Sábado, 04 Abril 2015 07:16

Boicot al odio

Boicot al odio

El 7 de agosto de 1930 tres jóvenes aforestadounidenses fueron linchados en Marion, Indiana. El horror del crimen fue capturado por un fotógrafo local. La imagen de los cuerpos colgados y ensangrentados de dos de estos tres jóvenes es una de las más icónicas del sombrío archivo de linchamientos documentados en Estados Unidos. La mayoría de las personas asocia el linchamiento con el sur profundo, los vestigios de la esclavitud y la aplicación de las leyes de segregación racial. Sin embargo, esto sucedió en el norte. Marion está en el norte de Indiana, a mitad de camino entre Indianápolis y Fort Wayne y a alrededor de 240 kilómetros de Chicago. La intolerancia no conoce fronteras.


En la fotografía se ve, parada debajo del árbol de arce de la plaza de los Tribunales de Marion, a la multitud de hombres blancos responsables del linchamiento de los jóvenes. Algunos sonríen a la cámara. Un hombre señala al cadáver de Abran "Abe" Smith, colgado junto al de Thomas Shipp. La tercera víctima, James Cameron, sobrevivió. Era el menor de los tres. Fue golpeado y arrastrado hasta el tronco del árbol, debajo de sus amigos muertos y llevaba una soga alrededor del cuello. Por algún motivo no lo mataron. Posteriormente, fundó cuatro grupos locales de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), así como el Museo del Holocausto Negro de Estados Unidos en Milwaukee. Fue también director de la oficina de derechos civiles de Indiana.


Sin duda, Indiana no quiere ser recordado por este terrible crimen ni como bastión del odio. Entonces, ¿por qué el gobernador de Indiana, Mike Pence, legalizó una nueva ola de intolerancia al promulgar la controvertida "Ley de Restauración de la Libertad Religiosa"?


Quienes apoyan la ley afirman que defiende la libertad religiosa; quienes se oponen la califican de un ataque apenas encubierto a los derechos de las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero (LGBT). La ley permite a individuos, empresas y comercios negarse a atender a personas LGBT únicamente por motivo de su orientación sexual o identidad de género. Ello ha provocado una ola de fuertes reacciones negativas a nivel nacional. Muchas celebridades, grandes empresas y gobiernos de ciudades y estados condenaron y boicotearan a Indiana. Charles Barkley, ex jugador de básquet de la NBA y comentarista deportivo dijo en una declaración: "Mientras exista legislación contra las personas homosexuales en un estado, creo que los grandes eventos como los 'Final Four' y el 'Super Bowl' no deberían realizarse en ciudades de esos estados". Indianápolis, capital del estado de Indiana, será anfitrión de las semifinales y de la final del campeonato de básquet universitario, conocidos como 'Final Four', que se celebrarán del 4 al 6 de abril.


El entrenador del equipo de básquet masculino de la Universidad de Connecticut, Kevin Ollie, no asistirá a los partidos, en cumplimiento de la prohibición que rige a los empleados públicos del estado de viajar a Indiana con fondos públicos, impuesta por el gobernador Dannel Malloy. Pat Haden, ex jugador de fútbol americano y actual director de deportes de la Universidad del Sur de California, anunció que boicoteará una reunión de fútbol universitario que se realizará en Indianápolis al mismo tiempo que los 'Final Four'. Haden publicó en Twitter: "Soy padre orgulloso de un hijo homosexual. En su honor, no asistiré a la reunión del comité de CFP en Indiana esta semana. Apoyemos la diversidad (#EmbraceDiversity)". Si la Asociación Nacional de Deportes Universitarios (NCAA, por sus siglas en inglés) trasladara a otro estado los partidos finales de la liga universitaria de básquet sería un desastre para Indiana desde el punto de vista económico y destruiría la reputación del gobernador republicano Pence.


Hablando de hijos, Asa Hutchinson, gobernador de Arkansas, donde la legislatura siguió los pasos de Indiana al aprobar esta semana una ley similar a la Ley de Restauración de la Libertad Religiosa, afirmó que no la promulgará. Hutchinson mencionó en su argumentación que su propio hijo firmó una petición en contra de la ley. Supongo que el hecho de que Walmart, la empresa más grande del mundo, se manifestara en contra de la ley debe haber contribuido a su decisión.


La propia Asociación de Deportes Universitarios ha expresado fuerte preocupación con respecto a la ley de Indiana. Pero las reacciones no se limitan al básquet. Hasta la Asociación Nacional de Carreras de Automóviles" (NASCAR, por sus siglas en inglés) anunció que estaba "decepcionada por la legislación recientemente aprobada en Indiana. No apoyaremos ni participaremos en la exclusión ni en la intolerancia. Estamos comprometidos con la diversidad y la inclusión en nuestro deporte", sostuvo NASCAR.


Nueva York y Washington se sumaron a Connecticut en la prohibición a que se realicen viajes a Indiana financiados con fondos públicos, al igual que los gobiernos de las ciudades de Nueva York, Denver, Seattle y San Francisco. Empresas como Nike, Apple y Marriott denunciaron la ley. Angie's List, el popular sitio web de recomendación de servicios para el hogar, decidió no avanzar con la expansión de su sede en Indianápolis, un proyecto que estaba valuado en 40 millones de dólares.


Ante la fuerte presión y tras su rechazo inicial, Pence ha solicitado a la legislatura que "enmiende" la ley y "aclare" que su redacción no permite la discriminación por motivos de orientación sexual. Quienes se oponen a la ley afirman que no se conformarán con menos que su derogación absoluta. Como decía un cartel de protesta: "El odio no tiene aclaración".


La imagen del linchamiento de 1930 en Marion, Indiana, inspiró la canción de Billie Holiday "Strange Fruit". Bob Dylan comienza su famosa canción de 1965 "Desolation Row" con palabras inspiradas en el incidente: "Están vendiendo postales del ahorcamiento". El sobreviviente del linchamiento, James Cameron, es citado en el sitio web del Museo del Holocausto Negro: "El odio es un veneno que corroe por dentro al que odia". Tanto dentro como fuera de Indiana, personas de diversos ámbitos están demostrando que la acción organizada es el antídoto para el odio.

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Salario mínimo diferencial por regiones

Diferenciar el salario no es una propuesta nueva, pues así rigió la remuneración mínima durante los años 40 del siglo XX, cuando fue implementado en Colombia. Sin embargo, los tiempos no son los mismos y a los derechos no puede renunciarse. La reconsideración por parte del Gobierno de aplicarla a raíz de un estudio reciente de Fedesarrollo amerita una evaluación de sus implicaciones para el país.

