Viernes, 01 Abril 2022 05:28

Necroliberalismo

Un mundo insoportable. Pedripol

La nueva variante del liberalismo se configura mediante el primado autoritario y ecocida del mercado sobre la democracia, sostenido bajo una amenaza de extinción permanente

 

La invasión de Ucrania ha marcado una censura cuyas dimensiones, aún por perfilar, apuntan ya a un acontecimiento de impacto no inferior al 11S, la caída del Muro de Berlín y otros que informan el mundo actual. Ante un evento así, sobrevenido apenas salíamos de la sexta ola del covid, y en la perspectiva de una crisis climática sin parangón, resulta inevitable preguntarse por las continuidades y discontinuidades que se operan estos días; por su calado y por hasta dónde no habrá que remontar en el tiempo para enmendar esta deriva distópica.

Adelantemos ya nuestro principal argumento: a medida que el neoliberalismo agota su margen de legitimidad, compensar su inercia implosiva requiere cada vez más de una mutación ideológica a la que resulta contingente cualquier logro democrático y ecológico. Si, luego de Entreguerras, el fracaso del liberalismo condujo al ordoliberalismo; en los sesenta y setenta, arrinconado por los movimientos antagonistas de los Treinta Gloriosos, el ordoliberalismo se vio forzado a mutar en neoliberalismo. A diferencia de su variante anterior, la neoliberal supuso una actualización de mayor tolerancia y apariencia democrática. Sin embargo, con la Guerra de Ucrania en marcha –pero también con la pandemia, el cambio climático, etc.– se ve hoy obligada a intensificar su propia variante en otra mutación ideológica capaz de combinar mayor autoritarismo y tolerancia al ecocidio con tal de preservar su lógica de acumulación. Llamamos “necroliberalismo” a esta nueva variante del liberalismo.

A grandes trazos, el necroliberalismo se configura mediante el primado autoritario y ecocida del mercado sobre la democracia, sostenido bajo una amenaza de extinción permanente. La novedad es menor de lo que parece: el liberalismo no es democrático per se. Ya existía antes de la democracia moderna y de la democratización global del último siglo. Nada le impide existir en un eventual contexto de corte autoritario. Antes bien, en contextos de crisis como el actual, la relación del liberalismo con la democracia se ha guiado más por una “racionalidad instrumental” (Zweckrationalität, según Weber) que no por ser un valor intrínseco. Por eso hoy, al darse una escalada presupuestaria del gasto militar, combinada con la crisis energética y climática, el recurso a la excepción requerido por la gestión de la pandemia y el desigual reparto de los costes sociales, se precipitan las condiciones de posibilidad para la mutación necroliberal. Que en toda Europa una extrema derecha neoliberal se esté probando funcional a este contexto es el mejor indicador del avance de la variante necroliberal.

El necroliberalismo, pariente cercano del exterminismo y el ecofascismo

Resulta conveniente no confundir el necroliberalismo con otros dos conceptos que le son familiares: el exterminismo y el ecofascismo. El primero fue acuñado, entre otros, por el historiador E.P. Thompson en ensayos como Exterminism and Cold War (1982) o Star Wars (1985). Su contexto respondía al recrudecimiento de la Guerra Fría a finales de los setenta y primera mitad de los ochenta. En el movimiento pacifista se daba entonces un importante debate acerca de cómo responder a la reactivación de la amenaza nuclear. Gracias a los triunfos de Thatcher y Reagan, la mutación neoliberal se instalaba en los gobiernos occidentales. No obstante, en los términos en que era formulado, el exterminismo dependía en exceso de este mismo contexto. Al caer el Telón de Acero y sedimentarse como sentido común el “realismo capitalista” (la imposibilidad de imaginar como real una alternativa al capitalismo, de acuerdo a Mark Fisher), la idea de exterminismo acabó por perder buena parte de su resonancia y potencial movilizador.

Por su parte, el ecofascismo se remonta a un mismo contexto de contienda cultural en los años setenta. El fascismo buscaba actualizarse conectando el ecologismo emergente con su propia matriz ideológica (ahí, por ejemplo, el discurso nazi sobre la naturaleza). El temor de André Gorz a una deriva totalitaria del ecologismo (Ökologie und Politik, 1977) o la crítica a la deep ecology de Murray Bookchin (The Ecology of Freedom, 1982) confrontándola con una ecología social serían aquí referencias obligadas. El ecofascismo se predicaba como un marco ideológico que requería instaurar alguna modalidad de gobierno autocrático capaz de imponer la preservación de un supuesto conjunto orgánico de la naturaleza. En su lógica no se descartaría las mayores atrocidades, siempre que viniesen a reajustar un equilibrio supremacista entre poblaciones y recursos naturales.

Aunque el exterminismo podría volver a escena con la amenaza del holocausto nuclear, sigue aún muy alejado de su resonancia de otrora. Mientras la guerra se mantenga en los límites de una confrontación indirecta entre Rusia y OTAN no cabe esperar su recuperación. El necroliberalismo, por el contrario, se vuelve invisible, transversal y compatible en ambos bandos –vale decir, “ideológico”–, pues es consustancial a la propia conflagración bélica y sus desastres humanitarios y ecológicos. Por otra parte, a diferencia del ecofascismo –que se afirma en su matriz autocrática–, el necroliberalismo aspira a preservar una mínima esfera de autogobierno democrático para las élites. A la manera de las democracias liberales del pasado, el retorno neoliberal al “minarquismo” hace compatible el liberalismo con una democracia excluyente que, por demás, se desentiende del ecocidio en curso. La pandemia nos ha dado ya una primera muestra de por dónde podría ir la distopía necroliberal.

Crisis de legitimidad y recurso a la Historia

Desde que saltó la noticia de la invasión de Ucrania, el discurso neoliberal ha buscado relegitimarse en la lectura histórica del acontecimiento. A tal fin se han invocado las guerras mundiales o se ha equiparado la invasión de Ucrania con la de Polonia en 1939 y a Putin con Hitler y Stalin. Por desgracia, no hay motivos para la sorpresa: las operaciones de limpieza étnica en los Balcanes ya fueron el retorno de Auschwitz. Saddam Hussein, Milosevic o Bin Laden ya ocuparon el rol del tirano enloquecido, origen de todos los males del mundo. Y es que, como la verdad en los medios, la mesura en los paralelismos históricos es de lo primero que la guerra se lleva por delante.

Pero la insistencia en este uso de la Historia no deja de ser sospechosa. Hace apenas un par de años, en la justificación del recurso a la excepción para combatir la pandemia, los medios se inundaron de titulares y declaraciones de líderes que afirmaban estar ante el momento más crucial para la humanidad desde la II Guerra Mundial. No hubo entonces discurso presidencial que, como ahora sucede con la guerra, no buscase resonar con el viejo apotegma de Winston Churchill: “Sangre, sudor y lágrimas”.

La reiteración de este recurso discursivo no es en modo alguno casual. Desvela en gran medida el déficit de legitimidad que enfrenta el neoliberalismo ante la ciudadanía cuando se afronta la intervención militar. El siglo XX no pasó en vano y al igual que se puede considerar la historia de una democratización exitosa, en su reverso están las dos mayores masacres que haya conocido la humanidad, ambas con suelo europeo por escenario. La propia forma en que se ha originado la Unión Europea está profundamente arraigada en la crisis democrática de Entreguerras, la reconstrucción de posguerra y el rechazo consiguiente al belicismo.

He ahí, pues, el límite del neoliberalismo: su propia inconsistencia como declinación democrática y sostenible del liberalismo. Arrastrado a su extremo por el presente, solo alcanza a perfilarse como un autoritarismo de mercado. Por eso, a medida que se desvela su propio límite, requiere de una mutación necroliberal que readapte la matriz ideológica del liberalismo a un horizonte de extinción. El grito impugnatorio punk “No future!” se vuelve ahora la afirmación cínica de unas élites que se creen a salvo en la primera clase del Titanic: “En efecto, no hay futuro... para vosotros”. No es casual que el tema del hundimiento se retome como ironía en la fábula cinematográfica Don't look up!: escapar al ecocidio solo resultaría viable para una ínfima minoría privilegiada previa extinción del resto. No hay botes (ni naves espaciales) de salvamento para todo el mundo.

Liberalismo, ordoliberalismo, neoliberalismo... ¿necroliberalismo?

Desde una perspectiva genealógica, el neoliberalismo se afirmó como la restauración exitosa de un marco hegemónico tras la crisis ordoliberal. Al finalizar la I Guerra Mundial, los regímenes liberales, creyéndose a buen recaudo del sistema-mundo, resolvieron en Versalles un orden que en apenas una década volvió a saltar por los aires. El Crack del 29 dio vía libre al ascenso de los totalitarismos y las economías de guerra desembocaron en lo inevitable: una segunda guerra mundial. Solo después, ante el imperativo de reconstruir un orden duradero bajo la amenaza nuclear, el liberalismo mutó en la variante ordoliberal.

Durante las décadas de posguerra, el ordoliberalismo se probó una solución de éxito en la reconstrucción: ampliación sin precedentes del bienestar; incorporación del trabajo a la dirección de la economía por medio de la acción social concertada; extensión del sufragio, los derechos civiles y el pluralismo de partidos; etc. La democratización interna de los regímenes liberales asentó –en el tenso, pero previsible contexto de la Guerra Fría– las condiciones para un progreso inédito. Gracias a estos márgenes, conquistados no sin un enorme y desigual sacrificio, emergieron subjetividades que cuestionaban la cultura disciplinaria del ordoliberalismo.

La democratización no careció de costes para las élites liberales. El rígido sistema de valores sobre el que se había erigido el pacto social de posguerra acabó cuestionado por las generaciones siguientes. En los años sesenta, una ola de movilización global progresó en la disputa por la riqueza generada y el cambio de valores. Cuando llegaron los setenta, la insurgencia metropolitana –de la guerrilla urbana a la contracultura, pasando por los movimientos sociales– era un hecho. El rearme liberal pasó entonces por replegarse sobre su matriz ideológica para reafirmarse acto seguido sobre el axioma minarquista que profesaban algunas de sus escuelas más reputadas (Chicago boys, austríacos, etc.).

A partir de 1973, la crisis del petróleo y el golpe de Pinochet en Chile favorecen el avance de este “nuevo liberalismo”, partidario de liquidar los principios rectores de la “economía social de mercado” a favor de una mercantilización ilimitada del mundo de la vida, la privatización de empresas y la desregulación de mercados, etc. Sin la disección rigurosa y exhaustiva de este punto de inflexión resulta difícil comprender la contundencia y solidez con que, tras el fin del mundo soviético, se consolidó la hegemonía neoliberal.

Disputar un horizonte de futuro al necroliberalismo

Con la caída del Muro, el neoliberalismo se hizo hegemonía. El apotegma thatcheriano “no hay alternativa” tardó una década en ser contestado por el “otro mundo es posible” altermundialista. La ufana convicción con que el neoliberalismo festejó la implosión soviética –y la consiguiente subordinación de la democracia al mercado– ha venido adoptando tonalidades cada vez más cínicas y agresivas; desde aquel célebre sarcasmo de Warren Buffet (“La lucha de clases existe y la estamos ganando los ricos”) hasta el cinismo de Rodrigo Rato en el Congreso (“Es el mercado, amigo”). Sobre esa tonalidad emocional del discurso avanza hoy la variante necroliberal, sin encontrar freno a su ruptura de todos los consensos. 

Con todo, al remitirse a la historia para su legitimación, la pandemia antes y la invasión de Ucrania ahora, desvelan la genealogía y límites del neoliberalismo. En nuestro caso, el paralelismo establecido entre Ucrania y la España republicana necesitada de armas y aliados –pero abandonada por las democracias liberales– busca una resonancia emocional que legitime el giro del gobierno Sánchez: incremento al 2% del presupuesto de defensa, manos libres a las eléctricas, refuerzo del régimen de frontera en Marruecos y cambio de posición en Sáhara, etc. El repertorio de medidas que salen del Ejecutivo vuelven una y otra vez sobre el paradigma neoliberal: rebajas fiscales, cheques, etc. Cualquier cosa menos refundar el pacto del bienestar. En vano se evoca un “pacto de rentas”, espectro de los Pactos de la Moncloa.

Mientras, el necroliberalismo avanza. Desde la calle, la extrema derecha arrastra al arco parlamentario. Impone su marco necroliberal negando la violencia de género, sembrando odio hacia el ecologismo en el mundo rural, reforzando el racismo con los refugiados de guerra y un largo etcétera de vectores que articulan la ruptura unilateral de las élites en previsión de una sociedad más violenta, polarizada e injusta. Frente a esto, el Gobierno pide sacrificios y comulgar con ruedas de molino. España hace buena la imagen de Tocqueville en vísperas de la Revolución de 1848: dormimos sobre un volcán.

Por Raimundo Viejo Viñas 28/03/2022

Publicado enPolítica
Peor salud mental, pérdida de cosechas y migraciones

El IPCC alerta de los riesgos para los seres vivos y ecosistemas

El nuevo informe del panel de especialistas identifica una amplia gama de peligros para los sistemas humanos y naturales de continuar emitiendo como hasta ahora. Enumeramos algunos de ellos.

La temperatura desde la época preindustrial ha subido 1,1 ºC. Pero es una media mundial. No todas las zonas del planeta se calientan por igual. En España, por ejemplo, un 70% de la población vive en zonas donde ya se ha superado el grado y medio. De seguir esta tendencia de emisiones, los riesgos para los sistemas humanos y naturales se multiplicarán. En su nuevo informe, el IPCC pone el foco sobre ellos y alerta de la necesidad de una actuación urgente en materia de mitigación y adaptación.

