Miércoles, 04 Julio 2018 10:13

Si duele, lo estás haciendo mal

Si duele, lo estás haciendo mal

Existe la idea que el sexo anal duele como un mal necesario. Eso es una idea sostenida por una visión muy fea del sexo. El dolor en el sexo tiene lugar solo cuando ese es el propósito –hablaremos de contenciones y sado-masoquismo en otro consejo-.

Todas las personas hemos sentido diferentes sensaciones en el ano cuando sacamos sustancias de ahí, esto nos indica que es una zona rica sensorialmente; una cosa importante es que el ano está cerca a la próstata.

 

Próstata

 

Hombres y mujeres tenemos próstata. Este órgano, además de ser el sitio donde producimos líquidos eyaculatorios, es una bolita placentera que se hincha cuando está estimulada. Más se hincha, más nos gusta que la estimulen.

Para las que tienen vagina, la estimulación anal puede ser un reemplazo a la estimulación vaginal o un complemento, ya que por la inclinación del recto, una penetración de dedo, pene o juguete, suele dar justo donde es, es decir, en la próstata. Esa que los hombres le han dado mil nombres por supuestamente “descubrir”: punto G, glándulas de skene, y otros nombres.

Es un poco como una vagina, si introducen un dedo quieren entrar como 4 centímetros no más y empujar hacia el ombligo, si uno va haciendo circulitos con la punta del dedo siente dibujarse una bolita, más la masajea más crece, más rico se pone el asunto. La bolita es la próstata, descúbranla.

 

Toc toc... ¿sí?

 

Introducir un dedo en el ano o cualquier otra cosa, no se debe hacer a las carreras ni así no más, a menos que ya se tenga mucha excitación y el ano dilatado. En general debe masajearse, con lubricante, saliva o la lengua la entrada del orificio y se pone el dedo paralelo a ese, como un visitante parado frente a la puerta, y con una leve presión, como en el timbre de una casa, se va abriendo el ano cada vez más. De hecho, les agradecemos hacer lo mismo con las vaginas.

El masaje puede ser una gran fuente de placer y de orgasmos, algunos penes deciden mover su erección de la punta, hacía la base, rodeado la próstata, es decir que al ojo ya no hay erección, eso puede generar alguna inquietud a quienes asocian placer y erección externa… Los hombres especialmente heterosexuales, suelen desconocer su ano, y ese descubrimiento es un gran momento entre susto, placer inmenso y entrega total a un nuevo universo.

 

Un trapito y ya

 

Bueno, cuando ya conocemos nuestro ano, y ya sabemos cuándo parar para no irritar ni que nos duela, pero queremos ir con toda, entrando y sacando cosas de ahí, es posible que pasen muchas cosas; que se salga un gas o una manchita, pero si lo estamos disfrutando, solamente debemos tener un trapito y si algo una risa y ya.

Para evitar que estas cosas pasen, si no estamos listas a enfrentarlo, hay formas de limpiarse el recto, pero cuidado, no vayan a hacerse un lavado de colon que el plan de la noche será menos divertido. Lo que llaman un enema, es demasiado para lo que necesitamos. (https://www.youtube.com/watch?v=_W729Yz3Gvc). Pero con guantes, trapitos y condones es suficiente. Recuerden, lo que entró por el ano no se acerca a una vagina, las bacterias del ano pelean con las vaginas.

 

Como aprendo más

 

Como lo hablamos en el consejo sobre porno (https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/34406-por-una-pornografia-subversiva-contra-el-sexismo-cotidiano.html) Tristan Taormino hizo una película maravillosa : Guía experta del sexo anal para hombres http://piensaenverde69.blogspot.com/2011/06/guia-experta-del-sexo-anal-para-hombres.html 

Además, pueden ir experimentando a solas o con alguien de confianza, puede ser el dedo, un juguete, un enchufe anal que entra y se queda o un dildo que entra y sale.

 

Darle la vuelta al mundo

 

Para muchas mujeres, ponerse un arnés y penetrar un hombre es muy placentero, los golpes de la base del dildo arribita del hueso púbico puede generar orgasmos, y para un hombre que quiere salir de los roles aprendidos y aprender a perder el control en un abismo de placer no hay mejor experiencia.

 

 

Manifiesto contra el squirt, averigua en 7 pasos cómo obtenerlo

Cuando llevas la bandera del placer como lucha, parece una locura escribir un manifiesto en contra del squirt. Yo misma me he cuestionado si el título es un tanto exagerado o si estaré cayendo en las tentadoras redes del clickbait. Lo que con convicción puedo afirmar, es que acá no leerás sobre eyaculaciones dulces como la miel, ni tampoco inventaré legendarias recompensas por cazar orgasmos mitológicos. Hoy me dedicaré a describir esa mancha de squirt en la alfombra, de la que nadie habla, pero con la que todos se resbalan al idealizar un chorro de orina diluida.

 

¿Qué y quién define la eyaculación femenina?

 

 A inicios de los ochenta, un concepto antiguo volvió a ponerse sobre la mesa; el Best Seller “The G Spot: And Other Discoveries about Human Sexuality” llegó a popularizar el punto Gräfenberg bajo un alias más chic que le daría fama internacional. Beverly Wipple, la sexóloga que lo bautizó como “Punto-G”, difundió este trabajo con la firme convicción de que ayudaría a las mujeres a sentir más seguridad en su placer, especialmente aquellas que de manera culposa y errónea creían que la eyaculación femenina se trataba de incontinencia.

El mundo abrazó con éxito este nuevo concepto, y aunque la intención de Wipple era buena, sus efectos han sido contradictorios. La descripción que realizó de este líquido, común habitante sorpresa de las sábanas, con un volumen no mayor a una cucharadita de té; poco a poco creció hasta transformarse en un producto comercializable que genera a chorros ventas millonarias con base en la inseguridad y el desconocimiento de las mujeres sobre sus propios cuerpos y las formas de sentir y obtener placer.

Mientras la especulación de los medios y el mercado que reclaman cada vez nuevos puntos G, nosotras como espectadoras nos vemos ajenas a toda esta divagación sobre nuestras vaginas. Intentamos no quedarnos fuera de la onda mainstream del placer femenino y buscamos alcanzar un poco de esta información a través de tutoriales como este, comprando la revista o el libro que revela cómo conseguirlo y como nada parece ser suficiente para llenar la inseguridad sobre nuestros orgasmos, también compramos ese dildo innovador que fue diseñado específicamente para ese punto. Vivimos en la ironía de burlarnos sobre cómo la masculinidad tóxica lleva a los hombres a hacer click en falsas publicidades agranda penes, cuando nosotras también tenemos un equiparable.

