Manifestantes en el barrio madrileño de Vallecas exigieron ayer más recursos a la salud pública. España reporta más de 31 mil muertos por Covid-19 y de acuerdo con expertos atraviesa por la segunda ola de contagios.Foto Ap

Recortes al presupuesto hacen estragos

 La red pública del país estaba entre las 10 mejores del mundo

 

Madrid. España vivía convencida de que su Sistema Nacional de Salud (SNS) era fuerte, eficiente y de excelente calidad. Una idea, además, confirmada por informes internacionales que lo situaban entre los 10 mejores del mundo. Sin embargo, la pandemia del Covid-19, que ha atacado con ferocidad en este país, puso en evidencia las profundas carencias acumuladas en la sanidad pública, sobre todo tras los recortes por la crisis económica de 2008, la precarización de los salarios y los contratos del personal sanitario, ahora convertidos en héroes anónimos.

En estos días ver largas filas en cualquier área de atención pública en un hospital es lo habitual. También es común ver el nerviosismo y el cansancio en los profesionales de la salud frente a la desesperación de pacientes y familiares que sufren con impotencia su situación.

El problema se agrava sobre todo en los centros de atención primaria, donde resulta prácticamente imposible conseguir una cita antes de dos o tres meses, y donde el agotamiento de sus trabajadores se traduce en frustración y en datos globales que confirman que algo ha fallado: en España han muerto, según cifras oficiales, más de 31 mil personas –las extraoficiales elevan este número a más de 53 mil–, en total se han registrado 780 mil infectados, de los cuales se han aliviado 150 mil.

Los informes de organismos internacionales o publicaciones especializadas, como The Lancet o la Universidad Johns Hopkins, sitúan a España entre los países que peor han gestionado la crisis de la pandemia, a pesar de que cuenta con un sistema de salud pública universal y gratuito, además de profesionales bien preparados, que muchas veces emigran por los bajos salarios que reciben en comparación con otros países europeos.

El sistema sanitario español cuenta con 13 mil centros de atención primaria, 10 mil consultorios, 2 mil puntos de atención de urgencia extrahospitalaria, 466 hospitales, 112 mil camas, 18 mil puestos de hospital de día, 281 centros, servicios y unidades de referencia y 44 hospitales autorizados con unidad de trasplantes. Todo ello es atendido por un ejército de profesionales sanitarios integrado por 147 mil médicos, 182 mil enfermeros y 317 mil empleados de atención primaria. Es decir, más de 650 mil trabajadores de salud, a los que habría que sumar los de áreas administrativas y de seguridad.

El sistema exige recursos públicos por más de 75 mil millones de euros, lo que representa alrededor de 6.3 por ciento del producto interno bruto, cifra que si se compara con los países punteros en la materia de la Unión Europea (UE), es baja; en Alemania, Francia o Suecia es superior a 9 por ciento del PIB.

Gasto sanitario cae 13%

El gasto sanitario público en España se desplomó durante la crisis de 2008: en términos reales cayó 13 por ciento entre 2009 y 2013. Después de 2014 hubo cierta recuperación, pero todavía el gasto público sanitario total y por persona en 2018, últimos datos disponibles de la OCDE, era inferior al de 2009, explicó a La Jornada Félix Lobo, catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y director de Economía y Políticas de Salud.

Estos recortes, aplicados sobre todo durante los gobiernos del socialista José Luis Rodríguez Zapatero y el derechista Mariano Rajoy, tuvieron una incidencia directa en la capacidad de atención. Por ejemplo, por primera vez en décadas España registró cifras inferiores a la media europea en la ratio de enfermeras por cada mil habitantes (que fue de 5.7) o del número de camas hospitalarias por cada cien mil habitantes, que fue de 297 frente a las 541 de la media en la UE.

La falta de presupuesto dio un golpe a la línea de flotación del sistema, y con el estallido de la pandemia del Covid-19 provocaron que afloraran otras carencias o problemas estructurales como la precarización de los salarios de médicos y enfermeros, las plantillas insuficientes en los centros sanitarios, la falta de material ya sea básico o especializado para este tipo de crisis (desde cubrebocas hasta respiradores artificiales).

Lobo añadió que en una pandemia así, ni el sistema sanitario mejor dotado puede hacer frente a la avalancha si no se han contenido los contagios antes. Es más importante el grado de preparación y despliegue rápido de las armas de la salud pública que se tengan planificadas y dispuestas para cuando llega la ola de contagios; el blindaje de los profesionales sanitarios y otros aspectos esenciales; la detección temprana mediante pruebas y el aislamiento eficaz de los grupos vulnerables, como las residencias de ancianos y las personas con discapacidad.

La vocera de Médicos del Mundo, Eva Aguilera, sostuvo que tras el golpe que sufrió la sanidad pública española en la crisis, una situación como ésta la pone a prueba más allá del límite. El sistema sanitario siempre ha tenido insuficiencia de recursos, pero en una crisis así estas carencias resultan letales.

De hecho, este problema ya se advirtió en el último informe sobre personal sanitario elaborado por la Comisión Europea, que advirtió que en España parte importante de los profesionales de la salud tienen contratos temporales, lo que aumenta la tasa de rotación del personal; además, hay una inquietud creciente sobre la escasez de enfermeras y médicos familiares, ya que muchos se aproximan a la edad de jubilación.

España enfrenta ahora lo que expertos denominan la segunda ola del virus, al registrar los peores datos de contagio y mortandad de la UE, si bien se advierte que esta vez las consecuencias en la salud pública podrían ser incluso peores, sobre todo porque los profesionales sanitarios están exhaustos y superados y los recursos de los hospitales y centros de atención primera están al límite

Por Armando G. Tejeda

Corresponsal

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Miércoles, 09 Septiembre 2020 05:44

Proclama China que venció a la pandemia

Asistentes a un acto de homenaje al personal sanitario chino entran al Gran Palacio del Pueblo en Pekín, el 8 de septiembre de 2020. Foto Ap

Pekín. Difícil pero histórica. Así calificó el martes el presidente chino, Xi Jinping, la victoria de su país frente a la pandemia del coronavirus, que brotó en su territorio en diciembre antes de propagarse por el mundo, donde las muertes, el miedo, las cuarentenas y los rebrotes siguen marcando las vidas de millones de personas.

Europa registra importantes y preocupantes nuevos focos de la enfermedad y el número de contagios aumenta significativamente en Francia, Reino Unido y España, donde ya se superó el medio millón de contagios registrados y se contabilizan entre siete mil y ocho mil nuevas infecciones diarias.

En total, la epidemia ha matado a 893 mil personas desde finales de diciembre e infectado a más de 27 millones, según el recuento de AFP realizado este martes a partir de fuentes oficiales.

Mientras tanto en China, kilómetro cero del Covid-19, Xi aseguró que se superó "una prueba histórica y extremadamente difícil", en una grandiosa ceremonia celebrada en Pekín en homenaje al personal sanitario.

Oficialmente, China solo registró cuatro mil 634 muertos por Covid-19 desde que brotó en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan (centro del país).

"Hemos librado una gran batalla contra la epidemia que resultó ser abrumadora para todos (...) Ahora estamos a la vanguardia mundial en términos de recuperación económica y de lucha contra el Covid-19", dijo el mandatario.

Sin embargo, China está en el punto de mira de Estados Unidos, que acusa al país de haber ocultado la gravedad del nuevo coronavirus.

La pandemia y la campaña 

 Justamente en Estados Unidos, país con mayor número de contagios y fallecidos por coronavirus (6.3 millones de infecciones y casi 190 mil muertos) la pandemia se infiltró inevitablemente en la campaña para las presidenciales de noviembre.

El lunes, el presidente Donald Trump llamó "estúpido" a su rival demócrata, Joe Biden, y lo acusó de tener una "retórica antivacunas".

El mandatario incluso especuló con la posibilidad de tener una vacuna antes de las elecciones, algo que los expertos consideran muy improbable.

Y mientras diversos laboratorios siguen buscando una vacuna, los expertos se felicitan por el afortunado uso de algunos medicamentos para paliar los efectos del coronavirus.

Oxigenoterapia, corticoides o anticoagulantes han demostrado su eficacia, conforme los médicos iban conociendo más el virus y sus consecuencias.

Por ejemplo, y según una serie de trabajos publicados en la revista médica estadounidense Jama, los corticoides permiten reducir en un 21 por ciento la mortalidad al cabo de 28 días entre los pacientes aquejados severamente de Covid-19, al combatir la inflamación.

Europa sufre 

En Europa, donde la pandemia mató ha matado a más de 218 mil personas y contagió a más de 4.2 millones, el número de nuevos casos aumenta.

En España, país de 47.3 millones de habitantes, la proporción de casos respecto a la población duplica la de países vecinos como Francia o Italia, según cálculos de la AFP. La región más afectada sigue siendo la de Madrid, con 16 mil 501 casos detectados en los últimos siete días.

Pero pese a estas cifras, la mortalidad es muy inferior a la del momento crítico de la pandemia en España, en marzo y abril.

En Francia, donde se contabilizaron más de cuatro mil nuevos contagios en las últimas 24 horas, se contempla recortar de dos semanas a una el aislamiento domiciliario de las personas con Covid-19.

América Latina y el Caribe sigue siendo la región más castigada del mundo con más de 298 mil fallecidos y 7.8 millones de contagios.

En Brasil, donde se registraron más de 126 mil muertes por coronavirus y más de 4.1 millones de contagios, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva acusó al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro de haber convertido la pandemia en un "arma de destrucción en masa" y aseguró que "habría sido posible evitar tantas muertes".

Afp | martes, 08 sep 2020 07:46

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En América usan pandemia para “criminalizar” libertad de expresión: informe

Washington. La pandemia de covid-19 ha servido de excusa a varios países de las Américas para "criminalizar" la libertad de expresión y han tomado medidas que restringen el trabajo de periodistas, activistas, profesionales de la salud y ciudadanos, según un informe del Diálogo Interamericano.

El reporte también señala que hay una "estigmatización" de la prensa por su cobertura de la emergencia sanitaria, señalando especialmente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump; y contabiliza que el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, ha realizado 32 ataques verbales contra la prensa.

"El informe plantea la fragilidad de las libertades de expresión y el acceso a la información, en general, en la región", explicó este martes a la Afp Edison Lanza, Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Según el reporte, publicado el lunes, hay gobiernos que han usado la pandemia como justificación para la opacidad y no han compartido datos sanitarios fidedignos, no han respondido pedidos de acceso a la información, ni han garantizado la transparencia del gasto público relacionado con el nuevo coronavirus.

Los autores también señalan que "algunos líderes políticos han engañado deliberadamente a sus ciudadanos acerca del virus y han estigmatizado a los periodistas o expertos en salud que los contradijeron".

