El Senado de EE UU aprueba la ley para la reforma del sistema de inmigración

Estados Unidos ha dado un paso de gigante en su confirmación como gran nación de emigrantes: el Senado aprobó este jueves definitiva y contundentemente la reforma que permite la legalización de más de 11 millones de indocumentados, lo que puede conducir a una honda transformación con implicaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Aunque la votación de esta tarde está todavía pendiente de su ratificación en la Cámara de Representantes, el debate se desenvuelve en un contexto histórico que permite vaticinar su éxito final.


 
El resultado final de la votación -68 contra 32- supone un respaldo mucho mayor de lo que hubiera sido posible anticipar hace solo unos meses y confirma el surgimiento de una sólida coalición parlamentaria que podría ser suficiente como para vencer las resistencias que esta ley, de alcance histórico, puede aún encontrar en su camino hacia el Despacho Oval.


 
"El Senado de Estados Unidos ha servido hoy a los ciudadanos, llevándonos un paso más cerca a la resolución definitiva del sistema de inmigración", aseguró Obama en un comunicado adelantado por la Casa Blanca. El presidente afirmó que el proyecto de ley "es un compromiso" y que ninguna de las partes implicadas logró todo lo que querían. "Ni los demócratas, ni los republicanos, ni yo. Pero la ley es consistente con los principios de sentido común que, como tantos, he defendido en tantas ocasiones".


 
Esta reforma migratoria ha sido, durante décadas, la aspiración de millones de familias que viven en una dura clandestinidad, sin acceso a la mayoría de los servicios sociales, sin perspectivas de una vida estable, discriminados y marginados, cuando no perseguidos o confundidos con delincuentes. Pero no solo eso. La reforma ha sido un constante campo de batalla en el que los partidos políticos han rivalizado por cada vez más atractivos intereses electorales. Por más de 30 años, los intentos de poner en orden un sistema migratorio a todas luces quebrado se han estrellado con la oposición de quienes pretendían conservar su escaño o su criterio estrecho sobre la nacionalidad o las tradiciones norteamericanas.


 
Los inmigrantes indocumentados llevan muchos años contribuyendo de forma determinante a la creación de riqueza en Estados Unidos. Su aportación es vital en algunas áreas, como la de la agricultura, la industria o el trabajo doméstico, y visible y creciente en otras muy diversas, desde la tecnología hasta la educación.


 
Aunque la necesidad de reformar el sistema migratorio era ya acuciante durante la anterior Administración, fueron las dos últimas elecciones presidenciales, particularmente la de 2012, en las que Barack Obama obtuvo el 71% de los votos latinos, las que acabaron de convencer a los republicanos, los principales oponentes de la reforma, de que su futuro como partido dependía de su actitud respecto a esta ley.


 
La reforma sale del Senado como muchas limitaciones. Plantea regularizar a los ‘sin papeles’ previo pago de una multa y de sus impuestos atrasados, duplica el número de agentes que protegen la frontera con México, invierte 30.000 millones de dólares en vigilancia de los puntos de entrada al país, limita el acceso a la ciudadanía para los indocumentados que residan en EE UU desde antes de diciembre de 2011, establece un plazo mínimo de 10 años para poder aspirar al pasaporte norteamericano y obliga a demostrar conocimientos de inglés y un historial limpio de antecedentes penales.


 
Como compensación, se crea un nuevo sistema de visados temporales, se permite un acceso más rápido a la ciudadanía norteamericana a los llamados ‘dreamers’ –estudiantes indocumentados- y  trabajadores agrícolas, se aumenta el número de visados para los empleos en la ciencia y la tecnología y se imponen mayores controles para evitar casos de abusos y explotación, ahora frecuentes, en las empresas.


 
El éxito obtenido en el Senado -con el voto a favor de 14 republicanos- ha sido laboriosamente trabajado desde hace seis meses por una coalición de legisladores demócratas y republicanos que, con el apoyo de Obama en la Casa Blanca, han conseguido finalmente conformar una mayoría que ahora esperan reproducir en la Cámara. El presidente emplazó a los legisladores a "hacer lo mismo" que el Senado y advirtió de los obstáculos que puede encontrar la reforma. "Este es el momento en el que sus oponentes intentarán con más fuerza destruir esta iniciativa bipartidista de manera que impidan que esta reforma se convierta en realidad", dijo Obama. "No podemos dejar que eso pase".


 
El senador republicano John McCain, líder en las negociaciones, instó a los representantes a estudiar el proyecto de ley nada más ser aprobado. "Apelamos a su consideración y estamos dispuestos a sentarnos y negociar con ustedes", afirmó.


 
El texto de esta reforma ha recibido críticas, tanto de grupos de derechos humanos, que se quejan de la militarización de la frontera, como de los sectores más conservadores, que se temen la disolución del carácter y la esencia del estilo de vida americano. Obama advirtió en su momento que, para poderse llegar a un acuerdo, iba a ser preciso que todos hicieran renuncias.


 
Todos los implicados en el avance de la reforma lo han reconocido. La Asociación por las Libertades Civiles (ACLU) felicitó este jueves al Senado por su trabajo impulsando una ley "histórica" que permitirá a millones de familias "obtener estatus legal para vivir, trabajar y cuidar de sus familias sin miedo, en el país al que llaman hogar".


 
El resultado ha sido, pues, una muestra de pragmatismo y un raro ejemplo de colaboración entre los dos partidos políticos. El pasado mes de enero, cuatro senadores republicanos y cuatro demócratas crearon lo que se conoció como “Grupo de los Ocho” para negociar las bases de la legislación. El trabajo de esta coalición bipartidista refleja cómo los intereses de futuro de demócratas y republicanos dependen en gran medida del apoyo de la comunidad hispana, el grupo de población de mayor crecimiento en la última década y, seguramente, en la próxima.


 
La realidad política coincide, además, con un contexto económico que ha dejado en evidencia la dependencia de EE UU de profesionales extranjeros y la necesidad de recuperar el liderazgo en materia de innovación. Todo ello ha obligado a reconocer que la inmigración sigue siendo la llave de la prosperidad futura de este país.


 
A la espera de las negociaciones que tengan lugar en la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen la mayoría, el debate en el Senado se ha visto favorecido por la actuación de algunos republicanos determinantes, como John McCain, que apoya la reforma desde hace años, o de la figura emergente de la oposición, el senador de origen cubano Marco Rubio, cuya carrera fue impulsada al inicio por el Tea Party pero se ha convertido ahora en la bisagra entre los defensores y los detractores de una ley cuya aprobación marcará el legado de Obama tanto o más que la reforma sanitaria.

 


Por Antonio Caño / Cristina F. Pereda Washington 27 JUN 2013 - 23:17 CET

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Jueves, 25 Abril 2013 06:30

La generación del milagro brasileño

La generación del milagro brasileño

Son 23 millones de jóvenes de entre 18 y 28 años. Son menos conservadores que sus padres, estudian más, han incorporado el uso de Internet a su vida y están informados políticamente. Así lo refleja el informe Generação C, realizado por el Instituto Data Popular. Son los hijos de los 30 millones de brasileños que se han integrado a la clase media, tras salir de la pobreza.


 
Estos jóvenes, según el estudio, son mucho más abiertos que sus padres. Para ellos la mujer, por ejemplo, no es solo un ama de casa sino una compañera de vida, aceptan con mayor facilidad el matrimonio entre personas del mismo género y la libertad de la mujer frente al aborto.
 

Son más exigentes también con el Gobierno. Ya no están tan interesados como sus padres en recibir ayuda social estrictamente monetaria. Prefieren, por ejemplo, que se les facilite el camino a los estudios, a cursos profesionales y a la enseñanza superior. Están más informados que sus padres, son capaces de discutir de política y son más conscientes de las profundas desigualdades que dejó como herencia la esclavitud en Brasil, el último país latinoamericano en abolirla en 1888. Los abuelos de algunos de estos jóvenes son descendientes directos de estos esclavos.


 
De acuerdo con Renato Meirelles, director de Data Popular, el cambio se notará en 2022, cuando estos 23 millones de jóvenes estén en plena actividad productiva.


