Relacionan la salud de los árboles con la respuesta de las aves al cambio climático

El estado de salud de los árboles ha sido vinculado en una nueva investigación de la Universidad de Oxford con la forma en que las aves responden al cambio climático.

El estudio comprobó modificaciones del carbonero común al poner los huevos en respuesta a ese fenómeno.

En Reino Unido esta especie pone sus huevos unos 14 días antes que en la década de 1960. Como resultado, estos pájaros cantores siguen el ritmo de los otros miembros de su cadena alimentaria, las orugas de la polilla de invierno y los robles de los que se alimentan estos insectos, que también han avanzado su tiempo de primavera en respuesta al cambio climático en los años recientes.

Gran parte de nuestra comprensión de cómo los animales responden a ese fenómeno proviene de estudios que asumen que todos los individuos de una población experimentan el mismo entorno. Sin embargo, sabemos que no es el caso, sobre todo, en animales con limitaciones en cuanto a la distancia que pueden recorrer desde la descendencia dependiente.

Ejemplares que viven próximos pueden experimentar entornos muy distintos. El estudio de estas diferencias ayuda a comprender qué podría limitar la capacidad de los animales para adaptarse a ambientes cambiantes y, por tanto, el alcance de las poblaciones para hacer frente al cambio climático, afirmó en un comunicado Ella Cole, de la Universidad de Oxford, quien codirigió la investigación.

El nuevo estudio del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford reveló una marcada variación espacial en la medida en que los carboneros ajustan el momento de la puesta de huevos dentro de un solo bosque. El análisis de los eventos de reproducción de más de 13 mil ejemplares durante 60 años mostró que los sitios de anidación más lentos sólo han adelantado 7.5 días, mientras los más rápidos, 25.6 días.

La variación está relacionada con la salud de los robles cercanos al sitio de anidación. Cuanto más saludables sean esos árboles, mayor será el avance en la puesta.

Los hallazgos fueron publicados en la revista Nature Climate Change.

Dos chimpancés en libertad en África. — KENT STATE UNIVERSITY

Un gen saltarín es el sospechoso de que los grandes primates perdieran el apéndice posterior hace millones de años.

 

Cualquier mamífero que a cualquiera se le ocurra (perros, gatos, vacas o elefantes) tiene cola, más o menos larga, pero la excepción son los grandes primates antropoides, como gorilas, chimpancés y bonobos, que, al igual que sus "primos" los humanos, no la tienen.

La pérdida de la cola es uno de los cambios evolutivos más importantes en el largo camino hacia la especie humana actual y se ha relacionado históricamente con ventajas evolutivas como el desarrollo del bipedalismo (la forma de caminar erguido), pero hasta ahora no se conocía el origen de la pérdida de la misma.

Es lo que explican científicos de la Universidad de Nueva York al presentar lo que creen que pasó para que se perdiera la cola en estos mamíferos. Sería un cambio simple en un cromosoma, como tantísimos que se producen al azar a lo largo de la evolución, hace mucho tiempo, en un ancestro común de los primates antropoides. Sin embargo, piensan que este cambio favoreció un mayor riesgo de defectos congénitos en los recién nacidos.

El culpable en principio sería un gen saltarín, aunque luego la evolución conservara la ventaja evolutiva por razones que no se conocen. Los genes saltarines o transposones, que no son propiamente genes, son segmentos de material genético que se pueden pasar de un lugar a otro en los cromosomas y se cree que proceden de virus que infectaron en algún momento el genoma, el cual es bastante caótico en su composición. Actualmente se estima que el 10% del genoma está formado por este tipo de material genético.

Lo importante del nuevo estudio es que ha identificado el pequeño trozo y se ha demostrado su acción en ratones. Se ha podido hacer porque en los últimos años se han secuenciado los genomas de bastantes primates y Bo Xia, un joven científico, se dedicó a buscar las diferencias en la secuencia genética entre ellos en genes relacionados con el desarrollo de la cola y encontró una en un gen que ya se sabía que si muta, produce ratones con colas cortas.

Los chimpancés, orangutanes, bonobos, gorilas y humanos tienen, insertada en el citado gen, esta secuencia que no tienen el resto de los primates. Se produce así una proteína diferente por ser más corta que, a través de un mecanismo complejo, evita el desarrollo de la cola. A pesar de que en este proceso tienen que intervenir más genes, la inserción del gen saltarín tuvo que ser un acontecimiento decisivo hace unos 25 millones de años, ha declarado Itai Yanai, el coordinador del proyecto, a la revista Science.

En los experimentos con el modelo animal, sin embargo, se observó que un número elevado de los ratones modificados nacidos tenía defectos congénitos derivados del mal desarrollo del tubo neural, como la espina bífida o la falta de parte del cerebro, defectos que también afectan a los recién nacidos humanos. "Aparentemente pagamos un precio por la pérdida de la cola que todavía notamos", añade Yanai. "Debió de haber un beneficio claro, como una locomoción mejor u otra cosa". Sin embargo, esto no se ha demostrado claramente y el trabajo está todavía por publicar en una revista científica, a pesar de lo cual lo recoge Science por su interés.

