Descubren por qué el cerebro consume tanta energía incluso si está inactivo

Un equipo de científicos ha descubierto que el cerebro humano puede llegar a consumir hasta 10 veces más energía que el resto del cuerpo, hasta el 20% de ingesta de energía en promedio cuando se está en reposo.

Es probable que este estudio haya descubierto uno de los grandes misterios de la neurociencia humana, ya que el cerebro es un órgano prácticamente inactivo que necesita bastante energía.

La investigación publicada en Science, atribuye la respuesta a un diminuto devorador de energía que se esconde dentro de las neuronas.

Cuando una célula cerebral transmite una señal a otra neurona, lo hace a través de una sinapsis, un pequeño espacio entre ambas. Todo inicia cuando la neurona presináptica envía un montón de vesículas al final de su cola, la más cercana a la sinapsis, estas vesículas absorben los neurotransmisores del interior de la neurona, actuando como sobres que contienen mensajes y necesitan ser enviados.

Estos sobres llenos son transportados hasta el borde de la neurona, donde se acoplan y se fusionan con la membrana, liberando sus neurotransmisores en la brecha sináptica. Una vez allí, estos transmisores se conectan a los receptores de la célula postsináptica, continuando la transmisión del mensaje.

Los pasos de este proceso fundamental requieren una gran cantidad de energía del cerebro, especialmente cuando se trata de la fusión de las vesículas, ya que las terminaciones nerviosas más cercanas a la sinapsis no pueden almacenar suficientes moléculas de energía, lo que significa que tienen que sintetizarlas por sí mismas para conducir los mensajes eléctricos en el cerebro.

Así que tiene sentido que un cerebro activo consuma mucha energía. Pero, ¿qué le ocurre a este sistema cuando una persona que está en coma mantiene el cerebro en reposo?

Para saber esto, los investigadores diseñaron varios experimentos con terminales nerviosas, en los que se comparaba el estado metabólico de la sinapsis cuando estaba activa y cuando estaba inactiva. Así notaron que incluso cuando los terminales nerviosos no disparaban, las vesículas sinápticas tenían una elevada demanda de energía metabólica, demostrando que inclusive los cerebros de los pacientes en coma que tienen diagnóstico de muerte cerebral, consumen entre dos y tres veces menos energía que un cerebro activo.

Eso significa que la bomba responsable de expulsar los protones de la vesícula y, por tanto, de aspirar los neurotransmisores, parece no descansar nunca y requiere un flujo constante de energía para funcionar. De hecho, esta bomba oculta fue responsable de la mitad del consumo metabólico de la sinapsis en reposo en los experimentos.

Según los investigadores, esto se debe a que esta bomba tiende a tener fugas. Así, las vesículas sinápticas derraman protones constantemente a través de sus bombas, incluso si ya están llenas de neurotransmisores y si la neurona está inactiva.

"Dado el enorme número de sinapsis en el cerebro humano y la presencia de cientos de vesículas sinápticas en cada una de estas terminales nerviosas, este coste metabólico oculto de devolver rápidamente las sinapsis en un estado listo se produce a costa de un importante gasto [de energía presináptica] y de energía, lo que probablemente contribuye a las demandas metabólicas del cerebro y a su vulnerabilidad metabólica", argumentaron los investigadores.

Aunque aún no se sabe cómo pueden afectar a los distintos tipos de neuronas esas elevadas cargas metabólicas, los científicos creen que estos hallazgos pueden ayudar a entender mejor por qué el cerebro humano es tan vulnerable a la interrupción o debilitamiento de su suministro de energía.

4 diciembre

(Tomado de Sputnik)

Australopithecus sediba "caminaba como humano y trepaba como simio": expertos

 El esqueleto femenino, llamado Issa, es considerado "un eslabón perdido" que resuelve un debate de décadas, avalan más de 15 instituciones

 

Científicos de las universidades de Nueva York, Witwatersrand y otras 15 instituciones, descubrieron que el Australopithecus sediba "caminaba como humano pero, también, trepaba como simio".

Los expertos de la Universidad Witwatersrand de Johannersburgo, en Sudáfrica, y otras 15 instituciones anunciaron en la revista de acceso abierto e-Life, el descubrimiento de vértebras fósiles de 2 millones de años de antigüedad de una especie extinta de pariente humano antiguo. Los fósiles fueron hallados en 2015 durante las excavaciones de una pista minera que corre junto al sitio de Malapa, patrimonio mundial de la cuna de la humanidad, al noroeste del poblado sudafricano.

Precisamente, en Malapa es donde, en 2008, Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand, y su hijo de nueve años, Matthew, descubrieron los primeros restos de lo que sería una nueva especie de antiguo pariente humano llamado Australopithecus sediba.

Aseguran que es "un eslabón perdido" que resuelve un debate de décadas y que demuestra que los primeros homínidos usaban sus extremidades superiores para trepar como simios y las inferiores para caminar como humanos.

El descubrimiento ha sido posible gracias a la recuperación de nuevas vértebras lumbares de la columna de un individuo de Australopithecus sediba de hace dos millones de años. Este hallazgo, junto con vértebras descubiertas antes, forman una de las partes lumbares más completas del registro fósil y dan una idea de cómo este antiguo pariente humano caminaba y trepaba.

Las vértebras descritas en el presente estudio se recuperaron en una roca consolidada parecida al cemento, conocida como brecha, en casi articulación.

Para eliminar el riesgo de dañar los delicados huesos, se escanearon con micro-CT en la Universidad de Witwatersrand. Una vez preparadas virtualmente, las vértebras se añadieron a los fósiles recuperados durante el trabajo anterior y se comprobó que encajaban perfectamente en la columna vertebral del esqueleto fósil de los especímenes originales de Australopithecus sediba descritos por primera vez en 2010.

