"Cuatro de cada 10 venezolanos piensan irse de Venezuela": Encuesta Datos Group

Cuatro de cada 10 venezolanos planean irse de Venezuela en los próximos 12 meses para escapar de la grave crisis económica, según un estudio de la encuestadora Datos Group.

"La gente se va porque no puede comer", dijo este lunes el director de la empresa, Luis Maturén, al explicar a la AFP los resultados del sondeo.

Los venezolanos enfrentan una crisis que combina escasez de todo tipo de bienes básicos, y una hiperinflación que según el FMI podría escalar a 13.000% en 2018.

"Viene una diáspora muy importante, pues cuatro de cada 10 venezolanos afirmaron que se irán del país en los próximos 12 meses", señaló Maturén.

La migración se relaciona con la búsqueda de ingresos en moneda extranjera para sostener a los miembros del grupo familiar que se quedan en el país, ante el hundimiento de la moneda local, el bolívar.

De acuerdo con la investigación, en la actualidad las remesas se ubican en unos 289 millones de dólares al año, lo que equivale al 0,1% del Producto Interno Bruto.

"El 42% viene de Europa y el 40% de Norteamérica, y vamos a estar viendo un incremento de Latinoamérica", subrayó Maturén.

El sondeo, realizado entre el 4 de enero y el 2 de febrero entre 2.074 personas, estima que unos tres millones de venezolanos reciben dinero de familiares en el extranjero, lo que representa 14% de la población.

Además, 5% "dijo que había recibido medicinas y alimentos del exterior", anotó el encuestador.

El volumen de remesas de Venezuela aún es bajo, pero los pronósticos apuntan a que para 2018 se duplique, añadió.

A su juicio, la pérdida de poder adquisitivo divide al país entre quienes reciben divisas y los que sobreviven con bolívares.

Pulverizado por la hiperinflación, el ingreso mínimo, de 1.307.646 bolívares, equivale a 36,6 dólares a la cotización oficial y a 6,1 dólares en el mercado negro.

La crisis política no figura entre las principales preocupaciones de los venezolanos.

"La prioridad es sobrevivir, pues 40% manifestó como principal preocupación el alto costo de la vida y 29% el desabastecimiento", afirmó el experto.

Tomás Páez, sociólogo especialista en migración, asegura que entre 400.000 y 500.000 venezolanos han abandonado el país en los dos últimos años.

Durante ese período se profundizó la crisis, especialmente por la caída de los precios del petróleo -fuente de 96% de los ingresos- y el férreo control de la economía por parte del gobierno, según economistas.

 

Por: Agencias | Lunes, 05/03/2018 04:11 PM |

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Sábado, 10 Febrero 2018 06:43

La homosexualidad y las urnas

La homosexualidad y las urnas

Ambos se llaman Alvarado, son periodistas y cuarentones. En la votación de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, el pasado domingo, el pueblo puso frente a frente en la segunda vuelta a Fabricio Alvarado, del ultraconservador Partido Restauración Nacional (Prn) –con 24,91 por ciento de los votos–, y a Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana (Pac, de centro, oficialista), con 21,66 por ciento. Hace apenas dos meses ambos sumaban menos de un 5 por ciento en las encuestas de intención de voto.


Faltando 25 días para la elección estalló el tema que monopolizaría la campaña electoral y que marcó la decisión final de los votantes (la abstención fue del 34,34 por ciento): el matrimonio igualitario y los derechos de las personas Lgbt. El predicador evangélico Fabricio Alvarado, quien hasta ese momento tenía tan sólo 3 por ciento de intención de voto, desconoció la opinión consultiva emitida el 9 de enero pasado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), favorable al matrimonio homosexual, y que indicaba que Costa Rica debía asegurar el cumplimiento de los derechos de todas las personas, sin importar su orientación sexual. Fabricio Alvarado instó por televisión a la gente a rechazar la opinión de la Cidh mediante su voto en las elecciones: “Hagamos vinculante nuestra opinión, este será nuestro referéndum, el momento definitivo para demostrar que Costa Rica es pro vida y está a favor del matrimonio entre hombre y mujer”.


Pronto el candidato alcanzó el segundo lugar en las encuestas y su ascenso fue imparable. Según el politólogo Rubén Rojas, el apoyo al predicador indica que la sociedad costarricense sigue siendo “sumamente conservadora”.


El gobernante Pac y el emergente Prn medirán fuerzas en el balotaje del 1 de abril, y ambos buscan aliados políticos. Para Restauración Nacional el panorama es más accesible, puesto que los partidos conservadores, y que impulsan la llamada “defensa de la familia”, fueron los cuatro que le siguieron en popularidad en la votación. Paralelamente, el Alvarado oficialista ofreció un “gabinete multipartidista” para derrotar al actual diputado y ganador de la primera vuelta.


Lo que ya está escrito es que el ala progresista en la Asamblea Legislativa se redujo notablemente, frente al auge conservador. Los cinco partidos conservadores tienen, juntos, mayoría en el parlamento, lo cual les permitirá hacer reformas constitucionales: suman 46 diputados, frente a 11 de los dos partidos progresistas, Acción Ciudadana y Frente Amplio.

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Viernes, 08 Septiembre 2017 07:35

Amor & Feminismo

Amor & Feminismo

 

Del feminismo aprendimos a cuestionar lo heredado y a analizar críticamente el presente, nunca esperamos un manual sobre cómo querer. En manos de cada una está la posibilidad de conseguirlo, y en la de todas, luchar porque sea más fácil.

 

He vivido en espacios contraculturales, como okupas, y he formado –y formo– parte de eso que se llama difusamente “movimientos sociales” en el entorno de la autonomía política. En esos espacios, he estado rodeada de gente que se cuestionaba las relaciones amorosas “tradicionales” casi como imperativo vital.

He sido testigo de relaciones abiertas, tríos amorosos, relaciones simultáneas –eso que ahora llaman poliamor– y otras variables de relación donde se podía repensar cada una de las cuestiones que se supone que vienen asociadas a ese dispositivo social que llamamos “amor”, o que llamamos “pareja”. He tenido entre mis brazos a un amigo triste que necesitaba consuelo porque su novia se había ido de vacaciones con otra mujer que era la novia de su novia. He visto a gente luchar contra los celos, o mentirse a sí misma diciendo que no los sentía. He tenido que fingir que no me importase que mi novio –compañero, decimos– me hablase de su último ligue.

Lo he pasado algo mal y algo he aprendido de estas experiencias. Por supuesto, he conocido también a parejas felices que compartían amantes sin ningún tipo de problema.

Quizás esta matemática de los cuerpos es la parte más folclórica y llamativa del todo el asunto. La parte difícil era la de construir día a día relaciones duraderas poniendo en cuestión los roles sociales asignados y los que cada uno acaba asumiendo en la pareja; la de intentar respetar los espacios de cada cual en un compromiso virtuoso sin dependencias obscenas ni sentirse abandonado en los momentos difíciles; o la de construir interacciones igualitarias, sin regodearse en la capacidad de dominio que te proporciona el que alguien te necesite. Amarse, al fin, con libertad, pero al mismo tiempo, apoyo, compromiso, mutua responsabilidad.

Eso ha sido infinitamente más difícil. Una amiga sabia de aquel tiempo siempre me decía que habíamos derribado todos los muros, habíamos puesto todo en cuestión, habíamos deconstruido el amor y las relaciones, pero no pudimos conseguir un modelo alternativo sólido o sostenible. (Mi amiga ahora está en un matrimonio bastante convencional. Tiene un marido celoso. Lo lleva regular).

