La Guerra en Ucrania 70 días después: un análisis en perspectiva

A la vieja idea de que la guerra es la continuación de la política por otros medios se debe unir el hecho de que se sabe como comienza, pero es difícil prever sus derroteros y desenlace. Porque la actual guerra en Ucrania, que comenzó hace cerca de 70 días, está teniendo un ritmo frenético con un desenlace aún difícil de establecer.

Ucrania se constituyó como nación en el momento de su unión con Rusia y otras repúblicas en la formación de la Unión Soviética en 1922. Sin embargo, el derecho de autodeterminación ucraniano ya fue defendido por Lenin, máximo dirigente bolchevique, años antes. Y su existencia sin opresión nacional por la mayoría gran-rusa fue reivindicada por Lenin en sus últimos escritos antes de morir, en lo que fue conocido como su último combate.

Con la disolución de la URSS en 1991, Ucrania se constituyó como nación independiente. Al contrario de lo que dijo Putin al justificar la invasión del país, la reivindicación de esa independencia y la disposición a luchar por ella es lo que explica por qué hubo una resistencia a la invasión mucho mayor  que todas las previsiones, incluidas las de las potencias occidentales y de la misma Rusia.

Sin estar muy seguros, debido a la manipulación informativa durante las guerras, parece evidente que el plan inicial de Putin no funcionó. Ni Ucrania cayó como un castillo de naipes ni su ejército se desmoronó ante un poderosísimo enemigo. El apoyo en armas y en inteligencia proporcionado por la OTAN desde 2014 –y acelerado con el comienzo de la guerra– fue un aspecto fundamental para eso, pero si no hubiera habido un repudio popular contra la pérdida de su soberanía e independencia, no habría suficientes armas para enfrentar el poderío militar ruso. Las escenas de movilización popular en tareas de apoyo a los soldados parecen indicarlo.

Un tema relacionado es que los posibles planes de Putin de conquistar el país rápidamente y colocar un títere en una Ucrania sumisa no se hicieron realidad. A señalar también que las escenas de destrucción masiva por todo el país, provocadas por las tropas invasoras, la creación de millones de refugiados y desplazados en el interior del país, y hasta los episodios trágicos de masacres (aún pendientes de investigación independiente), sólo consiguieron aumentar la voluntad de resistir, incluso por parte de las poblaciones de origen y/o habla rusa.

Los efectos dramáticos de la guerra en el mundo

Desde el punto de vista de la situación geopolítica global, podemos señalar que en los últimos años se ha producido una unificación sin precedentes de todas las potencias europeas bajo la dirección de EEUU y con importantes aliados en todo el mundo (Australia, Japón y Corea del Sur), además de un crecimiento dramático de un proceso que venía de antes: el rearme de estas potencias y países.

Un ejemplo claro fue el cambio de actitud de Alemania. Si antes de la guerra insistía en mantener su política de conciliación con el régimen de Putin, fruto de la aproximación económica con Rusia, de la que dependía en gran medida (y aún depende) para su suministro de energía, el conflicto militar llevó a que se adhiriese a la política de sanciones económicas y suspendiese la certificación del gaseoducto Nord Stream II desde Rusia, clave para el abastecimiento energético futuro del país.

Por otro lado, rompiendo con una política que venía desde la IIª Guerra Mundial, anunció un drástico aumento en su presupuesto militar que, de mantenerse, debería llevarla, en un cierto tiempo, a convertirse en la mayor potencia militar europea. Lo que, por supuesto, no elimina las contradicciones derivadas de la competencia entre las potencias europeas y los temores que trae el recuerdo de anteriores programas de fortalecimiento militar alemán, que desembocaron en dos guerras mundiales. Sólo los retiran del centro del debate en el corto plazo. Este ejemplo se extendió a muchos países en Europa y en el mundo. Hasta las pacíficas Suecia y Finlandia están considerando seriamente solicitar, en este mes, la entrada en la OTAN.

El otro aspecto, inédito por su aplicación a un país tan poderoso como Rusia, fueron las sanciones económicas brutales impuestas al Estado ruso, que son verdaderos actos de guerra. La revista The Economist, portavoz tradicional del ala supuestamente liberal del imperialismo, empleó este titular: “Sanciones como las de Occidente a Rusia nunca se vieron”.

La reacción de Putin, al poner en alerta su arsenal nuclear (lo único que puede hacer frente a un ataque devastador americano), muestra cuan delicada es la tensión militar inter-potencias. Es la primera vez desde la crisis de los misiles en 1962 que se ha planteado tal posibilidad. Además, los rumores de que los rusos podrían utilizar armas nucleares tácticas (de efecto supuestamente inferior a los grandes hongos que quedaron grabados en los escenarios de las pruebas y en el horror desencadenado por los EUA sobre Hiroshima y Nagasaki) o químicas muestran el cambio en la situación.

Y las tensiones no cesan de aumentar: la semana pasada, Rusia suspendió temporalmente el envío de gas a Polonia y Bulgaria. Sólo el envío a la primera se restableció. Por otro lado, cuando estamos concluyendo esta nota, las noticias dan cuenta de que la Unión Europea comenzó a debatir nuevas sanciones económicas contra Rusia, que incluirían la prohibición de transacciones del bloque europeo con petróleo ruso, de forma gradual hasta el final de año, pero no quedó claro aún si la medida tendrá la unanimidad necesaria para su aprobación. La gravedad del tema no puede ser minimizada: un antecedente histórico poco mencionado es que el ataque de las fuerzas militares de Japón sobre Pearl Harbour en diciembre de 1941 fue antecedido por el bloqueo total americano a la importación de petróleo por Japón en julio de ese año. No queremos ser alarmistas: continúa existiendo un mecanismo de precaución que tiene un nombre que evidencia su riesgo: es el llamado Mecanismo de Destrucción Mutua Asegurada, que evita mayores choques entre grandes potencias nucleares. Hay varios pasos que llevan a esa escalada en dirección a una confrontación catastrófica que no fueron, de momento, dados: la guerra cibernética, la participación directa de tropas occidentales en la guerra o una aún mayor destrucción de la infraestructura ucraniana.

Sin embargo, es preciso destacar, en esta rápida síntesis, que, a diferencia del período de la Guerra Fría, no hay mecanismos establecidos de negociación como los utilizados en la crisis de 1962 y también en la crisis anterior en Berlín. Además de la imprevisibilidad, un elemento presente en todos los conflictos bélicos.

La guerra en una nueva fase

Una segunda etapa de la guerra comenzó con el anuncio el 22 de abril, por el mayor-general (máxima jerarquía en el ejército ruso) Rustam Minnekaev, de que el ejército ruso se iría a concentrar en el Donbass (este del país) y en parte del Sur de Ucrania. Fue el reconocimiento de que la idea inicial de una gran operación que asumiese rápidamente el control de todo su territorio se había mostrado inviable o demasiado costosa. Desde entonces, la guerra se ha concentrado en esas regiones, pero el avance de las tropas rusas continúa siendo, aparentemente, igualmente lento.

Y en los últimos días, hay señales preocupantes de que la guerra continúa su escalada. En primer lugar, por el ya mencionado proceso de rearme mundial. El presidente Biden pidió al Congreso americano la aprobación de una ayuda militar y humanitaria a Ucrania por el valor de 33 billones de dólares en los próximos años. Que es la expresión de lo que los documentos de la inteligencia americana estaban pidiendo: la preparación para una guerra larga en Ucrania.

Esa intención quedó clara a finales de abril, en la reunión de más de 40 países, en la base aérea alemana de Ramstein, en que se formó el grupo de contacto en apoyo de Ucrania. Y, hecho importante, el tipo de armamento enviado para el ejército ucraniano evolucionó de las llamadas armas defensivas a las ofensivas, como tanques y misiles antiaéreos Gepard alemanes, además de poderosos drones.

Los temores de que la guerra traspase las fronteras ucranianas no son excesivos. Ya en marzo, misiles rusos alcanzaron blancos a pocas decenas de kilómetros de la frontera con Polonia, país de la OTAN. Recordemos que Biden varias veces afirmó que ni una pulgada de territorio de países pertenecientes a la organización militar podría ser alcanzada sin reacción.

También merece mención la explosión de bombas en Transnístria, región separatista de la vecina República de Moldavia, donde hay una importante población de origen y/o habla rusa, similar a lo que ocurre en las autodenominadas repúblicas populares en la región de Donbass. En la misma declaración citada antes, el general Minnekaev incluyó como uno de los objetivos rusos la formación de un corredor terrestre entre la anexionada Crimea y Moldavia. Las explosiones podrían servir como pretexto para extender la operación militar rusa al país vecino.