Sin adornos de unicornios y tesoros escondidos, el squirt es un reflejo físico provocado cuando nuestras vaginas son hurgadas de una manera repetitiva y específica. Si ponemos un equiparable realista, es más cercano a la reacción provocada cuando recibes un golpe en la rodilla y das una patada que a la eyaculación masculina con la que se le suele asociar.

 

¡Detente! tengo ganas de orinar; y la ausencia de consentimiento

 

Este erróneo paralelo con la eyaculación masculina ha llevado a que muchas personas asuman que entre más líquido salga, o que entre más ganas de orinar tenga su pareja, mejor se están haciendo las cosas. Lamento decepcionar, pero no hay nada más lejano de la realidad. El squirt no es indicativo de cuánto placer o goce se siente, puedes estar teniendo el sexo más incómodo que puedas imaginar, el peor polvo de tu vida; pero siempre que tengas una vagina y recibas la presión exacta en el momento justo, puede haber un squirt.

El idealizar el squirt conlleva a uno de los casos más comunes de abuso, que es fácilmente identificable si pensamos en la siguiente situación: entre charlas con amigas, conocidas, y rincones de chats abundan historias/relatos de hombres orgullosos de no detenerse cuando su pareja les pidió que parara, cuando ellas dijeron explícitamente que se sentían incómodas, que tenían ganas de orinar (No quiero ni imaginarme las que se quedaron quietas o hicieron cara de incomodidad– otra forma de comunicar que no se está a gusto!); ellos no se detuvieron, incluso continuaron con más fuerza presionando este punto. ¿Por qué lo hacen? La explicación que encuentro es que están ciegamente convencidos de que ellas van a tener un orgasmo diferente, una explosión de líquido similar a la que ellos experimentan, obviando las sensaciones o llamados a detenerse de sus parejas porque estamos en una cultura que les hace pensar que siempre tienen la razón, incluso por encima de lo que sentimos nosotras.

Frente a mujeres que prefieren callar esta incomodidad o fingir un orgasmo en lugar de herir los sentimientos de su amante, tenemos como resultado un grupo de idiotas que asegura haber capturado la legendaria criatura, conseguida a partir de una serie de métodos que han creado con otras fieles testigos de su efectividad. Una táctica efectiva para conseguir sexo entre mujeres inseguras y carentes de conocimiento propio. A la mayoría de estos hombres poco les importará si te sientes cómoda o no o si realmente obtienes placer. Esta nueva especie de mansplaining sexual va a pasar por encima de cualquier sentimiento y conocimiento propio que expreses sobre tu sexualidad, te va a decir clarito que, aunque te incomode, tienes que aguantar o si no, no vas a conseguir el squirt.

Considero que la única manera de combatir esta manipulación es con la exploración propia, el empoderamiento sexual y una relación más comprensiva de nuestro placer. La serie de tutoriales que acompaña este manifiesto, busca que no nos vendan más alargadores de pene, que ya no compremos ese vibrador de cien dólares buscando encontrar algo que creemos nos falta, espero –al igual que Wipple–, que contribuya a explorar y disfrutar sin culpas ni cuestionamientos esos orgasmos que nos gustan, vengan de donde vengan.

Tutorial para realizar squirt

  1. Beber de una botella entera de agua –entra más cantidad bebas más rápido será el efecto–
  2. Ir a la ducha o un lugar donde te sientas cómoda de mojarlo todo.
  3. Estimularte con tus juegos e ideas sexuales favoritas.
  4. Penetrarte la vagina y presionar repetitivamente su pared frontal, a unos dos o tres centímetros. Allí está la próstata y la vejiga.
  5. Presionar con golpeteos constantes, encontrar el ritmo mientras sentimos como se llena la vejiga y determinar si es placentera o no la sensación. ¡Puedes parar si no te agrada!
  6. En caso de que decidas continuar, debes persistir con el golpeteo hasta tener la sensación de orinar.
  7. Cuando hayas acumulado suficientes ganas y quieras relajar, hazlo. También puedes pujar con fuerza y ¡voila! habemus squirt (Si te suena familiar, es porque la sensación es similar a orinar, ¡aunque no es enteramente orina!).

Alguna gente decide relajar a la vez que tienen un orgasmo. Puedes probar si consigues hacerlo simultáneamente estimulando tu clítoris. Cuando llevas la bandera del placer como lucha, parece una locura escribir un manifiesto en contra del squirt. Yo misma me he cuestionado si el título es un tanto exagerado o si estaré cayendo en las tentadoras redes del clickbait. Lo que con convicción puedo afirmar, es que acá no leerás sobre eyaculaciones dulces como la miel, ni tampoco inventaré legendarias recompensas por cazar orgasmos mitológicos. Hoy me dedicaré a describir esa mancha de squirt en la alfombra, de la que nadie habla, pero con la que todos se resbalan al idealizar un chorro de orina diluida.

 

Final alternativo:

 

Si no disfrutaste la sensación, te detuviste durante el camino de este tutorial o te diste la oportunidad de completarlo y definitivamente fue un ¡Meh!, no tiene nada de malo, no estas incompleta, no significa que desconozcas tu cuerpo o hayas fallado al cortar el cable que apagaba la explosión. El placer es tan diverso como la humanidad, y más que un punto y una instrucción de contacto genital, puedes darte la oportunidad de explorar cualquier sensación que estimule tus sentidos. El resultado ideal es que descubras que hay montón de sensaciones que rebasan la potencia visual de un modelo masculino de clímax.

 

Tutorial para desbloquear el verdadero final de este manifiesto:

 

Recuerda o imagina el olor dulce del sudor que produce alguien que deseas, el tacto de tu piel con la humedad, la sensación de los vellitos al calor de un suspiro, algunas caricias suaves en un lugar que siempre te pareció prohibido, o el sonido seco seguido del ardor que produce una bofetada. Piensa en una voz con palabras acaloradas, o varias voces que te arrullan en halagos y fantasías confesas. Una canción que se balancea entre ritmos y acepta que no necesita mapa, ni ruta, ni una frecuencia precisa que permita conquistar placer a nombre del capital. o zonas erógenas favoritas. Ten en cuenta que también a algunas personas la sensación de tener la vejiga llena no les va para nada con correrse.

