La nueva Constitución de Chile, punto por punto: Sistema Político y electoral, Derechos, Salud, Educación e Igualdad de género

La Convención Constitucional presentó el borrador que será sometido a plebiscito el próximo 4 de setiembre. Entierra definitivamente la Constitución de Pinochet con novedades en todas las áreas. Elimina el Senado e incluye el derecho al aborto entre otros muchos cambios.

 

Chile votará el domingo 4 de setiembre si aprueba o rechaza la nueva Constitución que comenzó a redactarse el año pasado. Este lunes, el pleno de la Convención Constitucional entregó el borrador del texto aprobado que contiene 499 artículos divididos en ocho capítulos con casi 48 mil palabras.

El documento pasó a la Comisión de Armonización que, si bien no podrá cambiar sustancialmente su contenido, revisará la redacción y eliminará las redundancias. De aprobarse con la extensión actual, Chile podría tener la Constitución más grande del mundo, superando la impulsada por Evo Morales en Bolivia, que tiene 411 artículos.

Tras 10 meses de debate, los constituyentes lograron varios acuerdos y dejaron atrás algunas de las propuestas más polémicas enviadas por los ciudadanos, como la “cárcel para el expresidente Sebastián Piñera”, la pérdida de autonomía del Banco Central y la protección de la vida desde su concepción.

La nueva Constitución elimina el Senado e incluye el derecho al aborto y la muerte digna, así como el reconocimiento a la pluralidad y del patrimonio de los pueblos indígenas que componen el territorio chileno.

A cuatro meses de plebiscito, las encuestas no le sonríen. El 46 % votaría el rechazo, según las últimas publicaciones de Cadem y Activa Research. En los sondeos, la aprobación tiene un apoyo de entre 38 % y el 27,1% mientras que los indecisos se sitúan entre el 16 % y el 27%.

El plebiscito es obligatorio. Si se aprueba, el presidente Gabriel Boric debe convocar al Congreso para que en un acto público y solemne, se promulgue y se prometa acatar la nueva Constitución. Si gana la opción de rechazo al nuevo texto, se mantiene la actual carta magna.

Cómo se gestó la nueva Constitución

En octubre de 2020, con el plebiscito nacional de Chile, la ciudadanía aprobó iniciar un proceso constituyente de cara a la elaboración de una nueva constitución. El texto que rige actualmente es de 1980, creado por el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990).

Se llegó a esa instancia luego de las protestas sociales de 2019, cuando durante 28 días hubo masivas movilizaciones reclamando más igualdad y terminar con un “sistema de abusos".

En mayo de 2021 se realizaron las elecciones de los 155 convencionales encargados de realizar la redacción de la nueva Constitución, y tuvieron su primera sesión el 4 de julio en la ex sede del Congreso Nacional.

Desde fines del 2021 y hasta febrero de 2022, la Convención Constitucional tuvo abierto el plazo para recibir iniciativas de la ciudadanía que debían alcanzar las 15 mil firmas para ser debatidas por los constituyentes. De unas 2500 recibidas, fueron 78 las propuestas que superaron el objetivo para ser analizadas con las comisiones temáticas de la Convención.

Derechos fundamentales 

Los Derechos Fundamentales son aquellos inherentes a la persona humana, y se consideran esenciales “para la vida digna de las personas y los pueblos, la democracia, la paz y el equilibrio de la Naturaleza”.

Este capítulo reúne artículos sobre libertad de expresión, seguridad individual, libertad personal ambulatoria, derechos sexuales y reproductivos, derecho a la vida y a la integridad física y psíquica, libertad de asociación, vivienda, salud, cuidados y derecho de los trabajadores.

Los artículos vinculados a los derechos sexuales y reproductivos establecen, entre otros puntos, que el Estado debe garantizar a las mujeres y personas con capacidad de gestar “las condiciones para un embarazo, una interrupción voluntaria del embarazo, parto y maternidad voluntarios y protegidos”.

Hay un artículo destinado a la educación sexual integral, que incluye el reconocimiento de las diversas identidades y expresiones de género y la erradicación de estereotipos.

Sistema Nacional de Salud

La normativa vinculada a la salud implica la creación de un Sistema Nacional de Salud, que integre “a la red de prestadores públicos, a los hospitales y centros médicos vigentes de las Fuerzas Armadas y de Orden", mediante proyecto de ley presentado por el presidente en un plazo de dos años luego de que la nueva Constitución entre en vigencia.

En materia de cuidados, la propuesta de la nueva constitución incluye la creación de un Sistema Nacional de Cuidados, con “carácter estatal, paritario, solidario, universal, con pertinencia cultural y perspectiva de género e interseccionalidad”, que “prestará especial atención a lactantes, niños, niñas y adolescentes, personas mayores, personas en situación de discapacidad, personas en situación de dependencia y personas con enfermedades graves o terminales”.

Educación Pública

El nuevo texto de la Carta Magna propone que la educación sea de acceso universal en todos sus niveles y obligatoria desde el nivel básico hasta la educación media. El Sistema de Educación Pública será de carácter laico, gratuito y financiado por el Estado de forma permanente y directa, para que cumpla plena y equitativamente con los fines y principios de la educación.

El Estado debe “respetar la libertad de prensa”, “promover el pluralismo de los medios” e impedir “la concentración de la propiedad” de los medios de comunicación e información, según se detalla en el apartado Sistemas de Conocimiento.

Este capítulo regula, además, los derechos referidos al patrimonio indígena y el Pueblo Tribal Afrodescendiente, entre ellos, “obtener la repatriación de objetos de cultura y de restos humanos” así como la necesidad de “preservar la memoria” de los pueblos originarios.

Por último, este capítulo contiene el “derecho a la muerte digna” que, aunque no habla directamente de eutanasia ni de muerte asistida, asegura “el derecho a las personas a tomar decisiones libres e informadas sobre sus cuidados y tratamientos al final de su vida”.

Sistema Político sin Senado

La conformación política de Chile protagonizó debates importantes a nivel nacional y dividió a la Sala, obligando a los constituyentes a tener que negociar hasta llegar a un modelo que logró la aprobación de los dos tercios necesarios en el pleno.

Tras meses de discusión, el borrador de la nueva Constitución establece un régimen presidencial, con un legislativo bicameral asimétrico.

Por un lado, el Congreso de Diputadas y Diputados se mantendría con 155 miembros electos, “atendiendo el criterio de proporcionalidad”. Sin embargo, el Senado actual sería eliminado y remplazado por un órgano con menos atribuciones, al que denominaron Cámara de las Regiones.

Los integrantes de esta Cámara serán electos por región, al igual que los diputados, pero el número de integrantes “deberá ser el mismo para cada una y en ningún caso inferior a tres, asegurando que la integración final del órgano respete el principio de paridad”.

En cuanto al jefe del Ejecutivo, el texto establece que “para ser elegida Presidenta o Presidente de la República se requiere tener nacionalidad chilena, ser ciudadana o ciudadano con derecho a sufragio y haber cumplido treinta años de edad”, disminuyendo cinco años los requisitos actuales.

Asimismo, permite la reelección presidencial inmediata, aunque no podrá ser aplicable al mandatario actual.

Corte Constitucional de 11 miembros

En cuando al poder Judicial, el principal cambio es el remplazo del Tribunal Constitucional (TC) por una Corte Constitucional. El nuevo organismo cuenta con funciones similares, pero se compone de 11 magistrados, sumando un miembro más que el TC actual para evitar empates.

Otro cambio importante es la obligatoriedad en las elecciones para los mayores de 18 años, mientras que “el sufragio será facultativo para las personas de dieciséis y diecisiete años de edad”.

Para las instancias electorales, se “creará un sistema electoral conforme a los principios de igualdad sustantiva”que “promoverá la paridad en las candidaturas”. Además, las listas electorales deberán ser encabezadas siempre por una mujer.

Paridad de género

De aprobarse la nueva Carta Magna, Chile tendrá por primera vez una democracia paritaria establecida desde la Constitución, bajo la premisa de que la paridad “sea un piso y no un techo”, como plantearon varios convencionales. 

De esta forma, el Poder Ejecutivo, Legislativo y de Justicia, la Administración del Estado, las empresas públicas y los órganos autónomos deberán contar con al menos un 50% de sus miembros mujeres y deberán incorporar el enfoque de género en sus funciones.

En materia de seguridad, dos articulados tratan puntos que marcaron los primeros días del presidente Gabriel Boric, que enfrenta una serie de ataques por parte de grupos mapuches, además de sucesivas protestas de transportistas que reclaman por la falta de seguridad en las rutas del país.

Políticas de seguridad

Las iniciativas del gobierno sobre el estado de emergencia generaron roces en la interna oficialista que reclama avanzar en la refundación de Carabineros, la ley de inteligencia, el control de armas y la ley de lavado de activos.

El artículo 19 del capítulo “Sistema Político” de la nueva Carta Magna indica que las policías “son instituciones policiales, no militares”, lo que llevaría a una reforma del cuerpo de Carabineros.

En la misma línea, dentro del las categorías de los Estados de Excepción constitucional se elimina el Estado de Emergencia, relacionado con la perturbación al orden interno y que fue utilizado durante el estallido social en 2019 y en la macrozona sur.

De esta forma, se mantienen el Estado de Asamblea para conflicto armado externo, de Sitio para conflicto armado interno, y el Estado de Catástrofe. “Una vez declarado el estado de excepción, se constituirá una Comisión de Fiscalización dependiente del Congreso de Diputadas y Diputados, de composición paritaria y plurinacional” que deberá “fiscalizar las medidas adoptadas bajo el estado de excepción”, y, en particular, “la observancia de los derechos humanos”.

Estado plurinacional

Por último, la Convención Constitucional aprobó un artículo que define al país como un "Estado Plurinacional e Intercultural" y, de esta forma, pasa a reconocer "la coexistencia de diversas naciones y pueblos en el marco de la unidad del Estado".

En total, el borrador reconoce como pueblos y naciones indígenas preexistentes a “los Mapuche, Aymara, Rapa Nui, Lickanantay, Quechua, Colla, Diaguita, Chango, Kawashkar, Yaghan y Selk'nam” dejando margen para otros que puedan “ser reconocidos en la forma que establezca la ley”.

Además, establece que “el Estado debe garantizarla efectiva participación de los pueblos indígenas en el ejercicio y distribución del poder, incorporando su representación en la estructura del Estado”.

Medio Ambiente

En su primer artículo, el capítulo sobre Medio Ambiente reconoce la “crisis climática y ecológica” mundial y responsabiliza al Estado de adoptar “acciones de prevención, adaptación, y mitigación de los riesgos”, en relación con el cambio climático.

Con más de 6.435 km de Costa, la nueva constitución establece que “Chile es un país oceánico”, declara como bienes “inapropiables” el agua, el mar territorial, las playas y el aire. Responsabiliza al Estado de su protección y de administrar el agua de forma democrática, garantizando el acceso, el saneamiento y el equilibrio de los ecosistemas. Para esto, establece la creación de la estatal Agencia Nacional de Aguas.

