En una semana, industria armamentista aumenta su valor en 81.5 mil mdd

Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, la semana pasada, el valor de las 15 empresas armamentistas con mayores ventas del mundo –de las que nueve son estadunidenses– y que cotizan en alguna bolsa de valores, se disparó en alrededor de 81 mil 500 millones de dólares, revelan datos de mercado de las diferentes compañías.

Al cierre de la jornada del 23 de febrero, un día antes del estallido del conflicto, dichas compañías tenían un valor conjunto de 804 mil millones de dólares, mientras al término de la sesión del 2 de marzo se ubicó en 885 mil 881 millones de dólares, un incremento de 10 por ciento.

De acuerdo con el informe Las 100 principales empresas productoras de armas y servicios militares, publicado por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, por sus siglas en inglés), en diciembre de 2021, entre las 15 compañías que más artefactos para la milicia comercian en el mundo y cotizan en algún mercado de valores, se encuentran nueveestadunidenses.

El listado, por mayor volumen de ventas, lo componen Lock-heed Martin Corp (EU), Raytheon Technologies (EU), Boeing (EU), Northrop Grumman (EU), General Dynamics (EU), BAE Systems (Reino Unido), Norinco (China), AVIC (China), L3Harris Technologies (EU), Airbus (Países Bajos), Leonardo (Italia), Thales (Francia), Huntington Ingalls Industries (EU), Leidos Holdings (EU) y Honeywell International (EU).

Los 82 mil millones de dólares equivalen, al tipo de cambio actual, a un billón 696 mil millones de pesos, cifra similar a lo que gastó el gobierno mexicano para cubrir pensiones (un billón 48 mil millones de pesos) e inversión física (653 mil millones de pesos) en todo 2021.

El notable dinamismo de la industria armamentista se ve impulsado por la demanda ante la guerra; sin embargo, también hay otros factores adicionales como el hecho de que Alemania cambió su política de no exportar armas letales a zonas de conflicto, pues decidió enviar apoyo a Ucrania.

Además, Suiza tomó medidas económicas contra Rusia, con lo que abandonó su política de neutralidad, mientras la Unión Europea coordinará la entrega de armas a Ucrania.

De acuerdo con el Sipri, la empresa armamentista con las mayores ventas en 2020 (la cifra más reciente disponible) fue la estadunidense Lockheed Martin Corp, al registrar un total de 58 mil 210 millones de dólares. Se trata del mayor contratista militar de EU, por lo que 90 por ciento de sus ventas totales son por armamento para ese y otros países.

De acuerdo con datos de mercado, un día antes de la invasión rusa a Ucrania, sus acciones valían 355.41 dólares, lo que equivalía a 105 mil millones de dólares; sin embargo, ahora se ubican en 449.23 dólares, para alcanzar 122 mil millones, es decir, un incremento de 15 por ciento en sólo seis días.

Lockheed Martin tiene cinco segmentos de negocio: aeronáutica, sistemas de información, soluciones globales, misiles y sistemas espaciales.

La segunda empresa con más ventas del sector es la también estadunidense Raytheon Technologies, cuyo valor de mercado pasó en menos de una semana de 136 mil millones de dólares a 152 mil millones, es decir, un alza de 10.9 por ciento.

Aunque en ventas totales esta firma ocupa la segunda posición, es la más grande por valor de mercado entre las 15 señaladas, gracias a que es una de las fabricantes aeroespaciales más grandes del mundo, que produce motores de avión, aeroestructuras, misiles, sistemas de defensa aérea y drones, entre otros artefactos bélicos.

El tercer lugar en ventas es Boeing, más conocida por fabricar aviones comerciales; sin embargo, según Sipri, 55 por ciento de sus operaciones las obtiene de la colocación de productos para uso militar. A diferencia de las otras dos, esta empresa no ha visto beneficios, pues en los últimos días su valor pasó de 114 mil millones a 113 mil millones de dólares.

En tanto, la variación en el valor de las demás empresas fue la siguiente: Northrop Grumman (16.35 por ciento), General Dynamics (8.12), BAE Systems (22.1), Norinco (3.6), AVIC (7), L3Harris Technologies (19.8), Airbus (-10), Leonardo (25.6), Thales (26.4), Huntington Ingalls Industries (8.3), Leidos Holdings (15) y Honeywell International (15.3 por ciento).

 

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Fuentes: El diario/The Guardian [Imagen: El símbolo de un banco en San Petersburgo. Anatoly Maltsev / EFEPhillip Inman]

 Los bancos rusos podrían canalizar los pagos a través de otros países como China, que tiene un sistema de pagos propio que compite con Swift

La invasión rusa de Ucrania ha acrecentado la presión a favor de sanciones económicas más duras para Moscú. Varios gobiernos han pedido que Moscú sea excluido de Swift – la principal red internacional de pagos – con el objetivo de golpear el comercio internacional ruso y dificultar los negocios de sus empresas. Pero Alemania, Italia y Francia no se han atrevido a dar ese paso todavía y no está incluido en el último paquete de sanciones aprobado por la UE, y tampoco está por ahora entre las medidas aprobadas por Estados Unidos.

¿Qué es Swift?

Swift (la sigla de la Sociedad para Telecomunicaciones Interbancarias Financieras Mundiales, en inglés) es el principal sistema de mensajería que utilizan los bancos para realizar pagos seguros y rápidos a través de fronteras nacionales, y permite que el comercio internacional fluya con suavidad. Se ha convertido en el mecanismo principal para financiar el comercio internacional. En 2020, cada día se realizaron alrededor de 38 millones de transacciones en la plataforma Swift, que facilitó acuerdos valuados en billones de dólares.

 ¿Quién es el propietario de Swift?

Swift, fundada en la década de 1970, es una cooperativa de miles de instituciones que usan el servicio. Radicada en Bélgica, se mantiene neutral en disputas comerciales, y funciona principalmente como un servicio para sus miembros.

¿Por qué sería tan grave una expulsión de Swift?

Boris Johnson dijo a los miembros del Parlamento que la economía rusa se vería dañada si el país fuera expulsado de Swift. Las transacciones comunes deberían ser realizadas directamente entre los bancos, o redireccionadas a través de sistemas de la competencia, lo cual incrementaría los costes y generaría demoras.

¿Por qué se resiste EEUU a la expulsión?

Una razón es que el impacto en los negocios rusos podría no ser tan grave. El director de un gran banco ruso, VTB, dijo recientemente que podría usar otros canales para los pagos, como llamados telefónicos, aplicaciones de mensajería o correos electrónicos. Los bancos rusos también podrían mandar los pagos a través de otros países que no están sancionados, como China, que tiene un sistema de pagos propio que compite con Swift. Excluir a Rusia de Swift podría acelerar la adopción del sistema chino rival Cips. También temen que pudiera afectar el estatus del dólar como moneda global de reserva, y acelerar el uso de alternativas como las criptomonedas.

 ¿Podría la expulsión de Swift afectar a otros países?

Al Gobierno de Biden también le preocupa que la expulsión afecte a sus aliados tanto como a las empresas rusas. Rusia es una gran compradora de bienes producidos en el extranjero, especialmente en los Países Bajos y Alemania. Rusia es la principal proveedora de petróleo crudo, gas natural y combustibles fósiles sólidos de la UE, y a los países europeos podría resultarles difícil conseguir proveedores alternativos.

 ¿Está obligada Swift a acatar las sanciones económicas?

En el pasado Swift ha rechazado las solicitudes de imponer sanciones sobre países particulares, ya que se declara neutral. Pero en 2012, la Unión Europea prohibió a Swift brindar servicios a empresas e individuos iraníes sancionados por sus relaciones con el programa nuclear de Teherán, lo cual sentó un precedente para la acción en contra de Rusia. Un portavoz de Swift se negó a decir cómo respondería la organización a cualquier sanción de los EE UU, según Reuters.

Por Phillip Inman | 26/02/2022

Traducción de Ignacio Rial-Schies

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Sábado, 19 Febrero 2022 05:13

Una respuesta equilibrada a la inflación

 "No deberíamos atacar un problema del lado de la oferta reduciendo la demanda y aumentando el desempleo". Foto Afp

En Estados Unidos, y en buena parte del mundo, el actual aumento de precios ha despertado un amplio debate. Tener claras las causas del problema puede evitar que se tomen medidas que arruinen la vida de los trabajadores.

Si bien se anticipó que podría haber escasez de oferta cuando la economía global volviera a abrirse después de los confinamientos del covid-19, esta escasez ha demostrado ser más extendida, y menos transitoria, de lo que se había pensado. En una economía de mercado gobernada, al menos en parte, por las leyes de la oferta y la demanda, uno espera que la escasez se refleje en los precios. Y cuando los aumentos de precios individuales se agrupan, lo llamamos inflación, la que hoy está en niveles que no se habían visto durante muchos años.

