Una de las marchas contra el fallo de la Corte, en Portland. . Imagen: AFP

Una de las más multitudinarias fue la de Washington. La interrupción del embarazo ya es ilegal en nueve jurisdicciones.

 

La Policía de Phoenix, Arizona, dispersó con gas lacrimógeno a un grupo de manifestantes que se había concentrado durante la noche del viernes frente al parlamento estatal para protestar contra el controvertido fallo de la Corte Suprema que anuló los efectos de la sentencia de 1973 en favor del aborto.

Luego de la represión, las autoridades policiales emitieron un comunicado en el que reconocieron haber utilizado gas lacrimógeno, aunque aclararon que se vieron forzados a hacerlo luego de que varios protestantes "intentaran romper el cristal" de los grandes ventanales del parlamento.

Según un video publicado en Twitter por la senadora estatal republicana Michelle Ugenti-Rita, decenas de personas estaban fuera del edificio y algunas de ellas golpeaban con fuerza los vidrios, mientras los agentes les advertían que retrocedieran. Los incidentes derivaron en el uso de gas lacrimógeno y en la interrupción de la sesión

La senadora estatal republicana Kelly Townsend denunció en la red social que los manifestantes estaban manteniendo a los legisladores como "rehenes" dentro del edificio del Senado. "Se puede oler el gas lacrimógeno y los niños de uno de los miembros (del parlamento) están en su oficina llorando de miedo", se quejó.

La policía aseguró que los manifestantes atacaron algunos de los monumentos de la plaza frente al parlamento local, por lo que se volvió a usar gas lacrimógeno para detenerlos.

En el caso de Arizona, ya hay clínicas que han dejado de practicar abortos por miedo a enfrentarse a consecuencias penales. Esos centros de salud temen una ley de 1901, proclamada 11 años antes de que Arizona fuera un estado, y que establece que cualquiera que facilite un aborto puede ser sentenciado a entre dos y cinco años de prisión.

Algunos republicanos de Arizona argumentan que esa ley ha entrado en vigor automáticamente tras el fallo del Tribunal Supremo, aunque los demócratas difieren. Además, existe en el estado otra ley que prohíbe el aborto a las 15 semanas de gestación y que está previsto que entre en vigor en septiembre.

Las protestas contra el fallo que anuló la sentencia Roe vs. Wade se han sucedido por todo el país. Una de las más multitudinarias fue la de Washington, donde centenares de personas se concentraron durante horas frente al edificio de la Corte al grito de "¡Mi cuerpo, mi decisión!" o "¡Abortemos el Tribunal!".

Consignas similares se escucharon en decenas de ciudades. Algunas manifestaciones fueron organizadas por grupos como Planned Parenthood, la organización que gestiona la mayor red de clínicas de salud reproductiva en Estados Unidos; pero otras surgieron de manera espontánea.

Las protestas fueron especialmente numerosas lugares como Nueva York, donde miles de personas se concentraron en el Washington Square Park, una céntrica plaza que tradicionalmente acoge mítines políticos y manifestaciones.

En Los Ángeles, los manifestantes bloquearon el tráfico del centro de la ciudad, mientras que en Filadelfia miles se concentraron frente al emblemático Ayuntamiento y en Austin Texas, hubo una protesta frente a la corte federal. Otros cientos de personas salieron a la calle en Atlanta, Georgia, en dos manifestaciones diferentes que se unieron a los pies del parlamento estatal.

Por otro lado, en Cedar Rapids, dos personas resultaron heridas al ser atropelladas por un coche durante una protesta. En un comunicado, el alcalde de esa ciudad, Tiffany O'Donnell, dijo que la policía estaba investigando el suceso.

El aborto ya es ilegal en nueve estados: Alabama, Arkansas, Kentucky, Luisiana, Misuri, Oklahoma, Dakota del Sur, Utah y Wisconsin. Todos ellos habían aprobado con anterioridad leyes destinadas a prohibir el aborto y que entraron en vigor tan pronto como se hizo pública la decisión del Tribunal Supremo.

Planned Parenthood estima que 26 estados acabarán prohibiendo el derecho al aborto, en cuestión de días, semanas o meses.


El día después de cuando el aborto dejó de ser un derecho constitucional en Estados Unidos

Miles de personas, la mayoría mujeres, se concentran en el parque Washington Square de Nueva York. Han venido a quejarse y a gritar, porque oficialmente el aborto ya no es un derecho constitucional en Estados Unidos.

Marta Campabadal Graus

@MartaCampabadal

El Salto

26 jun 2022

Son las seis de la tarde del primer viernes de verano. Washington Square Park, el parque de Nueva York que ejerce de punto de encuentro de jóvenes, tatuadores, vendedores de marihuana y estudiantes con latas de cerveza, tiene hoy un aspecto muy diferente. Miles de personas, la mayoría mujeres, ocupan la plaza. Han venido a quejarse y a gritar, porque desde hoy oficialmente el aborto no es un derecho constitucional en los Estados Unidos.

El viernes 24 de junio, la Corte Suprema hacía público el fallo sobre el procedimiento judicial Dobbs vs Jackson Women's Health Organization, la anulación de Roe v. Wade, el caso que hace más de 50 años convirtió el aborto en una práctica legal en los Estados Unidos.

Las últimas cifras disponibles del Instituto Guttmacher, ​una organización sin ánimo de lucro que promueve la salud reproductiva son de 2020 y dicen que en ese año se practicaron 930.160 abortos en todo el país, frente a 916.460 en 2019. Cabe señalar que las cifras reportadas incluyen solo los abortos inducidos legales realizados por clínicas, hospitales o consultorios médicos, o que hacen uso de píldoras abortivas dispensadas en establecimientos certificados como clínicas o consultorios médicos. No tienen en cuenta el uso de píldoras abortivas que se obtuvieron fuera de los entornos clínicos.

Son días convulsos en el alto tribunal. Esta misma semana publicaban la resolución por la cual las armas son permitidas en la calle, para defensa propia, en estados como Nueva York, un “oasis” de las armas. El Tribunal, que espera a la última semana de trabajo antes de verano para publicar sus resoluciones más controvertidas, ha hecho pública la decisión de desproteger el aborto esta semana, aunque era ya un secreto a voces. El fallo fue “filtrado” y publicado el pasado 3 de mayo por el medio Politico, que sigue de cerca la vida gubernamental del país.

El think tankPew Research Center determinó en su última encuesta que el 61 % de los adultos estadounidenses dice que el aborto debería ser legal todo o la mayor parte del tiempo, mientras que el 37 % dice que debería ser ilegal todo o la mayor parte del tiempo.

Carol Sanger, profesora de derecho de Columbia University, especializada en derechos reproductivos, apunta que “esta es la primera vez en la historia moderna, y tal vez incluso en toda la historia de los Estados Unidos, que se anula un precedente establecido para rescindir los derechos de las personas”. La profesora añade que “los conservadores han estado esperando mucho tiempo, 50 años, para tener suficientes jueces de su ideología para que puedan salirse con la suya. Y se opusieron y odiaron a Roe V. Wade desde 1973. Así que este es su momento”.

De hecho, uno de los miembros más controvertidos, el juez Clarence Thomas ya ha dicho que el Tribunal Supremo “debería reconsiderar la contracepción, y las leyes sobre matrimonios del mismo sexo”.

“En 2015 tuve un aborto. Sin él, probablemente no me habría graduado de la universidad, y no estaría donde estoy hoy. Estoy muy triste y enfadada”, dice Annelise Eden en un tuit. Eden acaba de graduarse con matrícula de honor de un máster de periodista de la Universidad de Columbia.

La escritora Tiffany D. Jackson compartía en Twitter un pensamiento que también se palpaba en las protestas: “Vivimos en un país que nos obliga a parir pero que no tiene baja por maternidad obligatoria ni atención médica universal”.

Amanda Paige, una joven de Florida que vive y trabaja en el mundo editorial en Nueva York, reaccionó rápidamente ante la resolución del tribunal y publicó en sus redes el siguiente mensaje. “Hola, si conoces a alguien que necesite un lugar donde quedarse en el estado de Nueva York para abortar, puedo encargarme de darle una habitación, transporte y comida. Vivo en una ciudad pequeña a una hora de la ciudad de Nueva York. No me importa si casi no te conozco, o si no te conozco de nada. Puedes contar conmigo”.

Carol Sanger dice que “la gente con menos recursos necesitará ayuda de fuentes privadas, o posiblemente de sus empleadores”. De hecho ya hay varias empresas, como Amazon, Apple o Bumble, que han anunciado ayudas económicas y laborales a sus trabajadoras para poder abortar si así lo desean.

Símbolos como los pañuelos verdes —inspirado por la marea verde, la lucha de las proabortistas argentinas—, los pantalones blancos con manchas rojas y muchos carteles con mensajes claros. “My body, my choice” (Mi cuerpo, mi decisión), “Abortion is a human right” (Abortar es un derecho humano), y “Being pro life is regulating guns, no women’s bodies” (Protejer la vida es regular armas, no el cuerpo de las mujeres).

La manifestación de Nueva York y de la mayoría de ciudades del país fue organizada por Rise Up for Abortion Rights. Merle Hoffman es una de sus fundadoras y lleva vinculada al movimiento desde que en los años 80 empezó a colaborar con la clínica Choice’s Womens Medical Center del barrio de Queens, al este de la ciudad de Nueva York, que atiende en una variedad de servicios alrededor de la reproducción a más de 34.000 pacientes al año. “Ya no podemos ver al Tribunal Supremo como el Olimpo y a las personas que lo integran como dioses. Creo que la credibilidad de la corte se está perdiendo”.

Ryan Bess Winnick, vecina de Brooklyn de 34 años, lleva escrito en su camiseta “My body, my f* choice” (My cuerpo, mi jodida decisión). Desde Washington Square Park cuenta cómo tomará acción, participando en una asociación que llama a ciudadanos registrados como demócratas o independientes de los estados con empate, para que vayan a votar. “Cuando lo leí por la mañana en las redes y en medios, me sentí muy triste. Esto es muy trágico. Pero justo después mi reacción ha sido de enfurecimiento, y por eso estoy aquí”. Bess Winnick añade que “esto es solo el principio de un ataque a los derechos fundamentales”.

El revocamiento de Roe v. Wade no significa que a partir de ahora sea ilegal abortar en los Estados Unidos, pero ya no es un derecho universal y, por lo tanto, su regularización dependerá de cada estado. Los más liberales como Nueva York o California, ya han anunciado que van a blindar el derecho al aborto, y no solo eso, sino que van a poner facilidades a mujeres de otros estados que quieran abortar.

Hasta 26 estados tienen leyes que restringen o prohíben el aborto y que han entrado en vigencia o lo harán en los próximos días. Aun así, lo más probable que la demanda de abortos no cambie. Un análisis del NYT determinó que con la anulación de Roe, la distancia media de viaje para realizar el procedimiento aumentaría de 56 a 450 kilómetros. Lo que significa que los estados, incluidos Kansas, California e Illinois, verán sus clínicas inundadas con pacientes de otros estados. Illinois espera que su número de pacientes aumente entre dos y cinco veces, según ha calculado Bloomberg.

En las últimas semanas, también ha habido acción política proabortista. Y es que anticipando que muchos estados restringirán el acceso al aborto, los políticos en algunos estados con leyes de aborto permisivas como Nueva York, California y Oregón, han aprobado nuevas instancias para proteger y blindar aún más el derecho al aborto y esperan que más mujeres de estados con menos acceso al aborto viajen a sus estados para abortar.

