Jueves, 31 Marzo 2022 05:09

¿Nacimos listas?

¿Nacimos listas?

Acerca del marketing y los mandatos heteronormativos

A propósito del nuevo spot publicitario de una de las marcas deportivas más famosas a nivel mundial, dirigida a su público femenino, se menciona la idea que da título al presente artículo. Comencemos por la primera parte del slogan que versa: “#nacimoslistas para lo que sea”.

Pareciera que al día de hoy no resulta aún evidente que No se nace mujer, se llega a serlo, tal como escribió S. De Beauvoir (1949), descalificando toda una tradición de determinaciones biológicas sobre las identidades y los cuerpos femeninos. La idea de que “nacimos” de una forma particularmente femenina vuelve esta vez disfrazada de mensaje feminista, para decirnos que las cuestiones femeninas son “de nacimiento”. Un mensaje que refuerza perspectivas biologicistas de las cuales los feminismos --a excepción de ciertas posturas radicales--, intentan alejarse. Es decir, el mensaje actual nos fuerza al retroceso, pero disfrazado de avance.

Partiendo de De Beauvoir y su idea de llegar a ser mujer, pasamos algunas décadas después al planteo de M. Wittig (1981), quien da cuenta de la posibilidad de que tampocose llegue a serlo. La autora revela cómo para el pensamiento heterosexual hay mujeres que no llegan a serlo, visibilizando la cuestión lesbiana. Es decir, desde los mandatos culturales de heterosexualidad obligatoria hay quienes no llegan a ser natural women.

¿Qué decir entonces de las personas que llevan años trabajando su transición de género, su transformación, su hacerse mujeres por las más diversas vías, simbólicas, hormonales, deseantes, en fin, identitarias? ¿No están listas entonces? ¿No nacieron listas como mujeres? ¿Lo estarán al fin, algún día?

¿Es acaso este eslogan discriminador y revulsivo hacia los colectivos que intenta incluir? La idea de la marca de nacimiento, de una feminidad a la que sólo se accede biológicamente no es el mensaje que en esta época debería primar. Al menos para quienes deseamos un horizonte más inclusivo, por ende, amoroso.

La segunda palabra del slogan resulta aún más confusa. La idea de nacer lista ha llevado a quien escribe, en libre asociación al mejor estilo freudiano, a recordar el famoso slogan de los boy scouts y su mensaje “siempre listos”. ¿Será un buen ejemplo de cómo la sociedad nos pide que seamos a las mujeres, sobre quienes recae el mandato de estar siempre listas para complacer, ayudar, limpiar, cocinar, criar, producir y reproducir? Un estar “siempre listas” como marca de nacimiento.

Es decir, Nacimos listas encubre el mandato de estar siempre listas y de forma natural, para otros que nos necesitan, para otros que nos demanden, lo que hace de nosotras unos seres exigidos por nacimiento a responder estando listas para eso que se nos pide. ¿Qué me pasa si no estoy lista? ¿Qué me sucederá si no nací lista para lo que sea?

Otra asociación que se desprende casi naturalmente de la pregunta anterior es la idea de que las mujeres, por nacer con útero, están preparadas y obligadas a ser madres. Muchas personas enlazan en su historia de vida el deseo de formar familia y esas formas son diversas, al punto que hemos asistido al embarazo y parto de hombres trans. Pero el relato hegemónico dice que ese hombre trans es una mujer de nacimiento porque posee un útero. Podríamos decir que en ese relato, ese hombre es una mujer porque nació lista para ser madre. Relato que deja en el margen la diversidad de identidades que no encajan en el mensaje binario de la heteronormatividad que rige aún nuestros vínculos.

¿Sería una exigencia forzar asociaciones por la vía del “ser listas” como sinónimo de ser inteligentes? ¿No se estaría tirando demasiado de la piola el suponer que nuestra inteligencia viene de la cuna por el hecho de ser mujeres? ¿Estamos obligadas a ser inteligentes por haber nacido mujeres? La mayoría de las mujeres que son valoradas socialmente por su inteligencia han tenido que hacer grandes renuncias personales y no ha sido por haber nacido listas que consiguieron sus logros, sino que generalmente se llegó tras muchísimo trabajo, esfuerzo, años de estudio, y aun así el famoso “techo de cristal” les pone un tope en el crecimiento profesional si se compara con el colectivo masculino.

Continuando en línea asociativa, aparece otra frase, “estás lista”, que se enlaza con la idea de “estar liquidado”. Si no hubiera la cantidad de violaciones y feminicidios a los que asistimos día a día, quizá esa idea hubiese quedado reprimida o censurada por creerla exagerada.

Ser un sujeto sexuado es estar en permanente construcción, en un “ir viendo” que puede definirse en modos identitarios determinados, pero en ningún caso es de nacimiento. Muchas personas cambian de género, dejando atrás el género asignado al nacer y deberíamos acostumbrarnos a que esa es la normalidad. Así como las personas que no tienen pareja pueden realizar un tratamiento de fertilidad para ser padres, y eso es un derecho conquistado, las personas que se autoperciben con un género diferente al sexo biológico que poseen deben poder acceder a tratamientos hormonales si así lo desean.

Ojalá no pase mucho tiempo para que las grandes marcas tengan una perspectiva de género que apunte a la inclusión y la diversidad, tal como mencionan en sus intenciones, que no arrojen al colectivo femenino a nacer listas "para lo que sea" y que el horizonte de nuestras identidades se pueda construir, abrir a las diferencias que ocurren en el derrotero de nuestras propias historias vitales, y no en moldes prefijados por determinaciones biológicas, que a modo de un destino inexorable, nos fijan al modo en que llegamos a este mundo y forzando de manera violenta a identidades binarias que sólo sirven a los fines de la reproducción de la especie. Quizá no estemos nunca listos, y sí estemos en proceso de deconstrucción.

Por Renata Passolini, psicoanalista

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Miércoles, 09 Marzo 2022 05:36

La esperanza de la democracia es verde

La esperanza de la democracia es verde

La marea verde que recorre América Latina ha puesto de manifiesto la lucha de las mujeres contra las desigualdades y ha evidenciado que la democracia es más plena con un feminismo activo.

 

La televisión salta de colapso en colapso: guerras, incendios, invasiones, sequías, olas de calor, tormentas, terremotos, tsunamis, pandemias, naufragios, ataques. El mundo ya no solo presenta un escenario desolador, sino uno dominado por la desesperanza. Muchas veces parece que esta situación ya no puede cambiarse.

Más allá de su clave poética, épica o pintoresca, la idea de esperanza es, en estos tiempos, una herramienta central. Puede contribuir a evitar la angustia por un mundo en crisis, a sortear la decepción causada por la creencia de que la transformación es imposible, a fortalecer la rebelión contra la frivolidad del entretenimiento noticioso como única forma de tolerar la realidad. La marea verde que recorre América Latina es parte de esa nueva esperanza.

Si bien no constituye la solución a todos los problemas, el feminismo ha aportado un modo de organización y de resistencia que evidencia que la participación social y política vale la pena. Su lema «la lucha sirve» da cuenta de una esperanza que atraviesa diferentes latitudes y que puede transformarse en una consigna para la transformación.

El camino contemporáneo, iniciado con el movimiento Ni Una Menos (nacido en 2015 en Argentina y extendido luego a toda América Latina), provocó una ola de marchas y reclamos que se consagró en 2017 con el #MeToo y la demanda argentina por el aborto legal, seguro y gratuito en 2018.

Aunque nada de esto se trate de una carrera por ver quien comenzó, resulta importante destacar que existen distintas narrativas sobre la actualidad del movimiento feminista. Aunque hay quienes prefieren mirar primero a Estados Unidos y a otros países denominados «centrales», el rol que ha tenido América Latina en dotar de vigor al feminismo de estos tiempos resulta evidente.

En ocasiones, las cámaras recuerdan solo el camino pisado en la alfombra roja. Se detienen en Hollywood, evidenciando que algunos ojos solo ven el espacio que «se muestra», considerándolo el único en el que las cosas suceden. Sin embargo, si lo que se pretende es iluminar un camino de construcción política singular, la linterna verde debe posarse sobre las múltiples heroínas que unieron la resistencia a las dictaduras con la demanda de una democracia participativa con ciudadanas plenas. Y esa mirada enfoca, principalmente, a América Latina.

Marea verde

La pelea por la legalización del aborto en Argentina en 2018 provocó un tsunami en la región. El pañuelo verde —nacido en Argentina, emulando al pañuelo blanco de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que luchaban y luchan luchar por sus hijos, hijas y nietos desaparecidos— se convirtió en un símbolo de identidad y autonomía, de reclamos por los derechos sexuales y reproductivos, así como de complicidad entre mujeres y diversidades sexuales de los distintos rincones de América Latina. Pero ahora es mucho más que eso. Es una bandera –tal vez la última multinacional y la única nacida y expandida en el siglo XXI– que expresa la concepción plurinacional de los feminismos latinoamericanos.

Tanto el pañuelo como el color fueron adoptados en 2003 en el marco de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, creada ese mismo año en el Encuentro Nacional de Mujeres realizado en la ciudad de Rosario. «De un momento a otro el pañuelo se convirtió en un elemento que no solo marcaba presencia, distinguía y poseía un relato claro y directo, sino que también creaba comunidad y llamaba a la sororidad», escribió la investigadora chilena Sofía Calvo Foxley en el libro La revolución de los cuerpos, moda, feminismo y diversidad (Editorial RIL, 2019).

La diferencia entre la posibilidad de acceder al aborto legal o estar condenada a la clandestinidad es de vida o muerte. Es la diferencia entre poder vivir más plenamente o poder morir por tener sexo o ser obligada a tenerlo. Es la diferencia entre placer y el padecimiento, entre el encierro y la libertad.

La principal característica de la marea verde fue, sin embargo, la de promover un modo singular de hacer política. No se trató solo de conseguir un derecho, de imponer una agenda, de lograr una sentencia o de conquistar la sanción de una ley, sino de imprimir un sello distintivo. Se trató y se trata de una forma de pelear por derechos políticos que contiene una esperanza activa. Una forma que hace del mundo un lugar más habitable, un lugar por el que merece la pena y el placer luchar.