Sistema alimentario

La producción de alimentos y la seguridad alimentaria se verían amenazadas incluso a partir de una pequeña cantidad de calentamiento adicional. Superar los 1,5 ºC (unas de las temperaturas límites fijadas por el Acuerdo de París) implicaría un aumento en el riesgo de pérdidas simultáneas de las cosechas de maíz en diferentes regiones productoras de alimentos importantes, lo que amenazaría las cadenas de suministro de maíz a nivel mundial

Esta situación se vería agravada con un calentamiento de 2°C. Sobrepasar esta temperatura haría que no fuera posible cultivar productos básicos en muchas zonas, especialmente en los trópicos, sin medidas de adaptación que no están disponibles actualmente. En esta línea, la polinización y la salud del suelo se verán debilitadas por un mayor calentamiento, y las plagas y enfermedades agrícolas se extenderán. Los casos de malnutrición serían especialmente elevados en el África subsahariana, el sur de Asia, América Central y del Sur y las islas pequeñas. 

Estos nuevos hallazgos son mucho peores de lo que hasta ahora pensaban los científicos y científicas. Un ejemplo: el anterior informe se centraba en los riesgos para la seguridad alimentaria con niveles de aumento de 4 °C o más.

Salud física y mental

Los problemas relativos a la salud mental, como la ansiedad y el estrés, se prevé que aumenten a medida que lo hagan las temperaturas, sobre todo entre los jóvenes y los ancianos, y los que padecen enfermedades subyacentes. Asimismo, habrá un aumento significativo de la mala salud y de muertes prematuras como resultado de un clima más extremo, de olas de calor más frecuentes e intensas, y de la propagación de enfermedades.

Subida del nivel del mar, migraciones y escasez de agua

Conforme vaya subiendo el nivel del mar, las lluvias torrenciales, los ciclones tropicales y la sequía se convertirán cada vez más en un problema para muchas ciudades, pueblos y aldeas de la costa. Esto, además, obligará a un gran número de personas a abandonar sus hogares, especialmente en los lugares más expuestos y con menor capacidad de adaptación. 

Las migraciones forzosas impulsadas por el cambio climático y los fenómenos extremos son ya una realidad. Son miles las personas que se desplazan a otros países o dentro de su propia región. En España son cada vez más los ejemplos de migrantes que llegan debido a sequías, inundaciones o temperaturas extremas que les impiden subsistir en su hogar.

El informe apunta a que la población costera expuesta a una inundación muy grave (de una envergadura tal que sólo cabía esperarse una vez cada 100 años) aumentará un 20% con una subida del nivel del mar de 15 centímetros adicionales, y se duplicará con una subida de 75 centímetros.

Siguiendo con el agua, ésta se verá sometida a una presión creciente con el aumento de la temperatura, alerta el grupo de especialistas. Especialmente preocupante en el caso de los habitantes de las islas pequeñas y de las regiones que dependen de los glaciares y del deshielo, que podrían no tener suficiente agua dulce si el calentamiento continúa más allá de los 1,5 °C. Este caso es un ejemplo de que superado cierto límite no hay capacidad de adaptación posible.

Y ya no valdrá con pensar en los impactos del cambio climático por separado. Muchos eventos extremos, como una sequía y una ola de calor, podrían darse al mismo tiempo e interactuar entre sí para perjudicar la producción de alimentos y reducir la productividad de la mano de obra agrícola, lo que aumentará los precios de los alimentos y reducirá los ingresos de los agricultores, provocando más malnutrición y muerte, especialmente en las regiones tropicales.

Pérdida de biodiversidad por el aumento de temperaturas

Algunos ecosistemas ya están al límite de su capacidad de adaptación, incluidos arrecifes de coral de aguas cálidas, humedales costeros, bosques tropicales y ecosistemas polares y de montaña. De superarse el grado y medio, se perderán de forma irreversible ecosistemas enteros, incluso si las temperaturas se reducen posteriormente.

Si el aumento de la temperatura continúa hasta los 3 °C, en comparación con si se limita a 1,5 °C, el riesgo de extinción para las especies únicas y amenazadas será al menos 10 veces mayor. Aun así, con un calentamiento de un grado y medio, entre el 3 y el 14% de las especies terrestres correrán un riesgo muy alto de extinción, avisa el IPCC. La Amazonia y algunas regiones montañosas se enfrentan a una pérdida grave e irreversible de biodiversidad si el calentamiento continúa hasta los 2 °C y más allá.

El mantenimiento de la biodiversidad y de los ecosistemas depende de que se proteja de forma eficaz y justa entre el 30 y el 50% de las tierras, el agua dulce y los océanos de la Tierra. Actualmente, solo están protegidas menos del 15% de las tierras, el 21% del agua dulce y el 8% de los océanos.

Por Eduardo Robaina | 03/03/2022


Jorge Riechmann: “Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo”

2 marzo 2022

Profesor de Filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista y miembro de Ecologistas en Acción, Jorge Riechmann (Madrid, 1962) desgrana un buen puñado de reflexiones incómodas sobre un modelo de vida que dirige a la humanidad hacia el despeñadero.

En su libro Autoconstrucción cataloga el siglo XXI como “la era de la gran prueba” porque, según dice, “somos la primera generación que entiende perfectamente lo que está pasando con el clima y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”.

Lo suelta a bocajarro, como un puñetazo entre los ojos. Consciente de que el pesimismo en estos tiempos de oscuridad tiene cada vez menos adeptos, Riechmann censura sin ambages la mercadotecnia del “buenismo” de la que hace gala el sistema convocando grandes cumbres climáticas en las que a muchos se les llena la boca con compromisos medioambientales y “energías verdes” pero luego estigmatizan a los movimientos ecologistas como ingenuos apestados. La realidad que dibuja es desoladora.

Todo está en contra del planeta pero, frente a eso, no cabe la resignación. “Aún podemos actuar contra este modelo de producción salvaje porque no está sujeto a ninguna ley física, como lo está la naturaleza, que impida cambiarlo”. Es el mínimo espacio que este investigador apasionado deja abierto a la esperanza.

¿Tiene solución el planeta?

–Pienso que sí. Lo que no tiene sentido es intentar salvarlo interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productiva. Ambas variables caminan de la mano aunque no valga sólo con esto. Por nuestro comportamiento depredador con los recursos naturales y la biosfera habría que hablar también del extractivismo y, a mi modo de ver, también del exterminismo, una noción acuñada por el historiador británico E. P. Thompson para explicar la estructura del mundo a finales del siglo pasado, cuando las dos superpotencias nucleares enfrentadas amenazaban con aniquilar cualquier rastro de vida en el planeta.

La medida referencial del éxito de un sistema es el PIB. Si crece significa que las cosas van bien y hay esperanza de una vida mejor.

–Es la locura típica de una cultura denegadora como la nuestra. Digo denegar porque va más allá de ignorar lo que pasa y es no ver lo que tenemos delante de los ojos. Significa que no nos hacemos cargo de las consecuencias de seguir chocando contra los límites biofísicos de manera violenta. Nos hacen creer que vivimos en una especie de Tierra plana en la que podemos avanzar de manera infinita porque los recursos naturales son inagotables y la capacidad de absorción de la contaminación es ilimitada. Esto es una fantasía porque las leyes de la naturaleza, de la física, de la dinámica de los seres vivos nunca podremos cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones al respecto.

Pero las grandes cumbres climáticas aseguran haber empezado medidas drásticas para evitar el apocalipsis. ¿Qué credibilidad concede a sus decisiones?

–El calentamiento global, siendo una realidad devastadora, es sólo la manifestación de otras dinámicas que deberíamos atajar si queremos evitar el apocalipsis climático hacia el que nos dirigimos. Nuestro principal problema ambiental es la extralimitación ecológica, el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos de la Tierra. Si utilizamos la herramienta de la huella ecológica como indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana podemos observar que, en la actualidad, consumimos los recursos inexistentes de 1.5 planetas Tierra. Y eso a pesar de las carencias y desigualdades que asolan a buena parte de la humanidad.

“Dicho de una forma más didáctica: si quisiéramos generalizar al resto del mundo el modo de vida de los españoles necesitaríamos tener tres planetas como la Tierra a nuestra entera disposición. Y si quisiéramos generalizar el de EEUU, que muchas veces ponemos como ejemplo de éxito, necesitaríamos seis. Es una locura que emana de esa construcción económica de tierra plana de la que hablaba antes”.

Entonces, ¿qué empuja al mundo a seguir enalteciendo el crecimiento económico pese a saber que conduce a la destrucción?

–El capitalismo, cuya dinámica es autoexpansiva y deniega cualquier salida alternativa. Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino más bien ejercicios de diplomacia teatral.

¿No sirven para nada?

–Confunden a la opinión pública. La prueba es que los grandes expertos en el cambio climático como James Hansen, a quien podríamos considerar el climatólogo jefe del planeta, calificó de farsa la cumbre celebrada en París. Se intenta poner un límite a las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero pero los límites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. Aunque el síntoma sea el calentamiento climático, la enfermedad se llama capitalismo.

¿Por qué el movimiento ecologista, cuya expresión política llegó a gobernar en países como Alemania, es descalificado hoy por muchos gobiernos?

–Ojalá fuéramos descalificados un poco más porque así seríamos mucho más fuertes y activos. La realidad es que las descalificaciones son un indicio de una situación paradójica: aunque la percepción generalizada es que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático, eso no es así. Sabemos que desde los años 60 y 70 había evidencias sobre cuál era la dinámica del sistema y los límites del crecimiento pero los mismos a los que hoy se les llena la boca con la lucha contra el cambio climático decidieron poner en marcha toda una campaña global para impedir que se tomaran las decisiones correctas.

“Bastaría con leer un libro de Sicco Mansholt, un socialdemócrata holandés que era presidente de la CEE cuando en los años 1972 y 1973 se produjo el primer choque petrolero mundial, en el que aboga por un cambio radical en las estructuras de producción y consumo que hoy serían catalogadas como radicales y peligrosas”.

¿Cuándo se quiebra ese proceso de sensibilización medioambiental?

–En los años 80, con la fase neoliberal del capitalismo. Desde entonces, el retroceso ha sido constante pese al aumento de lo que algún experto denomina sosteni-blabla, es decir, mucho discurso, mucha cháchara, mucha propaganda y mucha estrategia de comunicación sobre energía verde. Pero la realidad vuelve a ser demoledora: la acción brilla por su ausencia y los planteamientos de fondo, incluso aquellos realizados por gente del establishment como Sicco Mansholt, son estigmatizados por rechazar el dogma del crecimiento infinito.

¿Estamos a tiempo de frenar el cambio climático?

–Hemos llegado a un punto tal que lo que hace 30 años hubieran sido estrategias de cambio gradual ahora ya no están a nuestro alcance. Para hacer frente al calentamiento global necesitamos salir a toda prisa del capitalismo salvaje en el que hoy nos movemos.

¿Cree que el mundo está dispuesto a renunciar a esos principios económicos pese a conocer los riesgos?

–Los cálculos teóricos realizados por investigadores canadienses sobre las opciones que resultarían de respetar los límites biofísicos de la Tierra indican que, por ejemplo, el parque móvil de un país como España, que tiene 15 millones de coches, debería ser de unos 180 000 vehículos con motor de combustión. Pero claro, eso es inaceptable en términos industriales. El caso es que, si no se acepta esta realidad, no hay lucha alguna contra el cambio climático.

¿Quiere decir que la humanidad está condenada si no renuncia al modo de vida capitalista?

–Ya decía antes que las leyes de la naturaleza existen y son las que son. No podemos cambiarlas pese a la ilusión que albergamos de que una especie de tecnociencia omnipotente conseguirá derrotarlas. Donde podemos actuar, en cambio, es contra la organización de nuestro modelo de vida que no está sujeto a ninguna ley física.

¿Qué impide cambiarlo?

–Que no nos creemos lo que sabemos. Si fuéramos capaces de hacerlo, tomaríamos decisiones racionales para cambiar un modelo que nos lleva a la destrucción. Para que esto se produzca nos haría falta un enorme ejercicio de reforma intelectual y moral. El problema es que nuestras sociedades están organizadas contra eso. Fatídicamente, el neoliberalismo se impuso con sus ideas aberrantes de que todo depende de los gustos y preferencias individuales, y que igualdad y libertad son dos principios contrapuestos, cuando una mínima reflexión indica que es una falacia.

“Necesitamos bienestar humano pero necesitamos que sea compatible con los límites biofísicos del planeta. Somos la primera generación de la historia que entiende perfectamente lo que está pasando y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”.

Publicado en Cubadebate

Entrevista al Filósofo y ensayista español Jorge Riechmann, publicada por primera vez en el diario digital CTXT en su número 135 de septiembre 2017.

(Tomado de Bloghemia)

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 28 Febrero 2022 05:30

La ciencia detrás del crimen

Imagen: Sandra Cartasso

Entrevista a Gastón Intelisano, licenciado en criminalística, técnico forense, docente y escritor

La ciencia forense y sus límites. Los pasos en falso en una investigación. Las claves para resolver hechos científicamente. Las series, entre la realidad y la ficción irrisoria.

 

¿Existe el crimen perfecto? ¿Cuáles son los secretos para esclarecer científicamente un crimen? ¿Qué método --y cuáles indicios-- se siguen en la instancia de investigación? ¿Hay margen para el error? Donde todo parece certero, aparecen dudas de todo tipo acerca de las posibilidades de encontrar el dato preciso y el resultado inequívoco. Estas y otras inquietudes guían el recorrido de este diálogo que Página/12 mantuvo con Gastón Intelisano, licenciado en criminalística, docente y oficial del Poder Judicial de la Argentina. Durante cuatro años, Intelisano trabajó junto a la Unidad Médico Forense de Investigación Criminalística (UMFIC). Allí pudo observar, muy de cerca y persistentemente, el trabajo de médicos y peritos forenses en numerosas escenas de crímenes y autopsias.