Helmi Henkin es una joven activista que vive en Sant Louis, Missouri, uno de los estados que ha anunciado que prohibirá el aborto. Henkin empezó su activismo en 2016, como acompañante de mujeres que querían abortar en Tuscaloosa, donde hay una de las únicas tres clínicas de aborto de Alabama. Ahora se decida al activismo digital. “Me hice famosa en Twitter porque durante años si veía una noticia sobre algo relacionado con el aborto, respondía con un listado de lugares donde las personas podían donar para promocionar el aborto”. Luego lo convirtió en un documento, que hace aproximadametne un mes Squarespace le pidió si podía convertir en un sitio web que pudiera mantener gratis para siempre. Así que ahora es un sitio web, un documento creciente y vivo.

Las respuestas vienen también de organizaciones seculares que están reaccionando rápido. Nori Rost salió del armario en 1978. Tenía 16 años y vivía en el estado de Kansas, conversador y muy rural. Ahora es la presidenta de la New York Ethical Society, una alternativa secular a la religión, que se basa en la ética y los valores. “Aunque estemos en retroceso, la diferencia entre antes de Roe v. Wade y ahora es que las mujeres no recibían la atención médica adecuada y además estaban solas y avergonzadas en el proceso”. Rost explica que tras la decisión del tribunal, quiere crear una red entre las diferentes sociedades culturales e iglesias unitarias universales, para que las mujeres que están en estados que han perdido su acceso al aborto puedan acceder a fondos y ayudar con el viaje y la vivienda, y venir a un estado que lo permita como Nueva York.

En este sentido, Carol Sanger cree justamente que “si algo puede salir de esto, es una mayor solidaridad en temas reproductivos, porque tendremos que empezar de nuevo y volver a la década de 1950. Es increíble”. Sanger pone palabras a lo que ya se ha ido viendo en los últimos años. “Creo que Estados Unidos ha perdido estatus como líder en el mundo en muchos temas. Y creo que eso comenzó con Trump”.

Por su parte, Hoffman opina que “la libertad nunca es gratis y siempre hay que estar alerta, porque nada está escrito en piedra y nos han quitado el único lugar donde las mujeres tienen el poder de vida y muerte. Ahora vivimos en un estado de esclavitud”.

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Aborto eeuu

Las norteamericanas no dejarán de abortar, pero en muchos estados ahora lo harán de forma ilegal e insegura. La anulación del derecho al aborto es un triunfo del supremacismo blanco y las más perjudicadas serán las mujeres más vulnerables.

 

La decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de anular la protección al derecho al aborto, dejará en manos de cada estado decidir sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En 26 de ellos, que están en manos de gobernadores conservadores o republicanos, ya han aprobado leyes  contrarias al aborto o que lo prohiben totalmente listas para ser aplicadas cuando la máxima corte de Justicia del país tumbara la mítica sentencia Roe contra Wade, cosa que ocurrió este viernes. De hecho, solo una hora después de que el Supremo tumbara el derecho al aborto, al menos tres estado ya habían prohibido el aborto en todas sus formas.

En Estados Unidos no existe una legislación nacional sobre el derecho al aborto. La protección de este derecho a la salud reproductiva la abrió una sentencia del Tribunal Supremo (el mismo que ahora la tumba). La sentencia, que se conoce como  Roe contra Wade, es de 1973. Es decir que data de hace casi 50 años. Los magistrados de la Corte Suprema en su fallo justifican la medida, afirmando que la Constitución, un texto escrito en el siglo XVIII cuando no existían los derechos humanos ni las mujeres eran sujetos de derecho, "no otorga" este derecho.

La decisión de la Corte Suprema, tendrá un efecto devastador sobre millones de mujeres, pero especialmente sobre las más pobres y sobre todo en las racializadas: las negras, latinas y en general en las de origen migrante. Según datos de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), la decisión del Supremo afectará a unas 40 millones de  mujeres y niñas en edad reproductiva, que podrían dejar de tener acceso al aborto. Esta organización calcula que la mortalidad de las mujeres podría incrementarse un 14%. La peor parte, añaden, la sufrirán las mujeres afroamericanas, en las que el riesgo de morir durante el parto se multiplica por tres en la actualidad.

La prohibición del aborto no supone que se realicen menos abortos, tal como han constatado los expertos en planificación familiar y de las organizaciones que luchan por los derechos sexuales y reproductivos, sino que éstos serán más difíciles de realizar, ilegales y de alto riesgo para la vida de las mujeres.

"Sabemos con certeza que prohibir el aborto no significa menos abortos y que cuando se promulgan prohibiciones, mueren mujeres y personas embarazadas, como hemos visto en todo el mundo, más recientemente en Polonia. También sabemos que aquellas que no pueden acceder a la atención del aborto legalmente se verán obligada a utilizar métodos no regulados e inseguros, lo que podría provocar daños graves o incluso la muerte", afirma Dr. Álvaro Bermejo, director de IPPF.

A partir de este fallo cada estado podrá decidir sus propias medidas y esto puede suponer que millones de mujeres no solo no tengan derecho a interrumpir sus embarazos, sino que pueden ser perseguidas, investigadas y criminalizadas, tal como ocurre en la actualidad en países como Nicaragua o el Salvador, donde muchas mujeres han acabado en prisión por sospecha de aborto. A partir de este fallo en muchos estados mujeres y niñas serán obligadas a llevar a término sus embarazos aunque éstos sean fruto de violación o incesto. A pesar de que el feto tenga malformaciones incompatibles con la vida o de que la madre necesite tratamiento o un aborto por tener un enfermedad como un cáncer. Leyes de distintos estados republicanos permitirán la investigación de las mujeres, que pueden incluir las búsquedas que realicen en redes sociales o el uso de aplicaciones online para seguir su ciclo menstrual, o tener que comparecer ante a justicia por un aborto espontáneo en incluso acabar en prisión.

Un triunfo del supremacismo blanco

La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos no ha cogido por sorpresa a las organizaciones de derechos sexuales y reproductivos. A principios de mayo de este año, el diario Politico, filtró un borrador de la propuesta del Alto Tribunal favorable a anular la histórica sentencia.

Para Almudena Rodríguez, de la Asociación de Derechos Sexuales y Reproductivos de Catalunya, el sentido del voto de la Corte era previsible "debido a la ideología de los magistrados que la componen, que es ultraconservadora. Esta fue una estrategia bien diseñada por [Donald] Trump, que ha metido a magistrados de esa ideología hasta el último día de su mandato, como fue el caso de Amy Coney Barret, en sustitución de la progresista Ruth Bader Ginsburg". [fallecida poco antes de las elecciones en las que Trump fue derrotado]. 

Rodriguez afirma que con esta medida el aborto inseguro aumentará y que tendrá consecuencias principalmente sobre las afrodesencidentes, las mexicanas, las mujeres migradas, porque las blancas o las que tengan medios podrán viajar o recurrir a otros medios".

del supremacismo blanco y tiene mucho que ver con el racismo. Es también una medida ejemplarizante para todo el mundo y nos dice muchas cosas de la geopolítica. Esto no solo ocurre en Estados Unidos, sino que se trata de grupos fundamentalistas y son acciones colectivas y se deciden en espacios internacionales donde planifican campañas y acciones. En este caso lo han conseguido. Esto es un aviso a navegantes, a todas", añade Rodríguez.

 Desde IPPF coinciden con este análisis. Para Elizabeth Schlachter, esto no se trata solo del movimiento contra el aborto en los EEUU, sino de un esfuerzo global concertado y calculado por parte de extremistas religiosos y conservadores anti-mujeres, anti-género, anti-LGBTQI+ y anti-negritudes, que están usando dinero opaco y medios antidemocráticos para negar a las personas su derecho humano a la atención médica, la igualdad, la autonomía corporal y, en última instancia, la libertad".

Para Rodríguez en Europa tenemos metida a esta extrema derecha en los parlamentos desde hace años en algunos países y tenemos también el ejemplo de Polonia, que es el extremo paradigmático. Por ahora tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de Europa han conseguido resistir, pero el auge de la extrema derecha es un hecho y acabar con el aborto es uno de sus grandes objetivos. En España hemos ampliado derechos, pero se trata de una victoria en un contexto que es peligroso y abierto. Por eso repito que es un aviso a navegantes".

 

24/06/2022 19:47

Marisa Kohan@kohanm

 

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Norma McCorvey (izq.), quien fue Jane Roe en el caso Roe v. Wade de 1973, con su abogada, Gloria Allred, en 1989.

El equilibrio de poderes entre Washington y los Estados se ve amenazado en EE.UU., donde la ultraderecha religiosa se ha unido a la élite conservadora para poner límites a unas libertades civiles que tachan de libertinaje

 

De los tres poderes –Ejecutivo, la espada; Legislativo; la cartera; y Judicial, los jueces–, el encargado de administrar justicia nació como el hijo tonto de la joven democracia estadounidense. Alexander Hamilton ya lo advirtió a primera hora: “el [poder] judicial carece de influencia sobre la espada o la cartera. No tiene capacidad de acción sobre la fuerza o sobre la riqueza de la sociedad, por lo que no puede actuar decididamente sobre ningún asunto de importancia”. Es decir: no puede imponer sus decisiones. Corría el año de 1789.

La vista del número uno de la First St NE de Washington D.C. es imponente: primero la escalinata flanqueada por dos estatuas: a la izquierda una mujer, Contemplation of Justice; a la derecha, una figura masculina, The Guardian or the Authority of Law, también llamado The Executor of Law, ambas obras de James Earle Fraser. Después, las dieciséis columnas corintias que sostienen el frontón; y finalmente impresas sobre el arquitrabe, cinco palabras: Equal Justice Under the Law. El Tribunal Supremo de Estados Unidos (SCOTUS en sus siglas en inglés) ocupa este impresionante edificio desde 1935, 146 años después de que fuera establecido como máxima autoridad judicial de la nación mediante la ratificación de la Constitución de los Estados Unidos en 1789. 

Hasta 1935, la historia de SCOTUS es singular y accidentada: desde constituirse en una especie de consejo de sabios nómada, atendiendo casos de ciudad en ciudad en los primeros años de la nueva nación, hasta la oscuridad de los sótanos del Capitolio, pasando por breves periodos en Nueva York o Filadelfia. Su originario papel secundario y sus más de doscientos años de historia son la lucha continuada por consolidar su poder sobre la tierra; esto es: constituirse en the law of the land, el último órgano de decisión, no solo capaz de decir qué es constitucional sino de imponerse sobre sus hermanos. 

Primer acto: SCOTUS 1-mujeres 0. La sede de SCOTUS, también llamada El palacio de mármol, se levanta sobre el solar que ocupaba el Old Brick Capitol, histórico cuartel hasta 1929 del National Woman’s Party –la compró el Gobierno federal a insistencia del expresidente William Howard Taft, en ese momento primer magistrado del Alto Tribunal–, el partido que abogó incansablemente por el sufragio femenino en EE.UU. hasta su consecución en 1920 (Enmienda 19 de la Constitución) y que, desde entonces, se entregó a las luchas por los derechos civiles desde su feminismo militante. Fue una compra, sí. Pero digamos que aquellas primeras feministas fueron invitadas a abandonar su casa. Las ironías de la historia.