Desde 1945, cuando se constituyó oficialmente el salario mínimo legal (SML) en Colombia, su cantidad ya se encontraba ligada a la región y actividad económica del sitio donde se aplicara. La diversidad de salarios era mucha, pues dependía de la zona del país, el tamaño de la empresa, su sector económico y la edad de sus trabajadores. Con el ánimo de llegar a una posible estandarización, hacia 1964 fue realizada una reforma que condicionó su cantidad a partir de dos factores: la actividad económica (comercio, manufacturera, servicios, transporte, construcción, etcétera) y el sector en que se aplicara (urbano, rural)1.

Es importante retomar este periodo pues fue el tiempo en que Colombia hizo oficial, por primera vez, una diferencia de salario entre las urbes y las zonas rurales, es decir, le dio existencia a un salario mínimo rural, bajo el entendido de que en las ciudades la manutención y vivienda tiene un costo mayor, en cambio, para sostenerse en las zonas rurales no se justifica un SML muy alto.

Una última reforma data del año 1983, cuando se consiguió la unificación del salario mínimo para la totalidad de los trabajadores colombianos. Según Álvaro Zerda, Doctor en Economía y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, la reforma se dio porque "En su momento se consideró que no había que hacer esa diferenciación; legalmente los trabajadores tenían los mismos derechos y por tanto el salario debía ser igual; por otro lado, también, el salario hace parte de la demanda agregada y lo que estimula la economía es la demanda, por lo tanto, garantizar un mismo salario en todas las regiones implica que, en contraste con un salario diferencial, la demanda está nivelada en todo el territorio nacional y de esa forma se estimula la economía, generando más empleo".

Sin embargo, en la última década varias organizaciones, entre ellas la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) y Fedesarrollo, han propuesto nuevamente una diferenciación del salario mínimo, cuya base para asignarlo sería, esta vez, el nivel de productividad, los ingresos regionales y las condiciones de vida según el lugar de aplicación.

El principal argumento para tomar nuevamente en consideración la propuesta es que existen diferencias muy grandes entre regiones en lo que respecta a niveles de productividad, y por consiguiente una brecha entre las condiciones de vida, cuyo origen radica en que el salario mínimo en los sitios donde la productividad es menor cohíbe a los empresarios para contratar trabajadores, ocasionando así un mayor nivel de desempleo e informalidad laboral.

César Augusto Pabón, economista investigador en Fedesarrollo y uno de los autores del informe en que la entidad soporta nuevamente su propuesta2, afirma que "Las consecuencias positivas son muy plausibles; mayores niveles de productividad en las regiones, mejores ingresos, y una formalización del mercado laboral, pues hay muchas personas que no se pueden contratar; se estima que el nivel de informalidad en las zonas rurales es de aproximadamente el 70 por ciento, entonces, en caso de ser aprobada, en estos sitios se permitirá mayor contratación, y tal vez llegar al nivel de informalidad que se maneja en las ciudades, aproximadamente de 40 o 30 por ciento".

Bemoles. A pesar de que la propuesta tenga la pretensión de diferenciar el SML por regiones, hay una realidad que no puede negarse: esta diferenciación ya existe y es latente en todo el país; de acuerdo a cálculos del Dane, mientras en las zonas rurales el rango de pobreza mínimo está alrededor de cuatrocientos cincuenta mil pesos, en las zonas urbanas éste llega a ser de ochocientos a ochocientos cincuenta mil pesos, aunque la cifra es cuestionable pues se presume que este rango es muy optimista con respecto a la situación real de Colombia.

Así las cosas, la principal razón para la implementación de la medida por parte de sus impulsores no es reducir la inequidad social, sino restar cifras al índice de informalidad que existe lo cual "[...] es una falacia completa, así como también lo es que reduciría el desempleo, nada se reduce, sino que se mantiene en las mismas condiciones. Tampoco estimularía la creación de empleo, pues su estimulante es que haya más demanda para que las empresas puedan responder a una mayor demanda en el mercado, así como el aparato productivo en general, y que la población tenga una mayor capacidad adquisitiva".

De tal manera, la posible aplicación de la medida no estaría en pro de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores sino que, por el contrario, implicaría una regresión al salario mínimo rural y un empobrecimiento de las condiciones laborales para los de overol.

Para Luis Pedraza, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (Cut), "Esa es una propuesta de exclusión social. Es un asunto absolutamente neoliberal, absolutamente desconsiderado con el país y es el clásico planteamiento de Fedesarrollo. Es como decir que en Bogotá debe haber un salario mínimo para los trabajadores que están en el norte o en el centro, y uno diferente para Ciudad Bolívar o para las zonas rurales de la capital. Tanto un campesino como un indígena tienen los mismos derechos derivados de la Constitución Política, como un trabajador de las capitales de los departamentos o de las ciudades más desarrolladas. Se trata es de construir equidad social y no de profundizar la desigualdad".

Pensando con el bolsillo. La perspectiva que plantea Fedesarrollo y las demás entidades que han apoyado y promovido la propuesta se limita a una visión del mercado, sin tener en cuenta las implicaciones sociales que conlleva, como la desigualdad que podría generarse entre departamentos, la profundización de la brecha social, la improductividad laboral ante un menor salario, y la posible migración masiva que podría presentarse de los lugares con menor salario a aquellos en que la paga es mayor.

Ante el posible riesgo, Pabón asegura que "El impacto negativo que ve Fedesarrollo a corto/mediano plazo es precisamente ese, sin embargo, por leyes del mercado, el equilibrio tenderá a que esa posibilidad no sea tan fuerte como se espera. Claramente el Gobierno tendrá que tener eso en cuenta e implementar medidas para que no se genere tal migración entre zonas rurales y urbanas".

En esa medida, la propuesta no tiene cubiertos factores e implicaciones vitales en el caso de aplicarse a Colombia, y su fin último sería acabar con el salario mínimo, formalizando y profundizando la inequidad social. "Los empresarios y los teóricos" –agrega Zerda–, "entidades como Fedesarrollo y demás, conciben el salario como un costo de producción. Si sube el salario, sube el costo de producción de las mercancías y los empresarios tienen menos ganancias, lo que conlleva un menor estimulo y disposición a invertir; entre menos se invierte, menos empleo se genera".

De esa manera –continúa Zerda–, "[...] los costos de los productores disminuyen y con ese margen que queda, contratarán más trabajadores. La idea es absurda, no contratarán más trabajadores. Todas las reformas laborales hechas desde el 93 para acá, las han realizado con el argumento de generar más empleo. Falso. Las tasas de desempleo desde los 80 y 90 han disminuido, pero más por fenómenos externos, como la bonanza de los recursos primarios, y también por procesos de informalidad, que porque se haya generado empleo digno [...]".