Si te gusta la sensación vuelve a ella cada vez que quieras, con mucha convicción. Aceptando que hay un poco de orina diluida y no tiene nada de malo. Tu placer no tiene que corresponder al imaginario sexual propio de un quirófano, tampoco hace falta que escribas otro de los muchos tratados que persisten en maquillar este placer como modelo perfecto de antisepsia.

Publicado enEdición Nº246
Lunes, 28 Mayo 2018 10:01

Eyacular: venirse a chorros

La idea de venirse a chorros se ha vuelto un fetiche cada vez más presente en círculos feministas, pero también en la estética porno y en los consejos de sexualidad de las revistas. Sin embargo, hay tendencias que sostienen que no es posible una eyaculación femenina. ¿Mito o realidad? ¿Alguna vez ha experimentado una eyaculación o sabe cómo producirla?

 

Si le preguntamos a Wikipedia qué es la eyaculación femenina, nos dirá que es un asunto controversial. La literatura científica emite dudas de la probabilidad fisiológica que posibilita la eyaculación y argumentará que sin completa certeza no se puede hablar de un patrón, aunque algunas mujeres dicen eyacular y, en efecto, expulsan grandes cantidades de líquido durante el acto sexual, el cual tiene componentes que están presentes también en la orina, por lo que hay cierta correlación, que puede llevar a la duda y, sobre todo, a tener un momento incómodo durante el acto sexual.

 

Para hablar de eyaculación femenina debemos adentrarnos en los terrenos desconocidos de nuestra propia anatomía, en primer lugar porque suele decirse que la eyaculación ocurre durante el orgasmo de una mujer, lo que no es cierto. Tanto hombres como mujeres pueden vivir estos dos fenómenos simultáneos –más común en los hombres–, pero también en momentos distintos.

 

¿De dónde proviene la eyaculación?

 

El orgasmo femenino es provocado por el clítoris, un órgano más grande de lo que se piensa, pues además de la cabecita visible arriba de los orificios vaginales y de la uretra tiene dos patas con tejidos eréctiles (ver imagen). El clítoris tiene erecciones cuando esta excitado, es decir se hincha, se hinchan los labios y toda la zona. Puede estimularse este órgano tocando la parte visible, directa o indirectamente, pero también desde las paredes de la vagina, especialmente desde la parte superior, dos centímetros hacia dentro, como empujando hacia el hueso púbico. Ahí, en ese tejido rugoso se encuentra lo que llaman próstata femenina, glándulas de skene o punto G, dependiendo en dónde se indague. Estas glándulas son las que producen el fluido que se eyacula.

 

¿Cómo se eyacula?

 

Todas somos distintas, pero hay mecanismos que ayudan. Una vez excitada –después de unos orgasmos, por ejemplo– se sigue estimulando la punta del clítoris y puede presionarse la próstata; se siente hinchada y rugosa, y cuando nos dan ganas de orinar, en vez de contraer los músculos para detener el fluido, se expulsa. Puede necesitarse mucha práctica, y hacerlo fuera de la cama donde nos da miedo hacer reguero (ver imagen paso a paso para masturbarse).

 

¿Qué se eyacula?

 

Estudios tuvieron que reconocer el fenómeno, pero siguen insistiendo en que a veces, o más bien, la mayoría de los casos, es orina, aunque ya se sabe que contiene –como el esperma masculina– alta concentración de antígeno prostático específico, fosfato ácido prostático, fosfatasa ácida específica de próstata y glucosa. Intentan separar la verdadera eyaculación que sería de poca cantidad con el “squirting” –el chorro– que sería mezclado o totalmente hecho de orina, según las versiones.

 

Sin embargo, lo más contundente son los numerosos testimonios de su sabor dulce, su textura y su olor que dejan claro a quienes nos conocemos que no es orina. El fluido puede tener aspecto mucoso, de color claro, lechoso o amarillento, o puede ser tan claro como el agua. Esto depende de varios factores, como la cantidad de líquido eyaculado, el momento del ciclo menstrual o los diferentes tipos de excitación.

 

¿Y nadie nos dice nada?

 

Algunas mujeres eyaculamos porque queremos, pero para otras ha sido un fenómeno incontrolable. Muchas mujeres sufren al pensar que se están orinando, incluso hay médicos que sugieren la ablación del clítoris como remedio a lo que llaman incontinencia. Diana T. es una de estas mujeres que tras descubrir en el 2005 que aquel liquido no era orina, escribió un libro donde cuenta ese largo camino de descubrimiento “coño potens”, en España, y “Putcha Potens”, en América Latina. Otras, antes de ella, se dedicaron desde los márgenes de la sociedad a difundir esa maravilla, como lo ha hecho en sus películas porno-educativas Nina Hartley.

 

La eyaculación femenina es un aspecto más para explorar dentro de la sexualidad y los placeres femeninos, querer hacerlo, poder hacerlo o no, son posibilidades abiertas, no debe ser visto como una obligación o como tabú. Vamos conociéndonos para que nuestros cuerpos disfruten la sexualidad de la manera más plena y placentera posible.

Publicado enEdición Nº246
Viernes, 04 Mayo 2018 10:41

Labios

Labios

El concepto mismo de normalidad nos hace ignorar la realidad.

Nos enseñaron que los labios grandes y carnosos son atractivos si se encuentran en la cara. En cambio, los labios vaginales resultan más apetecibles mientras más pequeños y escondidos estén. Cuando se ven, son médicamente reconocidos como hipertróficos, sometidos a revisión y eventualmente a intervenciones quirúrgicas pues los culpan de generar infecciones vaginales.

Entre tanto, para la publicidad, la televisión y el cine, las vulvas deben ser todas iguales. Esos patrones de funcionalidad, normalidad y belleza solo sirven para restringir nuestra capacidad de sentir y producir placer, llenándonos de culpas, insatisfacción y frustración.

La verdad que todas podemos constatar sin mucho esfuerzo, es que ningún cuerpo es igual a otro, de ahí que sea delicioso explorarlos en su diferencia. En el sexo, jugar solas o acompañadas nos permite entender que nuestros genitales son mucho más que conductos para el paso de fluidos y la generación de vida humana; nos permite reconocer que sus tamaños no los hacen más o menos normales y que su belleza no depende de qué tan depilados o tonificados estén.