Esa es, en definitiva, la diferencia sustancial: la que marca que una democracia es más plena con un feminismo activo. La participación popular, la creación de consensos sociales y las luchas legislativas (con esquemas de asambleas, discusiones horizontales y fomento de la ocupación de espacios) son una ventana frente a un mundo que convoca a la depresión, el desaliento, el autoritarismo y la represión.

No es solo que el plato servido a la mesa es rico, es que la forma de prepararlo genera la posibilidad de cocinar mejor para muchos otros temas y muchas otras personas que de otro modo pasan hambre, comen compulsivamente o se caen de la mesa. No es solo que se consiguen leyes o fallos (aunque algunos se frustran pero, de todos modos, se pelean), sino que se producen modos alternativos de proponer nuevos consensos. La pelea feminista genera modalidades más participativas de discusión, de decisión y de elección. Estas formas amplían la democracia y promueven una ciudadanía activa más allá del voto (aunque también con los votos).

Ayelén Mazzina es secretaria de estado de la Mujer, Diversidad e Igualdad de la provincia de San Luis, Argentina. Tiene solo 31 años, es lesbiana y lleva el pelo rapado a los costados. Aún desentonando en las formales reuniones de gabinete, destaca: «Somos el cambio de época y debemos lograr, cuando ocupamos lugares en donde se toman decisiones importantes, democratizar y humanizar la política. Hay que escuchar a las bases, fomentar su participación y ver cuáles son sus necesidades reales, y no las que se perciben cuando las políticas públicas se planifican desde un escritorio». 

La participación de las mujeres es un freno social a las distintas formas de autoritarismo y de violencia social (de género, pero también de otros tipos), en tanto promueve el lema «sí te metas», en sentido contrario del «no te metas», la consigna repetida durante la última dictadura militar argentina con la que, por miedo a la desaparición, la ciudadanía era amedrentada y llevada a no involucrarse en los «asuntos ajenos».

La sociedad de «las metidas» —esa en la que los vecinos salvan a una joven que está siendo violada en un auto, una docente llama a la casa cuando una niña viene golpeada de la casa, una desconocida ayuda a una adolescente que es acosada en el tren, una mujer lleva a una joven a la casa si se descompone por tomar alcohol en un bar en vez de dejarla a la deriva— expresa algo más que un conjunto de «gestos individuales». Evidencia las formas de hacer red que el feminismo promueve y que generan una ciudadanía más comprometida y con mayores lazos sociales.

Los desafíos futuros

Ante un mundo con preocupaciones que hace solo tres años solo podían preverse en series apocalípticas como Years and years, la del feminismo no debe ser considerada como una agenda menor ni como una que queda como una preocupación colateral frente a un escenario con conflictos armados, guerras, desastres ambientales y pandemias.

A diferencia de lo que ha sucedido en buena parte de la historia, las desigualdades que viven las mujeres no deben ser ubicadas como problemas que pueden esperar o que bajan de escalones en la larga escalera de las urgencias. Estas demandas ya no pueden ser desplazadas o consideradas como «menos importantes», ni olvidadas en función de urgencias de otros órdenes.

No se solucionarán los grandes conflictos que asolan a la humanidad sin la participación de las mujeres. Por el contrario, se precisarán mujeres fuertes, protegidas y participativas. Y aunque afirmamos que ya no se puede volver atrás, eso es exactamente lo que está sucediendo. Y es que, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), a partir de la pandemia de covid-19, la inserción laboral de las mujeres ha retrocedido diez años en nuestra región.

Los retrocesos en derechos de las mujeres son intolerables. Pero no solo porque descuidar el trabajo femenino y relegar la importancia de erradicar los femicidios, la violencia de género, el acoso y los abusos sexuales es insoportable, sino porque las mujeres vivas, plenas, autónomas son imprescindibles frente a la crisis climática, los conflictos armados y las emergencias sanitarias.

Pero esto no se debe solo al hecho de que las mujeres son las que históricamente han dedicado su tiempo a cuidar y este es un mundo que necesita ser cuidado, y entonces los roles tradicionalmente feminizados resultan imprescindibles en vez de descartables. No se trata de pedirle a las mujeres que sigan cuidando sin ser reconocidas, sino de reconocer la importancia del cuidado.

Se precisa, además, de un cuidado político y de la generación de estrategias superadoras. Y no solo para la agenda de género, sino como motor de confluencia para otras. Un ejemplo es la marea verde en Argentina. No es solo que se consiguió el aborto legal. Es que motorizó el «cuidado del verde». Los lazos entre escritoras para pedir por el aborto legal, ahora conformaron nuevas redes para reclamar por una ley de humedales o activaron la participación activa en el Congreso de la Nación y en las redes sociales para lograr una ley de etiquetado frontal de alimentos.

La combinación entre causa y efecto, marketing de redes y profundidad en los planteos, unidad y movilización, firmas e incidencia legislativa es una tradición que en Argentina comienza en la lucha contra la dictadura y en la pelea por los derechos humanos, llega al feminismo y se traslada a la demanda ambiental.

Es una trenza que no se termina en un pañuelo corto, sino que trenza más pañuelos para poder salir del pozo de una sociedad en un estado terminal que no ve la salida, pero que puede salir si logra colaborar para volver a ver la luz a través de la participación social.

El lema de los pañuelos verdes que circularon en Argentina fue «educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir». Hoy los pañuelos son una prenda que propone una paz activa. No blanca, no neutra, no rendida, sino activa. No morir es saber todavía pelear por un mundo donde el verde de la esperanza viva.  

La lucha sirve.  

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Martes, 08 Marzo 2022 17:02

#8M por justicia, igualdad y dignidad

#8M por justicia, igualdad y dignidad

Fechas que recuerdan inmensas e importantes luchas vividas en distintas épocas y países del mundo, pero que el capital, como sucede con todo lo que toca trata de cosificar, de ahí que para muchas y muchos este día se reduzca a compartir flores, dulces, para decir a una amiga o compañera: ¡felicitaciones!, para decorar las oficinas con bombas y flores, como si fuera un día de una fiesta cualquiera.

Poco se habla en estos espacios del origen del 8 de marzo, de la hucha de las mujeres, dejando en el olvido a aquellas 129 mártires, costureras industriales que murieron incineradas el 8 de marzo de 1908 al interior de la fábrica estadounidense Sirtwood Cotton, al ser “castigadas” por declararse en huelga y reivindicar un salario digno, reducción de la jornada laboral y la prohibición de utilizar mano de obra infantil como esclavos/as.


No solo se olvida esta situación puntual, también se deja de lado que por más rosas y golosinas que se regalen un día, la situación de las mujeres en la vida cotidiana (y a lo largo de la historia) sigue siendo amarga, dolorosa, insoportable, pues son víctimas del sistema patriarcal que las cosifica, subordina, hipersexualiza, maltrata, acosa, viola, asesina…


Grave situación de las mujeres en Colombia

Según el Observatorio Feminicidios Colombia, entre enero y diciembre de 2020 ocurrieron 630 asesinatos y en las mismas fechas de 2021 fueron 622. En enero de 2022 se registraron 55 feminicidios y la situación en lo recorrido del año va en aumento. Así mismo el informe: “La niñez no da espera 2022” - Niñez Ya confirma que entre enero y octubre 2020-2021 creció en 10 por ciento la cantidad de niñas entre 10 y 14 años que fueron violadas y obligadas a ser madres.


Según el Dane, en Colombia actualmente hay 23.312.832 mujeres, de las cuales 2.5 millones se auto reconocen como pertenecientes a alguna etnia y más de 1.5 millones son migrantes internas de largo plazo, con el agravante de que cerca de 4 millones de mujeres han sido victimizadas por el desplazamiento forzado interno en las últimas cinco décadas.


Una realidad con otras manfiestaciones: en el 2019 la tasa de desempleo según nivel educativo de postgrado, educación universitaria, técnico profesional y tecnología, secundaria y primaria, es mayor para las mujeres en todos los campos (ver tabla).

 

 

Curiosamente la participación de las mujeres en el mercado laboral aumentó más que la de los hombres en el periodo 2008-2019, pasando del 46,4 por ciento al 53,1. Todo un triunfo dirán algunos, pero la realidad de este incremento se da en condiciones más precarias y discriminatorias para las mujeres, con mayor informalidad y menores salarios como lo evidencian el Dane con sus estadísticas. La brecha salarial total entre hombres y mujeres con ocupación en 2019 es de 12,9 por ciento; las mujeres ocupadas sin hijos ganan 7 por ciento menos que los hombres ocupados sin hijos; las mujeres ocupadas casadas ganan 15,8 por ciento menos en el ingreso mensual que los hombres ocupados casados.


Adicional a esto, como lo muestra el Dane, en Colombia el 27,5 por ciento de las mujeres no cuenta con un sustento económico propio, proporción casi tres veces mayor que el 10,5 de los hombres que padecen igual realidad. Una diferencia agravada en el ámbito rural, donde la probabilidad de no contar con ingresos propios por parte de una mujer es cinco veces mayor a la de un hombre.


Pese a la oscuridad, una hoguera mantiene la esperanza


Ante todo este panorama de desigualdad e injusticia, los movimientos sociales de mujeres permanecen resistiendo, visibilizando las problemáticas que les aqueja, tejiendo redes de apoyo, hermanando luchas con otros cuerpos y diversidades sexuales y de género, organizándose para un mejor mañana. Es gracias a esto que lograron enormes triunfos como la reciente despenalización del aborto hasta 24 semanas en nuestro país, victoria que aporta en la lucha por la dignidad y la soberanía de sus cuerpos. Sin embargo, aún quedan muchas otras reivindicaciones por materializar como nos cuentan Lina y Martina, dos mujeres feministas populares:


“En materia de reivindicaciones nos queda nada más y nada menos que darle la vuelta a un sistema. Esto no es solo un tema de decisiones reproductivas, que aunque es mucho, pues le falta un montón en temas de anticoncepción y en general situaciones de salud para las mujeres. Así mismo hay otras cosas como la paridad salarial entre mujeres y hombres, el tema del cuidado en el hogar, la problematización del amor romántico y sus consecuencias emocionales, políticas y económicas, las maternidades pensadas desde otros lugares, derecho a la vivienda, entre otros. Todos estos derechos pensarlos en clave de género.