El número de catálogo del esqueleto es MH 2, pero los investigadores nombraron al esqueleto femenino Issa, que significa protector, en suajili. El estudio también determinó que, al igual que los humanos, sediba tenía sólo cinco vértebras lumbares.

Parte fundamental para entender el bipedalismo

"La región lumbar es fundamental para comprender la naturaleza del bipedalismo en nuestros primeros antepasados y para comprender cómo estaban bien adaptados para caminar sobre dos piernas", indicó en un comunicado Scott Williams, de las universidades de Nueva York y Wits, autor principal del artículo.

El descubrimiento de los nuevos especímenes significa que Issa ahora se convierte en uno de los dos primeros esqueletos de homínidos que conservan tanto una columna inferior relativamente completa como una dentición del mismo individuo, lo que permite tener certeza sobre a qué especie pertenece la columna vertebral.

“Si bien Issa ya era uno de los esqueletos más completos de un homínido antiguo jamás descubierto, estas vértebras prácticamente completan la parte inferior de la espalda y hacen que la región lumbar del fósil sea un competidor no sólo por el homínido mejor conservado jamás descubierto, sino también probablemente el mejor preservado”, aseguró Berger, autor del estudio y líder del proyecto Malapa. Agregó que esta combinación de integridad y preservación le dio al equipo una mirada sin precedente a la anatomía de la espalda baja de la especie.

El presente estudio encontró que la lordosis de sediba era, de hecho, más extrema que cualquier otro australopitecino descubierto hasta ahora, y la cantidad de curvatura de la columna observada sólo fue superada por la observada en la columna vertebral del niño Turkana (Homo erectus) de Kenia, de 1.6 millones de años, y de algunos humanos modernos.

En la investigación participaron los investigadores Daniel García Martínez, de la Unidad de Antropología de la Universidad Complutense de Madrid y miembro afiliado del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana, y Markus Bastir, del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Respecto de la integración de la columna lumbar con otras regiones del esqueleto, García Martínez sostuvo que "la capacidad de usar el medio arbóreo para la locomoción también se observa en algunas otras regiones anatómicas, como por ejemplo en su estrecho tórax superior".

Por su parte, Bastir apuntó que “estos resultados de sediba encajan muy bien en las demás reconstrucciones de torsos de homínidos de transición, donde también se observa evolución en mosaico en otros sistemas anatómicos relacionados.

Estudios anteriores de esta especie antigua han resaltado las adaptaciones mixtas a través del esqueleto en sediba que han indicado su naturaleza de transición entre caminar como un humano y adaptaciones trepadoras. Estos incluyen características estudiadas en las extremidades superiores, la pelvis y las extremidades inferiores.

El estudio concluye que sediba es una forma de transición de un antiguo pariente humano, y que su columna tiene una forma claramente intermedia entre las de los humanos modernos (y neandertales) y los grandes simios, concluyó Berger.

'La persistencia de la memoria', de Salvador Dalí, 1931.

Los asombrosos avances tecnológicos de nuestro tiempo generan una enorme variedad de reflexiones sobre los alcances naturales de nuestras capacidades innatas. Este artículo versa sobre una de esas capacidades, la memoria, ante los dispositivos externos para almacenar información. ¿Será que lo mismo ocurrirá con la experiencia?

La memoria, esa inquietante función cerebral que parecía exclusiva de algunos seres vivos, increíble en cuanto a su actividad, está adquiriendo otras formas de almacenamiento. Durante siglos, ejercitarla había sido parte fundamental para el perfeccionamiento de los saberes humanos. Sin embargo, a estas alturas de la historia, las formas de acumulación ya no sólo están depositadas en el cerebro, ahora contamos con dispositivos artificiales digitales con enormes capacidades de retención y procesamiento de datos. Así, el almacenamiento digital de información es la actual forma de memoria y, al mismo tiempo, una de las más inquietantes.

En la Antigüedad se considera que el inventor del arte de la memoria fue el poeta griego Simónides de Ceos, siglo IV aC, aunque esto pueda resultar controversial. La anécdota es que, luego de haber recitado un poema en una especie de banquete, tuvo que salir de aquel sitio. Una vez fuera se desplomó el techo del recinto, aplastando a todos los invitados. Fue tal el destrozo que los cadáveres quedaron irreconocibles. Pero Simónides, quien salió ileso, recordaba los lugares en los que habían estado sentados cada uno de ellos y, por eso, fue capaz de indicar a los familiares de los deudos cuáles eran sus muertos (Yates, 2005).

Para adquirir una buena memoria era indispensable lograr una disposición ordenada de imágenes, de situaciones o de los elementos que debían intervenir para esos propósitos, incluida la secuencialidad que involucra esta actividad cerebral. De manera que las sociedades sin papel, sin fotografías, sin grabadoras de ningún tipo, dependían de la memorización y la fortalecían con manuales o ejercicios repetitivos. Incluso, mucho tiempo antes de que se utilizara la escritura como principal forma de comunicación, el adiestramiento de la memoria era fundamental. De ahí que la retórica fuera considerada como una de las artes más representativas dentro de esa actividad. Mediante ella, se priorizaba el uso de lenguajes cifrados para almacenar la mayor cantidad de recuerdos, utilizando objetos que pudieran funcionar como depósitos de símbolos. Así, los discursos eran construidos mediante secuencias espaciales; se recurría a imágenes cautivadoras o capaces de perturbar al público mediante yuxtaposiciones de figuras dramáticas. Para lograrlo, el orador debía colocar las imágenes inquietantes en los distintos espacios de su esquema mental. A partir de eso, lograba trazar el recorrido en su mente e iba desplegando dichas etapas frente al público.