De todos modos, mi mayor preocupación es que los bancos centrales reaccionen de manera exagerada, aumentando las tasas de interés en exceso y obstaculizando la recuperación incipiente. Como siempre, quienes están en la base de la escala de ingresos serían los más afectados en este escenario.

PETRÓLEO Y SEMICONDUCTORES

En los datos más recientes se destacan varias cosas. Primero, la tasa de inflación ha sido volátil. El mes pasado, los medios hicieron un gran alboroto por la tasa de inflación anual del 7 por ciento en Estados Unidos, mientras que no observaron que la tasa de diciembre era poco más de la mitad que la tasa de octubre. Sin ninguna evidencia de una espiral inflacionaria, las expectativas del mercado –reflejadas en la diferencia en retornos de los bonos indexados por inflación y los bonos no indexados por inflación– han sido debidamente acalladas.

Una causa importante de inflación más alta han sido los precios de la energía, que en 2021 aumentaron a una tasa anual ajustada estacionalmente del 30 por ciento. Existe una razón por la que estos precios se excluyen de la «inflación núcleo». A medida que el mundo se aleja de los combustibles fósiles –como debe hacerlo para mitigar el cambio climático–, es probable que se registren algunos costos transicionales, porque la inversión en combustibles fósiles puede declinar más rápido de lo que aumentan los suministros alternativos. Pero lo que estamos viendo hoy es el ejercicio evidente del poder de mercado de los productores de petróleo. Conscientes de que sus días están contados, las compañías petroleras están echando mano a cualquier retorno que todavía puedan conseguir.

Los precios elevados de la gasolina pueden ser un gran problema político, porque todos los consumidores tienen que lidiar con ellos constantemente. Pero no es arriesgado decir que, una vez que los precios de la gasolina regresen a niveles precovid más familiares, no alimentarán ningún impulso inflacionario. De nuevo, los observadores sofisticados del mercado ya lo reconocen.

Otro gran problema son los precios de los autos usados, que han puesto de manifiesto problemas técnicos en la manera en que se construye el índice de precios al consumidor. Los precios más altos significan que los vendedores están en mejor posición que los compradores. Pero el índice de precios al consumidor en Estados Unidos (a diferencia de otros países) capta solo el lado del comprador. Esto apunta a otra razón por la cual las expectativas de inflación se han mantenido relativamente estables: la gente sabe que los precios más altos de los coches usados son una aberración de corto plazo que refleja la escasez de semiconductores, que actualmente limita la oferta de autos nuevos. Hoy sabemos cómo fabricar autos y chips tan bien como hace dos años, de modo que todo da para pensar que estos precios caerán, dando lugar a una deflación mesurada.

Asimismo, dado que una gran proporción de la inflación de hoy es consecuencia de problemas globales –como la escasez de chips y el comportamiento de los cárteles petroleros–, es una grosera exageración echar la culpa de la inflación a un excesivo apoyo fiscal en Estados Unidos. Por sí solo, Estados Unidos puede tener solo un efecto limitado en los precios globales.

UNA CURA PEOR QUE LA ENFERMEDAD

Efectivamente, Estados Unidos tiene una inflación ligeramente más alta que Europa, pero también ha experimentado un crecimiento más sólido. Las políticas estadounidenses impidieron un incremento masivo de la pobreza, cosa que podría haber ocurrido si no se las hubiese implementado. Al reconocer que el costo de hacer demasiado poco sería inmenso, los responsables de las políticas en Estados Unidos hicieron lo correcto. Es más, algunos de los aumentos de salarios y precios reflejan el equilibrio saludable de la oferta y la demanda. Se supone que los precios más altos indican una carencia y redireccionan los recursos a «solucionar» la escasez. No señalan un cambio en la capacidad productiva general de la economía.

La pandemia claramente expuso una falta de resiliencia económica. Los sistemas de inventarios «justo a tiempo» funcionan bien siempre que no exista un problema sistémico. Pero si se necesita A para producir B, y se necesita B para producir C, y así sucesivamente, es fácil ver cómo incluso una alteración pequeña puede tener enormes consecuencias.

De la misma manera, una economía de mercado tiende a no adaptarse tan bien a grandes cambios, como un cierre casi completo seguido de un reinicio. Y esa transición difícil se produjo después de décadas de perjudicar a los trabajadores, esencialmente a aquellos en la base de la escala salarial. No sorprende que Estados Unidos esté experimentando una «gran renuncia», con trabajadores dejando sus empleos en busca de mejores oportunidades (véase «Que la tortilla se vuelva», Brecha, 21-X-21). Si la reducción resultante de la oferta de mano de obra se traduce en aumentos salariales, comenzaría a rectificar décadas de débil o inexistente crecimiento salarial real (ajustado por inflación).

Por el contrario, apurarse a amortiguar la demanda cada vez que los salarios empiezan a aumentar es una manera segura de garantizar que con el tiempo el salario de los trabajadores se vea perjudicado. Con la Reserva Federal de Estados Unidos ahora considerando una nueva postura, es momento de observar que los períodos de cambio estructural rápido muchas veces exigen una tasa de inflación óptima más alta, debido a las rigideces nominales a la baja de salarios y precios (lo que implica que lo que sube rara vez cae). Ahora estamos en un período de estas características y no deberíamos entrar en pánico si la inflación supera la meta del 2 por ciento del banco central –una tasa para la cual no existe ninguna justificación económica–.

Cualquier recuento honesto de la inflación actual debe estar acompañado de un gran descargo: como no hemos pasado por algo así antes, no podemos estar seguros de cómo evolucionarán las cosas. Tampoco podemos estar seguros de qué hacer con la gran renuncia, aunque es innegable que los trabajadores de más abajo tienen muchos motivos para estar enojados. Muchos trabajadores en los márgenes pueden verse obligados a regresar al trabajo una vez que se les acaben las reservas de efectivo, pero si están descontentos, eso bien puede reflejarse en las cifras de productividad.

Esto sí es lo que sabemos: un aumento importante y generalizado de las tasas de interés es una cura peor que la enfermedad. No deberíamos atacar un problema de suministros reduciendo la demanda y aumentando el desempleo. Eso amortiguará la inflación si se lo lleva lo suficientemente lejos, pero también arruinará la vida de la gente.

Lo que necesitamos, en cambio, son políticas estructurales y fiscales específicas destinadas a desbloquear los cuellos de botella de la oferta y ayudar a la gente a enfrentar las realidades de hoy. Por ejemplo, en Estados Unidos los cupones para alimentos para los necesitados deberían indexarse según el precio de los alimentos, y los subsidios a la energía (combustible), según el precio de la energía. Más allá de esto, un recorte impositivo de «ajuste por inflación» por única vez para los hogares de bajos y medios ingresos los ayudaría a atravesar la transición pospandemia. Este recorte podría estar financiado por un gravamen a las rentas monopólicas de los gigantes petroleros, tecnológicos y farmacéuticos, entre otros, que ganaron una fortuna con la crisis.

por Joseph E. Stiglitz, premio nobel de economía, profesor de la Universidad de Columbia y execonomista en jefe del Banco Mundial.

17 febrero, 2022

(Publicado originalmente en Project Syndicate como «A balanced response to inflation».)

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Imágenes captadas frente a la costa de la isla de Gorea, Senegal, y en Valparaíso, Chile. Abajo, en los océanos Pacífico e Índico. Foto Afp

Los efectos son tan grandes como para afectar las funciones de la Tierra y sus ecosistemas, alertan científicos // Instan a poner topes de producción // Reciclar ha tenido resultados mediocres, señalan

 

Estocolmo. Las cantidades enormes de plásticos y productos químicos elaborados por la humanidad superaron los "límites planetarios" soportables, por lo cual la producción debe limitarse en forma urgente, concluyeron por primera vez varios científicos en una investigación.

"Los efectos que comenzamos a observar son tan grandes como para afectar las funciones críticas de la Tierra y sus ecosistemas", señaló Bethanie Carney Almroth, coatura del estudio del Centro de Resiliencia de Estocolmo (SRC, por sus siglas en inglés), en entrevista con Afp.

Existen 350 mil productos sintéticos inventados por la humanidad presentes en volúmenes considerables en la atmósfera o directa o indirectamente en el medio ambiente, agregó la científica.

El estudio se dio a conocer cuando se inician las negociaciones sobre la contaminación plástica "de la fuente al mar", tema que será abordado por la Organización de Naciones Unidas a fin de mes en Nairobi.

Aunque son buenos todos los esfuerzos para evitar que esas materias queden presentes en el medio ambiente, la magnitud del problema incita a los científicos a abogar por soluciones más radicales, como determinar límites máximos de producción.