Algunos recién nacidos humanos tienen que ser operados porque presentan una cola rudimentaria, sin que esto suela afectar a su salud. En el resto, el coxis, el último hueso de la columna vertebral es el único vestigio de la cola que, como mamíferos, les correspondería. Sin embargo, los embriones humanos tienen cola entre las cuatro y las ocho semanas de desarrollo, cuando desaparece. Todavía queda mucho por saber sobre el tema y el nuevo descubrimiento, como otros en la misma línea de investigación, puede llegar a tener importancia incluso para la salud humana. Por lo pronto, es interesante en sí mismo porque aporta más conocimiento sobre lo que nos hace humanos.

Precisamente ahora se cumplen 20 años de la publicación del genoma humano, un hito que no ha supuesto avances médicos tan rápidos como esperaban los más optimistas pero que sí ha permitido saber mucho más sobre las mutaciones, el cáncer, las enfermedades genéticas, las dianas terapéuticas y, por supuesto, la evolución, lo que incluye las diferencias genéticas entre humanos y primates. Considerada ahora una carrera de relevos, alimentada por la investigación, la exploración del genoma se ha convertido en una supermaratón en la que cualquier contribución puede ser importante, como señala la revista Science en el número especial que dedica al aniversario.

27/09/2021 21:22

¿Por qué los animales presienten las catástrofes y nosotros no?

Los animales presienten las catástrofes y son capaces de predecir los desastres naturales ¿por qué ellos presienten el peligro y nosotros no? Por F.G-S.

Gatos: los primeros en huir ante las vibraciones

Estos felinos tienen un elevado ‘sentido de la vibración’. Por eso, ante cualquier movimiento, son los primeros en desaparecer. En los pueblos que rodean el siciliano volcán Etna, todos los campesinos tienen gatos en casa como ‘detectores sísmicos’. Si todos los gatos escapan en un intervalo corto de tiempo, los campesinos los imitan y se alejan del volcán.

Aves migratorias: si el magnetismo se altera, echan a volar

La misma lectura de los campos magnéticos que utilizan para sus migraciones les permite a estas aves detectar cualquier cambio electromagnético producido por un seísmo. Antes de que se produzca, levantan el vuelo conjuntamente y huyen de la zona que será afectada. Las aves enjauladas se muestran agitadas ante la llegada de los temblores.

Peces gato: saltan y nadan como enloquecidos

Esta especie es capaz de percibir las pequeñas corrientes eléctricas que circulan por los sustratos del suelo en el momento previo al terremoto. Cuando las notan, saltan fuera del agua y nadan de forma enloquecida. En Japón, un país con una trágica historia de terremotos, usan este tipo de peces y las carpas doradas como ‘detectores’.

Tiburones: ante cambios de presión, se alejan hacia el fondo

Los tiburones de estuario son capaces de captar los cambios en la presión del agua que anteceden a un huracán. Así lo hicieron con el huracán Charley, en agosto de 2004. Doce horas antes de su llegada habían escapado a aguas profundas para ponerse a salvo. Esa especial sensibilidad también les permite advertir las alteraciones producidas por los seísmos.

Elefantes : al menor infrasonido, empieza la carrera

Su capacidad para captar infrasonidos les facilita oír cualquier fractura de la corteza terrestre. Además, a través de la planta de sus patas pueden captar los microtemblores que se producen antes de un seísmo, lo que demostraría que los paquidermos tienen un gran ‘sentido de la vibración’. Han sido los grandes supervivientes de la catástrofe del Índico.

Perros: aullidos antes del seísmo

Al ser los más cercanos al hombre, estos animales domésticos son, junto con los gatos, los que en más ocasiones han avisado de la llegada de un terremoto. Los perros, unas horas antes de que se produzca un seísmo, se muestran inquietos, empiezan a moverse de forma nerviosa y ladran incansablemente. Después, emprenden la huida definitiva.

Raza humana: la vista, el único sentido que alerta

De las cinco señales físicas que anteceden a un movimiento sísmico (cargas eléctricas, ondas sonoras de baja intensidad, afloramiento de gases del subsuelo, modificaciones en el magnetismo terrestre y nubes de vapor por la fricción de las rocas), los humanos sólo detectamos las últimas, que son visuales. El resto son ajenas a nuestros sentidos.