El no-lugar de la memoria

Más adelante, en la Edad Media, esta práctica también ocupó un lugar central, sobre todo impulsada por los escolásticos. Durante el Renacimiento, su uso estuvo relacionado con la imaginería medieval del conjunto del arte, junto a la arquitectura y los grandes monumentos literarios. Sin embargo, aun con todas aquellas actividades, incluyendo los innumerables ejercicios que han existido, nuestra memoria tiene fallas. Se equivoca. Olvida. Confunde. Agustín de Hipona decía que se puede recorrer la memoria como si de un laberinto se tratara. Pero, al intentar describirla o fundamentarla, descubría que era más compleja: “¿y por qué ando buscando el lugar en que moras, como si ahí dentro hubiese lugares? No hay lugar alguno. Vamos hacia adelante y hacia atrás y no hay lugar”. No hay en dónde situarla. Tampoco se puede explicar a sí misma. Es compleja.

Se dice, además, que el orador Marco Anneo Séneca era capaz de repetir dos mil nombres en el mismo orden en que se le habían dicho, incluida la capacidad de recitar grandes cantidades de versos invirtiendo su orden, es decir, del último al primero. La Ilíada, antes de ser escrita por Homero, era recitada de memoria. Previo a esta versión, existieron otras antes de la de este autor. También Don Quijote juega con los conceptos de memoria; las primeras palabras aluden al nombre de un lugar en específico, pero que al mismo tiempo el autor prefiere no recordar. Es, quizá, una desmemoria intencionada. Una especie de docta ignorantia a la manera de Nicolás de Cusa.

La pérdida de memoria del camino que lleva de regreso a casa también genera angustia. Como ejemplo está el cuento Hansel y Grettel, de los hermanos Grimm. Por su parte, Temístocles se negaba a aprender el arte de la memoria diciendo que él prefería el olvido y no el recuerdo.

El nuevo recinto de la memoria

De ese modo llegamos a nuestros tiempos, cuando pasamos de objetos de almacenamiento de conocimiento como la escritura, los grabados o los libros, a instrumentos digitales con enormes capacidades de procesamiento. La memoria externa. El ejemplo más destacado e inquietante dentro de este ámbito es el llamado GPT-3, que están perfeccionando cada vez más en el laboratorio Openai, en Estados Unidos, enfocado a la inteligencia artificial. Se trata de un sistema desarrollado a partir de 2020, y que tiene la capacidad de aprender, memorizar y utilizar el lenguaje humano. No sólo es capaz de escribir tweets y poemas, ahora realiza funciones más complejas a partir de datos previos.

Al inicio, los investigadores crearon al GPT-3 como parte de una propuesta tecnológica conocida como “modelo de lenguaje universal”. Su objetivo era desarrollar una red neuronal que sirviera para predecir la siguiente palabra a partir de analizar la secuencia de letras precedentes. Sin embargo, el prototipo ha superado las expectativas de los investigadores. Esta red neuronal artificial ya está siendo entrenada con grandes bases de datos; incluso puede escribir códigos para computadoras. Además, el GPT-3 realiza tareas para las cuales no había sido diseñado, todo sin cambiarle ningún código, sólo insertando algunos pocos ejemplos referentes a un nuevo tema. Para lograrlo, este sistema obtiene toda la información de los libros y publicaciones especializadas disponibles en millones de páginas de internet. De alguna manera, de ahí obtiene todo el conocimiento. Su memoria es toda la web.

Nosotros, los humanos, desconocemos la capacidad de nuestra mente. No sabemos cuánta cantidad de información podemos almacenar en ella. Y, sobre todo, ignoramos ese procedimiento natural con el que ella misma se desarrolla. En su obra El cerebro y el mito del Yo (2004), Rodolfo Llinás asegura que la función del cerebro, en términos generales, es la de generar la cognición y la emoción humana, a partir del registro sensorial del mundo externo y del estado corporal asistido por las neuronas. Mediante la síntesis de estas dos informaciones se logra la representación interna de la realidad externa y de nuestra corporalidad, mediando las respuestas motoras generadas frente a las demandas del medio.

Otros resultados científicos determinan que nuestro crecimiento cerebral significa que somos organismos prematuros, inmaduros, y que para madurar en lo físico y psicológico necesitamos de una infancia prolongada; es decir, estamos abiertos al aprendizaje y, debido a la plasticidad cerebral, podemos ser parte de todas las formas de experiencia durante toda la vida. Eso explica, de alguna manera, por qué en la Antigüedad y en el Renacimiento, junto con todas las culturas alrededor del mundo, se han admirado las proezas notables de la memoria.

El arte de la memoria

El conocimiento y la forma de preservarlo ha sido una preocupación de todos los tiempos. Desde aquellas comunidades remotas se ha trabajado con las bases materiales disponibles en el momento. Ahora, las formas de almacenamiento de información y conocimiento se extienden más allá de la memoria natural. Esto, sin duda, transformará la forma de ver y hacer toda posterior labor intelectual.

Lo sorprendente de nuestra memoria contemporánea, fluida, integrada, flexible en el manejo de información procesada, no se formó de inmediato. Se manifestó hace casi 60 mil años, cuando el ser humano fue capaz de generar la evolución cultural. Es el resultado de la mente del homo sapiens sapiens, que se ha venido fraguando desde hace más de 3.8 millones de años, de manera que la trama de la película Matrix, así como buena parte de la ciencia ficción, no son simples delirios creativos o imaginarios. Ya es posible el desarrollo e instalación de programas de aprendizaje. En algún momento de la historia podremos, quizá, aprender a partir de programas elaborados que contengan todas las instrucciones, todo sin necesidad de realizar ejercicios de repetición o de asimilación y reduciendo, además, el temor a equivocarnos.