Los dos aspectos principales de la guerra

La guerra tiene dos componentes centrales, a saber:

  1. Una lucha defensiva justa de un país independiente contra la ocupación de un antiguo opresor, Rusia, una potencia regional con reconocida presencia en su entorno y que se acentúa en momentos de crisis (como en los levantamientos populares en Kazajstán y Bielorrusia en los últimos años). Un elemento altamente negativo y limitador en esa lucha es el carácter del liderazgo ucraniano, Zelensky, estrechamente aliado al imperialismo americano.
  2. El conflicto inter-imperialista que opone el bloque imperialista hegemónico liderado por los EUA a la Rusia de Putin, aliada de China, principal potencia emergente. Con el avance del patrocinio militar de los países de la OTAN a Ucrania y de las sanciones económicas a Rusia, la guerra da pasos en el sentido de transformarse en una guerra directamente entre potencias. Cabe señalar que  Rusia es la segunda mayor potencia nuclear del mundo y la segunda mayor exportadora de armas del planeta. Este segundo aspecto expresa la extensión y ampliación al terreno militar de una disputa por el control hegemónico del mundo. No se debe olvidar que Rusia es aliada privilegiada de China (segunda potencia económica mundial), y que con ella estableció, apenas veinte días antes del comienzo de la guerra, un pacto de “amistad sin límites” (como afirma textualmente la declaración conjunta ruso-china). Debido a la determinación de los imperios occidentales de apoyar a Ucrania, el tema de la disputa entre ambos bloques imperiales ha ido adquiriendo cada vez más peso en la evolución de la guerra. Recordamos esto porque, desde este punto de vista, ninguno de los dos bloques merece ningún apoyo ni esperanza por parte de la clase trabajadora y por parte de los oprimidos del mundo, ya que esta disputa responde al deseo de ganar espacio geopolítico y siempre se han mostrado implacables con su propia población trabajadora. A nivel mundial, el papel de EE UU en América Latina, en Vietnam y en tantos otros lugares no deja lugar a dudas. En el caso de China, fue cómplice en la privatización de empresas clave en varios países durante la onda neoliberal, como en el puerto del Pireo en Grecia o en las compañías de electricidad en Portugal. Además de la represión interna en Hong Kong y Xinjiang (contra la minoría Uigur).

Sin abordar en profundidad el tema, merece ser mencionado que la guerra acelera la crisis económica de un mundo que lentamente está saliendo de la pandemia, llevando la inflación a índices inéditos en las últimas décadas, aumentando cualitativamente el sufrimiento de las grandes masas populares. El hambre, que ya estaba creciendo en el mundo desde la pandemia, ha aumentado. Las últimas estadísticas dicen que, sólo en nuestro país [Brasil], 19 millones de personas pasan hambre. Y la guerra también se da en medio de la aceleración de los efectos de la crisis climática civilizacional y disminuye aún más los limitados esfuerzos en busca de una transición energética desde los combustibles fósiles.

05/04/2022

Artículo original: Esquerda Online

Traducción: viento sur

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La venta de armas en EU creció durante la pandemia, de acuerdo con los Centros de Control de Enfermedades y Prevención.Foto Afp

Nueva York. Las muertes por armas de fuego alcanzaron la cifra más alta jamás registrada en Estados Unidos durante 2020, con un incremento de 35 por ciento en homicidios, cantidad no reportada desde 1994, reportaron los Centros de Control de Enfermedades y Prevención (CDC), principal autoridad federal sobre salud pública.

Más de 45 mil personas murieron en incidentes relacionados con armas de fuego durante el primer año de la pandemia. "Este es un incremento histórico", declaró Debra Houry, subdirectora de los CDC, al divulgar los datos en conferencia de prensa.

Aunque más de la mitad de las muertes por armas de fuego son suicidios, ese número se mantuvo casi igual en 2020, comparado con 2019. Pero fue el dramático incremento de homicidios con armas de fuego lo que elevó el total a niveles sin precedente.

Según los CDC, 79 por ciento de los homicidios y 53 por ciento de los suicidios estaban relacionados con armas en 2020. Excluyendo los suicidios, más de 19 mil personas murieron por balas en 2020, comparado con las más de 14 mil del año anterior.

Los CDC indicaron que las estadísticas demuestran "amplias disparidades" donde los homicidios con armas de fuego afectaron más a comunidades pobres, y sobre todo a jóvenes afroestadunidenses. A la vez, los homicidios por armas se incrementaron entre gente de todas edades, razas y género, y tanto en ciudades como zonas rurales en todas las regiones del país.

Los afroestadunidenses sufrieron más que cualquier otro segmento con un incremento de 40 por ciento en la tasa de homicidios, sobre todo los jóvenes; entre indígenas del país hubo un incremento de 27 por ciento y de casi 26 por ciento entre latinos, y 28 por ciento entre blancos. El único grupo donde hubo una reducción fue entre los asiático-estadunidenses, según las cifras de los CDC.

El incremento en muertes por armas de fuego está relacionado con la venta acelerada de armas en el país, con estadunidenses comprando armas más de lo normal al ampliarse la pandemia en 2020 y 2021, de acuerdo con los CDC (ver el informe: https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/71/wr/mm7119e1.htm?s_cid=mm7119e1_w).

Es el incremento anual en homicidios por armas más grande en la historia moderna del país, indicó el Centro para Soluciones de Violencia de Armas de la Universidad Johns Hopkins. "En 2020 se perdieron casi 5 mil vidas más en homicidios con armas que en 2019".

Las armas fueron la causa principal de muerte entre niños y adolescentes en 2020, tomando más vidas que el covid-19, accidentes automovilísticos o cáncer” para los menores de edad, afirma un informe de ese centro (https://publichealth.jhu.edu/2022/new-report-highlights-us-2020-gun-related-deaths-highest-number-ever-recorded-by-cdc-gun-homicides-increase-by-more-than-one-third).

Expertos e investigadores no han identificado las razones del incremento de la violencia, y sobre todo de los homicidios con armas de fuego en los últimos dos años, pero algunos señalan que la pandemia exacerbó muchas condiciones prexistentes, sobre todo en algunas comunidades más marginadas, que han elevado el nivel de violencia, incluyendo factores como la desigualdad económica y condiciones de pobreza, comentaron los CDC.

Otros sugieren que la polarización política en el país, ira contra la violencia oficial y el racismo sistémico, y la expresión más explícita de agrupaciones armadas, sobre todo las derechistas, han cultivado mayor violencia.

Los estadunidenses se matan entre sí con armas 25 veces más que otros países desarrollados, señala el centro Brady Campaign to Prevent Gun Violence.

La razón más citada por los que adquieren armas de fuego es la defensa individual, pero investigaciones de los últimos años confirman que en los hogares que tienen armas se incrementa de tres a cinco veces el riesgo de homicidio y suicidio.

Se calcula que hay más armas en manos privadas en Estados Unidos que población –de hecho, 120.5 armas por cada 100 residentes–, más de 390 millones, según cifras de 2018 por el Small Arms Survey. El Brady Campaign calcula que uno de cada tres adultos en Estados Unidos es dueño de un arma.

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¿Una moneda común para integrar a Sudamérica?

La creación de una moneda sudamericana podría impulsar la integración, brindar una mayor estabilidad monetaria y fortalecer la soberanía regional que reclaman las fuerzas progresistas.

La creación de una moneda sudamericana puede impulsar el proceso de integración regional, caracterizado por sus lentos avances y ocasionales estancamientos hasta la fecha, fortaleciendo asimismo la soberanía monetaria de los países sudamericanos, habituados a afrontar limitaciones económicas derivadas de la fragilidad internacional de sus monedas.

En modelos de precificación de activos, los intereses pagados por títulos de deuda emitidos por un gobierno son denominados de riesgo soberano o libres de riesgo de crédito, esto justamente por la capacidad que tiene la autoridad monetaria de emitir los medios de pago necesarios para liquidar sus obligaciones y deudas, dentro de su propia economía.

Si al interior de cada nación el Estado y su moneda son soberanos, en las relaciones internacionales la lógica es distinta. Existe, en el sistema financiero internacional, una jerarquía para las monedas nacionales. La ubicación del dólar en la cima de esa jerarquía otorga a Estados Unidos el privilegio de emitir la moneda internacional.

El reciente conflicto entre Rusia y Ucrania reavivó antiguos temores que se habían apagado con el final de la Guerra Fría. La posibilidad de una guerra que involucre a las potencias nucleares es una clara amenaza a la existencia humana, y los avances de dichas potencias sobre la soberanía de países que carecen de poderío bélico similar constituyen un factor desequilibrante y temible para muchos Estados.

Estados Unidos y la Unión Europea se valieron de la fuerza de sus monedas para infringirle a Rusia severas sanciones, confiscando sus reservas internacionales y excluyendo al país del sistema de pagos internacionales (Swift). Ante la imposibilidad (y la locura) de un enfrentamiento militar directo con otra potencia nuclear, Biden y sus aliados buscaron en el poder de sus monedas los modos de aislar y debilitar al enemigo.

Como ejercicio de poder, no se trata de una estrategia inédita. En 1979, la suba en la tasa de intereses implementada por EEUU para reafirmar el poder del dólar como moneda global llevó a diversos países (incluyendo Brasil y buena parte de América Latina) a una situación de insolvencia. Con la crisis de 2008, fue el poder del dólar lo que le permitió al FED (Banco Central estadounidense) sostener los precios en el mercado financiero, ofertando liquidez y demandando activos.