De las entidades proponentes a lo largo de los años de este tipo de medidas, la Ocde es una de las que ha enfatizado esta y otras propuestas, como la de elevar la edad de jubilación de la mujer a 62 años. Las reacciones en el Gobierno han sido variadas pues, en 2013, ante la reiteración de implementar un salario mínimo regional, la entonces Alta consejera para la gestión pública y privada, Catalina Crane, consideró que en la práctica "[...] es totalmente imposible implementar salarios diferenciales por regiones, pues ellos lo proponen en su contexto, sin entender la dificultad de aplicar eso en Colombia". Por su parte el ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, la calificó en enero de este año como "Una propuesta con más pros que contras, pues cabe la posibilidad de establecer un salario mínimo específico para cada región que esté acorde con sus necesidades".

Según informes, el Gobierno iniciaría una gira por todos los departamentos para estudiar y valorar la propuesta. Si tal posibilidad es cierta, es importante tener en cuenta todas las implicaciones, tanto políticas, económicas y sociales que tendría su aplicación, pues, como afirma Pedraza, "Es por la vía de las reformas estructurales que la situación del país se puede trascender y no por la vía de socializar la pobreza como sucedería con ese tipo de medidas".

 

1 Portafolio, La historia detrás del Salario Mínimo - Liliana Rojas, 09/01/2009 http://www.portafolio.co/opinion/blogs/viva-vision-de-valores-sa/la-historia-detras-del-salario-minimo
2 Fedesarrollo, Informe Mensual del Mercado Laboral, Algunas Consideraciones sobre el Mercado Laboral Regional en Colombia, http://www.fedesarrollo.org.co/wp-content/uploads/IML-Noviembre-2014.pdf

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La ley viva: Las mujeres y la transformación de la realidad

"En este sistema nacer, crecer, vivir y morir mujer puede ser como el alargado arrastrarse por entre una maraña de alambre de púas. Pero ese dolor es una de las muchas manchas en la historia. Lo que alivia es que ellas, cada vez más ellas, decidan ponerse de pie y así caminen erguidas. No como si las púas fueran flores, sino como si los arañazos, incluso los letales, más fuertes las hicieran [...] para ir abriendo camino."

[De lxs zapatistas, que siempre nos enseñan: Del cuaderno de apuntes del gato-perro]

Todos los marzos, desde hace un tiempo, han sido tomados por los mercachifles del capital, para promover el día de las mujeres como un evento de flores, regalos, felicitaciones, eventos de celebración y finalmente olvido de la historia: lo que se conmemora es la masacre de 1911 en Nueva York, el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist que mató a 140 trabajadoras, quienes se empleaban en condiciones inhumanas, por ser obreras y por ser mujeres. Olvido de las luchas, del sacrificio de la vida y la muerte de mujeres que en el mundo de la opresión patriarcal se levantaron para protestar y exigir sus derechos y los derechos de la comunidad humana.

Parte importante de ese olvido, es que nos presentan los derechos poco a poco ganados, como si fuera cosa de personas expertas, de reuniones internacionales de las Naciones Unidas, luego suscritos como planes de acción, convenciones, etcétera y posteriormente adoptados en el ordenamiento jurídico nacional.

Sin embargo, como nos recuerda Catharine MacKinnon, "El derecho no crece por compulsión silogística; es impulsado por la lógica social de la dominación y la oposición a la dominación, forjado en la interacción entre el cambio y la resistencia al cambio. No es sólo en la tradición anglosajona donde la vida del derecho es experiencia y no lógica. Detrás de todo derecho está la historia de alguien, alguien cuya sangre, si uno lee con atención, escurre entre líneas"1. La historia de las mujeres, está llena de ejemplos, que ratifican esta mirada, de su lucha contra la injusticia en todos los órdenes, incluida la lucha contra la dominación patriarcal y machista.

El mundo hoy, en el cual nos cruzamos con ellas en todos los espacios, parece un territorio, un entorno, que siempre ha sido así. En muchxs de nosotrxs, no hay recuerdo individual ni social de que las mujeres estuvieron confinadas hasta hace pocas décadas al mundo de lo privado, a la subordinación de la casa y la cocina, de la reproducción y la crianza. Cuando por fin lograron acceder al mundo de la Universidad y del trabajo, tuvieron que hacerlo desde los espacios del cuidado, función que era la asignada por la sociedad patriarcal. El ganar para sí estos nuevos escenarios, sólo fue posible por la acción social de los movimientos de mujeres: no un solo movimiento, sino varios, diversos, a veces contradictorios. Las sufragistas, el movimiento por la salud de las mujeres, el movimiento lésbico, las mujeres contra la guerra, contra la exclusión y discriminación de género, etcétera. son un caleidoscopio de las luchas múltiples que ellas enfrentan.

En su lucha, van construyendo la ley viva, en otras palabras esas formas de regulación desde y en el espacio social, disputando los escenarios y cuestionando todos los aspectos del orden masculino dominante en la historia de la humanidad. Como plantea Gaay de Fortman: "Afortunadamente la ley también puede funcionar mediante mecanismos informales o, en otra jerga, como ley viva: Ya que la ley se nos aparece como la regulación del poder, la ley viva tiene la naturaleza del antipoder"2.

Es así como los derechos de las mujeres, y de otros colectivos excluidos, estigmatizados y discriminados, terminaron por ser reconocidos, no por la buena disposición de los organismos internacionales o de los gobiernos o del orden social de dominación masculina, sino por esta construcción cotidiana de resistencia y de lucha contrahegemónica. Y esa lucha continúa en pro de otros derechos aún en ciernes. Es la ley viva en acción en los espacios cotidianos del hogar, de la calle, del trabajo, del gobierno.

Manipulación del poder

Este reconocimiento de la transformación de la realidad desde el movimiento de mujeres, tiene aristas problemáticas. Quizás la más preocupante es la sensación que se promueve desde el poder capitalista y desde el interior de la masculinidad hegemónica, de que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres está casi superada. Presentan el hecho de que las mujeres hoy están en todos los escenarios de la vida social, como la prueba reina de que los aspectos de la desigualdad de género están superados y presentan al movimiento de mujeres y a las feministas como "resentidas o "mujeres que odian a los hombres" y que no tendrían motivos para su resistencia y su lucha, promoviendo un sentido común que descalifica el feminismo y las feministas como algo "desactualizado" y el patriarcado como un asunto que tuvieron que sufrir las abuelas y las mamás de las actuales generaciones. Esto es fácilmente controvertible con los análisis serios de las diferentes ciencias, hechas por feministas o no, pero sin embargo, es un sentido común que se promueve desde los medios de comunicación, desde los espacios de poder institucional y desde la vida cotidiana.

Lo más preocupante es que en las generaciones nuevas de hombres y mujeres, esta idea está tomando fuerza, ya que las mayores posibilidades que hoy tienen las mujeres en el mundo educativo, laboral y personal hace que su vida tenga diferencias reales con sus madres y abuelas y que en principio no sean evidentes las desigualdades, o son más sutiles, dependiendo de otras variables como la clase, la generación, la etnia, la diversidad sexual y otras.

