Prepárese para la dictadura de derecha de EE. UU antes de 2030, académico insta a Canadá

Un politólogo canadiense ha instado al gobierno de su país a prepararse para la posibilidad de que Estados Unidos se convierta en una dictadura de derecha antes de 2030.

En un artículo de opinión publicado en The Globe and Mail el viernes, Thomas Homer-Dixon, director ejecutivo del Instituto Cascade de la Universidad Royal Roads en Columbia Británica, advirtió que su país tenía que prepararse para el peor de los casos.

"Para el 2025, la democracia estadounidense podría colapsar, causando una extrema inestabilidad política interna, incluida la violencia civil generalizada", escribió Homer-Dixon.

"Para 2030, si no antes, el país podría estar gobernado por una dictadura de derecha. No debemos descartar estas posibilidades solo porque parezcan ridículas o demasiado horribles de imaginar.

"En 2014, la sugerencia de que Donald Trump se convertiría en presidente también les habría parecido absurda a casi todo el mundo. Pero hoy vivimos en un mundo donde lo absurdo se convierte regularmente en real y en un lugar común horrible".

El académico agregó: "[Estados Unidos] se está volviendo cada vez más ingobernable y algunos expertos creen que podría caer en una guerra civil".

El mes pasado, tres generales retirados del ejército estadounidense advirtieron sobre la posibilidad de una guerra civil si los resultados de las elecciones presidenciales de 2024 no son aceptados por secciones del ejército.

En noviembre, más de 150 académicos estadounidenses escribieron una carta pública en apoyo de la Ley de Libertad de Voto, que trata del registro y acceso de votantes y aún no ha sido aprobada. Esos académicos advirtieron que "los defensores de la democracia en Estados Unidos todavía tienen una pequeña ventana de oportunidad para actuar. Pero el tiempo se está acabando y la medianoche se acerca".

En el artículo de opinión, Homer-Dixon detalló las razones de lo que llamó la "crisis en desarrollo" en los EE. UU., Y escribió que había habido múltiples "señales de advertencia" y razones detrás de un panorama político cambiante.

Entre ellos, citó "el estancamiento de los ingresos de la clase media, la inseguridad económica crónica y la creciente desigualdad", y locutores como el fallecido Rush Limbaugh, quien dijo que había "machacado" la "autoridad moral de las instituciones políticas estadounidenses".

También destacó a los "ideólogos de derecha" que avivaban los temores del "reemplazo" de los blancos, la falta de voluntad de los ricos y poderosos "para pagar los impuestos, invertir en los servicios públicos o crear las vías para la movilidad vertical".

El artículo de opinión se refirió al ex presidente Trump, su administración y el "trumpismo" 28 veces.

En un momento, Homer-Dixon escribió que "si el Sr. Trump es reelegido, incluso en escenarios más optimistas, los riesgos económicos y políticos para nuestro país serán innumerables".

Newsweek se ha puesto en contacto con el representante de Trump para solicitar comentarios.

Al discutir la "gran mentira" —la afirmación falsa de Trump de que las elecciones presidenciales de 2020 fueron robadas—, Homer-Dixon dijo que si Trump es reelegido en 2024, el líder republicano "solo tendrá dos objetivos: reivindicación y venganza".

"Se avecina una tormenta terrible desde el sur y Canadá lamentablemente no está preparado", escribió el politólogo.

"Durante el año pasado, hemos centrado nuestra atención en el interior, distraídos por los desafíos de COVID-19, la reconciliación y los efectos acelerados del cambio climático. Pero ahora debemos centrarnos en el problema urgente de qué hacer con respecto a la probable desaparición de democracia en los Estados Unidos ".

"Necesitamos comenzar reconociendo plenamente la magnitud del peligro".

Homer-Dixon aconsejó al gobierno canadiense que establezca un comité parlamentario permanente y no partidista para "recibir informes sobre el estado de la democracia en los Estados Unidos y hacer recomendaciones".

(Tomado de Newsweek / Traducción Cubadebate)

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Lunes, 03 Enero 2022 09:39

¿Fin o renacimiento?

Pie de foto: La bandera estadounidense ondea frente a la cúpula del Capitolio de los Estados Unidos el 10 de septiembre de 2021 en Washington, DC. Un politólogo canadiense advirtió que su país debería prepararse para la posibilidad de una dictadura estadounidense en 2030. Foto: Drew Angerer / GETTY IMAGES

“Por ahora, el fascismo no es una amenaza a la continuación de nuestra forma de gobierno… pero si la democracia estadunidense deja de moverse hacia adelante como fuerza viva… para mejorar la condición de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestra tierra”, declaró Franklin Roosevelt en noviembre de 1938. Pero las palabras son igual de contemporáneas al inicio de 2022.

Roosevelt sabía del fascismo no sólo por su expresión europea, sino también por lo que ocurría en su propio país, incluido un complot para un golpe de Estado contra su gobierno a mediados de los años 30 para intentar frenar su New Deal.

Hoy día, la supervivencia de la democracia estadunidense es tema central en el debate nacional cotidiano.

La estadunidense siempre ha sido una democracia en la cual no necesariamente impera el principio fundamental de tal sistema: la voluntad de la mayoría. Ni en sus elecciones presidenciales –como fue el caso de las de 2016 y las de 2000– ni en las políticas nacionales. Por ejemplo, la mayoría del pueblo estadunidense, según encuestas, favorece acciones para combatir el cambio climático, elevar el salario mínimo, invertir en infraestructura, una reforma migratoria que incluya una ruta a la ciudadanía para indocumentados y la legalización de la mariguana, entre otras cosas. Pero la cúpula política, bajo el consenso bipartidista neoliberal de las últimas cuatro décadas, ha logrado frenar, diluir e ignorar estas expresiones mayoritarias.

Ante ello, no sorprende el continuo deterioro de la confianza pública en las llamadas instituciones de la democracia. Según encuestas de Gallup en 2021, sólo 39 por ciento confía en el gobierno federal para abordar problemas nacionales; sólo 37 por ciento confía en el Poder Legislativo, sólo 40 por ciento –el peor nivel registrado– aprueba el trabajo de la Suprema Corte, y sólo 36 por ciento expresaban confianza en los medios de noticias (el segundo nivel á bajo jamás registrado por la encuestadora).

En estos últimos años, fuerzas neofascistas que subieron al poder con Trump en 2016 se han aprovechado del desencanto, corrupción y desesperación resultado de cuatro décadas de neoliberalismo, para profundizar la polarización social y política cada vez más marcada en el país, entre otras cosas con la estrategia antigua de enfrentar a jodidos contra otros jodidos. Ahora se están preparando para retomarlo, cueste lo que cueste, incluidos intentos de golpe de Estado (el próximo 6 de enero se marca el primer aniversario de la intentona de golpe de Estado que culminó con el asalto al Capitolio).

Todo esto ha opacado al faro de la democracia. Según sondeos de Pew Research en 16 países el año pasado, sólo 17 por ciento opinaba que la democracia en Estados Unidos es un buen ejemplo a seguir para otros países, y 57 por ciento señaló que la democracia estadunidense antes lo era, pero ya no. Aún más sorprendente es que los estadunidenses están de acuerdo: sólo 19 por ciento cree que la democracia en su país es un buen ejemplo a seguir para otros países y 72 por ciento opina que la democracia estadunidense fue un buen ejemplo a seguir, pero que en los últimos años no ha sido así (https://www.pewresearch.org/global/2021/11/01/what-people-around-the-world-like-and-dislike-about-american-society-and-politics/pg_2021-11-01_soft-power_0-04/).

Pero mientras los expertos y los medios se enfocan en la polarización, resulta que existen algunos consensos democráticos sorprendentes: una encuesta el año pasado registró que 84 por ciento opina que entre lo que más ayudaría a resolver la polarización sería otorgar a la gente ordinaria mayor voz en las decisiones que afectan sus vidas, y 83 por ciento dice que también ayudaría una mejora de la oportunidad económica y seguridad para todos sin importar raza, etnia o dónde viven. De hecho, la mayoría de estadunidenses cree que las divisiones políticas son impulsadas más por políticos que por gente ordinaria. (https://publicagenda.org/reports/overcoming-divisiveness-charting-a-path-forward/).

O sea, para rescatar la democracia se requiere el retorno al poder del demos.