 

Lo que aprendimos en esa época, lo aprendimos del feminismo

 

En buena parte, todas estas experiencias estaban marcadas por las enseñanzas del feminismo, también por un cierto influjo de la liberación del deseo y de la puesta en cuestión de los roles de género que aportaban las luchas LGTBI. Si jugábamos en fiestas y talleres a actuar con el género cambiado, o si convivíamos con transexuales que hacían relatos espectaculares y profundos de sus transiciones, estos roles se evidenciaban más claramente en su condición de performance.

Del feminismo aprendimos, por ejemplo, que emanciparnos como mujeres solo se podría lograr si nos desprendíamos del ideal del amor romántico. Aquí cada una hizo su camino. Para muchas, entre las que me cuento, esto no significaba dejar de enamorarse o de disfrutar de las emociones que provoca el enamoramiento por más que estén “históricamente determinadas” o “socialmente construidas”. Quería decir cosas como que tu felicidad en la relación es más importante que la relación misma, por más intensidad que te recorra. Que si no te hace feliz estar con esa persona, pues la relación no sirve.

Que el amor no es suficiente para sostener nada, hace falta componerse de esas otras mil maneras que hacen posible la vida en común. Que el amor no puede ser jamás una relación de dominio ni un intento de control sobre el otro por más miedo que te dé perder a esa persona. Y no siempre es fácil, claro. A veces nos sentimos tan solas, somos tan frágiles. En esa época, aprendimos cómo estaban vinculados el amor romántico y la violencia en la pareja. Pocos obstáculos hay tan grandes para la igualdad de la mujer –y la felicidad humana en general– como el modelo tradicional de romance, donde los celos, la necesidad de posesión y el ser a través de la vinculación con el otro están tan relacionados con la reproducción de la violencia machista. Sin embargo, esos roles patriarcales, como dice bell hooks, pueden ser asumidos también por mujeres tanto en parejas homosexuales como heterosexuales cuando usan ese amor para someter y dominar.

La idea que subyace es que la manera en la que se ha construido socialmente ese sentimiento legitima cosas como leer los mensajes del móvil de nuestra pareja o utilizar la violencia “pasional”. Aunque hemos avanzado mucho, resulta alarmante cuánta gente todavía piensa que los celos son una expresión de amor. Dice hooks: “Por amor” las mujeres nos aferramos a situaciones de maltrato, abuso y explotación. Somos capaces de humillarnos ‘por amor’ y, a la vez, de presumir de nuestra intensa capacidad de amar”. Por supuesto, en el día a día, pareja, amor y condiciones materiales de existencia tejen su propia red. Cuando muchas mujeres además dejan sus trabajos para dedicarse a las tareas de cuidado y del hogar, se generan dependencias económicas que a veces atan más que el ideal romántico.

 

El amor tiene más formas que las nubes

 

Somos frágiles, a veces, nos sentimos tan solas. Decía. El feminismo nos habló de interdependencia. El ideal de persona independiente del capitalismo liberal no sirve y además invisibiliza toda la trama de cuidados –pagados o no– que sostienen esas vidas. Nadie puede vivir sin ayuda de otros, ya sea en la enfermedad, o en situaciones difíciles, ya sea en determinados momentos de la vida: infancia, vejez. También hay muchas personas con diversidad funcional que necesitan a otras. Por no decir qué tipo de vida sería una, donde no sostenerse nunca en nadie significaría no apoyar tampoco a los demás.

No existe, pero tampoco es deseable. No es deseable pagar por todo lo que necesitamos ni está al alcance de todas las clases sociales. (Así como tampoco es justo que cuidar recaiga en las mujeres ya sea retribuido o “por amor”.) Por eso, somos frágiles, como toda vida humana. Por eso, seguimos formando familias, y todavía la mayoría son nucleares –papá, mamá, hijos– aunque cada vez menos.

En aquel entonces, hablábamos de comunidades alternativas. La okupación nos permitía sentir que teníamos una especie de familia elegida porque convivíamos intensamente con otros. Decíamos: “sororidad”, o “amistades fuertes capaces de conformar redes de cuidados”. La pareja no es imprescindible, existen vínculos afectivos que pueden sustituirla. O al menos, concluíamos, hacernos más fuertes frente a dependencias amorosas que pueden llegar a ser dañinas.

De todas formas, el modelo convivencial –elegir con quién vives, vivir con amigos– por cómo se organiza el mercado de la vivienda es difícilmente generalizable. Tampoco es sencillo. De aquel tiempo quedan amigos, pero un tanto por ciento muy pequeño. Y la familia, que en algún momento nos pudo pesar, sigue sosteniéndonos. Algún que otro colega redescubrió a su familia cuando tuvo que irse a vivir con los padres durante la crisis. Pese a todos los cambios, la institución familiar resiste. Muta de innumerables maneras, se adapta, pero ahí sigue. Todavía funciona a su manera porque no parece que hayamos encontrado una manera de sustituirla.

Aun así, sabemos que la familia nuclear o patriarcal –papá, mamá, niños–, e incluso sus variantes homosexuales, puede ser un pozo de profundas insatisfacciones. Sobre todo cuando se cierra sobre sí misma, y sirve para reforzar la autoridad paterna, la dependencia femenina y de los hijos. Sin embargo, también constituye un refugio para el viento helado de la individuación capitalista.

 

El amor en los tiempos de Tinder

 

Así, aunque la familia nuclear esté en crisis no es porque esté dando lugar masivamente a nuevas comunidades alternativas basadas en otro tipo de vínculos, sino a algo más parecido a un individualismo exacerbado. Cambiar la dependencia de la pareja por la independencia del mercado no parece una alternativa emancipadora. Cada vez hay más divorcios y menos relaciones a largo plazo, pero más singles –como estilo de vida–, y la pareja se vive culturalmente como un estorbo a la libertad personal más que como un apoyo en las propias dificultades. Algunas feministas como Arlie Russell Hochschild hablan no solo de mercantilización de los cuidados, sino de mercantilización de la propia vida íntima, de la vida familiar y de las emociones.

El compromiso de por vida también está siendo sustituido por los valores de mercado: novedad, reemplazo continuo, miedo al aburrimiento y a la repetición. Como dice Eva Illouz, las antiguas exigencias de fidelidad o compromiso entran en contradicción con el culto a la intensidad de la experiencia siempre nueva. No es extraño así que para algunas personas el mito del amor romántico pueda constituir incluso una suerte de refugio en busca de autenticidad o estabilidad. Quizás por eso este mito siga teniendo tanto protagonismo en los productos de la industria cultural. Que los cambios culturales impulsados por las feministas sean también funcionales a nuevos nichos de mercado es una de las contradicciones con las que tenemos que convivir.

En el capitalismo contemporáneo, las libertades conquistadas producen valor. Las feministas caminamos por el filo de estas contradicciones sin un plano tratando de construir vínculos duraderos y compromisos en libertad que nos hagan felices. Del feminismo aprendimos a cuestionarnos lo heredado y a analizar críticamente el presente, nunca esperamos un mapa detallado o un manual de instrucciones sobre cómo amar.

En manos de cada una está la posibilidad de conseguirlo, y en la de todas, luchar porque eso sea más fácil en una sociedad más justa e igualitaria.

 

 

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Mujeres rurales rompen las barreras machistas y se encargan de gestionar el agua en Nicaragua

Hablamos con Walkiria Castillo, que participa en el comité encargado de facilitar el acceso al agua potable en su aldea, azotada por la sequía y la pobreza.


Mientras las mujeres abastecen de agua a los hogares, las tareas más valoradas como construir y mantener los sistemas son vistas como "propias de hombres".


