El pasado 3 de Noviembre hizo 223 años que guillotinaron a Olympe de Gouges

Fue un 3 de Noviembre de hace más dos siglos, cuando la Ilustración, moderna y francesa, la que nos trajo las libertades, igualdades y fraternidades, la que nos trajo el "Estado Moderno" base del que hoy tenemos, esa misma Ilustración fue la que cortó la cabeza a Olympe de Gouges. Ella fue la primera mujer que empezó el camino público y colectivo de la lucha de la causa de las mujeres. De la lucha feminista colectiva.


Los ilustrados y modernos hombres mientras escribían "su" declaración de los derechos del hombre y del ciudadano se olvidaban de un "pequeño detalle", incluir a la mujer. Olympe lo denunció y elaboró la declaración de los derechos de la mujer y ciudadana. Acabó guillotinada por su osadía de equiparar en derechos a la mujer con el hombre.

Un 3 de Noviembre del 1793, fallecía Olympe de Gouges. Nacida en Montauban (Francia), el 7 de mayo de 1748, moría en París el 3 de noviembre de 1793. Olympe de Gouges es el seudónimo de Marie Gouze, escritora, dramaturga, panfletista y filósofa política francesa, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791). Como otras feministas de su época, fue abolicionista. Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Olympe de Gouges escribió:


"Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna"

Se dirigió a la reina María Antonieta para que protegiera “su sexo”, que decía desgraciado, y redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, calcada sobre la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos. Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio. Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos, al concebir en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.


Qué mejor manera de homenajear la figura de Gouges que volviendo a leer su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (que este septiembre del 2016 cumplía 225 años).


Los 17 artículos de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana:

1 – La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

2 – El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

3 – El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

4 – La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

5 – Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

6 – La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

7 – Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

8 – La Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

9 – Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

10 – Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

11 – La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

12 – La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

13 – Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

14 – Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

15 – La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

16 – Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

17 – Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

Fuente: http://tribunafeminista.org/2016/11/hoy-hace-223-anos-que-guillotinaron-a-olympe-de-gouges/

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La igualdad entre hombres y mujeres se retrasa al año 2186, según el Foro Económico Mundial

Un informe de esta organización advierte de que el freno a los avances en la igualdad de género provocan este retroceso de 170 años, cuando en 2015 se creía que podría ser posible en 2133
El documento recuerda que las mujeres ganan de media poco más de la mitad de los hombres a pesar de que trabajan más horas

 

La igualdad de género podría retrasarse 170 años, hasta el 2186, al frenarse de forma drástica los avances en esa materia, según el informe del Foro Económico Mundial, que tiene en cuenta la educación, la salud y supervivencia, las oportunidades económicas y el empoderamiento político.


La brecha actual en la igualdad entre hombres y mujeres, que se situó este año en un 59%, es la mayor desde 2008, añade el Foro (FEM), una organización sin ánimo de lucro con base en Ginebra.


Según el informe de 2016 divulgado esta madrugada, las mujeres ganan, de media, poco más de la mitad que los hombres, a pesar de que en general trabajan más horas.


Además, se cita el estancamiento de la participación en el mercado de trabajo, una media del 54% de mujeres en todo el mundo frente a un 81% de hombres.


El número de mujeres en puestos de responsabilidad también se mantiene bajo: tan solo hay cuatro países en todo el mundo con igual número de hombres y mujeres legisladores, funcionarios de alto grado y directivos, a pesar del hecho de que 95 países cuentan ahora con tantas mujeres como hombres con formación universitaria.


Las proyecciones basadas en los datos del Informe Global de la Brecha de Género 2015 apuntaban a que la brecha económica podría cerrarse en un plazo de 118 años (2133). Sin embargo, este progreso se ha invertido desde entonces y el periodo se amplía a 170 (2186).


La brecha de género en educación, según el FEM, se ha situado en el 95%, consiguiendo así que sea una de las dos áreas en las que más se está avanzando hasta la fecha.


Salud y supervivencia, sin embargo, pese a ser de un 96%, se ha deteriorado ligeramente.


"Dos tercios de los 144 países incluidos en el informe de este año pueden presumir ahora de haber cerrado completamente su brecha de género en proporción de sexos al nacer, mientras que más de un tercio ha cerrado la brecha por completo en términos de esperanza de vida sana", señala el informe.


El pilar en el que la diferencia de género es más pronunciada, el empoderamiento político, es también el que ha experimentado mayores avances desde que el Foro Económico Mundial comenzó a medir la brecha de género en 2006.
Ahora se sitúa en más de un 23%; un 1% más que en 2015 y casi un 10% más alta que en 2006.


Sin embargo, las mejoras se están produciendo desde unos niveles muy bajos: tan solo dos países han alcanzado la paridad parlamentaria y solo cuatro en cargos ministeriales, según los últimos datos comparables a nivel mundial.
España, en el puesto 29 en igualdad


El Foro Económico señala que "en un momento en el que las mujeres, de media, apenas se benefician de dos tercios del acceso a la sanidad, la educación, la participación económica y la representación política que tienen los hombres, surgen varios países que empiezan a disputar la tradicional hegemonía de las naciones nórdicas en el ránking de igualdad de género".


Si bien los cuatro primeros países son Islandia (1), Finlandia (2), Noruega (3) y Suecia (4) (Finlandia adelanta a Noruega), el siguiente mejor posicionado es Ruanda, que pasa a ocupar un puesto por delante de Irlanda hasta llegar a la quinta posición.


Tras Irlanda, Filipinas se mantiene sin cambios en la séptima posición, ligeramente por encima de Eslovenia (8) y Nueva Zelanda (9), que avanzan un puesto.


Suiza desaparece de la lista de los diez primeros y Nicaragua pasa a ocupar la décima posición.


EE.UU. (45) retrocede 17 puestos desde el último año, debido sobre todo a una medición más transparente de la renta estimada, según el documento.


Otras grandes economías en los veinte primeros puestos son Alemania (13), Francia (17) y Reino Unido (20), mientras que España se sitúa en el 29. Italia cae nueve puestos hasta el 50.


La región de Europa Occidental ha cerrado el 75% de su brecha de género más que ninguna otra, y al ritmo actual podría completar la económica en 47 años.


En el grupo de los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-, el mejor posicionado sigue siendo el último de ellos (15), que avanza dos puestos desde el pasado año, con mejoras en todos los pilares.