La utilización del poder monetario en el ámbito internacional renueva el debate sobre la relación entre moneda, soberanía y capacidad de autodeterminación de los pueblos, sobre todo en países con monedas consideradas no convertibles. Al no ser aceptadas estas monedas como medio de pago y reserva de valor en el mercado internacional, sus gestores están más sujetos a las limitaciones impuestas por la volatilidad del mercado financiero internacional.

Durante los años 1990, sucesivas crisis globales hicieron que diversos países latinoamericanos tuviesen que recurrir al FMI (Fondo Monetario Internacional) para poder honrar sus obligaciones en monedas internacionales. El apoyo del FMI quedaba usualmente condicionado a la adhesión de esos países al recetario económico “sugerido”.

El pasado 25 de marzo, el FMI aprobó un nuevo acuerdo con Argentina, el vigésimo segundo de su tipo desde 1956. Otros países apostaron a la dolarización como vía de estabilización macroeconómica, renunciando a la soberanía monetaria y de autonomía en la ejecución de políticas macroeconómicas. A partir de 2003, Brasil acumuló reservas internacionales y pudo revertir su posición pasando de deudor a acreedor líquido internacional.

En un contexto de amenazas bélicas, las reservas internacionales funcionan como una defensa de las monedas domésticas, inclusive para desalentar ataques. Sin embargo, como países emergentes o en vías de desarrollo en distintos niveles, todos seguimos padeciendo limitaciones económicas derivadas de la fragilidad internacional de nuestras monedas.

Un proyecto de integración que fortalezca a América del Sur, incrementando el comercio y la inversión combinados, permitiría formar un bloque económico de mayor relevancia en la economía global y asegurarle más autonomía al deseo democrático, a la definición del destino económico de los participantes del bloque y a la ampliación de la soberanía monetaria.

La situación no es sencilla, dada la profunda heterogeneidad estructural y macroeconómica de los países de la región. Las tentativas de fortalecer y acelerar la integración regional lograron hasta el momento forjar áreas de libre comercio y acuerdos en los ámbitos del crédito y la infraestructura. Sin embargo, fue un proceso que se dio a un ritmo lento, y que estuvo signado por distintos momentos de repliegue.

La apertura de un proceso de integración monetaria para la región sería capaz de insertar una nueva dinámica a la consolidación del bloque económico, brindándoles a los distintos países las ventajas de acceso y gestión compartida de una moneda de mayor liquidez, válida para relacionarse en economías que, juntas, adquirirían más peso en el mercado global.

La experiencia monetaria brasileña, exitosa en la instrumentalización de la URV (Unidad Real de Valor), puede subsidiar un paradigma para la creación de una nueva moneda digital sudamericana (SUR), capaz de fortalecer a la región.

La moneda sería emitida por un Banco Central Sudamericano, con una capitalización inicial hecha por los países-miembros en proporciones acordes con las respectivas participaciones de cada país en el comercio regional. La capitalización se haría con reservas internacionales de los países y/o con una tasa sobre las exportaciones extra-regionales de cada país. La nueva moneda podría ser utilizada tanto para flujos comerciales como financieros entre países de la región.

Cada país miembro recibiría una dotación inicial de SUR de acuerdo a reglas claras y consensuadas, y tendrían libertad para adoptarla domésticamente o mantener sus monedas locales. Los valores de cambio entre las monedas nacionales y la SUR serían flotantes. Los derechos financieros, como las reservas internacionales, también proveerían una contrapartida para la emisión equivalente de SUR.

Asimismo es fundamental un mecanismo de ajustes simétricos entre países con superávit y deficitarios. Los recursos provenientes de ese mecanismo serán utilizados para capitalizar fondos de una Cámara Sudamericana de Compensación, destinada a financiar la reducción de asimetrías entre las economías y el fomento de la sinergia entre ellas.

Los países miembros podrán comprar SUR para consolidar sus reservas internacionales, sin que recaigan tasas sobre los valores adquiridos. Deberán crearse mecanismos para gravar y desincentivar ataques especulativos.

La creación de una moneda sudamericana es la estrategia para acelerar el proceso de integración regional, constituyendo un poderoso instrumento de coordinación política y económica para los pueblos sudamericanos. Es un paso fundamental rumbo al fortalecimiento de la soberanía y la gobernanza regional, que sin duda se revelará decisivo en un nuevo mundo.

Fuente: Folha de S. Paulo

Traducción: Cristian De Nápoli

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Inseguridad alimentaria aguda: 40 millones de personas más en un año

Alarmante informe de la FAO

Desde Roma. La llamada “inseguridad alimentaria aguda”, es decir cuando una persona no puede consumir alimentos suficientes y eso pone su vida en peligro inmediato, afectó a 40 millones de personas más en el mundo entre 2020 y 2021, llegando a afectar a un total de 193 millones de personas de 53 países, según el Informe Global sobre Crisis Alimentaria 2022 recientemente publicado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), ambos con base mundial en Roma.

Los países más afectados están en África (Yemen, Eritrea, Burundi, Kenia, Mozambique, Congo, Etiopía, Nigeria, entre otros), en América Central y Caribe (Haití, Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua) y en Asia (Pakistán, Bangladesh, Siria, Afganistán, entre otros). América Central y Caribe no sólo tuvieron que luchar contra los problemas económicos y sociales creados por la pandemia, sino que en noviembre del 2020 pasaron por dos huracanes, Eta y Iota que produjeron muchos daños a la población y a la agricultura.

Anna Ricoy, coordinadora de la Gestión de Riesgo de Desastres de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y Caribe con base en Chile, explicó a Página 12 las consecuencias de todos estos fenómenos para la seguridad alimentaria de las personas y lo que se puede hacer para mitigar sus efectos. Agrónoma originaria de España, Ricoy obtuvo un Master en Economía y Ciencias Sociales en el AgroParisTech, el instituto de tecnología para Ciencias de la Vida, Alimentación y Medioambiente de París. Trabaja para la FAO desde 2009.

-El Informe Global sobre Crisis Alimentaria 2022 dice que en América Latina unos 12,7 millones de personas padecen este flagelo, un millón de personas más en poco más de un año. Y los países más afectados son Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua además del caribeño Haití que alberga un tercio del total (4,4 millones) de las personas que sufren hambre en la región. ¿Según usted es debido sólo a la crisis de la pandemia o también a eventos naturales y conflictos internos?

-Estas cifras están relacionadas con tres principales impulsores, que están interrelacionados y se refuerzan mutuamente: la crisis socioeconómica, los eventos extremos como huracanes y terremotos y la inestabilidad. La enorme preocupación ha sido el impacto que ha tenido la ralentización económica sobre la pérdida de empleos y la caída de los ingresos, especialmente considerando que gran parte de los trabajadores de la región son informales. En cuanto a los eventos extremos en América Central, los huracanes Eta/Iota de 2020 destruyeron cultivos y reservas de alimentos. Las lluvias irregulares en Haití, el terremoto de magnitud 7.2 y la depresión tropical Grace en agosto de 2021 afectaron la producción y disponibilidad de alimentos. Los altos niveles de inseguridad en Centroamérica impactaron las actividades económicas y agrícolas. La situación de inseguridad en Haití se deterioró aún más en 2021.

-¿Por qué el informe no habla de los demás países de América Latina ni de Venezuela que otros años era considerada a riesgo?

-El informe no habla de los demás países de América Latina y el Caribe porque en los demás países no se cuenta con evidencia sólida en cuanto a la magnitud y/o severidad de una crisis alimentaria. En cuanto a Venezuela no se ha incluido en el informe por falta de datos. A pesar de los indicios de estabilización en la disponibilidad de alimentos y combustible desde finales de 2021, la inseguridad alimentaria sigue siendo una preocupación en Venezuela, especialmente para familias de ingresos limitados debido a los efectos combinados de la contracción económica prolongada, inflación, sanciones internacionales y restricciones de Covid 19.

-¿La guerra en Ucrania ha influido también?

-El conflicto en Ucrania es fuente de gran inquietud en nuestra región como en el resto del mundo y en particular en los países en crisis alimentarias. La incertidumbre respecto a las próximas campañas agrícolas podría impactar la disponibilidad de las reservas globales de alimentos, e influir en una ulterior alza de los precios de aceites vegetales, cereales y carne, del azúcar y productos lácteos, entre otros. Ya en el último mes el índice de precios de los alimentos de la FAO aumentó un 12.6 %. Es el aumento más alto desde que tenemos registros. Por otra parte, las eventuales disrupciones de gas natural y energía van a impactar la producción global de fertilizantes, reduciendo su disponibilidad y llevando los precios al alza. Cabe destacar que América Central es importadora neta de fertilizantes. Todos estos factores van a tener un impacto en la producción, en los rendimientos, y por supuesto se reflejará en un alza de los precios al consumidor. En América Central no hay hambre por falta de alimentos, hay hambre por falta de dinero en los bolsillos de las personas. Por lo tanto se podría dificultar ulteriormente el acceso a los alimentos y provocar un aumento de todas las formas de malnutrición.