Al igual que en muchas partes del mundo, en las áridas comunidades rurales al norte de Nicaragua las mujeres recorren varios kilómetros para conseguir agua para sus casas. De ellas, y solo de ellas, depende que la familia tenga agua potable a diario para beber, cocinar, bañarse o limpiar. Una tarea vista socialmente como "propia de mujeres" siempre y cuando implique obtener este bien tan básico de forma precaria, acarreando en su cabeza pesados bidones desde el río o el pozo de la zona.

Al igual que en muchas partes del mundo, en las áridas comunidades rurales al norte de Nicaragua las mujeres recorren varios kilómetros para conseguir agua para sus casas. De ellas, y solo de ellas, depende que la familia tenga agua potable a diario para beber, cocinar, bañarse o limpiar. Una tarea vista socialmente como "propia de mujeres" siempre y cuando implique obtener este bien tan básico de forma precaria, acarreando en su cabeza pesados bidones desde el río o el pozo de la zona.

Pero desde hace algún tiempo hay mujeres que están rompiendo estas barreras. Walkiria Castillo es una de ellas. Hace casi dos años que participa en el Comité de Agua y Saneamiento de su pequeña comunidad en el municipio Villanueva, cerca de la frontera con Honduras.


Estos órganos se encargan de la gestión comunitaria del agua potable, es decir, trabajan para que la instalación llegue a todas las viviendas y no haya problemas de acceso: en la comunidad de Walkiria, amenazada por problemas de sequía y de pobreza, solo 50 de los 76 hogares están conectados a la red y ya están haciendo las gestiones con el Gobierno municipal para ampliarla.


Entre sus funciones, Walkiria ejerce de secretaria y también cobra el agua mensualmente a sus vecinos. "Si hay tubos rotos tengo que estar pendiente. Convoco las reuniones y las asambleas, llevo el informe mensual del pago y también leo los medidores para cobrar el agua, es mucha carga de trabajo", explica en una conversación con eldiario.es.
También ha llegado a examinar, con laboratorios portátiles, la calidad del agua. Cerca de su municipio hay una explotación minera de oro, y aunque están pendientes de que se realice un examen químico, sospechan que su agua puede estar contaminada. "Necesitamos un estudio para saber si nuestra agua se puede tomar, porque desde hace cuatro años que hicimos la conexión no se ha analizado. Hacen exploraciones con cianuro y una debe estar pendiente de qué estamos tomando", sostiene.


"Quiero que mis compañeras se fijen en mi espejo"


Walkiria tiene 34 años y se incorporó al comité dos meses antes de dar a luz a su último hijo. Nunca había trabajado fuera de casa, donde estaba al cuidado de sus siete hijos y su madre. "Nadie quería asumir el cargo porque hay que dedicarle tiempo. La mujer, cuando también tiene que trabajar en casa, no tiene tiempo para esto. Y yo pensé: '¿Por qué en una comunidad tan pequeña no hay mujeres capaces de desempeñar este rol que todos piensan que no podemos hacer?' Así que entré en el comité, quería experimentar, me gustan los retos", recuerda.


Aunque apenas recibe remuneración a cambio –500 córdobas mensuales (unos 14 euros)– ya que se considera una labor para la comunidad, participar en el órgano ha venido acompañado, dice, de todo un cambio personal. "Decía que yo no podía, pero sí pude. Ahora me pregunto cómo lo hice, porque no había un hombre que me apoyara, siempre fui madre soltera y siempre desarrollé el papel de que todo era carga mía", afirma.


"En mi comunidad, las mujeres formales son las que están en su casa, las que se dedican a lo comunitario no tienen oficio ni fundamento. Antes, yo pensaba así, pero ahora creo que las mujeres también podemos hacer lo que hacen los varones. Claro que podemos", recalca. "Y somos más responsables y reclamamos inmediatamente lo que no nos gusta. También administramos mejor. Debe haber más mujeres para que nos enseñemos y nos digamos que tenemos derechos. Quiero que las demás compañeras se fijen en mi espejo: he podido hacerlo", concluye.


Junto a Walkiria trabajan dos compañeras más: una en el cargo de tesorera y otra como fiscal. Aunque avanzan, la división machista del trabajo sigue presente en los comités, donde aún hay cargos "reservados" para los hombres, como el de presidente. En los 10 comités en el municipio cercano de Somotillo a los que la ONG Alianza por la Solidaridad brinda apoyo, 30 de los 58 miembros son mujeres. En una de las comunidades, incluso, el comité está formado por mujeres porque la mayoría de los hombres han emigrado a Honduras. Sin embargo, solo hay cuatro presidentas.


"Por el hecho de ser mujer piensan que no podemos asumir un cargo importante. Por la actitud machista, la propia comunidad, que decide quién es su presidente, prefiere que sea un hombre. Es difícil encontrar presidentas", resume Walkiria. Otro de estos cargos "adecuados para hombres", según los estereotipos machistas, es el de la fontanería, que requiere formación técnica y casi siempre es remunerado. Un esquema que, por ejemplo, ha roto Maricela, fontanera del comité de Vado Ancho, al norte del municipio de Chinandega.


"Que estas mujeres se empoderen va proyectando la idea de que la gestión del agua no es una cosa solo de hombres y se va avanzando en la brecha. Al inicio, los comités estaban copados principalmente por varones", indica Lenoshka Ingram, coordinadora técnica de Alianza por la Solidaridad para el proyecto. "Es normal que algunas que son propuestas por las asambleas sientan temores al principio, porque supone enfrentarse a los espacios públicos de decisión dominados por los hombres. Pero muchas asumen el reto y van aprendiendo en el camino", prosigue.


La coordinadora explica que también existen brechas en la participación en las asambleas de los comités, uno de los principales espacios de decisión sobre cómo se gestiona el agua: aunque van muchas mujeres, participan menos. "Las mujeres sí asisten, el asunto es que muchas veces van solo a escuchar, cuando tienen buenas propuestas. Por los miedos de hablar en público no opinan. Pero al ver que también hay mujeres en la junta directiva, se va de a poquito incidiendo en los cambios de roles y de la idea de que el espacio público es una cuestión de hombres", comenta.


"He aprendido a valorarme y a ser libre"


Por esta razón, "son importantes", asegura la cooperante, los espacios donde las mujeres intercambian a solas opiniones y experiencias. Tres o cuatro veces al mes, Walkiria acude a Chinandega a una escuela de lideresas de comités de agua. Esta iniciativa también forma parte del proyecto Paragua, promovido por ONG locales junto a otras como Alianza, Amigos de la Tierra y Ecología y Desarrollo (ECODES).


"Muchas pensamos que, tal vez, los demás nos están vigilando y criticando por nuestra labor. Pero ir la escuela nos reafirma en lo que pensamos, que nuestros sentimientos sobre lo que debemos ser es lo que tendría que ser", dice Walkiria. "En la escuela he aprendido a valorarme a mí misma como mujer. Y que el cuidado no depende solo de mí como madre, sino de todos. He aprendido a ser libre, a tener tiempo para meditar para mí misma, porque por la fatiga del día nunca me dedicaba un tiempo para concentrarme en mí", continúa.


Ahora, sus hijos adolescentes, cuenta, han aprendido a cocinar, a limpiar y a cuidar de los más pequeños. "Les enseño que el hombre no tiene que ser machista, que también tiene que lavar los peroles". Menciona a su hija mayor Yuri, de 14 años. ¿Qué le dice ahora que se ha rebelado contra lo que esperaban de usted? Walkiria sonríe y se toma un par de segundos. "Le digo que tiene que aprender a romper el esquema de que la mujer es para la casa. Que puede ser emprendedora y desempeñar un trabajo de esos que dicen que solo los hombres pueden hacer, como las ingenierías", sentencia. E insiste, quiere que quede claro: "Las mujeres también podemos".