Tras Europa y Norteamérica, la región con la tercera brecha de género más estrecha es América Latina y el Caribe, según el FEM.


Con un 70% de su brecha cerrada, la región cuenta con seis países que han logrado la educativa y de género por completo; más que ninguna otra región.


También puede esperarse que, al ritmo actual, esa región cierre su brecha de género económica en seis décadas.


Nicaragua es el único país que aparece entre los veinte primeros de la lista, mientras que el rendimiento de las mayores economías, esto es, Argentina (33), México (66), Chile (70) y Brasil (79) es variado.


Asia Oriental y Pacífico ha cerrado el 68% de su diferencia de género.


Cuatro países del África Subsahariana, Ruanda (5), Burundi (12), Namibia (14) y Sudáfrica (15), se cuelan entre los 20 primeros; lo que coloca a la región en segunda posición, por detrás de Europa occidental.


La región peor situada (tras cerrar el 60% de su brecha total) es Oriente Medio y Norte de África.

EFE - Ginebra (Suiza)
26/10/2016 - 09:22h

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Jueves, 20 Octubre 2016 06:49

La destitución masculina

La destitución masculina

Hace unos años, la publicidad de una conocida marca de cigarrillos mostraba a un hombre que, al encontrar a una joven cuyo automóvil estaba detenido junto a un puente, hacía gala de su saber técnico, reparaba el motor y, luego, la invitaba al placer de fumar juntos contra la balaustrada. El acto estaba consumado. Mientras que una propaganda reciente, esta vez de una célebre marca de chicles, muestra a un joven que se jacta de conducir helicópteros, pero que, cuando surge la situación de tener que demostrarlo, devela la farsa y se confiesa ante la muchacha: no sabe conducir helicópteros, pero así y todo su deseo lo autoriza a ese encuentro.


Han pasado unos treinta años entre una imagen y la otra. La conclusión es difícil de evitar: el hombre de nuestro tiempo ya no se regodea en la potencia fálica como estrategia de aproximación al Otro sexo. Incluso podría decirse ¡todo lo contrario!, el varón contemporáneo se destituye del falicismo y hasta juega con su ridiculización. Dicho de otra manera, pocos hombres hoy tendrían éxito (al menos, eso parece) desde una posición como la de H. Bogart. El héroe (o, mejor dicho, el antihéroe) de nuestros días está más cerca del lúcido y desgarbado Woody Allen.


¿Qué consecuencias tuvo este cambio de posición? En resumidas cuentas, el hombre de hoy tiene poco para ofrecer, se escabulle del reproche: “Nada te prometí”; por lo cual tampoco se siente en deuda con el Otro sexo. La dimensión del pacto (enunciada en el sintagma “Tú eres mis mujer”) cedió su lugar a la destitución del riesgo. El hombre contemporáneo elige tener poco para perder; y deja la dimensión de la expectativa (que siempre defrauda) a las mujeres, para quienes la pérdida no se inscribe necesariamente en el complejo de castración. “No esperes nada de mí/ nada de mí”, dice una canción de Babasónicos.


La destreza fálica hoy es campo fértil para las mujeres, mientras que los varones han comenzado a padecer síntomas típicos que, en otro tiempo, eran considerados femeninos: celos, temor a la pérdida de amor, preocupación por la imagen física, etc. El hombre enamorado de nuestro tiempo (suelen quejarse algunas mujeres), recurre a estrategias impropias: dar a ver su deseo de manera esquiva, seducir a partir de la sustracción, diferir el encuentro, etc. De aquí el lamento generalizado, en la actualidad, de que los hombres “son histéricos”. A propósito, en cierta ocasión un analizante contaba la siguiente anécdota: ante la situación de estar con un amigo piropeando mujeres en la vía pública, una de ellas respondió con una sonrisa y se acercó, a lo cual este muchacho dijo a su compañero: “Rajemos, que dan bola”. Hemos pasado del hombre que tenía que asumir la división subjetiva de la vergüenza en el encuentro cuerpo a cuerpo con una mujer, al varón que goza de la escena que se construye y sostiene a la distancia.


Desde el punto de vista del psicoanálisis lacaniano, podría decirse que el varón actual ya no se sitúa desde los semblantes de amo o de saber para encarar al Otro sexo. Estas formas discursivas han dado paso a otras: la posición histérica que, en estos casos, interroga la feminidad en busca de saberes supuestos (como ocurre con la aparición de “Escuelas de seducción”); o bien, eventualmente, la posición de objeto que busca la división del sujeto cuya verdad sea una marca: “No quiero que lleves de mí nada que no te marque”, dice una canción de Jorge Drexler.


Por Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Filosofía y doctor en Psicología por la UBA, donde trabaja como investigador y docente. Co-coordinador de la Licenciatura en Filosofía de UCES. Este artículo resume las ideas de su último libro Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina, recientemente publicado por editorial Galerna.

 

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Miércoles, 28 Septiembre 2016 07:03

Comunicación con perspectiva de género

Comunicación con perspectiva de género

Alba Fajardo sostiene que la perspectiva de género es una opción política y ofrece una serie de sugerencias para el tratamiento periodístico en los medios de comunicación.


Existen muchos errores en las noticias que hablan sobre violencia hacia las mujeres: imprecisión de datos revelados; falta de dimensión ética; enfoque sensacionalista, descripción excesiva del desarrollo del crimen (usados la mayoría de las veces para dar ambiente de crónica al artículo); falta de contextualización y de perspectiva de género a la hora de comunicar.


¿Qué es la comunicación con perspectiva de género? La doctora en Comunicación Social, María Florencia Cremona, que estuvo a cargo del “Seminario interdisciplinario comunicación y género” en la Universidad Nacional de La Plata señala que: “La perspectiva de género es una opción política para develar la posición de desigualdad y subordinación de las mujeres en relación a los varones. Pero también es una perspectiva que permite ver y denunciar los modos de construir y pensar las identidades sexuales desde una concepción de heterosexualidad normativa y obligatoria que excluye”.


Es decir, que al escribir se debe favorecer la igualdad entre los géneros y la eliminación de estereotipos que afecten la dignidad o que marquen la supremacía de uno sobre el otro. Ejemplos donde hace falta esta dimensión hay muchos. El diario popular de Chile, La Cuarta, tituló así el caso de asesinato de la joven colombiana Yuliana Aguirre: “El amor y los celos la mataron”. La presidenta del Colegio de Periodistas de Chile, Javiera Olivares, señaló que ese tipo de lenguaje “naturaliza el feminicidio”.


