Domingo, 19 Diciembre 2021 06:11

Una ventana a la gran escasez

Una ventana a la gran escasez

La escasez de materias primas y de energía que ha experimentado la economía global en los últimos meses es una pequeña muestra de lo que puede ocurrir en los próximos años si no se cambian los patrones de consumo.

 

Primero fue el gel hidroalcohólico, las mascarillas, los respiradores e incluso, en algún supermercado, el papel higiénico. Durante unos pocos meses, la población de los países más desarrollados del mundo observó pasmada —con la misma incredulidad con la que miraba en directo cómo se extendía una pandemia global— que en las sociedades de la abundancia podían faltar cosas. 

A medida que la vida comenzaba a normalizarse, cada vez resultaba más evidente que algo había fallado en el reseteo de la economía después del parón de la economía. La era de la escasez no estaba finalizando. Más bien al contrario, acababa de comenzar.

Un año después del fin del confinamiento más duro y del reinicio de la actividad, la escasez y los problemas de suministro ya afectaban en diferentes grados a casi todas las materias primas y a todos los sectores. En septiembre de 2021, la escalada en los precios de la energía iniciada antes de verano adoptaba la forma de apagones en toda China y el cierre de fábricas en EE UU y Europa. El aumento del precio de la electricidad, del gas, de la gasolina, del diésel y del carbón no tardó en trasladarse a toda la economía y ha generado unas tasas de inflación inéditas en los países ricos desde la última gran crisis energética, en los años 70.

La explicación oficial a este caos generalizado es el desajuste entre la oferta y la demanda, unos “cuellos de botella” de una recuperación rápida, agravados por las tensiones geoestratégicas con China, Rusia o Argelia. Según estos análisis, se trata de una crisis coyuntural que se irá resolviendo en cuestión de meses. Sin embargo, cada vez son más las voces desde la comunidad científica que advierten de los aspectos estructurales que hay detrás de estos desbarajustes, unos cortocircuitos que solo pueden ir a más a medida que el crecimiento exponencial del consumo choca con los límites físicos del planeta. 

Pasen y vean, la gran escasez

A mediados de octubre, algunos indicadores empezaban a señalar que lo peor había pasado, con descensos en el precio del transporte marítimo o en la cotización de la madera. Sin embargo, al cierre de esta edición la crisis energética continúa agravándose y la falta de materiales básicos para el funcionamiento de la economía sigue siendo un problema de primer orden. La industria tecnológica prevé problemas en el suministro de chips hasta 2023 y el cierre de las fábricas de fertilizantes compromete las cosechas de 2022. A la vez, la falta de materias primas vitales para la industria mundial, como el magnesio, el papel o el acero, entre una larga lista, sigue sin tener una solución a la vista.

Las escenas de desabastecimiento seguirán en 2022 y serán cada vez más habituales, sostiene Antonio Turiel, científico del CSIC en una conversación con El Salto. Cuando ya ha pasado más de un año desde el inicio de la recuperación económica, la excusa de los “cuellos de botella” ya no cuela, sostiene este investigador. Los cortocircuitos en la economía global se deben, continúa, sobre todo a motivos estructurales, en especial, a una crisis energética que viene de lejos y va para largo. 

Para Turiel, el “efecto más directo” de la pandemia ha sido que las petroleras han acelerado un proceso de desinversión que no es nuevo y “ha precipitado hacia el vacío” el sistema económico mundial, basado en los combustibles fósiles. Las previsiones de escasez de energía y de materiales ya estaban contempladas en diversos estudios científicos, pero estos se han visto superados por la realidad: “No tendríamos que caer tan deprisa”, resume.

Estamos a las puertas de lo que Turiel llama “la gran escasez”, un proceso que amplios sectores de la comunidad científica llevan décadas documentando. “Hemos tocado el punto máximo y, a partir de ahora, lo que nos espera es un proceso de declive que en algunos momentos irá más rápido, en otros momentos irá más lento, pero en cualquier caso es una bajada que durará mucho tiempo. No es que los recursos se acaben de hoy para mañana, pero cada vez habrá menos, cada vez tendremos que aprender a hacer las cosas con menos”, sostiene el autor de Petrocalípsis (Alfabeto, 2020).

Un punto de inflexión

Alicia Valero es investigadora de la Universidad de Zaragoza y directora del grupo de Ecología Industrial en el instituto Circe. Ha escrito más de cien publicaciones sobre el agotamiento de los recursos del planeta y trabaja también como consultora de diversas empresas, Seat entre ellas, a las que asesora sobre la disponibilidad de materias primas.  

Durante años, cuenta a El Salto, hablar sobre escasez de recursos era un tabú, pero esto ha cambiado en el último año después de que la gente y muchos sectores económicos “vivieran en primera persona el desabastecimiento”. Para la coautora del Thanatia, los límites minerales del planeta (Icaria, 2021), esta crisis de materiales y suministros es una “ventana” hacia un mundo en el que “los problemas de escasez serán el pan nuestro de cada día”. 

Muchos de los problemas coyunturales irán desapareciendo, sostiene, en especial aquellos provocados por una demanda disparada y unas fábricas y cadenas logísticas limitadas. Pero quedará la crisis de fondo: “Al igual que las fábricas tienen un límite, si extrapolamos el problema a la gran fábrica que es la naturaleza, tarde o temprano toparemos con esos límites”. Y esos límites “están muy cerca”, si se continúa con este “consumo exponencial”, dice. 

Entre los múltiples ejemplos a mano, Valero habla del cobre: en los últimos 20 años se ha extraído tanto de este material como en toda la historia de la humanidad. Y ocurre lo mismo con todos y cada uno de los elementos clave de la economía mundial: en las próximas décadas habrá problemas de suministro de cromo, germanio, estaño, cobalto, níquel, litio, cadmio, galio, indio, plata, platino, selenio, teluro, titanio, vandanio, zinc o de los 17 elementos de las tierras raras. Dicho de otro modo, las baterías de los móviles y los coches eléctricos, las pantallas táctiles y los paneles fotovoltaicos, las lámparas led y los semiconductores, es decir, prácticamente todo lo que se necesita para la revolución digital y verde depende de unos material finitos que, al ritmo actual de consumo, no se puede garantizar su suministro en la segunda mitad de siglo. Mucho menos si se cumplen las previsiones y en 25 años el mundo consume el doble que ahora. 

El gran problema, cuenta Valero, es que no hay reservas explotables suficientes y abrir un nuevo yacimiento tarda unos 16 años de media, detalla. A esto se suma una gran dependencia de los países suministradores de componentes y materias primas. Taiwán produce el 90% de los chips más avanzados. Las reservas de litio —vital para las baterías de todo tipo— están concentradas en Australia y en el triángulo del litio en Sudamérica, aunque es China quien monopoliza su refinado. También es China quien controla el 86% de la producción de tierras raras —imprescindibles para los electrodomésticos, los ordenadores, móviles o vehículos— y controla una proporción similar del magnesio, imprescindible en toda la industria que utiliza aluminio. La decisión de China de dejar de exportar algunos de estos materiales para garantizar el suministro de sus propias fábricas es clave para entender la actual crisis de desabastecimiento. 

 “Estamos cerca de alcanzar los límites geológicos del planeta. Y no digo que agotemos todos los recursos, sino que agotemos los recursos accesibles. Prácticamente, ya hemos extraído lo que es más accesible y ahora se habla de ir hacia los océanos, hacía la Amazonía, hacia la Antártida… Pero, ¿a qué coste?”, se pregunta. 

La crisis de escasez de recursos corre paralela a las otras dos grandes crisis que atraviesan el planeta: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. “Tenemos un problema de cambio climático por una sobreexplotación de recursos fósiles y si hoy hay escasez de petróleo es porque lo hemos consumido de forma exagerada y esto ha provocado a su vez los problemas que tenemos de cambio climático”, señala Valero. El consumo exponencial de recursos naturales también ha llevado a la pérdida de biodiversidad con consecuencias tan graves como las crisis de los polinizadores o la misma pandemia del coronavirus, provocada en última instancia por el avance de la actividad humana sobre los ecosistemas naturales.

La madre de todas las crisis

A pesar de que el debate sobre la escasez de recursos ha entrado en la agenda pública, Turiel reconoce que sigue habiendo “cierto malditismo” que condena a quienes señalan razones estructurales detrás de la crisis de suministro. “En la comunidad científica, entre los investigadores que trabajan con recursos esto es un tema bien conocido, bien discutido... Pero en el debate público es diferente. Cuando empiezas a hablar de que no se puede seguir incrementando el consumo de materiales y energía entras en contradicción con la idea de mantener un sistema económico basado en el crecimiento continuo”, dice Turiel. “Si aceptas que hay un problema de escasez, aceptas que el capitalismo se está acabando y hay gente que podría perder mucho dinero porque no va a haber inversores para sus negocios”, añade.

De hecho, esto es exactamente lo que lleva ocurriendo con el petróleo desde antes de la pandemia, en concreto desde 2014, cuando la industria renunció a buscar nuevos pozos petroleros. 

Ya en 1998, los geólogos Colin Campbell y Jean Laherrere, en un artículo publicado en la revista Scientific American, justificaban con datos de la industria que el petróleo convencional, aquel que es más fácil de extraer, con mayores rendimientos energéticos, se estaba agotando a toda velocidad. Al mismo tiempo, el crudo que quedaba por explotar, el petróleo no convencional, el que está bajo el mar, mezclado en arenas bituminosas o que se debe extraer mediante la contaminante inyección hidráulica o fracking, sería tan caro de extraer que tarde o temprano habría problemas de suministro. 