Así mismo están los temas de los espacios libres de violencias, pensarse ese boom de lo que ocurre últimamente en las universidades y afortunadamente en los colegios, donde se denuncian el acoso y las violaciones, entonces está el reto de garantizar en la calle como en los espacios íntimos (familia, escuela, universidad, trabajo) que sean libres de violencia. Nos queda muchísimo por andar y garantizarlo.


Pensando un poco en el ámbito escolar, con lo que tiene que ver con las niñas y las adolescentes nos queda el reto de garantizar una educación no sexista y feminista, que en la escuela misma pueda reflexionar y problematizar las situaciones que vivimos las mujeres, esto implica educar o fortalecer a esas personas que promueven los derechos sean docentes, rectores/as, orientadores/as, coordinaciones, las mismas familias, pues hay un bache grandísimo en términos culturales y de política educativa.

De igual manera está la eliminación de la cultura de la violación a las mujeres, esa que esta presente todo el tiempo en lo musical, en los contenidos que vemos, en la televisión, en la publicidad y demás, que naturaliza y normaliza estas situaciones. Sin duda serán las nuevas generaciones las que irán viendo y dándole forma a todos los retos que tenemos”.


Transitar hacia otro modelo de sociedad requiere una perspectiva intergeneracional y territorial, un proceso de desfeminizacion de la pobreza, de profundización de la participación social y política de las mujeres y por supuesto de su autonomía. Constructoras fundamentales de los procesos históricos de cambio, trabajadoras como hormigas generacionales, las mujeres profundizan sus raíces en la lucha por concretar y conquistar en algún punto de la historia humana la justicia, igualdad y dignidad.

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Una mujer sujeta una pancarta durante en el 8-M de 2018 (Madrid).  Manolo Finish

Resulta complicado organizarse en un movimiento transversal que diga que también son luchas feministas la vivienda, los derechos laborales o civiles, los de los migrantes, los de las trabajadoras domésticas y sexuales...

Es evidente que no se puede hablar de feminismo en singular. Hoy más que nunca existe un movimiento diverso que está cruzado por disputas de clase, intereses divergentes y luchas por el poder. Una de las líneas de fractura más evidente es la que parte de quienes concebimos el feminismo como una herramienta fundamental para retar la actual configuración social injusta y el sistema económico –y que por tanto lo entendemos como parte de un proyecto de transformación más amplio–, y aquellas que piden igualdad dentro de lo existente: su 50% del infierno. Para algunas de estas liberales –o socialdemócratas– el feminismo puede llegar a ser un instrumento para un proyecto personal de ascenso social, justificar invasiones con el objetivo de “liberar a las mujeres” –como en Afganistán– o servir para el refuerzo del sistema penal –como la nueva Ley de Libertad Sexual que incluye una propuesta de criminalización de la prostitución–.

Durante la segunda ola –los 60, 70, parte de los 80– fue cuando se produjeron muchos de los debates y las aportaciones teóricas que todavía llegan al presente. En esos años se produjo un momento de fuerte agitación política y un despliegue extraordinariamente rico de diversos movimientos feministas que pusieron en el centro la cuestión sexual y retaron la división sexual del trabajo y el mandato de domesticidad. Una parte importante de esos feminismos asumió una retórica de liberación y se vinculó con los movimientos de protesta en marcha –aunque también cuestionaron el papel subordinado de las mujeres en ellos–. En esos años, por supuesto, también tuvo un papel relevante el feminismo liberal, el de la igualdad formal, con organizaciones como NOW en EE.UU., donde participó Betty Friedan que en su La mística de la feminidad había analizado los problemas de insatisfacción de las mujeres de clase media que no se conformaban ya con ser amas de casa.

Liberal o revolucionario, lo esencial de esos años es la producción de nuevas herramientas políticas. El feminismo abrió líneas de pensamiento novedosas que habían estado excluidas de la política porque habían sido conceptualizadas como pertenecientes al ámbito privado. Los grupos de autoconciencia significan eso: convertir el malestar en algo político porque a partir de lo que nos atraviesa podemos dar cuenta de áreas enteras de desigualdad –explotación– que estaban invisibilizadas. Por ejemplo la cuestión del cuerpo y la sexualidad, que se reivindicó como un ámbito de disfrute y autonomía para las mujeres a la vez que se pedían derechos reproductivos –y se cuestionaba la heterosexualidad y la monogamia obligatorias–. También se empezó a contestar la violencia en un momento en que en muchos lugares la violación dentro del matrimonio ni siquiera se consideraba delito. Precisamente fue a partir de la cuestión sexual que surgió todo un ámbito de producción teórica en Europa –sobre todo en Francia– y en EE.UU. En este último país, Sulamith Firestone y Kate Millet –entre otras– fundan la corriente radical que tuvo una extraordinaria influencia en todo el feminismo posterior. Para ellas, y reutilizando términos marxistas, las mujeres somos una clase y la sexualidad es núcleo fundamental de la opresión que sustenta las relaciones de dominio de los hombres sobre las mujeres. El patriarcado, en palabras de Millet, es la “política sexual de dominación de la mujer” y el principal eje de desigualdad. Desde entonces la cuestión sexual estaría en el centro de la producción teórica feminista.

Las radicales no solo hablaron de subordinación en el ámbito de la sexualidad sino que esta está estrechamente vinculada con la reproducción, por lo que hicieron importantes críticas a la maternidad y a la familia. Aunque esta línea será profundizada por el feminismo marxista o postmarxista. Autoras como Maria Rosa dalla Costa o Silvia Federici analizaron el trabajo de reproducción social –o de reproducción de la mano de obra– como un pilar de la organización capitalista donde se produce la apropiación del trabajo gratuito de las mujeres. Para ellas, el sexo era una parte de esta función más amplia de reproducción social pero no –como para las radicales– el lugar central del que surge toda la relación de subordinación. La violencia sexual se entiende como una manifestación más del patriarcado, como una herramienta que sirve para el sometimiento a esta estructura de dominación.

Feminismo cultural / feminismo marxista

Esas dos líneas de pensamiento llegan hasta hoy y se entremezclan de diversas maneras. Sin embargo, pensar que el origen de la desigualdad está centrado en la cuestión sexual o en la reproducción social, tiene consecuencias divergentes a la hora de hacer política. De hecho, la línea radical derivará en lo que algunas autoras llaman feminismo cultural, muy centrado en la violencia sexual pero también en luchar contra la pornografía y la prostitución. Hoy, buena parte de las que se reivindican como seguidoras de las radicales han derivado en un feminismo de carácter esencialista o identitario que les sirve para oponerse a los derechos de las personas trans o los derechos de las trabajadoras sexuales y que llega a cuestionar la revolución sexual como un logro “que solo sirve a los hombres”. En medio de este ambiente reaccionario, parece que nos toca reivindicar de nuevo la sexualidad como un ámbito de realización y de disfrute para las mujeres.

De la línea postmarxista, sin embargo, se extraen una serie de demandas que son específicamente anticapitalistas y que conectan con las líneas del feminismo histórico más apegadas a las luchas sociales y las cuestiones de clase. Una propuesta que en general ha pretendido recoger los cuestionamientos que los feminismos postcoloniales y negros hicieron del sujeto del feminismo dominado por los intereses y las preocupaciones de las mujeres de clase media occidentales. Para estos feminismos, el universalismo abstracto –“las mujeres son una clase”, “todas estamos igualmente oprimidas por la violencia sexual”– acaba escondiendo las diferencias sociales, raciales y de estatus entre las propias mujeres. El debate actual sobre el sujeto del feminismo, por tanto, no tiene que ver únicamente con lo trans, o lo queer, y si caben o no en el feminismo, sino con una discusión de más de cien años: qué demandas hay que priorizar –¿las sexuales?, ¿las de clase? ¿las anticapitalistas? y quién tiene la capacidad para enunciarlas o liderarlas. E incluso, yendo más allá, si tienen que existir feministas que hagan de mediadoras institucionales o queremos un movimiento más horizontal y democrático capaz de retar el actual estado de las cosas.

Dominación sexual y capitalismo

Sabemos que la violencia sexual tiene una función de sujección de las mujeres a los roles establecidos, pero un feminismo que pone en el centro únicamente esta cuestión –por muy importante que sea luchar contra todas sus manifestaciones– y se olvida de la desigualdad económica o del resto de violencias vinculadas a esta desigualdad jamás será un feminismo emancipador. Sobre todo si acaba legitimando un reforzamiento del sistema penal o el dar más poder a la policía sobre las mujeres –como hacen las demandas punitivistas del trabajo sexual–. Luchar contra la violencia sexual sin conectarla con el resto de violencias estructurales o policiales y pensar que el Estado va a protegernos es olvidarse de que para muchas mujeres, ya sean putas, trans o migrantes sin papeles, ese mismo Estado puede ser el principal origen de la violencia que sufren. El feminismo tiene la tarea de explicar cómo el género atraviesa las violencias institucionales, las que se derivan de ser pobres o de estar en prisión, aquellas vinculadas con la explotación de la naturaleza y el extractivismo o con la explotación neocolonial de los territorios. Un feminismo emancipador tiene el reto pues de enfrentar todas estas manifestaciones de la violencia en su declinación “de género” y también de relacionarlas con las luchas por las condiciones de vida, no son ámbitos separados.

Las cuestiones relacionadas con la sexualidad son capaces de interpelar a las mujeres de clase media que pueden imaginarse fácilmente en el papel de víctimas, también excitan todo tipo de pánicos morales y por tanto, movilizan ampliamente fuera y dentro del feminismo. El peligro de este amplio alcance de los terrores sexuales no es solo el de la tentación punitivista, sino también el de encerrar al movimiento en debates poco transformadores y que lo despotencian. (El terror invocado contra las mujeres trans porque pueden compartir baños o vestuarios es solo un síntoma de esto.) Más complicado resulta organizarse en un movimiento transversal que diga que además de la abolición del género y la violencia sexual también son luchas feministas: la lucha por el derecho a la vivienda, contra la precariedad y por los derechos laborales o civiles, contra la instrumentalización nacionalista e islamófoba del ideal de liberación de las mujeres, por los derechos de los migrantes, de las trabajadoras domésticas y sexuales o contra las prisiones. Si el feminismo no es capaz de hacer eso como movimiento, tendrá que infiltrarse y atravesar los otros movimientos en marcha que apuntan a estas cuestiones.