Yo-Yo Ma, Edgar. Meyer, Chris Thile, Stuart Duncan. Fiddle Medley. https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=RLUyg173n_M

 

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Chile: malos tiempos para la ética política

En Chile la ilusión de estar viviendo un proceso constituyente radical, de transformación democrática se desvanece. Las macroelecciones dejan un resultado poco esperanzador. Dentro de un mes, el posible triunfo de la extrema derecha pinochetista es un mal presagio. Pero no podemos dejar pasar el nuevo mapa que se dibuja tras las elecciones parlamentarias. La derecha controla ambas cámaras. El pacto de transición (1988-90), entre las fuerzas armadas y los representantes políticos que le dieron vida, llega a su fin. El parlamento, ya en crisis, tiene nuevos actores y hay que reinventar alianzas y pactos. Si hablamos de la derecha, la coalición hegemónica Chile Podemos Más cohabitará con una derecha neofascista, cuya presencia ha dejado de ser marginal. Se trata del Frente Social Cristiano, encarnado en la figura de José Antonio Kast, y formado por el Partido Republicano y el Partido Conservador Cristiano. En este contexto, UDI, RN y Evópoli, con 59 diputados, seguirán siendo la principal fuerza parlamentaria, pero deberán pactar a su derecha con el Frente Social Cristiano. Sus 15 diputados serán necesarios para articular mayorías. El chantaje será el arma política para mantener atada en corto a la derecha que negoció la transición, y según Katz abandonó sus postulados para plegarse a los designios de la izquierda marxista. Asistiremos, con seguridad, a un discurso más beligerante y anticomunista. Pero no ha sido este el único desprendimiento en la derecha, el Partido por la Gente, con seis diputados, creado ad hoc y legalizado en julio de 2021, inaugura su andadura. Para ello candidateó a Franco Parisi, economista conocido por sus programas de radio y televisión, adulador de la economía de mercado, quien ha fijado su residencia en Estados Unidos, sin participar en los debates. Cuesta creer que 891 mil 566 chilenos le otorgasen su voto, convirtiendo a Parisi en el tercer candidato más votado, por delante de Sebastián Sichel, de Chile Vamos. Sus motivos para "pedir asilo", según sus declaraciones, se deben al proceso judicial que le condena a pagar una millonaria deuda de pensión alimentaria a sus hijos.

Por el otro lado, los partidos que han configurado la Concertación, hoy Nuevo Pacto Social, acaban haciendo aguas. Aunque se mantiene la alianza entre socialistas, democratacristianos, Partido Radical y Partido por la Democracia, sus resultados no han sido mejores que Apruebo Dignidad, donde se agrupan el Frente Amplio, el Partido Comunista, Comunes y Verdes. Ambas coaliciones han obtenido igual número de escaños: 37. La novedad es la juventud de sus diputados. La vieja generación de líderes y dirigentes ha sido desbancada, lo cual supone un cambio que acabará repercutiendo en los discursos, los comportamientos y actitudes a la hora de enfrentar los pactos, lo cual no necesariamente debe traducirse en un ideario más a la izquierda, anticapitalista y contra el neoliberalismo.

Así, en segunda vuelta, a pesar de en­tender que el triunfo de Kast, el 19 de diciembre, sería la confirmación de la peor de las opciones posibles, el probable triunfo de Gabriel Boric, dejaría un presidente debilitado. La derecha, con mayoría en ambas cámaras, podrá desarrollar una política de cortapisa, retrotrayendo el país a los años más oscuros del pinochetismo político y, de paso, convertirse en un dique a la Convención Constituyente, aislando a sus convencionales situados a la izquierda y decididos a cambiar el modelo. En esta tarea contaría con la colaboración de una parte importante de los independientes, socialdemócratas y democristianos de los partidos que firmaron el 15 de noviembre de 2019 el pacto de la traición.

Si dentro de un mes, votar a Gabriel Boric se piensa como freno a José Antonio Kast, sus opciones están en buscar alianzas con la socialdemocracia y la democracia cristiana, en otros términos, con la vieja Concertación, y atraerse los votos del progresista Marco Enrique Ominami (7.61 por ciento) y de Unión Patriótica, Eduardo Artés (1.47), secretario general del Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria). Sin olvidar la necesidad de movilización social. Los índices de abstención se elevan a 52 por ciento. De los 15 millones 30 mil 973 ciudadanos con derecho a voto, lo ejercieron 7 millones 93 mil 303. En pocas palabras, uno de cada dos chilenos se abstuvo. La despolitización, la corrupción, el descrédito de los partidos, la pérdida de confianza en las instituciones públicas, la falta de una opción ilusionante en la izquierda, un proyecto real, por encima de discursos grandilocuentes, genera desafección y desinterés. Ahí está otro triunfo cultural del neoliberalismo chileno, relegar la política a un espacio emocional de marketing electoral, desligándola de su sentido ético de construcción de dignidad y ciudadanía plena.

En definitiva, la disyuntiva en Gabriel Boric y Jose Antonio Kast pierde relevancia si entra en la ecuación la nueva composición parlamentaria, sin por ello restarle importancia. No son lo mismo. Pero la realidad es tozuda. Boric, si quiere recuperar terreno, deberá buscar la confianza de los sectores medios, los empresarios, las trasnacionales y los organismos internacionales, lo cual le conduce a posicionarse en favor de la economía de mercado, los tratados de libre comercio y suavizar su rechazo al neoliberalismo. Entre la espada y la pared, si triunfa, su gobierno dará tumbos entre el desencanto y la frustración. José Antonio Kast es el candidato de la derecha, todas las derechas, y harán lo posible para suavizar el discurso xenófobo, racista y violento, maquillando sus declaraciones. Si lo consiguen, tendrán mucho ganado. El Chile real dista mucho de aquel imaginado hace apenas un año con el proceso constituyente. La tendencia es a reconstituir el proceso neoliberal bajo nuevas formas y para ello, da lo mismo ocho que 80.

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Lunes, 15 Noviembre 2021 06:05

SOS otra vez

Varios de los autores intelectuales del asalto al Capitolio instigado por Donald Trump se han rehusado a cooperar con la investigación del Congreso sobre lo ocurrido aquel 6 de enero. Uno de ellos, Steve Bannon (en imagen de archivo), ex jefe de estrategia del magnate, fue acusado formalmente de desacato el pasado viernes por negarse a comparecer ante los legisladores.Foto Afp

“Nunca antes ha sido tan impredecible nuestro futuro, nunca hemos dependido tanto de fuerzas políticas que no pueden ser confiadas en seguir las reglas del sentido común y el autointerés; fuerzas que parecen pura locura”. Hannah Arendt (citada por su discípula Samantha Rose Hill, como comentario sobre los tiempos que vivimos en Estados Unidos).

Cada vez es más difícil explicar que el país que se proclama como el faro democrático del mundo (el mismo cuyo gobierno suele juzgar casi todos los días a otros pueblos por sus supuestas fallas democráticas, y al mismo tiempo rehusa aceptar su pasado histórico de intervenciones e invasiones antidemocráticas por todo el mundo) ahora está dispuesto a poner en jaque a su propia versión de democracia. El proyecto neofascista que llegó al poder con Trump no ha sido derrotado.

Eso a pesar de que el ex presidente y su gente están bajo investigación por promover nada menos que una intentona de golpe de Estado, algo sin precedente en este país. Pero lo ocurrido el 6 de enero con el asalto al Capitolio instigado por Trump no acabó ahí, sino que esa insurrección, en parte armada, continúa hoy día. De hecho, varios de los autores intelectuales de ese asalto están rehusando cooperar con la investigación oficial del Congreso sobre lo ocurrido ese día. El 12 de noviembre, uno de ellos, Steve Bannon, fue acusado formalmente de desacato a la orden de comparecer ante el Congreso, pero todo indica que usará eso para sus fines políticos.

Día tras día Trump y sus aliados no han dejado de proclamar que la elección presidencial fue "robada" (algo que la mayoría de los republicanos opinan) y el ex presidente convoca a todo "patriota real" a sumarse a su movimiento para "salvar a Estados Unidos de Biden" y de "la izquierda radical".