Viernes, 27 Abril 2018 19:26

Sin orgasmos no hay revolución

Sin orgasmos no hay revolución

La discusión sobre lo corporal nos lleva a pensar, desde esa relación armónica generada entre células diversas para construir un ser vivo, hasta las distintas teorizaciones y experiencias existentes y vividas sobre este particular. Como humanos ampliamos la complejidad de dicho concepto a partir de las distintas maneras en que experienciamos la vida, y es a partir de este nutrirse de visiones que reconocemos la implicación de los diversos sistemas de opresión en la configuración de los cuerpos, unos capaces de amar y ser amados (abstractos e idealizados) y otros sentenciados a la muerte, tortura, discriminación, burla y humillación por no hacer parte de ese estereotipo blanco, europeo, adinerado, heterosexual.

 

Reconocemos que esta transmisión de opresiones nos ha relegado a ser opresores-oprimidas como única manera de existir o ser con otros; un ejemplo de esto es que pareciera que no pudiéramos concebir otras maneras de ver la sexualidad más allá de lo establecido, alejados de los dictámenes de la industria pornográfica y sus esquemas narrativos.

 

Nos hemos enfrentado a ser hipersexualizados por el sistema heteropatriarcal con el fin de dominarnos, de interiorizarnos y negarnos un espectro amplio de posibilidades, condenados a ser eternamente jóvenes, delgados, sin cualquier tipo de discapacidad física, adinerados, etcétera, o de lo contrario arriesgarnos a no ser amados o respetados en general.

 

Una historia de violencias que marca nuestros cuerpos y sexualidades

El machismo, como le llamamos coloquialmente, ha encarcelado los cuerpos en un modelo de identidades binarias en las que todas las personas debemos encajar; las mujeres deben asumir unas sexualidades sumisas, calladas, entregadas y serviciales disponiendo su cuerpo para la mirada y el disfrute masculino. De esta manera la sexualidad femenina activa es sancionada socialmente, a diferencia de la sexualidad masculina que tiene un lugar de depredación e insaciabilidad para justificar las rupturas a sus acuerdos de fidelidad y compromiso establecidas en su contrato heterosexual.

Es así como la heterosexualidad, como modelo, determina a los hombres como sujetos activos y penetradores y a las mujeres pasivas y penetradas, delimitando la experiencia sexual a prácticas meramente genitales penetrativas, encaminadas a la reproducción o limitadas al orgasmo masculino.

Por otra parte, y como clara expresión del poder realmente existente y la cultura dominante, las personas que no se ajustan a esos parámetros de sexualidad sufren múltiples violencias: personas trans, no binarias, marikas y lesbianas que viven fuera de ese modelo hegemónico no pueden acceder fácilmente a educación, trabajo, salud, reconocimiento y validez social, lo que termina confiándonos a sufrir diversos tipos de opresión y exclusión, así como de violencia sexual. Por esta vía, y como manifestación de uno de los tipos de opresión padecidos, la colonialidad y el racismo nos somete a estereotipos de belleza blancos y eurocentrados que alimentan percepciones destructivas hacia nuestros propios cuerpos.

 

¿Cómo cambiar esta situación?

 

Al igual que sucede con las células, reconocemos que solo uniéndonos, trabajando organizadamente en el encuentro más diverso de grupos, lograremos concretar un mundo sin opresores ni oprimidas, resistiendo de esta manera a la muerte y a la negación sistemática de las vidas; desde el respeto, la horizontalidad, la autonomía y el afecto revolucionario.

 

De esta manera, alineándonos con aportes de los movimientos feministas, reconocemos la importancia de destruir la visión machista que marca a las personas como objetos sexuales y que, por lo tanto, nos obliga a someternos a sexualidades egoístas y penetrativas, lo que limita y/o reduce nuestras múltiples maneras de vivir las prácticas sexuales y los placeres del cuerpo reduciéndolos al servicio y limitantes del machismo.

 

En el marco del capitalismo nuestros cuerpos han sido reducidos a simples mercancías para vender, comprar, usar y desechar; contrario a lo cual consideramos que es posible embarcarnos en prácticas en las que nos demos cariño, cuidado y placer.

 

No existen muchas posibilidades de libre acceso para conocer otras maneras de experimentación corporal y sexual; las industrias de la pornografía industrial, heteropatriarcal y hegemónica han delimitado nuestros orgasmos y los han secuestrado de nuestra creatividad y nuestras relaciones vitales configurando nuestros deseos y placeres. Iniciativas como el posporno, por ejemplo, son una propuesta por deconstruir el deseo y plantear rutas concretas desde nuestros cuerpos, modos de querer y sentir para ejercer resistencia a la construcción masculina, patriarcal y capitalista que reduce el contacto con otros a un acto de consumo, violento, penetrativo y distante.

 

Por eso creemos necesario permitirnos conocer esas otras posturas, esas otras posibilidades para la vida. Una opción en esta perspectiva es la “Muestra audiovisual Arrecheras heterodisidentes”, por presentarse éste 28 de abril a las 7pm en Video Roma en Chapinero, Bogotá (para más info. buscar en Facebook), para visibilizar un poco más las producciones audiovisuales que están reflexionando sobre el posporno, las sexualidades, géneros y cuerpos en América Latina.

 

Proponemos además, en esta búsqueda-resistencia alternativa, la autogestión: explorarnos nosotros mismos, así como la posibilidad de explorarnos con la ayuda de otros en prácticas que avancen en la construcción de sexualidades más colectivas, más placenteras y menos dominadas por la violencia heteropatriarcal, el miedo al cuerpo, el castigo a la sexualidad y la desnudez mediante la expansión sensorial, desde el reconocer nuestros cuerpos, olores, texturas, temperaturas, sonidos y un sin fin de ejercicios colectivo-individuales que implican no solo pensar en nuestro placer egoístamente, sino en pensarnos lo que implica el consenso y la importancia de la comunicación, diversas maneras de consentirnos, amarnos entre todas y a nosotras mismas.

 

Publicado enSociedad
Miércoles, 25 Abril 2018 18:42

Jugar no solo es asunto de niñas y niños

Jugar no solo es asunto de niñas y niños

Cuando nos hacemos adultas, jugar parece dejar de importar en nuestras vidas. De igual manera, y como producto elaborado por la escuela y la familia, la sexualidad se cree que es de dos, no de tres, no de cuatro, no de una. Estas creencias lo único que hacen es limitarnos el campo del placer, que en sí, es infinito.