Los expertos denunciaron que los jefes de Estado de Estados Unidos, Guatemala y Nicaragua han "estigmatizado" a la prensa por sus informes de la pandemia.

En tanto Trump atacó a los medios a fines de marzo durante una conferencia de prensa, llamándolos deshonestos por la cobertura de su manejo de la crisis, declarando además que los periodistas dañan al país, recordaron los expertos.

Esto según los autores contribuyó a la "infodemia" de desinformación online y puso más presión sobre las plataformas de internet que deben mantener un balance entre la protección de la salud pública y el respeto a la libertad de expresión.

Países con "regímenes autoritarios"

"Se agravó la situación en los países en los que ya había regímenes autoritarios, y que buscan la persecución de periodistas y de disidentes", explicó lanza a la AFP citando el caso de Venezuela y de Nicaragua.

En el caso de Venezuela el informe denunció que "el gobierno ha detenido a periodistas y médicos que publican información sobre la expansión del virus o cuestionan la respuesta" oficial.

Como ejemplo citó el caso del periodista Darvinson Rojas que fue detenido el 21 de marzo por la unidad de policía FAES (Fuerza de Acciones Especiales) debido a su trabajo sobre el coronavirus y quien, pese a que fue liberado, enfrenta cargos de "promoción del odio", según los investigadores.

Esta represión también afectó a Julio Molino, líder de un sindicato médico de Venezuela, luego de que criticara la carestía de equipamiento médico en hospitales, reportaron los expertos.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega acusó a los medios de difundir noticias falsas sobre el supuesto ocultamiento de las cifras de covid-19 por parte del gobierno, caracterizando esos reportes como "terrorismo desinformativo".

Sobre Cuba, el informe señaló que "las autoridades han usado el Decreto Ley 370 'sobre la informatización de la sociedad cubana' para someter a por lo menos 30 periodistas a interrogatorio y confiscar su equipo de trabajo" por su cobertura de la pandemia.

Una excusa para cerrar el cerco

Pero también en otros países con gobiernos democráticos el estado de emergencia por la covid-19 fue usado como una suerte de excusa o justificación para tratar de cerrar el cerco, impedir el acceso a fuentes de información.

En Brasil, Bolsonaro realizó 32 ataques verbales contra periodistas y medios de comunicación entre enero y marzo, cuando el virus ya estaba en el país, y seguidores del presidente han cometido actos de hostigamiento contra periodistas fuera del Palácio da Alvorada en Brasilia.

El presidente Alejandro Giammattei de Guatemala declaró en tanto el 21 de marzo que "desearía poner a la prensa en cuarentena", a raíz de la cobertura negativa de su manejo de la pandemia.

"No hay una justificación en relación con la pandemia para restringir la libertad de expresión", concluyó Lanza.

Afp | martes, 01 sep 2020

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Momento Sputnik y momento Putin: ¡primera vacuna rusa del mundo contra Covid-19!

Resultó certero el anuncio programado de la vacuna rusa contra el Covid-19 (https://bit.ly/30NgEJS), lo cual valió el anuncio presidencial del zar Vlady Putin, según el influyente portal Sputnik: "Esta mañana fue registrada la primera vacuna contra el Covid-19 en el mundo" en una reunión con el gabinete de ministros.

El zar ruso señaló que lo más importante es "garantizar que la vacuna sea segura y eficaz" (https://bit.ly/2PIWytZ).

El zar declaró que una de sus hijas había sido vacunada exitosamente (https://bit.ly/2DXBygA).

En paralelo, el ministro de Salud, Mijaíl Murashko, confirmó que la vacuna del Instituto Gamaleya mostró su alta eficacia y seguridad en las pruebas clínicas: "Todos los voluntarios a los que se administró la vacuna desarrollaron anticuerpos y ninguno de ellos presentó complicaciones serias".

Según Sputnik, el Ministerio de Sanidad afirmó que la vacuna rusa contra el Covid-19 garantiza una inmunidad hasta dos años: "El esquema de doble inyección permite generar una inmunidad duradera con el uso de las vacunas vectoriales".

Rusia ha sido líder mundial en la investigación de vacunas y Sputnik expone el "secreto (sic) de los dos vectores", que es una tecnología única: "detrás de esta velocidad está la experiencia de Rusia en la investigación de vacunas" que "utiliza los adenovirus, que se encuentran en las adenoides humanas y que normalmente transmiten el resfriado común, como vectores, que pueden engendrar un material genético de otro virus en una célula. Se extrae el gen del adenovirus, que causa la infección, y se inserta un gen con el código de una proteína de otro virus" y "ayuda al sistema inmunológico a reaccionar y producir anticuerpos que protegen de la infección" (https://bit.ly/2Cinwp8).

Rusia ya recibió solicitudes de 20 países –de Latinoamérica (esperemos se encuentre México), el Medio Oriente y Asia– para más de mil millones de dosis.

Llama la atención el deliberado sabotaje de la controvertida OMS –que contaba para 2018-2019 con un presupuesto de cinco mil 600 millones de dólares cuando EU contribuía con 15 por ciento –que hoy es rehén de la polémica Fundación Melinda & Bill Gates, con intereses globalistas obscenos y quienes son sus principales contribuyentes cuando Trump dejó de financiarla” (https://bit.ly/2FaaxH3).

En forma perturbadora viene como tercer "donador" de la OMS la "alianza GAVI": “Después del Covid-19, el Reino Unido (con sus ex primer ministros ‘socialistas’ Gordon Brown y Tony Blair, y el príncipe de Gales), el Foro Económico Mundial de Davos, la Fundación Bill & Melinda Gates y el grupo público/privado GAVI buscan la instauración de un gobierno mundial desde sus plataformas del G-20, las vacunas y el Gran Reset de Davos” (https://bit.ly/3irsMGg).

Otro contribuyente bizarro es National Philanthropic Trust que ahora me salto, sin dejar de señalar que bajo el manto de la ominosa "filantropía" muchos megabillonarios cometen los peores crímenes de lesa humanidad.

Hoy es muy grave que no se pueda ya distinguir, desde el punto de vista de la "ingeniería financiera", cuál es la diferencia entre la OMS y los intereses globalistas de Bill Gates cuando la OMS parece más bien una organización globalista que busca imponer los intereses de Microsoft, con la Universidad Johns Hopkins –sustrato geopolítico de la invasión a Irak con el neoconservador straussiano Paul Wolfowitz– y de los designios "epidemiológicos" del multimillonario Mike Bloomberg.

Las envidias y los golpes bajos no se han hecho esperar de parte de la misma OMS como de los multimedia anglosajones: desde The Guardian hasta The Financial Times con sus conspicuos intereses globalistas quienes ponen en tela de juicio "la habilidad de Moscú para desarrollar una inoculación segura y efectiva tan rápido" ( FT; 11/8/20).

Hoy la vacuna rusa le otorga un inmenso prestigio al zar Vlady Putin que vive la repetición del "momento Sputnik".

Se entiende la angustia de sus competidores anglosajones que quedaron sembrados en la carrera geopolítica y farmacológica de las vacunas.

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La protesta kukama, antes de la represión policial.

Tres miembros de la etnia kukama murieron durante una protesta

Los indígenas reclaman medicinas y atención médica para enfrentar el coronavirus. Hay 17 heridos, cuatro de ellos graves, 

 

Desde Lima. El nuevo gabinete ministerial, encabezado por un general del ejército en retiro, se ha estrenado con tres muertes durante una protesta social. Tres indígenas de la etnia amazónica kukama murieron en un enfrentamiento con la policía cuando protestaban por el abandono por parte del Estado ante el dramático avance de la covid 19 en las comunidades amazónicas y por la falta de servicios básicos. Hubo diecisiete heridos, once pobladores, cuatro de ellos graves, y seis policías. El abandono ante la pandemia que golpea duramente a las poblaciones nativas de la Amazonia gatilló la protesta, pero ésta tiene profundas raíces de marginación, maltrato y violación de los derechos de estas comunidades.

La represión estalló cerca de la medianoche del último sábado frente a las instalaciones del Lote 95 de la petrolera canadiense PetroTal, en la selva amazónica. Los indígenas reclaman medicinas y atención médica para enfrentar el coronavirus. En la mayoría de los casos no tienen acceso a centros médicos básicos en sus comunidades y deben hacer largos viajes para recibir atención, algo dramáticamente evidenciado en esta pandemia. También exigen una compensación económica por parte de la empresa por el uso de sus territorios.

El ex viceministro de Gestión Ambiental, José de Echave, ha advertido que la expansión de la pandemia del coronavirus y el abandono del Estado están poniendo a estas poblaciones indígenas “en el límite de lo humanamente tolerable”.

Las autoridades culpan de los hechos violentos a los indígenas. En un comunicado, el Ministerio del Interior señala que los pobladores llevaban escopetas de caza y “habrían realizado disparos” contra la policía. Se afirma que eso desató el enfrentamiento. El ministro del Interior, el general en retiro de la Fuerza Aérea, Jorge Montoya, ha dicho que se ha abierto “un proceso de investigación”, pero su ministerio ya adelantó opinión antes de esa “investigación”, culpando a los indígenas

Los dirigentes nativos rechazan enfáticamente esa versión oficial de lo ocurrido, que los acusa. Aseguran que no llevaban armas de fuego, solamente lanzas, armas ancestrales que portan en toda movilización. Dicen que en la oscuridad los policías se habrían disparado entre ellos.

El líder indígena Mayter Flores, que participó en la protesta y es hermano de uno de los fallecidos, denunció que “la policía prácticamente ha venido a matarnos”. “Nosotros -precisó- teníamos nuestras armas que son las lanzas y la policía nos comenzó a disparar”.

“Los hermanos indígenas no tenían armas de fuego. Solo estaban con sus armas ancestrales. Demandamos una investigación que esclarezca los hechos, que paren las medidas represivas de la policía y que se inicie un diálogo para atender las demandas de nuestros hermanos. Son demandas justas, porque existen pueblos que están en la pobreza y en la pandemia se ha visto reflejada”, ha dicho el presidente de la Organización de los Pueblos Indígenas del Oriente (Orpio), Jorge Pérez.

Hay una larga historia de abandono de las poblaciones indígenas y también de conflictividad entre esas comunidades y las empresas extractivas -de petróleo, minería y la industria maderera-, que son respaldadas por el Estado. Las poblaciones nativas son afectadas por estas actividades extractivas, que contaminan su entorno vital. La vida de estas comunidades se ve seriamente afectada, y no reciben ningún beneficio de la riqueza extraída de sus territorios, por el contrario, se quedan con pobreza, contaminación y enfermedades. Y cuando reclaman por sus derechos, la respuesta suele ser violenta.