Segundo acto: SCOTUS 0-mujeres 1. 1973, Roe v. Wade. La archiconocida sentencia por la que el máximo órgano judicial estadounidense declaraba inconstitucional cualquier restricción al acceso de la mujer a la posibilidad de abortar en condiciones sanitarias adecuadas y de forma legal. La argumentación sobre la que se basaba Roe contra Wade poco tenía que ver con la moral y mucho menos con la biología (ambos pilares que sostienen las posiciones de los autodenominados pro-vida): se trataba única y exclusivamente de salvaguardar el “derecho a la intimidad” de cada persona en relación a una de las cláusulas de la 14º Enmienda de la Constitución. Es decir: el gobierno (ninguno) no es quien para decidir qué puede hacer cada uno con su cuerpo. Ese uno era una mujer, Norma McCorvey, la camarera de Texas que se escondía bajo el pseudónimo de Jane Roe, quien tras quedarse embarazada de su tercer hijo en 1969 quiso abortar. El problema era que en Texas, donde residía, el aborto era ilegal salvo riesgo para la vida de la madre. No era la primera vez, pero sí una de las más importantes en las que SCOTUS volvía a poner de manifiesto la fuente de su poder: la confirmación del concepto de judicial review del que emana su supremacía judicial. En resumen: la decisión sobre un caso específico se aplica y afecta a todos los demás casos semejantes en cualquier lugar del país. Una vez más, SCOTUS marcaba la única distancia posible entre el suelo y el techo de la casa común estadounidense. 

En realidad, Roe contra Wade fue el canto del cisne de una época que en 1969 estaba a punto de cerrarse con la llegada de Nixon a la presidencia: la gran expansión de los Derechos Civiles iniciada una década antes y que había sido consecuencia de la madre de todas las batallas en EE.UU.: el enfrentamiento entre la Casa Blanca (con o sin el Capitolio) y SCOTUS, es decir, la espada contra la toga. Una batalla ganada por los liberales, cuyo punto culminante habían sido las grandes sentencias en favor de los Derechos Civiles auspiciadas bajo un Tribunal (la llamada Warren Court Era) que había empezado a perfilarse bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. En la mente del Partido Republicano solo era cuestión de tiempo, de paciencia. Y de colocar en la Casa Blanca al hombre adecuado. La derecha y la ultraderecha estadounidense habían entendido por fin que la política de un país no se cambia tanto en el Capitolio como desde la sala noble del Palacio de Mármol.

Por eso no es casualidad que este tercer acto empiece precisamente por Roe contra Wade. La filtración del borrador publicado en la noche del pasado lunes por el diario Politicoy firmada por el juez Samuel Alito (conservador) reflejaba una opinión predominante de cinco de los nueve magistrados que integran la Corte a favor de la revocación del derecho a la interrupción del embarazo. Hacía meses que había sospechas de que esto ocurriría, no es ningún secreto que el propio tribunal vive tiempos convulsos con acusaciones de corrupción sobre algunos de sus miembros y enemistades personales entre otros. Incluso la pandemia y su politización ha sido motivo de discordia entre el grupo patricios togados: algunos de los jueces más jóvenes y conservadores se han mostrado reticentes a ponerse mascarillas en las reuniones con sus compañeros más veteranos.

La única sorpresa aquí ha sido que la bomba explotara vía filtración, acto sin precedentes en la historia de la institución y que ha desatado una caza de brujas con los ojos puestos en los magistrados liberales y, especialmente, su staff. El martes, el presidente de la Corte Suprema, el conservador –fue nombrado por George W. Bush, y últimamente se posiciona con sus compañeros más progresistas, lo que indica hacia dónde se ha movido el tribunal en los últimos cuatro años– John Roberts confirmó el contenido del documento de 98 páginas conocido el lunes, aunque señaló que se trataba de un “primer borrador”. Hay que indicar que la filtración en sí no es delito, pero si se descubre a su autor supondría el final de su carrera, amén de otro tipo de actos disciplinarios. 

El texto no deja lugar a dudas: según el voto privado emitido el pasado febrero, la mayoría conservadora cree necesario derogar el precedente sentado por la sentencia de 1973 (y confirmado en el caso Planned Parenthood contra Casey, de 1992): “[La sentencia de] Roe estaba terriblemente equivocada desde el principio”, escribe Alito, para el que “su motivación fue excepcionalmente endeble y aquella decisión ha tenido consecuencias perjudiciales. Lejos de lograr un consenso nacional en torno al tema del aborto, Roe y Casey atizaron el debate y profundizaron en la división”. Decenas de personas se han concentrado a las puertas del edificio del Alto Tribunal desde la publicación del borrador para protestar. Según un estudio reciente del Pew Research Center, seis de cada diez estadounidenses creen que el aborto debería ser legal en todas o casi todas las circunstancias, mientras que un 54% se manifiesta contrario a la derogación de Roe contra Wade.

“La Constitución no hace ninguna referencia al aborto, y ningún derecho de este tipo está protegido implícitamente por ninguna disposición constitucional”, argumenta Alito en una posición que secundan los magistrados Clarence Thomas, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett y Neil Gorsuch, estos tres últimos nombrados durante la presidencia de Donald Trump. El fallo definitivo no se espera hasta finales de junio o principios de julio. La mayoría conservadora, seis contra tres, hace poco probable un cambio en la argumentación de la misma.

Una aclaración: si finalmente Roe contra Wade es revocada, eso no significa que el aborto se vuelva ilegal en EE.UU.. Solo que el poder de decisión tornará a los Estados y, por tanto, los más conservadores ya no tendrán obstáculo federal para prohibirlo en su territorio. La distancia entre las dos Américas, una liberal y otra conservadora, se agrandará todavía más.

El GOP y Trump, historia de un amor de conveniencia

Para entender un poco el origen de lo que está ocurriendo hay que irse al último año de legislatura de Obama. A un año de las elecciones, Obama pretendió llenar la vacante dejada por el fallecimiento del juez Anthony Scalia con el moderado Merrick Garland (hoy Fiscal General de Joe Biden). El entonces líder del GOP en el Senado, Mitch McConnell se negó incluso a reunirse con Garland y bloqueó cualquier intento de nominación durante 293 días. El tiempo justo para que Donald Trump se hiciera con la presidencia de EE.UU..

Con Trump en la Casa Blanca, fue el ultraconservador Neil Gorsuch quien ocuparía la vacante de Scalia en el Alto Tribunal. No sería el único. En solo cuatro años, Trump colocaría dos jueces conservadores más: Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Los tres en la cincuentena, para una posición que, recordemos, es vitalicia salvo renuncia voluntaria –es el caso de Stephen Breyer cuyo asiento será ocupado por la jueza Ketanji Brown Jackson (51 años) en algún momento de este verano y confirmada por el Senado a propuesta del presidente Biden el pasado 7 de abril. 

Aquel fue el verdadero legado de Trump, un presidente que para hacerse con el poder en el GOP se alió con el ala más conservadora del movimiento republicano estadounidense, la misma que llevaba décadas esperando la oportunidad para asaltar SCOTUS. Un quid pro quo necesario para iniciar la estrategia de demolición de lo conseguido desde la década de los Derechos Civiles. En definitiva, una partida de póker en la que en Estados Unidos siempre se apuesta en una doble vertiente. Por un lado, a medida que crece el poder de SCOTUS decrece el de la Casa Blanca, y viceversa. Por el otro, a medida que decrece el poder del Gobierno federal, crece el de los Estados; también y viceversa. 

Y aquí estamos otra vez: “Es hora de hacer caso a la norma fundamental y devolver el tema a los representantes elegidos por el pueblo”, sentencia el borrador de Alito, en una clara referencia a los gobiernos estatales. En la práctica, la derogación de Roe contra Wade supondría la libertad de los Estados para decidir sobre los derechos reproductivos de 166 millones de mujeres. Insisto, el GOP lleva décadas fraguando esto, y la derrota de Trump hace dos años simplemente potenció el cambio de paradigma en los estados controlados por los republicanos donde sus gobernadores han preparado leyes restrictivas que entrarán en vigor inmediatamente.

Dos países y una puerta hacia el abismo

Hay un país azul demócrata a punto de convertirse en santuario de los derechos de las mujeres y preparándose para acoger una ola de turismo reproductivo. Hay otro rojo republicano, en el que más de una veintena de estados aguardan la confirmación de lo filtrado esta semana. Estados como Oklahoma, cuya Cámara de Representantes aprobó la semana pasada una estricta norma que prohíbe las intervenciones después de la sexta semana de gestación, antes incluso de que la mayoría de las mujeres sepan de su embarazo. O Texas, siempre a la vanguardia de la reacción y no solo en el ámbito sanitario, cuya nueva legislación, promulgada en septiembre y conocida como la “Ley del latido”, propone la persecución de los ciudadanos particulares que ayuden a una persona a poner fin a un embarazo no deseado. Se trataría de una puerta hacia un abismo: según sea interpretada la norma, un taxista que lleve a una mujer a una clínica abortiva, aunque sea en otro Estado, podría ser perseguido judicialmente con penas de hasta 10 años de prisión. Tras Texas y Oklahoma, Florida, Ohio y otros Estados del sur anuncian su intención de convertirse en “santuarios de la vida”. 

Este abismo no tendría por qué circunscribirse a las cuestiones reproductivas. Por ejemplo: en Lawrence contra Texas (2003), SCOTUS usó el mismo argumento de Roe contra Wade (derecho a la privacidad) para determinar que era inconstitucional castigar a las personas por cometer sodomía. Obergefell contra Hodges (2015), que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo y utilizó el derecho a la privacidad y la cláusula de igual protección para hacerlo. Esto podría abrir la puerta para que un Estado trate de desafiar las leyes de matrimonio entre personas del mismo sexo y las distintas legislaciones en relación a la comunidad LGTBQ, que ya están en el punto de mira de los legisladores republicanos. De nuevo Texas, donde se ha llegado a plantear la posibilidad de poner a cargo de las autoridades a los niños trans si estos son apoyados por sus padres en su proceso de transición. Pero hay más: Griswold contra Connecticut (1965), que protege la capacidad de los matrimonios para comprar anticonceptivos sin restricciones gubernamentales. No se trata solo del aborto. O Meyer contra Nebraska (1923), que permite que las familias decidan si quieren que sus hijos aprendan un idioma que no sea inglés. Esto podría abrir la puerta para que Estados antinmigración intenten prohibir el aprendizaje de otros idiomas que no sean el inglés en las escuelas públicas. Incluso, la obligación estatal de ofrecer un sistema público de enseñanza (Plyler contra Doe, 1982), como ha anunciado que va a estudiar el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott. La educación pública nunca ha dejado de estar en el punto de mira republicano. 

También Skinner contra Oklahoma (1942), el fallo que declaró inconstitucional la esterilización forzosa de personas (se hizo con miles de mujeres afroamericanas). Hay quien ha señalado estos días que la caída de Roe contra Wade podría abrir la puerta para que algunos Estados determinaran la esterilización de delincuentes, personas discapacitadas o minorías de todo tipo. Sin duda, también el derecho al voto en un momento en el que en muchos Estados republicanos están aprobándose legislaciones encaminadas a restringir o dificultar el sufragio y que tienen a minorías raciales como principal objetivo.

En el origen de todo está la condición del juez Alito como ‘originalista’ constitucional. Con ese término se conoce a los magistrados que defienden que la Constitución debe interpretarse tal y como fue pensada por sus creadores hace más de dos siglos. Originalistas son también los jueces Thomas, Barrett, Gorsuch e, incluso, Kavanaugh también son originalistas. Los tres nominados por Trump.

Biden contra la Corte Suprema 

Muchos dicen que los senadores son los patricios del imperio americano. No es del todo cierto. Son los miembros de la Corte Suprema, depositarios de un poder casi omnipotente y sin aparente fecha de caducidad. Una situación sin paralelismo en ninguna otra democracia occidental.

