Un prototipo de la cámara holográfica de longitud de onda sintética instalado en un laboratorio de la Universidad Northwestern.Florian Willomitzer / Northwestern University

Ver lo invisible resulta factible combinando los rayos de luz reflejados por las paredes, que gracias a esta tecnología funcionan como espejos.

Una nueva tecnología de imágenes rápidas por holografía permite ver lo invisible en imágenes obtenidas por una cámara, como por ejemplo objetos que se encuentran detrás de una esquina, entre la niebla o bajo de la piel, afirma un comunicado difundido este miércoles por la Universidad Northwestern (Illinois, EE.UU.).

El invento aprovecha la luz visible o infrarroja que se esparce de forma indirecta sobre los objetos ocultos para revelar y reconstruir, cuando esta luz regrese a la cámara, cosas que están fuera del área inmediatamente visible. Las paredes se convierten en espejos para estos rayos y el aparato percibe las múltiples reflexiones de cada uno de ellos.

La cámara captura imágenes de grandes áreas con precisión submilimétrica y, de esta manera, es capaz de ver a través de la piel, hasta los capilares más pequeños en funcionamiento. Por otro lado, esta técnica tiene una alta resolución temporal, algo que le permite plasmar nítidamente objetos móviles, como el corazón que late detrás de las costillas, las cuales en este caso no obstaculizan la visión.

El método fue desarrollado bajo los auspicios de la agencia DARPA, perteneciente al Departamento de Defensa estadounidense, pero la universidad no especifica cómo se podrá aplicar al combate u otras misiones militares. Para los autores, sus potenciales prioritarios son la obtención no invasiva de imágenes médicas, la navegación de alerta temprana para automóviles y la inspección industrial en espacios compactos. Otras aplicaciones potenciales son infinitas, destaca el equipo investigador.

Es como hacer pasar la luz a través de la palma de la mano

Ver lo que se encuentra detrás de una esquina y obtener imágenes de un órgano dentro del cuerpo humano pueden parecer dos desafíos muy diferentes, pero el principal autor de un estudio al respecto, Florian Willomitzer, explicó que en realidad están estrechamente relacionados. Ambos tienen que ver con la dispersión de la luz, la cual incide en un objeto y se esparce de manera que la imagen directa del objeto deja de ser visible.

"Si alguna vez usted ha intentado hacer brillar una linterna a través de su mano, entonces ha puesto a prueba este fenómeno", dijo Willomitzer. Aunque parte del brillo de la linterna se percibe al otro lado, parecería que, "teóricamente, debería proyectarse también la sombra de los huesos". "Sin embargo, la luz que pasa por los huesos se desparrama dentro del tejido en todas las direcciones, borrando por completo la imagen de la sombra", añadió.

Los inventores llaman a este método 'holografía de longitud de onda sintética', un término que se refiere al uso de dos láseres y la combinación de su luz reflejada con el objetivo de no tener que recurrir a los detectores rápidos, que son capaces de identificar los diminutos matices en la velocidad de cada rayo de luz pero resultan muy caros. En lugar de estas mediciones minúsculas, la cámara ensamblatodo el campo de luz de un objeto en un holograma y recrea, a partir del mismo, la forma tridimensional de este objeto en su totalidad

Publicado: 18 nov 2021

libro "De Homine", René Descartes, 1677

¿Por qué sentimos?

Esta es una de las preguntas fundamentales en la historia de la Filosofía y la Ciencia. René Descartes fue seguramente el pensador occidental que mejor introdujo el problema: ¿qué son las sensaciones? ¿qué conexión tienen con la razón? ¿Hay diferencia entre cuerpo mente?

"La naturaleza también me enseña, por las sensaciones de dolor, de hambre o de sed, que no estoy simplemente presente en mi cuerpo como un capitán en su barco, sino que estoy muy unido y, por así decirlo, entremezclado con él. Yo y el cuerpo formamos una unidad.

Si esto no fuera así, yo, que no soy más que una cosa pensante, no sentiría dolor cuando el cuerpo fuera herido, sino que percibiría el daño puramente por el intelecto, tal como un marinero percibe con la vista si algo en su barco está roto".

(René Descartes, Meditaciones, 1641)  

David Julius y Ardem Patapoutian, los científicos galardonados hoy con el Premio Nobel de Medicina, descubrieron los mecanismos biológicos que gobiernan la sensación de calor y el tacto.

Todo comenzó con las guindillas

Los pimientos picantes nos hacen sudar: esta fue la primera pista en las investigaciones de Julius. Desde el siglo XIX se sabe que las guindillas contienen una sustancia llamada 'capsaicina' que provoca picor.

Pero, ¿cómo hace nuestro cuerpo para detectar la 'capsaicina' y mandar la señal al cerebro de que 'hace calor'?

Para resolver esa cuestión, Julius desarrolló una librería con millones fragmentos del ADN de los genes de las neuronas sensoriales. Entre todos ellos, uno debía producir la sensación de calor.