“Los pueblos indígenas estamos con más de 50 años de explotación petrolera y ni siquiera tenemos lo básico, salud y educación. Gran parte de la población está infectada (por la covid 19)”, ha denunciado la presidenta de la Asociación de Mujeres Kukamas, Mariluz Canaquiri.

En diálogo con Página/12, el antropólogo Alberto Chirif, dedicado a los temas amazónicos, señala que “lo ocurrido evidencia que la incapacidad de diálogo se está haciendo una costumbre en el país, se explota a la primera. Hay que desarrollar capacidades para el diálogo, desde el Estado en primer lugar, y también desde las organizaciones. Hay poblaciones que no ven satisfechas sus demandas y sus aspiraciones, eso lleva a que la mecha se encienda con gran facilidad”.

Hace un año, el gobierno se comprometió con las poblaciones indígenas de la zona amazónica de Bretaña, donde opera la petrolera PetroTal y escenario de esta protesta, a poner en marcha un “plan de cierre de brechas” para llevar servicios de salud, educación, agua potable y saneamiento, y reducir los impactos por la contaminación petrolera. Pero un año después, el gobierno no ejecuta ese plan. Esas demandas sin resolver se juntaron con los reclamos por el abandono ante la pandemia y estalló la protesta.

Luego de las tres muertes, el gobierno envió a la zona una comisión encabezada por el ministro de Cultura, Alejandro Neyra, quien se reunió con dirigentes indígenas. El ministro reconoció la validez de las demandas indígenas, prometió una investigación por las muertes causadas por la represión policial, aunque funcionarios del gobierno ya adelantaron opinión, y ofreció poner en marcha “el plan de cierre de brechas”, incumplido desde hace un año.

Los indígenas, acostumbrados a las promesas no cumplidas desde diferentes gobiernos, pidieron acciones concretas y anunciaron que mientras eso no ocurra se mantendrán movilizados. “Hay comunidades que se han sumado a la lucha y no se van a retirar ante esta represión”, aseguró el dirigente Jorge Pérez

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El Grand Prix de la vacuna contra el coronavirus entra en la recta final

Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia compiten por llegar primeros

Se trata de una carrera de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado. 

 

Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia están prometiendo la vacuna que liberará a la humanidad de la peste de nuestros días, el coronavirus. Es un Grand Prix de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado, una carrera por llegar primero a multimillonarias ganancias y prestigio internacional. Pero el descubrimiento de una vacuna es apenas la mitad de la película. Hasta ahora se ha hablado mucho menos de la producción y distribución global de una vacuna. Las cosas están cambiando.

La crítica directa o indirecta del Grand Prix viene de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los movimientos alternativos, gobiernos populares, la izquierda y las ONG, pero empieza a tener aliados inesperados en torno a una condena feroz del llamado “Vaccination Nationalism” o “Nacionalismo de las vacunas”. En la fórmula de la OMS, este nacionalismo es una peligrosa estafa porque para la salud pública mundial, “nadie está seguro hasta que todos estén seguros”. El único camino es la cooperación global y un acuerdo que permita avanzar no solo en la producción de vacunas sino en una distribución equitativa y eficaz.

El “Nacionalismo de las Vacunas” plantea exactamente lo opuesto. Estados Unidos es el caso más obvio con la política de “America first” del alicaído Donald Trump que no sabe qué hacer para ganar su reelección, pero que sospecha que si posterga los comicios y conjura una vacuna en el interín puede recuperar los 10 o 15 puntos que lo separan del demócrata Joe Biden.

Estados Unidos invirtió 10 mil millones de dólares en la Operation Warp Speed, un programa para producir cientos de millones de vacunas destinadas a consumo interno. El responsable del suministro de toda la parafernalia médica del Covid-19, Peter Navarro, implementó el “America first” con la restricción de ventas al exterior de máscaras, respiradores y guantes. A fines de junio, el gobierno de Trump adquirió prácticamente todo el stock mundial de Remdesivir, un medicamento para el tratamiento del Covid-19.

Como en una pálida copia de la guerra fría, al Grand Prix se sumó ahora Rusia con la promesa de una vacuna para el 10 de agosto o incluso antes. El director del Fondo de Riqueza Soberana de Rusia, Kirill Dmitriev, dijo que se adelantarán a Estados Unidos tal como sucedió en 1957 con el Sputnik, cuando la Unión Soviética lanzó antes que Estados Unidos el primer satélite en el marco de la carrera espacial de las dos superpotencias. “Va a ser igual”, le dijo Dmitriev a la CNN.

En realidad, el rival de Estados Unidos no es Rusia: es China. Un caso más interesante porque el gobierno de Xi Jinping se presenta abiertamente del lado de la OMS y señala que la vacuna que CanSino Biologics está desarrollando junto al Instituto Científico Militar será un “bien público de acceso para todo el mundo”. El 22 de julio en una video conferencia con once cancilleres de América Latina y el Caribe, el canciller chino Wang Yi anunció un fondo de mil millones de dólares para la región y garantizó la accesibilidad a tratamientos y medicinas. Esta estrategia china en el Grand Prix ya tiene apodo: “diplomacia con barbijo”. Tiene también algunas sombras.

China afirma la accesibilidad de la vacuna, pero no dice cuándo. ¿Pondrá China a sus casi 1400 millones de habitantes en paridad con el resto del mundo? ¿Cuántos chinos tendrán que ser vacunados antes de que se exporte el excedente? La conducta del gobierno de Xi Jinping en los primeros meses del año es quizás comprensible, pero no alentadora sobre una generosa y lúcida vocación global. En ese momento, China lideró la compra masiva para su población de respiradores, máscaras y guantes. Poco después le siguieron la Unión Europea y Estados Unidos y hubo escasez de estos productos en el mercado mundial.

El Reino Unido tiene una de las investigaciones más avanzadas sobre la mesa. La alianza de la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca promete una vacuna para septiembre o octubre. Pero el gobierno de Boris Johnson, consciente de que la vacuna puede tardar más tiempo o fracasar, anunció el 20 de julio que está buscando asegurarse su propio stock adquiriendo otras 12 que se están investigando a nivel mundial.

Según la ONG británica Global Justice Now, una de las organizaciones vetadas por el gobierno de Macri en el G20 de 2018 en Buenos Aires, este anuncio revela la verdad de la política oficial más allá de las bellas palabras. “Esta carrera para asegurarse el acceso muestra que la retórica sobre acceso igualitario para todo el mundo es una farsa. El Reino Unido está alimentando la carrera de los países ricos para el atesoramiento de la vacuna. Asegurar un acceso global no es solo una cuestión de equidad moral, es también la manera más rápida de terminar con la pandemia”, señaló Heidi Chow, portavoz de la ONG.

La curiosa alianza antinacionalista

El Council on Foreign Relations es una organización estadounidense a favor del régimen desregulador, privatizador y pro-globalización del Consenso de Washington que publica bimensualmente Foreign Affairs, una prestigiosa revista de temas internacionales de centro derecha. Ni el Council ni Foreign Affairs suelen coincidir en sus planteos con las ONG, los movimientos alternativos, los gobiernos populares y las organizaciones de izquierda. Con el Coronavirus es diferente. En el artículo de tapa publicado este viernes Foreign Affairs condena al nacionalismo de las vacunas y promueve la necesidad de garantizar un acceso equitativo como la mejor manera de terminar al mismo tiempo con la pandemia y su impacto demoledor en la economía mundial.

Según la revista, “sin coordinación global, se desatará una competencia que subirá el precio de las vacunas y los materiales necesarios para su producción, el suministro de vacunas será limitado incluso en los países ricos y tendrá un impacto devastador en los pobres”. El fin del camino de este nacionalismo de las vacunas que pinta el Foreign Affairs es apocalíptico a nivel económico, sanitario y diplomático: una suerte de anarquía internacional. “Los países que no tengan la vacuna usarán todas las herramientas en su mano para bloquear componentes esenciales para la producción como jeringas y viales, o los usarán para negociar acuerdos especiales. Todo esto generará un resentimiento contra los países que tengan la vacuna y no la compartan que pondrá en peligro la cooperación futura a nivel global para temas cruciales como el cambio climático y la proliferación nuclear”, señala el artículo.

Uno de los temas soslayados es que no se trata únicamente de descubrir la vacuna. En una economía globalizada que enfrenta una pandemia hay que producir enormes cantidades a gran velocidad. El mayor productor mundial de vacunas es el Serum Institute de la India, que ya firmó un acuerdo con la Universidad de Oxford y AstraZeneca para tener lista una base de producción masiva en septiembre. El CEO de la compañía, Adar Poonawalla, señaló que “al menos inicialmente”, cualquier vacuna que produzca la compañía tendrá que cubrir a los 1300 millones de habitantes del país. Un mensaje similar han hecho otros productores en distintos países del mundo para garantizarse un acceso prioritario.

Entre los perdedores de este forcejeo pueden estar los países ricos que apuesten a la vacuna equivocada. “Al rechazar la cooperación con otros, esos países habrán puesto en peligro la propia salud pública. Pero incluso los ganadores sufrirán el impacto global de países golpeados económicamente por una situación sanitaria inmanejable que cerrará mercados para sus exportaciones”, señala la revista.

Foreign Affairs no niega que este nacionalismo tiene algo inevitable: cada gobierno debe ocuparse del bienestar de sus ciudadanos. Pero señala que la única manera de garantizarlo es a través de acuerdos globales. “Lo que se necesita es un acuerdo de comercio e inversión internacional sobre el Covid-19 que puede ser coordinado por las instituciones y sistemas ya existentes. Pero para lograrlo requerirá liderazgo de parte de los países productores, incluyendo, si fuera posible, a los Estados Unidos”.

La salida propuesta por Foreign Affairs es similar a la que han impulsado medios de similar orientación como la revista The Economist, la agencia de noticias Reuters o la cadena CNN, todos muy críticos del “nacionalismo de las vacunas”. Con excepción de Estados Unidos, los corredores del Grand Prix hacen gestos en todas las direcciones: quieren llegar primero, pero no quieren ser el villano de la película. Esta ambigüedad abre una ventana de oportunidad, pero el tiempo aprieta: cuanto más nos acerquemos al descubrimiento de una vacuna, más difícil será debatir y acordar un sistema global de producción y distribución. “El nacionalismo de las vacunas no es solo moral y éticamente condenable: va en contra de los intereses sanitarios y estratégicos de todos los países. Si las naciones ricas eligen ese camino, no habrá ganadores: todos perderemos”, concluye Foreign Affairs. ¿Habrá alguien escuchando o estaremos por chocar contra un nuevo muro? 

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Violenta movilización en Chile contra gestión del presidente Piñera

Cuestionan su plan de reactivación económica

 

Santiago. Quemas de autobuses, barricadas y desórdenes se registraron en diversos puntos de Santiago la noche del viernes, así como cacerolazos en todo Chile, tras el discurso del presidente Sebastián Piñera para rendir cuentas de su gestión.

