Lunes, 16 Junio 2014 05:53

La apuesta por un mundo multipolar

Evo Morales, Raúl Castro, Nicolás Maduro, José Mujica y otros presidentes destacaron la crisis generada por el neoliberalismo y cuestionaron el rol de los Estados Unidos. La declaración de la cumbre fijó la erradicación de la pobreza como el objetivo central.

"El neoliberalismo ha generado un crisis económica global que empujó a millones de personas hacia la pobreza extrema. Es hora de caminar en otro sentido para construir un orden social más justo", aseguró el presidente de Cuba, Raúl Castro, uno de los jefes de Estado que participó ayer en la jornada de cierre de la cumbre del G-77+China. La representación de los mandatarios latinoamericanos se completó con las palabras del venezolano Nicolás Maduro, el uruguayo José "Pepe" Mujica, el salvadoreño Salvador Sánchez Cerén y el anfitrión, Evo Morales, quienes coincidieron en las críticas al neoliberalismo, a los Estados Unidos y en la necesidad de establecer "un nuevo orden mundial para vivir bien", tal como señala el lema de la convocatoria.


Luego de compartir el Encuentro Plurinacional de los Pueblos el sábado por la tarde, los presidentes latinoamericanos volvieron a mostrar sus coincidencias en el plenario del G-77+China, del que participaron delegaciones de cuatro continentes. "Esta aprobación de la declaración prácticamente es un relanzamiento del grupo más grande de las Naciones Unidas, relanzamiento para que siga trabajando con políticas de complementariedad y solidaridad, con mucha ética, con valores", aseguró Morales durante la reunión extraordinaria convocada con motivo de los 50 años de la fundación del grupo de países en desarrollo, que actualmente alcanzó los 133 miembros.
La Declaración de Santa Cruz, aprobada por los participantes en la Cumbre del G-77+China, establece la e

rradicación de la pobreza como el objetivo central y conductor de la agenda de desarrollo post 2015, que será motivo de discusión el año próximo en la asamblea general de Naciones Unidas. Entre sus 242 puntos se destacan el problema de la desigualdad, los patrones de consumo y producción insostenibles de los países desarrollados y la excesiva orientación al lucro que no respeta al planeta.


El presidente de Bolivia aprovechó la ocasión para revalorizar a Fidel Castro –hermano del actual presidente cubano–, al calificarlo como "el hombre más solidario del mundo". Raúl Castro, en su discurso, acusó a los Estados Unidos por "amenazar con acciones ilegales" a muchos de los pueblos representados en la cumbre y puntualmente trató el caso de Venezuela. "Es objeto de una campaña desestabilizadora basada en los principios de la guerra no convencional que alienta la subversión y la agitación interna", aseguró, y reiteró que Cuba sufre desde hace décadas "atentados, provocaciones y un bloqueo injusto".


Maduro planteó la necesidad de construir "una nueva humanidad" y aseguró que el G-77 es un instrumento para la creación de un mundo "multipolar, pluripolar y multicéntrico, sin imperios, sin hegemonismos, sin sistemas de dominación, ni de amenazas". "Hay que retomar los proyectos del sur, el Banco del Sur para el desarrollo en condiciones justas de un nuevo orden económico internacional. Hay que retomar los proyectos culturales para la independencia cultural", agregó en sintonía con las palabras de Mujica, que centró su discurso en la crítica a la "cultura de la acumulación y el despilfarro".


"Si no cambia la cultura, no cambia nada. Tenemos que terminar con la teoría de la acumulación, propia de un capitalismo que invierte tantos recursos para socavar la vida del planeta", sostuvo Mujica, en una intervención que significó una ruptura conceptual con el consumismo: "Otra humanidad es posible a partir de otros valores. Este enfrentamiento va mucho más allá de la fuerza material. Hemos visto construir las mejores hermosas utopías, los mejores sueños, y hemos visto que el peso sordo de las mercaderías en las aduanas termina destrozando los mejores sueños de solidaridad que los hombres pudimos construir", sentenció.


