. La ingesta alcohólica tiene vida propia y los ánimos permanecen tan empapados de júbilo que no se presenta un solo malentendido. Caldos, asados, fritos y comidas rápidas sirven como colchones para apaciguar borracheras, y diversos juegos de feria enredan las atenciones de los más chicos.

Es la noche de coronación de la nueva reina del Retorno y no hay esquemas de seguridad estatales. La Policía no existe. Nunca existió. Tres competidoras: Balsillas, Paraíso y Guayabal. Las apuestas y las bullas se inclinan por la representante local, pero falta la prueba más difícil, aquella con la que saldrá a flote la indudable casta regional: el baile de «El barcino», tema que forma parte importante del erario musical colombiano, compuesto por Jorge Villamil en 1968. Villamil provenía de una familia acomodada del Huila y desde su infancia atestiguó las luchas campesinas en contra de los terratenientes y latifundistas (años veinte y treinta del siglo XX), cuando el universo rural colombiano alojaba a casi el 80 por ciento de la población total del país.

«El barcino» es la historia de un agraciado novillo que desaparece de forma misteriosa y se convierte en motivo lírico a propósito de incidentes políticos relacionados con las épocas de La Violencia (1948-1958) y el Frente Nacional (1958-1974). Dice la letra: «Cuando los tiempos de La Violencia/ se lo llevaron los guerrilleros/ con Tirofijo cruzó senderos/ llegando al Pato y al Guayabero». Tirofijo es uno de los alias de Pedro Antonio Marín Marín, personaje que, junto con Luis Alberto Morantes Jaimes, alias Jacobo Arenas, fundó las FARC, en 1964. Así las cosas, «El barcino» es una evocación directa no solo de la resistencia guerrillera y campesina («¡Arre, torito bravo, que tienes alma de acero/ que llevas en la mirada pudor de torito fiero!»), sino también de aquellas regiones en proceso de soberanía e insurrección que evadían el arbitraje gubernamental y que, en su momento, fueron bautizadas por el entonces senador y posterior candidato presidencial conservador Álvaro Gómez Hurtado como repúblicas independientes (Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero y Sumapaz).

Sobre la medianoche el selecto jurado da el veredicto: la nueva reina del Festival del Retorno a El Pato es la representante de Balsillas. El traje tradicional, la sonrisa emplazada como un escudo en su rostro, la pulcritud de sus pasos en el desfile y la respuesta precisa a la pregunta de cuáles son los productos más representativos de la región le dieron la corona a esta señorita de 18 años. Perder no es malo. La barra local entera hizo una misma cosa: aplauso a la soberana, copa al cielo para pasar el episodio y a seguir la fiesta. En Guayabal y en toda la región de El Pato, piedemonte amazónico, buenos y malos no son absolutos, sino relativos. Son conceptos rebatibles, no dogmas ni verdades. Algo malo jamás puede brillar más que nada y lo bueno de esta noche es la unión, o por lo menos eso asegura el ganador de un bingo de tres millones de pesos –750 dólares– después de convidar con tres botellas de ron a los organizadores del evento y con incontables cervezas a todos los que se acercaron a felicitarlo.

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El Festival del Retorno a El Pato es un pretexto que permite recordar la marcha por la vida, en 1980, en la que unas 5 mil personas se trasladaron desde Guayabal hasta Neiva para entregar al país un solo mensaje: este territorio es habitado por campesinos trabajadores y honestos que llegaron en busca de tierras para ponerlas a producir y construir sus respectivos proyectos de vida, campesinos que han sido vulnerados, bloqueados, arrinconados, olvidados y desplazados por el solo hecho de trabajar y defender la tierra.

Como proclamas principales en lo que devino pista de baile aparecen «Marcha por la vida 1980», «Retornamos para quedarnos» y «Digna expresión de un pueblo». Escenas campesinas, paisajes montañosos y banderas de Colombia engalanan un mural que muy al final tiene la imagen de Humberto Moncada Britto, líder campesino desaparecido por fuerzas del Estado el 6 de junio de 1983. Toda esta digna parafernalia es obra de la Asociación Municipal de Colonos de El Pato (AMCOP), una organización social que se ha consolidado comunitaria y horizontalmente en las últimas décadas. Con el lema «La paz comienza en el campo», es una muestra de resistencia de una población civil en medio del conflicto armado.

Más que identitaria y autonómica, la AMCOP ha sabido forjar relacionamientos sociales y territoriales genuinos, que se alejan de las jerarquías concentradoras de poderes para estacionarse en paradigmas de cooperativismo y solidaridad que privilegian la seguridad alimentaria y la seguridad humana, pasando por la construcción de modelos de diálogo y trabajo colectivo. Después de la firma de la paz entre el gobierno y las FARC en 2016, la AMCOP ha tenido proyectos no solo de inversión rural y desarrollo social, sino también de resguardo de la memoria colectiva, como la construcción de corredores turísticos y artísticos y un museo que permita reconocer los avatares de la guerra sufrida y que, a su vez, consienta la edificación de un saber histórico basado en la verdad y el orgullo campesino.

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En Guayabal hay muchos, muchísimos perros. Interpretar sus aullidos es tarea imposible: altos y bajos, algunos de terror, de drama, otros de desolación y hambre. No obstante, los coros perrunos juguetean con las cambiantes luces de las montañas de arriba y los valles de abajo. A la hora del atardecer el empinamiento del paisaje se convierte en una sola garganta que no se puede trepar, sino simplemente habitar, con los ojos desflecando la naciente oscuridad y los oídos patrullando la aparición de la noche. Es un placer de 18 o 19 grados centígrados, un goce que se mastica con la mirada y se oye con las manos.

«El Estado colombiano sufre de un pavor terrible por no estar a la altura de nosotros, sus campesinos. Tal vez por eso la opresión y el abandono al que nos ha sometido», dice Lucía, mientras destapa una botella de aguardiente comprada en uno de los tres puntos del pueblo habilitados por la AMCOP para el expendio de alcohol. En sus palabras hay un eco que destroza la ranchera número 600 mil del fin de semana: «Intentaron meternos por los ojos una incertidumbre que no sirve para nada, porque ni construye ni destruye. La realidad está hecha para ser intervenida, modificada, y eso es lo que intentamos hacer, con unidad».

Los solitarios y los borrachos de tres días y noches sin treguas de ningún tipo, los hombres y las mujeres que no tienen con quién hablar se desdoblan y, entre sus viajes interiores, pasan las horas finales de la fiesta con sus manos colmadas de hastíos. Pero no desfallecen, uno o dos tragos más y se recuperan y vuelan alto, como si fueran aves sedientas de vida. Para estas personas –postreras y sobrevivientes– la violencia solo sirve para sacarlo a uno de adentro de uno. Acá nadie toca con nadie: la persona problemática paga cinco millones de pesos (1.200 dólares) como multa y si no tiene el dinero,  paga con trabajo comunitario.

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En la profundidad de la gallera del pueblo, epicentro de juegos y apuestas, Darwin –un desmovilizado de las FARC con marcas de guerra grabadas en su cuerpo– dice en referencia a El Pato: «Tierra bella, como un poema». Cuenta anécdotas de sus años en combate, bajo el alias Talento, del tiempo que pasó en la cárcel como guerrillero y de lo poco que lleva caminando la vida civil como un hombre común y silvestre. «Está difícil, pero un día espero estar tranquilo», añade. Toma un último sorbo de cerveza, suspira con potencia y se va a recibir el producido del último día de fiesta. Afuera todos, al igual que él, esperan un amanecer en serio, uno que rompa la estigmatización y traiga la anhelada anexión de esta tierra al imaginado país real.

Por Giovanny Jaramillo Rojasdesde El Pato, Caquetá 
3 diciembre, 2021

1.Camión de carga reconvertido artesanalmente en autobús, típico de las zonas rurales de Colombia y Panamá, con portaequipajes en el techo.

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Xiomara Castro ya festeja la presidencia.

Con el 40% de las actas escrutadas, la candidata de izquierda le saca casi 20 puntos al oficialismo

Los hondureños eligieron en las urnas al sucesor del presidente Juan Orlando Hernández, cuestionado por corrupción y cuyo partido sería desbancado tras 12 años del poder, al que llegó tras el "golpe blando" contra Manuel Zelaya.

En unas elecciones presidenciales que se desarrollaron sin mayores incidentes y con una importante participación en torno al 69 por ciento en Honduras, la candidata de izquierda Xiomara Castro, del Partido Libertad y Refundación (Libre), resultaba vencedora por casi 20 puntos de diferencia, de acuerdo a los primeros resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE). Los resultados preliminares, que se demoraron casi una hora generando malestar en la población, le otorgaban a Castro  53,5 por ciento de los sufragios frente al 34 por ciento del candidato del Partido Nacional (PN) gobernante, el alcalde de Tegucigalpa, Nasry Asfura, con el 40 por ciento del total de las actas escrutadas.

Los primeros resultados oficiales coinciden con casi todos los boca de urna, que le daban a Castro una ventaja que se extendía hasta los 15 puntos de diferencia de acuerdo a la encuestadora LeVote. Ambos candidatos, que partían como favoritos a quedarse con la presidencia, se proclamaron ganadores antes de que se conozcan los resultados definitivos, que podrían llevar días en anunciarse. Los hondureños eligieron en las urnas al sucesor del presidente Juan Orlando Hernández, cuestionado por corrupción y cuyo partido sería desbancado tras 12 años en el poder.