En Elemental, mi querida ciencia (forense) (Siglo XXI), este experto pone el foco en la cientificidad y el poco margen de error que hay en el proceso de investigación de cualquier tipo de crimen; “que luego el fiscal le otorgue un sentido a esos indicios que se hayan encontrado” exime de culpa y cargo a los investigadores forenses. Allí, en su trabajo más reciente, Intelisano sostiene que “el crimen perfecto no existe” y explica cuáles son los límites de la ciencia forense.

Previamente escribió las novelas La navaja de Ockham (2020); Principio de intercambio (2016); Error de Cálculo (2014); Epicrisis (2013); y Modus Operandi (2011). En todos sus libros aparecen los rastros de su pasión por la criminalística.

--¿Qué lo llevó a escribir Elemental, mi querida ciencia (forense)?

--Me interesaba tomar un tema que no es de conocimiento público y bajarlo a un lenguaje que fuera entendible para cualquier persona; hablar sobre ciencia forense siendo parte del tema. Quise desmitificar, también, la idea de que la ciencia forense lo resuelve todo. Porque, en verdad, la ciencia forense tiene sus límites.

--¿Cómo cuáles?

--Por ejemplo, si uno levanta una mancha de sangre de una manera equivocada, cuando esa sangre llega al laboratorio ya no sirve para hacer el análisis. Si eso sucede, entonces perdemos todo lo hecho hasta ese momento. Cuando hablo de los límites de la ciencia forense me refiero a que, aun cuando se ha avanzado mucho --y ese avance continuará por el desarrollo de la tecnología--, si no hay recurso humano preparado para utilizar toda la aparatología o no hay gente que sepa leer los resultados que derivan de un determinado aparato, estamos en el horno. De allí que resulte fundamental la formación de los técnicos, los peritos. Ése es un aspecto esencial que remarco en el libro y en mis novelas.

--¿Qué es la ciencia forense?

--Es la que se ocupa de investigar los hechos delictivos, aportando pruebas para acusar o descartar a un sospechoso, valiéndose de los conocimientos de distintas disciplinas.

--¿En qué medida el crimen dialoga con el contexto? ¿La definición de crimen cambia a través de los años?

--El crimen va mutando con el tiempo, no solo en nuestro país sino en el mundo. Por caso, suelo poner el ejemplo de Estados Unidos: la principal preocupación en los ‘80 y en los ‘90 eran los asesinatos en serie; hoy, esa preocupación está enfocada en estas personas que llegan a un lugar con un arma y hacen un desastre. Ese crimen que va mutando requiere que la investigación en la materia se actualice de manera permanente.

--En nuestro país, ¿también es posible identificar mutaciones?

--En nuestro país, el tipo de crímenes que encontramos en las grandes ciudades se distingue de aquellos crímenes que resultan más frecuentes en pueblos o localidades más pequeñas. Estos crímenes suelen tener más que ver con el robo de ganado, con la cosa rural. En una ciudad se presentan homicidios más complejos. En paralelo, ha cambiado la evidencia informática y se ha incrementado la cantidad de trabajo durante la última década. Una de las divisiones que más ha crecido es la de informática forense porque, en cada hecho, hay cinco, seis celulares, computadoras, todo tipo de dispositivos que hay que analizar para evaluar si la información que proveen se inscribe en el contexto de ese crimen. Cuando hablo de crimen no siempre me refiero a un asesinato y tampoco es que siempre haya un cadáver; puede ser un tema de pornografía infantil, por ejemplo. En esos casos interviene mucho la informática forense. Todas las ciencias que forman parte de la criminalística y de la ciencia forense en general han evolucionado a la par del crimen y la tecnología.

--¿El crimen capitaliza los avances de la tecnología?

--Claro que sí. Por ejemplo, creció mucho la estafa que se vale de la actividad virtual. Y en ese ámbito, el problema es que sigue habiendo un gran vacío legal. O sea, ¿hasta dónde puede llegar la justicia? Muchas veces el problema es que las pruebas no son tangibles sino que están en un universo de softwares. Por eso sostengo que muchas veces el crimen va de la mano de la tecnología, tanto para hacer el bien --cómo resolvemos un determinado crimen con nueva tecnología-- como cuando los delincuentes la usan para cometer crímenes.

--¿Cuáles son los secretos para esclarecer crímenes científicamente?

--La criminalística se nutre de distintas ciencias --en particular, de las llamadas ciencias “duras”-- aunque también, de muchas artes y oficios. La criminalística es una gran reunión de científicos de distintas especialidades que trabajan para la justicia; lo que ellos hacen es aportar su conocimiento para que ese conocimiento sirva en un juicio, en una causa. El perito, de la ciencia que sea, emite un dictamen en potencial: “estaríamos en presencia de”... En el imaginario popular, la palabra “forense” remite al médico forense. Pero, así como está el médico forense, también hay antropólogos forenses, psicólogos forenses. El término “forense” significa “aplicado a los tribunales”. En relación con los secretos para esclarecer crímenes científicamente, hay que saber dónde buscar y qué buscar. Otra cosa importantísima es el lugar del hecho.

--¿Qué aporta el lugar del hecho?

--El lugar del hecho aporta mucha información si uno sabe cómo recolectarla. Siempre se dice que la resolución de un crimen depende en un 50% de lo que se encuentra en el lugar del hecho y en el 50% restante, de lo que se encuentra en la autopsia; ésas son las dos fuentes más importantes de información en una investigación. Entonces es muy importante que la primera persona que llegue al lugar del hecho, aun cuando no sepa hacer un relevamiento, tenga la conciencia de cerrar ese lugar, precintarlo para que nadie entre y nadie salga, es decir que nada se mueva. Luego de esa primera preservación, entra el trabajo de cada uno de los peritos, tales como levantar un proyectil de arma de fuego, una mancha de sangre o de cualquier otro tipo, una huella latente de calzado o de otro tipo. Estos procesos deben hacerse siguiendo los protocolos. Hay protocolos para todo. Si hay algún tipo de fractura en lo que hacemos o algo que no se hizo bien en ese momento, esa pericia puede ser descartada y se vuelve a foja cero. Eso puede ocasionar que un hecho no se resuelva.

--¿Hay algún caso que haya sido particularmente emblemático?

--El caso de O. J. Simpson marcó un antes y un después en el tratamiento de la evidencia. Allí se puso en duda el procedimiento para levantar esa evidencia; ese cuestionamiento permitió que O. J. Simpson pudiera quedar impune. Como en esa ocasión no se había levantado la evidencia de forma correcta, a partir de allí, los protocolos, que ya existían, se volvieron más específicos y se tuvieron que seguir al pie de la letra. A veces la gente me pregunta: “¿cómo puede ser que, con tanta tecnología, los crímenes no se resuelvan?”. Muchas veces está el cuchillo con el que se apuñaló a una persona, está la sangre de la persona herida, están las huellas en el mango del cuchillo... Uno lo aporta como prueba, pero cuando eso llega a la instancia de juicio, hay abogados defensores que se especializan en buscar --y logran encontrar-- esos errores que pudo haber tenido la investigación; eso hace que una pericia se derrumbe y se vuelva al inicio.

--¿Cómo juegan los posibles sesgos de confirmación de quienes investigan un crimen?

--Lo ideal sería que los peritos aportemos lo que encontramos en el lugar y que luego el fiscal le otorgue un sentido a esos indicios que se hayan encontrado. Nosotros no podemos hacer juicios de valor ni sugerencias de ningún tipo. Como peritos, nosotros acudimos al lugar del hecho o presenciamos el momento de la autopsia. Aportamos información, fotografías, todo lo que se encuentra. Después pasa a ser tarea del fiscal que la investigación vaya en una dirección o en otra. Por ejemplo, cuando aportamos información no decimos: “estamos hablando de una puñalada que se dio a gran velocidad”. No, lo que decimos es: “encontramos en el cuerpo una herida compatible con una producida por arma blanca, de una cierta profundidad”. Si fue con saña o no lo va a tener que evaluar el fiscal. Nosotros solo aportamos las evidencias que se encuentren.

--¿Pero todos y cada uno de los investigadores encontrarán lo mismo en la escena de un crimen?

--En teoría, todos deberíamos encontrar lo mismo porque estamos entrenados para buscar ciertas cosas. Se sigue un patrón; lo científico no deja mucho librado al azar. La autopsia tiene que ser completa, ordenada, representativa, ilustrada. Si llega alguien a la mesa de autopsias con un disparo en la cabeza, uno tiene la idea de que va a estar todo en el cráneo y se buscará el proyectil, aunque después se analice todo el cuerpo. En más de una ocasión tuvimos que realizar la autopsia de un suicidio con un disparo en la cabeza, por ejemplo. Al hacer el examen de tórax y abdomen encontramos que la persona tenía algún tipo de cáncer. Eso te puede dar una idea acerca del origen del suicidio. Sin hacer una aseveración, se lo informamos al fiscal, porque lo puede llevar a pensar que eso derivó en el suicidio. Pero nosotros, desde lo estrictamente científico, buscamos qué dice ese cuerpo, qué aparece en ese cuerpo más allá de ese disparo. Tanto el médico que hizo la autopsia conmigo como otro médico, o si la autopsia se hizo en China, en Estados Unidos o donde fuere, todos llegaremos a la misma conclusión: esa persona murió por esa herida de arma de fuego en la cabeza y, además, presentaba síntomas de algún tipo de cáncer. Es decir que todos llegaremos a un mismo resultado, que debería ser el que informemos.

--A partir de la pandemia, ¿observa cambios en las características del crimen?

--En un principio, cuando solo los esenciales podíamos salir de nuestros hogares, el crimen había bajado muchísimo y de manera precipitada, producto del aislamiento. Es más, hubo una o dos semanas en las que no hubo hechos de ningún tipo. Yo llegaba a mi guardia y veía la pizarra limpia; esto tenía mucho que ver con que estábamos todos en nuestras casas, no había gente dando vueltas en la calle, por lo que no había robos ni asesinatos ni suicidios. A medida que el encierro fue aflojando y comenzó a haber mayores niveles de interacción social, nuevamente subió el número de muertes en ocasión de robo. Con el encierro creció mucho la violencia intrafamiliar --las peleas entre familiares que terminaban en muerte-- y, en paralelo, los suicidios. Según las estadísticas que manejamos todos los años, el pico de suicidios suele darse en diciembre, entre los días previos a Navidad y los primeros días de enero. Este año empezó antes de diciembre y hasta mediados de febrero tuvimos bastante cantidad de suicidios, de todas las edades y todos los estratos sociales.

--En los últimos tiempos creció considerablemente la producción de series y películas de crímenes y policiales. ¿Por qué atraen tanto estas temáticas?

--Me parece que se relaciona con cierta cosa atávica que llevamos en el inconsciente, de esta relación con la muerte, con lo oscuro, con la locura. Cuando me preguntan si me da impresión mi trabajo, siempre digo que la sangre, el olor, ver un cadáver maltrecho y demás no me afecta tanto como la historia que está detrás de ese cadáver, o sea, por qué esa persona termina en un suicidio o como víctima de un homicidio. Muchas veces la historia que viene detrás nos impacta más que el hecho de enfrentarnos a un cadáver.

--¿A qué se debe ese endurecimiento?

--No lo sé, pero con el tiempo uno se va poniendo un poco más duro y no lo afecta tanto. Sí nos queda girando en la cabeza esa historia que no conocemos. Hay una especie de romantización del crimen, de la muerte. Conozco morgues de nuestro país y de otros países y en ninguna vi un televisor de pantalla plana en la sala de autopsias, como muestran las series; eso es impensado. Hay una cosa glamorosa de la muerte que atrae. Esto es algo que veo mucho en mis alumnos. Muchos me dicen que se decidieron a estudiar criminalística por CSI (Crime Scene Investigation), por ejemplo. También están quienes dicen que es una disciplina que les interesó siempre. En mi caso, crecí viendo los Expedientes-X, El silencio de los inocentes... Recuerdo haber visto El coleccionista de huesos en el cine el día que me inscribí en Criminalística. En ese entonces, me dije: “sí, definitivamente esto es lo que quiero hacer”. Creo que la mayoría llegamos a estos temas a través de las series, los documentales, las novelas.

--¿Qué relación encuentra entre esto que menciona y la idea, expresada en su último libro, de que la realidad supera la ficción?

--Más de una vez, a partir del relato de los hechos o de lo que encontramos en la autopsia, me encuentro diciendo que si escribiera esa historia no me lo creerían. Sí, creo que la realidad supera la ficción y, sobre todo, en lo que respecta a la ficción policial o la novela negra. Mucho de lo que escribo en las novelas se basa en cosas que he vivido y me han pasado. Esto le da más poder a lo que uno cuenta, porque no es algo inventado, sino que es algo vivido de cerca, de primera mano.

--Dice que “no existe el crimen perfecto, existen malas investigaciones”. ¿Por qué?

--Así lo creo. Hoy es muy difícil cometer un crimen “perfecto”. En todo dejamos un rastro biológico, latente, tecnológico. Hay cámaras de seguridad y numerosas formas de ubicar a una persona en cierto lugar a determinada hora. Una mala investigación, tanto por impericia como por ignorancia, puede llevar el caso en una dirección incorrecta y perder indicios fundamentales.

--¿Cuál es su análisis sobre el tratamiento que suelen hacer los medios de los hechos policiales y los crímenes? ¿Cómo es la narración mediática que predomina?

--Noto un creciente interés por las coberturas policiales. Llegan a ser más del 50% de las noticias que vemos a diario. He percibido una formación más académica de los reporteros. La mayoría tiene conocimientos de criminalística y procedimientos forenses. Antes, el periodista se quedaba con lo que le informaba la policía. Hoy conocen los procedimientos y los análisis, y los saben explicar. Es un avance muy importante dentro de este tipo de periodismo.