Por fuera de los presidentes latinoamericanos, la participación del vicepresidente de la Asamblea Popular China fue relevante para la cumbre. Chen Zhu pidió insistir en el principio de responsabilidad común respecto del cambio climático y promover la reforma del sistema financiero internacional.

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Vicepresidente de EU apadrina la cumbre energética de Norteamérica de Goldman Sachs

Fue muy reservada la cumbre energética de Norteamérica del 10 y 11 de junio en Nueva York, patrocinada por el omnipotente banco de inversiones Goldman Sachs (http://www.goldmansachs.com/our-thinking/our-conferences/north-american-energy-summit/) –que provee de recursos humanos al sector financierista de los gobiernos trasatlánticos–, donde se deslizó, lejos de los reflectores acostumbrados, el director entreguista de Pemex, Emilio Lozoya Austin, otro apparatchik itamita, quien participó en un panel deslucido (http://www.alfredojalife.com/north-american-energy-summit/).


Los multimedia de Estados Unidos –ya no se diga los desinformadores del "México neoliberal itamita", con la excepción de algunas notas marginales que espulgué– pasaron deliberadamente por alto la trascendental cumbre energética a la que asistieron el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el secretario de Estado, John Kerry (http://www.ibtimes.com/watch-live-vice-president-biden-delivers-keynote-goldman-energy-summit-new-york-1598280).


David Giambusso reseña que en la cumbre de Goldman Sachs, Biden urgió a inversiones en infraestructura y en energía renovable con el fin de "arrear (sic) el boom (sic) energético de las décadas (sic) por venir" (http://www.capitalnewyork.com/article/city-hall/2014/06/8547001/goldman-summit-biden-urges-investment-infrastructure-and-renewable).

Joe Biden prosigue obstinadamente con el contumaz discurso mendaz y pugnaz sobre la revolución energética de Estados Unidos como la nueva Arabia Saudita del siglo XXI, pese a las aparatosas refutaciones de la EIA (http://www.jornada.unam.mx/2014/05/28/opinion/018o1pol), a menos que el vicepresidente considere ya como expropiadas las pletóricas reservas del "México neoliberal itamita": tanto en las aguas profundas del Golfo de México como en la Cuenca de Burgos y el noreste mexicano, donde la dupla Peña/Videgaray participará como lejana observadora sin capacidad tecnológica ni de vigilancia, ni física ni contable.

 


Joe Biden emitió la aburrida arenga transformadora de la propaganda de la dupla Peña/Videgaray que convertirá a Estados Unidos (nota: ¡no a México!) en una superpotencia (¡supersic!) energética, cuando Estados Unidos se encuentra –que no México– en medio de una transformación (sic) energética que literalmente está cambiando el mundo.


Estados Unidos debe invertir sincrónicamente en la infraestructura que ha quedado rezagada y Joe Biden advirtió que específicamente la infraestructura del gas natural (léase: gasoductos y terminales para su licuación) necesitaba reparaciones, así como triplicar la presente tasa de inversión.


El polémico vicepresidente –que acaba de agraviar a los alemanes como xenófobos– exultó que Estados Unidos es "el principal exportador de productos del petróleo –nota: de elevado valor agregado– y el mayor productor de gas natural", además de que la administración Obama ha triplicado la energía eólica y ha incrementado más de 10 veces la energía solar.


Joe Biden no está actualizado de los estrujantes desmentidos de la EIA que podaron en 96 por ciento las cuentas alegres sobre las reservas del yacimiento Monterey, que hubiera abastecido con dos terceras partes el total de extracción del gas shale (esquisto/lutita/grisú/bituminoso/pizarra) de Estados Unidos, y alardea que el boom del shale gas estadunidense ha apaciguado los mercados foráneos, donde la menor demanda de Estados Unidos ha dado mayores opciones de combustible fuera de Rusia y la OPEP a las empresas europeas y asiáticas.