Las autoridades policiales confirmaron ayer disturbios en al menos cuatro puntos de la capital, con barricadas, el incendio de un autobús y de un auto particular, ataques a comisarías, fuerzas policiales, lanzamientos de bombas molotov y otros.

Un total de 148 personas fueron detenidas en la noche, 70 en la Región Metropolitana y 78 a nivel nacional por desórdenes, informó el general de Carabineros, Enrique Monras, a los medios.

En su discurso, el presidente explicó las prioridades de su gobierno para los próximos 20 meses, entre ellas la gestión de la pandemia, el plan de desconfinamiento, la reactivación de la economía, el plebiscito en octubre y la reforma de las pensiones.

Piñera afirmó que los efectos de la crisis del coronavirus han golpeado de forma devastadora al país y reconoció que las ayudas del Estado para la nación podrían haber sido insuficientes.

"Algunos dicen que la ayuda del gobierno a las familias afectadas no ha sido suficiente y no ha llegado a tiempo, y en cierta forma tienen razón, porque frente a la magnitud, gravedad y extensión de la crisis que estamos enfrentando, ningún país, ni siquiera los más desarrollados, ha podido otorgar las ayudas suficientes", afirmó el mandatario al ofrecer una disculpa a medias que ha sido cuestionada por la opinión pública.

El mandatario se enfocó también en los planes para reactivar la economía chilena, tras la pérdida de 1.8 millones de empleos y la suspensión de otros 700 mil según sus cifras.

Entre sus planes, anunció subsidios para la creación de empleos en beneficio hasta de un millón de personas, inversiones públicas de aquí a 2022 por 34 mil millones de dólares para generar 250 mil empleos y apoyo a proyectos privados para crear otros 120 mil.

El presidente también habló de la responsabilidad de su gobierno de realizar el plebiscito el 25 de octubre –cuando los chilenos deberán decidir si mantienen o no la Constitución de 1980, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)–, ante los cuestionamientos de si la pandemia permitirá su realización.

En su discurso, el presidente habló de forma general sobre "actuar en toda ocasión con un total compromiso y respeto irrestricto de los derechos humanos de todas las personas", pero no condenó explícitamente las graves violaciones de derechos humanos ejecutadas por la policía chilena durante la represión de las manifestaciones iniciadas en octubre de 2019, que dejaron más de 450 personas con pérdidas de visión, miles de heridos y cientos de denuncias de torturas, uso excesivo de la fuerza y violaciones sexuales.

Piñera también mencionó temas relacionados contra la violencia que sufren las mujeres y medidas en marcha, así como una reforma al sistema de pensiones, que acaba de sufrir un fuerte golpe con la ley que permite a los ciudadanos retirar 10 por ciento de sus ahorros para aliviar los efectos de la pandemia.

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Según futurólogos es probable que China gane aproximadamente 1 por ciento del poder global en relación con EU en 2030 debido a los impactos económicos y la mortalidad del C-19.Foto Ap

Cuando se utilizan amplias medidas de "capacidades materiales (sic)", el panorama es "claro", según los futurólogos del Centro Pardee, de la Universidad de Denver, cuya especialidad versa en "el poder relativo entre los países" a futuro (https://bit.ly/2EtJBBV): el C-19 cierra la brecha en las capacidades relativas de EU y China y acelera la transición (sic) entre ambos. China "es probable que gane aproximadamente 1 por ciento del poder global en relación con EU en 2030 debido a los impactos económicos y de la mortalidad del C-19".

Moon of Alabama desmenuza los hallazgos del Centro Pardee bajo la pluma de Passer by: "existe un declive real (sic) y no solamente relativo (sic) de EU" (https://bit.ly/3hNMpIz) cuando "su esperanza de vida se ha caído", pésimo signo para un país desarrollado, "lo cual es extensivo a Gran Bretaña".

Passer by soslaya la fractura profunda de la sociedad de EU y la dinámica de la crisis del C-19 "que no ha podido ser controlada en EU", al contrario de China.

El triunfo de China durante la crisis del C-19 se (con) centra en el “poder bruto ( raw power)”, así como las ganancias de su PIB en relación con EU. Pero "también en niveles de deuda" cuando las de EU "explotaron debido a la crisis".

Rusia, a la que no toman en cuenta, sería el principal triunfador ya que ostenta una de las menores deudas del planeta.

Resalta la recuperación de China en "V", frente a la "W" de “recuperación de doble hundimiento ( double dip)” de EU.

Passer by no desdeña las relaciones publicas y el “poder blando ( soft power)” cuando, pese a las inculpaciones de EU contra China por una supuesta exportación de la pandemia, su manejo ha sido catastrófico para "contener la pandemia en comparación a otros países".

EU "perdió puntos al exorcizar a la OMS". El C-19 debilitó también al ejército de EU.

Passer by agrega una advertencia sonora del prominente economista Stephen Roach, quien vislumbra una fuerte devaluación del dólar –el último poder omnímodo de EU a mi juicio (https://bit.ly/32YhWmS).

Según Roach, el "dólar se desplomará en forma abrupta" (https://on.mktw.net/2P0KeVH): calcula un declive mínimo de 35 por ciento.

Sea lo que fuere, China e Irán han acordado un pacto "secreto (sic)" por 25 años con bendición militar de Rusia: inversiones de China en infraestructura iraní por 500 mil millones de dólares a cambio de hidrocarburos persas en sus respectivas divisas dándole la vuelta al dólar (https://bit.ly/309Bkvs).

Passer by cita a David P. Goldman de Asia Times quien en el tema de los chips/semiconductores es muy escéptico de que EU sea capaz de detener a China” (https://bit.ly/2DaS0ts).

Passer by juzga que "el problema para EU es que China es el mayor mercado de semiconductores del mundo y el mayor importador de chips del mundo": China "esconde (sic) grandes cantidades de chips y en 2025 debería ser capaz de sustituir la producción foránea por sus productos domésticos".

En su cronograma dinámico, los previsores estrategas de Pekín tenían contemplada la máxima autarquía posible con su proyecto "China 2025" (https://bit.ly/39EuuBg).

Para Passer by la "guerra de chips/semiconductores" es una situación "perder-perder" para EU y China.

El feroz boicot de EU contra el 5G de Huawei está a punto de orillar a que China expulse a la estadunidense Boeing para beneficiar a la europea Airbus, lo cual significaría un doloroso golpe a la aeronáutica de EU.

Es probable que la mitad de Europa use Huawei, en especial Alemania: su máxima superpotencia geoeconómica.

Passer by concluye que el feroz ataque multidimensional de Mike Pompeo contra China se deba más al "coraje (sic) de la élite de EU debido al debilitamiento de EU y a las ganancias de China durante la crisis del C-19".

Entre los numerosos y lúcidos comentarios al artículo de Passer by, viene uno sobre los vencedores y los perdedores del C-19: "vencedor Alemania", debido a su "íntima relación con China"; los "perdedores" son los "países mas cercanos a EU: GB, Francia, Italia, Brasil y México (sic)".

A mi juicio, ya es tiempo que México empiece a pensar cuáles son sus alcances autárquicos.

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Germán Ardila, Los consejeros, 60 x 100 cm (Cortesía del autor)

La crisis económica-financiera, acelerada por el covid-19, golpea más allá de lo proyectado por el establecimiento: a mayo de 2020 el número real de desempleados totaliza 7.512.518 (sumando desempleados que siguen buscando alguna oportunidad y los que perdieron las esperanzas, se sienten impotentes y se retiran del mercado laboral); en consecuencia, la tasa de desempleo real se eleva a 34,2 por ciento; el país pierde dos décadas de desarrollo. Además, el ingreso per cápita en 2020 será menor en 8,7 por ciento. La polarización social es cada vez más conflictiva. Solo una amplia alianza social y democrática creará esperanzas y bloqueará el giro de facciones de clase hacia la derecha.

La actual crisis social y económica será recordada como una de las más abrumadoras en la historia de Colombia. En este acontecimiento confluyen tres fenómenos adversos: una depresión económica-financiera que venía incubándose desde años atrás, la pandemia causada por coronavirus a partir de 2019 y las políticas arbitrarias favorables a los grupos de poder impuestas por el gobierno nacional y los mandatarios regionales y locales.

Los indicadores económicos así lo confirman. En 2020 el PIB per cápita cae en picado 8,7 por ciento (Gráfico 1), el número de patrones o empleadores disminuyó un 32,4 por ciento (principalmente por la masiva quiebra de micro, pequeños y medianos empresarios), se destruyeron 5 millones de puestos de trabajo, el desempleo afecta al 34,2 por ciento de la fuerza laboral, hay incertidumbre por el futuro y el riesgo de seguir en la miseria o caer en la pobreza en 6 de cada 10 colombianos (Gráfico 2), solo 14,6 por ciento de las empresas han podido seguir funcionando normalmente, el resto, el 85,4 por ciento, se declararon en quiebra (10,8%), tuvieron que cerrar temporalmente (52%) u operan parcialmente con teletrabajo (22,6 %). Todo enmarcado en una mayor concentración y centralización del capital, un protagonismo desmesurado del Estado para satisfacer las demandas de las oligarquías local e internacional. Sobresale en esta situación el fin de la clase media más vulnerable debido a la quiebra de sus negocios, caída en el desempleo, las barreras para acceder a subsidios o la pérdida de poder adquisitivo, el cual difícilmente volverán a recuperar en el corto plazo.

 

 

El desplome económico y social quedó plasmado en los resultados recientes del Indicador de seguimiento a la economía (ISE) publicado por el Dane**. En él y de acuerdo con el gráfico 3, para el mes de abril de 2020 el ISE en su serie original se ubicó en 82,62, lo que representó un decrecimiento de 20,1 por ciento respecto a su comportamiento un año antes (103,35).

Los sectores de producción agrupan las diferentes ramas de actividad económica. Los sectores establecen una clasificación de la economía en función del tipo de proceso productivo que lo caracteriza. Cada país apuesta más firmemente por uno u otro sector en función, entre otros factores clave, de los recursos propios con los que cuenta, de sus posibilidades de competitividad, crecimiento y expansión, y de sus preferencias a la hora de adoptar una estrategia de desarrollo concreta. Los sectores productivos de la economía colombiana se caracterizan por un peso muy alto en la explotación de los recursos minero-energéticos y las actividades del sector terciario.

De acuerdo con los resultados del ISE, en abril de 2020 el sector primario cayó en 13,7 por ciento; el sector secundario registró un desplome de -47,1; y, el sector terciario se derrumbó en 13,3 (ver matriz de sectores).