Como plantea Marta Lamas, esto puede ser un efecto dado por la diferencia entre las jóvenes de hoy y las de ayer: "yo creo que su vida –la de las jóvenes hoy– es distinta. Entonces hasta que no enfrenten la discriminación laboral o la carga de la maternidad solas, no tendrán las condiciones materiales, como diría Marx, para darse cuenta de que sigue existiendo la discriminación y que las afecta a ellas también. Una se vuelve feminista porque hay ciertas cosas que le duelen"3. En los hombres, el reconocimiento de los privilegios que históricamente hemos gozado por el hecho de ser hombres, aun es muy difícil. A pesar de las trasformaciones de las masculinidades, una gran parte seguimos aferrados a esos privilegios y ni siquiera los reconocemos. Es más fácil reconocer las injusticias de clase o de raza o de diversidad sexual incluso, que aquellas relacionadas con el género, porque esas ponen en tela de juicio toda nuestra historia personal, la relación con nuestras madres, hermanas, amigas, parejas. Cada vez somos más conscientes de las desventajas que nos imponen los privilegios del género, pero al contrario que las mujeres, en quienes las desventajas duelen, nuestros privilegios no lo hacen, sino nos hacen sentir cómodos y lo que realmente duele es deshacernos de ellos.

La ley viva, en lo que tiene que ver con las exclusiones y vulneraciones de las mujeres y los privilegios de los hombres sigue su curso, entre la dominación y la resistencia. Construir la idea de justicia, e incluyendo de manera contundente las exclusiones, desventajas y discriminaciones de género como un asunto de injusticia, debe ser un imperativo de quienes luchamos por la justicia social. Sin embargo, esto no ocurre siempre y nada mejor que decirlo como comenzamos con las palabras de lxs zapatistas hablando de las trampas del mundo para las mujeres: "Lo aterrador es que quienes levantan la porfía por un mundo mejor, no pocas veces tejan con sus propias manos esas trampas hirientes. Pero cada tanto la realidad, que es femenina, le da una bofetada al calendario de arriba en todas las geografías de abajo. Doy fe". Nos queda la esperanza de todxs en la lucha común por la justicia.

 

1 MacKinnon Catharine (1998). Crímenes de guerra, crímenes de paz. En: Shute Stephen y Susan Hurley Ed. De los Derechos humanos. Editorial Trotta. Valladolid.
2 De Gaay Fortman B., Laborious Law. Inaugural Adress at Utrecht University, on the ocasión of accepting the Chair in political Economy of Human Rights, 21 May 2001. Citado por Angulo Alejandro en: Los Derechos Integrales condición para el desarrollo. CINEP – PDMM. 2002.
3 http://www.engagingmen.net/news/entrevista-marta-lamas-feminista-mexicana
* Investigador Asociado de la Corporación para la Investigación Acción en Sociedad, Salud y Cultura (CISSC)

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Martes, 24 Marzo 2015 06:53

Veinte años a paso lento

Veinte años a paso lento

Participaron en la reciente sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de las Mujeres, en Nueva York. Allí se analizaron los avances logrados en el área mujer y medios. Consideraron que aún no forma parte de la agenda de derechos humanos.


Durante el 59 Período de Sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de las Mujeres, que se llevó a cabo del 9 al 20 de marzo en Nueva York, se analizaron los avances relativos a la mujer y los medios de comunicación, cuyos parámetros fueron establecidos en 1995 en la Plataforma de Beijing como una esfera fundamental (plataforma J) para lograr avances en los derechos de las mujeres. Tres periodistas argentinas que estuvieron allí coinciden en que al tema no se le dio un lugar destacado: "Hubo actividades paralelas y la sensación es que todavía no está considerado como parte de una agenda de derechos humanos", dijo una de ellas, Liliana Hendel, coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género de Argentina.


Recién llegadas del encuentro, Hendel, Dafne Sabanes Plou, de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), y Norma Loto, corresponsal de SEMlac enviada a Nueva York, trazaron un panorama de los avances o no en la incorporación de la perspectiva de género en los medios del mundo.


–¿Cuál fue el balance de estos 20 años en relación al cumplimiento de la plataforma J?


–El balance es relativo según la zona del mundo en el que se evalúa –dijo Hendel–. Africa, Arabia, Asia están lejos de considerar a las mujeres como sujetas de derecho. Europa nos lleva ventaja y sigue trabajando y América latina y el Caribe con sus diferencias es la región que más ha avanzado en la temática.


–Por un lado da la impresión de que los gobiernos no quieren confrontar contenidos en los medios de comunicación –sostuvo Sabanes Plou– y, por otro, en el tema que me toca trabajar en materia de tecnología de la información y la comunicación, sigue primando el concepto de que la tecnología es neutral en materia de género y que las mujeres y las niñas van a ir insertándose en la sociedad de la información a medida que se universalicen las políticas de acceso, conectividad y educación en materia de estas tecnologías. En el programa de mujeres de APC hicimos un informe sobre el cumplimiento de la Sección J en América latina y el Caribe, llegando a esta conclusión. De los 11 países que tienen agendas digitales en marcha, sólo dos consideran cuestiones de género en la implementación de estas agendas y hay sólo otros dos países que han considerado la cuestión de los medios de comunicación y la imagen o condición de las mujeres en alguna legislación. Uno de ellos es Argentina, que en la ley 26.485 sobre protección integral a las mujeres para prevenir y sancionar la violencia de género incluye el tema de la violencia mediática. Esto ha dado oportunidad a la creación de un Observatorio de Medios que hasta el momento ha tenido algunas intervenciones interesantes y atinadas ante hechos de discriminación y violencia contra las mujeres en los medios argentinos, en especial la televisión y algunos anuncios publicitarios.


–La directora de ONU Mujeres –dijo Loto– sostuvo que en estos 20 años se evidenció un progreso importante en la materia y enfatizó que hubo avances legislativos en algunos países, pero poca implementación. Allí se dio un breve recorrido por la situación y no se dijo nada nuevo: estereotipos que perduran, violencia en los mensajes y algunos avances en las legislaciones. En tanto que los informes de las ONG refieren a que "la mujer y los medios" y "la niña" son las dos áreas en las que menos avances hubo.


–¿Cuáles fueron los cambios positivos en estos 20 años?


–Hay mucho cambio en la existencia de Redes –dijo Hendel–, un concepto que hace 20 años tenía otro sentido. Las redes de periodistas con visión de género existen en el mundo y crecen; el periodismo en general está en la región por lo menos más atento a la agenda. En Argentina, por ejemplo, hay un tema de agenda feminista en la tapa de los periódicos, no sólo femicidios, casi a diario. Su tratamiento es perfectible muchas veces, pero por lo menos se lo considera noticiable. Hace 20 años eran temas privados y lo doméstico estaba devaluado, no llegaba a ser considerado noticia.