El reciclamiento ha tenido resultados mediocres, como lo demuestra que menos de 10 por ciento del plástico mundial pasa por ese proceso, para una producción que se duplicó desde 2000 y que llega en la actualidad a 367 millones de toneladas.

En la actualidad el plástico presente en la Tierra representa cuatro veces la biomasa de todos los animales vivos, según estudios científicos.

"Lo que tratamos de decir es que ya basta, no podemos soportar más. Tal vez hay que poner límites a la producción, decir que no hay que producir sino hasta cierto nivel", sostuvo la investigadora, quien reside en Suecia.

Desde hace varios años, el Centro de Resiliencia de Estocolmo efectúa trabajos de referencia sobre los "límites planetarios" en nueve dominios (cambio climático, uso de agua dulce, acidificación de los océanos...)

El propósito es determinar si la humanidad se halla en un "espacio de seguridad" permanente, o si por el contrario ya se han franqueado los límites y se amenaza el futuro del planeta.

Las "entidades nuevas", o sea los productos químicos creados por la humanidad (plásticos, antibióticos, pesticidas...), así como los metales en su concentración no natural, son hasta ahora una incógnita y la conclusión de todo eso se ve compleja.

"Comenzamos apenas a comprender los efectos a largo plazo y masivos de esas contaminaciones", afirmó la investigadora.

No sólo esos productos son incontables, sino que los datos sobre sus riesgos son inexistentes o están sometidos al secreto industrial. Pero por definición corresponden a la era industrial, contrario a los otros parámetros estudiados sobre los "límites planetarios" que hacen posible cotejar a lo largo de 10 mil años o más.

Pesticidas que matan organismos de manera indiscriminada, ingestión de plástico por seres vivos, efectos hormonales o reproductivos, la contaminación química amenaza el medio ambiente, pues daña los procesos físicos y biológicos sobre los que reposa la vida, fenómeno agravado cuando el producto tiene una larga permanencia.

"Se habla de 350 mil sustancias diferentes. No se tiene conocimiento sobre la gran mayoría de ellas, su cantidad de producción o su estabilidad, el efecto sobre el medio ambiente y el nivel tóxico", subrayó Carney Almroth.

"Sabemos que algunos productos lo son, pero de la mayoría, se ignora", añadió.

Incluso las bases de datos más completas, como Reach en la Unión Europea, únicamente abarcan 150 mil productos, de los que sólo una tercera parte son objeto de estudios avanzados en materia de nivel tóxico.

El equipo se concentró entonces en lo que se conoce, y esos elementos parciales fueron suficientes para llegar a una conclusión alarmante.

"Con esos fragmentos dispersos y la evolución en el tiempo (...) llegamos a la conclusión de que todos los indicadores apuntan en la mala dirección", explicó la científica de la Universidad de Gotemburgo.

Para los cuatro coautores del estudio, "aún hay tiempo para revertir la situación; sin embargo, requerimos acciones urgentes y ambiciosas a escala mundial".

"Es claro, no hay panacea porque muchos de esos productos se utilizan y son necesarios para nuestras vidas, aunque muchos otros no", admitió Bethanie Carney Almroth.

Sin embargo, para ella, todos los esfuerzos a nivel de la producción inicial o de la gestión de desechos no evitará que sea necesario bajar los volúmenes fabricados.

La revolución sinodal de la Iglesia alemana

Bernardo Barranco

En el Vaticano y entre los sectores conservadores, el camino sinodal alemán ha despertado preocupación: 500 años después de la reforma luterana, la Iglesia católica alemana vive una revolución sin precedentes en Europa. Se están perfilando desde el sínodo alemán propuestas audaces y comprometedoras para la estructura doctrinal y eclesiástica que ha primado en la Iglesia durante siglos. Por ejemplo, la abolición del celibato, la apertura al casamiento de los sacerdotes, la ordenación de mujeres, la bendición de parejas gay, entre otros.

La voluntad de miles de laicos y religiosos progresistas de introducir cambios es notable. Imponen un nuevo tiempo de propuestas para poner en marcha transformaciones estructurales reales, como la división de poderes eclesiásticos. Saben que están en una ruta de oportunidades. Dichos sectores progresistas pretenden liberar al catolicismo alemán de su obsesión por defenderse de un presente hostil e imaginar caminos para una Iglesia por venir.

En la primavera de 2023, la Iglesia de Alemania debería completar su camino sinodal. Este paso, durante el cual católicos alemanes, secularizados propios de la cultura europea, exigen cambios profundos en la Iglesia. Despierta gran desconfianza y ansiedad en Roma.

¿Cómo terminará el sínodo alemán? Esta es una de las preocupaciones centrales que se plantean con agudeza en los sectores conservadores que a toda costa quieren bloquear y boicotear un largo proceso que ha involucrado a miles de católicos. No será fácil. Por ejemplo, recientemente, se presentó un primer documento del sínodo, donde se aborda que "algunos sacerdotes estarían mejor casados". El movimiento prosinodal, María 2.0 concluye que el celibato obligatorio debe ser reformado, cada uno debe poder decidir por sí mismo. La moral sexual también debe cambiar, porque ya no corresponde al mundo real, la doctrina vigente es simplemente ostracista e inhumana. Sin embargo, Francisco dijo recientemente "no" a una revisión de las reglas del celibato.

Pero, ¿qué es un sínodo? Etimológicamente, la palabra "sínodo" deriva de los términos griegos syn ("juntos") y hodos ("camino"), y expresa la idea de "caminar juntos". Fue un método que se usó en los inicios del cristianismo que involucraba a los miembros de las comunidades primitivas. El modelo sinodal, según Mario Bergoglio, debe caracterizar a la Iglesia del tercer milenio, ya que "caminar juntos" involucra a laicos, mujeres, sacerdotes, religiosos, obispos y cardenales. Para el Papa, es urgente movilizar todas las energías para responder al llamado de actualizar la Iglesia ante la humanidad en un momento histórico complejo y no exento de ­contradicciones.

En octubre de 2021, Francisco inicia formalmente el proceso del sínodo sobre sinodalidad en la Iglesia. Sus etapas son: fase diocesana: octubre 2021-abril 2022; fase continental: septiembre 2022-marzo 2023, y fase de la Iglesia universal: octubre 2023, en Roma.

Iglesias locales se han adelantado al proceso, como la alemana, para responder a los desafíos y crisis de credibilidad. El sínodo de la Iglesia alemana decidido por la Conferencia Episcopal en marzo de 2019 aborda temas candentes en un intento por superar la brecha entre vida y doctrina y de acercarse a los fieles incrédulos de la estructura eclesiástica. Las grandes áreas temáticas son: au­toridad, participación y separación de poderes; moralidad sexual; forma de vida presbiteral; mujeres en ministerios, y estructura de la Iglesia

El tema es complejo por el tipo de enraizamiento que gozan las Iglesias en la estructura social de Alemania. Los fieles alemanes sostienen mediante el pago de sus impuestos a una religión o Iglesia de su preferencia o afiliación. Los contribuyentes alemanes están obligados a pagar un impuesto para financiar las instituciones religiosas a las que pertenecen y, por tanto, están registrados ante las autoridades fiscales. Con los continuos escándalos de pederastia e informes detallados del comportamiento de la pederastia clerical, los contribuyentes han bajado sustancialmente sus contribuciones a la Iglesia católica. Es decir, cada vez más católicos decepcionados deciden dejar de financiar a su Iglesia. El último escándalo que involucra al arzobispo de Colonia, que se negó hacer público un informe independiente sobre pederastia y el escándalo que involucró al papa emérito Joseph Ratzinger confirma una tendencia trágica: disminución de creyentes católicos y la catastrófica caída de sus ingresos.

Para muchos analistas católicos la Iglesia alemana transita con actitudes maximalistas a que aspira buena parte del laicado alemán y algunos obispos. Circulan al contrario de la doctrina, tradición y milenarias estructuras de la Iglesia. Dicha confrontación, sólo podría producir una gran coalición que desembocaría en un punto muerto que puede resultar fatal.

La reforma del celibato sacerdotal, el sacerdocio femenino y la bendición de las parejas gays son temas que Roma antagoniza. El sínodo alemán se encuentra ahora en posiciones cada vez más distantes de las del magisterio católico. No es casualidad que Francisco haya tenido que intervenir en los últimos días para señalar, mediante un documento difundido por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobado por el Papa, afirmando que bendecir las uniones homosexuales "es ilegal".

El tema es delicado. Los sectores conservadores se aprovecharán de la revolución de la Iglesia alemana para sabotear no sólo las propuestas teutonas, sino boicotear el proceso sinodal que Francisco ha abierto en la Iglesia como su apuesta estelar para aggiornar la Iglesia ante la peor crisis de credibilidad y pertinencia que ha encarado en su historia moderna.

