Sismo en Haití: las muertes aumentaron a 304 en las primeras horas

Hay cientos de personas heridas y desaparecidas

El número de muertes que dejó el terremoto de magnitud 7,2 registrado este sábado en Haití aumentó a 304, de acuerdo con un nuevo balance de las autoridades haitianas. La cifra de muertes aumenta cada hora. Las autoridades de Protección civil confirmaron 77 decesos más después del último reporte en el que el número de víctimas había ascendido a 227. El informe reciente también agrega que hay 1.800 heridos y los hospitales del país se encuentran desbordados.

"Registramos 160 muertos en el sur, 42 en Nippes, 100 en Grand'Anse y dos en el noroeste", dijo Jerry Chandler, director de protección civil en una rueda de prensa.

"Las primeras intervenciones, llevadas a cabo tanto por rescatistas profesionales como por miembros de la población, hicieron posible extraer a muchas personas de entre los escombros", lamentó Protección Civil en su cuenta de Twitter, donde explicó que "los hospitales siguen recibiendo heridos". Al menos tres centros de salud en las localidades de Pestel, Corailles y Roseaux estaban totalmente saturados de pacientes, según Chandler.

Christella Saint Hilaire, que vive cerca del epicentro, dijo que "muchas casas están destruidas" y que "las réplicas siguen produciéndose". Por su parte, Job Joseph, residente en la ciudad de Jeremie, al extremo occidente de la Haití aseguró que “las casas y los muros que las rodean se han derrumbado. El tejado de la catedral se derrumbó".

El terremoto de este sábado, que también se sintió en la República Dominicana, se registró a las 08.29 hora local, a unos 12 kilómetros de la localidad de Saint-Louis du Sud, con un epicentro de 10 kilómetros de profundidad. A este siguió una réplica de magnitud 5,2 a 17 kilómetros de la localidad de Chantal, también con el epicentro de 10 kilómetros de profundidad.

El impactante sismo también se sintió en gran parte del Caribe, incluso en Santiago de Cuba (a unos 300 km de Saint-Louis-du-Sud), donde muchos residentes salieron de sus hogares, según consignó Radio Rebelde. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) emitió inicialmente una alerta de tsunami, previendo posibles olas de hasta tres metros a lo largo de la costa de Haití, pero poco después la levantó.

Estado de emergencia

Por la gravedad de lo ocurrido, el Gobierno local decidió declarar el estado de emergencia durante un mes, según anunció el primer ministro de Haití, Ariel Henry, quien asumió el cargo el pasado 20 de julio, 13 días después del asesinato del presidente Jovenel Moise. Henry pidió "mostrar solidaridad" y no entrar en pánico, el primer ministro también se trasladó a las zonas afectadas.

"Los primeros detalles de información nos hacen creer que hay varios heridos, que hay muchos muertos y casas derrumbadas. Ahora hay mucha gente bajo los escombros. Especialmente en hoteles y lugares de culto", señaló Henry.

Los habitantes compartieron imágenes en redes sociales donde se ven los esfuerzos por sacar a personas de los escombros. Los daños en la ciudad de Les Cayes parecen ser importantes, incluyendo el derrumbe de un hotel de varios pisos. También circularon imágenes de las ruinas de edificios de hormigón, incluida una iglesia en la que aparentemente se estaba celebrando una ceremonia el sábado en la ciudad suroccidental de Les Anglais.

14/08/2021

Publicado enInternacional
Dos ejemplos de herramientas de piedra esculpidas según la técnica de Levallois. — Universidad de Leiden / Sinc

 

Los registros arqueológicos del uso del fuego durante el Pleistoceno Medio demuestran que los seres humanos ya intercambiaban técnicas de fabricación de herramientas, así como conocimientos para la creación del fuego.

 

Un equipo de investigación conjunto de la Universidad de Leiden y la Universidad Tecnológica de Eindhoven (Países Bajos) propone que el primer ejemplo claro de difusión cultural humana a gran escala se produjo en algún momento hace 400.000 años

Los investigadores fundamentan su afirmación en los cambios en el uso del fuego visibles en los estratos arqueológicos. Las evidencias más tempranas del posible uso controlado del fuego son bastante escasas y son difíciles de distinguir de los restos provocados por fuegos de origen natural. En cambio, en los estratos geológicos correspondientes a hace 400.000 años se encuentran múltiples evidencias arqueológicas de fuego no natural, la mayoría en condiciones muy buenas de conservación.

Esta evidencia no es particular de una sola zona geográfica, sino que se ha encontrado en distintas regiones del continente europeo, en África e incluso en la zona occidental de Eurasia, según exponen los autores del estudio.

¿El uso del fuego surgió en varios lugares al mismo tiempo?

Según los científicos, "una distribución geográfica tan amplia de este comportamiento sociocultural podría explicarse de varias formas, como que grupos de homínidos sin contacto entre sí desarrollaran la tecnología del fuego de forma independiente, que los movimientos migratorios de grupos de población posibilitaran el intercambio de conocimiento, o incluso que prevaleciera en el tiempo una línea genética vinculada a la creación del fuego".

Sin embargo, la falta de evidencia geológica de un cambio climático generalizado que forzara los movimientos migratorios y la ausencia en el registro fósil de pistas sobre el movimiento de poblaciones humanas durante este período, hacen más plausible para los investigadores la idea de un intercambio cultural entre poblaciones.

La difusión del conocimiento entre grupos de homínidos podría haber comenzado hace 400.000 años

Para sostener esta afirmación, los autores del artículo, publicado en la revista PNAS, comparan la expansión similar en la misma área geográfica y en un período de tiempo mucho más corto, de un complejo método de lascado de herramientas de piedra denominado técnica de Levallois, de la que se han encontrado múltiples evidencias en el mismo estrato fósil.

"Nuestra investigación debería estimular el debate y la realización de nuevos estudios, en particular sobre los cambios en los mecanismos de transmisión cultural que permitieron esta difusión extraordinariamente rápida de la tecnología del fuego y de las herramientas de piedra", concluyen los autores.

 

13/08/2021 18:49

Sinc

Sardinas y arenques, entre los peces en riesgo de extinción a causa del cambio climático

El calentamiento de las aguas hará más pequeñas a esas especies y reducirá su capacidad de trasladarse a entornos adecuados, señalan expertos

 

Muchos peces que se consumen de manera común podrían enfrentarse a la extinción, ya que el calentamiento de los océanos aumenta la presión sobre su supervivencia y obstaculiza su capacidad de adaptación.

Una nueva investigación sugiere que peces como las sardinas y los arenques tendrán dificultades para seguir el ritmo acelerado del cambio climático.

El estudio, publicado en Nature Climate Change, también proporciona la primera evidencia para contrarrestar la teoría de que la disminución del movimiento resultará en más especies, al sugerir lo contrario.

Chris Venditti, biólogo evolutivo de la Universidad de Reading y coautor del estudio, explicó en un comunicado: “El calentamiento de las aguas es un doble golpe para los peces, ya que no sólo hacen que evolucionen a un tamaño más pequeño, sino también reducen su capacidad para trasladarse a entornos más adecuados.

“Nuestra investigación respalda la teoría de que los peces se volverán más pequeños a medida que los océanos se calientan bajo el cambio climático, pero revela la preocupante noticia de que tampoco podrán evolucionar para hacer frente tan eficientemente como se pensó en un principio. Con la temperatura del mar que aumenta más rápido que nunca, los peces se quedan atrás en términos evolutivos y luchan por sobrevivir.

Esto tiene serias implicaciones para todos los peces y nuestra seguridad alimentaria, ya que muchas de las especies que comemos podrían volverse cada vez más escasas o incluso inexistentes en las próximas décadas.

El estudio, dirigido por el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza), en Chile, y la Universidad de Reading, en Reino Unido, utilizó análisis estadísticos de un gran conjunto de datos de especies de peces distribuidas globalmente para estudiar su evolución durante los pasados 150 millones de años. Proporciona la primera evidencia sólida de cómo las fluctuaciones históricas de la temperatura global han afectado la evolución de estas especies.

Se centró en los Clupeiformes, grupo muy diverso que se encuentra en todo el mundo y que incluye especies importantes para la pesca, como la anchoa, los arenques del Atlántico y del Pacífico, así como las sardinas japonesa y sudamericana. Sin embargo, los hallazgos tienen implicaciones para todos los peces.

Hasta ahora, los peces sólo han tenido que lidiar con un aumento medio máximo de la temperatura del océano de alrededor de 0.8 grados Celsius por milenio. Esto es mucho más bajo que las tasas de calentamiento actuales informadas por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de 0.18 por década desde 1981.

Los hallazgos respaldan la expectativa de los científicos de que los peces generalmente se volverán más pequeños y se moverán menos a medida que el mundo se calienta, debido a que tienen que aumentar su metabolismo y, por tanto, necesitan más oxígeno para mantener sus funciones corporales. Esto afectará a las especies pequeñas, porque las más grandes pueden viajar distancias más largas debido a sus mayores reservas de energía, mientras los más pequeñas son menos capaces de buscar nuevos entornos con condiciones favorables a medida que cambia el clima.

Sin embargo, la investigación contradice la suposición de que un aumento en los peces más pequeños significará que surjan más especies nuevas debido a la concentración de variaciones genéticas en las áreas locales.

Los científicos encontraron que las aguas más cálidas conducirían al desarrollo de menos especies nuevas, lo que les robaría a los peces otra de sus armas claves para hacer frente al cambio climático.

Crisis climática. Al borde del precipicio: el escenario que no modela el IPCC

El Grupo de Trabajo 1 del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio climático en inglés) ha presentado su informe sobre la base física, una contribución al Sexto Informe de Evaluación del Clima, previsto para principios de 2022. El informe y su resumen están redactados con el estilo y el vocabulario precisos de las publicaciones científicas que realizan afirmaciones objetivas. Sin embargo, nunca antes un informe de expertos en calentamiento global había provocado semejante angustia a partir del análisis de los hechos a la luz de las ineludibles leyes de la física.

Terribles perspectivas...