Según investigación, la vida en el cráter de Chicxulub se ha recuperado de forma rápida, tras el impacto del asteroide de 12 kilómetros de ancho que hizo un agujero de 180 kilómetros de diámetro y cuya potencia ha sido comparada con la de miles de millones de bombas atómicas. Foto Agencia Espacial Mexicana

En el hemisferio norte era primavera y las especies estaban más expuestas // En el sur, era otoño y se protegieron en sus madrigueras, concluyen científicos

 

París. El reinado de los dinosaurios sobre la Tierra acabó con el impacto de un meteorito hace unos 65 millones de años, en el actual Yucatán, fenómeno ocurrido durante la primavera boreal, según un estudio publicado ayer en Nature.

En un día de primavera los peces espátula y los esturiones nadaban en un río que serpenteaba a través de un floreciente paisaje poblado por poderosos dinosaurios y pequeños mamíferos en el extremo suroeste de Dakota del Norte. Ese día la muerte vino de arriba.

Los científicos señalaron ayer que los fósiles de peces bien conservados desenterrados en el sitio proporcionan una comprensión más profunda de uno de los peores días en la vida en la Tierra.

La subsiguiente extinción masiva eliminó unas tres cuartas partes de las especies de la Tierra y preparó el terreno para que los mamíferos –incluidos los humanos– se convirtieran en dominantes.

El impacto que creó el cráter de Chicxulub provocó catástrofes que desembocaron en un cambio climático dramático.

Esa extinción masiva sigue desconcertando a los científicos, ya que fue una de las más selectivas de la historia de la vida: desaparecieron todos los dinosaurios no avianos, los pterosaurios, los ammonites y la mayoría de los reptiles marinos, pero sobrevivieron mamíferos, aves, cocodrilos y tortugas.

No se podrá conocer nunca el año exacto en que ocurrió ese fenómeno, pero un equipo de científicos liderados por Melanie During, de la Facultad de Ciencias de la Universidad libre de Ámsterdam, y Denis Voeten, de la Universidad de Uppsala, Suecia, elaboraron tras años de investigación una cronología horaria de esa gran extinción, la quinta que sufrió el planeta.

En general, se sabe que los organismos que estaban expuestos morían prácticamente de inmediato. Así que los que se refugiaban en cuevas o madrigueras porque estaban hibernando tenían muchas más probabilidades de sobrevivir en el Paleógeno.

El sitio arqueológico de Tanis, en Dakota del Norte, es clave para esa teoría. En ese lugar se encuentran los restos fósiles de numerosos animales que fueron englutidos por un seiche, especie de marejada, según el estudio. Éste ocurre en espacios acuáticos cerrados o semicerrados, cuando un hecho externo, como el viento o un sismo, mece las aguas.

El fenómeno ocurrió unas decenas de minutos después del impacto del meteorito. La onda de choque atravesó casi 3 mil kilómetros y levantó gigantescas olas en el Mar Interior Occidental, que en esa época atravesaba la actual América de norte a sur.

Los científicos estudiaron los fósiles de tres esturiones y tres peces espátula procedentes de Tanis, mediante un análisis tomográfico de rayos X de alta resolución en el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón de Grenoble.

Primero comprobaron que los peces murieron efectivamente durante ese seiche.

Mientras el agua se levantaba y devastaba todo a su paso, del cielo caía una lluvia de arena vitrificada, provocada por el enorme calor del impacto.

Los peces "estaban vivos y alimentándose cuando ocurrió el impacto, en los últimos minutos del Cretáceo", explica el informe.

Murieron "entre 15 y 30 minutos" después del choque del meteorito, según During. "La señal de isótopos de carbono en el registro de crecimiento de este desafortunado pez espátula confirma que la temporada de alimentación aún no había llegado al clímax: la muerte llegó en primavera".

Según los científicos, los hallazgos ayudarán a futuras investigaciones sobre la selectividad de la extinción masiva: en el hemisferio norte, era primavera y, por tanto, los ciclos de reproducción de los organismos estaban comenzando, para luego detenerse abruptamente. En cambio, en el hemisferio sur era otoño y muchos organismos se preparaban para el invierno.

Denuncian a nueve grandes mineras por querer operar en tierras protegidas de Brasil

Duro informe de la ONG Amazon Watch y la Asociación de los Pueblos Indígenas de Brasil

Impulsadas por miles de millones de dólares de bancos internacionales y firmas de inversión, grandes compañías mineras buscan expandirse por tierras indígenas protegidas en la selva amazónica de Brasil, sostiene un informe publicado este martes. Nueve mineras gigantes, entre ellas la brasileña Vale, la británica Anglo American y la canadiense Belo Sun, presentaron solicitudes de autorización para explotar reservas indígenas en Brasil a pesar de que actualmente es ilegal, según un informe de la ONG ambientalista Amazon Watch y la Asociación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

El documento sostiene que dicha expansión privada "está en el centro de la intensa agenda del gobierno de Jair Bolsonaro para desmontar la legislación ambiental y apoyar al sector minero, la apertura de los territorios indígenas para la minería industrial y a la pequeña o artesanal (llamados garimpos)". Además apunta a los fondos estadounidenses Capital Group, BlackRock y Vanguard como los principales financistas de "las empresas citadas por sus intereses en tierras indígenas y por su historial en violación de derechos".

La aprobación del proyecto de Ley 191/2020 del gobierno de Bolsonaro "puede causar la pérdida de 160 mil km2 de selva amazónica", señala el informe, que agrega que en 2021 la deforestación vinculada a la minería aumentó un 62 por ciento respecto a 2018, año en el que Bolsonaro llegó al poder.  

Publicado enMedio Ambiente
Ariel Arango Prada. Entrelazando
Albeiro Camayo pertenecía a la Guardia Indígena hasta que fue asesinado en el Resguardo de Las Delicias, Cauca (Colombia). Su muerte, al igual que la de otros muchos compañeros, abre muchas incertidumbres en un país en el que mientras unos hablan de paz y reconciliación, a otros los siguen matando.
 
Olvidamos la Historia por muchos años. Se borran escenas. Nos hacen olvidarla. Pero se nos viene encima, toda, con cada asesinato.

El 24 de enero, en el Resguardo de Las Delicias, Buenos Aires, Norte del Cauca, un lunes en la tarde, asesinaron a Albeiro Camayo. Hasta allí había llegado su abuelo, Sebastián Camayo. Cuentan que él fue el primero en llegar a esas tierras en 1908.

Ahora, todos estos años después, es justo volver atrás, para mirar esta guerra que nos destruye antes incluso de nacer, para mirar el camino de quienes defienden la vida y comparten lo que no debería ser cotidianidad, el entierro, la siembra constante de compañeras y compañeros asesinados. La posibilidad de creer que será la última sabiendo que pronto nos volveremos a encontrar en otra. Albeiro acompañó demasiadas siembras, hasta que llegó el tiempo de la suya.

¿Y quién era Albeiro? Era el hijo de Evelia y Miguel Ángel, líderes en la recuperación de tierras desde 1977.  

Y en este volver atrás, la vida de Albeiro y su familia se abre para mostrarnos que sin embargo, sí hay posibilidad cuando compartimos la defensa por el territorio. Escapar de la violencia. Desplomarse dentro de ella. Arrastrar esta memoria de resistencia parece ser el destino de estas vidas, que son, tal vez, nuestra única oportunidad para construir de verdad un país en Paz.

Olvidamos la Historia por muchos años. Se borran escenas. Nos hacen olvidarla. Pero se nos viene encima, toda, con cada asesinato.

El 24 de enero, en el Resguardo de Las Delicias, Buenos Aires, Norte del Cauca, un lunes en la tarde, asesinaron a Albeiro Camayo. Hasta allí había llegado su abuelo, Sebastián Camayo. Cuentan que él fue el primero en llegar a esas tierras en 1908.

Ahora, todos estos años después, es justo volver atrás, para mirar esta guerra que nos destruye antes incluso de nacer, para mirar el camino de quienes defienden la vida y comparten lo que no debería ser cotidianidad, el entierro, la siembra constante de compañeras y compañeros asesinados. La posibilidad de creer que será la última sabiendo que pronto nos volveremos a encontrar en otra. Albeiro acompañó demasiadas siembras, hasta que llegó el tiempo de la suya.

¿Y quién era Albeiro? Era el hijo de Evelia y Miguel Ángel, líderes en la recuperación de tierras desde 1977. 

Y en este volver atrás, la vida de Albeiro y su familia se abre para mostrarnos que sin embargo, sí hay posibilidad cuando compartimos la defensa por el territorio. Escapar de la violencia. Desplomarse dentro de ella. Arrastrar esta memoria de resistencia parece ser el destino de estas vidas, que son, tal vez, nuestra única oportunidad para construir de verdad un país en Paz.

Ariel Arango Prada. Entrelazando
 

Eran los años 50-60 —aunque todo parece seguir ocurriendo hasta el día de hoy— cuando los llamados, en aquel entonces “pájaros”, quienes actuaban bajo el mando de terratenientes, asesinaban a campesinos e indígenas en lucha por la tierra. Varios fueron los asesinados en Las Delicias. Así lo recuerdan aquí, cuando en las noches dormían en el monte para protegerse. A su tierra habían llegado previamente esos grandes hacendados, colonos, terratenientes, que al exigirles a la familia Camayo y al resto, escrituras de propiedad que no tenían, decidieron apropiarse de sus tierras y ponerlos a trabajar como terrajeros. Lo que significaba que para cultivar una pequeña parcela para vivir debían de servirle al terrateniente dos o tres días a la semana en su hacienda.

Los padres de Albeiro heredaron de sus padres el terraje.

Los sistemas de opresión necesitan crear la ilusión de que son soportables, y para eso necesitan de un universo narrativo que los justifique, hasta que surgen las voces que los desmontan. Así comenzaron a organizarse. A recuperar la tierra. Teniendo que enfrentarse no solo contra los terratenientes, sino contra la policía, el ejército y los informantes o sapos que les delataban. Muchas, muchos fueron encarcelados en una época en la que la recuperación se extendía ya por todo el Cauca. En una época en la que campesinos e indígenas se movilizaban por las tierras sobrepasando con sus acciones los límites de una reforma agraria que nunca llegó. Y así es como, heredero de todas esas luchas previas, del trabajo comunal hecho por generaciones, de pensamientos e ideales, del trabajo de educación popular, nació el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en 1971, con una consigna: el no pago del terraje.

¿Cuánto poder tiene una organización, que de solo acariciar la posibilidad de recuperar lo arrebatado, de poder denunciar los profundos orígenes de la concentración de tierras, de la desigualdad, de la explotación, de la barbarie, aquellos y aquellas que participan se ven obligados a soportar la tortura, la humillación, la amenaza, la muerte?

Eran los años 70-80, y cuentan que hasta Las Delicias llegaba gente de Canoas, Corinto, Toribio, Santander de Quilichao… a ayudar en las recuperaciones. Cientos de indígenas campesinos caminando juntos con una única estrategia: entrar, picar, sembrar y salir. Luego, el terrateniente mandaba destruirlo todo. Y así fueron nueve años, como contaba el padre de Albeiro, Miguel Ángel. Nueve años de incertidumbre y amenazas, de esconderse y dormir constantemente en el monte, hasta que las recuperaron. Entonces las tierras pasaban a ser colectivas, destinando a cada familia unas pocas hectáreas. Y fue también desde entonces que comenzaron algunos a hacer alianzas para arrendar terrenos, actuando como terratenientes. A ellos, cuentan, que les llamaban la atención con la advertencia de ser expulsados del territorio. En 1996 se constituyó oficialmente el Resguardo Indígena de Las Delicias.

Miguel Ángel falleció el 3 de agosto de 2021. Apenas unos meses antes del asesinato de dos de sus hijos por las llamadas hoy disidencias de las FARC-EP, la columna móvil Jaime Martínez, quienes actúan en torno al narcotráfico, quienes hoy se apropian de estas tierras. Dos, porque antes de que asesinaran a Albeiro, el 21 de noviembre, un domingo a las 13h, asesinaron a otro hermano, a Marcos Camayo, mientras trabajaba en su cafetal. Hasta allí llegaron en una moto para dispararle. Marcos fue Gobernador y Coordinador Político del Tejido de Salud.

Los comienzos y los finales se superponen y así cuando creemos que algo está terminado en realidad continúa.

En los últimos cinco años, es decir, desde la firma de los llamados Acuerdos de Paz entre el Gobierno y las FARC, los cultivos de coca para el narcotráfico se están concentrando extensivamente en la cordillera occidental, especialmente en Suarez y aquí en Buenos Aires, con la presencia constante de grupos armados.

La amenaza está tan presente que la posibilidad de hacer algo conlleva a menudo la misma respuesta. La posibilidad de otra muerte. Todavía no habían transcurrido dos meses, era domingo 14 de enero, cuando tras detectar la presencia de miembros armados de la Jaime Martínez, los Kiwe Thegnas con acompañamiento de la comunidad salieron a realizar su control territorial, una acción urgente para proteger. Cuando abrieron fuego contra ellos, asesinando a Breiner David Cucuñame, de 14 años, y a Guillermo Chicame, cuñado de Albeiro, Guardia Indígena y miembro del esquema de protección de Fabián Camayo, otro hermano, quien también resultó herido de gravedad.

Diez días después asesinarían a Albeiro.

—A él lo llevaban de niño a recuperar porque eso es una cosa que hacemos, que hacían nuestros papas. Mi papá, mi mamá me llevó a mí, y por eso esa terquedad en la tierra. Albeiro tenía también esa terquedad en defender la tierra porque lo aprendió de su seno familiar.

Ese era Albeiro. “El que despierta a los truenos para que continúe la lucha”, cuenta Luis Acosta, coordinador de la Guardia Indígena Nacional.