Utilizando células de laboratorio para expresar uno a uno esos genes, Julius y su equipo encontraron el gen específico que reaccionaba a la 'capsaicina' de las guindillas. Ese gen expresaba una proteína que forma un canal de iones que se abre o cierra según varía la temperatura.

Bautizado como 'TRPV1', cuando ese canal se abre, sentimos calor.

La sensación de 'estar apretujado'

El Metro de Madrid está repleto los días laborales a primera hora. Al entrar al vagón nos sentimos 'apretujados'. Esa sensación también la tienen algunas células si las juntas demasiado en el laboratorio.

Ardem Patapoutian, el segundo galardonado con el Nobel, descubrió que esas células producían una pequeña corriente eléctrica cuando las aplastaba con una micropipeta. Algo había en ellas que las hacía 'sentir presión'.

Después de una ardua búsqueda, Patapoutian encontró el gen específico que codificaba un canal de iones al que bautizó como 'Piezo-1'. Cuando 'Piezo-1' se abre, se produce la sensación de 'presión' en nuestra piel.

Así sentimos los abrazos de mamá.

 4 octubre 2021


Los científicos David Julius y Ardem Patapoutian comparten el premio Nobel de Medicina 2021

David Julius y Ardem Patapoutian ganan el Nobel de Medicina por descubrir cómo sentimos el calor del sol o un abrazo

4 octubre 2021

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Dos científicos que descubrieron cómo nuestros cuerpos sienten cosas como el calor del sol o el abrazo de un ser querido son los ganadores del premio Nobel de Medicina de 2021.

David Julius y Ardem Patapoutian fueron laureados por sus descubrimientos de receptores para la temperatura y el tacto, anunció la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Suecia este lunes.

Los científicos estudiaron cómo nuestros cuerpos convierten las sensaciones físicas en mensajes eléctricos en el sistema nervioso. Sus hallazgos podrían conducir a nuevas formas para tratar el dolor.

El calor, el frío y el tacto son cruciales para percibir el mundo que nos rodea y para nuestra propia supervivencia. Pero cómo los detectan nuestros cuerpos había sido uno de los grandes misterios de la biología.

“Los descubrimientos revolucionarios (...) de los premios Nobel de este año nos han permitido comprender cómo el calor, el frío y la fuerza mecánica pueden iniciar los impulsos nerviosos que nos permiten percibir y adaptarnos al mundo”, declaró el jurado.

David Julius es un bioquímico estadounidense y tiene 65 años. Actualmente es profesor de la Universidad de California en San Francisco.

Ardem Patapoutian, de 54 años, es un biólogo estadounidense de origen libanés que forma parte de The Scripps Research, un centro de investigación sin ánimo de lucro especializado en ciencias biomédicas en California.

El premio, así como los correspondientes a Física, Química y Literatura que se anunciarán esta semana, se entregarán en la ceremonia del 8 de diciembre en Estocolmo.

Su trabajo

El descubrimiento del profesor David Julius se dio al investigar el ardor que sentimos por la capsaicina que contienen los pimientos o chiles picantes.
Encontró que hay un receptor (una parte de nuestras células que detecta lo que hay a su alrededor) que respondía a la capsaicina.

Otras pruebas mostraron que el receptor respondía al calor y se activaba cuando había temperaturas que causaban dolor. Esto es lo que sucede, por ejemplo, si te quemas la mano con una taza de café caliente.

La identificación de ese receptor llevó al descubrimiento de una serie de otros sensores de temperatura del cuerpo. Julius y Patapoutian encontraron uno que podía detectar el frío.

Por su parte, Patapoutian hizo un experimento que condujo al hallazgo de un tipo diferente de receptor que se activa en respuesta a la fuerza mecánica o al tacto.

Cuando caminas por una playa y sientes la arena bajo tus pies, por ejemplo, son estos receptores los que envían señales al cerebro.

Su relación con las enfermedades

El trabajo de ambos científicos ha demostrado que los sensores táctiles y de temperatura tienen un papel importante en el cuerpo y en cómo se manifiestan algunas enfermedades.

El sensor de calor, llamado TRPV1. está involucrado en el dolor crónico y en cómo nuestro cuerpo regula su temperatura central. El receptor táctil PIEZ02 tiene múltiples funciones, desde la micción hasta la presión arterial.

Este conocimiento se está utilizando para desarrollar tratamientos para una amplia gama de enfermedades, incluido el dolor crónico, indicó el Comité del Premio Nobel.

Además del galardón, la pareja compartirá el premio de 10 millones de coronas suecas (US$1,14 millones) y se unirá a una lista de notables figuras de la ciencia ganadoras del Nobel de Medicina.

(Tomado de BBC)

La OMS emite sus primeras recomedaciones sobre la edición del genoma humano: ¿qué dice el informe?

La necesidad de regular este campo surgió después de que He Jiankui, un científico chino, anunciara que había logrado modificar genéticamente a dos bebés gemelos para evitar que contrajeran el VIH.