La cosmogonía ultrarreduccionista de Joe Biden extrapola desde el vacío que la suficiencia (¡supersic!) energética de Estados Unidos incrementa su habilidad para influir en los eventos en el mundo y reduce la habilidad de algunos países de usar a la energía como arma. ¡Ajá! Aconsejó a los banqueros apostar en el carbón cuando Obama acaba de anunciar parámetros para restringir su emisión, mientras advertía sobre el riesgo de que Estados Unidos importe energía renovable.


Maria Galucci, de International Business Times, reporta su visión de la cumbre muy reservada y coloca en relieve la apuesta de Joe Biden en la energía limpia debido al impacto del cambio climático cuando "el boom energético debe ser visto como una transición (sic) no sólo hacia una mayor independencia energética, sino también en energía renovable" (http://www.ibtimes.com/biden-speech-highlights-paradox-all-above-energy-strategy-celebrating-oil-gas-calling-1598784).


Desde luego que la independencia energética de Estados Unidos pasa por la dependencia del "México neoliberal itamita" bajo el esquema de seguridad energética de Norteamérica, próxima a ser colocada bajo el paraguas militar del Comando Norte (NorthCom).


Ya expuse que los infogramas de Goldman Sachs demuestran que el principal sostén de Norteamérica provendrá de las pletóricas reservas de hidrocarburos del "México neoliberal itamita" (http://www.jornada.unam.mx/2014/06/11/politica/018o1pol?partner=rss).

Maria Galucci reporta que la cumbre de Goldman Sachs congregó a la " crème de la crème" de los sectores público y privado de Estados Unidos/Canadá/México (Norteamérica), cuando los tres países han creado una relación comercial de un millón de millones de dólares (un trillón en anglosajón) y su cooperación (¡supersic!) en energía crece cada día más íntimamente (sic), con algunos escollos como es el caso del oleo/gasoducto Keystone XL de Canadá. Joe Biden no exhibió ningún escollo del lado del sumiso "México neoliberal itamita".

Dejo de lado los megaescándalos del mancillado Goldman Sachs, que se dispone a tomar el lugar de otros bancos de inversiones para crear la especulativa burbuja financierista en el "México neoliberal itamita", tanto en las aguas profundas del Golfo de México como con el shale gas del noreste mexicano.


¿Asistió a la cumbre de marras y amarres el mayor banco inversionista del mundo Black Rock, que preside el israelí-estadunidense Larry Fink (http://www.jornada.unam.mx/2013/12/11/opinion/026o1pol)?


El tropismo energético/gasero del clan Biden es proverbial: Hunker, hijo del controvertido vicepresidente, es copropietario de la principal gasera privada de Ucrania (http://rt.com/business/158660-biden-son-ukraine-company/).


Antes del espíritu de Toluca, donde Obama selló con Peña la seguridad energética de Norteamérica, Joe Biden –en forma insólita contraviniendo la verticalidad del protocolo– se había reunido con Videgaray (http://es.scribd.com/doc/192136282/Biden-Videgaray), mientras Emilio Lozoya Austin, miembro del Instituto México (sic) del Wilson Center/ITAM (apadrinado por el Departamento de Estado), recibía instrucciones de Condy Rice (http://www.jornada.unam.mx/2013/07/31/politica/020o1pol), directiva de Chevron, ex secretaria de Estado y ex asesora de Seguridad Nacional de Baby Bush (http://es.scribd.com/doc/190772672/CRice1).


¿Cuál es la dimensión geopolítica de la cumbre energética de Norteamérica?

 

Mediante las pletóricas reservas de sus dos vecinos sumisos, México y Canadá, y bajo la metáfora de Norteamérica diseñada para cándidos, Estados Unidos responde así al histórico acuerdo gasero de Rusia y China (http://www.jornada.unam.mx/2014/05/25/opinion/012o1pol), que asienta un nuevo orden geoestratégico tripolar: Estados Unidos, Rusia y China.