Buena participación y tirón de orejas a los candidatos

Los comicios, en los que participaron 14 partidos y doce candidatos presidenciales, fueron observados por más de 400 enviados especiales de la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y expresidentes latinoamericanos. No hubo "incidentes que lamentar" y participaron más de 3,2 millones de los 5,1 millones de votantes habilitados para votar, indicó Kelvin Aguirre, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Aguirre pidió a los candidatos presidenciales no declararse ganadores hasta que el CNE divulgue los resultados oficiales de las elecciones, las undécimas consecutivas desde 1980, cuando el país retornó al orden constitucional. Pero unas tres horas antes de que se cerraran las mesas de votación, los partidos Libre y Nacional daban como ganadores a sus respectivos candidatos.

El gesto de Castro y Asfura generó la inmediata reacción del CNE y la OEA. "Ayudémonos todos a salir bien de este proceso electoral, el pueblo merece actuar con tranquilidad y prudencia hasta que se produzca el resultado final", reclamó la magistrada del consejo electoral, Rixi Moncada, al anunciar el comienzo del escrutinio. Asimismo, la misión de la OEA exhortó "a los candidatos y actores políticos a que tengan una actitud responsable y eviten proclamaciones y pronunciamientos anticipados", mientras que la coordinadora residente de la ONU en Honduras, Alice Shackelford, exhortó a los actores políticos a "mantener la calma".

La masiva afluencia de votantes registrada en la capital hondureña se repitió en varias ciudades y municipios del país centroamericano. De hecho, los colegios electorales lucían repletos desde la primera hora del domingo. Xiomara Castro votó por la mañana en la ciudad de Catacamas, departamento de Olancho, en el este del país, y exhortó a sufragar de forma masiva. "Tengamos paz, no atendamos provocaciones, sabemos que van a intentar provocar al pueblo, hay desesperación, especialmente de aquellos que han estado gobernando estos 12 años", expresó.

Antes de votar en Tegucigalpa, Nasry Asfura, quien fue acusado en 2020 de malversar fondos públicos, nombrado en los Pandora Papers y vinculado al tráfico de influencias en Costa Rica, abogó por destacar la participación popular. "Lo que el pueblo hondureño quiere al final es el respeto", declaró Asfura y agregó, acaso abriendo el paraguas de lo que vendría luego: "Debemos, como caballeros y como hombres, aceptar las cosas, pero hasta que se cuente el último voto".

Por su parte el presidente Juan Orlando Hernández, luego de emitir su voto en su municipio natal de Gracias en el oeste de Honduras, manifestó: "Estoy optimista con los resultados, yo recibí al país más violento en la faz de la tierra, ya no lo somos, nos entregamos un país quebrado y dejamos un país con unas finanzas robustas". Ortega logró la reelección cuatro años atrás en unas polémicas elecciones en las que enfrentó a un candidato de una alianza coordinada por el exmandatario Manuel Zelaya (2006-09), esposo de Castro, pese a acusaciones de fraude de la oposición y de observadores, lo que desató una ola de protestas y represión estatal que dejó una treintena de fallecidos.

"Hemos experimentado este gobierno por 12 años y hemos ido de mal en peor. Tenemos la expectativa de algo nuevo", consideró el comerciante Luis Gómez. "Esperemos que no haya violencia. Independientemente de quien gane, todos somos hondureños y tenemos que respetarnos unos a otros. Lastimosamente no entendemos eso", dijo por su parte Leonel Peña, un carpintero de 57 años, tras votar en el barrio de Nueva Suyapa, periferia de la capital.

Castro, quien asegura promover un "socialismo democrático" con una agenda progresista, ha sido tildada de comunista por sus rivales más reaccionarios, y ese discurso ha calado hondo en una parte de la sociedad. "Muchas características de Venezuela las quieren traer aquí a Honduras y no las aceptamos", decía Rosa Díaz, una ama de casa de 26 años que votó por Asfura porque cree que "es diferente". "¿Cuál comunismo, si aquí en Honduras el que no trabaja no come? Yo nunca he vivido por un partido", replicaba por su parte Guadalupe Rodríguez, una vendedora ambulante de comida de 54 años.

Jornada tranquila pese a los temores

Aunque existe un alto nivel de desconfianza hacia la política y muchos hondureños temen que vuelva a haber violencia gane quien gane, la jefa de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, Zeljana Zovko, destacó que la jornada se desarrolló en un ambiente "tranquilo" y que la afluencia a los centros de votación fue "alta". Por su parte Estados Unidos envió al jefe de su diplomacia para América latina, Brian Nichols, a reunirse con los candidatos: no quiere que una nueva crisis aliente aún más las olas migratorias que constantemente llegan de Centroamérica.

Durante la jornada se registraron algunas denuncias de irregularidades como la caída del sitio web del CNE, el cierre temporal de al menos un centro de votación y una demora en la apertura de las mesas. Horas más tarde, el portal volvió a estar en funcionamiento y accesible al público, aunque el comité electoral prometió investigar lo sucedido.

Medios locales reseñaron también el cierre temporal por parte de las Fuerzas Armadas de un colegio electoral en Tela, en el departamento norteño de Atlántida, debido al movimiento ilegal de un escáner de huellas digitales, un sistema de identificación biométrica que se utiliza por primera vez en el país.

Además del nuevo presidente, los hondureños también debían elegir a los 128 miembros del Congreso Nacional y 20 representantes del parlamento centroamericano. Los resultados de estos comicios serán definitivos, ya que en Honduras no hay posibilidad de ballotage y se consagra presidente el candidato que más votos obtenga en una única vuelta.

Los temores de fraude y los reportes de al menos 31 muertos como parte de la violencia política en esta campaña avivaron las tensiones, mientras el país experimentó un salto del desempleo de 5,7 por ciento en 2019 a 10,9 por ciento en 2020, según la Universidad Nacional Autónoma, y tiene al 59 por ciento de sus diez millones de habitantes sumidos en la pobreza.

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Evo Morales (izq.), Luis Arce y su vice, David Choquehuanca, encabezan la marcha. . Imagen: AFP

La bautizada "Marcha por la Patria" llegará el próximo lunes a La Paz

"El pueblo tiene la palabra siempre y lo dijimos: si no quieren respetar el voto en las urnas lo haremos respetar en las calles", advirtió un presidente eufórico. Por su parte, el exmandatario de Bolivia aseguró que la derecha "quiere volver al Estado colonial".

 

Entre banderas multicolores, música y rituales andinos, el presidente de Bolivia, Luis Arce, y el exmandatario, Evo Morales, encabezaron este martes el primer tramo de una masiva movilización a favor del gobierno que recorrerá casi 200 kilómetros. "El pueblo boliviano marcha para reivindicar y decir que su apuesta es la democracia. Quienes han perdido en las urnas quieren ganar de otra manera", dijo Arce aludiendo a la oposición de derecha, que mantuvo un paro de nueve días en rechazo a una ley antilavado promovida por el oficialismo.

Miles de partidarios del Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Morales, iniciaron la denominada "Marcha por la Patria" en el poblado de Caracollo, al oeste del país, y esperan llegar el próximo lunes a La Paz. Con las montañas de los Andes de fondo, integrantes de sindicatos afines al MAS y otras organizaciones sociales emprendieron a paso ligero la larga caminata por la ruta ondeando banderas de Bolivia y wiphalas, estandarte de los pueblos del altiplano.

Lucían trajes típicos de telas coloridas, sombreros ornamentados, cascos de mineros y los tradicionales sacos tejidos donde indígenas aimaras y quechuas cargan sus pertenencias e incluso a sus bebés. En la caravana de más de un kilómetro resaltaban enormes pancartas, algunas con imágenes de Arce y Morales, mientras la multitud gritaba consignas a favor de sus líderes.

Arce, quien encabezó los primeros kilómetros de la marcha, pidió fortaleza y unidad a los manifestantes recordando antiguas movilizaciones entre Caracollo y La Paz que fueron hitos de la construcción de la democracia en Bolivia, incluyendo las que derrotaron a las dictaduras en el siglo pasado y las que dieron vida al actual Estado Plurinacional hace poco más de una década.

"El pueblo boliviano tiene la palabra siempre y lo dijimos: si no quieren respetar el voto en las urnas lo haremos respetar en las calles", advirtió un Arce eufórico, quien también destacó que "el pueblo boliviano es sabio" porque "resolvió el problema de 2019 en las urnas". 

El mandatario dijo que, por el contrario, "quienes han perdido en las urnas, quienes no han tenido la capacidad de generar mayoría quieren ganarla de otra manera, por eso el pueblo boliviano hoy marcha para reivindicar" y para decir que la "apuesta" es por la "democracia". En medio de aplausos y vítores de "Lucho no está solo", Arce dijo que "no se sentía solo" porque "el pueblo estaba con él".

"La derecha quiere volver al Estado colonial"

El expresidente Morales, también presente en el acto, hizo un largo recuento de hechos con los que la oposición derechista trató de impedir primero la asunción presidencial de Arce, y se empeñó luego en desestabilizarlo. "El tema de fondo es que la derecha no quiere el Estado Plurinacional, quiere volver al Estado colonial", afirmó Morales en ese sentido.

"No nos perdonan, esa pequeña oligarquía, que hayamos nacionalizado, recuperado los recursos naturales", advirtió el expresidente de Bolivia entre 2006 y 2019, quien dijo que la marcha era una suerte de "calentamiento" para la concentración del 29 de noviembre en La Paz, sobre la que pronosticó que será tan grande que "hará reventar" a la capital política del país.