 
Algunos datos son significativos. Los hijos de esta nueva clase media baja C, estudian un 49% más que sus padres. Los de las clases altas A y B estudian 20% más que lo hicieron los suyos. Contribuyen a los gastos de la familia con un 70% de lo que ganan al mismo tiempo que estudian. Y quizás, lo más importante, es que tienen claro que sus hijos deben estudiar más que ellos para no perpetuar el camino de sus padres y abuelos, que tuvieron que conformarse, por falta de estudios, con los trabajos más humildes y menos retribuidos de la sociedad.


 
Dicho eso, también es verdad, como señalan algunos analistas de movilidad social, que no es que dentro de 10 años Brasil vaya a ser el paraíso, sin desigualdades sociales y con idénticas oportunidades para todos.


 
No lo será porque incluso esos jóvenes esforzados salen ya a la pista con desventajas. Han estudiado generalmente en escuelas y colegios públicos que, generalmente, ofrecen una peor preparación que los privados. Tienen además menos tiempo para estudiar porque la mayoría tiene que trabajar y, cuando ellos, con esfuerzo, consigan terminar una licenciatura, el hijo de la familia de clase A ya habrá hecho un doctorado o se habrá especializado en el exterior.


 
Sin embargo, el cambio será real. Las desigualdades en el país no habrán desaparecido, pero la sociedad se construirá ya, según un sociólogo, con relaciones entre “iguales”, es decir, entre jóvenes que todos estudian, no como antes entre los privilegiados escolarizados y los casi analfabetos hijos de analfabetos, herederos directos de la esclavitud.


 El hecho de frecuentar una universidad, independientemente de su calidad, ya coloca a un joven en otro planeta social y acaba produciendo en él cambios profundos, ya que “el universo de las personas con las que se relaciona es diferente, y él empieza a verse y sentirse también como clase media”, ha comentado al diario O Globo, el profesor de sociología Manoel Neto. Según Neto, el punto cardinal para la ascensión social es solo una mejor escolarización. Todo el resto son paliativos que no transforman a la persona ni la hace subir de clase.

 

Por Juan Arias Río de Janeiro 24 ABR 2013 - 16:23 CET

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Nadie sabe con certeza por qué existen antiquísimas comunidades de negros judíos en Africa, en Etiopía, Eritrea, Sudán, Zimbabwe. No hay registros de este hecho, pero abundan las hipótesis: se dice que podrían ser descendientes de Menelik I, presunto hijo del rey Salomón y la reina de Saba. O miembros de Dan, una de las doce tribus hebreas mencionadas en el Antiguo Testamento (Génesis, I 29-31), que se habrían establecido en Etiopía. Lo cierto es que los lemba de Sudáfrica practican la circuncisión, no trabajan un día a la semana que dedican a rezar, no comen carne de cerdo ni de hipopótamo, que consideran afín al cerdo (www.gentiuno.com, 24-2-07) y observan otras prácticas judías comunes.

 

Miles de ellos emigraron a Israel en tiempos recientes huyendo del sangriento campo de batalla y de hambre en que zonas de Africa se han convertido desde hace décadas. Se estima que su número se acerca a los 60 mil y provienen sobre todo de Etiopía, Eritrea y Sudán, también de Ghana y Nigeria. Empresarios israelíes han traído a no pocos a fin de que se ocupen de los trabajos más duros y despreciables para los israelíes blancos. La extrema derecha nacionalista de Israel los ha convertido en blanco fácil de su propaganda, en especial en estos meses preelectorales. Pero viene de antes.

 

Miri Regev es una de las líderes del movimiento que persigue la expulsión de los negros de Israel, aunque sean judíos como ella. Ex brigadier general del ejército, reiterada ocupante de una banca en el Knesset o Parlamento israelí y figura política destacada del Likud gobernante, organizó y encabezó un mitin en Tel Aviv demandando la expulsión de sus correligionarios sudaneses asilados en la Tierra Prometida, a los que calificó de “cáncer en el cuerpo” de Israel que se debe erradicar (www.huffingtonpost.com, 24-5-12). La aplaudían unos mil manifestantes que gritaban “infiltrados, fuera de nuestra casa”. Hay, al parecer, judíos infiltrados en Israel.

 

Miri Regev pidió disculpas en Facebook por el exabrupto y el gobierno israelí criticó la violencia que desataron los participantes en el mitin contra pasantes negros. Pero la realidad es otra. El año pasado, Haim Mual, 20 años, fue detenido por arrojar una bomba Molotov contra un orfanato para niños africanos. No lo consideraron un delincuente racista y la sentencia fue benigna: tres meses de arresto (The Jerusalem Post, 29-4-12). Miri insiste: “Dios prohíbe –dijo– que comparemos a los africanos con seres humanos” (//elec tronicintifada.net, 31-5-12). El mismo criterio que los conquistadores españoles aplicaron hace siglos a los pueblos originarios de América latina.

 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, no está muy lejos del pensamiento de Miri. “Si no impedimos su ingreso (el de los africanos), el problema es que si hoy son 60 mil pueden llegar a 600 mil y esto amenaza nuestra existencia como Estado judío democrático... nuestra seguridad nacional y nuestra identidad nacional”, declaró en una reunión de gabinete (//mg.cpo.za, 21-5-12). Fueron declaraciones motivadas por delitos cometidos en un barrio de Tel Aviv de alta concentración migratoria africana. Pero según datos de la policía israelí citados por Hotline for Migrant Workers, la tasa delictiva de extranjeros en Israel fue del 2,04 por ciento en el 2010; la de los israelíes más del doble: se elevó al 4,99 por ciento (www.guardian.co.uk, 20-5-12).

 

Otros funcionarios y políticos piden la deportación de los africanos, aunque sean judíos, a países en los que la prisión o la muerte los espera. Al ministro del Interior, Eli Yishai, poco le importa: “No soy responsable de lo que pasa en Eritrea y Sudán, la ONU lo es” (www.haaretz.com, 20-5-12). El gobierno está construyendo un muro de 240 km de largo en la frontera de Israel con Egipto para bloquear la entrada de emigrantes futuros.

 

Un sector de la sociedad civil israelí se opone a esas políticas y ha llevado a cabo manifestaciones para condenarlas. Pero según los índices del Instituto de la Democracia en Israel correspondientes a mayo del 2012, un 52 por ciento de los israelíes encuestados coincidieron con las declaraciones oncológicas de Miri Regev y un arco del 30 al 40 por ciento se mostró particularmente molesto por la presencia en Israel de trabajadores de otros continentes. El porcentaje ascendió al 56,7 por ciento en el caso de los ghaneses y nigerianos y al 65,2 por ciento para sudaneses y eritreos.

 

Es notorio que muchos israelíes y sionistas califican de “antisemitas” y de “judíos que se odian a sí mismos” a personas del mismo origen que están totalmente de acuerdo con la existencia del Estado de Israel, pero critican las políticas que sus gobiernos perpetran contra los palestinos. ¿Qué cualidad habría que adjudicarle a Miri Regev y demás judíos israelíes que desprecian y humillan a otros judíos y se empeñan en expulsarlos de Israel?

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Domingo, 23 Septiembre 2012 05:40

Conga: vida sí, oro no

Conga: vida sí, oro no
El poderoso señor Roque Benavides, de la empresa Buenaventura, tuvo una rabieta en Lima el 24 de agosto pasado. Su socio en Yanacocha, la segunda mina de oro del planeta, la empresa Newmont de Denver, Colorado, anunció que suspendía el proyecto Conga. Ese gran proyecto de minería de oro y cobre iba a ser una extensión del de Yanacocha, propiedad de Newmont, Buenaventura y el Banco Mundial. Conga ha sido suspendida. Más auún, Yanacocha debe ir pensando en pagar sus pasivos ambientales, como la Chevron-Texaco, en Ecuador, y la Repsol YPF, en Argentina. Debe pagar sus deudas sociales y ecológicas.


Los pasivos ambientales de Yanacocha son enormes. Cerros destruidos, tierras apropiadas ilegalmente, aguas contaminadas, un derrame de mercurio que acabó sin justicia para los damnificados. El distrito de Bambamarca ha declarado huelgas generales varias veces en los pasados 20 años. El de Hualgayoc se le unió en diversas ocasiones. Ahora fue Celendín la zona que protestó más fuertemente ante la amenaza a las fuentes de agua. En escarmiento, la policía mató en julio de 2012 a cinco manifestantes en Bambamarca y Celendín. El estado de emergencia todavía continuaba a finales de agosto.