Para el año 2020, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta el hundimiento de la economía colombiana en -8 por ciento. La tasa de crecimiento de la población es del 1,1 por ciento; en consecuencia, el ingreso per cápita caerá en 8,7 por ciento (Gráfico1).
La pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020 aceleró, profundizó y amplió los impactos de la crisis económica-financiera que se venía manifestando desde el año 2019. En relación con el mercado laboral, el número de personas ocupadas se redujo en -22,1 por ciento al comparar las cifras de mayo de 2020 respecto a mayo de 2019 (cerca de 5 millones de puestos de trabajo se destruyeron). En consecuencia, la tasa de desempleo se multiplico 2,1 durante el último año al aumentar de 10,5 a 21,4 por ciento.

Además, en cuanto a las horas trabajadas, en mayo, 46 por ciento de las personas ocupadas señaló que había trabajado menos horas.

Esta tasa de desempleo enmascara una situación más trágica aun: cerca de 3 millones de personas abandonaron el mercado de trabajo (salieron de la población económicamente activa ante la imposibilidad y desesperanza de encontrar algún trabajo); por consiguiente, al agregar el número de desempleados registrados en mayo de 2020 (4.693.929) con aquellos miembros de la fuerza de trabajo que cayeron en la trampa de la impotencia aprendida (2.818.589), el número real de desempleados suma 7.512.518 y la tasa de desempleo objetiva se eleva a 34,2 por ciento (Cuadro 1). A nivel nacional se reportaron 17,8 millones de personas inactivas, es decir que estando en edad de trabajar, no están trabajando ni buscando emplearse.


Un nuevo enfoque del mercado laboral del Dane, que resulta relevante en medio de la coyuntura actual, es el de cómo se distribuye la población ocupada según tamaño de empresa y rama de actividad. Las estadísticas del Dane muestran que de las 17.262.386 personas ocupadas que hubo en mayo de 2020, 11,3 millones hacen parte de pequeñas empresas, compañías con empleados de máximo 10 personas, y el resto, es decir, cerca de 6 millones de ocupados son de firmas con más de 10 trabajadores; en este sentido, en las pequeñas empresas hubo una reducción de 3,4 millones de ocupados, frente a mayo de 2019; así mismo, en las empresas de más de 10 empleados se redujo la población ocupada en 1,5 millones de personas. El 43,5 por ciento de la población desocupada perdió el empleo durante el tiempo que ha venido evolucionando la pandemia.

La división de clases constituye el marco referencial de todo el escalonamiento de las estratificaciones sociales. De acuerdo con los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (Geih) que publica el Dane, en el total nacional, las nueve posiciones ocupacionales registran variaciones negativas entre los meses de mayo 2019 a mayo 2020. En particular, las más afectadas por la crisis son: la categoría “Patrón o empleador” cae un -32,4 por ciento, producto de la riada de quiebras; “Empleado doméstico” cae en 36,9 por ciento; “Obrero, empleado particular” se reduce en 21,7 por ciento; “Trabajador familiar sin remuneración” baja 21,6 por ciento; “Trabajador sin remuneración en empresas de otros hogares” cae 18,6 por ciento y “Trabajador por cuenta propia” descendió 14 por ciento. Las categorías ocupacionales que menos registran estragos en sus puestos de trabajo son: “Obrero, empleado del gobierno” que se reduce apenas en 1,1 por ciento y “Jornalero o Peón” en -0,7 por ciento. El aparato estatal no ha sufrido mayor afectación por causa de la crisis económica y de salubridad pública, menos aún por las políticas implementadas por el Gobierno; obvio es decirlo, al Estado lo componen los grupos políticos, tecnocráticos, militares y policiales al servicio de la reproducción del poder (Cuadro 2).

 

 

El Dane clasifica las actividades económicas en 14 ramas, de ellas, las que concentraron las caídas más catastróficas del número de ocupados entre mayo de 2019 y mayo de 2020 son diez: “Explotación de minas y canteras” (-15,6%); “Industrias manufactureras” (-27,2%); “Construcción” (-27,1%); “Comercio y reparación de vehículos” (-17,4%); “Alojamiento y servicios de comida” (-18,2%); “Transporte y almacenamiento” (-11,3%); “Información y comunicaciones” (-21.2%); “Actividades inmobiliarias” (-32,4%); “Administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana” (-18,8%); y, “Actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios” (-30,1%). Por su posición dominante en el mercado y poder de manipulación de las tarifas, la rama de actividad “Suministro de electricidad gas, agua y gestión de desechos” es la única que registra un crecimiento en el número de empleados: 28,2 por ciento. Otras ramas menos afectada por la crisis son: “Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” (-7,3%); “Actividades financieras y de seguros” (-10,3%) y “Actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos” (-9,3%) (Cuadro3).


Es un desplome generalizado de la economía colombiana pese al ejercicio de gobierno despótico y arbitrario desplegado por la clase dominante a lo largo de los últimos tres meses, donde ha ostentado de su poder, dándole cuerpo a una dictadura civil con respaldo constitucional y, que bajo el pretexto de cuidar, vigilan, oprimen y controlan a la ciudadanía a la sombra de un asfixiante Estado policial. El ejercicio sin control del poder les ha permitido, de una parte, deshilachar la ya de por sí maltrecha democracia y, de otra, hipotecar el futuro de las próximas generaciones debido al escalamiento de la deuda pública y el déficit fiscal que alcanzan 66 y 10 por ciento del PIB, respectivamente. Las consecuencias de sus imposiciones las padecen hoy, y las sufrirán en extenso en los años que vienen, las clases populares trabajadoras y un amplio sector de la media.


Entretanto, el Gobierno ha concentrado su atención de manera especial en los temas de salubridad y social. Si bien ha ofrecido apoyos económicos al sector productivo y financiero, el Ministerio del Trabajo no ha asumido el papel que le corresponde en una situación de crisis laboral como la actual.

** Este es un índice sintético cuyo fin es proporcionar una medida de la evolución de la actividad real de la economía en el corto plazo, el cual se ajusta a la metodología utilizada en las cuentas nacionales trimestrales; compuesto por un conjunto heterogéneo de indicadores mensuales representativos de los sectores y las actividades económicas que los integran.

* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique edición Colombia, y desdeabajo.

 


 

Impactos del desplome en la estructura y posición político-ideológica de las clases sociales

 

Germán Ardila, El serviente ariadno (Lluvia de oro me pone verde de envidia, 30 x 30 cm (Cortesía del autor)

 

Las clases sociales significan y reflejan, en un único y mismo movimiento, sus contradicciones y luchas. Su estructura y disputas constituyen uno de los principales puntos de referencia para el análisis económico de las sociedades modernas y su proceso de desarrollo socio-político. La articulación entre clase y lucha de clases permite definir las clases sociales en términos de relaciones sociales dinámicas-conflictivas y procesos activos.


Las estadísticas oficiales sobre la distribución de los ingresos confunden o equivocan la estratificación socio-económica con las clases sociales. No obstante, la distinción real, en la magnitud de los ingresos, no es más que la consecuencia de las relaciones de producción. Además, de acuerdo con el psicoanálisis freudiano y la teoría crítica marxista, el ser humano es primariamente lo que son sus relaciones sociales.

En América Latina las políticas públicas que pretenden reducir la pobreza y la desigualdad de ingresos tienen como fundamento ideológico constituirse en sociedades de clase media. Los distintos gobiernos de la región asumen como un axioma la ecuación: “ampliación de la clase media=desarrollo económico + democracia”. En particular, consideran que una clase media fuerte y próspera es crucial para cualquier economía exitosa y sociedad cohesionada. Frente al antagonismo entre la burguesía y la clase obrera, la clase media se percibe como el pilar mediador y el factor fundamental del “equilibrio” de cualquier sociedad capitalista. Sin embargo, lo que predomina en esta visión es una definición de clase media “mínima”, resultado automático de la superación de los umbrales de pobreza monetaria definidos en cada país.

Clase “mínima” que, pese a superar el umbral de la pobreza monetaria, se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad y riesgo de volver a esa situación ante circunstancias tales como el desempleo o la precarización del empleo, bruscos aumentos de la inflación, incrementos de la carga tributaria, quiebras de sus negocios y desastres o eventos sociales, personales y familiares catastróficos. Así resalta no solo en Colombia sino en toda la región, y los indicadores de la recesión económica en curso dará cuenta de lo anotado. Es necesaria agregar que la discusión sobre la estratificación social y en particular sobre las clases sociales debería involucrar otras dimensiones (como ocupación, educación,subsidios e impuestos, ingresos y gastos, consumo material y simbólico, prácticas culturales, capital social, percepción sobre su entorno político y praxis ideológica, entre otras).

Los resultados del estudio realizado por la Cepal sobre las clases sociales, presentado en la edición del Panorama Social de América Latina 2019, indican que la participación de los estratos (rangos definidos por líneas de pobreza per cápita) de ingreso medio (suma de las categorías bajo, intermedio y alto) en el total de la población de Colombia pasó de 27,3 por ciento en 2002 a 46,2 en 2017. A su vez, la población de estratos de ingreso bajo (que corresponden a la suma de la población en situación de pobreza extrema, pobreza no extrema y bajos no pobres) se redujo de 70,1 por ciento a 49,5. También se aprecia durante los quince años analizados un incremento del estrato de ingresos altos (personas cuyos ingresos per cápita superan las 10 líneas de pobreza): del 2,6 al 4,3 por ciento de la población colombiana (Cuadro 4).

 

 

Crisis económica y cambios en las relaciones económicas

La dimensión económica está determinada por el proceso de producción, y el lugar de los agentes, su distribución en clases sociales, esto es, por las relaciones de producción.

La complejidad de la crisis económica, el déficit en las finanzas del Estado, los efectos de las políticas arbitrarias y clasistas del Gobierno y la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020 ha suscitado el debilitamiento del núcleo o principio organizativo de la sociedad, es decir, la erosión o destrucción de las relaciones sociales. En paralelo, esta situación resalta la correlación existente entre las relaciones de producción y las conductas sociales, culturales y políticas. En resumen, la crisis y la pandemia significan una enorme conmoción en la sociedad colombiana, y la conjunción de procesos adversos genera una alteración violenta y brusca en la cotidianidad de los colombianos y su sistema político-económico. Las fuerzas sociales tienden a fragmentar, atomizar y polarizar y, por tanto, privatizar las experiencias de las personas y a bloquear la dinámica plural de la lucha de clases y los movimientos sociales en medio de la pandemia, la crisis socioeconómica y la represión estatal.