"Esta marcha es por la patria, quienes amamos a Bolivia vamos a hacer un esfuerzo de siete días de marcha, todo por la nueva Bolivia que vamos a empezar a reconstruir", señaló y destacó desde una tarima, visiblemente emocionado, la "gran sorpresa de ver miles y miles de hermanos concentrados". Morales finalizó su discurso diciendo que "gracias al voto de ustedes estoy acá de nuevo con vida" e invitó al "pueblo boliviano" a defender al presidente Arce.

En una pausa de la extensa caminata, el dirigente petrolero Rolando Borda dijo que el inicio de la marcha "superó las expectativas" y que se han adherido más personas de las que inicialmente estaban previstas. La dirigenta indígena Flora Aguilar aseguró por su parte que "hoy más que nunca estamos unidos" en "defensa de la democracia" y que ahora la "tarea fundamental" es cuidar también al gobierno.

Desde primeras horas del martes miles de personas se desplazaron hasta Caracollo convocadas por el MAS y por organizaciones afines como la Central Obrera Boliviana (COB), que instruyó de manera "obligatoria" a todas las bases campesinas, indígenas y cívicas a sumarse a la marcha.

La distancia entre Caracollo y La Paz se suele recorrer en unos siete días, por lo que está planificado llegar a la ciudad sede del gobierno el próximo lunes, haciendo escalas en pueblos intermedios que se han organizado para preparar ollas comunes. La marcha en apoyo a la gestión de Arce fue convocada por Morales el pasado 12 de noviembre, luego de una huelga de casi una semana impulsada por la oposición contra una ley de blanqueo de capitales que el gobierno finalmente derogó.

El país sudamericano vive una profunda división política desde 2019, cuando Morales se vio forzado a renunciar a la presidencia luego de perder el respaldo de las Fuerzas Armadas y la policía, en medio de protestas masivas en su contra y acusaciones de fraude electoral cuando buscaba la reelección a un cuarto mandato. De nuevo en el poder desde 2020, el MAS considera que las últimas protestas opositoras fueron un "pretexto" y que en realidad lo que se buscaba era un "segundo golpe de Estado".

24 de noviembre de 2021

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 Nayib Bukele anuncia la construcción de la primera 'ciudad del bitcóin' en el mundo durante la conferencia de la 'semana del bitcóin', Teotepeque (El Salvador), el 20 de noviembre de 2021.JOSE CABEZAS / Reuters

Será construida en el este del país en forma de círculo, emulando una moneda, y sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA.

El Salvador planea construir "Bitcoin City", la primera 'ciudad del bitcóin' del mundo, que será financiada con bonos, respaldados con la criptomoneda, reveló este sábado el presidente del país, Nayib Bukele, al final de la conferencia dedicada a la promoción de la divisa digital. 

"Pensé que teníamos que dar un anuncio grande en esta 'Semana del bitcóin'. Así que hoy quiero anunciar que vamos a construir la primera 'Bitcoin City'", declaró el mandatario. 

Será construida entre la ciudad de La Unión y Conchagua en forma de círculo, emulando una moneda. El proyecto incluye una "gran plaza central" que "celebrará la creación del bitcóin", precisaron desde la Casa Presidencial de El Salvador. "Habrá una plaza con la 'B' del bitcóin tallada en ella, lo que permitirá que la luz ingrese a las salas de exhibición del museo del bitcóin. Aquí es donde la gente aprenderá sobre la evolución del dinero: desde las piedras hasta la perfección de blockchain", señaló el organismo.

Según Bukele, será una nueva metrópolis con zonas residenciales, centros comerciales, restaurantes, un puerto, un aeropuerto, un tren, "de todo en torno al bitcóin".

Sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA. "La mitad se usará para pagar los bonos de la municipalidad y lo demás para la infraestructura pública y el mantenimiento de la ciudad", dijo el presidente.

La energía la obtendrá de una central geotérmica local en el volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión.

Samson Mow, director de estrategia de Blockstream, proveedor de tecnología 'blockchain', informó que inicialmente las autoridades salvadoreñas emitirán bonos de 1.000 millones de dólares respaldados por bitcoines a fin de comenzar a recaudar fondos para levantar la planificada ciudad.

Bukele anunció que en el 2022 iniciará la emisión de bonos dentro del "ecosistema bitcóin", mientras que el proyecto iniciará 60 días después del financiamiento.

"Bitcoin City será la ciudad más avanzada de su tipo, más famosa que las ciudades y metrópolis más grandes de todo el mundo. Es el comienzo de lo que se llamará 'Área Metropolitana de la Ciudad de Bitcoin'", comunicaron desde la Casa Presidencial.

En septiembre del 2021 El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Esta semana, el país latinoamericano ha sido sede de la 'Semana del bitcóin', conferencia anual que se celebra desde el 2013, organizada por los interesados en la expansión de la criptodivisa. Con la decisión de la construcción de la citada ciudad, las autoridades avanzan en su apuesta por las innovaciones financieras. 

Publicado: 21 nov 2021

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Viernes, 19 Noviembre 2021 06:09

Economía y declinación relativa

Economía y declinación relativa

Los datos del Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM permiten calibrar la declinación de Estados Unidos (EU). Si en 1950 EU representaba 50 por ciento del producto mundial bruto y 60 por ciento de la producción industrial del mundo, en 1999 las cifras ya eran de 20 y 25 por ciento, respectivamente. Su participación en las exportaciones de servicios comerciales, el sector de crecimiento más rápido de la economía mundial era de 24 por ciento en 2001, mientras la de la Unión Europea llegaba a 23 por ciento, pero si se incluyen las exportaciones intraeuropeas, la cifra ascendería a 40 por ciento.

En 2002 las firmas no estadunidenses ya dominaban las principales industrias, incluyendo nueve de las 10 empresas del sector eléctrico y electrónico del mundo; ocho de las 10 mayores productoras de vehículos motorizados y comercializadoras de gas y electricidad; siete de las 10 principales refinadoras de petróleo; seis de las principales 10 empresas de telecomunicaciones; cinco de las 10 principales firmas farmacéuticas; cuatro de las primeras seis productoras de químicos; cuatro de las principales siete aerolíneas. De los 25 bancos más grandes del mundo, 19 no eran de EU, aunque los dos más grandes en 2002 y 2003 fueron Citigroup y Bank of America.

En 2000, de las primeras 100 corporaciones del mundo, según su control de activos en el exterior, 23 eran de EU. Alemania, Francia, Reino Unido y Holanda, con un PNB siete décimos del de EU, tenían 40 y 16 eran firmas japonesas. En la década de los 90 las ventas al exterior de grandes empresas de EU, entre las primeras cien, pasaron de 30 a 25 por ciento y las de la UE pasaron de 41 a 46 por ciento . En 2001, el 21 por ciento de las acciones en inversión extranjera directa (IED) provenía de EU, en contraste con 47 por ciento que controlaban las firmas de la UE en 1960. Entre 1996 y 2001 el 15 por ciento de toda IED provenía de EU y 16 por ciento de Inglaterra. Juntas Francia, Bélgica y Luxemburgo manejaban 21 por ciento de las 25 fusiones y adquisiciones (F&A) más importantes en EU realizadas entre 1998 y 2000, cinco fueron hechas por firmas extranjeras (tres británicas, dos alemanas) Y de las principales 20 empresas realizando F&A internacionales entre 1987-2001, sólo dos eran de EU (General Electric y Citigroup) representando 5 por ciento del valor de toda las F&A del periodo

La sólida evidencia de analistas como Alejandro Dabat y Paulo Leal en torno a la declinación histórica, pone en evidencia algunos de los supuestos de los que en otra oportunidad califiqué como "globalismo pop" a saber:

  1. A) que el impacto del Estado se ha diluido ante el ímpetu de la globalización, al punto de que ya es crecientemente una presencia virtual,
  1. B) con igual falta de documentación se asume que se han constituido "empresas globales" desvinculadas del Estado, ya sea metropolitano o periférico proponiendo que las grandes firmas deambulan desarraigadas en el ámbito internacional con matrices y subsidiarias desreguladas, sin ordenamientos o espaldarazos estatales de corte económico, fiscal, contable o político-militar.

No existen referentes empíricos que apuntalen la noción de que se ha constituido un sistema mundial autorregulado y que, por tanto, la economía escapa a los controles políticos. Ya la debacle económico-financiera iniciada en 2007/2008 por enésima vez hizo trizas esa "sabiduría convencional".Tampoco hay base para afirmar que en "tal sistema global" las economías nacionales están subsumidas y rearticuladas en el sistema por medio de procesos y transacciones de un ente "global" que se autonomiza y desapega del medio ambiente social, en especial de la dinámica y creciente confrontación de clase que tiene su base en la explotación de la fuerza de trabajo de los recursos naturales, de los ecosistemas hasta su extinción.

Esa "sabiduría convencional" también sostiene que los mercados y la producción sólo son regulados por ellos mismos y que en general la economía global se autosistematiza, se autorreglamenta y se autorregula, por lo que el Estado nacional, sus mecanismos reguladores y de apoyos en torno a los actores económicos (primordialmente me refiero a la gran corporación, a los monopolios), el territorio y las fronteras así como la soberanía serían crecientemente irrelevantes u obsoletas. Este discurso del poder, desgastado por la misma dinámica de la crisis y de las realidades de la "presidencia imperial" en lo referido a la relación Estado/empresa en EU impulsó desde los años 80 del siglo XX una atmósfera de "inevitabilidad", de que se trata de "fuerzas de la naturaleza" como la gravedad y que la globalización es algo espontáneo, indiscernible de la estructura de poder.

