Lunes, 25 Octubre 2021 05:41

Nuevos paradigmas económicos

Nuevos paradigmas económicos

En su más reciente entrega, el semanario británico The Economist publicó un interesante artículo titulado “Una revolución en tiempo real acabará con la práctica de la macroeconomía”. Como anuncia el título, el texto sugiere que el análisis tradicional macroeconómico enfrenta el riesgo de ser sustituido por el estudio en tiempo real que posibilitan las nuevas tecnologías que hacen más accesible e interpretables los datos.

No es ningún secreto que, desde 2007, el crecimiento exponencial en la capacidad computacional, detonado por la fabricación de chips a partir de materiales sin silicón y el incremento en la capacidad de almacenamiento, posibilitado por el famoso marco para software llamado Hadoop, operado por Google, así como el primer IPhone, anunciado en enero del mismo año, no sólo dieron origen a motores de búsqueda más potentes y refinados, sino que habilitaron la masificación del acceso y recolección de datos, creando una nueva industria centrada en el Big Data.

La banda ancha, el teléfono móvil y el almacenamiento en la nube posibilitaron el desarrollo de Facebook, Twitter, Amazon, Instagram, WhatsApp, Netflix, Airbnb y Linkedin, empresas todas ellas que actualmente tienen un alto valor en el mercado.

A más de una década de su irrupción en el plano global, podemos asegurar que dichas redes sociales se han transformado en agentes económicos disruptivos que dominan, incluso en ocasiones de manera monopólica, sectores como la publicidad, el turismo, los servicios financieros o el mercado laboral.

Hoy, la transformación iniciada a comienzos de siglo se prepara para entrar en una nueva fase, impulsada por la red inalámbrica 5G, cuyos desarrolladores han asegurado que permitirá una conexión entre 10 y 20 veces más rápida que la actual y el procesamiento de datos complejos en tiempo real.

La automatización del transporte público o el monitoreo constante de la logística comercial, el clima, las ventas minoristas y los procesos industriales, son algunas posibilidades concretas que promete dicha red. Para valernos de términos económicos, 5G ofrece la posibilidad de reducir aún más la brecha temporal en la comunicación y así disminuir discordancias significativas entre la oferta y la demanda, calculándolas de manera anticipada y más precisa.

La disrupción ocasionada por las tecnologías de la comunicación es un fenómeno reciente; no obstante, como acertadamente ha descrito el filósofo japonés Kojin Karatani, se trata de un proceso que se ha estado gestando durante más 30 años y coincide con la decadencia de la industria manufacturera de Estados Unidos.

El fin del patrón oro en 1971 y la recesión económica de 1973-1975, ocasionada por el incremento en la oferta de productos a raíz de la recuperación de las industrias japonesa y alemana, así como el alza en el precio del petróleo, marcaron el inicio declive de la industria orientada a la producción de bienes duraderos, cerrando de paso, el capítulo del Estado del bienestar.

Aunque polémicas, las políticas económicas implementadas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher son la consecuencia lógica ante la inflación experimentada en la década de los 70. El viraje de la economía, la privatización de los monopolios estatales y la relocalización geográfica de la industria manufacturera hacia países con sueldos más competitivos dan cuenta del fin de un ciclo económico.

El desplazamiento de la manufactura implicó que otro tipo de commodity, la información, tomara su lugar como mercancía hegemónica. La desregulación del sistema financiero y la reducción de las tasas impositivas, políticas comúnmente calificadas de neoliberales, responden a un contexto histórico en el que Estados Unidos y las potencias económicas buscaban asegurar el rendimiento de las inversiones realizadas en el sistema financiero global.

El rendimiento de capital está asegurado cuando es posible obtener un precio más adecuado, donde éste genera mayor utilidad. Tecnologías como las redes sociales o la red 5G hacen que el proceso de descubrimiento de dichas condiciones no sólo sea más sencillo, sino costeable e inmediato.

Extraer, ordenar e interpretar la información para colocar los productos y servicios de acuerdo con el conocimiento de la demanda en tiempo real, es quizá, el pináculo de la economía neoliberal.

La intención de los estados de regular la obtención, utilización y monetización de dicha información es entendible y hasta cierto punto deseable. No obstante, las medidas fiscales y la regulación antimonopólica no serán suficientes para contrarrestar las inequidades que pueden resultar de la implementación de estos procesos. La tentación por parte de países como China de controlar dicha información para su beneficio propio representa aún mayores riesgos para la democracia global.

La tendencia monopólica de las entidades que encabezan la revolución tecnológica representa grandes retos para las entidades políticas que buscan controlarlas. Atacar estos desafíos de manera aislada, desde paradigmas políticos como la soberanía será imposible. Después de todo, se trata de entidades trasnacionales cuyo número de usuarios supera la población de varios países.

La regulación como la ha entendido adecuadamente la Unión Europea, debe llevarse a cabo desde bloques económicos coordinados, buscando que el acceso y utilización de dicha información esté disponible para todos los agentes económicos que forman parte del mercado.

Publicado enEconomía
Sábado, 23 Octubre 2021 07:15

Viejos fantasmas

Viejos fantasmas

Los términos izquierda y derecha nunca han sido tan confusos como hoy en América Latina, pero sobre todo tropezamos con valladares de entendimiento cuando nos referimos a la izquierda, que padece de un síndrome de identidad.

Hay una izquierda conservadora metida en el túnel del tiempo que no puede orientarse hacia la salida del siglo XXI porque tiene enfrente de los ojos la enorme piedra filosofal de la añoranza soviética. El partido, duro y monolítico, que guía a las masas hacia un futuro sin mácula, y está la otra, de los viejos guerrilleros ideológicos que ven en la lucha armada un ideal que saben desgastado, pero para el que no encuentran sustituto.

Los acuerdos de paz conseguidos en Colombia bajo el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, significaron la renuncia a las armas de las FARC, el más viejo de los movimientos guerrilleros de América Latina, ya cuando la lucha armada como método de toma del poder había perdido todo prestigio.

Antes, los acuerdos de paz de Esquipulas, conseguidos bajo el plan impulsado por el presidente Arias de Costa Rica, terminaron con las guerras de la década de los 80 del siglo pasado en Centroamérica: la que se libraba en Nicaragua entre el régimen de guerrilleros sandinistas en el poder respaldados por la Unión Soviética, y los contras financiados por Estados Unidos, y las guerrillas del FMLN en El Salvador, y la URNG en Guatemala, cuyos dirigentes pasaron a la vida política civil.

Pero lo que se dio entonces fue una situación de orfandad. Estos procesos de paz de antes del fin del siglo coincidían con la caída del Muro de Berlín. La década de los 90 fue de agonía para la izquierda ortodoxa, que nunca estuvo dispuesta a hacer concesiones, porque sus ideas fundamentales quedaron desmanteladas: el partido único o hegemónico en control del Estado; éste como empresario único; y la democracia proletaria, contraria a la democracia burguesa.

Para quienes se negaron a aceptar que aquel mundo, en parte irreal y en parte real –se habló mucho entonces del socialismo real a la hora del derrumbe– había dejado de existir, todo se quedó en una nostalgia viciosa. No vieron, y muchos aún no lo ven desde esa estricta ortodoxia, que la única salida para la izquierda es hacerse parte del sistema democrático sin apellidos, que empiezan por competir por el poder en elecciones, y aceptar que a través de los procesos electorales se gana o se pierde.

Pero entonces, antes de empezar el nuevo siglo, el desgaste del sistema democrático en Venezuela, que perdió credibilidad por falta de renovación, le abrió las puertas al fenómeno populista de Chávez, algo que no era nuevo en América Latina –basta recordar a Perón y a Getulio Vargas–, pero que venía insuflado de un nuevo espíritu mesiánico y redentor, y volvió a poner de moda el lenguaje anquilosado de la izquierda tradicional.

Es cuando se crean las mayores confusiones acerca de la izquierda, porque detrás del populismo de Chávez, con sus petrodólares benefactores, un viejo ortodoxo como Ortega aparece también como populista en Nicaragua, porque puede disponer de los cerca de 5 mil millones de dólares que le llegan desde Venezuela a lo largo de varios años, y populista es también Evo Morales en Bolivia. Todos, junto con la Cuba de Fidel Castro, que sin la munificencia de Chávez no hubiera sido capaz de sobrevivir.

El populismo de izquierda que desangra a Venezuela. Pero entrado el siglo XXI, el populismo pasa a ser también de derecha, un populismo cerrado ideológicamente, el que Trump alienta en Bolsonaro, sectario, intransigente, demagógico. Pero también Maduro, el heredero de Chávez, es un demagogo que erige su discurso altisonante sobre las ruinas de una nación empobrecida al extremo por la corrupción y el dispendio.

Y un dirigente político de la vieja guardia de izquierda, como Cerrón en Perú, hasta hace poco seguro en su papel de poder detrás del trono del profesor Castillo, exhibe un discurso homofóbico y misógino, un conservador de izquierda, que se toca con el de Bolsonaro. Y en el mismo saco, las leyes de Ortega que castigan a quienes él juzga que atentan contra la soberanía nacional, son leyes como las de Putin, pero también como las de Mussolini.

Los grandes polos políticos en América Latina continuarán siendo los partidos de izquierda y de derecha dispuestos a aceptar la alternancia como la regla fundamental del juego. Una izquierda o una derecha tramposas, que al llegar al poder por la vía electoral asuman el designio de quedarse para siempre, concentrando todo el poder a cualquier costo, son la negación misma de la democracia, y lo único que hacen es crear nuevos ciclos de violencia.

El caudillo, sea de izquierda o sea de derecha, es un viejo fantasma que hace sonar sus cadenas de fanatismo, sectarismo, y represión de las ideas y de la libre expresión del pensamiento.

