Los ricos se reúnen en Davos. “Beneficiarse del sufrimiento”: el brutal informe sobre el crecimiento de la desigualdad

Así se llama el informe de la Fundación Oxfam presentado este lunes, horas antes del Foro de Davos. Refleja con datos incuestionables cómo creció la riqueza en medio de la pandemia y la crisis alimentaria creciente. Antes del evento, el FMI adelantó que se vienen “más calamidades”. En los 4 días que durará, 60 mil personas morirán por falta de acceso a la salud.

 

El Foro Económico Mundial volverá a reunirse este lunes de forma presencial después de dos años. Como siempre será en Davos, Suiza. El evento reunirá a más de 2.000 líderes políticos, empresariales y distintas organizaciones de un mundo dominado por la pandemia del coronavirus y los efectos de la guerra en Ucrania.

Entre sus principales oradores estarán el canciller de Alemania, Olaf Scholz, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky y la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Fue ella la que, hace algunas horas, publicó un documento con definiciones preocupantes. "La economía global enfrenta quizás su mayor prueba desde la Segunda Guerra Mundial. Nos enfrentamos a una confluencia potencial de calamidades" dice.

La preocupación es cierta. La crisis internacional se profundiza con la guerra, los problemas energéticos, la inflación y otros problemas que arrastra la economía mundial. Pero los rostros de los líderes compartirán las muecas de preocupación con algunas sonrisas. Las calamidades son más tempano que tarde descargadas sobre los pueblos del mundo. Peor aún: para los capitalistas se transforman en oportunidades para hacer negocios.

Así lo confirma un informe de la ONG Oxfman publicado, justamente, en los inicios del Foro. El título resume los brutales datos que acumula la investigación: “Beneficiarse del sufrimiento”.

Allí desnuda, con datos incontrastables, cómo crece la pobreza extrema en el mundo, al mismo ritmo que la riqueza extrema. Si uno toma como parámetro la duración del Foro de Davos, 4 días, en ese tiempo las fortunas de los empresarios de la energía y de la alimentación aumentarán en dos mil millones de dólares. Si lo vemos del otro lado, 3 millones de personas caerán en la pobreza extrema. Morirán 60 mil personas por falta de acceso a los sistema de salud.

Todo eso pasará en solo 96 horas. Mientras los líderes proyectan sus power point sobre calamidades y precios de alimentos y energía. Mientras comen manjares reunidos en edificios luminosos y climatizados. “Qué bárbaro el aumento del trigo y el gas” dirán en 100 idiomas.

El informe de Oxfam retoma algo que se conoce: la pandemia significó una crisis sanitaria, social y económica, pero en ella se potenciaron las desigualdades entre las clases. El informe brinda nuevos datos que no dan otra cosa que bronca. Después de la pandemia:

  • · Solo 10 personas poseen más que el 40% de la población global
  • · Los multimillonarios se enriquecieron en los últimos 2 años lo que antes les había llevado 23 años
  • · Los multimillonarios de la alimentación y la energía son 453.000 millones de dólares más ricos que hace dos años
  • · 263 millones de personas cayeron en la "pobreza extrema" en 2022
  • · Surgieron 62 nuevos milmillonarios en la industria alimentaria
  • · Esas ganancias y concentración están contribuyendo a la subida de los precios; se estima que en EEUU han influido en un 60 % al aumento de la inflación

Para tener otra imagen concreta, Oxfam lo resume así: “una persona perteneciente a la mitad más pobre de la población mundial tardaría 112 años en ganar lo que alguien del 1 % más rico en un año”.

La pandemia es el capitalismo

Las crecientes fortunas no contradicen la preocupación de algunos de los líderes que estarán en Davos. Y de los que no estarán también. The Economist, uno de los diarios más conservadores e influyentes del mundo sacó estos días una editorial titulada: “La catástrofe alimentaria que se avecina”. Y agrega que “la guerra está inclinando a un mundo frágil hacia el hambre masiva”. Sin dejar de responsabilizar a Putin de toda la situación, olvidando el rol de la Otan en el conflicto, insiste en que “alimentar a un mundo frágil es asunto de todos”. Es que, con olfato de clase, sabe que todo puede convertirse en un combo explosivo. Las disputas comerciales pueden traer más tensiones geopolíticas, pero además desesperación y tensiones sociales: el hambre y los tarifazos han parido rebeliones a lo largo de la historia.

Al final del informe, Oxfam, sugiere que "los Gobiernos deben tomar medidas urgentes para poner freno a la riqueza extrema. Deben elevar sin demora la tributación sobre la riqueza, el capital y los beneficios “caídos del cielo” de grandes empresas, e invertir este dinero en la protección de la población con mayores necesidades y en la reducción de las desigualdades y el sufrimiento".

Es lo mismo que plantea la ONG cada Foro de Davos. Seguramente desde la buena voluntad. Pero siempre con el mismo resultado: Oxfam les habla con el corazón y los poderosos le contestan con el bolsillo. Tarifazos, inflación, hambre, precarización, guerras comerciales y ahora encima misiles.

La pandemia es el capitalismo. Las calamidades las genera el capitalismo. Un sistema basado, justamente, en la apropiación privada de todo lo que produce la humanidad. Que convierte en lucro los servicios básicos. Que transforma la salud en un negocio aún en la peor de las pandemias. Que le roba el tiempo y el fruto de su trabajo a trabajadoras y campesinos. Que llena barcos de alimentos delante de pibes hambrientos.

Los que enumera Oxfman son los mismos crímenes sociales que denunciaba Federico Engels en los inicios de la Revolución industrial: “cuando la sociedad quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables entonces lo que se comete es un crimen”. A pesar del desarrollo de la ciencia y la tecnología, con servicios que podrían hacer mejor la vida de la población, del aumento de la productividad para alimentar al planeta, las desigualdades son tan criminales como hace un siglo y medio.

El contraste nos devuelve a un debate que generó el discurso de la vicepresidenta Cristina Kirchner, cuando afirmó que “el capitalismo se ha demostrado como el sistema más eficiente y eficaz para la producción de bienes y servicios”, solo hay que “regularlo, controlarlo”.

Como decíamos entonces, “es necesario plantear la perspectiva de un nuevo régimen económico y social, donde la propiedad de las grandes industrias, el transporte, la energía y el conjunto de los medios de producción deje de ser privada y pase a ser pública y social. Con esos medios de producción dirigidos por sus trabajadores y trabajadoras, de manera democrática, coordinando y planificando la producción y el funcionamiento en común con la población, en función de las necesidades de las mayorías. Una reorganización social de este tipo podría dar solución a problemas agudos, como el hambre que afecta a una gran porción de la sociedad”.

La clase trabajadora y los pobres del mundo necesita sus “foros”, reuniones y asambleas para discutir como terminar con este sistema criminal y pelear por esa nueva sociedad. Es la única salida.

Lucho Aguilar@Lucho_Aguilar

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La crítica de la Economía Política y los desafíos teóricos y políticos contemporáneos

Lo que sigue son algunas reflexiones para una intervención en la inauguración del Instituto de Economía Política en la Universidad Abierta de Recoleta, en Chile.[2] Como lo indica el título del Coloquio, lo que se pretende discutir es el papel de la Economía Política, más aún, de la crítica de la Economía Política en el proceso de trasformación social, nada menos que en contra la corriente principal de política económica contemporánea: el neoliberalismo.

No es formal agradecer la invitación a nombre de la SEPLA, una articulación intelectual regional que pretende interactuar con el movimiento popular en una dinámica de transformación social. En ese sentido, Chile, con la acumulación de luchas por años, especialmente los levantamientos del 2019 y la deriva política expresada en el cambio de gobierno y en el proceso constitucional en curso, genera expectativas en la región y en el mundo. Por ello, la SEPLA no debe estar al margen de este presente de creación, lleno de contradicciones y de esperanzadoras perspectivas más allá del territorio nacional chileno.

Medio siglo de liberalización

Vale destacar que cuando se habla de neoliberalismo se alude a las políticas económicas hegemónicas que se ensayaron bajo las sangrientas dictaduras del Cono Sur, la primera de ellas, la de Chile en 1973.

En el próximo año 2023 se cumplirá medio siglo de esos acontecimientos, que luego se generalizaron al mundo capitalista desde las restauraciones conservadoras en 1979 y 1980 en Gran Bretaña y en EEUU. Ni hablar de la ampliación de la liberalización gestada luego de la ruptura de la bipolaridad en 1989/91.

Así, el neoliberalismo, desde 1980, define la gran ofensiva del capital contra el trabajo, en réplica a las conquistas sociales derivadas del Estado benefactor (1920/30 en adelante), resultado directo de la amenaza comunista (Revolución rusa de 1917 y de la URSS desde 1922) ante la crisis del 30 del siglo pasado.

La ofensiva capitalista se extenderá en nuestros días sobre la naturaleza y el conjunto de la sociedad. El saqueo de los bienes comunes explicita el proceso, tanto como el consumismo exacerbado, estimulado por la obsolescencia programada. Por ello, la subsunción del trabajo en el capital que estudiara Marx se extiende desde el trabajo, a la naturaleza y a la sociedad.

Esa ofensiva capitalista neoliberal es la “gran revancha” a la impugnación teórica y política de Marx y el socialismo, tanto como de Keynes y la concepción reformista y desarrollista en el orden capitalista.

Marx criticó a la Economía Política y al capitalismo. Los neoclásicos le contestaron con nueva nominación de la disciplina, con Marshall en 1890 y desde entonces se pasó a hablar de “Economía”, como disciplina de los negocios, la ganancia y la acumulación, la producción y reproducción del capitalismo. También se cambió el objeto de estudio de la disciplina y se abandonó la búsqueda del origen del excedente económico. Ya no importó la teoría del valor trabajo, sino que el subjetivismo colonizó los estudios en la disciplina.

Keynes, neoclásico, contestó oportunamente a los neoclásicos, su referencia de origen, ante la crisis del 30 y la amenaza “comunista”. Propuso defender al capitalismo desde la intervención estatal en el proceso productivo, ya que no hacía falta seguir luchando contra la intervención estatal previa a las relaciones capitalistas. Observando el proceso soviético y para confrontarlo, Keynes sostuvo que se debía restablecer la capacidad de funcionamiento del régimen del capital y por ello las concesiones sociales o reformas y la intervención estatal. De ahí el “new deal” o nuevo acuerdo en EEUU y generalizado al mundo capitalista.

Los liberales en minoría criticaban a Marx, desde luego, pero también a Keynes, quien los había desplazado en la hegemonía del pensamiento y la formulación de políticas públicas en el sistema mundial entre 1930 y 1980.

Incluso algunos neoclásicos que confrontaron con Keynes, morigeraron sus juicios en una dinámica de adaptación a las corrientes mayoritarias en el plano político e ideológico. Fue el caso de Pigou, sucesor de Marshall en la cátedra de Economía, y conocido por sus aportes a la economía del bienestar. En 1952, Arthur Cecil Pigou[3] (1877-1959), sucesor de Alfred Marshall desde 1908 en la cátedra de “Economía”, aludió al pensamiento de su maestro en la nueva tendencia hacia el “socialismo”, denominación que apuntaba al intervencionismo estatal keynesiano, más que al modelo soviético en expansión con la revolución en China.

