Sábado, 05 Febrero 2022 07:32

El poder ejecutivo real 6677

El poder ejecutivo real 6677

LA DEUDA, LA GUERRA POR OTROS MEDIOS

El FMI, el BM y las calificadoras de riesgo no responden a la democracia, sino, en última instancia, a capitales globales privados, aunque la violencia y el control que pueden ejercer sobre países enteros son tan temibles como una invasión militar. No es casualidad.

El verdadero poder ejecutivo ya no está en el aparato del Estado, sino en un conjunto de instituciones transnacionales dominadas por el capital financiero, que comprenden a los Estados como una articulación, entre otras. Este gobierno sombra decide y fija el nivel del empleo, los salarios, el gasto público, la edad y el monto de las jubilaciones, las tasas impositivas de las distintas categorías de la población. El Estado-nación, destituido de su forma clásica de soberanía, se aplica a gestionar la economía-mundo de la deuda. Obviamente, el gobierno estadounidense es una excepción: un Estado imperial que redefinió sus intereses nacionales con el objetivo de desplegar la globalización, gracias al comando que ejerce desde las instancias transnacionales que, en gran medida, fundó.

Encontramos una primera aproximación a las nuevas relaciones entre guerra y poder ejecutivo en un libro publicado por dos coroneles de la Fuerza Aérea china en 1999, Qiao Liang y Wang Xiangsui, cuyo título es Unrestricted Warfare. En el contexto de la pos Guerra Fría, cuando se recalienta la rivalidad entre China y Estados Unidos, estos oficiales llegan a concebir la actividad financiera como una «guerra no sangrienta», pero cuyos efectos son comparables a los de una «guerra sangrienta». Si se quiere hacer frente a la supremacía estadounidense, las finanzas deben ser integradas en una estrategia de guerra no convencional, lo cual implica renunciar tanto a la «guerra popular» como a la mera «guerra tecnológica». En una entrevista concedida un año después, Qiao Liang ubica la intención del libro en una argumentación diplomática, poniendo de relieve la importancia de las «operaciones no militares», entre las cuales habría que incluir las «guerras comerciales, financieras, etcétera».

Qiao Liang y Wang Xiangsui constatan que la seguridad nacional está hoy menos amenazada por las fuerzas militares de un Estado enemigo que por los «factores económicos, como la apropiación de los recursos, la captura de los mercados, el control de los capitales, las sanciones comerciales». Semejante cambio de paradigma obliga a reconocer que los daños causados por las nuevas «armas no militares» pueden ser tan temibles como los causados por las «armas militares». Los autores insisten particularmente en las finanzas, que son el medio más eficaz para producir inseguridad en un país y en el planeta todo.

«Si comparamos la caída del índice de seguridad nacional de países como Tailandia e Indonesia –que en pocos meses padecieron una fuerte devaluación y estaban casi en bancarrota– con la de Irak –que ha experimentado simultáneamente ataques militares y embargo económico–, es preocupante que casi no haya diferencia entre ambas», dicen los autores. Del mismo modo, cuando el conflicto entre Grecia y las instituciones financieras fue redefinido en términos de guerra colonial, ocupación, mandato colonial, no se trataba simplemente de utilizar buenas metáforas.

A medida que los medios de coerción se fueron diversificando, los Estados perdieron el monopolio de la violencia y los mecanismos de dominio se tornaron económicos, diplomáticos, sociales, culturales. Los efectos de la guerra, entonces, pueden ser provocados por una multiplicidad de dispositivos, entre los cuales la violencia financiera es el más eficaz, porque sus efectos desestabilizan a la sociedad en su conjunto, al tiempo que la segmentan. «Evidentemente, la guerra trasciende el ámbito de las armas y de las cuestiones militares y se transforma en un asunto para los políticos, los científicos e, incluso, los banqueros. Las guerras ya no son solo sangrientas y los medios para llevarlas a cabo no son únicamente militares. La economía y el sistema financiero, en particular, pueden reemplazar a los medios militares y dar lugar a una guerra no sangrienta», añaden los autores.