Una obsolescencia de nuestra historia, que conspira contra toda posibilidad de modernidad.

www.sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Instagram: sergioramirezmercado

Publicado enPolítica
Sábado, 23 Octubre 2021 06:06

El Salvador: un autoritarismo millennial

El Salvador: un autoritarismo millennial

Dos años y medio después de la elección de Nayib Bukele, la institucionalidad de El Salvador ha sido puesta a prueba de manera creciente sin que las crisis desatadas por el nuevo mandatario parezcan mermar su popularidad. Es que después de cuatro décadas de reino de los partidos nacidos de la guerra civil, el presidente apareció no solamente como la promesa de una renovación del escenario político, sino también como el «brazo vengador» que liquidaría el «viejo mundo» político. 

Si Nayib Bukele encarnó una promesa de renovación política, fue sin duda por la imagen de outsider que vistió a lo largo de su campaña. Sin embargo, esta aura no ha sido más que el producto de una estrategia de marketing político y el resultado de los errores de valoración de su antiguo partido, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (fmln). De hecho, cuando Bukele postuló su candidatura a la Presidencia, no era ningún novato de la política. Criado en una acomodada familia de comerciantes, pasó brevemente por la carrera de Derecho en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, que abandonó con tan solo 18 años de edad para hacerse cargo de los negocios familiares. Después de haber encabezado con éxito una empresa de import/export se lanzó a la publicidad, actividad que fue su puerta de entrada en la política. Tras varios años como responsable de las campañas del fmln, Bukele conquistó la Alcaldía Municipal de una localidad de la zona conurbana de la capital con el apoyo del partido izquierdista. Valiéndose de este primer mandato y nuevamente como abanderado del Frente, se lanzó con éxito a la contienda por la Alcaldía de San Salvador. Electo en 2015, implementó una política bastante tradicional: aseguramiento y recuperación de los espacios públicos, extensión de redes eléctricas a las zonas marginadas, construcción de caminos y glorietas... Pero afianzado por «sus obras» y su popularidad en los medios de comunicación, Bukele buscó su investidura por el fmln como candidato presidencial. Lo hacía sin contar con el recelo de los apparatchiks del partido, quienes no demuestran ninguna simpatía por las «estrellas en ascenso» que no pertenecen al comité central. Fue por ello que Bukele se mostró cada vez más crítico hacia la cúpula del fmln, hasta ser expulsado del partido en octubre de 2017 por «promover prácticas que incitan a la división interna», «irrespeto a los principios del partido» e «irrespeto al derecho de las mujeres»1

Si su expulsión del partido entonces en el poder le valió la imagen de «rebelde», sus pugnas con el Tribunal Supremo Electoral, que le impidió el registro de su nuevo partido y canceló la personería jurídica del pequeño partido socialdemócrata que se había propuesto promover su candidatura, lo erigieron definitivamente en candidato «antisistema». 

Pero su verdadera imagen de outsider surgió de su estilo personal de gobernar: adepto a Twitter y a la retórica publicitaria, Bukele no dudó en privilegiar las demostraciones de fuerza y en jactarse de ser un hombre fuerte e independiente, sub 40, cuyo brazo iba a barrer «el sistema corrupto» instalado por los dos grandes partidos que compartieron el poder desde el fin de la guerra. Constantemente, en la enunciación de su poder y en la escenificación de una relación «directa» con «el pueblo» –aunque este solamente sea compuesto por la suma de sus followers–, Bukele manejó un estilo populista que chocaba con el carácter colegiado y burocrático del fmln y de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena). Mostraba así un estilo personal cuyos lemas antisistema y anticorrupción anunciaban algo más que el reemplazo de la vieja clase dirigente por una nueva generación de millennials: la liquidación de las reglas del juego político salvadoreño. 

No hay que olvidar el sentimiento de desilusión que invadió al electorado salvadoreño después del segundo mandato del fmln, más aún entre los votantes de este partido. No solo la revolución prometida por el partido de izquierda nunca llegó, sino que los diez años de gobierno del fmln quedaron manchados por los escándalos y la incapacidad de reforma. Ni el desempleo ni la violencia disminuyeron. Al contrario, el fmln y Arena se comprometieron en pactos con las pandillas y permitieron su reconversión al negocio de la extorsión o el tráfico de drogas, a tal punto que se habló de «partidos mafiosos». De la misma manera, los discursos revolucionarios del fmln no resistieron ante los escándalos de nepotismo y corrupción millonaria y el descubrimiento del tren de vida lujoso de la nueva «burguesía roja» vinculada al gobierno y a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba). En fin, tanto el fmln como Arena se encerraron en una forma muy tradicional y clientelista de hacer política, sin ver que el clientelismo se ha desgastado a los ojos de una juventud que reivindica sus derechos y aspira a algo más que recibir ayudas puntuales. En definitiva, la popularidad de Bukele fue el espejo del rechazo de Arena y el fmln. 

Por ello, la elección triunfal de Bukele en 2019 significó más que una voluntad de cambio. Personificó un rechazo de la población hacia las maniobras y los pactos partidistas que hundieron al país en un estado de convulsión permanente, de estancamiento económico y de bloqueos institucionales. Es decir que Bukele representó, si no una ruptura real, por lo menos una «brecha populista» en un país regido durante muchos años por un sistema «partidocrático» que había erigido los arreglos partidarios y la limitación de las ambiciones personales en reglas del juego.

Entre la dramaturgia y la inercia

La llegada al poder de Bukele fue sin duda una primera prueba de verdad. Sin mayoría en el Parlamento, sin partido estructurado ni cuadros sobre los cuales apoyarse, su discurso de «liquidación del viejo mundo» no podía sino tropezar con la realidad de las relaciones de poder y las inercias de la política salvadoreña. 

De hecho, desde el inicio el presidente Bukele se topó con los mismos problemas estructurales que conocieron sus predecesores: en el plano económico, el país acumulaba una deuda que lo colocaba al borde del incumplimiento y limitaba el lanzamiento de políticas públicas ambiciosas; en el institucional, Bukele gobernaba con un Congreso en el cual no solo estaba en minoría, sino donde la oposición se había coaligado en su contra. Además, tuvo que transigir con un Poder Judicial que, a pesar de su politización, se ha profesionalizado y ha ido impulsando una judicialización de la vida política, así como una fiscalización cada vez más minuciosa del ejercicio del poder. El contexto, a pesar de sus problemas, ha permitido la consolidación de sindicatos de empleados estatales, de periódicos de investigación, de ong de defensa de los derechos humanos y de otros contrapoderes atentos a la gestión tanto de los mandatarios como de sus funcionarios.

No sorprendió entonces que los deseos del presidente se vieran inmediatamente frustrados por el Congreso o la Corte Suprema de Justicia. Así ocurrió con su voluntad de terminar con el llamado «nepotismo» del fmln, para lo cual despidió masivamente a los empleados públicos contratados por las administraciones anteriores y desmanteló las secretarías presidenciales existentes para sustituirlas por nuevas secretarías a su medida. No contó entonces con el bloqueo del Congreso, única institución habilitada para crear plazas, suprimirlas y asignar sueldos a funcionarios y empleados públicos2, ni con la acción de la Corte Suprema de Justicia, que ordenó enseguida reinstalar a varios funcionarios removidos de sus cargos por incumplimiento de los procedimientos legales de cesación de contrato por parte de las nuevas autoridades. Es decir que, como ocurriera con los de sus antecesores, los márgenes de acción de Bukele se vieron limitados al reemplazo de las «plazas de confianza» y a la contratación de una nueva capa de funcionarios que se agregaría a las de los gobiernos anteriores. Así, Bukele tuvo que crear cerca de 3.662 empleos públicos en 2020 y 9.363 nuevas plazas en todos los sectores del Estado en 20213, además de que tuvo que inventar plazas de asesores ad honorem para sus consejeros, quienes eran en realidad pagados con plazas de otros ministerios. 

De la misma manera, en febrero del año pasado, la Asamblea Legislativa liderada por Arena bloqueó la aprobación de un préstamo de 109 millones de dólares destinados a la fase iii del programa estrella de Bukele: su Plan Control Territorial. La votación del préstamo, destinado a la compra de material para las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, fue suspendida por la Asamblea tras las revelaciones de posibles conflictos de interés entre el mismo presidente y varios contratistas contemplados para la venta de tecnologías, así como prevenciones sobre la sobrevaluación e incoherencia de algunos gastos4. La discusión parlamentaria no tardó en convertirse en una batalla mediática entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. 

Limitado financieramente, Bukele rompió de inmediato su primera promesa de campaña de eliminar los gastos reservados de la Presidencia para utilizar de manera secreta hasta un millón de dólares por mes en los primeros tiempos de su gestión5. Pero Bukele se abocó sobre todo a una teatralización exacerbada del poder presidencial, con la cual intentaba compensar lo máximo posible su impotencia6. Así se debe interpretar el espectáculo que dio apenas instalado en el sillón presidencial, cuando ordenó por Twitter a sus nuevos ministros despedir de inmediato a los familiares de los principales cuadros del fmln que fungían legalmente como empleados públicos. Como muchos ocupaban plazas de confianza revocables, la caza de brujas de Bukele no era otra cosa que una simulación de la depuración del Estado y la puesta en escena del advenimiento de un nuevo mundo donde sus ministros acatarían sus mandamientos a golpe de «inmediatamente» o «¡sí, mi presidente!». 

La agitación populista de Bukele llegó a su verdadero clímax en febrero de 2020, cuando en un intento por doblegar a la representación nacional –después de haber amenazado a los diputados con represalias si no aprobaban el préstamo– llamó a una «insurrección popular» contra la «elite política» e instó al pueblo y al Ejército a manifestarse ante la Asamblea Legislativa. Entonces, a primeras horas del domingo 9 de febrero de 2020, Bukele irrumpió en la Asamblea rodeado de militares y policías armados para exigir a los diputados la aprobación del préstamo que requería para financiar su plan. Sentado en la silla del presidente de la Asamblea, dio inicio a la sesión plenaria ante una sala casi vacía donde solo habían acudido a su convocatoria los pocos diputados de su partido aliado, Gran Alianza por la Unidad Nacional (gana). Cuando, consciente de haber llegado al límite de su demostración de fuerza, dio marcha atrás, comenzó a orar y declaró que Dios le había ordenado ser paciente. 