El 4 de julio fue detenido en la plaza de Cajamarca el ex sacerdote Marco Arana, el video de su brutal detención dio la vuelta al mundo. Un Gandhi peruano, cuyas imágenes y palabras llegaron a Denver, Colorado.


Tras una pacífica Marcha por el Agua desde Cajamarca hasta Lima en febrero de 2012, la situación se hizo muy tensa por la terquedad del gobierno. Una gran parte de la región de Cajamarca ha estado en estado de emergencia bajo control de la policía varios meses en 2012, sin derecho de manifestación ni asamblea. El estado puesto al servicio de la minería extranjera, insultando a la población local.


La evaluación de impacto ambiental presentada por Newmont y aprobada por el gobierno anterior fue criticada desde el propio Ministerio de Ambiente, cuando Ollanta Humala llegó a la presidencia en 2011 y después fue desmenuzada por el experto hidrogeólogo Robert Moran. Nada pudo hacer el gobierno de Perú para remediar el descrédito del EIA con sus expertos ad-hoc traídos de España y Portugal.


Mario Vargas Llosa en su rol de comentarista neoliberal defendió el proyecto Conga en marzo y abril de 2012 argumentando que “detrás de las protestas, existe una izquierda radical que se escuda en los temas ambientales”, denunciando la posición “puramente ideológica y dogmática” de quienes se oponían a esas inversiones mineras. Todo podía hacerse sin dañar el ambiente. La minería, dijo el escritor, incluso puede favorecer el ambiente natural. ¿Qué más fantasías escribirá Vargas Llosa sobre los conflictos mineros?
El 24 de agosto pasado Richard O’Brien, máximo ejecutivo de Newmont, dijo en Lima que se suspendía ese proyecto de casi 5 mil millones de dólares, porque las condiciones locales no eran favorables. El gobierno regional se oponía y las encuestas de opinión en la región eran desfavorables al proyecto.


La empresa ha tenido tanta presencia en Cajamarca que la policía se desplazaba a veces en sus vehículos pero Yanacocha ya perdió una vez ante los campesinos y el cura Marco Arana, renunciando a destruir el Cerro Quilish. Esta es ahora su segunda gran derrota, tal vez la definitiva.


Para la derecha, todo se reduce a una mezcla de ignorantes y resentidos, de maximalistas anticapitalistas, eco-fascistas, maoístas recalcitrantes, ONG extranjeras que parecen inocentes, intelectuales utópicos, todos ellos contra el progreso y el desarrollo.


Le derecha ha defendido la mano dura del presidente Ollanta Humala, tan dura que costó la renuncia de dos primeros ministros en solamente un año tras 15 muertes de manifestantes en distintas regiones del país. El tercer primer ministro, Juan Jiménez Mayor, asegura que la suspensión es simplemente una decisión de la Newmont: por favor no hablen más de Conga. Los grupos ecologistas temen un engaño, exigen que retiren la maquinaria, la empresa dice que seguirá construyendo unos reservorios de agua. A pesar de esas sospechas, es una gran victoria del ecologismo popular. El presidente regional de Cajamarca, Goyo Santos, indicó que el proyecto Conga está muerto. Los muertos no se levantan.


Yanacocha fue muy próspera (3.3 millones de onzas de oro en 2005, 1.4 millones en 2011), necesitaba ahora el nuevo proyecto. A los que dijeron “Conga no va”, Ollanta Humala replicó que Conga sí iba. Al final ha cedido. Ojalá esta derrota lleve a Humala hacia una política post-extractivista para evitar los conflictos sociales y prevenirse ante una oscilación a la baja de los precios de algunos minerales.


Por Joan Martínez Alier, Instituto de Ciencias y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona; coordinador del Proyecto EJOLT

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Lunes, 10 Septiembre 2012 17:45

Los muros invisibles

Los muros invisibles
En las migraciones convergen las más diversas posibilidades: derribaron imperios y los consolidaron, aumentaron las ganancias del capital y mejoraron la vida de los trabajadores, son una ventana para la libertad o para la opresión. La historiadora Avi Chomsky enfoca su análisis en los sujetos de las migraciones.
 
“La economía depende de la mano de obra mexicana barata”, explica la historiadora Avi Chomsky, quien estos días imparte un curso sobre inmigración en Montevideo. “Sin esa mano de obra los bienes y servicios baratos que disfrutan los ciudadanos estadounidenses, desaparecerían”. En su opinión, los “ilegales” o “indocumentados” forman parte de una construcción social que justifica los malos tratos y beneficia a las grandes empresas.
 
La hija mayor del célebre lingüista es profesora de historia en la Universidad estatal de Salem, en el estado de Massachusetts. Publicó una decena de libros, el último dedicado a la historia de la revolución cubana. A mediados de la década de 1970 se relacionó con la Unión de Trabajadores Agrícolas (UFW por sus siglas en inglés) integrada en gran medida por inmigrantes mexicanos, lo que supuso un parteaguas en su vida: aprendió español y se comprometió con el mundo de los inmigrantes latinos, con sus movimientos y organizaciones, pero también se especializó en analizar a las multinacionales que los contratan.
 
En 2010 acudió como voluntaria del grupo de derechos humanos No Más Muertes, a Nogales, en la frontera mexicano-estadounidense, donde pudo comprender “los muros invisibles” que funcionan en su país y que afectan a toda la población no blanca. “Cerca de Boston, mi ciudad natal, viven miles de inmigrantes indocumentados que lograron cruzar la frontera y el desierto violentos, para vivir detrás de una nueva serie de muros en Massachusetts”. En su opinión los barrotes de la opresión han sido reforzados por el gobierno de Barack Obama, quien ha contribuido como pocos a hacerlos aún más invisibles.
 
Toda su producción teórica y su práctica como activista está dedicada a comprender y acompañar a los más perjudicados por el sistema, los marginados o los habitantes del “subsuelo” como llaman los zapatistas a los que no tienen nada que perder. Cuando aborda el movimiento Occupy Wall Street destaca la ausencia de “la gente de color” y la necesidad que han tenido las “minorías” (que ya aportan la mayoría de los nacimientos) de organizarse en paralelo para no volver a quedar marginados.
 
- Usted sostiene que los inmigrantes son necesarios para el buen funcionamiento de la economía de su país.
 
- No me gusta hablar de la economía sino de cosas más concretas como el trabajo. Muchos empresarios están a favor de la inmigración porque les pagan salarios más bajos y trabajan en sectores en los que nadie quiere trabajar. Hay todo un discurso de que los inmigrantes les quitan el trabajo a los que tienen empleo. Es evidente que hubo cambios muy importantes en torno al trabajo. A lo largo del siglo XX la clase trabajadora se convirtió en clase media a través del acceso al sueño americano, por la participación política, buenos salarios, acceso a la educación y la salud. O sea bienes de consumo y bienes sociales. Con la desaparición del empleo industrial por el cierre de industrias y su traslado a los países de la periferia, está desapareciendo ese estilo de vida y las clases medias también. En la agricultura, en la industria avícola y en la construcción, predomina el trabajo mal pagado con empleo intensivo de inmigrantes. También sucede en los servicios ya que las familias demandas cuidados que antes podía cubrir el ama de casa pero ahora contratan inmigrantes para cuidar a los niños, cortar el césped y una infinidad de empleos que hace unas décadas no existían porque la familia perdió su tiempo libre porque deben trabajar muchas más horas al punto que el ocio fue colonizado por el trabajo.
 
- ¿Cómo afecta la crisis a los inmigrantes?
 