-Según prevé el informe, la inseguridad alimentaria podría mejorar levemente en 2022.

Este informe fue desarrollado con datos anteriores al conflicto de Ucrania. Este pronóstico de leve mejora tiene en cuenta la recuperación económica parcial tanto del impacto económico del Covid19 como de los daños causados por las tormentas tropicales en Centroamérica. Sin embargo, esto probablemente se verá atenuado por los altos precios de los insumos agrícolas que limitan la producción y reducen la demanda de mano de obra agrícola. Además, ahora debemos tomar en cuenta la situación actual de crisis global por el conflicto en Ucrania y las consecuencias en cadena que está teniendo en el sistema agroalimentario. Los pronósticos más recientes para la región no son alentadores. En las últimas dos semanas, el Fondo Monetario Internacional rebajó las proyecciones de crecimiento respecto a las de Enero 2022. De acuerdo con esta información, para América Latina y el Caribe se estima una inflación promedio de 6,6% para 2022 y de 5,4% para 2023. El crecimiento se estima en torno al 2.5% en 2022 y 2.5% en 2023. Estamos frente a una crisis de nivel global que podría tener repercusiones graves a nivel regional, y debemos prevenir que se desencadene una crisis alimentaria mayor en la región.

-¿El aumento de las migraciones será otro efecto colateral de esta crisis?

-Las migraciones son un efecto colateral de la inseguridad alimentaria: la pérdida del poder adquisitivo de los hogares por la pandemia y por la inflación en los precios de los alimentos, los eventos climáticos extremos, los niveles de inseguridad en ciertos territorios, entre otros. Todos estos factores están interrelacionados, se refuerzan mutuamente, e influyen en las decisiones que toman los hogares de abandonar sus casas y tierras en busca de trabajo o ayuda.

-¿Qué debería hacer cada país para mejorar esta situación? ¿Qué Podría hacer FAO?

-Tenemos que repensar la manera como respondemos a las crisis alimentarias, poniendo las necesidades de los productores agropecuarios al centro de la respuesta. En 2020, la financiación para intervenciones humanitarias en agricultura, representaron solo el 8 por ciento de los fondos humanitarios destinados a la seguridad alimentaria. Tenemos que cambiar esta tendencia. Invertir en la agricultura y en los recursos que la sustentan es estratégico y rentable. Según la FAO, los beneficios en estos casos pueden ser 10 veces mayor que si se dedican los fondos a la ayuda alimentaria. Y el efecto de estas intervenciones se prolonga en el tiempo. En lo inmediato debemos brindar apoyo a los gobiernos para que los productores cuenten con los medios necesarios para seguir produciendo alimentos localmente y, en condiciones adversas, obtener ingresos, acceder a financiación. Paralelamente a los apoyos productivos es fundamental garantizar el acceso económico a alimentos para la población más vulnerable.

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Shell tuvo utilidades de 9.13 mil millones de dólares, récord para un primer trimestre. Los precios del petróleo fueron el factor más importante que impulsó los resultados. Foto Afp

La aversión al riesgo, ante la guerra entre Rusia y Ucrania que inició el 24 de febrero, dejó un "jugoso" primer trimestre a empresas petrolíferas y de gas natural.

Al cierre del primer trimestre de 2022, Shell y BP, empresas de los sectores petrolífero y del gas natural, reportaron "extraordinarios" crecimientos en utilidades por mayores precios del petróleo.

Shell reportó utilidades de 9.13 mil millones de dólares, récord para un primer trimestre; los mayores precios promedio del petróleo fue el factor más importante que impulsó los resultados de la emisora.

En comparación con la cifra del primer trimestre del año pasado (3.2 mil millones de dólares), las utilidades casi se triplicaron.

Y, similarmente, BP reportó utilidades que duplicaron aquellas del mismo trimestre del año pasado. La compañía británica se ha convertido en el más reciente gigante petrolero en reportar enormes ganancias. La empresa registró 6 mil 200 millones de dólares en beneficios subyacentes (ganancia neta) en el primer trimestre de 2022, lo que equivale a casi 3 millones de dólares en ganancias cada hora.

Lo anterior fue más del doble de los 2 mil 630 millones de dólares del primer trimestre de 2021, a pesar de abandonar su participación de casi 20 por ciento en la petrolera rusa, Rosneft, y otras tres empresas en respuesta a la invasión a Ucrania. Y pese a la pérdida de 20 mil 400 millones de dólares.

Santiago Fernández, analista bursátil de Intercam, detalló que Shell y BP reportaron insólitos crecimientos en utilidades debido a los mayores precios del crudo.

Por ejemplo, el WTI terminó el trimestre cotizando en 101.18 dólares por barril, con un aumento de 34.53 por ciento, siendo este su mayor incremento trimestral desde el segundo trimestre del 2020 cuando se incrementó 91.75 por ciento.

En el trimestre, el WTI tocó un máximo intradía de 130.5 dólares, no visto desde el 22 de julio del 2008, y un mínimo de 74.27 dólares por barril. Mientras tanto, el Brent aumentó 38.74 por ciento en el trimestre a 107.91 dólares por barril y alcanzó un máximo de 139.13 dólares, no visto desde no visto desde el 16 de julio de 2008.

Como el resto de los commodities, el crudo mostró volatilidad y fue afectado por un aumento en la aversión al riesgo ante la guerra entre Rusia y Ucrania que empezó a finales de febrero y llevó al WTI y al Brent a incrementarse durante marzo en 5.70 y 6.86 por ciento.

Rusia es el tercer mayor productor de petróleo a nivel global, produciendo cerca de 10.3 millones de barriles diarios. Aunque gran parte del petróleo ruso se procesa en las refinerías de ese país, alrededor de 42 por ciento del petróleo del país se exporta. Asimismo, el contrato TTF de gas natural en el ICE Endex Dutch aumentó en 78.99 por ciento a 125.906 euros por megavatio hora, mientras que en marzo aumentó 27.70 por ciento.

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Decomiso de 550 kilos de cocaína escondida en bolsas de café esta semana en Suiza.. Imagen: AFP

Según un informe de la policía y la agencia antidroga de la UE

Autoridades europeas incautaron un récord de 214,6 toneladas en 2020, la gran mayoría en España, Bélgica y Países Bajos.

Las agencias de la UE han advertido de que Europa se está consolidando como centro de producción y transbordo de cocaína para todo el mundo, además de ser un importante mercado de consumo. Las autoridades europeas han incautado una cantidad récord de 214,6 toneladas de cocaína en Europa en 2020, con España, Bélgica y Países Bajos concentrando las tres cuartas partes del total recuperado.

La cocaína es la segunda droga más consumida en Europa, solo superada por el cannabis, con millones de consumidores y unas ventas de unos 10.500 millones de euros en 2020, según un informe conjunto de la UE elaborado por la agencia policial Europol y la agencia antidroga OEDT. Alrededor de 3,5 millones de europeos de entre 15 y 64 años reconocieron haber consumido esta droga en el último año, y 14 millones de europeos lo hicieron alguna vez en su vida.

Mercado en crecimiento

El aumento de la producción en Sudamérica y la ampliación de la capacidad de procesar la droga en bruto en Europa están impulsando el crecimiento del mercado. La aparición de nuevos tipos de cocaína fumable podría hacer mayor el crecimiento y los riesgos para la salud. "También se está produciendo más dentro de Europa, lo que indica cambios en el papel de la región en el comercio internacional de cocaína", señala el informe.

Bélgica se está convirtiendo en el epicentro de la cocaína en Europa. Es el país de la UE que más cocaína incautó en 2020, con 70 toneladas, y uno de los principales focos de elaboración de pasta de coca junto con los Países Bajos (con 49 toneladas incautadas en 2020) y España (con 56 toneladas incautadas en 2021).

En un informe presentado por Europol y el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (EMCDDA), se refleja que, por cuarto año consecutivo, se ha incautado una cantidad récord de cocaína en Europa. La mayoría llega en contenedores marítimos, con los puntos de entrada de los cargamentos en diversificación y con mayores cantidades incautadas en los puertos de Europa del Este y Turquía.

La cocaína importada a Europa desde Sudamérica se reexporta cada vez más a otras partes del mundo, especialmente a Oriente Medio y Asia, lo que convierte a Europa en "un punto de transbordo clave para las drogas procedentes de otros lugares", según el informe.

La metanfetamina, también en crecimiento

Aunque se mantiene muy por debajo de la cocaína, el mercado de la metanfetamina también está creciendo. Sus tendencias están variando, ya que tradicionalmente se producía en la República Checa para el consumo en Europa del Este, pero los nuevos datos señalan una alta demanda en Europa Oriental, principalmente en Bélgica.

"Ahora existe una creciente preocupación por las instalaciones de producción situadas en Bélgica y los Países Bajos, donde se puede producir metanfetamina a una escala considerablemente mayor", señala el informe.

Europa es uno de los principales productores de metanfetamina del mundo, y los productores europeos colaboran cada vez más con los grupos delictivos mexicanos para perfeccionar los procesos de producción, advirtieron los organismos de la UE.