Una vez más, Bukele quedaba atrapado entre la radicalidad de sus discursos y la realidad de su poder. De allí su dramaturgia: sus tuits y sus «golpes tentativos» son en esencia escenificaciones de una autoridad presidencial limitada en los hechos por la oposición. No obstante, este tipo de actuación populista comporta siempre riesgos. Por más simbólicas que sean, las demostraciones de fuerza y de autoridad implican siempre la posibilidad de pasarse los límites de la violencia y la transgresión aceptables en democracia. Y a este «cruce del Rubicón» lo llevó la crisis del covid-19.

El covid-19: la oportunidad autoritaria

Para Bukele, la pandemia de covid-19 fue sin duda una oportunidad inesperada para obtener los márgenes de acción que le faltaban. De hecho, le permitió primero invertir las relaciones de fuerza con la oposición parlamentaria, gobernar por decretos y obtener por otras vías los fondos y préstamos que la Asamblea le había denegado. Es más, el contexto de urgencia le otorgó la posibilidad de beneficiarse de nuevos préstamos internacionales, de emitir bonos y de utilizar fondos reservados o líneas presupuestales ya asignadas para financiar su nueva política, empezando por su política de seguridad pública7

De esta manera, el nuevo presidente supo ganarse, si no la fidelidad de la población y de los funcionarios públicos, por lo menos sus simpatías. De hecho, pudo celebrar su primer año de gestión con la construcción de un hospital súper moderno, así como realizar varios proyectos sociales apalancados por una fuerte campaña publicitaria. A la vez, pudo financiar el reclutamiento de miles de nuevos funcionarios en las áreas de salud o de seguridad y, sobre todo, aumentar la remuneración de varios sectores del gobierno. 

También logró implementar programas de alivio, como la entrega de un subsidio de 300 dólares a 1,5 millones de hogares considerados vulnerables o afectados por el desempleo (aproximadamente 75% de la población salvadoreña), así como el reparto de paquetes alimenticios, distribución de granos y enseres agrícolas para los agricultores o la oferta de créditos a bajo interés para las pequeñas y medianas empresas.

Pero los grandes beneficiarios de los fondos de la pandemia fueron ante todo la policía y los militares, o sea, los dos pilares sobre los cuales Bukele podía sostenerse para asentar su autoridad, a falta de apoyos significativos en el Congreso. Por lo que las fuerzas de seguridad no solo recibieron fondos considerables para el reclutamiento de nuevos efectivos y la compra de equipamientos modernos, sino que además obtuvieron «carta blanca» del nuevo mandatario para manejar «sus» asuntos. Así, el nuevo presidente no solamente prometió doblar los efectivos del Ejército en los próximos cinco años –pasando de 20.000 a 40.000– y extender sus facultades en materia de intervención interior, sino que, en septiembre de 2020, el mismo Bukele asumió la decisión de impedir el acceso a los archivos militares del juez del proceso penal encargado del caso de la masacre de El Mozote de 19818. De la misma manera, se esmeró en ganarse la lealtad de la Policía Nacional Civil y su jefatura a golpe de bonos, de seguros privados y de aumentos presupuestales, pero también encubriendo los atropellos de la institución y dejándola manejar el «problema de las pandillas» con una severidad al límite de la violación de los derechos humanos. Sobre la marcha, Bukele protegió a Osiris Luna, viceministro de Seguridad y director general de Centros Penales, sospechado de haber recibido sobornos por parte de una empresa mexicana de seguridad9. A cambio, la Policía se alineó tras el presidente y llegó incluso a desacatar órdenes de la Asamblea Legislativa u obstaculizar la investigación de la Fiscalía General en posibles casos de corrupción en el gobierno de Bukele10

Asegurados la lealtad de las fuerzas de seguridad y los nuevos financiamientos, el gobierno logró revertir en parte el desequilibrio que mantenía con la oposición. Sin embargo, la pandemia exacerbó peligrosamente las tendencias poco institucionales de Bukele. De hecho, la cuarentena nacional obligatoria otorgó poderes considerables a la Policía y al Ejército y reforzó a su vez los componentes autoritarios del gobierno. Pero el verdadero deslizamiento se dio por las contradicciones y el amateurismo del nuevo gobierno en su gestión de la crisis. Así, si bien Bukele había hecho de la lucha contra la corrupción su prioridad, a finales de 2020 la Comisión Internacional contra la Impunidad en El Salvador (cicies) entregó a la Fiscalía General pruebas de numerosas irregularidades en los procesos de licitación pública o de compra de insumos médicos11. De la misma manera, por generosos e innovadores que fueran, los programas de alivio económico lanzados por el gobierno alcanzaron rápidamente sus límites y no lograron cubrir en su totalidad las necesidades de la población y de las empresas. Por ello, la cuarentena nacional implementada por el presidente –entre las más estrictas de la región– suscitó ciertas resistencias. Ante la multiplicación de desobediencias, la Policía reaccionó con exceso de violencia y arbitrariedad. Se encarceló a simples infractores del toque de queda en centros de detención o en hoteles de cuarentena donde la promiscuidad y las condiciones de atención precarias multiplicaban los riesgos de infección. De la misma manera, se prolongó fuera del límite legal el hacinamiento de viajeros puestos en cuarentena porque el Estado no tenía testeos o los recursos necesarios para asegurar su situación sanitaria12. Es decir que las propias limitaciones del gobierno lo llevaron a tomar actitudes cada vez más autoritarias. 

Bukele empezó entonces a sufrir revés tras revés. Primero, ante una prensa independiente que, atenta a la supuesta «intachabilidad» del nuevo mandatario, empezó a revelar sus contradicciones y sus incumplimientos, empezando por casos de corrupción. Luego, los golpes vinieron de la Sala de lo Constitucional, que invalidó uno tras uno los decretos antipandemia de Bukele por violar los derechos fundamentales de los ciudadanos13

Llamado por la Justicia a acatar sus resoluciones, Bukele prefirió encerrarse en un discurso populista que arremetió contra la prensa, los jueces y los universitarios. Cualquier voz crítica que reafirmaba la necesidad de respetar la formalidad del derecho era inmediatamente identificada como perteneciente a la oposición y rechazada del lado de aquellos a quienes llamaba confusamente «amigos del virus», «enemigos del pueblo» o simplemente «delincuentes»14. Pero pretendiendo encarnar al «Pueblo» y protegerlo de «sus enemigos», aunque estos fueran las propias instituciones del Estado, Bukele dio un vuelco a un discurso «provida», a través del cual se erigió en defensor de un principio aún más sagrado que la voluntad del pueblo: «la vida», y esto le permitió pisotear cualquier otro principio, ya fuera el interés público, los derechos individuales o la necesaria toma en consideración de las minorías… De tal manera que se elevó en una posición tutelar y no poco paternalista, que pretendía velar por los intereses del pueblo a pesar del pueblo mismo. Era imposible que esta actitud no suscitara el rechazo de una parte de la población.

El problema es que, en lugar de frenar a Bukele, ese mismo rechazo lo arrinconó cada vez más en su certeza autoritaria. Así se formó un círculo vicioso que lo llevó a romper en varias ocasiones con la legalidad. Se rehusó, por ejemplo, a aplicar las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia que le exigían poner en libertad a los detenidos por infracción a la cuarentena. También dirigió varios ataques contra periódicos de investigación y periodistas independientes, quienes han sufrido exclusiones de las conferencias de prensa de Casa Presidencial, acusaciones de lavado de dinero y evasión fiscal, y hasta hostigamientos, intimidaciones o agresiones físicas15

Es decir que la pandemia le permitió a Bukele no solo asentar las bases de su poder, sino también encontrar un estilo personal de gobernar que mezcla «reflejos vanguardistas» y «tentación autoritaria». Estos rasgos del bukelismo no serían tan preocupantes si no hubiera encontrado una manera de institucionalizarse tras la victoria arrasadora del oficialismo en las últimas elecciones legislativas de marzo de 2021.

La institucionalización del bukelismo

El 1 de marzo de 2021, Bukele y su partido, Nuevas Ideas, obtuvieron una contundente victoria electoral que les otorgó la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, con 56 diputados sobre 84. Aun sin contar con sus aliados de gana, el partido presidencial dispone ahora de todas las latitudes para cambiar en profundidad la institucionalidad del país16. En lo esencial, Bukele está convencido de que el mal desarrollo de El Salvador es el resultado de la corrupción de los partidos nacidos de la guerra civil, que se incrustó hace 30 años en las instituciones del Estado, y por lo tanto, ahora que tiene las manos libres, se lanzó al desmantelamiento de las instituciones heredadas de los Acuerdos de Paz de 1992. El primer acto de este desmantelamiento ha sido la destitución de los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional y del fiscal general de la República, el primer día de sesión de la nueva Asamblea. Pasando por alto los procedimientos legales y constitucionales para deponer y reemplazar a estos funcionarios, la Asamblea nombró inmediatamente a un nuevo fiscal y a nuevos magistrados afines al partido presidencial, los cuales fueron escoltados por la Policía hacia sus nuevos puestos después de que esta allanara las instalaciones de la Corte Suprema y de la Fiscalía17. Leal al presidente, el nuevo fiscal lanzó una campaña de lucha contra la corrupción, no sin que antes la Asamblea otorgara inmunidad a los funcionarios del Ministerio de Salud por compras durante la pandemia y que la sección de probidad de la Corte Suprema dejara de investigar el patrimonio de los nuevos funcionarios de Bukele. Así, la campaña anticorrupción se redujo de hecho a una auditoría de los mandatos pasados de la oposición. 