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Nuestros dos oficiales chinos, cuando se interesan específicamente en el funcionamiento de la estrategia financiera, se ven obligados a construir un modelo de máquina de guerra del capital particularmente útil para captar la naturaleza del poder ejecutivo transnacional contemporáneo y la nueva realidad bélica. Ellos explican que el gobierno de la economía mundial se ha convertido en una «ingeniosa red sin la menor discontinuidad entre diferentes niveles y distintas instituciones»: «El modelo de gobierno conjuga Estado + [nivel] supranacional + multinacional + no estatal».

El ejemplo de la crisis asiática de 1997, con sus ataques especulativos, que buscaban introducir reformas estructurales, primero contra Tailandia y luego contra el conjunto de los países del sudeste asiático, permite desplegar la lista de actores: Estados Unidos, único Estado-nación que puede ser «representado» por su omnipresente institución financiera (la Reserva Federal); el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) (organismos internacionales); los fondos de inversión (multinacionales privadas); Standard & Poor’s y Moody’s (agencias de evaluación no estatales).

El poder ejecutivo real representa la identidad realizada entre economía, política y ámbito militar, una síntesis que está transformando radicalmente «el aspecto bélico e, incluso, la naturaleza militar de la guerra, que no había cambiado desde la Antigüedad», para dar paso al arma hiperestratégica de las finanzas. La máquina de guerra resultante no es una instancia de regulación, sino que detenta el poder de programar y ejecutar la nueva guerra civil que algunos militares (sir Rupert Smith, por ejemplo) definen como guerra dentro de la población (war amongst the people).

Este nuevo tipo de poder ejecutivo es el que hemos visto actuando, en su versión no militar, durante la crisis de la deuda griega. Los organismos multinacionales, como el FMI y el Banco Central Europeo, no deben responder ante los pueblos –ni siquiera ante los Estados– por la violencia y la arbitrariedad de sus decisiones, sino ante las instituciones financieras transnacionales, que son hoy el vector principal de multiplicación de las guerras civiles contra las poblaciones.

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Siguiendo a Qiao Liang y Wang Xiangsui, el resultado de la globalización capitalista «es que, mientras se reduce el campo de batalla en sentido estricto, el mundo entero [ha sido transformado] en un campo de batalla en sentido amplio»: «Las armas son más modernas, los medios más sofisticados. Solo hay un poco menos de sangre, pero es la misma brutalidad». La extensión del dominio bélico que establece un contínuum entre guerra, economía y política acopla estrategias horizontales (se multiplican y difunden los centros de poder y decisión) y verticales (estos dispositivos de comando distribuidos se subordinan a la lógica de la maximización del valor para los accionistas).

En consecuencia, los dos flujos a través de los cuales se verifica la fuerza de desterritorialización del capital desde la acumulación originaria, la moneda y la guerra, se superponen perfectamente en la mundialización capitalista contemporánea. Las finanzas se han convertido en un arma no militar, a través de la cual se llevan a cabo guerras no sangrientas, que producen efectos tan devastadores como las guerras sangrientas. Por su parte, la guerra ya no es la política continuada por medios sangrientos, sino que la política del capital es la guerra continuada por todos los medios puestos a disposición.

La reina de las crisis, la crisis financiera, a partir de la cual se desatan y encadenan dentro del ciclo económico clásico las crisis productivas y comerciales, realiza su identidad con la guerra. En el contexto marxiano, la contradicción entre la producción para la producción –que empuja al desarrollo absoluto de las fuerzas productivas– y la producción para el capital –que engorda la ganancia y la propiedad privada– provoca crisis violentas, que pueden desembocar en guerras. En la situación presente la crisis no se distingue del desarrollo ni de la guerra. En resumen: la crisis no se distingue del desarrollo de la guerra. Por eso, la fenomenología del concepto de guerra ya no remite a las conflagraciones interestatales, sino a una nueva forma de guerra transnacional, que está unida al desarrollo del capital y ya no se diferencia de sus políticas económicas, humanitarias, ecológicas.

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Esta definición de las finanzas como guerra no sangrienta que emplea medios no militares nos resulta, por lejos, más realista y políticamente más eficaz que la teoría heterodoxa según la cual las finanzas son una nueva convención. La máquina de guerra contemporánea del capital financiero prosigue la colonización del Estado, que adapta a su funcionamiento, dándole forma no solo a la empresa, sino también a la administración. Simultáneamente, los gobiernos nacionales se convierten rápidamente en verdaderos agentes de esta captura de la administración, en cuanto lugar de aplicación de una gran parte de las técnicas de gubernamentalidad.