En su obra Lo que las computadoras no pueden hacer (1979), Hubert Dreyfus decía que “el primer hombre en subir a un ár0bol podría decir que ha hecho un progreso tangible para acercarse a la luna”. Lo mismo puede anticiparse con los dispositivos actuales de almacenamiento digital. Son los principios de la memoria externa. O de otra inteligencia, tal vez superior a la nuestra. Con menos riesgo, quizá, de equivocarse. O con la posibilidad de superarnos; el comienzo de un ars memorativa artificial que competirá con la natura.

14 Nov 2021

Publicado enCultura
Sábado, 16 Octubre 2021 06:03

El hombre que se autorreplicó en robot

El hombre que se autorreplicó en robot

El ingeniero Hiroshi Ishiguro --director del Laboratorio de Inteligencia Artificial en Universidad de Osaka-- se autorreplicó como robot en 2006: Geminoid HI-1 fue su clon con piel de silicona y esqueleto de metal. Lo coronó con su propia cabellera luego de raparse al ras. Ya había experimentado con su hija Risa de 5 años, quien al verse duplicada con realismo pasmoso, no pudo honrar su nombre: gritó de espanto y huyó. Su entrada al arte de replicar fue en asociación con OrientIndustry, fabricante de muñecas sexuales de primerísima calidad (algunas simulan niñas). Allí aprendió la técnica plástica y luego la mecanizó.

El segundo gemelo de Ishiguro fue más avanzado en gestualidad y habla. HI-2 viste de negro como su amo y es más realista que una escultura de Miguel Ángel: se distinguen hasta las cutículas. Sus gestos reflejan melancolía, enojo, escepticismo e introspección con movimientos de boca, cejas, pómulos, frente, brazos, manos y cabeza. Está siempre sentado y no es mucho más que una marioneta parpadeante a control remoto con un ventrílocuo oculto: las palabras le son transmitidas sintetizadas y salen por un parlante bajo un florero. A HI-2 lo hizo más joven que a su hermano mayor: el científico se había retocado el rostro en un quirófano. “Mi anterior geminoide se veía más viejo que yo”, declaró.

El robotista japonés es un pop-star que gira por el mundo dando conferencias algo circenses. Se presenta junto a su alter ego y actúa como si fuesen dos en uno: “el robot es una extensión de mi cuerpo y estamos mentalmente conectados por Internet”. Si la invitación llega de una ciudad que no le interesa, despacha al geminoide y lo teleopera. De lo contrario, se van de viaje los dos. El cuerpo va en una caja en la bodega y la cabeza en su bolso de mano. Al pasar por rayos X la policía aeroportuaria abre el bolso en shock y ve dos cabezas geminianas que se miran cómplices entre sí.

El sueño de Ishiguro es un geminoide suyo dando clase en la universidad y otro trabajando en su laboratorio: los operaría con su Smartphone desde las aguas humeantes de un onsen.

Pido una cita telefónica y la secretaria Makiko me dice que en  determinada fecha y hora Ishiguro me escuchará manejando por la ruta. Llega el día y me atiende en su inglés bacheado y osco: no parece viajar sino acomodar papeles con frenesí, a juzgar por los ruidos. Le pregunto si bromea al decir que humanos y robots “somos lo mismo”. Me explica serio --en frases cortas como dictums-- que siente que sus robots y él son la misma persona. Agrega que llegará el día en que los humanos se enamorarán de androides y estos podrán imitar el enamoramiento: "nuestro próximo paso será representar emoción y deseo”. Ya muchos japoneses aman a personajes de anime y hay empresas que les venden “certificados de casamiento” (es el fenómeno del waifuismo).

Le expongo al entrevistado el planteo de la antropóloga Jennyfer Robertson, quien investigó la relación de los japoneses con los robots y ve un nexo con la religión ancestral, el shintoísmo animista. En el imaginario nipón perduraría la idea de que las cosas contienen una entidad viviente: en una montaña, un árbol o una espada habitan esos “camis”. No es extraño entonces que un objeto que se nos parece mucho y habla, se mueve y mira a los ojos reconociendo una presencia humana, sea percibido como soporte de un alma que ofrece compañía. Me responde con desgano --como si fuese obvio-- que está muy de acuerdo: “creemos que todo tiene un alma y los robots de alguna manera también”. Donde un japonés ve un espíritu “común y corriente”, nos aterrorizamos ante un fantasma. “Los robots son nuestros amigos”, subraya el hombre criado con superhéroes como Astroboy, mientras Occidente era marcado por la autonomía destructiva de HAL 9000 en 2001 Odisea del espacio y Terminator.

Ishiguro explica el objetivo de su trabajo y me descoloca: “descubrir si los humanos pueden llegar a percibir una presencia frente a un autómata, igual que ante otro humano; yo estudio a las personas a través de los robots”. La palabra sonzai-kan --traducible como “presencia”-- es similar a la idea occidental de “aura” que sugería estar ante dios a través de un icono bizantino.

Para rematar la charla, la voz grave casi robótica se confiesa: “sueño hacer un robot irreconocible como tal y totalmente autónomo; quiero cambiar el mundo con las tecnologías. Esto no me genera temor; los robots son parte de la humanidad y sirven para mejorar la vida. Necesitamos la tecnología para ser humanos: no somos monos... si tenemos tasa decreciente de natalidad, ¿por qué no hacer robots?”. Al ser programados, no tendrían libre albedrío y no habría que temer: “si me preguntan en un sentido ético qué es más peligroso, sin dudas son los humanos”.