- Es curioso que en Estados Unidos hay altos niveles de desempleo pero entre los inmigrantes, y sobre todo entre los indocumentados, no hay desempleo porque hacen un trabajo necesario. Un presidente mexicano dijo que los inmigrantes hacen los trabajos que “ni los negros quieren hacer”. Cuando yo era niña los que repartían los diarios eran los chicos del barrio porque recibían propinas. Ahora ese trabajo lo hacen los inmigrantes, empiezan a las cuatro de la madrugada, tienen que tener coche, pagan sus gastos de salud y de la seguridad social, y trabajan 365 días al año incluso cuando la nieve bloquea los caminos. Ganan apenas 500 dólares mensuales y no tienen derechos porque son autónomos. Ese es un tipo de trabajo típico de los inmigrantes sin documentos y la derecha económica es feliz con esta inmigración ya que permite aumentar los niveles de explotación que garantizan ciertos niveles de bienestar a los ciudadanos blancos.
 
- Desde el punto de vista cultural y político, ¿qué han aportado los inmigrantes latinos en las últimas décadas?
 
- Los movimientos de los latinos son la mayor esperanza para quienes queremos ver un cambio en el país. La izquierda está muy diezmada. El movimiento contra la guerra ya no existe, los sindicatos están muy golpeados y ya no luchan por cambiar la sociedad.
 
- Desde lejos parecería que el movimiento de los inmigrantes se ha diluido.
 
- No existen grandes manifestaciones de inmigrantes, pero en lo local hay mucha actividad. No tenemos movimiento estudiantil y predomina una gran despolitización, pero hay movimientos de los estudiantes latinos. Ellos comprenden cómo funciona el sistema en su conjunto. Sin embargo, entre mis estudiantes blancos predomina la idea de que no hay ninguna posibilidad de cambiar nada y no hacen nada. Nunca escuché a un inmigrante decir que no vale la pena luchar, y tampoco lo escucho en Colombia aunque las cosas están mucho peor que en Estados Unidos. Entre los trabajadores inmigrantes hay organizaciones sindicales, son los más explotados y son los que más se están movilizando.
 
- ¿Qué piensa del movimiento Occupy Wall Street?
 
- Es un movimiento muy importante pese a algunas limitaciones. En primer lugar ha despertado entre muchos jóvenes la idea de que existe derecho a protestar, a imaginar otro mundo y a movilizarnos para conseguir un cambio, algo que había sido imposible de lograr en los últimos años. Además ha sido capaz de movilizar mucha gente con el objetivo de que no sean otros los que decidan tu futuro. Y ha puesto en un lugar destacado la injusticia económica haciendo visible que la economía funciona de manera inmoral y favorece a unos pocos. Hasta que nació OWS esas cosas no estaban en discusión.
 
- ¿Cuáles serían los problemas que observa?
 
- Las comunidades de color se han sentido aisladas y hay una lucha de los afrodescendientes y los latinos para crear su propio movimiento, para participar desde su propia identidad. Ellos dicen Occupy the Hood (Ocupemos el Barrio), para darle visibilidad a sus problemas que no son contemplados por los activistas blancos porque no ven el racismo. En Estados Unidos se considera que el racismo es cuestión del pasado, se dice que el color de piel ya no importa (colorblindness). Aún los blancos de izquierda son incapaces de ver el racismo estructural y esa es una forma de excluir nuevamente. Estamos ante un nuevo racismo, un racismo que niega la existencia del racismo. La gente de color formalmente tiene derechos pero están profundamente afectados por la segregación residencial, por las leyes anti-inmigrantes, por el sistema judicial que penaliza a los varones jóvenes negros.
 
- ¿Es posible que estas dos culturas puedan coincidir en un mismo movimiento? Se lo pregunto porque en América Latina vivimos una permanente criminalización de los pobres, al punto que si usted pone la palabra pobre en el lugar de negro o latino, la situación no es muy diferente a la que describe.
 
- El problema que observo es la dificultad de ver el sistema en su conjunto y no sólo lo que sucede en un país.Los que están más marginados son los que pueden ver el sistema en su totalidad, porque los que están dentro del sistema, aunque sean oprimidos, pueden ver sólo aspectos parciales.
 
- ¿Cree que el impacto de Occupy Wall Street será similar al que tuvo el movimiento por los derechos civiles en la década de 1960?
 
- El movimiento de los derechos civiles consiguió muchas de sus demandas, pero los cambios en la sociedad nos llevaron a una nueva época de discriminación y racismo. La marginación de la comunidad negra ha empeorado y además aparece otro grupo más discriminado. A los negros se les otorgaron derechos legales pero la discriminación se trasladó a los latinos para que sigan haciendo los trabajos más duros y peor pagados. A los negros ahora se los discrimina de otra manera, ya no mediante leyes sino de una manera no explícita contra la raza, a través de la creación de nuevos delitos para criminalizar así a una gran proporción de la comunidad negra.
 
Michelle Alexander estudió la encarcelación masiva de los jóvenes negros. Cuatro generaciones no pudieron votar. La de los bisabuelos por la esclavitud, la de los abuelos por las presiones de Ku Kux Klan, la de los padres por los límites legales, las leyes de Jim Crowd, y ahora por estar acusados de delitos. El impulso de aquel movimiento era para la igualdad pero fue desarmado a partir de logros legales pero no sociales. El movimiento fue muy fuerte, muy potente, pero fue cooptado a partir del reconocimiento de la igualdad legal. Occupy Wall Street no tiene objetivos, ni un programa ni una estrategia y eso que puede atraer a muchas personas pero es también una debilidad porque sin objetivos claros no sabe hacia dónde va.
 
- Como activista comprometida, ¿cómo siente el mundo viviendo en Estados Unidos?
 
- Soy optimista por naturaleza. Pero cuando me pongo a analizar llego a la conclusión de que no voy a ver los cambios por los que venimos luchando. A eso se suma el problema ambiental porque podemos conquistar la justicia social pero en un mundo en el que yo podremos vivir. Lo que es importante es seguir haciendo lo posible por cambiar las cosas. Trabajo con comunidades negras colombianas desplazadas por las minas de carbón, gente que vivió toda su vida en sus tierras y de golpe los empresarios, gente como Goldman Sachs, los desplazan por la fuerza y terminan viviendo en basurales en las periferias urbanas. Saben que nunca van a recuperar sus tierras, tienen muy claro cómo funciona el sistema y saben que no tienen fuerza para modificar las cosas, pero siguen construyendo una trinchera desde la que resisten algo que los supera, algo que parece imposible cambiar.
 

 Capital migrante

 
“Nos quitan nuestros trabajos y 20 mitos más sobre la inmigración”, es el libro con el que Avi Chomsky intenta desarticular los argumentos de quienes encabezan campañas en contra de los inmigrante (1). Cuestiona el concepto de inmigrante “ilegal” porque contradice la Declaración Universal de Derechos Humanos y porque lo que es legal cambia con el tiempo. En todo caso, hay doce millones de personas sin documentos sólo en Estados Unidos, que están sobre representados en la agricultura, la construcción y los servicios peor remunerados. Seis de cada diez indocumentados provienen de México y casi todos los demás de otros países de América Latina.
 
Detrás y debajo de la inmigración, Chomsky detecta la eterna movilidad del capital: a comienzos del siglo XX los empresarios textiles comenzaron a invertir en el sur de Estados Unidos donde pagaban impuestos y salarios más bajos, los sindicatos eran perseguidos y había subsidios al capital. Luego argumentaban a los trabajadores de sus empresas en el norte del país que “la competencia del sur” socavaba sus empresas por lo que debían reducir salarios y aumentar los ritmos de trabajo (2) Dejaron de invertir en sus fábricas en el norte para cerrarlas definitivamente cuando estuvieron obsoletas.
 
Con los años, esa lógica interna se comenzó a aplicar fuera del país. Primero abrieron plantas en Puerto Rico, México, países centroamericanos y asiáticos. El tercer paso, luego de “modificar las relaciones de trabajo en las fábricas norteamericanas para hacerlas competitivas respecto al tercer Mundo”, fue importar trabajadores latinoamericanos con el argumento de que “los estadounidenses no querían esos empleos”. En realidad los gerentes de las grandes multinacionales comenzaron a reproducir en la metrópoli las condiciones de empleo que existen en los países en desarrollo que pasan, como sucedió en la industria frigorífica, por eliminar a los sindicatos.
 
Esta migración del capital revela que el imperio suele ensayar en su propio territorio y con su propia población, las recetas que luego exporta a sus periferias. Y viceversa. Así sucedió con los pueblos originarios y más recientemente con la “guerra contra las drogas” que se utilizó para derrotar los movimientos negros (ver recuadro).