Pero ¿por qué lo naturaliza? Porque hace que parezca un fenómeno natural y espontáneo dentro de una relación amorosa. Está dejando de decir que fue Edwin Vásquez quien asesinó a su pareja, para señalar que los celos y el amor acabaron con la vida de alguien, socializando además un concepto tóxico de lo que este sentimiento.


Pero este no es el único periódico que comunicó erróneamente, veamos otros titulares: “La joven descuartizada en Chile”; “Este martes repatriarán restos de Yuliana Andrea, colombiana desmembrada en Chile”; “De historia de amor en Andalucía a película de Terror en Chile”; “El amor violento de la bella colombiana que fue descuartizada”.


Los dos primeros hacen un enfoque hacía el “cómo” de los hechos, al decir “descuartizada” o “desmembrada” tanto la figura de asesinato como la autoría del crimen pierden fuerza al no estar nombrados. Con los dos últimos titulares podríamos jugar a preguntarnos: ¿dependiendo del lugar es una historia de amor o una historia de terror?; ¿está bien nombrar la violencia dentro de una categoría de amor?


En esta oportunidad compartiremos algunos puntos señalados por la organización Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación no Sexista que en su “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia de género en los medios” indican como primer punto, que estos temas son concernientes a la defensa de los derechos humanos y se deben tratar como tal. Citan textualmente: “desterramos de nuestras redacciones la figura de ‘crimen pasional’ para referirnos a al asesinato de mujeres víctimas de violencia de género. Los crímenes pasionales no existen”.


Las autoras además recomiendan utilizar nombres como: violencia de género y violencia machista (podríamos agregar a esta lista el feminicidio). También señalan la importancia de proteger la identidad de la víctima, no la del agresor y contar dentro de la noticia cuáles pueden ser las actitudes y situaciones que ponen en riesgo la vida de la mujer e incluir teléfonos de emergencia para realizar las denuncias respectivas.


No es recomendable y resulta ofensivo utilizar diminutivos, apodos, apócopes para nombrar a la víctima, y se debe revisar que las fotografías publicadas no sean obscenas o desvíen la atención del crimen perpetuado.


A este catálogo podríamos agregar el tratamiento de los testimonios de la familia. Al estar hablando de una muerte, el acercamiento para las entrevistas, debe ser pensado desde la ética del periodismo. Esta tiene en cuenta que el comunicador debe cuidar al entrevistado, ya que éste puede exponerse (emocional y psicológicamente) sin darse cuenta, dado el momento de dolor por el que transita.


Profundizar sobre estas herramientas de comunicación es una tarea que todos los comunicadores debemos hacer, y para todo aquel que quiera un lenguaje más respetuoso, constructivo y solidario que nos acerque a la equidad de género y a una sociedad más justa.

 

Por Alba Fajardo, comunicadora Social-Periodista de la Universidad Externado de Colombia. Estudiante de la Maestría Comunicación y Cultura de la Fundación Walter Benjamin.

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Martes, 12 Julio 2016 08:19

Luces y sombras de Theresa May

Luces y sombras de Theresa May

La sucesora de David Cameron no siempre ha sido firme en sus posturas y ha ido cambiando con el paso de los años

 

Hace poco más de 25 años, Margaret Thatcher dejaba el cargo de primera ministra. Fue la primera mujer que lo ocupó. Ahora otra mujer conservadora, Theresa May, se mudará al número 10 de Downing Street, pero ya dejó claro que aunque siente admiración por su predecesora, quiere recorrer y marcar su propio camino, pues en política no tiene modelos.


Esta mujer de 59 años, casada y sin hijos, ha ocupado desde 2010 el puesto de ministra del Interior y es parlamentaria por un distrito londinense desde 1997. Aunque en 2007, tras la marcha de Blair y que Gordon Brown asumiera el cargo sin elecciones, criticó a los laboristas, Theresa May tiene pensado gobernar hasta 2020 sin pasar por las urnas.


Inmigración


Theresa May no era partidaria de reducir la inmigración anual neta a 100.000 personas. Era un objetivo de su Gobierno y se la criticado por no cumplirlo. El último recuento fue de 330.000 personas. Pese a no ser su propuesta, ha intentado cumplir con ella.


Una de sus decisiones más polémicas para reducir la inmigración de fuera de la Unión Europea (UE) era no permitir la reunificación familiar a menos que el residente en Reino Unido ganara un mínimo de 18.600 libras anuales. Ha habido recursos al supremo y ha sido muy criticada por separar a padres de sus hijos. Otra controversia fue apoyar las furgonetas que ofrecían a los inmigrantes ilegales ayuda para retornar a sus países. Sólo 11 personas las utilizaron según los datos que recoge The Guardian.


Mujeres e igualdad


Uno de los momentos por los que es recordada se remonta a 2002, cuando se convirtió en la primera presidenta del grupo de los conservadores y alertó a los “tories” de que eran vistos como un “partido desagradable”, debido a su intolerancia con las minorías. Considerada una de las voces modernizadoras de la formación, May respalda la igualdad de sexos y apoya el matrimonio entre homosexuales, aunque en 2002 votó en contra de concederles el derecho de adopción.


Como ministra de Interior ha luchado contra la violencia doméstica. No obstante, se le reprocha el trato a las mujeres inmigrantes, no poniendo fin a la detención de mujeres embarazadas.


Derechos Humanos


Durante la campaña del referéndum Theresa May abogó por abandonar la convención europea de Derechos Humanos fuera cual fuera el resultado de la consulta, pues cree que no aportaba ninguna protección a Reino Unido por la prevención de expulsión de extranjeros peligrosos y no censura las violaciones de Derechos Humanos de otros países. Aunque ahora ya no cree que ello sea una buena idea.


Recibió alabanzas y reproches por deportar al clérigo radical Abu Qatada y por negarse a extraditar a EE.UU. al pirata informático Gary McKinnon, que accedió a los ordenadores del Pentágono.


Negocios y derechos de los trabajadores


En su intervención de este lunes, May añadió que bajo su mando el partido se pondrá “al servicio de la gente trabajadora (...) y garantizará que nuestra economía funcione realmente para todos”. Se ha comprometido a dar voz a los trabajadores en los consejos de administración, pero no siempre ha sido una firme defensora de los derechos de los trabajadores. Se oponía al salario mínimo obligatorio tras ser elegida en 1997.