El número de asientos en el Alto Tribunal permanece inalterado desde la presidencia de Ulysses S. Grant (1864-1865), y ante la herencia de Trump, no pocas voces llevan defendiendo la idea de que ha llegado el momento de ir a una nueva guerra contra la máxima institución judicial del país. En política estadounidense esto se conoce como Court Packing: que un presidente trate de incrementar –a veces reducir– el número de jueces del Supremo para lograr un tribunal con cierto equilibrio ideológico. En la práctica lo que se busca es una Corte más alineada con la Casa Blanca o el mismo Capitolio. En 1801, John Adams redujo el número de miembros de seis a cinco para evitar que su sucesor, Thomas Jefferson, pudiera nombrar a su propio magistrado. Poco después, el Congreso incrementó de cinco a siete el número de asientos. Andrew Jackson sumó dos más hasta conformar un Tribunal con nueve sillas. Más tarde, Lincoln añadiría una más; mientras que su sucesor, Andrew Johnson, volvería a reducir la alineación a siete, hasta que el mencionado Grant conformara los nueve actuales. 

La posibilidad de sumar nuevos jueces al actual SCOTUS, es algo que cuenta con la oposición frontal del GOP, muy cómodo con la situación actual, mientras que tampoco se ve claro en los círculos de poder más cercanos al presidente. No tanto por su problemática, es completamente legal y hay precedentes, sino porque supondría que la Administración Biden abriera un nuevo frente de batalla –sin cuartel y a todos los niveles, Partido Demócrata incluido–, y con la cita electoral de las elecciones de medio mandato –legislativas– el próximo noviembre. 

El enfrentamiento más sonado entre SCOTUS y la Casa Blanca data de 1933. EE.UU. vivía inmerso en la Gran Depresión y el entonces presidente, Franklin Delano Roosevelt, puso encima de la mesa su primer New Deal, la mayor expansión del Gobierno Federal de la historia de EE.UU. hasta la fecha. Su agenda populista(como fue calificada entonces, algunos dirían hoy socialista) chocó con la oposición frontal de un Tribunal muy conservador y receloso de un poder de Washington en expansión a costa del de los Estados. Todas las iniciativas contenidas en aquel primer New Deal fueron tumbadas por los togados, una tras otra. SCOTUS acababa de mudarse a su nueva y flamante sede y, en 1935, en un editorial publicado por The New Yorker se podía leer: “el nuevo edificio [de SCOTUS] dispone de unas grandes y maravillosas ventanas desde las que arrojar el New Deal”. 

Franklin Delano Roosevelt decidió cambiar de estrategia y reescribir las reglas del juego: amenazó con nominar un nuevo juez por cada miembro mayor de 70 años que se negara a retirarse. Esto suponía añadir seis nuevos magistrados hasta un total de quince. Todos ellos, claro, receptivos, cuando no directamente favorables, a las políticas del presidente. No fue necesario. El Alto Tribunal aflojó, y para 1937 un segundo paquete del New Deal pasó el dictamen de SCOTUS. Fruto de aquella victoria, los ciudadanos de EE.UU. contaron por vez primera con salario mínimo federal, seguridad social (nada que ver con la española) o el derecho de los trabajadores a formar sindicatos. En los siguientes dos años, la mayor parte de los jueces más conservadores optó por retirarse y Roosevelt fue sustituyéndolos. Un nuevo SCOTUS se centraría desde entonces en el ámbito de los llamados “derechos individuales”, un rincón al que nadie había hecho demasiado caso desde el punto de vista constitucional. Este sería el germen de lo que se consumaría en los años sesenta, y cuyas bases comenzaron a asentarse en 1952 con la sentencia de Brown contra Board of Education, que supuso el inicio del fin de la segregación racial en el sistema educativo y, por extensión, en todo el país. 

El problema hoy es que Biden no es Roosevelt, y sí un presidente mucho más débil, con un partido más dividido y una oposición mucho más escorada hacia la derecha. 

No se trata del aborto, insisto. Se trata, una vez más, de derechos civiles y en último término del equilibrio de poderes entre Washington y los Estados. Un sector de la sociedad estadounidense, la ultraderecha religiosa, ha unido sus fuerzas a la élite más conservadora y libertaria a nivel económico, y ha decidido que ya basta. Que hay que poner orden en unas libertades civiles que tachan de libertinaje, contrarias incluso al modo de vida americano. El derecho al aborto es el primer asalto. 

McCorvey, la Jane Roe original, no pudo beneficiarse de su lucha: fue madre de una niña en junio de 1970 que acabaría dando en adopción. Se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos. Con posterioridad cambió de idea, y se convirtió en una convencida antiabortista. Ello no impidió que su caso garantizase constitucionalmente el derecho a interrumpir un embarazo hasta la semana número 23, en la que se fija la viabilidad del feto, y el derecho de millones de mujeres a decidir sobre su propio cuerpo en condiciones de legalidad y salubridad. 

“En muchas otras ocasiones, este Tribunal ha anulado importantes decisiones constitucionales…”, dice el texto de Alito. “Sin esas decisiones, la ley constitucional estadounidense tal y como la conocemos sería irreconocible, y este sería un país diferente”. Lo que nadie podría sospechar es que el país podría regresar en 2022 a un tiempo en el que una mujer debía cambiar de Estado o jugarse la vida y la libertad en la clandestinidad si decidía no ser madre.

Por Diego E. Barros 8/05/2022

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Feministas de izquierda rechazan declaraciones de Maduro en el Congreso de la Mujer del PSUV

3 de abril de 2022.- Voceras de distintas organizaciones feministas de izquierda han expresado su rechazo a la alocución presidencial realizada en el marco de la apertura del Congreso de la Mujer venezolana realizado por el PSUV-Gobierno en la que el presidente Nicolás Maduro afirmó que "La mujer, sabemos, tiene grandes tareas en la vida, la tarea de parir, de gestar, de parir, la tarea de forjar, formar, criar, construir valores. Todas las mujeres tienen en su inocencia profunda un sentido innato para proteger y amar a la humanidad, a los niños y a las niñas. Mucho, pero mucho más elevado, de lejos, que el que tenemos los hombres…"

Zuleika Matamoros, coordinadora de Juntas y a la Izquierda afirmó a través de un artículo que "Lo que debemos dejar claro es que Maduro no pronunció un discurso en estos términos machistas, patriarcales por torpeza, o porque su vena machista no le deja disimular expresiones que le delatan como tal. Esta afirmación es la expresión clara de una política directa en contra de la campaña levantada por la legalización del aborto. Es una política que lo pone de cara a la iglesia católica y demás sectores religiosos. Es una política en contra de la mujer de los sectores más vulnerables: las trabajadoras y las de los sectores populares."

Asimismo Claudia Gilly del Movimiento Mujeres en Lucha afirmó también de manera pública que "No es la primera vez que el Maduro nos manda a parir, ya hace dos años se dirigió a la mujer venezolana diciendo: «a parir, todas las mujeres, a parir seis hijos". Una vez más queda plasmada la ideología patriarcal que caracteriza a este gobierno de falso socialismo, que concibe a la mujer como cuerpo sexualizado y maternizado, para uso, goce y disfrute del sistema patriarcal que requiere de relaciones verticales para la dominación, saqueo de bienes, recursos y medios de producción, para lo cual es imprescindible que la mujer cumpla con el mandato sexista en su condición de madre, cuidadora y reproductora, y aporte la mano de obra barata, incluso esclava, para que se perpetúen las condiciones de opresión, discriminación y explotación necesaria para la acumulación capitalista."

Aporra, abril 3/2022

Puedes leer las notas completas en los siguientes links

https://www.aporrea.org/actualidad/a311254.html

https://www.aporrea.org/actualidad/a311220.html

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“Francesca Gargallo seguirá viviendo en cada paso de nuestra lucha”: mujeres kurdas

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán se difundió un comunicado en memoria de la pensadora feminista italo-mexicana Francesca Gargallo Celentini, fallecida en México el 3 de marzo de este año.

A continuación publicamos la declaración completa:

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán recibimos con dolor, ayer (3 de marzo) a la mañana, desde la Ciudad de México, la noticia de la muerte de la activista, académica, escritora y poeta Francesca Gargallo Celentani.

Francesca Gargallo era para nosotras una hermana y acompañó, desde el internacionalismo y con sus profundas reflexiones, nuestro movimiento a través de los continentes.

Nuestros pensamientos de amor más profundos van en esto momentos a su hija Helena y a todos sus seres queridos, que abrazamos mientras están reunidos en una red transnacional de afectos; nuestros sentimientos más comprometidos son sin fronteras para tener viva la memoria de vida y el ejemplo de nuestra compañera Francesca Gargallo, desde su alegría y vitalidad, que hacía de cada reflexión compartida una apertura sincera de horizontes y caminos.

Nacida en el sur de Italia, en Sicilia, en el 1956, y habitando México desde el 1979 como toda Abya Yala en su profundidad rebelde desde las luchas de las mujeres y disidencias, Francesca Gargallo caminaba la palabra desde un sentipensar que transcendía fronteras y tejía comunidades amorosas y autónomas, indígenas y populares, desde un internacionalismo feminista sensible y generoso en defensa de los derechos humanos. En su obra figuran cuentos para la infancia, poesías, narraciones y en sus trabajos, como en “Ideas Feministas Latinoamericanas” y después en “Feministas de Abya Yala”, criticaba la modernidad capitalista hegemónica y planteaba, practicándolas colectivamente, otras formas de ser, por fuera de esa, del feminismo radical. Ella recordaba en sus escritos que una lucha de mujeres que no construye autonomía sino que solo pide equidad, asimilando el mundo masculino, en un contexto de occidentalización acelerada del mundo, se pliega a políticas públicas globales estatales, y así tiende a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual, impulsando solo sus intereses en el ámbito del sistema capitalista, publicitado así como “el único sistema que funciona”.

La búsqueda de Francesca Gargallo hacia una modernidad democrática y anti-patriarcal en su investigación militante y académica ha abierto tanto señalamientos a los feminismo hegemónicos institucionalizados, como rutas para abarcar y entender con más atención las luchas llevadas adelante entre Abya Yala y Kurdistán, otras formas no occidentales de lucha anti-patriarcal desde donde construir mundos de sentidos y practicas comunitarias en defensa del planeta en autentica pluriversidad.

La entera vida de Francesca Gargallo ha sido este actuar colectivamente en una constante despatriarcalización de la comunidad y de la vida. Lectora y conocedora de las autobiografías escritas por la dirigente kurda Sakine Cansiz, como ella, sentimos que Francesca Gargallo abrazó la idea de tener que construir libertad no en un futuro próximo, sino en el aquí y en el ahora, comunalmente. Esto emerge cada momento en su obra escrita como en cada palabra que haya compartido desde la convivialidad. Dando énfasis con su creatividad a la potencia liberadora de la poesía, poco meses antes de irse, Francesca había escrito en el prologo de “Otoño”, una publicación de poesías sobre el Kurdistán: “La poesía es la forma literaria que adoptamos cuando necesitamos contar lo indecible porque, precisamente, accede al instante en el que podemos detenernos y gritar. Expresa nuestra fantasía de forma tal que devela el recuerdo de un relámpago que nos empuja, a pesar de la cotidianidad global, a reconstruir la libertad, ese anhelo tan personal que solo se hace realidad cuando compartimos su construcción y sus frutos.”

Su compromiso feminista internacionalista caminante para la libertad llegó hasta romper los muros de las cárceles de Turquía, cuando hizo resonar internacionalmente sus palabras contra el arresto de nuestra compañera kurda Leyla Güven, la cual inició una huelga de hambre en prisión y a la cual Francesca dirigió estas palabras, que en espejo, ahora le devolvemos: “Tu vida es importante para las feministas. Porque nos recuerda que tenemos que poner nuestro cuerpo en las primeras lineas si queremos desertar el patriarcado, y levantarnos contra la tortura, el aislamiento frente al rechazo de que las personas puedan vivir en paz”.

