Viernes, 20 Julio 2018 15:49

EDUCACIÓN PARA LA LIBERACIÓN


Escrito por Encuentro Medellín + 50
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1968 Medellín Documento del II CELAM. 
(Experiencia pastoral del Padre Luis Eduardo Medina, franciscano, Primer Presidente de CONACED. Vivencia pastoral de promoción, transformación y desarrollo de la Educación Liberadora en América Latina.)

 

Todos los hombres somos seres históricos en el mundo y existimos, nos movemos y nos realizamos haciendo la historia personal, familiar, social, religiosa y política con las capacidades que Dios y la naturaleza nos han concedido. Así mismo viven y realizan la historia las instituciones, los pueblos y las naciones.

Nos ha correspondido vivir en la mitad del siglo XX grandes acontecimientos que acaecieron en esa época en medio y al final de la II Guerra Mundial con todo lo que significa en el tiempo la trascendental transformación de reconciliación y recuperación de los pueblos de Europa Central y del mundo. Es necesario que entendamos cómo esa historia que se ha ido ejecutando en el ejercicio de la vida de los hombres con la lucha por la libertad, la dignidad e igualdad de todos los seres, por el respeto de los derechos humanos influyen y transforman la sociedad.

Es precisamente dentro de este contexto histórico social y político cuando la Iglesia Católica en la mitad del siglo XX, sufre y padece las consecuencias del conflicto mundial y empieza a cuestionar desde los principios teológicos sobre la concepción y presencia de su constitución eclesiástica, dogmática, y teológica que había padecido también las consecuencias de las Revoluciones del Comunismo y de la Revolución Francesa desde el siglo XVIII, asumiendo los cambios culturales, sociales y religiosos del modernismo. La iglesia en ese momento se planteó por medio de los teólogos modernos: Karl Rahner, John Courtney Murray e Yves Congar, en un proceso investigativo desde el Concilio Vaticano I y el neoescolasticismo, CÓMO SER PUEBLO DE DIOS Y SACRAMENTO DEL MUNDO. Es en este momento cuando el cuestionamiento teológico aparece como respuesta a los hombres de Iglesia, al mundo de la postmodernidad en la Acción Social de Francia, la Democracia Cristiana en Alemania, los testimonios de vida de los Sacerdotes Obreros de París y de la Juventud Obrera Católica en Bélgica e Italia.

Los pontífices posteriores al Vaticano I, Pio X y Pio XII tratan de convocar un nuevo Concilio, que no lograron ejecutar. El papa Juan XXIII convocó el 30 de enero de 1959 la realización del Concilio Vaticano II, para un “aggiornamento” de la Iglesia “abriendo las ventanas para verse desde dentro y desde fuera”. Con la asistencia y la participación de más dos mil Padres Conciliares, obispos, teólogos de los diferentes continentes y laicos de las diversas etnias, de las Iglesias Ortodoxas y observadores protestantes que aportaron especialmente la Exégesis y la Hermenéutica para la interpretación de la Sagrada Escritura en el pueblo religioso. Buscó la iglesia el “aggiornamento” de todos los estamentos eclesiales y de la práctica moral y ética de los fieles, tratando y definiendo los aspectos dogmáticos en las constituciones: Sacrosanctum Concilium, Verbum Dai, Lumen Gentium, Gaudium et Spes y promulgando otras declaraciones pastorales para las actividades misioneras en el mundo.

Este hecho admirable del Concilio llega a influenciar profundamente a las Conferencias Episcopales de América Latina con aplicación de las decisiones conciliares organizando y fortaleciendo el movimiento de Comunidades Eclesiales de Base en las distintas iglesias, iluminadas por la Teología de la Liberación que surge desde Europa con las nuevas corrientes de investigación teológica y que fueros animadas por los obispos: en Brasil Helder Cámara, Mons. Pedro Casaldáliga y el teólogo franciscano Leonardo Boff, en el Perú con el teólogo Gustavo Gutiérrez, en Chile y Argentina con los Sacerdotes del Tercer Mundo y los Cristianos para el Socialismo, en Ecuador con Mons. Leonardo Proaño, en Colombia con Mons. Valencia Cano y el grupo de Golconda; en Centroamérica, en San Salvador con los Jesuitas Jhon Sobrino y los directores de la Universidad Catolica (UCA), en Nicaragua con Ernesto Cardenal, eximio poeta y Ministro de Cultura y en México con Mons. Samuel Ruiz, Mons. Mendes Arceu y Mons. Iván Ilich de Cuernavaca.


En agosto y septiembre de 1968 se celebró en Medellín la conferencia de los obispos de América Latina en la reunión del II CELAM produciendo importantes orientaciones y documentos para la promoción y la transformación de los cristianos a la luz del Vaticano II, los cuales fueron ratificados con la visita del papa Pablo VI a Colombia. Es el gran momento de renovación de la Iglesia Católica en los países latinoamericanos, comprometiendo a los hombres de iglesia: laicos, mujeres, varones, sacerdotes y obispos en tareas de promoción humana, social y política del continente.