El Comité Asesor de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó sus primeras recomendaciones sobre la edición genética en humanos, tras dos años de investigación en la que han participado científicos, pacientes y organizaciones religiosas.

En 2018, después de que se conociera el caso de He Jiankui, un científico chino, que afirmó ser capaz de modificar embriones humanos, lo que resultó en el nacimiento de gemelas con aparente inmunidad al VIH, la OMS encargó a un cómite de expertos en edición genética elaborar una serie de recomendaciones sobre mecanismos de gobernanza nacionales, regionales y mundiales para la edición del genoma humano.

El comité reconoce los beneficios potenciales de la edición del genoma humano "para mejorar la salud humana y la medicina", dando como ejemplos, el tratamiento y la prevención de trastornos genéticos, nuevas formas de promover la resistencia a las enfermedades, contribuir al desarrollo de vacunas, entre muchos otros, destacando que ya lograron notables avances en este sentido, por ejemplo para tratar el VIH.

No obstante, afirman que existen áreas de incertidumbre en cuanto a los posibles beneficios y riesgos, por ejemplo, los rasgos manipulados del genoma humano "podrían transmitirse a generaciones posteriores". También, mencionan la falta de diversidad en las colecciones de muestras humanas o los retos relacionados con las clínicas deshonestas, investigaciones ilegales, poco éticas o inseguras.

El comité recomienda que la OMS asuma un papel de coordinación en los casos de regulación de la edición del genoma, fomento de la cooperación internacional, apoyo de las revisiones éticas de la investigación genética y asesoraminto a los gobiernos de una manera que garantice la coordinación de los estándares internacionales.

Asimismo, se tocaron cuestiones relacionadas con los derechos de propiedad intelectual, destacando la importancia de garantizar el acceso equitativo a intervenciones de edición del genoma humano, como la de trabajar con los países de recursos limitados. El comité recalca la necesidad de crear un conjunto de valores y principios éticos, basados en los objetivos y prioridades de la salud pública. Entre las próximas tareas del organismo internacional, también está la creación de un registro global para la posibilidad de revisar experimentos con genoma humano.

En el documento de la OMS indicaron que tienen previsto crear un grupo de trabajo para poder evaluar el avance de las nuevas tecnologías y promover las actualizaciones de las regulaciones.

Publicado: 15 jul 2021 23:13 GMT

Logran reprogramar células para crear otras que estimulen la recuperación en lesiones de médula espinal

Mediante ingeniería genética, investigadores del Centro Médico de la Universidad de Texas Suroeste (UTSO) y la Universidad de Indiana, en Estados Unidos, reprogramaron las células formadoras de cicatrices en la médula espinal de ratones para crear nuevas células nerviosas, lo que estimula la recuperación luego de una lesión en esa parte del organismo.

Los hallazgos, publicados en línea en la revista Cell Stem Cell, podrían ofrecer esperanza a los cientos de miles de personas en el mundo que sufren una lesión en la médula espinal.

Las células de algunos tejidos corporales proliferan después de una lesión, remplazando a las células muertas o dañadas como parte de la curación. Sin embargo, la médula espinal normalmente no genera nuevas neuronas después de un daño, obstáculo clave para la recuperación, explicó Chun-Li Zhang, el líder del estudio, profesor de biología molecular y becario en investigación biomédica en la UTSO.

Debido a que la médula espinal actúa como un transmisor de señales entre el cerebro y el resto del cuerpo, agregó, su incapacidad para autorrepararse detiene de forma permanente la comunicación entre estas dos áreas, lo que provoca parálisis, pérdida de sensibilidad y, a veces, consecuencias potencialmente mortales, como la incapacidad para controlar la respiración o la frecuencia cardiaca.

Zhang señaló que el cerebro tiene cierta capacidad limitada para producir nuevas células nerviosas, dependiendo de las células progenitoras para activar distintas vías regenerativas. Utilizando este conocimiento, él y sus colegas buscaron células que pudieran tener un potencial similar de regeneración en la médula espinal.

Con un modelo de ratón, buscaron un marcador que por lo general se encuentra en neuronas inmaduras, pero no sólo estaba presente en la médula espinal después del daño, sino hay células que lo producen: células no neuronales llamadas glía NG2.

Esas células actúan como progenitora de las llamadas oligodendrocitos, que producen la capa de grasa aislante que rodea a las neuronas. También son muy conocidas por formar cicatrices gliales después de un daño.

El equipo de Zhang demostró que cuando se dañó la médula espinal estas glías adoptaron transitoriamente marcadores moleculares y morfológicos de neuronas inmaduras.

Para determinar qué causa el cambio de la glía NG2, los investigadores se centraron en SOX2, proteína de células madre inducida por una lesión.