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México y EU detuvieron a 100 mil 234 menores centroamericanos en 2016

El número de menores de edad (niñas, niños y adolescentes) que migraron desde países centroamericanos hacia México, o de dichos países y de aquí hacia Estados Unidos, llegó a su máximo histórico en 2016, cuando más de 100 mil fueron aprehendidos por autoridades migratorias de ambos países, indica el anuario de migración y remesas México 2017 elaborado por la Fundación Bancomer y el Consejo Nacional de Población (Conapo).


Detalla que el año pasado fueron detenidos 100 mil 234 menores (59 mil 692 en Estados Unidos y 40 mil 542 en México) en su intento por migrar a alguno de los dos países, incremento de 9.3 por ciento frente al máximo histórico previo, que era de 91 mil 637 aprehensiones en 2014 (de las cuales 68 mil 541 fueron en Estados Unidos y 23 mil 96 en México).


En nuestro país el aseguramiento de menores extranjeros por las autoridades migratorias se incrementó más de 900 por ciento en los recientes seis años, al pasar de 4 mil 43 detenidos en 2010 a 40 mil 542 al cierre del año pasado, según cifras preliminares.


El 44 por ciento de los menores migrantes detenidos en el país el año pasado (17 mil 889) iban sin compañía de un adulto.


De acuerdo con el reporte, elaborado con base en datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob) y en información registrada por el Instituto Nacional de Migración (INM) en los lugares de aseguramiento, casi la mitad de los detenidos en 2016 correspondió a guatemaltecos (41.6 por ciento), hondureños (28.8) y salvadoreños (24.7 por ciento).


La mayoría de las detenciones de menores extranjeros correspondió a varones adolescentes de entre 12 y 17 años (40 por ciento), pero los datos del informe muestran que entre 2010 y el año pasado el grupo etario que más creció fue el de niñas de cero a 11 años, que pasó de 8.3 a 19.8 por ciento de total.


Los datos mensuales sobre arrestos de menores extranjeros por las autoridades migratorias mexicanas muestran una tendencia al alza, con tres cúspides muy notorias: 3 mil 714 hechos en junio de 2014; 4 mil 224 en noviembre de 2015 y 5 mil 80 en octubre de 2016.


En el caso de Estados Unidos, de acuerdo con el informe, el año pasado las autoridades de ese país detuvieron a 59 mil 692 menores que intentaban migrar sin compañía de sus padres, casi 50 por ciento más que 39 mil 970 registrados en 2015, según cifras de la Patrulla Fronteriza.


Sin embargo, el pico máximo de detenciones de menores extranjeros ocurrió en 2014, cuando las autoridades estadunidenses detuvieron a 68 mil 541 menores, incremento de más de dos y media veces respecto de 18 mil 411 detenidos apenas cuatro años antes, en 2010.


La mayoría de los menores aprehendidos en territorio estadunidense el año pasado era de Guatemala (18 mil 913), seguidos de El Salvador (17 mil 512), México (11 mil 926) y Honduras (10 mil 468).


De los menores no acompañados aprehendidos en Estados Unidos 68 por cinto tienen entre 15 a 17 años y 33 por ciento son mujeres.


En el año fiscal 2016 (que se refiere al periodo que va de octubre del año previo a septiembre del año de referencia) la mayoría de los menores no acompañados (67 por ciento) fueron aprehendidos en Río Grande Valley, frontera con Tamaulipas, aunque muchas de las detenciones se dieron también en Tucson y Yuma (en la frontera con Sonora).


El anuario también documenta que el número de deportaciones de niñas, niños y adolescentes desde Estados Unidos subió ligeramente el año pasado respecto de 2015 (al pasar de 11 mil 743 a 13 mil 746 casos) pero disminuyó de manera importante frente al número de casos registrados en 2010 (que fue de 20 mil 438 deportaciones).

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Viernes, 23 Junio 2017 15:13

Un don excepcional

Un don excepcional

En esta cinta dirigida por Marc Webb, tenemos como co-protagonista a Chris Evans, y podríamos pensar en términos comerciales que la participación del actor es un gancho publicitario para atraer más público; Evans alcanzó un máximo reconocimiento por su personaje de ‘Capitán América’ en ‘Los Vengadores’, además de su caracterización de la ‘Antorcha humana’ en la reconocida cinta ‘Los 4 fantásticos’. Ahora es la oportunidad para ver a Evans fuera del Universo Marvel, y encontrarlo en un contexto de una familia no tradicional.

 

Y aunque parte de la crítica ha catalogado la película como un melodrama que pretende manipular emocionalmente a los espectadores, hay que decir que está muy bien manejado por Webb, al no caer en la cursilería o en lo sensiblero que sólo enternece; el filme logra presentarnos un dilema moral y llevarnos más allá del melodrama que evoca sentimientos de compasión.

 

“Un don excepcional” nos presenta la historia de ‘Mary’, una niña huérfana (su madre se ha suicidado) con un talento extraordinario por las matemáticas, quien se encuentra al cuidado de su tío Frank desde hace siete años, tiempo durante el cual éste ha sido no sólo el cuidador sino también el educador, creando un ambiente en el que la niña disfrute de su infancia normalmente, alejándola del estereotipo de “genio”; protegiéndola de la manipulación de otros, quienes la ven como una oportunidad que no puede ser desaprovechada.

 

El drama familiar empieza cuando la abuela de Mary entra en conflicto con el tío Frank por la educación no especializada que está recibiendo la pequeña, entrando también a discutir por la calidad de vida que lleva con su tío. El conflicto inevitablemente es llevado a la Corte, para resolver si es la abuela con planes exitosos de vida para Mary quien debe quedarse con ella, o si debe triunfar el respeto a vivir una niñez normal como lo quiere Frank para su sobrina.

 

La construcción dramática de la película nos invita a reflexionar y hacernos preguntas sobre el dilema moral planteado, sucediéndose giros interesantes e inesperados en los personajes, que se alejan del encasillamiento que podríamos ver en otros dramas que manejan el mismo argumento de esta cinta.

 

El director logra que nos enfrentemos a los diferentes puntos de vista que despierta la decisión de resolver el futuro de otro, y en este caso; arrebatar o no, la niñez de un “prodigio” por asegurar un éxito profesional y dejar de lado la faceta de ser humano.

 

“Un don excepcional” resulta una película amena, y funciona como historia que pretende conmover con personajes y situaciones que quizá, en algún momento podrían parecernos cliché, pero que en esta cinta funciona, pues como ya la mencionaba no resulta sensiblera ni empalagosa como pasa en la mayoría de melodramas.

 

También es importante destacar las actuaciones, por una parte, la de Chris Evans, que logra en esta cinta hacer una buena caracterización y dejar de lado el rótulo de personaje de superhéroe. La enorme actuación de la niña Mckenna Grace como Mary es espectacular y logra darle esa trascendencia y credibilidad a la historia. La participación de la reconocida Octavia Spencer le da cuerpo al elenco y nos deja ver una vez más la gran actriz que conocemos.

 

* “Un don excepcional” estará en cartelera en las principales ciudades del país desde el 29 de junio, en las siguientes salas de cine: Royal Films, Cine Colombia, Cinemark.