Luego de comentar los aportes de Marshall en el estudio y uso de los métodos matemáticos, la estadística, las elasticidades, la tasa de interés y las utilidades, en su adaptación a las nuevas regularidades del capitalismo de época, pasó a evaluar como leería el “maestro” liberal la realidad sobre temas más de la política cotidiana. Por eso dijo: “Para terminar esta discusión, ahora descenderé del estudio a la tribuna”. Queda claro que no alcanza con el academicismo y que es imprescindible asociar teoría con la práctica, discurso académico con la realidad que viven las personas en concreto.

Remitía al debate sobre el pleno al empleo y el socialismo. Sobre el primero se auto limitó, por ausencia de información fuerte, manifestó; pero sobre el “socialismo” intentó actualizar el pensamiento del maestro, adaptado a los tiempos que corrían, aun cuando finalizó señalando que “todo gran paso en el sentido del colectivismo constituye una gran amenaza contra el mantenimiento de nuestra moderada tasa actual de progreso”.

Estábamos en un tiempo de hegemonía keynesiana, desplegada entre 1945 y 1980, y un Pigou que ya no era tan crítico de Keynes, por lo que intentaba una síntesis entre Keynes y los neoclásicos, especialmente Marshall. Eran los tiempos políticos de la bipolaridad entre capitalismo y socialismo (1945-1989/91) y, por ende, del único momento “reformista” y concesivo del régimen del capital, entre 1930 y 1980. El único momento de debilidad del capitalismo en más de cinco siglos desde sus orígenes.

Por eso es importante ubicar al neoliberalismo como ofensiva del capital, política y teórica, contra Marx y el socialismo, como contra Keynes, las reformas y la socialdemocracia. Se buscaba restablecer la hegemonía “liberal”, de nuevo, por eso: neoliberalismo.

Los austríacos de ayer y su presente

Resulta de interés ubicar que el antecedente de Marshall y la ECONOMIA está en la Escuela Austríaca y en Carl Menger, con sus publicaciones desde 1871. Corría el tiempo de la COMUNA de París y de la aparición en 1867 del Tomo I de El Capital de Carlos Marx. Había que impugnar la teoría y el ensayo de la práctica trabsfdormnadora.

Incluso, ya publicados el Tomo II y el II, en 1885 y 1894 respectivamente, en 1906 von Bawerk intentará descalificar a Marx señalando contradicciones que animarán el debate, incluso hasta el presente.

En rigor, con Marx se termina el tiempo de la escuela clásica de la Economía Política y se inaugura el proceso de la Crítica de la Economía Política y, con ello, la impugnación teórica y práctica del orden capitalista. Lo que siguió desde el liberalismo, con la escuela neoclásica, en todas sus tribus, fue apologética.

Se convoca desde Marx a repensar la realidad, a criticarla y a transformarla, es algo que sigue constituyendo agenda en el presente y que este COLOQUIO promueve desde su título.

Es interesante analizar nuestro tema en un periodo largo, de más de 250 años de discusión, con hegemonía “clásica” por un siglo, entre Adam Smith (1776) y Carl Menger (1871); y neoclásica por siglo y medio (1871-2022), desde los austríacos a los neoliberales actuales. Más aún cuando los “austríacos” disputan hoy la preminencia ideológica de las corrientes liberalizadoras.

No existe innovación “esencial”, si no que actualizada se sigue discutiendo sobre el excedente, su origen, su destino y sentido de las relaciones socioeconómicas que explican el orden capitalista. Bajo nuevas condiciones los mismos problemas en esencia.

De hecho, crece el predicamento de los “austríacos” en la coyuntura actual, de gran incertidumbre en donde convive la crisis capitalista explicitada en el 2001 estadounidense, el 2007/09 en todo el mundo, y la tendencia a la desaceleración y bajo crecimiento de la productividad es un dato preocupante; junto a la pandemia en su tercer año y sin final concreto a la vista, más la guerra y su escalada como gasto militar en ascenso y peligro de deriva nuclear.

Además, necesitamos una mirada desde América Latina y el Caribe. En 1804 tenemos el antecedente de la lucha anti colonial, anti esclavista desatada en Haití que aun explica la revancha de la dominación sobre ese pueblo. También tenemos la convocatoria al mito de la “revolución socialista” realizada por Mariátegui a fines de los 20 del siglo pasado. Más reciente, la revolución cubana instaló la agenda por el socialismo en la región, una tarea pendiente y vigente tras más de 60 años de bloqueo y obstrucción de todo tipo.

Pero también se desplegó la lógica “desarrollista” en los 50/70, de la mano del debate impulsado desde CEPAL, con las discusiones del estructuralismo, los dependentistas, especialmente la corriente marxista y claro, la revancha neoliberal, con la influencia de la Escuela de Chicago orientada por Milton Friedman y sus seguidores locales. Desde esa orientación principal la agenda del poder privilegia las reformas a favor de la ganancia, la acumulación y la liberalización económica.

Cambios y alternativas

En el comienzo del Siglo XXI se habilitaron enormes expectativas de cambio en la región, con discursos impugnadores al neoliberalismo, no necesariamente al capitalismo, precisamente en el territorio de la emergencia del ideario y la práctica de la liberalización. Incluso pudo retomarse la perspectiva por el socialismo, sea del siglo XXI, o el comunitario, como otros paradigmas de re-significación de la tradición originaria indígena: el vivir bien o el buen vivir.

No terminó siendo la propuesta mayoritaria y que disputara la conciencia social hegemónica para relanzar un proyecto anti capitalista en la región, pero ante el escenario visible en 1991, era alentador retomar el debate por el rumbo socialista.

Ahora, en la tercera década del siglo XXI, con idas y venidas hay que continuar estudiando los procesos políticos, las políticas económicas y el orden económico social resultante para intentar avanzar en la crítica, que es la invariante en la concepción de Carlos Marx. A modo de síntesis programática, de una ruta para pensar debates y profundizar:

  1. La creciente desigualdad informada regularmente por organismos internacionales y organizaciones sociales, caso de OXFAM; los estudios de Piketty. La CEPAL alude a una nueva década perdida en el combate a la pobreza. La OIT y los organismos nacionales aluden a la pérdida de empleos, a la caída de los ingresos populares (salarios, jubilaciones, planes sociales) y a la concentración de los ingresos y la riqueza. Ello supone el estudio y síntesis de las nuevas formas de organización y producción en defensa del ingreso popular y la reproducción de la vida cotidiana.
  2. Nuevas tendencias al crecimiento de la inflación y al estancamiento en el ámbito mundial, lo que potencia la respuesta neoliberal como en los 80 del siglo pasado, con aumentos de las tasas de interés y desestimulo a políticas activas. Con renovadas reaccionarias reformas laborales, previsionales, tributarias. Son nuevas formas del chantaje de la clase dominante para inducir cambios a favor de la ganancia y la acumulación de capitales, mientras profundizan el saqueo sobre los bienes comunes y la explotación de la fuerza de trabajo y muy especialmente discriminatoria contra las mujeres y diversidades.
  3. La ilusión reformista vestida de verde, con el New Green Deal, en un horizonte de espejo a las reformas de los 30 del siglo XX con Roosevelt, pero sin la amenaza comunista, aun cuando se visibilice la disputa por la hegemonía en EEUU y China, cada uno con sus aliados. En el mismo sentido apuntan las propuestas de “reformas” desde el Vaticano, de algunos “nobel de economía”, caso de Stiglitz y otros, incluso desde la izquierda demócrata en EEUU y un variado arco socialdemócrata. La ilusión imagina posible derrotar al neoliberalismo sin confrontar al capitalismo.
  4. La crisis y sus impactos sociales, el cambio climático y las luchas ambientales, las luchas feministas contra la discriminación y la doble explotación; junto a los diferentes mecanismos de una diversidad en que se explicita la disputa política de las trabajadoras y trabajadores, los pueblos originarios y todos aquellos sectores sociales subordinados a la lógica del capital. Estudiar los sujetos en lucha en contra del régimen del capital, las distintas formas de racismo y discriminación constituye el desafío del momento.
  5. La necesidad de pensar en la crítica y un nuevo orden: con des-mercantilización de la vida cotidiana; integración alternativa desde otro modelo productivo, sustentando el programa de las soberanías, alimentaria, energética, financiera. Un horizonte que haga realidad la crítica y la transformación socioeconómica, lo que supone modificar las relaciones sociales de producción.

Son solo algunos aspectos a relevar del necesario debate en el marco de la lucha de clases contemporánea, a más de tres décadas del fin de la bipolaridad y la ausencia de un imaginario alternativo que oriente el proceso de luchas cuantiosas que demandan la articulación de un rumbo político estratégico de cambio civilizatorio, en contra y más del capitalismo.

Por Julio C. Gambina | 25/05/2022

 

Notas:

[2] Al efecto se realizó el 18/05/2020, un Coloquio en la Universidad Abierta de Recoleta por la inauguración del Instituto de Economía Política: “El Potencial transformador de la Economía Política frente al pensamiento único neoliberal”. Fui invitado a exponer de manera remota, en un panel en donde intervino inaugurando el alcalde de recoleta Daniel Jadue, el Director de la Universidad, Rodrigo Hurtado, y expusieron Felipe Gajardo y David Debrott, Director del Instituto.

[3] A.C.Pigou. Alfred Marshall y el pensamiento actual, de 1953. Editado por Juarez editor S.A. en Buenos aires, 1969.

Julio C. Gambina. Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular en Economía Política, UNR. Integra la Junta directiva de SEPLA. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. blog: www.juliogambina.blogspot.com 

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Marx, el trabajo doméstico, El Capital y la vida

Presentamos este artículo de Isabel Benítez y Xavier García, que aporta otros puntos de vista al debate sobre teoría de la reproducción social, trabajo de cuidados y capitalismo, que se ha reabierto en los feminismos anticapitalistas, materialistas, marxistas y socialistas, al calor de la pandemia y que venimos reflejando en estas páginas, con artículos propios y también de otras revistas. En este caso, se trata de un artículo publicado originalmente en la revista catalana Catarsi. Isabel y Xavier integran el Seminari Taifa, que se define como "un espacio auto-organizado, dedicado a la autoformación y la divulgación de la crítica de la economía política, con el objetivo de contribuir a la transformación de la sociedad actual hacia una sociedad no capitalista mediante la creación y el impulso del pensamiento crítico desde y para los movimientos sociales".

Este artículo, basado en las notas de la presentación del libro inédito El trabajo doméstico, El Capital y la vida (Historical Materialism, Barcelona 2021) aborda la cuestión de la reproducción social y apuesta por recuperar la centralidad del concepto "trabajo".

 

La reactivación de un frente de masas de carácter feminista en la última década ha revitalizado debates de carácter analítico y político, que habían quedado postergados durante los 2000, a pesar de que la agenda de los organismos internacionales se llenaba de objetivos y metas respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, la lucha contra la feminización de la pobreza y el empoderamiento femenino.