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La ley ha sido en Colombia un elemento generador de miedo, no de respeto y civilidad. Miedo a ser empapelado jurídicamente, miedo a ser juzgado, miedo a que justamente la ley se imponga sobre la conciencia individual y social.


Digámoslo francamente: si Colombia fuera un país verdaderamente democrático (no formalmente), si Colombia fuera un país maduro y adulto, lo que hemos presenciado en días pasados no debería suceder y el desenlace de los acontecimientos hubieran sido muy otros.


Hagamos un pequeño experimento mental: supongamos que existe un país en el que existe dos candidatos presidenciales que pasan a segunda vuelta. Antes de la primera vuelta y entre la primera y la segunda, uno de los candidatos es pillado en un video —publicado sin editar por el más prestigioso e institucionalista de los periódicos— y antes por la más independiente de las revistas. En ese video el candidato viola la institucionalidad, se ve que quiere desbaratar el más importante de todos los proyectos nacionales hasta la fecha. Digamos caprichosamente que se trata de la firma de la paz, en un país con más de 50 años de conflicto armado y social.

El candidato se ve distensionado y todo apunta que no hay ninguna casualidad en el video. A los pocos días, varios asesores de seguridad que trabajan para la campaña denuncian que el candidato a la presidencia sabía de absolutamente todas las irregularidades —militares políticas, y de seguridad—. Es más, hasta uno de los hijos del candidato sale igualmente mal librado.


En este experimento mental, el candidato aparece en la primera rueda de prensa con el abogado más prestigioso defensor de todas las posturas ultraderechistas del país, conocedor de las triquiñuelas jurídicas más escabrosas. Un personaje estéticamente horripilante (un buen motivo para cualquier caricaturista).


El punto es: si Colombia fuera un país verdadero —a la manera, por ejemplo, de las grandes democracias en el mundo, el candidato en cuestión habría debido renunciar. La sociedad se habría levantado contra el mismo. Lo mejor de las instituciones lo habrían recusado, y muy seguramente claudica a sus aspiraciones políticas. Sería, en una palabra: su muerte política.


Por algo mucho menos grave cayó fulminantemente Richard Nixon en el escándalo del Watergate. Por algo mucho menos grave el capitán y los altos oficiales de un navío en Corea del Sur serán juzgados de manera taxativa y el que menos tendrá una pena de 40 años. Por mucho menos, Silvio Berlusconi fue juzgado y cayó prisionero. Así, numerosos otros casos pueden ser aportados.


Eso sucede en países en donde existe una conciencia social e institucional, cultural e individual altamente política, con elevados estándares éticos, con un sentido de la dignidad propia notable.


Pero en Colombia, desde Santander y Bolívar hasta la fecha, el derecho es un arma de restricción y castigo, de privilegio y poder antes que de liberación. Nunca, históricamente, en el país ha sucedido que nadie esté por encima de la ley. La ley, como se dice desde la Colonia (si no antes), es para los de ruana. Bolívar fue perseguido y despreciado, y en lo sucesivo ganó e imperó el santanderismo. Esto es, el leguleyismo. Colombia jamás ha alcanzado un grado de conciencia ética y política debido al imperio del derecho y de la ley.


Todo parece ser que es efectivamente un axioma: los pueblos y las sociedades se merecen los dirigentes que tienen. Zuluaga y Uribe son el resultado de lo que este país se merece —y es—. Dramático, patético. Trágico.


Desde luego que hay razones suficientes que explican el muy bajo nivel político de los colombianos. Entre ellas se destaca el hecho de que la política ha sido cooptada por la microeconomía y, socialmente, en la lucha por la subsistencia. También está el hecho de que la oposición y la independencia han sido histórica y sistemáticamente castigadas y eliminadas en la historia nacional. El sistema jamás perdona la libertad y la independencia. Por el contrario, el sistema premia la lealtad y la fidelidad. Atadura contra autonomía, compromiso contra sentido crítico.