El número de incautaciones de esta droga entre 2010 y 2020 se duplicó de 3.000 a 6.200, y las cantidades incautadas aumentaron un 477 % a 2,2 toneladas en 2020, año en el que nueve países de la UE desmantelaron 215 laboratorios.

A la luz de los resultados, el director del OEDT, Alexis Goosdeel, explicó que Europa se enfrenta a una "amenaza creciente" derivada de un mercado de drogas "más diversificado y dinámico, impulsado por una colaboración más estrecha entre las organizaciones criminales europeas e internacionales" y urgió a ser "aún más sensibles a las señales del mercado" y a "invertir en una mayor acción coordinada" a nivel internacional.

En la misma línea, la directora ejecutiva de Europol, Catherine De Bolle, advirtió de que el comercio de drogas ilegales "sigue dominando los delitos graves y la delincuencia organizada en la UE". Teniendo en cuenta de que cerca del 40% de las redes delictivas notificadas a este organismo que operan a escala internacional "están activas en el tráfico de drogas". "La lucha contra este comercio ilegal es una prioridad fundamental para Europol y para la UE", señaló, convencida de que el análisis presentado este viernes resulta "crucial para formular respuestas policiales eficaces".

De Público de España. Especial para Página/12.

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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su intervención este miércoles en el Parlamento Europeo. — Julien Warnand / EFE

Estos dos países, al no tener salida al mar y depender completamente del crudo ruso, podrían disponer de más tiempo antes de que se apruebe el nuevo paquete de sanciones.

La Presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, ha propuesto este miércoles el sexto paquete de sanciones contra el Gobierno de Putin que incluye vetar por primera vez y de manera progresiva la compra de petróleo ruso, aunque también se han previsto excepciones para Hungría y Eslovaquia.

Esta medida se ultima después de que Rusia decidiera cortar los suministros de gas a Polonia y Bulgaria. Ante la amenaza de que haga lo mismo con el resto de Europa, la Unión Europea tiene como objetivo debilitar al Kremlin, y es que según Eurostat, la venta de petróleo supone para las arcas rusas cerca de 48.000 millones de euros anuales.

La prohibición se aplicará a las importaciones "por mar y por oleoducto", así como al crudo y al refinado, según ha detallado Von der Leyen durante su discurso ante el pleno del Parlamento Europeo, que se reunía este miércoles en Estrasburgo.

La Comisión todavía tiene que publicar los detalles del paquete de sanciones, el cual debe ser aprobado de forma unánime por los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Fuentes del Ejecutivo han indicado que Hungría y Eslovaquia podrían disponer de más tiempo, al no tener salidas marítimas y ser completamente dependientes del crudo ruso.

04/05/2022 09:29


Europa puede dar la espalda al gas ruso en tres años si acelera el despliegue de energías renovables

Un nuevo estudio asegura que Europa no necesita buscar nuevos mercados de gas, sino acelerar el despliegue de energías limpias e impulsar procesos de electrificación. De esta forma se acabaría en 2025 con la dependencia de Moscú y se apuntalaría la transición energética. 

madrid

03/05/2022 23:26

Alejandro Tena

La guerra de Ucrania ha trastocado los planes energéticos de Europa, que trabaja a marchas forzadas para reducir su dependencia de los combustibles fósiles rusos. Bruselas busca la forma de reducir a cero las compras de gas a Moscú sin ver alterada la seguridad de sus suministros y para ello está rastreando nuevos mercados, como el estadounidense, que enviará un 68% más de buques metaneros, al mismo tiempo que estudia nuevas inversiones en infraestructuras gasistas: desde la posible construcción del MidCat para llevar combustible desde África, pasando por España, hasta Francia a la creación de nuevas plantas regasificadoras para descargar GNL en los puertos.

Este contexto, no en vano, abre la puerta a una involución en la lucha contra la crisis climática y en los planes de descarbonización europeos. El riesgo de que se paralicen las inversiones en renovables es evidente, a pesar de que estas se presentan como una solución importante para dejar de lado la dependencia rusa y reducir la huella de carbono del viejo continente. Así lo evidencia un estudio de la consultora francesa Artelys publicado este miércoles en el que se constata que Bruselas podría dar la espalda a los recursos energéticos de Moscú en 2025 si prosigue con el despliegue de tecnologías solares o eólicas y se deja de lado las inversiones en nuevas infraestructuras de gas.

El estudio –un encargo de la Fundación Europea para el Cambio Climático– estima que si Europa aplicase de manera estricta los objetivos de la estrategia Fit-for-55 –el paquete de medidas de la Comisión para reducir a la mitad las emisiones de CO2 durante la década en curso– podría reducir la demanda de gas en un 17% de cara a 2025. De esta forma se podría "abandonar en gran medida el gas ruso", dice el informe e incrementar 135 GW de eólica y 124 GW de fotovoltaica.

Países con gran dependencia del gas ruso

En este escenario el suministro energético europeo quedaría garantizado en buena medida, con el riesgo de dejar sin cubrir 40 GW. Según los cálculos, esto afectaría de manera directa a Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania, países con una gran dependencia del gas ruso. Bajo este escenario se abren dos líneas de acción política: la búsqueda de nuevos mercados de gas alejados de la esfera europea, que es el camino escogido por Bruselas en los primeros meses de guerra; y , por otro lado, el incremento de capacidad de las renovables.

La primera línea de actuación supone, debido a la situación geográfica de Europa, un incremento del 50% de las importaciones de gas natural licuado (GNL) por buques metaneros de EEUU o de África. Todo ello abre riesgos importantes para la lucha contra la crisis climática, pues la carestía de este combustible respecto al gas natural transportado en gasoducto llevaría directamente a un aumento de la producción eléctrica mediante carbón y centrales de lignito, lo cual elevaría un 3% las emisiones de CO2 del continente.

Construir nuevas infraestructuras, dice la publicación, podría dejar hipotecada a Europa, pues algunos proyectos como las plantas de regasificación o las tuberías de transporte van ligados a contratos de suministro que oscilan entre los 10 y 20 años de duración. Estas inversiones pueden retrasar, por ende, el despliegue de energías verdes o convertirse en capital varado y difícil de amortizar debido a la competitividad las eólicas y las renovables en las próximas décadas.

La otra línea de actuación habla de aumentar un 10% el despliegue de energías renovables respecto a la estrategia Fit-For-55, además del desarrollo de políticas de eficiencia energética y la electrificación de industrias y hogares a través de la sustitución de calderas de gas por bombas de calor. De esta forma se podrían suprimir los 152 millones de metros cúbicos (bcm) de gas que aporta Rusia a los suministros del continente sin construir nuevos gasoductos o nuevas regasificadoras.

En el escenario de despliegue de renovables Europa no podrá desprenderse a corto plazo del gas, en tanto que el GNL seguirá siendo una pieza clave del mercado energético. No obstante, Bruselas incrementará la llegada de metaneros en un 25% (en un escenario como el actual, el incremento es de hasta el 50%). Los analistas hablan de la necesidad de usar buques de almacenamiento y regasificación a bordo (FSRU) para no construir más infraestructura, de modo que estos barcos puedan ir desmantelándose de manera progresiva a medida que las renovables ganen más peso en los mercados.

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El FMI señala que la guerra de Ucrania impulsa un nuevo orden económico y geopolítico mundial

El organismo internacional constata en sus informes de primavera (el económico, el financiero y el fiscal) el cambio en la fisonomía de la globalización que venían apuntando los analistas de mercado y de política exterior desde hace años, que ha arraigado con la pandemia y que ahora entra en una fase de máxima efervescencia.

El planeta parece haberse adentrado en un periodo de convulsión constante. En una especie de punto de ebullición geopolítica, económica, financiera y socio-cultural. Hasta el punto de que se aprecian vestigios de que los modelos democráticos de corte liberal, como reza la terminología multilateral al uso, se tambalean con divisiones civiles preocupantes por el resurgimiento de los movimientos nacional-populistas; generalmente, de raíces ultraderechistas. En el ámbito de los mercados y de la economía, nunca como ahora, después de la invasión rusa de Ucrania, desde el final de la Guerra Fría, se vislumbra con tanta claridad la posibilidad de un decoupling, de una desintegración de la arquitectura financiera, económica y comercial internacional en torno a dos bloques: el occidental, con EEUU y Europa al frente, y el oriental, comandado por el poder chino en el terreno tecnológico, empresarial y productivo, y secundado por Rusia y su estatus nuclear.

El diagnóstico de situación del FMI y su tradicional recetario de tratamiento -siempre criticados, pero también, a los ojos de los analistas, necesarios para diseccionar las cada vez más complejas relaciones económicas- deja esta primavera nuevas lecturas de los movimientos telúricos que se están detectando soterradamente. En cierta medida -explican en la organización multilateral- con similitudes de calado con otras épocas de fulgurantes transformaciones y con una marcada y, al mismo tiempo, inquietante sinergia de acontecimientos.