Los movimientos animalistas, que promocionaron campañas para contemplar los derechos de los animales en la constitución, lograron incluir un articulado que califica a estos como “sujetos de especial protección. El Estado los protegerá, reconociendo su sintiencia y el derecho a vivir una vida libre de maltrato”.

Por último, en relación con la actividad minera, “el Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas y las sustancias minerales (...) sin perjuicio de la propiedad sobre los terrenos en que estuvieren situadas”.

“La exploración, explotación y aprovechamiento de estas sustancias se sujetará a una regulación”, aunque el texto no prohíbe las concesiones a empresas privadas, dejando afuera las iniciativas que pedían la nacionalización de la minería. Además, quedarán excluidos de toda actividad minera los glaciares y las áreas protegidas.

Autonomías regionales

Los artículos sobre Forma de Estado están vinculados al la territorialización de estado y la autonomía regional.

La nueva Carta Magna propone que Chile sea un Estado Regional, Plurinacional e Intercultural "conformado por entidades territoriales autónomas”, política, administrativa y financieramente. Este artículo tiene como objetivo dejar atrás la actual forma jurídica chilena de un “Estado Unitario”.

De esta manera, el Estado estará organizado territorialmente en regiones autónomas que dispondrán de personalidad jurídica y patrimonio propio. Además, contarán con las competencias para gobernarse “en atención al interés general de la República, de acuerdo a la Constitución y la ley, teniendo como límites los derechos humanos y de la Naturaleza”.

Estas entidades tendrán “autonomía para el desarrollo de los intereses regionales, la gestión de sus recursos económicos y el ejercicio de las atribuciones legislativa, reglamentaria, ejecutiva y fiscalizadora”.

La elección de representantes a los cargos de las entidades territoriales será por votación popular, asegurando, entre otros requisitos, la paridad de género, y la representatividad territorial.

Los artículos más discutidos

Uno de los artículos que estuvieron más debatidos es el del “Maritorio” (darle al mar el mismo estatus que al terrritorio), que finalmente establece las garantías para la preservación, conservación y restauración ecológica de los espacios y ecosistemas marinos y marino costeros.

La normativa acerca de forma del estado también hace referencia a los tributos y la descentralización fiscal. “La Ley de Presupuestos de la Nación deberá propender a que, progresivamente, una parte significativa del gasto público sea ejecutado a través de los gobiernos subnacionales, en función de las responsabilidades propias que debe asumir cada nivel de gobierno”, dice el texto.

El documento con la propuesta constitucional incluye “mecanismos de modernización” de los procesos y organización del Estado. En su articulado establece que se tomarán las medidas necesarias para prevenir la violencia y superar las desigualdades que afrontan mujeres y niñas rurales. Además, reconoce la ruralidad como una expresión territorial.

18 de mayo de 2022

*De la Agencia Regional de Noticias, especial para Página/12.

Publicado enInternacional
Viernes, 13 Mayo 2022 06:20

Desde dentro y en contra

John Holloway / Wikimedia Commons

Con John Holloway, a 20 años de Cambiar el mundo sin tomar el poder

 

En esta entrevista, a dos décadas de la publicación de su libro más célebre, el intelectual irlandés habla sobre la realidad latinoamericana y la resistencia a la explotación.

 

John Holloway vive y enseña en Puebla, México, desde hace unos 30 años. Es profesor en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, donde da un curso sobre El capital, de Karl Marx, y otros que mezclan teoría crítica, crisis del capital y las posibilidades actuales de desplazarlo. Dice que identificar es una forma de dominar, pero, en vistas de su carrera de más de cuatro décadas, no queda otra que asociar a Holloway al marxismo autonomista, contrario a la tradición leninista, centrada en la clase obrera y la toma del Estado. Brecha se juntó con Holloway en el Jardín Etnobotánico de Cholula y conversó con él con la excusa de los 20 años de la publicación de su libro más conocido: Cambiar el mundo sin tomar el poder.

—Hace 20 años, en 2002, se publicó Cambiar el mundo sin tomar el poder, un libro en el que dice que el Estado es una forma de administrar y reproducir la lógica del capital, por lo que no tiene mucho sentido apelar al poder estatal como instrumento para la transformación social. El libro tuvo muchísimo éxito. Inspiró a organizaciones militantes en varios países latinoamericanos y motivó discusiones sobre la posibilidad de organizar proyectos emancipatorios autónomos, en medio de un ciclo de luchas sociales e impugnaciones contra las políticas neoliberales. ¿Cómo surgió el libro y cómo recuerda aquel contexto?

—Creo que las primeras intuiciones de Cambiar el mundo… aparecieron en la década del 70, en el ámbito de un debate teórico-político acerca del Estado como una forma social derivada de la dinámica del capital, es decir, viendo al Estado como una coagulación de las relaciones sociales capitalistas. De ahí, me parecía obvio que no podíamos pensar en una revolución a través del Estado. Luego, en el 91 llegué a México y en el 94 fue el levantamiento zapatista, que fue… maravilloso. Ese acontecimiento se conectó con lo que venía pensando en los años anteriores, acerca de encontrar formas de emancipación que no estuvieran canalizadas (y neutralizadas) por la lógica del Estado. Supongo que eso me dio más impulso para escribir el libro. Su publicación vino apenas después de la crisis de 2001 en Argentina, del «Que se vayan todos». La coincidencia del argumento central del libro con las explosiones de rabia social hizo que tuviera una repercusión que no esperaba. Pensaba que a nadie le iba a importar.

—Las primeras frases del libro se hicieron famosas: «En el principio es el grito. Nosotros gritamos». ¿Qué es ese grito? ¿Cree que es básicamente el mismo hoy que hace 20 años?

—El grito es un grito de rechazo. Es: «No queremos», «No lo aceptamos», «No lo vamos a permitir». La idea del grito tiene un origen medio tonto, pero es como se me ocurrió. En los setenta estaba en una manifestación en Frankfurt y vi una pancarta que tenía escrito algo así: «!!#?*/!!», un conjunto de signos que expresaban rechazo, pero que no sabían bien cómo exteriorizarse; un grito de ahogo, de furia ahogada. Creo que el grito de hoy es de desesperación, de ansiedad profunda. No es solamente: «Nos están explotando», no es solamente rabia contra la desigualdad, sino que es un grito más consciente del peligro de la extinción o de la catástrofe. Si vemos lo que está pasando en el mundo con la pandemia, la guerra, la amenaza de una guerra nuclear, el calentamiento global… Creo que es un grito mucho más consciente de la posibilidad de una catástrofe.

—El subtítulo del libro es «El significado de la revolución hoy». ¿Y hoy? ¿Cuál es?

Cambiar el mundo… termina diciendo que no sabemos. Hoy tampoco lo sabemos. Si vemos el capitalismo, está claro que lo tenemos que romper, que la revolución es más urgente que nunca, mucho más urgente que en 1917, por ejemplo. Lo que hoy se nos aparece como una consecuencia posible de la dinámica capitalista es mucho peor que hace 100 años, porque tiene que ver con la destrucción de las condiciones que hacen posible la vida en el planeta. La revolución es romper la dinámica social actual, que es la dinámica del dinero y del capital. ¿Cómo hacerlo? Bueno, pienso que lo primero es el grito, pero el grito que abre grietas. En Agrietar el capitalismo, el libro que escribí luego de Cambiar el mundo…, propuse la idea de las grietas como una posible respuesta en términos de reconocimiento, creación, expansión, multiplicación y coexistencia de espacios y momentos en los que decimos: «No, no vamos a aceptar, vamos a explorar otras formas de vida».

—Solemos pensar el capital como una fuerza más o menos abstracta que nos domina, nos explota, organiza nuestra vida en función del trabajo, el dinero, el consumo de mercancías, etcétera, y que, en todo caso, tiene constantes crisis de reproducción, que intenta superar intensificando la explotación y la extracción de valor. Sin embargo, usted insiste en que detrás de estas crisis estamos nosotros, que nosotros somos la crisis del capital. ¿Qué quiere decir con esto?

—El capital es un ataque, una agresión, una forma de dominación que tiene la característica de no poder reproducirse hoy como ayer. El capital como forma de dominación tiene una dinámica inherente, una dinámica expresada en la ley del valor. La reproducción del capital depende de su capacidad de explotarnos, y de explotarnos más y más. Si no lo puede hacer, entra en crisis. Por eso, somos nosotros los que estamos ahí como obstáculo, porque no queremos, no dejamos que el capital siga explotándonos. Tenemos que pensar en nosotros como obstáculos del capital. Si vemos el capital como una agresión constante, sus problemas para reproducirse indican la fuerza de nuestra resistencia, que puede ser una resistencia consciente, militante, o simplemente una resistencia de «Hoy me quedo en casa a jugar con los niños». Para mí, lo más importante es que estos gritos no van contra una dominación estable y omnipotente, sino contra una dominación que está constantemente en crisis, porque nosotros podemos ponerla en crisis.

—Obviamente, su postura es muy lejana a la de los progresismos, cuya estrategia está centrada en acceder al poder del Estado y, desde allí, combinar la reproducción del capital en sus territorios con ciertas políticas de redistribución y reconocimiento de derechos y una mejora en el nivel de vida de los sectores populares. Es evidente que esta estrategia de equilibrismo ya no funciona como antes. Sin embargo, no parece haber algo con la fuerza suficiente para desbordarla. Todo está medio trancado. Los progresismos siguen ahí, ya sin entusiasmar mucho a nadie, pero manteniéndose como alternativas de gobierno realistas. ¿Qué balance hace de la época progresista y cómo ve esta especie de punto muerto?

—Me parece que lo de 2001 en Argentina es un buen ejemplo para entender esto. El «Que se vayan todos» no logró mantener su energía y fue canalizado dentro del progresismo kirchnerista. Y el kirchnerismo fue una forma de reconciliación entre el descontento social manifiesto y la reproducción del Estado. Está claro que el progresismo no es la respuesta que buscamos, porque termina reproduciendo la misma dinámica de destrucción. Por ejemplo, los gobiernos progresistas en América Latina han sido, en general, bastante favorables al extractivismo. Por la razón que tú dices: porque el Estado necesita garantizar (y atraer) la reproducción del capital dentro de su territorio. ¿Cómo romper con eso? Bueno, obviamente ese es el dilema en el que estamos desde hace mucho tiempo. Primero, la idea de las grietas: ir construyendo espacios y momentos de autonomía, en los que decimos no a la lógica del capital y del Estado, porque el Estado solamente puede reproducir el capital. Segundo, me parece evidente que en los próximos años se van a intensificar los conflictos sociales, probablemente en todo el mundo. Vamos a ver una intensificación de la crisis del capital, una intensificación de la rabia social. Es probable que veamos más explosiones como la de Chile hace unos años, la de Colombia el año pasado, la de Sri Lanka hace unas semanas. Me parece que tenemos que pensar en cómo nos estamos relacionando con estas explosiones. Lo que vemos es que a veces son movilizaciones fascistas. A veces, en cambio, tienen potencias emancipatorias, como las de Chile y Colombia. No estamos viviendo en un mundo estable. El problema va a ser cómo nos relacionamos con estas explosiones. Lo mismo sucede con el calentamiento global, que es una característica inseparable de la destrucción capitalista.