Ishiguro registra resultados de la interacción con robots. Ha notado miradas lascivas hacia robots femeninos y temor de parte de sus alumnos, quienes al estar horas frente a la réplica de Risa sentían que los seguía con la mirada: debió ponerla contra la pared. El caso extremo fue un joven que en la noche, pensando que nadie lo veía, hablaba a la niña y le tocaba música con una flauta. Su hipótesis es que las personas tendríamos una tendencia instintiva a proyectar en los robots nuestra humanidad. Su experimento más radical fue Telenoid, un bebé blanco y fantasmal que es puro torso y cabeza --sin piernas ni manos-- con hiperrealismo facial casi humano. Lo testeó en ancianos con alto nivel de autismo y depresión: varios comenzaron a acariciarlo, hablarle y reírse como ante un niño.

La última y más perfecta creación del genio de anteojos hexagonales fue Erica, una hermosa y menuda japonesa de flequillo y pelo de propaganda, una recepcionista devenida en presentadora de noticias y actriz de cine. Emite gráciles modos de geisha, simula respirar y es más inteligente que sus predecesores: tiene funciones autónomas que no requieren teleoperación. Hace trabajo esclavo sin quejarse en un canal online de TV y según Ishiguro, esta ninfa congelada en la flor de sus 23 años es una Androidol U. El experimento implica determinar si un robot puede convertirse en una idol japonesa admirada por millones.

El excéntrico Ishiguro declaró que pronto los robots serán tan buenos compañeros sexuales como profesores de inglés. Los Adonis y Venus mecanizades esculpidos por pupilos de Ishiguro correrán con ventaja frente a los de carne y hueso. El magistral gigoló robot en Inteligencia Artificial de Steven Spielberg prefiguró esa industria. Para empujar la evolución cyborg, este narciso oriental que se admira en su reflejo de silicona va por el mundo desperdigando sueños replicantes obsesionado por dotar de personalidad a sus creaciones. Nadie sabe hasta dónde llegará, pero es muy difícil que le alcance la vida para cristalizar su meta de superar el test de Turing: confundir a un autómata con un humano. Las computadoras aún no profetizan el futuro, pero ese día tiene ya su fecha prefijada.

16 de octubre de 2021

Julián Varsavsky es autor del libro Japón desde una cápsula: robótica, virtualidad y sexualidad (Adriana Hidalgo Editora).  

Publicado enSociedad
Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Miércoles, 01 Septiembre 2021 05:47

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enColombia
La OMS emite sus primeras recomedaciones sobre la edición del genoma humano: ¿qué dice el informe?

La necesidad de regular este campo surgió después de que He Jiankui, un científico chino, anunciara que había logrado modificar genéticamente a dos bebés gemelos para evitar que contrajeran el VIH.

El Comité Asesor de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó sus primeras recomendaciones sobre la edición genética en humanos, tras dos años de investigación en la que han participado científicos, pacientes y organizaciones religiosas.

En 2018, después de que se conociera el caso de He Jiankui, un científico chino, que afirmó ser capaz de modificar embriones humanos, lo que resultó en el nacimiento de gemelas con aparente inmunidad al VIH, la OMS encargó a un cómite de expertos en edición genética elaborar una serie de recomendaciones sobre mecanismos de gobernanza nacionales, regionales y mundiales para la edición del genoma humano.

El comité reconoce los beneficios potenciales de la edición del genoma humano "para mejorar la salud humana y la medicina", dando como ejemplos, el tratamiento y la prevención de trastornos genéticos, nuevas formas de promover la resistencia a las enfermedades, contribuir al desarrollo de vacunas, entre muchos otros, destacando que ya lograron notables avances en este sentido, por ejemplo para tratar el VIH.

No obstante, afirman que existen áreas de incertidumbre en cuanto a los posibles beneficios y riesgos, por ejemplo, los rasgos manipulados del genoma humano "podrían transmitirse a generaciones posteriores". También, mencionan la falta de diversidad en las colecciones de muestras humanas o los retos relacionados con las clínicas deshonestas, investigaciones ilegales, poco éticas o inseguras.

El comité recomienda que la OMS asuma un papel de coordinación en los casos de regulación de la edición del genoma, fomento de la cooperación internacional, apoyo de las revisiones éticas de la investigación genética y asesoraminto a los gobiernos de una manera que garantice la coordinación de los estándares internacionales.

Asimismo, se tocaron cuestiones relacionadas con los derechos de propiedad intelectual, destacando la importancia de garantizar el acceso equitativo a intervenciones de edición del genoma humano, como la de trabajar con los países de recursos limitados. El comité recalca la necesidad de crear un conjunto de valores y principios éticos, basados en los objetivos y prioridades de la salud pública. Entre las próximas tareas del organismo internacional, también está la creación de un registro global para la posibilidad de revisar experimentos con genoma humano.

En el documento de la OMS indicaron que tienen previsto crear un grupo de trabajo para poder evaluar el avance de las nuevas tecnologías y promover las actualizaciones de las regulaciones.

Publicado: 15 jul 2021 23:13 GMT

Sábado, 05 Junio 2021 06:43

Negocios contra la naturaleza

Negocios contra la naturaleza

A casi medio siglo de que Naciones Unidas declarara el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente –en su primera conferencia sobre Medio Humano en 1972, en Estocolmo– el panorama ambiental global es mucho peor que entonces.