Queremos compartir una reflexión que se gesta en este contexto y en la insatisfacción respecto a los análisis y marcos explicativos que había sobre la mesa. Una de estas insatisfacciones tenía que ver con el (mal)trato que recibía el análisis marxiano por el grueso del activismo feminista. La aparición de la literatura de la "reproducción social" dio empuje al debate en el seno del Seminario de Economía Crítica Taifa y ha nutrido nuestra reflexión, que nace de diversas incomodidades: respecto a la crítica vulgar a las categorías marxianas; respecto a los lugares comunes no debatidos en torno a la división sexual del trabajo, respecto a la "búsqueda" del sujeto revolucionario segmentado en todas partes (también dentro del campo de la liberación del sexo/género) y las propuestas políticas hegemónicas que se derivan.

Y al mismo tiempo también responde a varios deseos: poner a prueba el marco marxiano para mirar qué alcance o limitaciones presenta para dar cuenta del trabajo doméstico, el aspecto más señalado como crítico en la opresión de las mujeres de la clase trabajadora en las sociedades capitalistas; y también tensionar las críticas y aportes al respecto realizadas desde el campo del "feminismo marxista/socialista" o "anticapitalista", en un sentido suficientemente amplio, que incluiría desde la escuela de Dalla Costa y Federici, hasta la rama izquierda de la Economía Feminista. Corrientes que, pese a las diferencias, tienen en común la letanía sobre la insuficiencia del pensamiento de Marx para tratar la emancipación de las mujeres.

Como pensador de la vida y la libertad, consideramos necesario reivindicar el pensamiento de Marx en el análisis de cuestiones que tienen que ver con la reproducción de la clase trabajadora. Pero no es una reivindicación retórica, voluntarista, sobre eslóganes y lugares comunes. El trabajo que hicimos —y de lo que presentamos unas líneas como aperitivo— pretende desplegarse desde el crudo análisis de los elementos teóricos, aunque esto puede acarrear una abstracción poco amiga de la divulgación; pero fue una apuesta por ceñirnos, dentro de nuestras posibilidades, al desarrollo que nos ofrecen las categorías marxianas originales y no a las categorías marxianas "filtradas" por la divulgación feminista.

Algunas hipótesis contraintuitivas

El propósito del presente artículo es enunciar las tesis a las que hemos llegado en el plano analítico y algunas de sus posibles consecuencias políticas. Pero este ejercicio, por nuestra parte, no está cumplido y está abierto al diálogo fraternal. Por otra parte, nuestra reflexión tampoco nace de la nada: se conecta con las reflexiones de Lise Vogel y de Michael Lebowitz.

Actualmente los análisis hegemónicos sobre la "cuestión de la mujer" o "la opresión sexo/género" de inspiración anticapitalista, en un sentido amplio, se construyen sobre un apriorismo teórico: la aceptación (implícita o explícita) de que la dominación machista , masculina, de las sociedades capitalistas contemporáneas y, por tanto, de que la situación de las mujeres de la clase trabajadora en las sociedades capitalistas contemporáneas tienen una explicación particular respecto a la dinámica del capitalismo internacional.

Este particularismo se refleja, por ejemplo, en la separación analítica de la condición social de las mujeres de la clase trabajadora respecto a la del conjunto de la clase. Esta segregación en el análisis emana de la aplicación de una premisa inicial: la división sexual del trabajo. También tiene una traducción política en el debate sobre "los sujetos revolucionarios" o "sujetos de lucha", en virtud del cual se subraya la potencialidad política específica de las mujeres de la clase trabajadora. Cabe decir que esta acotación a "mujeres de la clase trabajadora" en los relatos al uso se emplea como sinónimo de "el conjunto de mujeres" o, como mínimo, de la "mayoría de las mujeres" (feminismo del 99%), una delimitación por tanto, inestable y muy voluble tanto discursiva como políticamente.

Nuestra reflexión no niega la especificidad de la situación de las mujeres de la clase trabajadora. Sin embargo, la matriz de nuestro análisis no parte de las mujeres, ni de la división sexual del trabajo, ni de un sistema sexo/género apriorístico, sino de la categoría trabajo y su íntima relación con la libertad. Es decir, fundamentándonos en la forma en que el modo de producción capitalista configura el trabajo, haciendo imposible (dentro de este modo de producción) su control social global y, por tanto, su desarrollo de forma auténticamente libre y consciente, encontramos un marco explicativo para el menosprecio social de un conjunto de trabajos orientados a la satisfacción de las necesidades y no a la valorización del capital. Actividades que incluyen todo lo que, brevemente, llamamos "trabajo doméstico no remunerado" o "no mercantilizado" donde, efectivamente, las mujeres de la clase trabajadora están sobrerrepresentadas, pero donde también aparecen otros segmentos del proletariado internacional.

Comenzar a partir de la categoría "trabajo"

El análisis marxiano se articula en torno a la categoría del trabajo en la medida en que éste es el principal elemento constitutivo del desarrollo de la vida humana y del despliegue de la libertad. Sin embargo, Marx en su obra primordial no desarrolla a fondo la cuestión antropológica, sino que más bien es el suelo que se da por supuesto. Este planteamiento tiene sentido en la medida en que El Capital trata de explicar por qué el trabajo no puede constituirse como tal en todo su potencial emancipatorio: por qué no puede desarrollarse plenamente la vida, qué es lo que impide constituir una sociedad libre, por qué la relación del ser humano con la naturaleza, la suya propia y la externa, queda sistémicamente restringida. En síntesis, la obra de Marx es, en el fondo, la reflexión consecuente de un pensador de la libertad y la vida, que para evitar caer en esencialismos, no tiene más remedio que explicar el no-ser de su desarrollo.

La referencia de Marx a la vida y la libertad se da de forma indirecta, en la medida en que como decíamos, de lo que se trata en su obra es de explicar su limitación en el capitalismo. De ahí que eslóganes como "poner la vida en el centro" o "la contraposición capital-vida" no puedan ser establecidos como un punto de partida de nuestro análisis. Consideramos que la comprensión de las dificultades de reproducción de la clase trabajadora -la que se realiza en el ámbito doméstico y más allá de éste- descansa sobre un fundamento más sólido si las estudiamos a partir de la forma característica que toma el trabajo en el capitalismo: el trabajo abstracto, la sustancia que constituye el valor. Al tirar del hilo de las dimensiones en las que el trabajo se hace abstracto en el capitalismo encontraremos, en primer término, su contraposición al trabajo concreto -aquel que se lleva a cabo con unos procedimientos, herramientas, tiempo, etc., concretos, y que tiene como resultado un valor de uso, es decir, la satisfacción de alguna necesidad—. En el capitalismo esta dimensión del trabajo es subsidiaria de su vertiente abstracta —la sustancia valor—, o dicho más llanamente, en las economías capitalistas la satisfacción de necesidades está supeditada a la valorización del valor. Y esta subordinación nos lleva a aspectos relevantes como que las relaciones sociales y las cualidades del trabajo se presentan como relaciones y cualidades de las cosas, dando lugar a una sociedad fetichizada y reificada, donde el mundo social -en toda su amplitud y diversidad — se despliega en función de la acumulación de capital.

Es este análisis el que nos lleva a la tesis de que la reproducción de la clase trabajadora queda desplazada por la abstracción del trabajo, de modo que la clase productora pierde el control de su propia reproducción, que se realizará mediante el salario (es decir, el mercado), la provisión estatal y el trabajo doméstico no mercantilizado. Así, el control de los medios de producción queda lejos de sus manos y los frutos de su trabajo, producidos por su relación como fuerza de trabajo con estos medios de producción, se vuelven contra la propia clase trabajadora, rehabilitando, con cada ciclo productivo, su subordinación. Por lo que respecta al trabajo doméstico no mercantilizado, al encontrarse fuera del circuito de valorización del capital, resultará excluido del canal central de la fuerza productiva social y se realizará con medios de producción pobres y subsidiarios, atomizados y aislados, que conducirán a tareas repetitivas, empobrecidas, que refuerzan la subordinación e impotencia política de la clase trabajadora al nutrir jerarquías y violencias en su seno. Por último, la provisión estatal mediante servicios públicos y ayudas —con contradicciones y tensiones— abundará en la reducción de los seres humanos a su condición de fuerza de trabajo y en la perspectiva política que separa la esfera de la producción de sus efectos en esfera social.

Algunas conclusiones políticas

Este enfoque nos lleva a diversas tesis de impacto político. Destacamos dos. Todos los procesos y luchas que permiten vislumbrar o que tensionan la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora más allá de la condición de fuerza de trabajo (empleable o prescindible), lo que en Más allá de El Capital Lebowitz llama "reproducción ampliada de la clase trabajadora para sí", van más allá del "trabajo doméstico" y de las mujeres de la clase trabajadora.

Podemos defender que la emancipación de la relación social capitalista, el pleno despliegue de la potencia social al servicio de las necesidades humanas es la llave maestra de la libertad humana, esto es del control de sus determinaciones sociales e individuales, siendo especialmente "beneficiarios" de esta emancipación los segmentos de la clase trabajadora centrifugados a estas funciones de "reproducción empobrecida", cuyo grueso son mujeres, efectivamente, pero también población migrante, racializada o ubicada en posiciones de subordinación social añadidas —pero no sustitutivas— a la condición de clase.

Esta visión ominicomprensiva otorga solidez a la intuición de una parte del activismo feminista anticapitalista de la que no hay emancipación posible dentro de las coordenadas del capitalismo. Si la lucha contra la "crisis de cuidados" no aborda el entramado del modo de producción capitalista, lo máximo a lo que puede aspirar es a estimular el desplazamiento de las opresiones a otros segmentos de la clase productora, con el consecuente impacto en la conciencia de clase o la unidad en la acción política. Este fenómeno ha sucedido por ejemplo con los procesos de asalarización de las proletarias en el centro imperialista y la expansión de las "cadenas internacionales de cuidados" con las migraciones asociadas a la atención a personas dependientes. El corolario de esta tesis es que, a pesar de los procesos "de reproducción ampliada" de la clase trabajadora, recaen con mayor intensidad en las mujeres; no son procesos periféricos de la lucha de clases (desde la perspectiva de la clase trabajadora) sino nucleares. Por tanto, esta opresión específica no es una especie de "supervivencia cultural" o de modos de producción precapitalistas que se puedan doblegar mediante la "sensibilización" o el "voluntarismo político", y tampoco se puede reducir a una "cosa de mujeres" , pues interpela al conjunto de la clase trabajadora y al conjunto del capitalismo como modo de producción.