–Los nuevos roles y el protagonismo de las mujeres en la sociedad actual ya ocupan un lugar en los medios –explicó Sabanes Plou–, si bien no en la medida esperada. Es probable que estos cambios se perciban en algunas telenovelas y series de televisión con protagonistas decididas e independientes y en los programas periodísticos donde las mujeres conducen los debates y expresan su opinión, pero sigue vigente la necesidad de realizar transformaciones sociales y culturales profundas, que van más allá de las medidas que puedan tomar los gobiernos. Por ejemplo, la fuerte cosificación de las mujeres y una exigencia desmedida en relación con su aspecto y la manera en que oculta o no sus señales de envejecimiento está muy presente en nuestra sociedad.


–Los avances legislativos, sin dudas que representan un avance –argumentó Loto–, aunque 20 años fueron suficientes como para lograr cambios más consistentes. Seguro es que se pudieron haber logrado más acciones positivas. Me quedo con la sensación de que si no se avanzó en esa área es porque los medios son observados como agentes de entretenimiento y ocio, y entonces sus mensajes serían meras decoraciones en la construcción de la realidad social, cuando en realidad refuerzan imaginarios. Se necesita un cambio sociocultural. No se puede pretender que todos los cambios vengan de las leyes, de los gobiernos, del Estado, no se puede pedir todo a un sector. El cambio de paradigma parte de la sociedad, principalmente.

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Cuba tiene la mayor inversión en educación en el mundo. Bolivia y Venezuela le siguen en AL

La Paz, 26 de diciembre (MC).- La inédita inversión de Bs 16.064 millones este año en tema de educación otorgó a Bolivia el segundo lugar entre los países de América Latina, un aspecto que fue resaltado por parte del Banco Mundial (BM).


Así lo reflejó el ranking en inversión e incentivo a la educación realizado por el BM en el período 2009-2013.
En Latinoamérica, el Banco Mundial situó a Bolivia detrás de Cuba que destina más de 13% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación, la mayor cifra en el mundo.


"En tema de educación, somos el segundo país de América Latina y El Caribe en inversión, después de Cuba", destacó este 26 de diciembre el presidente Evo Morales Ayma, desde Palacio de Gobierno, tras hacer una evaluación de la gestión gubernamental 2014.


En segundo lugar mundial se sitúa la República Democrática de Timor Oriental, que invirtió 11,3% en 2009; 10,5% en 2010 y 9,4% en 2001. Siguen Dinamarca con 8,7%; Ghana 8,1%; Islandia y Tailandia con 7,6%, Nueva Zelandia 7,4%; Chipre 7,3% y Venezuela y Bolivia con 6,9% cada uno.


El BM dio validez a la inversión en la educación inicial boliviana incrementada en 319%, en educación primaria 105% y secundaria 306%, con relación a los montos que se invertían en 2006 con sólo Bs. 6,519 millones.


Por su parte, el presidente Morales expresó su satisfacción con los resultados alcanzados. "En lo social, quienes tenemos la responsabilidad de conducir el país estamos muy alentados, los reconocimientos de organismos internacionales son muy buenos", puntualizó.


(Tomado del sitio del Ministerio de Comunicación de Bolivia)

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Miércoles, 05 Marzo 2014 06:41

Cien millones de mujeres

Cien millones de mujeres

Por primera vez en la historia, más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar forman parte de la fuerza laboral de América Latina. Ya son más de 100 millones, y ese número seguirá aumentando en los próximos años, como resultado de un proceso imparable.
Pero el terreno conquistado tras décadas de esfuerzos no puede ocultar que la igualdad de género aún es un desafío para los países de la región.


Hay un largo camino por recorrer para aprovechar mejor el potencial de las mujeres. Ellas estudian más, pero ganan menos y son mayoría entre las personas pobres, las informales y las desempleadas, y enfrentan extensas jornadas por la suma del tiempo dedicado al trabajo y al cuidado de la familia.


La participación laboral de las mujeres latinoamericanas ha aumentado de 49.2 por ciento en 2000 a 52.9 por ciento en 2010 pero aún es inferior a la de los hombres, de 79.6 por ciento. En cambio, la tasa de desempleo de las mujeres de 9.1 por ciento es persistentemente mayor que la de los hombres, de 6.3 por ciento.

Estos indicadores fueron difundidos en un informe sin precedentes realizado por cinco agencias de Naciones Unidas (Trabajo decente e igualdad de género, OIT, CEPAL, FAO, PNUD, ONUMujeres), que recorrieron los países de la región recopilando datos para determinar las dimensiones del desafío de ofrecer más y mejores empleos a las mujeres en el siglo XXI.


El resultado es un retrato de las mujeres en el mundo del trabajo. El informe dice que las mujeres trabajadoras son mayoritariamente urbanas, y siete de cada 10 son adultas en edad reproductiva.


Un aspecto destacable tiene que ver con los niveles de educación alcanzados por las mujeres. El 53.7 por ciento de las mujeres en la población económicamente activa alcanzan 10 o más años de educación formal, en contraste con 40.4 por ciento de los hombres. Además, 22.8 por ciento de las mujeres en la fuerza laboral cuentan con educación universitaria (completa e incompleta), por encima del 16.2 por ciento de los hombres.


Sin embargo, reciben menos ingresos que sus colegas hombres. Aunque la brecha salarial ha disminuido, aún hay mucho por hacer: en el año 2000 las mujeres ganaban 60 por ciento de lo que recibían los hombres, y en 2010, 68 por ciento. Es una diferencia de más de 30 puntos porcentuales.


Asimismo, siete de cada 10 mujeres ocupadas se desempeñan en el sector de los servicios y el comercio, donde las condiciones laborales pueden ser precarias. El 64.6 por ciento de las que trabajan en servicios no tienen contrato, y lo mismo ocurre con 34.8 por ciento de las que trabajan en el comercio.


Aproximadamente 17 millones de mujeres están ocupadas en trabajo doméstico. Es la principal fuente de empleo de las mujeres latinoamericanas, y aunque se han dado pasos importantes para mejorar su situación, es un sector en el que impera la informalidad (70 por ciento).


También hay diferencias entre las mujeres según sus ingresos. La participación laboral de las mujeres de ingresos más altos prácticamente duplica la de las más pobres. Además, la tasa promedio de desempleo entre las mujeres más pobres quintuplica a las de mayores ingresos. El informe alerta sobre la feminización de la pobreza.


La información sobre las mujeres es un llamado a la acción y a no caer en la autocomplacencia por los resultados ya alcanzados.
¿Qué hacer? Hay que recurrir a una combinación de políticas para reducir la desigualdad. Políticas de empleo específicas para promover la incorporación de más mujeres al trabajo en condiciones de igualdad, de promoción de las empresarias y microempresarias, de formación y capacitación para mejorar la transición escuela-trabajo, de cuidado de los niños y división de tareas en las familias, de aumento de la cobertura en seguridad social, de respeto de los derechos laborales, entre otras.