Una situación compleja y de destino incierto lo personaliza el exterminio de la clase media vulnerable. Por estar la clase media precisamente polarizada, en la lucha de clases, es en relación con esta polarización como hay que comprender su fraccionamiento. Como lo advirtió el estudio realizado por el sociólogo político marxista greco-francés Nicos Poulantzas (1936-1979) sobre las clases sociales en el capitalismo actual, la pequeña burguesía no tiene posición de clase autónoma a largo plazo ni puede en general, como lo ha demostrado la historia, contar con organizaciones políticas propias; partidos políticos que representan efectivamente, a largo plazo y de manera dominante, los intereses específicos de la clase media rara vez han existido. En cambio, lo que se suele encontrar más son partidos burgueses con clientela pequeño-burguesa (pero también obrera), a saber, partidos que representan, de manera predominante, intereses e ideologías burgueses, pero que saben procurarse el apoyo de las fracciones de la clase media y de los “agentes desclasados” (lumpenproletariado).

Demografía, sociedad y dinámica política

El capitalismo crea inevitablemente y mantiene un conjunto de trabajadores desempleados o parcialmente ocupados (el ejército industrial de reserva) que, junto con las limitaciones dadas por consideraciones sobre la rentabilidad, la competencia y la movilidad de los capitales, impide necesariamente a la clase trabajadora que aumente sus salarios reales más rápidamente que la productividad. El empobrecimiento relativo de los trabajadores es un rasgo inherente del sistema capitalista considerado en su conjunto.

Un grave problema de las sociedades modernas es la transformación de grupos cada vez mayores de trabajadores en lumpenproletariado, esto es, “el desecho de todas las clases” que sobrevive en medio de la delincuencia y el crimen, la prostitución, el tráfico de drogas, la mendicidad y toda clase de actividades ilegales; masas crecientes de población que en condiciones extremas de crisis y desintegración social se separan de su clases y llegan a conformar grupos flotantes y desocupados, particularmente evidentes en las principales ciudades. Históricamente, las oligarquías y partidos de extrema derecha se apoyan en el lumpen en su lucha por mantener el poder; estos grupos desclasados o amenazados en sus tradicionales estatus sociales son la base de apoyo para el surgimiento del fascismo y el nazismo, en el caso colombiano para el mantenimiento y crecimiento del paramilitarismo-narcotraficantes-lumpen oligarquía y, de acuerdo al desplome económico que presenciamos, a una posible ampliación de la base social para un mayor giro a la derecha de nuestra sociedad.

Si bien el rasgo distintivo de la época burguesa es la división de toda la sociedad en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado, un fenómeno general del desarrollo del capitalismo es el crecimiento de la clase media. Esta emergencia de una tercera fuerza política y social está integrada por la pequeña burguesía tradicional (pequeña producción y propiedad urbana y rural, trabajadores por cuenta propia) y la nueva pequeña burguesía que abarca a asalariados dependientes de la circulación comercial, de la realización bancaria, de los servicios o de los aparatos del Estado, esto es, la población ocupada en el sector terciario (trabajadores asalariados no productores directos de plusvalía). La evidente quiebra de pequeños y medianos negocios por todo el país deja en claro que precisamente recae sobre esta clase uno de los mayores efectos de la crisis.

El siglo XX es significativo por la consolidación de la clase media en Colombia: Durante el período 1905-2019, el número de personas aumentó de 4,4 millones a 50,4 millones; la participación relativa de la población urbana creció durante este período de 15,7 por ciento a 77; y, la Incidencia de la pobreza monetaria cayó de 92 por ciento a 27,4 (Gráfico 2). El índice de escolaridad de la fuerza de trabajo también registra un crecimiento acelerado y continuo a partir de la segunda mitad del siglo XX, pero aun con altas fragmentaciones, exclusión y desigualdades en el nivel y acceso a la educación de calidad entre clases sociales en el año 2020 (Cuadro 5).


El choque generado por la crisis económico-financiera, la pandemia y las políticas públicas antidemocráticas, clasistas y arbitrarias, ha generado un retroceso equivalente a la pérdida de las dos últimas décadas del desarrollo en Colombia, un salto hacia atrás en la pobreza del país, destrucción de puestos de trabajo, quiebras masivas de micro, pequeñas y medianas empresas, pobreza e incertidumbre por el futuro económico en 60 por ciento de los connacionales*** y destrucción de fracciones de la clase media.
La conmoción que afecta actualmente a las clases obrera y media genera graves problemas sociales, políticos y económicos para el desarrollo sostenible del país, la cohesión social y la democracia. En particular, la clase media sostiene parte considerable del consumo y de la inversión en educación, salud y vivienda, y desempeña un papel clave en el apoyo a los sistemas de protección social a través de sus contribuciones fiscales. La pequeña burguesía junto con la aristocracia obrera se constituye como elemento conservador en la sociedad; estos promueven el reformismo gradual y las alianzas con la clase dominante en el seno de los movimientos políticos.


Sin embargo, la clase media es bipolar. De una parte constituye un elemento conservador en la sociedad; de otra, también es conocido el fenómeno de su “radicalismo” (el artesanado fue cuna del sindicalismo revolucionario y el estudiantado universitario episódicamente ha sido promotor de cambios radicales). Debido a su fraccionamiento y polarización es difícil llegar a una clasificación satisfactoria y predicción de sus posiciones políticas, incluso cuando estos numerosos grupos sectoriales han sido diferenciados en baja, intermedia y alta clase media, lo cual explica las diferentes fidelidades políticas; las mismas que están, como es evidente, fuertemente influidas por factores culturales, herencias parentales, por condiciones y demandas políticas, económicas, culturales, ambientales y sociales específicas y oportunistas.


La inseguridad es una característica que afecta a amplias facciones de las clases media y obrera en sus condiciones de existencia. La crisis por la que atraviesa el país, unido a los efectos del cambio tecnológico en marcha producto de la 4ª revolución industrial que acaba con puestos de trabajo y precariza los derechos laborales conducen a la proletarización de la clase media, el empobrecimiento de los trabajadores y a la pérdida de sus relaciones sociales tradicionales. Los traslados de fracciones de la clase media hacia la burguesía son más limitados que los que tienen como término los demás conjuntos pequeños burgueses con polarización objetiva proletaria. Los obreros que abandonan la producción van principalmente hacia el sector de rebuscadores “independientes” o “cuenta propia”.


La polarización hacia la clase trabajadora es un hecho debido a la heterogeneidad de las condiciones de vida y de trabajo de los agentes pequeñoburgueses, a menudo por reivindicaciones específicas, por aspectos particulares y la defensa común de la dignidad humana y la democracia radical. La alianza en un frente popular, que articule a la clase obrera, los pueblos originarios, la pequeña burguesía tradicional (campesinos y pequeños empresarios) y la nueva clase media (trabajadores del sector terciario) cambia radicalmente la relación de fuerza entre la oligarquía colombiana y la clase trabajadora. En efecto, la relación de fuerza entre los partidos y movimientos de extrema derecha y la clase trabajadora no puede ser estructuralmente modificada sino a medida que se establezcan las alianzas de la clase obrera y campesina con las demás clases y fracciones de clase populares y media, por lo tanto, a medida de la cimentación del “pueblo” contra la oligarquía y sus aliados protofascistas y lumpen.


El ejercicio democrático formal en Colombia tiene una historia no mayor a un siglo. Durante los procesos electorales la abstención registra un promedio del 52 por ciento y el voto por los candidatos de izquierda promedia 13,2 por ciento. En las elecciones presidenciales de 2018 la abstención descendió a 47 y el voto por la izquierda aumentó a 42 por ciento (Gráfico 4). Los resultados de procesos sociales cada vez más activos y demandantes de mejores condiciones de vida y democracia real, así como los resultados electorales de los últimos comicios presidenciales, como evidencia empírica, muestran un mayor grado de conciencia política y de confluencia de los movimientos sociales inspirados en la creación de nuevas formas de existencia humana y de desarrollo sostenible. En esta dinámica, las elecciones presidenciales de 2022 se ubican en medio de una coordenada espacio-temporal favorable a los programas de la izquierda democrática, con opción de ser gobierno por primera vez desde que existe el sufragio universal en el país.


No obstante, según la experiencia internacional –desde el mismo surgimiento del fascismo en los años 20 y 30 del siglo XX, y con lo que está en curso en Estados Unidos, Brasil y varios países europeos, podemos decir que la sociedad entra en un periodo de polarización hacia los extremos en el campo de la lucha política e ideológica de las clases sociales. También es muy posible un mayor giro a la derecha de las facciones que se ven amenazadas en sus ideologías y estatus sociales, propiedad y seguridad. La actual crisis económica-financiera, acelerada y profundizada por el covid-19 estimulará el fortalecimiento o resurgimiento de los grupos insurgentes, así como del paramilitarismo, organizaciones criminales y de la lumpen oligarquía, a la par de la delincuencia de todo tipo, lo que abre una ventana para una propuesta de mano dura que garantice tranquilidad –seguridad, a la par de recuperación económica y la fantasía de un retorno a la “normalidad” perdida. El uribismo, expresión de la extrema derecha fascista y lumpen, sabe moverse en esas aguas.

 

*** De acuerdo con los resultados de la encuesta ‘Coronavirus, perspectivas del consumidor de Colombia’, elaborada por McKinsey & Company, entre el 29 de abril y el 4 de mayo del presente año.

Germán Ardila, Los consejeros, 60 x 100 cm (Cortesía del autor)

La crisis económica-financiera, acelerada por el covid-19, golpea más allá de lo proyectado por el establecimiento: a mayo de 2020 el número real de desempleados totaliza 7.512.518 (sumando desempleados que siguen buscando alguna oportunidad y los que perdieron las esperanzas, se sienten impotentes y se retiran del mercado laboral); en consecuencia, la tasa de desempleo real se eleva a 34,2 por ciento; el país pierde dos décadas de desarrollo. Además, el ingreso per cápita en 2020 será menor en 8,7 por ciento. La polarización social es cada vez más conflictiva. Solo una amplia alianza social y democrática creará esperanzas y bloqueará el giro de facciones de clase hacia la derecha.

La actual crisis social y económica será recordada como una de las más abrumadoras en la historia de Colombia. En este acontecimiento confluyen tres fenómenos adversos: una depresión económica-financiera que venía incubándose desde años atrás, la pandemia causada por coronavirus a partir de 2019 y las políticas arbitrarias favorables a los grupos de poder impuestas por el gobierno nacional y los mandatarios regionales y locales.

Los indicadores económicos así lo confirman. En 2020 el PIB per cápita cae en picado 8,7 por ciento (Gráfico 1), el número de patrones o empleadores disminuyó un 32,4 por ciento (principalmente por la masiva quiebra de micro, pequeños y medianos empresarios), se destruyeron 5 millones de puestos de trabajo, el desempleo afecta al 34,2 por ciento de la fuerza laboral, hay incertidumbre por el futuro y el riesgo de seguir en la miseria o caer en la pobreza en 6 de cada 10 colombianos (Gráfico 2), solo 14,6 por ciento de las empresas han podido seguir funcionando normalmente, el resto, el 85,4 por ciento, se declararon en quiebra (10,8%), tuvieron que cerrar temporalmente (52%) u operan parcialmente con teletrabajo (22,6 %). Todo enmarcado en una mayor concentración y centralización del capital, un protagonismo desmesurado del Estado para satisfacer las demandas de las oligarquías local e internacional. Sobresale en esta situación el fin de la clase media más vulnerable debido a la quiebra de sus negocios, caída en el desempleo, las barreras para acceder a subsidios o la pérdida de poder adquisitivo, el cual difícilmente volverán a recuperar en el corto plazo.