Los juguetes sexuales suelen ser representados como un pene de plástico que usamos las pobres mujeres solteras que no tenemos “sexo de verdad”. Pues resulta que los juguetes los puede usar una persona con ella misma o pueden usarse con más personas, pueden tener forma de delfín o vagina, de hoja, pueden vibrar, pueden ser usados con lubricantes, en la ducha. Los juguetes no son “consoladores” para nuestra soledad. Los juguetes son ingredientes extras posibles de agregar en procura de mayor placer, diversión extra, objetos que nos recuerdan que podemos jugar y divertirnos, como niñas/niños, aunque ahora seamos adultas/os.


Todo esto es posible, pero es importante no hacerlos indispensables, pues, recordemos, que podemos sentir placer sexual usando sólo nuestras manos o nuestra imaginación ( https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/33933-practicar-para-conocer-el-placer.html ). Los juguetes son condimentos que pueden ampliar los horizontes de placer; los podemos comprar, o hacerlos nosotras mismas, o usar como juegue objetos de la cotidianidad. En este caso, como en todo lo concerniente con el placer, lo fundamental es dejar a un lado los temores y prejuicios que desde la infancia nos inculcaron.

Siete mitos sobre las mujeres y la masturbación que tenemos que desaprender ya

No me interesan las poses sexis ni hago ruidos seductores. No enciendo velas ni me meto en la bañera. La periodista Suzannah Weiss desmonta siete mitos sobre la masturbación femenina.

 —Creo que me masturbo más cuando estoy estresada. 

—¿Te masturbas?

Esta conversación, que tuve con un amigo, encarna la sorpresa que expresan muchas personas cuando descubren no solo que te masturbas, sino que además lo admites sin complejos.

Porque aunque este amigo y yo hablábamos de sexo todo el rato y sabía que era sexualmente activa en mis relaciones, la idea de que tuviera sexo conmigo misma no se le había pasado por la cabeza.

Eso se debe a que nos han enseñado que la sexualidad de las mujeres solo existe para otras personas.

Desde que descubrí la masturbación accidentalmente cuando era una niña, ha sido algo que he hecho como respuesta a mis propios deseos, no como espectáculo para calentar a nadie.

No me interesan las poses sexis ni hago ruidos seductores. No enciendo velas ni me meto en la bañera. En resumen, no sigo un proceso diferente al que sigue cualquier otra persona, hombres incluidos. Y parece que eso también sorprende a la gente.

Ya que la mayoría de las representaciones de mujeres que se masturban o bien son pornográficas o bien son parte de algún discurso de empoderamiento feminista, la gente se sorprende cuando las mujeres tratan la masturbación como una actividad normal y cotidiana.

Que veamos que los hábitos de masturbación son diferentes según los géneros contribuye a que veamos la sexualidad como algo intrínsecamente diferente según el género.

Y cuando mantenemos esta creencia, fomentamos la mentalidad “los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus (y los géneros no binarios no existen)”, que sustituye a la gente real por estereotipos.

Además, llevamos a la sociedad a ver a las mujeres como criaturas exóticas, en lugar de congéneres con los que empatizar. Esa división artificial hace que las relaciones comiencen con mal pie, al igual que ocurre con la idea de que la sexualidad de la mujer es un espectáculo para los demás, en lugar de un atributo intrínseco a ella.

Un apunte rápido: muchas de las ideas que tenemos de las mujeres y la masturbación están relacionadas con mitos sobre la vagina. Muchos de los conceptos que tenemos sobre las mujeres están equivocados, muchos de los conceptos que tenemos sobre la vagina están equivocados, y la idea de que las dos están conectadas de forma inherente es errónea.

Algunos de los mitos acerca de las mujeres, la vagina y la masturbación se aplican a cualquiera que tenga vagina; otros, se aplican a cualquiera que se identifique como mujer, pero a menudo se dirigen a mujeres cis, aunque solo sea porque la sociedad, en general, tiene una perspectiva limitada.

Por tanto, este artículo se va a centrar en mitos sobre mujeres cis, porque esa es la experiencia de la que puedo hablar. Pero se debería escribir más sobre la mitología que rodea los hábitos de masturbación de las personas transexuales también, y esa conversación se debería ubicar dentro de esas experiencias.

Así que, desde mi punto de vista, aquí hay algunos mitos que deberíamos desaprender sobre las mujeres cis y la masturbación si queremos entender mejor la sexualidad de las mujeres reales, y no solo una versión exótica y cosificada de la misma.


MITO 1: LAS MUJERES NO SE MASTURBAN


Mucha gente en las culturas occidentales da por sentado que los hombres se masturban. No se considera correcto hablar sobre el tema, pero se ve como algo normal e inevitable.

Para las mujeres, no tanto.

En mi adolescencia y preadolescencia, me sentía pervertida, autocomplaciente y culpable por masturbarme. No se lo había contado a nadie hasta que jugamos a “atrevimiento o verdad” cuando tenía unos quince años. Me tocó ‘verdad’ y la pregunta era: “¿Cuál es tu mayor secreto?”.

El mío era (resuello) que me masturbaba. “Yo también”, dijeron las dos amigas con las que estaba. Lo habíamos estado ocultando porque no creíamos que fuera normal.

En realidad, según un estudio, el 92% de las mujeres de entre 18 y 22 años se masturba habitualmente.

Pero independientemente de cuál sera la cifra real (que puede estar sesgada debido al mismo sentimiento de vergüenza que yo tenía), es muy normal y no hay que avergonzarse de ello.

Hay quien ve a las mujeres que experimentan placer sexual o se excitan ellas solas de la misma manera que los niños a los profesores fuera del colegio. No consideran que exista una sexualidad femenina más allá de las relaciones.

Pero la sexualidad es intrínseca a muchas de nosotras y se puede ejercitar sin que nadie más participe.


MITO 2: LA MASTURBACIÓN DE LAS MUJERES ES UN GRAN ESPECTÁCULO


¡Poneos todos en fila para comprar las entradas, está a punto de masturbarse!

A veces me parece que este anuncio se reproduce cada vez que me subo a la cama. Se ha creado un espectáculo enorme sobre la masturbación de las mujeres en el porno y en las pocas películas en que aparece.

Desde el sensual desnudo y las caricias corporales de Shannon Elizabeth en American Pie a los jadeos y el rostro eufórico que, literalmente, dan color al mundo en Pleasantville [en la imagen de más arriba], la masturbación femenina está diseñada para que sea un espectáculo.