Este análisis, por tanto, polemiza con el estado convencional de la cuestión del trabajo doméstico en el campo feminista y, especialmente con las conocidas como "teorías duales", aquellas que yuxtaponen a la dinámica del capitalismo otro sistema de "poder" o de "dominación" equipotente y paralelo (a menudo llamado "patriarcado", a pesar del abuso anacrónico del término; a menudo identificando a la familia como sistema de reproducción paralelo al capitalismo como sistema de producción). Efectivamente, creemos que partir de la noción "trabajo" en vez de la noción "mujer" (o la división sexual del trabajo) aporta más solvencia explicativa a la especificidad de las mujeres de la clase trabajadora en las sociedades capitalistas contemporáneas, puesto que articula la subyugación (y por tanto la emancipación por sexo/género) con la dinámica nuclear del capitalismo. Es decir, permite analizar el inextricable vínculo entre producción y reproducción para concretar, a partir de esta base, los mecanismos (opresiones, dominaciones, subyugaciones, represiones, etc.) que constituyen los estratos sociales y configuran la sociedad en su conjunto.

Por último, enunciar que la opresión de las mujeres trabajadoras opera en virtud de dos sistemas suele ubicarnos, de nuevo, en un territorio donde las relaciones sociales de producción a menudo se convierten en un "eje más" dentro de una especie de retórica interseccional. Sin duda son teorizaciones bastante versátiles para los relatos y estrategias políticas que subrayan una opresión de sexo/género interclasista (aunque después se hable de las mujeres trabajadoras). Políticamente estos fundamentos teóricos se deslizan hacia programas paliativos de carácter sectorial y de corte individualizador (ayudas para personas con ciertos atributos, por ejemplo), no articulan estrategias políticas de clase confrontativas, sino más bien de carácter defensivo y, a menudo, pensadas desde y para el centro imperialista en torno a la política parlamentaria. Creemos, en cambio, que el valor de la articulación analítica y conceptual que planteamos radica también en que es una herramienta para evaluar el potencial y las limitaciones de las políticas reformistas a mediano plazo, en tanto se visualizan los riesgos de profundizar la competición entre opresiones, y en tanto revitaliza la necesidad de estrategias superadoras e impugnadoras del capitalismo como totalidad.

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AL: riqueza y miseria extremas// Concentración y subdesarrollo// Biden-Unión Europea: ladrones

La buena: en 2022, todas las economía latinoamericanas crecerán; la mala: el beneficio se queda en la cada vez más compacta cúpula y la proporción de avance no es suficiente para cubrir el hoyo abierto por la pandemia; la peor: la patria grande se mantiene como la más desigual del planeta, de tal suerte que mientras no se atienda y resuelve el gravísimo problema de la concentración del ingreso y la riqueza nuestras naciones no saldrán del subdesarrollo ni abatirán los terroríficos índices de pobreza.

Según información de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y Oxfam, el 10 por ciento más ricos de América Latina y el Caribe concentra 71 por ciento de la riqueza regional, mientras el 90 por ciento restante se queda (también de forma por demás desigual) con el 29 por ciento restante. Gobiernos van, gobiernos vienen (de todos colores y sabores), y el panorama empeora.

Por ejemplo, se estima que menos de nueve decenas de oligarcas latinoamericanos concentran algo más de 10 por ciento del producto interno bruto regional. En el caso mexicano, 15 barones acaparan alrededor de 13 por ciento del PIB nacional, sin olvidar que la mitad de esa proporción es acaparada por un oligarca: Carlos Slim, quien en los dos años de covid-19 incrementó sus de por sí abultados haberes en cerca de 60 por ciento; el tóxico Germán Larrea lo hizo en 55 por ciento.

Mientras la pandemia hundió –aún más– a miles de millones de seres humanos, los oligarcas nacionales e internacionales no dejaron de acumular y concentrar riqueza, de tal suerte que si no se modifican las "reglas" del juego esta espeluznante historia será perenne con o sin crecimiento económico.

En vía de mientras, la Cepal considera que el panorama para la patria grande no es muy grato, aunque, con todo, se mantienen las cifras positivas (insuficientes a todas luces) en materia de crecimiento. Dice el organismo que la región "enfrenta una coyuntura compleja en 2022 debido al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, una nueva fuente de incertidumbre para la economía mundial que afectan negativamente el crecimiento global, estimado en 3.3 por ciento, un punto porcentual menos de lo proyectado antes del inicio de las hostilidades. Para Latinoamérica el menor crecimiento va junto con una mayor inflación y una lenta recuperación del empleo; para ella se prevé un avance promedio de 1.8 por ciento; Sudamérica crecerá 1.5, Centroamérica más México, 2.3, y el Caribe, 4.7".

En las nuevas proyecciones de la Cepal des-taca el crecimiento estimado para la economía venezolana, la cual acumuló varios años en caídas libre. Para 2022 se espera avance de 5 por ciento, el tercero de mayor magnitud en la región, sólo superado por Panamá (6.3 por ciento), y República Dominicana, con 5.3 por ciento. En el tablero, las tres mayores economías regionales registrarían un crecimiento de 1.7 por ciento, en el caso mexicano; 0.4 por ciento, en el brasileño, y 3 por ciento, en el argentino.

La Cepal advierte que "si bien los mercados del trabajo dan señales de recuperación, ésta ha sido lenta e incompleta. Para 2022, en concordancia con la desaceleración que se espera en materia de crecimiento regional, se prevé que el ritmo de creación de empleo se reduzca. La acción conjunta de una mayor participación laboral y un bajo ritmo de creación de plazas im-pulsará un alza en la tasa de desocupación durante este año". Previamente, el organismo advirtió que "la desaceleración esperada en 2022, junto con los problemas estructurales de baja inversión y productividad, pobreza y desigualdad, requieren reforzar el crecimiento como un elemento central de las políticas, al tiempo que se atienden las presiones inflacionarias y riesgos macrofinancieros".

Pues bien, a ese ritmo y con creciente concentración del ingreso y la riqueza América Latina corre el riesgo de ser perpetuamente la campeona de la desigualdad mundial.

Las rebanadas del pastel

Si de bandoleros se trata, ahí está la denuncia del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov: "los pagos por nuestros recursos energéticos se hacían por medio de bancos occidentales; tras la imposición de sanciones, las reservas acumuladas por nuestra nación fueron congeladas por los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, lo que supone un robo de más 300 mil millones de dólares; simplemente los tomaron y robaron; no tenemos el derecho ante nuestro propio pueblo de permitir que Occidente siga con sus hábitos de ladrón".

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Ayer se llevó a cabo en Nueva York una de 12 movilizaciones que son el preámbulo de una magna marcha por los pobres programada para el 18 de junio. Foto La Jornada

Tienen bajos ingresos 140 millones de estadunidenses

Nueva York., "Fui hacia la casa del rico, / y le arrebaté lo que me había robado, /recuperé mi humanidad, / mi dignidad. / Fui a Wall Street y recuperé lo que me robaron. / No voy a dejar que el sistema me atropelle", cantaron cientos de manifestantes de la Campaña de los Pobres –la resucitacion de la última iniciativa del reverendo Martin Luther King hace medio siglo– al marchar ayer frente a la Bolsa de Valores de Nueva York.

Esta marcha, una de 12 movilizaciones regionales en preparación para una magna "marcha moral" nacional de y por los pobres y trabajadores de bajos ingresos, programada para el 18 de junio, para "irrumpir" y "transformar" este país desde abajo, culminó en un mitin en la histórica iglesia Trinity, que preside Wall Street, donde el codirector de la campaña, reverendo William Barber, declaró que el objetivo es "salvar a este país de sí mismo".

Con canciones viejas y nuevas de lucha social, la marcha sorprendió el corazón del sector financiero así como a turistas de todo el mundo al proceder por esta capital del capital, con el mosaico multiracial y transgeneracional de manifestantes repitiendo versos sobre solidaridad y dignidad social, y pancartas en las que se leía la proclama: "todos tienen el derecho de vivir" y "todos nos elevamos cuando nos levantamos desde abajo".

La voz retumbante, con acento sureño, del reverendo Barber, uno de los herederos de King, sonó dentro de la iglesia que "este país necesita un transplante de corazón", ya que algo está muy mal en una nación que pasó por una pandemia y sigue sin un seguro de salud universal.

Deploró el que “nuestra política esté atrapada en la mentira de la escasez, de la mentira neoliberal… donde culpan a los pobres de la pobreza”, un país en donde casi la mitad de la población –140 millones– vive en pobreza o con ingresos bajos, donde unos 250 mil mueren al año por pobreza y donde lo único que sí falta en éste, el país más rico del mundo, es "conciencia moral".

Denunció el racismo sistémico, la devastación ecológica, la economía de guerra y el militarismo, la "falsa narrativa de los cristianos nacionalistas", y reiteró que "necesitamos una resucitación moral".

La reverenda Liz Theoharis, codirectora de la Campaña de los Pobres, declaró que este movimiento de "fusión" de varios sectores y luchas sociales busca ser "perturbador" y tiene como demanda central "una redistribución radical del poder político y económico" en este país.

Durante la marcha que culminó en la iglesia, Barber y Theoharis invitaron a otros líderes religiosos –cristianos, judíos y musulmanes– a ofrecer breves mensajes del porqué están en este movimiento. A la vez, hubo "testimonios" de aquellos que han luchado contra sus condiciones de pobreza y marginalización, y que ahora son protagonistas en esta campaña, entre ellos una mujer indígena de Long Island, quien señaló que políticos ricos, como el ex alcalde de esta ciudad, el multimillonario Mike Bloomberg, siempre hablan de cómo "nos va ayudar, pero tienen sus mansiones sobre las tierras que nos robaron".

Una joven barista que trabaja en un Starbucks de Ithaca, Nueva York, anunció que hace tres días ella y sus compañeros se acababan de sindicalizar, a pesar de la ofensiva antisindical de esa empresa, afirmando que "nuestra solidaridad resulta ser más fuerte que la riqueza de los ejecutivos". Otros hablaron de sus luchas por justicia racial, por vivienda, por acceso a la salud, por los derechos gay.

"No nos moveremos", entonaron en español los versos de esa vieja canción de lucha social, la cual ahora tiene voces jóvenes, y con ello, el movimiento de justicia social y económica y antimperial de King permite soñar otra vez en este país.

Más información en https://www.poorpeoplescampaign.org/

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En la imagen, Elon Musk (izquierda) y Jeff Bezos (derecha), los dos oligarcas más adinerados de EE.UU.

Mirando los medios corporativos, a menudo escuchamos la palabra “oligarca” precedida por el adjetivo “ruso”. Pero los oligarcas no son solo un fenómeno ruso ni son un concepto extranjero. Claro que no. Estados Unidos tiene su propia oligarquía.

Hoy, en los Estados Unidos, las dos personas más ricas poseen más riqueza que el 42 por ciento inferior de nuestra población (es decir, más de 130 millones de estadounidenses) mientras que el uno por ciento más rico ya posee más capital que el 92 por ciento de la población. Durante los últimos 50 años hubo una transferencia masiva de riqueza en nuestro país, pero en la dirección equivocada. La clase media se está reduciendo, mientras que a los de arriba le está yendo mejor que nunca.