En mítines y reuniones hay cada vez más amenazas de violencia –algo nutrido durante cuatro años por Trump– contra demócratas, inmigrantes, minorías y todo opositor. Se habla de resistencia armada a la "tiranía" de las autoridades que se atreven a ordenar el uso de cubrebocas y promueven vacunas. Hay amenazas de muerte contra integrantes de juntas escolares y han duplicado las amenazas de violencia contra legisladores federales progresistas. Algunos asesores de seguridad ahora recomiendan a legisladores no realizar actos públicos. Por otro lado, un segmento significativo de republicanos consideran que podría ser necesaria una "guerra civil"; casi tres de cada 10 de los que creen que la elección fue "robada" opinan que la "violencia podría ser justificada para salvar a nuestro país".

O sea, para Trump y sus seguidores el 6 de enero no marcó el fin de la presidencia de su líder, sino el comienzo de una reconquista –casi a cualquier costo– del poder en este país.

Hay una ofensiva para, efectivamente, minar el derecho al voto de las minorías, legislaturas estatales bajo control republicano están redibujando distritos electorales para garantizar sus mayorías, y hay esfuerzos encabezados por republicanos para prohibir ciertos conceptos y libros –sobre raza, identidad sexual, historia y más– en las escuelas públicas en estados como Texas (donde un legislador ya elaboró una lista de 850 libros) y Wisconsin.

Otros, como el ex asesor de seguridad nacional de Trump, general Michael Flynn, están abogando por tener una sola religión en Estados Unidos (la cristiana).

Mucho de esto brota de los escombros de 40 años del modelo neoliberal estadunidense, y los políticos derechistas han sido muy hábiles en generar divisiones entre los más afectados a través de viejas maniobras racistas, xenofóbicas y antimigrantes y, con ello, una vez más, los jodidos perciben como sus enemigos a los aún más jodidos.

El futuro de esta democracia ahora depende cada vez más de las fuerzas democratizadoras de este país –los defensores de los derechos civiles y sociales, sobre todo los jóvenes y los migrantes que han sido las vanguardias de las luchas por la justicia a lo largo de la historia de Estados Unidos– y sus aliados en el mundo.

Marc Ribot & Tom Waits. Bella Ciao. https://www.youtube.com/watch?v=n_pWpW4JlrM&list=PLJ7QPuvv 91JtXvNGLwJdQMIUqHlEn-gV7

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El presidente brasileño Jair Bolsonaro (C), el presentador de televisión Silvio Santos (d) y el obispo evangélico Edir Macedo. — EVARISTO SA / AFP

La derecha latinoamericana ha visto en ese auge evangélico una puerta abierta para captar votantes en un nicho social que tradicionalmente se le ha resistido: los pobres.

 

Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, vio cumplida su profecía de la 'nación divina' cuando su amigo Jair Bolsonaro tocó el cielo (del Palacio del Planalto) en 2018. Macedo es el arquetipo de los líderes religiosos que han ido acumulando riqueza y poder político en América Latina. Las iglesias evangélicas avanzan sin freno en una región que era el semillero de la Iglesia católica hasta hace poco. Cien millones de fieles llenan sus templos y escuchan las soflamas antiabortistas de los pastores pentecostales. Pero su discurso no se circunscribe al ámbito religioso.

Gracias a imperios mediáticos como el que ha levantado Macedo en Brasil, los evangélicos son hoy un influyente lobby político. A Dilma Rousseff casi le cuesta la presidencia en 2010 su idea de despenalizar el aborto. En plena campaña electoral y ante la presión de los evangélicos, tuvo que matizar su propuesta. Leviatán para todas las iglesias, el aborto ha servido ahora de excusa a los evangélicos argentinos para denostar a la escritora argentina Claudia Piñeiro, guionista de El Reino, una serie de televisión que refleja las promiscuas relaciones entre el poder político y algunos líderes espirituales.

Estrenada recientemente en ese averno audiovisual llamado Netflix, la serie ha batido récords de audiencia en Argentina. A la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina le ha debido sentar a cuerno quemado que la ficción se inspire en las veleidades terrenales de algunos pastores.

Y se han cebado con Piñeiro, autora de éxito editorial y defensora de los derechos de las mujeres: "Es sabido el encono que ha expresado la escritora y guionista de esta obra desde su militancia feminista durante el debate de la ley del aborto hacia el colectivo evangélico de la Argentina, representado por millones de ciudadanos que no coincidían en su posición respecto del tema", rezaba su poco beatífico comunicado.

La influencia de los evangélicos en la política argentina es todavía limitada y su implantación social es menor que en otros países de la región (alrededor del 15%). Distinto es el caso de Brasil, donde los evangélicos representan ya el 30% de la población y sus líderes tienen una notable presencia en el Parlamento y en los gobiernos locales desde hace años. Marcelo Crivella, obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, fue senador, gobernador del estado de Río de Janeiro y alcalde de su capital entre 2017 y 2020. Pertenece al Partido Republicano Brasileño, muy ligado a los neopentecostales.

Antes de acabar su mandato como alcalde, cayó preso por corrupción. En prisión tal vez escuchara la letanía proveniente de alguna de las miles de congregaciones evangélicas de Brasil: "Para de sufrir". Su tío Edir Macedo hace tiempo que no sufre. Con su poderoso arsenal mediático (posee la cadena de televisión Récord, varias emisoras de radio y dos periódicos), hace y deshace a su antojo. Ha amasado una fortuna y ahora tiene un aliado de lujo en Brasilia, el ultraderechista Bolsonaro, a quien ayudó a ganar las elecciones en 2018. Los congresistas evangélicos fueron ya decisivos en el impeachment que sacó a Rousseff de la presidencia en 2016. A la hora de votar, la mayoría invocó a Dios.

La doctrina pentecostal (relevancia del Espíritu Santo, relación directa con Dios, prosperidad terrenal, etc.) fue implantándose en América Latina desde mediados del siglo XX. Antes ya había echado raíces en Estados Unidos, cuya influencia en las iglesias latinoamericanas ha sido notoria. Ante las experiencias progresistas de la católica teología de la liberación (con la que confraternizaron los movimientos insurgentes latinoamericanos), a partir de los años 80 los sectores conservadores norteamericanos apostaron por la "teología de la prosperidad" que predicaban los carismáticos y elocuentes pastores evangélicos.

Según un estudio del Pew Research Center realizado en 2014, cerca del 20% de los latinoamericanos se declaraban evangélicos. Los católicos continúan siendo mayoría (alrededor del 70%) pero su declive es constante (representaban el 94% hasta los años 60) pese a los esfuerzos del Vaticano por frenar la sangría. Las continuas giras de los papas por la región eran parte de esa estrategia. Un informe más reciente de Latinobarómetro (2018) confirma esa tendencia ascendente de la doctrina evangélica en detrimento de la católica, si bien su crecimiento no es homogéneo. Hay países como México o Paraguay donde el catolicismo no se resiente tanto mientras en Brasil el descenso es continuo. Y Centroamérica cuenta ya con más evangélicos que católicos.

La política se ha impregnado del discurso de las iglesias neopentecostales en muchos países. El cómico evangélico Jimmy Morales, en la mira de la justicia por presunta financiación electoral irregular, gobernó en Guatemala entre 2016 y 2020. Y en Costa Rica estuvo a punto de llegar a la presidencia en 2018 Fabricio Alvarado, otro dirigente en la órbita de los evangélicos. Ganó la primera vuelta al grito de "¡No se metan con las familias!", en referencia a la educación sexual laica que comenzaba a impartirse en las escuelas costarricenses. No superó la segunda vuelta electoral pero el poder del lobby evangélico sigue muy presente en el país.

El populismo de derechas que abandera Bolsonaro en América Latina se ha mirado en el espejo de las iglesias evangélicas. Los pastores pentecostales se han ganado a los más desfavorecidos prometiéndoles redención espiritual y alivio pecuniario en el mismo sermón. Su mayor acierto ha sido asentarse en los rincones donde la Iglesia católica no ha logrado penetrar. Las corrientes migratorias del campo a la ciudad han creado barriadas gigantescas en las grandes urbes latinoamericanas. Allí han crecido como setas las iglesias evangélicas con sus redes de apoyo comunitario para combatir la drogadicción o el alcoholismo, atrayendo así a miles de fieles a su causa.

La derecha latinoamericana ha visto en ese auge evangélico una puerta abierta para captar votantes en un nicho social que tradicionalmente se le ha resistido: los pobres. La buena sintonía entre populistas de derechas y pastores evangélicos es evidente en muchos países. Coinciden en muchas ocasiones (aunque no siempre) en una defensa del neoliberalismo y una oposición militante a derechos sociales como el aborto o el matrimonio igualitario. Esa conexión político-religiosa no solo ha proliferado en Brasil.