En paralelo, el gobierno tomó medidas para descartar de las instituciones a cualquier actor exterior que no le sea leal. Así, la nueva Asamblea aprobó un pliego de reformas a leyes constituyentes de instituciones autónomas y descentralizadas de gobierno, con el fin de retirar la facultad exclusiva a los empresarios agremiados en la Asociación Nacional de la Empresa Privada (anep) de colocar representantes en las juntas directivas de estas entidades estatales. De la misma manera, el presidente Bukele rompió el acuerdo que tenía con la Organización de Estados Americanos (oea) que dio origen a una comisión internacional contra la corrupción, la cicies, para investigar irregularidades en las gestiones gubernamentales pasadas y presentes, después de que la Comisión hubiera denunciado ante la Fiscalía varios casos de posible corrupción del nuevo gobierno. 

Es decir que, asegurado de su mayoría, Bukele emprendió la tarea de reformatear las instituciones del país para debilitarlas o achicarlas, comenzando por recortar sus presupuestos. Así procedió inmediatamente con instituciones fiscalizadoras como el Instituto de Acceso a la Información Pública, la Corte de Cuentas y la Procuraduría de Derechos Humanos18. A la par, promulgó reformas legislativas que concentraron los poderes de las secretarías y entidades autónomas del Estado en las únicas manos de los administrativos nombrados por él19. También, desde 2020, dejó de transferir 10% del presupuesto de la nación destinado a las municipalidades del país –muchas de ellas gobernadas entonces por la oposición– para reducir este monto a 6%, del cual 75% será únicamente entregado en «obras» sobre la base de proyectos aprobados por una nueva Dirección Nacional de Obras Municipales controlada por la Presidencia20. De esta manera, recentralizando el poder y los recursos, Bukele ha iniciado un trabajo paulatino de debilitamiento de las instituciones del Estado; trabajo que ha ido de la mano de la creación de estructuras paralelas de decisión que responden únicamente a su persona y se imponen sobre el resto de los ministros o secretarios presidenciales. El primero de estos círculos está compuesto por los hermanos del presidente, quienes, a pesar de no tener oficialmente ningún puesto público, operan como negociadores, emisarios y principales estrategas del gobierno de Nayib21. Verdadero clan familiar que tiene una influencia considerable sobre su hermano, los Bukele no solo llegaron a reclutar a algunos de los altos funcionarios del gobierno, sino que negocian y pactan en nombre del presidente con todo tipo de actores, desde la oposición legislativa hasta los grandes empresarios del país o algunas potencias extranjeras; esto sin que jamás se pueda rastrear este «trabajo entre bastidores» por no implicar ningún tipo de gasto público. 

Abajo de este clan familiar se encuentra otro gabinete ad hoc, compuesto por una decena de venezolanos, asesores extraoficiales también sin cargos formales –la mayoría de ellos ligados al gobierno «interino» de Juan Guaidó y a la dirigencia del partido Voluntad Popular–, los cuales hacen el enlace entre los hermanos Bukele, el partido dirigido por un primo de la familia y los ministros y secretarios. No solamente controlan la comunicación y la propaganda de todo el gobierno, sino que además bajan lineamientos, dan órdenes y diseñan los programas del gobierno, como el Plan Control Territorial o el Programa de Emergencia Sanitaria22

Es decir que, a la vez que debilita las instituciones del Estado, Bukele reinstitucionaliza una estructura personal de decisión compuesta de familiares y allegados, varios de ellos extranjeros, una de cuyas «virtudes» es estar completamente desarraigados del juego político salvadoreño y de sus protagonistas tradicionales; una desconexión de la esfera de decisión y de poder que se tradujo, por ejemplo, en la adopción por la Asamblea Legislativa, sin debate alguno, de una ley de reforma monetaria que confirió al bitcoin el estatus de moneda de curso legal y «obligatoria» en un país donde solo 57% de la población tiene acceso a internet23. Esta reforma, que se quiere el primer paso hacia la creación de una moneda virtual nacional y una futura «digitalización» del Estado salvadoreño, no se puede entender sin la intervención personal de los hermanos Bukele, jóvenes empresarios convertidos a la economía financiera y virtual, quienes negocian con las grandes empresas del sector y proponen usar el Estado y sus recursos para respaldar sus ambiciones de liderar una de las primeras economías digitalizadas del mundo24. Pero tampoco se puede entender sin ver en ello la huella de los asesores venezolanos de Bukele, quienes tejen indudablemente un puente entre El Salvador, la diáspora venezolana y Venezuela, cuya economía se ha transnacionalizado, digitalizado e inclinado cada vez más hacia la «minería» de bitcoins.

En conclusión, y retomando conceptos de Alain Touraine, la institucionalización del bukelismo no solamente reemplaza la institucionalidad del país por un organigrama personal a mano del presidente, sino que acentúa en exceso la desarticulación de la sociedad salvadoreña, y con ello, sus contradicciones25. Por ejemplo, abrir la economía al bitcoin no bastará para atraer inversionistas y crear empleos si no se diseña un plan de inversión millonario para que la juventud salvadoreña salga del sistema educativo con diplomas universitarios y técnicos de calidad en economía, informática o idiomas. De la misma manera, bajar las tasas de homicidios del país y así atraer a inversionistas extranjeros no bastará para dinamizar la economía nacional si no se detiene la extorsión que sofoca el tejido de empresas pequeñas y microempresas del país. Podríamos alargar la lista de evidentes contradicciones del bukelismo. El riesgo no es solamente ver alejarse una economía y un Estado cada vez más internacionalizados mientras la sociedad queda atrapada en desafíos locales muchas veces muy básicos; es también que el choque del bukelismo con las inercias de la sociedad lo hunda cada vez más en un populismo autoritario, o lo convenza de que la solución se encuentra en la liquidación total del «viejo régimen» gracias a la reescritura de una Constitución a su medida.

  • 1.

Una consejera municipal de la ciudad de San Salvador acudió al Tribunal de Ética del FMLN y acusó a Bukele de haberle dicho «bruja» y de haberle arrojado una manzana a la cara. Ver Jonathan Laguan y Cristian Meléndez: «Nayib Bukele, expulsado del fmln por estas razones» en La Prensa Gráfica, 10/10/2017; Sebastián Escalón: «¿Quién es Bukele, el presidente electo milenial y pro cicig de El Salvador?» en Nómada, 25/2/2019.

  • 2.

Eugenia Velázquez: «Secretarías creadas por Bukele sin base legal ni fondos» en El Diario de Hoy, 20/6/2019.

  • 3.

Denni Portillo y Laura Flores: «El Salvador: Ejecutivo pagará casi $200 millones más en salarios que en 2019» en El Economista, 21/12/2020; Yolanda Magaña: «Planilla estatal crecerá $124 millones y 9.363 plazas el próximo año» en Diario El Mundo, 13/10/2020.

  • 4.

Jimmy Alvarado: «El préstamo del bcie, un paso más en la militarización de la seguridad pública de Bukele» en El Faro, 8/3/2020.

  • 5.
  1. Alvarado: «Bukele ya gastó $2 millones de la billetera secreta de la Presidencia» en El Faro, 4/9/2019.
  • 6.

Para un análisis del papel de la teatralización del poder en América latina, v. Danilo Martuccelli: ¿Existen individuos en el sur?, LOM, Santiago de Chile, 2010.

  • 7.

FUSADES: «Impacto del covid-19 en la liquidez del gobierno» en Análisis Económico No 53, 9/2020.

  • 8.

José Miguel Vivanco: «Con el respaldo de Bukele, el Ejército bloquea una investigación sobre la masacre de El Mozote» en Los Angeles Times en español, 9/11/2020.

  • 9.

Sergio Arauz: «Empresa mexicana de seguridad pagó el viaje de Osiris Luna» en El Faro, 3/2/2020.

  • 10.

Gabriela Cáceres: «El día en que la Policía obstaculizó la investigación del Fiscal contra el Gobierno Bukele» en El Faro, 11/11/2020; Gabriel Labrador: «Director de la PNC es absuelto y juez le advierte que ‘no estamos en una monarquía’» en El Faro, 23/12/2020.

  • 11.

«Investigan en El Salvador 17 casos de supuestas compras irregulares por covid» en Agencia EFE, 13/11/2020.

  • 12.

Lissette Monterrosa: «Con gritos de desesperación y carteles, personas que ya cumplieron su cuarentena piden regresar a sus hogares» en Elsalvador.com, 17/4/2020.

  • 13.

Daniel Miranda: «Nayib Bukele: ‘El Estado soy yo’. ¿Hasta dónde impondrá su agenda autoritaria?» en Envío No 468, 3/2021.

  • 14.

Ibíd.

  • 15.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): «Resolución 12/2021. Medidas cautelares Nº 1051-20. 34 miembros identificados del Periódico Digital El Faro respecto de El Salvador», 4/2/2021; Nelson Rauda y Gabriel Labrador: «El Estado sin respuestas ante la CIDH por ataques a periodistas» en El Faro, 3/12/2020.

  • 16.

Para una lista de las decisiones al alcance de Bukele desde marzo de 2021, v. J. Alvarado y S. Arauz: «Todas las decisiones legislativas estarán al alcance de Bukele» en El Faro, 1/3/2021.

  • 17.

Fernando Romero, Bryan Avelar, Loida Avelar y Gerson Vichez: «La Asamblea de Bukele se toma la Corte Suprema y la Fiscalía» en Revista Factum, 2/5/2021; G. Vichez: «Asamblea estrena coreografía para elegir magistrados» en Revista Factum, 30/6/2021.

  • 18.
  1. Portillo: «¿Qué dice y qué no dice el decreto del presupuesto 2021?» en El Economista, 30/12/2020.
  • 19.

Beatriz Benítez: «Bukele pide ocultar las declaraciones patrimoniales y propone otras 12 reformas en contra de la transparencia» en El Gato Encerrado, 13/7/2021.

  • 20.

Yolanda Magaña: «Bukele anuncia recorte del Fodes y dice ‘ya no se entregará en efectivo’» en Diario El Mundo, 7/4/2021.