¡Francesca Gargallo seguirá viviendo cada paso en nuestra lucha!

!Jin Jiyan Azadi!

Movimiento de Mujeres de Kurdistán / 04-03-2022

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Francesca Gargallo

Recuento de la vida y la obra de Francesca Gargallo (Siracusa, Italia, 1956-Ciudad de México, 2022), novelista, poeta, historiadora, traductora, ensayista y teórica del feminismo, y autora de ‘La decisión del capitán’, ‘Al paso de los días’, ‘Los extraños de la planta baja’, ‘Ideas feministas latinoamericanas’ y ‘Estar en el mundo’, entre otros títulos.

“El verdadero lugar del nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente”. Plasmada en boca del emperador Adriano por Marguerite Yourcenar, esta sabiduría define, en paralelo, a una escritora italiana que decidió hacerse mexicana cuando a principios de los ochenta llegó, por azar, a Concepción del Oro, Zacatecas, e hizo de ésta su Ítaca. Aunque por cuestiones relacionadas con su labor docente Francesca Gargallo residió, hasta su prematuro fallecimiento, acaecido el 3 de marzo de 2022, en Ciudad de México, hizo de su obra maestra, La decisión del capitán (Era, México, 1997, reeditada en 2021 por el Fondo de Cultura Económica), una carta de amor a esa entidad: “Me sedujo a través de no hacer nada, esos son los verdaderos seductores, los que no necesitan mover un dedo”.

Nacida en Siracusa, Italia, el 25 de noviembre de 1956, Francesca Isabella Gargallo di Castel Lentini Celentani es un personaje tan o más fascinante que los creados por ella: Isabella, Lucía, Mariana, Begonia, Constanza de Andrada y “la escritora” de Marcha seca (Era, 1999), apasionadas, autosuficientes, aventureras, en las que, simultáneamente, conviven Ulises y Penélope; capaces de defender a un amigo en un pleitode cantina y surcar los mares con sólo una mochila. De amar abnegadamente, no nada más al amante, también al hijo, al hijo del hermano, al amigo.

Novelista, poeta, historiadora y una de las más progresistas teóricas del feminismo; licenciada en Filosofía por la Universidad de La Sapienza en Roma y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Unam, empezó a escribir desde que, a los seis años, le enseñaron a hacerlo. Estaba enamorada de su maestra y pensaba que algún día le escribiría lo que sentía por ella. A los doce años se propuso reescribir la Constitución italiana porque no le gustaba. Su abuela paterna, Ada Sdrin Comnena, griega y exaltadamente romántica, pobló su mundo de sentimientos heroicos alucinados tras leerle La Ilíada. La abuela materna, Gilda Cosmo, era sobrina del más importante dantista de sus tiempos. No es coincidencia, pues, que la nieta lleve el nombre de la heroína oscura de Dante, antítesis de Beatrice, Francesca de Rimini, castigada en el Infierno con la melancolía eterna de mirar a su amado Paolo sin llegar a tocarlo. Gilda, a decir de Francesca, era una mujer fría que, sin embargo, adoró a su nieta, “era la más amorosa, viva, vital y empujadora mujer del mundo; la que me decía que durante las menstruaciones se puede comer todo lo que una quiere porque no se engorda; teoría que me hizo amar el menstruar”. Su madre, en cambio, era una bióloga que se frustró porque tuvo seis hijos. Su padre, Gioacchino Gargallo-Sdrin (1923-2007), era un escritor de filosofía de la historia, de quien la propia Francesca tradujo al español su entera Historia de la Historiografía moderna, en cuatro volúmenes, no obstante la cordial enemistad que los enfrentó toda la vida.

De Siracusa a Zacatecas

El nomadismo lo llevaba en la sangre y en los astros. Necesitaba desbaratar el estigma de su nombre: dejar de anhelar, salir a tocar. Aunque su familia era rica, más aún, aristócrata, viajó en calidad de estudiante pobre, quedándose en casas de pueblo y comiendo en fondas. Recorrió los Balcanes y el Mediterráneo, pasó por Nueva York, donde trabajó como baby sitter. Un día, harta de esta aséptica ciudad, se montó, mochila al hombro, a un camión Greyhound que la depositó en Texas. Fue ahí donde pidió aventón a un camionero mexicano: “lléveme a donde vaya usted”, le dijo, valiente o demasiado ingenua. Pero llegó a Zacatecas: el mejor lugar del mundo. Para entonces ya había publicado dos libritos en italiano: Itinerare (poesía, 1980) y Le tre Elene (cuento, 1980), pero en México no sólo se reafirmó en su pasión por la escritura: enamorada del idioma, adoptó el castellano como lengua literaria. “Llegar a escribir español me costó cinco años de silencio. Le debo al maestro Jorge de la Serna, en la Unam, haberme obligado a hacerlo. Me hizo leer, hasta el placer absoluto, a Quiroga, a Jorge Isaacs, a todo Riva Palacio y a Josefina Vicens. En un principio creí que sufriría limitaciones para expresar todo lo que quería, pero dos amigos, Rosario Galo Moya y Eduardo Molina y Vedia, me dijeron que no tuviera miedo, que ellos corregirían el estilo”. Su primera novela en castellano y publicada en México fue Días sin Casura (Leega Literaria, México, 1986), donde aborda la dura experiencia de una periodista italiana inmersa en la guerrilla de un país extranjero. Nos sorprendió con personajes femeninos que se asumen potencialmente libres. Mujeres que estudian, aman, desean y, sobre todo, viajan. Ejercen, además, una bisexualidad como búsqueda de sí y de las otras.

La libertad, la experiencia, la ecología, el humanismo, la solidaridad y la maternidad son los temas predominantes en su narrativa. La mejor de sus novelas, la que la consagró como una de las más destacadas escritoras mexicanas –Juan Villoro la ubicó entre Rosa Beltrán y Carmen Boullosa– es una de corte histórico cuyo protagonista es un varón: La decisión del capitán. Ambientada en el siglo xvi, narra el itinerario bélico, vital y pasional de Miguel de Caldera, fundador de San Luis Potosí, y de quien Francesca aporta una visión que no por personal se aleja de la verdad histórica.

Al paso de los días: la tragedia del mundo

Ninguna, sin embargo, tan radical y apasionante como Al paso de los días (Terracota, México, 2013). Recoge un poco de las demás; la tragedia ecológica de Marcha seca; los dilemas existenciales de Estar en el mundo y la crítica y denuncia sociopolítica de Los pescadores del Kukulkán… tiene, además, a los pasajeros de un avión secuestrado y, posteriormente, abandonados a su suerte en el desierto. Siete sobrevivientes de un singular acto terrorista, perpetrado, al parecer, por la propia tripulación de aquel vuelo Marsella-París, entre los que destacan un famoso escritor con una fatwa pendiendo sobre su cabeza (¿Salman Rushdie?), un afamado galán de cine de acción, un exmilitar serbio, una profesora y escritora que es una especie de amazona –como la propia autora– y una niña de trece años. Su periplo será captado por una cámara de ubicación desconocida que proyecta estas imágenes al mundo gracias al estertor del único satélite que se mantiene en funciones… un mundo que parece a punto de desmoronarse por un apocalipsis forjado a conciencia por la ambición desmesurada de algunos. El mundo, como señala uno de los personajes, se ha transformado en un cadáver que sigue vivo porque sus uñas siguen creciendo. Y esta es la única transmisión televisiva que se puede sintonizar y que algunos, particularmente los involucrados con estos personajes, la siguen como si se tratara de una telenovela. No hay un protagonista definido, ni siquiera la amazona que, ya muy avanzada la narración, descubriremos que se llama Irene y cuyo firme carácter la convierte en líder. Cada personaje, tanto las víctimas del ataque como aquellos que siguen su periplo a través de televisión, incluso los políticos y funcionarios de países remotos que deben coordinarse para resolver aquel problema que podría propiciar un desastre diplomático, así como los científicos, responsables indirectos del desastre ecológico que tiene íntima relación con el suceso, todos, tienen voz. Posteriormente, en una interesante editorial colombiana, Desde Abajo, publicó Los extraños de la planta baja, su novela más personal, cuyo origen es el cambio de un hermoso departamento de la Condesa, herencia de su padre, por un gran terreno en Santa María la Ribera donde, de a poco, erigió una comuna para artistas marginales. “La Santa María –explica– me ofreció una ruina de casa hermosa, señorial, de 450 metros, construida originalmente en 1901 para dos hermanos panaderos devotos de

San Pascual Bailón. Esos muros a medio caer, que hemos reconstruido entre muchos, respetando su diseño original, nos ofrecen vivir y llevar a cabo proyectos artísticos, proyectos que hacen barrio”.

Ideas feministas latinoamericanas, ensayo filosófico sobre el feminismo latinoamericano, puede ser también una guía para comprender su narrativa, en principio porque aborda ampliamente a autoras cuya influencia se advierte en su prosa: Graciela Hierro, Rosario Castellanos, la colombiana Marvel Moreno y las poetas mexicanas Dolores Castro y Enriqueta Ochoa. Se identifica más con ellas que con Simone de Beauvoir –podría decirse incluso que le simpatiza más el entrañable amigo de ésta... no, Sartre no, sino Maurice Merleau-Ponty–, pese a que, como la francesa, se define feminista integral.

América Latina y más

El latido de su narrativa, no obstante, no es exclusivamente latinoamericano: imposible no asociarla con Elsa Morante, con Doris Lessing… con Fatima Mernissi en su faceta ensayística. Testigo presencial de las más devastadoras guerrillas sudamericanas, en medio de las cuales elaboró su tesis de doctorado y de las que se nutre gran parte de su narrativa, en particular su novela Estar en el mundo (Era, México, 1994), nos hace una descripción terrible, poética y sorprendente de un continente que visualiza como a una esposa sometida esforzándose por levantar cabeza. Sus últimos libros fueron Plan campesino de mujeres, amorosa edición realizada en Oaxaca por una editorial pequeñita –y feminista– de nombre Campamocha, que logró sacar un tiraje de mil ejemplares. La otra, La costra de la tierra, impreso en “zona autónoma” (sic), aparece bajo el enigmático sello Cisnenegro (lectores de alto riesgo), con apenas cien ejemplares. Plan campesino de mujeres, pese a su título panfletario, es una novela tan espléndida como las anteriores, complementaria con La costra de la tierra y el thriller Al paso de los días. Extraordinarias aventuras con un trasfondo de crítica política global y, por lo mismo, más “peligrosas”. Plan campesino… es muy informativa, no menos literaria, no menos novela; de hecho, Francesca vuelve poesía cuanto toca, detalles sobre los riesgos de que el maíz transgénico termine mezclándose con el natural; o cómo la ayuda humanitaria a los países pobres ha terminado por servir de puente a compañías de agroquímicos para filtrar organismos genéticamente modificados, mientras que en La costra de la tierra, una médica forense, un chamán, un pintor y un geólogo libran una lucha contra la modernidad depredadora que amenaza con colonizar las libertades individuales… algo tan simple como caminar a placer, en espacios abiertos. No es de extrañar su confesa afinidad con ecofeministas como Ibone Guevara y Vandana Shiva y, estéticamente, con la canadiense Margaret Atwood.