El derecho es una de las principales razones de la violencia en este país, y de las injusticias y vicios de toda índole. Por encima de la ética y la política. "Hecha la ley, hecha la trampa", es una de las primeras enseñanzas que recibe cualquier estudiante de derecho en Colombia.


La ley ha sido en Colombia un elemento generador de miedo, no de respeto y civilidad. Miedo a ser empapelado jurídicamente, miedo a ser juzgado, miedo a que justamente la ley se imponga sobre la conciencia individual y social. O sobre la ética, como es siempre el caso.


Los periodistas se autoeditan y se autolimitan, por consiguiente, como consecuencia al miedo a la ley. Los médicos se inventan el consentimiento informado por prevención a una demanda. Y los bancos obligan a firmar documentos en blanco que pueden ser usados después en contra de los clientes o usuarios si llega a ser necesario. Y así, en numerosos casos de la vida nacional


Lamentablemente, Santander ha matado a Bolívar, y el santanderismo ha imperado sobre el llamado a la decencia o la independencia, la ira o la dignidad. Todo lo demás es anécdota y tragedia.


Nada político le sucederá a Zuluaga hasta que la ley no obre primero. En Colombia, la política y la ética van a la seguidilla del derecho y la ley. Un caso patológico único en el mundo.


Si Colombia fuera un país serio y maduro, independiente y crítico, la prensa y la institucionalidad, la sociedad y los individuos, la cultura y el decoro habrían imperado. Y luego, claro, hubiera venido la instancia jurídica o judicial. Pero no es este el caso.


Este es el país que ha tocado las puertas a la OCDE, el Club de las Buenas Costumbres y Prácticas, como las ha llamado el candidato–presidente Santos. Debe ser deseable que la política y la ética tomen la delantera sobre la marrullería, la retórica y el miedo a la ley. Bueno, eso es justamente lo que todos los que votemos el domingo decidiremos. Por lo menos, con la paz, se trata del comienzo, eventual, de que el derecho no mate a la política.

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Venezuela: para que haya paz, poder al pueblo

Desde hace un año, diferentes acciones impulsadas por amplios sectores del pueblo de a pie y acompañadas por Maduro vienen a confirmar el rumbo estratégico asumido por la Revolución Bolivariana. En el marco de una coyuntura compleja -marcada por el intento golpista de la ultraderecha-, millones de personas se proponen continuar el legado de Chávez, en un momento clave para América Latina y el Caribe. Es Comuna o nada.


No sólo Venezuela está pendiente de las circunstancias que enfrentan abiertamente a los dos proyectos en disputa: el de construcción del socialismo bolivariano, basado en la democracia participativa y protagónica; o el de restauración de un capitalismo completamente subordinado a las trasnacionales, que implica al mismo tiempo la vuelta al poder de los sectores dominantes durante el Pacto de Punto Fijo. Es que el resultado de este partido tendrá impacto en todo el continente.


Un triunfo del chavismo empujará con más fuerza la integración entre los pueblos. Estados Unidos, por el contrario, intenta garantizarse las mayores reservas de petróleo del mundo, pero además terminar con el mal ejemplo que supone un pueblo que se organiza y percibe que tiene crecientes cuotas de poder político en la sociedad. Paradójicamente, este es uno de los elementos más desconocidos fuera del país, aunque le aporta la mayor radicalidad al proceso venezolano.


Un oído en el pueblo, para entender el proceso


Acostumbrados a mirar exclusivamente hacia arriba, a derecha o izquierda se hacen análisis de la situación de Venezuela donde el gran ausente es el protagonista principal, aquel que "se acrece en las dificultades", como lo muestra la historia reciente del país, al menos desde el contragolpe popular de abril de 2002.