Y así ocurrió, explica Turiel. En 2005, se alcanzó el pico del petróleo convencional o, dicho de otra manera, en 2006 la humanidad comenzó a consumir la segunda mitad de las reservas mundiales del mejor petróleo. Entre 1998 y 2014, las petroleras multiplicaron por tres sus inversiones para buscar nuevos yacimientos, pero obtuvieron un “magro resultado”: la producción solo creció un 26% en el mismo periodo. Lo que vino después era esperable: redujeron su inversión en nuevas prospecciones en un 60%. Algunas empresas petroleras, como Repsol, han abandonado por completo la búsqueda de nuevos yacimientos. “Lo que pasa es que se cansaron de perder dinero”, dice. Los efectos de esta desinversión provocó que en 2018 se alcanzara el pico en la extracción de todos los tipos de petróleo. Al cierre de esta edición, el precio de la gasolina y del diésel estaba cerca de superar su máximo histórico, alcanzado en la crisis de 2008.

Historias y futuros parecidos se repiten con los otros combustibles fósiles. “Hemos llegado a los máximos de extracción de petróleo, de carbón, de uranio y pronto llegaremos al del gas. Teniendo en cuenta que estas cuatro materias primas no renovables aportan casi el 90% de toda la energía primaria que se consume en el mundo, esto nos deja en una situación complicada. Y no tiene remedio”, argumenta Turiel.

Para este doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid, todavía no hay sobre la mesa ninguna tecnología que pueda sustituir a los combustibles fósiles. La revolución de las renovables, al menos tal como se concibe actualmente, choca con los límites materiales del planeta y solo podría reemplazar una parte de la energía fósil que se utiliza actualmente. La prometida energía de fusión —la que alimenta las estrellas— es un “experimento a 35 años que llega tarde”. Y los intentos de resucitar la energía nuclear vuelven a chocar con la realidad: las centrales son peligrosas, caras, tardan años en construirse, cuentan con una enorme oposición ciudadana y necesitan de un combustible fósil, el uranio, cuya producción ha caído un 20% desde 2016.

Valero también identifica límites en la transición ecológica anunciada: “Lo que no podemos hacer es seguir creciendo en consumo energético y sustituir los fósiles por energías renovables. No hay suficiente cobalto, no hay suficiente litio, no hay suficiente teluro, y así sucesivamente. Pintar de verde la economía actual va a ser imposible”.

Pero no todo son malas noticias. La gran escasez es “inevitable”, pero, al menos según defienden Antonio Turiel y Alicia Valero, no está escrito cómo termina la historia. La forma en la que los Gobiernos y la ciudadanía se enfrenten a este nuevo desafío determinará si este declive lleva a un colapso del sistema o a un reajuste de los estándares de consumo que nos permita vivir dentro de los límites físicos del planeta.

¡Decaigamos!

Las guerras por los recursos, la pérdida de población o de interconexión, las hambrunas y el ascenso de soluciones autoritarias, entre un largo abanico de posibilidades que podría traer un colapso, son evitables. Lo que no es evitable, afirma Turiel, es el decrecimiento.

Todos los caminos llevan a decrecer, sostienen tanto Turiel como Valero. La diferencia “es si pilotas el proceso o no”, señala el primero. “O lo hacemos a las buenas o al final los límites físicos nos impondrán recular a las malas”, indica la segunda. 

 “Con el conocimiento científico-técnico que tenemos hoy en día podemos garantizar un nivel de vida igual al actual, e incluso superior, consumiendo muchísima menos energía y muchísimos menos materiales”, defiende este científico del CSIC. Aunque no todos los países ni todos los sectores sociales deberían decrecer al mismo ritmo, añade. Según Oxfam, el 1% de la población mundial es responsable del 16% de las emisiones globales.

Sin embargo, para Turiel, el camino está lejos de estar despejado y el problema es social y cultural: “No se concibe nada fuera del capitalismo. La gente se cree que el final del capitalismo es el final del mundo, pero no es verdad. El capitalismo solo tiene dos siglos de existencia y lo que hay que hacer es superar esta etapa”.

El autor de Petrocalipsis compara el capitalismo con la adolescencia de la humanidad. “Nosotros estamos teniendo una adolescencia difícil, un periodo en el que se crece rápidamente. Pero lo que hay que hacer es madurar y llegar a una situación de equilibrio con la naturaleza. Podemos seguir viviendo en este planeta si lo hacemos a partir de lo que se puede regenerar cada año, de una forma realmente sostenible”. Los tres grandes desafíos de la humanidad y del planeta pasan por el mismo cuello de botella, el decrecimiento. “El decrecimiento es inevitable, pero estamos a tiempo, podemos reaccionar, tenemos conocimientos para adaptarnos a él”. Tal como recuerda Turiel, el colapso de las civilizaciones “siempre es un daño autoinfligido”. ¿Seremos capaces de superar la adolescencia de la humanidad?

Por Martín Cúneo

@MartinCuneo78

19 dic 2021

Publicado enEconomía
El presidente Vladimir V. Putin de Rusia y Xi Jinping, el presidente de China, en 2019 en Brasil. Crédito: Ueslei Marcelino/Reuters. Fuente: New York Times

Estuvieron sobre la mesa el comercio bilateral y los problemas estratégicos con el imperialismo norteamericano y europeo. Una alianza que se consolida y desafía a Occidente.

 

La cumbre virtual entre el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, fue una primer respuesta frente a la iniciativa del presidente norteamericano Joe Biden que convocó hace pocos días a una Cumbre por la Democracia. Fue una maniobra geopolítica ofensiva para agrupar a distintos países – muchos de ellos con regímenes lejanos a una democracia liberal según los criterios occidentales representados por Europa y EE. UU. –. Biden intenta evitar el declive de la hegemonía de Estados Unidos, una tendencia marcada desde hace varios años profundizada luego de su retirada de Afganistán, buscando establecer un división tajante entre “buenos” y “malos”, “autoritarios” y “democráticos”, utilizando formas y discursos políticos que recuerdan a la Guerra Fría. Pero que en el fondo imprime una situación internacional de rivalidad estratégica con Rusia y, centralmente, China, que por obvias razones no fueron invitados a esa fiesta.

Por esto, en este escenario de enfrentamientos cada vez más complejos debido a la interdependencia productiva, cada paso de EE. UU. por evitar el desarrollo de la relaciones entre Rusia y China, o su consolidación como polo de poder, logra su efecto contrario. Por eso es que Vladímir Putin, y Xi Jinping, se apoyaron este miércoles mutuamente en los asuntos que les enfrentan con Occidente [1]. , sobre todo Estados Unidos, durante una cumbre virtual que se prolongó una hora y media. La videoconferencia fue catalogada como "una conversación entre dos colegas, dos amigos", por el asesor del Kremlin, Yuri Ushakov, en una rueda de prensa telefónica. Según el Kremlin, el mandatario chino afirmó que aunque Pekín y Moscú no forman una alianza formal, el nivel de sus relaciones es superior al de unos aliados.

¿Pero qué hablaron lo líderes de Rusia y China? Estuvieron sobre la mesa el comercio bilateral y los problemas estratégicos y diplomáticos con Occidente.

Comercio bilateral

En primer lugar se felicitaron por el "excelente nivel" de las relacione es bilaterales y destacaron un notable aumento del comercio entre ellos. Ambos se comprometieron a seguir trabajando para duplicar el intercambio bilateral hasta los 200.000 millones de dólares. Xi señaló a su vez que las relaciones entre China y Rusia han superado pruebas y han "mostrado vitalidad". "Los dos países se respaldan mutuamente en temas de interés clave, tienen intereses compartidos y actúan como piedras angulares del verdadero multilateralismo” dijo el mandatario chino.

Las relaciones comerciales entre ambos países se vienen sellando a partir de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Nueva Ruta de la Seda),impulsada por China desde 2013. Un proyecto geoestratégico que busca dar solución a distintas problemáticas internas de China pero que al mismo tiempo, si se desarrolla, puede ser un trampolín a construir una institucionalidad internacional que dispute la hegemonía mundial.

Para ello es que China necesita en gran medida los hidrocarburos rusos, así como su espacio territorial por donde pasa un enorme red de gasoductos y oleoductos y vías ferroviarias con destino a Europa. Un espacio que, en términos de David Harvey, puede ser utilizado para resolver la actual crisis capitalista a partir de soluciones espaciales infraestucturales que permitan, a partir de inversiones en infraestructura la creación de nuevos espacios de acumulación capitalista [2]. Por eso, uno de los temas que abordaron los líderes fue el gasoducto Fuerza de Siberia 2, para aumentar las exportaciones de gas ruso a China.

Enfrentamientos geopolíticos

En este contexto, Putin recibió durante la cumbre, el respaldo de su homólogo chino, Xi Jinping, a la exigencia rusa de garantías de seguridad que impidan el acercamiento de la infraestructura militar de la OTAN a las fronteras. Este avance es impulsado por Estados Unidos sobre un territorio clave de la influencia rusa en Europa oriental desde un punto de vista cultural (la capital Kiev es la madre de la cultura rusa), pero también geopolítico y económico: Ucrania.

Zbigniew Brzezinski, uno de los principales cuadros intelectuales estadounidenses en geoestrategia y neorrealista, plantea en su libro El Gran Tablero Mundial (1998) la importancia estratégica que tiene Ucrania para Estados Unidos en su enfrentamiento con Rusia. Para el estratega si Ucrania estuviese dominada por Occidente, se podría domar al gigante ruso, mientras que si Rusia controla Ucrania tiene chances de volver a convertirse en gran potencia mundial. Como explica Gabriel Merino [3] en este sentido, Ucrania es, el principal país para construir el proyecto de la Gran Nación rusa. Por esta razón es que desde 2014 cuando estalla la guerra civil en Ucrania entre pro-rusos y pro-occidentales, Estados Unidos ha apoyado de forma incondicional al segundo sector en sus demandas por entrar a la OTAN y a la Unión Europea, entre otras. Algo que tanto Francia como Alemania rechazan para desescalar el conflicto con Rusia, ya que tienen una gran dependencia de los hidrocarburos rusos (sobre todo Alemania vía el gasoducto Nordstream I y el II en construcción), además de una problema migratorio de refugiados en las fronteras entre Polonia y Lituania con Bielorrusia.