Y, por supuesto, dejar atrás los estereotipos de género.


Hay que estar claros: la incorporación de las mujeres al trabajo en condiciones de igualdad es esencial para enfrentar problemas endémicos de América Latina como son la pobreza y la desigualdad, y para abrir el camino hacia un crecimiento económico sostenible.


Por Elizabeth Tinoco, Directora regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe

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Miércoles, 29 Enero 2014 07:07

"Hemos generado movilidad ascendente"

"Hemos generado movilidad ascendente"

El Estado ecuatoriano era corrupto e ineficiente. A partir de 2007, el gobierno del presidente Rafael Correa se propuso descorporativizarlo y devolverle su capacidad de regulación y control. Así resumió Pabel Muñoz, secretario de Planificación y Desarrollo de Ecuador (Senplades), los siete años de la llamada Revolución Ciudadana, el proceso político que inauguró Correa tras su llegada a la presidencia. "Si no hubiéramos tomado la decisión de disputar las relaciones de poder, y si no hubiéramos tenido la entereza de rescatar al Estado de las elites económicas y políticas, ningún logro habría sido posible", aseguró Muñoz, quien destacó que la economía nacional se ha orientado hacia las necesidades de los ecuatorianos con menos recursos. En diálogo telefónico con Página/12, el funcionario analizó las conquistas y las deudas de esta nueva etapa que vive Ecuador.


"Si comparamos con América latina, mientras la región hizo una inversión pública del 4,5 respecto del PBI en 2012, nosotros lo hicimos en el 12,6 por ciento. Y en 2013 fue del 15 por ciento. Esto se refleja en una disminución de la pobreza, que ha caído 12 puntos en este período de gobierno. Ha habido también una caída de 7 puntos en el coeficiente de Gini con respecto a la desigualdad", afirmó el secretario, que sin embargo calificó de insultante la diferencia de ingresos entre ricos y pobres en Ecuador. A pesar de las cifras, que muestran el buen desempeño de la economía, el gobierno de Correa abordó aún dos problemas que limitan el desarrollo del país: la dependencia del petróleo y la soberanía monetaria.

"La dolarización es el talón de Aquiles de nuestra economía. Al no tener moneda nacional, somos muy vulnerables a los vaivenes del comercio internacional. Hoy no está en ningún escenario la salida de la dolarización. En eso somos enfáticos", explicó Muñoz. Hay una percepción ciudadana con respecto a las ventajas de la dolarización –sostuvo– y una política de sostenerla. Si bien Ecuador estabilizó su economía en los últimos siete años, el secretario dijo que el crecimiento va más allá de la dolarización.


A partir de un modelo impuesto que ha provocado condiciones muy parecidas a las que experimentó la Argentina durante la convertibilidad, el país logró controlar la inflación y evitar la devaluación. "Esta situación nos amputó la posibilidad de tener política cambiaria, hemos ido a un modelo de cambio fijo extremo y eso genera vulnerabilidad en el ámbito del comercio. Perdimos soberanía económica, soberanía monetaria. Sin embargo, adoptar una moneda propia no está en la agenda en el corto o mediano plazo", admitió.


Al mismo tiempo, Ecuador es un país dependiente de la extracción petrolera. En 2012, de los 23.769 millones de dólares que se exportaron, 13.791 millones fueron de petróleo y derivados, según el Banco Central de ese país. El precio del barril en el mercado mundial desalentó en parte un cambio en la matriz productiva. "Esta dependencia nos obliga a ser un país que pueda procesar su propio petróleo. Debemos también fomentar la estructura productiva nacional para poder exportar mercancías con valor agregado", dijo Muñoz. Además señaló que la estatal Petroecuador busca financiar la refinería del Pacífico junto con la empresa China National Petroleum Corporation (CNPC) y la venezolana Pdvsa, a inaugurarse en 2017 y que, se estima, procesará unos 200 mil barriles de crudo diarios. Paralelamente, el gobierno lanzó el año pasado un programa de incentivos para alentar el desarrollo de nuevas ramas productivas, como la reforestación comercial y la industria alimentaria.

 

Pese a estas dificultades, el gobierno encontró otros mecanismos para financiar el Estado e impulsar la inversión social. "Mientras los nueve gobiernos anteriores juntos lograron recaudar 22 mil millones de dólares, nosotros hemos acumulado 60 mil millones de dólares. Esto significa que la recaudación aumentó tres veces desde 2006. Hemos generado una estructura que hoy nos lleva a niveles del 12 por ciento de presión tributaria en el país", apuntó Muñoz.


Cuando asumió su cargo, el sistema de planificación nacional estaba destruido. En 2007, el secretario contó que se encontró con un sistema de planificación liquidado. La planificación fue llevada a su "mínima expresión". La expansión económica –una de las más importantes de América latina–, el incremento de la inversión pública y un buen sistema de planificación sacaron a 1.137.000 personas de la pobreza, según datos de la Senplades. "Hemos generado movilidad social ascendente y 51 de cada 100 ecuatorianos han escalado peldaños sociales", aseveró.


En referencia a un posible sucesor de Correa, en un proceso político que parece consolidarse a partir de sus logros y de su potencialidad, Muñoz prefirió no pronunciarse sobre algún tipo de relevo o liderazgo alternativo concreto. "Nosotros vemos los retos de la continuidad del proceso en la ciudadanía, es decir, apostamos por la consolidación del Estado democrático y por un poder popular. Creemos que el haber desmontado el Estado burgués y rentista consolidó el Estado democrático. Por poder popular entendemos una ciudadanía empoderada y apoderada de las conquistas de estos años. Si bien vemos este proyecto político muy estable, las posibilidades no están tanto en los líderes sino en la ciudadanía", sostuvo.


Entrevista: Patricio Porta.

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La agenda de la igualdad es la agenda de las mujeres

Las mujeres de América Latina y el Caribe podemos mirar este año que termina con satisfacción y esperanza gracias a los compromisos asumidos por nuestros países en materia de igualdad de género.

 

En dos importantes reuniones convocadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), los gobiernos suscribieron los Consensos de Montevideo y Santo Domingo, que contienen acuerdos específicos orientados a dotar de mayor autonomía física, económica y política a las mujeres.

 

Los países latinoamericanos y caribeños participaron en la primera reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe y en la decimosegunda Conferencia Re­gional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe (realizadas en Uruguay y República Dominicana, respectivamente), después de un largo y fecundo proceso de instalación del tema de la igualdad en el centro del debate regional.

 

Durante décadas, las mujeres de nuestra región han abogado desde los movimientos sociales y los mecanismos institucionales por la acción efectiva del Estado para evitar la discriminación en la sociedad. El hecho de que la igualdad oriente hoy las agendas gubernamentales es un triunfo del cual pueden, legítimamente, considerarse protagonistas.