  • 21.

Para una descripción exhaustiva del círculo de poder familiar que rodea a Bukele, v. el artículo de J. Alvarado, G. Labrador y S. Arauz: «El clan Bukele que gobierna con Nayib» en El Faro, 7/6/2020.

  • 22.

Estos elementos han sido detallados en J. Alvarado: «El gabinete oculto de venezolanos que gobierna con Bukele y su familia» en El Faro, 6/6/2021.

  • 23.
  1. Rauda y Roman Gressier: «Asamblea aprobó en solo cinco horas la Ley Bitcoin que Bukele había anunciado tres días antes» en El Faro, 10/6/2021; José Barrera: «El Salvador alcanzó los 3,8 millones de usuarios de internet en 2020» en Diario El Mundo, 8/2/2021.
  • 24.

Para más detalles de esta confusión de intereses y proyectos, v. S. Arauz, N. Rauda y R. Gressier: «Bukele y sus hermanos planean emitir colones digitales» en El Faro, 16/6/2021.

  • 25.
  1. Touraine: Las sociedades dependientes, Siglo Veintiuno, Ciudad de México, 1978.
Publicado enInternacional
Masiva manifestación en Chile a dos años del estallido contra la desigualdad

Por la mañana, un grupo de estudiantes y trabajadores de la salud saltaron los molinetes del Metro de Santiago reeditando el hecho que marcó el comienzo de las protestas en 2019.

 

Con una masiva manifestación en Santiago que reunió a miles de personas, Chile recordó este lunes el segundo aniversario del histórico estallido de 2019, una conmemoración que coincidió con el inicio de la redacción de la nueva Constitución. La presidenta de la Convención Constituyente, la mapuche Elisa Loncón, dio inicio al proceso en el que empezará el debate de fondo de la nueva Carta Magna, uno de los reclamos centrales de la ola de protestas que sacudió a Chile dos años atrás.

"El único camino es el ejemplo de octubre"

Al son de "Chile despertó", un clamor que se popularizó hace dos años, y en la céntrica Plaza Italia de Santiago, el 18 de octubre transcurrió en general en un ambiente festivo. Ante un despliegue de cinco mil carabineros, las multitudes protestaron contra el gobierno y clamaron por un modelo socioeconómico más justo y por la liberación de los manifestantes que llevan meses detenidos.

Por la mañana, un grupo de estudiantes y trabajadores de la salud saltaron los molinetes del Metro de Santiago, reeditando uno de los hechos que marcó el comienzo del estallido, inicialmente motivado por un aumento del precio del boleto del subte, pero que luego creció a una exigencia de cambios políticos y sociales más profundos.

Casi al mismo tiempo estudiantes de secundaria se colgaron de una pasarela próxima al edificio Costanera Center, el mayor rascacielos de Sudamérica, para desplegar una pancarta con el mensaje: "El único camino es el ejemplo de octubre". Si bien la mayoría de las manifestaciones en la capital chilena transcurrieron de forma pacífica, por la tarde y noche se registraron algunos disturbios que incluyeron barricadas, vehículos quemados e intentos de saqueo.

Un pequeño grupo de manifestantes intentó ingresar sin éxito a las inmediaciones del céntrico exCongreso nacional, donde trabaja la Convención Constituyente que, tras tres meses discutiendo su reglamento y otras cuestiones técnicas, arrancó la redacción de la nueva Carta Magna. "Por primera vez los pueblos de Chile nos hemos sentado en una mesa plural a discutir y pensar en un país donde la dignidad se hará costumbre", señaló la académica de etnia mapuche Elisa Loncón, presidenta del órgano. 

Enterrar la Constitución de Pinochet

La Convención Constituyente, formada por 155 miembros, es la primera paritaria del mundo y cuenta con una gran presencia de ciudadanos independientes y ajenos a la política partidaria. La nueva Constitución, que deberá estar lista en un máximo de un año y debe ser ratificada en un plebiscito de salida, podría servir para dejar atrás la actual, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y de marcado corte neoliberal.

Un importante sector de la sociedad chilena le achaca a este texto las grandes desigualdades del país y la privatización de servicios básicos como las pensiones, el agua o la salud, algunas de las reivindicaciones clave de las manifestaciones. Durante los últimos años se registraron una treintena de muertes y miles de heridos que decantaron en reiterados señalamientos hacia las fuerzas de seguridad por una excesiva represión y violaciones a los derechos humanos.

El aniversario del estallido social llega en medio de la campaña para los comicios presidenciales del 21 de noviembre. La desaprobación del mandatario saliente alcanza al 68 por ciento, según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos, y la oposición en conjunto presentó la semana pasada al Congreso una acusación constitucional contra Piñera que puede conducir a su destitución.

Publicado enInternacional
Raúl Zibechi

 

El escritor y periodista uruguayo explicó en Valéncia los elementos fundamentales que los "pueblos y sociedades en movimiento” ponen en marcha para generar alternativas de vida digna.

 

El domingo 10 de octubre, Raúl Zibechi, periodista uruguayo, pensador y una de las referencias más importantes en el estudio de los movimientos sociales anticapitalistas de América Latina, realizó ante varias decenas de personas, el conversatorio Tiempos de Colapso en el Centro Social La Llavor de Torrent. Invitado por la Coordinación de Luchas contra el Paro, el Empobrecimiento y la Exclusión Social (Baladre), presentó lo que considera los elementos fundamentales que los “pueblos y sociedades en movimiento” ponen en marcha para generar alternativas de vida digna ante el actual colapso global.

Durante su intervención, Zibechi realizó un repaso de algunos de los movimientos autónomos más importantes en el continente americano en la actualidad, como el de la Minga indígena, popular y negra de Colombia; o los movimientos populares del Brasil, señalando alternativas y formas de operar que difieren de lo que los movimientos de izquierda y las guerrillas latinoamericanas planteaban como mecanismos de transformación en el siglo XX o incluso hasta la fecha. Zibechi, doctor honoris causa por la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz, Bolivia, prefiere referirse a “pueblos y sociedades en movimiento” en contraposición a la conceptualización occidental de “movimientos sociales” menos arraigados a formas comunitarias y al territorio.

Explicó que en la actualidad, los movimientos que superan la prueba del tiempo y son capaces de crear “otros mundos en los que se vive en dignidad”, son aquellos que trabajan al interior de sus comunidades, pero que también “se esfuerzan por abrirse a otras luchas más allá de su área de acción, para fortalecerse y seguir aprendiendo”. Un buen ejemplo sería la actual Gira por la Vida de las zapatistas por Europa. En las cuales el sujeto político son principalmente mujeres indígenas y niñas. Ya no se trata del típico varón blanco de clase media. La gira zapatista está pensada no para los grandes eventos, sino para pequeñas reuniones, íntimas, en las que los grupos de Escucha y Palabra puedan realmente conocer a las personas de la Europa de “abajo y a la izquierda”, a la “Europa Insumisa” que lucha. Lo interesante es que el neozapatismo viene realizando desde hace más de dos décadas encuentros internacionales para abrirse a otras luchas, siempre dejando claro que no son vanguardia, que no vienen a dar recetas y que de lo que se trata es que “cada quién a su modo” resista.

El uruguayo señaló que de las zapatistas de México y del movimiento de Cajamarca de Perú aprendió, a diferencia de “la propuesta tradicional de la toma del poder, que la lucha no termina nunca y que debe de crearse siempre desde abajo”. Para el estudioso, los pueblos en movimiento han clausurado la vieja táctica de la izquierda revolucionaria de tomar el poder y transformar las cosas desde arriba. En cambio, los pueblos, con la paciencia de un caracol van construyendo entre todas y todos una nueva realidad en la que el poder es dispersado. El zapatismo claramente, pero en general los pueblos en movimiento, no defienden la “lógica de la guerra” de la tradición occidental, más bien se centran en la “construcción de la vida”.

Otro de los elementos novedosos señalados por el periodista es “la fiesta, la alegría, el gozoso compartir” que forman parte importante de lo cotidiano en los nuevos movimientos alternativos y que permite, por ejemplo, sobrellevar la simple monotonía o incluso contextos de violencia muy arraigados. Se trata de lo que el zapatismo denomina la “alegre rebeldía” o cuando el movimiento feminista recuerda la épica frase de la anarquista lituana Emma Goldman “si no puedo bailar, no es mi revolución”. Las sociedades en movimiento, se organizan, cumplen su palabra, practican un fuerte compromiso ético, pero también otorgan un tiempo importante a la fiesta, al compartir.

Finalmente, el autor de Los arroyos cuando bajan (Zambra-Baladre, 2019) sobre el neozapatismo, se centró en lo que considera el corazón de las propuestas alternativas de los pueblos en movimiento. Se trata de un nuevo entendimiento de lo que es la comunidad. “Ante el colapso una nueva forma de relaciones comunitarias son necesarias”. Tradicionalmente, apuntó, “la comunidad se ha entendido como un espacio estable, una institución, en la que los hombres trabajan la tierra”. Pero explicó que este sentido ha sido trascendido en la práctica incorporando nuevas propuestas, como las del movimiento feminista “centradas en los vínculos relacionales, la participación real de las mujeres, los cuidados, la medicina local y la educación”. Señaló que los nuevos movimientos han de comportarse como “arcas que sirvan para substituir el diluvio”. Es decir, los pueblos en movimiento han generado una nueva cultura política, basada en la confianza de los vínculos sociales, que nos pueden servir de faro y concluyó a este respecto que “somos nosotras, los colectivos, los pueblos, las que tenemos la posibilidad de reconstruir la sociedad en colapso”.

Al terminar la ponencia, las y los asistentes se reunieron en pequeños grupos para pensar entre todas en estrategias para fortalecer las alternativas ante el colapso global. Una de las reflexiones que más afloraron fue la necesidad de los cuidados y la fiesta al interior de los movimientos. Se evidenció que las “militancias, cuyo nombre ya nos dice mucho” muchas veces repiten esquemas capitalistas, dejando la relación comunitaria para otros espacios. Por último, las y los asistentes unieron sus manos formando un caracol humano, para pasar finalmente a compartir una paella preparada por las organizadoras del evento.