Además, el principal escenario que busca evitar Estados Unido es el posible acercamiento entre la UE (que busca conseguir mayor autonomía de EE. UU.) y Rusia (cuyo objetivo se circunscribe a los lineamientos eurasianistas de Putin así como la búsqueda de un mundo multipolar). De esta manera, la guerra en ese país y la escalada militar (Putin movilizó 175,000 soldados a la frontera con Ucrania) son una cuña para los distintos proyectos, incluso bloqueando la puerta de entrada a Europa a la Nueva Ruta de la Seda.

De todas maneras el respaldo de Xi a Putin en la cuestión ucraniana no significa que se vaya a traducir en un apoyo directo en acciones bélicas. Sino que se trata de una demostración de fuerzas simbólica (por el momento) ante las provocaciones de Estados Unidos.

En el otro extrema del mapa, China enfrenta una situación de aumento de patrullajes militares en el Mar Meridional de China y en el estrecho de Taiwán. Si bien Rusia nunca apoyó públicamente los reclamos chinos sobre ese espacio, en el caso de Taiwán, plantea que la posición de China es legítima. Por su lado China nunca reconoció la anexión de Crimea por parte de Rusia. Si bien han realizado ejercicios militares tanto en el Pacífico como en el Mar Negro y el océano Índico, muestran algunos límites en la alianza, donde ambos buscan flexibilidad estratégica.

Tensiones diplomáticas

Por otro lado, Putin rechazó el boicot occidental a los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022, además prometió ser el primer presidente en asistir a la inauguración del torneo que se celebrará en entre el 4 y el 20 de febrero del próximo año.

"Confío que en febrero del próximo año por fin podremos reunirnos en persona en Pekín. Como hemos acordado, celebraremos negociaciones. Y después participaremos en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpico de Invierno", dijo el jefe del Kremlin a su colega chino.

En este sentido, agregó que Rusia y China se apoyan mutuamente en los asuntos de cooperación deportiva, incluido el "rechazo a cualquier intento de politizar el deporte y el movimiento olímpico".

"No tengo ninguna duda de que los próximos Juegos Olímpicos de Invierno se celebrarán al más alto nivel. En China saben hacerlo", señaló el mandatario ruso.

Entre otros temas…

Aunque se muestren amigables, la historia de ambos países está atravesada por la rivalidad a lo largo de los más de 4250 kilómetros de frontera. Pero la situación de enfrentamiento con Estados Unidos los ha empujado a establecer intentos de nuevas instituciones para equilibrar el poder a nivel global. Entre estas se encuentra el fortalecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái (una especie de OTAN asiática) o la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un acuerdo de libre comercio entre los países del sudeste asiático, que integra a China con Japón y Corea del Sur, los principales aliados de Estados Unidos en la región.

Por eso en la cumbre los dos líderes discutieron la formación de una "infraestructura financiera independiente", según Yuri V. Ushakov, para reducir su dependencia de los bancos occidentales y su vulnerabilidad a las medidas punitivas de Occidente que han aplicado sanciones económicas a ambos países (a Rusia por Ucrania y Siria; a China por Hong Kong y la persecución a los uigures). También propusieron una posible cumbre con India, la otra potencia asiática, lo que muestra un nivel de ambiciones geopolíticas más amplias (Putin viajó a Nueva Delhi para reunirse con el primer ministro Narendra Modi la semana pasada).

"Se ha formado un nuevo modelo de cooperación entre nuestros países, uno basado en fundamentos como la no interferencia en los asuntos internos y el respeto por los intereses de los demás", dijo Putin a Xi.

a puja por quién establece las reglas del juego en la arena mundial está enmarcada en un escenario de multipolaridad relativa que está dando a lugar a lo que Estaban Actis y Nicolás Creus en La disputa por el poder global llaman bipolaridad emergente. En este sentido la alianza sinorusa busca establecer una nueva institucionalidad capitalista que compita a nivel global con el imperialismo norteamericano y la Unión Europea, hoy en declive. Este enfrentamiento aún está en pleno desarrollo.

Por Santiago Montag@SalvadorSoler10

Jueves 16 de diciembre

[1] Concepto entendido desde el punto de vista geopolítico que circunscribe a los países anglosajones y de Europa occidental

[2] Ver Harvey, D. (2004), El Nuevo Imperialismo; Arrighi, G. (2007), Adam Smith en Pekín; Merino, Gabriel E. y Trivi, Nicolás (2019), "La Nueva Ruta de la Seda y la disputa por el poder mundial"

[3] Ver en Merino, G. E. (2016) “Tensiones mundiales, multipolaridad relativa y bloques de poder en una nueva fase de la crisis del orden mundial. Perspectivas de América Latina”

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Necropolítica: dejar morir a la gente y la naturaleza para mantener viva la economía

La situación social, económica, política y medioambiental de América Latina es «dramática». Así se refiere a la situación actual Eduardo Gudynas, que durante más de tres décadas ha seguido los problemas del desarrollo, el medio ambiente y los movimientos sociales en la región. «Hay más de 22 millones de pobres, lo que eleva la pobreza total en América Latina a 210 millones de personas. Se han perdido al menos 43 millones de empleos, ha aumentado la informalidad, ha vuelto la inseguridad alimentaria en varios países, más de 160 millones de estudiantes han sufrido interrupciones en sus clases y la atención sanitaria, en lugar de mejorar, ha empeorado. Estos y otros problemas están interconectados», afirma.

Eduardo Gudynas es investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social – CLAES. Fue el primer latinoamericano en recibir la Cátedra Arne Naess de Justicia Global y Medio Ambiente de la Universidad de Oslo (Noruega). Recientemente se ha incorporado a la Comisión para la Transformación de la Economía del Club de Roma. Sus últimos libros son sobre el extractivismo y los derechos de la naturaleza, publicados en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En inglés, su obra más reciente es «Extractivisms» (Fernwoord, 2021).

– ¿Cuáles son los principales aspectos de las crisis vividas en los países latinoamericanos?

Es necesario entender que estamos inmersos en múltiples crisis. La insistencia en que sólo sufrimos de Covid-19 se utiliza para minimizar otras crisis igualmente graves. Los problemas de la sanidad pública han agravado las dificultades que ya estaban presentes desde años anteriores. Hay dificultades económicas, desempleo y aumento de la pobreza. Ninguno de estos problemas comenzó con la pandemia. Esto explica a su vez que estas crisis afectan a todas las dimensiones sociales, económicas, políticas y medioambientales, y que sus componentes están interconectados. No se pueden tratar por separado.

La situación es dramática: más de 22 millones de personas viven en la pobreza, lo que eleva la pobreza total en América Latina a 210 millones de personas. Se han perdido al menos 43 millones de empleos, ha aumentado la informalidad, ha vuelto la inseguridad alimentaria en varios países, más de 160 millones de estudiantes han sufrido interrupciones en sus clases y la atención sanitaria, en lugar de mejorar, ha empeorado. Estos y otros problemas están interconectados.

– ¿Cuáles son las principales expresiones de este conjunto de crisis?

Hay algunos análisis que consideran la situación actual como una etapa o expresión de la «crisis del capitalismo». Estos planteamientos son a veces muy simplistas porque no entienden que el capitalismo, en cualquiera de sus versiones, implica «crisis». Por tanto, el hecho de que existan estas crisis no significa que el capitalismo esté amenazado, ni que vaya a colapsar mañana. Por el contrario, el capitalismo se reproduce aprovechando las crisis y, en algunos aspectos, esto sirve para reforzar sus versiones más primitivas. Lo que está en marcha en América Latina y en otras regiones son brutales transferencias de excedentes que se captan como dinero, mientras que al mismo tiempo se derivan otras como externalidades de todo tipo, sanitarias, sociales, económicas y culturales.

– Usted propuso la idea de la necropolítica para abordar esta situación. ¿Por qué esta idea nos ayuda a entender estas situaciones?

La pandemia aceleró un cambio más profundo en las formas de entender la política. Los grupos políticos y los Estados aprovecharon la pandemia para reforzar los mecanismos de vigilancia, control y disciplina. Utilizaron la crisis sanitaria para justificar estos altos niveles de pobreza y desempleo. A su vez, argumentando que necesitan salir de la pandemia de la crisis económica, aplican medidas de protección a las empresas e inversores que hasta hace poco eran injustificables.

La necropolítica surge bajo esta condición. Se trata de dejar morir a las personas y a la naturaleza para mantener viva la economía. Todos estamos más controlados y vigilados, la pobreza ha aumentado, cientos de miles de personas han muerto por Covid y el medio ambiente se ha destruido aún más. Pero de alguna manera esto ha sido aceptado por los políticos y gran parte de la sociedad.

Es en este cambio donde el concepto de necropolítica pone su énfasis. Se está produciendo un cambio en la esencia de la forma de entender la política, lo que hace que se acepten y naturalicen todas estas crisis. Hay miedo entre varios sectores de la ciudadanía, una creciente resignación entre otros, y hay quienes exigen aún más control, más facilidades para las corporaciones, más destrucción ecológica.

La idea de la necropolítica también indica que lo que consideran aceptable o inaceptable en las políticas públicas está cambiando, en sus demandas a los gobiernos y en relación con lo que creen que sería vergonzoso tolerar. En el pasado también hubo crisis económicas, pobreza y violencia, pero al mismo tiempo hubo grupos de partidos políticos que consideraron esto inaceptable y buscaron alternativas, y todo esto fue alimentado por fuertes movilizaciones ciudadanas. El debate político estuvo presente en las diferentes formas de defender la vida, de intentar superar estas crisis.