La angustia proviene, en primer lugar, del contexto: las terribles inundaciones e incendios que están sembrando la desolación, la muerte y el miedo en los cuatro rincones del planeta son precisamente lo que el IPCC lleva advirtiendo desde hace más de treinta años, y ante lo que los gobiernos han hecho poco o nada. También se debe al hecho enorme de que, incluso si la COP26 (que se celebrará en Glasgow en noviembre) decidiera poner en práctica el más radical de los escenarios de estabilización estudiados por los científicos del clima, es decir, el que garantiza la reducción más rápida de las emisiones de CO2 y anula las emisiones globales netas a más tardar en 2060, reduciendo también las emisiones de otros gases de efecto invernadero), la humanidad seguiría enfrentándose a unas perspectivas terribles. En resumen:

  • Se superaría el tope de París. La temperatura media global de la superficie aumentaría probablemente 1,6°C (+/-0,4) entre 2041 y 2060 (en comparación con la era preindustrial) y luego disminuiría entre 2081 y 2100 a 1,4°C (+/-0,4).
  • Obsérvese que sólo se trata de promedios: es casi seguro que la temperatura en la tierra aumentará más rápido que en la superficie del océano (probablemente entre 1,4 y 1,7 veces más rápido). También es casi seguro que el Ártico seguirá calentándose más rápido que la media mundial (muy probablemente más del doble).
  • Algunas regiones de latitudes medias y semiáridas, y la región de los monzones en Sudamérica, tendrán los mayores aumentos de temperatura en los días más calurosos (de 1,5 a 2 veces la media mundial), mientras que el Ártico tendrá los mayores aumentos de temperatura en los días más fríos (3 veces la media mundial).
  • En tierra, las olas de calor que solían producirse una vez cada diez años se producirán cuatro veces cada diez años, y las que solían producirse sólo una vez cada cincuenta años se producirán casi nueve veces en el mismo periodo.
  • Es muy probable que el calentamiento adicional (en comparación con los 1,1 °C actuales) intensifique los fenómenos de precipitación extrema y aumente su frecuencia (globalmente, un 7% más de precipitaciones por 1 °C de calentamiento). También aumentarán la frecuencia y la fuerza de los ciclones tropicales intensos (categorías 4-5). Se espera que las precipitaciones intensas y las inundaciones asociadas se intensifiquen y sean más frecuentes en la mayor parte de África y Asia, América del Norte y Europa. Las sequías agrícolas y ecológicas también serán más graves y frecuentes en algunas zonas (en todos los continentes excepto en Asia), en comparación con 1850-1900.
  • Ni que decir tiene que este calentamiento adicional (de 0,5 °C+/-0,4 respecto a la actualidad) seguirá amplificando el deshielo del permafrost y, por tanto, la liberación de metano. Esta retroalimentación positiva del calentamiento no está totalmente incorporada en los modelos (que, a pesar de su creciente sofisticación, siguen subestimando la realidad).
  • Es probable que el calentamiento del océano durante el resto del siglo XXI sea de 2 a 4 veces mayor que entre 1971 y 2018. La estratificación, la acidificación y la desoxigenación del océano seguirán aumentando. Los tres fenómenos tienen consecuencias negativas para la vida marina. Tardarán milenios en revertirse.
  • Es casi seguro que los glaciares de las montañas y de Groenlandia seguirán derritiéndose durante décadas, y es probable que el deshielo también continúe en la Antártida;
  • También es casi seguro que el nivel del mar subirá entre 0,28 y 0,55 m en el siglo XXI, en comparación con el período 1995-2014. En los próximos 2.000 años, es probable que siga subiendo, entre 2 y 3 metros, y luego el movimiento continuará. Como resultado, en la mitad de los lugares con mareógrafos, los eventos de marea excepcionales que se observaban una vez por siglo en el pasado reciente se observarán al menos una vez al año, aumentando la frecuencia de las inundaciones en las zonas bajas.
  • Podrían producirse eventos poco probables pero de muy alto impacto a nivel global y local, incluso si el calentamiento se mantiene dentro del rango probable en el escenario radical (+1,6 ° +/-0,4 °C). Incluso con este escenario de 1,5 °C, no se pueden descartar respuestas abruptas y puntos de inflexión, como el aumento del deshielo en la Antártida y la muerte de los bosques.
  • Uno de esos acontecimientos, improbable pero posible, es el colapso de la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC). Su debilitamiento es muy probable en el siglo XXI, pero la magnitud del fenómeno es una incógnita. Lo más probable es que un colapso provoque cambios bruscos en los climas regionales y en el ciclo del agua, como un desplazamiento hacia el sur del cinturón de lluvias tropicales, el debilitamiento de los monzones en África y Asia, el fortalecimiento de los monzones en el hemisferio sur y la desecación de Europa.

... en el mejor de los casos?

Este informe nos obliga a enfrentarnos a la realidad: estamos literalmente al borde. Más aún debido a que, repitámoslo e insistamos en ello: 1) las proyecciones de subida de los océanos no incluyen los fenómenos de ruptura de los casquetes polares, que no son lineales y, por tanto, no pueden modelizarse, y que tienen el potencial de convertir la catástrofe en cataclismo de forma rápida; 2°) todo lo anterior es lo que el GIEC cree que ocurrirá si los gobiernos del mundo deciden poner en práctica el más radical de los escenarios de reducción de emisiones estudiados por los científicos, el destinado a no superar los 1,5 °C (demasiado).

Detallar los impactos de los otros escenarios haría este texto innecesariamente pesado. Contentémonos con una indicación, relativa al nivel del mar: en la hipótesis de mantenimiento del statu quo, "no se excluye" una subida de 2 metros en 2100 y de 5 metros en 2150. Y a largo plazo, a lo largo de dos mil años, para un calentamiento de 5 °C, los mares subirían inevitable e irreversiblemente (en la escala de tiempo humana) de... ¡19 a 22 metros!)

Empecemos de nuevo. Los gobiernos no aplican el más radical de los escenarios que se les propone. Sus planes climáticos (las "contribuciones determinadas a nivel nacional") nos llevan actualmente a un calentamiento de 3,5 °C. A cien días de la COP26, sólo unos pocos socios han "aumentado sus ambiciones"... pero ni mucho menos hasta los niveles necesarios de reducción de emisiones. La UE, campeona del clima, ha fijado un objetivo de reducción del 55% para 2030, cuando se necesita un 65%.

Una simple cuestión matemática, y su conclusión política

Greta Thunberg dijo en una ocasión que "la crisis climática y ecológica simplemente no puede resolverse dentro de los sistemas políticos y económicos actuales. Esto no es una opinión, es simplemente una cuestión de matemáticas”. Tenía toda la razón. Basta con mirar las cifras para darse cuenta de ello:

1°) el mundo emite unas 40GT de CO2 al año;

2°) el presupuesto de carbono (la cantidad de CO2 que aún puede emitirse a nivel mundial para no superar los 1,5 °C) es sólo de 500Gt (para una probabilidad de éxito del 50%; para el 83%, es de 300Gt);

3°) según el informe especial del IPCC sobre 1,5 °C, para lograr cero emisiones netas de CO2 en 2050 es necesario reducir las emisiones mundiales en un 59% antes de 2030 (65 % en los países capitalistas desarrollados, dada su responsabilidad histórica)

4°) El 80 % de estas emisiones se deben a la combustión de combustibles fósiles que, a pesar del bombo político y mediático sobre la irrupción de las renovables, todavía cubrían en 2019... el 84 % (!) de las necesidades energéticas de la humanidad;

5°) las infraestructuras fósiles (minas, oleoductos, refinerías, terminales de gas, centrales eléctricas, fábricas de automóviles, etc.) -cuya construcción no se ralentiza, o apenas se ralentiza- son equipos pesados, en los que se invierte capital durante unos cuarenta años. Su red ultracentralizada no puede adaptarse a las renovables (necesitan otro sistema energético descentralizado): debe ser destruida antes de que los capitalistas la amorticen, y las reservas de carbón, petróleo y gas natural deben permanecer bajo tierra.

Por tanto, sabiendo que 3.000 millones de seres humanos carecen de lo esencial y que el 10 % más rico de la población emite más del 50 % del CO2 mundial, la conclusión es inevitable: cambiar el sistema energético para mantenerse por debajo de 1,5 °C, dedicando al mismo tiempo más energía a la satisfacción de los derechos legítimos de los pobres, es estrictamente incompatible con la continuación de la acumulación capitalista que genera destrucción ecológica y crecientes desigualdades sociales.

La catástrofe sólo puede detenerse de forma digna para la humanidad mediante un doble movimiento consistente en reducir la producción mundial y reorientarlo radicalmente para que sirva a las verdaderas necesidades humanas, las de la mayoría, determinadas democráticamente. Este doble movimiento pasa necesariamente por la supresión de la producción inútil o nociva y por la expropiación de los monopolios capitalistas, en primer lugar de la energía, las finanzas y la agroindustria. También requiere una reducción drástica de las extravagancias de consumo de los ricos. En otras palabras, la alternativa es dramáticamente simple: o la humanidad liquida el capitalismo, o el capitalismo liquida a millones de personas inocentes para continuar su curso bárbaro en un planeta mutilado y tal vez invivible.

Bandidos unidos a favor de las tecnologías de emisiones negativas

Ni que decir tiene que los amos del mundo no quieren liquidar el capitalismo... Entonces, ¿Qué harán? Dejemos de lado a los negacionistas del clima como Trump, esos seguidores de Malthus que apuestan por un neofascismo de los combustibles fósiles, una inmersión en la barbarie planetaria a costa de los pobres. Dejemos también de lado a los Musk y a los Bezos, esos obscenos multimillonarios que sueñan con abandonar la nave Tierra convertida en invivible por sus codiciosos roedores capitalistas. Centrémonos en los otros, más astutos, aquellos -los Macron, Biden, Von der Leyen, Johnson, Xi Jiping...- que lucharán como bandidos por un acuerdo en Glasgow que les de ventaja sobre los competidores, pero se pegarán ante los medios de comunicación para intentar persuadirnos de que todo está bajo control.