13 oct 2021 18:43

Publicado enPolítica
La multiplicación de los gobiernos autónomos

El pueblo shipibo-konibo de Perú ha formado su propio gobierno autónomo y llama al gobierno de Pedro Castillo a que lo reconozca oficialmente, como señala una carta abierta publicada el 16 de setiembre.

El Consejo Shipibo Konibo Xetebo (Coshicox) de la Amazonía peruana informó sobre el Gobierno Autónomo del Pueblo Shipibo-Konibo y exige reconocimiento “al mismo nivel político y administrativo que los gobiernos regionales”. Las propuestas que detallan en su carta son “resultados de acuerdos políticos con nuestras bases y son parte de la plataforma de negociación de los pueblos indígenas en su relación con el Estado y que han sido continuamente postergados”.

Exigen además que se reconozcan “nuestros propios órganos representativos que funcionan como instancias de deliberación política”, así como las normas jurídicas creadas por las comunidades y nuestro territorio integral como nacionalidad indígena y no a nivel comunal”.

Estos puntos son centrales porque la legislación peruana reconoce las comunidades y hasta los territorios de los pueblos, pero no así las naciones y las formas de autogobierno a escala supra comunitaria.

Aseguran que las guardas indígenas que han formado son la versión amazónica de las rondas campesinas, surgidas hace medio siglo en la sierra andina para la defensa de las comunidades campesinas, y destacan que esas guardias de autodefensa hoy son más necesarias que nunca para “proteger la Amazonía de invasiones de traficantes de tierras, deforestación y otras actividades como las explotaciones mineras e hidrocarburíferas” que violan las autonomías.

Las comunidades Shipibo-Konibo están asentadas en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco y abarcan una población de casi 33 mil habitantes, siendo uno de los pueblos más numerosos de la Amazonía peruana.

El pueblo Shipibo demanda el reconocimiento de 2,4 millones de hectáreas, está asentado de forma dispersa y no continua como suele suceder con los pueblos amazónicos (https://www.coshikox.pe/). Cuenta con un sistema propio de comunicación a través de informativos diarios de radio, con programas económicos de cooperativas de banano y de productos orgánicos y crearon un Banco Shipibo que ha realizado préstamos a más de 300 artesanas para que puedan mejorar su producción.

Los emprendimientos económicos tienen por objetivo “soportar el proceso político de independencia y autogobierno a través de acciones económicas basadas sobre el apoyo mutuo entre productores”, según señala su página. Se puedan ver algunos videos para comprender mejor el entorno de los pueblos que ahora se proclaman gobiernos autónomos, como “Canaán: la tierra prometida” (https://www.youtube.com/watch?v=PPkTP-HV_IE&t=72s) y “Uchunya” (https://www.youtube.com/watch?v=RqAOMBeux6A), que permiten acercarse a realidades, identidades y culturas de los pueblos amazónicos, que enarbolan formas de resistencia distintas a las que conocemos pero convergentes con ellas.

“El dinero hoy lo tenemos y mañana ya no. Nuestro territorio lo vamos a tener de por vida y nunca se va a terminar”, dice una mujer autoridad de Santa Clara de Uchunya.

Es evidente que para quienes aspiran a gobernar naciones, provincias o ciudades, las autonomías de los pueblos originarios suenan a poco: escasa población, asentada en territorios remotos lejos de los centros del poder de arriba. No son atractivos para la estrategia de conquistar el poder, ni para rejuntar votos ni para acarrear militantes.

Sin embargo, en los últimos años estamos asistiendo a una notable expansión de las autonomías de los pueblos. Como hemos visto en otras ocasiones, las autodefensas comunitarias que develan la existencia de procesos autonómicos, comenzaron en las regiones de tierras altas, se fueron expandiendo por las tierras bajas, pero también fueron adoptadas por los pueblos negros y campesinos.

Desde la revuelta colombiana de este año, comienzan a organizarse “guardias urbanas” en grandes ciudades como Cali, formas de organización que demandarán largos procesos de aprendizajes colectivos. Sin embargo, como los gobiernos autónomos, las formas de organización no estatales ya están caminando, se multiplican en un proceso imparable, interminable.

Publicado enSociedad
Viernes, 08 Octubre 2021 05:50

Superar el capitalismo

Foto: Getty Images

Cada día aparecen más muestras que indican cómo la pandemia está revalorizando las políticas públicas, especialmente las dedicadas a la salud. Un ejemplo reciente ha sido la victoria electoral de los laboristas noruegos, un cambio que fortalece a los socialdemócratas, que en los países escandinavos ya gobiernan en Suecia y Dinamarca y en coalición en Finlandia. Los votantes rechazan las crecientes desigualdades generadas por un capitalismo desenfrenado que ha debilitado los sistemas de bienestar.

Los ciudadanos son conscientes de la vinculación entre las desigualdades y la salud. Una relación explícitamente señalada por el profesor Joan Benach, en La salud es política, (Icaria) al afirmar: “la razón de fondo de la pandemia hay que encontrarla en el capitalismo” por la “alteración global de ecosistemas asociada a la crisis climática”.

Las nefastas consecuencias de una economía dominada por un reducido número de compañías las vemos en el mercado eléctrico. En lo que va de año la factura de la luz ha aumentado más del 40% para los usuarios. Es un encarecimiento especialmente preocupante para las clases trabajadoras y las actividades intensivas en el uso de electricidad. La deficiente regulación ha permitido una financiarización de la producción y la comercialización de la electricidad que ha convertido estas actividades en una importante fuente de beneficios injustificados para especuladores.

Resulta inquietante la reacción de los lobbies empresariales contra las medidas del Gobierno, destinadas a regular un mercado eléctrico mal diseñado que provoca precios desorbitados y agrava las desigualdades.

Desregulación excesiva

En el mundo académico crecen las voces que censuran el aumento de las desigualdades causadas por un mercado desregulado que conduce a una concentración de riqueza. Paul Krugman, premio Nobel de Economía, sostiene: “la concentración extrema de ingresos es incompatible con la democracia”.  

Crecen las críticas a la excesiva concentración de la riqueza. La ecología, el feminismo y los cuidados pasan a primer plano

Resulta significativa la conversión experimentada por economistas como Thomas Piketty. “En la década de 1990”, explica en Viva el socialismo, (Deusto), “fui más liberal que socialista y no soportaba a los que se negaban decididamente a ver que la economía de mercado y la propiedad privada eran parte de la solución”.  Y “hete aquí  que, en 2020, el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos. Ahora estoy convencido de que hay que pensar en la superación del capitalismo”. El economista francés apuesta para después de la pandemia por “una nueva forma de socialismo, participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, mestizo y feminista”.

La idea de superar el capitalismo se extiende. La economista Lourdes Beneria ofrece su propia vía. En una luminosa conferencia titulada Los cuidados, el envejecimiento y la economía pospandémica, pronunciada en el Ayuntamiento de Barcelona con ocasión de la Diada de Catalunya, Beneria destacó la profunda transformación que ha sufrido el capitalismo. La catedrática emérita de la Universidad de Cornell (EE UU) explicó que el concepto de hombre económico que se enseña en las facultades de economía ha quedado anacrónico: “El hombre económico de Adam Smith era el pequeño emprendedor individualista que maximiza sus beneficios a través  de la mano invisible del mercado libre y competitivo” y que con este comportamiento contribuye automáticamente al crecimiento económico y a maximizar la riqueza de las naciones. Para Beneria, la economía ya no funciona así. Ahora, “los grandes protagonistas que dirigen la dinámica de las economías son las grandes empresas, los monopolios y oligopolios de la economía global, que imponen sus condiciones en lugar del mercado libre”. 

En su opinión, la pandemia nos ha hecho ver nuestra vulnerabilidad colectiva y nuestra interdependencia, no solo con todos los humanos y países, sino con el mismo plantea. Su alternativa al capitalismo es “un modelo de la mujer solidaria y el hombre solidario que puede representar una nueva generación de derechos humanos colectivos —el de la fraternidad, después de la libertad y la igualdad— que defienden los intereses de la paz, del patrimonio común de la humanidad y del medio ambiente”. Y en este nuevo paradigma, los cuidados —el trabajo no remunerado que se realiza en los hogares, de atención a niños, mayores y enfermos que realizan principalmente las mujeres— son decisivos. 

Se trata de una nueva sociedad que precisará el apoyo de instancias supranacionales, en nuestro caso de la Unión Europea.

08/10/2021

Andreu Missé. Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas.

FuenteAlternativas económicas

Publicado enEconomía
Mirtha Vázquez, nueva jefa del gabinete ministerial de Pedro Castillo.

Forzado por el Congreso y la prensa hegemónica y en medio de peleas internas

El presidente señaló que cambiaba su gabinete para favorecer “la gobernabilidad” y removió a las figuras más resistidas por la oposición, que aplaudió la medida. 

 Bajo presión del Congreso opositor y la prensa hegemónica, y en medio de discrepancias internas entre miembros del gobierno, el presidente Pedro Castillo decidió cambiar su gabinete ministerial. Lo anunció la tarde de este miércoles en un breve mensaje al país. El primer gabinete del gobierno de Castillo, que estaba encabezado por Guido Bellido, cae después de solo poco más de dos meses de gestión. El presidente señaló que cambiaba su gabinete para favorecer “la gobernabilidad”. La oposición aplaudió la decisión de Castillo. Por el contrario, en la dirigencia del partido oficialista Perú Libre (PL), del cual Bellido es congresista y dirigente, la salida de su principal ficha en un gobierno en el que conviven diferentes sectores de izquierda no cayó bien. En el partido oficialista hablaron de “traición” por este cambio.