Hoy ese discurso se ve letal: con el capitalismo vamos al abismo.(continuará).

Por John Saxe-Fernández

www.jsaxef.blogspot.com

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El portal del Pentágono advirtió sobre el “ritmo de las amenazas de China, de Rusia, Norcorea, Irán, ISIS y los desafíos que involucran al espacio y al ciberespacio.Foto Ap

El general Mark Milley (MM), mandamás de las Fuerzas Conjuntas del Pentágono, sostuvo el 3 de noviembre pasado una trascendental entrevista con el conductor Lester Holt de la cadena NBC durante el Foro de Seguridad de Aspen (https://bit.ly/3Fejg4W), en la que plasmó su cosmogonía sobre el "mundo tripolar" de Estados Unidos/Rusia/China (https://bit.ly/3oA6XJr).

El portal del Pentágono realizó un resumen de los asertos del polémico general –quien se ha enfrascado en un duelo verbal con Trump y ha expresado que tiene comunicación secreta con su homólogo de China– sobre el "ritmo de las amenazas de China, así como de Rusia, Norcorea, Irán, ISIS y los desafíos que involucran al espacio y al ciberespacio, el Covid-19, el cambio climático y los tópicos ambientales, como los incendios en Estados Unidos que enfrentan las fuerzas militares". Que conste que citó en primer lugar a China, 12 días antes de la exitosa cumbre virtual entre el presidente Biden y el mandarín Xi Jinping (https://bit.ly/30o9VZ7).

Sobre China, su fijación permanente, comentó: “Hemos visto un país en cuatro décadas (…) que ha ido de la séptima economía en el mundo a la segunda economía”, cuando China ha invertido sus riquezas en forma significativa en el ámbito militar. Aquí exagera el general, por no decir que desinforma, pues nadie se compara al gasto militar de Estados Unidos (39%) en el planeta frente a China (13%), según SIPRI. El despilfarro militar de Estados Unidos es mucho mayor si se mide per cápita (https://bit.ly/3cjmsjh).

MM, quien se ha vuelto muy incontinente, asienta que "hace 40 años China era una muy extensa infantería campesina (sic). Hoy, posee capacidades en el espacio, en cibernética, tierra, mar, aire y en el rubro submarino y están claramente desafiándonos regionalmente".

Alega, sin aportar evidencias, que China "desea revisar" el "orden (sic) liberal", cuando ni China ni Rusia han manifestado desear cambiar el presente "(des)orden mundial", pero sí han expresado la necesidad de que sea reformado en forma más justa y armónica, porque ni a Moscú ni a Pekín les conviene atacar a Estados Unidos cuando van ganando la partida global, mientras Estados Unidos declina aceleradamente, como enunció en forma notable el historiador Alfred McCoy (https://bit.ly/3kGBAM0).

MM prevé que el verdadero desafío será en los "próximos 10 a 20 años", cuando "el mundo atestigüe uno de los mayores giros en el poder geoestratégico global que jamás haya visto", en especial, el "giro" es un cambio fundamental en el carácter de la guerra: "Hoy vemos la robótica, la inteligencia artificial, municiones de precisión y una amplia variedad de otras tecnologías". Viene la parte nodal: calificó a la guerra fría de una "guerra (sic) bipolar (sic)" entre la URSS y Estados Unidos, y asentó que hoy se ha entrado a una "guerra tripolar" de Estados Unidos/Rusia/China como "grandes superpotencias", cuando "el mundo es potencialmente mucho más inestable estratégicamente que en los pasados 40 a 70 años".

Instó a que Estados Unidos/Rusia/China deberán ser "más cuidadosos y conscientes (sic) de cómo lidiar uno con el otro en adelante y en sus comunicaciones coordinadas", que serán una "necesidad". Finalmente, definió al "espacio" como el "nuevo dominio de mayor conflicto" (https://bit.ly/3HwHYze).

A propósito, un servidor fue de los primeros en proponer la hipótesis del nuevo "orden tripolar" de Estados Unidos/Rusia/China desde hace nueve (sic) años, con base en una prospectiva multidimensional de las tendencias dinámicas (https://bit.ly/3nk7RKM). En forma expeditamente dialéctica, vale la pena ponderar la antítesis del connotado científico ruso-estadunidense Dmitry Orlov (DO), quien, si bien acepta el concepto estratégico del "orden mundial tripartita", coloca a Estados Unidos muy por detrás de Rusia y China en los rubros militar y tecnológicos (https://bit.ly/3nk8kN2).

DO juzga que a Estados Unidos sólo le queda apoderarse de los "recursos y productos manufacturados del mundo" para "alimentar su apetito a cambio de dólares impresos (continuamente expropiando los ahorros del mundo mientras exporta su inflación)" mediante sus "guerras financieras" y su poderosa maquinaria propagandística.

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Martes, 16 Noviembre 2021 05:32

China, el nuevo imperialismo emergente

Konstantinos Lambrianidis / Flickr

La formación de un nuevo imperialismo [1] es un acontecimiento muy raro. Requiere múltiples condiciones previas relacionadas con la situación internacional y las características específicas del país en cuestión. Desde este doble punto de vista, la emergencia de China ha planteado cuestiones insólitas.

El surgimiento de un nuevo imperialismo fuera de la esfera occidental, no es en sí mismo novedoso. Tenemos el caso de Japón, si bien el surgimiento de ese imperialismo estaba dentro de un marco de análisis bastante clásico: la creación de los imperios occidentales aún no se había completado en el noreste de Asia, las grandes potencias luchaban por el control de China y el gobierno japonés podía reaccionar de forma preventiva. En cuanto a la estructura social del país, en lo fundamental parecía similar a la de los países europeos, con el advenimiento del Imperio Meiji (1868-1912) que aseguró la transición del feudalismo tardío al capitalismo moderno, la industrialización acelerada y la constitución de un poderoso Ejército que demostró su valía de forma magistral contra Rusia: por primera vez, una potencia europea fue derrotada por un país asiático, un acontecimiento importante que provocó un terremoto geopolítico[2]... Así pues, Japón fue el último Estado imperialista que se formó en los albores del siglo XX.

La transformación del inmenso Imperio Ruso en un Estado imperialista moderno fracasó, principalmente por las consecuencias de su derrota ante Japón en la Guerra ruso-japonesa (1904-1905). Su capacidad militar se vino abajo, y su flota naval fue destruída en dos tiempos: primero fue la flota basada en Siberia; después, la estacionada en el Mar Báltico, que había sido enviada como refuerzo. En el plano político interno, la debacle tuvo como secuela la revolución de 1905 que marcó el inició de la crisis del régimen zarista. Derrotada en el Este por el nuevo imperialismo japonés y, después, en el Oeste por Alemania durante la Primera Guerra Mundial, Rusia estuvo a punto de convertirse en un Estado dependiente o escindido, destino del que escapó gracias a la revolución de 1917.

Con la formación de los imperios coloniales, casi llegó a completarse una primera división del mundo; a partir de entonces, la cuestión en juego en los conflictos interimperialistas sería poner en cuestión esa partición del mundo.

China en el centro de la globalización capitalista y de las tensiones geopolíticas

A principios del siglo XXI, la China de Xi Jingping se ha consolidado como segunda potencia mundial en el corazón de la globalización capitalista. Se proyecta en todos los continentes y en todos los océanos. Para Xi, "en la era de la globalización económica, la apertura y la integración son una tendencia histórica irreprimible. La construcción de muros o la ruptura de lazos va en contra de las leyes económicas y los principios del mercado". Philip S. Golub señala que "el partido-estado se hace pasar por el campeón del libre comercio y de las finanzas globales", flexibilizando el acceso de los grandes grupos estadounidenses a "ciertos segmentos del mercado de capital nacional (...) y otorgando licencias para operar con filiales 100% en su poder o con participación mayoritaria (...)" para. Para The Economist (5/09/2021), "China está creando oportunidades [que el capital extranjero no esperaba, al menos no tan rápidamente]". La magnitud de laa entradas de capital estadounidense en China es difícil de estimar porque "muchas empresas chinas que emiten acciones tienen filiales en paraísos fiscales". Según un informe publicado por Investment Monitor el 13 de julio de 2021, China tiene más filiales en las Islas Caimán que cualquier otro país ”tras Estados Unidos, Reino Unido y Taiwán"[3].

"Capaz de dictar sus condiciones en las industrias clave", el Estado chino pilota el avión de China, alimentando una vasta red de patrocinio reforzada por la capacidad del partido para imponer una amplia vigilancia de la sociedad. No estamos ante un "socialismo de mercado con características chinas", sino ante un capitalismo de Estado que sí tiene "características chinas"[4]. Desde la India hasta Corea del Sur, en Asia no es nada nuevo que el Estado impulse el desarrollo económico. Bajo diversas formas, muchas oligarquías dominantes combinan el capital privado, el capital militar y el capital estatal. A menudo, el vínculo se realiza a través de las grandes familias propietarias.