Por el contrario, en la necropolítica hay un fatalismo en dejar morir a las personas y a la Naturaleza, aunque estén obsesionados por mantener vivas las economías. Parece que no nos damos cuenta de que al menos 1,5 millones de latinoamericanos han muerto a causa de la pandemia. Es una cifra asombrosa. Es una ola de muertes que en otros tiempos habría hecho caer a gobiernos y presidentes, pero que no ocurrió, echando la culpa, una y otra vez, al Covid-19. El virus se ha convertido en una excusa para reforzar la necropolítica.

– Algunos componentes de esta necropolítica, como la pobreza y la violencia, están presentes en América Latina desde hace mucho tiempo.

Correcto. La violencia es un problema muy grave, no sólo hoy, sino que se arrastra desde la época colonial. Muchas de sus expresiones conocidas se han reforzado con la pandemia. Por ejemplo, la violencia del Estado al imponer medidas de cuarentena y confinamiento apelando a la policía y al ejército. La escala de todo esto era inmensa. Por ejemplo, estimamos que al menos 300 millones de latinoamericanos experimentaron alguna forma de confinamiento. También se han fortalecido los grupos ilegales, como los que se dedican a la extracción de oro o a los cultivos para las redes de narcotráfico, que controlan los territorios mediante la violencia.

La condición necropolítica se apoya en esta difusión de la violencia. Sin embargo, la necropolítica no se refiere a la violencia en actos concretos, como en el caso de los grupos armados en Colombia o las maras centroamericanas. No es una política que ordene la ejecución de personas. Sin embargo, es una política que permite que mueran, ya sea por Covid-19, o por estos grupos armados o por la criminalidad tradicional, y se resigna a ello. Es la inacción. Es una aceptación resignada. Como si asumiera que se han agotado todas las alternativas para resolver el drama de la violencia.

La vieja política presentaba discursos y medidas para intentar solucionarlo, independientemente de que pudiéramos estar o no de acuerdo con esas propuestas. Estas cuestiones fueron objeto de debate político y amplios sectores de la ciudadanía exigieron soluciones, porque no podían tolerar y estaban indignados por los asesinatos. Sin embargo, tras la pandemia, se produce una transformación en la moral pública: esto ya no genera tanta indignación, ya no produce vergüenza ni angustia, y se acepta cada vez más. Este es el triunfo de la necropolítica.

Así, la necropolítica es el resultado de una ruptura en el campo de la moral. Esto se debe a que la opresión opera ahora en este nivel más profundo y es capaz de anular otras opciones morales. Antes, las condiciones morales consideraban inaceptable que la gente muriera, las muertes generaban angustia e indignación. Durante años, todo esto se ha ido erosionando, pero con la pandemia el proceso se ha acelerado y empeorado. La opresión ha dado un paso más, actuando ahora en este campo antes que las ideologías políticas, para modificar los mandatos morales que alimentan todas las principales corrientes políticas.

– ¿Qué valoración hace de las negociaciones de la convención sobre el cambio climático que acaban de terminar en Glasgow?

Muchos líderes ofrecieron discursos y promesas radicales para hacer frente al cambio climático. Por ejemplo, Iván Duque, de Colombia, prometió la neutralidad en las emisiones netas de carbono para 2050, y el gobierno de Jair Bolsonaro firmó un acuerdo para detener la deforestación. Pero sus prácticas concretas, dentro de cada país, están lejos de cumplir estas promesas; al contrario, empeoran las emisiones de gases de efecto invernadero. Así es como Duque promueve la exploración de petróleo y gas mediante el fracking y defiende la minería del carbón, y en Brasil se acaba de confirmar un aumento del 22% de la deforestación en la Amazonia, alcanzando el nivel más alto en 15 años.

Brasil, junto con países como Argentina y Uruguay, ha firmado incluso un compromiso para reducir las emisiones de metano, que es un potente gas de efecto invernadero que se origina, por ejemplo, en la agricultura y la ganadería. Si realmente actuaran así, golpearían a la poderosa agroindustria de esos países. Pero firmaron ese acuerdo en Glasgow porque no impone medidas para garantizar su cumplimiento. Son sólo declaraciones de intenciones que sirven para la publicidad y para calmar las demandas de los ciudadanos, pero no garantizan una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Todos los gobiernos son responsables. Es cierto que algunos son más responsables que otros, pero en este momento, todos tienen algunas responsabilidades. Por otro lado, los países industrializados evitan asumirlas en todos sus aspectos, especialmente en la ayuda financiera. Pero al mismo tiempo, muchas naciones del Sur aprovechan su baja proporción de emisiones de gases de efecto invernadero para seguir contaminando y continuar exportando combustibles fósiles, como es el caso de Colombia, Bolivia y Venezuela. O utilizan la excusa de la necesidad de desarrollarse para ser aún más contaminantes, como India y México.

Así llegamos al documento final firmado por todos los gobiernos, el Pacto de Glasgow, en el que reconocen que el objetivo debe ser reducir las emisiones de CO2 en un 45% para 2030, y a cero para 2050. Pero en el mismo pacto, unos párrafos después, confiesan que las acciones de los gobiernos no conducen a estas reducciones, sino que actúan en sentido contrario, aumentando los gases de efecto invernadero en un 13,7% para 2030.

Esto hace que el documento firmado en Glasgow sea llamativo porque es una confesión escrita de su fracaso. Y no pasa nada. No hay ningún cataclismo político, ningún ministro de medio ambiente ha dimitido. Gran parte de la prensa internacional ni siquiera entiende el contenido de este pacto, y hay organizaciones que incluso lo han apoyado. Esto es necropolítica. El Pacto de Glasgow muestra claramente que la naturaleza y las personas pueden morir.

– ¿La situación política de los distintos países permite afrontar esta crisis? Por ejemplo, los cambios de gobierno en Ecuador y Perú, o las recientes elecciones legislativas en Argentina y presidenciales en Chile, ¿ofrecen oportunidades o son retrocesos?

Por un lado, hay muchos cambios en marcha, pero por otro lado hay que tener cuidado en el análisis para no caer en simplificaciones. En Ecuador, el banquero Guillermo Lasso ganó la presidencia, aplicando un programa muy conservador. Sin embargo, sigue activo el progresismo, que tiene similitudes con la agenda política del «lulismo» en Brasil y que en Ecuador se inspira en Rafael Correa. Pero al mismo tiempo, hay una renovación de la izquierda que busca dejar atrás las limitaciones progresistas y explora una plataforma comunitaria, territorial, ambientalista, feminista e indígena, liderada por Yaku Pérez. –

Se dice que Perú ha girado hacia lo que algunos llaman progresismo o izquierda, tras la victoria del profesor Pedro Castillo. Pero, de hecho, el progresismo retrocedió mucho, ya que el partido Nuevo Perú, liderado por Verónika Mendoza, perdió buena parte de sus votantes. La renovación del ala izquierda del Frente Amplio, con Marco Arana, se redujo aún más. Perú Libre, el partido que llevó a Castillo como candidato presidencial, defiende un programa dogmático del siglo pasado, ideológicamente anterior al progresismo, e incluso se ha distanciado del gobierno.

Por lo tanto, se puede ver que los sectores conservadores mantienen una presencia y un poder en estos países. Esto alimenta la necropolítica y, a medida que se extiende, refuerza aún más el conservadurismo.

Algo similar ocurrió con la renovación legislativa argentina, donde el progresismo que corresponde al actual presidente Alberto Fernández y a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner ha retrocedido. Los partidos clásicos de izquierda han aumentado su presencia, pero los sectores conservadores vinculados a la anterior presidencia de Mauricio Macri han aumentado aún más. No sólo eso, también ha surgido una extrema derecha, similar a la bolsonarista, que ha ganado votos para entrar en el congreso.

El miedo ante la extrema derecha es aún más evidente en las elecciones de Chile. El candidato de extrema derecha, José Antonio Kast, obtuvo la mayoría en la primera vuelta para presidente. Pero lo más alarmante es que la derecha controlará la mitad del Senado y, en la práctica, también la Cámara de Diputados.

Este resultado sorprendió a muchos, porque desde el estallido social de finales de 2019, todo indicaba un giro a la izquierda. Además, en la elección de los miembros de la Convención Constituyente, el progresismo obtuvo una buena votación, pero aún más esperanzadora fue la elección de muchos miembros que representaban una renovación de la izquierda más allá del progresismo. Entre ellos se encontraban reconocidos activistas territoriales, indígenas, ecologistas y feministas. El segundo puesto en la carrera presidencial fue para el candidato de centro-izquierda, Gabriel Boric, procedente del progresismo. Se genera una situación muy tensa, ya que nadie quiere un presidente de extrema derecha, pero al mismo tiempo Boric representa un progresismo que la renovación de la izquierda desea dejar atrás.

En resumen, se puede decir que estamos viendo diferentes tensiones entre al menos tres perspectivas. Hay corrientes de derecha, que pueden ser más moderadas, como en Uruguay, o extremistas, como Bolsonaro y Kast. Ahí se alimenta la necropolítica. Los progresistas gobiernan en Argentina y Bolivia, pero su actuación es aún más criticada, sin avanzar en una renovación de ideas, como ocurriría también en Perú y Chile.

En la dimensión política, siguen atascados con el caudillismo, en la dimensión económica, con el extractivismo, y todavía hay obstáculos, según el caso, con demandas como las feministas, indigenistas y ambientales.

Por lo tanto, no son antídotos eficaces contra la necropolítica.

Por último, se mantienen los intentos de renovar una izquierda plural decolonial y, por tanto, intercultural, ecologista y, de esta manera, postextractivista, feminista y democrática. Son alternativas que trascienden el progresismo, que se enfrentan a la necropolítica, y su avance más reciente se ha producido en Ecuador y Chile, pero ha retrocedido en Perú y es marginal en países como Brasil y Argentina.