Educación


En 2004 votó contra las tasas universitarias y en contra de elevar el precio de las matrículas, pero cuando entró al gobierno cambió el sentido de su voto respecto a estas cuestiones.

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Me matan si no trabajo… y si trabajo me matan

Llegado el 1 de mayo, la reivindicación del trabajo digno, en condiciones, contra la situación de precarización recorre nuestro imaginario. Y también las manifestaciones. Las mujeres, las feministas, introducimos la perspectiva nuestra y queremos insistir en las especificidades. No es que las condiciones de trabajo de las mujeres sean peores; es que, en muchos casos sí son peores, pero siempre son específicas. Siempre la explotación capitalista en el trabajo ha estado atravesada por la condición de ser mujer, por la dominación patriarcal, por el mando masculino.

Pero también desde siempre, quiero decir que desde que en los años 70 empezamos en esto de la lucha feminista, la reivindicación del trabajo para las mujeres, ha sido un clásico: “lanpostuak emakumeontzat” (puestos de trabajo para las mujeres) ha recorrido nuestras movilizaciones, y no solo el 1º de mayo, sino en nuestras propias manifestaciones y en los debates y en las jornadas.

Siempre destacamos dos elementos importantes del trabajo asalariado: el menor nivel de acceso al mismo por parte de las mujeres en comparación con el de los hombres que, en general, son los datos de población activa. Y una vez conseguido el acceso a los puestos de trabajo con salario, la enorme brecha salarial que existe entre las retribuciones que reciben las mujeres y las de los hombres. Dato éste que finalmente se estudia también con las condiciones temporales del trabajo –jornadas parciales y contratos temporales-. Así también observamos que la temporalidad y sobre todo las jornadas reducidas, son mayoritariamente ocupadas por las mujeres, lo que obviamente, incide, a la larga, en una disminución salarial, a lo largo de toda su vida.

Estos datos se analizan en términos comparativos con los de los hombres trabajadores. Y en buena consecuencia de demanda de justicia distributiva, se exige la igualdad. ¿Por qué una mujer tiene que ganar menos que un hombre? ¿Por qué los peores contratos son para las mujeres?

Las explicaciones iban mucho por la consideración del salario ayuda de las mujeres, por la falta de profesionalización de ellas, por la dedicación a las atenciones familiares, por la consideración de la mano de obra femenina como fuerza de trabajo de reserva para períodos de guerra o situaciones demográficas especiales.

Casi todas estas cuestiones con puestas en solfa por el movimiento feministas. Ya no se reivindica trabajo y más trabajo en condiciones de igualdad. El análisis es más profundo y la reivindicación más radical.

Y el trabajo, ¿para qué?

Las corrientes feministas socialistas, en general, hicieron un mito del trabajo asalariado. A él se le atribuían toda suerte de virtudes. Y este fue el primer empeño de nuestro emergente movimiento feminista radical en los años 70.

Es verdad que esta reivindicación estaba anclada en una situación muy especial que vivíamos de forma muy cruda en este Estado en los tiempos de la dictadura y en años posteriores. Así que ante una realidad que prohibía el acceso de las mujeres al trabajo remunerado, permitiendo sólo de forma excepcional su acceso y en condiciones precarias y absolutamente desiguales. Incluso al principio, los propios sindicatos veían como un obstáculo la “competencia desleal” por parte de las mujeres para acceder a los puestos de trabajo.

Era por tanto una reivindicación de primera línea terminar con las prohibiciones, por el mero hecho de ser mujer. Y así se empezó a uniformar, con criterios de paradigma, la consigna de la igualdad, que posteriormente ha sido la base principal del relato del feminismo hegemónico institucional, para todos los campos y reivindicaciones.

Además, y esto no puede olvidarse de ninguna forma, la única forma de acceder a los medios para sobrevivir y satisfacer las necesidades, para la gente pobre, es el trabajo remunerado. No es suficiente siempre y en cualquier lugar, pero sí necesaria. Las otras formas de satisfacer las necesidades crean dependencias injustas y muchas veces esclavizadotas para las mujeres: el matrimonio, el ingreso en una orden religiosa, el trabajo de empleada de hogar, de prestación de servicios sexuales, trabajo familiar agrícola... En esta sociedad tan monetarizada como la nuestra, y con tanta escasez de servicios sociales, sanitarios y educativos, con derechos universales, el salario es la forma universal de conseguir dinero. Por ello hay que conseguirlo para todas las personas y en las mejores condiciones.

Lo que ha pasado en nuestra historia es que de la necesidad hemos hecho virtud, y lo que en el inicio de los tiempos de dios empezó como una maldición divina, lo hemos convertido en el pilar fundamental de la construcción del sujeto histórico de la liberación de la humanidad.

Por esto desde el movimiento feminista se están haciendo lecturas más complejizadas de lo que significa el trabajo y dónde debemos situar las peleas en relación al mismo, una vez superada la fase de la prohibición de trabajar a las mujeres. Y sobre todo, se ha puesto sobre la mesa, que la condición de las mujeres trabajadoras no sólo viene definida por el eje de explotación capitalista, sino por el eje fundamental de la dominación patriarcal. Lo mismo que segmenta a la clase obrera el ser persona inmigrante, o el ser de una etnia o raza interiorizada.

Derechos para todas y para cada una

Uno de los fallos importante del análisis y de la reivindicación, a mi modo de ver, para superar lo que se ha llamado la doble jornada y la doble presencia de las mujeres, que además trabajan de forma asalariada, ha sido contemplarlas únicamente a ellas en el ámbito familiar, casi de forma exclusiva a ellas, como si los hombres no vivieran en familias, y a todas las mujeres, como si el patrón familiar fuese universal.

Así cuando se denuncia la doble jornada de las mujeres que han accedido al trabajo asalariado, porque tienen que realizar trabajos de cuidados o tareas domésticas y la falta abrumadora de servicios sociales gratuitos para atender las necesidades más elementales, desde las instancias oficiales, y a modo de copia del modelo europeo, se acuña el relato hegemónico de “conciliación de la vida familiar y la vida laboral”.

Todos los maravillosos esfuerzos y contundentes estudios de las economistas y juristas feministas y las movilizaciones y reivindicaciones del movimiento feminista radical, se viene a reducir a que las mujeres, por si no nos habíamos dado cuenta, deben atender las necesidades familiares, lo que en unos horarios muy rígidos, que caracterizan las jornadas laborales, no pueden ser atendidas.