Los evangélicos desempeñaron un papel relevante en el rechazo a los acuerdos de paz en el referéndum de Colombia en 2016. El empresario Sebastián Piñera volvió al poder en Chile tras ganar las elecciones en diciembre de 2017. Tanto el dirigente conservador como el candidato pinochetista José Antonio Kast contaron con asesores evangélicos en sus equipos de campaña. Y en Bolivia, los golpistas que echaron del poder a Evo Morales en noviembre de 2019 irrumpieron en el Palacio de Gobierno enarbolando biblias.

Jeanine Áñez, presidenta de facto durante un año y hoy en prisión, es una ferviente creyente católica. El hacedor político del golpe, Luis Fernando Camacho, actual gobernador de la rica provincia de Santa Cruz, está muy vinculado a los evangélicos (de hecho, se le conoce como el Bolsonaro boliviano). El reino que invocan ciertas iglesias y líderes evangélicos es muy terrenal. Un paraíso de votos para la emergente ultraderecha latinoamericana.

 

28/08/2021 22:28

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Fujimorismo: enfermedad infantil del fascismo

A unos días de la proclamación del nuevo presidente de Perú –por primera vez en su historia un auténtico representante de las clases subalternas– hay algunas cuestiones que hay que intentar explicar si no se quiere que se vuelvan misterios.

Antes que todo, cómo es posible que más que 8 millones de electores –o sea casi la mitad de los votantes– hayan votado por una candidata tan desacreditada, tramposa y manifiestamente hambrienta de poder como Keiko Fujimori, cuyo único currículo político es ser la hija de un dictador que está purgando 25 años de cárcel por los graves crímenes que cometió.

A pesar de haber ordenado matanzas de civiles y campesinos, orquestado robos multimillonarios al patrimonio de la nación, reprimido o comprado a la oposición, infiltrado la magistratura, sujetado al ejército, rediseñado las instituciones a su antojo, Alberto Fujimori ha sabido crear una mitología alrededor de sí mismo, sobre todo gracias al trabajo incesante de una prensa mercenaria, que perdura aún hoy.

Esta narrativa chicha (o sea chayotera) celebra la victoria del estado sobre el terrorismo de Sendero Luminoso, el salvamento de la economía, desastrosa en el quinquenio de Alan García, la construcción de grandes obras y el interés hacia el Perú profundo.

Todos estos argumentos pueden ser fácilmente rebatidos apoyándose en la realidad histórica: la derrota de Sendero Luminoso se debe a la actividad autónoma de la Dirección contra el Terrorismo (Dincote) y no a las directivas de Fujimori; la recuperación de la economía aconteció motu proprio y gracias al FMI luego de que la inflación rebasó 7000 por ciento, o sea los precios se duplicaban cada dos semanas; las grandes obras y las privatizaciones sirvieron sobre todo para enriquecer monstruosamente al dictador y a su círculo íntimo; el interés para las comunidades más remotas se reducía a unas limosnas –mayormente láminas y cemento– con fines ­clientelares.

La sobrevivencia de esta mitología es indicativa de cuánto el monopolio de la información –y a escala nacional 80 por ciento está en manos del Grupo El Comercio– puede dinamitar el pluralismo informativo y envenenar las consciencias. Que estos mismos grupos se yergan en paladines de la libertad de expresión e información a nivel internacional es algo realmente grotesco.

La campaña electoral de Keiko Fujimori, respaldada por la gran prensa y la mayoría de las televisoras, donde han sido invertidas sumas enormes, producto de lavado de dinero sin algún control, ha fracasado por la tercera vez: la primera contra Ollanta Humala en 2011, la segunda en 2016 contra Pedro Pablo Kuczynski. Lo irónico de la actual tercera derrota es que ha sido por el mismo, minúsculo porcentaje que la segunda: 0.24 por ciento, lo que ha enfadado la heredera del otrora poderoso shogun, truncando sus aspiraciones ­presidenciales.

La segunda derrota de Keiko, en 2016, le ha costado a Perú cinco años de parálisis política, un constante boicot al Ejecutivo, la remoción de tres presidentes y el descrédito y la extrema impopularidad del Congreso. Sin embargo, todo esto no podría explicarse como la pataleta de una mala perdedora que tiene subyugada la voluntad de la mitad de la nación, si no fuera que la Señora K, como la llamaban en jerga sus financiadores, es una especie de Juana de Arco de los corruptos –políticos y no– , los narcos, los poderes fácticos, los aspirantes golpistas, los mercenarios, lo que aquí se llama la derecha “bruta y achorada”y, last but not least, el gran capital, como se ve, en buena compañía.

Falta también considerar que al menos la mitad de los que han votado por ella –a pesar de saber que es imputada de asociación criminal, lavado de dinero y obstrucción a la justicia con un pedido de 30 años de cárcel– lo han hecho "tapándose la nariz", considerándola un mal menor frente al candidato "con olor a pueblo", el maestro rural Pedro Castillo.

Keiko Fujimori, financiada por sus futuros patrones, ha tenido la última astucia de abrazar el espantapájaros del anticomunismo, muy radicado en un país aún lastimado por las secuelas de una guerra civil, y de explotar los sentimientos racistas que atraviesan la sociedad peruana y determinan la férrea exclusión de la "raza cobriza"de los niveles más altos del poder.

Aun apelando a dos sentimientos negativos muy difundidos, la "eterna perdedora", como ha sido rebautizada por sus desertores, no ha logrado superar el rechazo a su entera dinastía. "¡Fujimori nunca más!" ha sido el grito recurrente en las manifestaciones de noviembre pasado, que en cinco días frustraron el intento golpista de Manuel Merino. Eran sobre todo jóvenes, que se han hecho llamar "la generación del Bicentenario" y que, justo en la conmemoración de los dos siglos de la Independencia, celebrarán la victoria de un verdadero candidato del pueblo, con gran disgusto de la oligarquía.

Sin embargo, la lucha continúa. A pesar de que muchos de los que la apoyaron, a partir del propio Vargas Llosa, se están retirando, Keiko espera apadrinar a los 8 millones de electores anti-Castillo para sacarlo de la presidencia en los próximos meses.

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Lasso asumió la presidencia y reforzó el giro a la derecha en Ecuador

Prometió un "gobierno del encuentro" y proclamó el "fin de los caudillismos"

El exbanquero recibirá el país de su aliado, el saliente Lenín Moreno, en medio de una severa crisis económica que se extendió al nivel social y sanitario a causa del coronavirus. 

 

El exbanquero Guillermo Lasso asumió la presidencia de Ecuador en un acto celebrado en el Palacio Legislativo de Quito, con fuertes críticas al correísmo y proclamando el fin de la "era de los caudillos". Lasso recibirá el país de su aliado, el saliente Lenín Moreno, en medio de una severa crisis económica que se extendió al nivel social y sanitario a causa del coronavirus. Para su gestión de cuatro años promete un "gobierno del encuentro" y una promocionada "lucha contra la corrupción", premisas características de los gobiernos de derecha en la región. Sin embargo, el escenario no es muy esperanzador: Lasso ya rompió la principal alianza que lo llevó al poder, el Congreso está dividido y la deuda externa a pagar entre 2021 y 2025 supera los 40 mil millones de dólares.

La presencia de mandatarios en el acto de asunción fue bastante austera. Lasso juró ante la mirada de los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro; República Dominicana, Luis Abinader; y Haití, Jovenel Moise. Lo acompañaron además el vicepresidente de Paraguay, Hugo Velázquez, y el rey de España, Felipe VI. En tanto, la delegación del gobierno de Estados Unidos estuvo liderada por su embajadora ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield. Los presidentes de Colombia, Iván Duque; de Chile, Sebastián Piñera; y de Uruguay, Luis Lacalle Pou, cancelaron a último momento sus viajes. El gobierno argentino estuvo representado por una comitiva encabezada por el canciller Felipe Solá. A la toma de posesión de Lasso también asistieron fieles exponentes de la derecha iberoamericana como los exmandatarios José María Aznar de España; Álvaro Uribe de Colombia; y el opositor venezolano Leopoldo López.

"Nuestros gobernantes nos han fallado, traicionaron a nuestros principios fundacionales", remarcó Lasso desde la sede de la Asamblea Nacional, vestido sobriamente con un traje oscuro y corbata azul claro. "Todo eso termina este 24 de mayo, termina la era de los caudillos", sostuvo el flamante presidente.