El management de la administra-ción contemporánea encuentra su modelo en la economía, pero, a diferencia del período de entreguerras, ya no es la organización científica del trabajo del capitalismo industrial la que brinda su forma, sino las finanzas. La Ley Orgánica Relativa a las Leyes Financieras, poderosa palanca para la reforma del Estado francés, puso en marcha un proceso de transformación radical de las reglas presupuestarias y contables en función de la financierización. De esta forma se termina de borrar todo rastro de democracia en las instituciones estatales.

Lo que hipócritamente se denomina crisis del modelo democrático representativo responde a la misma genealogía y sigue el mismo itinerario que el proceso de concentración de los poderes ejecutivos, que tiene su origen en la Primera Guerra Mundial. Porque son los imperativos de la guerra total los que progresivamente irán relegando la soberanía popular y el debate entre los representantes del pueblo, hasta llegar a la puesta en escena televisiva que caracteriza a la actual época del poder ejecutivo financiero. En este punto, la generalización del sufragio universal coincide con su neutralización, en un proceso que tiende a reducir los parlamentos electos a simples foros de legitimación de un ejecutivo motorizado.

El resultado es que la democracia ejecutiva deja de ser la expresión de las políticas de modernización nacionales y se ve completamente sobrepasada por las nuevas instituciones bélicas de la mundialización, a las cuales se somete en cuerpo y alma.

(Extracto de Guerras y capital. Una contrahistoria, recientemente publicada por la editorial Tinta Limón, con la traducción del francés a cargo de Manuela Valdivia.)

3 febrero, 2022

*             Por Éric Alliez, profesor de Filosofía en la Universidad París VIII; investigador en la Universidad Kingston, de Londres, y autor de una vasta obra sobre el pensamiento de Gilles Deleuze. Maurizio Lazzarato es doctor en Sociología e investigador de la Universidad de París I Panthéon-Sorbonne; ha publicado, entre otros libros, Políticas del acontecimiento (Tinta Limón, 2006), La fábrica del hombre endeudado (Amorrortu, 2013) y Gobernar a través de la deuda (Amorrortu, 2015).

Publicado enEconomía
Fuentes: IPS [Imagen: Mapa de los países que en los que se proyectan recortes de austeridad en 2021-2022, en términos del PIB, basado en las proyecciones fiscales del FMI. I. Ortiz y M. Cummins, 2021]

Entre el 5 y el 11 de abril los ministros de Finanzas del mundo se reunieron virtualmente en las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial para abordar la pandemia y la recuperación socioeconómica.

Sin embargo, un estudio global recién publicado por la Iniciativa para el Diálogo de la estadounidense Universidad de Columbia, sindicatos internacionales y organizaciones de la sociedad civil, alerta sobre una nueva ola de austeridad: la mayoría de los gobiernos están imponiendo recortes de presupuestos, precisamente en un momento en que los ciudadanos y las economías están más necesitados de apoyo público.

El análisis de las proyecciones fiscales del FMI muestra que se esperan recortes presupuestarios en 154 países este año, y hasta en 159 países en 2022. Esto significa que 6600 millones de personas o 85 % de la población mundial vivirá en condiciones de austeridad en el próximo año, tendencia que probablemente continuará hasta 2025.

Los altos niveles de gasto utilizados para hacer frente a la pandemia han dejado a los gobiernos con déficit fiscal y deuda. Y en lugar de explorar opciones de financiación para proporcionar el apoyo necesario para la recuperación socioeconómica, los gobiernos -asesorados por el FMI, el Grupo de los 20 (G20) y otros- están optando por la austeridad.

El shock fiscal pospandemia parece ser mucho más intenso que el que siguió a la crisis financiera mundial hace una década.

La contracción media del gasto en 2021 se estima en 3,3 % del producto interno bruto (PIB), casi el doble que en la crisis anterior.

Se prevé que más de 40 gobiernos gastaran menos que los (ya bajos) niveles prepandemia, reduciendo los presupuestos públicos más de 12 % de promedio en 2021-2022 en comparación de 2018-2019, incluidos países con altas necesidades de desarrollo como Ecuador, Guinea Ecuatorial, Kiribati, Liberia, Libia, República del Congo, Sudán del Sur, Yemen, Zambia y Zimbabwe.