Abolir la violencia

De EE.UU. aprendemos sobre el método abolicionista que se ha desarrollado para luchar contra el sistema carcelario o la policía. El principio que lo impulsa no es el de reformar estos sistemas, sino el de cambiar la sociedad que los necesita. ¿Cómo sería entonces una sociedad donde no fuera necesaria la violencia machista? Como dice un editorial de la revista Invert Journal –traducido en Las degeneradas trans acaban con la familia–: “El verdadero abolicionismo de las manifestaciones violentas del género requiere la abolición de las condiciones que lo hacen necesario. No tanto la abolición de los marcadores de género en los pasaportes sino la abolición de un mundo en que las fronteras, las naciones y los pasaportes existen. No tanto la abolición de la violencia doméstica vista como un fenómeno inconexo, sino de una sociedad que requiere de la estructura familiar y la esfera doméstica. No tanto la abolición de la violencia homofóbica, del transfeminicido o la mutilación genital a les intersexuales, sino de todo el sistema de género que sustenta esas miserias. En tanto que el género está mediado por todas las demás formas sociales que abarcan la totalidad del modo de producción capitalista, su abolición no puede darse de forma independiente, sino que es una parte esencial del verdadero movimiento que abolirá el estado presente de todas las cosas”.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en catalán en la revista Nexe nº 47.

*Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

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La democracia en la era de la inteligencia artificial

En vista de la creciente expansión de la inteligencia artificial en las sociedades modernas, resulta necesario discutir cómo puede servir para mantener y fortalecer el Estado de derecho, la democracia y los derechos humanos, en lugar de contribuir a su debilitamiento. Eso dependerá en gran medida de las formas de regulación elegidas.

 

Así como debe hacerse una clara diferenciación entre internet como tal, una estructura tecnológica que conecta personas e información, y lo que sucede en internet, también debe hacerse una diferenciación entre el potencial teóricamente positivo de la inteligencia artificial y los usos para los cuales se la desarrolla actualmente. Por lo tanto, un análisis diferenciado debe ir más allá de una mera enumeración de las ventajas de la internet gratuita o los beneficios teóricos de la inteligencia artificial y tener en cuenta los efectos reales de las nuevas tecnologías digitales y modelos de negocio en el área de internet e inteligencia artificial.

Por tanto, la influencia de las empresas vinculadas a la inteligencia artificial no solo se limita a la tecnología subyacente, sino que también atraviesa el ámbito social. Es por ello que la concentración de poder tecnológico, económico y político en manos de los «cinco temibles» (Amazon, Apple, Facebook, Google, Microsoft), que ocupan el centro de la escena del desarrollo y uso comercial de la inteligencia artificial, tiene una especial importancia en este contexto.

Ambición de poder

Las megacorporaciones digitales no solo son capaces de ejercer una influencia política y social masiva, tienen también los recursos financieros para comprar nuevos desarrollos y startups en el campo de la inteligencia artificial y en todas las demás áreas relevantes para su modelo de negocio, y eso es exactamente lo que hacen. Su pretensión de concentrar poderío y controlar pone en desventaja al cuarto poder: el periodismo clásico, que es tan importante para la democracia. Su selectivo negocio de publicidad priva al periodismo de su sustento. Es cierto que no son la única razón de la muerte de los periódicos y del retroceso del periodismo clásico tanto en Europa como en Estados Unidos, pero son uno de los principales factores. Si bien es posible que algunas de sus investigaciones fundamentales sobre inteligencia artificial sean de acceso público, el trabajo mucho más elaborado sobre aplicaciones comerciales de inteligencia artificial se realiza en secreto. Los presupuestos en esta área superan con creces la inversión pública de muchos países. Esta acumulación de poder en manos de unos pocos debe ser observada de modo abarcativo: incluye el poder del dinero, el poder sobre la infraestructura democrática y el discurso público, el poder sobre los individuos a través de la elaboración de perfiles precisos y la supremacía en el campo de la inteligencia artificial. Los gigantes de internet han tenido logros sin precedentes como empresas: buena parte de su producción no está regulada, son dominantes en su mercado y son las empresas más rentables en la bolsa de valores. Tienen una inmensa influencia en la formación de opinión y en la política, al tiempo que han conservado su popularidad entre el público.

La cultura predominante de Silicon Valley sigue la «ideología californiana». Sus raíces se remontan al movimiento juvenil de la década de 1960. Parte de las metas de este movimiento era liberarse del dominio político de Washington y del dominio tecnológico de ibm, la empresa de tecnología líder en ese entonces. En esencia, había un gran anhelo de libertad personal y de capacidad individual para actuar como efecto de la descentralización. El desarrollo de la primera computadora personal (pc) y el multipremiado spot publicitario de la Apple Macintosh realizado por el reconocido director Ridley Scott, en el que una joven se libera del «Gran Hermano» («Y verás por qué 1984 no será como 1984»), son una expresión de esta búsqueda de libertad individual y autorrealización, lejos de los imperativos sociales y de la dependencia del Estado. En su famosa «Declaración de independencia del ciberespacio», John Perry Barlow, activista estadounidense por los derechos civiles y compositor de la banda de rock Grateful Dead, rechazó cualquier regulación legal de internet. Alegaba que las formas tradicionales de gobierno, que –diríamos– pueden existir únicamente sobre la base de la ley y el orden, «no tienen soberanía donde nosotros (los actores del ciberespacio) nos reunimos». No fue casualidad que esta declaración se hiciera pública en 1996 en el marco del Foro Económico Mundial de Davos.

La lucha contra las leyes

Esta idea también fue retomada en el discurso jurídico. David R. Johnson y David G. Post, jurisconsultos especializados en espacio digital, afirmaron que si los usuarios quieren establecer reglas en internet y estas no dañan a los no usuarios, entonces «la ley del mundo físico debería ser revocada en favor de esta forma de autorregulación». Pero no fue solo la «ideología californiana» lo que alentó el desacato de la ley. La enseñanza de innovaciones disruptivas, muy difundida en las escuelas de negocios, condujo en algún momento a una comprensión de la ley como algo disruptivo. Esta lucha de las empresas tecnológicas y los activistas contra las nuevas leyes, que siguen poniendo la tecnología por encima de la democracia, continúa hasta el día de hoy.

Por ejemplo, Google insistió en que solo se le aplique la ley de California, ya que las búsquedas hechas desde Europa son respondidas desde los servidores californianos. Es más, se argumentó que los resultados de las búsquedas no deberían clasificarse como «tratamiento de datos». La fundamentación: Google no es responsable de los resultados, ya que son producto del algoritmo automatizado y no pueden ser controlados por la empresa. Aquí es donde se hacen evidentes la cosmovisión de la empresa y la manera de concebir el Estado de derecho: en primer lugar, la automatización en forma de algoritmo como servicio protege a la empresa mediadora de cualquier responsabilidad legal. Visto así, el sueño de John Perry Barlow se haría realidad: en la era digital, la tecnología tendría prioridad sobre la jurisprudencia. En segundo lugar, si existiera cualquier forma de vínculo legal, este solo podría existir en relación con un orden global, presumiblemente dominado por la ley estadounidense y administrado por jueces estadounidenses. Este escenario sería ideal para Google. Los costos se reducirían considerablemente, incluso si la empresa operara en diferentes jurisdicciones. Esto estaría totalmente en línea con la idea de construir una única estructura global de internet que no esté dividida en diferentes jurisdicciones o fragmentada por normas nacionales y que sea muy difícil de atacar legalmente para ciudadanos no estadounidenses.

En este contexto, la reacción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (tjue), generalmente entendida como el «retorno de la ley», fue positiva: el Tribunal respondió al argumento de Google manteniéndose en los límites de la cuestión jurídica planteada, pero sin perder de vista las implicaciones más amplias de esta cuestión. Al final, los reclamos de Google fueron rechazados y así se protegieron los derechos fundamentales de los ciudadanos europeos, sobre la base de la larga tradición europea de protección de la privacidad y protección de datos.

Se puede especular sobre si el argumento de Google de no querer asumir la responsabilidad de los resultados del algoritmo de búsqueda fue usado previendo negar toda responsabilidad por los productos de la futura inteligencia artificial autónoma. En cualquier caso, la respuesta del tjue en este caso fue clara. El presidente ejecutivo de Google se pronuncia actualmente en contra de una regulación general de la inteligencia artificial. Alega que tal regulación obstaculizaría la innovación y que solo puede concebirse una regulación específica de la inteligencia artificial por sectores. Lo que olvida es que se presentó el mismo patrón argumentativo contra el Reglamento General de Protección de Datos de la ue. Pero en vano, y con razón. Porque una normativa puramente sectorial deja sin regular demasiadas aplicaciones de la inteligencia artificial de uso general y, en su complejidad, abruma tanto a quien legisla como a la ciudadanía. Primero necesitamos fundamentos horizontales y generales. Luego se podrán agregar especificaciones por sector.

Cuestiones éticas

Cuando se pone todo esto en contexto, hay un denominador común claro: el intento de evitar responsabilidades, tanto en la legislación como en la jurisprudencia. Y todo surge de un pequeño grupo de empresas que tienen en sus manos un poder sin precedentes. El debate sobre las cuestiones éticas de la inteligencia artificial ya ha expuesto los innumerables desafíos en el ámbito de los derechos fundamentales y el Estado de derecho en este contexto. Es evidente que la inteligencia artificial no puede servir al bien público sin reglas claras. El potencial de la inteligencia artificial obliga a no correr los mismos riesgos que cuando se introdujo internet, que en su momento provocó un vacío legal. Las posibilidades de esta nueva tecnología son tan inmensas que pueden causar estragos y daños irreversibles a la sociedad. Pero mientras que hoy la inteligencia artificial es desarrollada por empresas gigantescas con presupuestos de miles de millones, están regresando los ingenuos argumentos con los que se causó mucho daño en las fases tempranas de internet.