Cuando los hombres se masturban en las películas, generalmente no se ha optimizado para que el público se excite o para que parezca delicado y bonito. Volviendo al ejemplo de American Pie, la escena en que Jason Biggs se masturba se presenta como algo vergonzoso, no como algo sexy. Se supone que el porno que está viendo es sexy, pero él mismo no lo es.

Porque la gente cree que los hombres se masturban como respuesta a sus propios deseos, mientras que las mujeres lo hacen para provocar el deseo de los demás.

La representación de la masturbación femenina en la interpretación saca a las mujeres de sus cuerpos y las lleva a cosificarse a ellas mismas incluso mientras se masturban, un momento generalmente indicado para centrarnos en nosotras mismas y no en cómo nos ve nadie más.

Como he sido expuesta a cada vez más representaciones sexuales en los medios de comunicación, incluso en supuestos artículos de empoderamiento y vídeos sobre el placer de las mujeres, he empezado a imaginarme cómo me percibiría un compañero mientras me masturbo, controlando las expresiones de mi cara y practicando ruidos de orgasmo, aunque soy silenciosa por naturaleza.

A esto nos lleva la cosificación.

Por supuesto, la masturbación se puede hacer frente a otra persona. Pero cuando a las mujeres se les enseña a estar pendientes de su apariencia, de lo que transmiten, de los sonidos que emiten durante el acto, se las saca del momento y el placer resulta más difícil de conseguir.

No es sorprendente que el 32% de las mujeres diga que cuando tienen problemas para llegar al orgasmo es porque le están dando vueltas a la cabeza o están concentradas en su apariencia. Eso nunca debería ser un problema, especialmente cuando no hay nadie mirando.

MITO 3: LAS MUJERES QUE SE MASTURBAN SON UNAS “FULANAS”


Gracias a la percepción de que la autoestimulación femenina es para otras personas, a la mujer que se masturba se la percibe como sexualmente promiscua, como si se dedicara a masturbarse para ser una estrella del porno y no para darse placer a sí misma, simplemente.

Además, gracias a la percepción de que las mujeres no se masturban por naturaleza, se considera que cualquier mujer que se masturba es una pervertida, atrevida o estrafalaria. Y si habla del tema, está en otro nivel totalmente distinto de perversión; no es que esté siendo honesta, sino que debe ser que quiere excitar a los hombres.

Cuando hablo de la masturbación con hombres, a menudo tengo miedo de que lo entiendan como una invitación. He visto a hombres que consideran que una mujer sexualmente abierta está abierta a tener sexo con cualquiera, por esa misma idea de que la sexualidad femenina solo existe para otras personas.

El hecho de masturbarnos o hablar sobre la masturbación no tiene nada que ver con cuántas parejas sexuales tenemos —de hecho, hay gente que se masturba como alternativa al sexo en pareja— por no hablar de con nuestra personalidad.

No consideramos que respirar o beber agua tenga ninguna carga sexual, y la masturbación es lo mismo: una manera de satisfacer una necesidad física. Cuando asumimos que a las mujeres que se masturban les debe encantar el sexo, dejamos a un lado el hecho de que la masturbación solo es una necesidad física básica para muchas personas, independientemente del género.

MITO 4: LA MASTURBACIÓN FEMENINA ES MÁS EMOCIONAL


Según la sabiduría popular, los hombres tienen fantasías rápidas y explícitas, mientras que las mujeres se imaginan a ellas mismas en relaciones amorosas, con diálogo y todo eso, cuando se corren. Ah, y también ponemos velas perfumadas y nos echamos crema en el cuerpo para crear un entorno sensual y aunar la mente, el cuerpo y el alma.

¡Ja!

Por supuesto, no tiene nada de malo hacer de la masturbación una experiencia profunda y sanadora, pero para muchas mujeres es tan simple como pasar unos minutos tocándonos cuando nos metemos en la cama, y luego nos dormimos.

Y sí, para que conste, tenemos pensamientos no aptos para menores. También podemos tener algunas fantasías bastante raras, al igual que muchos hombres, estoy segura. Con frecuencia me asalta el pensamiento “¿De dónde coño ha salido esa imagen?” justo después de terminar. Pero bueno, algunas cosas, mejor disfrutarlas que analizarlas.

MITO 5: LAS MUJERES NO VEN PORNO


Esto va junto con la creencia de que los hombres tienen una mente sexual, mientras que las mujeres son puras y solo disfrutan del sexo en su forma más enriquecedora emocionalmente. Siento sacaros de la burbuja, pero tengo algo que deciros: las mujeres vemos porno. Todo tipo de porno. ¡Horror!

A la gente le encanta decir que los hombres son más visuales, lo que mantiene un statu quo en el que la cosificación de las mujeres se considera natural. Esta consideración también protege a los hombres, que temen que ellos mismos sean cosificados si las mujeres somos, en efecto, visuales.

Pues lo somos.

Según ¿Qué quieren las mujeres?: Últimas revelaciones de la ciencia sobre el deseo sexual femenino, de Daniel Bergner, uno de cada tres consumidores de porno es mujer, los ojos de las mujeres se detienen en la imaginería erótica tanto como los de los hombres y las vaginas de las mujeres cis lubrican como respuesta a toda clase de vídeos sexuales.

Por desgracia, a pesar de la atracción que sienten muchas mujeres por las películas para adultos, la mayoría del porno se dirige a hombres heterosexuales y presenta a mujeres que está claro que no disfrutan, se las pone en situaciones potencialmente degradantes y la cámara las hace destacar como la persona a la que hay que mirar.

Pero los tiempos están cambiando. El porno feminista existe y tiene demanda.

A todas las mujeres no les ponen cachondas las mismas cosas, pero algo que muchas mujeres quieren es un porno centrado en el placer de la mujer. Y eso va a ser cada vez más común, a medida que vayamos admitiendo que las mujeres somos visuales y haya más mujeres detrás de las cámaras, en vez de en frente de ellas.


MITO 6: LA MASTURBACIÓN ES INNATA EN EL HOMBRE Y APRENDIDA EN LA MUJER


No hay duda de que la sexualidad de las mujeres se ha reprimido. Algunas mujeres no se permiten a sí mismas explorar su sexualidad hasta que ya tienen una edad.

Pero muchas descubren la masturbación muy pronto.

El 75% de las mujeres se ha masturbado antes de los 18 años y la mayoría descubre la masturbación por su cuenta. Si no me creéis, el libro de Nancy Friday comparte las historias de muchas mujeres que empezaron a experimentar el placer sexual siendo niñas.