 La nueva segregación racial

 Los muros invisibles

 
Con el 5 por ciento de la población mundial Estados Unidos tiene el 25 por ciento de los presos del mundo. En la ciudad de Washington tres de cada cuatro jóvenes varones afroamericanos van a pasar parte de sus vidas en la cárcel. Casi 2,4 millones de personas están en las cárceles y otros 5 millones se encuentran bajo sentencia probatoria o libertad condicional. De ellos, 40 por ciento son afroamericanos y 20 por ciento latino, cuando estos grupos constituyen 12 y el 16 por cinto de la población respectivamente.
 
La abogada y activista negra Michelle Alexander, autora de un célebre libro sobre la nueva segregación (3), sostiene que la mayoría de los jóvenes negros en las grandes ciudades de Estados Unidos son “almacenados en las cárceles” porque su trabajo ya no es necesario en la economía globalizada. Luego de haber sido etiquetados como “delincuentes” por pequeños delitos por los cuales no son condenados los blancos, quedan permanentemente atrapados en un estatus de segunda. Habitualmente se sostiene que la discriminación finalizó con las reformas promovidas por el movimiento de los derechos civiles de la década de 1960. Sin embargo, el sistema de justicia utiliza la “guerra contra las drogas” como su principal herramienta para mantener en pie la discriminación. En 2005, de cada cinco detenciones por drogas, cuatro eran por posesión. Sólo una de cada cinco se debía a la venta de drogas. Ocho de cada diez son negros.
 
Alexander defiende la tesis de que las formas de control racial han evolucionado y que el sistema penal y penitenciario juega ahora el mismo papel que la esclavitud. La “guerra contra las drogas” tuvo un impacto devastador en las comunidades afroamericanas, en una escala desproporcionada respecto a las dimensiones de la delincuencia: en menos de tres décadas la población carcelaria se multiplicó por ocho, en su inmensa mayoría por el incremento en las condenas en relación con las drogas, resultando en la tasa más alta de encarcelamiento del mundo.
 
Mientras los estudios muestran que los estadounidenses de diferentes razas consumen drogas ilegales en una proporción similar, la tasa de negros encarcelados por delitos de drogas es hasta cincuenta veces mayor que la de los blancos. En las grandes ciudades hasta el 80 por ciento de los varones afroamericanos tienen antecedentes penales, por lo que forman parte de una nueva casta de marginados que pierden sus derechos.
 
Notas
(1) Haymarket, Chicago, 2011
(2) “Mito 8”, pp. 59-63.
(3) “The new Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness”, The New Press, 2010.
 
Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
 
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El movimiento indígena en el contexto latinoamericano
El análisis del contexto político es una preocupación constante de la CAOI, que el año pasado solicitó a dos intelectuales amigos que escribieran textos que nos ayudaran en esta tarea. Son los artículos de Boaventura de Sousa Santos y Edgardo Lander, que adjuntamos a esta nota.


El III Congreso de la CAOI, que se inaugura en Bogotá, Colombia, tendrá el análisis del contexto regional, continental y global, como uno de los temas de debate. Entregamos en las siguientes líneas un breve resumen de adelanto.


Suramérica y en particular la Región Andina atraviesan por un momento político particular, con gobiernos abiertamente derechistas (Colombia), dos llamados progresistas (Ecuador y Perú) y aquel presidido por un indígena (Bolivia).


En este contexto, el movimiento indígena tiene claro quiénes son sus enemigos: los gobiernos derechistas, pero debe definir una postura clara y firme frente a las administraciones de Rafael Correa y Ollanta Humala, que contradicen su discurso manteniendo la esencia del liberalismo extractivista y reprimen al movimiento indígena, y la de Evo Morales, un hombre llevado al gobierno por el movimiento indígena y que también conserva fuertes rasgos del mismo modelo (exportador de materias primas con la industrias extractivas), habiendo admitido que tiene el gobierno pero no el poder.


Fuera de la Región Andina tenemos el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, que tiende a la polarización y facilita su estigmatización como radical, pero que tampoco rompe con el extractivismo y también reprime al movimiento indígena, al punto de encarcelar a sus dirigentes y provocar que un sacerdote se declare en huelga de hambre.


Asimismo, está el gobierno de Brasil, autoproclamado de izquierda, pero que propicia el avance de ese país como el subimperialismo suramericano, en especial a través de su actitud protagónica en la ejecución de los megaproyectos de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).


¿Cuál es entonces el desafío del movimiento indígena? Primero, identificar nítidamente quién es nuestro enemigo común: el imperio, principalmente norteamericano, pero también de la Unión Europea y de países emergentes como China.


Lo anterior implica la firme voluntad y decisión de forjar la unidad continental del movimiento indígena que proclamamos, superando con el debate y la acción conjunta todo tipo de enfrentamiento. Y también no abrirnos nuevos frentes de lucha con los gobiernos, teniendo claro que esto no significa renunciar a nuestro deber y derecho de fiscalizar y demandar participación en la toma de decisiones políticas.


Hay que insistir: no abrir nuevos frentes sino construir propuestas políticas y hacer política en lo local, lo nacional y luego en lo internacional.


Nuestro objetivo es claro: el Buen Vivir y la transformación de los Estados en Estados Plurinacionales. Porque el Buen Vivir y la verdadera Plurinacionalidad se materializan en políticas públicas interculturales. Para lograrlo no basta con la movilización, necesitamos hacer incidencia, formar alianzas políticas y participar en todos los espacios: debatiendo, proponiendo y convenciendo.


El nivel de participación en los Estados depende de los avances logrados en cada país. En aquellos donde se ha avanzado, Bolivia y Ecuador, hay que defender las conquistas exigiendo su materialización. En los otros, Colombia y Perú, hay que apresurar el paso para acortar el camino.


Estos son los elementos esenciales para definir nuestra postura política como movimiento indígena, teniendo como ejes el Buen Vivir y la Plurinacionalidad para terminar con todo tipo de exclusión, ejercer plenamente nuestros derechos, defender los bienes naturales y la Madre Tierra. Con esta postura debemos llegar al Bicentenario levantando nuestra propuesta de respuesta a la crisis climática y la crisis de la civilización occidental capitalista. Y así lograr la verdadera independencia.

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Viernes, 22 Junio 2012 19:00

Un movimiento construido por soñadores

Un movimiento construido por soñadores

En Estados Unidos hay alrededor de 12 millones de inmigrantes indocumentados, un número mayor que la población total de muchos países del mundo. La cifra incluye a 800.000 jóvenes que ahora probablemente tengan la posibilidad de obtener la residencia legal durante un tiempo limitado, gracias a una orden ejecutiva dictada la semana pasada por el Presidente Barack Obama. En un discurso pronunciado en el Rose Garden, Obama declaró: «Esta mañana la Secretaria Napolitano anunció las nuevas medidas que mi gobierno tomará para mejorar la política de inmigración de nuestro país, para hacerla más equitativa, más eficiente y más justa, en particular para ciertos jóvenes en ocasiones llamados ’soñadores’». Detrás del discurso hay un movimiento por el cambio social construido por millones de personas, cada uno con una historia diferente.
 

Los «soñadores» son personas que viven en Estados Unidos sin documentación legal, a menudo llamados en forma peyorativa «ilegales», aunque llegaron al país durante su infancia y, en algunos casos, cuando eran bebés. Como dijo el Presidente Obama en su discurso: «Son jóvenes que estudian en nuestras escuelas, que juegan en nuestros barrios, son amigos de nuestros hijos, juran lealtad a nuestra bandera. Son estadounidenses de mente y alma, de todos los modos posibles, excepto uno: en los papeles”. Desde hace diez años existe una campaña para que se apruebe una ley en el Congreso que le de a estos jóvenes el estatus de ciudadanos legales a través de un proyecto de ley denominado «DREAM», sigla que en inglés significa: Ley de desarrollo, ayuda y educación para los menores extranjeros.
 