La ONU ya advertía que la devastación del medio ambiente debido a la sobreexplotación y contaminación de ecosistemas en tierra, mar y aire, así como el avance del cambio climático tendría serios impactos sociales y económicos. En décadas posteriores se multiplicó la institucionalidad ambiental a nivel internacional, con más de 500 instancias oficiales, pero no cambió el rumbo.

Al contrario, aparecieron nuevos impactos, como el surgimiento cada vez más frecuente de epidemias y pandemias de origen zoonótico, como la de Covid-19, relacionados a la devastación de ecosistemas, como reconoce la ONU (https://tinyurl.com/vzcsxt8a).

Desde 2009, el Stockholm Resilience Center planteó que existen nueve grandes "límites ecológicos planetarios", cuya transgresión pone en peligro nuestra sobrevivencia. Se refieren al cambio climático, la erosión de la biodiversidad, la acidificación de los mares, el uso de agua dulce, la destrucción de la capa de ozono, la erosión de suelos, la disrupción de los ciclos de fósforo y nitrógeno, la contaminación atmosférica y la contaminación química y por "entidades nuevas", como compuestos de nanotecnología, plásticos, transgénicos y agrotóxicos.

Todos esos límites se han transgredido o están muy cerca de traspasar un umbral mínimo de seguridad. Una revisión de 2015 mostró que en cambio climático, erosión de la biodiversidad, erosión de suelos y alteración de los ciclos de fósforo y nitrógeno la situación es realmente muy grave, pero podría serlo también en otros sobre los que no hay suficientes datos.

Esto no sucedió por falta de conocimiento sobre su impacto, sino pese a ello. Por ejemplo, más de las tres cuartas partes de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que causan el cambio climático fueron emitidas después de 1972. Décadas antes se sabía que los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) son el mayor factor de esas emisiones. Cien empresas ligadas a la extracción y producción de esos combustibles (empresas de energía y construcción), la mayoría trasnacionales, son causa de las dos terceras partes de emisiones globales de GEI. Gases que también son causa de la acidificación de los mares.

El sistema alimentario agroindustrial (desde semillas industriales a supermercados) basado en extensos monocultivos, con uso intensivo de maquinaria, semillas híbridas y transgénicas, fertilizantes sintéticos y agrotóxicos, está directamente ligado a la transgresión de límites planetarios: por uso y contaminación de agua dulce (la agricultura industrial usa y contamina 70 por ciento del agua dulce disponible), por disrupción de los ciclos naturales de nitrógeno y fósforo (ambos componentes de los fertilizantes sintéticos), por erosión y pérdida de suelos, por erosión de la biodiversidad agrícola y forestal, por deforestación (más de 70 por ciento de la deforestación global es a causa de la expansión de la frontera agropecuaria industrial), por contaminación con agrotóxicos, plásticos, transgénicos y otras sustancias químicas.

La destrucción de bosques, manglares, humedales y praderas naturales, debida a esas industrias (agropecuaria-alimentaria industrial y de extracción y producción de energía fósil) junto a mineras, megaproyectos viales y urbanización descontrolada, producen una devastación de la biodiversidad sin precedente, que también es origen de enfermedades zoonóticas. Esos ecosistemas son además fundamentales para absorber el exceso de carbono en la atmósfera.

Por ello, Naciones Unidas declaró una Década de la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), comenzando este 5 de junio. El reconocimiento de la importancia de ecosistemas como bosques, manglares y humedales, así como la urgencia de su restauración es fundamental. No obstante, las industrias que han provocado su destrucción están en una carrera para hacer nuevos negocios, lo cual aumentará la devastación. La receta se llama ahora "soluciones basadas en la naturaleza". Es una nueva ola de venta de servicios ambientales, de expropiación y privatización de bosques, tierras y territorios, inventando áreas para "secuestrar" carbono, para imponer desde transgénicos a monocultivos y plantaciones de árboles. Intentan acceder a nuevas áreas naturales y territorios, para generar bonos transables en mercados de carbono o "compensaciones por biodiversidad", lo cual también podría conllevar la expulsión de las comunidades que allí viven. Como señala el Movimiento Mundial por los Bosques en su boletín 255 sobre este tema, no son "soluciones", sino despojos basados en la naturaleza (https://tinyurl.com/2wum6kxw).

Los principales actores para la restauración de ecosistemas son las comunidades rurales campesinas e indígenas, que con sus formas de vida los han cuidado e impedido que haya una destrucción aún mayor. Por ello es imprescindible que se respeten todos sus derechos y se les apoye a partir de sus propias formas de organización y de sus decisiones, no de programas externos o para integrarlos a esos negocios que destruirán aún más la naturaleza y a las propias comunidades.

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
La evolución del hombre en una ilustración utilizada por Thomas Huxley, firme defensor de Darwin en su época. — ARCHIVO

Se cumplen este año 150 años de la publicación de uno de los libros más influyentes de Charles Darwin, 'El origen del hombre', posterior a y menos conocido que el pionero 'El origen de las especies'.

 

Se cumplen este año 150 años de la publicación de uno de los libros más influyentes de Charles Darwin, El origen del hombre, posterior a y menos conocido que el pionero El origen de las especies. Con sus aciertos y sus errores, esta obra, con la que culminaba la exposición de su teoría de la evolución, tuvo un gran peso en el desarrollo de las modernas teorías científicas en esta área y tres de sus más importante enunciados han sido reforzados por la ciencia, recuerdan varios especialistas siglo y medio después.