Durante los últimos años, especialmente en el campus de mi antigua facultad y en otros, he notado un esfuerzo creciente de las feministas y las educadoras sexuales para educar a las mujeres en la anatomía sexual y los procedimientos, asumiendo a menudo que no los conocen.

No es malo educar a la gente acerca de sus cuerpos, aunque preferiría que se hiciera de un modo menos orientado al género, pero una educación de ese tipo se convierte en un problema cuando se dirige a las mujeres como bellas durmientes sexuales que necesitan que las despierten, ya sea su pareja o un experto.

Una vez más, vuelve a aparecer la suposición de que las mujeres son menos sexuales y son sexuales solo con la ayuda de los demás.

Algunas personas prueban la masturbación cuando aprenden qué es y otras tropiezan con ella sin querer. Pero parece condescendiente que nos digan que tenemos que aprender lo básico del funcionamiento de nuestro cuerpo. Tenemos que reconocer que muchas mujeres somos sexuales por naturaleza y no necesitamos a nadie que nos haga serlo.

MITO 7: LAS MUJERES TIENEN QUE MASTURBARSE PARA EMPODERARSE


Junto al discurso de las mujeres que se masturban como forma de seducción, hay otro de mujeres que se masturban como una declaración feminista. Esta última imagen puede parecer empoderadora, pero en realidad también cosifica a la mujer de varias maneras sutiles.

Un aspecto problemático de la idea de la masturbación como forma de empoderamiento de la mujer es que a menudo se propone como una manera para que las mujeres se sientan mejor con sus cuerpos. El razonamiento es que si puedes excitarte a ti misma y correrte, te vas a sentir sexy.

Pero no todo lo que las mujeres hacen tiene que está relacionado con el atractivo sexual.

La masturbación es una experiencia personal que se puede disfrutar incluso el día en que tienes la imagen personal más mierdosa. Nadie le dice a los hombres que se masturben para sentirse mejor con sus cuerpos, porque, de nuevo, la masturbación masculina no está asociada con su apariencia.

Además, al convertir la masturbación femenina en una declaración política, escondemos el hecho de que es algo que muchos de nuestros cuerpos hacen de forma natural y contribuye al estereotipo de que la masturbación es natural en los hombres y aprendida para las mujeres.

Más allá de eso, las mujeres no tenemos que masturbarnos para empoderarnos. No tenemos que hacer nada para empoderarnos. Solo tenemos que hacer lo que queramos.

Agradezco la intención de las feministas que abogan por la masturbación como una manera de hacer que la mujer se sienta “empoderada por sentirse capaz de darse placer a sí misma”. La masturbación puede ser un acto feminista si, al practicarla, rechazamos toda las tonterías que nos han enseñado sobre la (falta de) sexualidad de las mujeres.

Pero cuando me meto bajo las sábanas o en la ducha, en lo último que pienso es en el empoderamiento femenino, por regla general. Me entrego a mis propias fantasías, o al menos lo intento.

Cuando pienso en mi confianza o independencia gracias a todos esos discursos, esos pensamientos, como los que vienen de la cosificación de la masturbación femenina, me distraigo. De repente siento la presión de sentirme empoderada después, en lugar de sentir un alivio físico.

Así que vamos a evitar que las mujeres tengan la impresión de que tienen otra cosa más que hacer, ¿vale?

* * *

Lo que todos esos mitos tienen en común es que cogen una experiencia profundamente personal y la definen para otras personas. Nuestra rutina de masturbación es nuestra y solo nuestra, y puede ser lo que nosotras la hagamos.

Personas de todos los géneros se han apropiado de la masturbación femenina con diversos propósitos pero, en última instancia, no tiene por qué haber un propósito. No tienes que masturbarte como si fuera un espectáculo sexy, una exhibición de masculinidad o feminidad o como forma de emancipación. Puedes hacerlo simplemente porque te apetece.

A la sociedad y los medios de comunicación les encanta convertir las acciones femeninas en más de lo que son; y hacer a las mujeres más de lo que son. Pero no tenemos que serlo, especialmente en nuestros momentos más privados. No somos objetos ni encarnaciones de ningún ideal.

Por una vez, vamos a dejar que las mujeres sean personas que están haciendo sus cosas, sean las cosas que sean.

 

Por SUZANNAH WEISS
TRADUCCIÓN: ISABEL POZAS GONZÁLEZ

2018-04-11 06:00:00

 

SOBRE LA AUTORA
Suzannah Weiss contribuye con Everyday Feminism y es una escritora neoyorquina cuyo trabajo ha aparecido en The Washington Post, Salon, Seventeen, Buzzfeed, The Huffington Post, Bustle, y otros. Está titulada en Estudios de Género y Sexualidad, Cultura Moderna y Medios de Comunicación, y Neurociencia Cognitiva por la Universidad de Brown. La puedes seguir en Twitter en @suzannahweiss. Fuente original: Everyday Feminism

 

 

Publicado enCultura
Miércoles, 11 Abril 2018 06:47

Practicar para conocer el placer

Practicar para conocer el placer

Luego de conocer al clítoris (1), explorarlo con las manos puede ser más placentero. No hay recetas únicas para hacerlo, no hay puntos o técnicas que automáticamente produzcan placer, más bien, es necesario acostumbrarse a disfrutarlo e ir encontrando en la práctica los movimientos y los lugares que más nos gustan.


La teoría no es suficiente. Practicar es la única salida para formarse en el arte de la masturbación propia o de otra persona. Hay quienes prefieren una frotación externa, hay quienes prefieren la penetración; a veces es mejor frotar con fuerza, a veces es suficiente con tocar; hay que aprender a leer lo que el cuerpo va expresando. Solo en la práctica se disfruta y reconoce el placer propio o de otra persona. Por tanto, el consejo de esta semana es: mastúrbese y descubra los placeres de su propio cuerpo o el de su pareja.


Referencias
1. Ver “El clítoris ese gran desconocido” en: https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/33887-el-clitoris-ese-gran-desconocido.html

Miércoles, 04 Abril 2018 11:07

El clítoris ese gran desconocido

El clítoris ese gran desconocido

Este nuevo espacio nace para hablar de la sexualidad sin tapujos, como algo natural e inherente a la existencia misma en el mundo. Cada miércoles compartiremos un consejo sexual para disfrutar, estudiar, conocer y experimentar tanto individualmente como con otras personas.