Por Eve Gil -13 Mar 2022 07:29

Publicado enCultura
Martes, 08 Marzo 2022 06:06

Una causa justa para las mujeres

El colectivo Causa Justa delante del Palacio de Justicia en Bogotá (foto: https://causajustaporelaborto.org/un-ano-de-una-causa-justa/)

En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, un reconocimiento especial al logro que supone la despenalización del delito de aborto en Colombia

Un año más llega el momento de reivindicar lo que tendría que ser norma y normalidad en cualquier sociedad democrática. De entre los numerosos acontecimientos acaecidos en el último año con la mujer como protagonista, hay que destacar uno: la legalización del aborto en Colombia durante las primeras veinticuatro semanas de gestación.  

A nadie se le escapa que la consecución de derechos para las mujeres es mucho más difícil que aquellos que “no tienen género”. Ellas necesitan luchar más y por más tiempo, sobre todo porque quienes determinan, desde las leyes y desde los gobiernos, los posibles triunfos femeninos son mayoritariamente hombres.

Naciones Unidas reconoce que las mujeres padecen “una mayor vulnerabilidad derivada de factores sociales, económicos y culturales”. Por eso, este logro en Colombia es un paso más en la consecución de la “igualdad de género hoy para un mañana sostenible” que demanda la ONU en este 8 de marzo de 2022.

La sentencia C-055 de 21 de febrero de 2022 declara “exequible la tipificación del delito de aborto consentido, en el sentido de que no se configura el delito cuando la conducta se practique antes de la semana 24 de gestación y, sin sujeción a este límite, cuando se presenten las causales de que trata la sentencia C-355 de 2006”. En la misma se solicita finalmente, tanto al Congreso de la República como al Gobierno nacional, que formulen e implementen “una política pública integral en la materia”.

El fallo de la Corte Constitucional colombiana abre un nuevo panorama para ellas y sus derechos en el país y por extensión en la región latinoamericana. Con esa decisión se subsanan años de reclamar en el desierto por un derecho reiteradamente ignorado por parte de un Congreso de la República netamente macho, blanco y conservador.

Nombrar siempre supone dejar a alguien fuera de la lista, por eso no queremos poner nombres y apellidos a este día memorable. Sin embargo, hay un colectivo que merece ser recordado por su tesón y lucha para conseguir tan importante decisión jurídica: Causa Justa “un movimiento que busca la libertad y la autonomía reproductiva de todas las mujeres”. Impulsado por la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, está compuesto por “otras organizaciones de mujeres, feministas y de derechos humanos y diferentes actores entre quienes se encuentran activistas, prestadores de servicios de salud, referentes de la academia y centros de investigación de todo el país”.

En el proceso, la entidad colombiana ha contado con el apoyo de Human Rights Watch. Esta ONG internacional presentó un escrito amicus curiae en el que solicitaban a la Corte “tener en consideración los estándares de derechos humanos en materia de aborto”; señalando que “la criminalización del aborto es incompatible con las obligaciones internacionales de Colombia en materia de derechos humanos”, y destacando que, tal como se recoge en sus informes de los últimos 15 años, “los marcos jurídicos que penalizan el aborto generan un entorno en el cual las mujeres y niñas recurren a procedimientos inseguros que ponen en peligro su salud y sus vidas”.

El dictamen es, le pese a quien le pese, incluido el pelele presidente del país, un hito para las mujeres, para la autonomía sobre su propio cuerpo y su salud sexual y reproductiva. Pero también es un triunfo de la democracia, un logro para que ese cincuenta por ciento de la población sienta que realmente forman parte de la sociedad a la que aportan y pertenecen, que hay equidad y justicia social.

Porque el derecho al aborto no significa el deber de abortar, supongo que para nada un trago agradable. Es dar la opción a las mujeres de que decidan sobre su cuerpo sin el estigma del delito y del señalamiento social.

Publicado en Mundo Obrero el 07/03/2022

08 Mar 2022

Publicado enColombia
Un triunfo de los movimientos feministas. Colombia. Despenalizan el aborto, posible incluso hasta la semana 24


El fallo cayó como crema refrescante sobre una herida que por momentos da muestras de mejoría pero que pese al paso del tiempo no sana del todo. En la tarde del lunes 21 de febrero la Corte Constitucional, luego de meses de dilación (debido a variedad de causas, entre ellas el impedimento de un juez por haber adelantado ante un medio de comunicación su opinión sobre el particular), falló sobre una demanda interpuesta por Causa Justa, movimiento que “[…] busca la libertad y la autonomía reproductiva de todas las mujeres sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida”. Además, Causa Justa “[…] reconoce la urgente necesidad de eliminar el delito de aborto del Cógido Penal como un avance para los derechos de las mujeres”. El movimento es una confluencia de organziaciones, entre ellas: La mesa por la vida y la salud de las mujeres, otras organizaciones de mujeres, feministas y de derechos humanos, entre otras y otros que integran esta coalición.


El fallo de la Corte Constitucional, con sorpresa para muchas y muchos, no solo refrendó el derecho al aborto sin estar condicionado como hasta ahora a malformación del feto o que la mujer corriera peligro o hubiese sido abusada sexualmente, y solo posible hasta la 8 semana de gestación, sino que fue mucho más allá y amplió el tiempo para la interrupción del embarazo hasta la semana 24. Pensando en prevención del embarazo, los jueces también entregaron una serie de recomendaciones que deben concretarse a través de políticas educativas y de salud pública. (Ver recuadro)


Con este fallo, en un país donde la Iglesia católica como parte del poder que ha propiciado violencia, exclusión, empobrecimiento generalizado, y otros muchos males que marcan al país, ha determinado y deformado por siglos la vida diaria de millones de personas, la máxima instancia judicial marca una tendencia por seguir en América Latina y gran parte del mundo. Una decisión que hace honor a la lucha de las mujeres, lideradas por variedad de organizaciones feministas, por el derecho a decidir sobre sus cuerpos.


Como lo aseguró Causa Justa, organización que interpuso la demanda que llevó al alto tribunal al fallo acá comentado, y una vez conocido el mismo: “La decisión supone un avance en el reconocimiento de la libertad y autonomía reproductiva y sitúa a Colombia como el país con el modelo de plazos más amplio de todo el continente. El fallo también trae beneficios a las y los prestadores de servicios de salud, pues podrán realizar el procedimiento de aborto/IVE hasta la semana 24 sin enfrentar la amenaza de una persecución penal”.


Causa Justa enfatizó a través de Ana Cristina González Vélez, una de las pioneras del movimiento, que: “Seguiremos insistiendo hasta que deje de usarse este delito que es injusto, ineficaz y contraproducente. Los plazos sin duda reconocen en cierta medida la autonomía de las mujeres hasta una cierta etapa del embarazo, pero no se sustentan en razones científicas y niegan la capacidad de las mujeres para decidir como sujetos morales plenos”.


Lo decidido por los jueces da cuenta de la situación de violencia que afecta a la mujer colombiana, país donde la marca del patriarcado aún se siente en el día a día por todos sus poros, y en particular por medio de violaciones, país donde menores de edad son madres precoces. Por ejemplo, según datos oficiales, en 2020, al menos 4.268 niñas de entre 10 y 14 años fueron madres, en muchos casos por acto sexual no consentido. Colombia, país donde el aborto es la cuarta causa de mortalidad materna y donde el 10 por ciento de los 400.000 abortos que se realizan al año, son llevados a cabo en condiciones de clandestinidad y sin garantía de condiciones sanitarias.


Por último, llamó la atención de este fallo que entre los 4 votos emitidos en contra de reconocer este derecho figuran los de tres mujeres, las magistradas: Cristina Pardo, Paola Meneses y Gloria Ortiz. Evidenciando, de esta manera, que no por el simple hecho de ser mujeres se lucha a favor de ellas. O lo que es lo mismo, que el feminismo no es una prolongación del género sino, y esto es lo fundamental, una construcción social, cultural, política, una opción ante la vida, en lucha contra el poder, el capitalismo, el patriarcado, el sexismo, la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenimo, lucha por igualdad de derechos y condiciones de vida que su par masculino. Una lucha que se libra a la par de otras muchas y en unión de todas las personas por erradicar de la faz de la Tierra la opresión, la explotación, la injusticia, la desigualdad social, entre otros muchos males que son consustanciales al capitalismo y al poder en general.

 



La Corte Constitucional no solo decidió despenalizar el aborto hasta la semana 24 de gestación, sino que también llamó al poder legislativo y al gobierno nacional para que diseñen y pongan en marcha una política pública frente al derecho aprobado. La Corte llamó a que este proceso se surta en el menor tiempo posible, sin que el tiempo que se tomen para ello implica la no realización del derecho que instituyeron. Derecho para hacer real la dignidad y los derchos de las mujeres gestantes.


Para el diseño de esa política pública la Corte marcó seis aspectos básicos por tener en cuenta:


— La divulgación clara de las opciones disponibles para la mujer gestante durante y después del embarazo
— La eliminación de cualquier obstáculo para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos que se reconocen en esta sentencia.
— La existencia de instrumentos de prevención del embarazo y planificación
— El desarrollo de programas de educación en materia de educación sexual y reproductiva para todas las personas.
— Medidas de acompañamiento a las madres gestantes que incluyan opciones de adopción, entre otras.
— Medidas que garanticen los derechos de los nacidos en circunstancias de gestantes que desearon abortar.

Publicado enColombia
https://bogota.gov.co/mi-ciudad/salud/el-programa-bogta-cuidadora-es-de-sensibilizacion-contra-el-covid-19

 Dos años de (mal) gobierno de ‘centro’ en Bogotá

Cinco asuntos que han estado en la agenda política de la ciudad y que han sido objeto de decisión política por parte de la alcaldesa, y que desde mi punto de vista evidencian su profunda distancia con una postura feminista de gobierno, son el objeto del presente artículo: 1) el avance de la pobreza en la ciudad; 2) sus cuestionables posturas xenófobas hacia la población venezolana migrante; 3) sus reacciones ante el estallido social de la juventud bogotana; 4) su desatención de las mujeres transgénero y, 5) su tratamiento de las comunidades indígenas que actualmente ocupan el Parque Nacional.

Claudia López ganó la alcaldía de Bogotá y de inmediato se presentó como primera mujer alcaldesa de la capital, abiertamente lesbiana, de clase trabajadora e ideológica y políticamente de centro-izquierda (según sus declaraciones al diario El País, 3 de agosto de 2020). Estas características le valieron el apoyo, entre otros, de muchos colectivos y figuras feministas que la vieron como la posibilidad de que el máximo cargo de poder político en la ciudad fuera ejercido por una mujer con un proyecto afin. Esta elección generó esperanza dada la histórica exclusión de las mujeres de la toma de decisión política, pero además, porque Bogotá tiene una larga trayectoria de lucha feminista que ha posicionado las políticas de mujer y género como un asunto central en las agendas del gobierno distrital, de allí que, tener una alcaldesa fuera visto por muchas como un logro sobresaliente de este largo proceso de lucha.

Desde luego, gobernar no es fácil y menos una ciudad de más de siete millones de habitantes, que enfrenta viejos problemas de corrupción, segregación, desigualdad y marginación, y nuevos problemas, en particular la situación inédita de la pandemia causada por el covid-19, que enfrentó a todos los gobiernos del mundo a una crisis, sanitaria, social y económica sin precedentes. Sin embargo, quienes se postulan para gobernar asumen la responsabilidad de lidiar con lo viejo y con lo nuevo, y como muchos y muchas gobernantes alrededor del mundo la alcaldesa tomó decisiones que pusieron en cuestión al menos su compromiso con las mujeres, con los ideales de igualdad o con la justicia social en la ciudad.