Además, en términos de la economía global, no hay duda de que estamos viendo un aumento enorme y destructivo en la desigualdad de ingresos y de acumulación de riqueza. Mientras que las personas muy, muy ricas se vuelven mucho más ricas, la gente común tiene dificultades para subsistir y los más desfavorecidos se mueren de hambre.

Si bien existían niveles masivos de desigualdad antes del surgimiento de COVID, esta situación ha empeorado mucho en los dos últimos años.

Hoy, en todo el mundo, los diez hombres más ricos poseen más riqueza que 3.100 millones de personas, casi el 40 por ciento de la población mundial. Increíblemente, la riqueza de estos diez multimillonarios se ha duplicado durante la pandemia, mientras que los ingresos del 99 por ciento de la población mundial han disminuido.

Los oligarcas gastan enormes cantidades de dinero en lujosos yates, mansiones y obras de arte, mientras que 160 millones de personas en todo el mundo se han hundido en la miseria. Según Oxfam (“Comité de Oxford contra la hambruna”), la desigualdad global de ingresos y riqueza causa la muerte de más de 21.000 personas por día en todo el mundo como resultado del hambre y la falta de acceso a la atención médica. Sin embargo, los 2.755 multimillonarios del mundo vieron aumentar su riqueza en 5 billones de dólares (5 trillones en inglés) desde marzo de 2021, pasando de 8,6 billones a 13,8 billones de dólares.

Pero no se trata solo del aumento de la brecha de ingresos y riqueza entre los muy ricos y el resto del mundo. Es una creciente concentración de la propiedad y el poder económico y político. Algo de lo que no se habla mucho, ni en los medios ni en los círculos políticos, es la realidad de que un puñado de firmas de Wall Street, Black Rock, Vanguard y State Street, ahora controlan más de $21 billones en activos, suma equivalente a todo el PIB de los Estados Unidos. Esto le da a un pequeño número de directores ejecutivos un enorme poder sobre cientos de empresas y sobe la vida de millones de trabajadores. Como resultado,  en los últimos años hemos visto a los ultrarricos aumentar significativamente su influencia sobre los medios, la banca, la atención médica, la vivienda y muchas otras partes de nuestra economía. De hecho, nunca antes tan pocos poseyeron y controlaron tanto.

Todo esto no es otra cosa que una fuerte tendencia hacia la oligarquía en nuestro país y en el mundo, donde un pequeño número de multimillonarios ejercen un enorme poder político y económico.

Entonces, en medio de esta realidad, ¿hacia dónde debemos dirigirnos?

Claramente, mientras enfrentamos la oligarquía, el COVID, los ataques a la democracia, el cambio climático, la horrible guerra en Ucrania y otros desafíos, es fácil comprender por qué muchos caen en el cinismo y la desesperanza. Sin embargo, este es un estado mental que debemos superar, no solo por nosotros mismos, sino también por nuestros hijos y las generaciones futuras. Hay demasiado en juego y la desesperación no es una opción. Debemos unirnos y luchar.

Lo que la historia siempre nos ha enseñado es que el cambio real nunca ocurre de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Esa es la historia del movimiento laboral, de la lucha por los derechos civiles, por los derechos de la mujer, de los gays y por la protección del ambiente. Esa es la historia de cada esfuerzo que ha producido un cambio transformador en nuestra sociedad.

Esa es la lucha que debemos librar hoy.

Debemos unir a la gente en torno a una agenda progresista. Debemos educar, organizar y construir un movimiento popular que ayude a crear un tipo de nación y un mundo basado en los principios de justicia y solidaridad, no en la codicia y la oligarquía.

Nunca debemos perder nuestro sentido de indignación cuando tan pocos tienen tanto y tantos tienen tan poco.

No debemos permitir que nos dividan por el color de nuestra piel, por el lugar donde nacimos, por nuestra religión o por nuestra orientación sexual.

La mayor amenaza de la clase multimillonaria no es simplemente su riqueza y su poder ilimitados, sino su capacidad para crear una cultura que nos hace sentir débiles y desesperanzados y así disminuir la fuerza de la solidaridad humana.

Ahora, como resultado de la horrible invasión rusa de Ucrania y del extraordinario valor y solidaridad del pueblo ucraniano, los países de todo el mundo se están dando cuenta de que se está produciendo una lucha mundial entre la autocracia y la democracia, entre el autoritarismo y el derecho de las personas a expresar libremente sus opiniones.

Ahora es el momento de construir un nuevo orden global progresista que reconozca que cada persona en este planeta comparte una humanidad común y que todos nosotros, sin importar dónde vivamos o el idioma que hablemos, queremos que nuestros hijos crezcan sanos, tengan una vida digna, una educación y puedan respirar aire puro y vivir en paz.

Lo que estamos viendo ahora no es solo la increíble valentía de la gente en Ucrania, sino miles de rusos que han salido a las calles para exigir el fin de la guerra de Putin en Ucrania, sabiendo que es ilegal hacerlo y que probablemente serán arrestados por ello.

También hemos visto el coraje de los trabajadores aquí en nuestro país que se unen para enfrentarse a la avaricia empresarial y organizarse por mejores salarios, beneficios y condiciones de trabajo.

Hermanas y hermanos, en este momento estamos en una lucha entre un movimiento progresista que se moviliza en torno a una visión compartida de prosperidad, seguridad y dignidad para todas las personas, contra uno que defiende la oligarquía y la desigualdad mundial masiva de ingresos y riqueza.

Es una lucha que no podemos perder; es una lucha que podemos ganar, siempre y cuando estemos unidos.

En solidaridad,

Bernie Sanders

Traducción de Jorge Majfud

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Empresas de Wall Street concentran riqueza como nunca en la historia de Estados Unidos

 Tres operadoras controlan fondos equivalentes al PIB anual de la potencia mundial // Su poder es dañino para la economía general: Bernie Sanders

 

Nueva York. Tres empresas administradoras de activos en Wall Street controlan hoy fondos equivalentes a casi el producto interno bruto de Estados Unidos, concentrando un inmenso poder económico y político en un momento en el cual "nunca en la historia tan pocos han sido dueños de tanto y han tenido tal poder sobre nuestra economía", declaró el senador Bernie Sanders.

En un audiencia ante el Comité del Presupuesto, que preside Sanders, agregó que Black Rock, State Street y Vanguard controlan 22 billones de dólares en activos, poco menos de los casi 24 billones que es el PIB de Estados Unidos y una cifra que es cinco veces el PIB de Alemania.

Estas tres son los principales accionistas en más de 96 por ciento de las 500 empresas del índice S&P en la Bolsa de Valores. Son los participantes bursátiles más grandes en casi todos los principales sectores económicos, desde bancos, aerolíneas, farmacéuticas, hospitales y agroindustria, aludió el congresista.

Estas administradoras masivas de fondos de inversión, junto con las firmas de fondos de capital privado, las cuales llamó "fondos buitre", también dominan aproximadamente 50 por ciento de los periódicos del país. La toma de empresas por estos recursos de capital privado han resultado en la anulación de casi 1.3 millones de empleos, el cierre de más de 20 mil tiendas, y al controlar cada vez más el mercado de bienes raíces en las ciudades, han elevado las rentas hasta por 30 por ciento.

Sanders subraya que ni el Congreso ni los medios hablan lo suficiente acerca de "la increíble concentración de poder en un puñado de firmas de inversión de Wall Street sobre nuestra economía entera y el impacto que tienen sobre trabajadores, consumidores y casi todos en nuestro país".

Como ejemplo de las consecuencias del manejo económico de estos grandes administradores de inversiones privadas, el legislador demócrata invitó al presidente del sindicato nacional de mineros UMWA, Cecil Roberts (de una familia de seis generaciones en la industria extractiva), y Braxton Wright, uno de los más de mil trabajadores del sector que han estado en huelga en una mina de carbón en Alabama por más de 11 meses.

Señaló que los ejecutivos de la empresa y los ejecutivos en jefe de Blackstone y Apollo, dos de las firmas de Wall Street que compraron la minera, declinaron la invitación a presentarse a esta audiencia, pero que "tuvieron miedo de presentarse ante el público y responder a preguntas relevantes".

Derriban salarios y empleos

Los trabajadores explicaron que estallaron en huelga para recuperar una remuneración justa y mejores condiciones de trabajo después de que hace 5 años hicieron concesiones para ayudar a salvar la empresa, pero con el acuerdo de que sus sacrificios serían temporales.

Cuando las grandes firmas de inversiones de Wall Street compraron Walter Energy en 2016 (en bancarrota) y la convirtieron en Warrior Met, con la ayuda de los tribunales cancelaron el contrato colectivo, redujeron en 20 por ciento el salario, anularon permisos médicos y beneficios de jubilación, incluyendo a 2 mil 800 ex trabajadores ya jubilados.

"¿Pueden imaginar tratar de negociar con alguien que llegó de Nueva York para tomar las minas, que ni sabe de que color es el carbón, que no tiene ni idea de lo que ocurre en una región extractiva de ese mineral?", preguntó Roberts. "Sólo conocen que había con que lucrar aquí, y después se van". Y esto ha ocurrido en unas 60 de las mineras similares en la región de los Montes Apalaches, afirmó.

“La empresa a la cual ayudé ganar miles de millones durante la década pasada nos ha dado la espalda durante nuestra huelga… Pero continuaremos luchando por nuestros hermanos y hermanas en el UMWA… ahí y en otras minas… hablaremos contra la explotación de trabajadores por empresas financiadas por las firmas de fondos privados (de Wall Street)”, agregó Braxton.

Declaró ante los senadores que las jornadas llegaron a ser de 12 horas, a veces 6 o 7 días a la semana mientras los inversionistas elevaron la deuda y se repartieron 800 mil millones de dólares. Ante todo esto, estallaron la huelga.

La senadora Elizabeth Warren señaló que esto es lo que hacen estas firmas de inversión privada de Wall Street en el país, costando empleos, beneficios y generando un deterioro en condiciones y calidad.

La economista Nomi Prins, una de las críticas más reconocidas de Wall Street quien fue anteriormente una directora administrativa en Goldman Sachs y trabajó a niveles altos de otras empresas financieras, subrayó en la audiencia que las empresas de inversión y administradoras de fondos privados tienen "una magnitud de influencia sobre valores bursátiles y empresas que no tiene comparación histórica".

Aunque “los bancos de Wall Street permanecen tan poderosos e influyentes como siempre… ahora administradores de valores… con billones de dólares a su disposición se han vuelto hasta más influyentes en gobiernos y en las entidades reguladoras responsables de mantenerlas bajo control”, agrego.

Prins informó que en la cima de esta jerarquía financiera esta BlackRock, "un Goliat financiero que maneja 10 billones en activos, eso es más dinero que el tamaño del PIB de cualquier país diferente de China o Estados Unidos".

Advierte que la magnitud de poder de estas empresas “representa una influencia tipo monopolio sobre la competencia en activos y transacciones, y eleva el riesgo sistémico que enfrenta el sistema financiero global, dejando a gente ordinaria, inversionistas individuales, trabajadores… expuestos al riesgo que representan estas instituciones multibillonarias”.