 


 

Recuadro


Título original: Gifted
Año: 2017
País: Estados Unidos
Director: Marc Webb
Guión: Tom Flynn
Reparto: Mckenna Grace, Chris Evans, Octavia Spencer
Duración: 101 minutos
Sinopsis: Ambientada en un pueblo costero de Florida, Gifted cuenta la historia de Frank Adler, un hombre soltero que cría a su sobrina Mary tras el fallecimiento de su madre. La niña tiene una gran habilidad para las matemáticas y su abuela Evelyn lo sabe bien. Mientras que su tío intenta que la vida de la pequeña sea lo más normal posible y que disfrute de su infancia, Evelyn tiene otros planes para su nieta. Como consecuencia, Frank se verá obligado a luchar desesperadamente por su custodia.

Publicado enEdición Nº236
Crisis de migrantes centroamericanos en México

La crisis humanitaria olvidada de esta ola migratoria alimenta el oscuro panorama en México, donde los asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias carcomen al país desde hace una década.
El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios en EE.UU.

México enfrenta en su propio territorio una crisis humanitaria que nace en Honduras, El Salvador y Guatemala, países que cada año expulsan a medio millón de personas que, en su mayoría, intentan llegar a Estados Unidos. Sin embargo, cada vez es mayor el número de migrantes que pretende quedarse en México, y el número de solicitudes de asilo pasó de 1,100 en 2011 a unas nueve mil en 2016. Para este año de estima que las peticiones podrían llegar a 20 mil refugiados, de acuerdo con estimaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF), que ayer presentó el informe “Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica”.

MSF considera una crisis humanitaria olvidada a esta ola migratoria, motivada por la extrema violencia que se vive en Honduras, El Salvador y Guatemala, la que además alimenta la crisis humanitaria en México, donde los asesinatos, los secuestros, las desapariciones forzadas, las ejecuciones sumarias y la impunidad carcomen al país desde hace una década. A pregunta expresa, el director de operaciones de MSF para América Latina, Marc Bosch, consideró preocupante la posibilidad de que el gobierno de Enrique Peña Nieto pretenda utilizar el flujo migratorio centroamericano como moneda de cambio para negociar su relación política y comercial con la administración de Donald Trump durante la próxima cumbre sobre indocumentados, anunciada a finales de marzo pasado por John Kelly, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El encuentro se programa para realizarse en Miami y sería copresidido por Estados Unidos y México, con representantes del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA): Honduras, El Salvador y Guatemala. En esta reunión también participarían Canadá y Colombia en calidad de observadores.

El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios, detenciones y expulsiones desde Norteamérica que podrían “empujar a más refugiados y migrantes a las redes de tráfico de personas y de organizaciones criminales”. Así, México podría convertirse no sólo en un inmenso muro de contención de migración centroamericana hacia Estados Unidos, sino un país receptor de estos flujos.

Y si bien aún existe un elevado índice de migración económica, al menos el 50 por ciento de los centroamericanos que se internan en México lo hacen huyendo de situaciones que se encuentran en cualquier país en guerra, aunque para ello deban llegar a un país donde la violencia ha alcanzado niveles sólo superados por Siria. México registró 23 mil asesinatos en 2016, superando a Iraq y Afganistán, según un reporte del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos dado a conocer el martes pasado. De hecho, un mapa de las desapariciones en México coincidiría con las rutas de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, dice Rita Robles Domínguez, del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba, con sede en Tapachula, Chiapas.

MSF realizó un sondeo con 467 migrantes procedentes del TNCA. Para el 39.2 por ciento, “las principales razones para abandonar su país” fueron ataques directos o amenazas a ellos o sus familias, así como episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales. De ellos, arriba de dos tercios fueron recibidos en México con más actos de violencia.

Nueve de cada 10 migrantes atendidos por MSF entre 2015 y 2016 sufrieron al menos un episodio de violencia en sus países de origen y/o durante su tránsito por México hacia Estados Unidos.

De por sí, “la implacable violencia y el sufrimiento emocional” padecido por estos migrantes “no es diferente a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, dice Bertrand Rossier, coordinador general de la organización en México. Los países del TNCA registran 150 mil asesinatos en los últimos 10 años.

Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por “actores armados no estatales”, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada se encuentran en la lista de situaciones de violencia que padecen los migrantes centroamericanos en su paso por México. Todas ellas “son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas están sufriendo”.

De hecho, aún mucho antes de que iniciara la era Trump, México desató una cacería de migrantes a partir de implementación del Programa Integral Frontera Sur, anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto en julio de 2014. “Se vendió como un plan para proteger la integridad de los migrantes y combatir a los grupos criminales que los atacan; en la práctica, se convirtió en una verdadera cacería de migrantes”, dice Alonso Hernández, director del Albergue Paso FM4 de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco y miembro del Comité Ciudadano del Instituto Nacional de Migración.

Los migrantes saben de la violencia que les espera en México, y aun así vienen, lo cual habla de la dimensión de la violencia de la que huyen desde Honduras, El Salvador y Guatemala, subrayó Elena Estrada Cocina, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF.

MSF hizo un llamado a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala, así como a los de México, Estados Unidos y Canadá, para que garanticen alternativas a las detenciones masivas de migrantes y para que se adhieran a los principios de no expulsión. “Estamos ante una crisis humanitaria continuada” desde los países de origen de los migrantes hasta su tránsito por México e incluso su arribo a Estados Unidos, dice Marc Bosch. Poco se puede hacer ante estas realidades, como no sea acompañarlas, reconoce, pues “la solución a las crisis humanitarias no está en la sociedad civil, se necesitan respuestas claras de los gobiernos”.

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“En el aborto hay algo potente: rompe el control de la dominación masculina”

Doctora en antropología, Susana Rostagnol estudia desde hace años las prácticas y representaciones en torno al aborto voluntario, cómo éstas son el resultado de las relaciones de género y cómo actúan para modificar o perpetuar esos vínculos. Entre juezas de concepciones puras y objetores de conciencia, la académica no duda: el éxito será mantener el derecho conquistado.

 

Casi diez años después de terminar el trabajo de campo, Susana Rostagnol parió 285 páginas que celebran su implicancia como antropóloga feminista y describen cómo el aborto “condensa relaciones de poder que corresponden a la dominación masculina”.


Su nuevo libro1 –presentado a fines de marzo– repasa el extenso trabajo de campo que realizó entre 2003 y 2007 –es decir, mientras el aborto era ilegal– en policlínicas barriales y en el hospital Pereira Rossell2 en una coyuntura que conjugó debates parlamentarios, la ordenanza 369/04,3 el veto de Tabaré Vázquez en 2008 a los artículos que legalizaban el aborto en la ley 18.426 de defensa de la salud sexual y reproductiva, y se extiende hasta el presente, tras aprobarse la ley de interrupción voluntaria del embarazo (Ive) en 2012.


“Mi subjetividad estuvo en juego durante todo el proceso de investigación. Mi compromiso político y académico con el proyecto de transformación social, y con la legalización del aborto en especial, me encorsetaron más de una vez. Las utopías exigen certezas (el feminismo tiene su propia utopía); la academia exige dudas”, confiesa en la introducción de su libro.


En el líving de su casa, con muebles y cuadros en tonos pasteles y celestes, que huele a sándalo y vainilla, Rostagnol recibe a Brecha y afirma: “Me tuve que separar un poco (de médicos y usuarias de salud) para poder escribir el trabajo. Tuve como una especie de saturación del tema y ahora volví desde otro lugar, no ya a observar tanto la atención en policlínica o en consultorio, sino con nudos como la objeción de conciencia”, de la que hacen uso algunos ginecólogos para no habilitar abortos legales.