Quienes participan en el movimiento no se consideran «extranjeros». Se autodenominan «estadounidenses indocumentados». Una de las personas que se beneficiará directamente de la decisión de la Casa Blanca es Lorella Praeli, de New Haven, Connecticut y miembro del Comité de Coordinación Nacional de 'United we dream' (Unidos Soñamos). Lorella luchó por la aprobación de una versión de la Ley 'Dream' en Connecticut. El proyecto de ley fue promulgado el año pasado, lo que le permitió a los estudiantes indocumentados acceder a la matrícula especial para los residentes del estado en las universidades públicas. Praeli egresó en 2011 de la Universidad de Quinnipiac, a la que asistió becada.
 

«Sufrí un accidente automovilístico cuando tenía 2 años y medio y como consecuencia de ello me amputaron la pierna derecha. Mi familia y yo procuramos tratamiento en el Hospital Shriners, de modo que durante muchos años viajamos de Perú a Tampa, Florida, donde se encontraba o encuentra el hospital. Cuando tenía 10 años, mi familia decidió mudarse a Connecticut. No sabía que era indocumentada hasta que terminé la secundaria y comencé a enviar solicitudes para ingresar a la universidad. Siempre me habían dicho 'estamos aquí por motivos médicos. Estás aquí para que recibas tratamiento, así que no hay ningún problema'. Y esa historia no sirve cuando solicitas ingresar a una universidad y debes completar el formulario FAFSA, que es la Solicitud Gratuita de Ayuda Federal para Estudiantes, y es preciso tener un número de seguro social. Ahí fue cuando me di cuenta de lo que realmente significaba ser indocumentada y supongo que en ese momento comencé a internalizar lo que significaba ser indocumentada. En aquel entonces me sentía muy sola».
 

La oficina del alcalde de New Haven la invitó a hablar en una conferencia de prensa. Recuerda: «Cuando llegó mi turno de hablar no tenía nada preparado. Me levanté de la silla y dije algo como 'Estoy cansada de ser marginada'. Y esa fue la primera vez que hablé de mi situación en público y creo que cambió mi vida para mejor».
 

A la admisión pública de su situación de indocumentados la llaman «salir del clóset». Otro joven inmigrante, José Antonio Vargas, cuenta que para él fue más difícil admitir públicamente que es indocumentado que reconocer que es homosexual. Llegó de Filipinas a los 12 años para vivir con sus abuelos en California. No supo que era «ilegal» hasta que solicitó su permiso de conducir a los 16 años. Vargas se convirtió en periodista del Washington Post, donde formó parte del equipo ganador del Premio Pulitzer por informar acerca de la masacre de Virginia Tech en 2007. En 2011, luego de haber ocultado su condición de inmigrante indocumentado durante 15 años, Vargas «salió del clóset» en un artículo de la revista dominical del New York Times.
 

Vargas explicó qué fue lo que lo impulsó a tomar la decisión: «Las mentiras se hacían cada vez más grandes y en un momento, al ver a los jóvenes de 'Unidos soñamos' y ver a estos cuatro activistas de Miami que marcharon de Miami a Washington D.C. para luchar por la aprobación de la Ley 'Dream', en la movilización que llamaron el Camino de los Sueños, me sentí un cobarde, me sentí responsable. Y en ese momento decidí que debía hacer algo».
 

Los movimientos –ya sea que se ocupen de los derechos civiles, de los derechos de la comunidad gay o de los inmigrantes– se construyen sobre la base de un sinfín de actos de valor. Al igual que los cuatro estudiantes indocumentados que marcharon de Miami a D.C., o los que ocuparon cuatro oficinas de la campaña de Obama en diversos puntos del país la semana pasada, justo antes de su anuncio, arriesgándose a ser arrestados y, posiblemente, a ser deportados, estos millones de «soñadores» están comprometidos y organizados. Como sostuvo la antropóloga Margaret Mead: «Nunca dudes por un instante que un pequeño grupo de personas conscientes y comprometidas puede cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado».
 


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2012 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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“Nunca hubiera imaginado entrenarme un día en un campo que sirvió antes a mis antiguos adversarios –sonreía, en noviembre de 2007, el coronel francés Pierre Esnault–. El Muro realmente cayó…”. El coronel comandaba en ese momento el Primer Regimiento de Tiradores de Epinal (Vosges, Francia), en ejercicio en Altengrabow, una antigua base soviética situada a 60 kilómetros al sur de Berlín que había funcionado como campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. Abandonados, invadidos por la vegetación, algunos monumentos celebran allí la marcha victoriosa del Ejército Rojo sobre la capital alemana. Con sus interminables filas de cuarteles desafectados que se extienden sobre más de 8 km 2 , este campo, hoy administrado por la Bundeswehr, es el único en Europa que puede servir de teatro a un ejercicio de gran amplitud en un medio urbano.

Aunque habían sido debidamente advertidos, los berlineses –que desde principios de los años ’90 no asisten al espectáculo de una ocupación militar– quedaron estupefactos ante un despliegue tan masivo de soldados franceses: 1.500 hombres, 450 vehículos –un centenar de blindados–, decenas de helicópteros y aviones, destacamentos de fuerzas especiales, de inteligencia militar, e incluso de cinotécnica (perros), enviados durante tres semanas a 900 kilómetros de sus bases en el este de Francia, para librar una “Batalla de Rosenkrug”, que simulaba la recuperación de una importante localidad.

“Arrasar ya no es aceptable”

En Francia, se han multiplicado los ejercicios urbanos en condiciones más reales: 800 militares y 200 carros blindados se desplegaron en abril de 2008 en la ciudad de Sedan, durante una maniobra predominantemente logística que puso el acento en el tratamiento de los heridos, la protección de los convoyes y la evacuación de los residentes, “en correspondencia con los compromisos militares actuales: Kosovo, Afganistán, Costa de Marfil, Líbano”, según señaló el Ministerio de Defensa.

El mes siguiente, la maniobra “Anvil 08”, en el marco de la preparación de la Fuerza de Reacción Rápida de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) puso a 1.500 hombres frente a cuatro edificios de la marina nacional, en las playas y en la ciudad de Fréjus (departamento de Var), para probar la “seguridad y la evacuación de la población ante una amenaza de grupos paramilitares y terroristas”. En 2007, un ejercicio de combate urbano “en tamaño natural”, con 1.200 militares y un importante apoyo aéreo, fue llevado a cabo por la 11ª Brigada Paracaidista en el centro de la ciudad de Cahors, en el departamento de Lot.

A partir de 2005, el “mandato Azur” (Acción en Zona Urbana) impuso a dos grandes brigadas de combate del ejército terrestre francés “reforzar su capacidad para actuar en zonas urbanas, cualquiera sea la intensidad del combate, y al mismo tiempo llevar a cabo operaciones humanitarias en beneficio de la población, ante un adversario cuyo armamento y modos de acción son cambiantes”, una directiva que se extendió, a partir del año pasado, al conjunto de las brigadas, obligadas ahora a familiarizarse con el combate en “zonas habitadas”.

Esta toma de conciencia se apoya en primer lugar en datos demográficos, ya que la población de las ciudades se ha multiplicado por cinco desde el comienzo del siglo pasado. Mas de 280 aglomeraciones del mundo superan el millón de habitantes; y 26 tienen más de siete millones de almas. En 2025 se espera que dos tercios de los ocupantes del planeta sean urbanos; y algunos apuestan a que llegarán al 85% en 2050… Tradicionalmente, las ciudades más grandes concentran los principales poderes (político, económico, social, cultural); conforman una encrucijada de comunicaciones (transporte y telecomunicaciones) y un espacio mediatizado que actúa como una caja de resonancia.

En línea con las guerras mundiales del siglo XX y el conflicto “Este-Oeste”, los ejércitos habían sido diseñados para batallas en llanuras, en terrenos despejados, es decir, vastas extensiones principalmente rurales con “frentes” que se desplazaban según los avances o retrocesos de las unidades de infantería, apoyadas por los carros blindados, la artillería y los cazas aéreos. “Durante los 45 años que siguieron a la rendición de Alemania, señala el general Yves Jacops, ex comandante de la Escuela de Aplicación de la Infantería, generaciones de soldados prepararon la guerra total: el Pacto (de Varsovia) contra la Alianza (Atlántica). La guerra urbana era prácticamente inexistente. En los reglamentos de infantería, se hablaba púdicamente de ‘combate en localidades’” (1).