Para escapar de esa alternativa que hemos citado más arriba ¿qué proponen estos señores? En primer lugar, por supuesto, hacen que los consumidores se sientan culpables y pidiéndoles que cambien su comportamiento, so pena de sanciones. A continuación, un conjunto de trucos: algunos, francamente burdos (el hecho de no tener en cuenta las emisiones del transporte aéreo y marítimo internacional, por ejemplo) y otros, más sutiles, pero no más eficaces (por ejemplo, la afirmación de que la plantación de árboles -en el Sur global- permitiría absorber suficiente carbono para compensar de forma sostenible las emisiones fósiles de CO2 del Norte). Pero más allá de estos trucos, todos estos gestores políticos del capital creen ahora (o fingen creer) en una solución milagrosa: aumentar la cuota de las tecnologías de baja emisión de carbono (nombre en clave de la energía nuclear, sobre todo de las microcentrales) y, sobre todo, desplegar las llamadas tecnologías de emisiones negativas (RTE o CDR, por sus siglas en inglés), que supuestamente enfriarán el clima eliminando enormes cantidades de CO2 de la atmósfera para almacenarlo bajo tierra. Esta es la hipótesis de la superación temporal del umbral de peligro de 1,5 °C.

No es necesario insistir en la energía nuclear después de Fukushima. En cuanto a las tecnologías de emisiones negativas, la mayoría de ellas sólo están en fase de prototipo o demostración, y sus efectos sociales y ecológicos prometen ser formidables (más adelante hablaré de ello). Sin embargo, se nos hace creer que salvarán el sistema productivista/consumista y que el libre mercado se encargará de desplegarlos. En realidad, este escenario de ciencia ficción no tiene como objetivo principal salvar el planeta: tiene como objetivo principal salvar la vaca sagrada del crecimiento capitalista y proteger los beneficios de los principales responsables del desorden: las multinacionales del petróleo, el carbón, el gas y la agroindustria.

El IPCC: entre la ciencia y la ideología

¿Y qué piensa el IPCC de esta locura? Las estrategias de adaptación y mitigación no forman parte de las competencias del Grupo de Trabajo 1 [GT1, que ha emitido el informe hecho público]. Sin embargo, hace consideraciones científicas que deberían ser tenidas en cuenta por los demás Grupos de Trabajo del GIEC. En cuanto a las RTE, el IPCC tiene cuidado de no precipitarse. El resumen para los responsables políticos afirma:

"La eliminación del CO2 antropogénico de la atmósfera (eliminación del dióxido de carbono, CDR) tiene el potencial de eliminar el CO2 de la atmósfera y almacenarlo de forma sostenible (sic) en depósitos (alta confianza)". El texto continúa diciendo que "el CDR tiene como objetivo compensar las emisiones residuales para lograr cero emisiones netas de CO2 o, si se aplica a una escala en la que las eliminaciones antropogénicas superen las emisiones antropogénicas, para reducir la temperatura de la superficie".

Evidentemente, el resumen del GT1 respalda la idea de que las tecnologías de emisiones negativas no sólo podrían desplegarse para capturar las "emisiones residuales" de los sectores en los que la descarbonización es técnicamente difícil (por ejemplo, la aviación): también podrían aplicarse a gran escala, para compensar el hecho de que el capitalismo mundial, por razones que no son técnicas sino de beneficio, se niega a abandonar los combustibles fósiles. El texto continúa exaltando los beneficios de este despliegue masivo como medio para lograr emisiones netas negativas en la segunda mitad del siglo:

"La CDR que conduce a emisiones globales netas negativas reduciría la concentración atmosférica de CO2 y revertiría la acidificación de la superficie del océano (confianza alta)".

El resumen hace una advertencia, pero es críptica: "Las tecnologías CDR pueden tener efectos potencialmente generalizados sobre los ciclos biogeoquímicos y el clima, que pueden debilitar o aumentar el potencial de estos métodos para eliminar el CO2 y reducir el calentamiento, y también pueden influir en la disponibilidad y calidad del agua, la producción de alimentos y la biodiversidad (confianza alta)."

Evidentemente, no está claro que las RTE sean tan eficaces, ya que algunos "efectos" podrían "debilitar (su) potencial para eliminar el CO2". La última parte de esta frase se refiere a los impactos sociales y ecológicos: la bioenergía con captura y secuestro de carbono (la RTE más madura en la actualidad) sólo podría reducir significativamente la concentración de CO2 en la atmósfera si se utilizara una superficie equivalente a más de una cuarta parte de las tierras cultivadas permanentemente en la actualidad para producir energía a partir de biomasa, a costa de los suministros de agua, la biodiversidad y/o la alimentación de la población mundial (nota a pie de página: Véase la discusión en mi libro "Demasiado tarde para ser pesimistas", Sylone-viento sur, 2020)).

Así, por un lado, el GT1 del IPCC se basa en las leyes físicas del sistema climático para decirnos que estamos al borde del abismo, a punto de volcar irreversiblemente en un cataclismo inimaginable; por otro lado, objetiviza y banaliza la carrera político-tecnológica por la que el capitalismo intenta, una vez más, posponer ante sí el antagonismo irreconciliable entre su lógica de acumulación ilimitada de beneficios y la finitud del planeta. "Nunca antes un informe de expertos en calentamiento global había provocado semejante angustia a partir del análisis de los hechos a la luz de las ineludibles leyes de la física", hemos escrito al principio de este artículo. Nunca antes un informe de este tipo había ilustrado tan claramente que un análisis científico que considera la naturaleza como un mecanismo y las leyes del beneficio como leyes de la física no es realmente científico sino cientifista, es decir, al menos parcialmente ideológico.

Por tanto, el informe del GT1 del IPCC debe leerse teniendo en cuenta que es tanto lo mejor como lo peor. Lo mejor, porque proporciona un diagnóstico riguroso del que extraer excelentes argumentos para acusar a los gobernantes y a sus representantes políticos. Lo peor, porque siembra tanto el miedo como la impotencia... ¡de la que se benefician los pudientes, los ricos, aunque el diagnóstico les acuse! Su ideología cientificista ahoga el espíritu crítico en la avalancha de datos. Así, desvía la atención de las causas sistémicas, con dos consecuencias: 1°) la atención se centra en el "cambio de comportamiento" y en otras acciones individuales, llenas de buena voluntad pero patéticamente insuficientes; 2°) en lugar de ayudar a salvar la brecha entre la conciencia ecológica y la social, el cientificismo la mantiene.

Ecologizar lo social y socializar la ecología es la única estrategia que puede detener la catástrofe y reavivar la esperanza de una vida mejor. Una vida de cuidado de las personas y los ecosistemas, ahora y a largo plazo. Una vida sobria, alegre y con sentido. Una vida que los escenarios del IPCC nunca modelan, en la que la producción de valores de uso para la satisfacción de necesidades reales, determinadas democráticamente en el respeto a la naturaleza, sustituye a la producción de bienes para el beneficio de una minoría.

Por Daniel Tanuro

10 agosto 2021

Publicado enMedio Ambiente
Crean pegamento que puede sellar tejidos lesionados y detener hemorragias en segundos

Eficaz durante una cirugía, la pasta está inspirada en el crustáceo percebe, señalan expertos del MIT

 

Inspirándose en la sustancia pegajosa que los percebes utilizan para adherirse a las rocas, ingenieros del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, diseñaron un pegamento fuerte y biocompatible que puede sellar los tejidos lesionados y detener las hemorragias de las heridas en segundos.

La nueva pasta puede adherirse a las superficies incluso cuando están cubiertas de sangre y formar un sello hermético en unos 15 segundos después de la aplicación. Según los investigadores, podría ofrecer una forma mucho más eficaz de tratar las lesiones traumáticas y ayudar a controlar las hemorragias durante una cirugía.

"Estamos resolviendo un problema de adhesión en un entorno difícil, húmedo y dinámico como lo es el de los tejidos humanos. Al mismo tiempo, intentamos traducir estos conocimientos en productos reales que puedan salvar vidas", explicó Xuanhe Zhao, del MIT y uno de los autores principales del estudio.

Christoph Nabzdyk, de la Clínica Mayo es otro de los autores principales del trabajo, que se publica en la revista Nature Biomedical Engineering, junto con Hyunwoo Yuk, investigador del MIT, y Jingjing Wu, posdoctorado.

Encontrar formas de detener las hemorragias es un problema de larga data que no se ha resuelto de forma adecuada, recordó Zhao. Las suturas se utilizan de manera usual para sellar las heridas, pero poner puntos es un proceso que lleva mucho tiempo y que normalmente no pueden realizar los primeros intervinientes durante una situación de emergencia. Entre los miembros del ejército, la pérdida de sangre es la principal causa de muerte tras una lesión, y entre la población general, es la segunda causa en ese caso.

Zhao trabaja desde hace varios años para solucionar el problema. En 2019, su equipo desarrolló una cinta tisular de doble cara y demostró que podía utilizarse para cerrar incisiones quirúrgicas. Está inspirada en el material pegajoso que las arañas utilizan para capturar a sus presas en condiciones de humedad, incluye polisacáridos cargados que pueden absorber el agua de una superficie casi al instante, despejando un pequeño parche seco al que el pegamento puede adherirse.

Para el nuevo, se inspiraron en el percebe, pequeño crustáceo que se adhiere a las rocas, a los cascos de los barcos e incluso a otros animales como las ballenas.

El análisis de los investigadores de la cola de los percebes reveló que tiene una composición única. Las moléculas de proteínas pegajosas que ayudan a los percebes a adherirse a las superficies están suspendidas en un aceite que repele el agua y cualquier contaminante que se encuentre en la superficie, lo que permite que las proteínas adhesivas se peguen firmemente a la superficie.

El equipo del MIT decidió intentar imitar este pegamento adaptando un adhesivo que habían desarrollado antes. Este material está formado por un polímero llamado poli(ácido acrílico) al que se le ha incorporado un compuesto orgánico llamado éster NHS, que proporciona adherencia, y quitosano, azúcar que lo refuerza. Congelaron láminas de este material, lo molieron en micropartículas y luego suspendieron esas partículas en aceite de silicona de grado médico.

Cuando la pasta resultante se aplica a una superficie húmeda, como un tejido cubierto de sangre, el aceite repele la sangre y otras sustancias que puedan estar presentes, lo que permite que las micropartículas adhesivas se entrecrucen y formen un sello hermético sobre la herida.

Una de las ventajas de este nuevo material es que puede moldearse para adaptarse a heridas irregulares y en pruebas realizadas en cerdos era capaz de detener rápidamente las hemorragias en el hígado; además, el sello permanece intacto varias semanas, lo que da tiempo a que el tejido se cure por sí mismo, y lo absorbe lentamente el organismo en algunos meses.