Como nueva jefa del gabinete ministerial juramentó la noche del miércoles la exlegisladora Mirtha Vásquez, abogada y política de izquierda que fue presidenta del Congreso. No es militante de PL. Vásquez asumió la presidencia del Congreso en medio de la grave crisis política de noviembre de 2020, cuando el país tuvo tres presidentes en una semana, y ejerció ese cargo hasta el fin del gobierno de transición de Francisco Sagasti, en julio pasado. Como presidenta del Congreso tuvo una conducta dialoguista y conciliadora, y demostró habilidad política para manejar un Parlamento fraccionado y complicado.

"Memoria histórica"

Fueron cambiados siete ministros y doce ratificados. Además de la jefatura del gabinete, los cambios se dieron en Interior, Educación, Trabajo, Energía y Minas, Producción y Cultura. Un nombramiento significativo ha sido el de Gisela Ortiz en Cultura. Ortiz es hermana de uno de los estudiantes de la Universidad La Cantuta asesinados por el gobierno de Alberto Fujimori, uno de los casos por los que el exdictador ha sido condenado a 25 años. Juró por “la memoria histórica”. Aunque no es un gabinete paritario, la representación de las mujeres se eleva de dos a cinco, y una mujer encabeza el gabinete.

La crisis ministerial se produce en un contexto de extrema tensión entre el Ejecutivo y el Congreso, cuando el Parlamento unicameral controlado por la derecha se preparaba para censurar en los próximos días al ministro de Trabajo, Iber Maraví, uno de los cambiados, para lo cual ya tenían asegurados los votos necesarios, y la oposición había subido el tono a sus exigencias para la salida de Bellido. Los sectores más extremistas, con el fujimorismo al frente, embarcados en maniobras golpistas, habían amenazado con una posible destitución de Castillo si Bellido, al que acusan de “izquierdista radical”, continuaba en el cargo.

Bellido en la mira

La gestión de Bellido, congresista y dirigente de PL, ha sido duramente criticada por la derecha parlamentaria y los medios, pero también había sido cuestionada por sectores del propio gobierno por declaraciones que colisionaban con lo dicho por el presidente y otros ministros, y que más de una vez pusieron en problemas al gobierno. Lo último fue su anuncio hace unos días de la nacionalización del gas, que Castillo, que poco antes había negado cualquier posible estatización, debió desmentir. En el pasivo de Bellido se sumaban pasadas declaraciones machistas y homofóbicas.

Antes que a Castillo, Bellido, la principal carta de PL en el Ejecutivo, respondía al secretario general de PL, Vladimir Cerrón, que pugna por ampliar su cuota de poder en el gobierno y por radicalizar la presidencia de Castillo. Además de PL, los otros sectores del gobierno son los aliados de otros partidos de izquierda convocados por el presidente y el grupo de dirigentes magisteriales muy cercanos al profesor Castillo, sectores a los que Bellido y Cerrón han venido golpeando. El cambio de gabinete refuerza las alianzas de Castillo con diversos sectores progresistas y debilita a PL dentro del Ejecutivo.

"Traición"

El secretario general de PL no ocultó su malestar por la salida de su principal ficha en el gobierno, salió a respaldar al defenestrado Bellido. Antes de conocerse a los nuevos ministros, Cerrón exigió al presidente deshacerse de sus aliados de otros sectores de izquierda y concentrar todo el poder en PL. El nombramiento del nuevo gabinete no satisfizo esa demanda. Incluye aliados de otros sectores de izquierda y, para indignación del sector cerronista del oficialismo, a una legisladora de PL notoriamente opuesta a Cerrón, Betsy Chávez, que asume Trabajo. El hermano de Cerrón, Waldemar, vocero de la bancada oficialista, reaccionó anunciando que no respaldarán al nuevo gabinete. “Es una traición”, dijo. Sin embargo, Cerrón no controla a toda la bancada oficialista, de 37 bancas sobre un total de 130. Castillo ha tranquilizado a la oposición, lo que le da algo de aire, pero ahora un sector de su propia bancada amenaza pasarse a la oposición.   

7 de octubre de 2021 

Publicado enInternacional
Sábado, 18 Septiembre 2021 05:42

Batallas feministas en Corea del Sur

An San

Un poderoso movimiento feminista conmueve a Corea del Sur, donde las estructuras patriarcales conviven con la modernización. Discutiendo desde las condiciones socioeconómicas hasta los ideales de belleza, las mujeres surcoreanas están promoviendo una transformación. La resistencia de los tradicionalistas no tardó en llegar.

 

Cuando la arquera surcoreana An San ganó en solo dos días dos medallas doradas en las Olimpíadas de Tokio, la respuesta que recibió la joven de 20 años en su patria fue dispar. Algunos hombres se mostraron molestos y dijeron que se le deberían retirar las medallas. ¿Por qué? Porque su cabello corto era una señal de que era una feminista que «odia a los hombres».

Por más extraño y surrealista que pueda sonar, el ataque contra An es un triste recordatorio del hondo arraigo de los estereotipos de género en Corea del Sur, un país con una economía de avanzada, aunque todavía profundamente sexista, y de la enorme presión que se ejerce sobre las mujeres y las niñas para que se vean y actúen de manera «femenina». Es también un episodio más en una guerra cultural que escala entre el número creciente de personas abiertamente feministas y sectores antifeministas que buscan silenciar sus voces.

En lo más bajo de los rankings

Corea del Sur es la décima economía más grande del mundo, un gigante tecnológico que es sede de Samsung, el mayor fabricante mundial de teléfonos inteligentes, y una usina cultural cuyas estrellas del K-pop, como BTS, tienen seguidores en todo el mundo. Sin embargo, pese a todos los avances tecnológicos y económicos, el arraigo del patriarcado y la discriminación de género se han mantenido casi sin cambios.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, Corea del Sur ocupa el puesto 102 en términos de paridad de género. La brecha salarial de género es la más amplia entre las economías avanzadas de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se ubica sistemáticamente como el peor país para las mujeres que trabajan en el índice del techo de cristal de la revista The Economist. Las mujeres ocupan 19% de las bancas parlamentarias, casi la misma proporción que en Corea del Norte.

Las mujeres están sometidas a una enorme presión para verse perfectas en todo momento y a toda costa, como lo demuestra la reputación del país como capital mundial de la cirugía plástica. En las concurridas calles de Seúl no es difícil encontrar publicidades de cirugías plásticas que claman: «¡Ser bonita lo es todo!», mientras esqueléticas estrellas en ascenso del K-pop son presentadas como modelos a seguir para las adolescentes y las jóvenes. Las dietas extremas que siguen las estrellas tienen amplia difusión en las redes sociales y son seguidas con avidez por muchas personas.

Los ideales de belleza tradicionales para las mujeres incluyen en Corea del Sur una piel pálida pero luminosa, rostro aniñado, cabello largo y brillante, ojos grandes, una nariz fina y un cuerpo extremadamente delgado (casi 17% de las surcoreanas veinteañeras están por debajo de su peso, en comparación con menos de 5% de sus pares masculinos, de acuerdo con un estudio de 2019). La presión comienza temprano: más de 40% de las estudiantes de nivel primario usan maquillaje en la escuela, y el número trepa a más de 70% entre las de secundaria.  

Liberarse del corsé

Pero las mujeres comenzaron a contraatacar. En los últimos años, un poderoso movimiento feminista conquistó el país, lo que les permitió a muchas mujeres expresarse como nunca antes en contra de la discriminación sexual, el abuso y la cosificación. Desde 2018, las mujeres se han organizado para hacer caer a muchos predadores sexuales, entre ellos un popular candidato a la Presidencia, en uno de los casos más exitosos del #MeToo en Asia. Decenas de miles tomaron las calles durante meses en 2018 para exigir medidas más severas contra lo que se conoce como «pornografía con cámaras espía»: la filmación de las mujeres con cámaras ocultas en sitios diversos, desde baños públicos hasta lugares de trabajo, y la difusión de las imágenes en internet. Llevaron adelante una campaña exitosa para acabar con la prohibición del aborto. El movimiento «Escapemos del corsé» fue parte de ese despertar, nacido para desafiar la presión de seguir rígidos ideales de belleza. Las mujeres y las niñas que se unieron a esa campaña se cortaron el cabello, destruyeron su maquillaje, se rehusaron a vestir ropa ajustada, incómoda o que deja mucha piel al descubierto, y en cambio optan por algo más cómodo o práctico. Desde entonces, el cabello corto se ha convertido en una especie de declaración política entre muchas jóvenes feministas.

No obstante, la ola de concientización también despertó una fuerte oposición entre los hombres que pensaban –como muchos en el mundo– que las mujeres habían llegado demasiado lejos; muchos incluso acusaron a las feministas de «odiar a los hombres» y exigieron castigarlas.

La reacción llegó a un punto culminante en mayo, cuando integrantes de muchos foros online populares entre los varones comenzaron a escribir «misandria» sobre publicidades con la imagen de los dedos pulgar e índice juntos, un gesto que universalmente indica que algo es pequeño.

Cruzada online

En una campaña que muchos comparan con una caza de brujas macartista, proclamaron que esa imagen debía haber sido creada por feministas con la intención de ridiculizar el tamaño de sus genitales. A pesar de que cualquier complot era una ridiculez, muchas de las empresas e instituciones gubernamentales acusadas –entre ellas, la institución policial nacional y el Ministerio de Defensa – se doblegaron rápidamente, se disculparon por herir los sentimientos de los hombres y retiraron las imágenes de sus carteles. Estas mafias virtuales disfrutaron incluso de algún grado de apoyo político; Lee Jun-Seok, un joven integrante del Partido del Poder del Pueblo, una agrupación de derecha, ganó protagonismo difundiendo la teoría conspirativa del gesto misándrico del dedo y finalmente se convirtió en líder del partido en julio.

Sintiéndose apoyadas por un político poderoso y envalentonados por las disculpas rastreras de las empresas y el gobierno, las mafias virtuales avanzaron hasta su próximo objetivo: la estrella olímpica cuya apariencia no encajaba con su ideal de femineidad tradicional.