  • Pobre de oído. El hombre es sensible a las ondas entre 1.000 y 4.000 ciclos por segundo. Los sonidos que provoca la corteza terrestre al fracturarse no alcanzan ese umbral.
  • Escaso de olfato. Este sentido es, en el ser humano, un millón de veces menos preciso que el de un perro y no nos permite detectar la liberación de gases previos a los seísmos.
  • Carente de  ‘sistema de aviso’. La combinación de un oído y aparato fonador limitados impide a los humanos comunicarse a distancia. La tecnología ejerce hoy esa función.
  • Sin ‘detectores’ magnéticos. No percibimos los cambios en el magnetismo terrestre que se producen en un seísmo porque el cuerpo no puede procesar esas señales.
  • Sin ‘sentido de la vibración’.A diferencia de otros animales, no captamos las vibraciones que se trasmiten por el suelo y que ellos recogen a través de las patas.
Publicado enSociedad
Universidad Northwestern

Los investigadores se inspiraron en el modo en que árboles como los arces dispersan sus semillas, utilizando poco más que una fuerte brisa.

Un equipo de la Universidad Northwestern, en Illinois (EE.UU.), creó la estructura voladora más pequeña hecha por el ser humano hasta la fecha. Se trata de un microchip diminuto, llamado 'microflier', cuyo diseño está inspirado en la naturaleza.

En su estudio, los investigadores se inspiraron en el modo en que árboles tales como los arces dispersan sus semillas, utilizando poco más que una fuerte brisa, para desarrollar una serie de diminutos microchips voladores, apenas un poco más grandes que un grano de arena. 

Sus creadores dicen que estos chips pueden ser equipados con tecnología "ultraminiaturizada", incluidos sensores, fuentes de energía, antenas para comunicación inalámbrica e incluso memoria integrada para almacenamiento de datos.

 “Nuestro objetivo es añadir la capacidad de volar a los sistemas electrónicos a pequeña escala, con la idea de que esto nos permita distribuir dispositivos electrónicos miniaturizados altamente funcionales para detectar el entorno, con el fin de monitorear la contaminación, vigilar a la población o realizar el seguimiento de enfermedades”, explicó John A. Rogers, quien dirigió el desarrollo del nuevo dispositivo.

Estas estructuras pueden caer en masa de forma lenta y controlada e interactuar con los patrones de viento durante el periodo de tiempo más largo posible, y así maximizar la recopilación de datos relevantes.

El equipo trabaja ahora en minimizar el impacto ambiental por medio del desarrollo de métodos de recuperación y eliminación. Para ello, los dispositivos deben estar construidos con materiales que se reabsorban de manera natural en el ambiente, a través de una reacción química o una desintegración física que sea inofensiva para la naturaleza.

El estudio fue publicado este miércoles en la revista Nature.

Publicado: 23 sep 2021 23:03 GMT

La base de General Sherman, el árbol de mayor volumen de todo el mundo, fue cubierta por un grupo de más de 300 bomberos con una fina capa de aluminio. Foto: AFP

En una imagen dramática, General Sherman, el árbol más grande del mundo, fue cubierto con aluminio para evitar que el fuego lo consuma. El Parque Nacional de las Secuoyas, hogar de algunos de los seres vivos más grandes y longevos del planeta, es un área natural amenazada por los estragos de la emergencia climática.

Con los incendios Colony, Paradise y Walkers creciendo al sur del Parque, las secuoyas gigantes (el ser vivo más grande del mundo) enfrentan un panorama inédito.

A pesar de que son uno de los árboles mejor adaptados al fuego (gracias a una corteza que alcanza más de 50 centímetros de grosor) y en ocasiones los pequeños incendios controlados resultan beneficiosos para la propagación de sus semillas contenidas en los conos, las condiciones extremas de los incendios de este verano en California están consumiendo a decenas de ejemplares de la especie.

El aumento de las llamas el fin de semana pasado provocó la imagen más icónica de los últimos incendios del verano en California: la base de General Sherman, el árbol de mayor volumen de todo el mundo, fue cubierta por un grupo de más de 300 bomberos con una fina capa de aluminio, con el fin de evitar que las llamas lo consuman en caso de que alcancen la zona.

Con 2 000 toneladas de peso y 83.8 metros de altura, General Sherman es la atracción principal del Parque Nacional de las Secuoyas, ubicado a 260 kilómetros al norte de Los Ángeles. Esta secuoya gigante tiene una circunferencia de 31 metros en su base y una placa que indica a sus visitantes que están ante el ser vivo de mayor biomasa en el planeta.

Además de General Sherman, los bomberos envolvieron a algunos de los árboles más grandes e icónicos de la zona, entre ellos un conjunto conocido como los Cuatro Guardias, todos con poco más de 2 000 años de vida.

El 19 de septiembre, todos los campamentos de la zona, incluidos los del Parque Nacional de las Secuoyas y el vecino Parque Cañón de los Reyes cerraron hasta el 30 de septiembre.

Según el Servicio de Parques Nacionales, los incendios conocidos como el Complejo KNP iniciaron el 9 de septiembre debido a los relámpagos en la zona. Hasta el momento, el fuego, favorecido por el viento, ha consumido 72 kilómetros cuadrados. Aunque oficialmente se considera que se trata de tres incendios distintos (Paradise, Colony y Cabin), las autoridades aseguran que Paradise y Colony se han fusionado en un incendio mayor.