El miércoles, ante el pleno del Senado, Sanders "felicitó" a la clase multimillonaria, informando que “ustedes son dueños de más ingresos y riqueza en términos de porcentaje que en cualquier momento en la historia de Estados Unidos… el uno por ciento ahora tiene más riqueza que 92 por ciento de la población”.

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Ellas alimentan el mundo, pero la tierra es de ellos

El informe “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan”, elaborado por LatFem y We Effect, revela que la mayoría de los alimentos son producidos por mujeres, mientras que la tierra es prestada, alquilada o está a nombre de sus esposos.

 

“Somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”, escribió el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Hablaba de nosotros, los latinoamericanos, en 1978. Pero la frase se actualiza con cada explosión de la Barrick Gold en las minas de San Juan, con las megafactorías de cerdos que China insiste en instalar en el territorio, o la soja transgénica que Monsanto sigue desparramando por todo el continente. 

En América Latina y el Caribe las riquezas del suelo se escurren, como en un loop desquiciado, 500 años después de la conquista. Una estructura del despojo que parece ya cronificada.

La situación se empaña todavía más si se pone el foco en las mujeres rurales latinoamericanas, porque les toca batallar contra la odiosa paradoja de alimentar al mundo —dado que representan el 50% de la fuerza formal de producción de alimentos— pero carecen de la titularidad de las tierras. 

Para que se entienda: siete de cada diez mujeres campesinas, indígenas, de pueblos originarios y afrodescendientes en Bolivia, Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador acceden a tierras para producir alimentos, pero solo tres son propietarias. Es decir, en vez de ser dueñas de esos campos y terrenos que trabajan, los tienen prestados, alquilados o a nombre de los esposos.

Así lo reveló “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan”, una investigación que desarrollaron las organizaciones LatFem y We Effect entre junio y octubre de 2021. Los resultados muestran, además, que mayoritariamente las mujeres se vuelven propietarias en caso de quedar viudas o huérfanas.

“Como nosotras producimos libre de químicos, el suelo queda muy fortalecido. En mayo hacemos la milpa y en septiembre la postrera, para que esté en el verano. Cuando viene el dueño y ve que la tierra le ha quedado limpia y fortalecida con vitaminas, con calcio, con todo lo que le hacemos, dice: ‘Fíjese que esta vez no se la voy a alquilar porque la voy a hacer yo’. Entonces muchas veces lo que nos toca es mejorar el terreno a otro”, explica Yasmín López, coordinadora general del Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (Codimca) de Honduras.

Para la recolección de información se combinaron técnicas cuantitativas y cualitativas. Como primer paso, 1.994 mujeres —394 en Bolivia, 447 en Colombia, 407 en El Salvador, 397 en Guatemala y 349 en Honduras— respondieron una encuesta de preguntas cerradas de opción múltiple. Luego, se realizaron cuatro grupos focales y diez entrevistas en profundidad a defensoras ambientales y a especialistas para indagar en algunas dimensiones centrales.

Luchas de alto riesgo

La lucha por la tierra ha sido históricamente uno de los principales conflictos socioambientales, económicos y políticos en América Latina y el Caribe, la región más desigual del mundo en distribución de la tierra. Según datos de la confederación internacional Oxfam, más de la mitad de la tierra productiva en esta parte del mapa está concentrada en el 1% de las explotaciones de mayor tamaño. Lo que significa que el 1% de los grandes productores utiliza más tierra que el 99% restante.

La concentración en pocas manos impacta especialmente sobre las mujeres. La brecha de género en el acceso, control y titularidad de la tierra afecta el ejercicio del derecho a la alimentación, la autonomía económica y demás derechos sociales y culturales de las mujeres rurales, cuya labor en la producción de alimentos suele ser invisibilizada y considerada parte de los trabajos de cuidados y reproductivos no remunerados.

Separada de su cónyuge y a cargo de tres hijos, Ana Rosalía Tiul quiere permanecer en la finca de 72 cuerdas —equivalente a tres o cuatro manzanas de producción— donde cosecha maíz, plátano y yuca en Guatemala: “Lamentablemente el Estado nos tiene abandonados y encima vivimos bajo el paradigma del patriarcado que no habilita a pensar a las mujeres como dueñas de la tierra, sino solo al hombre como el que debe tener el mando en todas las pertenencias que existen a nuestro alrededor”, declara.

Ana Rosalía es una de las integrantes del Comité de Unidad Campesina (CUC) que acompaña a 30 comunidades en Verapaz y a 75 comunidades en Polochic, en el departamento guatemalteco de Izabal, en sus procesos de organización para recuperar las tierras. Parte del acompañamiento implica la formación de liderazgos de mujeres y la capacitación en sistemas productivos ecológicamente sostenibles mediante prácticas agroecológicas.

En la vida diaria, las campesinas nucleadas en el CUC no solo enfrentan la dificultad de acceder a terrenos que estén en condiciones para la producción de alimentos —lidiando con un Estado que acostumbra entregar superficies inundables, muy afectadas por sequías y huracanes—, sino que resisten ataques de finqueros organizados que amenazan con desalojarlas apoyados por las fuerzas de seguridad nacional. 

Para Azul Cordo, coautora de “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan”, la violencia hacia las lideresas comunitarias y defensoras ambientales es una de las principales preocupaciones que surge del informe: “América Latina y el Caribe es la región más peligrosa del mundo para quienes defienden la tierra y los territorios, y esa violencia aumenta de la mano de la crisis climática y el interés por los recursos naturales. A esto se suma la impunidad en que generalmente quedan estos crímenes, sobre todo en lo que respecta a la responsabilidad intelectual, algo que funciona como efecto disciplinador y de silenciamiento”. 

El 58% de las encuestadas en Bolivia, Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras aseguró no haber denunciado los hostigamientos y amenazas sufridas y el 83% de quienes realizaron denuncias manifestó sentir que no fueron tomadas en cuenta en su país. Entre quienes atravesaron actos de violencia o amenazas, el 50% percibió “diferencias” en el tipo de violencia “por ser mujer”.

Sin desconocer lo áspero del contexto, María Paz Tibiletti, otra de las autoras, destaca la importancia de tejer redes para paliar la falta de respuestas institucionales contra las violencias: “Es necesario poner este eje en valor porque no reemplaza la negligencia u omisión de las respuestas estatales en la falta de garantía de derechos humanos, pero sí sostiene y resguarda a las defensoras ante los hostigamientos y amenazas constantes. La organización de redes políticas, sororas y de autocuidado feminista es clave tanto para la sostenibilidad de la vida como para incentivar formas de economía feminista que brinden autonomía a las mujeres”.

¿Para quién, cómo y dónde producen las mujeres?

En los cinco países estudiados, el 57% de las mujeres rurales produce alimentos para consumo familiar, mientras que un 36% produce también para la venta. Solo el 7% destina todo para la comercialización en el mercado. La mayoría se las ingenia, asimismo, en parcelas pequeñas —menos de una hectárea— que deben acondicionar para volverlas tierras productivas. 

Como expone una de las entrevistadas: “Debemos reinventarnos cada día para garantizar, aunque sea, la cosecha de elotes que vamos a comer con los niños y las niñas”.

Más complejo aún es el panorama de las mujeres afrodescendientes: se registran solo seis mujeres afro de Colombia y dos garífunas en Honduras con menos de un cuarto de hectárea.

Por otro lado, los números del documento demuestran que las tierras a nombre de las mujeres son las que utilizan más técnicas agroecológicas y orgánicas. Por ejemplo: de las tierras productivas cuyo título está a nombre de una campesina indígena en Bolivia, el 60% de esas parcelas se produce con métodos agroecológicos u orgánicos y el 30% con métodos tradicionales sin insumos químicos. Lo mismo ocurre con el 43% de mujeres que poseen titularidad sobre las parcelas que producen en Guatemala y el 39% de las hondureñas.

En criollo: a pesar de no ser propietarias de las tierras que trabajan, son ellas quienes vienen impulsando la producción agroecológica en la región. Así las cosas, contar con el título a nombre propio no solo les daría mayor autonomía y empoderamiento económico, sino que profundizaría el uso de técnicas que permiten la sostenibilidad de los sistemas productivos y contribuyen a enfriar el planeta. Nada más ni nada menos que justicia social y ambiental. 

“La tierra significa todo para nosotras porque sin la tierra ¿dónde estoy? Nosotras siempre decimos eso: si no tenemos un espacio donde pisar suelo, no somos nadie. La tierra y nuestro territorio es fundamental, y luego podemos hablar de nuestra autonomía, de nuestro territorio personal y de todo lo demás que queramos. La tierra es vida”, define Wilma Mendoza Miro, presidenta de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB).

Tierra para las que la trabajan

“Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan” pone en evidencia la falta de políticas públicas específicas para promover la titularidad individual o colectiva de mujeres sobre tierras productivas en América Latina y el Caribe. Una discriminación política y económica que ahonda históricas desigualdades de género y las eterniza generación tras generación.

Las autoras Cordo y Tibiletti apuntan a los Estados: “Es fundamental incorporar la perspectiva de género en las iniciativas de empoderamiento económico, inclusión financiera, capacitación laboral y programas de créditos para las poblaciones rurales; y garantizar el funcionamiento de mercados donde las pequeñas agricultoras puedan vender sus productos a un precio justo sin explotación y lograr su autonomía económica. En el contexto actual, esto implica considerar la situación de las mujeres campesinas tanto en las políticas y programas de recuperación frente a la pandemia como en aquellos que buscan reducir los riesgos de la crisis climática, incluyendo la protección de las defensoras de la tierra”.

Son las mujeres rurales, campesinas, afrodescendientes, indígenas y de pueblos originarios de América Latina y el Caribe quienes alimentan al mundo. Desde pequeñas parcelas que llevan el nombre de otros, varones siempre. Guardianas de semillas nativas y criollas, encargadas del resguardo y la transmisión de saberes ancestrales que cobijan los suelos. Ofreciendo sus cuerpos para poner un coto al avance indiscriminado de las topadoras y los proyectos extractivistas. Cuidadoras así de lo que comemos y del planeta que habitamos. La tierra en sus manos es una deuda por saldar y una apuesta al porvenir. 

Por Mariana Fernández Camacho

Buenos Aires (Argentina)

8 feb 2022

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Las mujeres acceden al mundo laboral un 20% menos que los hombres, según el FMI

El Fondo Monetario Internacional (FMI) afirma que, de media, las mujeres de todo el mundo hacen al día dos horas más de trabajo no remunerado que los hombres. Hay  también grandes diferencias entre países.
 

El promedio de participación femenina en el mercado laboral global sigue siendo un 20% más bajo respecto a la tasa masculina, al igual que las brechas de género que se acentúan en los salarios y el acceso a la educación.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Gueorguieva, ha alertado sobre la situación de empleo entre las mujeres de todo el mundo tras la pandemia de la covid, en la cual se han perdido muchos trabajos relacionados con el área de servicios y cuidados, con gran presencia femenina.

Según los datos de la primera mujer en liderar el FMI, existen dos grupos de mujeres que han sido excluidas del mercado laboral y que no han regresado en la misma posición.