En su discurso de asunción, Lasso hizo referencia a un país "que ha deslumbrado por su incapacidad para hacer frente a la pandemia", en una inusual crítica al presidente saliente y aliado luego de traicionar al correísmo, Lenín Moreno.  "Gobernaremos para todos. Esto significa no gobernar a favor de un sector privilegiado, pero tampoco en contra de nadie", prometió quien estuvo al frente del feriado bancario y el corralito previo a la dolarización de Ecuador en 1999.

"Los principales desafíos de Ecuador son los que todo país tiene o mejor dicho, a los que todo pueblo aspira: democracia, paz, desarrollo social y económico, trabajo. La pregunta es si este gobierno con un proyecto neoliberal puede satisfacer esas aspiraciones. Creo que se viene una situación más grave en términos de crisis social para el pueblo ecuatoriano, eso fue el gobierno de Lenín Moreno consolidado por Lasso, porque los dos gobernaron”, destacó en diálogo con PáginaI12 el director del Centro Andino de Estudios Estratégicos, Mario Ramos.

"El modelo empresarial-neoliberal que siguió Lenín Moreno, que revivió porque regía en los años 80 y 90 en Ecuador, agravó no solo las condiciones de vida y trabajo de una amplia población, sino la misma economía porque no se articuló un tipo de políticas que incluso permitan el fomento privado. Los dineros salieron fuera del país para esconderse en paraísos fiscales y no existieron inversiones en Ecuador", planteó en el mismo sentido el historiador Juan Paz y Miño. Para paliar las dificultades económicas del país, Moreno recurrió a un alto endeudamiento con organismos multilaterales, entre ellos el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El pasivo total escaló hasta el 63 por ciento del PBI en diciembre pasado (61.300 millones de dólares). En ese contexto Lasso nombró a Simón Cueva, economista y exrepresentante del FMI en Bolivia, como nuevo ministro de Economía y Finanzas. Toda una declaración de principios. "Cueva dijo días atrás que quien gane más de 500 dólares en el precario Ecuador de estos momentos es casi concebido como un millonario y que por lo tanto habría que explorar miradas tributarias e impositivas. Me parece que está reproduciendo la catástrofe de las manifestaciones colombianas", destacó en ese sentido Jorge Vicente Paladines, profesor de la Universidad Central del Ecuador.

En su extenso discurso Lasso mencionó además que uno de los retos más importantes que tendrá en los primeros 100 días de su gobierno será el de vacunar contra la covid-19 a nueve millones de habitantes, aunque reconoció que ese esfuerzo demandará un gran esfuerzo logístico. "Vacunaremos sin descanso porque el virus no descansa", sostuvo el mandatario y destacó que "el país tiene que movilizarse" para cumplir el objetivo. A cargo de esa travesía quedará la flamante ministra de Salud, Ximena Garzón.

"¿Bajo qué política va a aplicar el gobierno del banquero Lasso el plan de vacunación: una política de castas privilegiada, como ocurrió durante el gobierno de Lenín Moreno con el caso de la vacunas vip, o una mirada social que cumpla con las expectativas de los grupos verdaderamente vulnerables frente a la pandemia?", se preguntó al respecto Paladines.

El presidente electo anunció además que al frente del ministerio de Energía y Minería estará Roberto Salas, empresario de un conglomerado agroindustrial e inmobiliario privado sin experiencia en el sector petrolero. Las exportaciones de petróleo son una fuente clave de ingresos para un país con serios problemas de liquidez. Lasso anticipó que su administración apostará por duplicar la producción petrolera, impulsará la minería y ofrecerá a la iniciativa privada varias áreas estatales.

Lasso también anticipó este lunes que en el tiempo más corto posible Ecuador intentará formar parte de la Alianza del Pacífico, una iniciativa de integración regional formada por Chile, Colombia, Perú y México. Además será importante la relación con su principal socio comercial, Estados Unidos. Con ese fin, el flamante presidente nombró como canciller al diplomático Mauricio Montalvo, quien estuvo al frente de la embajada ecuatoriana en Australia hasta el 10 de mayo.

"La política exterior del gobierno será completamente entreguista y anti-soberana. Su primer viaje al exterior, como es de conocimiento público, fue visitar a Iván Duque en Colombia. Asombró una declaración en la que justificó el bombardeo de Angostura, cuando los colombianos atacaron territorio ecuatoriano. Entonces, si un presidente no defiende la soberanía de un país, ¿qué podemos esperar de la política exterior de Lasso?", cuestionó Ramos.

Otros de los desafíos no menores que aguardan al mandatario de derecha será traducir sus proyectos de ley en acuerdos legislativos, dada su escasa representación parlamentaria de doce escaños de los 137 que componen la Asamblea Nacional, lo que le obligará a negociar permanentemente. Con las fuerzas dispersas y sin mayoría absoluta en el Congreso, su movimiento Creando Oportunidades (CREO) debió aliarse con distintos sectores para lograr un frente que asumió el control del Legislativo excluyendo al correísmo.

El sábado pasado, después de tres intentos fallidos para elegir al nuevo titular del Congreso y de romperse el acuerdo entre CREO y el Partido Social Cristiano (PSC), la alianza con la que Lasso ganó el ballottage presidencial hace solo un mes, la Asamblea Nacional eligió a la legisladora Guadalupe Llori, de Pachakutik (PK), como su nueva presidenta. "Lo que hizo Yaku Pérez en el encuentro que tuvo con Guillermo Lasso cuando se dio ese posible conteo de votos en pleno proceso electoral fue un acercamiento entre ambos que tiene que ver con agendas políticas claras. Pachakutik es un movimiento que con su silencio terminó apoyando a Lasso", planteó Paladines en ese sentido.

Habrá que ver además que ocurre con el correísmo, que a través de UNES es la mayor fuerza política de la Asamblea Nacional con 49 escaños. Aunque no alcanza la mayoría de votos, su lugar será decisivo en votaciones trascendentales. En ese punto Ramos fue categórico. "El correísmo debe oponerse al proyecto neoliberal, y a veces tengo dudas de que prioricen ese objetivo. Como movimiento político la Revolucion Ciudadana debe renovarse y reorganizarse para ir adquiriendo mayores capacidades políticas", aseguró el director del Centro Andino de Estudios Estratégicos.

 

Por Guido Vassallo

24 de mayo de 2021

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Guillermo Lasso y el laberinto de las izquierdas ecuatorianas

Con Guillermo Lasso, un banquero cercano al Opus Dei, la derecha ecuatoriana llega al gobierno tras su victoria electoral del 11 de abril. La izquierda y la centroizquierda tienen una clara mayoría en la Asamblea Nacional, pero sus fuerzas se encuentran enfrentadas y lejos de poder construir un bloque común.

 

Las elecciones presidenciales de 2021 en Ecuador dieron el primer triunfo electoral a la derecha en más de dos décadas. Pese a que el de Lenín Moreno fue un gobierno escorado a la derecha, el hecho de que las fuerzas verdaderamente representativas de ese espectro ideológico –como el Movimiento Creando Oportunidades (CREO) y el Partido Social Cristiano (PSC)– hayan obtenido el triunfo electoral marca un hito en la política ecuatoriana y expresa un nuevo contexto histórico al que los espacios de izquierda y progresistas deben prestar atención.

En su tercer intento electoral, el banquero Guillermo Lasso logró imponerse por casi cinco puntos sobre el correísta Andrés Arauz. A pesar del escrutinio final, tanto los resultados presidenciales de primera vuelta como la composición de la Asamblea Nacional revelan que la configuración del tablero político es bastante más compleja que lo que indica la mera elección del binomio Lasso-Borrero. Esto da un peso significativo a las izquierdas en la oposición al futuro gobierno, de perfil neoliberal, tanto dentro como fuera de los juegos políticos partidarios.

Ecuador vive un contexto difícil: el aumento de la pobreza, el desempleo agudizado en medio de la crisis sanitaria y la muy deficiente gestión del gobierno saliente son las señas de este tiempo. Diversos informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ubican a Ecuador como uno de los países en América donde más aumentó la pobreza extrema en medio de la pandemia. 