La formación social china es el resultado de una larga historia, particularmente compleja y muy heterogénea. Como taller del mundo, su economía sigue dependiendo en parte del capital extranjero y de la importación de componentes o piezas de recambio. Por otro lado, proporciona la base para un desarrollo internacional independiente. En algunos sectores produce tecnologías avanzadas, en otros es incapaz de ponerse al día, como en el caso de los semiconductores. Atraviesa una crisis de sobreproducción (y de la deuda) al estilo capitalista, que está golpeando con fuerza al sector inmobiliario, simbolizado por la casi quiebra del gigante Evergrande[5]. Hasta ahora, todas las predicciones sobre el estallido de la burbuja inmobiliaria han sido desmentidas[6], pero eso no significa que vaya a seguir siendo así. Como señala Romaric Godin, "la suerte aún no está echada para una posible crisis china, pero las contradicciones del capitalismo de Estado en la República Popular parecen ser cada vez más profundas".

A partir de los años 80, los dirigentes chinos prepararon su expansión internacional. De forma discreta con Deng Xiaoping, agresivamente con Xi Jinping. Esta expansión tiene razones económicos internas (encontrar salida a sectores con baja rentabilidad y sobreproducción, como el acero, el cemento o la mano de obra). Tiene profundas raíces culturales: restaurar la centralidad del Imperio Medio, borrar la humillación de la dominación colonial y ofrecer una alternativa global al modelo de civilización occidental. Alimenta un nacionalismo de Gran Potencia que legitima el régimen y su ambición de desafiar la supremacía estadounidense.

Nos encontramos en una situación clásica en la que un gran potencia consolidada (Estados Unidos) se enfrenta a la emergencia de una potencia creciente (China).

Las precondiciones internacionales

¿Cómo se puede conseguir en el umbral del siglo XXI lo que era imposible a principios del siglo XX (la aparición de un nuevo imperialismo)? A riesgo de simplificar, veamos dos períodos.

Tras las revoluciones rusa (1917) y china (1949), la mayor parte de Eurasia escapó de la dominación directa de los imperialismos japonés y occidental, ganando una posición de independencia sin la cual nada de lo que ocurrió después habría sido posible.

Por un lado, tras la derrota internacional de los movimientos revolucionarios en los años 80 y, por otro, tras la desintegración de la URSS, el ala dominante de la burguesía internacional pecó de triunfalismo, pensando que estaba asegurado su dominio indiviso sobre el planeta. Al parecer, no previó que el orden mundial neoliberal que estaba imponiendo podría ser utilizado por Pekín en beneficio propio y con el éxito que conocemos.

Los cambios de China

Los análisis que afirman que la actual política internacional de China no es imperialista se basan en la continuidad del régimen desde 1949 hasta la actualidad, pero esta continuidad es sólo nominal: República Popular (RPC), Partido Comunista (PCC), gran sector económico estatal. Cierto que hay continuidades, sobre todo culturales, entre ellas la larga tradición burocrática del Imperio que embellece los regímenes contemporáneos con una normalidad histórica. Sin embargo, las discontinuidades son mucho mayores, con creces. En efecto, como atestiguan las sucesivas convulsiones de las clases sociales, hubo revolución y contrarrevolución.

La posición del proletariado industrial. Cuando se proclamó la República Popular, el PCC tuvo que reconstruir su base social en los centros urbanos. Para ello, se vinculó a la clase obrera, en un doble sentido: subordinándola y proporcionándole considerables beneficios sociales.

Políticamente, la clase obrera se mantiene bajo el control del partido; no dirige ni la empresa ni el país. Los trabajadores y trabajadoras están asignados a unidades de trabajo, como los funcionarios territoriales en la tradición francesa. No obstante, la clase trabajadora de las nuevas empresas estatales goza de considerables beneficios sociales (empleo de por vida, etc.). Ningún otro estrato social tiene una posición social tan ventajosa, excepto, por supuesto, la burocracia en los órganos de poder político-estatal.

La situación de las mujeres populares. Las dos leyes emblemáticas adoptadas tras la conquista del poder benefician a las mujeres populares: la igualdad de derechos en el matrimonio y una reforma agraria que las incluye[7].

Las antiguas clases dirigentes. Una vez consolidada la República Popular[8] y fuera cual fuera el destino individual de cualquier miembro de las élites chinas, las antiguas clases dominantes (burguesía urbana y alta burguesía rural) se desintegraron.

El régimen maoísta se consolidó mediante una revolución social, nacionalista, antiimperialista y anticapitalista, un proceso de revolución permanente[9]. Tuvo profundas raíces populares, pero no por ello dejó de ser autoritario, moldeado por décadas de guerra. La herencia democrática de las movilizaciones sociales propia de la estrategia de guerra popular siguía viva, pero el partido-estado era el marco en el que se desarrolló el proceso de burocratización. No se trataba del socialismo, sino de una sociedad de transición cuyo resultado no estaba claro[10].

La crisis del régimen maoísta. Todas las contradicciones inherentes al régimen maoísta estallaron durante la mal llamada Revolución Cultural (1966-1969)[11]: una crisis global muy compleja que no es posible resumir aquí, durante la cual la administración y el partido se desmoronaron: sólo el Ejército siguió siendo capaz de intervenir coherentemente a escala nacional. Finalmente, Mao le pidió al Ejército que impusiera una vuelta al orden mediante la represóin, volviéndose contra los Guardias Rojos y los grupos obreros que le apoyaban. En los años 70 preparó el terreno para la dictadura oscurantista de la Banda de los Cuatro, la victoria definitiva de la contrarrevolución burocrática. El resultado catastrófico de la Gran Revolución Cultural Proletaria sancionó la crisis terminal del régimen maoísta y la muerte política de Mao Zedong, diez años antes de su muerte física[12].

La contrarrevolución burocrática creó el caldo de cultivo para la contrarrevolución burguesa, desarticulando las movilizaciones populares y haciendo que la rehabilitación de Deng Xiaoping, superviviente de las purgas de la Revolucion Cultural, apareciera como una vuelta a la cordura. Unos años más tarde, quedó claro que lo que había sido una justificación calumniosa de las purgas en los años 60 se había convertido en una realidad en los 80: Deng encarnó entonces la opción capitalista dentro de la nueva dirección del PCCh.

La contrarrevolución de los años 80. Bajo el impulso de Deng Xiaoping, el ala más clarividente de la burocracia preparó su mutación, su aburguesamiento y la reinserción del país en el mercado mundial capitalista. Para ello, se benefició de unas ventajas excepcionales:

  • En relación a la herencia del régimen maoísta: un país, una industria y una tecnología independientes, una población educada y cualificada...
  • En cuanto a la herencia del periodo colonial: Hong Kong (colonia británica), Macao (colonia portuguesa) y Taiwán (protectorado estadounidense) eran puertas abiertas de par en par al mercado mundial y a las finanzas internacionales, ofreciéndole una pericia en la gestión que no existía en el continente y facilitando las transferencias de tecnologías (siendo Macao un canal ideal para saltarse las legislaciones y regulaciones)...
  • La posibilidad de colaborar con el poderoso capital transnacional chino sobre la base de un sólido compromiso: este último recibe un trato privilegiado en China, mientras que sabe que sólo el gobierno y el PCC pueden garantizar el mantenimiento de la unidad del país-continente.
  • El peso intrínseco de China (su tamaño geográfico y demográfico): un país como Vietnam puede seguir la misma evolución que su vecino, pero no puede reclamar el rango de gran potencia por ello.

La acelerada transformación capitalista de China no se llevó a cabo sin infligir una derrota histórica a las clases trabajadoras durante la represión masiva conocida como Tiananmen en abril de 1989 (afectando a todo el país, no sólo a Pekín)[13]. Una derrota que forma parte de la nueva disposición de las clases sociales.

  • El proletariado. La clase obrera de las empresas estatales se resistió obstinadamente a la intensificación del trabajo exigida por las autoridades, hasta el punto de que, como último recurso, éstas decidieron retirar a una gran parte de ella de la producción, sin dejar de pagarle mediante diversos dispositivos. El éxodo rural permitió la creación de un nuevo proletariado, especialmente en las zonas francas. En aquella época, el 70% eran mujeres y trabajadores chinos indocumentados (en China está prohibido cambiar de residencia sin autorización oficial). Una fuerza de trabajo perfecta para la sobreexplotación que caracterizó el período de acumulación de capital primitivo. La primera generación de la inmigración interior sufrió a la espera de volver al pueblo. La segunda generación luchó por su regularización con el apoyo de numerosas asociaciones.
  • Se invirtió el orden social e ideológico. Las élites intelectuales, hasta entonces en lo más bajo de la jerarquía social, volvieron a ser aduladas. Las mujeres de la clase trabajadora se hicieron invisibles. Deng Xiaoping defendió las virtudes de lq teoría goteo (que supone que el enriquecimiento de unos pocos anuncia el enriquecimiento de todos). El sector económico estatal comenzó a funcionar en simbiosis con el capital privado. China tiene un número récord de multimillonarios, que se encuentran en los órganos de gobierno del PCC.

 Gran potencia, imperialismo e interdependencia

No hay ninguna gran potencia capitalista que no sea imperialista. China no es una excepción. Algunos ejemplos.