 

La decimosegunda Conferencia Regional sobre la Mujer, que tuvo lugar en octubre, abordó, principalmente, el lugar que las mujeres ocupan en la economía digital, tema que se sitúa en el corazón de la reflexión actual de la Cepal.

 

Creemos que América Latina y el Caribe deben llevar a cabo un proceso de cambio estructural, una apuesta por diversificar su matriz productiva, aplicando una combinación de políticas industriales, económicas, sociales, ambientales y laborales. Desde nuestra perspectiva, esto permitirá a la región crecer de forma sostenida, con responsabilidad ambiental y mayor igualdad.

 

El cambio estructural que proponemos pasa en gran medida por la generación de conocimiento y la incorporación de innovaciones en el sistema productivo y en el conjunto de la sociedad, tarea en la que las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) juegan un papel crucial.

 

Ponemos este debate en la perspectiva de género, porque en la economía digital las oportunidades no se distribuyen de forma equitativa ni entre los países ni entre las personas. Apreciamos brechas de primera y segunda generación, no sólo de acceso a computadoras e Internet, sino también de habilidades y usos de estas tecnologías. Los datos muestran que las mujeres se benefician de los avances de la sociedad digital, pero con rezago respecto de los hombres. Tomando el promedio simple de 10 países, la tasa de uso de Internet de las mujeres es 8.5 por ciento inferior a la de los hombres.

 

Una política pública sensible a esta realidad debe reconocer que la desigualdad de género en la economía digital se da principalmente en el mundo del trabajo (tanto remunerado como no remunerado), por lo que urgen políticas que prevengan la segregación laboral, eviten las brechas de ingresos y promuevan una justa división sexual del trabajo.

 

La lentitud con que se cierran las brechas en el mercado laboral da cuenta de algunos persistentes obstáculos de acceso, entre ellos, que las mujeres sigan siendo las principales responsables del trabajo no remunerado y el cuidado en los hogares. Asimismo, en nuestra región una mujer con 13 y más años de estudio gana 37 por ciento menos que un hombre en la misma condición.

 

Para la Cepal igualdad es sinónimo de titularidad de derechos, escenario donde el Estado juega un rol insustituible de cara al logro de umbrales mínimos de bienestar sin restar impulso ni recursos al dinamismo económico.

 

Los avances progresivos registrados en los consensos de las conferencias regionales dan cuenta de una sistemática defensa de la integralidad e indivisibilidad de los derechos, de la valorización del Estado, incluso a contrapelo de las miradas dominantes en el pasado reciente, y de la búsqueda de una nueva ecuación entre el Estado, la sociedad, el mercado y la familia. Se trata de cambiar las relaciones de poder para que las mujeres de América Latina y el Caribe puedan gozar efectivamente de sus derechos.

 

* Secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)

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Mujer latinoamericana: igual ante la ley, ¿y ante el dinero?

Adela Maldonado, de 42 años, corta papas y muslos de pollo en tiras tan delgadas como sus hábiles dedos mientras prepara un enorme guiso para cientos de niños en una escuela de un pequeño poblado en las afueras de Barranquilla, Colombia.

 

Mientras tanto, a unos 1.000 km de distancia, Lina María Castaño, de 30 años, manda un mensaje desde su BlackBerry a un alto funcionario del Gobierno en Bogotá.


Separadas físicamente por la abrupta geografía colombiana y por su formación profesional -una es cocinera, la otra directora de un programa del gobierno colombiano-, las dos mujeres comparten sin embargo su adhesión a una nueva generación de mujeres trabajadoras que ha logrado acortar la brecha de género en América Latina.


Más de 70 millones de mujeres se sumaron a la fuerza laboral en los últimos 20 años, de acuerdo a cifras del Banco Mundial.


Pero la iniciativa, el esfuerzo y la perseverancia que identifican a la mujer latinoamericana del S.XXI no se forjaron de la noche a la mañana.
De hecho, la coyuntura social y económica de la región durante los últimos 50 años ha tenido mucho que ver. Progresivamente se han flexibilizado una serie de leyes en favor de la toma de decisiones legales por parte de la mujer, y ellas se han apropiado de derechos imprescindibles para alcanzar la posición -más justa aunque no del todo igualitaria- que ostentan en la actualidad.


Durante estos últimos 50 años en América Latina cayeron muchas de las barreras, tanto legales como sociales y económicas, que impedían la incorporación plena de la mujer a la vida pública. Se calcula que en este período, se redujeron a la mitad las restricciones a los derechos de propiedad de la mujer, así como los obstáculos legales que impedían que se incorporaran íntegramente a la economía, según el informe Mujer, Empresa y el Derecho 2014: Eliminando Restricciones para Aumentar la Igualdad de Género.


Con estos cambios en las leyes, más mujeres han podido acceder a la propiedad de empresas y, gracias a políticas que favorecieron la incorporación de la mujer al mercado laboral, se logró reducir una brecha de ingresos tradicionalmente muy desigual.


En los últimos dos años, varios países de la región han registrado avances en este terreno: en Bolivia y México se introdujo el pago durante la licencia por paternidad; en Colombia y Venezuela se extendió el tiempo de licencia por maternidad; en Jamaica se adhirió una cláusula contra la discriminación de género en la Constitución; y en Chile se introdujo la licencia por maternidad y paternidad.

 


¿Cuánto mide la brecha de género?

 


A pesar de las alentadoras cifras registradas en los últimos años, las retribuciones salariales en la región distan mucho de una igualdad real entre hombres y mujeres. Mayoritariamente ellas encuentran empleo en el sector de los servicios o en el servicio doméstico y no en los campos de la alta tecnología, construcción o trabajo calificado.


En Chile, Brasil, México y Perú, por ejemplo, los varones profesionales pueden llegar a ganar hasta un 25% más que las mujeres.
Otro de los indicadores todavía en suspenso en la región es el referente a la violencia de género y al embarazo de adolescentes. En Brasil, por ejemplo, casi una de cada tres mujeres sufre maltrato. Un hito en este sentido es la ley Maria da Penha, considerada una de las normas más avanzadas contra la violencia doméstica, que endurece las penas a los maltratadores y pone énfasis en la seguridad de las mujeres amenazadas.


Pero ante esta avalancha de pesimismo aparece un dato positivo: la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres en la región en casi 24 por ciento, la más alta entre todas las regiones del mundo.

 


La situación de la mujer en el resto del mundo

 


Las conclusiones del estudio del Banco Mundial –que analizó a 100 países de todas las regiones del mundo desde 1960 hasta 2010- son alentadoras: en todos los países se eliminaron más de la mitad de las restricciones a los derechos de la mujer, aunque se suprimieron algunas limitaciones en Asia meridional y en Oriente Medio y Norte de África.