—Hace unos años que nos pasamos hablando de la derecha. Vemos cómo se ha ido formando una avanzada de movimientos reaccionarios con bases sociales que crecen, capaces de canalizar malestares y ganar elecciones. Hablan de anticomunismo, supremacía racial, necesidad de recuperar los valores de Occidente, odio a los feminismos y las disidencias sexuales, etcétera. Frente a esto, al menos en América Latina, los progresismos se presentan como una especie de cordón sanitario, que puede contener a esta derecha radicalizada. Por un lado, parece obvio que nada bueno puede salir de esta disputa. Por otro, tampoco se puede hacer de cuenta que no existe, porque lo cierto es que este marco binario termina bloqueando la imaginación política y absorbiendo las energías militantes.

—Estoy de acuerdo con lo que dices. Es difícil ver que salga algo bueno de ahí. Espero que [en las elecciones brasileñas de este año] gane Lula. Y qué bueno que ganó [Gabriel] Boric en Chile. Y espero que gane la izquierda en Colombia también. Pero los gobiernos progresistas siempre terminan en una desilusión, porque no pueden cumplir sus promesas, porque el poder no está en el Estado, sino en la organización social capitalista. Y mientras eso no se cuestione, lo que puede hacer un gobierno progresista está bastante restringido. Entonces sí: esa oscilación entre progresismos y derechas radicales no ofrece una salida. Es más: cierta dinámica en el progresismo favorece a la derecha, simplemente por la fuerza de la desilusión. Para mí, lo importante es pensar en la derecha, pero no únicamente desde la indignación y el desagrado. El desafío es pensar en esta derecha tan repugnante en términos de lo que tenemos en común. Lo que tenemos en común es la rabia contra el sistema. En lugar de decir simplemente: «Esos son fascistas», tenemos que arriesgarnos a tocar su enojo, su rabia social, y entender que esa rabia puede tomar otras direcciones. La cosa es cómo entender ese enojo social y por qué está tomando esa forma, para así intentar que tome otras.

—Usted siempre habla de la importancia de pensar desde las luchas, desde la fuerza que nos da saber que reproducimos el capital y podemos dejar de hacerlo. Sin embargo, el otro día lo escuché decir en una clase algo que me llamó la atención: que teníamos que pensar más en cómo debilitar al enemigo. ¿Qué quiso decir?

—Creo que en los años noventa se dio un giro en las discusiones marxistas y en la teoría social radical en general, y se empezó a pensar en las luchas que vienen desde abajo, desde nosotros. El peligro con eso es que simplemente vamos olvidando cómo se mueve el otro lado. Eso se ve en la teoría autonomista, en la idea del éxodo, la idea de la fuga, la idea de crear alternativas y olvidarnos del capital. Veo eso como el sueño del prisionero que imagina que ya está fuera de la cárcel. Mi opinión es que no tenemos que pensar en términos de alternativas, sino en términos de antagonismos: antagonismo entre nuestras capacidades y deseos, y el capital. Tenemos que pensar desde donde estamos, pero entendiendo nuestra situación como un antagonismo, no como una alternativa. En un libro que espero se publique pronto, llamado Esperanza en tiempos de desesperanza, retomo esta idea. Para decirlo más claro: tenemos que ser conscientes de este contexto antagónico en el que estamos metidos, no solo porque nuestras luchas siempre se enmarcan allí, sino porque tenemos que entender si nuestras luchas se están produciendo dentro del capital mismo, como su crisis y su enfermedad. Es decir, no se trata tanto de escapar del capitalismo –lo que no es realmente posible– o de crear alternativas, sino de asumir nuestra posición antagónica y luchar desde allí, desde dentro y en contra.

—Algo muy característico de su escritura es que está llena de emociones e imágenes afectivas. Hay dolor, bronca, deseo, esperanza. Da la sensación de que está pensando constantemente en la emocionalidad de quien lee, como queriendo que después de leer se vaya con más conciencia de su fuerza. Al hablar con amigos de aquí, muchos me dijeron que cuando terminaron de leer Cambiar el mundo… querían tirar el libro contra la pared y salir a gritar junto con los demás. La teoría suele presentarse como un campo despejado de las emociones que nublan la razón. Usted, en cambio, les da un lugar central en su desarrollo teórico.

—Sí, creo que no puedo partir de otro lugar que no sea la esperanza. Para mí, la esperanza es básica, porque simplemente me niego a aceptar que no hay salida. Creo que la hay. Es cierto que hay pocas posibilidades. Si miro a mi alrededor hoy, creo que nos encaminamos hacia la extinción. No sé… ¿cuánto hay?, ¿un uno por ciento de posibilidades de que esto salga bien? Bueno, apostemos por ese uno por ciento. Por eso me gusta tanto aquel mensaje de los zapatistas del que hablamos siempre. En octubre de 2020, en el comunicado en que anunciaban su cruce transatlántico hacia Europa, luego de describir la catástrofe que es el capitalismo, los zapatistas escribieron: «Y por eso hemos decidido que es tiempo de que bailen nuestros corazones y de que no sean ni su música ni sus pasos los del lamento y la resignación». No puedo pensar de una manera distinta a esa.

Por Ignacio de Bonidesde Puebla 
13 mayo, 2022

Publicado enSociedad
El Gobierno de Pedro Castillo decreta estado de emergencia para reprimir a los comuneros de las Bambas

La medida durará 30 días y afecta a los distritos de Challhuahuacho y Coyllurqui. El objetivo es acabar con la justa lucha de los comuneros que se oponen a los abusos de la minera Las Bambas.

Redacción LID Perú

Jueves 28 de abril

La Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) encabezada por Aníbal Torres y el presidente Pedro Castillo, oficializaron este miércoles 27 de abril la declaratoria de estado de emergencia en los distritos de Challhuahuacho y Coyllurqui, en la provincia de Cotabambas, departamento de Apurímac. Esta medida de excepción que durará 30 días, permite la intervención del ejército y la policía para facilitar la represión de los campesinos y comuneros que se encuentran en pie de lucha contra la Minera MMG Las Bambas.

Esta medida antidemocrática y reaccionaria del ejecutivo, que pone de manifiesto una vez más el carácter pro empresarial y servil del gobierno, fue oficializada mediante el Decreto Supremo 042-2022-PCM, que en su primer artículo decreta que “la Policía mantendrá el control del orden interno, con el apoyo de las Fuerzas Armadas”. De esta manera, y así como lo viene haciendo con los comuneros de Torata-Moquegua, Castillo apela a la abierta represión de las fuerzas represivas para contener las demandas populares y congraciarse con los intereses de los grandes empresarios mineros.

Como se recuerda, en la zona donde se declaró el estado de emergencia, se venía desarrollando un conflicto social entre los comuneros y el capital minero, el cual, con la complicidad del gobierno, se negaba a resarcir los daños ambientales y económicos provocados en las comunidades aledañas como consecuencia de la actividad extractiva que les reporta grandes ganancias a los empresarios. Es por esta razón que los comuneros de Fuerabamba, cansados de la inacción del gobierno, desde el 14 de abril tomaron los terrenos de la mina MMG Las Bambas.

Como bien lo han manifestado los dirigentes de los comuneros, esta toma de tierras es por compromisos incumplidos por la empresa minera Las Bambas desde el 2014, año en que la compañía compró los terrenos de la comunidad para sus operaciones extractivas. Los dirigentes de Fuerabamba sostienen que son más de 100 compromisos de la minera todavía sin concretarse. Debido a esta medida de lucha, la empresa minera se vio obligada a paralizar sus actividades desde el 20 abril.

Al cierre de esta nota, se tenía conocimiento que durante el día miércoles se dio una violenta intervención de las fuerzas represivas con la cual se buscaba desalojar a los comuneros de los predios de la empresa minera. Mientras tanto, se calcula que un poco más de 200 comuneros permanecen aún en la zona y otro contingente continúa sumándose.


Desalojan a campesinos de mina de cobre china en Perú

Ap y Arn

Lima. La policía desalojó ayer a cientos de campesinos quechuas de la más importante mina china de cobre en Perú, a la cual ingresaron hace 14 días en demanda de que la empresa cumpla la promesa de entregarles 180 hectáreas como contraprestación por la explotación de sus recursos naturales.

El campamento instalado en la mina paralizó la producción de cobre la semana pasada. Otro paro duró 13 días en diciembre pasado. La mina Las Bambas es controlada por la la estatal china Minmetals mediante su filial MMG Limited.

El desalojo con gas lacrimógeno representa un viraje al uso de la fuerza del gobierno del presidente, Pedro Castillo, que más temprano decretó el estado de emergencia, que limita la libertad de reunión y de protesta por 30 días en la zona. Hace una semana hizo lo mismo para frenar otro conflicto en importante mina de capitales mexicanos.

Más de mil agentes antimotines lanzaron bombas lacrimógenas, mientras los comuneros respondieron con piedras. Algunos medios locales transmitieron el desalojo y mostraron a dos mujeres tiradas en el piso, una de ellas con el ojo izquierdo lleno de sangre.

Los campesinos de Fuerabamba –cuyo territorio fue comprado por la mina– alegan que la empresa no ha cumplido con la entrega de la tierra prometida. La minera construyó una nueva ciudad en los Andes, adonde trasladó a los campesinos de la región, quienes realizaron la protesta.

Es el más reciente problema entre la población local y Las Bambas, que genera entre 1.5 y 2 por ciento de la producción mundial de cobre. La empresa acumula diversos conflictos con otras comunidades de lengua quechua descontentas con el polvo que generan cientos de camiones de la minera que transportan por una larga vía el cobre que sacan de las montañas de los Andes.

La zona donde ocurre el conflicto ocupa las regiones de Apurímac y Cusco, las cuales votaron de forma mayoritaria por Castillo para elegirlo presidente en 2021

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Aumenta la desaprobación del gobierno de Gabriel Boric a solo un mes de haber asumido

Una encuesta de Cadem le da al mandatario un 40% de aprobación, otra de Pulso Ciudadano un 27,8% de aprobación ¿Cuáles son las razones?

El triunfo en la elección presidencial de Gabriel Boric generó altas expectativas que, a medida que pasaron los días desde su asunción han generado una creciente insatisfacción por no cumplirse.