Llovió. Ese lunes 24 llovió con fuerza. Como hacía tiempo no llovía así. Por eso aquel día los truenos gritaron el “¡Guardia, Guardia! ¡Fuerza, Fuerza!” cuando asesinaron a Albeiro Camayo.

Llovió. No querían levantar su cuerpo hasta que el agua les obligó.

Fue un asesinato paramilitar en su modo y acción. No hay Revolución cuando disparas a un hombre enfrente tuyo siete tiros de fusil. Y cuando ya está en el suelo, le arrebatas su machete. Le golpeas. Le cortas. Le degüellas. Le hieres. Te burlas de sus símbolos de lucha, de la resistencia milenaria, mientras su hijo está presente.

¿Y por qué?

No hay respuesta.

Y la rabia, ya está toda ahí, dejando su huella en lo que será, dentro de poco, el futuro.Ese mismo día, esos armados habían llegado al pueblo amenazando a la gente, pidiendo que salieran de sus casas para una reunión. Albeiro junto a otros compañeros fue, no lo dudó, como así lo venían haciendo, para proteger, para que no reclutaran más, para dialogar, para llegar a un acuerdo esta vez.

—¡Pasen por el territorio, pero por favor no nos maten más!

Uno de los armados mirando a Albeiro le dijo: 

—Yo maté a tu hermano. El próximo serás tú. Y después, sigue la Autoridad y una lista de Guardias Indígenas.

Con estas palabras se fueron. Y mientras ya estaban llegando a la casa, Albeiro recibió una llamada. Alguien le avisó de que su sobrino estaba secuestrado. Unos pocos regresaron con él, cuando estaban llegando a la zona del Mandarino, unos hombres le pidieron ayuda para llenar un timbo de agua, y allí, le emboscaron. Así lo cuenta la familia. No había posibilidad. Su sobrino no estaba secuestrado, había salido en la mañana muy temprano a trabajar.

No respetaran jamás la palabra.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

Son las 10h. Hoy es 25 de enero de 2022. Ayer asesinaron a Albeiro. En una camioneta en la parte de atrás junto con un grupo de Kiwe Thegnas vamos al encuentro de su cuerpo muerto. Viene de Cali, donde le hicieron la autopsia. Sus rostros, sus ojos, los nuestros, lo dicen todo. Esto no debería estar sucediendo.

Llegamos al peaje de Villa Rica. Otras camionetas han llegado. Comienza a pasar el tiempo, la espera. El dolor colectivo. Estamos en la vía Panamericana, donde todos compartimos con Albeiro. Esta vía es el símbolo de la lucha y de la resistencia, lugar de muchas Mingas históricas. Cortar, frenar el paso de vehículos para exigir derechos y su cumplimiento. Hoy le esperamos para que retorne por esta misma vía al seno de la Madre Tierra.

Pasa el carro de la funeraria, ahí está él, quien durante años guio, orientó, enseñó a miles de Kiwe Thegnas. Fue su coordinador. Estuvo desde que se oficializó la Guardia Indígena en 2001, siempre al frente. Se dice que los detalles no mienten porque parecen que tienen que ver más con la realidad que con los discursos. Albeiro siempre estaba presente, dispuesto a lo que fuese necesario. No importaba la hora, el tiempo, él llegaba.


Ariel Arango Prada. Entrelazando

Santander de Quilichao. Su cuerpo llegó a la morgue. Hay que reconstruirlo. Todos queremos verlo para un último adiós. La familia lo sabe, sabe que su ataúd debe estar abierto en la velación. Por eso le piden a quien ya lo ha tenido que hacer en otras muchas ocasiones.

—Por favor reconstruya su rostro, la comunidad no puede velarlo así.

Fuera en la calle un grupo de Kiwe Thegnas se reúne. ¿Cómo organizar la despedida de un amigo, de un compañero, de quien aprendieron a ser guardias, a quien advertían que le iban a matar?

—Hemos sido insistentes en varios momentos de lo que iba a pasar. Lo que iba a venir. Pero no se prestó más atención a esto. Y hoy lamentablemente tenemos que cargar a nuestro compañero, con quien muchos de nosotros, crecimos con él. […] Uno se siente impotente, de no poder hacer nada, nosotros que estamos al frente, que estamos haciendo lo posible por salvar vidas, pero lamentablemente no se pudo.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

Oscureció en Santander de Quilichao, estamos en la Yat Wala de la ACIN, esperando su cuerpo. La Guardia Indígena hace la calle de honor. Manos firmes sosteniendo los bastones. Se da la orientación. Esta es una velación familiar. Nada de autoridades, ni medios de comunicación. Solo dolor y honesto silencio. Y es que antes de que el cuerpo de Albeiro descase en Las Delicias, una breve parada aquí es necesaria para que su hermano Fabián, gravemente herido de bala por los mismos que lo mataron, pueda despedirse de él.  

Fabián llega con su chaleco de Kiwe Thegna sobre la ropa del Hospital. No puede casi caminar. No hay nada más que describa este momento.

Su ataúd vuelve al carro fúnebre. Y con él, todos en caravana dirección al Resguardo de Las Delicias

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

26 de enero. Dos espacios en Las Delicias. Uno, en el polideportivo, algunas autoridades del movimiento indígena y de la región toman el micrófono. Se debate: ¿qué se va a hacer?, ¿cuál será la respuesta? Palabras, una tras otra, ante la incertidumbre de qué orientación seguir. Surge la propuesta de cortar la vía Panamericana, dicen de llevar ataúdes y bloquearla con ellos. Otros proponen ir en Minga a Bogotá y encadenarse en la plaza Bolívar, ese lugar en el que uno ve las fachadas de la institucionalidad y su impunidad, Palacio Presidencial, Palacio de Justicia y Catedral. Otros plantean ir a erradicar las plantas de coca del territorio. No hay consenso, la incertidumbre abruma. Los riesgos están, qué perder y qué ganar cuando ya se perdió demasiado. De todas maneras, no se tomará ninguna decisión, ni habrá acción hasta que no se entierre al compañero Albeiro Camayo.

En tanto nos atañe, nos duele, la muerte convoca, y cientos de personas están llegando para despedirse, para acompañar, para estar ahí. Llegan de todo el territorio caucano, delegaciones de los distintos Resguardos, llega el pueblo Misak, el pueblo Totoró, el pueblo Kokonuco, el pueblo Yanakona. Y con todos caminó Albeiro, y a muchos, les ayudó en el proceso de fortalecimiento de las Guardias Indígenas.

Y mientras que el pueblo camina a su despedida, el ejército está levantando el campamento que tenían justo aquí, apenas a unos kilómetros de donde asesinaron a Albeiro.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

El otro espacio, hoy en Las Delicias, es la velación en casa de los Camayo. Mañana será su siembra. Hoy, como ayer, se le velará. Se coincidirá en el dolor. Sabiendo que aquí no habrá olvido.

Uno por uno, en familia, se asoman o alzan a los niños para ver por última vez el rostro de Albeiro. El rojo y el verde de la pañoleta cubren su rostro dejando sólo su ojos a la vista. Ojos que cuentan lo que para las palabras está vedado.

El micrófono se abre para que algunos compañeros, autoridades, las hermanas, otros familiares compartan palabras, recuerdos, denuncias que exigen justicia. No se puede deshacer lo que aquí pasó.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

—Dicen que nosotros andábamos armados. Que yo andaba con un fusil. La gente que nos acompañó nos vieron, y yo ¿cómo andaba? Yo andaba simplemente con unos binoculares, mi canguro… no tenía nada más, yo digo si nosotros tuviéramos armas como dicen, los tuvimos a 10 metros. Uno con arma larga a 10 metros, mata a todos […] En el honor y en el respeto que se merece el compañero que dio la vida por otro compañero, es de aclarar esta situación. En ningún momento nuestros muchachos andaban con armas. […] Nosotros no llegamos a atropellar. Nosotros llegamos hablando, pero ellos estaban en esa tónica de que del territorio no se iban, porque este es territorio de las FARC, pero este no es territorio de las FARC. Nunca ha sido. Desde ahí empezó la situación, ellos estaban amenazándonos diciéndonos que nos iban a matar […] pero no creíamos que iban a cumplir esa amenaza. Hoy quiero dejar claro a ustedes compañeros que no es la realidad el comunicado que sacó la columna móvil Jaime Martínez. No es la verdad que nosotros andábamos armados, que la muerte del compañero Breiner fue en un escenario de disparos, eso es mentira. Porque al compañero lo mataron en la carretera, el compañero no estaba con nosotros en la parte baja, él venía de trabajar con el papá. Y a él le dispararon. […]  Y al compañero [Guillermo] no lo mataron disparando, a él lo mataron cargando a un herido. Él cargó al compañero Fabián […] fue a auxiliarle […] alcanzó a dar diez pasos y le dispararon. Ahí cayó gravemente herido. No pudimos rescatarlo porque nos siguieron disparando. A los 20 minutos pudimos al menos acercarnos donde ellos, pero ya estaban en las últimas, ya no podía hablar, trataba de decirnos algo, no sabemos… tratamos… hicimos todo… pero no se pudo.

Son las palabras entrecortadas y con llanto de Albeiro grabadas hace una semana en el velorio de su cuñado, Guillermo. La disidencia quiso representarle como un hombre armado, un falso Guardia Indígena. Panfletos, vídeos y una campaña de desprestigio para expulsarle de la cotidianidad de su comunidad. Y es que en este país denigrado por la violencia y su impunidad, se necesita simplemente una acusación y no una prueba, convirtiendo al inocente en culpable cuando la ignorancia es la que juzga. Y más aún, eso justificaría un asesinato.

Hoy, en su propio velorio se escuchan sus palabras por los altavoces. Es su última defensa, de quien no dudó.

—Nosotros vamos a continuar el control territorial así nos sigan matando.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

En los ojos de quienes miran se dice que están presentes los siglos que llamamos Historia. Encarnamos nuestro pasado. Evelia es la madre de Albeiro, ella luchó por recuperar estas tierras y hoy no quiere llorar más. Dice que está contenta por la cantidad de gente que quería a su hijo. No estaba sólo.

Lleva más de dos días cocinando. Aquí se sirve desayuno, almuerzo y comida para todos. No hay descanso, hasta que el desayuno del día 27 de enero se sirvió. Y con ello el cuerpo de Albeiro a hombros de amigos, compañeros y Kiwe Thegnas comenzó su último caminar, dirección a su propia casa, donde vivía humildemente con su mujer y sus hijos. Una última despedida.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

—El dolor que me invade no es tanto el dolor físico sino el dolor de ver cómo se está desangrando mi territorio. Cómo la guerra se ha trasladado a nuestro territorio, una guerra absurda. Mi hermano fue firme en decir que nuestros territorios nunca se van a prestar para los actores armados, para la delincuencia. No más prestar nuestro territorio para cultivos ilícitos. Creo que eso hoy le costó la vida a él. Y es que lastimosamente la comunidad ha visto el tema del cultivo ilícito como tema económico pero más allá del tema económico no han mirado las consecuencias que está causando en el territorio. Hace diez días dos compañeros fueron asesinados. Y no nos asusta el tema de las balas, porque tarde o temprano vamos a morir. El hecho es morir haciendo algo, dejando Historia como hoy lo hizo mi hermano. […] Muchas veces escuche decir que la Guardia no es para estar correteando a la guerrilla, que eso es tema de la Fuerza Pública, y yo les digo a estos líderes que hoy están pensando eso, entonces, ¿vamos a entregar nuestros territorios, los territorios que tanto les costaron a nuestros mayores recuperar? Las balas asesinas no van a poder silenciar el legado que Albeiro dejó.

Palabras de Fabián Camayo en un audio enviado desde el Hospital donde se encuentra recuperándose de las heridas de bala.

Por petición de la familia, no habrá homenaje en el polideportivo, ni palabras de las Autoridades Indígenas, directo de su casa irá al cementerio, y serán sus compañeros, sus amigos, los y las Kiwe Thegnas quienes le despedirán en el Cementerio.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

—Hoy señalamos, hoy justificamos más al compañero Albeiro. Hoy creemos más en los medios comerciales que en nuestros propios medios. Hoy le creemos más a la Fuerza Pública, a los grupos delincuenciales que a la Guardia Indígena. Hoy le creemos más al blanco que viene de afuera que a nuestros propios compañeros. Y quizás, a mí no me consta, pero creo que Albeiro lo dijo: yo nunca anduve armado. Pero hoy más de uno lo señalamos por eso. Y si en algún momento Albeiro lo hizo fue porque se mamó. Se cansó de esperar el respaldo jurídico de nuestras Autoridades. Y yo le digo hoy a las Autoridades: ¿van a permitir que nos sigan matando a la Guardia, a los que aún continuamos? Hoy duele muchachos. Porque en varias ocasiones llamamos a la consejería del CRIC a tocar este tema de Albeiro y nunca nos prestaron atención. Llamamos a la consejería de Cxab Wala, le echaban la culpa al CRIC y el CRIC le echaba la culpa a Cxab Wala. Cuando decidimos como Kiwe Thegnas sentarnos a mirar esta situación, que la Guardia debía coger el territorio, ya fue demasiado tarde. Eso duele compañeros y hemos dicho a la Guardia: “Aquí nos van a seguir matando. Aquí las Autoridades no nos van a proteger. Aquí las comunidades no nos van a proteger, porque habemos muchos que aún seguimos en el listado. Habemos mucha Guardia que aún seguimos amenazados y aquí vamos a seguir muriendo. Pero como dice el compañero Albeiro, que muramos por algo que valga la pena, pensando en nuestros hijos el día de mañana. Que nuestros hijos sean los que gobiernen el territorio y no los grupos armados”.

Palabras de una cuidador de la Madre Tierra, uno de tantos Kiwe Thegnas que luchan por la vida en medio de la muerte.