El equipo utilizó una técnica de manipulación genética para hacer que la glía de NG2 produjera en exceso SOX2. En las semanas posteriores a la lesión de la médula espinal, los ratones tenían decenas de miles de nuevas neuronas maduras. Estudios posteriores mostraron que esas neuronas se integraron al área lesionada, haciendo las nuevas conexiones con neuronas necesarias para transmitir señales entre el cerebro y el cuerpo

Investigadores analizaron restos óseos de dedos de esos antiguos parientes del hombre.Foto Bardo et al/ Scientific Reports

El hallazgo sugiere que desarrollaron agarres de precisión, más complejos que los de fuerza

 

Los pulgares de los neandertales se adaptaron para sostener mejor herramientas con mango, de la misma manera que ahora lo hacemos con un martillo, según un artículo publicado en la revista Scientific Reports.

Además, los hallazgos sugieren que los neandertales desarrollaron agarres de precisión, donde los objetos se sostienen entre la punta del dedo y el pulgar, más complejos que los agarres de fuerza, en los que los objetos se sostienen como un martillo, entre los dedos y la palma con la fuerza que dirige ese dedo.

Mediante análisis 3D, Ameline Bardo, investigadora de la Universidad de Kent, en Reino Unido, y sus colegas mapearon las articulaciones entre los huesos que producen el movimiento del pulgar, denominado colectivamente complejo trapeciometacarpiano, de cinco individuos neandertales y compararon los resultados con las mediciones tomadas de los restos de cinco humanos modernos tempranos y 50 adultos modernos recientes.

Los autores encontraron covariación en la forma y la orientación relativa de las articulaciones del complejo trapeciometacarpiano que sugieren diferentes movimientos repetitivos del pulgar en los neandertales en comparación con los humanos modernos.

La articulación en la base del pulgar de los restos de neandertal es más plana con una superficie de contacto más pequeña y se adapta mejor a ese dedo extendido colocado al lado del costado de la mano.

Esta postura sugiere el uso regular de empuñaduras eléctricas de ”apretar”, como las que usamos ahora para sostener herramientas con mangos. En comparación, estas superficies articulares son generalmente más grandes y más curvas en los pulgares humanos modernos recientes, una ventaja al agarrar objetos entre las yemas del dedo y esos dedos, lo que se conoce como agarre de precisión.

Aunque la morfología de los neandertales estudiados es más adecuada para los agarres de fuerza, aún habrían sido capaces de realizar posturas de mano de precisión, pero esto habría sido más desafiante que para los humanos modernos, según los autores.

La comparación de la morfología fósil entre las manos de los neandertales y los humanos modernos puede proporcionar más información acerca de los comportamientos de nuestros parientes antiguos y el uso temprano de herramientas, señalan los investigadores.

Una neurona estrial de la vía directa.Foto CSIC

Investigadores de la Universidad de Nueva York han creado un atlas de desarrollo de expresión genética en neuronas, utilizando la secuenciación de su genoma y aprendizaje automático para clasificar más de 250 mil de esas células del cerebro de las moscas de la fruta.

Su estudio, publicado en Nature, muestra que las neuronas presentan la mayor diversidad molecular durante el desarrollo y revela un tipo de ellas desconocido que sólo está presente antes de que nazcan las moscas.

La diversidad de tipos de células que componen nuestro cerebro sólo puede entenderse a la luz de su historial de desarrollo, explicó Claude Desplan, profesor de biología de la Universidad de Nueva York y autor principal del estudio.

Los cerebros están compuestos por miles de diferentes neuronas. A pesar de compartir la misma información genética, ellas logran esa diversidad activando distintos conjuntos de genes en cada tipo y en cada punto de su desarrollo.

Para comprender la diversidad de las células cerebrales, los investigadores han estudiado durante mucho tiempo las moscas de la fruta, cuyos cerebros, aunque mucho más simples que los de los humanos, pueden usarse como un sistema modelo.

Neset Özel, asociado posdoctoral en la Universidad de Nueva York y uno de los autores principales del estudio, afirmó: “El ‘atlas’ constituye un recurso enorme para la investigación, pues ahora podemos buscar si un gen en particular está activo en cualquier tipo de célula de nuestra elección y en cualquier momento durante su desarrollo”.

El hallazgo podría ofrecer pistas para diseñar aviones y edificios más fuertes, dicen científicos.Foto Ap

El escarabajo acorazado es un insecto formidable. Aves, lagartos y roedores intentan con frecuencia comérselo, pero rara vez lo consiguen. Si lo atropella un coche, la criatura sigue viva.

La supervivencia de este escarabajo, denominado Phloeodes diabolicus, depende de dos factores clave: su capacidad para hacerse el muerto de manera convincente y un exoesqueleto que es una de las estructuras más duras y resistentes al aplastamiento conocida en el mundo biológico.

En un artículo publicado en Nature, investigadores de la Universidad de California en Irvine (UCI) y otras instituciones revelan los componentes materiales, y sus planos a nano y microescala, que hacen que el organismo sea tan indestructible, al tiempo que demuestran cómo los ingenieros pueden beneficiarse de esos diseños.

Como un pequeño tanque

El acorazado es un escarabajo terrestre, por lo que no es liviano y rápido. Está construido más como un pequeño tanque, explicó en un comunicado el investigador principal y autor correspondiente David Kisailus, profesor de ciencia e ingeniería de materiales de la UCI.