– En la última entrevista que nos concedió, dijo que las «alternativas» para América Latina «van más allá del desarrollo capitalista, y para ello contamos con la inspiración del Buen Vivir». En la práctica, ¿qué significa eso en tiempos de necropolítica?

En concreto, el punto en común de estas renovaciones de la izquierda es que tienen componentes que se corresponden con el Buen Vivir. Son de izquierdas porque defienden, por ejemplo, la justicia social y rechazan las aventuras de la derecha y la extrema derecha. Pero también reconocen las limitaciones de progresismos como los de Lula da Silva, con su «nuevo desarrollo». De este modo, el Buen Vivir y otras propuestas similares son alternativas al desarrollo en todas sus variedades. Aparecen de vez en cuando, y el ejemplo más llamativo se da en la Convención Constituyente de Chile. Allí, la comisión de medio ambiente se llama incluso «derechos de la naturaleza y modelo económico». Esto deja claro que apuntan a los derechos de la Naturaleza, que es un componente crucial del Buen Vivir y que, a su vez, corresponde a un cambio en la forma de entender el valor y, por tanto, la asociación con los modelos económicos.

Por lo tanto, no se trata de una discusión filosófica, sino de una izquierda que quiere repensar todas las estrategias económicas desde otros puntos de partida. Los componentes pueden ser muy concretos, como nuevos procedimientos de evaluación de costes y beneficios, herramientas para hacer valoraciones explícitas que no sean utilitarias, otra organización del gasto estatal e incluso propuestas alternativas de integración entre países.

Estos son los antídotos contra la necropolítica. Necesitamos una reconstrucción de la política que proteja la vida, que considere inaceptable que las personas mueran y también la Naturaleza. Este es precisamente el mandato de la Buena Vida. Y, por así decirlo, una política de la vida que parte de la valoración de la vida, no sólo por su utilidad, sino también por su belleza, sus historias e incluso por sus propiedades intrínsecas. Este aprecio alimenta el compromiso moral de defenderla. La política de la vida en la Buena Vida está en la forma en que la practicamos.

Entrevista por Patricia Fachin y Wagner Fernandez de Azevedo, traducida por CEPAT, al portugués, publicada en Revista IHU (Unisinos), 1 diciembre 2021 –  aquí…

Traducción del original en portugués al español por  Correspondencia de Prensa, y publicado en su sitio el 2 diciembre 2021,  aquí…

13 diciembre 2021

Publicado originalmente en Acción y Reacción

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 13 Diciembre 2021 05:38

El mundo visto desde Moscú

Fuentes: Le Monde Diplomatique

Comprender el pensamiento estratégico ruso

 De ambos lados del Atlántico cuestionan a Rusia con el argumento de que socava el derecho internacional. Pero Moscú, favorable a un mundo multipolar, replica que Washington debe compartir el poder y respetar el principio de soberanía de los Estados. Y con la guía de Vladimir Putin, recupera posiciones de liderazgo.

¿Qué quiere Rusia? Si les creemos a numerosos analistas occidentales, Rusia se aferra a un orden internacional ya acabado: el sistema de Yalta de los años de la Guerra Fría, durante los cuales el Kremlin disponía de una esfera de influencia en Europa del Este. La anexión de Crimea en 2014 demostraría que no piensa permitir que Ucrania se le escape. El informe sobre la estrategia de seguridad nacional (National Security Strategy) de Estados Unidos, publicado el 18 de diciembre de 2017, calificaba a Rusia de “potencia revisionista”, insinuando su voluntad de destruir el sistema nacional existente (1). Se trataría de un régimen autoritario que pretende desviar la atención de sus problemas internos gracias a una temeridad exterior. Peor aun: de aquí en más, Moscú pretendería exportar su modelo político, creando una alianza de autocracias con China.

Los desafíos que Moscú lanza a Occidente refuerzan la cohesión política del país. No obstante, sería un error explicar su comportamiento en función de esa única consideración. ¿Qué quiere el Kremlin realmente, y qué papel juega el acercamiento con China en la persecución de sus objetivos?

La exigencia fundamental del poder ruso es convertirse en cogestor de los asuntos internacionales y ser reconocido como tal. Ambición amargamente frustrada. Al final de la Guerra Fría, la Unión Soviética, y luego Rusia, intentó transformar lo que se complacía en llamar el “Oeste histórico” en un “Gran Oeste” que incorporara a Rusia (2). Moscú esperaba que esa configuración liberase a Europa Occidental del marco institucional e ideológico atlantista de la Guerra Fría; que permitiese desarrollar una cultura del diálogo político y de la interacción mutuamente provechosa. Pero Occidente solo concedió una extensión del sistema establecido. Liberado de la amenaza ideológica y militar de la Unión Soviética, el orden liberal tomó la forma de una doctrina Monroe (3) universal bajo el liderazgo de Estados Unidos: la esfera de influencia estadounidense se ampliaba al mundo entero, sin dejar lugar a subconjuntos independientes del centro hegemónico.

Rusia termina oponiéndose a ese universalismo, que consideraba utilizado para otros fines. Como ministro de Relaciones Exteriores (1996-1998), luego como Primer Ministro (1998-1999), Evgueni Primakov fue el primer dirigente que dio a su país el estatuto de potencia resistente. Cuando se hizo evidente que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) continuaría incorporando nuevos miembros y preparando su intervención en Kosovo sin tomar en cuenta los intereses de Rusia, Primakov volvió a poner en circulación el concepto de multipolaridad. Durante una visita a India, en diciembre de 1998, formuló la idea de hacer contrapeso al unilateralismo estadounidense. Sobre esa base, sugirió una alianza entre potencias no atlánticas, un “triángulo estratégico” Rusia-India-China, que más adelante se convertiría en el núcleo de la asociación de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Su política estaba inspirada en la doctrina de la “coexistencia pacífica” de Nikita Kruschev, el ex secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, según la cual ciertos sistemas sociales y políticos pueden ser antagonistas sin entrar necesariamente en conflicto (4).

Cuando llega al poder, en el año 2000, Vladimir Putin se esfuerza por combinar el atlantismo del primer período poscomunista con la estrategia de Primakov. En 2001 se crea la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), compuesta en ese momento por China, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán –India y Pakistán se incorporarían en 2017–. Su nacimiento marca un paso suplementario en la creación de un sistema de alianzas no occidental. Paralelamente, Putin procura estrechar vínculos con la Unión Europea. Se analiza incluso la adhesión de Rusia a la OTAN. Pero con el paso de los años, con las intervenciones de Estados Unidos en Irak, la decisión de George W. Bush en 2002 de derogar el tratado ABM (Anti-Ballistic Missile) de 1972 –que limitaba el despliegue de esas armas–, así como las “revoluciones de color” apoyadas por fundaciones cercanas al Departamento de Estado, Putin pierde sus ilusiones. Condena sin ambages a Estados Unidos en la Conferencia de Seguridad de Munich, en febrero de 2007. Advierte contra los peligros de un “mundo unipolar […] en el que hay un solo amo, un soberano”, y termina haciendo notar que Rusia, “con sus mil años de historia”, no necesita que nadie le enseñe cómo debe comportarse en los asuntos internacionales.

En esa época, el Kremlin todavía veía posible trabajar con las potencias atlánticas sobre asuntos de interés común concretos, en particular en la lucha contra el terrorismo. Todo eso se desploma por la intervención de la OTAN en Libia en 2011. Y en 2014, la vigorosa reacción contra lo que en Moscú se percibe como una tentativa no negociada de la Unión Europea de integrar a Ucrania a la esfera de influencia atlántica provoca la más grave crisis de la pos Guerra Fría.

Hacia una “gran Eurasia”

Sinónimo de rechazo a la hegemonía de Estados Unidos, omnipresente en el discurso de los dirigentes rusos, la multipolaridad sigue siendo un concepto vago. ¿Es un objetivo a alcanzar, como componente de una estrategia activa –dar más peso a potencias de segundo rango, como Rusia–, o se trata de una realidad tangible, resultante de un reequilibrio en la escena mundial? El 19 de septiembre de 2013, durante una sesión del Club Valdai (un think tank que reúne a decisores y expertos rusos y occidentales, creado en 2004), Putin condenó “las tentativas orientadas de uno u otro modo a restaurar el modelo estándar del mundo unipolar”, sugiriendo que este último pertenecía objetivamente al pasado. “Un mundo así –añadió– no necesita Estados soberanos, sino vasallos. Históricamente, equivale a rechazar la propia identidad y la diversidad del mundo que Dios nos ha dado.” En otra reunión, el 27 de octubre de 2016, expresó su esperanza de que “el mundo [se vuelva] más multipolar”, viendo en ello la condición necesaria para que un día “unas reglas comunes universalmente aceptadas […] garanticen la soberanía y los intereses de los pueblos”, principalmente a través de Naciones Unidas.

Cuando se trata de describir la ambición de Rusia, el término “neorrevisionismo” parece más apropiado (5). También aplicable a China, refleja un descontento hacia el modo en que actualmente se conducen los asuntos internacionales. Para esos países, no se trata tanto de delinear sus propias esferas de influencia, sino de reafirmar el principio –típicamente formulado en términos de soberanía– según el cual los Estados deben forjar las relaciones con sus respectivos vecinos (lo cual no siempre asume la forma tradicional de pertenencia a un bloque).

¿Simple retorno al modelo de Westfalia del siglo XVII, en el que los Estados interactúan como si fueran bolas de billar, haciendo alianza con unos para contrarrestar a los otros? Moscú y Pekín conciben la multipolaridad con mayor sutileza. Si bien la soberanía sigue siendo a su entender el valor central, proponen moderarla con un compromiso a favor de las instituciones multilaterales, sea creando nuevas a nivel regional, sea defendiendo aquellas de vocación universal emanadas de los Acuerdos de Bretton Woods de 1944. La cuestión es liberar a las segundas de su subordinación al sistema atlántico dirigido por Estados Unidos, creando un sistema internacional pluralista.