Adriana Gómez, Pizarra 3, de la serie “Tapia pisadacolor”, (Cortesía de la autora)

La crisis ambiental tiene muchas formas: incendios, deforestación, riadas, tifones, huracanes, derretimiento de los polos, subida del nivel del mar, por ejemplo; los ritmos de la crisis son crecientes y cada vez más universales. La naturaleza nos habla: debemos poder escucharla. Mejor aún, la naturaleza está viva: emerge, con vitalidad, el organicismo, una experiencia de la vida y la naturaleza que encuentra sus raíces en lo mejor de la humanidad.

 

Recientemente se han presentado acontecimientos sorprendentes: son numerosos. Las temperaturas en Canada alcanzan grados hasta la fecha no padecidas y varios cientos de personas han fallecido. Sucede igual en Estados Unidos, en el llamado Valle de la Muerte donde el fallecimiento de decenas de personas da cuenta de la crudeza del fenómeno. En este mismo país, en el estado de Nevada, hay un reconocimiento tardío pero fáctico: son un desierto: el agua dulce escasea, y todos deberán acostumbrarse a la escasez del agua potable. Por su parte, en California los bosques se incendian y el fenómeno es incontrolable.


En Alemania, en el estado de Renania-Palatinado, se han presentado inundaciones y desbordamiento de ríos que han ocasionado la muerte de cerca de doscientas personas. En Bélgica, el pueblo de Pepinster, en el sur del país, fue totalmente arrasado por riadas, y la población carece de luz y energía, pero son varios los poblados anegados por inundaciones y desbordamientos de ríos.


Estas noticias han atravesado al mundo entero, sencillamente por dos razones: porque se trata de países ricos, y porque jamás se habían presentado en esas regiones del mundo, fenómenos que son relativamente usuales en América Latina, Asia y algunas zonas de África.
Esta clase de noticias se hacen cada vez más frecuentes alrededor del mundo. Todo mientras la pandemia del covid-19 no cesa. La naturaleza nos habla. Nos habla en virus, en inundaciones, en tifones como en el sureste asiático, en huracanes como en el Atlántico, en sequías y en fuegos incontrolables. La naturaleza habla numerosos lenguajes, mientras que los seres humanos sólo hablan uno, en cada caso, y ocasionalmente emergen y se extienden linguas francas.


Una realidad que nos lleva a recordar los cuatro niveles de los fenómenos climáticos y ambientales: cambio climático, calentamiento global, crisis climática y catástrofe climática. Se trata de niveles de complejidad, y por tanto, de niveles en los que nos acercamos a puntos o estados de irreversibilidad. La expresión más crasa y puntual de esta irreversibilidad se denomina: los límites planetarios, identificados por el Instituto Stockohlm en 2008. Los cuatro niveles de crisis tienen una razón clara y contundente: se trata de crisis de origen antropogénico. Esto es, debido a esa pandemia para la biosfera que son los seres humanos. Tal cual.


Origen de una idea y una experiencia


El planeta está vivo; esto es, no hay vida en el planeta. De hecho, el origen de la vida en el planeta fue al mismo tiempo el origen del planeta como un organismo vivo. Quizás, en tiempos recientes, la expresión más puntual de la idea de que la Tierra es un organismo vivo se encuentra en la obra del geólogo suizo Eduard Suess (1831-1914). Posteriormente, es Vladimir Vernadsky, combinando geología, cristalografía, y geoquímica, quien formula en 1926 la idea de la biosfera, esto es, el planeta como un sistema vivo.


Hay ideas, teorías, descubrimientos que, a veces, nacen en el lugar y el momento inapropiados, y deben esperar, como el letargo de las plantas, condiciones mejores para prosperar. Vernadsky desarrolla su obra dos años después de la muerte de Lenin, mientras Stalin sube al poder y empiezan los actos violentos que van a conducir a la imposición del stalinismo en la Unión Soviética. Vernadsky será redescubierto, en la propia Unión Soviética y en Occidente apenas en los años 1960-1970.


En cualquier caso, una cosa queda clara: más vale no hablar de Tierra y de planeta, que son conceptos físicos o fisicalistas, sino, mejor de biosfera, que alude a un organismo vivo. Pues bien, en los años 1960, James Lovelock formula, conjuntamente con la bióloga Lynn Margulis la hipótesis de Gaia, que se desarrolla en los años 1970 como la teoría de Gaia, y finalmente en los años 1980 se afirma como la ciencia de Gaia. El mundo jamás volvería a ser el mismo. Se consolidaba, así, una visión organicista del planeta.


La historia del organicismo aún está por ser escrita. Sin embargo, es evidente que encuentra sus mejores expresiones en la obra de alemanes como Alexander von Humboldt y Johann Goethe, los cuales, sin embargo, están acompañados por otras figuras menos conocidas, como Buffon, Blumenbach, Von Haller, los dos hermanos Humboldt, Purkynje, Hering y Land.


El organicismo se contrapone a la concepción mecanicista y reduccionista de Newton –la cual terminará por ser la vencedora en la modernidad–. Según el organicismo, no existe ninguna división o separación alguna entre los seres humanos y la naturaleza, y ésta debe ser vista como un proceso de trans-formaciones de la forma, en una historia que pone en evidencia que la naturaleza no tiene una forma determinada, y ciertamente no una forma a priori y definida de una vez y para siempre. La naturaleza es una unidad vida en constante despliegue. Spinoza ya había anticipado una idea semejante, ese filósofo judío odiado por católicos, judíos, calvinistas y luteranos por igual, debido justamente a sus ideas de orden panteísta. Todas las cosas son una expresión de una voluntad de vida y de una pulsión de vida, que Spinoza denomina conatus.
En verdad, el antecedente más inmediato del organicismo es el panteísmo, que ulteriormente remite a lo mejor de la tradición pagana y de los pueblos bárbaros, que incluye al hilozoísmo y al panpsiquismo; diversas aproximaciones a un solo y mismo fenómeno: la naturaleza, que incluye entonces no únicamente a la biosfera, es un sistema vivo, o bien que exhibe vida, o bien que exhibe inteligencia.


Todo lo contrario a la idea de un dios único creador tanto como a una tradición mecanicista, determinista y reduccionista.


Pues bien, el organicismo hace su entrada en escena, inicialmente como un actor de reparto y posteriormente como un actor estelar, gracias a autores como von Foerster, von Bertalanffy y G. Bateson; esto es, con el pensamiento sistémico.
Hoy por hoy, la mejor expresión del organicismo lo constituyen las ciencias de la complejidad. Sería un tema largo justificar, señalar los autores y los argumentos en esta dirección.


El organicismo no es ni animismo ni vitalismo


Análisis finos se imponen, aquí. El tema de base es la crisis ambiental de escala global y sistemática de origen antropogénico. Esta crisis ha sido condensada con un diagnóstico serio: asistimos, actualmente, a la sexta extinción masiva. Sin embargo, grave como es la situación, no es determinista y ciertamente no fatalista.


El organicismo encuentra los mejores antecedentes en tres líneas distintas, pero coincidentes: el panpsiquismo, el hilozoísmo y el panteísmo. Las raíces de estas tres experiencias de la naturaleza y la vida conducen directamente al Paleolítico, que constituye el 97 por ciento de la existencia de la especie humana; sin embargo, paradójicamente, es ampliamente desconocido. Por su parte, la historia humana que sí es más conocida constituye apenas en 3 por ciento de esta experiencia, que cubre desde el neolítico hasta el día de hoy, aproximadamente 7000 años. Ignorar el 97 por ciento de algo o alguien es prácticamente desconocerlo todo. En el paleolítico no había un conocimiento de la vida como lo tenemos hoy, pero sí había una experiencia de la vida. Una distinción sutil.


La historia del animismo –esto es, que todas las cosas están animadas– llega, en ciencia, hasta los trabajos de L. Pasteur, quien da al traste con la idea de origen aristotélico de la generación espontánea como explicación sobre el origen de la vida. Sería, a comienzos del siglo XX, específicamente gracias a los trabajos de G. Canguilhem cuando, por su parte, el vitalismo desaparece en el espectro de la ciencia.


El animismo y el vitalismo fueron las últimas expresiones de mala ciencia o de pseudociencia, cuya expresión más reciente fue el holismo; esto es, la idea de que todo está conectado con todo.


El organicismo es la tesis que afirma que la naturaleza es un sistema vivo; de manera puntual, que la biosfera no es, en absoluto un fenómeno físico en el que la vida sobrevenga. Pensar en términos organicistas no es diferente a desarrollar una estructura mental ecológica. Así, un organicismo implica, concomitante y necesariamente, una comprensión en términos de nichos ecológicos, biomas, biología del paisaje, ecosistemas y demás. Así, la biosfera no existe al margen de ni por fuera del ecosistema más inmediato que es el sistema solar.
La historia de los fundamentos científicos del organicismo es exactamente la historia de comprensiones inter, trans o multidisciplinarias, según se prefiera.


Una observación puntual se impone en este punto: el descubrimiento de la vida es un fenómeno muy tardío en la historia de la humanidad, o bien, lo que es equivalente, perfectamente reciente. No sin antecedentes en algunos momentos recientes de la historia, la vida como un problema de investigación aparece apenas a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI.


Economía ecológica y ecología política


Que la crisis ambiental tenga un origen antropogénico comporta aspectos eminentemente políticos. La política tiene que ver con todos los asuntos de la polis, y la polis es un caso particular del oikos. Así las cosas, la ecología se transforma en ecología política y la economía –esto es, el cruce de los temas y problemas entre la polis y el oikos– se transforma, a su vez, igualmente, en economía ecológica. En otras palabras, la crisis climática implica reflexiones y consideraciones que ponen inmediatamente sobre la mesa, a plena luz del día, a las implicaciones y consecuencias de una crítica de la economía política tanto como lectura política de los temas ambientales.


En otras palabras, la política y la economía significan hoy en día una tematización de las formas de vida, los retos para la vida, y el manejo y las relacione con la naturaleza. El Estado, que fue el referente primario y clásico de la política aparece ahora como un instrumento cuya finalidad es el cuidado de la vida en todas sus formas, expresiones y escalas.


Atender a la crisis climática sin tocar nuclearmente la función de producción resulta inocuo e ignorante. De un lado, cualquier pelea que establezca el ser humano con la naturaleza, la lleva perdida. Y, de otra parte, al mismo tiempo, cualquier política, en cualquier sentido, que pretenda superar la crisis ambiental sin modificar la función de producción está condenada al fracaso.