La encuesta publicada por Cadem reveló la perdida de apoyo a la gestión presidencial. En su “track semanal”, otorgó un 40% de apoyo y un 50% de desaprobación, un aumento de 9 puntos porcentuales en una semana, a la gestión del presidente chileno.

La encuesta muestra un alza de 30% en la desaprobación desde que asumió Boric como jefe de Estado. La encuestadora también reveló que los segmentos donde se registra la desaprobación más alta recaen en las personas entre 35 y 54 años (61%), de sectores medios (56%) y bajos (54%), que se identifican con la derecha (80%) e independientes (59%) y que votaron por José Antonio Kast (86%) o no votaron (58%).

Otro sondeo, de la encuestadora Pulso Ciudadano, indica que la aprobación al nuevo mandatario llega a un 27,8%, mientras que su desaprobación ascendió al 51%, un número similar a la de Cadem.

Un “despegue con turbulencias” había definido el presidente al primer mes de su mandato que estuvo cruzado por cuestionamientos y el debilitamiento de su ministra del Interior, Izkia Siches, luego de que anunció una millonaria inversión en más represión en el Wallmapu, sur de Chile, y la creación de un nuevo sistema de inteligencia del Estado. Esto sumó debilidad al nuevo gobierno autodenominado “anti neoliberal” que comenzó a vivir las disputas internas entre las “dos coaliciones” sobre las que el Gobierno busca lograr estabilidad. Más de fondo la dificultad que encuentra Boric es la inexistencia, aún, de bases sólidas para lograr una “transición” política pacífica e institucional que termine por dejar atrás los efectos de la revuelta del 2019.

Las disputas entre las "dos coaliciones" que Boric busca integrar en su gobierno no son más que la expresión de intentar unir a los sectores que confirman la plataforma Apruebo Dignidad que lo llevó a la presidencia, compuesta principalmente por el Frente Amplio y el Partido Comunista (PC), y la inclusión de sectores de la ex-Concertación (coalición que por ejemplo llevó a la presidencia a Michel Bachellet) sobre todo al Partido Socialista (PS).

Ese intento de integración se selló con el anuncio de gabinete, que cuenta con ministros de Apruebo Dignidad y del PS en la primera línea, y de otros partidos de la ex Concertación –como el Partido por la Democracia (PPD)- en las segundas y terceras líneas.

Así el nuevo gobierno quedó tensionado entre el reformismo PC y del progresismo neoliberal PS (parte fundamental en mantener el modelo neoliberal cuestionado por la rebelión de finales del 2019), como expresión de fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales que cruzan el Chile pos revuelta.

Estas tensiones internas cobran más peso cuando la inflación en Chile, que llega a un 9,4% anual, los efectos de la pandemia y el golpe a la economía global por la invasión rusa a Ucrania, generan turbulencias en la situación económica de millones de chilenos, muchos de los que votaron a Boric con la expectativa de un cambio más profundo.

Ante está situación, el gobierno que en campaña prometía el “Fin de las AFP” (sistema de pensiones privado), se encaminó en una moderación hacia la "derecha" y hoy puja para que su propia coalición no apruebe, en el Congreso, la posibilidad de que las personas hagan un quinto retiro adelantado de sus fondos. El cambio de postura ha sido desconcertante para muchas personas, sumado al rechazo popular que generó el salvataje que el gobierno terminó haciendo a las AFP.

Cómo afirma Pablo Torres en un articulo publicado en este diario "Las presiones en el régimen, en los medios y en el empresariado, buscan correr el cerco de la situación y del gobierno hacia la derecha. Los pedidos de renuncia a Siches, los cuestionamientos para fortalecer el orden público y las policías, la criminalización de la protesta, la instalación del discurso delincuencia, terrorismo en el sur. Los golpes a la Convención Constitucional por parte de todos los grandes personajes del régimen como Ricardo Lagos. Las amenazas –por parte de Hacienda, de banqueros, medios y empresas- de una inflación desatada de aprobarse un nuevo retiro de pensiones, el discurso de “austeridad” y de ajustarse los cinturones. Todo ese movimiento en las alturas se dirige hacia la derecha: a moderar las reformas y hacerlas con gradualidad, para no joder a las grandes empresas.".

La perdida de apoyo que vive la gestión de Gabrial Boric es expresión de los límites del proyecto “progresista anti neoliberal” que buscó representar y que por ahora, es más neoliberal progresista que otra cosa, decidido a no hacer cambios profundos que generen el descontento de los empresarios y otros sectores de poder.

Sumado a las condiciones económicas desfavorables (no hay súper ciclo del cobre que garantice muchos dólares, tampoco hay viento de cola favorable, más bien la inversión retrocede), el aumento de la inflación histórica en 30 años, en Chile, y en el mundo, son las "turbulencias" a las que se refirió Boric. Pero el actual presidente responde con las viejas recetas neoliberales, buscando “enfriar” la economía a costa de bajar el consumo de masas y evitar tocar las ganancias de los empresarios.

Mientras cada símbolo de Boric busca dialogar con el pueblo con “su” izquierda, cada gesto real, cada hecho, del gobierno lleva a la agenda hacia la derecha, sin responder a las expectativas de millones que lo apoyaron.

Por Diego Sacchi@sac_diego

Lunes 18 de abril

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Viernes, 15 Abril 2022 07:50

Pandemials

Vladimir Putin y Josep Borrell

No sé si hubo una generación de millennials. No hay ningún acontecimiento en particular que la distinga, como lo fue para el caso de las generaciones de la Segunda Guerra Mundial y de 1968, o bien el punk temprano que respondió a la gran restauración emprendida por Margaret Thatcher en Inglaterra hacia fines de los años 70. Tampoco la define un particular estilo de vida. Es tan amplio el periodo que abarca su extensión (los nacidos entre 1980 y 1995, según A. Gutiérrez-Rubí), que en él aparecen muchas y muy distintas formas de inventar y producir el orden cotidiano. Hoy el término "generación" se presta a los más diversos usos y abusos. La formulación que sugiere Pierre Nora le da, al menos, un sentido: "Un acontecimiento público, intelectual o estético que marca las formas de vida de una franja de la sociedad". Sin embargo, el término millennials alude, sin duda, a una cuantiosa demografía. Es el momento en que la condición cyber se apodera de las vidas y la existencia de millones de jóvenes en el planeta. Muchos quedarán perdidos en la red. Otros, extraviados en el ciberabismo. Hubo también quienes supieron resistir o rebelarse. Son los habitantes de la jaula 5.0 y les tocó vivir un mundo distópico y una era del escepticismo.

No sé tampoco si la pandemia, con sus radicales consecuencias sobre los tejidos más íntimos de la vida cotidiana, con sus nuevas formas políticas y el actual espíritu de guerra que le siguió de inmediato, habrán de configurar una generación. En su caso, serían los pandemials, nacidos entre 2000 y 2005 aproximadamente. El libro más reciente de Bifo (Franco Berardi), El tercer inconsciente: la sicoesfera en la época viral, adelanta algunas reflexiones al respecto.

La pandemia, es decir, el encierro prolongado, la interdicción del tacto y el contacto, el enclaustramiento en el laberinto familiar, habrían producido un doble efecto: de un lado, un repliegue libidinal, una suerte de sicodeflación, y, al mismo tiempo, una gran dimisión frente a los "valores" del flujo de los mercados. El repliegue se expresa en una dispersión del deseo de los objetos, de las expectativas y de los seres en los que estaba centrado anteriormente. Y encuentra sus pliegues de múltiples maneras: abatimiento, depresión y autorreclusión. Y la dimisión se orienta hacia una ralentización de los propósitos, hacia la indiferencia frente a las vidas de consumo, hacia un enfriamiento ante la condición cyber. Todo ello como un antídoto frente al darwinismo social del "éxito" y el "reconocimento" en fast tracks.

Antes que nada, en el confinamiento familiar, en muchos casos transcurre un duelo inconmensurable. No sólo por la pérdida de los seres queridos, de empresas, empleos y trabajos, por las expectativas coartadas y las carreras truncadas, sino por la reiteración virtual de la pérdida. Muchas de las muertes sucedieron antes de que se cerraran las páginas de Facebook o Instagram. Y ahí siguen apareciendo como presencias fantasmales. Un tipo de melancolía que Freud ni siquiera pudo imaginar. Una doble melancolía: hacia el pasado (que reaparece sin estar) y hacia el futuro (que está sin aparecer). Pero a la vez trajo consigo la búsqueda de lazos más profundos, más entreverados a los cuerpos mismos, más anclados en la perduración. Acaso una reinvención no del otro, sino de la necesidad del otro. Sería interesante realizar una estadística sobre el retorno de la pareja como modus existendi.

Nada más anticlimático –y carente de stimmung– que una clase virtual en una escuela básica o, incluso, a nivel universitario. Y, sin embargo, el retorno a la "educación presencial" dista mucho de ser masivo. Se instauró una gigantesca duda –incluso una retirada– con respecto al llamado a la socialización, a lo gregario, al agrupamiento, a mantener la trama de la vida con los otros, junto a los otros. Los jóvenes fueron los más castigados, los más perseguidos, los más culpabilizados durante la pandemia. Cualquier intento de quebrar el cerco del encierro, una salida por cerveza, ir a ver a los amigos, era tildado de máximo peligro, de amenaza para la familia. Serán entonces las autoridades, los "expertos", los controladores del status cyber, los que dicten por lo pronto las reglas.

Por otro lado, surgió un recelo frente a lo que los millennials convirtieron en una suerte de idolatría del signo de la representación y, sobre todo, de su autorrepresentación. Al parecer, los pandemials se orientan más bien hacia la experiencia del hacedor, hacia la pregunta por el qué-hacer a partir del que-hacer mismo. Tal vez un retorno a las máximas de la vocación. Es su refugio más vital.

En la esfera pública, lo que siguió a la pandemia fueron los vientos de guerra. En 1914, el ocaso del liberalismo del siglo XIX desembocó en una época de guerras y revoluciones. Como su nombre indica, el neoliberalismo responde a una restauración, algo que se habría perdido ya desde los años 30. ¿En el fin de esa restauración se encuentra también el callejón de la guerra? Prácticamente, entre Borrell que suena los tambores de las armas desde la Unión Europea, y Putin desde Moscú, las diferencias son nimias. Lo que falta es una voz acaso como la de Rosa Luxemburgo. Por lo pronto, los pandemials votaron por Melanchon en Francia, que exige la salida de la OTAN y un camino subversivo hacia la paz.

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Constituyentes chilenos festejan la aprobación de artículos del borrador de la nueva Constitución.. Imagen: Télam

"Chile se constituye como una República solidaria, su democracia es paritaria y reconoce como valores intrínsecos e irrenunciables la dignidad, la libertad, la igualdad sustantiva de los seres humanos", destaca el artículo aprobado por los constituyentes.