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Miércoles, 16 Febrero 2022 06:10

¿A las puertas de un mundo posneoliberal?

¿A las puertas de un mundo posneoliberal?

 Aunque hay quienes afirman que la pandemia y la crisis climática son indicios del final del neoliberalismo, otros consideran que su caja de herramientas no está vacía. Para el posneoliberalismo hace falta una nueva política y un cambio de estructuras.

La pandemia de covid-19 ha provocado una conmoción global en la economía y la política. La preocupación por la caída del crecimiento, el colapso del sistema de salud y la inestabilidad política generó intervenciones estatales en muchos países del mundo que traen al recuerdo la crisis financiera mundial de 2008. Numerosos analistas interpretaron la crisis como un desafío a la hegemonía neoliberal, es decir, la orientación prioritaria de la economía hacia la liberalización, desregulación y privatización, y la orientación del Estado hacia el principio de competitividad global. Obviamente, el mercado no pudo reaccionar de modo adecuado a los fenómenos de la crisis. Análogamente, se multiplicaban con buenos motivos las voces que presagiaban el final de la hegemonía neoliberal en las relaciones económicas globales.

¿Son la crisis financiera global y la pandemia de covid-19 señales que apuntan a un modelo posneoliberal? ¿O el neoliberalismo sigue siendo el eterno paciente que resiste con valentía en el lecho de muerte? ¿Y qué será del orden neoliberal en el contexto de otro enorme y sin duda más fundamental desafío: la crisis climática? Hoy en día es inusual encontrar a alguien en una posición destacada que se juegue abiertamente para salvar el honor del neoliberalismo. Las voces antagónicas, por el contrario, se hacen oír más. Así, el ex-jefe del Banco Mundial Joseph Stiglitz afirmó que el neoliberalismo debía ser dado por muerto y sepultado.

Sin embargo, las políticas estatales concretas siguen siendo, en la actualidad, de cuño neoliberal. El neoliberalismo es influyente como práctica política y no tiene un plazo de vencimiento claro. Si bien los instrumentos del keynesianismo –grandes inversiones estatales– se utilizaron para construir el Estado de Bienestar en los países industrializados de Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, el neoliberalismo se le ha plantado desde la década de 1970 como un rival muy fuerte.

De manera paradigmática y brutal, el neoliberalismo logró un temprano triunfo en el Chile del golpista Augusto Pinochet, donde los partidarios del economista de Chicago Milton Friedman, los llamados Chicago boys, destruyeron los logros socioeconómicos del socialista democrático Salvador Allende. El mantra neoliberal sobre el Consenso de Washington, surgido en la década de 1980 en el seno de las instituciones financieras internacionales y el gobierno de Estados Unidos, tuvo efecto a escala global. Los principios rectores de la macroeconomía keynesiana, que se expresaban en el modelo del Estado del Bienestar, fueron reemplazados por dos principios básicos: el énfasis en las libertades económicas individuales, con una defensa casi incondicional de la propiedad privada, y la orientación hacia un Estado competitivo, comprometido con el mercado y con cuatro instrumentos de gobierno: privatización, desregulación, recortes de impuestos y libre comercio.

Si bien las crisis del precio del petróleo y de endeudamiento de la década de 1970 se convirtieron en una admisión de derrota para el keynesianismo, el neoliberalismo sufrió un destino aparentemente similar con la crisis financiera mundial de 2008. Hubo un derrumbe bancario y la economía se contrajo. El desempleo y la agitación social aumentaron en todo el mundo. Como resultado, se consideró posible un cambio hacia un régimen posneoliberal «que se encargaría activamente de los riesgos sistémicos e impondría regulaciones restrictivas sobre las instituciones financieras y los mercados financieros». De hecho, el rescate de los bancos hizo que hubiera que dar marcha atrás, al menos temporalmente, con el principio de desregulación.

Sin embargo, el modelo neoliberal demostró ser notablemente resistente a sus adversarios y sus debilidades sistémicas inmanentes. Esto se hizo evidente en el corto plazo, cuando, por ejemplo, se lanzaron los programas de rescate para Portugal y Grecia, que obedecían a una estricta ideología de austeridad fiscal. Y el especulativo instrumento financiero de los derivados, operaciones a plazo que se basan en las fluctuaciones de precios esperadas, pronto volvió a aparecer: ya en diciembre de 2013 alcanzó nuevamente el nivel que tenía antes de la crisis.

La segunda gran crisis del siglo XXI fue acompañada por la pandemia de covid-19, que desató una verdadera recesión global en 2020. De manera similar a lo sucedido con la crisis financiera mundial, hubo intervenciones estatales masivas. Pero había una gran diferencia: dogmas neoliberales como la «austeridad fiscal» –por ejemplo, el «déficit cero» en Alemania– fueron cuestionados de inmediato, y «desaparecieron en menos de lo que se tarda en deletrear la palabra ‘quiebra’».

La pandemia de covid-19 condujo a un renacimiento y una relegitimación del Estado en los países industrializados de Occidente que fue mucho más allá del entusiasmo inicial causado por las intervenciones estatales en la crisis financiera mundial. No solo hubo empréstitos de amplio alcance y se abandonaron las políticas de austeridad, sino que, con una aceptación bastante amplia, el Estado también intervino en las libertades fundamentales del individuo, que son una piedra angular de la tradición del pensamiento liberal. Por ejemplo, libertad de movimiento; el derecho a encontrarse con otras personas en espacios públicos y privados sin restricciones; la libertad de asociación y el derecho a practicar una religión. Además, la protección de patentes, una vaca sagrada del neoliberalismo, fue cuestionada nada menos que por Joe Biden: una reglamentación de excepción de la Organización Mundial del Comercio (OMC) debía eliminar los derechos de propiedad intelectual de las empresas farmacéuticas privadas sobre las vacunas contra el covid-19, sostuvo durante un tiempo el presidente de Estados Unidos.

Aun cuando esto finalmente no sucedió: ¿son el retorno del Estado y la pretensión de hacer cumplir reglas vinculantes para el bien común los primeros indicios de un modelo antagónico a la ideología neoliberal? Hasta la pandemia de covid-19, se podía argumentar que las grandes crisis, incluida la crisis financiera mundial de 2008, nunca han podido hacer peligrar seriamente la primacía de los principios neoliberales. Más bien han servido, una y otra vez, como justificación para intervenciones estatales masivas que conservaron el sistema neoliberal y sus principales actores a expensas del público en general. Parecía que la resiliencia se había convertido en una característica y una receta para el éxito del modelo económico neoliberal. Las medidas del Estado para combatir la pandemia de covid-19 han sacudido, si bien parcialmente, esa resiliencia.

La crisis climática global es mucho más dramática y permanente que la crisis del covid. Es la condición permanente del siglo XXI y, junto con la amenaza nuclear, probablemente la mayor amenaza para la supervivencia humana. Durante mucho tiempo se ha intentado contrarrestar el cambio climático con recetas neoliberales, como el comercio de emisiones. Sus módicos éxitos indican claramente que se trata de instrumentos complementarios, pero no de palancas para la necesaria transformación socioecológica. En tanto dogma neoliberal, la confianza en las fuerzas del mercado como clave para combatir el cambio climático es tan difícil de explicar como la ingenua esperanza de que el Estado pueda esperar a que los consumidores y productores adopten un comportamiento ecológico virtuoso.

Por supuesto, la caja de herramientas neoliberal no está vacía, sino que puede apostar a la internalización de las externalidades, o sea, la inclusión de costos ecológicos en el precio de la carne y los boletos de avión, por ejemplo. Pero el interrogante es si el tiempo no es escaso como para imponer medidas prohibitivas a los consumidores. Equivaldrían –ya admitiéndolo abiertamente, ya ocultándolo en aumentos de precios acordes con el mercado– a sanciones y prohibiciones de comportamientos propios de una «forma de vida» supuestamente liberal que, como tales, pondrían en peligro las libertades de las generaciones futuras. Tales medidas combatirían eficazmente el cambio climático. Al mismo tiempo, deben ir acompañadas de sustanciales medidas de compensación social si no se quiere exacerbar las desigualdades y crear nuevas injusticias.

La pandemia de covid-19 ha demostrado que se pueden superar las normas neoliberales y renegociar las reglas institucionales que dan al Estado un papel proactivo. Sin embargo, hasta ahora hay poca evidencia de que ese modelo antagónico tenga también en cuenta la cuestión social. Los costos de las crisis amenazan más bien con distribuirse de manera muy desigual. Esto provocará resistencia en quienes viven en condiciones precarias y quienes dependen del sistema imperante, y dará impulso a los movimientos populistas de derecha. La transición a un modelo posneoliberal solo será posible si se hace una transformación no solo ecológica, sino también social.