Esa es su adaptación: no puede volar, así que simplemente se queda quieto y deja que su armadura especialmente diseñada cumpla su función hasta que el depredador se rinda.

En su hábitat desértico en el suroeste de Estados Unidos, el insecto se puede hallar bajo las rocas y en los árboles, apretado entre la corteza y el tronco.

El autor principal, Jesús Rivera, un estudiante de posgrado en el laboratorio de Kisailus, se enteró por primera vez de estos organismos en 2015 durante una visita al reconocido museo de entomología de la Universidad de California en Riverside, donde él y Kisailus trabajaban en ese momento.

Rivera recolectó los escarabajos de sitios alrededor del campus de Inland Empire y los llevó al laboratorio de Kisailus para realizar pruebas de compresión, comparando los resultados con los de otras especies nativas del sur de California.

Escudo protector sólido

Descubrieron que el escarabajo acorazado puede soportar una fuerza de aproximadamente 39 mil veces su peso corporal. Un hombre de 90 kilos tendría que aguantar el aplastante peso de 3.5 millones de kilos para igualar esta hazaña.

Al realizar una serie de evaluaciones microscópicas y espectroscópicas de alta resolución, Rivera y Kisailus descubrieron que el secreto de este insecto radica en la composición material y la arquitectura de su exoesqueleto, específicamente, sus élitros. En los escarabajos aéreos, los élitros son las hojas de las alas delanteras que se abren y cierran para proteger las alas de vuelo de las bacterias, la desecación y otras fuentes de daño. Los élitros del acorazado han evolucionado para convertirse en un escudo protector sólido.

El análisis de Kisailus y Rivera mostró que los élitros constan de capas de quitina, un material fibroso y una matriz proteica.

Miércoles, 20 Mayo 2020 06:08

El rostro del tapabocas

El rostro del tapabocas

Federico Nietzsche en las postrimerías del siglo XIX, se asumió como un médico de la cultura que denunciabala enfermedad que padecía la civilización, la decadencia de los instintos vitales, el desprecio por la vida. Para apurar el final de la enfermedad que agota al mundo moderno, todos contribuimos, entregando nuestro esfuerzo: borrando horizontes con homogéneas construcciones que alinean la necesidad de vivienda, exterminando el mundo marino, pretendiendo aislar los negocios realizados en la tierra, de la amenaza de un sol calcinante. La etapa actual de este viaje, evidencia que hacemos un trayecto a través de una nada infinita y que inevitablemente el sueño, el cansancio, la noche, llegan para la civilización que erigió una torre de babel.

Hemos hecho un tránsito por siglos, en medio de una aceleración que cubrió cada resquicio de la vida humana. El éxito social de esta idea fue el progreso, espejismo sobre el cual justificamos el dominio del mundo por medio de la tecné. La noción de progreso se remonta a los tiempos del motor a vapor hasta llegar a los días de la revolución digital, incorporada al psiquismo humano.Súbitamente y tal como lo denunciaron movimientos ambientalistas grupos políticos y comunidades étnicas el progreso tiene unos costos muy altos. Producto de una pandemia, en cuestión de tres meses, de la aceleración se pasó a una detención que afecta aquello por lo cual ha luchado el ser humano: viajes, turismo, moda, placer y sobrevivencia.

Un ejemplo de lo anterior lo representan las tiendas de ropa: quienes nos escriben a correos y redes, invitando a realizar compras online, ofreciendo descuentos casi nunca antes vistos. La magia de la religión del capitalismo es hacer presencia en el centro comercial como parte del ritual profano que consiste en escarbar los roperos, medirse innumerables prendas, buscar los mejores precios y finalmente la cúspide del ritual consistente en “estrenar” la última adquisición que sedujo nuestra vanidad. En las condiciones actuales, el misterio de la compra es vaciado, en la medida que cada objeto nuevo se encuentra bajo sospecha de ser un mensajero del virus.  En nombre de la salud se sacrifica el glamour consumista y se modifica por una tendencia higiénica que nos aleje del germen biológico.

Bajo esta circunstancia se imponen productos que protegen y transforman la estética corporal. Es el caso de tapa-boca que en otros momentos de la historia pertenecía a dos ámbitos:  el vestuario de los médicos en los hospitales y el ámbito de   la clandestinidad, evocación de un “Llanero solitario” como imagen cinematográfica, cubrirse el rostro para realizar una fechoría, así también es cubierto el rostro para protegerse de ser señalado y asesinado por reclamar derechos, denunciar injusticias, gritar lo que a muchos les molesta escuchar. ¡Quién lo diría ¡En los años previos a la pandemia, los sectores más reactivos hacia la protesta social han exigido la supresión de las capuchas y de las máscaras en las vías públicas, pero hoy, como una extraña paradoja la necesidad de cubrirnos el rostro se ha reivindicado.