«¿Por qué te cortaste el cabello?», le preguntaron a An en sus redes sociales, a lo ella que respondió: «Porque es práctico». La respuesta no fue suficiente. Comenzó una campaña para obligar a An a pedir disculpas por ser feminista, mientras algunos incluso le reclamaban a la Asociación de Arquería que le quitara las medallas doradas a «la que odia a los hombres».

Pero las mujeres siguieron la pelea. Legisladoras, activistas, artistas y miles de mujeres comunes se encolumnaron detrás de An, muchas compartiendo fotos de su cabello corto en las redes sociales como muestra de apoyo. Y mientras el ciberacoso a An proseguía, muchas mujeres en todo el país la vieron obtener una tercera medalla y convertirse así en la primera arquera en la historia de las Olimpíadas en ganar tres medallas doradas en un mismo juego.

Publicado enCultura
Jueves, 16 Septiembre 2021 05:22

El camino de Damasco

La conversión de San Pablo (Luca Giordano, 1690). Musée des Beaux-Arts de Nancy

Las cosas pequeñas no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garantía de supervivencia y un peligro

 

Como todos sabemos, Paulo de Tarso, San Pablo para los cristianos, se cayó del caballo camino de Damasco y se convirtió así en el verdadero fundador de la Iglesia de Cristo. ¿Pero acaso sabemos cuántos más, antes y después de él, se cayeron en ese mismo tramo del camino? Quizás fueron decenas que no han dejado la menor huella en la memoria. Quizás miles se cayeron, se sacudieron la ropa y reanudaron la marcha, ignorando la llamada de Dios porque preferían acudir a la llamada de la amada, de la taberna o del partido de los domingos. Quizás muchos reemprendían la marcha llevando cautelosamente el caballo de la brida, no fuera que a Dios se le ocurriera llamarlos de nuevo. Quizás todo el mundo sabía que Dios se había instalado precisamente en ese punto del camino de Damasco y por eso algunos elegían una calzada alternativa y los que no tenían más remedio que pasar por allí lo hacían a pie o en un asno lento y plebeyo, para amortiguar la costalada. Quizás había incluso un letrero en la cuneta que advertía del riesgo, como los que hoy en nuestras carreteras indican “curva peligrosa”; y San Pablo lo tomó a sabiendas de lo que hacía, atraído, como era propio de él, por todas las experiencias extremas e irregulares.

La expresión “caída de Damasco” se utiliza para referirse a esa revelación inesperada que parte en dos una vida; al –así llamado– “momento de la verdad” en el que se decide el curso de la existencia. Es lo que, en los aledaños del concepto, los griegos y luego los cristianos denominaron kayros, término traducido a menudo como “oportunidad”; y no deja de ser curioso –o inevitable– que esta idea muy filosófica se la haya apropiado hoy la gestión empresarial para localizar y transmitir a sus soldados el momento “verdadero” en el que, cautivo en las redes del agente de viajes, el cliente decide comprar el producto: la oportunidad, en definitiva, de un negocio. Kayros era para los griegos, frente a Cronos, el tiempo corto, intenso, decisivo, en el que el Destino, por así decirlo, aflojaba la mano; y en el que, por tanto, el Carácter, según la reflexión de Walter Benjamin, se hacía cargo, por unos instantes o por unos días, de la propia experiencia vital. Para los creyentes, digamos, Dios es el Carácter del Mundo que, en el camino de Damasco, deshace el Destino de Saulo y lo reencarrila en un nuevo fatum ya sin retorno o, si se quiere, despojado a partir de ahora de todo Carácter propio. Para los no creyentes, en cambio, lo que los cristianos llaman “revelación” no es más que la manifestación más radical del Carácter frente al acoplamiento rutinario a ese Destino común siempre al trote, sin caídas estrepitosas, que preside las vidas normalas y norbuenas de los seres humanos de a pie: el Carácter, en definitiva, que derriba el caballo llamado Destino. Lo bonito de las hagiografías cristianas es que nos hablan de una época maravillosa en la que la gente se “convertía”; es decir, se sustraía de pronto, en un kayros fulminante, a su destino familiar, social y religioso. La idea misma de “conversión”, expresión de un volteo disruptivo y radical, nos recuerda dos cosas muy importantes: la primera, que es posible e inevitable cambiar; la segunda, que en la vida humana son más frecuentes (¡y no digamos bajo el capitalismo!) los accidentes que los cambios.

En realidad, no es cierto. En realidad cambiamos sin cesar, pero no nos damos cuenta, salvo retrospectivamente, porque los cambios no suelen ser consecuentes a una conversión; incluso los accidentes se incorporan blandamente a una vida cuya monótona continuidad es la centralidad del yo. No nos damos cuenta porque después de afiliarnos a una nueva iglesia o a un nuevo partido –valga decir– nos seguimos reconociendo en el espejo. Quizás en el recuerdo, a los sesenta años, localizamos en nuestro pasado dos o tres “momentos de la verdad” en los que –enseguida reparamos– intervinimos poco o nada o intervinimos de tal modo que, en ese momento crucial, nos parecía estar cediendo más al Destino que imponiendo nuestro Carácter. Frente a la idea de “conversión”, que ilumina un kayros o “momento de la verdad”, las vidas normalas y norbuenas van acumulando decisiones, si se quiere, homeopáticas. Es verdad: en algún sentido muy radicalmente existencialista podríamos decir, sí, que en las vidas normalas y norbuenas cada momento es el momento de la verdad porque cada momento es el momento en el que, contra la náusea y el cansancio, decidimos no cambiar de vida; cada momento es, aún más, el momento de la verdad porque cada momento es el momento en que decidimos no suicidarnos, pues es también el momento en que suena el teléfono móvil, borbotea la olla en el fogón o queda una cerveza en la nevera. Lo que ocurre es que, si cada momento es el momento de la verdad, no hay en puridad ningún momento más verdadero que otro. No hay “momentos de la verdad”. Por muy deprisa que cambien nuestras costumbres y nuestras opiniones (¡y bajo el capitalismo altamente tecnologizado cambian casi cada día!) ninguno de esos cambios, mientras lo vivimos, podemos fecharlo o anclarlo en una experiencia de revelación paulina.

Nuestras vidas, por tanto, se componen de decisiones y transformaciones homeopáticas. La homeopatía es completamente inútil para curar enfermedades, pero provee, frente a la “conversión”, una buena metáfora para describir la normalidad y norbonidad de la existencia humana, y ello en la medida en que invierte el conocido adagio: “a grandes males grandes remedios”. La homeopatía, en efecto, nos sugiere más bien lo contrario, la idea de que a grandes males hay que oponer pequeños o pequeñísimos remedios, los cuales, a veces, como el famoso “recuerdo del agua”, no mantienen ya ninguna relación con el mal original. De hecho, nuestras decisiones homeopáticas discurren casi siempre completamente en paralelo al Destino de cuya entraña surgen. Es lo que en otro tiempo llamábamos “supersticiones” y “neurosis”: dos fenómenos casi indiferenciados que convergen en un gesto diminuto, concreto y reglado, que nos relaja de una tensión estructural, abstracta y gigantesca. Pondré un ejemplo negativo y otro positivo. El negativo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocalíptica sobre el cambio climático, propina con alivio un bastonazo al perro que se acerca a lamerle la rodilla. El positivo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocalíptica sobre el cambio climático, acude a la cama donde duerme su hijo de cuatro años (ahora que precisamente no hace frío) y lo arropa y le ahueca la almohada para protegerlo de todo mal.

Las cosas pequeñas no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garantía de supervivencia y un peligro. Miles de millones de personas haciendo gestos pequeños en paralelo a la Historia que trabaja contra ellos ofrece la imagen más tierna, esperanzadora y preocupante que cabe concebir en un mal momento.

¿Cuáles no lo son? ¿Cuáles no lo han sido? Porque no es ya el Destino sino la Historia la que preside, como un destino, nuestras vidas. Curiosamente, si la vida humana, la normala y la norbuena, está compuesta de decisiones homeopáticas sin “momentos de la verdad”, percibimos la Historia, en cambio, cada vez que bregamos en ella, como compuesta sólo de “momentos de la verdad” a cuya llamada sería irresponsable o criminal no responder. Pero ni la normalidad-norbonidad es puramente reproductiva u homeopática ni la Historia, ya totalmente absorbida en el capitalismo, es el camino de Damasco. Podemos percibir como un peligro la normalidad y norbonidad de los que, derribados del caballo, se sacuden el polvo y reemprenden a pie su monótono avatar. Pero podemos percibir como no menos peligrosa la concepción de la política que considera la Historia un permanente sobresalto de kayros de emergencia, frágiles, apremiantes y finalmente desperdiciados. Es como si no hubiera enlace posible entre la homeopatía humana, sin la cual la vida social no es posible, y la intervención en la Historia, sin la cual la salvación no es posible. Ahora bien, la única solución para la especie es que haya alguno: que el lujo –pues es un gesto innecesario y hermoso– de arropar a un niño cambie, y no sólo sostenga, el mundo y que cada kayros desperdiciado se funda con la vida y no se pierda para siempre.

Pensemos en la política española de la última década.  ¿No nos queda un poco la sensación de que hemos perdido muchas oportunidades por el temor a perder la oportunidad irrepetible en que se decidía nuestro destino? Y esa impaciencia, en la medida en que ha dejado fuera muchos gestos homeopáticos, ¿no ha abierto una “ventana” –aún más que la normalidad del que no atiende la llamada– a la política del enemigo?

Los grandes remedios son también grandes males. Ni siquiera la urgencia del cambio climático debería llevarnos a olvidar esa gran enseñanza del siglo XX. No debemos dar bastonazos al perro; no debemos dejar de arropar al niño.

Por Santiago Alba Rico 15/09/2021

Publicado enSociedad
Página 1 de 44