Fuente: IPG

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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América Latina en la estrategia del dragón

La profundización de las relaciones entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) abre una serie de interrogantes. ¿Se trata de una herramienta favorable al Sur global o es, en rigor, la adscripción latinoamericana al Consenso de Beijing? Ante el declive de la hegemonía estadounidense, ¿estos acuerdos son, como afirma China, de «beneficio mutuo» o, por el contrario, la expresión de una evidente asimetría y de viejas formas de dependencia?

En un contexto geopolítico y geoeconómico internacional caracterizado por la crisis de la hegemonía estadounidense y la lucha global contra la pandemia de covid-19, en diciembre de 2021 se llevó adelante, de manera virtual, la Tercera Reunión Ministerial del Foro China-CELAC (FCC), que reúne a delegaciones diplomáticas del país asiático y los 33 países de América Latina y Caribe.

Santiago Cafiero, el Canciller de Argentina -país que a partir de enero pasó a ostentar la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)-, expresó que el foro se consolida como uno de los principales espacios de cooperación que puede ayudar a cerrar las brechas en el desarrollo de los países en el marco de la pandemia. El espacio, que nació en 2014, emitió en esta ocasión la Declaración Ministerial del Tercer Foro y un Plan de Acción Conjunto 2022-2024, que viene a profundizar el Plan de Cooperación 2015-2019 (prorrogado y ampliado para el período 2020-2021).

Resulta importante desentrañar qué implicancias tiene este espacio para América Latina y Caribe y cómo se enmarca en la creciente participación de países de la región en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la ambiciosa propuesta lanzada en 2013 por Xi Jinping, que consiste en una serie de múltiples proyectos de infraestructura y de conectividad de la cual ya participan casi 150 países y está realizando transformaciones geopolíticas, geoeconómicas y ecológicas a escala global.

Una relación en expansión 

Hacia inicios del siglo XXI, mientas Estados Unidos miraba con atención hacia Medio Oriente y su petróleo tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, la República Popular de China iniciaba la denominada estrategia Go out y se sumaba a la Organización Mundial de Comercio (OMC) como economía en transición. la estrategia de «salida hacia afuera» constituyó una importante política de estímulo a la emisión de Inversión Extranjera Directa (IED) a escala global, orientada a la adquisición de firmas líderes en procesos productivos de alta complejidad tecnológica, como así también al aseguramiento de recursos primario-extractivos; la incorporación a la OMS aceleró, por su parte, aún más sus intercambios comerciales con todas las regiones del mundo y potencia su lugar como «fábrica global».

Desde ese momento, China también incrementa su participación en segmentos de mayor contenido tecnológico en varias cadenas globales de valor e inicia un proceso de ascenso geopolítico y geoeconómico que, a inicios de la segunda década del siglo XXI, le permite comenzar incluso a disputar la primacía hegemónica a Estados Unidos, no solo desde el campo comercial, productivo, financiero e incluso del presupuesto militar, sino que, especialmente durante el último lustro, le permite aumentar su poder en áreas como la de la inteligencia artificial o en las tecnologías vinculadas con las energías renovables, como la solar y la eólica, dominantes en un paradigma tecnoproductivo posfósil próximo a imponerse.

La relación entre China y América Latina se intensifica en la primera década del siglo XXI sobre la base del crecimiento de los flujos comerciales, que han profundizado el perfil clásico de la región como exportadora de materias primas e importadora de productos con mayor contenido de valor agregado. El propio gobierno chino definía en 2008 en el primer Documento sobre la Política de China hacia América Latina (o «primer Libro Blanco sobre América Latina») los vínculos entre América Latina y el gigante asiático como dos economías complementarias y destacaba la «extensa geografía» y los «abundantes recursos naturales» existentes en la región.

Luego de la publicación de ese documento, comienza un período de mayor presencia de capitales de China en América Latina. Así, entre 1990 y 2009 el total de flujos de IED provenientes de China en América Latina fue de 6.300 millones de dólares y tan solo para el año 2010 superó los 10.000 millones de dólares, una cifra que se sostuvo en el tiempo.

Si bien el fenómeno de la activa presencia de empresas chinas en América Latina es reciente, arriesgamos a realizar una periodización. Un primer período, iniciado en 2010, puede ser denominado como el del desembarco «incipiente» o momento «post primer Libro Blanco», en el cual la IED se dirigía principalmente al sector hidrocarburífero y, en menor medida, a la minería, la infraestructura y el sector financiero. Un segundo momento, que denominamos de «expansión de la presencia de China en sectores estratégicos»,podemos fecharlo a partir de la Primera Reunión Ministerial China-CELAC en enero de 2015. Lo que lo caracteriza es la expansión generalizada dentro del sector energético (hidrocarburos, pero también energía solar y eólica, grandes represas hidroeléctricas e incluso anuncios en materia nuclear) y la infraestructura -con un marcado interés por la conectividad bioceánica-. La presencia de China en diversos países pasa a sostenerse, como señala como señala un informe de Latinoamérica Sustentable, en contrataciones directas con diferentes gobiernos o en el financiamiento de proyectos de inversión a través de sus bancos de desarrollo, especialmente el China Development Bank (CDB).

Resulta sumamente relevante remarcar algunas características comunes a los dos períodos: la reducida o nula transferencia tecnológica; la adaptación de China a negociar de manera flexible con cada país latinoamericano; y la imposición de la contratación de firmas provenientes su país como proveedores estratégicos de los proyectos, que terminan por colocar maquinaria e insumos clave sobre los cuales se verifica China un exceso de capacidad productiva.

Desde ese entonces, los vínculos entre América Latina y China han despertado polémicas entre quienes consideran que resulta ventajoso para los proyectos políticos de la región que China horade el poderío estadounidense en su «patio trasero» y quienes manifiestan su preocupación por la generación de vínculos de dependencia al viejo estilo.

La Franja y la Ruta y el espacio China-CELAC

El gobierno chino expresa que su accionar tanto como país impulsor de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, como del Foro China-CELAC, se rige por los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica, que consisten en la no injerencia en los asuntos internos de otros países, el respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la igualdad y beneficio mutuo y la coexistencia pacífica. China también suele solicitar de manera enfática en cualquier negociación el reconocimiento del principio de «una sola China» por su país en detrimento de Taiwán.

Siguiendo a Sebastián Schulz, con iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta China logra «seducir a casi todo el mundo», en particuar al Sur Global, ya que en un contexto mundial de desaceleración de la economía profundizado por la pandemia del covid-19, y en el que se destacan las necesidades de incremento de exportaciones para equilibrar las cuentas externas y financiamiento de infraestructura, el discurso basado en los Cinco Principios y el no establecimiento de condicionalidades en materia de política fiscal o monetaria resulta sumamente atractivo para la periferia.

Lo cierto es que cómo señalan Siran Wang, Paulina Gazón y María Marta Di Paola, más allá del no establecimiento de condicionalidades para el financiamiento de proyectos sobre la política económica o la no injerencia en la política interna como ocurriera con las potencias occidentales, sí existen imposiciones -explícitas o implícitas- sobre la contratación de proveedores chinos o se hace valer el peso que tiene el país asiático en las balanzas comerciales de las naciones latinoamericanas en las negociaciones. A a la consolidación de China como socio estratégico de países con distintos perfiles políticos y visiones disímiles sobre el desarrollo, e un contexto de poder asimétrico, lo denominábamos en 2014 como el «Consenso de Beijing».

Desde ese entonces, se produjo un giro político en varios países latinoamericanos hacia el conservadurismo, el neoliberalismo e incluso hacia el autoritarismo, que sobre el final del gobierno de Barack Obama en Estados Unidos ya perfilaba a la región como área de disputa interhegemónica. Con el inicio de la administración de Trump y un Estados Unidos más replegado sobre sí mismo (llegando incluso a sostener una política comercial proteccionista), prevalece por parte de los gobiernos latinoamericanos el pragmatismo económico y la búsqueda de la equidistancia en estas disputas, en un intento de abordar los vínculos con el gigante asiático desde una perspectiva «desideologizada».

Con la Declaración de la Primera Reunión Ministerial del Foro, que incluye el anuncio de intenciones de incrementar el volumen de comercio con América Latina a 500.000 millones de dólares y la IED para los diez años siguientes a un total de 250.000 millones, China  le otorga más relevancia a la región que cualquier potencia occidental.

Esta declaración, junto al Plan de Cooperación 2015-2019, apunta a delinear los trazos de una agenda de cooperación para el desarrollo Sur-Sur, tratando de mostrar una simetría en realidad inexistente entre América Latina y Caribe y China. Estos documentos, como los sucesivos, crean ámbitos de reunión o subforos temáticos entre los países, cuya participación es voluntaria. En realidad, solamente delinea la agenda de China hacia la región, dejando como espacios genuinos de negociación las reuniones bilaterales entre el país asiático y cada uno de los países latinoamericanos.