  • Poner en marcha a su periferia. Gracias al desarrollo de una red de transporte de alta velocidad, el Tíbet se ha convertido en objeto de colonización. En el Turquestán Oriental (Xinjiang), la población uigur de mayoría musulmana está sometida a una serie de medidas que van desde la asimilación forzosa hasta el internamiento masivo, con el objetivo, como mínimo, de un genocidio cultural[14]. El tratado que garantizaba el respeto de los derechos democráticos de la población de Hong Kong cuando se devolviera la colonia ("un país, dos sistemas") fue denunciado unilateralmente por Xi Jinping. Tras años de resistencia popular, Pekín ha impuesto su orden represivo, criminalizando a las organizaciones independientes (obligándolas a disolverse) y condenando cualquier disidencia a fuertes penas[15]. El derecho a la autodeterminación, la libertad de los pueblos a la autodeterminación, ya no es una cuestión en el orden del Imperio.
  • Para proteger sus inversiones en la era de las nuevas rutas de la seda y asegurar el acceso al océano Índico (corredores)[16], Pekín no duda en apoyar las peores dictaduras (como en Birmania) y en interferir en los asuntos internos de un país (como en Pakistán).
  • La parálisis temporal de Estados Unidos (empantanado en Oriente Medio) ha permitido a Xi Jinping militarizar todo el Mar de la China Meridional, haciéndose con el control de territorios marítimos pertenecientes a los países limítrofes, desde Filipinas hasta Vietnam. Pekín denuncia (con razón) la política de gran potencia de Estados Unidos en la región, pero no duda en utilizar la abrumadora superioridad de sus fuerzas navales contra sus vecinos.
  • Para asegurar sus vías marítimas (mercantiles o militares), Pekín se apodera de los puertos de muchos países, desde Sri Lanka hasta Grecia, utilizando el arma de la deuda cuando es necesario. Un impago puede permitirle exigir que un territorio portuario se convierta en una concesión china por un periodo de hasta 99 años (¡que era el estatus colonial de Hong Kong!).
  • Al proyectarse internacionalmente, China participa ahora en la creación de zonas de influencia en el Océano Pacífico Sur, reclamando un importante espacio marítimo[17].
  • Estados Unidos fue y sigue siendo la principal potencia imperialista, la principal fuente de militarización, guerras e inestabilidad mundial. Es importante tenerlo en cuenta. No voy a tratar este tema aquí, salvo para señalar que Joseph Biden ha conseguido reorientar la estrategia estadounidense en el gran teatro de operaciones del Indo-Pacífico. Obama quiso hacerlo, pero no lo consiguió[18] al empantanado en Oriente Medio[19]. Hay una continuidad entre la política de Donald Trump y la de Joe Biden[20]. Sin embargo, la política de este último parece ser más coherente que la de Donald Trump[21].

Ante la amenaza estadounidense, el régimen maoísta desarrolló una estrategia defensiva basada en el ejército, la movilización popular y el tamaño del país: un invasor llevaría las de perder. Por otra parte, una gran potencia debe imponerse en los océanos (al igual que, hoy en día, en el espacio y en la inteligencia artificial). La fuerza aeronaval ha sido el primer pivote militar de la política de Xi Jingping, que moviliza los recursos del país para avanzar rápidamente en esos ámbitos.

Con ello, el actual régimen chino participa en la dinámica de militarización del mundo (y, por tanto, en el agravamiento de la crisis climática). En la izquierda, alguna gente habla del derecho de China a exigir su lugar bajo el sol, pero ¿desde cuándo hay que defender los derechos de una potencia y no los de los pueblos?

La tensión entre Washington y Pekín sobre la cuestión de Taiwán está ahora en su punto álgido[22]. Se oponen dos lógicas. La propia de los Estados que se enfrentan en una competencia severa y duradera, y la de la globalización capitalista en la que la interdependencia en términos de tecnologías, cadenas de producción -la cadena de valor-, comercio o finanzas es primordial. La competencia se produce en todos los ámbitos y surgen campos en un mercado y unas finanzas globalizados. Independientemente de las contradicciones a las que se enfrenta actualmente la globalización, la desglobalización capitalista de la economía parece ser un reto. La interdependencia es tal que una guerra no interesa a las clases burguesas ni en China ni en Estados Unidos, pero la tensión es tal que no se puede excluir un deslizamiento con consecuencias explosivas.

La situación es aún más inestable porque tanto el presidente Biden como Xi se enfrentan a una frágil situación interna.

¿Hacia dónde va China? No intentaré responder a esta pregunta, lo dejo para quien esté  más informado que yo. Si todavía fuera el PCCh el que dirigiera el país…, pero ya no es así. Es la camarilla de Xi Jinping. Xi Jinping ha impuesto un cambio de régimen político[23]. Antes, una dirección colegiada permitía preparar el relevo generacional al frente del partido, un factor de estabilidad. Hoy, la facción de Xi Jinping tiene el control exclusivo del poder. Tras las sangrientas purgas y la modificación de la Constitución, puede pretender gobernar de por vida.

También en China, la selección del personal político se está volviendo irracional en relación con los intereses colectivos de las clases dirigentes.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article60088

Versión larga del artículo publicado en la revista l'Anticapitaliste n° 130, noviembre de 2021.

 

16 noviembre 2021

Traducción: viento sur

 

Notas:

[1] El término imperialismo puede utilizarse en varios contextos históricos. En este caso, se trata de una gran potencia capitalista.

[2] Pierre Rousset, 4 de junio de 2017, " La crise coréenne et la géopolitique en Asie du Nord-Est : du passé au présent http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article41214

[3] Philip S. Golub, "Contre Washington, Pékin mise sur la finance", Le Monde diplomatique, noviembre de 2021, p.13.

[4] Au Loongyu, mai 2014, « What is the nature of capitalism in China ? – On the rise of China and its inherent contradictions », Europe solidaire sans frontieres (ESSF, article 35764) :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35764

[5] Véase Romaric Godin, 9 de septiembre de 2021, "Les contradictions du modèle chinois", Mediapart.

[6] Así lo reconoce Paul Krugman en sus propias previsiones en el New York Times del 22 de octubre de 2021.

[7] Por supuesto, el techo de cristal y el patriarcado no desaparecen de la sociedad.

[8] A pesar del calvario de la Guerra de Corea, que comenzó en 1953 y fue un verdadero escenario de desastre para Pekín, cuya prioridad era la reconstrucción del país.

[9] Pierre Rousset, « L’expérience chinoise et la théorie de la révolution permanente », revue L’Anticapitaliste n°126 (mai 2021). Disponible sur ESSF (article 58489), « L’expérience chinoise et la théorie de la révolution permanente » :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article58489

[10] Por eso es mejor no utilizar la fórmula de sociedad de transición al socialismo.

[11] Se ha generalizado la denominación de todo el periodo 1966-1976 como Revolución Cultural. Esto es confundir en la misma periodización los años de tumulto que precedieron a la represión de 1968-1969, y los de una inestable normalización burocrática.

[12] Pierre Rousset, « La Chine du XXe siècle en révolutions – II – 1949-1969 : crises et transformations sociales en République populaire », ESSF (article 13546) :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article13546

[13] Véanse, en particular, los dos artículos de Jean-Philippe Béja recogidos en:

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article46572

[14] Daniel Tanuro, "Xinjiang (China) - Una mirada a la historia del Turquestán Oriental y la geopolítica de Asia Central":http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article57947

[15] Alain Baron, Le mouvement de 2019 à Hong Kong, et son écrasementhttp://www.europe-solidaire.org/spip.php?article59294

[16] Para una visión general de esta cuestión, véase Globalization Monitor, China's overseas investments in the Belt and Road Era. Una perspectiva popular y medioambiental, agosto de 2021.

[17] Véase, en particular, el mapa que acompaña al artículo de Nathalie Guibert en Le Monde del 10 y 11 de octubre de 2021.

[18] Simon Tisdall, 25 de septiembre de 2016, The Guardian:

https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/sep/25/obama-failed-asian-pivot-china-ascendan

[19] Biden se apoya especialmente en Israel, Arabia Saudí y Egipto para "vigilar" esta región del mundo.

[20] Dianne Feeley, "The foreign policy of the Biden administration", The Anticapitalist:

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/la-politique-etrangere-de-ladministration-biden

[21] Dan La Botz, 13 de octubre de 2021, "Biden focuses foreign policy on China", The Anticapitalist:

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/aux-usa-biden-concentre-sa-politique-etrangere-sur-la-chine

[22] Brian Hioe, 4 de noviembre de 2021 "Caught Between the Two Superpowers. Taiwán en medio de la rivalidad de grandes potencias entre Estados Unidos y China", Spectrum:

https://spectrejournal.com/caught-between-the-two-superpowers/

[23] Au Loongyu, Pierre Rousset, 22 octobre 2017 , « Le 19e congrès du Parti communiste chinois – La modernisation par une bureaucratie prémoderne », ESSF (article 42298) :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42298
Pierre Rousset, 3 décembre 2017, ESSF (article 42569), « Le 19e congrès du Parti communiste chinois et les ambitions mondiales de la direction Xi Jinping » :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42569

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Martes, 16 Noviembre 2021 05:26

La (re)formación de la clase obrera

Ilustración: Nicolás Daniluk, Jacobinlat

´Cuando los especialistas en ciencias sociales se refieren al período 2019-2021, destacan tres signos de crisis sistémica profunda: en primer lugar, la incapacidad de la mayoría de los Estados para responder adecuadamente a la pandemia de COVID-19, ese gran revelador de las falencias sociales y gubernamentales. En segundo lugar, la aceptación de Estados Unidos del fracaso de la guerra en Afganistán, que dejó en claro que la «guerra contra el terrorismo» no logró revertir la pérdida de poder de Estados Unidos a nivel mundial. Por último, pero no menos importante, el tsunami de protestas sociales a nivel mundial, que empezó en 2010-2011 —como consecuencia de la crisis financiera de 2008— y no dejó de crecer hasta 2019.