En Julio 26 de 1966 se reunió en Bogotá la XXI Asamblea de los Colegios Católicos (CONCOLCA) y fue designado un equipo de educadores religiosos con el mandato de aplicar las conclusiones del CELAM de Medellín. Este grupo fue constituido por: Luis Eduardo Medina, franciscano, como presidente, la Hna. María Nieves, religiosa capuchina, como secretaria ejecutiva, y como vocales Mons. Enrique Sarmiento, diocesano y el Padre Rubén Buitrago, agustino, secretario de la Pastoral Educativa Arquidiocesana (SENALDI). En primer término, este equipo procedió a plantear la orientación y reorganización de la CONCOLCA acogiendo a instituciones educativas laicas y privadas, con la independencia de la Comisión Episcopal. Esta apertura acogedora se hizo con la modificación de los Estatutos y del cambio de la Razón Social para identificarse como Confederación Nacional de Centros Docentes (CONACED).

A raíz de la visita del papa Pablo VI a Bogotá, bajo la presidencia de Monseñor Aníbal Muñoz Duque, Administrador de la Arquidiócesis de Bogotá y del Presidente de la Republica el Doctor Carlos Lleras Restrepo, se celebró el Primer Congreso Latinoamericano de Educación Católica en el Teatro Colón, en el cual me correspondió dirigir el discurso inaugural dentro de los términos del documento de educación de Medellín explicando la propuesta de la Educación Liberadora, basada en que el educando sea sujeto de su propio desarrollo y haciendo énfasis en la humanización de la educación con la formación critica del hombre. Este proceso de autoformación permite la interactividad y la interrelación al eliminar las sutiles opresiones de una educación bancaria y promueve al educando a comprometerse realmente en la realización de la historia descartando el egoísmo y el consumismo, comprometiéndolo en la superación de las injusticias sociales, evidenciando su personalidad en el mundo que le toca vivir.

En esta misma ocasión el presidente de la Republica respaldo ampliamente la orientación que propusimos para una política nacional donde las relaciones del estado se articularán con las instituciones de la iglesia y de los educadores privados para tener un mismo fin formativo en la concepción educativa del hombre colombiano. En vista de todas estas propuestas al ser reelegido para un nuevo periodo me correspondió con un equipo de laicos, religiosos y sacerdotes aplicar los principios y conclusiones del documento del CELAM en Medellín sobre educación, justicia y paz dentro de la concepción de la Teología de la Liberación. De esta manera se logró proponer y organizar la semestralización de los estudios en el calendario escolar de Colombia, apoyar la democratización de instituciones escolares masivas en el país y plantear una nueva forma de la política educativa nacional definida en la Asamblea Constituyente de 1991, con la asesoría del Hno. Oscar Montoya, para ese momento presidente de CONACED.

Como hemos mencionado, la propuesta de la Educación Liberadora se fundamenta dentro de los principios de la Teología de la Liberación, la cual aparece precisamente en América Latina dentro de un contexto de realidades injustas y opresoras en los distintos países, y son ciertamente los teólogos, que en su ámbito comparten la contemplación de lo sagrado con la participación en la vida de las comunidades, quienes consideran al pobre como sujeto y objeto de esta teología, teniendo en cuenta la pobreza no solo como carencia de bienes sino como un valor de la vida por el desapego de: medios económicos y materiales, de las ambiciones, de los afectos y emociones, del orgullo y de la explotación de los demás.

La Teología de la Liberación utiliza el método de ver, juzgar y actuar, que nace de la praxis y vuelve en forma dialéctica a la praxis, aprovechando la ciencias políticas y sociales, los recursos de análisis e investigación de la realidad. El ver, que significa la observación de la situación del oprimido y su reacción frente a la misma en el presente y el pasado. El juzgar, que plantea hacer un juicio desde la óptica religiosa y desde la fe, relacionando enseñanzas bíblicas con la situación del oprimido. Y el actuar, que va en contra de la opresión, al unirse con otras personas e instituciones liberadoras de la sociedad buscando un apoyo y fortaleciendo el proceso de liberación de la comunidad.

Utilizando este método acompañamos a los teólogos Colombianos, sacerdotes, religiosos y laicos como: el Padre Mario Peresson, salesiano, Federico Carrasquilla, Rafael Ávila, laico Edgar Santo, franciscano, en la celebración del primer Congreso de la Teología de la Liberación de Colombia.