Desde la primera reunión ministerial existe un especial interés sobre las áreas de energía y la infraestructura, y ello se refleja en el incremento del financiamiento a este tipo de proyectos. Así, China consigue la aceleración del tráfico del cobre, hierro o soja de América Latina, pero además se asegura a la región como mercado para la exportación de maquinaria, equipos e insumos específicos. El hecho de que en 2015 China lanzara su plan Made in China 2025, marca un clima de época en el que el país asiático explicita sus objetivos de ascenso tecnológico e intencionalidad de liderar este tipo de mercados. Al año siguiente, China también emitía su Segundo Documento sobre la política de China hacia América Latina, que como rasgo saliente pone el acento en la cooperación de China en proyectos de desarrollo «verde» y se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 y el Acuerdo de París, construyendo una imagen que prácticamente resulta la antítesis del perfil que Donald Trump le estaba dando al gobierno de Estados Unidos.

En mayo de 2017 se realizó en China el Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, del cual participaron la presidenta Michelle Bachelet de Chile y Mauricio Macri de Argentina, entre 130 delegaciones. Allí, China profundizó la orientación hacia América Latina, invitando a la región –a la que percibía como «extensión natural de la ruta marítima de la seda»- a sumarse a la iniciativa.

El Documento de la Segunda Reunión Ministerial del Foro de enero de 2018 puso el énfasis en los proyectos en infraestructura y energía y en la ya mencionada agenda de desarrollo sostenible, pero también plasmó las tensiones alrededor de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que la delegación de China solo se limitó a «presentar» y a la cual varios países de la región no deseaban aún adherir. Sin embargo, mediante el trabajo diplomático, sumado al desembarco de fondos para el financiamiento de infraestructura –y más recientemente a ayudas en el marco de la pandemia de covid-19–, con la incorporación de Argentina en febrero de 2022, 21 países de América Latina y Caribe terminan adhiriendo a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, destacándose países de Centroamérica que rompieron con Taiwán y establecieron relaciones con la República Popular.

China también posee asociaciones estratégicas o asociaciones estratégicas integrales con varios países de la región. Tiene firmados Tratados de Libre Comercio con Chile, Perú y Costa Rica, mientras negocia otros tres con Panamá, Colombia y Ecuador y seis países sudamericanos son miembros no regionales del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, liderado por China.

El Documento de la Tercera Reunión Ministerial y el Plan de Acción Conjunto 2022-2024 de diciembre de 2021 expresan continuidad con los lineamientos anteriores, pero subrayan especialmente la agenda de seguridad, lucha contra el terrorismo, la corrupción, la necesidad de acciones frente al cambio climático y la lucha contra la pandemia de covid-19, y exponen el interés de Beijing interés en numerosas áreas de cooperación como la tecnología digital y nuclear.

Como expresamos anteriormente, la firma de este Plan de Acción no implica obligaciones para ninguno de los países, pero sí es una expresión de la mayor presencia de China en la tradicional zona de influencia de Estados Unidos, con un discurso mucho más atractivo y flexible para cada uno de los países.

Es de destacar que, mientras suceden estos acontecimientos diplomáticos, continúan expandiéndose no solo los proyectos de infraestructura y energía, sino también los dirigidos a aquellos minerales considerados «críticos» para la transición energética –como el litio y el cobre-, lo que exacerba conflictos ecológico-distributivos en los países de la región.

Del Consenso de Beijing a una agenda para los movimientos sociales.

Tanto el Foro China-CELAC como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, aparecen como formas de establecimiento de vínculos innovadores y disruptivos en relación a los mantenidos por la región con las potencias occidentales tradicionales.

A través de su posición como socio comercial, como propulsor de la inversión extranjera directa o como financista, China logra imponer condiciones a los países del Sur global con modalidades que, aunque resultan diferentes a los aplicados por los occidentales, también pueden resultar coercitivas. Esto, sin embargo, no debe hacernos caer en concepciones teóricas en las cuáles algunas potencias son «malas» y otras «buenas». Desde nuestra óptica, lo importante es dejar de evaluar lo conveniente de un tipo de vínculo con una potencia tomando en cuenta a nuestros países cómo unidad de análisis y mirar los intereses de diferentes clases sociales y actores; los ganadores y perdedores. Establecer como punto de partida la posibilidad de existencia de vínculos de «beneficio mutuo» ya resulta falaz.

La relación con China es de gran interés para los sectores dominantes de cada uno de los países de América Latina, tal como lo demuestran los grupos económicos asociados al agronegocio en países como Brasil, Argentina o Uruguay, los grandes contratistas regionales que se enriquecen con obras de infraestructura de gran escala y hasta sectores vinculados con la especulación financiera e inmobiliaria asociados a emprendimientos extractivos, como sucede en la gran minería de agua del litio.

La asociación lineal de estos intereses como propios de un país y necesarios para el «desarrollo» resulta problemática. Así, se tiende a presentar el arribo de inversión extranjera directa como una solución indiscutible, asumiéndola como la base para la superación de la denominada «restricción externa» de las economías mediante la exacerbación de proyectos extractivos, lo que, según esta perspetiva, redundaría en la mitigación de los problemas de empleo y pobreza. Este tipo de análisis promueven una ceguera epistémica que trafica los intereses de las clases dominantes como «populares».

El desafío clave para lograr que el Foro China-CELAC se constituya como un espacio que luche genuinamente por una transición energética justa o contra la pobreza, es que  se constituya como un espacio más horizontal, e incluso con más participación directa de los sectores populares latinoamericanos sobre la agenda de Relaciones Internacionales que sus gobiernos llevan al foro. Por el momento, no solo esto no parece suceder, sino que podríamos preguntarnos si China está siendo invitada por la CELAC como organismo a discutir de manera horizontal sobre aspectos globales, o más bien el Foro representa una expresión unilateral de la visión de la República Popular de China sobre la región, casi como una «extensión natural» de los libros blancos de China hacia América Latina.

Nota del autor: agradezco los comentarios de Cecilia Anigstein sobre este artículo, siendo sus contenidos exclusiva mía.

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Miércoles, 09 Febrero 2022 05:50

Brasil vuelve a acercarse a Rusia

Brasil vuelve a acercarse a Rusia

El lunes 31 de enero se reunió el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde todos los representantes occidentales aseguraron que Rusia estaba a punto de invadir Ucrania. Pese a la andanada de intervenciones virulentas, varios países adoptaron una actitud equidistante: India, México, Kenia, Gabón, Emiratos y Ghana.

La sorpresa vino cuando el representante de Brasil aseguró que "son legítimas tanto las preocupaciones de Rusia como de Ucrania".

Hace varios años en los que casi no se mencionaba en Brasil la existencia de relaciones con Rusia, en concreto desde que Dilma Rousseff fue descabalgada de la presidencia por un más que dudoso impeachment parlamentario en 2016. Sin embargo, en los últimos meses se puede observar un claro acercamiento entre Brasil y Rusia, modificando seriamente la tendencia anterior.

El acercamiento pudo incluso sortear las presiones que sufre el gobierno de Jair Bolsonaro para que cancele su visita al presidente ruso Vladimir Putin a realizarse a mediados de febrero.

Folha de Sao Pauloseñaló que "el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, volvió a comunicarse con el titular de Exteriores brasileño, Carlos Franca, y expresó su preocupación de que la visita de Bolsonaro a Putin se pueda interpretar como un signo de que Brasil "está tomando partido en el conflicto" entre la OTAN y Rusia a propósito de Ucrania.

Según el medio brasileño, la cancillería respondió que "las reuniones de los presidentes estarán centradas en la extensa pauta de las relaciones bilaterales de Brasil con Rusia [socio en el bloque BRICS del cual participan también India, China y África del Sur] que nada tienen que ver con la situación geopolítica en el Este de Europa".

La cancillería brasileña recordó, según Folha, que "se posiciona contra la intervención en asuntos internos y las amenazas de agresiones contra cualquier nación, pero también en contra de las sanciones unilaterales como las que los amercanos y sus aliados anuncian que pueden adoptar contra Rusia".

La página Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa), fundado en 1992 en México y Brasil para "la reestructuración de la política como forma más elevada del bien común", considera que la aproximación comenzó "con la participación virtual del presidente Jair Bolsonaro en la reunión del Foro Económico Internacional en San Petersburgo, en junio pasado" y que desde entonces se viene profundizando.

Posteriormente, la relación se fue profundizando con la visita a Moscú del canciller Carlos Franca y del Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, almirante de Flávio Rocha, y debe culminar con el viaje de Bolsonaro invitado por Vladimir Putin.

Según este centro de pensamiento, las áreas más prometedoras en la colaboración bilateral son "la energía nuclear, la tecnología aeroespacial, la investigación científica y tecnológica avanzada", además de trabajar con iniciativas que refuercen la consolidación de un orden de poder multipolar en las relaciones internacionales.