Si ponemos la mirada en el futuro, está claro que cualquier estrategia obrera y socialista deberá tener en cuenta el terreno en el que se despliegan las luchas, es decir, la inestabilidad hegemónica de Estados Unidos en el marco de una crisis capitalista mundial sin parangón luego de los años 1930. Como sucedió durante la primera mitad del siglo veinte, la crisis actual del capitalismo global adopta la forma de una enorme crisis de legitimidad: la consigna «socialismo o barbarie» vuelve a plantearse con urgencia.

La creación, destrucción y reconstrucción de la clase obrera mundial

¿Qué pueden hacer las movilizaciones clasistas para frenar el deslizamiento del presente hacia la «barbarie»? Hasta hace algunos años, la respuesta de los teóricos de la globalización, de izquierda y de derecha, era unánime: «No mucho». La tesis de la «carrera hacia el abismo» plantea que la globalización creó barreras insuperables para la movilización de la clase obrera. Desde los años 1980, los partidarios de esta perspectiva escribieron innumerables obituarios para la clase y el movimiento obreros, centrados en el debilitamiento y la destrucción de las clases obreras existentes, sobre todo —y esto es significativo— las ocupadas en la producción industrial de los países centrales. Pero ignoraron las formas en que el capitalismo —por medio de transformaciones recurrentes de la organización productiva mundial— crea nuevas clases obreras con nuevas fuentes de poder, padecimientos y reivindicaciones.

Este enfoque alternativo pone el eje en la creación y reconstrucción de las clases obreras, que responden a su vez a los costados creativos y destructivos del proceso de acumulación de capital. En efecto, la ola mundial de movilizaciones de los años 2010-2011 estuvo marcada por las protestas de nuevas clases en proceso de formación y clases existentes que luchaban para conservar los derechos conquistados en ciclos anteriores. El espectro abarcó huelgas de obreros industriales en China, huelgas ilegales en las minas de platino de Sudáfrica, jóvenes desempleados y subempleados que se lanzaron a ocupar las plazas en todo el mundo y protestas contra la austeridad que se extendieron desde África del Norte hasta los Estados Unidos. El proceso terminó siendo solo el preludio a un tsunami de protestas de clase que duró más de una década y estuvo compuesto tanto por huelgas obreras como por luchas callejeras.

Hay quienes piensan que la lección de los años 2010-2011 es que las luchas de clase se desplazaron desde los lugares de producción hacia las calles. Con todo, aunque no deberíamos menospreciar el significado de las «luchas callejeras», sería un grave error subestimar las huelgas en los lugares de trabajo, pues son las fuentes de poder que operan detrás de esos movimientos. Así, por ejemplo, aunque la historia estándar de los levantamientos egipcios de 2011 se centra en la ocupación de la plaza Tahrir, la verdad es que Mubarak renunció a su cargo solo cuando los obreros del canal de Suez —sitio fundamental para el comercio internacional y nacional— hicieron huelga.

Desde los años 1980, la adopción generalizada de la producción «Just in time» —la provisión de inputs se mantiene en niveles mínimos con la perspectiva de recortar costos distribuyéndolos «justo a tiempo»— incrementó la vulnerabilidad de las fábricas situadas más abajo en la cadena a las huelgas que se desarrollan en los sitios de los proveedores. Este es el caso aun si la fábrica que para está en la misma provincia, como sucedió, por ejemplo, cuando la huelga de una autopartista forzó a Honda a cerrar todas sus plantas de ensamblado en China.

La pandemia y el bloqueo del canal de Suez de marzo de 2020 dejaron en claro que las cadenas de suministro globales son vulnerables a múltiples formas de interrupción, entre ellas, las huelgas obreras. Hasta cierto punto, esto no es nada nuevo. En el siglo veinte, los trabajadores del transporte disponían de mucho poder en virtud de su localización estratégica en las cadenas de suministro globales y nacionales. De ahí el rol central que jugaron en el movimiento obrero en general. No cabe duda de que las cadenas de suministro globales serán distintas a mediados del siglo XXI —de hecho, la pandemia y las tensiones geopolíticas están forzando a reestructurarlas—, pero es muy probable que los trabajadores del transporte, los almacenes y la comunicación sigan teniendo poder (y tal vez cobren más relevancia), dada su localización estratégica en los procesos de acumulación de capital.

Del mismo modo, sería insensato descartar la importancia futura de las huelgas de los obreros industriales, pues la diseminación mundial de la producción a gran escala, puesta en marcha durante el siglo veinte, tuvo como consecuencia la formación de nuevas clases obreras y oleadas sucesivas de conflictos de clase. A comienzos del siglo veinte, cuando el epicentro de la producción industrial a gran escala se desplazó al continente asiático, también lo hizo la lucha obrera: se confirmó la tesis de que donde hay capital, hay conflicto.

Esa frase tiene un sentido geográfico, pues el capital, al ser relocalizado en busca de mano de obra dócil y barata, termina creando clases obreras y conflictos nuevos en sus lugares de destino. Pero también tiene un sentido intersectorial, pues a medida que el capital se desplaza a nuevos sectores de la economía, se crean nuevas clases obreras y emergen conflictos originales.

Una perspectiva obrera hegemónica

¿En qué sectores debemos centrarnos hoy? Sin duda, uno muy importante es la «industria de la educación» que, según la UNESCO, pasó de contar 8 millones de docentes a nivel mundial en 1950 a 62 millones en 2000, y creció otro 50% en 2019, hasta alcanzar un total de 94 millones de docentes. Más allá del crecimiento meteórico de los números, existen otros motivos para pensar que los docentes están jugando un rol fundamental en el movimiento obrero a nivel mundial, análogo al que jugaron los obreros de la industria textil en el siglo XIX y los obreros de las automotrices en el siglo XX.

La tendencia al conflicto obrero en la «industria de la educación» se convirtió en un dato incuestionable a fines del siglo XX, pero las movilizaciones de la última década marcaron un punto de inflexión. En Estados Unidos, este punto correspondió a la emergencia de la organización Caucus of Rank-and-File Educators (CORE) que, con amplio consenso social, dirigió a los docentes de Chicago a través de su exitosa huelga de 2012. El conflicto logró instalar la idea de que los docentes no solo luchaban por sus propios intereses, sino por los de los estudiantes y las familias. La huelga de Chicago fue seguida de una oleada nacional de paros y movilizaciones en todo el país, especialmente en los distritos escolares localizados en estados con una fuerte política antisindical.

En Chile, los docentes de las escuelas públicas que fueron a la huelga bajo dirección del Colegio de Profesores de Chile (CPC) —con apoyo de estudiantes, vecinos y otros trabajadores— jugaron un rol central en el ciclo de protestas nacionales que reivindicó el acceso universal a la educación y el abandono de la constitución neoliberal heredada de la época de Pinochet. Se observaron acciones similares en Costa Rica, Honduras y Colombia y, en Perú, el presidente de izquierda Pedro Castillo llegó al poder con apoyo del sindicato docente.

Esta nueva oleada de militancia docente responde a una serie de reclamos fundados en un claro proceso de proletarización, que incluye la intensificación del trabajo, el deterioro de las condiciones laborales y la pérdida de autonomía y control sobre el proceso de trabajo en las aulas. En parte, las huelgas docentes son exitosas debido a que sus reivindicaciones se complementan con un fuerte poder de negociación en sus lugares de trabajo. Es posible argumentar que la «industria de la educación» suministra los bienes de capital más importantes del siglo XXI, es decir, esos obreros educados que luego deben insertarse en una «economía de la información». A diferencia de la mayoría de las actividades manufactureras, es imposible presionar a los docentes mediante la amenaza de relocalizar la producción (más allá de los experimentos virtuales a partir de la pandemia, la enseñanza debe realizarse donde están los estudiantes). Del mismo modo, la «industria de la educación» parece resistir a la automatización (reemplazar a los docentes por robots no es algo que aparezca en el horizonte).

Además, los docentes ocupan un lugar estratégico en la división del trabajo social concebida en términos más amplios. Si los docentes hacen huelga, generan un efecto dominó que afecta toda la división social del trabajo: interrumpen la rutina de las familias y dificultan el trabajo de los padres. En ese sentido, el poder estratégico de los docentes, aunque en última instancia está fundado en su capacidad de interrumpir la economía, es bastante singular, pues depende especialmente de la centralidad que tiene su actividad en la sociedad. Sin embargo, a menos que este poder se ejerza en el marco de una perspectiva hegemónica más amplia, los docentes quedan expuestos a que el Estado y el capital los utilicen como chivos expiatorios y los sometan a la represión. En efecto, la crisis cada vez más grave del capitalismo conlleva también la ampliación y la profundización de las formas coercitivas del poder.

Como sea, las huelgas más grandes de la última década muestran que los docentes tienen el potencial de formular dicha perspectiva, es decir, de mostrar que sus luchas particulares implican la defensa de los intereses de toda la sociedad. Su propia labor hace que entren en contacto cotidiano con círculos mucho más amplios de la clase obrera, pues son testigos de todos los problemas que enfrentan los estudiantes y sus familias. Entonces, basta con que difundan la idea de que, aun si sus reivindicaciones buscan un beneficio que los afecta específicamente como docentes, también promueven los intereses de los estudiantes, sus familias, sus barrios y sus ciudades. Por supuesto, este potencial hegemónico, fundado en condiciones estructurales, debe realizarse a través de una agencia política que vincule las luchas particulares de los docentes —y de los trabajadores— con luchas más amplias por la dignidad humana y la supervivencia planetaria.