Se hace así una lectura muy mecánica de los horarios de atención a las necesidades familiares, y se asigna en el apartado “mujer” o en los planes de igualdad de las empresas, los temas de conciliación.

Evidentemente, la fuerza de la lucha, hace que también se extienda el término de necesidades familiares a necesidades personales, y los temas de igualdad tratan de hablar de una igualdad tanto entre mujeres y hombres, como entre hombres y mujeres.

Lo que es el pilar de la dominación patriarcal, como es la exclusión de las mujeres del trabajo asalariado y su reclusión en las familias, vía matrimonio, con asignación exclusiva de las tareas de cuidados, se ha convertido en un mero trámite de horarios de trabajo o de jornadas no compatibles con las consultas de los centros de atención sanitarias. Lo que fundamenta la alianza permanente e inquebrantable del capitalismo y el patricarcado, y sienta las bases más firmes de la opresión y explotación de las mujeres, como es la definición y configuración jurídica del trabajo, asignando derechos o estigmatizando actividades, resulta que se resuelve señalando la obligación de todas y todos de cuidar, dedicando menos tiempo al trabajo asalariado, y por tanto cobrando menos, y por tanto en el caso de las mujeres, siendo todavía más dependientes de sus parejas o de otras familiares.

Mientras tanto no se ha movido ni un ápice la regularización de que todas las personas –incluidas las menores de edad- tengan de forma individual el disfrute del derecho universal a la salud, a la educación y a los derechos sociales que ahora se derivan del trabajo reglamentado.

Ni medio metro, más bien ha ido hacia atrás, se ha movido la consideración de las actividades “típicamente” femeninas, -como por ejemplo servicios sexuales y trabajos de cuidados pagados-, como actividades laborales, y por ende, con todos los derechos. En algún caso, incluso, se está presionando en el ámbito de la criminalización y penalización.

Lo que llaman los recortes sociales, ha supuesto que los servicios sociales han disminuido, y lo que es peor, muchos de ellos, que son prestados por las Administraciones mediante precio, se han encarecido, como es el caso de escuelas infantiles. No se considera problema, las mujeres inmigrantes se harán cargo de ellos, con módicas tarifas y desprotección absoluta, o esas estupendas abuelas y abuelos, que ya no están en activo.

Así que, este 1º de mayo yo no voy a reivindicar esta consigna de puestos de trabajo para las mujeres. Ni tampoco la conocida de a trabajo igual salario igual. Nuestra consigna es “Trabajo nos sobra, queremos empleo digno”, Los dineros de Panamá, para gasto social.”

30/04/2016

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Cuando la igualdad es prioridad de un Estado

En el gobierno sueco, liderado por un socialdemócrata, reina la paridad absoluta: 50 por ciento de los ministerios están a cargo de mujeres, al igual que los cargos de segunda y tercera línea. Una ministra explica cómo trabaja esa gestión.


Podría ser el argumento de una novela de Gioconda Belli. Pero no. Hay un país, lejano a nuestras latitudes y tradiciones, que tiene el primer gobierno que se declara feminista en el mundo y cuya principal política es la igualdad de género. Puertas adentro y fronteras afuera. Se trata de Suecia, donde en 2014 asumió como primer ministro Stefan Löfvén, un ex soldador, de 54 años, líder del Partido Socialdemócrata, y que antes encabezó el poderoso sindicato metalúrgico, como Lula, con quien tiene otros puntos en común en su historia personal, como el hecho de no haber conocido a su padre. Löfvén asumió después de ocho años de conservadurismo, y aunque ninguna ley lo obligaba, nombró un gabinete de ministros, con un 50 por ciento de mujeres y un 50 por ciento de varones. Paridad absoluta: no solo en la primera línea; también entre los viceministros, los secretarios de Estado, y en los gabinetes de cada ministro. En una entrevista con Página/12, su ministra de Infancia, Ancianidad e Igualdad de género, Asa Regnér, detalló los principales ejes de la gestión. "Somos un gobierno feminista y eso significa que la política tiene que ser otra. Tiene que haber una diferencia entre nuestro gobierno y otro. Vemos la igualdad como una cuestión de derechos humanos, justicia y derechos de las mujeres. Es también un vehículo para cambiar toda la sociedad", afirmó en una charla con este diario. Entre las medidas que implementó el gobierno, figura una línea telefónica para brindar ayuda a hombres que ejercen violencia contra su pareja o ex pareja.

El calor porteño la enamora. Prefiere que la entrevista sea al aire libre, cerca de la pileta del hotel donde se aloja, en el barrio de Retiro, antes que en el lobby con aire acondicionado. En Suecia el invierno le regala, en esta época, apenas cuatro horas de luz natural por día, y las temperaturas suelen estar por debajo de los cero grados. Regnér estuvo en Buenos Aires para participar de los actos de asunción del nuevo presidente argentino, en representación de su país. Y aprovechó su visita para reunirse con referentes de Unicef, y de ONG vinculadas a los movimientos de mujeres y LGBT, además de conocer a la nueva titular del Consejo Nacional de las Mujeres, Fabiana Túñez.

Antes de sumarse al gobierno sueco –surgido de una coalición entre el Partido Socialdemócrata y el verde–, Ragnér fue titular de ONU Mujeres en Bolivia entre 2013 y 2014, un territorio que conocía porque más de dos décadas atrás había estado viviendo en un barrio de la ciudad de La Paz, donde cooperaba con un grupo de mujeres aymaras. También fue directora general de la Federación de Suecia de Educación Sexual (RFSU).

"Si tuviéramos una sociedad igualitaria en relación al género, tendríamos niños con acceso a ambos padres, padre y madre, si los tuvieran. Tendríamos una sociedad con gran crecimiento económico, porque podríamos aprovechar la formación de todos, hombres y mujeres, en la fuerza laboral, tendríamos una base de impuestos que permitiría pagar servicios de cuidados, de personas de tercera edad, de niños. Ese es el modelo sueco. Hemos llegado a cierto punto, pero hay que mejorarlo", explicó la ministra.

 

–¿Qué significa en los hechos que el gobierno se defina como feminista?