Se confirma, por ejemplo, que los seres humanos compartimos muchas características (ahora se sabe que entre ellas está el 96% del material genético) con los simios antropoides como el gorila y el chimpancé, de los que nos separamos evolutivamente hace entre 8 y 6 millones de años. Además, los humanos tenemos la habilidad de un alto nivel de cooperación, reforzado por las normas morales y sociales. Por último hemos ampliado mucho la capacidad de aprendizaje social que vemos en otros primates. Es lo que dicen el conocido etólogo y primatólogo Frans de Waal y sus colegas Peter Richerson y Sergey Gravilets, en la revista Science al evaluar la situación actual a la luz del aniversario.

Para Darwin estaba claro que los humanos actuales eran animales, vertebrados, mamíferos y primates, descendientes de un ancestro común, y que constituyen una misma y única especie, lo que refutaba la teoría racista de que existían varias especies humanas. Darwin también creía que la cultura y la evolución cultural son especialmente importantes para el progreso y constituyen la fuente principal de variación, que se trasmite por la imitación y la educación. La selección natural queda así en un segundo plano. Finalmente aseguraba que la cooperación y el sentido moral, "la mejor y superior diferencia entre el hombre y los animales inferiores", evolucionaron a partir de las tendencias a la ayuda mutua y la abnegación que son "comunes a la mayor parte de los animales sociales", algo revolucionario para su época. De hecho, solo bastante recientemente la ciencia ha estudiado y confirmado tanto esto como la existencia de cultura animal.

Además, Darwin pensaba que era más probable que nuestros antepasados vivieran en África que en cualquier otro lugar, aunque no lo pudo probar, frente al eurocentrismo de muchos de sus colegas de la época. También eso se ha confirmado. Lo que no pudo llegar a ajustar en su teoría es la pregunta que cualquiera se hace: "¿Por qué nosotros?", respecto al salto que representa la gran diferencia mental (y de tamaño cerebral) entre humanos y sus parientes más cercanos. A esa pregunta resulta que todavía no existe una respuesta aceptada de forma general, reconocen De Waal y sus compañeros, aunque hay muchas teorías interesantes.

Entre los cambios evolutivos que emergieron en el desarrollo de la especie humana sobresalen los que llevaron a la aparición de sistemas sociales para apoyar a las madres cuyos bebés nacían sin poderse valer por sí mismos y tenían luego un lento desarrollo, al contrario que en la mayoría de las especies. Esa evolución dio por fruto un alargamiento sustancial del intervalo entre nacimientos y una vida más larga. Asimismo, el lenguaje es un rasgo característico del Homo sapiens y todavía se desconoce cómo surgió.

En El origen del hombre, sin embargo, también hay sombras, o errores cuando se contempla desde nuestros días. "Es un texto del que aprender, pero que no hay que venerar", dice Agustín Fuentes, de la Universidad de Princeton, en la misma revista. Darwin se mostró como representante de su época, al apoyar una visión racista y sexista de la humanidad sin basarse en datos. Despreció a los indígenas de América, Australia y África como menos capaces que los europeos a pesar de que ello contradecía sus propias teorías, y llegó a justificar los imperios, el colonialismo e incluso el genocidio por "la supervivencia del más apto", aunque estaba en contra de la esclavitud. También consideró inferiores a las mujeres blancas respecto a los hombres blancos, nuevamente con argumentos pseudocientíficos que todavía resuenan, asegura Fuentes, quien aboga por una actitud crítica respecto a la importante obra de Darwin y por avanzar hacia una ciencia de la evolución de los humanos, no del "hombre".

madrid

25/05/2021 07:30

Por Malen Ruiz de Elvira

Jueves, 13 Mayo 2021 05:38

Freud en el mes de su nacimiento

Freud en el mes de su nacimiento

La intacta potencia revulsiva del pensamiento freudiano

La impiadosa visión negativa y el encarnizamiento pasional testimonian que sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya.

 

En 1916 Freud ubicó al psicoanálisis dentro de los tres grandes descubrimientos que hirieron el amor propio de la humanidad. Copérnico mostró que la Tierra no es el centro del universo, conmoviendo la pretensión del hombre de sentirse dueño de este mundo. Darwin puso fin a la arrogancia humana de crear un abismo entre su especie y la del animal. Pero ni la afrenta cosmológica ni la afrenta biológica han sido tan sentidas por el narcisismo como la afrenta psicológica. Porque el psicoanálisis enseña que el yo, no sólo no es amo del mundo ni de la especie, sino que no es amo en su propia casa.

Ubiquemos los comienzos del psicoanálisis, ya que en ellos está en germen su particularidad. Freud tiene una formación racionalista, su espíritu es kantiano, es decir que él es un racionalista crítico. Tiene la vocación iluminista de querer salir de la minoría de edad sin otra tutela --como dice Kant-- que no sea la de la razón. Su descubrimiento le mostrará el límite de la razón: la sexualidad. De este modo, el psicoanálisis se presenta como la Filosofía de las luces, interpelada, asediada, alterada por el "factum" freudiano de la pulsión. El psicoanálisis no es oscurantista, por eso Lacan nos dice que Freud prosigue el debate de las luces. Pero también indica el punto en el que estas se apagan, y esto conduce a su ética: las luces deben se moderadas.

La vida pulsional de la sexualidad no puede domesticarse plenamente, lo que no se integra se reprime, nuestra morada está habitada por aspectos que no queremos reconocer, ya que no entran en armonía con nuestros ideales. Pero el empeño por rechazar fracasa y lo más extraño de nosotros emerge desfigurado a través de los síntomas. No cabe asombrarse, afirma Freud, que el yo no le otorgue su favor al psicoanálisis y se obstine en rehusar su crédito. Diremos que tanto ayer como hoy.