Los peligros de recortes prematuros de austeridad se evidencian de la última década de ajuste.

Durante 2010-2019, miles de millones de personas se vieron afectadas por la reducción de las pensiones y  beneficios de la seguridad social; por la reducción de subsidios a alimentos, agricultura y combustible; por recortes a los salarios y al número de funcionarios en servicios públicos como la educación, la salud, el agua o el transporte público; por la racionalización y la focalización excesiva de los programas de protección social en los que sólo los más pobres recibieron beneficios cada vez más pequeños, mientras que la mayoría de las personas quedaron excluidas; y por la menor seguridad laboral para los trabajadores, al desmantelarse la normativa laboral.

Muchos gobiernos también introdujeron impuestos regresivos, como los impuestos al consumo, que redujeron más aún los ingresos familiares disponibles. En muchos países, los servicios públicos se redujeron o privatizaron.

La austeridad demostró ser una política mortal: el débil estado de los sistemas de salud pública, sobrecargados, con poca financiación e insuficiente personal debido a una década de austeridad, agravó las desigualdades en salud e hizo que las poblaciones fueran más vulnerables a la covid-19.

Es necesario asegurar que no hayan más medidas de austeridad. Después de los devastadores efectos de la pandemia de covid, la austeridad solo causará más sufrimiento innecesario para la población.

La austeridad es una mala política. Existen alternativas, incluso en los países más pobres. En lugar de recortar drásticamente el gasto, los gobiernos pueden y deben explorar opciones de financiación para incrementar los presupuestos públicos.

Primero, los gobiernos pueden aumentar los ingresos fiscales con impuestos a la riqueza, la propiedad, las ganancias corporativas o al sector financiero, que generalmente permanece sin o con baja tributación.

Por ejemplo, Bolivia, Mongolia y Zambia están financiando pensiones universales, prestaciones para niños y otros beneficios sociales con impuestos a la minería y al gas; Brasil introdujo un impuesto sobre las transacciones financieras para expandir la cobertura de la protección social.

Segundo, más de sesenta gobiernos han reestructurado/reducido con éxito sus obligaciones de deuda y así liberado recursos para el desarrollo.

Una tercera opción es eliminar los flujos financieros ilícitos, como la evasión fiscal y el blanqueo de capitales.

Cuarto, los gobiernos también pueden cambiar las prioridades de sus gastos, abandonar inversiones de bajo impacto social como el gasto en defensa y rescates a bancos/corporaciones; por ejemplo, Costa Rica y Tailandia redirigieron el gasto militar a la salud pública.

Quinto, otra opción de financiación es utilizar las reservas fiscales acumuladas en los Bancos Centrales.

Sexto, atraer transferencias/ayuda al desarrollo o préstamos en condiciones favorables.

Una séptima opción es adoptar marcos macroeconómicos más acomodaticios.

Y octavo, los gobiernos pueden formalizar a los trabajadores en la economía informal con buenos contratos y salarios, lo que aumenta el fondo de cotización y amplía la cobertura de la protección social.

Las decisiones sobre gasto y financiación afectan la vida de millones de personas, no pueden tomarse a puerta cerrada en el Ministerio de Finanzas: todas las opciones deben considerarse en un diálogo social nacional con representantes de sindicatos, empleadores, organizaciones de la sociedad civil y otros grupos relevantes.

#NoMasAusteridad es una campaña global para detener las medidas de austeridad con impactos sociales negativos.

Desde 2020, más de 500 organizaciones y académicos de 87 países han pedido al FMI y a los ministerios de Finanzas que abandonen de inmediato la austeridad y, en cambio, prioricen políticas que promuevan la justicia de género, reduzcan la desigualdad y pongan a las personas y al planeta en primer lugar.

Isabel Ortiz, directora del Programa Global de Justicia Social en la Iniciativa para el Diálogo de la Universidad de Columbia en Nueva York.

 Matthew Cummins,  execonomista principal en el PNUD, UNICEF y el Banco Mundial.