Su implicancia con el objeto de estudio incluyó acompañar a mujeres en sus procesos de aborto, “con sus desesperaciones o con sus miedos”. Acompañar “es estar ahí. Y aprendí mucho, sobre todo de acompañar a mujeres que estaban y están en contra del aborto, aun después de haber interrumpido su embarazo”.


“Yo me sentí interpelada en muchas cosas. Al principio le adjudicaba al aborto –antes de saber mucho de él– un momento de empoderamiento de las mujeres. Y después me di cuenta de que para muchas no lo era. Incluso era todo lo contrario. Cada aborto es único, no es algo generalizable. Para algunas es un trámite, para otras es algo más difícil. Ninguna lo va a utilizar como método anticonceptivo”.

VÍNCULOS.


El libro aborda distintas relaciones de género que se producen entre pacientes, entre ginecólogos y entre ginecólogos y pacientes, a partir de la experiencia del aborto voluntario.


Entre sus notas del diario de campo que llevó a lo largo de su observación participante, la académica anota: “Los ginecólogos reparan sólo en aspectos estrictamente físicos, ignoran secretos familiares (que pueda acarrear la mujer al decidir abortar). Nadie le preguntó cómo se sintió frente al producto de la expulsión”, ni por los dolores o sensaciones que manifestó tener una adolescente de 17 años que había utilizado 26 pastillas y esperaba ser atendida. “Rara vez preguntan (a las mujeres que están pasando por una situación de aborto) cómo se sienten”, escribe, y más adelante analiza: “Los discursos médicos no hacen referencia a una mujer titular de derechos cuando están hablando de una en situación de aborto”.


Estas anotaciones se dan más en el Pereira Rossell que en las policlínicas barriales, donde los equipos de salud interdisciplinarios (compuestos por médicos, psicólogas, trabajadoras sociales) conocen las trayectorias reproductivas de las usuarias y las historias de vida de ellas y de sus familias: “Allí las ginecólogas saben si la mujer tuvo episodios de violencia, saben qué vínculo tiene con su pareja, cuántos hijos tiene, cómo y dónde vive. Hay un compromiso con la gente, que no está en el Pereira porque la gente cambia todo el tiempo, es imposible sostener un vínculo de mayor confianza”, comenta Rostagnol en la charla. Además porque en la sala de espera de la policlínica conviven todas: la que está embarazada, la que va a controlarse, la que va a abortar.


Rostagnol anota en su diario que el ginecólogo le habla “amablemente” y que no ejerce el “habitus médico de manera autoritaria”, aunque le cuestiona a la paciente: “Escuchame, chiquita, ¿por qué no usaste condón?”. Recordando esta escena ella enfatiza que estas relaciones de poder médico-paciente “no sólo están atravesadas por relaciones de género, sino también de clase, e incluso de raza-etnia”, por lo que deben ser estudiadas desde la interseccionalidad.


A esto le suma: “Hay que ver ciertos actos de subordinación como estrategias de resistencia, desde una aparente subordinación de las mujeres hacia los ginecólogos. Por ejemplo cuando una le dice a su médico: ‘Sí, sí, voy a hacer tal cosa’, y luego no lo hace y opta por tomar sus propias decisiones. En un primer momento puede leerse como un acto de subordinación porque no se sienten con fuerza como para responder, pero a la vez es un ejercicio de resistencia: no hago lo que me dicen, hago lo que yo quiero, pero no me enfrento”.


A la vez, durante sus observaciones en la sala de espera para recibir asesoramiento pre y pos aborto, destaca que se producía una suerte decommunitas: una comunidad entre esas mujeres. “Las veías como si fueran amigas de toda la vida, aunque después no se vieran más. El estar compartiendo una experiencia fuerte las unía”, dice. En su diario pone en valor esta capacidad de tejer redes, compartir sabidurías y “desdramatizar el momento vital que están atravesando”, a través de charlas, de compartir sus experiencias de aborto y sobre el uso del misoprostol que comenzaba a extenderse –e incluso a venderse clandestinamente en esas salas de espera.


Recordando sus observaciones a los ginecólogos, Rostagnol describe cómo operan las jerarquías en sus relaciones de poder: “Haciendo este trabajo tuve la impresión de que la medicina como profesión, convertirte en médico, es de una jerarquía súper estricta, similar a la de un régimen militar. El residente de primer año es el escalón más bajo, no puede tomar ninguna decisión, y la obediencia la cumple sin cuestionar. Está muy claro que quien ocupa el puesto más alto en el escalafón es quien está lidiando con vidas, no puede hacer ensayo y error. No sé si se podría hacer de otra manera, pero el tema es que es así”.


En tanto se sigue viendo el cuerpo de la mujer como “cuerpo de madre”, existe un “control patrimonial de los cuerpos”, dice la antropóloga uruguaya, retomando a Giulia Tamayo, y explica: “Patrimonial en el sentido patriarcal, pero también como cosa que tiene un valor. El cuerpo como patrimonio del macho”.

RIESGO DE QUÉ.


Rostagnol analiza el modelo de reducción de riesgos y daños implementado en nuestro país por Iniciativas Sanitarias, y critica que éste parta de la base de que el aborto es algo riesgoso para la salud.“Es tomar la parte por el todo, dejando al aborto como una cuestión epidemiológica, bajo el control ginecológico”, que lo vuelve “un acto de medicalización de la reproducción y del cuerpo de la mujer”. Un ejemplo del control patrimonial del cuerpo que “no promueve la libertad ni la expansión del derecho de la mujer como sujeto moral capaz de tomar sus propias decisiones”.


Abordarlo epidemiológicamente es otra estrategia del “biopoder sobre el cuerpo de las mujeres”, de “control de la población”, afirma, y no duda en calificar a la ginecología como una disciplina masculina, en su lógica y en su estatus, “independientemente del sexo” de la persona que ejerza la profesión: “La voz ginecológica es masculina”. Así como hay ginecólogas y ginecólogos que generan empatía con las mujeres, hay otros y otras que ejercen mucho control y dominación sobre las usuarias, “más del que ellos creen”.


“Muchas veces, hablando con ginecólogos fuera del consultorio, ellos te cuentan cómo están empoderando a las mujeres, pero luego los ves en acción y no lo hacen. Tienen sus mejores intenciones, pensando que las están respetando, y no: les están ordenando hacer algo; pero todos decimos que actuamos de una manera y a veces lo hacemos al revés. No son hipócritas ni están mintiendo. Somos gente contradictoria. También es cierto que en estos vínculos, que son de a dos, muchas veces las usuarias van esperando que les digan qué hacer. No van esperando tener una relación horizontal, donde ellas van a decidir qué hacer. E incluso se infantilizan porque no obedecieron a lo que el médico les indicó. Es un vínculo complicado que hay que deconstruir”, señala.


En todos estos años de debate, la discusión sobre el aborto ha quedado cada vez más vinculada a lo legislativo, a lo legal y a modelos de políticas públicas de salud sexual y reproductiva como “formas de controlar y normalizar” los cuerpos de las mujeres, en detrimento de considerar sus decisiones reproductivas.


El aborto voluntario “rompe el control de la dominación masculina”, evidencia una práctica sexual y, a nivel individual, supone una“subversión” de la mujer contra el control patrimonial que el biopoder ejerce sobre ella. “Acá hay algo muy potente –dice la antropóloga–: la mujer que aborta está decidiendo no ser madre, no cumplir con ese mandato, con ese atributo social asignado, no se subordina a ese supuesto destino de las mujeres de ser las reproductoras, se deslinda de eso y muestra que la vida de nadie se resume en ser madre.”