También está claro que los numerosos conflictos de intereses entre empresas y público en relación con la inteligencia artificial no pueden resolverse mediante códigos de ética laxos ni autorregulación. Pero eso no significa que las empresas no deban contribuir a la discusión sobre los desafíos éticos y legales. Muchas de las personas que trabajan para estas empresas tienen las mejores intenciones y pueden hacer importantes aportes al debate. También se puede observar una cierta diferenciación en las actitudes hacia la legislación, según sea el modelo de negocio. Microsoft, que gana mucho dinero por servicios al gobierno y la administración pública, se posiciona de manera más constructiva frente al Estado de derecho y la democracia que otras empresas.

En vista de los enormes presupuestos con los que las megacorporaciones están presentes en muchos ámbitos de la ciencia, la sociedad civil y la opinión pública, es importante que todos quienes participan de la gran discusión sobre la regulación de internet y las nuevas tecnologías ofrezcan información clara sobre relaciones laborales, financiamiento u otras transferencias de servicios y expongan de manera abierta los conflictos de intereses.

Resulta sorprendente hasta qué punto los defensores de una legislación sobre inteligencia artificial estuvieron inicialmente a la defensiva, a pesar de que existe una larga historia de regulaciones legales en el ámbito de la tecnología. Todo arquitecto debe, en el curso de sus estudios universitarios, familiarizarse con las normas de construcción para salvaguardar el interés público, por ejemplo, en la construcción de edificios a prueba de derrumbes. Cada automóvil debe superar varias pruebas para garantizar la seguridad vial. La introducción de los cinturones de seguridad obligatorios, muy resistidos por la industria automotriz y los clubes automovilísticos, finalmente redujo a la mitad la cantidad de muertes en carreteras. Una y otra vez, la sociedad ha visto que, ante la aparición de nuevas tecnologías, es la regulación legal y no la desregulación lo que beneficia al interés público.

Los estímulos para reflexionar sobre la inteligencia artificial no solo han demostrado la multitud de exigencias que las nuevas tecnologías imponen a la legislación, la democracia y los derechos individuales. También han dado lugar a algunos catálogos de reglas éticas en esta área. Por ejemplo, Alan Winfield, profesor de Ética Robótica en la Universidad de Bristol, enumera diez códigos de conducta relacionados con la inteligencia artificial. Las últimas contribuciones a esta lista son la declaración del Grupo de Alto Nivel de la Comisión Europea sobre Inteligencia Artificial Fiable del 18 de abril de 2019 y el informe de la Comisión Alemana de Ética de Datos, presentado el 23 de octubre de 2019. Por tanto, no faltan propuestas sobre principios éticos en el tratamiento de la inteligencia artificial.

Un interrogante es si, después de la experiencia con una internet libre de todo marco legal, nuestra democracia debe volver a exponerse al riesgo de una tecnología omnipresente y decisiva, que puede tener efectos negativos sustanciales si no se la regula. A diferencia de internet, la inteligencia artificial no es producto de unos pocos académicos e idealistas, sino de las poderosísimas empresas de internet que la controlan. Mientras tanto, algunos representantes de estas empresas han llegado recientemente a la misma conclusión y han pedido una legislación sobre inteligencia artificial. También la canciller alemana Angela Merkel ha pedido, durante la conferencia del g-7 en Japón, una regulación legal de la inteligencia artificial, tal como lo es el Reglamento General de Protección de Datos (rgpd). La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo, a modo de orientación, que la Comisión Europea presentaría una propuesta para regular la inteligencia artificial dentro de los 100 días posteriores a su asunción, ocurrida el 1o de noviembre de 20191.Todos los argumentos que ahora se utilizan en contra de una ley de inteligencia artificial fueron expuestos antes de 1995, cuando se introdujo la primera directiva de protección de datos personales en la ue. Luego se lo volvió a hacer durante las negociaciones sobre el rgpd en los años 2012 a 2016. Ninguno de los argumentos pudo convencer a los legisladores, y con razón. La afirmación de que la ley no puede seguir el veloz ritmo de desarrollo de la tecnología o los modelos comerciales ha sido refutada por la legislación europea tecnológicamente neutra2. El rgpd es un ejemplo de legislación moderna y tecnológicamente neutra, cuyo significado y relevancia evolucionan a la par del progreso tecnológico, incluida la inteligencia artificial.

Falacia y afirmaciones

La afirmación de que el derecho no es lo suficientemente preciso para regular tecnologías complejas y que una ley que no se adentre absolutamente en los detalles de un código preciso y fácil de usar no puede ser una buena ley constituye otra falacia por parte de los programadores. Por definición, el proceso democrático de elaboración de leyes es un acuerdo. El rgpd se negoció, durante el procedimiento parlamentario, sobre la base de casi 4.000 sugerencias individuales de mejora.

Las leyes (generalmente) las hacen personas razonables y, en caso de un conflicto legal, las interpretan jueces razonables. Este proceso abierto de elaboración de leyes y su posterior interpretación le confiere a la ley flexibilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias. Las leyes no tienen que reescribirse una y otra vez como los códigos de programación, que deben ser revisados constantemente desde la versión 1.0 en adelante.

Para decirlo claramente: exigir que una ley sea tan precisa o tan rápidamente actualizable como un código de programación es antidemocrático. Esta exigencia ignora tanto el principio de deliberación y acuerdo en una democracia como el tiempo requerido para el debido proceso.

Por cierto, los grupos de presión no tuvieron ningún problema en evaluar los diversos anteproyectos del rgpd de manera completamente contradictoria: por un lado, como demasiado imprecisos para crear seguridad jurídica y, por el otro, como demasiado detallistas y no suficientemente abiertos y flexibles. Estas críticas encontradas prueban que se deber evitar la ley a toda costa recurriendo al descrédito. La afirmación de que la ley es demasiado inflexible para seguir el ritmo de los desarrollos tecnológicos es básicamente una forma más elegante de parafrasear lo que los neoliberales siempre han dicho: no queremos ninguna obligación legal, porque entonces se nos podrían atribuir responsabilidades legales.

Por lo demás, quienes abogan por una ética de la inteligencia artificial afirman lo mismo. El mundo de los negocios no tiene problemas con los códigos éticos, ya que estos carecen de legitimación democrática y no pueden ser impuestos por fuerza de ley. Pero esta es precisamente la principal ventaja del derecho sobre la ética: con la verosímil amenaza de sanciones anima a los desarrolladores a trabajar en pos del interés público.

Toda tecnología tiene que convivir con la realidad de que la ley le marque límites. Es hora de que Silicon Valley y la industria digital de internet acepten esta necesidad democrática. En un momento en que internet y la inteligencia artificial lo atraviesan todo, la falta de regulación de estas tecnologías claves podría significar el fin de la democracia. Las reglas éticas pueden ser una etapa preliminar y una ayuda orientadora en el camino hacia la legislación y pueden proporcionar contenido para leyes posteriores. Pero no pueden reemplazar la ley, carecen de la legitimidad democrática y la naturaleza vinculante con que los gobiernos y los tribunales pueden hacer cumplir las leyes.

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, y Brad Smith, presidente de Microsoft, han pedido recientemente en textos programáticos una legislación. Pero cuando esto se concreta, las empresas vuelven a lanzar la máquina de lobby contra una legislación eficaz para salvaguardar los datos y la privacidad. Esto se pudo observar hace muy poco en eeuu, tanto en California como en el estado de Washington, donde Microsoft tiene su sede. Además del derecho, también habrá espacio para una ética que vaya más allá de lo que exige la ley: las normas éticas internas de las empresas son buenas si son coherentes con la legislación del país en cuestión y si van más allá, por ejemplo, en lo que respecta al interés público.

Muchas de las cosas buenas que quieren hacer las empresas de Silicon Valley son bienvenidas. Pero esto no puede eximirlas de actuar dentro de la ley y el orden y respetando el proceso democrático. También está completamente claro que el rgpd debe aplicarse siempre que la inteligencia artificial trabaje con datos personales. El rgpd contiene derechos importantes para los consumidores sobre cómo se pueden usar sus datos, y estas reglas también influirán en el diseño de una inteligencia artificial. Los principios de protección de datos del rgpd son una guía importante para la inteligencia artificial, al igual que los límites al tratamiento automatizado de datos y los derechos a la información de los afectados. También está cobrando importancia, en lo que respecta a la inteligencia artificial, la evaluación de las consecuencias del tratamiento de datos personales para las personas afectadas, necesaria en determinadas condiciones. En este aspecto, no se necesita ninguna legislación nueva. Sin embargo, los principios del rgpd con respecto a la inteligencia artificial también deben aplicarse al tratamiento mediante inteligencia artificial de datos que no son personales.

En el discurso democrático, no obstante, es igualmente importante saber si el interlocutor es una persona o una máquina. Si las máquinas participan en el discurso político sin ser identificadas como tales, o si se hacen pasar por personas impunemente, puede producirse una grave distorsión del discurso, lo cual sería insostenible para una democracia. Hasta ahora, ninguna ley nos garantiza que seremos informados si quien entabla un diálogo con nosotros en un contexto político es una máquina.

Sin embargo, un discurso político transparente entre personas es la clave de la democracia. El «principio de materialidad» estipula que se debe, por ley, dejar claro si quien está hablando es una máquina o una persona. Las máquinas no identificadas y, más aún, las máquinas disfrazadas de personas deben ser sancionadas. Quienes controlan la infraestructura del discurso político deben asumir la responsabilidad de establecer una transparencia total. Se necesitan nuevas leyes para ello.

Pero podemos ser optimistas en cuanto a que las regulaciones detalladas de la ue para la lucha contra la discriminación y la protección del consumidor también se aplicarán en el campo de la inteligencia artificial. Teniendo en cuenta esto, es necesario considerar algunos principios básicos de la legislación sobre la inteligencia artificial.

Si bien en Europa la ponderación parlamentaria de la tecnología basada en el principio de responsabilidad de Hans Jonas es ya una rutina y considera que la evaluación del impacto es un elemento clave del principio de precaución, esto no es así en eeuu. Allí, la Oficina de Evaluación de Tecnología (ota, por sus siglas en inglés) se cerró durante el gobierno de Ronald Reagan, una victoria temprana para el movimiento anticiencia. Hillary Clinton anunció en su campaña electoral de 2016 que quería reabrir este órgano o uno similar.