El primer grupo consta de las mujeres con niños menores de cinco años que no encuentran guarderías asequibles donde los pequeños puedan aprender mientras ellas vuelven al trabajo. Mientras que el segundo abarca a las mujeres de más edad preocupadas por los riesgos que la pandemia ha podido suponer para su salud.

Además, las alertas sobre las brechas de género sobre los salarios y el acceso a la educación continúan acrecentándose, al igual que las desigualdades en el trabajo no remunerado que las mujeres realizan en el propio hogar al cuidar de sus familiares.

Un nuevo modelo que permita prosperar a las mujeres

Otro factor importante que impide el regreso de las mujeres a nuevos puestos de trabajo corresponde al cambio del modelo laboral: los nuevos empleos están vinculados a la rama de la economía digital, sobre todo, comercio e internet. Georgieva insiste en que el resto de la población debe ayudar a las mujeres para que desarrollen este tipo de habilidades para pasar de un sector a otro.

La gerente del FMI ha considerado que el mundo necesita un "nuevo modelo" que permita prosperar a las mujeres que tienen un gran talento, pero a las que aún se las exige que cuiden de forma gratuita a jóvenes y personas de mayor edad.

El FMI ya había avisado en varias ocasiones sobre la situación de las mujeres que cargan de manera desproporcionada las responsabilidades del trabajo no remunerado con las tareas del hogar y el cuidado de familiares.

De media, las mujeres de todo el mundo hacen al día dos horas más de trabajo no remunerado que los hombres con grandes diferencias entre países, según el Fondo.

04/02/2022 21:39

Publicado enSociedad
Martes, 14 Diciembre 2021 06:27

Clima, desigualdades y lucha de clases

Clima, desigualdades y lucha de clases

Durante la COP26, en Glasgow, el director del Potsdam-Institut für Klimafolgenforschung (Instituto Potsdam de Investigación de los Impactos del Clima, PIK), Johan Rockström, comunicó una información chocante a las delegaciones presentes: para permanecer por debajo del umbral de 1,5 °C de calentamiento global (superándolo quizá un poco de forma temporal, según Rockström) respetando la justicia climática, es preciso que de aquí a 2030 el 1 % más rico de la población mundial reduzca sus emisiones 30 veces; el 50 % más pobre, por el contrario, podrá triplicarla. (Véase mi balance de la COP26: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/)

Para medir el impacto de estas cifras, hay que tener en cuenta que fueron reveladas a las delegaciones oficiales por un científico de primer plano, quien resumió así las diez conclusiones más recientes de la ciencia del cambio climático. El servicio de prensa del PIK me indicó la fuente a la que había recurrido su director y estuve estudiando el artículo de referencia para saber más. Se trata de un estudio encargado por Oxfam y realizado por Tim Gore, ex responsable de la ONG, recientemente nombrado jefe del departamento de bajo carbono y economía circular del Instituto Europeo de Política Ambiental. Su contenido merece tanto una amplia difusión como un examen crítico.

La cuestión de la injusticia climática suele abordarse por países, en función de las respectivas responsabilidades históricas del Norte y del Sur globales: el Norte es rico y responsable, el Sur es pobre y víctima. Ahora bien, la gente pobre de EE UU y Europa no es rica y las personas chinas e indias ricas no son pobres… El estudio de Oxfam se esfuerza por integrar esta realidad de clase. Esta es su principal baza. Pero empecemos presentando la metodología empleada.

Metodología

El autor compara las emisiones de CO2 en el ámbito del consumo. Las emisiones se imputan por tanto al país en el que se consumen los bienes y servicios, no a los países en los que se producen. Se expresan en toneladas de CO2 por persona y año, cifra que se obtiene dividiendo las emisiones del país en cuestión entre el número de habitantes. El resultado incluye todas las fuentes de emisión: hogares, empresas, servicios públicos, pero se corrige en función de los resultados de las encuestas nacionales sobre las condiciones de vida de los hogares (aplicando un coeficiente carbono a los bienes y servicios consumidos). Esta corrección permite determinar la desigualdad climática no solo entre el Norte y el Sur, sino también entre pobres y ricos dentro de cada país, tanto si estos figuran entre los ricos como si no.

El texto insiste además en la importancia creciente de este enfoque: “Aunque la desigualdad de emisiones de carbono sea a menudo más fuerte a escala global (se considera que las desigualdades entre países contribuyen en un 70 % a la desigualdad climática global), las desigualdades dentro de los países también son muy significativas. Estas desigualdades condicionan cada vez más la ampliación de la desigualdad global y afectan probablemente en mayor medida a la aceptabilidad política y social de los esfuerzos nacionales por reducir las emisiones.” (Cursivas mías, DT). Más adelante retomaremos esta cuestión, que tiene a todas luces una importancia estratégica en la lucha por el clima.

La política climática ahonda las desigualdades

Tenemos una estimación de los porcentajes de emisiones actuales imputables al consumo de los diferentes grupos de la población: el 1 % más rico, el 10 % más rico, el 40 % de renta media y el 50 % más pobre (el 1 % se incluye después en el 10 %). Sobre la base de las contribuciones nacionalmente determinadas de los Estados (NDC, en otras palabras, los planes climáticos nacionales) y los nuevos compromisos que estos han comunicado justo antes de la COP26, podemos calcular el volumen probable de las emisiones en 2030, y por tanto también la desviación de este volumen con respecto a la trayectoria que deben seguir las reducciones para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 (esta desviación se designa en inglés con la expresión emissions gap).

También podemos calcular la probable evolución de los porcentajes de emisiones de cada grupo de rentas, relacionarlos con el número de personas de cada grupo y obtener así los volúmenes de emisiones medios por persona y por grupo, tanto a escala global como nacional. Finalmente, podemos comparar estos volúmenes con el volumen de emisiones individual medio compatible globalmente con el objetivo de 1,5 °C como máximo: 2,3 toneladas de CO2/persona/año (para una población de 7.900 millones de personas en 2030)). De esta manera se consigue más que visualizar la injusticia climática actual; se ve en qué sentido la política aplicada la hará evolucionar de aquí a  2030, a escala global y por grupos.

Los resultados pueden resumirse en forma de cuadro:

Clases*

Número aproximado de personas

Renta media/ persona/año

Porcentaje de emisiones globales en 1990

Porcentaje de emisiones globales en 2030

Desviación en 2030 con respecto a 2,3 tCO2/persona/año

1 %

79 millones

> 172.000 $

13 %

16 %

+ 67,7 tCO2/pers/año

10 %

790 millones

> 55.000 $

37 %

32 %

+ 18,7 tCO2/pers/an

40 %

1.975 millones

> 9.800 $

42 %

43 %

+ 2,5 tCO2/pers/año

50 %

3.400 millones

< 9.800 $

8 %

9 %

‒ x**

* El 1 % más rico se incluye después en el 10 %

** El 50 % se sitúa muy por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año. Según el estudio, seguiría estándolo incluso si sus emisiones aumentaran un 200 % de aquí a 2030.

Para no malinterpretar estos números, es preciso insistir en que aquí no se evalúa la desigualdad social, sino la desigualdad de emisiones de carbono. Así, la disminución esperada en 2030 del porcentaje de emisiones globales imputables al 10 % no implica evidentemente que los ricos serán menos ricos dentro de diez años, sino que refleja el hecho de que los miembros del grupo mundial del 10 % viven principalmente en países capitalistas desarrollados, donde la intensidad de emisión de carbono disminuirá más rápidamente que en el resto del mundo y de que tienen más medios que los demás para adquirir tecnologías verdes. Más adelante volveremos sobre la manera de interpretar el hecho de que el porcentaje de emisiones del 1 % de superricos siga creciendo a pesar de todo. De momento, centrémonos en los muy ricos y en los pobres.

El estudio confirma lo que Oxfam repite desde hace años: el 1 % más rico de la población mundial emite casi dos veces más CO2 que el 50 % más pobre. Además, se constata que las políticas climáticas adoptadas por los gobiernos desde la COP21 (2015, París) ahondan esta injusticia: en efecto, el porcentaje de emisiones globales imputables al consumo del 1 % más rico ha pasado del 13 % en 1990 al 15 % en 2015 y continuará subiendo para alcanzar el 16 % en 2030. Entonces será un 25 % superior a lo que era 1990, y 16 veces más elevado que la media global. En 2030, cada persona perteneciente al grupo mundial de los superricos emitirá más de 30 veces las 2,3 toneladas de CO2/persona y año compatibles con el respeto de 1,5 °C como máximo. El 50 % más pobre, en cambio, apenas experimentará cambio alguno: su porcentaje de emisiones mundiales pasará del 8 % al 9 % anual y sus emisiones por persona se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año.

La reducción de las emisiones es inversamente proporcional a la renta

La imagen de un agravamiento de la injusticia climática global desde la COP21 gana nitidez cuando se compara la evolución de 2015 a 2030 de las emisiones por persona de cada grupo (fruto de las políticas llevadas a cabo) con la evolución que deberían experimentar estas emisiones por grupo para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática:

Clases

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 con las políticas actuales

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 compatibles con la justicia climática

1 %

‒ 5 %

‒ 97 %

10 %

‒ 11 %

‒ 90 %

40 %

‒ 9 %

‒ 57 %

50 %

+ 17 %

+ 233 %

Globalmente, las emisiones por persona en 2030 serán un 7 % más bajas que en 2015 (¡si los Estados cumplen sus compromisos!). Es sabido que esta reducción es muy inferior a la reducción media por persona que se requiere para mantener la cota máxima de 1,5 °C: un 52 %. El elemento nuevo que aparece aquí es que, además de agravar la desigualdad global, el esfuerzo que conllevan las políticas climáticas de los gobiernos es inversamente proporcional a la renta: el 1 % más rico hará una veintava parte (97/5), el 10 % más rico la octava parte (90/11) y el 40 % de rentas medias la seisava parte (57/9) de lo que debería dictar la justicia climática.

Por tanto, hay injusticias entre estas tres clases (el 40 % de rentas medias es el que más se acerca al objetivo) y al mismo tiempo una injusticia todavía mayor debido a que la mitad de la población mundial no utilizará en 2030 más que una treceava parte del presupuesto de carbono al que tendría derecho si se respetara el principio de las responsabilidades y capacidades diferenciadas (233/17). (El autor consolida así la conclusión a la que había llegado en una publicación anterior: un tercio del presupuesto de carbono compatible con el acuerdo de París se malgasta en ampliar el consumo del 10 % más rico de la población mundial.)