Sin embargo, ella sabe que aunque ahora abortar puede ser una decisión “más libre”, sigue habiendo distintos grados de aceptación respecto del aborto, en especial si es voluntario. “Todavía cuesta aceptar, e incluso entre nosotras nos cuesta escuchar, cuando una mujer manifiesta que no quiere ser madre. Otra cosa es si esgrime razones económicas, coyunturales, familiares, por las que en ese momento no puede llevar adelante un embarazo no esperado”.

CONDENADO, TOLERADO, NEGADO.


En Uruguay el aborto “siempre tuvo condena, tolerancia y negación”, afirma el trabajo de Rostagnol. “Yo creo que la condena empezó a acabar desde los años noventa. Antes de la dictadura creo que era otra cosa, pero no conozco bien; creo que había más libertad, por algunos cuentos y relatos. Pero sí podemos decir que hasta fines del siglo pasado el aborto era una acción socialmente condenada e individualmente tolerada. Y la manera de compatibilizar la condena social y la tolerancia individual era negando el hecho. A mí me parece que la ordenanza 369 cumple un papel fundamental, casi mayor que la ley de la Ive, en el sentido de que permitió que se hablara del aborto sin temor a represalias legales. Con la ordenanza el aborto toma estado público y se asegura que los médicos puedan guardar el secreto profesional. A esto se le suma, tiempo después, la denuncia de un médico a una paciente y se arma una movida de juntar firmas y apoyar a esta mujer”.

POS LEY, POS CRUCIFIXIÓN.

Según Rostagnol, cumplir con la ley 18.987“casi que parece una carrera de obstáculos”. “Se puede hacer, pero no es fácil, porque sigue habiendo dificultad para acceder a los servicios de interrupción voluntaria del embarazo, hay dificultades para que el equipo interdisciplinario se reúna y atienda de manera simultánea a la mujer que quiere abortar, hay altos porcentajes de objetores de conciencia en varios departamentos del país”, enumera.


“Antes –estoy pensando en las mujeres del Interior– quizás sabían de alguna clínica clandestina y se venían hasta Montevideo para abortar, porque no querían que alguien se enterase. Se me ocurre que ahora, como la práctica sigue estigmatizada, muchas mujeres no van tampoco a su lugar más cercano a hacerse un aborto (legal, en el sistema de salud), porque no quieren que su entorno lo sepa, entonces se hacen un aborto clandestino”, opina.
Ante los altos porcentajes de objetores de conciencia detectados en varios departamentos del país, en ciudades como Salto o Young, donde llegan al 100 por ciento de los ginecólogos,4 Rostagol subraya: “La mujer tiene el derecho legal y moral de hacerse un aborto. La objeción de conciencia en sí misma no es un derecho sino una práctica para resguardar su pensamiento o sus creencias. Cabe decir que si todos los médicos dijeran que objetan, estarían invalidando la ley y, por lo tanto, no estarían cumpliendo con el acceso a la salud”.


“El médico es un servidor público que tiene que bregar por hacer cumplir una ley sobre el derecho a la salud. En un caso extremo, es una desobediencia civil porque no está cumpliendo con su ejercicio como servidor público, y está negándole a una ciudadana su derecho a su cuerpo, a su decisión, a su libertad..., le está negando su libertad. Los médicos deben saber que (atender a una mujer que aborta) es parte de su trabajo, y que si no (quieren hacerlo) deberían cambiar de trabajo. Es un nudo. A veces se malentiende el uso de la objeción de conciencia por parte de los objetores.”


Sobre el presente, la antropóloga concluye: “Estamos en un momento bastante complicado. Los grupos neoconservadores antiderechos están teniendo más fuerza a nivel global. Esperemos ir a más, recuperando el aborto como un derecho de las mujeres, no sólo como un tema de salud pública, pero lo poco que tenemos en derechos reproductivos es tan frágil, que mantener lo alcanzado en estos años es un éxito en este momento. Alcanza con ver lo que ocurrió en Mercedes (véase “Amparo contra una ley”, Brecha, 03-III-17) con una jueza que dio lugar a un recurso de amparo al supuesto progenitor para impedir la interrupción legal de un embarazo y que hablaba de los derechos de un embrión. Estos cuestionamientos no han sucedido con otras leyes. Tenemos que pensar qué estrategias armar para sostener lo frágil de estas leyes que tanto nos han costado conseguir”.


1. Aborto voluntario y relaciones de género. Políticas del cuerpo y de la reproducción. Universidad de la República, Ediciones Universitarias, Montevideo, 2016.

2. En salas de espera, consultorios, salas de internación, emergencia y cuartos médicos del Hospital de la Mujer Doctora Paulina Luisi, del Centro Hospitalario Pereira Rossell, y en policlínicas públicas de atención primaria en barrios periféricos, así como en ateneos médicos y seminarios para residentes de ginecotología.

3. Ordenanza 369/04 del Ministerio de Salud: “Asesoramiento para una maternidad segura. Medidas de protección materna frente al aborto provocado en condiciones de riesgo”.

4. “Salud sexual y reproductiva y aborto en Río Negro, Soriano y Paysandú”, Mysu, Montevideo, 2015.

Publicado enSociedad
En 9,8% han crecido envíos de dinero desde Estados Unidos

Contrario a lo que se creía, la llegada de Donald J. Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero pasado no desató una baja en los envíos de dinero desde Estados Unidos hacia Colombia.


Aunque es prematuro sacar conclusiones sobre qué significará la presidencia de Donald Trump para los vecinos y socios comerciales de Estados Unidos, pero con todo lo que se dice los latinoamericanos que tienen familiares al norte de sus fronteras no están esperando mucho para obtener una respuesta.


Los dólares que envían los migrantes a sus países de origen en Centro y Suramérica y en el Caribe se incrementaron a fines del año pasado en anticipación a la elección de Trump y han experimentado un abrupto aumento a partir de entonces.


Cifras de Bloomberg señalan que Colombia registró un aumento de 9,8% en el flujo de dineros desde Estados Unidos hacia el país.


Para el 2016, el Banco de la República reportó que las remesas alcanzaron un récord histórico para el país con US$4.800 millones.


Es cierto que parte de eso obedece a inferencias económicas. La recuperación del mercado laboral de Estados Unidos ha permitido a los trabajadores migrantes enviar algo más de dinero a su país de origen.


Los dineros procedentes de Norteamérica por Colombianos que residen es esa zona del mundo llegan en su mayoría al Eje Cafetero, Valle del Cauca y en menor magnitud las áreas metropolitanas de Medellín, Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla. Le siguen en orden de importancia España y Venezuela, con efectos más concentrados en Valle del Cauca y el Eje Cafetero, en el primer caso, y Norte de Santander y la región Caribe.


En México, las remesas en dólares crecieron 25 por ciento en noviembre respecto de igual mes del año anterior -el nivel más alto en 10 años-, luego aumentaron otro 6 por ciento en diciembre, para alcanzar en enero los US$2.055 millones, un récord mensual.


Los datos de la agencia internacional indicaron incrementos similares de las remesas a partir de octubre en Guatemala, con un aumento récord de 22% en el año hasta febrero, Nicaragua 12%, Colombia 9,8% y Ecuador (8,1 %).

Remesas e ingresos


El desempeño económico de los países receptores de migrantes también tiene un efecto positivo sobre el ingreso total de los hogares, lo que se explica en gran medida por el aumento en los ingresos laborales, dice un estudio del Banco de la República.


La mayor parte de los efectos estimados sobre ingresos son positivos y significativos, con coeficientes sistemáticamente mayores para los ingresos laborales que para los ingresos no laborales (distintos a las remesas).