Los principales actores partidarios de la izquierda son hoy el Movimiento Revolución Ciudadana, liderado por el ex-presidente Rafael Correa, y el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, el brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Aunque ambos espacios sostienen coincidencias en su oposición al neoliberalismo, han sufrido históricos desencuentros que es necesario relevar para comprender la situación de la izquierda institucional ecuatoriana. Por fuera de ellos, sin embargo, también hay una importante vitalidad: la que otorgan los movimientos sociales. Estos serán, en el actual contexto, decisivos para el devenir de la izquierda. Su cercanía o no a estas dos organizaciones político-partidarias dependerá en buena medida de cómo se sigan decantando sus distancias o cercanías con el gobierno que hoy comienza sus funciones.

El triunfo de Moreno –como candidato del correísmo– en las elecciones presidenciales de 2017 por menos de tres puntos sobre Lasso supuso para la fuerza gobernante fundada por Rafael Correa la superación de una fase de declive. En aquel contexto, el triunfo dejaba en suspenso la necesaria autocrítica sobre el déficit de política en la gestión, en la medida en que su base de sustento se distanciaba cada vez más de organizaciones y movimientos sociales. Sin embargo, el triunfo fue de cortísimo aliento. Moreno optó por gobernar con un plan agresivamente neoliberal, acompañarse de actores empresariales, de la banca y las corporaciones mediáticas, y contar con el soporte de CREO y PSC en el Poder Legislativo, a la vez que generaba la implosión del movimiento político Alianza PAIS con el que había accedido a la Presidencia.

La primera expresión de oposición al gobierno de Moreno nacía de la fractura de su propia fuerza política. El bloque de legisladores de la Revolución Ciudadana (30 de 74 asambleístas electos) se mantuvo en la línea del plan de gobierno votado en 2017 y constituyó una pieza fundamental de configuración de discurso y acción política contra el ajuste: votó orgánica y sostenidamente contra las iniciativas legislativas de apoyo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), e incluso por fuera de los medios tradicionales, no dejó de batallar y argumentar para fortalecer a la oposición al gobierno de Moreno. No es posible hablar de la vigencia y resistencia del correísmo sin su acción. Esta fuerza (sin personería jurídica) se desempeñó en condiciones de constante persecución y proscripción, toda vez que sus varios intentos de formación de movimientos políticos fueron bloqueados con argumentos poco sólidos desde el Consejo Nacional Electoral (CNE). En este marco, el bloque de legisladores de la Revolución Ciudadana ejerció oposición prácticamente en solitario hasta el último semestre de 2019.

El movimiento Pachakuitk ocupó, en cambio, un lugar diferente en la oposición a Moreno. Gracias a la dinámica de diálogo convocado por el gobierno y la coincidencia en el anticorreísmo, tanto la Conaie como Pachakutik se mantuvieron inicialmente cerca del gobierno. De hecho, una de las escenas inaugurales y altamente simbólicas de la ruptura entre Correa y Moreno sucedió cuando el presidente anunció en acto público que restituía el comodato del terreno de la sede de la Conaie, que Correa había suspendido en 2015, esta vez por 100 años. Correa calificó el anuncio como un desaire y un acto de deslealtad de Moreno, quien arrancaba un capítulo de diálogo con el movimiento indígena ecuatoriano. Integrantes de este movimiento ocuparían un cargo ministerial como la Secretaría del Agua y una consejería en una institución con altísima incidencia como el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), órgano que nombra a las principales autoridades de control.

La gestación de la ruptura entre Pachakutik y el gobierno de Moreno llegaría a mediados de 2019 con la movilización nacional que tuvo su combustible definitivo en el decreto 883, que eliminaba el subsidio a los combustibles. Esta movilización, que fue masiva y diversa, fue reprimida ferozmente por el gobierno, con un saldo de 11 muertos, 1.340 heridos y 1.230 detenidos (75% de ellos liberados por no cumplir los requisitos legales para ser apresados). A los diversos informes que exhibieron la violencia y las arbitrariedades, se sumaron los del movimiento indígena, el bloque de la Revolución Ciudadana y la Comisión Especial para la Verdad y la Justicia, que reportaron judicializaciones, encarcelamientos ilegales, violaciones sexuales y exiliados.

En los diálogos televisados entre el gobierno nacional y los dirigentes indigenas quedó en evidencia su inconformidad por el incumplimiento de acuerdos en el marco del diálogo nacional, pero sobre todo quedó sentada la voluntad de defender no solamente sus intereses sino los de las grandes mayorías. Esto se pondría de manifiesto cuando el Parlamento Plurinacional de los Pueblos, así como diversas organizaciones y colectivos sociales, elaboraron un plan de gobierno alternativo para Ecuador con el nombre «Minga por la vida». Los gestos y acciones hacían pensar en la posibilidad de amplias confluencias entre el movimiento indígena y el correísmo. Sin embargo, precisamente el momento posterior a octubre se constituyó en el primer aviso de que, incluso en el marco de la profundización del ajuste y de la vocación autoritaria gubernamental, las tensiones, desconfianzas y falta de reconocimiento mutuo entre el movimiento indígena, el correísmo y otras expresiones de izquierda seguirían siendo más fuertes que las coincidencias. La configuración de un bloque unido parecía imposible.

Por su parte, la derecha mostró una unidad más sólida, no solo blindando al gobierno en su guion para tratar a movilizados como el «enemigo interno», sino incluso exacerbando el tratamiento racista e invocando a ejércitos patrióticos de defensa de la propiedad y «la ciudad». Tanto el PSC como CREO mostraron su rostro de derecha radical durante y después de las jornadas de movilización. La pandemia les permitió incluso recuperar y profundizar aún más las medidas contra las que el pueblo había salido a las calles y sufrido semejante represión, como la liberalización del precio de los combustibles, la legislación en favor de la clase empresarial y el pago anticipado de deuda (en contraste con el recorte a lo largo de su gestión en el sector de la salud). El desprecio por la vida quedaría además demostrado en la gestión de la crisis sanitaria, provocando un exceso de mortalidad tal que ubica a Ecuador como el segundo a escala mundial en este indicador.

En consonancia con las dinámicas del ciclo político, las elecciones presidenciales vieron llegar una histórica alianza de derechas que llevaba a Lasso como candidato a presidente. Pachakutik y la coalición correísta Unión por la Esperanza (UNES) se mostraban, por el contrario, distantes.

La selección del candidato de Pachakutik no estuvo exenta de tensiones. La decisión de que el candidato fuera finalmente Yaku Pérez no parecía consecuente con las dinámicas y liderazgos gestados en las movilizaciones de octubre. Entre ellos se destacaban dos actores: Leónidas Iza y Jaime Vargas. Ambos parecían capaces de representar los intereses populares y dar un giro al modelo de gobierno. De hecho, en las mediciones de intención de voto para la Presidencia de los primeros meses de 2020 los dos dirigentes se ubicaban casi a la par de Correa y Jaime Nebot (líder social cristiano). Los dirigentes del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC) y la Conaie denunciaron procesos poco democráticos en la designación de Pérez como candidato a la Presidencia. La dinámica del partido se imponía a la del movimiento. Según el criterio de un analista cercano a Pachakutik, se habría privilegiado el desempeño electoral en el territorio.

Las tensiones entre el movimiento y su brazo político fueron puestas entre paréntesis y el trabajo orgánico en el territorio quedó en evidencia con la histórica votación obtenida por Pérez en la primera vuelta (19,39%, el mejor resultado del partido en una elección presidencial), con apenas 32.000 votos menos que Lasso, y la obtención del segundo bloque en la Asamblea Nacional (26 legisladores). Su candidatura quedaba reforzada, además, por el apoyo de 80% de los votantes contra las actividades mineras en el páramo en el referéndum organizado en la ciudad de Cuenca.

El CNE tuvo un manejo poco prolijo tanto en la transmisión de resultados de conteo rápido el día de las elecciones como en el tratamiento de impugnaciones del resultado. Procuró un diálogo televisado entre Lasso y Pérez con el acompañamiento de la misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA). En el debate, los dos candidatos coincidieron en su retórica anticorreísta y dejaron sentado que, por el bien de la democracia, llegaban a un acuerdo sobre las condiciones de revisión de actas. El acuerdo se rompió pocos días después, y la proclamación de resultados se hizo en medio de denuncias de fraude por parte del movimiento indígena y Pachakutik. 