–El gobierno feminista ha presentado dos presupuestos, con líneas claras para fortalecer más que nada la economía de mujeres. Las mujeres suecas tienen una situación económica peor que los hombres. Las diferencias no son grandes en comparación con otros países, pero sí hay diferencias, y tienen que ver con género. Hemos ya propuesto medidas que fortalecen la situación económica de las mujeres. El cuidado de personas de tercera edad es pago y lo hacen mayormente las mujeres. Hemos dedicado bastante dinero para incluir más plazas, para que haya menos estrés, que haya posibilidades de formarse en el trabajo y organizar el trabajo de mejor manera. También hay apoyo a mujeres que viven solas con sus hijos.

 

–La violencia machista es la otra cara de la desigualdad histórica de las mujeres en la sociedad. ¿Cuál es el panorama en relación a este problema en un país con niveles tan altos de igualdad?

–En Suecia también hay violencia de género. Tenemos una población de 9 millones de habitantes. Y cada año tenemos 17 femicidios. Entre 16 y 18 en los últimos diez años. Debería ser cero, en Argentina, en Suecia, donde sea. Los diferentes gobiernos, socialdemócratas y conservadores, han invertido en los últimos 15 años para mejorar la infraestructura en relación a las respuestas que se ofrecen a las víctimas, mujeres y niños, afectadas por la violencia. También hemos revisado bastante la legislación, y hecho programas de formación para el sistema judicial y policial. Sin embargo, los niveles de violencia parecen mantenerse. Un enfoque que yo tengo será implementar programas nacionales para prevenir la violencia en municipios y escuelas. Pero también medidas más específicas: hemos abierto una línea nacional para hombres que saben que podrían hacer daño, sexualmente o físicamente.

 

–¿Llaman?

–Sí, llaman.

 

–¿Qué tipo de ayuda se les brinda?

–Hay psicólogos muy expertos. Tienen que ser profesionales especializados porque tenemos que pensar que hay personas en riesgo, así que los que contestan el teléfono están muy preparados. Y si la persona dice dónde vive, le indican a qué lugar puede ir cerca de su domicilio. Los que llaman son un grupo de gente que es consciente de sus problemas y de las consecuencias para las víctimas y para ellos mismos. En nuestra sociedad es muy mal visto pegar a una mujer, o violarla. Entonces es una pérdida social también. Esta línea no sustituye al sistema judicial. Es una medida más.

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Lunes, 26 Octubre 2015 07:29

Las gringas

Las gringas

A pesar del autoelogio de que Estados Unidos podrá tener pronto una presidenta, de sus recomendaciones y juicios a otros países por su trato a las mujeres y el respeto a sus derechos, de grandes pronunciamientos políticos en defensa de la igualdad de género en el trabajo, la educación y las artes, y décadas de lucha por la equidad económica, social y política de la mujer, en esta superpotencia las mujeres no han logrado maravillas.


Las mujeres siguen ganando 79 centavos por cada dólar que ingresan los hombres y, aunque la brecha disminuyó en los últimos años, según el Censo de Estados Unidos, ganan sólo 78.6 por ciento de lo que ingresan los hombres. A la vez, las mujeres tienen un índice más alto de pobreza. Una de cada tres mujeres estadunidenses (42 millones con sus 28 millones de hijos) vive en la pobreza o al borde de ésta, según el Informe Shriver y el Centro para el Progreso Estadunidense. Cerca de dos tercios de los trabajadores de salario mínimo son mujeres.


Aun en las esferas más altas de este país se manifiesta la desigualdad entre los géneros. Jennifer Lawrence, la superestrella de cine y ganadora del Óscar denunció la falta de equidad de pago entre actores masculinos y femeninos en Hollywood, después de que los correos hackeados de Sony revelaron que ella recibió bastante menos que sus coestrellas.


En otra parte de la élite, vale recordar que en 2005 Lawrence Summers, el entonces rector de Harvard, ex secretario del Tesoro y ex jefe del Banco Mundial, argumentó que las mujeres, por razones genéticas, no tenían la misma aptitud que los hombres para ocupar las primeras filas en las ciencias y matemáticas.


Por otro lado, conservadores continúan en guerra contra los derechos básicos de las mujeres, incluido el control sobre su propio cuerpo. Además de continuar su batalla contra el aborto en los tribunales y legislaturas estatales, ahora han lanzado un ataque frontal contra Planned Parenthood, la organización nacional de servicios y educación de salud reproductiva, sobre todo para mujeres, fundada hace casi un siglo. Con pretextos fabricados, el ataque incluye ahora investigaciones legislativas y acciones policiacas (la semana pasada las autoridades de Texas catearon las oficinas de la organización) e intentos por anular el financiamiento estatal y federal a sus servicios, vitales para mujeres jóvenes sin recursos.


La violencia sexual contra las mujeres sigue como plaga en este país. Casi tres de cada 10 mujeres han sufrido una violación sexual, violencia física o persecución por su pareja, según el Centro de Control de Enfermedades (CDC). La misma fuente calcula que casi una de cada cinco mujeres ha sido violada en este país (19.3 por ciento). Unos 38 millones de mujeres han sufrido violencia física a manos de su pareja durante su vida. Según un nuevo sondeo de la Asociación de Universidades Estadunidenses, 23 por ciento de mujeres estudiantes reporta que han sido víctimas de asalto u hostigamiento sexual.
Por otro lado, en el país más encarcelado del mundo, un millón de mujeres están en prisión o bajo algún control del sistema de justicia penal. Son el sector de mayor crecimiento de la población encarcelada (hoy hay ocho veces más mujeres encarceladas que en 1980, con la guerra contra las drogas como el factor principal). De hecho, de las 500 mil mujeres encarceladas a nivel mundial, un tercio están en celdas estadunidenses (cifras del ACLU y el Sentencing Project).


Es cierto que Hillary Clinton podría ser la primera mujer en ocupar la presidencia y por supuesto usa esta carta en su campaña. No hay duda de que más mujeres ocupan los puestos más altos de las esferas políticas y económicas del país. Hay cifra récord de mujeres en el Congreso federal (104 de 435 curules), aunque sólo 26 mujeres son ejecutivas en jefe de una de las principales 500 empresas en la lista de Fortune (5 por ciento del total), reporta el Centro Pew.


Pero si no hay un cambio más fundamental en la estructura política y económica de este país, parece que las cosas no cambiarán mucho, aun con una mujer en la Casa Blanca. Tal vez se requiere –ya que parece ser obsesión en la cultura popular– una superheroína. Próximamente la Mujer Maravilla reaparecerá, esta vez en la nueva película de Batman y Supermán.