 

 

El desplome económico y social quedó plasmado en los resultados recientes del Indicador de seguimiento a la economía (ISE) publicado por el Dane**. En él y de acuerdo con el gráfico 3, para el mes de abril de 2020 el ISE en su serie original se ubicó en 82,62, lo que representó un decrecimiento de 20,1 por ciento respecto a su comportamiento un año antes (103,35).

Los sectores de producción agrupan las diferentes ramas de actividad económica. Los sectores establecen una clasificación de la economía en función del tipo de proceso productivo que lo caracteriza. Cada país apuesta más firmemente por uno u otro sector en función, entre otros factores clave, de los recursos propios con los que cuenta, de sus posibilidades de competitividad, crecimiento y expansión, y de sus preferencias a la hora de adoptar una estrategia de desarrollo concreta. Los sectores productivos de la economía colombiana se caracterizan por un peso muy alto en la explotación de los recursos minero-energéticos y las actividades del sector terciario.

De acuerdo con los resultados del ISE, en abril de 2020 el sector primario cayó en 13,7 por ciento; el sector secundario registró un desplome de -47,1; y, el sector terciario se derrumbó en 13,3 (ver matriz de sectores).


Para el año 2020, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta el hundimiento de la economía colombiana en -8 por ciento. La tasa de crecimiento de la población es del 1,1 por ciento; en consecuencia, el ingreso per cápita caerá en 8,7 por ciento (Gráfico1).
La pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020 aceleró, profundizó y amplió los impactos de la crisis económica-financiera que se venía manifestando desde el año 2019. En relación con el mercado laboral, el número de personas ocupadas se redujo en -22,1 por ciento al comparar las cifras de mayo de 2020 respecto a mayo de 2019 (cerca de 5 millones de puestos de trabajo se destruyeron). En consecuencia, la tasa de desempleo se multiplico 2,1 durante el último año al aumentar de 10,5 a 21,4 por ciento.

Además, en cuanto a las horas trabajadas, en mayo, 46 por ciento de las personas ocupadas señaló que había trabajado menos horas.

Esta tasa de desempleo enmascara una situación más trágica aun: cerca de 3 millones de personas abandonaron el mercado de trabajo (salieron de la población económicamente activa ante la imposibilidad y desesperanza de encontrar algún trabajo); por consiguiente, al agregar el número de desempleados registrados en mayo de 2020 (4.693.929) con aquellos miembros de la fuerza de trabajo que cayeron en la trampa de la impotencia aprendida (2.818.589), el número real de desempleados suma 7.512.518 y la tasa de desempleo objetiva se eleva a 34,2 por ciento (Cuadro 1). A nivel nacional se reportaron 17,8 millones de personas inactivas, es decir que estando en edad de trabajar, no están trabajando ni buscando emplearse.


Un nuevo enfoque del mercado laboral del Dane, que resulta relevante en medio de la coyuntura actual, es el de cómo se distribuye la población ocupada según tamaño de empresa y rama de actividad. Las estadísticas del Dane muestran que de las 17.262.386 personas ocupadas que hubo en mayo de 2020, 11,3 millones hacen parte de pequeñas empresas, compañías con empleados de máximo 10 personas, y el resto, es decir, cerca de 6 millones de ocupados son de firmas con más de 10 trabajadores; en este sentido, en las pequeñas empresas hubo una reducción de 3,4 millones de ocupados, frente a mayo de 2019; así mismo, en las empresas de más de 10 empleados se redujo la población ocupada en 1,5 millones de personas. El 43,5 por ciento de la población desocupada perdió el empleo durante el tiempo que ha venido evolucionando la pandemia.

La división de clases constituye el marco referencial de todo el escalonamiento de las estratificaciones sociales. De acuerdo con los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (Geih) que publica el Dane, en el total nacional, las nueve posiciones ocupacionales registran variaciones negativas entre los meses de mayo 2019 a mayo 2020. En particular, las más afectadas por la crisis son: la categoría “Patrón o empleador” cae un -32,4 por ciento, producto de la riada de quiebras; “Empleado doméstico” cae en 36,9 por ciento; “Obrero, empleado particular” se reduce en 21,7 por ciento; “Trabajador familiar sin remuneración” baja 21,6 por ciento; “Trabajador sin remuneración en empresas de otros hogares” cae 18,6 por ciento y “Trabajador por cuenta propia” descendió 14 por ciento. Las categorías ocupacionales que menos registran estragos en sus puestos de trabajo son: “Obrero, empleado del gobierno” que se reduce apenas en 1,1 por ciento y “Jornalero o Peón” en -0,7 por ciento. El aparato estatal no ha sufrido mayor afectación por causa de la crisis económica y de salubridad pública, menos aún por las políticas implementadas por el Gobierno; obvio es decirlo, al Estado lo componen los grupos políticos, tecnocráticos, militares y policiales al servicio de la reproducción del poder (Cuadro 2).

 

 

El Dane clasifica las actividades económicas en 14 ramas, de ellas, las que concentraron las caídas más catastróficas del número de ocupados entre mayo de 2019 y mayo de 2020 son diez: “Explotación de minas y canteras” (-15,6%); “Industrias manufactureras” (-27,2%); “Construcción” (-27,1%); “Comercio y reparación de vehículos” (-17,4%); “Alojamiento y servicios de comida” (-18,2%); “Transporte y almacenamiento” (-11,3%); “Información y comunicaciones” (-21.2%); “Actividades inmobiliarias” (-32,4%); “Administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana” (-18,8%); y, “Actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios” (-30,1%). Por su posición dominante en el mercado y poder de manipulación de las tarifas, la rama de actividad “Suministro de electricidad gas, agua y gestión de desechos” es la única que registra un crecimiento en el número de empleados: 28,2 por ciento. Otras ramas menos afectada por la crisis son: “Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” (-7,3%); “Actividades financieras y de seguros” (-10,3%) y “Actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos” (-9,3%) (Cuadro3).


Es un desplome generalizado de la economía colombiana pese al ejercicio de gobierno despótico y arbitrario desplegado por la clase dominante a lo largo de los últimos tres meses, donde ha ostentado de su poder, dándole cuerpo a una dictadura civil con respaldo constitucional y, que bajo el pretexto de cuidar, vigilan, oprimen y controlan a la ciudadanía a la sombra de un asfixiante Estado policial. El ejercicio sin control del poder les ha permitido, de una parte, deshilachar la ya de por sí maltrecha democracia y, de otra, hipotecar el futuro de las próximas generaciones debido al escalamiento de la deuda pública y el déficit fiscal que alcanzan 66 y 10 por ciento del PIB, respectivamente. Las consecuencias de sus imposiciones las padecen hoy, y las sufrirán en extenso en los años que vienen, las clases populares trabajadoras y un amplio sector de la media.


Entretanto, el Gobierno ha concentrado su atención de manera especial en los temas de salubridad y social. Si bien ha ofrecido apoyos económicos al sector productivo y financiero, el Ministerio del Trabajo no ha asumido el papel que le corresponde en una situación de crisis laboral como la actual.

** Este es un índice sintético cuyo fin es proporcionar una medida de la evolución de la actividad real de la economía en el corto plazo, el cual se ajusta a la metodología utilizada en las cuentas nacionales trimestrales; compuesto por un conjunto heterogéneo de indicadores mensuales representativos de los sectores y las actividades económicas que los integran.

* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique edición Colombia, y desdeabajo.

 


 

Impactos del desplome en la estructura y posición político-ideológica de las clases sociales

 

Germán Ardila, El serviente ariadno (Lluvia de oro me pone verde de envidia, 30 x 30 cm (Cortesía del autor)

 

Las clases sociales significan y reflejan, en un único y mismo movimiento, sus contradicciones y luchas. Su estructura y disputas constituyen uno de los principales puntos de referencia para el análisis económico de las sociedades modernas y su proceso de desarrollo socio-político. La articulación entre clase y lucha de clases permite definir las clases sociales en términos de relaciones sociales dinámicas-conflictivas y procesos activos.


Las estadísticas oficiales sobre la distribución de los ingresos confunden o equivocan la estratificación socio-económica con las clases sociales. No obstante, la distinción real, en la magnitud de los ingresos, no es más que la consecuencia de las relaciones de producción. Además, de acuerdo con el psicoanálisis freudiano y la teoría crítica marxista, el ser humano es primariamente lo que son sus relaciones sociales.

En América Latina las políticas públicas que pretenden reducir la pobreza y la desigualdad de ingresos tienen como fundamento ideológico constituirse en sociedades de clase media. Los distintos gobiernos de la región asumen como un axioma la ecuación: “ampliación de la clase media=desarrollo económico + democracia”. En particular, consideran que una clase media fuerte y próspera es crucial para cualquier economía exitosa y sociedad cohesionada. Frente al antagonismo entre la burguesía y la clase obrera, la clase media se percibe como el pilar mediador y el factor fundamental del “equilibrio” de cualquier sociedad capitalista. Sin embargo, lo que predomina en esta visión es una definición de clase media “mínima”, resultado automático de la superación de los umbrales de pobreza monetaria definidos en cada país.

Clase “mínima” que, pese a superar el umbral de la pobreza monetaria, se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad y riesgo de volver a esa situación ante circunstancias tales como el desempleo o la precarización del empleo, bruscos aumentos de la inflación, incrementos de la carga tributaria, quiebras de sus negocios y desastres o eventos sociales, personales y familiares catastróficos. Así resalta no solo en Colombia sino en toda la región, y los indicadores de la recesión económica en curso dará cuenta de lo anotado. Es necesaria agregar que la discusión sobre la estratificación social y en particular sobre las clases sociales debería involucrar otras dimensiones (como ocupación, educación,subsidios e impuestos, ingresos y gastos, consumo material y simbólico, prácticas culturales, capital social, percepción sobre su entorno político y praxis ideológica, entre otras).

Los resultados del estudio realizado por la Cepal sobre las clases sociales, presentado en la edición del Panorama Social de América Latina 2019, indican que la participación de los estratos (rangos definidos por líneas de pobreza per cápita) de ingreso medio (suma de las categorías bajo, intermedio y alto) en el total de la población de Colombia pasó de 27,3 por ciento en 2002 a 46,2 en 2017. A su vez, la población de estratos de ingreso bajo (que corresponden a la suma de la población en situación de pobreza extrema, pobreza no extrema y bajos no pobres) se redujo de 70,1 por ciento a 49,5. También se aprecia durante los quince años analizados un incremento del estrato de ingresos altos (personas cuyos ingresos per cápita superan las 10 líneas de pobreza): del 2,6 al 4,3 por ciento de la población colombiana (Cuadro 4).