La función de producción es la expresión puntual de una ecuación errónea y que es el fundamento de la humanidad occidental, a saber: el ser humano es una estancia superior y externa a la naturaleza y ésta sólo existe para sus fines y necesidades. Es lo que se expresa, equivocadamente, como recursos naturales. En este sentido, planes, programas y estrategias como los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) tanto como la Carta de la Tierra, están condenadas al fracaso. Se trata de buenas intenciones sin contenido alguno.


Existe una confluencia cada vez mayor entre la economía ecológica y la ecología política. Aunque no sea explícita, la base para su puesta en diálogo recíproco es el organicismo.


Sintomáticamente, el organicismo coincide con el saber de los pueblos tradicionales. En América Latina, por ejemplo, con la sabiduría del pueblo mapuche, el de los pueblos andinos, con el quechua y el aymara, en Colombia con la sabiduría que se decanta en el idioma muisca, en centroamérica con el quiché y la sabiduría maya, por ejemplo. El organicismo sí fue conocido por otros pueblos y culturas y pervive en la mejor tradición de los sabedores, los taitas, los chamanes. Algo que escandaliza a quienes sólo saben de políticas públicas, de Estado y gobernabilidad. Y también algo que escandaliza a la ciencia normal.


Existe un negacionismo doble: tanto el negacionismo a la sabiduría de los pueblos originarios, como el negacionismo de la sabiduría de la naturaleza. Que es cuando se observa una amplia ignorancia con respecto a la antropología, la historia, una parte de la filosofía y, manifiestamente, de lo mejor de la biología y la ecología hoy en día.


Este negacionismo ve los incendios, las inundaciones y las crisis ambientales como fenómenos puntuales, episódicos, y sin significado alguno. No entienden que la naturaleza nos está hablando; y que está empleando diferentes lenguajes, al mismo tiempo, para ver si logramos entenderla. El mensaje, sin embargo, no parece ser demasiado complicado: los seres humanos se olvidaron de vivir bien, de saber vivir y de llevar una vida plena (suma qamaña, sumak kawsay y utz’ kaslemal –en quechua, aymara, y quiché, correspondientemente). Esto es, en otras palabras, se olvidaron de vivir con y del lado de la naturaleza.


Pues bien, la expresión más crasa de esta ignorancia es el neoliberalismo y todo el sistema de libre mercado incluyendo sus aristas éticas, axiológicas, religiosas y culturales.


El futuro inmediato de la crisis climática


La crisis climática seguirá produciéndose sin la menor duda. Ya es un hecho establecido que los polos se están derritiendo, que el calentamiento global es un fenómeno mundial, que los huracanes, tifones, inundaciones, incendios, sequías, lluvias, riadas y demás seguirán teniendo lugar. Las ciudades costeras desaparecerán en el futuro inmediato, en el espacio de veinte a veinticinco años. A partir de la fecha.


El agua tiene memoria, tanto como los bosques y las selvas. La bibliografía al respecto va siendo cada vez más amplia y consolidada, aunque poco estudiada del lado de la ciencia normal. Mientras que la memoria humana es de corto alcance, la memoria de la naturaleza abarca siglos y milenios, por decir lo menos.


La deforestación del Amazonas es terrible. La construcción de presas hidroeléctricas es un crimen contra los ríos y los paisajes. La quema, espontánea o provocada, de bosques y selvas es un auténtico crimen de lesa humanidad. La obsolescencia programada es la perversión máxima de un sistema productivista enfermizo.


El mayor número de crímenes y asesinatos hoy por hoy alrededor del mundo es fundamentalmente contra ecologistas y ambientalistas. Una mirada al mapa de crímenes, sistemáticamente organizados y ejecutados es dramático (cfr. https://ejatlas.org/). La defensa del medioambiente se ha convertido en un asunto agónico. Y es porque la vida ha sido descubierta como un tema inaplazable, en cualquier sentido o acepción de la palabra.


Los temas, sensibles, de equidad, pobreza, impunidad, corrupción, violencia en todas sus expresiones, y la defensa de los derechos humanos son una sola y misma cosa con una comprensión de que la Tierra es un organismo vivo, y que el sistema de libre mercado es crimen sistemático y estratégico contra la naturaleza; y entonces, también contra pueblos, naciones, sociedades y culturas.


Estamos viviendo una profunda crisis climática. Se trata, en otras palabras, de una crisis civilizatoria. Pero mientras que hay una civilización que se hunde inexorablemente, hay otra que emerge, con optimismo, con decisión, con mucha voluntad de vida, en fin, de cara a la naturaleza y viviendo conforme a ella.


En una palabra, el organicismo es la expresión puntual de una experiencia de la vida, que no comienza ni termina en el ser humano. Pero que sabe que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

 

 

 

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Adriana Gómez, Pizarra 3, de la serie “Tapia pisadacolor”, (Cortesía de la autora)

La crisis ambiental tiene muchas formas: incendios, deforestación, riadas, tifones, huracanes, derretimiento de los polos, subida del nivel del mar, por ejemplo; los ritmos de la crisis son crecientes y cada vez más universales. La naturaleza nos habla: debemos poder escucharla. Mejor aún, la naturaleza está viva: emerge, con vitalidad, el organicismo, una experiencia de la vida y la naturaleza que encuentra sus raíces en lo mejor de la humanidad.

 

Recientemente se han presentado acontecimientos sorprendentes: son numerosos. Las temperaturas en Canada alcanzan grados hasta la fecha no padecidas y varios cientos de personas han fallecido. Sucede igual en Estados Unidos, en el llamado Valle de la Muerte donde el fallecimiento de decenas de personas da cuenta de la crudeza del fenómeno. En este mismo país, en el estado de Nevada, hay un reconocimiento tardío pero fáctico: son un desierto: el agua dulce escasea, y todos deberán acostumbrarse a la escasez del agua potable. Por su parte, en California los bosques se incendian y el fenómeno es incontrolable.


En Alemania, en el estado de Renania-Palatinado, se han presentado inundaciones y desbordamiento de ríos que han ocasionado la muerte de cerca de doscientas personas. En Bélgica, el pueblo de Pepinster, en el sur del país, fue totalmente arrasado por riadas, y la población carece de luz y energía, pero son varios los poblados anegados por inundaciones y desbordamientos de ríos.


Estas noticias han atravesado al mundo entero, sencillamente por dos razones: porque se trata de países ricos, y porque jamás se habían presentado en esas regiones del mundo, fenómenos que son relativamente usuales en América Latina, Asia y algunas zonas de África.
Esta clase de noticias se hacen cada vez más frecuentes alrededor del mundo. Todo mientras la pandemia del covid-19 no cesa. La naturaleza nos habla. Nos habla en virus, en inundaciones, en tifones como en el sureste asiático, en huracanes como en el Atlántico, en sequías y en fuegos incontrolables. La naturaleza habla numerosos lenguajes, mientras que los seres humanos sólo hablan uno, en cada caso, y ocasionalmente emergen y se extienden linguas francas.


Una realidad que nos lleva a recordar los cuatro niveles de los fenómenos climáticos y ambientales: cambio climático, calentamiento global, crisis climática y catástrofe climática. Se trata de niveles de complejidad, y por tanto, de niveles en los que nos acercamos a puntos o estados de irreversibilidad. La expresión más crasa y puntual de esta irreversibilidad se denomina: los límites planetarios, identificados por el Instituto Stockohlm en 2008. Los cuatro niveles de crisis tienen una razón clara y contundente: se trata de crisis de origen antropogénico. Esto es, debido a esa pandemia para la biosfera que son los seres humanos. Tal cual.


Origen de una idea y una experiencia


El planeta está vivo; esto es, no hay vida en el planeta. De hecho, el origen de la vida en el planeta fue al mismo tiempo el origen del planeta como un organismo vivo. Quizás, en tiempos recientes, la expresión más puntual de la idea de que la Tierra es un organismo vivo se encuentra en la obra del geólogo suizo Eduard Suess (1831-1914). Posteriormente, es Vladimir Vernadsky, combinando geología, cristalografía, y geoquímica, quien formula en 1926 la idea de la biosfera, esto es, el planeta como un sistema vivo.


Hay ideas, teorías, descubrimientos que, a veces, nacen en el lugar y el momento inapropiados, y deben esperar, como el letargo de las plantas, condiciones mejores para prosperar. Vernadsky desarrolla su obra dos años después de la muerte de Lenin, mientras Stalin sube al poder y empiezan los actos violentos que van a conducir a la imposición del stalinismo en la Unión Soviética. Vernadsky será redescubierto, en la propia Unión Soviética y en Occidente apenas en los años 1960-1970.


En cualquier caso, una cosa queda clara: más vale no hablar de Tierra y de planeta, que son conceptos físicos o fisicalistas, sino, mejor de biosfera, que alude a un organismo vivo. Pues bien, en los años 1960, James Lovelock formula, conjuntamente con la bióloga Lynn Margulis la hipótesis de Gaia, que se desarrolla en los años 1970 como la teoría de Gaia, y finalmente en los años 1980 se afirma como la ciencia de Gaia. El mundo jamás volvería a ser el mismo. Se consolidaba, así, una visión organicista del planeta.


La historia del organicismo aún está por ser escrita. Sin embargo, es evidente que encuentra sus mejores expresiones en la obra de alemanes como Alexander von Humboldt y Johann Goethe, los cuales, sin embargo, están acompañados por otras figuras menos conocidas, como Buffon, Blumenbach, Von Haller, los dos hermanos Humboldt, Purkynje, Hering y Land.


El organicismo se contrapone a la concepción mecanicista y reduccionista de Newton –la cual terminará por ser la vencedora en la modernidad–. Según el organicismo, no existe ninguna división o separación alguna entre los seres humanos y la naturaleza, y ésta debe ser vista como un proceso de trans-formaciones de la forma, en una historia que pone en evidencia que la naturaleza no tiene una forma determinada, y ciertamente no una forma a priori y definida de una vez y para siempre. La naturaleza es una unidad vida en constante despliegue. Spinoza ya había anticipado una idea semejante, ese filósofo judío odiado por católicos, judíos, calvinistas y luteranos por igual, debido justamente a sus ideas de orden panteísta. Todas las cosas son una expresión de una voluntad de vida y de una pulsión de vida, que Spinoza denomina conatus.
En verdad, el antecedente más inmediato del organicismo es el panteísmo, que ulteriormente remite a lo mejor de la tradición pagana y de los pueblos bárbaros, que incluye al hilozoísmo y al panpsiquismo; diversas aproximaciones a un solo y mismo fenómeno: la naturaleza, que incluye entonces no únicamente a la biosfera, es un sistema vivo, o bien que exhibe vida, o bien que exhibe inteligencia.