Cuando la guerra se hacía urbana –como en Berlín en 1944, y más recientemente en Grozni, en Chechenia– el choque de los ejércitos dejaba un terreno y una sociedad devastadas: “¡No vamos a rehacer la batalla de Stalingrado! –afirmaba en un video del Estado Mayor francés un falso ‘general Urbano’, presentado como uno de los ‘padres’ de la reforma ‘Azur’–: Arrasar, como en 1944, ya no es aceptable”.

La situación ha cambiado, explica otro oficial: “Los nuevos modos de acción deben minimizar los daños colaterales. En primer lugar interviene el ejército, para calmar el juego, pero luego debe pasar lo más pronto posible la posta a la policía y a las instituciones civiles: no nos interesa romper lo que mañana a la mañana debemos reconstruir”.

Una nota de la Fundación para la Investigación Estratégica (2) resume: “Durante la Segunda Guerra Mundial, se bombardeaban ciudades enteras (Londres, Dresde); en Vietnam, se focalizaba en un barrio; hoy, en Irak y en los territorios palestinos, se trata de un inmueble, incluso de la ventana de un piso de ese inmueble…” (3).

Nuevo enfoque del campo de batalla

A diferencia de los grandes teatros de batalla de fronteras o de regiones, el espacio urbano es un laberinto con varias dimensiones: los subsuelos (sótanos, cimientos, alcantarillas, playas de estacionamiento, subterráneos, vías subterráneas); las calles, plazas, callejones sin salida; y los edificios de varios pisos, en configuraciones de todo tipo (centros históricos, arterias comerciales, sectores urbanizados, barrios, supermercados, inmuebles de gran altura). Esta maraña le ofrece al beligerante, sobre todo si goza del apoyo de una fracción notable de la población –un rasgo propio de los conflictos “asimétricos” de este momento– una “opacidad protectora” que le permite a un adversario juzgado como más débil, encontrar una ventaja táctica.

En este nuevo enfoque del campo de batalla, la presencia de la población es un dato central, ya que frecuentemente es víctima, pero a veces es actora de los conflictos (por turnos, separada o simultáneamente). En la ciudad, señala el coronel Nicol, “la amenaza viene de todas partes. Cada calle, cada barrio puede convertirse en un microteatro de operaciones. La mayoría de las veces, las unidades están compartimentadas o distribuidas. Usted se encuentra permanentemente en situación de ‘duelo’, cualquiera sea el sistema de armas. Usted debe tratar de ubicar, entre los habitantes, quien está implicado, quien es activo, peligroso, y quien no lo es, lo que resulta delicado. Y siempre está actuando bajo la mirada de los medios…”.

El coronel Pascal Langard, jefe del batallón francés en el seno de la Fuerza de Mantenimiento de la Paz en Kosovo (KFOR), pensaba –tras una nueva serie de incidentes en marzo de 2008, en Mitrovica, Kosovo (4)– que “el combate en el seno de poblaciones es sin duda uno de los más difíciles, porque no puede resumirse en la destrucción del adversario”. Este oficial insiste, como muchos otros, en la “necesidad de controlar la violencia”, una tarea muy compleja, porque dentro de una misma multitud de manifestantes varían las motivaciones, los actos reales y los medios utilizados; la situación misma evoluciona rápidamente, tanto desde el punto de vista del lugar como del tiempo. Este contexto impone “una gran sangre fría, una cohesión perfecta, y una confianza sin fallas en los subordinados” (5).

La preocupación por contener el nivel de violencia, especialmente en los conflictos de tipo insurreccional que terminan en una “guerrilla urbana”, requiere acciones directas, las más de las veces “de contacto”: los militares buscan un “objetivo”, de manera “quirúrgica”. Para el jefe de batallón Charles Arminjon, este tipo de combate “requiere una concentración intelectual muy fuerte”, ya que cada unidad es llamada, generalmente en circunstancias en las que reina el desorden, a desarrollar sus propios métodos y soluciones.

“Es importante –estima el coronel Vincent Pons, jefe de operaciones de la 27ª Brigada de Infantería de Montaña– instalar rápidamente una relación de fuerzas favorable, practicar una integración entre las armas hasta en los escalones más pequeños, y asegurar una significativa protección blindada del personal”. “La guerra urbana es una integración de todos los efectos y sensores”, explica el coronel Didier Leurs, coordinador desde 2007 de esta “política Azur” del ejército de tierra francés. Una acción de este tipo, a menudo sin preaviso, realizada en plazos cortos, con necesidades logísticas multiplicadas, requiere un stock de municiones diez veces más importante que en pleno campo, así como una cantidad suficiente de vehículos blindados, tanto para apoyo como para protección; y, sobre todo, tropas constantemente entrenadas porque “en el espacio de seis meses se pueden olvidar los reflejos y los procedimientos, y perder la capacidad de recibir golpes duros”, agrega un instructor del Centro de Entrenamiento para Acciones en Zona Urbana (Cenzub).

En los Estados Mayores se trata de codificar esta nueva forma de combate en base a las intervenciones de los estadounidenses en Bagdad y en Fallujah, y de los británicos en Basora, en Irak; de los rusos en Grozny en los años 1990; de los europeos en Pristina y Mitrovica, en Kosovo; de los israelíes ante la resistencia palestina… También se mencionan los lejanos recuerdos de la Batalla de Argel, en los años 1960, cuando los “paras” (paracaidistas) franceses del general Marcel Bigeard se enfrentaron con los mujaidines del Frente de Liberación Nacional (FLN), en la casbah.

En el Ministerio de Defensa francés, la secuencia denominada del “hotel Ivoire” en Abiyán (Costa de Marfil) en noviembre de 2004, fue minuciosamente disecada: después del bombardeo a un cuartel de la fuerza Licorne, en Bouaké, y de la destrucción, por orden de París, de la pequeña aviación de caza marfileña, los militares de la operación francesa “Licorne” debieron enfrentar, con medios de guerra, a una multitud hostil. Era un contexto de motín: “Ese día –dice un oficial–, el ejército de tierra no desempeñaba su papel. Gracias a la sangre fría de las unidades desplegadas ante el hotel, hubo un mínimo de víctimas (6). Pero se iba hacia un linchamiento generalizado. Por eso la necesidad, cuando en el lugar no hay personal especializado del tipo ‘gendarmes móviles’, de disponer al menos de unidades de infantería entrenadas en el mantenimiento del orden y equipadas en consecuencia”, con medios de protección y armas de “letalidad reducida” (ALR).

Las operaciones de contra-insurrección en Irlanda del Norte desde los años 1960, y el mantenimiento de la paz en los Balcanes en los años 1990, dieron lugar a “útiles experiencias” para las tropas británicas enviadas estos últimos años a Afganistán e Irak. En Francia se reforzaron los efectivos de las compañías de infantería; ahora las acciones se llevan a cabo en equipos “interarmas”, con apoyo de tanques e ingenieros zapadores, ya que todos los infantes se desplazan bajo blindaje y cada uno dispone de una radio y de un medio de visión nocturna (7). Nuevas armas, hasta ahora reservadas a las fuerzas de seguridad, hacen su aparición en las unidades de infantería. Los equipos individuales “Felin” (Soldado de infantería con Equipo y Enlaces Integrados, según su sigla en francés) llamados “del infante del futuro”, estarán mejor adaptados al combate en las ciudades que los viejos equipos (8).

Para enfrentar los cohetes y los “Improvised Explosive Devices” (IED, aparatos explosivos improvisados), convertidos en un modo de acción corriente de los insurgentes en Irak y en Afganistán, especialmente en zonas urbanas, se instalaron procedimientos reflejos para evitarlos, y se reforzaron los dispositivos de detección. A partir de este año, una parte de los vehículos con delantera blindada (VAB) y de los vehículos blindados ligeros (VBL) dispondrán de visión panorámica, de protecciones blindadas suplementarias y de un armamento teleoperado, con el fin de limitar la exposición de los combatientes en los techos de los vehículos. Las condiciones de empleo en medios urbanos de algunos materiales provenientes de los enfrentamientos de la Guerra Fría –como los tanques pesados tipo Leclerc de 56 toneladas– también fueron repensados, al igual que las técnicas de apoyo cercano por vía aérea, con un empleo privilegiado de helicópteros y –cada vez más– de drones (aviones automatizados sin piloto).