Evaluación de impacto en tres niveles

En Europa, sin embargo, siguen vigentes el principio y el método de evaluación de los efectos a corto y largo plazo de las nuevas tecnologías y el consiguiente asesoramiento político. La Red de Evaluación de Tecnología Parlamentaria Europea (epta, por sus siglas en inglés) reúne los métodos y las evaluaciones de impacto para los parlamentos europeos en una base de datos común. Para fortalecer la confianza en la tecnología en la era de la inteligencia artificial, en tiempos en que la tecnología gana cada vez más terreno en todas las áreas de nuestras vidas, es necesaria una evaluación de impacto en tres niveles.

Primero, como se ha descripto, una evaluación parlamentaria de impacto en el nivel político y legislativo. El objetivo en este caso es averiguar qué áreas afectará una nueva tecnología y qué debe hacer el Poder Legislativo para que sea preservado el interés público. Idealmente, esta evaluación de impacto debería tener lugar antes de que se utilicen tecnologías de alto riesgo. El poder de decisión con respecto a las consecuencias que han sido examinadas en una evaluación de impacto hecha por expertos debe estar en manos del gobierno o del Poder Legislativo, lo que en el nivel de la ue sería área de responsabilidad de la Comisión y el Consejo, así como del Parlamento a modo de colegislativo.

El segundo nivel se refiere a los desarrolladores y usuarios de nuevas tecnologías. Sería importante que se introdujera en relación con la inteligencia artificial una obligación legal para las empresas de realizar una evaluación de impacto de sus productos. Tal obligación legal ya existe para datos personales que se utilizan en procesos automatizados de toma de decisiones. Esto debería extenderse a todos los ámbitos de la democracia, el Estado de derecho y los derechos fundamentales. Al menos si la inteligencia artificial tiene potencial para ser utilizada en el ámbito del ejercicio público del poder, es decir, en el ámbito democrático y político o en el ámbito de los servicios de interés general, independientemente de si se tratan datos personales o no.

Las evaluaciones de impacto en el nivel de desarrollador y usuario favorecerían la comprensión pública de la inteligencia artificial allí donde actualmente sigue faltando transparencia y conocimiento sobre los efectos. Las evaluaciones también ayudarían a que los directores ejecutivos y desarrolladores admitan el poder que realmente ejercen mediante sus productos. Así podría desarrollarse en la industria tecnológica una nueva cultura de responsabilidad por la democracia, el Estado de derecho y los derechos fundamentales.

Los estándares para ese tipo de evaluaciones de impacto antes de la difusión de la inteligencia artificial deberían establecerse en una ley redactada en términos generales, de manera similar a la obligación de realizar una evaluación de impacto en el rgpd. El Estado debe controlar el cumplimiento y debe haber sanciones severas en caso de incumplimiento. Si la inteligencia artificial va a ser utilizada por el Estado o se va a difundir ampliamente en la sociedad, la evaluación de impacto debería ser publicada. Si la tecnología es de alto riesgo, el gobierno debe realizar sus propios análisis y elaborar un plan para minimizar riesgos. Sin diferenciar entre sector público y privado, la resolución del Parlamento Europeo del 16 de febrero de 2017 con recomendaciones destinadas a la Comisión Europea sobre normas de derecho civil sobre robótica (2015/2103/inl) representa el plan mejor desarrollado hasta la fecha para manejar la inteligencia artificial. Contiene certificaciones ex ante y el marco legal para la investigación, el desarrollo y el uso.

En el tercer nivel, a las personas debería asistirlas el derecho legal de estar informadas sobre la funcionalidad exacta de la inteligencia artificial que están utilizando. ¿Qué lógicas sigue? ¿Cómo afecta su uso los propios intereses o los intereses de terceros? Esta obligación de proporcionar información también debería existir aunque no se estén procesando datos personales. En este caso, ya existe la obligación legal en el rgpd.

En este contexto, debe rechazarse la exigencia de los gigantes tecnológicos de mantener en secreto los modos de funcionamiento y los procesos de toma de decisiones de la inteligencia artificial. Ya existen numerosos proyectos de investigación sobre la explicabilidad de la inteligencia artificial. Y aunque existe al menos la obligación legal de proporcionar información cuando están involucrados actores estatales, la realidad es que las empresas mantienen mayormente en secreto los modos en que funciona su inteligencia artificial y las autoridades públicas no pueden cumplir con su obligación de proporcionar información si quieren utilizar esta tecnología.

Por todas estas razones, necesitamos una profunda evaluación de impacto de la inteligencia artificial en los tres niveles mencionados para seguir adelante con el diálogo entre tecnología y democracia. Esto es crucial en un momento en que la inteligencia artificial se está volviendo omnipresente e influye cada vez más en nuestras vidas. Si del debate público resulta una nueva conciencia de la responsabilidad por la democracia, los derechos fundamentales y el Estado de derecho, entonces la inteligencia artificial se habrá ganado una buena cuota de confianza y aceptación en la sociedad.

  • 1.

En 2021 se presentó un proyecto para avanzar en la regulación. Ver Marimar Jiménez: «La ue establece líneas rojas a la inteligencia artificial. ¿Por qué, cuáles son, a quién afectan?», suplemento «Cinco días» en El País, 22/4/2021 [N. del E.].

  • 2.

El principio de neutralidad tecnológica sostiene que el Estado no ha de imponer preferencias a favor o en contra de una determinada tecnología [N. del E.].


Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 294, Julio - Agosto 2021, ISSN: 0251-3552

Publicado enPolítica
Una mujer lleva un retrato de Lenin en una manifestación del Partido Comunista en la Plaza Roja de Moscú, en noviembre de 2014

De cómo sería la transición del capitalismo al socialismo se escribieron ingentes libros y tesis, pero nadie nos preparó para el momento en que la historia daría la marcha atrás, por impensable, irracional, antinatura. ¿Es posible que millones de personas voten en favor de la eliminación de la igualdad, del derecho a tener un puesto de trabajo y un salario digno, de una sanidad y la educación gratuitas? Las mujeres y los hombres de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no votaron la disolución de su Estado ni la restauración del capitalismo, y eso a pesar de las carencias y los errores de su socialismo, pues, la URSS fue "el primero" en los principales derechos fundamentales del ser humano de la historia.

La primera vida: el zarismo

En la Rusia subdesarrollada, la mujer era tratada como propiedad del hombre: no se le permitía vivir separada de su familia, o trabajar o viajar al extranjero sin la autorización de un hombre. La matemática Sofía Kovalévskaya tuvo que casarse por conveniencia con el paleontólogo, Vladimir Kovalevski, para poder seguir su carrera en Suiza, debido a que en Rusia a las mujeres no les dejaban ingresar en las escuelas superiores. Ella será la primera mujer profesora con plaza en una universidad europea.

Millones de mujeres trabajaban en el campo de sol al sol, mientras en las fábricas niñas de 13-14 años eran explotadas en jornadas de hasta 16 horas por un mísero sueldo. Las mujeres embarazadas ocultaban su estado para no ser despedidas. En la familia, ellas vivían la forma más común y legitimada de prostitución y esclavitud, como describe León Tolstoi en su Anna Karenina. La mayoría de los partos tenían lugar en los domicilios, y la tasa de mortalidad infantil era alta. El divorcio lo decidían el marido y la iglesia, y además, sólo los pudientes podían costearlo. En las provincias de Asia Central, como Tayikistán, había poliginia y la mujer estaba obligada a llevar el velo, símbolo del control y dominio del hombre sobre la mujer.

Mucho por hacer: así cuatro mujeres se unieron a 13 hombres para fundar la Unión de Lucha (1895), entre ellas Nadezhda Krúpskaya, que además será una de las primeras presas políticas de Rusia y una de las pocas del mundo en ser Secretaria en un partido. Cuatro años después, el Partido Socialdemócrata (comunista) será el primero de la historia en dedicar un capítulo de su programa a la liberación de la mujer y una completa igualdad de derechos, como exigía la Segunda Internacional (1889-1916).

En 1912, Konkórdiya Samóilova será, posiblemente, la primera mujer directora de un diario: Pravda (La Verdad), órgano del partido bolchevique, y determinante en la organización de las protestas contra la Primera Guerra Mundial bajo el lema de "Pan y Paz".

La segunda vida: socialista

En 1917, la Revolución convierte a Vladimir Ilich Lenin en el primer jefe de un estado que hace de los derechos de la mujer la bandera del sistema político que acaba de nacer. Y habrá más "primera vez en la historia" para las mujeres del planeta:

  • Aleksandra Kollontai se hace cargo, en 1918, de la cartera de Bienestar Social. En 1943 también será la primera mujer embajadora, representando a la URSS ante el gobierno sueco.
  • Las madres trabajadoras disfrutarán de dieciséis semanas de permiso remunerado para el cuidado de los hijos. Habrá un seguro de maternidad y unas salas de lactancia en las fábricas. Las madres solteras reciben una cartilla de manutención infantil.
  • Se levantan todas las restricciones a la libertad del movimiento de la mujer.
  • La mujer podrá ser "cabeza de la familia", y tendrá acceso libre al aborto.
  • Se despenaliza la homosexualidad, que era castigada con el trabajo forzoso. Las personas homosexuales y transgéneras son protegidas por la ley. En 1918, un gay, Georgy Chicherin, es nombrado ministro de Relaciones Exteriores, y en 1926 se autoriza plasmar el cambio de sexo en el pasaporte.
  • Se desmantelan los harenes en las provincias orientales. Las mujeres "musulmanas" soviéticas son las primeras de este credo que tienen derecho a voto: en la propia tierra de Mahoma, Arabia Saudí, aún son las únicas del globo sin poder votar.
  • Se levanta la obligatoriedad de registrar el matrimonio, y se elimina el concepto de "hijos ilegítimos". Se crean comunas, con el amor y la sexualidad libres, que décadas después reaparecerá en Occidente con el movimiento hippie.
  • Se despenaliza la prostitución, esta "degradación extrema de la mujer en interés de los hombres que pueden pagarla" como la definía Trotsky, y se persigue al proxeneta. Paralelamente, empieza el trabaja para eliminar sus causas y a las mujeres prostituidas se les ofrece formación profesional, empleo y un techo.
  • Se prohíbe matrimonios forzados y también infantiles (pedofilia), que eran norma general en las regiones de Asia Central.
  • Se podrá romper el contrato matrimonial incluso sin el consentimiento de la otra pareja.
  • Se aplica la jornada laboral de 8 horas, propuesta por la Primera Internacional en1866. Se prohíbe el trabajo nocturno para las mujeres embarazadas, así como su traslada o despido sin la aprobación de un inspector de la empresa.
  • Se establece el concepto de "bienes gananciales" (inexistente en las religiones abrahámicas que han sido y son el marco del derecho de la mujer en numerosos países): ellas tendrán derecho sobre la fortuna generada durante el matrimonio.
  • Se declaran gratuitas y universales la enseñanza y la sanidad, y se realizan una vasta campaña de alfabetización de mujeres.