Rusia y China son el corazón de un alineamiento antihegemónico naciente (6). Mientras Rusia enfrenta las sanciones económicas y China enfrenta la presión militar estadounidense en el Pacífico, los dirigentes de ambos países se reunieron cinco veces en 2017 y cuatro en 2018. En distintos grados, todos los dirigentes rusos buscaron una integración económica eurasiática, pero Putin la inscribió en una lógica geopolítica más profunda. Con la Unión Económica Eurasiática (UEE), oficialmente creada el 1º de enero de 2015, expresó claramente su voluntad de construir sus propias redes de integración regional. Lo cual se confirmó en mayo de 2015, cuando firmó con el presidente chino Xi Jinping un acuerdo de armonización (sopryazhenie) entre la UEE y la iniciativa de las “nuevas Rutas de la Seda” (Belt and Road Initiative, BRI). Rusia también anuncia el proyecto de “gran Eurasia”, en reemplazo del proyecto muerto al nacer de “gran Europa” (de Lisboa a Vladivostok), soñado por el último líder soviético, Mijail Gorbachov. Este englobaría a la mayor parte de la región dentro de un conjunto de geometría variable de circuitos interconectados que incluyen entidades ya existentes, como la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Ese dispositivo representa lo que podemos llamar la estrategia de la “tierra del medio” (heartland), concepto clásico de geopolítica –teorizado por Halford John Mackinder (1861-1947) y reformulado por el politólogo estadounidense Zbigniew Brzezinski–, que convierte a Eurasia en el pivote geográfico del mundo, y por lo tanto, en el objeto de una lucha entre grandes potencias. El 9 de julio de 2015, en la apertura de un encuentro conjunto entre los BRICS y la OCS, en presencia de otros dirigentes de la UEE en Ufá, Rusia, Putin declaró: “Para nosotros, este bloque continental eurasiático no es un tablero de ajedrez, no es un campo de juego geopolítico; es nuestro hogar. Todos queremos que sea pacífico, próspero y que no esté a merced del extremismo o de intentos de protección de los intereses de unos a expensas de los de los otros” (7).

Objetivo fundamental: velar por que Eurasia no se transforme en una extensa zona de fractura en el enfrentamiento entre un sistema atlántico ampliado y las potencias ascendentes de Asia, en particular China. En 2018, Pekín aumentó por vigésimo cuarto año consecutivo su gasto militar, que así y todo no representa más que el 40% del de Washington (649.000 millones de dólares). El presupuesto militar de Rusia empezó a bajar en 2016, pero sigue siendo el sexto del mundo (8). Eurasia se encuentra entrampada entre un Occidente todavía muy poderoso y un frente oriental en pleno ascenso. Entre ambos, Rusia ocupa una posición ideal pero peligrosa.

Sigue habiendo diferencias relevantes entre las posiciones de Moscú y Pekín. Rusia reconoce la primacía de Estados Unidos en los ámbitos militar y económico. En el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, el 17 de junio de 2016, Putin declaró: “Estados Unidos es una gran potencia, tal vez hoy la única superpotencia. Nosotros aceptamos esa realidad”. A la inversa, China, más confiada en su poderío económico, empieza a formular un proyecto político global. Pekín anticipa una serie de ideas tales como la “comunidad de destino”, basada en relaciones “ganador-ganador”. Los escépticos ironizan, pero el hecho de que estos conceptos se apoyen concretamente en las grandiosas inversiones de las nuevas “Rutas de la Seda” y la creación de un banco multilateral invita a pestarles cierta atención.

El acuerdo chino-ruso no se extiende necesariamente a la cuestión fundamental de la identidad cultural. Aunque Rusia se ha ido alejando cada vez más del sistema atlántico, especialmente tras los setenta y ocho días de bombardeos de la OTAN contra Serbia en 1999, jamás renunció a su identidad occidental. Putin lo decía implícitamente incluso cuando castigaba la decadencia de Occidente en la reunión del Club de Valdai en septiembre de 2013: “Vemos cómo muchos países euroatlánticos niegan realmente sus raíces, incluidos los valores cristianos que constituyen la base de la civilización occidental”. Pekín sospecha, probablemente con razón, que Rusia sigue soñando con tomar la iniciativa en la reinvención de Occidente si las circunstancias lo permiten. ¿Qué quedaría entonces del proyecto de la Gran Eurasia? 

Notas:

  1. “National Security Strategy of the United States”, Casa Blanca,Washington, DC, 12-2017, www.whitehouse.gov
  2. Véase Hélène Richard, “Quand la Russie rêvait d’Europe”, Le Monde diplomatique, septiembre de 2018.
  3. La doctrina de política exterior definida en 1823 por el presidente James Monroe transformaba a América Latina en el “patio trasero” de Estados Unidos.
  4. Evgueni Primakov, “The world on the eve of the 21st century: problems and prospects”, International Affairs, Vol. 42, N° 5-6, Moscú, 1996.
  5. Richard Sakwa, Russia Against the Rest: The Post-Cold War Crisis of World Order, Cambridge University Press, 2017.
  6. Véase Isabelle Facon, “Pékin et Moscou, complices mais pas alliés”, Le Monde diplomatique, París, agosto de 2018.
  7. “Interfax: Putin says Eurasia’s not a chessboard, it’s our home”, Johnson’s Russia List, 9-7-2015, http://russialist.org
  8. “World military expenditure grows to $1.8 trillion in 2018”, Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI), Solna, Suecia, 29-4-2019.

Por Richard Sakwa | 13/12/2021

Richard Sakwa. Profesor de la Universidad de Kent (Reino Unido); autor de Russia’s Futures, Polity Press, Cambridge, 2019

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El magnate Elon Musk, quien abusa publicitariamente de su frívola excentricidad, admite que su empresa Tesla mantiene excelentes relaciones con China.Foto Ap

El magnate Elon Musk (EM) –de padre sudafricano y madre canadiense–, quien compite con Jeff Bezos (mandamás de Amazon) por el primer lugar de los más pudientes del universo capitalista (https://bit.ly/3rXGDw5), en su participación en la Cumbre del Consejo de los Jerarcas Ejecutivos del Wall Street Journal (https://on.wsj.com/3pMDj4g), vaticinó que China se encuentra en vías de ser la "primera economía global" y de superar a Estados Unidos de "dos a tres veces" (https://bit.ly/3DKotQD).

Cuando se mide el PIB por el "poder adquisitivo", China –26.6 millones de millones de dólares– hace mucho que superó a Estados Unidos (PIB de 22.7 millones de millones de dólares), según datos del FMI de 2021.

En forma "nominal", el PIB de Estados Unidos sustenta difícilmente su primer lugar con 22.7 millones de millones de dólares) frente a 16.6 millones de millones de dólares) de China. Estos 6 millones de millones "nominales" de diferencia, con el ritmo sostenido de crecimiento de Pekín a una tasa promedio de 6 por ciento de crecimiento anual, en un máximo de tres a cinco años desbancará del primer sitial a Estados Unidos.

Hábilmente defensivo, EM –partidario de Trump y quien acaba de trasladar su matriz operativa del feudo demócrata en Silicon Valley (California) al feudo republicano de Texas–, admite que una de sus empresas, Tesla, mantiene excelentes relaciones con China, aunque no aprueba "todas" las acciones de ningún gobierno, que incluyen al chino y, más que nada, al alicaído gobierno de la dupla Biden/Kamala Harris.

Más allá de las opiniones adversas que se tengan sobre EM, quien abusa publicitariamente de su frívola excentricidad, es innegable que sea un pionero en varios rubros, en especial, de la "privatización del espacio", donde se ha convertido en un factor relevante a tomar en cuenta (Financial Times, 5/12/21).

A propósito, Josef Aschbacher, nuevo director general de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), fustiga que a EM "se le ha permitido imponer sus reglas en el espacio" cuando los "reguladores" (sic) de Estados Unidos le han aprobado más de 30 mil satélites (¡megasic!), mediante su servicio de internet satelital Starlink (FT, 30/3/21),lo que de facto lo coloca hoy como el rey de la nueva economía espacial, debido a que no existen "reglas" de los países del planeta Tierra. ¡Todo un tema! Hoy la empresa misilística privada SpaceX de EM se prepara a invertir 30 mil millones de dólares para la expansión de Starlink (FT, 29/6/21).

Tesla, que heredó su nombre del genial inventor e ingeniero electromecánico serbio-croata Nikola Tesla, es la principal fábrica de autos eléctricos estadunidenses con sede en Austin, Texas. La capitalización de mercado de Tesla es de 1.1 millones de millones de dólares: ¡equivalente al "PIB nominal" de México!

SpaceX está valuada en 74 mil millones de dólares, pero todavía no es pública. EM detenta 23 por ciento de Tesla. Como de costumbre, los "accionistas institucionales" son los "gigabancos" (https://bit.ly/3ENoZip) de la plutocracia estadunidense (https://cnn.it/33mmvJY): Vanguard Group (5.83 por ciento), Capital Research & Management Co. (3.73 por ciento), BlackRock (3.42 por ciento), StateStreet (3.11 por ciento). Por cierto, Tesla incrementó su valor bursátil en más de 44 por ciento este año.

De acuerdo con informes de Tesla, sus ventas a China descolgaron ingresos por 3 mil 110 millones de dólares al tercer trimestre de 2021(https://bit.ly/3oKrrQY). EM comenta que "avanzamos hacia un mundo nuevo (sic) e interesante" y que "se debe recordar que todos somos humanos" y que no es su "intención respaldar todo lo que hace China, más de lo que respaldaría todo lo que hace EU u otro país".