A pesar de este ninguneo internacional, es allí donde se encuentra la causa de la resistencia prolongada, ante una ofensiva que incluye ataques de todo tipo, desde la utilización de francotiradores como "apoyo" de manifestantes identificados con la etiqueta de estudiantes pacíficos –que sin embargo asesinan personas con alambres e incendian autobuses y universidades- hasta la agresiva diplomacia del Departamento de Estado. Todo suficientemente cubierto por las matrices de los medios hegemónicos, capaces de penetrar a escala planetaria en la mayoría de las conciencias, incluso de las gentes que creen estar informadas por leer las tapas de los grandes periódicos. No es casual, en este contexto, que la construcción de las Comunas no ingrese en "la agenda", que condiciona lo decible sobre la Revolución Bolivariana.
Por eso el tema tampoco es asumido por medios progresistas o de izquierda, que en la mayoría de los casos reducen el proceso revolucionario a lo que sucede a nivel de gobierno, sin observar la profundidad de algunas propuestas que involucran al Estado -desde ya- pero en interacción dialéctica con las organizaciones de base.


Este proceso hunde sus raíces en el programa de gobierno vigente (el Plan de la Patria 2013-2019) y en el Golpe de Timón de Chávez, que plantea la necesidad de avanzar hacia el Estado comunal, con el objetivo de superar el Estado liberal burgués.


En los últimos doce meses, más de 630 comunas han sido registradas por el Estado en transición. Muchas otras se encuentran en construcción, con el horizonte de consolidar 3 mil en los próximos seis años. Esta novedosa forma jurídico política de nuevo tipo recoge la tozuda aspiración del pueblo de avanzar en el autogobierno, en vínculo con organismos del gobierno central y no pocas veces con indiferencia -o con la sorda oposición- de los niveles intermedios, gobernaciones o alcaldías, incluso las chavistas.


Así es que en medio de las guarimbas, que tanta prensa han recogido a nivel mundial, distintos acontecimientos indican que por abajo crece el poder popular. Por lo dicho, este es un dato insoslayable para comprender qué está pasando. Y también para proyectar de qué le sirve al resto de los pueblos que la heterodoxa experiencia bolivariana continúe resistiendo

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Organizarse para ser libres


En marzo, mientras el gobierno impulsaba Conferencias de Paz con distintos sectores, unos 300 delegadas y delegados comuneros se reunieron en Las Casitas, Estado Zulia, a debatir un plan de acción para profundizar la organización popular.


Dos meses después, el 17 de mayo, cerca de 20 mil personas colmaron el Poliedro de Caracas para encontrarse con el ministro de Comunas, Reinaldo Iturriza y con el presidente Nicolás Maduro. Allí presentaron los acuerdos de Las Casitas, que incluyeron propuestas en temas políticos, económicos y comunicacionales hacia la paz y la convivencia.


La jornada llevó el nombre de "Comunas productivas hacia la ofensiva económica por la paz y por la vida" e hizo hincapié en el aporte que la organización comunal puede hacer a la superación del modelo rentista petrolero. Un modelo caracterizado por importar la mayoría de los bienes básicos -entre ellos, los alimentos- y por lo tanto débil ante la guerra económica, el arma más importante de los sectores interesados en derrocar al gobierno.


Los comuneros y las comuneras destacaron el trabajo realizado por el ministro Iturriza y propusieron "avanzar en el encadenamiento productivo, mediante la construcción de redes socioproductivas a partir de la unidad nacional de las comunas".


También pidieron a Maduro que continúe "resteado" con las comunas y celebraron la resistencia ante las protestas violentas, inexistentes en los barrios populares. "Este pueblo comunero se hace respetar con organización, ética y alegría", dijeron, para señalar la ofensiva mediática contra la Revolución Bolivariana. "Las empresas privadas de comunicación se han encargado de potenciar una matriz alejada de nuestra realidad. (...) Medios de comunicación: vengan a nuestras comunidades y digan la verdad".