Todo lo contrario a la idea de un dios único creador tanto como a una tradición mecanicista, determinista y reduccionista.


Pues bien, el organicismo hace su entrada en escena, inicialmente como un actor de reparto y posteriormente como un actor estelar, gracias a autores como von Foerster, von Bertalanffy y G. Bateson; esto es, con el pensamiento sistémico.
Hoy por hoy, la mejor expresión del organicismo lo constituyen las ciencias de la complejidad. Sería un tema largo justificar, señalar los autores y los argumentos en esta dirección.


El organicismo no es ni animismo ni vitalismo


Análisis finos se imponen, aquí. El tema de base es la crisis ambiental de escala global y sistemática de origen antropogénico. Esta crisis ha sido condensada con un diagnóstico serio: asistimos, actualmente, a la sexta extinción masiva. Sin embargo, grave como es la situación, no es determinista y ciertamente no fatalista.


El organicismo encuentra los mejores antecedentes en tres líneas distintas, pero coincidentes: el panpsiquismo, el hilozoísmo y el panteísmo. Las raíces de estas tres experiencias de la naturaleza y la vida conducen directamente al Paleolítico, que constituye el 97 por ciento de la existencia de la especie humana; sin embargo, paradójicamente, es ampliamente desconocido. Por su parte, la historia humana que sí es más conocida constituye apenas en 3 por ciento de esta experiencia, que cubre desde el neolítico hasta el día de hoy, aproximadamente 7000 años. Ignorar el 97 por ciento de algo o alguien es prácticamente desconocerlo todo. En el paleolítico no había un conocimiento de la vida como lo tenemos hoy, pero sí había una experiencia de la vida. Una distinción sutil.


La historia del animismo –esto es, que todas las cosas están animadas– llega, en ciencia, hasta los trabajos de L. Pasteur, quien da al traste con la idea de origen aristotélico de la generación espontánea como explicación sobre el origen de la vida. Sería, a comienzos del siglo XX, específicamente gracias a los trabajos de G. Canguilhem cuando, por su parte, el vitalismo desaparece en el espectro de la ciencia.


El animismo y el vitalismo fueron las últimas expresiones de mala ciencia o de pseudociencia, cuya expresión más reciente fue el holismo; esto es, la idea de que todo está conectado con todo.


El organicismo es la tesis que afirma que la naturaleza es un sistema vivo; de manera puntual, que la biosfera no es, en absoluto un fenómeno físico en el que la vida sobrevenga. Pensar en términos organicistas no es diferente a desarrollar una estructura mental ecológica. Así, un organicismo implica, concomitante y necesariamente, una comprensión en términos de nichos ecológicos, biomas, biología del paisaje, ecosistemas y demás. Así, la biosfera no existe al margen de ni por fuera del ecosistema más inmediato que es el sistema solar.
La historia de los fundamentos científicos del organicismo es exactamente la historia de comprensiones inter, trans o multidisciplinarias, según se prefiera.


Una observación puntual se impone en este punto: el descubrimiento de la vida es un fenómeno muy tardío en la historia de la humanidad, o bien, lo que es equivalente, perfectamente reciente. No sin antecedentes en algunos momentos recientes de la historia, la vida como un problema de investigación aparece apenas a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI.


Economía ecológica y ecología política


Que la crisis ambiental tenga un origen antropogénico comporta aspectos eminentemente políticos. La política tiene que ver con todos los asuntos de la polis, y la polis es un caso particular del oikos. Así las cosas, la ecología se transforma en ecología política y la economía –esto es, el cruce de los temas y problemas entre la polis y el oikos– se transforma, a su vez, igualmente, en economía ecológica. En otras palabras, la crisis climática implica reflexiones y consideraciones que ponen inmediatamente sobre la mesa, a plena luz del día, a las implicaciones y consecuencias de una crítica de la economía política tanto como lectura política de los temas ambientales.


En otras palabras, la política y la economía significan hoy en día una tematización de las formas de vida, los retos para la vida, y el manejo y las relacione con la naturaleza. El Estado, que fue el referente primario y clásico de la política aparece ahora como un instrumento cuya finalidad es el cuidado de la vida en todas sus formas, expresiones y escalas.


Atender a la crisis climática sin tocar nuclearmente la función de producción resulta inocuo e ignorante. De un lado, cualquier pelea que establezca el ser humano con la naturaleza, la lleva perdida. Y, de otra parte, al mismo tiempo, cualquier política, en cualquier sentido, que pretenda superar la crisis ambiental sin modificar la función de producción está condenada al fracaso.


La función de producción es la expresión puntual de una ecuación errónea y que es el fundamento de la humanidad occidental, a saber: el ser humano es una estancia superior y externa a la naturaleza y ésta sólo existe para sus fines y necesidades. Es lo que se expresa, equivocadamente, como recursos naturales. En este sentido, planes, programas y estrategias como los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) tanto como la Carta de la Tierra, están condenadas al fracaso. Se trata de buenas intenciones sin contenido alguno.


Existe una confluencia cada vez mayor entre la economía ecológica y la ecología política. Aunque no sea explícita, la base para su puesta en diálogo recíproco es el organicismo.


Sintomáticamente, el organicismo coincide con el saber de los pueblos tradicionales. En América Latina, por ejemplo, con la sabiduría del pueblo mapuche, el de los pueblos andinos, con el quechua y el aymara, en Colombia con la sabiduría que se decanta en el idioma muisca, en centroamérica con el quiché y la sabiduría maya, por ejemplo. El organicismo sí fue conocido por otros pueblos y culturas y pervive en la mejor tradición de los sabedores, los taitas, los chamanes. Algo que escandaliza a quienes sólo saben de políticas públicas, de Estado y gobernabilidad. Y también algo que escandaliza a la ciencia normal.


Existe un negacionismo doble: tanto el negacionismo a la sabiduría de los pueblos originarios, como el negacionismo de la sabiduría de la naturaleza. Que es cuando se observa una amplia ignorancia con respecto a la antropología, la historia, una parte de la filosofía y, manifiestamente, de lo mejor de la biología y la ecología hoy en día.


Este negacionismo ve los incendios, las inundaciones y las crisis ambientales como fenómenos puntuales, episódicos, y sin significado alguno. No entienden que la naturaleza nos está hablando; y que está empleando diferentes lenguajes, al mismo tiempo, para ver si logramos entenderla. El mensaje, sin embargo, no parece ser demasiado complicado: los seres humanos se olvidaron de vivir bien, de saber vivir y de llevar una vida plena (suma qamaña, sumak kawsay y utz’ kaslemal –en quechua, aymara, y quiché, correspondientemente). Esto es, en otras palabras, se olvidaron de vivir con y del lado de la naturaleza.


Pues bien, la expresión más crasa de esta ignorancia es el neoliberalismo y todo el sistema de libre mercado incluyendo sus aristas éticas, axiológicas, religiosas y culturales.


El futuro inmediato de la crisis climática


La crisis climática seguirá produciéndose sin la menor duda. Ya es un hecho establecido que los polos se están derritiendo, que el calentamiento global es un fenómeno mundial, que los huracanes, tifones, inundaciones, incendios, sequías, lluvias, riadas y demás seguirán teniendo lugar. Las ciudades costeras desaparecerán en el futuro inmediato, en el espacio de veinte a veinticinco años. A partir de la fecha.


El agua tiene memoria, tanto como los bosques y las selvas. La bibliografía al respecto va siendo cada vez más amplia y consolidada, aunque poco estudiada del lado de la ciencia normal. Mientras que la memoria humana es de corto alcance, la memoria de la naturaleza abarca siglos y milenios, por decir lo menos.


La deforestación del Amazonas es terrible. La construcción de presas hidroeléctricas es un crimen contra los ríos y los paisajes. La quema, espontánea o provocada, de bosques y selvas es un auténtico crimen de lesa humanidad. La obsolescencia programada es la perversión máxima de un sistema productivista enfermizo.


El mayor número de crímenes y asesinatos hoy por hoy alrededor del mundo es fundamentalmente contra ecologistas y ambientalistas. Una mirada al mapa de crímenes, sistemáticamente organizados y ejecutados es dramático (cfr. https://ejatlas.org/). La defensa del medioambiente se ha convertido en un asunto agónico. Y es porque la vida ha sido descubierta como un tema inaplazable, en cualquier sentido o acepción de la palabra.


Los temas, sensibles, de equidad, pobreza, impunidad, corrupción, violencia en todas sus expresiones, y la defensa de los derechos humanos son una sola y misma cosa con una comprensión de que la Tierra es un organismo vivo, y que el sistema de libre mercado es crimen sistemático y estratégico contra la naturaleza; y entonces, también contra pueblos, naciones, sociedades y culturas.


Estamos viviendo una profunda crisis climática. Se trata, en otras palabras, de una crisis civilizatoria. Pero mientras que hay una civilización que se hunde inexorablemente, hay otra que emerge, con optimismo, con decisión, con mucha voluntad de vida, en fin, de cara a la naturaleza y viviendo conforme a ella.


En una palabra, el organicismo es la expresión puntual de una experiencia de la vida, que no comienza ni termina en el ser humano. Pero que sabe que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

 

Publicado enColombia
Las lluvias torrenciales y las sequías seguirán intensificándose, advierte el IPCC. Álvaro Minguito

Durante siete años, el IPCC ha trabajado en el informe presentado hoy, un documento inapelable que apremia a los políticos a tomar decisiones inminentes hacia “reducciones fuertes y sostenidas” de emisiones de carbono.

 

“Las reducciones fuertes y sostenidas de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero limitarían el cambio climático. Si bien los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente, podrían necesitar de 20 a 30 años para que las temperaturas globales se estabilicen”, concluye el macroinforme elaborado por el Grupo de Trabajo I del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), compuesto enteramente por físicos.

Esta es la “alerta roja” que, tras siete años de trabajo, el IPCC ha lanzado esta mañana, tres meses antes de que tenga lugar la cumbre internacional COP26, que se celebrará en Glasgow (Reino Unido) entre el 1 y 12 de noviembre entre gobiernos, es decir, entre políticos acostumbrados a absorber las presiones de los lobbies económicos pero reacios a asumir las indicaciones de científicos y ser capaces de trabajar a largo plazo.