Algunos ideales, como la socialización de las tareas domésticas, - como comedores y lavanderías públicos, suficientes guarderías para disolver la familia, etc.-, que estaba dirigida a suprimir la doble carga de la mujer, no se materializaron por:

  1. La falta de recursos, el retraso económico y social del país, la destrucción de millones de vidas y de las infraestructuras de la nación durante la Guerra Civil (1921-1922) y las dos guerras mundiales que obligaron al Estado canalizar todos los recursos a impedir la muerte de millones de personas de hambre;
  2. La resistencia de los hombres a la liberación de la mujer. En las regiones de Oriente muchas fueron víctimas de crímenes de honor por quitarse el velo o asistir a escuelas o agrupaciones de mujeres.
  3. la falta de experiencia en gestionar los servicios sociales en una estructura funcional.
  4. creer que la institución familiar, basada en las milenarias relaciones de domino y legitimada por la religión, perdería su razón de existir con la mera participación de la mujer en el trabajo remunerado y productivo, y se disolvería. "La remodelación del 'orden' más arraigado, empedernido, reprimido y rígido [el patriarcado] es la transición más difícil", reconoció Lenin en 1921. Así, las mujeres soviéticas, incluidas las científicas, nunca dejaron de ser "amas de casa".

La cultura patriarcal se unió a la falta de libertades políticas, organizaciones y movimientos ciudadanos, para hacer posible la pérdida de algunos derechos socialistas logrados: en el marco de las políticas prenatalitas, Stalin ilegalizó en 1936 el aborto y la homosexualidad, recuperó la educación segregada y con ello las "asignaturas especiales para niñas". Dos décadas después, bajo la presidencia de Jrushchov el aborto volverá a ser legal, para salvar la vida y la salud de las mujeres que se veían obligadas a realizarlo de forma clandestina.

En las décadas de 1960 y 1970, los avances profesionales de la mujer fueron asombrosos. Enviar a Valentina Tereshkova al espacio (1963) era para demostrar al mundo de que "asaltar el cielo" es posible. Aun así, la URSS rechazaba frontalmente los objetivos y los logros del movimiento feminista europeo al no estar integrado en la lucha de la clase obrera. No reconocía que la opresión patriarcal es supraclasista. El "biologismo" (igual de reaccionario que jinelogía), prohibió que soviéticas pudiesen ser bomberas, conductoras de autobús, o capitanas de barco, entre otras 400 profesiones "perjudiciales para su salud". Desde hace unos años, esta lista se ha reducido en un centenar, y desde el 2020 se les permite, por ejemplo, ser maquinistas de metro, mientras siguen sin poder estudiar numerosas carreras de ingeniería.

El término "feminismo" tenía (y tiene) connotaciones negativas: las feministas son mujeres burguesas, feas, lesbianas, que odian a los hombres y e incluso son agentes del Occidente y pretenden difundir su decadente libertinaje en la patria-tribu.

Tercera vida: capitalismo ‘putinista’

A finales de los ochenta, los errores de un sector del Partido Comunista y la traición y corrupción de otro destrozan los logros de la Revolución también la utopía de millones de personas en todo el mundo que se jugaban la vida por un mundo socialista. Las consecuencias de la desintegración de la URSS, el terrorismo y la guerra irán acompañados por el regreso del sistema de mercado, y el saqueo de las arcas públicas se tradujeron en una pobreza generalizada, el desempleo (inexistente en la URSS), y la aparición del crimen organizado internacional que hizo su agosto prostituyendo a las mujeres y madres desesperadas. La esperanza de vida se desplomó: de 68 en 1991 a 62 en 2000.

Poner orden al caos llega con (la Doctrina de) Vladimir Putin, quien, en una complicada situación, buscará una nueva identidad para el nuevo (viejo) sistema en el que el conservadurismo, el nacionalismo y la Iglesia Ortodoxa Rusa harán de pilares. Vuelven los valores medievales sobre la mujer y la familia y con intenciones pronatalistas, el gobierno ruso diseña un inaudito plan: tras declarar el 2008 el Año de la Familia, regala a los ciudadanos el 12 de septiembre como el Día del Contacto (íntimo) para que las parejas permanecieran en casa, y nueve meses después, coincidiendo con el Día de Rusia, el 12 de junio, se pudiese celebrar el nacimiento de miles de nuevos rusos, y así salvar la patria del envejecimiento de la población. Las mujeres al tener un segundo o tercer hijo recibirán una ayuda monetaria llamada el "Capital de maternidad". Esta oxidada idea sobre la mujer, como "procreadora", ha ido paralelo a otra peor aún: la aprobación de la ley de "violencia en la familia" que no "contra la mujer", en la que despenaliza las palizas que el hombre asesta a la mujer si no rompen sus costillas (como el imán de Al Azhar, Ahmed el Tayeb, que aprueba golpear a la esposa siempre y cuando el delincuente no deje prueba en el cuerpo de su cónyuge-esclava). Además, se le perdonará al agresor si es primerizo. Por supuesto que el legislador es consciente de que la mayoría de las mujeres, desamparadas en el capitalismo, no suelen denunciar estos abusos ni la primera, ni la segunda y ni la quinta vez.

La Iglesia ortodoxa rusa (al igual que la católica y la islámica) considera el feminismo un "pecado mortal". El tribalismo y el nacionalismo, siempre ciegos y reaccionarios, muestran fobia hacia lo que nazca en otros Estados, aunque hayan brotado del movimiento progresistas ciudadano.

El propio presidente Putin es la imagen del biopoder: Macho heterosexual, sexy, magnético y "padre salvador" de la nación desvalida, y en concordancia, la imagen que se da de la mujer rusa, incluso en las páginas de información política, es de una rubia esbelta semidesnuda. ¿Cómo ha sido posible la supresión radical de los valores socialistas, supuestamente, implantadas durante setenta años?

A pesar de que a partir de 2013, las desigualdades sociales se reducido, y la esperanza de vida ha aumentado (72 años), Rusia tiene una brecha de género del 70.6%, que le sitúa en el puesto 81 del ranking mundial entre 153 países. El feminicidio arrebata la vida de un promedio de 300 mujeres casa año, y en Moscú, sólo hay un refugio público para las mujeres maltratadas, según las feministas.

Las rusas ganan un 30% menos que los hombres, y al igual que en la era de la URSS, están casi ausentes en el poder político. En Ruanda o Cuba el 38,5% de los diputados son mujeres, en Rusia el 18,2%. La introducción del neotradicionalismo en las relaciones de género ha desactivado, asombrosamente, el cuestionamiento de las desigualdades.

La URSS fue el primer modelo del estado de bienestar de la humanidad, y su mera existencia también obligaba a los estados capitalistas aceptar parte de las demandas de su propia clase trabajadora: no es ninguna casualidad que el asalto del noliberalismo a estos logros en todo el mundo, coincida con la desaparición de aquella república socialista.

Setenta años fue un tiempo demasiado corto para acabar con miles de años de injusticias justificadas e incrustadas hasta en el alma de sus propias víctimas.

Cuál es mejor: ¿un capitalismo con las libertades políticas, pero sin la justicia social e igualdad, o un socialismo sin libertades? La experiencia de la URSS demostró la fragilidad y reversibilidad de las conquistas sociales sin las libertades y un control real del pueblo sobre el poder.

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Las campeonas durante la ceremonia de premiación del BMX femenino en los Juegos Olímpicos 2020. — José Méndez / EFE

Las deportistas luchan en Tokio 2020 por unos juegos sin sexismo y con la mirada puesta en la igualdad de género.

 

El movimiento feminista está creciendo continuamente, haciéndose más visible, incordiando a quienes no quieren un cambio en el patriarcado. Esta lucha se ha internacionalizado y extendido a todas las áreas de la sociedad, entre ellas el deporte, y por ende los Juegos Olímpicos.

Las mujeres en el deporte han hecho historia, desde la primera vez que pudieron participar en las Olimpiadas de 1900 celebradas en París, hasta la inclusión de deportistas en 1928 en disciplinas como atletismo, esgrima, natación y gimnasia. Después de 121 años desde la participación de las féminas, los Juegos Olímpicos de Tokio cuentan con una participación femenina del 49%, rozando la paridad. 

 "Cada país tiene unas discriminaciones diferentes, pero la igualdad es una premisa que se busca conseguir en el deporte" expone Mar Mas, presidenta de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP). "El Comité Olímpico está haciendo mucho esfuerzo en conseguir la igualdad: competiciones mixtas, abanderados paritarios, incluso se rechaza a los países que lleven un equipo masculino, por ejemplo de baloncesto, y no uno femenino".

La marea morada ha renacido en la era de las redes sociales; sumando apoyos bajo una misma consigna, unas pocas palabras que se convertían en las abanderadas de toda una batalla. Un lema para luchar contra las agresiones sexuales y el acoso como fue el #MeToo o un grito frente al Ministerio de Justicia cuando se puso en duda el testimonio de la víctima de la ‘Manada: Yo sí te creo. Esta ola feminista que ha aparecido en los últimos años se ve reflejada en los Juegos Olímpicos.

Si las deportistas se visten con una prenda larga es un problema, pero si es más corta de lo habitual también

Hay una necesidad creciente de abordar todas las desigualdades, de hacerlo de una forma tajante. Sin preguntar. Por eso las jugadoras de balonmano playa no tuvieron miedo ante las penalizaciones por llevar un pantalón que no las sexualizara, por eso las gimnastas alemanas vistieron un mono entero para evitar que su disciplina fuera vista desde la mirada depredadora del sexismo. Y si se visten con una prenda larga es un problema, pero si es más corta de lo habitual también, como la crítica de una jueza de los Juegos Olímpicos a Olivia Breen, campeona paralímpica de salto de longitud, por usar un pantalón "demasiado corto". Mas sentencia que el comité olímpico "debe seguir avanzando" porque si no las Olimpiadas terminarán siendo simplemente "una gran inversión a nivel infraestructuras y un evento comunicativo, si las mujeres no estamos en igualdad de condiciones".