 Con la actual pandemia, el tapa-boca salta al escenario de las calles de manera obligatoria, como una última trinchera de combate. Te pueden multar por no llevarlo puesto. Su aparición masiva ha mutilado la expresión de los rostros. Quedan ocultos al público los labios rosados y carnosos de una hermosa mujer, el movimiento provocador de una lengua pasando por ellos, la vanidad invertida en la estética dental. La boca como uno de los instrumentos comunicativos del pervertido, los labios que se muerden por las palabras no dichas. Queda encubierta la mueca del estudiante frente a sus compañeros, la sonrisa amable, el beso que se envía a distancia en la calle. Expresiones afectivas a las que se acostumbró la sociedad moderna. Los labios habían sido los protagonistas en la “Era de la Selfi” en los escenarios públicos. Pero esa pose auto-fotográfica no podrá ser tomada de la misma manera en espacios exteriores, las fotos de grupo han entrado en suspensión y sobreviven solo como evocación en el mundo de las redes sociales.

El virus, literalmente, afecta las raíces del capital, sus arterias comunicativas, pone en interdicción lo importante y subsidiario de la existencia humana. Mientras el daño ocurre, gobiernos y financistas corren de un lado a otro, desesperados, buscando poner fin a la hecatombe. En todo este panorama han sido los llamados trabajadores esenciales quienes han sostenido y sostendrán hasta el final de las cuarentas el capital herido. ¿Y quiénes son esos trabajadores esenciales? Transportadores de alimentos, aseadores, vigilantes, distribuidores de mercancía, mensajeros, policías y enfermeros. Incluso han llegado a tener gran protagonismo el sector de los trabajadores funerarios, solo por citar algunos ejemplosde aquellos empleos que realizan una produccion material de la vida, sometidos históricamente a la clasica plusvalia. Contrariamente la especulacion financiera no está experimentando las repercusiones que tenia antes de la pandemia.

Bajo el panorama de las tragedias civilizatorias modernas, la filósofa Hannah Arendt rebeló situaciones similares, en 1955 con una compilación de ensayos y artículos titulado “Men in dark times” (Hombres en tiempos de oscuridad) donde reflexiona sobre las vidas de pensadores que, como Rosa Luxemburgo, Karl Jaspers, Isak Dinessen, Hermann Broch, Walter Benjamin y Bertolt Brecht pasaron de los coches tirados por caballos a trenes de condenados a muerte que recorrían Europa central. Cada uno vivió y padeció tiempos de odio hacia los judíos, los comunistas, tiempos de revoluciones, fascismo, pandemia, uso de armas letales como los gases utilizados durante la Gran guerra. Refiriéndose a ese tiempo que vivió su generación, Arendt destaca una expresión de Benjamin acerca de ese momento: el tiempo del Juicio Final. La pensadora introduce una carta de Benjamin donde escribe: en este planeta un gran número de civilizaciones han perecido en sangre y horror. Naturalmente que uno debe desear que un día el planeta experimente una civilización que haya abandonado la sangre y el horror…”

Finalmente, no son buenos tiempos para el paseante. El tapa-boca que modifica la parte más expresiva del rostro, las caretas de vidrio sobre los ojos deberán ser entendidas como la prueba del fracaso de un modelo acumulador, ventajoso, egoísta, que se acentuó en los últimos cuarenta años y que hoy está herido; no sabemos si de muerte. Quienes habitamos el planeta hoy, tenemos la responsabilidad de contribuir a la reducción de tanta sangre y horror ¿Cómo? Si existiera un progreso certero este tendría que ubicar al ser humano por encima de la tecnología, de quien depende en el trecho actual, parte de la sobrevivencia del individuo y la sociedad. Frente a la detención en tierra de los aviones y la cultura de la prevención ante las multitudes humanas, dependerá nuestra posibilidad de seguir caminando por la historia. No se debe olvidar que este desastre debe superarse con la desinfección de los gérmenes de la desigualdad entre naciones, personas, géneros, etnias, territorios.

Abril de 2020

Publicado enSociedad
Imagen: Sandra Cartasso

Si bien el enfoque tradicional indica la presencia in situ de los cuerpos en el dispositivo analítico, es posible matizar esa exigencia. 

“La función del marco --entiéndalo como ventana-- que traté de definir en la estructura del fantasma no es una metáfora”.  Jacques Lacan

La pandemia que amenaza al planeta nos anoticia sobre la necesidad de observar algunos decisivos recaudos tales como guardar cierta distancia entre los cuerpos y evitar la circulación. Cuidar al Otro aparece como la consigna necesaria para que tales medidas no desemboquen en la desconfianza, el recelo y la mala fe respecto al prójimo, anhelado cóctel de todo régimen totalitario. Toda la pregunta que nos convoca reside en considerar cómo se aborda la práctica psicoanalítica a partir de estas normas que el gobierno argentino con muy buen criterio ha tomado para prevenir el febril ritmo de propagación que distingue al Covid-19. Discontinuar los tratamientos no aparece como una vía aconsejable habida cuenta del campo fértil para la angustia que este virus amenaza coronar en un sin salida. Es que si damos crédito al punto de vista freudiano según el cual la realidad psíquica prima por sobre cualquier otra, todo dato empírico o estadístico --tal como Aquiles con la tortuga-- le va en zaga a la escalada que el pánico imprime: esa otra peste que paraliza el trabajo psíquico inventa un Otro todopoderoso, enmudece los cuerpos y arroja las personas al puro estado de objetos.