800 kilómetros más al norte, la situación es similar en el Parque Nacional Redwood, hogar de Hyperion (el árbol más alto del mundo con 115.85 metros de altura) y otras secuoyas rojas de alturas similares. Cuatro incendios que siguen creciendo en un radio de 60 kilómetros rondan la otra reserva de árboles gigantes del mundo.

21 septiembre 2021

Publicado enMedio Ambiente
Ap

Mucho más baratos, seguros y limpios que los de uranio, los reactores de torio no necesitan agua para enfriarse y podrían ser construidos incluso en regiones desérticas.

En el desierto de Gobi, científicos chinos podrán en marcha este mes un reactor nuclear experimental que funcionará con torio, un elemento débilmente radiactivo, en lugar de uranio, informa la revista científica Nature, remitiéndose al gobierno de la provincia de Gansu.

Si la Academia de Ciencias china tiene éxito, su instalación piloto, de momento de pequeño tamaño y experimental, podría dar lugar al surgimiento de una energía nuclear más segura y más barata.

El isótopo torio-232 de origen natural no puede sufrir fisión, pero cuando se irradia en un reactor, absorbe neutrones para formar uranio-233, que es un material fisible que genera calor.

La planta utilizará sal fundida en lugar de agua. Se espera que su reactor nuclear sea más seguro que los tradicionales, alimentados con uranio, ya que la sal fundida se enfría y solidifica rápidamente al entrar en contacto con el aire, aislando así el torio. Por tanto, en caso de una hipotética fuga se minimizaría el nivel de radiación en el medio ambiente, sugiere un artículo en LiveScience.

El reactor piloto será pequeño, de tres metros de alto y 2,5 de ancho, y su capacidad será de dos megavatios, que permiten alimentar hasta 1.000 hogares típicos. Sin embargo, forma parte de un plan a más largo plazo para desarrollar una serie de pequeños reactores de sal fundida, cada uno con una capacidad de 100 MW, suficientes para suministrar energía a cientos de miles de hogares.

Dado que los reactores de torio no necesitan agua para enfriarse, podrían ser construidos incluso en regiones desérticas, lejos de las grandes ciudades. El torio es un producto residual de la minería de tierras raras, muy presentes en China, y por tanto constituye una alternativa atractiva al uranio de importación, según los científicos.

"El torio abunda muchísimo más que el uranio y por eso sería una tecnología muy útil dentro de 50 o 100 años", lapso en el que se estima que los yacimientos conocidos de uranio queden agotados, sostuvo Lyndon Edwards, un experto de la Organización de Ciencia y Tecnología Nuclear australiana. 

Los novedosos reactores se encuentran entre las "tecnologías perfectas" para ayudar a China a lograr su objetivo de cero emisiones de carbono para 2050, según el experto energético Jiang Kejun, del Instituto de Investigación Energética de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, con sede en Pekín.

Publicado: 19 sep 2021

 Recreación del Phiomicetus anubis, que tenía piernas con patas palmeadas para perseguir a sus presas tanto en el agua como en la tierra. Foto Abdullah Gohar

El fósil de esta nueva especie fue hallado en el desierto de Egipto // Análisis arroja luz sobre la evolución de los cetáceos

 

El Cairo., El fósil de una ballena prehistórica de cuatro patas, desenterrado hace más de una década en el desierto occidental de Egipto, pertenece a una especie desconocida en ese entonces, según señalaron ayer científicos egipcios. Se cree que la criatura, antecesora de las ballenas modernas, vivió hace 43 millones de años.

La ballena prehistórica, considerada semiacuática porque vivía tanto en tierra como en el mar, tenía los rasgos de un cazador competente, explicó a The Associated Press el paleontólogo más destacado del equipo, Hesham Sallam, lo que la distingue de otros fósiles de cetáceos.

Los restos fueron encontrados en 2008 por un equipo de ambientalistas egipcios, en una zona que estuvo cubierta de agua en tiempos prehistóricos. Sin embargo, los investigadores no publicaron hasta el mes pasado sus hallazgos para confirmar que se trataba de una nueva especie.

Sallam señaló que el equipo empezó a examinar el fósil en 2017 porque quería reunir al mejor equipo de paleontólogos egipcios para el estudio.

"Es la primera vez en la historia de la paleontología egipcia de vertebrados que tenemos un equipo nacional que dirige la documentación de un nuevo género y especie de ballena de cuatro patas", afirmó Sallam.

El fósil arroja algo de luz sobre la evolución de los cetáceos, que pasaron de ser mamíferos terrestres herbívoros a especies carnívoras que aún viven exclusivamente en el agua. La transición se hizo hace unos 10 millones de años, según un artículo publicado sobre el descubrimiento en la revista Proceedings, de la Real Sociedad B.