RV: EG

Por Isabel Ortiz, Matthew Cummins | 21/04/2021

Publicado enEconomía
Martes, 08 Septiembre 2020 05:43

Una serie para Netflix: Etica y economía

Reacción del jugador Erica Cantona, jugando en el Manchester United, ante el insulto xenófobo de un barrabrava

La patada a un hooligan de Eric Cantona y un "experimento" del Banco Mundial

Una investigación financiada por el Banco Mundial, en la cual participó un miembro del equipo de Economía durante el gobierno de Macri, Sebastián Galiani, consistió en testear la reacción de los pobladores de un barrio vulnerable de Nairobi (Kenia) ante el corte por falta de pago del servicio de agua. El objetivo era verificar diferentes estrategias para reducir el nivel de morosidad.

 

 Eric Cantona fue una de las máximas figuras de la Premier League en la década del noventa. Los hinchas del Manchester United lo apodaban “The King”. El jugador francés se destacaba por su talento, carácter irascible e incursión en el mundo de la actuación.

Es muy recordada su inhabilitación por nueve meses, decidida por la Asociación de Fútbol inglesa en 1995, por propinar una patada voladora a un hooligan del Crystal Palace. “Vete a tu país bastardo de mierda, vuélvete a Francia”, le había dicho ese “hincha” que -luego se supo- militaba en el grupo fascista inglés Nacional Front.

Muchos años más tarde, el francés fue invitado al famoso programa de televisión Football Focus. El periodista le preguntó cuál había sido el mejor momento de su carrera. “Fue cuando le di una patada de kung fu a un hooligan…creo que es un sueño para algunos dar una patada a ese tipo de gente…saltear y patear un fascista, no es algo que se saboree todos los días”, contestó Cantona. Cuando colgó los botines, el francés se reinventó como actor y productor de numerosas películas.

Este año fue protagonista estelar de una comentada serie de Netflix. En "Recursos Inhumanos", Cantona representa a un ex ejecutivo desempleado que es reclutado por una consultora para participar en una ficticia toma de rehenes. El objetivo principal es testear la fidelidad de cuatro ejecutivos de una megaempresa constructora de aviones

La crueldad de esa “prueba” corporativa no está muy alejada de la realidad. La “financiarización de la economía” impuso infames reglas de juego globales. El divorcio entre economía y ética es cada vez más acentuado.

En “Los crímenes contra la humanidad de Wall Street”, la socióloga Shoshana Zuboff traza un paralelismo entre el concepto de la banalidad del mal (acuñado por la filósofa alemana Hannah Arendt) y el funcionamiento del sistema económico

En ese marco, la profesora de la Harvard Business School explica cómo los agentes financieros se desligan de las gravísimas consecuencias sociales de sus acciones. “Lo que asombra a Zuboff es la 'normalidad' con la que no sólo el 'sistema' sino los agentes financieros desarticulan las condiciones de vida de millones de personas y economías enteras sin que ninguna alarma moral ni sistémica llame la atención sobre tales consecuencias”, detalla Claudio Casparrino en "Acumulación y Banalidad del Mal", publicado en El Cohete a la Luna.

Lo cierto es que los límites éticos están cada vez más bajos como lo muestra un reciente trabajo del Banco Mundial. Esa investigación consistió en testear la reacción de los pobladores de un barrio vulnerable de Nairobi (Kenia) ante el corte por falta de pago del servicio de agua. El objetivo perseguido era verificar diferentes estrategias para reducir el nivel de morosidad.

El “experimento” utilizó los ensayos aleatorios controlados (RCT, por sus siglas en inglés) propios de las ciencias naturales. Esa metodología se basa en elegir un grupo sobre el que se actúa (en este caso, se interrumpe el suministro de agua) y otro grupo de control (se avisa que cortarán el servicio, pero no se concreta la amenaza). 

La difusión del trabajo tuvo repercusión en Argentina porque uno de los autores es el ex vicemistro de Economia macrista Sebastián Galiani

El economista investigador del Conicet, Nicolás Dvoskin, plantea que “sacarle el agua a los pobres de Kenia es una violación a un derecho básico como el acceso al agua. Hacerlo por el bien de la ciencia es una perversidad atroz. Hacerlo desde el Banco Mundial y como programa de desarrollo es directamente una atrocidad”. 

Villanos que cortan el agua de pobres africanos da para una serie de Netflix.

* Director Regional AFIP Santa Fe.

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