Desde ya, un recurso disponible para evitar tal peligro es el empleo de medios digitales: Skype, videollamadas o sencillamente la voz en el teléfono. Al respecto, cierto sesgo de la teoría psicoanalítica nos revela algunas condiciones subjetivas pasibles de ser aprovechadas en aras de que el dispositivo por medios digitales enfatice el cuidado del lazo social en momentos tan inéditos como el que estamos viviendo. Por lo pronto, si bien el enfoque tradicional indica la presencia actualizada de los cuerpos en el dispositivo analítico, basta recordar el supuesto autoanálisis de Freud realizado en diálogo epistolar con su entonces amigo Fliess, para matizar la exigencia de la condición in situ en la pareja analítica. De hecho, a efectos de esta puntual situación que la contingencia nos obliga a atravesar, bien podríamos preguntarnos:

¿Qué es el cuerpo?

A tal interrogante Lacan responde con una muy fina articulación según la cual el ser hablante: “ama a su imagen como lo que le es más prójimo, es decir su cuerpo. Simplemente, de su cuerpo no tiene estrictamente ninguna idea. Cree que es yo [moi]. Cada uno cree que es él. Es un agujero. Y después, afuera está la imagen. Y con esta imagen hace el mundo”. Según nuestra lectura, Lacan está diciendo que: el cuerpo del cual no se tiene idea es el prójimo. En otros términos: la intimidad de un cuerpo de deseo habita más en el Otro que en la ficción provista por el narcisismo de la imagen, a punto tal que ya en uno de sus primeros textos Freud señalaba que el prójimo es una noticia en el cuerpo propio: una de cuyas versiones es el padecer sintomático que no se reconoce como propio. Tal noticia --para decirlo en términos freudianos-- habita en los orificios del cuerpo, allí donde las sustancias, la visión y la materialidad de la Voz dan cuenta de la eminente condición social de nuestra subjetividad. En efecto, ya sea en la boca, el ano, los ojos o las orejas, transcurre la oscura corriente de afecto que signa y determina las huellas constitutivas de una satisfacción singular cuyas marcas --si bien imborrables-- resultan pasibles de ser reescritas en un análisis. ¿Cómo juega este cuerpo de deseo en el marco de una pantalla?

El marco de la ventana

No debe ser casualidad que sea en el seminario sobre La Angustia donde Lacan asimila el fantasma --a saber: el guion que alimenta la realidad psíquica de un sujeto-- al marco de una ventana, ese ángulo o perspectiva por la cual cada sujeto construye una realidad según las particulares noticias que el prójimo dejó en su cuerpo. Desde este punto de vista, el empleo de medios digitales como el Skype, si bien ausentan los cuerpos in situ, no dejan de aportar la presencia de un marco o ventana en la pantalla del equipo. Basta evocar el recurso de retirarse oportunamente del campo de visión del sujeto para hacer presente por un instante esa necesaria ausencia que agita el deseo; la misma con la que nos “cagamos” de risa o de miedo; la misma que --ante el estereotipado chiste con que el sujeto pretende escaparse del compromiso de un decir-- el analista actualiza con la modulación de la voz o el empleo de un silencio en la línea telefónica. (Todo esto para no hablar de aquellos pacientes que se presentan a tres metros del equipo; los que se esconden detrás de algún libro o almohadón; hasta los que se presentan en ropa interior porque “en casa me estoy cagando de calor”, signos evidentes del marco fantasmático que la pantalla actualiza durante una sesión).

Quizás estos momentos en que --como canta Jorge Drexler-- se aconseja: “manten a distancias largas/ tu amor de distancias cortas”, nos sirvan para actualizar aquello de “irrealizar el referente” indicado por Lacan como condición para la práctica analítica. Es que, habida cuenta de la transferencia de amor y saber que el paciente deposita en el Otro, la principal función del cuerpo del analista para propiciar un cambio de posición subjetiva es la de causar al sujeto primero, para luego ausentarse, hacerse un hueco, ofrecerse como puro semblante. En estos días en que la superación de la pandemia depende del esfuerzo mancomunado de millones de personas, se trata entonces de ampliar o interrogar ese marco aportado por la pantalla para que las noticias del prójimo faciliten el acceso a un imaginario no especular, allí donde la singularidad habita más allá de la tontería narcisista que nos encierra en el pánico.

Por Sergio Zabalza, psicoanalista.

¿Es posible correr un maratón en menos de dos horas sin ayuda de la tecnología?

Al atardecer, un día de finales de agosto de 1960, dio comienzo el maratón de los Juegos de Roma. Parte de él transcurrió a oscuras, iluminado parcialmente por antorchas. Sobre adoquines, carretera y calles bacheadas ganó descalzo el etíope Abebe Bikila, estableciendo una nueva marca mundial: 2 h 15 min 16 s.