El correísmo, articulado en UNES, vivió hasta último momento intentos de descalificación de su binomio. Con gran vocación de resistencia pero casi ninguna de ampliación hacia otros sectores, llegó con un candidato que, si bien era desconocido y no tenía mayor trayectoria política, procedía de la matriz de la Revolución Ciudadana. Andrés Arauz, un joven tecnócrata, llevó adelante una campaña afincada en la retórica de los años de gobierno anteriores y en la fuerza del líder. Los resultados de la primera vuelta dejaron ver a una fuerza electoral vigente, no solo por la ventaja de 13 puntos respecto al segundo, sino también por haber obtenido el primer bloque de legisladores (49 escaños). Pero para competir en la segunda vuelta, Arauz debía ampliar su base de apoyo y renovar su discurso.

En el balotaje, sin embargo, se recreó el distanciamiento con otras fuerzas políticas y el anticorreísmo se convirtió en la razón para que actores progresistas no se sumaran ni pidieran el voto por el binomio Arauz-Rabascall. UNES logró el apoyo de algunas organizaciones sociales, de dirigencias de nacionalidades amazónicas e incluso de Jaime Vargas, presidente de la Conaie. Sin embargo, este apoyo llegó en un momento de fuertes fricciones internas y no supuso, en estricto rigor, el apoyo de la organización.

Para la segunda vuelta, Pachakutik y la Conaie llamaron al «voto nulo ideológico» con la consigna «Ni Lasso, ni Nebot, ni Correa», tal como reza el cierre del plan de gobierno alternativo «Minga por la vida». El 11 de abril, 16% de la población votó por esta consigna. Se trata del porcentaje más abultado de voto nulo registrado en elecciones presidenciales de segunda vuelta. Un resultado que, según algunos análisis, habría favorecido el triunfo de Lasso.

Luego de los resultados finales, Arauz manifestó –como ya lo había hecho en varios momentos de la campaña previa a la segunda vuelta– la necesidad de construir una «nueva mayoría», un «bloque histórico» con el «progresismo, la plurinacionalidad, la socialdemocracia». Aludía no solamente a Pachakutik, sino también a Izquierda Democrática (ID), un partido de larga data que ocupó la Presidencia a finales de la década de 1980 y que reapareció en escena con un candidato outsider –el empresario Xavier Hervas–, un discurso con énfasis en la economía del emprendimiento y guiños a las demandas de derechos de las organizaciones de mujeres y de la comunidad LGBTI. Con 18 asambleístas, tras lograr el cuarto lugar en las presidenciales (16% de votación), ID se convirtió en un actor a tomar en cuenta, aunque sus propuestas y su discurso no dejan señales muy nítidas de que se trate de una fuerza con la cual la izquierda pueda sumar.

El discurso de cierre de Arauz contrastó fuertemente con el de Correa, quien expresó la necesidad de «dar gobernabilidad» al presidente entrante y, sobre todo, promovió un acuerdo (del que se empiezan a conocer detalles en estos días) con el bloque de derecha –CREO y PSC– para la elección de principales autoridades de la Asamblea Nacional. Además de la necesidad de darle salida a la crisis del país, se habría dejado sobre la mesa el pedido de conformación de una «comisión de la verdad» para revisar los procesos judiciales que han afectado a varios cuadros políticos de la Revolución Ciudadana. La decisión y conducción de tales acuerdos bajo el liderazgo del ex-presidente Correa dejaría entrever claramente un lugar de segundo orden del candidato y hasta ahora presidente del movimiento Arauz, así como de sus líneas de discurso respecto al comienzo de la reconstrucción del poder popular, la autocrítica o la renovación de la política.

De parte de Pachakutik, se envió una oferta similar, «de gobernabilidad democrática» al nuevo gobierno. Con ello, las dos fuerzas más importantes de la izquierda, lejos de constituir un bloque común, optaron por posicionar discursos y acciones políticas ofreciendo, en competencia, gobernabilidad a Lasso. De esta forma, los actores que cogobernaron con Moreno para la implementación de políticas combatidas en octubre de 2019, aquellos que lo legitimaran y acompañaron su discurso de signar a las dirigencias del movimiento indígena y la Revolución Ciudadana como incendiarios y golpistas, se volvieron ahora apetecidos socios.

El primer intento de lograr la Presidencia de la Asamblea veía confluir a PSC, CREO y el correísmo, pero el partido gobernante a última hora falló a su palabra. La elección la ganaría, así, Guadalupe Llori, de Pachakutik, con los votos de CREO e ID. Se trata de una mujer amazónica que sufrió la prisión durante el gobierno   , bajo acusaciones de terrorismo y sabotaje.

Fruto de este resultado y acuerdo del que quedarían fuera, tanto Nebot como Correa han afirmado que el de Lasso es un mal inicio y, sobre todo, lo han acusado de no tener palabra. Antes del inicio del gobierno ya se ha roto también la alianza entre PSC y CREO. Está claro que el presidente tendrá que lidiar con la dura retórica de ambos líderes nacionales. Pero el juego político fundamental ahora no está en ello. Pachakutik, además de la Presidencia de la Asamblea, tiene tal capacidad de incidencia que cuenta –junto con ID– con mayoría en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), órgano fundamental, pues tiene como funciones y atribuciones la planificación de las actividades de la Asamblea, la tramitación de reformas constitucionales, la calificación de los proyectos de ley y las solicitudes de indulto y amnistía. Además, el partido indígena preside la Comisión de Régimen Económico que tiene la atribución de tramitar reformas tributarias que resultarán necesarias para la gestión de las finanzas del gobierno en el marco del acuerdo con el FMI. Pachakutik es un actor con suficiente poder para resistir el ajuste, si esa es su voluntad política.

La configuración de este escenario y el del protagonismo de los movimientos sociales en la potencial oposición al gobierno a escala nacional tendrá un elemento fundamental en las próximas elecciones en la Conaie, donde entrará nuevamente en cuestión el protagonismo de Leónidas Iza. Yaku Pérez, quien según se anticipaba desde antes de las elecciones de abril podría disputar también la presidencia de la organización, se ha separado de Pachakutik por los acuerdos de este con el partido de Lasso, advirtiendo que hubo fraude en la primera vuelta, reivindicando ser una «tercera vía» y aclarando que no se retira de las organizaciones del movimiento (Conaie y la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador), pero sí de la política electoral. Su discurso en esta renuncia, ya fuera de la contienda, tuvo líneas más claras de oposición a la «derecha neoliberal» que las esbozadas en su campaña.

Si frente al gobierno de Moreno fueron fundamentales el correísmo en el Legislativo y el movimiento indígena en las movilizaciones, se abre entonces el interrogante sobre cuál será la capacidad de incidencia de la Revolución Ciudadana en el juego legislativo, con escasa presencia en la directiva y en las presidencias de comisiones claves, y cuál será el lugar de la Conaie para irradiar línea discursiva, ahora que su brazo político ha acordado con CREO para hacerse del poder en la Asamblea y tener los espacios más relevantes en ella.

Si todo lo transitado y actuado hasta ahora por los actores partidarios de izquierda ha sido para procurar gobernabilidad en nombre de las profundas crisis que vive el país, ¿cuáles serán los repertorios y qué peso tendrá el clivaje correísmo/anticorreísmo a la hora de confluir para defender y profundizar la democracia, que ha sido gravemente lesionada durante el gobierno que termina?

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Miércoles, 05 Mayo 2021 06:37

Frankenstein revisitado

Frankenstein revisitado

 Con angustia, el paciente expresa: "Busco a la mujer ideal". Acuciosa, la terapeuta inquiere: "¿La real le da miedo?"

Ahora bien. ¿Cambiaría la pregunta si el paciente angustiado dijera que anda buscando la "sociedad ideal"? De mi lado, creo que si el paciente fuese mujer, ambas inquietudes hubieran tenido otra formulación. Porque de lo que llevo aprendido, los devaneos masculinos raramente han sido de su interés. Moraleja (tentativa): la mujer, el hombre y la sociedad "ideales", nunca existieron.

Obviamente, sería pueril concluir que luchar por ideales es un error. A no ser, claro, que los anhelos de cambiar la realidad naufraguen en meras declaraciones ideológicas.

La noción moderna de ideología empezó a tomar forma durante la Gran Revolución (1789-99). Desde entonces, con disímiles connotaciones, gravita en la política, la economía, la sociedad y la cultura, usándose para señalar emociones, conciencia, intereses, proyectos, ilusiones, programas políticos… siga usted.