Quizás la más clarividente de ellas sea la amenaza de estanflación que deja traslucir el fondo en sus tres grandes informes -que corroboran sus tres directores de departamentos -y que retrotrae a la década de los setenta, en la que la crisis del petróleo -de nuevo una escalada de precios de la energía como la invocada en otoño pasado por el Kremlin y su manejo de la espita del gas siberiano hacia Europa- dio lugar a una espiral inflacionista con trayectos recesivos. Pero que hizo detonar el salto económico y de tecnología en Occidente por el que apenas un decenio después caía el Muro de Berlín y entraba en barrena la Unión Soviética.

La larga siesta geoestratégica -del 9/11 de 1989, con el derribo del paso fronterizo que dividía la capital alemana desde el final de la Segunda Guerra Mundial, al 11/9, de 2001, con los ataques islamistas a EEUU- en la que emergió la globalización, dio paso a guerras de civilizaciones -Irak o Afganistán, pero también Siria, entre otras revueltas sociales como las primaveras árabes- y dos tsunamis -uno financiero, en 2008 y otro, sanitario, en 2020- con graves contracciones globales. En medio de las cuales, China se ha convertido en una potencia económica más incuestionable y Rusia ha reverdecido viejos laureles imperialistas con su renovado músculo militar y atómico, al que se ha añadido un eficaz -según sus intereses- uso de la energía como arma diplomática de primer orden. No en vano, Vladimir Putin lleva abriendo y cerrando el grifo del petróleo -en el seno de la OPEP +, donde se ha integrado de lleno y gestiona el crudo en el mercado tuteando a Arabia Saudí- y del gas, hacia Europa -principalmente a Alemania- y Ucrania, desde antes de la caída de Lehman Brothers.

El fondo desvela en cinco aspectos de alto voltaje la trascendencia de los virajes que manifiesta el ciclo de negocios post-covid que también ocupan un lugar preferencial en la sala de máquinas de think-tanks y expertos internacionales, políticos y económicos.

1.- El deterioro geopolítico asedia a la globalización. A largo plazo, "la guerra en Ucrania elevará los riesgos de desestabilización de las reglas creadas por consenso en el marco de las relaciones internacionales desde la Segunda Guerra Mundial", precisa el WEO, el informe semestral que se elabora desde el equipo de la economista jefe del FMI, Gita Gopinath, estadounidense de origen indio. La polarización global se ha intensificado y, de prolongarse, agravaría la crisis humanitaria, aunque también impediría la integración económica mundial, esencial para generar prosperidad de forma consolidada. No es un asunto baladí. Larry Fink, CEO de BlackRock, la gestora de fondos que más patrimonio administra, con más de 9,5 billones de dólares en carteras -tanto como los PIB de Japón y Alemania-, acaba de asegurar que el conflicto ucranio "está acelerando el epitafio de la globalización" y enterrando "el orden global de los últimos 30 años". También hay criterios opuestos, como el de Exequiel Hernández, catedrático de la escuela de negocios Wharton, de la Universidad de Pennsylvania, para quien las férreas interdependencias entre países tras décadas de libres flujos de intercambios comerciales, inversores o tecnológicos, entre otros, mantendrá la globalización: "Llegó para quedarse", explica.

Sin embargo, Alicia García Herrero, investigadora en Bruegel, think-tank paneuropeísta, asegura que, tras décadas de incremento del comercio y del capital e, incluso, de personas, la tendencia ha cambiado hacia la desglobalización. "Hay suficientes evidencias de ellos". De igual modo que las hay sobre la "importancia geoestratégica que la competitividad entre EEUU y China" puede intensificar esta reversión. La también economista jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión francés Natixis expande esta tensión "al espacio financiero y tecnológico". Un termómetro que marcará el curso de este hipotético proceso -avisa- será la posible defunción de la OMC.

2.- El decoupling entre bloques podría ser inevitable. El WEO admite que los intercambios de tecnología podrían verse limitados y que las redes de producción y los estándares de innovación podrían colisionar y propagarse "en distintos bloques" y, en consecuencia, las ganancias y ratios de prosperidad alcanzados por la globalización en los últimos tres decenios, se someterán a unos cambios indescifrables. Con áreas de países adoptando políticas proteccionistas. La doctrina que se está gestando en torno a esta lectura habla a las claras de un mercado abanderado por EEUU al que se sumarían las potencias occidentales, como en el pasado, y otro asiático, con Rusia que ya ha hecho pivotar sus intereses políticos, económicos y energéticos hacia este continente, en un papel de coexistencia pacífica con China, la abanderada de la alternativa oriental. El FMI hace mención a una más que probable, de consumarse este decoupling o desensamblaje del proceso de desglobalización, "reorganización de la arquitectura financiera internacional", que conduciría a una "segmentación de las reservas de activos globales" y la irrupción de dos sistemas de pagos transnacionales, lo que llevaría irremediablemente a la "segregación de dos bloques productivos antagónicos".

Este desencaje lo aprecian en Deutsche Bank incluso desde antes de la guerra de Ucrania, pese a que las hostilidades bélicas han dejado sanciones que prohíben a Rusia acceder a la plataforma belga Swift, que alberga la mayor parte de las transacciones internacionales. Luke Templeman, su analista de mercados, ya detectó en la pérdida de fuelle de los flujos de capital globales o en la subida más que considerable del poder adquisitivo y de los salarios en China, que le han hecho perder competitividad directa con otras áreas emergentes en otras latitudes continentales. Pero también en el retroceso del atractivo adquirido durante la gran pandemia por las inversiones bajo criterios ESG -medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo- en favor de los activos fósiles, que han disparado sus cotizaciones, así como en las tentaciones proteccionistas y la falta de acuerdos de índole impositiva global -pese al pacto sobre el gravamen del 15% a los beneficios empresariales- más ambiciosos y capaces de reformular mapas tributarios. Además de en los nuevos hábitos de consumo. Fruto de la digitalización y que han transformado cadenas de valor y modificado las habilidades para colocar productos en el mercado.

3.- Interrupción al combate del cambio climático y las inversiones en innovación. "La fractura de las relaciones geopolíticas y económicas también minará las reformas estructurales en áreas como la lucha contra el cambio climático, la solución al excesivo endeudamiento o las barreras arancelarias y comerciales". Si todos estos riesgos se materializasen, la economía global sufriría una "transición impredecible" hacia una nueva realidad política con "muy elevadas volatilidades financieras, altas fluctuaciones de las materias primas y episodios de dislocación del comercio y de las cadenas productivas por el camino".

Jeff Curry, estratega jefe de Goldman Sachs, ha protagonizado la concepción en el mercado de que el detonante de las escaladas de los precios energéticos iniciadas con el otoño pasado debe achacarse al combate entre la vieja economía, personificada en los combustibles fósiles, que ha dominado inexorablemente los ciclos de negocios de todo el siglo pasado y del actual, y que es reacia a ceder sin disputa el cetro hegemónico a las fuentes renovables. El WEO vuelve a la carga en este terreno. "La guerra de Ucrania tendrá un importante papel en la transición energética". A corto plazo, para determinar abastecimientos, precios e inventarios; a medio para observar la resistencia de los carburantes sucios, fósiles y, a largo, con los riesgos geopolíticos actuales y las tensiones económicas, para encontrar espacios de cooperación global necesarios para alcanzar la neutralidad energética de forma ordenada.

Tecnológicamente, advierte el informe de Estabilidad Financiera que dirige el departamento de Tobias Adrian, el mundo puede verse alterado por múltiples vías. Entre otras, por la demanda de reservas de divisas alternativas para eludir las sanciones, que "podría elevarse en algunas regiones" y alterar los modelos de pagos, estimular el uso de las criptomonedas -sobre las que vuelve a incidir en que se sometan a una regulación y supervisión oficiales- y transformar los servicios a proveedores. Con costes y modificaciones operativas a gran escala.

En especial, países como Rusia o Irán, sobre los que penden represalias económicas. Además, reclama a los bancos centrales y las autoridades que promuevan recursos para la digitalización de infraestructuras y negocios vinculados a las energías renovables y que barajen las indemnizaciones por los efectos climatológicos -inclemencias y desastres; sobre todo, sequías e inundaciones- en sus mercados y agentes económicos. Y alerta de que la excesiva deuda privada -corporativa y bancaria- podría retardar proyectos de innovación.

4.- Europa como epicentro de los efectos geopolíticos y económicos. Los socios europeos serán los receptores de los mayores daños colaterales de la deflagración bélica. Será el espacio en el que repercutirá en mayor medida el precio de la energía, donde escalará más la inflación y el más expuesto a la dependencia del gas y petróleo de Rusia y a sus lazos comerciales. También con China, el socio subrepticio de Moscú. Sus planes de "restaurar su autonomía en el terreno energético" llevarán tiempo, al igual que las repercusiones asociadas a "la absorción de refugiados". La zona del euro es importadora neta de energía, lo que requerirá apoyos oficiales para contener una inflación desbocada y los daños disruptivos en sus cadenas empresariales; en especial, las industriales. El crecimiento de su PIB será de apenas el 2,8% este año y el aumento de su IPC, de 5,3 puntos. Escenario cercano a la estanflación a poco que la coyuntura se enfangue de nuevo. Sin embargo, a Europa el FMI le concede un papel relevante en una hipotética etapa de reconstrucción multilateral, que también otorga a China.