 

Ariel Arango Prada. Entrelazando

Seis de la mañana. Amparados en las decisiones tomadas en Asamblea, al día siguiente de la siembra de Albeiro, se procede a realizar un ejercicio de Recorrido Territorial por Las Delicias. La finalidad, visitar las fincas cocaleras del sector para posicionar los mandatos emanados en Congresos y Asambleas referentes al control territorial, a la defensa del territorio. Hacer pedagogía y conversar con los trabajadores, los dueños de las fincas exponiendo la situación de violencia y muerte que han traído al territorio.

—No venimos a atropellar a nadie pero a nosotros nos están matando. Ya nos tienen en la lista, ya nos amenazaron. […] El gobierno no va a entrar a erradicar, no va a venir a ustedes a decir qué necesitan. Pero hay una realidad, que nos están matando. Por eso hoy venimos a hacer pedagogía.[…] Estamos contando los días para que se vayan de aquí. Lo poco que puedan llévenselo y váyanse de manera voluntaria. Porque o cambian de actividad o abandonan el territorio. No vamos a permitir más desarmonías. 

A todos ellos se les hace llegar la Resolución del 29 de noviembre para su cumplimiento, que entre otras cuestiones recoge que: “dentro del territorio de Las Delicias no se permite el ingreso de grupos armados legales e ilegales que desarmonizan el territorio ancestral, toda prenda militar o armas de fuego serán destruidas y la persona puesta a disposición de la Autoridad para su respectiva investigación”. Que “no se permitirá el transporte o ingreso al territorio de combustible y químicos en cantidad que tenga como destino al procesamiento de coca u otros productos”. Que “las tierras recuperadas y que son comunitarias y que el Cabildo y los Neej Wesx le adjudicaron una parcela a los comuneros y comuneras para usufructuar y que hoy están arrendadas, vendidas, pasarán a manos de la comunidad, para nueva repartición.”

Hoy se retoman los puestos de control territorial.


Ariel Arango Prada. Entrelazando

El mensaje es claro. Sentido común y respeto a la vida. Pero, que se cumpla es extremadamente complejo.

Antes de los llamados Acuerdos de Paz en el 2016, el número de hectáreas de coca aquí era mínimo, ahora la vista se pierde entre los cultivos. Y así en todo el país, estimándose en alrededor de 150.000 a 200.000 hectáreas, según la fuente, cifras similares a las de hace dos décadas. Sin duda, un buen analista buscaría un argumento racional para explicar el por qué de este aumento. De la Ley de la oferta y la demanda. De que la coca es ilegal. De que se está potenciado su monopolización. De que no hay una reforma agraria. De que los grupos armados la fomentan. Y quien sabe, además te agregará que la cuestión es también burlarse siempre de la “legalidad” así los supuestos beneficios que traía el punto 4 de los Acuerdos con la sustitución de los cultivos ilícitos buscaban el crecimiento de las plantaciones. “¡Plante para luego obtener los beneficios de su sustitución!”. 

Durante el recorrido territorial, antes de llegar a Bello Horizonte, entramos en una plantación de seis hectáreas, es decir aproximadamente 68.000 matas de coca. El dueño dicen que es un señor de Cali, quien también tiene fincas en Suarez. Son tres los empleados que tiene a su cargo más el administrador, son de Caquetá y de Buenaventura


Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

La gente está preparada, dispuesta, necesitada de dejarse engañar por la prosperidad que anuncia la coca, desbordando con ello el sentido común y la preocupación por la vida.

Solo parece cuestión de tiempo, y no mucho, para que la mayoría termine plantando coca, trabajando en algún cultivo o arrendando la tierra para ello. Y es que son muchos los que aceptaron entrar en este negocio y para nadie es un secreto. Gente de fuera que llega al territorio pero también gente del territorio. Todo queda permeado. Y la mayoría se ve atraída por el espejismo de la coca, que requiere además un paquete peligroso de agrotóxicos para que sea más rentable, contaminando con ello las aguas, su propia tierra.

Ariel Arango Prada. Entrelazando

 

El discurso de supervivencia vuelve con fuerza. Desesperanzados por tomar este camino, que derramara más desigualdad. Y mientras, los que sobreviven al margen de todo esto, cada vez lo tiene más difícil de lograr.

La amenaza volvió. Y quienes hacían parte de esta pedagogía ahora ya están, o ya estaban, en la mira. Una sucesión de panfletos se han repartido en estos días, llegando a los rincones más distantes del Cauca. Más amenazas. Panfletos que también buscaban justificar el asesinato de Albeiro. Acusándolo de voz a voz de paramilitar, delincuente, antisubversivo… Y que están siendo repartidos en los retenes de la columna móvil Dagoberto Ramos en Caloto, en Inzá —donde estallaron una bomba—, en Toribío, en Vichiquí, en San Francisco... Y por si todo esto no fuese suficiente, los días siguientes a su siembra, vandalizaron su tumba, tiraron las flores, la patearon.

3 de febrero. El Fiscal General de la Nación anuncia que se han emitido dos órdenes de captura en contra de Jaime Alberto Peña Pisacue, alias Beto, y un menor de edad, quienes dicen que son los responsables del asesinato de Albeiro Camayo. Ambos pertenecen a la columna móvil Jaime Martínez. 

No es fácil reconstruir un entorno de atropellos, fragilidades, vulnerabilidades, de infamia, que hace a veces difícil juzgar quiénes son víctimas y quiénes victimarios. O sí que lo es. Lo cierto es que a menudo requerimos de un filtro que modere la intensidad de los hechos y los haga comprensibles. Necesitamos explicar por qué.

De millón setecientos a dos millones al mes. Este es el “salario” que les ofrecen por cargar un arma y disparar en la disidencia. Por ser parte de un grupo armado, de la cadena del narcotráfico. No hay más explicación. Ni retórica posible. No es revolución. Y por ese el movimiento indígena insiste en llamar a estos grupos narcoparamilitares. 

A las ciudades, a sus periferias, a los mismos jóvenes de los Resguardos Indígenas, la propuesta llega. ¿Cuál es el límite de la voluntad de decidir? Listado en mano en los colegios, a la salida de un partido de futbol así llegan. Con nombres y apellidos comienza su reclutamiento. Se los llevan, no hay elección. Solo la posibilidad de que la Guardia Indígena llegue a tiempo, los encuentre y los rescate, antes de que sean enviados a combatir a Argelia, al Tambo, al norte del departamento de Nariño o al Putumayo, lugares de enfrentamientos casi diarios. Y así puedan volver a sus casas vivos, mientras las amenazas de muerte llegan a quienes les rescataron.

Seducción, enamoramiento, ofertas de empleo, amistades son otras muchas formas de recurrir al reclutamiento.

Algunos de los que dispararon, aquel 21 de noviembre, aquel 14 de enero y aquel 24 de enero en Las Delicias eran menores de edad. La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) recogió en su Informe de desarmonías en el territorio 2020, el creciente reclutamiento forzado de menores indígenas. Solo en Çxhab Wala Kiwe, desde 2016 se han detectado 271 casos, 151 en el último año. La mayoría de ellos, niñas, de los cuales ya se sabe que 26 han sido enterrados en sus casas. Este es un subregistro. A la oficialidad no le interesa saber cuántos son los muertos de esta guerra. Además, pocas son las familias que se atreven a denunciar. Otras están amenazadas. Y muchos, muchas, siguen en las morgues esperando ser identificados. Otros enterrados en fosas. Y otros, otras, siendo entregados a sus familias, quienes un día reciben la visita del armado con su ataúd, como si aquí no hubiera pasado nada. Silencio.

Eso son los grupos armados en el territorio. Y mientras ellos se esconden o callan. Al otro lado están quienes deciden de manera voluntaria sumarse a ser parte de la Guardia Indígena. Aquí no hay salario. Solo la satisfacción de saber que están defendiendo la vida y el territorio. Y eso te permite tener la sonrisa de la conciencia. La alegría del buen camino. Aunque sobre ti esté presente la amenaza constante de la muerte

El torrente de acontecimientos que arrastra la Historia no da lugar a la conversación, a las pausas y a la necesaria relación de los sucesos. A replantearnos cuales son las decisiones que tomamos y sus consecuencias colectivas. El despojo de los recursos naturales, junto con la coca para el narcotráfico permeó debilitando a los movimientos sociales con discursos que favorecen que la guerra continúe. Y aunque somos conscientes que la desigualdad y su complejidad evita todo juicio moral no por ello no atrae a la muerte y sus contradicciones.

Una muerte que no cesa, antes de terminar de escribir estas líneas, el 3 de febrero asesinaron a dos jóvenes, Samir Rosero y José Manuel Rosero, del Resguardo de Alto del Rey en el Municipio del Tambo, a la salida de un partido de fútbol. Y al día siguiente, el 4 de febrero, en su velación, a eso de las 8 de la noche, asesinaron al Guardia Indígena Ovidio Alemeza Llantes, quien estaba acompañando a la familia. La violencia no aparece de un minuto a otro. No estalla. Sino que cae despacio, haciendo nudos y amarrando a la gente. Con estos asesinatos nos damos cuenta que ya está tan metida que olvidamos desde cuándo viene manejando las cuerdas.

Cuentan que en el despacho del Padre Álvaro Ulcué —asesinado en 1984 por agentes del F-2 de la policía, el día siguiente de denunciar los atropellos cometidos por la policía y el ejército en una recuperación de tierras en López Adentro— había un escrito que decía: “Que la muerte, cuando venga, no nos encuentre descansando, sino por el camino. El caminante vive y muere por el camino”.

Que esta Historia de Albeiro Camayo sea recibida con la dignidad y el respeto que su vida merece. Cuya influencia se advierte y seguirá en todas las generaciones que vienen. Quienes seguirán su caminar, las huellas de sus mayores, en un país que no encuentra la Paz.

En homenaje a Albeiro Camayo y a todos, todas, que como él han sido asesinados.

Los caminos de la lucha alumbrando seguirán.

Publicado enColombia
La democracia interpelada por la Madre Tierra

“La estupidez es una fuerza cósmica democrática. Nadie está a salvo. Y ya sea en el norte, el sur, el este o el oeste, cometemos las mismas estupideces una y otra vez. Parece existir algo que nos hace inmunes a la experiencia” (Manfred Max-Neff 1993)

La humanidad se encuentra en una encrucijada. No es para nada exagerado afirmar que como nunca antes los seres humanos están ahora obligados a encontrar respuestas estructurales y urgentes para cambiar el curso de un proceso que se perfila cada vez más como un suicidio colectivo, al menos para millones de los habitantes del planeta. Los crecientes problemas sociales en términos de pobreza y desigualdad, hambre y enfermedades, violencias e inequidades múltiples, con claras muestras de debilidad de las de por si frágiles instituciones políticas, configuran la una cara del problema. En la otra orilla, estrechamente vinculado a lo anterior, el calentamiento global, la pérdida de calidad y disponibilidad del agua, la erosión de la biodiversidad silvestre y agrícola, la desaparición de suelos agrícolas, el  agotamiento de los recursos y el cada vez más limitado acceso a los mismos, las diversas formas de contaminación y los enormes desperdicios que ahogan el planeta, desembocan ya en un colapso ambiental. Y lo más preocupante radica en la ausencia de respuestas que vayan a la raíz de tantos problemas y retos.

La tragedia sanitaria nos ha servido para comprender mejor estas interrelaciones entre lo social y lo ambiental. Aceptemos que la crisis ecológica está en la origen de la pandemia del coronavirus; sea porque este virus tiene una raíz zoonótica, que es lo más probable, o inclusive si fuera un accidente por una mutación de laboratorio, ese sería un caso de afectación al ciclo de la evolución natural de algún otro virus o algo por el estilo. Y no solo eso, esta crisis multifacética que nos ahoga, con claros rasgos civilizatorios, no puede ser simplemente leída como una acción generalizada de los seres humanos, es decir del antropoceno. La realidad nos dice, si somos acuciosos en nuestros análisis, que en realidad la forma de organizarnos los humanos en la civilización: el capitaloceno -agudizado por su profundización neoliberal-,es la causante de este proceso que  pone cada vez más en riesgo la existencia de millones de seres humanos y no humanos.

Los riesgos de negar lo innegable

Lo grave, y a la vez indignante, es constatar que las personas que encarnan puestos de liderazgo político, empresarial, académico o comunicacional, con muy pocas excepciones, niegan, con sus acciones, estas vinculaciones. Se encuentran más preocupadas en el corto plazo, en dar respuestas a sus intereses inmediatos, antes que en la discusión, la búsqueda y la cristalización de respuestas de fondo. En el mejor de los casos avanzan buscando soluciones que mitiguen un poco estos graves problemas, lo que, con mucha frecuencia, termina por ahondas los problemas de fondo. Veamos, a moco de referencia, lo que realmente significan esas economías pintadas de colores o circulares que, más allá de sus buenas intenciones, no cuestionan para nada la civilización del capital, por el contrario, en realidad, la protegen. Y en el ámbito político, sin negar para nada que la economía es siempre política, quienes nos gobiernan están más preocupados en las próximas elecciones que en el futuras generaciones.

El asunto es aún más complejo si reconocemos que las grandes corporaciones y los gobiernos de los países más ricos ocultaron información y retrasaron la acción necesaria para hacer frente al colapso climático. No solo eso, es común encontrar poderosos grupos negacionistas a pesar de las evidencias cada vez más indiscutibles de la descontrolada evolución de fenómenos ambientales y de procesos sociales que están desbaratando las bases del mundo en que vivíamos, que ya de por si eran insostenibles.

Todo lo anterior se complica aún más cuando constatamos que las respuestas para salir de la crisis del coronavirus, que agudizó las tendencias recesivas prevalecientes, apuntan a recuperar -a como de lugar- la senda del crecimiento económico en el marco del business as usual. Esto, para los países empobrecidos por el sistema capitalista, demanda apostar por el incremento de las exportaciones de materias primas forzando la ampliación de las fronteras extractivistas, con el consiguiente incremento de la destrucción ambiental. A la par, para dizque alcanzar mejores niveles de competitividad se ahonda aún más la flexibilización laboral, provocando una mayor precarización del trabajo. Y todo buscando el concurso de empresas extranjeras, sobre todo transnacionales, que carcomen sistemáticamente la capacidad de respuesta de Estados sumisos, lo que debilita la misma democracia.