Las terapias no analíticas son aceptadas pues se empeñan por erigir al yo como soberano, le enseñan cómo liberarse mejor de lo que irrumpe, elevan su apetito de control, lo invitan a no acercarse nunca al suelo molesto de su hábitat. Pero ello, no lo dudamos, conducirá siempre a lo peor, no sólo porque se habrá limitado el campo del conocimiento, sino por el destino infernal que sufrirá lo que se intenta elidir.

Freud invita a la aventura humana que es la cura psicoanalítica, aventura de ese explorador que, recorriendo los caminos más alejados de sus creencias vuelve con recursos de los que no disponía. Y esas energías gastadas antaño en preservar sus dominios, estarán libres para fines acordes al deseo que siempre excede los límites del yo.

En los últimos tiempos, el pensamiento de Sigmund Freud es objeto de crecientes críticas. Podría decirse, es cierto, que las impugnaciones al psicoanálisis lo acompañan desde sus propios orígenes. Pero al período de las resistencias iniciales le sucedió otro de amplia difusión y aceptación general logradas muchas veces, también hay que decirlo, a expensas del rigor. La impiadosa visión negativa, el encarnizamiento pasional, testimonian que la potencia revulsiva del pensamiento de Freud permanece intacta y sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya. Más sutilmente hipócrita, eso sí. Si es cosa de suprimir síntomas molestos, poner lo más rápidamente posible a un sujeto en condiciones de retomar el automatismo ciego de la vida actual, reintegrarlo al mercado como productor exitoso y --sobre todo-- consumidor voraz e insaciable, reactivando sus apetencias, es plausible que el tratamiento psicoanalítico no sea el camino más indicado. Mejor Prozak o la reeducación cognitivista.

La práctica analítica es altamente efectiva si se trata de emprender una de las pocas aventuras aún accesibles al hombre de nuestro tiempo, en un mundo ya totalmente explorado y donde incluso los viajes han sido expropiados por la industria del turismo. El psicoanálisis no es solo una cura, que nunca fue el interés prioritario de Freud, él como explorador de la vida anímica, quiso construir un sujeto a la altura de la época, un sujeto que al ampliar y redefinir el campo de la subjetividad, sea apto para desenvolverse digna y humanamente en los tiempos de la muerte de Dios. Es decir, en el trance de la devaluación de los valores más altos que identificaron a Occidente, del derrumbamiento del orden tradicional, de la pérdida de toda referencia y, por ende, de la errancia planetaria

Freud no quería ser médico, le interesaba la ciencia, la biología, la investigación. Deudor de distintos descubrimientos y de una Viena liberal luego de la destrucción del imperio austro-húngaro, el psicoanálisis tiene una especificidad propia. El anhelo freudiano por descifrar los enigmas del mundo fue superior al de curar. Creía en la ciencia y en su juventud, el laboratorio de Brucke le permitió afincarse en la fisiología histológica. Y fue éste --su maestro admirado-- quien le advirtió que, en vista de sus reducidas posibilidades materiales, no le sería posible una dedicación a una carrera puramente teórica por la cual sentía devoción. Es así que pasa de la histología del sistema nervioso a la neuropatología, y más tarde, será un enigma --el de la neurosis-- quien dará lugar a su creación: el psicoanálisis. Este encuentro hará que Freud tome un interés creciente en la clínica, pie fundamental para una teoría que jamás se separó de ella. Siempre recordó una frase de Charcot que éste emitió sin darle importancia y la evocó a lo largo de su vida cuando conmovía al mundo con lo que le revelaba: “La teoría es buena pero no impide que los hechos existan”. Creyente de la ciencia, gustaba definirse como explorador: “No soy en absoluto un hombre de ciencia, ni un observador, ni un experimentador, ni un pensador. Por temperamento no soy más que un conquistador, un aventurero, si quieres traducir esta palabra, con toda la curiosidad, la osadía y la tenacidad de ese tipo de hombre”.

Freud nació en un siglo fuertemente marcado por la impronta biológica, por el positivismo y es desde esta base que descubre el síntoma histérico como no respondiendo a esta lógica. Nada más alejado del psicologismo que pretende vincular todo lo que sucede en el cuerpo con un correlato psíquico, haciendo de tales campos un todo indivisible. Lacan dice que no hubiese sido posible el paso freudiano sin el cartesiano. Aclaremos: Freud no quería ser médico ya que le interesaba fundamentalmente la investigación aunque, de todos modos, su saber como médico concordaba con el de su época. Lejos de la medicina hipocrática, la medicina de su tiempo --como también la de hoy-- considera que el hombre tiene un cuerpo, lo que no era algo obvio, antes del paso cartesiano. En efecto, Descartes introduce un corte, a partir del cual quedan atrás la unidad del ser humano, el alma como forma del cuerpo. La división está hecha. Dice Lacan que, de aquí en más el médico encarará al cuerpo con la actitud de un señor que desmonta una máquina. Y que es desde esta posición de la que Freud partió, siguiendo lo que era su ideal: la anatomía patológica, el sistema nervioso. Si el síntoma histérico habla de un cuerpo que no es el biológico, fue sin embargo necesaria la fundación de la biología para ubicarlo en otro paradero.

A fines de 1800 el conocimiento médico era el hegemónico: el saber lo tenía el médico y el paciente escuchaba obedeciendo. Pero ya en los primeros casos freudianos se halla un cambio fundamental, su modo de trabajar parte de suponer saber en sus pacientes, invirtiendo así la posición del saber. En pocas palabras: hay un cambio en la idea de razón a partir de Freud cuyas incidencias en el campo del conocimiento son sin precedentes.

Por Silvia Ons

13 de mayo de 2021

Silvia Ons es psicoanalista.

Sigmund Freud nació el 6 de mayo de 1856.

Publicado enCultura
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