Solidaridad forever

La automatización que promueve la Inteligencia Artificial llevó a muchos intelectuales a sugerir que estaríamos llegando al «fin del trabajo» y que, en consecuencia, se terminarán los conflictos laborales. Con todo, la prescindencia completa del trabajo humano en los procesos de producción continúa siendo una fantasía esquiva, y no deberíamos subestimar la importancia que siguen teniendo las luchas obreras en los sitios de producción.

Sería un error también subestimar las movilizaciones callejeras. En efecto, es posible derivar el entrelazamiento esencial de estos dos sitios de lucha —el lugar de trabajo y la calle— a partir del Tomo I de El capital. Por un lado, llegando a la mitad —donde describe el conflicto ininterrumpido entre el capital y el trabajo por la duración, la intensidad y el ritmo de la actividad—, Marx se refiere a lo que sucede en la «oculta sede de la producción». Por otro lado, en el capítulo 25, Marx aclara que la lógica del desarrollo capitalista, no solo lleva a constantes luchas en los lugares de trabajo, sino también a conflictos más amplios a nivel social, pues la acumulación de capital avanza de la mano de la «acumulación de miseria», especialmente bajo la forma de la expansión de un ejército industrial de reserva de trabajadores desempleados, subempleados y precarios.

En este sentido, la historia del capitalismo se caracteriza, no solo por el proceso cíclico de destrucción creativa en el punto de la producción, sino también por la tendencia de largo plazo a destruir los modos de vida existentes a un ritmo más veloz del que define la creación de otros nuevos. Esto conlleva la necesidad de conceptualizar tres tipos de conflictos obreros: 1) las protestas de las clases obreras en proceso de formación; 2) las protestas de las clases obreras existentes que están siendo destruidas y 3) las protestas de esos trabajadores que el capital ignora y excluye, es decir, los miembros de la clase obrera que, aunque dependen exclusivamente de ello para sobrevivir, es probable que nunca logren vender su fuerza de trabajo.

Los tres tipos de conflictos obreros son manifestaciones distintas de un proceso de desarrollo capitalista único. Los tres son visibles en las luchas actuales. El destino de cada uno está íntimamente entrelazado con el de los otros. Una estrategia socialista debe abarcarlos a todos. En efecto, la perspectiva estratégica de Marx y Engels —articulada en el Manifiesto del Partido Comunista y en otras obras—, convocaba a los sindicatos a organizar a estos tres segmentos de la clase obrera mundial en un proyecto común.

No hace falta decir que se trata de una tarea inmensa. Pero además, sin dejar del todo de pecar de cierto optimismo, Marx asumía que estos tres tipos de trabajadores —los que son incorporados como asalariados durante las últimas fases de expansión material, los que son expulsados durante la última ronda de reestructuraciones y los que son excedentes desde el punto de vista del capital— habitaban los mismos hogares y barrios obreros. Vivían juntos y luchaban juntos.

En otros términos, las distinciones al interior de la clase obrera —entre trabajadores empleados y desempleados, activos y en reserva, capaces de imponer pérdidas costosas al capital y capaces solo de manifestarse en las calles— no se solapaban con diferencias de ciudadanía, raza, etnicidad o género. Entonces, los trabajadores que encarnaban cualquiera de esos tres tipos conformaban una sola clase obrera con mismo poder y las mismas demandas, y con la capacidad de generar una perspectiva poscapitalista sobre la emancipación de la clase en su conjunto.

Sin embargo, en términos históricos, el capitalismo se desarrolló junto al colonialismo, al racismo y al patriarcado, es decir, dividió a la clase obrera en función de su condición y limó sus capacidades para generar una visión común de la emancipación. En períodos de grandes crisis capitalistas, como la que estamos viviendo, estas divisiones tienden a endurecerse. El capitalismo en crisis empodera directa e indirectamente a los «monstruos» del «interregnum» gramsciano (movimientos neofascistas, racistas, patriarcales, antinmigrantes y xenófobos). Entonces se despliegan formas coercitivas de control social y militarismo contra un movimiento socialista que es a la vez «demasiado fuerte» como para ser ignorado (por el capital) y «demasiado débil» (hasta ahora) como para salvar a la humanidad de una larga época de caos sistémico.

Con todo, también asistimos a un recrudecimiento de las luchas obreras sin precedente a nivel histórico en cuanto a su escala y a su alcance. Si bien la magnitud del desafío que plantea la crisis del capitalismo global para la humanidad tampoco tiene antecedentes, estos nuevos movimientos están construyendo puentes y, en algunos casos, son capaces de solidarizar a los protagonistas de los tres segmentos de la clase obrera a los que nos referimos. Es en estas luchas —y a través de ellas— que surgirá un proyecto emancipatorio capaz de guiarnos fuera de este capitalismo destructivo, hacia un mundo donde la dignidad humana valga más que las ganancias.

Publicado en Jacobinlat 08/11/2021 Accesible a través de Correspondencia de prensa 13/11/2021

Por Beverly J Silver, profesora de sociología, directora del Arrighi Center for Global Studies de la Universidad Johns Hopkins y autora de Fuerzas de trabajo (Akal, 2005).

Publicado enSociedad
Lunes, 15 Noviembre 2021 06:05

SOS otra vez

Varios de los autores intelectuales del asalto al Capitolio instigado por Donald Trump se han rehusado a cooperar con la investigación del Congreso sobre lo ocurrido aquel 6 de enero. Uno de ellos, Steve Bannon (en imagen de archivo), ex jefe de estrategia del magnate, fue acusado formalmente de desacato el pasado viernes por negarse a comparecer ante los legisladores.Foto Afp

“Nunca antes ha sido tan impredecible nuestro futuro, nunca hemos dependido tanto de fuerzas políticas que no pueden ser confiadas en seguir las reglas del sentido común y el autointerés; fuerzas que parecen pura locura”. Hannah Arendt (citada por su discípula Samantha Rose Hill, como comentario sobre los tiempos que vivimos en Estados Unidos).

Cada vez es más difícil explicar que el país que se proclama como el faro democrático del mundo (el mismo cuyo gobierno suele juzgar casi todos los días a otros pueblos por sus supuestas fallas democráticas, y al mismo tiempo rehusa aceptar su pasado histórico de intervenciones e invasiones antidemocráticas por todo el mundo) ahora está dispuesto a poner en jaque a su propia versión de democracia. El proyecto neofascista que llegó al poder con Trump no ha sido derrotado.

Eso a pesar de que el ex presidente y su gente están bajo investigación por promover nada menos que una intentona de golpe de Estado, algo sin precedente en este país. Pero lo ocurrido el 6 de enero con el asalto al Capitolio instigado por Trump no acabó ahí, sino que esa insurrección, en parte armada, continúa hoy día. De hecho, varios de los autores intelectuales de ese asalto están rehusando cooperar con la investigación oficial del Congreso sobre lo ocurrido ese día. El 12 de noviembre, uno de ellos, Steve Bannon, fue acusado formalmente de desacato a la orden de comparecer ante el Congreso, pero todo indica que usará eso para sus fines políticos.

Día tras día Trump y sus aliados no han dejado de proclamar que la elección presidencial fue "robada" (algo que la mayoría de los republicanos opinan) y el ex presidente convoca a todo "patriota real" a sumarse a su movimiento para "salvar a Estados Unidos de Biden" y de "la izquierda radical".

En mítines y reuniones hay cada vez más amenazas de violencia –algo nutrido durante cuatro años por Trump– contra demócratas, inmigrantes, minorías y todo opositor. Se habla de resistencia armada a la "tiranía" de las autoridades que se atreven a ordenar el uso de cubrebocas y promueven vacunas. Hay amenazas de muerte contra integrantes de juntas escolares y han duplicado las amenazas de violencia contra legisladores federales progresistas. Algunos asesores de seguridad ahora recomiendan a legisladores no realizar actos públicos. Por otro lado, un segmento significativo de republicanos consideran que podría ser necesaria una "guerra civil"; casi tres de cada 10 de los que creen que la elección fue "robada" opinan que la "violencia podría ser justificada para salvar a nuestro país".

O sea, para Trump y sus seguidores el 6 de enero no marcó el fin de la presidencia de su líder, sino el comienzo de una reconquista –casi a cualquier costo– del poder en este país.

Hay una ofensiva para, efectivamente, minar el derecho al voto de las minorías, legislaturas estatales bajo control republicano están redibujando distritos electorales para garantizar sus mayorías, y hay esfuerzos encabezados por republicanos para prohibir ciertos conceptos y libros –sobre raza, identidad sexual, historia y más– en las escuelas públicas en estados como Texas (donde un legislador ya elaboró una lista de 850 libros) y Wisconsin.

Otros, como el ex asesor de seguridad nacional de Trump, general Michael Flynn, están abogando por tener una sola religión en Estados Unidos (la cristiana).

Mucho de esto brota de los escombros de 40 años del modelo neoliberal estadunidense, y los políticos derechistas han sido muy hábiles en generar divisiones entre los más afectados a través de viejas maniobras racistas, xenofóbicas y antimigrantes y, con ello, una vez más, los jodidos perciben como sus enemigos a los aún más jodidos.

El futuro de esta democracia ahora depende cada vez más de las fuerzas democratizadoras de este país –los defensores de los derechos civiles y sociales, sobre todo los jóvenes y los migrantes que han sido las vanguardias de las luchas por la justicia a lo largo de la historia de Estados Unidos– y sus aliados en el mundo.

Marc Ribot & Tom Waits. Bella Ciao. https://www.youtube.com/watch?v=n_pWpW4JlrM&list=PLJ7QPuvv 91JtXvNGLwJdQMIUqHlEn-gV7

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