El pleno de la Convención Constituyente de Chile aprobó un artículo del borrador de la nueva Carta Magna que define al país como un "Estado social y democrático de derecho", en reemplazo del "Estado subsidiario" instaurado en la dictadura de Augusto Pinochet, aún vigente, que transfiere la provisión de servicios y derechos fundamentales al sector privado. Los convencionales también aprobaron un artículo que define al país como un "Estado laico" que respetará "la libertad de religión y de creencias espirituales", aunque sin ninguna afiliación religiosa. La Convención Constituyente fue concebida como la salida institucional con la que Chile encauzó las masivas protestas que estallaron el 18 de octubre de 2019 en las que señalaban a la actual Carta Magna como el origen de la desigualdad en el país.

Estado social

"Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural y ecológico", señala el texto aprobado con 114 votos a favor, 26 en contra y 10 abstenciones, estos últimos votos de la mayoría de Chile Vamos, la coalición del expresidente Sebastián Piñera, y del Partido Republicano. El artículo aprobado agrega que Chile "se constituye como una República solidaria, su democracia es paritaria y reconoce como valores intrínsecos e irrenunciables la dignidad, la libertad, la igualdad sustantiva de los seres humanos y su relación indisoluble con la naturaleza".

Este punto, cuya redacción sufrió varias idas y vueltas entre los convencionales, modifica el espíritu de la Constitución impuesta durante la Dictadura (1973-1990), que le da al Estado un rol subsidiario, es decir, lo consagra como un órgano al que no le corresponde absorber aquellas actividades "que son desarrolladas adecuadamente por los particulares". Esta definición, núcleo del modelo chileno que fue ampliamente rechazado en el estallido social de 2019, en la práctica jibariza al Estado al extremo de transferirle la provisión de servicios y derechos fundamentales al sector privado.

"El Estado social democrático de derechos es la llave que va a clausurar el modelo subsidiario, que en 40 años no entregó mejor salud, no entregó mejor pensión, no entregó mejor educación", afirmó el constituyente izquierdista Jorge Baradit. En la misma línea, la convencional independiente Lisette Vergara agregó que "con esto se deja de manifiesto que Chile nunca quiso un Estado subsidiario" sino "la protección de las garantías y derechos sociales que son y que encarnan las demandas populares".

Estado Plurilingüe

Los convencionales también aprobaron el artículo 12 de la segunda propuesta de la Comisión de Principios constitucionales sobre plurilingüismo, con 105 votos a favor, 31 en contra y 11 abstenciones, por lo que también integra ya el borrador de la nueva Constitución. La norma señala que "Chile es un Estado plurilingüe, su idioma oficial es el castellano y los idiomas de los pueblos indígenas serán oficiales en sus territorios y en zonas de alta densidad poblacional de cada pueblo indígena" y advierte que "el Estado promueve el conocimiento, revitalización, valoración y respeto de las lenguas indígenas de todos los pueblos del Estado Plurinacional".

Los convencionales también aprobaron el artículo 6 del mismo informe, que consagra la igualdad sustantiva de género. "La Constitución asegura la igualdad sustantiva de género, obligándose a garantizar el mismo trato y condiciones para las mujeres, niñas y diversidades y disidencias sexogenéricas ante todos los órganos estatales y espacios de organización de la sociedad civil", señala el texto. En otros artículos se recoge que Chile será un país "laico, donde se respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales", "conformado por diversas nacionalidades" y con una "democracia inclusiva y paritaria".

Si bien Chile ha separado la iglesia del Estado desde su Constitución de 1925, lo cierto es que el vínculo ha permanecido y la discusión respecto a la efectiva laicidad del país sudamericano lleva décadas arriba de la mesa. La relación entre Estado e iglesia en Chile es tal que incluso el Parlamento inicia sus sesiones "en nombre de Dios y de la Patria" desde 2012, debido a que antes era únicamente "en nombre de Dios".

Plebiscito de salida

En el llamado "plebiscito de salida" los chilenos deberán votar el próximo cuatro de septiembre si ratifican o no la propuesta de una nueva Constitución. El voto, para esta ocasión, será obligatorio, participarán mayores de 18 de años y contemplará dos opciones: Apruebo o Rechazo. Para las personas que no residen en Chile, en tanto, el sufragio será voluntario. De ser rechazada, se mantendrá la actual Constitución de Pinochet.

En un histórico plebiscito en octubre de 2020, casi un 80 por ciento de los chilenos se mostró a favor de cambiar la Constitución y en mayo del año siguiente se eligió en las urnas a los 155 miembros del órgano, de tendencia progresista y con un gran número de ciudadanos independientes. Aunque la asamblea constituyente fue perdiendo adherentes con el paso de los meses por los roces internos y varios escándalos que salpicaron a una lista de convenciolanes ligados a las protestas sociales de 2019, sigue siendo una de las instituciones mejor valoradas por la población, con un 44 por ciento de aprobación de acuerdo a la encuestadora Cadem.

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Por qué las tres Internacionales no pudieron ponerse de acuerdo hace un siglo

El 2 de abril de 1922, reformistas y revolucionarios de tres internacionales rivales se reunieron en Berlín para acordar un programa común. Terminó en un fracaso y fue la última vez en décadas que comunistas y socialdemócratas se encontrarían formalmente como camaradas.

Durante la mayor parte del siglo XX, el movimiento obrero estuvo dividido en dos campos distintos. Aunque tanto la socialdemocracia como el comunismo tienen sus orígenes en la Asociación Internacional de Trabajadores, fundada en Londres en 1864 por Karl Marx y otros radicales, en la década de 1920, las dos corrientes se habían convertido en organizaciones y visiones del mundo rivales. Después de la Segunda Guerra Mundial, representaron lados opuestos en la Guerra Fría. Para la década de 1990, el comunismo como movimiento de masas prácticamente había desaparecido, mientras que la socialdemocracia, aunque todavía era una fuerza política importante, había dejado de ser un movimiento de la clase trabajadora hacía mucho tiempo.

Un final tan anticlimático era impensable para los socialistas hace cien años. Ya fueran socialdemócratas reformistas como Tom Shaw del Partido Laborista de Gran Bretaña, marxistas revolucionarios como el bolchevique Karl Radek o aquellos en algún punto intermedio como el socialista austriaco Friedrich Adler, el socialismo era el único horizonte concebible para el futuro de la humanidad. El movimiento había pasado de ser meros círculos conspirativos a partidos con millones de simpatizantes en el lapso de dos generaciones. La reciente guerra mundial, que le costó a Europa 40 millones de vidas y una destrucción incalculable, aumentó las contradicciones en todo el continente y llevó a los socialistas al poder en varios países: en Rusia a través de una revolución violenta, en Alemania y Austria a través de las urnas.

Sin embargo, la guerra también había llevado la tensión entre reformistas y revolucionarios a un punto crítico. Lo que una vez había sido un solo movimiento ahora se dividió en varios campos enfrentados cuya desunión debilitó a ambos lados y los hizo vulnerables a la cooptación por parte de sus enemigos. Fue en este contexto que, el 2 de abril de 1922, tres delegaciones se reunieron en Berlín en el Reichstag, sede del parlamento alemán. Como lo expresó el socialista austríaco Otto Bauer, el objetivo era “reunir los tres ejércitos en los que lamentablemente se ha dividido el proletariado, para que puedan marchar juntos una vez más contra el enemigo común y, unidos, derrotarlo”.

Este intento infructuoso sería el último de su tipo: socialdemócratas, socialistas y comunistas nunca más se encontrarían cara a cara con el objetivo de desarrollar una estrategia común. Los abismos engendrados por la desconfianza mutua y las presiones de la construcción del Estado en ambos lados resultaron demasiado grandes para ser superados con resoluciones bien intencionadas.

Las tres internacionales

Ya fueran comunistas o socialdemócratas, para muchos de los delegados que se dirigieron a Berlín a principios de abril de 1922, debieron sentir como una especie de regreso al hogar político. Una década antes, la mayoría de ellos habían sido miembros de partidos socialistas aliados, unidos bajo la bandera de la poderosa Segunda Internacional, dirigido por Emile Vandervelde del Partido de los Trabajadores de Bélgica. Hablando el primer día de la conferencia, el propio Vandervelde comentó: “Un espectáculo como este no deja de tener cierta grandeza, ver hoy en esta asamblea, ya sea como periodistas o delegados, a hombres como [Viktor] Chernov, [Fyodor] Dan, o [Julius] Martov, al lado de Radek o [Nikolai] Bujarin”. Para Radek, hablando en una reunión de la Internacional Comunista varios meses después, la breve reunión con sus antiguos camaradas había sido “realmente demasiado”.

La reunión tardó mucho en convocarse. Los lazos institucionales del socialismo internacional habían dejado de funcionar en gran medida después de que estallase la guerra en 1914, cuando la mayoría de los partidos en los estados rivales se pusieron del lado de sus propios gobiernos nacionales. Solo una pequeña minoría de socialistas contra la guerra, encabezada por figuras como Giacinto Serrati del Partido Socialista Italiano y Clara Zetkin de los socialdemócratas alemanes, continuaron defendiendo el internacionalismo socialista y se reunieron en Suiza en septiembre de 1915 para publicar el famoso Manifiesto de Zimmerwald contra la guerra. Estas conexiones se profundizaron en la segunda reunión celebrada en Kienthal en 1916 y una tercera en Estocolmo en septiembre de 1917, solo unas semanas antes de que la Revolución Rusa profundizara aún más la división en el socialismo internacional.

Después del armisticio del 11 de noviembre de 1918, los “reformistas”, como ahora se autodenominaban abiertamente, buscaron resucitar la internacional de antes de la guerra. Vandervelde, junto con el laborista Arthur Henderson y el diplomático francés Albert Thomas, invitaron a los partidos socialistas de Europa a unirse a ellos al margen de la Conferencia de Paz de París en enero de 1919. En última instancia, la reunión tuvo que trasladarse a Berna, Suiza, una vez que quedó claro que a los delegados de Alemania y Austria no se les permitiría entrar en Francia.

Refundar la vieja internacional resultó más fácil de decir que de hacer: los belgas se negaron, citando la presencia de los alemanes, sus enemigos en la reciente guerra. Los italianos y los rumanos no estaban dispuestos a unirse a los partidos a favor de la guerra, y los bolcheviques, ahora en el proceso de fundar su propia Tercera Internacional, se negaron a reunirse con ninguno de ellos. Sin embargo, aquellos que llegaron a Berna ese febrero fundaron oficialmente una Internacional Laborista y Socialista (LSI) como sucesora de la Segunda Internacional. Un mes después, los bolcheviques fundaron la Internacional Comunista, o Komintern, como su contraparte revolucionaria.

La Komintern buscó expresamente unir el ala revolucionaria del movimiento obrero internacional y purgarlo de elementos reformistas y vacilantes. A través de esta ruptura limpia, los comunistas rusos esperaban preparar a sus seguidores a nivel internacional para la batalla final en un momento en que, según afirmaban las veintiuna condiciones de afiliación de la Komintern, la lucha de clases estaba "entrando en la fase de guerra civil". Su victoria, a su vez, ayudaría a la lucha de la Rusia soviética para resistir una contrarrevolución con la ayuda y la complicidad de las principales potencias capitalistas.