Como puede observarse, se trata precisamente de las áreas que Brasil pretende desarrollar desde hace mucho tiempo, pero que encuentra obstáculos por parte de Washington, que busca evitar la independencia de sus socios de Sudamérica en materias que considera "sensibles".

Por otro lado, Rusia brindó un excelente argumento a los militares brasileños al vetar en el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución que pretendía incluir el cambio climático entre las amenazas a la seguridad nacional, el pasado mes de diciembre. "De haber sido aprobada, la propuesta tenía un serio potencial para crear problemas a Brasil, en cuanto a la posibilidad de considerar la imposición de una 'protección' del bioma amazónico como requisito de seguridad internacional".

En efecto, las Fuerzas Armadas de Brasil observan con gran aprehensión la posibilidad de que las potencia occidentales se inmiscuyan en la Amazonía con la excusa de proteger el medio ambiente, región que consideran compete exclusivamente a la soberanía nacional de Brasil.

El medio especializado Defesanet, estima que el punto de quiebre en las relaciones bilaterales fue la participación de Brasil en el Foro Internacional Técnico-Militar ARMY2020 y en los Juegos Militares Internacionales, entre el 23 de agosto y el 5 de septiembre en Moscú. Según este medio Brasil envió una delegación de alto nivel para promocionar productos de la base industrial de defensa.

Pero la participación de Brasil en esos eventos no se limitó a la compra-venta de armamento. "Brasil pretende establecer una cooperación estratégica a largo plazo con Rusia y aspira a integrar las cadenas productivas de ambos países en materia de defensa", declaró a Sputnikel jefe de la delegación del Gobierno brasileño, el secretario de Productos de Defensa del Ministerio de Defensa del país, Marcos Degaut.

Explicar este viraje en la política internacional de Brasil, supone reflexionar sobre los perjuicios que le deparó el llamado "Nuevo Orden Mundial", impulsado por EEUU a raíz de la disolución de la URSS.

Para los analistas Lorenzo Carrasco y Geraldo Lino del MSIa, citados por Defesanet, este Nuevo Orden supuso para Brasil "el abandono de su política exterior independiente, generando acomodación a las directrices de la ´globalización´, entre ellas, la renuncia a ciertas tecnologías de punta y el sometimiento a los dictados del ambientalismo-indigenismo".

Apunta acertadamente a los motivos de fondo del acercamiento actual de Brasil a Rusia, que no pasan por lo ideológico ni por las oscuras razones que argumenta Washington, sino en el razonable deseo de ser independientes. "Es natural que, en su agonía, Brasil luche por recuperar su independencia externa y la plena noción de grandeza como coprotagonista de los cambios globales en curso", reflexionan Carrasco y Lino.

Por último, no pocos militares valoran el período de Ernesto Geisel, en la etapa final de la dictadura militar (1964-1985), cuando Brasil recuperó su independencia en el escenario internacional, restableciendo relaciones con la República Popular China y Angola, en momentos delicados por la crisis de la deuda externa y la guerra de Malvinas, marcando claras distancias de la política internacional de Estados Unidos.

A mi modo de ver, la reaproximación de Brasil con Rusia está guiada por el pragmatismo. No son pocos los Gobiernos de la región que se sienten constreñidos por la política de Washington, en un doble sentido: el modelo neoliberal ha llevado a la región a una creciente desindustrialización que agrava su dependencia de las exportaciones de commodities y, en paralelo, necesitan poder elegir socios que les permitan desplegar iniciativas sin interferir en sus asuntos internos.

Febrero 9 de 2022

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Petróleo por deuda: el acuerdo que negocia Chevron con Maduro con aval de Biden flexibilizando sanciones

El gobierno de Biden estaría considerando una propuesta de Chevron para permitir que esta transnacional petrolera estadounidense acepte y comercialice cargamentos de petróleo venezolano para recuperar la “deuda adeudada” por Venezuela. El Gobierno de Maduro ya ha anunciado en meses anteriores su política de pago de deuda a través de petróleo e incluso de entrega de activos nacionales petroleros.

 

Los representantes de Chevron en los últimos meses habrían mantenido reuniones de alto nivel con miembros del gobierno de Biden. Lo describen como un hito en los esfuerzos de cabildeo de la compañía durante un año para obtener un cambio en su licencia para operar en Venezuela, y cobrarse la deuda a través de petróleo pero que podría incluir la entrega de activos.

La transnacional Chevron continúa operando en el país teniendo participación en las Empresas Mixtas Petroboscán (39,2%) y Petroindependencia (25,2%) en el occidente del país. En la Faja Petrolífera del Orinoco Chevron participa en los proyectos de crudo extrapesado Petropiar (30%) y Petroindependencia (34%).

En las operaciones de gas costa afuera, la compañía participa en los Bloques 2 y 3 de la Plataforma Deltana con participación exclusiva, además del 100% de Cardón 3 del Proyecto “Rafael Urdaneta”. Son grandes sus intereses y proyectos económicos estratégicos en el país.

No en vano el Departamento del Tesoro de EE.UU. ha venido prolongando las autorizaciones de manera automática a empresas petroleras de origen estadounidense que siguen operando en Venezuela pese a las sanciones que ha impuesto a PDVSA, que en teoría tendrían que ser afectadas. Hablamos de firmas como Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes, Weatherford International y Chevron. Aunque en abril del 2020 el gobierno de Trump emitió una licencia más estricta que prohíbe a Chevron perforar en el país o comercializar petróleo venezolano y solo “realizar operaciones extremadamente limitadas”.

Chevron tiene un posicionamiento estratégico en el país por las grandes reservas petroleras que tiene Venezuela, más aun sabiendo los nuevos cambios que se están operando en la industria petrolera con las nuevas leyes entreguistas del Gobierno de Maduro. Para ello Chevron procura que Estados Unidos restablezca los privilegios comerciales que disfrutó durante un tiempo bajo la administración del expresidente Donald Trump. A la compañía y a otros productores extranjeros se les permitió tomar y exportar petróleo venezolano para “recuperar dividendos y deudas” de empresas conjuntas con PDVSA.

Ese arreglo, que hasta mediados de 2020 permitía a Chevron comercializar entre 1 y 2 millones de barriles mensuales de crudo venezolano, fue suspendido por la política de sanciones económicas y petroleras de Trump durante la embestida golpista para imponer a su títere Guaidó en la presidencia del país. En su momento la política de Trump tuvo un gran impacto en los envíos de petróleo de Venezuela, pero recientemente no logró bloquear los ingresos del petróleo, lo que permitió un rebote de las exportaciones.

“La administración Biden tiene cada vez más incentivos para aliviar las sanciones a Venezuela tras la estrategia fallida de Trump”, es lo que se estaría discutiendo en Washington. Venezuela le debería cientos de millones de dólares a Chevron. "Es una práctica habitual reunirse con funcionarios del gobierno de EE. UU. para brindar perspectivas sobre temas energéticos importantes para la empresa", dijo el portavoz de Chevron, Ray Fohr, en respuesta a preguntas sobre el cabildeo de la empresa.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos no ha hecho declaraciones al respecto, pero es un secreto a voces las discusiones en curso. Como es costumbre también el Gobierno de Maduro y el Ministerio de Petróleo de Venezuela y PDVSA tampoco han comentado al respecto amparados el secretismo de la nefasta Ley “Antibloqueo”.

Aunque la semana pasada Maduro aprovechó su encuentro con el sector bancario para afirmar que mantiene un diálogo con los tenedores de bonos a los que han hecho una propuesta, que no detalló, para "honrar" la oprobiosa deuda externa. Basta recordar que al inicio de la crisis el Gobierno decidió "pagar hasta el último centavo" de la deuda, en vez de honrar l deuda con el pueblo, y luego de entregar más de 74 mil millones de dólares por pago, sangrando al país, se entró en una espiral de catástrofe económica.

En el caso con las petroleras transnacionales, la propuesta está en la entrega de activos, y no solo en las exploraciones y producción, para saldar las odiosas deudas, una política que ya hace mucho tiempo la han venido anunciando.

Si Estados Unidos decide no cambiar los términos de la licencia de Chevron, aún podría otorgar una exención a las restricciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro de Estados Unidos para permitir ciertas exportaciones de petróleo, de acuerdo a voces desde el Gobierno citados por Reuters.