“Si se redujeran las emisiones netas a cero en 2050, podríamos mantener las temperaturas cerca de 1,5º”, ha asegurado Valérie Masson-Delmotte, coordinadora del Grupo de Trabajo. El IPCC ha trabajado en cinco escenarios posibles: el aumento global de temperatura en un 1,5º (cambio climático asumible, horizonte que hace 20 años formaba parte de los escenarios negativos y ahora ya es el más optimista, dada la situación) y una subida de entre 2 y 5 grados.


El Grupo de Trabajo I no ofrece soluciones ni medidas de mitigación. Describen el pasado, el presente y el futuro de manera aséptica. A la rueda de prensa en streaming han asistido casi 9.000 periodistas de todo el mundo y es previsible que todos los gobiernos del planeta se descarguen el documento e interactúen con el atlas interactivo que han preparado: ¿cuánto afecta el cambio climático a mi región, según distintas variables? ¿Cuántos días se superarán los 35º? ¿Cómo se espera que varíe la precipitación? 

“El cambio climático ya está afectando a cada región de la tierra de múltiples maneras. Y los cambios que experimentamos aumentarán con calentamiento adicional”, ha afirmado Panmao Zhai. Ha habido más inundaciones y olas de calor, y la previsión es que sigan aumentando, junto con las sequías. El informe fulmina el negacionismo dado que considera “inequívoco” que la intervención humana “ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”, lo que ha conllevado “cambios generalizados y rápidos”.

“La estabilización del clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas de los gases de efecto invernadero y alcanzar emisiones netas de CO2 cero, así como limitar otros gases de efecto invernadero y contaminantes, especialmente el metano”, señala el IPCC. La industria y el transporte son responsables de la primera parte, la ganadería intensiva, de la segunda. Los cambios iniciados en el hielo y en el océano profundo no cesarán de un día para otro. No hay botón de apagado, y el de encendido hace ya tiempo que se apretó.

El informe proyecta que “en las próximas décadas los cambios climáticos aumentarán en todas las regiones”. Con un grado y medio más de calentamiento global, se incrementarán las olas de calor, las estaciones cálidas serán más largas y las frías, más cortas. Con dos grados de incremento, los extremos de calor alcanzarían con mayor frecuencia la “tolerancia crítica” para la agricultura y la salud.  

El informe publicado hoy asegura que “muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, si no en cientos de miles de años, y algunos de los cambios ya están en movimiento, como el aumento continuo del nivel del mar, que será irreversible durante cientos de miles de años”.

Un total de 195 miembros del Grupo de Trabajo I ha firmado este informe en una sesión virtual que se celebró el 26 de julio. 


“A menos que haya reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala en las emisiones de gases de efecto invernadero, para limitar el calentamiento a cerca de 1,5º o incluso a 2º, las estimaciones que proporciona este informe estarán fuera de su alcance”, advierte el texto. Considera que la Tierra podría estar sobrecalentada 4,4º en la última mitad de este siglo de seguir con las emisiones actuales. 

Asimismo, confían en que el informe, que “refleja esfuerzos extraordinarios en circunstancias excepcionales”, “proporcione una contribución en las negociaciones y la toma de decisiones sobre el clima”.

La presentación del documento tiene lugar cuando Grecia arde en varios focos de incendios, Alemania ha vivido recientemente sus peores inundaciones en cien años y Canadá, la ola de calor más intensa. Por su parte, en España, el Gobierno y la Generalitat acaban de firmar un acuerdo para ampliar el aeropuerto del Prat, una infraestructura diseñada para intensificar el tráfico aéreo, el medio de transporte que más contamina

Redacción El Salto

9 ago 2021 12:35

Publicado enMedio Ambiente
Imagen de un mapa gogal de temperaturas anómalas. Archivo.

 

Nadie está a salvo de lo que se nos viene encima: la crisis climática causada por el calentamiento global causará aumentos en los impactos climáticos cálidos, mientras que habrá disminuciones de los fríos.

 

Un mayor calentamiento global podría provocar que todas las regiones experimenten cada vez "más cambios simultáneos y múltiples" en los factores de impacto climático, según el nuevo informe presentado por el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

Estas variaciones en diversos impulsores del impacto climático estarán "más extendidas" si la temperatura planetaria sube a 2 grados centígrados en comparación con un calentamiento global de 1,5 grados e incluso "serían más amplias y/o pronunciadas para niveles de calentamiento más elevados".

El informe revela que en todas las regiones se producirán nuevos aumentos en los factores de impactos climáticos cálidos, mientras que habrá disminuciones de los fríos.

Así, se prevén "nuevos descensos" en el permafrost, la nieve, los glaciares y las capas de hielo, los lagos y el hielo marino del Ártico, unos cambios que "serían mayores o superiores con un calentamiento global de 2 grados que con 1,5 grados".

Lluvias, inundaciones, sequías…

Las intensas precipitaciones y las inundaciones asociadas "se intensificarán y serán más frecuentes" en la mayoría de regiones de África y Asia, América del Norte y Europa con un calentamiento global de 1,5 grados.

Además, se prevé que las sequías agrícolas y ecológicas sean "más habituales y/o graves" en algunas regiones de todos los continentes, salvo en Asia, en comparación con el periodo correspondido entre 1850-1900, así como un aumento de las sequías meteorológicas en algunas regiones.

La investigación recoge que a partir de un calentamiento global de 2 grados, el nivel de confianza y la magnitud del cambio tanto en las sequías como en las precipitaciones fuertes y medias aumentan en comparación con los 1,5 grados.

Por tanto, se prevé que las lluvias intensas y las inundaciones asociadas sean más fuertes y frecuentes en las islas del Pacífico y en numerosas regiones de América del Norte y Europa, así como en algunas regiones de Australasia y América Central y del Sur.

La investigación refleja que varias regiones de África, América del Sur y Europa experimentarán un aumento de la frecuencia y/o la gravedad de las sequías agrícolas y ecológicas, una situación que también podría darse en Australasia, América Central y del Norte y en el Caribe.

Además, un pequeño número de regiones de África, Australasia, Europa y América del Norte se verían afectadas por incrementos de las sequías hidrológicas, mientras que varias regiones sufrirían aumentos o disminuciones de las sequías meteorológicas, con un mayor número de ellas perjudicadas por una intensificación.

Según el informe, las precipitaciones medias aumentarán en todas las regiones polares, del norte de Europa y del norte de América del Norte, en la mayoría de las regiones asiáticas y en dos regiones de América del Sur.

Se prevé que un mayor número de impactos climáticos cálidos cambie en más regiones a partir de 2 grados en comparación con un calentamiento global de 1,5 grados.

Estos cambios específicos de las regiones incluyen la intensificación de los ciclones tropicales y/o tormentas extratropicales, el aumento de las inundaciones fluviales y la reducción de las precipitaciones medias, así como el aumento de la aridez y de los incendios.

El nivel del mar

El aumento medio regional del nivel del mar es "muy probable y prácticamente seguro" que continúe a lo largo del siglo XXI, salvo en unas pocas regiones con "importantes tasas de elevación geológica del terreno".

Aproximadamente dos tercios del litoral mundial poseen una previsión de aumento del nivel del mar relativo regional dentro del ±20% del incremento medio mundial.

Ante una subida relativa del nivel marítimo, se prevé que los fenómenos extremos del nivel del mar que se producían una vez por siglo en el pasado reciente tengan lugar al menos anualmente en más de la mitad de las ubicaciones de los mareógrafos en 2100.

De este modo, la subida relativa del nivel del mar contribuye a aumentar la frecuencia y la gravedad de las inundaciones costeras en zonas bajas y a la erosión costera en la mayoría de las costas arenosas.

Las megalópolis, en riesgo

Las urbes intensifican el calentamiento inducido por el hombre a nivel local y una mayor urbanización junto con una mayor frecuencia de temperaturas extremas aumentará la gravedad de las olas de calor.

La urbanización también incrementa las precipitaciones medias y fuertes sobre las ciudades y/o a favor del viento y la intensidad de la escorrentía resultante.

En las ciudades costeras, la combinación de eventos extremos del nivel del mar más frecuentes y los episodios intensos de lluvia/caudal harán más probables las inundaciones.

Ginebra (Suiza)

09/08/2021 10:55

EFE

Publicado enMedio Ambiente
Extractivism

Aunque desde Moncloa y la Unión Europea el coche eléctrico se presenta como la gran alternativa de movilidad en la llamada ‘Transición verde y energética’, perpetúa la geopolítica colonialista, supone una gran huella ecológica y acentuará las desigualdades sociales

 

Los automóviles de combustión tienen los días contados. El año 2035 es la fecha que ha marcado en rojo la Unión Europea (UE) para conseguir la “sostenibilidad” en el transporte. A partir de entonces, los coches nuevos deberán tener cero emisiones de dióxido de carbono. Dicho de otra manera, sólo podrán ser eléctricos o de pila de combustible de hidrógeno.

La Comisión Europea (CE) detalla que sus planes responden a la necesidad de una “transición hacia una movilidad más verde”. De hecho, la transición energética ya ocupa una posición determinante en la agenda política europea. Se estima que para el año 2030 la reducción de emisiones incrementará en un 50%. Una agenda que, lejos de querer cumplir únicamente objetivos para paliar la emergencia climática, responde a varias causas e intereses.

“El cambio climático nunca ha importado, no nos engañemos; la verdadera razón por la cual hablamos de transición energética es la escasez de petróleo”, afirma Antonio Turiel al otro lado del teléfono. Es científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), habla claro y contundente y no deja títere con cabeza a la hora de apuntar las causas y falacias de las políticas verdes. Lleva años alertando de ello en su blog The Oil Crash. Según explica, el peak oil o el ritmo máximo de producción de petróleo mundial se alcanzó en 2018, momento a partir del cual la oferta comenzará a caer por debajo de la demanda aumentando el precio. Prueba de ello, dice, es que las inversiones de las compañías petroleras en búsqueda de yacimientos se han reducido en un 60% en los últimos años, en el caso de Repsol hasta en un 90%. “Cada vez queda menos petróleo barato en el mundo, en los próximos años podemos tener una reducción de la producción drástica, que ya se está notando en la falta de abastecimiento y encarecimiento del plástico”, explica Turiel.