Una óptica para ver el vaso del cóctel geopolítico medio lleno a la que se apuntan los expertos del Economist Intelligence Unit (EIU), que piensan que la UE se verá forzada a resituarse en ese nuevo orden global. El despertar de Europa supondría que EEUU ejercería su pleno liderazgo en la OTAN, pero las decisiones e intereses de Alemania y Francia serían tenidos más en cuenta. Rusia ha vuelto a protagonizar el cartel de enemigo público número uno de la Alianza Atlántica. Pero Ucrania ha generado un impredecible sentimiento de unidad entre los aliados, pese a que puede acabar fragmentado en el futuro por intereses nacionales venideros. La divergencia transatlántica sobre el veto energético a Rusia muestra que el consenso sigue siendo difícil.

5.- Sin coordinación fiscal, no habrá recursos para la prosperidad. Este dictamen se esboza en el Fiscal Monitor, donde se critica la competencia fiscal y se aconseja una revisión más gradual y progresiva de las rentas personales. Además de dejar abierta la opción, dentro de una revisión a fondo de los modelos fiscales, de gravar temporalmente dentro del Impuesto de Sociedades los beneficios extraordinarios (caídos del cielo) a firmas que se han beneficiado de los estímulos fiscales por la pandemia -entre otras, farmacéuticas o las manufactureras, biotecnólogicas o de servicios sanitarios sin mencionar a eléctricas o a los bancos- como un mecanismo adicional para activar los "estabilizadores automáticos" con el que se deberían sufragar los esfuerzos fiscales futuros. Y valora, aunque le parezca insuficiente desde la óptica de la "necesaria coordinación tributaria internacional", el gravamen del 15% instaurado en el seno de la OCDE -a instancias de la Administración Biden desde el G-20- sobre las ganancias corporativas y que han elevado los ingresos en un 5,7%, porque podrían sumar otro 8,1% a las arcas estatales si se redujeran las deducciones que fomentan la competencia (o dumping) tributaria. Esta tasa global resulta, a los ojos del equipo de Fiscalidad del FMI, dirigido por Victor Gaspar, altamente recomendable, igual que la Google, sobre las cuentas de resultados de la big techs. Porque la homologación tributaria sería un magnífico pegamento para sostener la globalización, aducen.

Un aspecto, los avances en armonización fiscal internacional, que quedaría en un limbo, en caso de decoupling. Con China sin haber logrado su estatus de economía de mercado, pese a ingresar en la OMC a comienzos de siglo, y liderando las acusaciones por supuesto dumping de precios y fiscal de sus productos en el exterior. Y con la Casa Blanca impulsando junto a sus aliados de la UE su retirada a Rusia, a la que se le concedió en los primeros años de Putin, cuando perteneció al G-8 y fomentando otra batalla geoestratégica con Pekín a cuenta de sus subsidios industriales y tecnológicos. En esta ocasión, como medida disuasoria ante cualquier maniobra de China de atentar contra la soberanía de Taiwán. Biden sopesa invocar la Sección 301 de su Trade Act, la misma a la que acudió Donald Trump para instaurar la guerra arancelaria con China en 2018, para investigar y denunciar las ayudas estatales chinas a sus empresas industriales y tecnológicas -de especial vocación exportadora- que, a juicio de EEUU, dañan su economía en beneficio de su gran rival geoestratégico, según avanzaban diarios como The Wall Street Journal.

24/04/2022 23:33

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Cómo Facebook y la industria armamentística se están beneficiando de la guerra de Ucrania

No debería sorprender que Facebook, junto con muchas grandes empresas de tecnología, se oponga a los esfuerzos regulatorios antimonopolio, a la expansión de las normas antimonopolio y al fortalecimiento de la privacidad y los derechos de los usuarios. Pero Facebook ha llevado su defensa contra los esfuerzos del Congreso para regular la industria a nuevas alturas: ahora se ha asociado con la industria de armas para asustar a los estadounidenses sobre China y Rusia.

En 2020, Facebook, que cambió su nombre a Meta en octubre de 2021, lanzó American Edge, un grupo de defensa política que afirma representar “una coalición dedicada a la propuesta de que los innovadores estadounidenses son una parte esencial de la salud económica, la seguridad nacional y las libertades individuales de los EE.UU.”

“Con vínculos financieros directos con el Partido Comunista Chino, muchas empresas chinas presentan amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos, pero algunos políticos de Washington están presionando por nuevas leyes que empoderen a Alibaba, Tik Tok y otras empresas chinas a expensas de los innovadores tecnológicos de Estados Unidos”, dice un anuncio de American Edge en Youtube del pasado enero, que se publicó entre 100 000 y un millón de veces en el área metropolitana de Washington, DC. Edge gastó más de 1,4 millones de dólares en publicar ese anuncio y otros similares en Facebook.

Luego de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero, Edge rápidamente aprovechó el devastador ataque de Rusia contra Ucrania para justificar una agenda anti-regulatoria.

“A medida que Rusia avanza en su invasión de Ucrania, no se puede subestimar lo que está en juego, ni puede ser más urgente la necesidad de que los legisladores estadounidenses lo hagan bien”, dijo una declaración del 30 de marzo , que concluyó con un golpe a los miembros del Congreso que apoyan reformas regulatorias.

“Los esfuerzos para impulsar una legislación contra la innovación que sea apresurada y miope podría deshacer la ventaja competitiva mundial de Estados Unidos en tecnología, poner en peligro nuestra seguridad nacional y otorgar a China y otros regímenes autoritarios una ventaja geopolítica permanente, en detrimento de Estados Unidos, la democracia , y todo el mundo libre”, concluyó el comunicado.

Facebook ha sido el rostro de Edge, acreditado por The Washington Post como el "impulsor principal y crítico" de la organización, y la cobertura mediática atribuyó ampliamente a Facebook por liderar la coalición de grupos de libre mercado, anti-regulatorios y pro-tecnología. El grupo, hasta la fecha, ha invertido casi 1,5 millones de dólares en anuncios de Facebook, Instagram, Google y YouTube que advierten sobre la amenaza de China para Estados Unidos y culpan a las normas antimonopolio de debilitar la seguridad nacional de Estados Unidos.

Una publicación de Facebook del 9 de marzo por el grupo trazó un vínculo directo entre los intereses comerciales de la coalición y la guerra en Ucrania, y escribió: “Mientras Rusia continúa atacando a Ucrania, no se puede subestimar lo que está en juego, ni puede ser más urgente la necesidad de que los legisladores estadounidenses lo hagan bien”.

Edge concluyó con un claro esfuerzo por usar la guerra en Ucrania para hacer retroceder una posible acción regulatoria, y escribió: "Perseguir leyes que socavarían la innovación estadounidense ofrecerá una ventaja a las tecno-autocracias y alentará sus actividades".

Los esfuerzos de la coalición Edge para sacar provecho de la guerra en Ucrania y las tensiones con China no van bien con los defensores antimonopolio.

“A primera vista, las grandes empresas de tecnología están tratando de aprovechar el miedo y la autoridad que los argumentos de seguridad nacional tienden a tener en el discurso nacional para violar la ley antimonopolio y participar en una serie de comportamientos irresponsables y peligrosos”, dijo Sarah Miller, directora ejecutiva y fundadora. del American Economic Liberties Project , un grupo que promueve el movimiento antimonopolio y fortalece la regulación antimonopolio.

“No creo que debamos escuchar a un conjunto de corporaciones que se han involucrado en actividades delictivas probables”, agregó Miller, refiriéndose a las acusaciones de que Facebook y Google participaron en licitaciones fraudulentas contra anunciantes y Facebook cometió fraude criminal contra inversionistas.

Pero por desagradables que puedan ser las prácticas comerciales de Facebook, la coalición Edge tiene un socio casi completamente invisible con mucho más estigma asociado: la industria de las armas, cuyos miembros de la junta y ejecutivos asesoran al grupo y cuyo grupo de expertos y patrocinadores de defensa son miembros de la coalición.

Lockheed Martin, cuyos contratos anuales con el Pentágono son una vez y media los presupuestos combinados del Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, financió al menos a dos de los miembros de la coalición: el instituto Lexington y Women Impacting Public Policy . “La coalición y sus miembros contarán la historia sobre el impacto positivo que la tecnología y la innovación tienen en la economía y las empresas estadounidenses, en particular las pequeñas, y cómo mejoran la libertad de expresión y la seguridad general de nuestra nación”, según Edge .

La narrativa de Edge de que la amenaza de China a la seguridad nacional de EE. UU. requiere la inacción de los reguladores antimonopolio es casi idéntica al argumento de James Taiclet, director ejecutivo de Lockheed. Taiclet les dijo a los inversionistas el año pasado que los reguladores antimonopolio deberían "mirar a través de la lente de la competencia de las grandes potencias y cómo nos comparamos con la base industrial de defensa ciertamente de China" cuando evalúen si permitir la adquisición de Aerojet Rocketdyne por parte de Lockheed, el único proveedor independiente importante de combustible sólido. -motores de cohetes de combustible en los Estados Unidos.