La región del Desierto Occidental de Egipto ya es conocida por el llamado Valle de las Ballenas, o Wadi Al-Hitan, atracción turística que alberga restos fósiles de otro tipo de ballenas prehistóricas.

La nueva criatura pertenece a la familia de los protocetáceos, ballenas semiacuáticas extintas que vivieron hace entre 59 y 34 millones de años, explicó Sallam. El animal caminaba por tierra firme, pero también cazaba en el agua.

"Es otra nueva especie de las ballenas primitivas, de la época en la que conservaban cuatro miembros funcionales", explicó Jonathan Geisler, especialista en historia evolutiva de los mamíferos en el Instituto de Tecnología de Nueva York. No participó en el hallazgo.

La ballena recibió el nombre de Phiomicetus anubis, por el dios de la muerte en el antiguo Egipto.

"Escogimos el nombre Anubis porque tenía un fuerte y mortal mordisco", sostuvo Sallam, profesor de paleontología en la Universidad Manosura de Egipto.

La nueva especie destaca por su prolongado cráneo, que sugiere que era un eficiente carnívoro capaz de aferrar y masticar a su presa, señaló. Medía unos tres metros de largo y pesaba unos 600 kilos, según los investigadores.

El descubrimiento se produjo tras cuatro años de colaboración entre paleontólogos egipcios y estadunidenses, añadió Sallam.

Su equipo ya tuvo repercusión internacional en 2018 con su descubrimiento del manosurasaurio, una nueva especie de dinosaurio herbívoro de cuello largo que vivió en lo que en la actualidad es la provincia de Manosura, en el Delta del Nilo.

Cuatro ejes de acción para abordar la situación del Caribe ante el cambio climático

La situación del Caribe en el contexto del cambio climático ilustra con claridad la asimetría estructural constitutiva del sistema-mundo capitalista. Por ejemplo, el área del Caribe insular emite alrededor del 1% del total global de emisiones de gases de efecto invernadero que se encuentran en la atmósfera, pero sus habitantes y ecosistemas son ya una de las principales víctimas del cambio climático.

La poca efectividad de las políticas implementadas hasta el momento para hacer frente a esta situación se debe a: 1) Altos niveles de fragmentación regional interna como consecuencia de los reacomodos geopolíticos poscoloniales. 2) La urgencia por dar respuesta a otros problemas inmediatos como el peso de la deuda pública y 3)  La alta dependencia de capitales foráneos (Bishop and Payne, 2012).

Superar este escenario crítico supone, a su vez, coordinar acciones en tres grandes ejes. En primer lugar, políticas públicas pensadas ya no solo desde las divisiones político-administrativas existentes, sino fundamentalmente desde regiones climáticas dado el carácter transfronterizo de la crisis ambiental. En segundo lugar, la articulación de movimientos y organizaciones de base comunitaria dentro de la región con los movimientos globales de justicia ambiental y viceversa. Finalmente, la creación de redes y plataformas que posicionen la situación del Caribe en los foros internacionales para lograr una respuesta efectiva de la comunidad internacional (Laguardia Martínez y Gómez Palacios, 2020).

Aunado a estos tres ejes, en este breve escrito me atrevería a sugerir un cuarto eje o, tal vez, un punto transversal a los tres anteriores. Me refiero al diseño y puesta en marcha de repositorios digitales en acceso abierto que posibiliten una compilación del conocimiento ecológico-político existente sobre el área. Esto ayudaría a dilucidar el desconocimiento que en otras regiones existe sobre los problemas del Caribe y sobre la propia heterogeneidad e historia de la región.

En América Latina y el Caribe (ALC), según datos del Atlas de Justicia Ambiental (EJAtlas), se han registrado 937 conflictos socioambientales hasta septiembre de 2020, lo que representa un 29% del total mundial de 3.244 casos (Olmedo Neri y Gómez Liendo, 2020). No obstante, esta totalización no permite apreciar la especificidad caribeña. Cuando hacemos un énfasis en dicha área encontramos que del total de casos para ALC, los territorios caribeños que conforman los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS, por sus siglas en inglés) representan un 3% (26 casos) del total de conflictos a nivel regional.

Como acertadamente han argumentado Scheidel et al. (2020), no debemos asumir la información presente en el EJAtlas como estadísticamente representativa de la globalidad del problema. De hecho, existen algunos países con un abordaje limitado. Por tanto, si unos países o áreas aparecen con más casos que otros, no es porque necesariamente tengan “más” conflictos y sus contrapartes sean “más” sustentables, sino por la poca o mucha disponibilidad de datos e información claves para su efectivo registro en el mapa.