Sin embargo, muchos socialistas rechazaron tanto el reformismo moderado como la línea maximalista de Moscú, ninguno de los cuales correspondía a sus propias experiencias. Después de una serie de reuniones en Berna y Viena, fundaron la Unión Internacional de Trabajadores de Partidos Socialistas (IWUSP), también conocida como la "Internacional Dos y Media" o la "Unión de Viena", en abril de 1921. Dirigida por Friedrich Adler -hijo del fundador del partido socialdemócrata austríaco y mejor conocido por haber asesinado al primer ministro austríaco en 1916-, el IWUSP unió fuerzas como los Socialdemócratas Independientes en Alemania (todavía un partido de 340.000 miembros, incluso después de que la mayoría se unieran a la Komintern), el Partido Laborista Independiente de Gran Bretaña y la mayoría de los partidos socialistas de los Balcanes.

La IWUSP no rechazó rotundamente un camino revolucionario hacia el socialismo, pero enfatizó la necesidad de flexibilidad estratégica de un país a otro: lo que había funcionado en Rusia no necesariamente funcionaría en Gran Bretaña o Italia. Sin embargo, entendían la escisión del movimiento obrero como un trágico revés que había que superar lo antes posible. “No era posible hablar de una Internacional”, explicó Adler en la reunión de Viena, “si, por un lado, como en la Segunda Internacional, la mayor parte del movimiento ruso está ausente, o si, por otro lado,  como en la Tercera Internacional, la mayoría de los trabajadores británicos no están representados”. Su internacional serviría de puente entre las dos alas hasta que fuera posible la reunificación.

El camino a Berlín

Las perspectivas de tal reunión parecieron mejorar a principios de la década de 1920. Una serie de levantamientos de inspiración bolchevique habían fracasado en AlemaniaHungría y otros lugares, y la posición internacional del movimiento comunista se estaba volviendo desesperada. Aunque los seguidores de Vladimir Lenin ganaron la guerra civil y mantuvieron el poder, el conflicto costó millones de vidas y provocó el colapso de la economía rusa.

En Europa occidental, los socialistas también estaban a la defensiva. La alianza inicial entre los socialdemócratas y la clase dominante en Alemania significó una violencia brutal contra la minoría revolucionaria del país, pero también implicó importantes concesiones al movimiento obrero. Sin embargo, en 1921, el equilibrio de fuerzas estaba cambiando: envalentonados por la derrota de la ola revolucionaria y el aislamiento de la Rusia soviética, los capitalistas pasaron a la ofensiva, buscando hacer retroceder las concesiones económicas y restringir las libertades democráticas otorgadas tras la guerra.

En este contexto, los partidos comunistas comenzaron a buscar con cautela cierto grado de acercamiento con otras fuerzas, comenzando con una carta abierta publicada por el Partido Comunista de Alemania en enero de 1921, llamando a la acción conjunta de todas las organizaciones socialistas en defensa del nivel de vida de los trabajadores. Aunque provocó la ira de muchos comunistas por su actitud aparentemente de compromiso con los reformistas, lo que Lenin llamó un "paso político modélico" fue respaldado por el Tercer Congreso Mundial del Komintern en junio de 1921 y codificado en una resolución adoptada por su Comité Ejecutivo en diciembre.

Con las tensiones entre la socialdemocracia y las clases dominantes europeas intensificándose y los comunistas pareciendo dar un paso atrás al borde del precipicio, la IWUSP vio su oportunidad de sentar a las internacionales rivales a la mesa. Los reformistas, por su parte, también estaban ansiosos por salir de su aislamiento de la posguerra, y el laborista Arthur se dirigió a Friedrich Adler en el verano de 1921 buscando reconciliar la Segunda Internacional y la "Dos y Media" sobre la base de los "principios democráticos compartidos", es decir, sin los comunistas.

Adler rechazó esta propuesta de plano; reunirse solo con los reformistas habría contradicho el propósito mismo de su internacional. En cambio, emitió su propio llamamiento a una reunión de las tres internacionales para planificar un "primer intento de conferencia general" coincidiendo con la próxima Conferencia de Génova, donde las grandes potencias planeaban resolver los problemas económicos y políticos pendientes resultantes de la guerra y normalizar las relaciones con Alemania y Rusia. La conferencia de los socialistas también se iba a celebrar en Génova; tenía la intención de presionar a los negociadores para aliviar a la clase obrera alemana de las cargas impuestas por el Tratado de Versalles y normalizar las relaciones con Rusia, un país que, aparte de todas las críticas, los socialistas europeos todavía sentían que merecía su apoyo en la arena internacional.

En aras de la unidad, Adler propuso que la reunión evitase debatir las diferencias de principios de las internacionales y, en cambio, se centrase en el estado de la economía europea y la actividad de la clase trabajadora. La Komintern, a pesar de su desprecio por los “socialchovinistas” de la Segunda Internacional, accedió a asistir sin condiciones previas. Los reformistas, por otro lado, solo estaban dispuestos a participar en la reunión si la agenda también incluía la “liberación de los presos políticos” (es decir, los mencheviques y los socialrevolucionarios que iban a ser juzgados en Moscú por el intento de asesinato de Lenin en 1918) y la situación de Georgia, cuyo gobierno independiente liderado por los mencheviques había sido derrocado por los bolcheviques locales respaldados por el Ejército Rojo a principios de 1921.

Cita en el Reichstag

Las tres partes acordaron enviar delegaciones de diez personas a la reunión, elegidas entre sus respectivos ejecutivos. Los reformistas estaban dirigidos por el laborista Tom Shaw junto con Vandervelde y Ramsay MacDonald, un socialista antibelicista y futuro renegado infame. La “Internacional Dos y Medio” estuvo representada por Adler, así como otras luminarias como el francés Jean Longuet (nieto de Karl Marx) y el alemán Arthur Crispien. La delegación de los comunistas no fue espectacular en comparación: de sus diez delegados, solo Zetkin, Radek y Bujarin gozaban de fama internacional. Junto a ellos habló Serrati por los socialistas italianos, a quienes el plan original de Adler encomendaba la celebración de la próxima cumbre de Génova.

Adler abrió la reunión reconociendo que “las actuales dificultades entre el proletariado hacen imposible una organización común”, pero insistió en que “la posición del proletariado mundial es tal que es imperativo, a pesar de todas las diferencias que puedan existir, hacer un intento de unir sus fuerzas para ciertos propósitos y acciones concretas”. Económicamente, las “terribles condiciones de miseria causadas por la depreciación de la moneda y la necesidad económica, por un lado, y el aumento del desempleo en los países con una moneda fuerte, por otro lado”, solo podrían ser opuestas por una acción unida, mientras que políticamente, la próxima conferencia de Génova, organizada por la “internacional del imperialismo capitalista”, reforzaba la necesidad de un “frente unido de partidos proletarios” para oponerse a una mayor división del mundo según los planes imperialistas.

Adler enmarcó la división entre las internacionales no como una diferencia de principios sino como resultado de una "perspectiva histórica". Los reformistas concebían la transición al socialismo mucho más lejos en el futuro y centraban su actividad en las preocupaciones económicas inmediatas, mientras que los revolucionarios buscaban sentar las bases para el socialismo ya. “Pero, por muy diferente que sea nuestra perspectiva del mañana”, explicó, “todavía podemos decir que aunque los que nos reunimos aquí como camaradas estamos divididos en cuanto a si la lucha es para hoy o para mañana, sin embargo, tenemos esto en común, que todos queremos luchar.” Continuó proponiendo una condición simple para la acción futura: “Serán admitidos todos los partidos proletarios que estén en el terreno de la lucha de clases, cuyo objetivo sea derrocar al capitalismo y que reconozcan la necesidad de una acción internacional común por parte del proletariado para el logro de este objetivo”.

Esta sencilla propuesta fue bienvenida por Clara Zetkin, hablando en nombre de la Komintern.  Comenzó afirmando la necesidad de “unirnos para una lucha defensiva contra la ofensiva del capital mundial” y saludando la iniciativa de Adler como un “medio para la unión de las luchas obreras que se avecinan”. Sin embargo, insertó una advertencia importante, característica de la política de alianza de los comunistas en ese momento: estas luchas compartidas solo serían necesarias hasta que la clase obrera en su conjunto “aprendiera. . . que el capitalismo sólo podrá ser superado cuando la gran mayoría del proletariado tome el poder en la lucha revolucionaria y establezca la dictadura del pueblo trabajador”.

Zetkin y los demás comunistas no tenían dudas de que eventualmente consolidarían su hegemonía sobre el movimiento obrero y establecerían dictaduras del proletariado en todo el mundo. Los otros partidos socialistas comprenderían el error de su estrategia y se alinearían detrás de los comunistas o, si fuera necesario, sufrirían la represión, como los mencheviques y los socialrevolucionarios cuya difícil situación conmocionaba a los reformistas de la Segunda Internacional.

La profunda desconfianza provocada por la insistencia de los comunistas en que ellos solos llevarían al proletariado a la victoria resultó ser el mayor punto de fricción en las negociaciones. Vandervelde y sus camaradas estaban “llenos de sospechas y aprensiones” por las proclamas oficiales de la Komintern, específicamente la resolución de diciembre de 1921 sobre el frente único, una “extraña mezcla de ingenio y maquiavelismo” que apelaba a la unidad con los reformistas incluso cuando “no se oculta la intención de sofocarnos y envenenarnos después de abrazarnos.” Ramsay MacDonald preguntó deliberadamente a los delegados comunistas: “Venimos aquí ansiosos por promover la cooperación, pero venimos aquí para preguntarles de hombre a hombre: ¿Están aquí para eso?”

A pesar de su deseo declarado de unidad, Radek no tuvo paciencia con las preocupaciones de los reformistas, y comentó con sarcasmo que “la fuerza de la voz de Vandervelde nos hizo retroceder por un momento a esa época en la que creíamos en la calidez de su voz y nos olvidamos por un momento que esa voz había sido ahogada por el rugido del cañón.” En cuanto a las súplicas de Vandervelde de “un mínimo de confianza, solo un poco”, respondió: “¿Confianza en qué? ¿En la guerra?"

Las actas de la reunión revelan un movimiento cuyas divisiones se habían endurecido durante mucho tiempo en una profunda desconfianza y resentimiento. Las dos partes intercambiaron puyas polémicas y se negaron a ceder en ningún terreno sustantivo, mientras que Adler y sus hombres intentaron desesperadamente negociar una tregua. Todos estuvieron de acuerdo en la necesidad de la unidad, pero todos, especialmente los comunistas, querían esa unidad en sus propios términos.