Resulta que la Mujer Maravilla como cómic fue inventada en 1941 por el sicólogo egresado de Harvard William Moulton Marston, con la intención de ofrecer un modelo de mujer fuerte, libre y valiente para los jóvenes y combatir la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres, ya que la única esperanza para la civilización es mayor libertad, desarrollo e igualdad de las mujeres en todos los campos de la actividad humana, según un comunicado de prensa en su presentación, reportó The New Yorker. El origen, obviamente, son las míticas amazonas, cuyo matriarcado fue definido por la paz e igualdad hasta que fue conquistado por hombres extranjeros.


Por cierto, Marston fue familiar de la líder feminista Margaret Sanger quien en 1914 fundó la revista La Mujer Rebelde, donde por primera vez se usó la frase control de natalidad y donde insistió en que el derecho a ser una madre independientemente de la Iglesia o el Estado era la base del feminismo. Pocos años después, Sanger y su hermana abrieron la primera clínica de control natal en el país, en Brooklyn, lo que después sería conocido como.... Planned Parenthood. La Mujer Maravilla, reporta The New Yorker, no sólo sale de la ficción utópica feminista, sino fue inspirada en Sanger.


O sea, la Mujer Maravilla representaba un movimiento, y todo indica que es hora de su regreso, no sólo a la pantalla, sino a las calles.


PD: David Brooks no es David Brooks: por la constante y desafortunada confusión que persiste, me veo obligado a aclarar que no soy otro. Yo he trabajado de reportero/corresponsal exclusivamente para La Jornada durante 23 años. El otro David Brooks (y hay muchísimos más) con quien a veces me han confundido es autor de libros, columnista conservador del New York Times y colaborador de otros medios estadunidenses. No compartimos puntos de vista, sólo el nombre.

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Marcha del orgullo gay, matrimonio en EU y en Colombia

Sucedió el pasado 26 de junio en los Estados Unidos (EU). Ese día fue pública una Sentencia hito respecto al matrimonio entre parejas del mismo sexo; el caso fue el de Obergefell v. Hodges.

Con tal Sentencia fue legalizada en los 50 Estados de ese país, la unión entre parejas homosexuales, haciendo de la igualdad y el pensamiento de avanzada una tendencia por seguir alrededor de todo el mundo.

El precedente jurisprudencial en el que se basaron los jueces para el fallo, fueron tres Sentencias que lo hicieron posible en igual número de estados (Romer vs. Evans, Lawrence vs. Texas, United States vs. Windsor). El argumento principal de esgrimido en las mismas se deriva de la catorceava enmienda de los EU. En esa enmienda los matrimonios conferidos legalmente en otros estados, así sean parejas del mismo sexo, serán validos en todo el país.

Uno de los principales ponentes de la Sentencia fue el jurista Anthony Kennedy, quien había participado favorablemente en las anteriores tres Sentencias, y quien, a diferencia de lo que podría pensarse, tiene una línea de pensamiento más bien conservadora. Así puede deducirse de sus posiciones en otros litigios, donde en lo económico actuó a favor de abrir la economía nacional, apoyó a Bush con su decisión en la Corte para proferir su segundo mandato, ayudó a tumbar las restricciones con respecto al porte de armas en el distrito de Columbia y, también, estuvo a favor de la pena de muerte.

Este hombre puede ser un ejemplo de cómo finalmente es posible tener una mente conservadora pero actuar a favor y en consecuencia con un Estado realmente laico. Decisión y comportamiento ejemplar que inspiró la marcha realizada en Bogotá el domingo 28 de junio, desde el Parque Nacional hasta la Plaza de Bolívar, junto con las personas Lgbti.

Aunque lo ocurrido en el país del Norte es inspiradora para todos nosotros/as, debemos recordar que en nuestro país es imperante modificar la definición de matrimonio resumida en el Código Civil, entendido como la unión entre un hombre y una mujer, Ley 84 de 1873, basada en el concepto de familia que manejaba la Constitución de entonces.

Cuando se habla de matrimonio gay es inevitable pensar en ese concepto de familia. Esta ha sido, según los opositores a este derecho, una de las principales razones por las cuales algunos consideran que la unión entre parejas del mismo sexo es inmoral y errónea. Si acudimos a la Ley para entender esto podríamos estar de acuerdo con los argumentos poco fundamentados de personas que ven la tierra plana. Pero los estudios sociológicos nos dan una visión más amplia al respecto.

Como es bien sabido, la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, cosa que se traduce en la sociología como la primera forma de organización de las relaciones sociales donde hay relaciones interpersonales, intimas y afectivas. En esta definición científica no vemos en ningún momento lo que pregona la ley colombiana, donde según el articulo 42 de la Constitución del 91 "La familia [...] se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla". En esta definición se quedan por fuera familias como la que conformamos mi madre y yo, o las integradas por personas del mismo sexo, las integradas según pueblos ancestrales, las mismas que no provienen de la tradición judeo-cristiana, y otras más.


Tenemos como sociedad, como efecto de cambios que demandan nuevas normas y nuevas lógicas, el deber de comprender y asumir las novísimas realidades que se abren camino. Nuevos derechos, que, como todos los demás, son producto de las luchas sociales. En particular, para lograr el reconocimiento de las nuevas familias, es importante movilizarnos para promover la igualdad entre las personas y así, por fin, salir de esquemas restringidos que limitan nuestra evolución como seres vivos.

Publicado enEdición Nº 215
Martes, 07 Julio 2015 06:52

"La universidad es un derecho"

"La universidad es un derecho"

Rinesi reflexiona sobre las implicancias de asumir a la formación superior como un derecho individual y colectivo. "La educación sólo es de calidad si es una educación para todos", sostiene.

"No es verdad que una institución que después de recibir a cien alumnos produce a diez excelentes graduados, sea una universidad de excelencia. Es una universidad mala, porque no ha estado a la altura de garantizarles a todos el derecho a la educación", dice el politólogo y docente Eduardo Rinesi, que en su último libro, Filosofía (y) política de la Universidad (Ediciones Ungsiec), se pregunta qué consecuencias tiene para quienes forman parte de la comunidad académica considerar a la educación superior como un derecho. Crítico de los academicismos, Rinesi señala en esta entrevista con Página/12 la importancia de no perder el foco de los problemas que le dan sentido a la universidad pública y anima a reflexionar sobre el rol de los docentes, que considera injustamente degradado.