En este contexto, la transición energética impregna las decisiones políticas de las próximas décadas pretendiendo un proceso de sustitución de la energía fósil por alternativas renovables y “limpias”. Un momento histórico y clave en el ámbito económico, donde las oportunidades de inversión se multiplican. La llamada transición energética y ecológica es un caramelo para el capital en un momento de recesión y crisis sanitaria. “El Pacto Verde Europeo es la esperanza de Europa de tener un liderazgo global, siendo la primera en llevar a cabo unas reformas verdes que sirvan para reforzar su modelo económico”, explica Alfons Pérez, ingeniero técnico, investigador y activista del Observatori del Deute de la Globalització (ODG) en su estudio Pactos verdes en tiempos de pandemias. Es el objetivo de los fondos Next Generation; implantar tecnologías verdes y digitales mediante una gran inyección de dinero público. Fondos públicos recaudados a base de deuda y que deberán devolverse mediante reformas dictadas desde Bruselas durante los próximos años.

Dinero público para salvar la automoción

Entre otros proyectos que están por venir, el Gobierno español acaba de aprobar el llamado Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), con el fin de impulsar el coche eléctrico y conectado y cumplir así los requerimientos de Bruselas sobre las emisiones de carbono que también contempla la Ley de Cambio Climático. Se financiará con 4.300 millones de dinero público de los fondos europeos Next Generation durante los próximos dos años acompañado de una inversión privada de 19.700 millones de euros.

 “El PERTE no es un plan de movilidad sostenible, es un documento en clave económica” señala Pérez, “más que una transición es una transacción”. Luis González Reyes es doctor en ciencias químicas y miembro de Ecologistas en Acción. También lo ve claro: “Moncloa está simulando una especie de transición ecológica sin tocar en absoluto las empresas responsables de la situación ambiental”. Paradójicamente, automovilísticas como BMW, Volkswagen, Audi y Porsche han sido sancionadas por Bruselas por oponerse al desarrollo de tecnología para reducir emisiones. Todas apuestan ahora por el coche eléctrico.

El eterno paradigma del crecimiento

No es de extrañar que el Gobierno de Sánchez esté ansioso por avivar el sector automovilístico: el Estado español es el segundo país productor de coches de la UE y el noveno del mundo; el 80% de los vehículos producidos se exportan y aporta entorno al 11% del PIB. Un vector importante donde están implicados más de 300.000 trabajadores directos y otros dos millones en la industria auxiliar. La automoción está en crisis y se espera que reflote protagonizando el llamado ‘Plan de Recuperación’.

El objetivo del PERTE es conseguir que en 2023 haya 250.000 vehículos eléctricos matriculados y entre 80.000 y 11.000 puntos de recarga en todo el Estado. Además, se quieren impulsar la fabricación de sistemas de recarga o de microchips para reducir la dependencia en el suministro de estas piezas esenciales para la electrónica y cuya escasez ha producido ya paradas notables en las fábricas. Según Pedro Sánchez, mediante este plan se podría disparar la aportación de la automoción al PIB hasta un 15% en 2030. En plena pandemia, el baremo de desarrollo se sigue fijando en el PIB.

Una cuestión estructural que va más allá de la economía en términos generales y que afecta individualmente a miles de personas. “Tenemos un sistema que necesita crecer de manera enloquecida para mantener unos puestos de trabajo que nos permitan satisfacer las necesidades básicas, necesitamos crear empleos a costa de lo que sea para tener una vida medianamente digna porque hemos perdido la capacidad de autonomía”, es la lectura que hace González.

 “Nuevamente vemos un desvío cuantioso de fondos públicos para manos privadas”, critica y añade que el sector del automóvil no se podrá rescatar por una razón obvia pero que pocos se atreven a señalar: “la movilidad masiva se ha acabado y no va a poder volver”. La sustitución del coche de combustión por uno eléctrico, además de ser insostenible en el contexto de la crisis climática, choca con los límites biofísicos del planeta; “no va a haber coches eléctricos para todo el mundo porque es físicamente imposible producirlos”-afirma Turiel con rotundidad- “y quienes lo proponen saben perfectamente que no es un modelo generalizable”. González pone la guinda a la previsión del futuro próximo en consecuencia: “el coche eléctrico estará al alcance de muy pocas manos y redundará aún más la diferencia de clase”.

Extractivismo “verde”, el oxímoron

“Estamos hablando de transformar un sector que quiere seguir creciendo sin tener en cuenta los límites biofísicos del planeta ni el impacto que supondrá en los territorios” critica Alfons Pérez. Aquí es donde entran en juego las llamadas tierras raras, materiales como el litio, el cobalto o el níquel se constituyen como referentes indispensables para la transición energética. Unos materiales finitos y críticos; la demanda para la estrategia europea de transición verde y digital para el año 2050 multiplica por niveles imposibles las reservas existentes conocidas. ”Este es el único modelo por el que se ha apostado y es inviable, pero la naturaleza no negocia”, alerta Turiel. “En un momento dado, comenzarán a interrumpirse suministros, habrá problemas asociados a la falta de abastecimiento de materiales, etc”, añade.

No es el único problema. El interés por el litio y otros minerales para la fabricación de las baterías de los coches eléctricos y para la transición digital aumenta de la misma manera que las políticas extractivistas. Pedro Sánchez presumía en su plan para la España 2050 de que el Estado tiene “uno de los depósitos de litio más grandes del continente”, refiriéndose a mina de Cañaveral en Extremadura. Su futura explotación ya ha sido objeto de debate y polémica, ha suscitado protestas multitudinarias y se ha comprobado que no será suficiente para cubrir la demanda necesaria.

Esto se traduce en nuevas políticas neocoloniales de extracción masiva de minerales en el Sur global con unos costes irreversibles: gasto de energía para su extracción, altos niveles de emisiones de carbono, deterioro del territorio, aumento de los conflictos, desplazamientos forzados, trabajo infantil y otras violaciones de derechos humanos; en definitiva, seguirán agravando las diferencias entre el Norte y el Sur global: “¿Quién se va a responsabilizar de todos los impactos socioambientales? Tenemos que abrir el debate sobre el grado de responsabilidad que tenemos, no podemos ignorarlo“ apunta Pérez.

Además de los límites materiales y las consecuencias del extractivismo, la huella ecológica que supondría modificar el parque automovilístico, no se ajusta al objetivo de conseguir una movilidad verde y sostenible. González lo aclara: “tendríamos que cambiar toda la red de gasolineras y convertirla en una red de electrolineras, habría que aumentar la producción de electricidad”. No sólo eso, recuperar mediante el reciclaje los cementerios de baterías que supondrá la transición digital tiene un coste energético tan elevado que directamente no llega a plantearse; “falta planificación estratégica” dice Pérez.

Nuevo tablero geopolítico

Las denominadas tierras raras han entrado en juego en el tablero geopolítico, suponiendo cambios de poder y liderazgo y nuevas relaciones internacionales, pero manteniendo la matriz colonial. Al mapa de los recursos donde Oriente Medio es el núcleo de la extracción de hidrocarburos se suman nuevas localizaciones de extracción de materias escasas: el triángulo del litio que se encuentra en América Latina entre Bolivia, Argentina y Chile; la extracción de níquel es mayoritaria en Indonesia y Filipinas; y las mayores reservas de cobalto del mundo están en la República Democrática del Congo, explica Pérez con datos de una investigación de ODG y MedicusMundi Mediterrània..

China se impone como la vanguardia industrial con la mayor concentración de tierras raras; el 62% de la producción mundial actual se extrae de una sola mina, Bayan Obo, que es utilizada como arma geoestratégica. Pero no solo posee tierras raras sino que tiene la capacidad de procesamiento. En cuanto a las tierras raras se concentran sobre todo en China, donde el 62% de la producción mundial actual se extrae de una sola mina, Bayan Obo, que es utilizada como arma geoestratégica. China lidera la vanguardia industrial; no solo posee tierras raras sino que tiene la capacidad de procesamiento. Alfons Pérez analiza así este cambio geoestratégico: “Las regiones clave son el triángulo de extracción en el Sur global, China emerge como potencia para la manufactura y el procesamiento y la economía Europea pasa a ser mera consumidora. El motor alemán deja de ser la base de la exportación y de la construcción Europea y se impone la importación de baterías de China”.

Hacia el decrecimiento inevitable

“Es increíble que lo primero que se proponga desde Moncloa al hablar de una transición en la movilidad sea el coche eléctrico”, denuncia Pérez. Según el investigador de ODG, la jerarquización de las políticas es necesaria. En lugar de destinar esfuerzos y recursos a fortalecer los medios colectivos y planificar la reducción del parque automovilístico, la propuesta de Sánchez responde a intereses privados del sector. “Hablamos de electrificación del transporte pero no impulsamos el tren, se están planteando cosas tan estúpidas como trenes de hidrógeno”, comenta. Un proyecto impulsado por Talgo y Repsol que también se beneficiarán de los fondos Next Generation.

Desde los movimientos ecologistas llevan tiempo avisando de la única salida posible a la crisis socioambiental y económica: el decrecimiento. “Nunca es tarde para evitar el colapso”, dice Turiel, “pero el primer paso es asumir que tienes un problema”. Plantea que la situación es “crítica y urgente”, y que la energía renovable debería canalizarse “para fines más urgentes que no sea producir electricidad”. Porque puntualiza: “la energía renovable no es ilimitada”.

Siguiendo el mismo hilo, González ve necesario “construir economías y vidas más locales y repensar los modelos de movilidad”. Subraya un concepto: la justicia social. “La transición ecológica es una transición del conjunto del orden político, económico y cultural”, explica, “y tiene que venir directamente ligado a procesos de redistribución de la riqueza”. Reducir la movilidad sin una redistribución de la riqueza ahondaría aún más en los patrones desiguales; “podríamos tildarla de transición ecofascista o autoritaria”, matiza.

Ante un contexto de crisis donde se destinarán fondos públicos a la colaboración público-privada aumentando el endeudamiento de la población, Pérez reivindica la necesidad de crear colaboraciones público-comunitarias para construir alternativas reales ante los problemas de las próximas décadas: “Es necesario democratizar estos procesos, hay que disputar esta cuestión en el camino de la transición energética”.

Por,

Álvaro Minguito / Leire Regadas

@leireregadas

8 ago 2021 06:00

Publicado enMedio Ambiente