En la Asamblea de la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC), en México 1970, fui nombrado Secretario Ejecutivo de la misma, con la Presidencia del Padre salesiano José Vasconcelos del Brasil, del Padre José Rosario Vaccaro, salesiano y de la Hermana Cecilia Alvarado de Colombia, dominica de la Presentación. Impulsando a nivel interamericano el proceso de Educación Liberadora integrando a los padres de familia, educadores y estudiantes en la conformación de la Comunidad Educativa como responsables de las instituciones escolares, teniendo en cuenta que la formación del hombre no consiste en llenarse de conocimientos científicos, sino en asumir la pedagogía del amor desarrollando la capacidad de dialogo que se debe aplicar y realizar en todo el proceso de la vida.

El mandato de la Asamblea Interamericana nos comprometió también en la articulación con Organizaciones Católicas y Protestantes, como el Dpto. de Educación del CELAM (DEC) con el Padre Cecilio de Lora, marianista, con la Confederaciones de Religiosos de América Latina (CLAR) con el Padre Luis Patiño, franciscano y con el equipo de la Comisión Evangélica Latinoamericana de la Educación Cristiana (CELADEC) con el Pastor Metodista Pagura, argentino. Además, contamos con el apoyo de los directores y profesores del Dpto. Ecuménico de Investigaciones (DEI) con el teólogo historiador Enrique Dussel, y el reconocido educador Pablo Freire, en un encuentro internacional en Huampaní, Perú, con asistencia de miembros de las iglesias protestantes de Asia y Europa.

Con la concepción de la educación basada en los principios de Pablo Freire recorrimos en la articulación y coordinación de estas organizaciones propiciando la reflexión y aplicación de Educación Liberadora y de la Comunidad Educativa con notable éxito, lo cual nos llevó también al ámbito mundial católico desde la Oficina Internacional de la Educación Católica (OIEC), donde pudimos explicitar estos conceptos en los Congresos de Educación Católica en Madrid (España), Kinshasa (Zaire) y Baguío (Filipinas), además de participar en varios congresos interamericanos sobre la formación de la fe desde la dimensión política de los educandos en los diferentes países del continente desde Canadá hasta Argentina y Chile.

La formación de los educandos en la fe planteada en el Congreso Interamericano de Panamá para el compromiso político permeó la conciencia de los religiosos en el respeto de los derechos humanos en el desarrollo y crecimiento de la personalidad de los niños y jóvenes. La visión de la Educación Liberadora continúa influenciando las organizaciones e instituciones que se plantean también grandes desafíos y retos con la evolución de principios teológicos y pedagógicos, con la innovación, desarrollo de las técnicas audiovisuales, el descubrimiento e investigación de la psicología y del aprovechamiento del intelecto humano y de las inteligencias múltiples. 

La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia de Religiosos de Colombia nos llevó a la defensa de los derechos de la vida, de la salud y del trabajo de campesinos y trabajadores que no gozaban de protección y seguridad del estado aplicando y animando procesos en la Teología de la Liberación. Por eso siendo elegidos en 1999 en un Secretariado Ejecutivo de la Comisión de Justicia y Paz tripartita de los religiosos de Colombia, integrada por el Padre Daniel Naranjo, vicentino y por la Hna. Maritze Trigos, dominica de la Presentación, estuvimos asistiendo y acompañando a muchos desplazados, por medio de Comunidades de Paz en medio de dolorosas masacres, secuestros y amenazas.

Las Comunidades de Paz se fomentaron y establecieron como una solución al conflicto y a los enfrentamientos de los combatientes en los territorios más discutidos por la insurgencia y el paramilitarismo que apoyado por el estado se fue implantando. Por eso mismo nos vimos amenazados por los grupos paramilitares y por las mismas instituciones armadas del gobierno. En el acompañamiento y protección de muchas comunidades desplazadas estuvimos comprometidos en diferentes sitios del país acompañados por religiosos y laicos en grupos y Fraternidades Itinerantes. Igualmente, esta defensa de los derechos de las personas nos impulso a debatir en las asambleas de la ONU en Ginebra, Suiza y de la OEA, en Costa Rica para denunciar y exigir la justicia de los campesinos y pobres de distintas comunidades.

La Teología de la Liberación permanece vigente especialmente con la aplicación y animación que el actual Pontífice Francisco ha asumido en la renovación de la Iglesia, influenciando todas las instituciones eclesiásticas, comprendiendo la espiritualidad y humanización de la fe en el compromiso de amor, respeto y servicio de los seres de la naturaleza y acogida de todos los habitantes de la tierra y especialmente de los más débiles, explotados y despreciados de la sociedad consumista, egoísta y manipuladora.

Además, la Teología de la Liberación sigue iluminando el sistema educativo católico acogiendo diferentes cuestionamientos presentados a nivel oficial por la Congregación de la Doctrina de la Fe y por las nuevas tendencias teológicas que los teólogos Latinoamericanos han asumido con valentía y dignidad como un gran aporte a la fe cristiana de todo el mundo.

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