Aturde que un megatrumpiano de la talla de EM realice sus mejores negocios con China cuando Trump inició su guerra comercial contra Pekín de la que no ha podido zafarse Biden.

Trump no ignoraba las "tendencias" geoeconómicas cuando su nieta Arabella, hija de Ivanka y Jared Kushner, hoy de 10 años, aprendió chino mandarín. Tampoco Ivanka Trump cesó de hacer negocios con China (https://bit.ly/3yhX5IC).

EM no descubrió el hilo negro, sólo expuso una realidad inocultable.

www.alfredojalife.com

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https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

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Sábado, 11 Diciembre 2021 05:44

La lógica de los combos políticos

Elon Musk, Jeff Bezos y Warren Buffett.

(Los nombres y otros datos han sido cambiados por razones legales)

José vende tacos mexicanos y choripanes argentinos en un carrito de la Ocho Street y la Azúcar Avenue de Miami. Tiene dos empleados. Guadalupe, la cocinera desde las ocho de la mañana a las siete de la tarde, y Ronald, el flaquito de Caracas que reparte cuando a José le cae un pedido en su UberFood. Al principio se llevaba bien con los dos, hasta que se empezó a calentar cada vez que de noche leía en Facebook los post de Guadalupe y de Ronald. Lo único que comparten los tres es que ninguno va a la iglesia los domingos, pero Guadalupe y Ronald le habían salido zurdos, cosa que no parecía cuando estaban buscando trabajo. Una de Monterrey y el otro exiliado del régimen chavista no parecían casos de cuidado. Pero por algún misterio eran “antimperialistas, no antiamericanos”, como decía el estúpido de Ernesto, y nada más jodido que una patada en los testículos o que los amigos sean tan idiotas, políticamente hablando. Hasta alguna vez sintió la tentación de condimentar el choripán de Ernesto con unas gotas de laxante, cosa que, sabía, no lo iba a matar, pero lo iba a joder un rato como premio merecido a su jodida retórica que ya había contaminado hasta a sus empleados.

Ernesto volvía de su puestito en la universidad y pasaba por los comercios del barrio, como para darse un baño de pueblo antes de volver a su apartamento lleno de libros y de exámenes inútiles, sobre todo a esta altura de diciembre.

José no sabía si Ernesto era un cliente o un enemigo. Al menos esa era su disyuntiva cada viernes que lo veía aparecer con sus lentes de miope y, sin decir palabra, lo obligaba a apagar el celular. Ernesto aparecía y se ponía a hablar con Ronald. Aparentemente intercambiaban bromas con el muchacho ("che" para aquí, "pana" para allá), pero José sabía que Ernesto estaba allí para molestar. Es el destino de algunos individuos que nadie sabe por qué o para qué nacieron. Él, José, le daba trabajo a la cocinera y al delivery guy, Ronald, y ellos ni siquiera alcanzaban a entender cómo funcionaban las cosas.

El viernes pasado vino Ernesto con su carterita marrón llena de papelitos, esa mierda de sus estudiantes que tienen padres que les pagan miles de dólares para que se gradúen de algo mientras trabajan medio o un cuarto de tiempo y luego te refriegan su titulito de Bachiller of Science, Master of Arts, Doctor of Philosophy y toda esa mierda inútil que nadie sabe para qué sirve.

--Yo tampoco entiendo, don José --me dijo la semana pasada, mientras recibía mi comida--, por qué usted defiende tanto a Jeff Bezos.

--Nada personal --le dije--. Igual defiendo a Elon Musk, a Warren Buffett...

--Los creadores de empleo...

--¡Yep! ¿Quiénes más, si no, crean empleos?

--Crean empleos y crean la riqueza de este mundo --dijo, con su habitual sarcasmo--. Los Padres del Progreso de la Humanidad. No lo digo con sarcasmo, sino con mayúsculas, tipo titular del New York Times.

--Tú lo has dicho, amigo. Es lo que hacen todos los empresarios. Salvando las distancias, es lo que hago yo mismo. Si no fuese por este humilde negocio, dos trabajadores estarían mendigando en una esquina de esta misma Calle Ocho.

Y él, muy maldito, me descargó todo eso que debe aprender de sus libros arrugados o que se le ocurre a él mismo con su arrugado cerebro:

--Por alguna misteriosa razón, pequeños y heroicos empresarios como usted, don José, se consideren miembros del mismo gremio que Jeff Bezos, Elon Musk y Warren Buffett...

--Pues, será que algo tenemos en común...

--Sí, todo menos cien billones de dólares y el poder de aplastar a otros pequeños empresarios como usted. No sé, pero tal vez algún día usted se dé cuenta de que tiene más en común con Guadalupe y con el chico... (¿cómo se llama? Ronald, sí, Ronald) que con los amorosos de Jeff, Elon y Warren. Se me hace que usted no podría seguir trabajando sin las Guadalupes, sin los Ronalds, pero seguramente podría seguir, y tal vez sin sufrir tanto, si no existieran ni los Jeff, ni los Elon, ni los Warren. Pero mire que no lo culpo de ese error que no es sólo político, sino existencial. ¿Vio que lo político siempre tiene mala fama? Los dueños del mundo siempre han sabido usar los Combos políticos. Por ejemplo, si usted es un tipo religioso, digamos católico, protestante, pentecostal o alavadió, va a apoyar toda la agenda del partido conservador, es decir, terminará apoyando, con heroico fanatismo, no sólo la prohibición del aborto sino el derecho a portar un rifle M16 en la Ocho (en nombre de la Libertad, obvio), la rebaja de los impuestos a los millonarios y la libertad de los grandes capitales que, según la teología, sería la que garantiza la libertad de los mendicantes. Lo mismo pasa en aquellos países del sur, del extremo sur. Alguien dividió la cancha entre ciudad y campo, entre civilización y barbarie, y cada uno tomó partido. Boca y River, Pañarol y Nacional, Flamengo y Corinthians, Colo Colo y Universidad, Michigan y Alabama... Así, por ejemplo, los peones del campo, aquellos que se levantan a las cinco con un mate y se acuestan a las siete sin un Martini Rossi, tomaron partido en favor de los hacendados, todo para combatir a los malditos habitantes de la ciudad que, dicen, les chupan la sangre. ¡Viva el Partido Patritico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! ¿Pero qué pelotudos, ¿no? Y los poderosos hacendados, los estancieros dueños de miles de hectáreas, los representanes del pueblo, se visten de gauchos en Brasil, en Argentina y en Uruguay, de huazos en Chile, y de indios pongo en Perú o en Bolivia, y les hacen creer a los pobres sin dientes que ellos son parte del mismo partido. ¡Viva el Partido Patriótico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! Hablaban más o menos igual, visten más o menos igual, sobre todo en las fiestas nacionales, y, como en la época de la esclavitud cuando los negros esclavos defendían a sus amos, los esclavos asalariados defienden a sus patrones y se pelean en las fiestas y en las elecciones por la divisa del caudillo, por el color del amo, por la familia y la tradición del gaucho. Otro combo perfecto. ¿No me diga que no se acuerda de aquello de “¡Viva el dotor Whiskygratis!”, el candidato de la CIA?) Nada ha cambiado mucho, ¿no le parece? Quienes están en el poder saben cómo hacerlo. De otra forma no estarían en el poder, ¿no? No digo en la presidencia de este o de otro país, porque eso no es estar realmente en el poder.

--No sé --le dije, como para terminar--. De todas formas, el cliente siempre tiene razón. Aquí tiene su choripán. Es una especialidad de la casa... O del carrito, como quiera llamarlo. Choriarepa, le llamo. Es choripán argentino cruzado con arepas venezolanas, con unas gotitas de agave mexicano. Todos condimentos disidentes, como le gusta a uested...

Al final, me decidí por el laxante en lugar del ágave. Peor son los otros que, dicen, usan radiaciones cancerígenas o frecuencias que no dejan dormir.

 

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Su último libro es La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

11 de diciembre de 2021

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, al participar ayer en una videoconferencia desde la residencia de verano de Bocharov Ruchey, en Sochi.Foto Ap

Llamó la atención que la visita del zar Vlady Putin a India a reunirse con el premier Narendra Modi se haya escenificado un día previo a su cumbre virtual con Biden –sobre el candente contencioso de Ucrania– a la que concurrirá muy fortalecido.

Parece que fracasó el BRICS: aquel bloque geoeconómico de Brasil/Rusia/India/China/Sudáfrica cuando hoy Putin intenta resucitar el concepto geoestratégico RIC –Rusia/India/China– elaborado por el ex premier ruso Yevgeny Primakov (https://bit.ly/3rQSw6S), en plena caída libre de la ex URSS, al que es adicta la diplomacia rusa hoy a cargo de Sergei Lavrov, mientras el eje anglosajón de EU/Gran Bretaña, más Australia, pretende contener el ascenso irresistible de China mediante su AUKUS que hasta busca(ba) acoplarse al sinófobo T-MEC (https://bit.ly/3p0BDUp).

El ideal del AUKUS, para que sea fácticamente persuasivo, es acoplarse al concepto aún muy etéreo del QUAD: "cuadrilátero" de EU/Japón/Australia/India, curiosamente diseñado por Trump para detener, más que contener, a China.

Hindustan Times (7/12/21), cercano a Modi, expone que la "cooperación militar, durante mucho tiempo pilar primordial de la asociación estratégica de India y Rusia, fue parte prominente de la cumbre", donde brilló intensamente la "conectividad" del Corredor Comercial Internacional Norte Sur y el otro Corredor Marítimo Chennai/Vladivostok” en pleno océano Índico. A propósito, no pasó desapercibido en Hong Kong y China que Putin haya calificado a India de “superpotencia (https://bit.ly/3yfX3kR)”.