Una fractura evidente, incluso, desde antes de la pandemia, cuando sus ideas políticas empezaron a cuestionar sus propios presupuestos de partida. Denominar, por ejemplo, su plan de desarrollo como un nuevo contrato social y ambiental del siglo XXI fue indicativo de que en realidad su proyecto político estaba profundamente permeado por ideas cuestionadas desde algunas teóricas feministas que han mostrado cómo la metáfora del contrato social oculta que en realidad los pactantes en este tipo de acuerdo son los sujetos investidos de poder y autoridad por el poder político y económico, marginando una vez más a quienes están desposeídas/os y que en realidad nunca han sido reconocidos como pactantes de pleno derecho.

Esto no es un asunto menor. En el infinito mundo de las metáforas políticas proponer de nuevo un contrato social implicó claudicar frente a las lógicas liberales y neoliberales más añejas, al tiempo que colocar sobre la mesa el hecho de que en realidad sus ideas se ubicaban mejor en el centro derecha.

Esos primeros actos de gobierno fueron sintomáticos de una serie de decisiones, posiciones y acciones que han marcado la acción de la gobernante y que deben ser revisados desde una perspectiva crítica ya que el feminismo como campo político debería permanecer en una posición autorreflexiva de modo que sus posturas políticas no caigan en las trampas que pueden llevar a respaldar una gobernante sólo por un asunto identitario casi esencialista sin tener en cuenta cómo un gobierno puede afectar de manera desproporcionada a mujeres de grupos sociales empobrecidos o marginados y a muchos otros colectivos cuyas necesidades, intereses y demandas hacen parte de las agendas feministas. Veámos:

Aumento de pobreza

En su Plan de Desarrollo la alcaldesa incluyó por primera vez un sistema general del cuidado, lo que representó una innovación en tanto reconoce que el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres representa una de las expresiones más injustas del orden de género en tanto este trabajo no es reconocido como tal, concentra la mayor parte de su energía y tiempo y pasa desapercibido en las cuentas de la macroeconomía. En cierto sentido un estado que ofrece guarderías, albergues, centros de cuidado de adultos y adultas mayores, y otras infraestructuras de servicios sociales, está cumpliendo su parte en las labores del cuidado y por tanto descarga a las mujeres para que puedan realizar otro tipo de actividades.

En la práctica, sin embargo, la cuestión es más compleja en tanto este tipo de oferta institucional parece más que insuficiente en una ciudad que según el Dane (2021) en el 2020 tenía 3,35 millones de personas por debajo de la línea de pobreza monetaria (16% de todo el país) y cuyo coeficiente de Gini pasó de 0,498 en 2017 a 0,559 en 2020, lo que quiere decir que Bogotá es la ciudad con mayor desigualdad en el país. Alcaldías como las de Luis Eduardo Garzón, Clara López y Gustavo Petro habían mostrado cómo una importante inversión social permitía obtener notables resultados, como la disminución de la brecha entre ricos y pobres, la disminución de la desnutrición infantil, infraestructura y cobertura en educación infantil, primaria y secundaria, además de un importante red de servicios sociales para llevar salud a los barrios, comedores comunitarios, guarderías y centros día de jóvenes y adultos y adultas mayores, unidades de desintoxicación para adicciones y centros de atención itinerantes para habitantes de calle. Todo esto representó mejoras importantes en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, pese a lo cual fue desmontado por el posterior gobierno de Enrique Peñalosa quien gobernó de acuerdo a las lógicas del capitalismo trasnacional y para su propio interés, como cuando entregó enormes obras de infraestructura con ventajas totales para los empresarios a costa del erario.

Desde luego, todas las medidas tomadas para controlar la pandemia afectaron de manera negativa sectores claves de la economía lo que se tradujo en desempleo y afectación de los ingresos de miles de hogares bogotanos. Para muchas familias no salir un día a la calle implica no tener recursos para comer, y no se trató de un solo día, las restricciones en la ciudad se extendieron por meses de modo que según lo publicado por el Dane (2021) el 36 por ciento de las personas que habitan en esta ciudad apenas come una o dos veces al día. Sería parcial atribuir la responsabilidad exclusivamente a las medidas de la alcaldía, sin considerar la responsabilidad del gobierno nacional, sin embargo, y según lo realizado por esta administración, se requería un compromiso mucho más decidido de la misma con aquellos para quienes las condiciones materiales han sido históricamente más frágiles y requerían medidas inmediatas para paliar la falta de ingresos, en perspectiva de los cuales las centrales obreras, muchos movimientos sociales, entre ellos el feminismo, una y otra vez demandaron una renta básica que habría protegido a estos sectores sociales.

La misma, como es conocido, es una herramienta de gobierno que parte de la premisa de que toda persona tiene una dignidad humana que debe ser protegida y garantizada, con independencia de las lógicas del trabajo y del mercado, es decir, que es una tarea del Estado en general, y en particular de los gobiernos, en cualquier nivel territorial. Sin embargo el clasismo de nuestro sistema político ha fijado el prejuicio según el cual aquella persona que recibe trasferencias monetarias es un parásito, dependiente y perezoso. Habría que anotar sin embargo, que una renta básica no es un sueldo, no es todo lo que requiere una persona para vivir sino, simplemente, una base que garantiza que no se va a padecer hambre, que va a poder pagar los servicios públicos y poco más. Simplemente garantiza que miles de personas tengan lo mínimo para su subsistencia. Pero, como con muchas otras medidas de protección del Estado, esta fue considerada por los economistas neoliberales como un gasto innecesario, que genera lógicas de dependencia e incluso, de perturbar la libre dinámica del mercado. Lo curioso es que se señala este aspecto y no la evasión de impuestos de los grandes capitales, las inyecciones de capital al sistema financiero e incluso las trasferencias monetarias que se hicieron a las grandes riquezas por parte del gobierno nacional.

La alcaldía de Bogotá en muchos espacios afirmó que había aprobado una renta básica, pero esta no llegó a todas las personas que lo requerían, con el monto que era necesario ni con la suficiente rapidez que se requería. Por otro lado, el Congreso de la República ni siquiera consideró seriamente esta propuesta de modo que la pobreza y la desigualdad que impactan de manera más violenta a las mujeres y jóvenes de los sectores populares, no fue enfrentada de manera consistente, de modo que hoy habitamos una ciudad con más pobres y mucho más desigual.

Migrantes

Un segundo tema en el que la alcaldesa López se alejó no sólo de postulados de la ética del cuidado, o de políticas feministas, es su tratamiento a la población migrante venezolana en Bogotá. Varios de sus pronunciamientos públicos reprodujeron posiciones abiertamente xenófobas que son aún más graves dada la autoridad que tiene en un contexto ya de por sí convulso, en tanto para una población agobiada por las necesidades, la incertidumbre, la inseguridad, lo más sencillo e inmediato es culpar de sus problemas y miedos al migrante, al pobre, al diferente.

Tal vez la situación más grave se presentó cuando la alcaldesa anunció la creación de un comando especial para combatir los delitos cometidos por población migrante, reproduciendo el prejuicio según el cual el clima de inseguridad en la ciudad podía ser atribuido a su presencia en la ciudad. Incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expresó en este contexto que los “mensajes y políticas públicas que califican a personas migrantes como delincuentes promueven estigmatización y animadversión”, ya que de manera arbitraria atribuyen la responsabilidad del incremento en los índices de violencia y criminalidad a personas que con mucha mayor frecuencia son víctimas del prejuicio y la exclusión.

La xenofobia y el racismo son inexcusables. Recibir y atender una ola migratoria es un reto para cualquier gobierno, la cual no se resuelve asumiendo posiciones racistas y xenófobas pero también aporofóbicas, en tanto seguramente migrantes de élite o con grandes capitales son recibidos sin ninguna distinción ni reparo. Las grandes mayorías, sin embargo, que pasan por una situación muy difícil por su pobreza, por tener niños y niñas pequeñas, porque muchas de ellas estaban en embarazo, las han perseguido, estigmatizado y violentado de innumerables maneras y, de hecho, no han recibido un mínimo de atención, albergues, por ejemplo, mucho menos oportunidades de trabajo para alcanzar un mínimo de dignidad.

Protesta social

El estallido social de la juventud colombiana que tomó impulso en noviembre de 2019, y de nuevo se activó en abril de 2021, fue fotografiado, grabado en video y trasmitido en directo y para muchos y muchas fue evidente cómo las autoridades colombianas dieron una respuesta militar a esa expresión política. Las juventudes de sectores populares, estudiantiles, de los grupos étnicos, entre otros, se tomaron las calles para exigir lo mínimo: educación, salud, oportunidades dignas de trabajo y garantías de buen vivir o bienestar y lo que recibieron en cambio fue fuerza letal por parte de la policía, del Esmad, de algunas unidades militares que fueron desplegadas en las ciudades e, incluso, de civiles armados que apuntaron sus armas contra quienes sólo se defendían con los precarios equipos acondicionados por la primera línea.

Esta dolorosa situación ha dejado personas con mutilación ocular, asesinados, víctimas de violencia sexual, desaparecidos/as, torturadas/os, y cada vez más personas enfrentando gravísimos cargos ante autoridades judiciales. Todo esto pasó ante nuestros ojos y está grabado, la juventud lo gritó en las calles y sin embargo la respuesta de la alcaldesa y su secretario de gobierno sólo ayudó a la estigmatización de la protesta social, su reacción fue incluso de instrumentalización de la grave situación con fines políticos, para atribuir culpas y señalar responsabilidades en sus adversarios, sin nunca respaldar a esa juventud que estaba siendo masacrada. Claudia López no señaló en su momento el carácter criminal de los asesinatos cometidos por el Esmad, no denunció las desapariciones, ni las detenciones arbitrarias, tampoco tuvo una voz de respaldo que pusiera en el debate público la legitimidad de los reclamos que se expresaban en la calle y en la plaza pública.

López olvidó que la protesta social es un mecanismo de participación política y que garantizarla forma parte de las bases de la democracia. Solamente meses después, y gracias a un informe validado por la ONU y consultores independientes, se presenta a la opinión pública para ofrecer disculpas por la masacre, pero cuando tuvo que enfrentar y tomar posición prefirió en algunas ocasiones el lado del represor, y en muchas otras el del silencio.


Desprotección a población transgénero

La injusticia social es un entramado de varios ejes de poder que ubican a algunas personas en situaciones de mayor vulnerabilidad, ante lo cual el Estado debe tomar medidas mucho más allá de lo mínimo para ofrecerles garantías materiales de vida y de protección frente a la exclusión y la violencia.

Este es el caso de las mujeres transgénero que en su mayoría están condenadas a trabajos peligrosos o estigmatizantes, tanto que se estima que su expectativa de vida no supera los 35 años. Son asesinadas o mueren debido a la desigualdad que les impide gozar hasta de lo mínimo, como un techo, comida o incluso atención médica; es por ello que el caso de Alejandra Monocuco, mujer transgénero fallecida en mayo de 2020, en pleno confinamiento, es emblemático ya que murió ahogada sin recibir adecuada atención médica.

No es posible determinar qué habría pasado de haber sido atendida en condiciones adecuadas, sin embargo este es un grave caso de injusticia social que ni siquiera mereció una reacción inmediata por parte de la alcaldesa dado que Alejandra, como mujer del colectivo Lgbtiq+, merecía algo más que la omisión o la mudez que sólo se rompió luego de la ola de indignación que generó el caso. Lo problemático de esto es que al no tomar medidas para ofrecer garantías de vida dignas a las mujeres transgénero, situaciones de este tipo siguen ocurriendo con frecuencia. Con demasiada recurrencia se registran muertes que parecen no concitar la responsabilidad del Distrito, a pesar de contar desde hace años con una política pública específica para el colectivo Lgbtiq+, y de una política pública de mujeres y equidad de género.