En Nuestra América, el modelo de Estado está matizado por una ambigüedad fundacional en la construcción de “la nación”. Tal matiz, sustentado en la colonialidad del poder, resultó excluyente y limitante para el avance cultural, productivo y social en general. Nuestros Estado-nación en ciernes permanentemente, son funcionales al sistema-mundo, en tanto son dependientes de la lógica de acumulación capitalista global. A pesar de ese hecho, los debates sobre el Estado muchas veces se limitaron a coyunturas importantes, pero menores en esencia. Y por eso mismo gemos sido incapaces de profundizar en las soluciones requeridas.

En suma, más de lo mismo, como es evidente, desembocará en más de lo peor.

El fracaso de los parches en odre viejo

En este punto afloran las costuras de las políticas parche. El conservacionismo no basta para resolver los problemas: asegurar la intangibilidad de importantes zonas de vida silvestre, siendo importante, no es suficiente si simultáneamente no se detiene la expansión de los extractivismos en otras áreas, para mencionar un tema. Igualmente, a través de las políticas sociales solo se consigue paliar la pobreza, la desnutrición, las enfermedades, es decir todas aquellas pandemias sociales tan propias de la civilización del capital, pero por esta vía no se abordan los temas estructurales. Estamos, además, en un momento en el que debemos entender que tampoco son suficientes las respuestas individuales.

Aceptemos una evidencia, todavía difícil de digerir por parte de muchas personas. La gran disponibilidad de recursos naturales, en particular minerales o petróleo, acentúa la distorsión de las estructuras económicas y de la asignación de factores productivos en los países ricos en recursos naturales; una situación impuesta desde la consolidación del sistema-mundo capitalista. Así, muchas veces, se redistribuye regresivamente el ingreso nacional, se concentra la riqueza en pocas manos, mientras se incentiva la succión de valor económico desde las periferias hacia los centros capitalistas. Esta situación se agudiza por varios procesos endógenos y “patológicos” que acompañan a la abundancia de recursos naturales. En este contexto se genera una dependencia estructural pues la supervivencia de los países depende del mercado mundial, donde se cristalizan las demandas de la acumulación global.

En suma, recorriendo nuestras atormentadas historias de economías primario exportadoras, de sociedades clientelares y de regímenes autoritarios, parecería que nuestros países son pobres porque son “ricos” en recursos naturales. La miseria de grandes masas parecería ser, por tanto, consustancial a la presencia de ingentes cantidades de recursos naturales (con alta renta diferencial). La Naturaleza nos “bendice” con enormes potenciales que los seres humanos los transformamos en maldición… una real, compleja y cruda conclusión. Y en este empobrecimiento casi estructural, la violencia no solo  es determinante, es también sistémica.

Esto es medular. La violencia en la apropiación de recursos naturales, extraídos atropellando todos los Derechos (Humanos y de la Naturaleza), no es una consecuencia sino una condición necesaria para poder apropiarse de los recursos naturales. Apropiación que se hace sin importar los impactos nocivos —sean sociales, ambientales, políticos, culturales e incluso económicos— de los propios extractivismos. El extractivismo, levantando la promesa de progreso y desarrollo, se impone violentando territorios, cuerpos y subjetividades. De hecho, la violencia extractivista hasta podría verse como la forma concreta que toma la violencia estructural del capital en el caso de las sociedades periféricas condenadas a la acumulación primario-exportadora. Tal violencia estructural del capitalismo es una marca de nacimiento pues —como bien señaló Marx— este sistema vino “al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza[2].

A pesar de esas constataciones, los dogmas del libre mercado, transformados en alfa y omega de la economía —ortodoxa— y de la realidad social en general, tozudamente siguen recurriendo al viejo argumento de las ventajas comparativas. Los defensores del librecambismo recetan  aprovechar aquellas ventajas dadas por la Naturaleza y sacarles el máximo provecho (cual torturador que busca una confesión a cualquier precio). Más aún ahora para superar -dicen- el bache del coronavirus.  Y, para colmo, los dogmas librecambistas que acompañan al extractivismo son varios: la indiscutible globalización, el mercado como regulador inigualable, las privatizaciones como camino único a la eficiencia, la competitividad como virtud por excelencia, la mercantilización de todo aspecto humano y natural…

Dicho esto cabe preguntarnos cómo abordar los retos que tenemos entre manos, cuando la real politik no demuestra estar sintonizada con estas urgencias. No solo eso. La falta de comprensión de lo que está sucediendo por parte de quienes podrían liderar las transiciones que son indispensables para enfrentar estos complejos retos, se ve agravada por la emergencia de discursos y grupos políticos que alientan respuestas de nacionalismo a ultranza, intolerantes y autoritarias, xenófobas y racistas, con atisbos de un fascismo que comienza a hacerse presente en diversos gobiernos. Reconocer estas tendencias no puede llevar a minimizar las respuestas expresadas de forma diversa desde lo más profundo de sociedades en movimiento que no están dispuestas a aceptar tantas destrucciones e injusticias. Veamos solamente las explosiones sociales registradas en varios países de Nuestra América / Abya-Yala desde fines del año 2019: Ecuador, Colombia, Chile, Perú, Brasil…

Colombia, una mirada desde afuera

Sin entrar en una análisis detenido de la trascendencia de estos procesos diversos e incluso hasta contradictorios, me gustaría borronear un par de líneas sobre la realidad colombiana aún sin ser un ciudadano o un conocedor de toda su complejidad.

El año 2016 parecía que marcaba un nuevo comienzo en la historia de Colombia. Con la ratificación del acuerdo entre el Estado colombiano con las FARC se pretendía poner fin a un período de más de 50 años de hostilidades. Igualmente quedó abierta la puerta para la negociación entre el Gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional – ELN. Como es ampliamente conocido esas expectativas no se han cumplido tal como se ansiaba. Hay muchos temas por resolver a más de las acciones violentas con las que determinados grupos de poder -formal e informal- no están dispuestos a transitar por el camino de la Paz.

Con el fin del conflicto armado en Colombia, como se anticipo oportunamente, se dio paso a una exacerbación de los conflictos socio-ambientales que han caracterizado la larga historia de actividades extractivas y de los métodos violentos que han primado en este país para lidiar con dichos conflictos. Recordemos que el Gobierno de Colombia depende del sector extractivo como generador de ingresos, y ha asignado grandes áreas a inversionistas privados para el desarrollo de actividades asociadas con la extracción petrolera, minera, y los monocultivos para exportación. Para superar la crisis del coronavirus, como lo hacen todos los gobiernos de los países vecinos, el Gobierno colombiano fuerza aún más los extractivismos, que incluso son vistos como una fuente fundamental de financiamiento de muchos compromisos del proceso de transición a la paz.

En algunas áreas en donde disminuyó desapareció el conflicto armado quedó expedito el acceso a las áreas previamente afectadas por la guerra. Lo que exacerba la violencia intrínseca a los mismos. En este contexto, alentados por las demandas derivadas de la crisis e influenciadas por los intereses de los grandes grupos extractivistas, se ha visto como se han ido cerrando aquellos espacios de participación democrática que comenzaron a construir una forma concreta de cómo podían intervenir las comunidades de forma vinculante y consecuente en las decisiones sobre el uso de los bienes naturales locales en actividades que podrían impactar sus medios de vida y su entorno. Me refiero concretamente al freno aplicado para detener las consultas populares que encontraron su punto de partida el 28 de julio de 2013, en el municipio de Piedras, Tolima. Allí la alianza entre los campesinos, los grandes productores de arroz, y las entidades municipales, junto con el apoyo de varios comités ambientales, estudiantes y asesores legales activaron el mecanismo de consulta popular, que luego se extendió por todo el país. Y que ahora, al haber sido bloqueado, en un ambiente de crecientes presiones extractivistas, incrementará las tensiones y las violencias.

Lo que preocupa es que el mensaje central de las movilizaciones por la democratización ambiental, es decir reconsiderar la relación de nuestras sociedades con la Naturaleza, no tiene cabida efectiva en las discusiones de la existente institucionalidad democrática.

La radicalización de la democracia como camino

En este escenario, con violencias, desigualdades, inequidades, injusticias y destrucciones sin precedentes en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades, dar paso a formas fundamentales de democratización resulta imprescindible. Permitir, defender y fomentar la participación de la sociedad en la toma de decisiones en materia ambiental y territorial en el contexto de la transición a una sociedad que pueda resolver sus conflictos sin el uso de la violencia, representa una transformación de los conflictos ambientales en escenarios de democratización. La democratización ambiental es un asunto fundamental para alcanzar la paz con justicia social y ambiental, pues la una no existe sin la otra.

Debemos tener presente que los gobiernos de estas economías primario-exportadoras no sólo cuentan con importantes recursos –sobre todo en el auge de los precios– para asumir la necesaria obra pública y financiar políticas sociales, sino que pueden desplegar medidas y acciones que coopten a la población para asegurar una “gobernabilidad” que permita introducir reformas y cambios pertinentes desde sus intereses.

Además, la mayor erogación pública en actividades clientelares reduce las presiones latentes por una mayor democratización. Se da una “pacificación fiscal”, dirigida a reducir la protesta social. Ejemplo son los diversos bonos empleados para paliar la extrema pobreza, sobre todo aquellos enmarcados en un clientelismo puro y duro que premia a los feligreses más devotos y sumisos.

Los altos ingresos del Gobierno le permiten desplazar del poder y prevenir la configuración de grupos y fracciones contestatarias o independientes, que demanden derechos políticos y otros (derechos humanos, justicia, cogobierno, etc.). Incluso se destinan cuantiosos recursos para perseguir a los contrarios, incluyendo a quienes no entienden ni aceptan las “indiscutibles bondades” extractivistas y las políticas aperturistas que les son inherentes a los extractivismos. Estos gobiernos pueden asignar cuantiosas sumas de dinero para reforzar sus controles internos incluyendo la represión a opositores. Además, sin una efectiva participación ciudadana se da vacía la democracia, por más que se consulte repetidamente al pueblo en las urnas. Por eso mismo las buenas intenciones desembocan, con frecuencia, en gobiernos autoritarios y mesiánicos disfrazados de izquierdistas. Ese ha sido el transitar de los gobiernos progresistas en América Latina.

A la postre, la mayor de las maldiciones es la incapacidad para enfrentar el reto de construir alternativas a la acumulación primario-exportadora que parece eternizarse a pesar de sus inocultables fracasos. Es una violencia subjetiva potente que impide tener una visión clara sobre los orígenes y hasta las consecuencias de los problemas, lo que termina por limitar y hasta impedir la construcción de alternativas.

Un nuevo horizonte histórico emerge, en donde irrumpe la emancipación del eurocentrismo. Emancipación que convoca a una lucha social para prescindir del capitalismo. Esa será la única forma de abandonar una existencia social cargada de dominación, discriminación racista/étnica/sexista/clasista, explotación económica, donde el Estado es solo un ladrillo más del gran muro llamado capital. Esto reclama nuevas formas de comunidad y de expresar diversidad social, solidaridad y reciprocidad. Apunta, por igual, a terminar la homogeneidad institucional del Estado-nación, construyendo instituciones distintas, buscando igualdades en las diversidades. Este nuevo Estado deberá aceptar y propiciar autonomías territoriales de los pueblos y nacionalidades, de las comunidades y de los individuos. Todo esto, en esencia, significa crear democráticamente una sociedad democrática, como parte de un proceso continuo y de largo plazo, en el que la radicalización permanente de la democracia es insoslayable.

Por Alberto Acosta | 18/02/2022

Nota:

[2] Marx, Karl. El Capital, Tomo I, Vol III, pág. 950. México, Siglo XXI, 2005 [1975]

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

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Bajo la marea negra: el poder de las multinacionales de los combustibles fósiles

 

Las compañías petroleras contaminan el medio ambiente de las regiones pobres y celebran ganancias récord en los mercados bursátiles. El movimiento climático debe encontrar una manera de resistir. Dos activistas explican como puede funcionar esto.

Un vistazo rápido a los titulares de las últimas semanas podría dar la impresión de que 2022 no comenzó particularmente bien para la industria petrolera: en Perú, el grupo español Repsol fue responsable de un grave desastre petrolero a mediados de enero después de que miles de barriles de petróleo se vertieran en un accidente de un petrolero. Las imágenes de las playas contaminadas dieron la vuelta al mundo y el país sudamericano declaró el estado de emergencia medio ambiental. Solo unos días después, el vecino Ecuador también experimentó una grave crisis. En medio de la selva amazónica, un deslizamiento de tierra dañó un oleoducto. Más de un millón de litros de petróleo se vertieron en las regiones circundantes [regiones de selva amazónica en la frontera de las provincias de Napo y Sucumbios, con riesgo inmediatamente declarado de contaminación del río Coca].

Casi al mismo tiempo también se acumularon informes procedentes del este de Tailandia. Después de una fuga en un oleoducto submarino, se formó una marea negra que se extendía rápidamente y el gobierno tuvo que cerrar las “playas de ensueño” de la región de Rayong, que eran populares entre los turistas. En Argentina miles de personas han estado tomando las calles durante semanas para protestar contra las decisiones adoptadas por el gobierno poco antes del fin de año 2021. Estas permitirían al grupo argentino YPF, al grupo noruego Equinor y a Shell buscar materias primas fósiles en la costa utilizando métodos sísmicos. Estos métodos están asociados con un enorme ruido bajo el agua y representan una amenaza directa para la orientación de los animales marinos.