Cincuenta y nueve años después, el keniata Eliud Kipchoge corre en Viena un maratón diseñado a medida en 1 h 59 min 40 s. Rompe las 2 h por primera vez, pero no se considera una marca oficial. La carrera se planifica al margen de las normas de la Federación Internacional de Atletismo como una campaña de marketing de calzado iniciada unos años antes.

Kipchoge corre con un prototipo de zapatillas deportivas que aún no está a la venta. Se cree que pueden suponer una ayuda tecnológica injusta. Pero ¿qué esconde el calzado de Kipchoge? y ¿dónde está el límite de la ayuda tecnológica justa?

La tecnología presente en el maratón

En el deporte actual la tecnología está en casi todo, aunque no siempre es visible en competición. Uno de los elementos más tecnológicos es la vestimenta y, dentro de ella, muy especialmente, el calzado.

En la época en que Bikila ganó descalzo el maratón, se corría con playeras. El calzado cumplía escasamente su función protectora. Además, era pesado por la suela de caucho.

Una década más tarde, irrumpen los aeróbicos. Con ellos aparecen miles de corredores populares. Las marcas de calzado empiezan a usar materiales espumados, principalmente, de dos tipos:

  • Los EVA (etilvinilacetatos) albergan pequeñas burbujas cerradas.
  • Los PU (poliuretanos) contienen burbujas interconectadas a modo de esponja de baño.

De esta manera, se consigue rebajar hasta seis veces el peso de un mismo volumen de caucho y surgen las entresuelas; material por encima de la suela y debajo de la parte textil. Dentro de ellas, aparecen diferentes sistemas de amortiguación insertados que buscan proteger la pisada del impacto.

Las marcas de calzado de la época hablaban de la posibilidad de combinar la amortiguación con el retorno de energía en la impulsión. Pero no habían evidencias de que lo cumplieran eficazmente.

Con el cambio de siglo empieza a usarse en el calzado, con variados propósitos, la fibra de carbono.

Una década más tarde, irrumpe un nuevo material espumado, más ligero y con capacidades de retorno de una parte de la energía de la pisada. Se trata de los poliuretanos termoplásticos (TPU) encapsulados. Por otro lado, empiezan a registrarse evidencias de que el calzado actual ayuda a correr más rápido.

¿Un maratón en menos de 2 h?

Está claro que no es posible correr un maratón en menos de dos horas sin ayudas tecnológicas. Para eliminarlas totalmente, deberíamos desprendernos no solo del calzado. También, entre otras muchas cosas, de todos los dispositivos que se usan para el entrenamiento y recuperación del esfuerzo.

Paradójicamente se ha visto que aquellos que corren habitualmente descalzos suelen beneficiarse de una pisada mejor amortiguada con el suelo. Ello ha propiciado que muchos corredores calzados adopten su técnica de carrera: mayor frecuencia de pasos, menor amplitud en cada paso y pisar de planta o antepié en vez del talón. No obstante, la escasez de corredores descalzos contribuye a que no se hayan vuelto a ver marcas descalzas como la de Bikila en el maratón.

¿Dónde está el límite?

Los límites del rendimiento del ser humano en el deporte están íntimamente ligados a la tecnología. Los reglamentos velan por que se compita en igualdad de condiciones. Aceptan la tecnología siempre que favorezca el espectáculo sin que desvirtúe la esencia de la competición ni perjudique la salud. El mundo del atletismo no vería con buenos ojos que la antigua carrera de Filípides en la llanura de Maratón se convirtiera en una competición de tecnología de muelles del calzado.

La Federación Internacional de Atletismo no ha adoptado medidas de momento. El prototipo de Kipchoge aún no se ha usado en competición oficial. Tiene mayor altura de entresuela y más placas de fibra de carbono que modelos previos de la misma marca.

El reglamento de atletismo describe claramente los objetivos que debe cumplir el calzado: protección, estabilidad y firme adherencia sobre el suelo. No habla en absoluto de la ayuda en la impulsión para correr más rápido. Además, dice que los deportivos no deben estar fabricados de manera que otorguen ayuda o ventaja injusta. Si hay evidencias de que las zapatillas no se ajustan al reglamento, o al espíritu del mismo, podrán ser sometidas a estudio y prohibidas.

Desde la comunidad científica se ha propuesto limitar la altura de la entresuela como posible estrategia para controlar la ayuda en la impulsión que proporcionan los últimos modelos y prototipos de calzado. Ya se hizo en su día con el salto de altura y longitud. Por otro lado, esa limitación no coartaría totalmente el desarrollo futuro de avances tecnológicos en materiales y arquitecturas de calzado (con una altura de entresuela reducida, eso sí).

Por XAVIER AGUADO JÓDAR

PROFESOR DE BIOMECÁNICA DEPORTIVA. CATEDRÁTICO DE UNIVERSIDAD, UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA

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