Esta observación va en sintonía con el planteamiento de Bishop y Payne (2012) sobre la necesidad de una agenda de investigación enfocada en el cambio climático que coloque al ambiente en el corazón de los trabajos que sirven de insumo para el diseño de la política pública, la gobernanza y los planes de desarrollo en el Caribe. También con lo que señalan Laguardia Martínez y Gómez Palacios (2020) sobre la urgencia de “ambientalizar” los currículos universitarios. Ambas sugerencias deben, conforme a la tradición de la ecología política latinoamericana, asumir los conflictos socioambientales como una categoría central de análisis. Después de todo, si las economías de los territorios SIDS en el área del Caribe dependen de la actividad turística, entonces habrá que empezar por explorar las tensiones alrededor de este sector económico sin descuidar otros casos, por supuesto.

Establecer relaciones de colaboración con los coordinadores del EJAtlas puede ser un buen punto de partida para consolidar un nodo de información ecológico-política sobre el área, pero es vital que las propias universidades y centros de investigación del Caribe aúnen esfuerzos parar crear plataformas de investigación colaborativa propias, en las cuales puedan monitorear conflictos en sus territorios, analizar las causas e identificar actores y agendas involucradas. Igualmente, crear repositorios que faciliten la socialización de todos los datos levantados y de todo el conocimiento generado. En ese particular, tanto el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), como la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental (SOLCHA),constituyen otros dos grandes aliados para posicionar la necesidad ineludible de atender los problemas socioambientales del Caribe y del conjunto de los SIDS en los foros internacionales.

A riesgo de sonar superlativo, los futuros de la política para la sustentabilidad, así como las políticas para los futuros sustentables, van a depender en gran medida de si se asume o no un compromiso ético-político explícito de toda la comunidad internacional para atender la emergencia ecosocial de zonas altamente vulnerables como el Caribe. 

Por Marx José Gómez Liendo | 14/09/2021

Referencias utilizadas

Bishop, M.L. y Payne, A. (2012). “Climate Change and theFuture of Caribbean Development”. The Journal of Development Studies, 48:10, 1536-1553. DOI: http://dx.doi.org/10.1080/00220388.2012.693166.

Laguardia Martínez, J. y Gómez Palacios, A. (2020). “Cambio Climático y sus impactos en el Gran Caribe. Hacia un diálogo interdisciplinario”. En: Laguardia Martínez, J. (coordinadora), Cambio Climático y sus impactos en el Gran Caribe (pp. 9-18). Buenos Aires: CLACSO.

Olmedo Neri, R.A. y Gómez Liendo, M.J. (2020). “Conflictividad socioambiental en América Latina y el Caribe: un análisis del panorama regional desde la ecología política”. Iberoamérica social: revista-red de estudios sociales, 8(XV), 30-54.

Scheidel, A. et al (2020). “Environmental conflicts and defenders: A global overview”. Global Environmental Change, Volume 63, https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2020.102104.

Marx José Gómez Liendo es sociólogo (Universidad Central de Venezuela), con maestría en estudios sociales de la ciencia (InstitutoVenezolano de Investigaciones Científicas, IVIC). Miembro del Laboratorio de Ecología Política del Centro deEstudios de la Ciencia del IVIC, del equipo editorial de la revista Iberoamérica Social y del Comité de Investigaciónde la Asociación Iberoamericana de Sociología (AIS). Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Publicado enMedio Ambiente
Un Coeligena helianthea en el cerro Monserrate, en la capital colombiana. Foto Afp

Un activo sentido del olfato permite a los diminutos colibríes detectar el peligro con antelación suficiente como para evitarlo, según un estudio de la Universidad de California Riverside (UCR).

Se sabe que los buitres tienen un sentido del olfato muy sensible y algunas especies se consideran sabuesos del aire. Esto se debe en parte a sus grandes bulbos olfativos, tejido en el cerebro que controla el olfato.

Sin embargo, los bulbos olfativos de los colibríes son, como el resto de sus cuerpos, extremadamente pequeños. Estudios anteriores no pudieron demostrar que esas aves mostraran preferencia por el olor de las flores que contienen néctar. Además, las polinizadas por aves generalmente no tienen aromas fuertes, a diferencia de aquellas donde el proceso fue hecho por insectos. Debido a estas razones, los científicos no creían que los pájaros tuvieran la capacidad de oler cosas.

Los científicos de la UCR demostraron por primera vez que los colibríes no sólo pueden oler insectos, sino que el sentido del olfato puede ayudarlos a mantenerse fuera de peligro, mientras buscan néctar para comer. En la revista Behavioral Ecology and Sociobiology se publicó un artículo que describe sus experimentos.

Esto es muy emocionante, ya que es la primera demostración clara de colibríes que utilizan su sentido del olfato sólo para tomar decisiones de alimentación y evitar el contacto con insectos potencialmente peligrosos en una flor o comedero, señaló en un comunicado Erin Wilson Rankin, profesora asociada de entomología y coautora del estudio.

Proceso de experimentación

Para sus experimentos, los investigadores permitieron que más de 100 colibríes eligieran entre dos comederos, ya sea agua azucarada sola o más uno de varios químicos cuyo olor indicaba la presencia de un insecto. No hubo diferencias visuales entre los dos alimentadores ofrecidos en cada una de las pruebas.