–¿Qué implica garantizar el derecho a la universidad?


–Quizás habría que empezar señalando la novedad que representa que hoy podamos formularnos esa pregunta. La universidad, que es una institución muy antigua en Occidente, nunca se pensó a sí misma como una institución encargada de garantizar nada que pudiera conceptualizarse como un derecho universal. Más bien se pensó como lo que fue: una máquina de fabricar elites. Preguntarnos qué es garantizar ese derecho a la universidad nos exige preguntarnos quién es el sujeto de ese derecho. Y a mí me parece que ese derecho puede ser pensado como teniendo un titular individual –los ciudadanos que quieren ejercer su derecho a estudiar una carrera universitaria– y al mismo tiempo como el derecho de un pueblo como sujeto colectivo a beneficiarse de lo que la universidad sabe e investiga. Y como derecho individual es importante representárnoslo no sólo como el derecho que tienen los ciudadanos a entrar a la universidad, sino como el derecho a tratar de entrar y entrar, a tratar de aprender y aprender, a romperse el alma estudiando y avanzar en sus estudios, a terminarlos en un plazo razonable.


–¿Qué valoraciones pesan sobre los recién llegados a la universidad?


–Quizá la valoración negativa, producto de un largo acostumbramiento a que los estudiantes universitarios son y casi no podrían sino ser los hijos de una elite de rasgos reconocibles y fácilmente identificables por su pertenencia social, nivel económico, hasta por sus lugares de residencia. Las sociedades que conocemos son sociedades desigualitarias, sociedades donde las personas somos injustamente diferentes. Pero me parece que la evidencia de esas desigualdades no debe llevarnos a desconocer el hecho evidente de que todos los seres humanos somos, por debajo o por detrás de esas desigualdades, radicalmente iguales. Cuando uno lo piensa un poco, los motivos de las desigualdades que tendemos a naturalizar y en nombre de las cuales tendemos a justificar diferentes distribuciones de posibilidades, riquezas, derechos, saberes, son muy insustanciales frente a lo contundente de las cosas que nos hacen iguales. Somos radicalmente iguales en inteligencias, talentos, capacidades, derechos y si nos tomamos en serio que hay una igualdad radical de fondo, los profesores universitarios nos vemos obligados a dejar de volver a aquellos estudiantes a los que no somos capaces de garantizarles el ejercicio efectivo y exitoso del derecho a la educación para echarles la culpa de nuestro propio fracaso. Esa es la vía mas fácil, la vía autoexculpatoria y tranquilizadora. Es también la menos sensible a las exigencias que nos impone representarnos de verdad que la universidad es un derecho, que tiene consecuencias importantes sobre nuestros modos de hacer las cosas y pensar la universidad.


–Implica no decir, por ejemplo: "Bueno, educamos a todos, pero no se puede igual, no con la misma calidad"...


–La idea según la cual una educación para todos no puede ser una educación de la más alta calidad es un prejuicio inaceptable si uno piensa que la educación es un derecho universal. Parte de un prejuicio reaccionario, simplificador y no sostenido sobre ninguna evidencia. La educación sólo es de calidad si es una educación para todos. No es verdad que una institución que después de recibir a cien alumnos produce por la vía de un prolongado proceso de selecciones a diez excelentes graduados, sea una universidad de excelencia. Es una universidad mala, porque no ha estado a la altura de garantizarles a todos el derecho a la educación que proclama. Pero con la misma fuerza quiero sostener que una universidad no es de verdad una universidad para todos si no es para todos de la más alta calidad. Si no, es un engaño, es hacerle el juego a una derecha a la que no debemos concederle que los más no puedan hacer igual de bien lo mismo que los menos.


–¿Por qué le parece importante revisar la separación entre las funciones de docente e investigador y la jerarquización de una por sobre la otra?


–En los años finales del siglo pasado se produjeron transformaciones muy importantes en los modos de organización de la vida universitaria a partir de un par de diagnósticos que no estaban necesariamente mal, pero que llevaron a políticas que sí produjeron resultados muy nocivos. El primero de esos diagnósticos decía que en la universidad argentina se investigaba poco, y eso no era falso, por eso no estuvo mal insistir en que los docentes debían ser docentes investigadores. Apareció entonces en los '90 un guioncito lleno de promesas entre la palabra docente e investigador. El problema, la hipertrofia producida durante los '90, fue que en la medida en que se promovió la investigación por sobre la actividad de docencia rápidamente el promisorio par de conceptos docente-investigador se convirtió en el par investigador-docente y de ahí no pasó mucho hasta que cuando nuestras tías nos preguntaban qué éramos dijéramos en voz alta y sacando pecho "investigador" y bajáramos después la voz para confesar que también éramos miserables docentes. Valoro mucho la investigación universitaria, por supuesto, ahora lo que sí me parece inaceptable es que en nombre de la importancia de la investigación nos hayamos acostumbrado a suponer que la parte de la docencia de nuestra vida universitaria es una parte mala, degradada.


–¿Y el segundo diagnóstico?


–El otro diagnóstico, que tampoco estaba necesariamente mal, decía que en la universidad argentina había pocos masters, doctores, posdoctores en relación con el conjunto de los profesores de la universidad y aun con el conjunto de la población económicamente activa del país. Más de uno pensó que lo que se derivaba de esto era que había que ponerse a producir locamente doctores. Eso está lleno de supuestos que han llevado a una inflación del mercado de los posgrados, que ofrecen un dinero interesante para los profesores, ofrecen reconocimientos académicos y curriculares quizás más importantes que los de dar clases en las careras de grado, con lo cual cualquier profesor que haya conquistado su maestría o doctorado tiene un campo abierto de posibilidades laborales dando clases en otras maestrías o doctorados y cada vez van encontrando menos incentivos para dar clases en los cursos que más los necesitan: los cursos del grado de las universidades públicas que les financiaron con generosos sistemas de becas sus propios cursos de maestría, doctorados, posdoctorados, pos, pos, pos... ¿Qué locura es ésta? Tenemos que ser capaces de generar los estímulos morales, políticos y, si es necesario, materiales para que los colegas en los que el Estado argentino gastó mucho dinero para calificar den a esos estudiantes las mejores clases que puedan dar en lugar de suponer que ese es un favor que les hacen de tanto en tanto, o que lo puede hacer el docente JTP, mientras ellos continúan su loca carrerita hacia la nada.

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