En febrero, el CEO de Edge, Doug Kelly, se hizo eco de un lenguaje similar criticando a los reguladores por oponerse a la fusión.

“[C]itando la oposición de la FTC, Lockheed abandonó su propuesta de adquisición del fabricante de propulsión Aerojet Rocketdyne, un acuerdo de $ 4.4 mil millones que habría aumentado en gran medida las capacidades de las armas hipersónicas de Lockheed”, dijo un comunicado publicado en el sitio web del grupo. “Este tipo de fusiones 'verticales', entre empresas que no compiten en los mismos mercados, por lo general no generan preocupaciones competitivas genuinas. Solo diez días antes, Rusia y China anunciaron una nueva asociación contra los EE. UU., con el fin de dejar a un lado a Estados Unidos como la única superpotencia mundial”.

Esa defensa de Lockheed podría no ser completamente una coincidencia. La industria armamentística está posicionada para dar forma a las posiciones de seguridad nacional del grupo, un componente central de los mensajes de Edge.

El “ Consejo Asesor de Seguridad Nacional ” del grupo liderado por Facebook incluye a Frances Townsend, quien también forma parte del directorio de Leonardo DRS, una empresa de armas que fabrica aviones militares, transportadores de equipo pesado y drones.

A ella se unen el miembro de la junta de Lockheed, el general retirado Joseph F. Dunford, y el exdirector adjunto de la CIA, Michael Morell, quien se desempeña como asesor de Beacon Global Strategies, una firma fundada en 2013 para brindar servicios de consultoría a contratistas de defensa.

Hasta el año pasado, el consejo asesor también incluía a James Stavridis, un almirante retirado y actualmente ejecutivo de Carlyle Group, un importante inversor en empresas de armas y la industria de defensa.

Ninguno de los vínculos profesionales de los miembros de la junta con la industria armamentística se revela en sus biografías de Edge, pero sus intereses económicos parecen estar salpicados en los productos de trabajo de Edge.

“Muestra con quién [las grandes empresas tecnológicas] están dispuestas a asociarse para cumplir sus objetivos y esa no parece ser una asociación muy agradable”, dijo Miller. “No me sorprende en absoluto que Lockheed y Facebook estén uniendo fuerzas para prevenir o difamar los esfuerzos antimonopolio en todos los ámbitos”.

Un informe de febrero de 2021 de Edge , escrito por Stavridis y Townsend, promovió industrias con las que los dos tienen vínculos financieros sin revelar sus intereses financieros en las políticas promovidas por Edge.

“Estados Unidos se ha quedado detrás de China en tecnologías que incluyen tecnología facial y de voz, despliegue de 5G y el mercado de drones comerciales”, advirtieron Stavridis y Townsend, quienes luego recomendaron una serie de políticas favorables a la industria tecnológica y de armas.

Si bien Edge y sus asesores de la industria de armas podrían no destacar sus esfuerzos vinculados para avivar las llamas de la competencia entre las grandes potencias, Facebook hizo olas el mes pasado cuando parecía que la plataforma estaba cambiando sus reglas al permitir que los usuarios de Facebook e Instagram en Europa del Este y el Cáucaso pidieran violencia contra soldados rusos, una clara desviación de la política explícita de Facebook de prohibir “amenazas que podrían conducir a la muerte”, una excepción de política que parecía estar más alineada con tomar partido en una guerra que con desalentar la violencia.

De hecho, según todas las apariencias, Facebook y sus socios de Edge en la industria de las armas están ansiosos por avivar las llamas de la gran competencia de poder con Rusia y China y convertir la invasión de Ucrania por parte de Rusia, y los costos humanitarios y económicos resultantes, en una acción regulatoria de bloqueo contra grandes empresas de tecnología y armas, un esfuerzo que podría generar mayores ganancias para algunas de las empresas de tecnología y armas más grandes de los Estados Unidos.

Edge no respondió a una solicitud de una lista de sus patrocinadores, no proporcionó comentarios sobre por qué no se revelaron las afiliaciones profesionales de los miembros de la junta con los fabricantes de armas ni explicó la naturaleza de la relación de la coalición con la industria de armas.

24 abril 2022

(Tomado de Responsible Statecraft / Versión al español Cubadebate)

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Domingo, 24 Abril 2022 05:59

Bolivia: ¿Bo-Litio o Bo-Libia?

La nación andina no necesita de inversionistas extranjeros para desarrollar un ambicioso proyecto de carbonato de litio.Foto Reuters

Ahora que fui invitado a impartir dos conferencias magistrales sobre el gas y el litio por el Ministerio de Hidrocarburos y Energías de Bolivia (https://bit.ly/3OzG9oM), en la fase de la dinámica del Nuevo Orden Mundial, percibí el enorme entusiasmo por el superestratégico "oro blanco".

Las baterías recargables y los autos eléctricos generaron un tsunami en la demanda del litio, lo cual impulsó su aumento exponencial entre 1995 y 2010: pasando de 9 mil 500 a 28 mil toneladas (t) (https://bit.ly/3vDLjYc). Luego, la producción se duplicó entre 2016 y 2020, pasando de 40 mil a 86 mil 300 t.

EU fue el mayor productor de litio hasta 1995, seguido de Zimbabue y Australia. De 1995 a 2010, Chile se convirtió en el productor prevalente con un auge en el Salar de Atacama.

Hoy, 3 países –Australia, Chile y China– producen 86 por ciento del litio global. Asombra la "prisa" productiva de siete países antes que EU, sobre todo de Chile y Argentina, frente a la mayor reserva del mundo de Bolivia que he bautizado Bo-"Litio" (https://bit.ly/3k7yRuE).

El ranking de la producción (datos de 2020): 1. Australia: 40,000 t (46.3 por ciento); 2. Chile: 20 mil 600 t (23.9 por ciento); 3. China: 14 mil t (16.2 por ciento); 4. Argentina: 6,200 t (7.2 por ciento); 5. Brasil: mil 900 t (2.2 por ciento); 6. Zimbabue: mil 200 t (1.4 por ciento); 7. Portugal: 900 t (1 por ciento), y 8. EU: 900 t (1 por ciento).

Debido a los intereses, cuando la semiótica geopolítica antecede invasiones o desestabilizaciones, existe notoria discrepancia y tendencia a manipular las "reservas". Deutsche Welle coloca las "reservas potenciales (sic)", denominadas "recursos" por USGS, como "reservas" (https://bit.ly/3L8kcv5), donde aparece Bolivia en el primer sitio global, con 21 millones de t; 2. Argentina: 19.3 millones t; 3. Chile: 9.6 millones t; 4. EU: 7.9 millones t; 5)Australia: 6.4 millones t; 6. China: 5.1 millones t; 7. Congo: 3 millones t; 8. Canadá: 2.9 millones t; 9. Alemania: 2.7 millones t, y 10. México: 1.7 millones t. Debido a la exploración continua, los "recursos" identificados se incrementaron sustancialmente en todo el mundo y suman ya 80 millones de t.

Los "RECURSOS" de litio en EU –de salmuera continentales, salmueras geotérmicas, hectorite, salmuera de yacimientos petrolíferos y pegmatitas– ascienden a 6.8 millones de t (https://on.doi.gov/3jZcAyO).

China, tercer mayor productor, se halla a la vanguardia en el maratón cuando sus empresas han adquirido desde 2018 más de 5 mil millones de dólares en proyectos de minería de litio en varios países de Sudamérica, además de México. Hoy China domina la refinación y la fabricación de baterías de la cadena de suministro ( supply side chain) de iones de litio. En contraste, EU se ha quedado rezagado y produjo 900 t de litio en 2020, lo cual constituye únicamente uno por ciento de la producción global. Ello se debe parcialmente a que EU ostenta sólo una mina productora de litio en Nevada, pese a albergar la cuarta reserva del mundo.

Desde 2015, la producción mundial de litio se ha incrementado 27 por ciento anualmente, mientras su cotización se disparó 270 por ciento a partir de enero de 2022.

Según S&P Global, se prevé que la demanda de litio alcance 2 millones de t en 2030, lo cual obliga un incremento en la producción de más del 2 mil 200 por ciento, respecto a los niveles de 2020.

Conforme aumente la imperativa necesidad por el litio, la exploración jugará un papel determinante en la desinhibición de nuevas fuentes de producción, particularmente en países como EU que actualmente está rezagado en el maratón por el litio.

¿EU guarda sus "reservas" de litio y prefiere adquirir, por cualquier método comercial o bélico, los "recursos" de otras naciones?

Ese quizá sea el principal riesgo ominoso para Bolivia: de que la irredentista geopolítica anglosajona intente convertirla y transmutarla del oasis paradisiaco patrimonial estratégico de Bo-"Litio" a una infernal.

Bo-"Libia" cuando la invasión de EU/Gran Bretaña/Francia destruyó a Libia para adueñarse de las reservas monetarias de su banco central, de su gas y su agua (https://bit.ly/38gQo0C).

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