El titular del Wall Street Journal (WSJ) lo dice todo: “Rusia e India consolidan lazos militares pese a presión de EU: procede la entrega de un sistema misilístico ruso a pesar de las amenazas de sanciones de EU (https://on.wsj.com/31FhQBL)”. Sucede que la cooperación bilateral en materia de defensa salió muy fortalecida entre Rusia e India, al tiempo que Nueva Delhi asentaba su vocación independentista y soberanista. WSJ cita la "preocupación" del canciller Lavrov sobre el pacto de seguridad AUKUS de EU y GB, y su explosivo aserto de que India "se ha distanciado claramente (sic)" de este último, mientras participa en el QUAD.

Según sus funcionarios, India mantiene una "relación privilegiada tanto con Moscú como con Washington". Lo real es que prevalecen la cosmogonía y la religión hindú de Modi de corte politeísta que difícilmente sucumbe al inviable maniqueísmo teológico de Biden.

El portal Sputnik dio mucho vuelo, en el marco de la cumbre 21 de Rusia e India, a la transcendental visita de Putin a Nueva Delhi, con peculiar énfasis en la cooperación aeroespacial (https://bit.ly/31GFbTF). Moscú y Nueva Delhi firmaron un acuerdo intergubernamental sobre un "programa de cooperación técnico-militar de 2021 a 2030", además de la multifactorial colaboración –política, estratégica, económica, energética, agrícola, humanitaria, cultural, securitaria, científica y tecnológica– en concordancia con la cosmogonía multipolar de ambos países.

India y Rusia desean incrementar su comercio bilateral a 30 mil millones de dólares en 2025, también vislumbran una profunda colaboración nuclear, en ciberseguridad y aeroespacial, a grado tal que cuatro cosmonautas de India cumplen satisfactoriamente su entrenamiento en el célebre Centro Yuri Gagarin. En medio del reacomodamiento geoestratégico en el subcontinente indio, estalló la furia relativamente contenida de Biden contra China a unos días de su cumbre maniquea sobre la ilusa "democracia global".

Biden decidió un boicot "diplomático" a los juegos olímpicos de invierno de Pekín 2022 –bajo el hiperbólico cuento chino agringado de violación a los "derechos humanos" en Hong Kong y Xinjiang–, sin prohibir la participación de los atletas estadunidenses (https://wapo.st/3EMFfQN). Hasta donde se sabe, Putin asistirá muy complacido a los Juegos Olímpicos de Inverno de Pekín, donde será agasajado mejor que nunca. A fortiori, tras su visita triunfal a India.

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La virtual presidenta electa de Honduras, Xiomara Castro (a la izquierda), se reunió ayer con la encargada estadunidense de negocios en el país centroamericano, Colleen Hoey, en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa.Foto Afp/Embajada de EU en Honduras

Honduras mantiene relaciones con Taiwán y no las necesita con China, mientras sus vínculos con Estados Unidos sean buenos, declaró ayer Salvador Nasralla, compañero de fórmula de la izquierdista Xiomara Castro, quien se perfila para ser presidenta del país centroamericano tras las elecciones del pasado domingo.

Castro, quien tiene una amplia ventaja con 62 por ciento de las actas computadas, y cuyo triunfo electoral fue reconocido por su principal rival Nasry Asfura y el presidente saliente Juan Orlando Hernández, había afirmado durante la campaña que, de ganar, de inmediato establecería lazos formales con Pekín.

Sin embargo, poco después de una inusual visita a Honduras de Brian Nichols, secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, la semana pasada, un asesor de la candidata que redactó su programa político aclaró que no se había tomado ninguna decisión definitiva.

“No hay relaciones con China, las relaciones siguen con Taiwán. Nuestro aliado comercial, cercano e histórico es Estados Unidos. No nos queremos pelear con él”, comentó a Reuters Nasralla, postulante a la vicepresidencia por el izquierdista Partido Libertad y Refundación (Libre).

“¿Para qué establecer relaciones con China?”, se preguntó Nasralla durante entrevista telefónica; este aspirante se define políticamente como de centro-derecha y encabezaba una coalición de partidos que respaldaron a Castro.

Nasralla hizo declaraciones similares al diario local El Heraldo.

Este año, Honduras –uno de los 15 países que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán– cumplió 80 años de vínculos con la isla asiática, considerada por China provincia rebelde y aliada de Washington.

Estados Unidos no sólo es el mayor socio comercial de Honduras. Ahí residen poco más de un millón de hondureños, entre residentes con papales e indocumentados, que anualmente envían más de 5 mil millones de dólares que representan más de 20 por ciento del PIB del país.

Nasralla, popular presentador de televisión, detalló que la decisión de no establecer por el momento lazos con China en detrimento de Taiwán, fue adoptada por los tres partidos que forman la alianza que apoya a Castro.

El candidato renunció en octubre pasado a la candidatura presidencial del partido Salvador de Honduras para aliarse a Castro, de Libre.

El político insistió en que las relaciones de su país con Washington son buenas y una prioridad para el nuevo gobierno, que “tiene los pies bien puestos en la tierra y sabe que el socio principal que tiene es Estados Unidos”.

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Experto augura que el iPhone se volverá obsoleto y revela qué lo sustituirá y cuándo

El reconocido analista plantea la condición necesaria para que el nuevo dispositivo iguale las ventas del popular 'smartphone' de Apple.

Apple se está preparando para sustituir su móvil inteligente iPhone por otro dispositivo, que proporcionará las capacidades computacionales necesarias para satisfacer todas las exigencias del usuario del futuro.

El analista Ming-Chi Kuo, reconocido experto en la industria tecnológica, ha pronosticado la fecha en que aparecerá ese sustituto, e incluso prevé sus características.

En una carta a los inversores, a la que tuvo acceso el portal 9to5mac, Kuo señala que esto sucederá exactamente dentro de 10 años: en 2032 saldrá al mercado este dispositivo, y con mucha probabilidad consistirá en un casco o gafas de realidad aumentada, tecnología que superpone imágenes digitales en la visualización de la vida real.

Kuo subraya que el futuro dispositivo desplazará al 'smartphone' y contará, además, con capacidades de computación independiente comparables con la potencia del Mac, la legendaria computadora de Apple. En caso contrario, simplemente no podría igualar las ventas del iPhone.

"Actualmente hay más de 1.000 millones de usuarios activos de iPhone. Si el objetivo de Apple es sustituirlo en 10 años por una forma de realidad aumentada, esto significa que deberá vender al menos 1.000 millones de esos dispositivos en la siguiente década", explica el experto.

En caso de que el casco se posicione únicamente como un accesorio para el Mac o el iPhone, no se estaría favoreciendo el crecimiento del producto.

"Un casco de realidad aumentada que funcione de forma independiente significa que tendrá su propio ecosistema y proporcionará una experiencia de usuario más completa y flexible", detalla el experto.

En la misma carta, Kuo señala que una versión temprana de ese casco, que Apple prevé presentar ya el próximo año, contará con dos pantallas micro OLED 4K de Sony, lo que significa que soportará realidad virtual, tecnología de inmersión completa en el mundo digital.

Publicado: 27 nov 2021

 Nayib Bukele anuncia la construcción de la primera 'ciudad del bitcóin' en el mundo durante la conferencia de la 'semana del bitcóin', Teotepeque (El Salvador), el 20 de noviembre de 2021.JOSE CABEZAS / Reuters

Será construida en el este del país en forma de círculo, emulando una moneda, y sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA.

El Salvador planea construir "Bitcoin City", la primera 'ciudad del bitcóin' del mundo, que será financiada con bonos, respaldados con la criptomoneda, reveló este sábado el presidente del país, Nayib Bukele, al final de la conferencia dedicada a la promoción de la divisa digital. 

"Pensé que teníamos que dar un anuncio grande en esta 'Semana del bitcóin'. Así que hoy quiero anunciar que vamos a construir la primera 'Bitcoin City'", declaró el mandatario. 

Será construida entre la ciudad de La Unión y Conchagua en forma de círculo, emulando una moneda. El proyecto incluye una "gran plaza central" que "celebrará la creación del bitcóin", precisaron desde la Casa Presidencial de El Salvador. "Habrá una plaza con la 'B' del bitcóin tallada en ella, lo que permitirá que la luz ingrese a las salas de exhibición del museo del bitcóin. Aquí es donde la gente aprenderá sobre la evolución del dinero: desde las piedras hasta la perfección de blockchain", señaló el organismo.

Según Bukele, será una nueva metrópolis con zonas residenciales, centros comerciales, restaurantes, un puerto, un aeropuerto, un tren, "de todo en torno al bitcóin".

Sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA. "La mitad se usará para pagar los bonos de la municipalidad y lo demás para la infraestructura pública y el mantenimiento de la ciudad", dijo el presidente.

La energía la obtendrá de una central geotérmica local en el volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión.

Samson Mow, director de estrategia de Blockstream, proveedor de tecnología 'blockchain', informó que inicialmente las autoridades salvadoreñas emitirán bonos de 1.000 millones de dólares respaldados por bitcoines a fin de comenzar a recaudar fondos para levantar la planificada ciudad.

Bukele anunció que en el 2022 iniciará la emisión de bonos dentro del "ecosistema bitcóin", mientras que el proyecto iniciará 60 días después del financiamiento.

"Bitcoin City será la ciudad más avanzada de su tipo, más famosa que las ciudades y metrópolis más grandes de todo el mundo. Es el comienzo de lo que se llamará 'Área Metropolitana de la Ciudad de Bitcoin'", comunicaron desde la Casa Presidencial.

En septiembre del 2021 El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Esta semana, el país latinoamericano ha sido sede de la 'Semana del bitcóin', conferencia anual que se celebra desde el 2013, organizada por los interesados en la expansión de la criptodivisa. Con la decisión de la construcción de la citada ciudad, las autoridades avanzan en su apuesta por las innovaciones financieras. 

Publicado: 21 nov 2021

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