El trabajo incluyó el aroma depositado en las flores por las abejas europeas, químico de atracción secretado por las hormigas argentinas, y el ácido fórmico, compuesto defensivo producido por algunas hormigas fórmica que se sabe que daña tanto a las aves como a los mamíferos.

Si un ave tiene la piel expuesta en las patas, el ácido fórmico puede causar dolor y si le entra en los ojos, no es agradable, explicó Rankin. También es extremadamente volátil.

Los colibríes evitaron los dos productos químicos derivados de las hormigas, en especial el ácido fórmico. Sin embargo, no tuvieron ninguna reacción al olor de la abeja, que se sabe que disuade a otras de ellas de visitar las flores.

Martes, 07 Septiembre 2021 06:35

No es la mala suerte lo que persigue a Haití

No es la mala suerte lo que persigue a Haití

Las malas infraestructuras y la pésima gobernanza se suman a los males de un país abatido por un huracán, que siguió a un terremoto, pocas semanas después del asesinato de su presidente.

El 14 de agosto, exactamente 11 años, siete meses y dos días después de que Haití sufriera el terremoto más mortífero jamás registrado en el hemisferio occidental, el país fue golpeado por otro más fuerte. No fue exactamente en el mismo lugar que el primero, sino a algo más de 90 kilómetros al oeste del «Goudou Goudou», la palabra onomatopéyica en creole haitiano para referirse al terremoto del 12 de enero de 2010.

Luego, el 16 de agosto, la tormenta tropical Grace azotó el país, agravando los problemas que enfrenta la nación caribeña. Muchas personas -tanto en Haití como fuera de sus fronteras- respondieron a las noticias de las dos catástrofes naturales con la sombría frase «Haití nunca tiene un respiro». Otros se limitaron a las condolencias. «Pobre Haití», decían los mensajes de WhatsApp que circulaban entre los haitianos y la gente del extranjero que conoce el país. «Haití cherie. Pobre Haití cherie. ¿Qué puede hacer Haití? Problemas sin parar». Los menesajes representaban una idea fatalista, que supone que Haití está condenado a un sufrimiento constante, que sus problemas son inevitables y que nada cambiará.

No ayudó el hecho de que, el día después del terremoto del 14 de agosto, a medio planeta de distancia,Afganistán volviera a manos de los talibanes. El mundo se vio absorbido por los acontecimientos en Kabul y hubo poco espacio para Haití, con su supuesta mala suerte y sus problemas, aparentemente predestinados.

Hay algo de verdad en la impresión de mala suerte. Cuando se produjeron el último terremoto y la tormenta tropical, Haití ya se tambaleaba por una crisis política provocada por el asesinato de su presidente el 7 de julio. En los años transcurridos desde el goudougoudou de 2010, Haití se ha visto afectado por una serie de catástrofes naturales, incluido el huracán Matthew.

Matthew, que azotó en 2016, fue un huracán de categoría 4, un evento que se prevé que solo ocurra una vez cada 56 años. Una estimación del Banco Mundial (BM) unos meses después del huracán Matthew decía que Haití había sufrido pérdidas equivalentes al 22% del PIB, había afectado a más de 2 millones de personas o a 20% de la población de Haití, había arrasado carreteras y puentes clave y había destruido la cadena de frío de las vacunas. Fue un duro golpe después del terremoto de 2010, que mató a 220.000 personas, desplazó a 1,5 millones y destruyó el equivalente al 120% del PIB. El BM utilizó datos históricos para calcular que las catástrofes relacionadas con el clima habían «causado en Haití daños y pérdidas que ascendían a cerca de 2% del PIB de media anual entre 1975 y 2012».

En términos reales, el terremoto de 2021 fue bastante diferente al de 2010. Fue de una magnitud ligeramente mayor —7,2 Mw frente a los 7,0 Mw de 2010—, pero su epicentro se situó lo suficientemente al oeste del país como para no alcanzar a Puerto Príncipe ni a la región de la capital, donde vive aproximadamente un tercio de los 11 millones de habitantes de Haití. El número de muertos fue mucho menor que en 2010, apenas e 1%. Pwoteksyon Sivil, la Agencia de Protección Civil de Haití, tuiteó el 22 de agosto que había 2.207 muertos y 344 seguían desaparecidos. La agencia añadió que había 12.268 heridos y casi 53.000 casas destruidas. Pero las consecuencias del terremoto de 2021 (y de la tormenta tropical Grace, que le siguió) van más allá del igualmente elevado número de muertos.

Escuelas, hospitales, centrales eléctricas, puentes y carreteras en el sur de Haití, mayoritariamente rural, han sido destruidos. Se trata de infraestructuras clave en cualquier lugar, pero especialmente en Haití, donde puede llevar décadas conseguir financiación para estos proyectos.