El mayor número de reformas se registró en Costa de Marfil y Mali, donde los maridos ya no pueden impedir unilateralmente que sus esposas trabajen. Filipinas también eliminó restricciones al trabajo nocturno de la mujer, y la República Eslovaca elevó el porcentaje del salario recibido durante la licencia por maternidad.


Los países de Europa oriental y Asia central son los que tienen las listas más extensas de actividades que las mujeres no pueden realizar. Por ejemplo, no pueden conducir camiones para el sector agrícola en la Federación de Rusia, y tampoco pueden trabajar como carpinteras en Bielorrusia ni como soldadoras en Kazajstán.


La prohibición del acoso sexual en el lugar de trabajo está muy difundida: 78 economías tienen legislación al respecto y, de ellas, más de la mitad han tipificado como delito ese comportamiento. Lo mismo sucede con las leyes relativas a la violencia doméstica: 76 países cuentan con legislación que la prohíben. Oriente Medio y Norte de África es la región con el menor número de leyes sobre violencia doméstica.

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Lunes, 02 Septiembre 2013 06:14

“La feroz urgencia del ahora”

“La feroz urgencia del ahora”

Cuentan que el 28 de agosto de 1963 fue un día de verano soleado y caluroso, y que aun antes de iniciar la Marcha sobre Washington por Empleos y Libertad asustó no sólo a Washington, sino a gran parte de Estados Unidos. El sueño” que estaba por proclamarse era subversivo y quien ofrecería ese mensaje era considerado el hombre desarmado más peligroso de Estados Unidos.

 

El gobierno de John F. Kennedy intentó persuadir a los organizadores de suspender su acto y ese día colocó 4 mil elementos antimotines en los suburbios y 15 mil en alerta; los hospitales se prepararon para recibir víctimas de la violencia potencial, y los tribunales para procesar a miles de detenidos, cuenta el historiador Taylor Branch. Colocaron agentes con instrucciones de apagar el sistema de sonido si los discursos incitaban a la sublevación. La idea de que la capital sería sitiada por oleadas masivas de afroestadunidenses provocó alarma entre la cúpula política y los medios tradicionales.

 

El orador principal, el reverendo Martin Luther King, era considerado un radical peligroso y estaba bajo vigilancia de la FBI de J. Edgar Hoover. El jefe de inteligencia doméstica de la FBI calificó al reverendo que encabezaba esa marcha de “el negro más peligroso para el futuro de esta nación desde la perspectiva del comunismo, el negro y la seguridad nacional”. Todos esperaban “desorden” masivo. Pero ese día cientos de miles –un tercio de ellos blancos, algo nunca visto– llegaron pacíficamente a participar en un momento que muchos dicen “cambió a Estados Unidos”.

 

“King no era peligroso para el país, sino para el statu quo… King era peligroso porque no aceptaba en silencio –ni permitía que un pueblo cansado aceptara silenciosamente ya– las cosas como estaban. Insistió en que todos nos imagináramos –soñáramos– lo que podría y debería ser”, escribió Charles Blow, columnista del New York Times.

 

Es allí, dicen muchos, donde se inauguró lo que se recuerda como “los 60”, uno de los auges democráticos (en su sentido real) más importantes de la historia estadunidense.

 

Hace unos días la cúpula política, la intelectualidad acomodada y los principales medios festejaron el 50 aniversario del acto con la versión oficial pulida y “patriótica” de la marcha que King ofreció uno de los discursos más famosos de la historia de este país, Yo tengo un sueño.

 

Al festejar el aniversario, se ha debatido sobre el significado de esa marcha y el discurso de King, tanto en su momento como hoy día. Algunos concluyen que el “sueño” de King está expresado en el hecho de que el primer presidente afroestadunidense, Barack Obama, ofreció un discurso para celebrar el aniversario en el Monumento a Lincoln, el mismo lugar donde King ofreció históricas palabras hace cinco décadas. Ahí habló de los cambios que King promovió, también reconoció que esa lucha no ha concluido.

 

Aunque nadie disputa los cambios dramáticos y los logros en cuanto a la lucha frontal contra la segregación institucional, tampoco se puede disputar que mucho de lo que dijo King en 1963 tendría que repetirlo 50 años después.

 


Hoy día hay más hombres negros encarcelados que esclavos en 1850 (según el trabajo de la extraordinaria académica Michelle Alexander); varios estados han promovido nuevas medidas para obstaculizar el acceso de las minorías a las urnas; el desempleo entre afroestadunidenses es casi el doble que entre blancos, casi igual que en 1963; el número de afroestadunidenses menores de edad que viven en la pobreza es casi el triple que el de los blancos en la misma condición; uno de cada tres niños afroestadunidenses nacidos en 2001 enfrentan el riesgo de acabar en la cárcel.

 

A la vez, la desigualdad económica entre pobres y ricos ha llegado a su nivel más alto desde la gran depresión. Mientras las empresas reportan ganancias récord, los ingresos de los trabajadores continúan a la baja. Más aún, una de las demandas de la marcha de 1963 fue un incremento al salario mínimo federal, que hoy se ubica en 7.25 dólares la hora, lo que es, en términos reales, inferior al que prevalecía hace 50 años, según el Instituto de Política Económica. Ejemplo de ello fue la protesta de trabajadores de restaurantes de comida rápida en más de 50 ciudades que exigieron el doble de dicho salario, la semana pasada.

 

Al conmemorar el aniversario, Obama destacó la brecha económica entre pobres y ricos, pero no asumió la responsabilidad de que durante su presidencia se sigue ampliando, y evitó mencionar otras políticas que ha promovido o tolerado con consecuencias terribles para comunidades minoritarias y/o pobres como las deportaciones sin precedente de inmigrantes latinoamericanos, y el sistema penal más grande y tal vez más racista del mundo.

 

Muchos opinan que no es justo comparar a King con Obama, ya que uno era “profeta” y el otro es sólo un político.

 

Pero la omisión más notable durante los elogios al profeta por los políticos en estos días –justo cuando la cúpula política estadunidense contempla abiertamente otro ataque militar contra otro país (Siria)– fue cualquier referencia a las guerras.

 

King vinculó cada vez más la lucha de los derechos civiles con la injusticia económica y, peor, con las políticas bélicas de su país. Advirtió en 1967 que la democracia estadunidense estaba amenazada por “el terno gigantesco del racismo, el materialismo extremo y el militarismo”. Y declaró que no podría seguir llamando a sus seguidores a emplear la no violencia si no condenaba las políticas de guerra de Washington: “Sabía que nunca más podría elevar la voz contra la violencia por los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente ante el más grande proveedor de violencia en el mundo hoy día, mi propio gobierno”.

 

King, en su discurso del “sueño” en 1963, insistió en que las injusticias se tenían que abordar en lo que llamó “la feroz urgencia del ahora”. Cincuenta años después, ese ahora es más urgente que nunca.

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