La única voz de la razón emergió en la figura de Giacinto Serrati, cuyo partido los comunistas habían partido en dos el año anterior. Serrati reprendió a ambas partes por moralizar y preguntó si los delegados “estaban aquí para erigirnos en jueces unos de otros, o para realizar un trabajo práctico”. “Todos hemos cometido muchos errores”, continuó, pero quizás “los jueces”, es decir, los reformistas, “han cometido más errores que los acusados, porque los jueces los han cometido en alianza con nuestros enemigos. Los acusados ​​cometieron errores por el bien de la revolución y no de la burguesía”.

Serrati, el único representante cuyo partido no pertenecía a ninguna de las tres internacionales, instó a todos los asistentes a mirar más allá del pasado y subordinar las prioridades nacionales a corto plazo al objetivo final del socialismo internacional. Consideró que las divisiones recientes no habían sido causadas tanto por diferencias fundamentales como por diferentes condiciones en la lucha: no era impensable que se resolvieran en los años venideros si los líderes del movimiento permanecían comprometidos con la unidad. Además, todas las críticas formuladas por los reformistas (la represión de los mencheviques, la invasión soviética de Georgia y la subversión comunista de las organizaciones socialdemócratas) solo empeorarían si las internacionales se distanciaban aún más.

En última instancia, concluyó, los enemigos de la socialdemocracia y el comunismo eran los mismos: “El capitalismo está tratando de invadir Rusia; y al mismo tiempo, trepando sobre vuestros hombros, camaradas socialdemócratas”. Un acuerdo de unidad, por provisional que sea, al menos mantendría viva la perspectiva de “la salvación del proletariado internacional”. Si no se llega a un acuerdo, por otro lado, “puede significar una victoria del imperialismo capitalista sobre la internacional obrera, por quién sabe cuánto tiempo”

“Hemos pagado demasiado”

Las negociaciones se prolongaron durante los siguientes cuatro días, y Adler comentó que “una y otra vez nuestros intentos casi fracasan”. A pesar de los llamamientos de Serrati al bien común y la reiterada insistencia de todas las partes involucradas en que era necesario un frente unido contra la reacción, la reunión no logró convocar una conferencia en Génova.

En cambio, la reunión acordó establecer un “Comité de Organización de los Nueve”, compuesto por tres representantes de cada internacional, y continuar las deliberaciones sobre la posibilidad de una futura conferencia internacional. También examinaría la situación de Georgia, dando a todas las partes amplias oportunidades para presentar pruebas. Los bolcheviques, por su parte, prometieron que ninguno de los socialrevolucionarios juzgados sería condenado a muerte. Se pidió a todas las partes involucradas que organizaran manifestaciones el Primero de Mayo para señalar el nuevo espíritu de unidad.

Sin embargo, poco después de que Adler anunciara la declaración común, el Comité de los Nueve comenzó a desmoronarse. Apenas unos días después de la reunión, Lenin reprendió a Zetkin y Radek por sus concesiones, diciéndoles que habían “pagado un precio demasiado alto” y denunció a las otras dos internacionales como “chantajistas” que trabajan “en beneficio de la burguesía”. Radek emitió un informe varios días después acusando a la Segunda Internacional de sabotear el frente único, y días antes de que el Comité de los Nueve se reuniera en Berlín el 23 de mayo, el líder de la Komintern Grigory Zinoviev publicó un artículo prediciendo su inminente colapso.

No estaba equivocado. La reunión del 23 de mayo derivó rápidamente en recriminaciones de ambos lados, con la Segunda Internacional y la "Internacional Dos y Media" quejándose de que los bolcheviques habían aumentado la represión contra los reformistas en su país, mientras que las manifestaciones del Primero de Mayo en Moscú desfilaban con pancartas como "¡Muerte a la burguesía y a los socialdemócratas!” Sus sospechas sobre la naturaleza hipócrita de la táctica del frente único parecían confirmarse. Los comunistas, siguiendo instrucciones de Moscú, dieron un ultimátum de que la reunión acordaba convocar un congreso mundial del proletariado inmediatamente o sus delegados se irían. Las conversaciones de unidad habían pasado a la historia. Los comunistas continuarían buscando un frente único, insistieron, pero solo “desde abajo”, sin las direcciones de los partidos rivales.

Adler y la IWUSP, exasperados con los comunistas, iniciaron rápidamente conversaciones de unidad con la LSI en Londres y, en 1923, la Segunda Internacional se había reconstituido más o menos, despojada de su minoría revolucionaria. Los comunistas intentaron un último levantamiento en Alemania en 1923, pero en realidad ya habían avanzado hacia su aceptación diplomática en el escenario internacional desde 1921. Incluso las conversaciones de unidad, afirmó Radek en retrospectiva, "no fueron más que un intento de utilizar al proletariado internacional durante la Conferencia de Génova para el apoyo a la diplomacia soviética”. En cambio, Rusia normalizó sus relaciones con Alemania al firmar el Tratado de Rapallo el 16 de abril de 1922, socavando la Conferencia de Génova de manera más efectiva que cualquier reunión socialista.

La disolución del Comité de los Nueve marcó el fin del socialismo internacional como movimiento y objetivo común. Los reformistas recurrieron a la construcción de estados de bienestar dentro de sus propias fronteras nacionales, mientras que los comunistas se dedicaron a la visión de Joseph Stalin del “socialismo en un solo país” dentro de la Unión Soviética. Aunque a muchos comunistas de la época les pareció una traición, la devastación de la guerra civil combinada con el aislamiento internacional de los bolcheviques les dejó pocas opciones. Que no habría espacio para reformistas u otras corrientes socialistas disidentes era para entonces una conclusión inevitable.

En Occidente, el ascenso del fascismo alimentó más divisiones entre los socialistas, y tanto el movimiento italiano como el alemán se fragmentaron aún más antes de ser ilegalizados por completo. Solo la victoria nazi en Alemania proporcionó un enemigo común lo suficientemente amenazante como para reunirlos, aunque solo temporalmente.

Por Loren Balhorn, editora colaboradora de Jacobin y coeditora, junto con Bhaskar Sunkara, de Jacobin: Die Anthologie (Suhrkamp, ​​2018).

03/04/2022

Fuente:  https://jacobinmag.com/2022/04/conference-three-internationals-1922-division-communists-social-democrats

Traducción: Enrique García

Publicado enPolítica
Miércoles, 06 Abril 2022 05:05

La Guerra entre el WI-FI y la Telepatía

La Guerra entre el WI-FI y la Telepatía

En esta tarde gris, como dice el gran Julio Sosa, llevo bajo el brazo el libro “La vida está en otra parte” de Milan Kundera. Instantes más tarde entro a un copetín al paso de Monte Grande y le pido al mozo la contraseña de la red inalámbrica para ahorrar datos. De pronto recibo una palmada en la espalda y apenas me doy vuelta me impacta la emoción de un encuentro soñado.

Revive la sorpresa, en el medio del barroco tecnológico, al comprobar las conexiones de la mente con los hechos que llamamos reales. Diez minutos antes de llegar al bar me había invadido el recuerdo de aquella anciana con vestido negro que estaba sentada en la vereda de la semillería García. La saludábamos todos los días con mi compañero de banco de la escuela primaria. Me quedó grabada su sonrisa con la boca cerrada. Ambos sabíamos que vino de España y que estuvo en la guerra civil. Los padres del entusiasmo de alma inmigrante, dejaron vacías las veredas. Pero la magia me deslumbra cuando veo a Mariano, mi entrañable compinche como si la telepatía lo hubiera llamado.

Prefiero guardar en el disco rígido externo, mi abrazo gigante con Mariano para desarrollar una reflexión de este episodio. Muere la ansiedad por conectarme al wifi y me doy cuenta del poder que tiene la armonía universal de la conexión natural. Es decir, lo que habita en la mente tiene incidencia en lo que ocurre en la verdadera comunicación; transmisión y recepción.

Lo que sucede como una teoría verdadera de la metafísica no se puede comprobar científicamente y cada red es como una selva, un sistema que vincula el todo y sus partes.

En el cable del misterio donde los humanos, animales y plantas pueden estar conectados sin necesidad de pagar la factura mensual, el suministro llega a través de la fuerza natural que tiene más velocidad que la fibra óptica.

En la revolución de la tecnología, las fisuras de la legislación cibernética plasman la metáfora que deja en evidencia a las redes sociales como el chisme moderno, un elemento indispensable para construir la historia de la humanidad. José Ingenieros en “La simulación en la lucha por la vida” nos marca el gran secreto para sobrevivir frente a las amenazas y los cambios en todas las especies. En cada momento, con el esplendor de lo falso, cuando te venden todo lo que necesitas, te llenas con pan en la patología de la información y cada vez tenés más harina 5G en el cerebro. Los periodos largos solo le pertenecen a la no realidad que permanece en la telepatía y la metafísica como la información de la radiofrecuencia.

Justo cuando pensás en alguien te está llamando en ese momento y lo tomas como una casualidad o como una señal, esta teoría puede ganar territorio para conquistar la batalla y recuperar el mayor estandarte para rejuvenecer, incluso siendo joven. El asombro como religión es el comandante indomable de todas las guerras para resistir a la seducción de la pantalla que lidera la secta de este tiempo.

En la última década se nos metió de imprevisto una especie de vejez como agua debajo de la puerta, de pronto todo es más joven y más veloz y se mezclan en la cabeza todas las conversaciones virtuales y físicas, pero la tercera opción es estar atento a lo inexistente.

La preocupación por ser olvidados en lo virtual se vislumbra en la ansiedad de estados, historias y en esa construcción del ridículo moderno. Hacemos que la vida se escape. En síntesis, ya hay dudas que respirar sea algo menor.

En el concepto publicitario donde la felicidad es saber todo, se corrieron los ejes de la carreta y el simple rumor pasó a ser la búsqueda en la realidad líquida. La dosis se inyecta en el lapso de diez minutos y uno abre y cierra un bloqueo en vano de teléfonos, contraseñas, conmutadores y promociones que entran y salen como avispas. El móvil es el panal que nos va dejando miopes, para conquistar un ejército de retinas sin bandera.

El ojo pierde poder en el sistema físico porque ya no mira. Pero ver lo invisible es el tesoro que hay que cuidar. La intuición, lo que uno percibe y el mundo espiritual tienen más futuro que las criptomonedas.

La huella digital es reina madre de la estrategia en el cambio de esta época. Bajo su nombre, como si fuese Dios, se logra todo y se consigue lo peor, por ejemplo hasta ser militante del mundo virtual donde uno mismo queda anulado emocional e intelectualmente.

La teatralización de la muerte dura menos y el velatorio tiene que ver con algo que se muere en la pantalla y con la esperanza de resurrección en posibles vidas, con un servicio fijo de internet mensual.

La estética de las despedidas también es una extraña realidad intermedia, uno le habla a un difunto a través de una red social y está flotando la sensación de que el féretro responda por ese canal.