Tratamiento a comunidades indígenas en el parque nacional

Finalmente, hay que señalar lo que ocurre en pleno centro de la capital, en el Parque Nacional, donde entre 800 y 1.000 indígenas han demandado durante meses la atención de los gobiernos nacional y distrital. Sus peticiones de nuevo son por lo básico: salud, educación y vivienda, condiciones mínimas que les han negado históricamente. En este grupo hay al menos 250 niños y niñas que duermen en cambuches de plástico y lonas negras bajo las copiosas lluvias y el frío bogotano.

De acuerdo a las fuentes de prensa consultadas, la mayoría proviene del departamento del Chocó y huyeron de enfrentamientos entre grupos armados. Estas personas han sido desplazadas de sus territorios por la violencia y la incapacidad del Estado para protegerles; han tomado la plaza como último recurso para hacerse visibles ante un país y un gobierno indolentes.

En este periodo de gobierno se han presentado otros actos similares, y aunque de otros lugares han salido sobre la base de negociaciones, parece primar la tendencia reactiva al desalojo. De nuevo la vía policiva se privilegia, por encima del diálogo o la concertación que es descartada cuando se dice frente a la opinión pública que es la terquedad de las comunidades indígenas la que impide la negociación. Estas personas no quieren ir a otro lugar mientras no logren ser escuchados y sus demandas tomadas en cuenta. Posiblemente esta lucha trasciende las posibilidades de un gobierno distrital, pero ofrecer un trato digno y de respeto es posible. Hoy la actitud de la Alcaldía parece ser de indiferencia y está muy lejos de un compromiso ético con el cuidado o con el feminismo.

Más que una declaración de agravios y errores, este escrito pretende generar reflexión entre las feministas ya que el feminismo más que un discurso es una práctica política con la enorme responsabilidad de concretar una política distinta. No por un esencialismo que endilgue bondad o buen hacer a las mujeres, sino porque nos hemos propuesto como tarea la erradicación de todas las formas de injusticia que afectan a las mujeres, sobre todo y con mayor razón a las desposeídas, a las marginadas, a las víctimas del racismo o del heterosexismo. Cada vez más se escucha en las movilizaciones que el feminismo será antiracista y anticapitalista o no será, y esta reflexión pretende que ese lema atraviese los análisis que hacemos y que nos lleve a exigir más a quienes tienen más responsabilidad, y este es el caso de la alcaldesa López.

* Fuente de los datos: Dane, Pobreza y condiciones de vida, Pobreza monetaria y pobreza monetaria extrema 2020, publicado 29 de abril de 2021.

 

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Perdida en los viajes y en los privilegios

Antes de la pandemia decidí viajar sola, por primera vez, a Taganga, para realizar un curso de buceo. En mis viajes acompañada tenía como premisa dejar que el azar marcara el camino, muchas veces llegamos al terminal de buses y allí nos montábamos en el primer bus que saliera hacía cualquier lado; sin embargo, ante la idea de viajar sola planeé cada uno de los minutos y elegí los hostales pensando que quedaran en zonas centrales. Pensé en mis itinerarios, en cada uno de los días, y les confieso que estaba muy asustada.

Había viajado sola otras veces, en el marco de trabajos de campo, seguramente viajes más arriesgados y complejos, pero en los cuales me sentía protegida y con una agenda clara. Viajaba a lugares donde la guerra era y es la cotidianidad; a los llanos del Yarí, La Macarena, Belén de los Andaquíes, Tibú, Caldono, San Andrés de Tello, Santa Ana, Planadas… y nunca me sentí en riesgo.

En esas experiencias era yo espectadora de las violencias que sufrían otras mujeres, y al ser la “abogada” o la “investigadora”, tenía ciertas licencias que no tenían las mujeres de la zona. Descubrí lo profundo del patriarcado y el machismo. Varios momentos se vienen a mi mente, en los cuales puedo relatar lo que implica ser mujer en estas regiones. Compartiré dos de estos recuerdos, que están asociados a los pensamientos que siguen anquilosados en nuestra sociedad y que hacen del mundo un espacio inseguro para las mujeres, en ellos podemos entender que un lugar de privilegio económico nos da a las mujeres mayor capacidad de decisión, sin embargo, nunca estamos a salvo del todo, porque el patriarcado no es únicamente un asunto de clases.

Recuerdo 1: Un día en un caserío un señor de unos 60 años, sembrador de coca, se acerca al lugar donde estábamos departiendo a preguntar por “los ecuatorianos”. Las personas que estaban allí contestaron: “se fueron del pueblo hace dos semanas”. El señor, con un aire de desaliento, me mira y me dice: “Mija, me vine por acá a comprar una mujer, es que la necesito para la finca, hace dos meses pasaron unos ecuatorianos vendiendo muchachas, indiecitas jóvenes, pero en ese momento no tenía la plata y ahora les ando siguiendo el rastro para ver si me consigo mi mujer, las otras que he tenido me han dejado botado, pero esta que compre no podrá hacer nada porque será mía”. El señor me miraba con un aire de deferencia, hasta con temor; yo era la “abogada”, sin embargo, hablaba de otra mujer, otro ser igual a mí, cómo algo que se puede comprar, que él puede esclavizar. Esta idea me dejó una sensación de absurdo en el cuerpo que aun hoy no me puedo quitar y ni siquiera explicar.

Recuerdo 2: Llevaba varios años visitando el caserío de Pueblo Nuevo, el que había quedado prácticamente solo tras el imperio de la “seguridad democrática”, escasas 15 familias permanecían allí porque no tenían más opción, sin embargo, desde el 2008 empezó a retornar la gente. En 2010 montaron un burdel en el pueblo y cuando esto sucedió el presidente de la junta me dijo: “Mija, esto se compuso, cuando abren el chonto es que la economía crece de nuevo”.

Sus palabras no quedaron en el aire y quise visitar tal lugar, ya que llevaba más de 10 días en el pueblo y no había visto a ninguna de las mujeres que trabajaban en el burdel. Le pedí a una amiga, presidenta de una organización de mujeres, que me permitiera entrar a tal sitio. Ella estaba encargada de hacer las pruebas de VIH a las mujeres que trabajaban allí, así que podría acompañarla al día siguiente. Llegamos temprano en la mañana, una hora en la que un burdel es muy similar a cualquier casa de familia, con muchas mujeres acompañándose. La luz del sol se posaba sobre sus rostros cansados tras la noche en que se alargaba su trabajo, estaban allí conversando y peinándose entre ellas. Me contaron que la dueña del establecimiento era quien salía a mercar, ellas no podían andar en el caserío (que era una sola calle) en el día, y esta era una regla que, según escuché, habían puesto las mujeres “decentes” del pueblo, mujeres que tenían que ver todas las noches a sus maridos y sus hijos salir hacía el burdel, así que ellas debían permanacer allí encerradas y tenían permiso para salir, una vez al mes, a ver a sus familias. En este contexto los hombres nunca perdían, no eran responsables de decidir ir al burdel, ni responsables de la furia de sus esposas. Toda esta estructura era responsabilidad de las mujeres.

Estos recuerdos me atormentaban pensando en mi viaje en soledad, aunque en mis viajes de campo estaba protegida por el “rol” que cumplía, ahora que estaba pensando en ser una “turista”, sola en el mar Caribe, era posible que yo también sufriera alguna de estas violencias, basadas en la idea de que una mujer que esta viajando sola “anda buscando macho”, o “al dueño de su vida”, o la otra justificación para violentar a una mujer, sintetizada en el dicho: “eso le pasa por paticaliente”, o “quién la manda a estar dando casquillo”, es decir, esa idea generaliza de que si habló muy duro, o se puso ropa “indecente”, es porque disfruta su cuerpo y eso da vía libre a los abusos.

En mis días de viaje, a pesar de todas mis prevenciones, sufrí violencias. Un día, caminando por la playa, se acercó un señor de 65 años (en ese entonces mi papá tenía 58), preguntándome qué “¿Por qué tan solita?”. Otro día me vi perseguida por un grupo de hombres a lo largo de una cuadra, gritándome cosas, y me tuve que resguardar en una casa de familia.

El viajar sola me permitió entender que, a pesar de mis privilegios, también cargo miedo al patriarcado y su violencia; ese miedo no me hace olvidar mis privilegios y me cuestiona sobre mi pasividad a la hora de presenciar actos de violencia cotidianos contra las mujeres.

Estos recuerdos que acabo de narrar siempre estuvieron en mi cabeza, pero en esos viajes no logré conectarlos rápidamente con acciones políticas concretas o protestas ante lo sucedido, como sí hice con hechos más abstractos como la falta de tierras y de oportunidades para los campesinos y campesinas, las violaciones a los derechos humanos por parte del Estado, entre otras. Al fin de cuentas esos temas son más “científicos”, más “objetivos”, y aceptados en los círculos intelectuales y de izquierda.
Hoy me pregunto ¿Por qué mi silencio ante estos hechos de horror? ¿Por qué si me he declarado feminista no protesté ante esos sucesos, o por lo menos no se volvieron motivaciones vitales de mi trabajo?

Aún no tengo una respuesta clara, quizás entonces, como ahora, en algunos asuntos asumo una postura cómoda, o lo considero “normal” para el contexto. Se que mantener una actitud vigilante ante todas las violencias es muy complejo, y este no es un mea culpa, somos esa amalgama entre el impulso de querer cambiar las cosas y una sociedad violenta que nos ha construido membrana a membrana. Pero valoro la posibilidad de haber podido observar mi privilegio, en una estructura social que nos aísla de aquellos que no se nos parecen.

Para mi reflexión y su reflexión, finalizaré con una frase de Hannah Arendth en su impresionante libro “Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad”, donde esta filosofa realiza un detallado recuento del testimonio de un oficial nazi que envío a miles de judíos a morir en los campos de concentración y las cámaras de gas, en cumplimiento de las leyes alemanas de esa época: “Lo más grave, en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras instituciones jurídicas y de nuestros criterios morales, esta normalidad resultaba mucho más terrorífica que todas las atrocidades juntas, por cuanto implicaba que este nuevo tipo de delincuente –tal como los acusados y sus defensores dijeron hasta la saciedad en Nuremberg–, que en realidad merece la calificación de hostis humani generis, comete sus delitos en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de maldad”**.

* Decirle a una mujer que es una perdida es decirle que ha incumplido con todo lo que se esperaba de ella, así que nosotras queremos reivindicar ese perderse de las mujeres, porque han fracturado el molde patriarcal que las acecha. En Relatos de Mujeres Perdidas presentaremos tres narraciones acerca de mujeres que se atrevieron a tomar decisiones rebeldes: viajar, salir solas, levantarse en armas, romper vínculos… en fin, confrontar la vida que el patriarcado nos niega.
A las mujeres y niñas nos guardan en las casas dizque para cuidarnos, para resguardarnos del peligro, mientras a los varones les permiten explorar el mundo, ser ellos. Cuando las mujeres nos atrevemos a salir del mundo privado, liberamos nuestra potencia, y de paso, convidamos a otras con nuestra rebeldía.
Estas narrativas nos dejarán ver algo de ello. Están hiladas como un tritono disonante y subversivo, figura musical que se ha considerado siniestra desde el Medioevo, y las mujeres que aquí tejen sus historias, se han hecho cada vez más feministas y más siniestras. En sus historias perdidas encontraron algo de conexión con su identidad y potencia, así que aquí está la tercera entrega de nuestro sexto tritono.
Erika Rodríguez Gómez @unaconcubina
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** Arendt, Hannah. Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal. Editorial Lumen, 1999, p. 165.

 

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