 

 

Crisis económica y cambios en las relaciones económicas

La dimensión económica está determinada por el proceso de producción, y el lugar de los agentes, su distribución en clases sociales, esto es, por las relaciones de producción.

La complejidad de la crisis económica, el déficit en las finanzas del Estado, los efectos de las políticas arbitrarias y clasistas del Gobierno y la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020 ha suscitado el debilitamiento del núcleo o principio organizativo de la sociedad, es decir, la erosión o destrucción de las relaciones sociales. En paralelo, esta situación resalta la correlación existente entre las relaciones de producción y las conductas sociales, culturales y políticas. En resumen, la crisis y la pandemia significan una enorme conmoción en la sociedad colombiana, y la conjunción de procesos adversos genera una alteración violenta y brusca en la cotidianidad de los colombianos y su sistema político-económico. Las fuerzas sociales tienden a fragmentar, atomizar y polarizar y, por tanto, privatizar las experiencias de las personas y a bloquear la dinámica plural de la lucha de clases y los movimientos sociales en medio de la pandemia, la crisis socioeconómica y la represión estatal.

Una situación compleja y de destino incierto lo personaliza el exterminio de la clase media vulnerable. Por estar la clase media precisamente polarizada, en la lucha de clases, es en relación con esta polarización como hay que comprender su fraccionamiento. Como lo advirtió el estudio realizado por el sociólogo político marxista greco-francés Nicos Poulantzas (1936-1979) sobre las clases sociales en el capitalismo actual, la pequeña burguesía no tiene posición de clase autónoma a largo plazo ni puede en general, como lo ha demostrado la historia, contar con organizaciones políticas propias; partidos políticos que representan efectivamente, a largo plazo y de manera dominante, los intereses específicos de la clase media rara vez han existido. En cambio, lo que se suele encontrar más son partidos burgueses con clientela pequeño-burguesa (pero también obrera), a saber, partidos que representan, de manera predominante, intereses e ideologías burgueses, pero que saben procurarse el apoyo de las fracciones de la clase media y de los “agentes desclasados” (lumpenproletariado).

Demografía, sociedad y dinámica política

El capitalismo crea inevitablemente y mantiene un conjunto de trabajadores desempleados o parcialmente ocupados (el ejército industrial de reserva) que, junto con las limitaciones dadas por consideraciones sobre la rentabilidad, la competencia y la movilidad de los capitales, impide necesariamente a la clase trabajadora que aumente sus salarios reales más rápidamente que la productividad. El empobrecimiento relativo de los trabajadores es un rasgo inherente del sistema capitalista considerado en su conjunto.

Un grave problema de las sociedades modernas es la transformación de grupos cada vez mayores de trabajadores en lumpenproletariado, esto es, “el desecho de todas las clases” que sobrevive en medio de la delincuencia y el crimen, la prostitución, el tráfico de drogas, la mendicidad y toda clase de actividades ilegales; masas crecientes de población que en condiciones extremas de crisis y desintegración social se separan de su clases y llegan a conformar grupos flotantes y desocupados, particularmente evidentes en las principales ciudades. Históricamente, las oligarquías y partidos de extrema derecha se apoyan en el lumpen en su lucha por mantener el poder; estos grupos desclasados o amenazados en sus tradicionales estatus sociales son la base de apoyo para el surgimiento del fascismo y el nazismo, en el caso colombiano para el mantenimiento y crecimiento del paramilitarismo-narcotraficantes-lumpen oligarquía y, de acuerdo al desplome económico que presenciamos, a una posible ampliación de la base social para un mayor giro a la derecha de nuestra sociedad.

Si bien el rasgo distintivo de la época burguesa es la división de toda la sociedad en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado, un fenómeno general del desarrollo del capitalismo es el crecimiento de la clase media. Esta emergencia de una tercera fuerza política y social está integrada por la pequeña burguesía tradicional (pequeña producción y propiedad urbana y rural, trabajadores por cuenta propia) y la nueva pequeña burguesía que abarca a asalariados dependientes de la circulación comercial, de la realización bancaria, de los servicios o de los aparatos del Estado, esto es, la población ocupada en el sector terciario (trabajadores asalariados no productores directos de plusvalía). La evidente quiebra de pequeños y medianos negocios por todo el país deja en claro que precisamente recae sobre esta clase uno de los mayores efectos de la crisis.

El siglo XX es significativo por la consolidación de la clase media en Colombia: Durante el período 1905-2019, el número de personas aumentó de 4,4 millones a 50,4 millones; la participación relativa de la población urbana creció durante este período de 15,7 por ciento a 77; y, la Incidencia de la pobreza monetaria cayó de 92 por ciento a 27,4 (Gráfico 2). El índice de escolaridad de la fuerza de trabajo también registra un crecimiento acelerado y continuo a partir de la segunda mitad del siglo XX, pero aun con altas fragmentaciones, exclusión y desigualdades en el nivel y acceso a la educación de calidad entre clases sociales en el año 2020 (Cuadro 5).


El choque generado por la crisis económico-financiera, la pandemia y las políticas públicas antidemocráticas, clasistas y arbitrarias, ha generado un retroceso equivalente a la pérdida de las dos últimas décadas del desarrollo en Colombia, un salto hacia atrás en la pobreza del país, destrucción de puestos de trabajo, quiebras masivas de micro, pequeñas y medianas empresas, pobreza e incertidumbre por el futuro económico en 60 por ciento de los connacionales*** y destrucción de fracciones de la clase media.
La conmoción que afecta actualmente a las clases obrera y media genera graves problemas sociales, políticos y económicos para el desarrollo sostenible del país, la cohesión social y la democracia. En particular, la clase media sostiene parte considerable del consumo y de la inversión en educación, salud y vivienda, y desempeña un papel clave en el apoyo a los sistemas de protección social a través de sus contribuciones fiscales. La pequeña burguesía junto con la aristocracia obrera se constituye como elemento conservador en la sociedad; estos promueven el reformismo gradual y las alianzas con la clase dominante en el seno de los movimientos políticos.


Sin embargo, la clase media es bipolar. De una parte constituye un elemento conservador en la sociedad; de otra, también es conocido el fenómeno de su “radicalismo” (el artesanado fue cuna del sindicalismo revolucionario y el estudiantado universitario episódicamente ha sido promotor de cambios radicales). Debido a su fraccionamiento y polarización es difícil llegar a una clasificación satisfactoria y predicción de sus posiciones políticas, incluso cuando estos numerosos grupos sectoriales han sido diferenciados en baja, intermedia y alta clase media, lo cual explica las diferentes fidelidades políticas; las mismas que están, como es evidente, fuertemente influidas por factores culturales, herencias parentales, por condiciones y demandas políticas, económicas, culturales, ambientales y sociales específicas y oportunistas.


La inseguridad es una característica que afecta a amplias facciones de las clases media y obrera en sus condiciones de existencia. La crisis por la que atraviesa el país, unido a los efectos del cambio tecnológico en marcha producto de la 4ª revolución industrial que acaba con puestos de trabajo y precariza los derechos laborales conducen a la proletarización de la clase media, el empobrecimiento de los trabajadores y a la pérdida de sus relaciones sociales tradicionales. Los traslados de fracciones de la clase media hacia la burguesía son más limitados que los que tienen como término los demás conjuntos pequeños burgueses con polarización objetiva proletaria. Los obreros que abandonan la producción van principalmente hacia el sector de rebuscadores “independientes” o “cuenta propia”.


La polarización hacia la clase trabajadora es un hecho debido a la heterogeneidad de las condiciones de vida y de trabajo de los agentes pequeñoburgueses, a menudo por reivindicaciones específicas, por aspectos particulares y la defensa común de la dignidad humana y la democracia radical. La alianza en un frente popular, que articule a la clase obrera, los pueblos originarios, la pequeña burguesía tradicional (campesinos y pequeños empresarios) y la nueva clase media (trabajadores del sector terciario) cambia radicalmente la relación de fuerza entre la oligarquía colombiana y la clase trabajadora. En efecto, la relación de fuerza entre los partidos y movimientos de extrema derecha y la clase trabajadora no puede ser estructuralmente modificada sino a medida que se establezcan las alianzas de la clase obrera y campesina con las demás clases y fracciones de clase populares y media, por lo tanto, a medida de la cimentación del “pueblo” contra la oligarquía y sus aliados protofascistas y lumpen.


El ejercicio democrático formal en Colombia tiene una historia no mayor a un siglo. Durante los procesos electorales la abstención registra un promedio del 52 por ciento y el voto por los candidatos de izquierda promedia 13,2 por ciento. En las elecciones presidenciales de 2018 la abstención descendió a 47 y el voto por la izquierda aumentó a 42 por ciento (Gráfico 4). Los resultados de procesos sociales cada vez más activos y demandantes de mejores condiciones de vida y democracia real, así como los resultados electorales de los últimos comicios presidenciales, como evidencia empírica, muestran un mayor grado de conciencia política y de confluencia de los movimientos sociales inspirados en la creación de nuevas formas de existencia humana y de desarrollo sostenible. En esta dinámica, las elecciones presidenciales de 2022 se ubican en medio de una coordenada espacio-temporal favorable a los programas de la izquierda democrática, con opción de ser gobierno por primera vez desde que existe el sufragio universal en el país.


No obstante, según la experiencia internacional –desde el mismo surgimiento del fascismo en los años 20 y 30 del siglo XX, y con lo que está en curso en Estados Unidos, Brasil y varios países europeos, podemos decir que la sociedad entra en un periodo de polarización hacia los extremos en el campo de la lucha política e ideológica de las clases sociales. También es muy posible un mayor giro a la derecha de las facciones que se ven amenazadas en sus ideologías y estatus sociales, propiedad y seguridad. La actual crisis económica-financiera, acelerada y profundizada por el covid-19 estimulará el fortalecimiento o resurgimiento de los grupos insurgentes, así como del paramilitarismo, organizaciones criminales y de la lumpen oligarquía, a la par de la delincuencia de todo tipo, lo que abre una ventana para una propuesta de mano dura que garantice tranquilidad –seguridad, a la par de recuperación económica y la fantasía de un retorno a la “normalidad” perdida. El uribismo, expresión de la extrema derecha fascista y lumpen, sabe moverse en esas aguas.

 

*** De acuerdo con los resultados de la encuesta ‘Coronavirus, perspectivas del consumidor de Colombia’, elaborada por McKinsey & Company, entre el 29 de abril y el 4 de mayo del presente año.

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