El relato de morir e ir al cielo hoy pasó a ser la divinidad virtual. Morir en vida si estas bloqueado o viceversa, todo en definitiva es la épica de una esperanza que mueve los límites para no angustiarse y sentir en modo avión.

Los ídolos de este sistema son más cercanos a hologramas y la fama como concepto hollywoodense perdió potencia. El divismo es un concepto anciano, porque todo esta igualado, paradójicamente en la era de la vanidad.

El mundo de hoy es como una gran biblioteca donde los escritores leen su propio libro sin interesarse por el resto. Conectar con el otro es "una pantalla" porque la mirada cada vez tiene menos presencia.

Los cables extrasensoriales alimentan el nuevo estado de conciencia para conectar con el alma colectiva. Eso me hace pensar que el estado natural del ser humano es la verdadera conectividad en lo que es, fue y será. La realidad aumentada es un avance para volver al origen; la necesidad de sentir verdad.

Finalmente el lado oscuro de la telepatía distrae mi pensamiento mágico con la red de las frustraciones propias y ajenas. Esa fuerza abstracta es la reacción opuesta a todo lo anterior y lo malo se transforma en necesario para sobrevivir en esta guerra.

Publicado enCultura
¿Algo positivo en la política de EU hacia AL?

Si bien muchas políticas del gobierno de Joe Biden hacia América Latina –en particular hacia Cuba, Venezuela y con respecto a las actividades de China– son en buena medida las mismas que en la era de Trump, algunas de las acciones y declaraciones sugieren enfoques más matizados sobre otros asuntos regionales.

El director del Consejo Nacional de Seguridad para el hemisferio occidental, Juan Gonzalez, ha sido la persona clave para mantener la línea dura hacia Venezuela y Cuba. A principios de marzo se reunió en Caracas con el presidente Nicolás Maduro, quien más tarde declaró: "Hemos acordado trabajar en una agenda que mira hacia adelante", pero el gobierno negó que fuera así y sigue sosteniendo que el líder opositor Juan Guaidó es presidente de Venezuela.

Sobre Cuba, según varias fuentes, Gonzalez vetó el año pasado un plan prometido para dar marcha atrás a la suspensión dictada por Trump al flujo de remesas hacia la isla. En fecha reciente sostuvo que las nuevas sanciones contra Rusia llevan también la intención "por designio" de poner presión sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En audiencias en el Congreso celebradas en febrero y marzo, otros altos funcionarios han expuesto diversas prioridades del gobierno.

La jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, testificó que el hemisferio está "bajo asalto desde un montón de desafíos transfronterizos que amenazan directamente a nuestra patria". Dijo que, además de ayudar a la región con el covid-19 y la "crisis climática", la política estadunidense es contrarrestar la "marcha implacable" de China para expandir su influencia en la región y sus "retos a la influencia estadunidense". También juró combatir a las organizaciones criminales trasnacionales, que "operan casi sin oposición y dejan una huella de corrupción y violencia que crea condiciones que permiten a la República Popular China y a Rusia explotarlas, amenazar la seguridad de los ciudadanos y socavar la confianza pública en las instituciones de gobierno". Afirmó que su comando está "poniendo en acción una disuasión integrada".

En un testimonio vertido en febrero, el secretario asistente de Estado para el hemisferio occidental, Brian Nichols, elogió la reciente Cumbre por la Democracia del presidente Biden y reconoció que "demasiados ciudadanos ordinarios han visto que sus gobiernos fallan en cumplir sus aspiraciones de un futuro mejor". También señaló que la iniciativa Reconstruir un Mundo Mejor de su gobierno, que incluye inversiones para responder a las necesidades de infraestructura de países socios, contrarrestará la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y "ayudará a demostrar que las democracias pueden dar resultados para sus pueblos". Su contraparte en la Oficina de Narcóticos Internacionales y Asuntos de Aplicación de la Ley, Todd Robinson, puso énfasis en los programas de fortalecimiento del estado de derecho conforme a la Estrategia de Causas de Raíz, aunque hizo notar que, "en ciertos casos", los gobiernos carecen de voluntad política para enfrentar la corrupción que está en la raíz de sus problemas nacionales.

La administradora asistente de la USAID para América Latina, Marcela Escobari, testificó que su prioridad es mitigar el daño causado por el covid-19 y el cambio climático. Al criticar el estado de la democracia y los derechos humanos en "casos extremos" como Venezuela, Cuba y Nicaragua, expresó preocupación por el "retroceso democrático" en otras partes, señalando que "aun en democracias más establecidas, han surgido tendencias autoritarias".

El gobierno estadunidense no ha expresado de qué manera sus pasos difieren de los enfoques agresivos y transaccionales que caracterizaron el involucramiento del gobierno de Donald Trump con la región. La Casa Blanca presionó duramente al Fondo Monetario Internacional (FMI) para llegar a un arreglo con Argentina, a cuyo gobierno Trump mantuvo a distancia, y ayudarla a evitar un impago de su préstamo de emergencia de 2018. La vicepresidenta Kamala Harris ha dado fuerte apoyo a la presidenta hondureña Xiomara Castro desde que asumió el cargo, en enero, y probablemente ha contribuido a la decisión de Washington de solicitar la extradición del predecesor en la presidencia hondureña, Juan Orlando Hernández, aliado de Trump, bajo cargos de narcotráfico.

En sus testimonios ante el Congreso, los funcionarios actuales han hecho repetidas observaciones acerca de las percepciones y la realidad de los desafíos locales en América Latina. Su énfasis en la corrupción y la falta de voluntad para atender esos flagelos sugiere una conciencia de que no todo está bien, incluso en países que Washington considera democracias. Después de una lenta respuesta inicial, el gobierno ha sido generoso en dar apoyo a la distribución de vacunas y a elevar la capacidad de los sistemas de salud pública para responder con eficiencia a la pandemia de covid-19.

Estos factores sugieren que, si bien las gastadas políticas de cambio de régimen hacia Cuba y Venezuela y la "disuasión integrada" contra China y los cárteles de la droga podrían seguir en el centro del enfoque de Washington hacia los asuntos hemisféricos, existe conciencia de cómo una cooperación más profunda con la región podría promover al mismo tiempo los intereses de Estados Unidos y los de América Latina. La próxima Cumbre de las Américas podría ser la mejor oportunidad para que el gobierno estadunidense busque un significativo terreno común en torno al imperativo de fortalecer la gobernabilidad democrática, reto que el liderazgo de Washington percibe actualmente como compartido con virtualmente todas sus contrapartes en la región.

Por Fulton Armstrong, miembro de número y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University; ex funcionario de Inteligencia Nacional (2000-2004) y asesor principal del Comité de Relaciones Exteriores del Senado (2008-2011). Publicado originalmente en AULABlog del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos.

Traducción: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Lunes, 04 Abril 2022 05:41

El sueño peligroso

Martin Luther King pronunció hoy hace 55 años un discurso sobre la necesidad de una revolución en Estados Unidos, cuya vigencia es imponente, aunque es menos conocido que su célebre alocución sobre la igualdad racial: Tengo un sueño. Foto Archivo/AP

Hace justo 55 años este 4 de abril de 1967, se escuchó uno de los discursos más peligrosos de la historia de Estados Unidos. Es uno de los que, a pesar de que su autor ha sido elevado al Olimpo estadunidense donde viven las figuras heroicas del país y tiene su propio día oficial feriado, ningún presidente o líder político nacional (con un par de excepciones) se atreve a mencionar y menos citar.

Tanto en la nación como en el extranjero, se reduce a Martin Luther King a su versión oficialmente aprobada: un tipo de santo dedicado a los derechos civiles y su mensaje limitado casi exclusivamente a su famoso discurso sobre igualdad racial conocido como Yo tengo un sueño de 1963 en Washington. Pero cuatro años después de esa gran alocución, el reverendo Martin Luther King habló de otro sueño y convocó a la lucha por una revolución en Estados Unidos.

“Estoy convencido de que si queremos ponernos del lado acertado de la revolución mundial, debemos emprender como nación una revolución de valores. Tenemos que empezar de prisa el viraje de una sociedad orientada hacia las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Cuando las máquinas y las computadoras, el afán de lucro y los derechos de propiedad se consideran más importantes que la gente, es imposible conquistar los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo (…)”, declaró King desde el podio de la iglesia Riverside en Nueva York.

“La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo; no es algo caprichoso y superficial. Consiste en ver que un edificio que produce mendigos necesita restructuración. Una verdadera revolución de valores pronto verá con inquietud el patente contraste entre pobreza y riqueza. Con justa indignación, verá al otro lado de los mares y observará a capitalistas de Occidente invertir sumas enormes en Asia, África y Sudamérica, sólo para llevarse las ganancias sin ninguna preocupación por el mejoramiento social de los países, y dirá: ‘no es justo’. Verá nuestra alianza con los terratenientes de América Latina y dirá: ‘no es justo’. La arrogancia de Occidente de sentir que tiene todo que enseñar a los demás y nada que aprender de ellos simplemente no es justa (…) Nuestra única esperanza hoy día reside en nuestra habilidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir a un mundo a veces hostil para declarar nuestra hostilidad eterna a la pobreza, al racismo y al militarismo”.

Al proclamarse en ese momento contra la guerra en Vietnam y las hazañas imperiales de su país –ante la oposición de sus propios asesores, críticas severas por los principales medios nacionales y amenazas de su gobierno– advirtió que Estados Unidos jamás podrá ser salvado mientras destruya las esperanzas más profundas del hombre por todo el mundo.

“Este llamado a una hermandad mundial que eleve la preocupación por el prójimo más allá de la tribu, raza, clase y nación de cada uno es en realidad un llamado a un amor incondicional, que abarque a toda la humanidad. Ya no podemos gastar más en adorar al dios del odio o hincarnos ante el altar de la represalia. Los océanos de la historia se vuelven turbulentos con las mareas cada vez más altas del odio (…) Hoy aún nos queda una alternativa: la coexistencia no violenta, o la coaniquilación violenta. Tenemos que pasar de la indecisión a la acción. Si no actuamos, seguramente seremos arrastrados por los largos, oscuros y vergonzosos pasillos del tiempo reservados para aquellos que tienen poder sin compasión, poderío sin moralidad, y fuerza sin visión…”.

Un año después, mientras impulsaba su campaña nacional vinculando la lucha por los derechos civiles a la justicia económica y el antimperialismo, King fue asesinado. Su discurso del 4 de abril de 1967 es cada vez más contemporáneo y, por lo tanto, su invitación, su sueño, a luchar por un cambio a fondo de su país sigue siendo cada vez más peligroso para los defensores de las pesadillas. El texto en: https://guides.lib.berkeley.edu/c.php?g=819842&p=5924547

Martin Luther King. Audio del discurso Beyond Vietnam. https://www.youtube.com/watch?v=AJhgXKGldUk

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