La evolución de los porcentajes de emisiones imputables al 10 % más rico (entre 55.000 et 172.000 $/año) y al 40 % cuya renta se califica de media (entre 9.800 y 55.000 $/año) merece un examen más detenido. Estas dos categorías engloban, en efecto, a sectores sustanciales, incluso mayoritarios, de la clase trabajadora asalariada de los países capitalistas desarrollados y en los llamados países capitalismos emergentes, respectivamente. (Expresado en equivalentes a jornada completa, la renta bruta anual media de la clase trabajadora es de unos 44.000 $/año en Europa Occidental y de 63.000 $/año en EE UU. Según las fuentes, varía entre 9.200 $/año y 14.000 $/año en China, Brasil y África del Sur.) El estudio incluye un gráfico muy ilustrativo, en el que se comparan tres trayectorias de evolución de las emisiones por persona en función de la renta: de la gente más pobre entre los pobres a la gente más rica entre los ricos: la trayectoria de 1990 a 2015, la de 2015 a 2030 y la de 2015 a 2030 compatible con el máximo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática. La doble conclusión del estudio es impactante:

  1. “Las clases medias mundiales (el 40 %) que vio crecer con mayor rapidez su tasa de emisiones durante los años 1990-2015 experimentarán la inversión de la tendencia más pronunciada durante los años 2015-2030”;
  2. “Las reducciones (de las emisiones, DT) más profundas se centrarán en las personas que perciben las rentas más bajas en los países ricos”.

Las promesas de transición justa: cortinas de humo

Examinar la injusticia climática en función de los grupos de renta permite captar las realidades que no aparecen en el análisis cuando la cuestión se plantea simplemente en términos de países pobres y ricos. concretamente, esto saca a relucir la creciente responsabilidad de la gente rica, y sobre todo de la superrica, no solo en el Norte, sino también en el Sur global. Como dice el estudio, “es notable que en todos los países con mayores emisiones, las proyecciones en 2030 del 10 % más rico y del 1 % más rico nacionalmente muestran huellas de consumo individual sustancialmente superiores al nivel de 1,5 °C global per cápita” (cursivas mías, DT). Veamos esto más de cerca:

  • India es el único gran país emisor en el que las emisiones medias en 2030 se mantendrán por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año compatibles con la cota máxima de 1,5 °C. También es el único en que las emisiones del 50 % más pobre se situará claramente por debajo de este nivel. Sin embargo, las emisiones del 10 % de personas indias más ricas quintuplicarán este nivel, y las del 1 % más rico lo multiplicarán por 20.
  • El 50 % de personas estadounidenses más pobres superarán un poco el umbral de 2,3 tCO2/persona/año, pero el 1 % más rico emitirá en promedio 55 veces más (127 toneladas) y el 10 % más rico 15 veces más (unas 35 toneladas).
  • En China, las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán en 2030 por debajo del fatídico listón, pero las del 10 % más rico lo superarán más de 10 veces y las del 1 % más rico más de 30 veces (82 toneladas).
  • Las proyecciones para la Unión Europea y el Reino Unido también son muy instructivas: en 2030, las emisiones del 50 % más pobre se acercarán al volumen medio global compatible con 1,5 °C…, pero las del 10 % más rico lo multiplicarán por cinco o seis, y las del 1 % más rico, por quince.

Más claro el agua: estos datos demuestran que los compromisos de transición justa incluidos en las resoluciones oficiales de las COP no son más que cortinas de humo. Bla-bla-bla. En realidad, se observa un doble movimiento: 1) se acentúa la injusticia climática y 2) la clase de los superricos y supercontaminadores se recompone debido al ascenso fulgurante del Capital en Asia. Dentro de este grupo no es exagerado hablar de un cambio profundo. En efecto, en 2015 el 1 % más rico del planeta emitía el 15 % del CO2 global. La gente rica china aportaba un 14 %, la estadounidense un 37 %, la europea un 11 % y la india un 5 %. Según las proyecciones del estudio, en 2030 el 1 % más rico habrá incrementado aún más su contribución a la emisión mundial de CO2: el 16 %. Pero entonces la gente rica china aportará un 23 %, la estadounidense un 19 %, la europea un 4 % y la india un 11 %. (Vista la importancia del carbón en China y en India, este “cambio de la geografía de la desigualdad de emisiones de carbono”, como dice el estudio, podría ayudar a explicar el hecho de que el porcentaje de las emisiones globales del 1 % superrico siga aumentando, a diferencia del del 10 %). Véase el resumen en el siguiente cuadro:

 

Porcentaje del CO2 global emitido por el 1 % más rico en 2015

Porcentaje del CO2 global emitido par el 1 % más rico en 2030

Mundo

15 %

16 %

China

14 %

23 %

Estados Unidos

37 %

19 %

Unión Europea

11 %

4 %

India

5 %

11 %

El autor del estudio no lo señala, pero resulta chocante constatar también que en el otro extremo de la pirámide de las rentas se observa una convergencia bastante clara de las huellas de carbono: el 50 % más pobre de EE UU, de la UE, del Reino Unido y de China emitirá en 2020, por persona, una cantidad de CO2 relativamente análoga, un poco superior o un poco inferior a las 2,3 t/persona/año. (India es el único gran país emisor en el que las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas, el mismo nivel que en los llamados países en desarrollo.)

Una imagen incompleta

A pesar de su gran interés, el estudio de Oxfam no refleja una imagen completa de las responsabilidades climáticas de las diferentes clases de renta. Es más que probable que subestime las emisiones imputables a la gente más rica, pero también que sobrestime las emisiones imputables al 40 % de rentas medias e incluso a una franja del 10 % de gente rica. Hay, en efecto, dos dificultades.

En primer lugar, las emisiones imputables al 1 % más rico son tan difíciles de delimitar como sus bienes, y ello por el mismo motivo: el secreto bancario, el fraude fiscal y la ausencia de un catastro patrimonial. El autor lo señala: “Mientras que existen métodos sólidos para estimar las huellas individuales mediante la aplicación de coeficientes de carbono a los bienes y servicios identificados en los censos de población, es bien sabido que dichos métodos subestiman el consumo de la gente más rica". Para obviar este problema, el estudio se basa en los trabajos de investigadoras que han sacado a relucir diversas realidades. Por ejemplo:

  • los datos disponibles con respecto a los automóviles, las casas, los aviones y los yates indican que las emisiones debidas al consumo de los multimillonarios alcanzan fácilmente varios miles de toneladas de CO2/persona/año. Los grandes yates, cuyas ventas se han disparado durante la pandemia, son las principales fuentes de estas emisiones (un yate grande emite unas 7.000 toneladas de CO2/año);
  • el transporte es la principal fuente de emisiones de la gente superrica. En particular, el transporte aéreo: según ciertos estudios, el 50 % de los vuelos de pasajeros corresponden al 1 % de la población mundial. Sobre la base de los viajes de la gente famosa, podemos considerar que la huella avión de los más ricos alcanza los varios miles de toneladas de CO2/año. Evidentemente, el desarrollo insensato del turismo espacial no hará más que reforzar esta tendencia. (Vista la dependencia del transporte aéreo de los combustibles fósiles, el uso intensivo del avión por el 1 % puede valer de segunda explicación del hecho de que el porcentaje de emisiones mundiales de este grupo continúe aumentando, contrariamente al del 10 %.)

Sin embargo, este hiperconsumo de gran lujo no es más que la punta del iceberg: no tiene en cuenta las emisiones imputables a las inversiones capitalistas del 1 % más rico. El autor cita trabajos que cifran en un 70 % la parte de la huella de carbono de los más ricos derivada de sus inversiones capitalistas, pero no se trata más que de una estimación, dificultada por la opacidad del sector financiero.

En segundo lugar, incluso aplicando a las emisiones de los hogares el coeficiente de carbono mencionado más arriba, repartir las emisiones de las empresas y del sector público entre toda la población constituye un enfoque discutible, ya que no tiene en cuenta el hecho ‒mencionado en el estudio‒ de que los mayores emisores de CO2 (el 1 % más rico) ejercen sobre las decisiones “una influencia desproporcionada en virtud de su condición, de su poder político y de su acceso a los decisores políticos”. Por citar un ejemplo: el proyecto de aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes [en Francia] respondía a las necesidades de la empresa Vinci y de sus accionistas, no a las de las clases populares. El mismo razonamiento vale para los gastos militares y numerosos proyectos, por no hablar de las subvenciones públicas a las empresas.

Límites del análisis a través del consumo

Con esto llegamos a tocar los límites de un enfoque de la catástrofe climática basado en el consumo de las diferentes categorías de renta. En realidad, puesto que todo consumo presupone una producción, los niveles de consumo de los grupos de renta han de analizarse a la luz de las posiciones que ocupan estos grupos en la producción. “La influencia desproporcionada” del 1 % más rico se da en todas partes, pues los miembros de este grupo son propietarios de los medios de producción. Son la clase dominante y el Estado es el instrumento de su dominación. Las clases populares se hallan en una situación muy distinta: están sometidas a las decisiones de las empresas y las instituciones que no controlan y producen por encima de sus necesidades en beneficio de los capitalistas. Por consiguiente, soportan un volumen de emisiones que se deriva de la dinámica productivista del Capital, no se su libre albedrío.

Frente a la mistificación del discurso dominante que nos exhorta indistintamente a cambiar nuestros hábitos, el estudio de Oxfam tiene el gran mérito de dirigir el foco sobre las enormes desigualdades de consumo y de expresarlas en términos de responsabilidades por las emisiones de CO2. Además, demuestra claramente que la política de los gobiernos, a pesar del bla-bla-bla sobre la transición justa, agrava la injusticia climática.

Al mismo tiempo, es bastante fácil constatar que la solución no puede venir de medidas adoptadas exclusivamente en el ámbito del consumo. Veamos la hipótesis absurda de que de aquí a 2030, el 1 % más rico o el 10 % más rico hayan reducido sus emisiones a 2,3 tCO2/persona/año. En este caso, todavía haría falta, para no rebasar los 1,5 °C de calentamiento global, que el 40 % de la llamada clase media reduzca sus emisiones a menos de la mitad en la UE y el Reino Unido, a un tercio en China y a un cuarto en EE UU (India es el único país gran emisor en el que las emisiones del 40 % se mantendrán por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año en 2030, según el estudio). ¿Cómo? Aunque indispensable, la redistribución radical de las riquezas (como la que propone Thomas Piketty) no permitiría resolver el problema, solamente lo desplazaría. El desafío no puede abordarse más que redefiniendo las necesidades reales de la mayoría social, organizando la producción en función de las mismas y suprimiendo la producción de bienes inútiles y nocivos.

La aceptabilidad social revela la dificultad de los esfuerzos requeridos. Para la mayoría, son motivo de rechazo. Claro que son necesarios unos cambios profundos, y no basta con decir que paguen los ricos. Por eso hay que razonar en términos de deseabilidad. Producir menos para cubrir las necesidades; transportar menos, trabajar menos, compartir más; cuidar a las personas y los ecosistemas; gestionar los recursos de manera sobria, colectiva y democrática, para que todas y todos gocen de una vida placentera y confortable: esta es la perspectiva ecosocialista que puede inspirar un plan de reformas estructurales anticapitalistas adaptado al siglo XXI. Porque una cosa es cierta: no hay salida sin poner en tela de juicio la competencia en pos del beneficio, motor del productivismo basado en el derecho de propiedad capitalista.

08/12/2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/climat-inegalites-et-lutte-des-classes/

Publicado enMedio Ambiente
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