Las empresas celebran el éxito en el mercado de capitales

Sin embargo, si nos fijamos en los mercados bursátiles, la situación es bastante diferente: la industria del petróleo y el gas está en auge. Hay un estado de ánimo de celebración, por ejemplo, en la compañía petrolera Shell, que ha multiplicado por catorce(!) sus ganancias en el último trimestre de 2021. Exxon Mobil registra las mayores ganancias en siete años. Incluso el grupo español Repsol, que estuvo involucrado en varios escándalos, ha pasado el mes económicamente sin mayores problemas. Esto muestra lo bien que están organizadas las empresas fósiles. Los gobiernos a menudo tienen poco con lo que oponerse a ellas, especialmente en los países donde se extraen las materias primas. Dado que la facturación anual de algunas corporaciones supera el rendimiento económico de países enteros, esta impotencia no es sorprendente.

Pero, ¿qué significa esto para el movimiento de resistencia climático, cuya resistencia hasta ahora parece estrellarse debido a la influencia de la poderosa industria del petróleo y el gas? En los países donde se extraen principalmente los recursos, las y los activistas están experimentando una enorme represión. Regularmente, las y los ecologistas son amenazados o incluso asesinados. Sin embargo, en una sociedad racista, poco importa lo que ocurra en los países del Sur. En los países en los que se encuentran las sedes de las empresas transnacionales, este tema está muy a menudo ausente de la retórica del movimiento de protesta. Los gobiernos incluso consideran a las industrias fósiles como socias en la lucha contra la crisis climática.

Un día de acción internacional

Por lo tanto, el movimiento climático se enfrenta a dos desafíos: en primer lugar, los crímenes ecocidas de las corporaciones fósiles en los países del Sur y su influencia masiva en las sociedades del Norte deben ser situadas en el centro de atención. En segundo lugar, las preocupaciones de las personas de las regiones más afectadas deben estar situadas en primer plano. Porque son ellas quienes han resistido durante mucho tiempo frente a las estructuras de poder neocoloniales de las corporaciones multinacionales.

Un día internacional de acción contra el capitalismo fósil organizado con poca antelación el viernes pasado, 4 de febrero, mostró cómo esto puede funcionar. Como consecuencia de los numerosos desastres petroleros de las últimas semanas, más de 50 grupos de 19 países se reunieron bajo el lema de una Global Coastline Rebellion (Rebelión costera global). Las protestas fueron apoyadas en particular por grupos de los países del Sur, como Argentina, Perú y Sudáfrica. Mediante varias acciones, pidieron un levantamiento mundial de las comunidades costeras contra aquellas corporaciones que destruyen sus medios de vida.

Una cuestión de deuda climática

También se produjeron manifestaciones contra la industria fósil, incluida la empresa alemana Wintershall DEA, en Hamburgo y Berlín. El movimiento climático europeo se unió a grupos de América Latina. Las protestas se centraron, entre otras cosas, en la demanda de reparaciones a las comunidades dañadas y la cancelación de la deuda de los países del Sur. A cambio, las materias primas fósiles se dejarían en el suelo: deuda climática contra deuda financiera, o "climate debt swap” (intercambio de deuda climática), como lo llamó el activista argentino Esteban Servat.

La orientación internacional de las protestas, tanto en sus reivindicaciones como en su organización, es importante. Solo de esta manera se pueden desenmascarar las contradicciones de la política de ubicación climática/nacionalista del gobierno federal de Alemania, que transfiere de forma mal definida los costes de una transformación supuestamente ecológica del capitalismo a los países del Sur. Pero sin restringir drásticamente el poder de las compañías de petróleo y gas con sede en el Norte y organizar democráticamente la producción de energía, los objetivos climáticos tanto en el Norte como en el Sur serán inalcanzables. Esto requiere una presión masiva desde abajo.

Un solo día de acción es solo una gota en el océano. Pero la amplitud de la movilización espontánea muestra lo grande que es el potencial para un movimiento climático orientado internacionalmente. Sin embargo, aún más notable que el tamaño de los grupos y países involucrados es la inversión exitosa de las relaciones de poder anteriores: las preocupaciones de las y los directamente afectados por la extracción de materias primas fósiles se han colocado en el centro de las protestas de un movimiento de justicia climática en su mayoría blanco y eurocéntrico. La gente se reunió más allá de los movimientos y países, en una acción dirigida por el Sur contra instituciones neocoloniales como el FMI, el Banco Mundial y las empresas transnacionales. Como recordó uno de los organizadores en Berlín: "Tal vez éste pueda ser el comienzo de una nueva forma de movilizarse; en la que el Norte puede unirse con el Sur y llevar a cabo la lucha contra las corporaciones que nos matan".

09/02/2022

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Al encontre (Artículo publicado originalmente por la revista Der Freitag).

*Louise Wagner es socióloga y forma parte de varias alianzas internacionales que luchan por la justicia ambiental y climática. Elias König es el autor de Klimagerechtigkeit warum wir braucht eine sozial-ökologische Revolution (Unrast-Verlag) (La justicia climática: por qué necesitamos una revolución socioecológica) y participa en la alianza Shell Must Fall.

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La imagen muestra la basura, en su mayoría desechos plásticos, en la parte superior, y los alimentos, abajo, encontrados en esta tortuga carey después de practicarle la autopsia. Foto Ap

El material se encuentra en las fosas oceánicas más profundas, en la superficie y en el hielo marino del Ártico, según revisión de casi 2 mil 600 investigaciones

 

Berlín. La contaminación por plástico en el mar está alcanzando niveles preocupantes y seguirá creciendo incluso si se toman medidas significativas ahora para evitar que esos desechos lleguen a los océanos, según una revisión de cientos de estudios académicos.

La revisión del Instituto Alfred Wegener de Alemania, que realiza investigaciones en el Ártico, el Antártico y los océanos de latitudes altas y medias examinó casi 2 mil 600 trabajos de investigación sobre el tema para ofrecer una visión general antes de una reunión de Naciones Unidas a finales de este mes.

"Lo encontramos en las fosas oceánicas más profundas, en la superficie del mar y en el hielo marino del Ártico", sostuvo la bióloga Melanie Bergmann, coautora del estudio, que se publicó ayer.

Algunas regiones, como el Mediterráneo, el este de China y los mares Amarillos, ya contienen niveles peligrosos de plástico, mientras otras corren el riesgo de contaminarse cada vez más en el futuro, descubrió. Los autores concluyeron que casi todas las especies del océano se han visto afectadas por la contaminación plástica y que está dañando ecosistemas importantes como los arrecifes de coral y los manglares.

A medida que el plástico se descompone en pedazos cada vez más pequeños, también ingresa a la cadena alimentaria marina y es ingerido por todos, desde ballenas hasta tortugas y plancton diminuto.

Sacar ese plástico del agua nuevamente es casi imposible, por lo que los formuladores de políticas deberían concentrarse en evitar que más de ese material ingrese a los océanos en primer lugar, destacó Bergmann.

Algunos de los estudios mostraron que incluso si esto sucediera, la cantidad de microplásticos marinos seguiría aumentando durante décadas, precisó.

Matthew MacLeod, profesor de ciencias ambientales en la Universidad de Estocolmo que no participó en el informe, señaló que parecía ser una revisión sólida de los estudios existentes, centrada en los efectos de la contaminación plástica.

"La parte sobre la que se puede (y se discutirá) es si hay suficiente evidencia para justificar una acción agresiva (como la que se defiende en este informe) que ciertamente interrumpirá las prácticas actuales de producción, uso y eliminación de plástico", destacó.

MacLeod participó recientemente en un estudio separado que también concluyó que se requieren medidas inmediatas debido a los posibles impactos globales.

Heike Vesper, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), dijo que si bien los consumidores pueden ayudar a reducir la contaminación plástica cambiando su comportamiento, los gobiernos deben intensificar y compartir la carga de abordar el problema.

"Lo que necesitamos son buenas políticas", añadió, anticipando la próxima reunión ambiental de la ONU en Nairobi. "Es un problema global y necesitan soluciones globales".

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Lunes, 31 Enero 2022 05:26

Mirar y mejor no ver

Imagen: Bernardino Avila

En el centro de la ciudad de Bogotá hay un barrio industrial con la particular fisonomía de presentar manzanas enteras de esqueletos de casas demolidas. Puente Aranda se llama. Esos esqueletos de hormigón y revoltijos de basura albergan a quienes se debería mencionar como personas en situación de calle --hay quienes luchan y ponen toda su energía solidaria para considerar lo provisorio de esa “situación”-- que en el ámbito local la jerga los destrata como “los sintecho”, pero que en Bogotá, más realistas y nada mágicos, lisa y llanamente los conocen como “los desechables”.

Desechables, descartables, como autos para el desguace, como mueble viejo, como plásticos no reciclables, como residuos patológicos o pilas.

En fin, personas a desechar.

Bogotá no es dueña original de esa producción de “desechables”. Mas bien, nacen en todo el mundo como personas, como cualquiera, y las circunstancias --no de su vida, sino de las políticas más crueles que ha promovido el neoliberalismo-- las dejan con escasísimas (o ninguna) herramientas para mantenerse dentro del sistema, en Bogotá, en Buenos Aires, en Nueva York, en Madrid, en todas las ciudades del mundo, especialmente las grandes, que convocan multitudes con promesas de futuro y escupen una enorme proporción de ellas. Las que el sistema juzga que están de más.

En Vidas precarias, Judith Butler sostiene que en la construcción de la realidad hegemónica hay quienes merecen la pena de tener luto por ellos y hay quienes no, como una construcción de la mirada hegemónica que decide quienes sí y quienes no.

Desde otra perspectiva, en Vidas desperdiciadas, Zygmunt Bauman hace hincapié en la adictiva producción de vidas miserables, residuos de la industria de la vida en metrópoli y subraya la inseguridad que provoca que esas personas, consideradas residuos, reclamen, se levanten, protesten, busquen apoyos en la comunidad a la que pertenecen y de la que son despojados.

No son los únicos autoras o autores, ni es noticia. Esas muertes en vida son provocadas en una guerra cotidiana y no siempre silenciosa, en la que nadie quiere quedar implicado, quedar sometido a los vapuleos de una vida fuera de los conceptos mercantiles de lo que es vida.

Son los despojos humanos que la sociedad no ve, no quiere ver, la sociedad de la inmensa ceguera autosumergida y autosustentada. No ver lo que no se quiere ver, como explicación apriorística de que no existe. Negacionismo desparramado a niveles insospechados, porque excede los límites de lo que hoy apuntaríamos como antivacunas o antiderechos en los casos de género, cuya negativa resulta de una postura execrable, pero consciente, pensada, intencionada.

No, en este caso se trata de otro tipo de negacionismo vinculado a la invisibilidad producto de la no videncia, al no te metás, al mirar para otro lado que se llega tarde al trabajo, o a donde sea, porque cualquier lugar será más tabla de salvación que ver e interrumpir lo rutinariamente programable. No es una posición que resulte confortante, porque es escurrirse a la realidad, y por dentro se sabe de esto, pero hay algo que lleva a naturalizar esa ceguera involuntaria aunque voluntariamente. Hay algo que lleva a no ofrecerle a alguien verlo, a no ofrecer ver esas personas, a no incluirlas como parte nuestra.

El miedo es protagonista fundamental en esta fórmula naturalizada de anulación mediante la invisibilización. El miedo introducido por el mensaje de la inseguridad selectiva, que juzga qué es peligroso y qué no, sin necesidad de que ese peligro tenga algún tipo de ancla con la realidad. La inseguridad real está compuesta por muchas más aristas y más profundas que la reconocible como “delincuencial”. Ni siquiera lo “delincuencial” tiene una mirada clara, sino que también hay una profunda selectividad incorporada en los mensajes, que hacen que el robo y humanicidio cotidiano del sistema mediante desajustes, pauperización, aumentos, devaluaciones, destrucción de humedales, talado de árboles, predominio del negocio del cemento inmobiliario, explotación extrema de los campos, destrucción de la fauna, por mencionar algunos, no sea visto como peligroso, pero sí una persona que yace en el piso.

Miedo a que al mirar se vea demasiado, y haya que involucrarse más de lo que se puede, porque la mayor parte de las personas está dispuesta a hacer algo, pero todo ese algo se aparece de dimensiones tan monstruosas, que lo hace imposible.

Ese miedo sugerido en miles de mensajes instruye a que implicarse es solo de manera individual, sin manos, sin abrazos, una mirada individual de nuestro propio aislamiento, lo que hace proponer cualquier intención solidaria como una osadía que mejor dejar para alguien más osado.

Mejor pasar de largo y pensar en la comida de los pibes.

Pero ese miedo naturalizado tiene errores también en su horroroso sistema de selectividad. Más que errores, muestra a una máquina que tritura lo que encuentra a su paso y eso es lo que alimenta el miedo. No todos están dispuestos a exponerse y mirar, con todo lo que significa ver.

Hace unos días, murió René Robert, fotógrafo suizo del flamenco, a los 84 años. Murió en la calle, dicen que por hipotermia, pero murió de no ser visto. En una de las calles más transitadas de París, a pocos metros de su casa.

Nadie durante nueve horas se le acercó. La noticia dio la vuelta al mundo por eso, por la sorpresa de haberle ocurrido a alguien a quien no le estaba reservada esa horrible distancia de los demás.

Dijeron que murió de frío, pero no. Murió de distancia.

Nadie sabe si fue visto o no hasta el momento en que alguien con necesidad de ver lo vio y pidió ayuda.

Es probable, como parte de las conjeturas optimistas, que si lo hubieran visto caer hubiese sido otra la reacción. Es imaginable, porque sería identificarlo como no desechable, y entonces, sí verlo y socorrerlo como a uno de los “nuestros”. Pero al estar caído, un bulto humano más como tantos en la calle... Mirar y mejor no verlo.

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