Nuevas generaciones de deportistas

"Ahora las patinadoras se están atreviendo a lanzarse, antes no se les entrenaba, no se les motivaba a intentarlo"

Las deportistas más jóvenes, aquellas que están en la adolescencia o su veintena, han crecido con la insurgente oleada feminista, es por ello que luchan por la igualdad en el deporte. Lucía del Prado Montero, excampeona de España Novice en patinaje artístico, explica como últimamente multitud de mujeres están realizando saltos que solo hacían los hombres: "Al principio se pensaba que las mujeres no podían hacerlos porque no tenían suficiente fuerza". Es el caso de Alexandra Trusova, la primera mujer en hacer un cuádruple axel en competición. "Ahora todas las patinadoras se están atreviendo a lanzarse y hacerlo, antes no se les entrenaba para ello, no se les motivaba a intentarlo".

El patinaje artístico, al igual que la gimnasia rítmica son dos deportes muy feminizados y donde el sexismo permanece todavía. Marta González, entrenadora de rítmica, ha notado a lo largo de su carrera esta diferenciación entre mujeres y hombres compitiendo en su disciplina: "Cuando yo entré a hacer rítmica había un chico más mayor en el equipo, era buenísimo, le teníamos como referente" -explica la gimnasta- "al crecer y competir en el equipo conjunto contra otros chicos aparecieron los comentarios sexistas".

El camino hacia la igualdad

"Hemos tenido problemas con las mujeres que están en estado de lactancia, no han podido entrar en los Juegos con su bebé"

Sin embargo, pese a esos esfuerzos todavía queda una larga retahíla de problemas que solucionar como las políticas de conciliación en el deporte. "Hemos tenido problemas con las mujeres que están en estado de lactancia -denuncia Mas- no han podido entrar en los Juegos con su bebé". Al igual que la maternidad, existe una desigualdad mucho más visible: la salarial. La presidenta de la AMDP recuerda que el dinero público debe garantizar la no discriminación de la ciudadanía y en el deporte no se cumple con las mujeres: "Estados Unidos abrió una batalla muy fuerte en el fútbol con el equal play, equal pay (mismo juego, mismo salario) ¿Por qué si entreno lo mismo, me lesiono lo mismo, juego lo mismo, por qué voy a cobrar mucho menos? Hay una Ley de Igualdad del año 2007 en España que a nadie se le ocurre aplicar, les interesa seguir ganando ese dinero y no perder sus privilegios. Es una cuestión política que ningún partido ha abordado".

La clave para conseguir la igualdad en el deporte la tiene Mas: "Todo eso pasa por tener una independencia económica, un Estado que regule y proteja esos derechos, y sobre todo, una ciudadanía en la que confiar para que cuando salga un titular machista hacia las mujeres deportistas, se condene. Las mujeres debemos de tener la mitad de dinero, la mitad de tiempo, la mitad de las infraestructuras. La mitad de todo porque somos la mitad de la población; y la mitad de todo es nuestro".

madrid

01/08/2021 13:42

Sara Pardo García@pardosarag

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Martes, 09 Marzo 2021 15:40

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Lunes, 08 Marzo 2021 06:16

La no utopía feminista

La no utopía feminista

Hoy pocos creen en las utopías. Se han devaluado las mesiánico-proféticas y las civiles. Campanella y Moro están buenos como referencia a lo que no se cumplió. Ni los marxistas recalcitrantes piensan ya viable un paraíso proletario. "No hay tal lugar", diría Quevedo. Somos menos inocentes. Los problemas se han incrementado. El futuro se contrae aprisa. Hay pronósticos discretos, si no catastrofistas. Mas contra viento y marea perviven las luchas de liberación. El futuro será lo que sea, pero si no es libre, de poco servirá en un planeta que se calienta enfriándose, se inunda y seca, telúrico y contaminado, donde los humanos cada día valemos menos.

Las revoluciones ya sólo pueden venir de dentro, desde lo tan cercano que no lo vemos (en nuestro barrio, nuestro hogar, nosotros mismos). Y son emprendidas, como enseñaron los zapatistas de Chiapas, por personas libres. Se liberaron primero, perdieron el miedo, y entonces se rebelaron para hacer su libertad liberadora.

La llamada emancipación femenina, en su etapa actual tan irritante para el estado de cosas y su orden, saca a la calle con estruendo una humillación larvada en la casa, la escuela, el trabajo o la calle misma. Desde sus grandes desarrollos en el siglo XX, el feminismo confronta a las familias, las iglesias y las escuelas, pero nunca antes las mujeres movilizadas se mostraron dispuestas a morder la mano que se acerque.

Los proyectos de lucha feminista serán pedagógicos de ida y vuelta, o no serán. El proceso de las mujeres modernas para acceder a la vida profesional, la educación intensiva, la autodeterminación en las afinidades electivas, el derecho al placer sexual o las opciones en artes y deportes, implica reducar a las sociedades, las familias, las comunidades. Y esto se logrará también en la medida de su agilidad intelectual para adaptarse a lo que no ha sucedido.

El patriarcado reinó demasiado tiempo, presa de su propio juego. La crisis de la masculinidad alcanza ya al magnate, al jefe religioso, al mando armado, al señor de medio pelo y al de a tiro pobre. El varón siempre llevó una ventaja extra, situación tan arraigada que apenas ahora vemos su absurdo. Para generaciones de hombres fue impensable otra manera.

Hasta el Siglo de las Luces, las Floras Tristán eran pocas. Más acá, después de la habitación propia de Virginia Woolf y el sufragio para todas, la apropiación femenina de su vida ha presionado a los Estados para legalizar los derechos específicos del cuerpo, la concepción, la seguridad personal y el acceso igualitario a todo lo que los hombres pueden. Y van por más. Antes avergonzadas de serlo, cada día más mujeres se asumen como violadas, aun las que en sentido estricto no lo sean. Establecieron una radical solidaridad selectiva: el anticlub de Toby.

Hacen el esfuerzo de rescribir la Historia, desenterrar artistas, científicas y heroínas del panteón humano. Pero entre más atrás nos vamos del siglo XX se torna más difícil encontrar mujeres de trascendencia realizada. Sor Juana era excepcional dentro de lo excepcional. La historia de Artemisia confirma que las oportunidades corresponden al varón. Pocas llegaban a reinas, ninguna a presidenta (Isabel Primera y Catalina La Grande mandaban como hombres). Hasta hace poco, podían dirigir un monasterio, pero no un instituto de sicoanálisis o genética.

En menos de un siglo esto ha cambiado. Lo "impensable" comienza a ocurrir y acelera su frecuencia. No lo suficiente, y nuevos obstáculos se suman a los tradicionales, siendo el mayor de todos la violencia específica contra ellas: sicológica, sexual, laboral o criminal. Feminicidas y agresores van en sentido contrario: entre más se revaloran las mujeres, menos las consideran siquiera humanas.

Hoy se exhibe a los acosadores de la élite y aunque no paguen cárcel, multa o castigo corporal (pues la sociedad sigue siendo cómplice) ocasionalmente se les condena a la vergüenza pública, al modo de las comunidades indígenas. Pero esta será una etapa. Una permanente revancha llevaría el conflicto de género a un callejón sin salida, como en las guerras. Pocas mujeres piden o quieren un mundo sin padres, parejas, hijos, nietos, maestros y alumnos varones. Demandan que los abusos de los hombres sean punibles, y que se reduquen más mujeres. No olvidemos, las feministas de cualquier generación han sido y son personas previamente liberadas. Las esclavas no marchan.

La razón del poder masculino está en bancarrota. Eso es nuevo. Pero no es cuestión de "derrota" de género, sino de cambio de mentalidad. Como ante la esclavitud, considerada natural durante siglos. Para abolirla hubo que verla con vergüenza.

Quizás se deploren el sectarismo feminista, su ideologización del lenguaje, la insolencia pequeñoburguesa, la imposición mecánica de cuotas de género. Pero hoy denuncian y son escuchadas. El sueño feminista será molesto, agresivo o pesadilla hasta que las sociedades sean horizontales y les quepan todas las libertades, sin faltar ninguna.

Publicado enSociedad
Domingo, 07 Marzo 2021 13:09

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Feminismos a tus oídos

Hablaremos de feminismo, de sus olas y de sus luchas. Generalmente se asocia el inicio del feminismo con el derecho al voto, pero el movimiento es muchísimo más antiguo y abarca miles de derechos y luchas de las mujeres. Hablar de feminismos es hablar de mujeres que se dieron cuenta que no eran tratadas de la misma manera que los hombres de su entorno.

 

 

Primera Ola

 

Sin derechos civiles para las mujeres no hay igualdad. Hablaremos de las primeras mujeres, generalmente se relaciona con las sufragistas, pero históricamente son aquellas mujeres que en el siglo de las luces empiezan a cuestionarse los imaginarios de la naturaleza de la mujer y la jerarquía de los sexos.

 

Segunda Ola

Sin derechos políticos para las mujeres no hay paz ni democracia. Las sufragistas exigían el sufragio universal, la educación superior y acceso a las profesiones y a cargos de todo tipo, igualdad de condiciones con los hombres tanto en sus deberes y derecho en el matrimonio como en el trabajo.

Tercera Ola

Lo personal es político. Feministas del siglo XX, mujeres más estudiadas y supuestamente con más igualdad ante las leyes. El discurso feminista deja de ser homogéneo, debates llevan a diversos conceptos y construcciones de los feminismos. Se avanza en el uso de anticonceptivos, se aprueba el divorcio.

Cuarta Ola

Vivas nos queremos. Feministas del siglo XXI. ¿Qué buscan? ¿Cuáles son las metas y las luchas? Los feminismos en la actualidad son diversos han ampliado el concepto mismo de ser mujer, aparece el transfeminismos, la teoría queer, el movimiento fem y los ecraches.


 

Libros, ensayos, reflexiones.

 

Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI

Francesca Gargallo

 

 

 

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