La iniciativa nace como proyecto conjunto entre el periódico desdeabajo y las integrantes del colectivo Vente como Eres, quienes en medio de las dificultades que tienen las mujeres y los hombres que no encajan en los modelos dominantes, así como las personas LGBTI, decidieron crear un espacio para hablar de sexualidad, de juguetes o de pornografía.


Esperamos que esta propuesta no quede únicamente entre nosotras/os, sino que motive a todas aquellas personas, colectivos u organizaciones que les interesa hablar de estos temas, y que quieran aconsejar a la sociedad sobre prácticas sexuales, educación sexual, material pedagógico para comprender, estudiar o experimentar la sexualidad, etcétera. Si desea participar de este espacio, si desea hacer una publicación, no dude en escribirnos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

El clítoris ese gran desconocido


Por Colectivo Vente como Eres


El clítoris es mucho más que un botoncito mágico. Se trata de un pequeño órgano conformado por tejidos eréctiles y miles de terminaciones nerviosas, cuyo único objetivo es el placer. "El clítoris ese gran desconocido" es un documental que explora los descubrimientos, la desaparición y reaparición del clítoris en la ciencia. Aunque fue "descubierto" en el siglo XVI, todavía es muy poco lo que sabemos de este órgano. Recomendamos este documental para reconocer nuestro cuerpo, explorarlo y disfrutarlo más allá de los malestares y enfermedades que padecemos. El clítoris es el único órgano que provoca orgasmos y es posible estimularlo desde fuera (la puntita visible encima de los labios) o desde dentro de la vagina.

 


https://www.youtube.com/watch?v=Bd6JCdjC-VE

 

Investigadores prueban que el cerebro aprende a buscar placer


El estudio en ratones arrojó que memorizan y repiten patrones que evocan bienestar


Es la primera vez que se demuestra que las acciones que conducen al refuerzo positivo se repiten más

 

Investigadores del Instituto Zuckerman de la Universidad de Columbia, la Universidad de California en Berkeley, ambos en Estados Unidos, y el Centro Champalimaud para lo Desconocido, en Portugal, observaron en ratones cómo el cerebro aprende a repetir patrones de actividad neuronal que provocan la importante sensación de sentirse bien. Hasta ahora, los mecanismos cerebrales que guían este tipo de aprendizaje no se habían medido de manera directa.

Esta investigación ofrece información clave sobre cómo se forma y refina la actividad cerebral a medida que los animales aprenden a repetir comportamientos que evocan una sensación de placer. Los hallazgos, que se publicaron ayer en Science, también apuntan a nuevas estrategias para detectar trastornos caracterizados por comportamientos repetitivos anormales, como la adicción y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

"No es ningún secreto que obtenemos placer al hacer cosas con las que disfrutamos, como jugar nuestro videojuego favorito", señala el autor principal del trabajo, Rui Costa, director asociado y director ejecutivo del Instituto Zuckerman de Columbia. "Los resultados de hoy revelan que el cerebro aprende qué patrones de actividad conducen a sensaciones de sentirse bien y se restructura para reproducir de manera más eficiente esos patrones", explica.

"Este descubrimiento puede ayudar a explicar cómo aprendemos por repetición, y también puede aportar información a la hora de estudiar trastornos como la adicción y el TOC, en el que se desbarata el circuito de retroalimentación que vincula una acción a una recompensa", agrega.

Normalmente, hacer algo agradable provoca que las neuronas liberen una sustancia química llamada dopamina. Este lanzamiento provoca esa sensación de sentirse bien, evoca el deseo de repetir una acción una y otra vez. Un buen ejemplo de esto son los videojuegos.

"Cuando mueves el control del juego exactamente de la manera correcta para obtener esa puntuación alta, tu cerebro recuerda cómo ejecutó esa acción: qué neuronas se encienden y en qué patrón, para que tu cerebro pueda recrear ese mismo movimiento la próxima vez que juegues", dice el doctor Costa, quien también es profesor de neurociencia y neurología en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia. "Después de repetidos intentos, tu cerebro mejora al recrear ese patrón de actividad neuronal y te hace mejor en el juego", añade.

Para el equipo, este hecho supuso la pregunta: ¿se podría entrenar al cerebro para aprender el patrón correcto de actividad neuronal normalmente involucrado en experimentar algo agradable, y luego reproducir ese patrón a voluntad para desencadenar una liberación de dopamina?

Música y dopamina

En una serie de experimentos en ratones, los científicos desarrollaron un programa de ordenador que conectaba la actividad neuronal en el cerebro de los animales con notas musicales, de modo que cuando un grupo de neuronas se encendía, se reproducía una nota musical correspondiente. Diferentes patrones de actividad neuronal produjeron distintas combinaciones de notas. Y cuando los patrones de actividad neuronal activaron la disposición correcta de las notas musicales (determinadas arbitrariamente por un ordenador), los científicos liberaron manualmente la dopamina en los cerebros de los animales.

Los animales aprendieron rápidamente qué arreglo musical, cuando se tocaba, causaba una liberación de dopamina y una sensación de sentirse bien. Sus cerebros luego comenzaron a reconectarse para escuchar esa canción más a menudo, lo que desencadena el golpe de placer de la dopamina. "En esencia, los ratones aprendieron a repetir el mismo patrón de actividad cerebral que se evocó anteriormente al escuchar esas notas musicales", resume el coprimer autor del documento, Vivek Athalye, candidato doctoral en Champalimaud.

Los investigadores observaron que estos hallazgos son un ejemplo sorprendente de la Ley de Thorndike: principio de sicología de hace muchos años que establece que las acciones que conducen al refuerzo positivo se repiten con mayor frecuencia. Sin embargo, estos descubrimientos probablemente representan la primera vez que se ha observado este principio directamente en el cerebro, según los autores.

“De alguna manera, estos resultados son totalmente esperados –afirma Costa. Tiene sentido que el cerebro imitara la sensación de recompensa que obtiene de una experiencia agradable produciendo el patrón correspondiente de actividad neuronal. Pero nunca se había probado.”

Esta investigación también tiene implicaciones importantes para la adicción y el TOC. “Si los patrones de actividad neuronal del cerebro están a toda máquina, como suele ser el caso para las personas con adicción o TOC, ¿podríamos crear un programa de ordenador que pueda ayudar a entrenar a sus cerebros y reducir esta actividad? –se pregunta el doctor Costa. Esto es algo que estamos explorando”.

 

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