Las nuevas leyes de Maduro como la Ley “Antibloqueo” que permiten bajo el mayor de los secretismos avanzar en procesos de privatización de activos nacionales, y sobre todo en el área petrolera que, con los cambios en la Ley de Hidrocarburos que sin anunciarlos los aplican, la nueva Ley de Inversiones Extranjeras, entre otras importantes, han venido permitiendo que sectores controlados por el Estado progresivamente vayan siendo traspasados a empresas extranjeras o grupos económicos locales, tal como se ve muy claramente en el área del petróleo, donde empresas estadounidenses, europeas, rusas, chinas y de otras latitudes avanzan en sus controles. Chevron, con su gran presencia en el país, no quiere dejar perder esta oportunidad para aumentar sus negocios en un país con las mayores reservas petroleras del mundo.

Tanto el Gobierno como el grueso de los sectores de la oposición, empresarios y grupos concentrados económicos, tienen un gran acuerdo implícito, y es lo que están llevando adelante, que como salida a la brutal crisis es avanzar en el despojo nacional, para que los buitres del petróleo se apoderen de los campos con la promesa de la “recuperación” de la industria. Personeros que creen que de la mano de la rapiña internacional el país saldrá de la crisis, en que aún se está inmerso más allá de cierta recuperación en algunos sectores de comercio y servicios, con el argumento que traerán las “inversiones” para que nuevamente Venezuela salga de letargo, por lo que ofrecen a transnacionales condiciones inimaginables antes del inicio de la crisis.

La Izquierda Diario Venezuela@LaIzqDiario_VE

Martes 8 de febrero

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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su homólogo chino, Xi Jinping, en la ceremonia en la que firmaron el acuerdo binacional este domingo en Pekín.Foto Ap

 

Más de 140 países del mundo se han adherido al proyecto integrador de mercados

Buenos Aires., El presidente de Argentina, Alberto Fernández, firmó acuerdos este domingo para la incorporación de su país a la iniciativa china del Cinturón y Ruta de la Seda, la cual involucra financiamientos de la nación asiática por 23 mil 700 millones de dólares, se informó oficialmente.

 

En el marco de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, Fernández mantuvo una reunión "cordial, amistosa y fructífera" con su par chino Xi Jinping, en la que se selló el ingreso de Argentina como uno de los más de 140 países al Cinturón y Ruta de la Seda, una iniciativa diplomática china para ampliar su influencia estratégica en el mundo, mediante el impulso del comercio, la integración de mercados, financiamiento e inversiones multimillonarias del gigante asiático.

 

Así, Argentina se convierte en el primer país de gran tamaño de América Latina en incorporarse a esa iniciativa que han adoptado naciones en desarrollo y que es vista con cierto recelo por países más ricos, como Estados Unidos.

 

De acuerdo con un comunicado de la presidencia argentina, la nación sudamericana recibirá financiamiento en dos tramos, uno inicial de 14 mil millones de dólares divididos en diez proyectos de infraestructura y otros 9 mil 700 adicionales.

 

China también expresó su respaldo a Argentina en sus "esfuerzos para preservar la estabilidad económica y financiera" y se comprometió a "incentivar un mayor uso de las monedas nacionales en el comercio y las inversiones y facilitar a las empresas de ambos países la rebaja de los costos y la reducción del riesgo de cambio", según el comunicado.

 

El documento señala que se promoverá "la inversión extranjera de China en la Argentina" en sectores estratégicos como energía y electromovilidad y las exportaciones del país sudamericano. "Se trabajará para ampliar la participación de los proveedores argentinos en las obras de infraestructura y se acelerarán las negociaciones sanitarias, fitosanitarias y las habilitaciones para estimular las exportaciones argentinas a China", añade.

 

Además ambos países firmaron acuerdos para potenciar áreas de tecnología e innovación como el desarrollo verde, la economía digital, el ámbito espacial y educación y agricultura; así como energía nuclear, una línea de inversión que ha levantado polémica en el país.

 

Según datos de la presidencia argentina, China es el primer socio comercial extra-Mercosur del país, el segundo destino para las exportaciones agroindustriales y su primer inversor en energías renovables. A su vez, China financia diversos proyectos de infraestructura, energía y transporte, a lo que se suma la colaboración entre ambos países en materia de agricultura, educación, cultura y deportes.

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Viernes, 28 Enero 2022 05:46

La crisis de Ucrania y China

La crisis de Ucrania y China

China sigue con natural preocupación la crisis en torno a Ucrania. De una parte, expresando su crítica al papel de EEUU y la OTAN por su "obsoleta mentalidad"; de otra, midiendo sus acciones para evitar dar la impresión de cualquier interferencia que hipoteque el sacrosanto principio de desarrollar una diplomacia de no injerencia. No siempre es un equilibrio fácil. Ucrania es un referente importante en su Ruta de la Seda. En 2014, la deposición de Víctor Yanukóvich se produjo tras el regreso de un viaje a China, entonces ya su segundo socio comercial, con el que pretendía reforzar el vínculo bilateral. Todo se vino abajo después.

En el detalle, China se sabe ganadora: de haber guerra, eso distraería a Washington de su otra guerra (comercial, tecnológica…) con Beijing; de no haberla, la tensión habrá servido para reforzar los fundamentos y dar nuevos impulsos a la "no alianza" entre Rusia y China; de adoptarse sanciones contra Moscú, esto realzaría el valor de la solidaridad china con el Kremlin. En 2021, el volumen comercial bilateral se elevó un 35,8 por ciento para llegar a cerca de 146.900 millones de dólares. La OTAN empuja a Moscú a los brazos de Beijing. Aun así, globalmente, para los intereses estratégicos de China, es de interés que Rusia resista el embate occidental.

Beijing rechaza la expansión de la OTAN (a troche y moche, no solo hacia el Este de Europa sino incluso hacia Sudamérica, con Colombia, donde EEUU ya dispone de acceso a varias bases militares). La considera expresión de la perpetuación de la lógica de la Guerra Fría y también la vincula con la promoción del AUKUS o la potenciación del QUAD, en su entorno inmediato. Todo ello formaría parte de una misma dinámica orientada a reafirmar la hegemonía occidental haciendo gala del principal instrumento a su disposición, no la fuerza de su economía sino de su poder militar.

En el caso europeo, la estrategia apuntaría a la generación de conflictos que sepulten cualquier posibilidad de "autonomía estratégica" de la UE y atar en corto a Bruselas evitando su acercamiento a Rusia o China ya que eso debilitaría la política de la Casa Blanca. De plantear la "competencia estratégica" en solitario, probablemente estaría derrotada de antemano. A más tensión en Europa, ni habrá Nord Stream 2 con Rusia (lo que supondrá un gran negocio para EEUU) ni se afianzará la relación con China, hoy objetivo principal de todas esas derechas europeas que imperan en las instituciones comunitarias. Para Beijing, por ejemplo, no es casual que algunas capitales, más próximas a Washington que a Bruselas, lideren un replanteamiento de la relación con Taiwán que puede tener repercusiones importantes como las está teniendo ya con Lituania.

Vincular, por otra parte, la posibilidad de una guerra en Ucrania con el estallido de un conflicto similar por Taiwán carece de sentido a día de hoy. En primer lugar, la naturaleza de cada caso es distinta: en uno hablamos de seguridad, en otro de integridad territorial. China no "aprovechará" una crisis para resolver otra, aun en gestación. En Taiwán, la prioridad sigue siendo la solución pacífica por más que se agite el fantasma de la intervención, exagerando la amenaza como patrón mediático por parte de Occidente. El denominador común es que en ambos casos las multinacionales del armamento incrementan de forma mayúscula sus ya pingües beneficios.

China no puede más que sonrojarse cuando EEUU acusa a Rusia de pretender ejercer una limitación de la soberanía de Ucrania al rechazar su adhesión a la OTAN. Y recuerda que el caso de Honduras está muy fresco: Xiomara Castro, la ganadora en los comicios presidenciales, anunció en campaña su intención de romper con Taiwán y reconocer a China. Biden envió entonces a Honduras una expeditiva comisión portando advertencias contundentes respecto a las consecuencias de dicho acto. Todo ello se supone que para preservar la soberanía plena del gobierno hondureño... Por lo pronto, el entorno de Xiomara Castro se desdijo.

A diferencia del diálogo con EEUU a propósito de la creciente influencia china en América Latina y el Caribe, a China le funciona el diálogo con Moscú en relación a Afganistán o Asia Central, donde priman los intereses comunes. Hay reservas y desconfianzas pero se subsumen en un entendimiento general que refleja la disposición para avanzar en la definición de un modelo alternativo.

En el contexto de los JJOO de Invierno y despreciando el "boicot diplomático" instigado por EEUU, el encuentro entre Vladimir Putin y Xi Jinping la próxima semana en la capital china no hará sino constatar una afinidad al alza que hace palidecer aquella "alianza eterna" suscrita en 1950 –que tan poco duró- con base en aquel internacionalismo proletario de antaño. El pragmatismo parece haber tomado el relevo de la ideología. Y con más éxito, sin duda.

Por Xulio Ríos, Director del Observatorio de la Política China.

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