La historia de L'Asile, municipio de 52.000 habitantes del departamento de Nippes, es trágica. Tuvo su primer hospital -50 camas y quirófanos- en 2008. Ahora, el hospital está en ruinas y no tiene más que un pequeño centro de triaje al aire libre. El Washington Post citó a un médico frente al hospital derrumbado de L'Asile: «¿Reconstruir? ¿Cuánto tiempo va a llevar? ¿En serio? ¿En Haití? Quizá 100 años». Tras visitar las escuelas afectadas por el terremoto, Bruno Maes, representante de UNICEF en Haití, dijo: «Es realmente un desastre. Es un impacto masivo, masivo en el sistema educativo».

Los haitianos son conscientes de que la reconstrucción costará millones y millones, dinero que ni ellos ni su gobierno tienen. Aún más revelador es el sentimiento de desesperación de la población, que se encuentra sola. El alcalde de L'Asile, Martinor Gerardin, ha dicho con toda naturalidad: «No hemos visto al gobierno venir en nuestra ayuda, y no espero que lo haga. ¿Cómo vamos a reconstruir nuestras escuelas, nuestras iglesias, arreglar nuestro suministro de agua? Les puedo decir que este gobierno no va a ayudar. Estamos solos».

Dice algo sobre la falta de esfuerzos organizados de ayuda, que un famoso gángster, Jimmy Cherizier, alias «Barbacoa», haya prometido audazmente una tregua con otras bandas para permitir que la ayuda llegue al suroeste de Haití.

La mala suerte de Haití es su falta de preparación y de procedimientos para las estrategias de colaboración. Tras el terremoto de 2010, el Banco Mundial ayudó a elaborar un código nacional de construcción y formó a un nuevo equipo técnico en el Ministerio de Obras Públicas para garantizar las normas. Casi una década después, el BM informó de los logros de la Unité de Construction de Logements et de Bâtiments Publics. «En 2012, había completado con éxito las evaluaciones de más de 430.000 edificios. Además, durante el primer semestre de 2018, más de 16.000 albañiles e ingenieros recibieron formación en construcción parasísmica».

Pero el eslogan de la entidad nodal de construcción UCLBP de «reconstruire mieux» (reconstruir mejor) parecía aplicarse principalmente a Puerto Príncipe y las zonas circundantes afectadas por el terremoto. En los años transcurridos desde el terremoto de 2010, apenas se ha intentado desarrollar un conjunto nacional de protocolos de seguridad sólidos y de resiliencia sistémica. A nivel nacional, Haití no ha tratado de reforzar los edificios que no pudieron ser reconstruidos ni de instituir simulacros de respuesta al terremoto.

Al ser el país más pobre de América, lo que se considera más catastrófico es la falta de preparación de Haití ante las catástrofes, más que la frecuencia de estas.

En su Informe sobre Riesgos Mundiales 2020, Bundnis Entwicklung Hilft, una red de organizaciones humanitarias alemanas, clasificó a 181 países según parámetros que incluían la exposición a los riesgos, la susceptibilidad, la adaptación y la falta de capacidad de respuesta. Según el informe, en la región del Caribe, Haití está menos expuesto al riesgo de catástrofes naturales que Dominica y Trinidad y Tobago. Y no está tan expuesto a las catástrofes naturales como Japón, Uruguay y Chile -situados cerca de los bordes de las placas tectónicas y propensos a los terremotos- o los Países Bajos, amenazados por la subida del nivel del mar. Y sin embargo, Japón y los Países Bajos se encuentran entre los 15 países menos vulnerables del mundo. Haití, por el contrario, es muy vulnerable, ocupando el noveno lugar en el cómputo global de falta de capacidad de respuesta, justo detrás de Afganistán y de la conflictiva Siria.

¿Por qué? Cualquier búsqueda de respuestas suele toparse con la aguda falta de recursos de Haití para reconstruir y prepararse para las catástrofes. Cuando recibe recursos -de fuentes extranjeras, como ocurrió tras el terremoto de 2010- la ayuda es en realidad perjudicial porque debilita al Estado haitiano, según argumenta el historiador Laurent Dubois en su libro de 2012 Haití: las réplicas de la historia.

Pero los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, autores de Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobrezaescribieron una vez en su blog sobre el enigma de la situación de Haití. Se preguntaban por qué sufre de esta manera y no la República Dominicana, que comparte la isla de La Española con Haití, así como su historia de esclavitud.

«Al final de la Segunda Guerra Mundial, Haití y la República Dominicana tenían niveles de renta per cápita esencialmente idénticos. A partir de entonces, divergieron», escribieron Acemoglu y Robinson. Tal vez se deba a que la República Dominicana tenía un dictador que se embarcó en una senda de crecimiento extractivo, dijeron. Más tarde, la República Dominicana tendría instituciones políticas más inclusivas y crecimiento económico. Pero en el caso de Haití, «no hubo crecimiento extractivo...solo anarquía». Es discutible, pero tal vez eso forme parte del patrón de la evidente falta de preparación de Haití.

Publicado enInternacional