Los efectos de Estados Unidos superan los $10 mil mensuales por punto porcentual de crecimiento en el Eje Cafetero, Valle del Cauca y las áreas metropolitanas de Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Barranquilla. El impacto más grande se registra en el área metropolitana de Pereira, en donde cada punto porcentual adicional de crecimiento de los Estados Unidos se traduce en $26.079 en el ingreso per cápita de los hogares, equivalentes a un aumento de 5,5% con respecto al promedio nacional. Le sigue en orden de magnitud España, con efectos entre $8 mil y $15 mil pesos en Valle del Cauca y el Eje Cafetero, alcanzando su máximo también en el área metropolitana de Pereira.


Al examinar los resultados por países, se encuentra que en la muestra completa los efectos de Estados Unidos sólo son estadísticamente significativos para la probabilidad de ser asalariado y los ingresos laborales de los adultos no-jefe de hogar.


El efecto sobre los ingresos laborales más grande lo registra Estados Unidos en el grupo de los no-jefes, con un coeficiente estimado de 21,409, que es hasta cinco veces mayores a los de España o Venezuela. Al excluir los años de la recesión, Estados Unidos deja de tener un efecto importante sobre las decisiones laborales de los jefes de hogar. Esto muestra que durante la crisis, se vieron afectados todos los adultos, mientras que en el periodo de recuperación los jefes han reaccionado menos elásticamente.

 

Panorama regional


Basta con considerar que dos terceras partes de los migrantes mexicanos enviaron dólares a su país el año pasado, en comparación con 50 por ciento que lo hizo en 2015. Muchos trabajadores extranjeros, sin embargo, podrían actuar de manera preventiva y enviar fondos con la mayor rapidez posible antes de que Trump, que ha hablado de gravar las remesas para solventar su muro fronterizo, pueda embargar sus dólares con destino al exterior o, peor aún, someter a deportaciones masivas a quienes se encuentran en Estados Unidos de forma ilegal.


Esas sombrías consecuencias podrían o no concretarse. Independientemente de ello, sin embargo, la bonanza de remesas destaca también un desafío mayor que se le plantea a América Latina: cómo usar las remesas para impulsar el desarrollo y mejorar la productividad local.


Para muchos de los países más incultos del hemisferio, después de todo, las remesas son la gallina de los huevos de oro: México recibe en la actualidad más dólares procedentes de trabajadores residentes en el exterior que de las exportaciones petroleras.


Los US$17 mil millones que América Central recibió en 2015 por parte de migrantes representaron casi 50% de los ingresos de unos 3,5 millones de hogares, según Manuel Orozco, un investigador del programa de migración, remesas y desarrollo de Dialogo Interamericano.


En total, esos hogares tuvieron ahorros colectivos de US$3 mil millones ese año. "Eso es muy bueno para las familias receptoras y también para los gobiernos", dijo Alberto Ramos, un analista de mercados en vías de desarrollo de Goldman Sachs. "Se trata de dinero que llega a hogares de bajos ingresos, que mejora la cuenta corriente nacional y que, con una orientación adecuada, puede aprovecharse en el plano interno".


Eso es precisamente lo que pensaba el ministro de Finanzas de Guatemala, Julio Héctor Estrada, cuando propuso vender bonos con denominación en dólares en el país para absorber parte del monto sin precedentes de US$7.100 millones que los migrantes guatemaltecos enviaron a su país el año pasado.


Los funcionarios gubernamentales esperan disuadir a los receptores de convertir el total de esa moneda dura a quetzales -lo cual, temen las autoridades, podría impulsar la inflación- y convencerlos, en cambio, de volcar parte de esa suma a proyectos de desarrollo.


"El desafío es impulsar la creación de riqueza en América Latina, y eso implica invertir en capital humano y en la economía del conocimiento", dijo Orozco. Antes, sin embargo, la región tendrá que repensar la estrategia de desarrollo.

 

Bogotá
Abril 17, 2017 - 05:45 AM

Publicado enColombia
Sábado, 25 Marzo 2017 10:16

Nuestra hermana pequeña

Nuestra hermana pequeña

La invitación que hace el director Hirokazu Koreeda a través del filme puede ser cierta incitación a la audiencia a dejar de lado por unos minutos la tensión propia de las grandes urbes y permitirse viajar con él en el contexto de una pequeña ciudad tranquila, donde las rutinas se hacen menos anodinas cuando se trata de atravesar en bicicleta un túnel de cerezos en flor o de una caminata regular en la playa.

 

Donde las intensas conversaciones familiares se desarrollan mejor en torno a la comida y a esos rituales en la preparación de recetas que pasan generacionalmente. Imágenes cinematográficas que el director logra hilvanar muy bien con la historia y dejan percibir las identidades de los personajes.

 

“Nuestra hermana pequeña” muestra el cuadro comprendido por 3 hermanas en edades más o menos contemporáneas entre 20 y 28 años y la llegada de una tercera (medio hermana), una joven de 13 años que llega a entenderse como parte de un núcleo afectivo.

 

Este entorno que nos plantea el director puede verse como la pregunta al significado de lo que consideramos lazos familiares y cómo estos pueden ser percibidos de manera distinta según un contexto determinado.

 

Existe un drama familiar que une a estas cuatro mujeres, que si bien no es constante y no define totalmente la relación entre ellas, sí se deja ver como un recuerdo de lo que pudo haber sido o de lo que se pudo haber hecho. El padre de las cuatro constituye el elemento que las une, pero afortunadamente la película se sacude un poco el tema y pone como centro la relación y cercanía que se van constituyendo entre las hermanas.

 

Las características de cada una parecen bastante particulares y determinadas, como si tuvieran que encajar en algún cliché para que la historia sea más atractiva, pero termina siendo un poco más predecible y de algún modo, limitado; personajes encasillados de alguna historieta de manga. ‘Shachi’ (la mayor, la cuidadora y controladora, haciendo las veces de madre y jefe de familia), ‘Yoshino’ (la más sociable, la fiestera) ‘Chika’ (la más tranquila, el puente conciliador entre Shachi y Yoshino) y la más pequeña; ‘Suzu’ (viviendo su adolescencia y adaptándose tranquilamente a la nueva vida con sus hermanas).

 

“Nuestra hermana pequeña” resulta una gran celebración de la familia y de aquellos lazos afectivos tan necesarios en la vida de un individuo. La película tiene ese lado emotivo y dulce sin caer en lo sensiblero; una historia que atrapa los 128 minutos y nos detiene en ‘Kamakura’, una pequeña y apacible ciudad japonesa.

 

* La película ‘Nuestra hermana pequeña’ estará disponible desde el 9 de marzo en las siguientes salas de cine de las principales ciudades del país y tendrá un tiempo estimado de 3 semanas en cartelera.
Cine Colombia:
http://www.cinecolombia.com/bogota
(Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali...).
Cinemas Procinal
http://www.procinal.com.co/proximos-estrenos (Bogotá, Cartagena, Villavicencio, Barrancabermeja).

 


 

Título original: Umimachi Diary- Our Little sister
Año: 2015
País: Japón
Director: Hirokazu Koreeda
Guión: Hirokazu Koreeda basado en el manga de Akimi Yoshida
Actores: Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Suzu Hirose
Duración: 28 min
Sinopsis: Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas que viven en Kamakura (Japón), en la casa de su abuela. Un día reciben la noticia de la muerte de su padre, que las abandonó cuando eran pequeñas. En el funeral conocen a la hija que su padre tuvo trece años antes y pronto las cuatro hermanas deciden vivir juntas.

Publicado enEdición Nº233