 Mezcla de géneros

El ejército estadounidense, que en estos treinta últimos años intervino más de veinte veces en terreno urbano o periurbano, sólo inició una reflexión estratégica sobre este tema después de la desastrosa operación de Mogadiscio (Somalia, 1993) (9). Desarrolló entonces nuevas técnicas –grupos de combate dispersos, interconexión de los combatientes, geolocalización, drones armados, etc.– y los experimentó durante el ejercicio “Millenium Dragon”, en 2002, en California, y luego en los teatros de operaciones de Irak y Afganistán. Aplicando estas nuevas tácticas, los Marines consideran que pueden reducir notablemente sus pérdidas (10).

El Joint Readiness Training Center (JRTC) de Fort Pol, puesto en servicio en 1993, en Luisiana, se abrió para un entrenamiento interarmas en un marco urbano reconstituido de 56 kilómetros cuadrados que, sin embargo, es considerado por algunos expertos como “minúsculo en relación con lo que implicaría un operativo real”. Y aunque el JRTC incluye no combatientes en el programa de entrenamiento, “esta innovación sólo hace aflorar la complejidad de las operaciones urbanas futuras”, según un ex teniente coronel (11).

El Nacional Training Center de Fort Irwin (California), la mayor instalación en el mundo para entrenamiento de las fuerzas terrestres, “con sus mil millas cuadradas de desafíos” (12) –donde se enseñan las bases del combate clásico en terreno libre– tiene el defecto importante, para este oficial, de quedar “virtualmente vacío de población” y no tomar en cuenta a “los refugiados, los medios de comunicación, los toques de queda, el control de las masas, la administración comunal, las bandas callejeras, las escuelas, los ciudadanos armados, las enfermedades, las pérdidas masivas, la policía, los sitios culturales, los miles de millones de dólares de propiedades, las infraestructuras o la religión”, que son cada vez más corrientes para el combatiente urbano. “El objetivo de mañana, concluye, no será la cumbre de una colina sino que se encontrará en medio de un inmueble, rodeado de no combatientes”.

En el territorio francés, el ejército dispone de una veintena de sitios para maniobras, ejercicios de tiro y simulaciones: 400 unidades se han familiarizado allí en estos últimos años con el combate de tipo urbano, a la escala de una compañía como máximo (de 130 a 170 hombres). Pero el Estado Mayor pone muchas esperanzas en el desarrollo de su Centro de Entrenamiento en zonas urbanas (Cenzub), abierto en 2006 en Sissone (Aisne), porque la extensión en curso permitirá, a partir de 2011, realizar entrenamientos a la escala de un regimiento completo, en condiciones casi reales, con una estructura enteramente dedicada al entrenamiento en combates urbanos, el despliegue de una “fuerza adversa” permanente, del tamaño de una compañía, y la próxima terminación de una ciudad artificial de 3.000 habitantes que reproducirá el conjunto de las condiciones espaciales en las cuales deben actuar los combatientes. Para el coronel Didier Leurs, el Cenzub será entonces el primer establecimiento de su tipo en Europa, con una óptica “a la vez multinacional, interfuerzas y que a más largo plazo asociará a ministerios, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales”.

Los organizadores de estos juegos de rol militares admiten que es difícil reconstituir la amenaza, ya que no sólo es necesario ofrecer un escenario y un entorno creíbles, sino también disponer de personal apto para hacer de enemigos, ya sean militares, milicianos o simples civiles. La simulación, para transportar a los “jugadores”, debe incluir a todos los actores posibles. “Periodistas”, reales o ficticios, pueden ser introducidos en la acción; así se habitúa a los militares a reaccionar ante testigos, a ser acompañados por un equipo de prensa, a responder (o no) a preguntas, etc. También se enseñan a los soldados rudimentos del derecho de los conflictos y, sobre todo, la delicada interpretación de las reglas de compromiso, ya que en una misma ciudad, ante acciones de nivel muy diferente, un soldado podrá abrir el fuego de un lado de la calle, pero no del otro…

Desde el fusilamiento en el hotel Ivoire, el ejército francés envía sistemáticamente a sus operaciones exteriores (“Opex”) una compañía de infantería formada en el “control de multitudes”, una “versión militar del mantenimiento del orden”, analiza el sitio internet Secret Défense (13). A diferencia de los gendarmes –para quienes la intervención armada ante una multitud es un “límite superior” de su gama de misiones–, los soldados no practican el mantenimiento del orden más que en “límite inferior”, como último recurso, con el propósito de limitar la escalada de violencia, y deben estar en condiciones de poder pasar a posiciones de alta intensidad, en caso de necesidad, con recursos más militares: blindados, bulldozers, tiradores de elite, perros, etc.

La revista Fantassins se pregunta, encabezando un dossier sobre el control de masas, “si la utilización de este modo de acción no genera nuevos problemas, como la incitación a enviar impunemente a civiles desarmados en contacto con la fuerza, inhibición en el empleo de armas e incluso un riesgo de exposición a acciones terroristas” (14). La gendarmería móvil francesa, que tiene un estatuto militar, aunque es una fuerza intermedia entre la policía y el ejército, llamada cada vez más a participar en “Opex”, se considera mejor formada para un empleo modulado de la fuerza y para el manejo de las armas no letales (15).

Mientras algunos expertos temen una mezcla de géneros, e invitan a los militares a no equivocarse de oficio, la anexión de la antigua Gendarmería Nacional al Ministerio del Interior de Francia, desde el 1 de enero de 2009, ilustra el “desdibujamiento” creciente de las fronteras entre defensa y seguridad.

Un azar del calendario que se ha convertido en un símbolo: fue un 11 de septiembre de 2001 cuando el primer grupo interarmas del ejército de tierra francés comenzó a entrenarse en el combate urbano…

1 Fantassins, revista de información de la infantería francesa, N° 20, Montpellier, junio de 2007.

2 Michel Asencio, Notes de la FRS (Fundación para la investigación estratégica), París, 2-6-06.

3 Obsérvese que durante la ofensiva israelí en Gaza, en diciembre de 2008-enero de 2009, el “tratamiento” fue mucho menos… “definido”.

4 La violencia siguió a una operación de la policía para desalojar a los serbios que ocupaban dos tribunales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Según la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), 25 policías de la ONU, 8 soldados de la fuerza de la OTAN (Kfor) y 80 serbios resultaron heridos.

5 Terre Information Magazine, París, julio-agosto de 2008.

6 Según la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), la represión de las manifestaciones antifrancesas del 9 de noviembre produjo 63 muertos. El Ministerio francés de Defensa abogó “legítima defensa ampliada” y aceptó un balance de una veintena de marfileños muertos por el ejército francés, entre el 6 y el 9 de noviembre, en el conjunto del territorio marfileño.

7 “Retex azur”, Fantassins, N° 22, junio de 2008.

8 Esta panoplia, que comenzó a distribuirse en algunas unidades, incluye un traje de protección antibalas semi-presurizado, y un sistema individual de transmisión, localización y puntería, todo esto unido al arma.

9 La pérdida de 18 hombres caídos en emboscadas en las calles de la capital somalí, provocó el retiro del contingente estadounidense.

10 Alain de Neve y Joseph Henrotin, “Mythes et réalités du combat urbain”, Red multidisciplinaria de estudios estratégicos, 23-3-03: www.lalibre.be.

11 Teniente coronel Robert R. Leonhard, “Sun Tzu’s bad advice: Urban Warfare in the Information Age”, Army Magazine, Washington, abril de 2003.

12 Casi dos mil seiscientos kilómetros cuadrados.

13 Jean-Dominique Merchet, 30-3-08 (http://secretdefense.blogs.liberation.fr/). En Francia se formaron unas cuarenta unidades para el “control de las masas“, que requieren equipos especiales.

14 Fantassins, abril de 2008.

15 Yves Chevrel y Olivier Masseret, “La gendarmerie, acteur paradoxal de la ‘sécurité intérieure-extérieure’”, Revue internationale et stratégique, N° 59, París, 2005.

Philippe Leymarie
Le Monde diplomatique
Traducción: Lucía Vera
Publicado enInternacional
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