Implícita y sugestivamente, el vocablo ideología aparece con los primeros indicios de una sicología social: “Todo lo síquico tiene su origen en la sensio (sensibilidad, percepción)”, apunta el filósofo inglés Thomas Hobbes en Sobre el hombre (1658). Una sicología social que los protagonistas de la Gran Revolución encendieron al rojo vivo.

Con ligereza binaria, se ha dicho que los términos izquierda y derecha provienen de la ubicación de los asambleístas franceses con respecto al centro del presídium. A la izquierda, "los de abajo" (jacobinos); a la derecha, "los de arriba" (girondinos).

No obstante, en su biografía Fouché, el genio tenebroso (1929), Stefan Zweig señala que en las bancas de arriba estaban "los de abajo" (o jacobinos: Danton, Marat, Robespierre), y en las de abajo "los de arriba" (o girondinos: Brissot, Condorcet, Roland).

Mientras que "afuera", faltaba más, estaban los sans coulottes (sin calzones). Es decir, la plebe que tomó La Bastilla y derrocó a la monarquía, para luego ser tropa en los ejércitos de la revolución y, con Napoleón, eficaces verdugos de los pueblos de Europa.

La Gran Revolución quedó consagrada en los magníficos óleos "ideales" de David. Y en los "reales" de Goya, o en la novela Los dioses tienen sed (Anatole France, 1912), devorando a sus hijos. O hijas. Entre ellas, Olympia de Gougés (1748-93), autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), quien para escándalo de "los de abajo" y "de arriba" decía que el matrimonio era "la tumba de la confianza y el amor".

Vertientes ideológicas de la cultura y la filosofía política occidental, que con Lord Byron y el Che alcanzaron cotas máximas de expresión. El poeta tenía una goleta llamada Bolívar, admiraba al general José Antonio Páez (1790-1873) y estuvo a punto de enrolarse en la guerra de independencia de Venezuela. Bueno, murió en la de Grecia, aunque de sepsis (1824). Y en México, el Che se incorporó a la lucha victoriosa de Cuba, peleó sin suerte en el Congo colonial y murió asesinado por la CIA, tras ser abandonado por los comunistas bolivianos (1967).

¿A partir de cuándo buena parte de los pensadores y luchadores sociales de América Latina le dieron las espaldas a nuestra historia, y emulando liberales y conservadores empezaron a razonar con matrices ideológicas eurocéntricas que se pretenden universales?

Pero ahí siguen y ahí están: pendientes del pensador de moda europeo, y remachando sus ideas bajo las formas del colonialismo ideológico y la dependencia intelectual.

Junto con Manuela Sáenz y Eva Perón (a las que ya dediqué breves ensayos), siempre regreso con Mary Shelley. Una mujer que recurrió a la imaginación, para dar cuenta de la realidad. ¿Acaso Frankenstein (1818) no es una metáfora del delirio masculino cuando se olvida que "ciencia sin conciencia es ruina del alma"?

La Gran Revolución abrió de par en par las puertas del romanticismo y el idealismo modernos. Y con Frankenstein, Mary Shelley dio cuenta de los errores y horrores de las ideologías que subestiman (o de plano pierden) la brújula política.

El invaluable legado de la Gran Revolución, mujeres como Olympia de Gougés y personajes como el poeta Lord Byron y el Che, muestran con claridad que ideología y política son dedo y uña, o están predestinadas a naufragar cuando se aventuran en el mar de los sargazos.

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Miércoles, 31 Marzo 2021 05:20

¿Arrancó la "Internacional Bolsonarista"?

¿Arrancó la "Internacional Bolsonarista"?

La vida del activista estadunidense "Jake Angeli" (alias de Jacob Anthony Angeli Chensley) corre peligro: el servicio gastronómico de la cárcel donde fue recluido después de su participación en el asalto al Capitolio no incluye "comida orgánica".

Conocido en las redes como QAnnon Shaman o Yellowstone Wolf, Jake vivió sus horas de gloria cuando en el "templo de la democracia" el mundo lo visualizó portando una lanza con el torso desnudo, gorro sioux de piel de búfalo, tatuajes celtas y cuernos de vikingo.

Sin embargo, nada trascendió acerca del manojo de documentos que Jake habría tomado de los despachos de republicanos y demócratas, saqueados por los revoltosos e incautados por la FBI.

Entre los documentos, un misterioso borrador o minuta titulada La Internacional bolsonarista, que nos hizo llegar un periodista de Washington DC que pidió reservar su nombre.

La minuta da cuenta de la reunión clandestina que, luego del triunfo de Joe Biden, habría sostenido el secretario general de la OEA, Luis Almagro, con siete cancilleres sudamericanos.

Al aquelarre habrían asistido el brasileño Ernesto Araujo (canciller del presidente Jair Bolsonaro); el uruguayo Francisco Bustillo (íd., Luis Lacalle Pou); el paraguayo Federico González (íd. Mario Abdo Benítez): la colombiana Claudia Blum Capurro (íd, Iván Duque); el ecuatoriano Luis Gallegos Chiriboga (íd. Lenin Moreno); el chileno Andrés Allamand (íd. Sebatián Piñera), y el peruano Mario López Chávarri (íd. Martín Vizcarra).

A modo de petit-comité y sentados alrededor de una mesa redonda en un sótano de la OEA (blindado para evitar cámaras y grabaciones), Almagro dio la bienvenida a los convocados y fue al grano:

“Queridos amigos: no todo está perdido. Nuestro jefe y guía de Occidente perdió las elecciones, pero consiguió 74 millones de votos. Por ello, decidí formar un comité internacional de emergencia que, desde ya, será conocido como "la Internacional Bolsonarista" (IB).

Almagro explicó que la IB se proponía reforzar "nuestras democracias" contra los avances del populismo en México, Argentina y Bolivia, "el respaldo de Cuba al necio de Maduro" y que, de no haber objeciones, así quedaría constituido:

Presidente ad honorem: Jair Bolsonaro.

Comisario político: Mario Vargas Llosa.

Y "para no burocratizar las cosas", agregó el jefe de la OEA, tres ­secretarías:

Etica y transparencia, a cargo del ex presidente de Argentina Mauricio Macri;

Derechos humanos, a cargo de los ex presidentes de México Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto;

Asuntos constitucionales, a cargo del "presidente de Venezuela" Juan Guaidó.

A los efectos prácticos, la IB contaría con cinco secretarías de apoyo:

Capacitación: para aspirantes latinoamericanos a ser reconocidos como embajadores de Washington en sus países, a cargo de Enrique Krauze.

Operaciones especiales (logística, explosivos, contratación de expertos en "daños colaterales"), a cargo del ex presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, y el cubano Carlos Alberto Montaner.

Prensa y difusión: Andrés Oppenheimer, Jorge Ramos, y el "comunicólogo" ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Consultores: Mario Quiroga y Andrés Pastrana, ex presidentes de Bolivia y Colombia.

Jefe de meseros y acopio de bebidas varias: Jorge Castañeda, ex canciller de México.

En la minuta se apunta que ­paralizados de ideológica emoción, los siete cancilleres se miraron entre sí y luego, con crecientes golpeteos de aprobación sobre la mesa, terminaron eufóricos y gritando "¡sí-se-pue-de!", "¡sí-se-­pue-de!"

Con una cucharita, Almagro hizo sonar un copa para calmar a sus invitados, y delegó la palabra al único orador, el canciller Araujo, quien cerró el aquelarre negando la influencia humana en el cambio climático, considerándolo un "dogma" que apunta en particular a "aumentar el poder de China".

El discípulo de Bolsonaro agregó: “Nuestra lucha es contra el populismo y el ‘marxismo cultural’, la heterosexualidad, las carnes rojas y el petróleo”. Y en cuanto a la epidemia que ha convertido a su país en una bomba de contagio global, usó la insólita expresión "sadismo abortivo": “Vamos bien. Dios ha decidido que a mediados de 2021, tendremos medio millón de muertos. ¡Pero en Brasil viven 220 millones! Entonces, el aborto es más preocupante que el coronavirus. Quieren una sociedad donde nadie nazca, ningún bebé y menos el niño Jesús. Incluso, pregunto: ¿el ‘sadismo abortista’ de la izquierda no se deriva de una afirmación nihilista de estar matando a Cristo antes que nazca cada bebé?”

Sin comentarios, Almagro levantó la sesión y, rápidamente, los cancilleres retornaron a sus países para comunicar la buena nueva.

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