Siguiendo a Chávez, recordaron que "para que haya paz, debe darse poder al pueblo. Ni en esta Patria ni en ninguna otra habrá paz si se mantiene el sistema capitalista".

.Potenciar la unidad comunal


Además de anunciar la transferencia de recursos para la economía comunitaria, Maduro levantó la apuesta y propuso crear un Consejo de Gobierno Comunal, que agrupe a los organismos de autogobierno a nivel nacional y tenga interlocución directa con Presidencia.


"Ustedes me hacen las propuestas, yo las articulo con las políticas y me hacen llegar las críticas de las fallas que tiene el Gobierno Bolivariano. ¡Que viva la crítica popular! Aprendamos a alimentarnos de la crítica. No le tengamos miedo a la verdad, ese es el método de Hugo Chávez", dijo el presidente entre muchos aplausos.


En este mes que comienza -y que se anuncia como de suma importancia, ante otros escenarios de desestabilización-, se realizarán nuevos encuentros. Uno de ellos será "La fiesta de los saberes comunales", que se está desarrollando estos días en Caracas, para intercambiar y mostrar el conocimiento presente en la organización social. De acuerdo a lo expresado por el ministro Iturriza, el desafío es "crear las condiciones para que no dependamos en ninguno de los momentos del ciclo productivo del capitalismo". Tamaño desafío. Por ahí andan los debates del pueblo venezolano, bajo acecho, pero insistiendo en la construcción del socialismo.

Por Fernando Vicente Prieto, desde Caracas – @FVicentePrieto
Artículo publicado en Notas.org.ar el 6 de junio de 2014 (http://notas.org.ar/venezuela-para-que-haya-paz-poder-al-pueblo/)

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Domingo, 08 Junio 2014 05:53

El juego geopolítico ruso-chino

El juego geopolítico ruso-chino

Los gobiernos, los políticos y los medios en el mundo occidental parecen incapaces de entender los juegos geopolíticos que juegue alguien situado en cualquier otra parte. Sus análisis en torno al nuevo acuerdo proclamado por Rusia y China son un pasmoso ejemplo de esto.
El 16 de mayo, Rusia y China anunciaron que habían firmado un tratado de amistad que durará por siempre, pero que no es una alianza militar. Simultáneamente anunciaron uno sobre gas, en el que ambos países construirán un gasoducto para exportar gas ruso a China. China prestará a Rusia el dinero para que pueda construir su parte del gasoducto. Parece que Gazprom (principal productor de gas y petróleo en Rusia) hizo algunas concesiones en el precio a China, punto que había estado deteniendo el acuerdo por algún tiempo.

Si uno lee los medios del 15 de mayo, están llenos de artículos que explican por qué un acuerdo así sería poco probable. Al día siguiente, cuando sin embargo se concretó el acuerdo, los gobiernos de Occidente, los políticos y los medios se dividieron entre quienes pensaron que era una victoria geopolítica del presidente ruso Vladimir Putin (y lo deploraron) y aquellos que argumentaron que esto no haría mucha diferencia geopolítica.


Es bastante claro, a partir de las discusiones y los votos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante los últimos años, que Rusia y China comparten una aversión por las varias propuestas puestas a consideración por Estados Unidos (y con frecuencia secundadas por varios países europeos) para autorizar el involucramiento directo en la lucha civil en Ucrania y en los múltiples conflictos en Medio Oriente (lo que abriría en última instancia el camino a un involucramiento militar).


Las sanciones unilaterales que Estados Unidos impuso a Rusia debido a su presunto comportamiento en Ucrania y la amenaza de más sanciones sin duda han apresurado el deseo de Rusia por encontrar salidas adicionales para su gas y petróleo. Y esto, a su vez, condujo a hablar mucho de una revivida Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos. Pero ¿es esto en realidad el punto central del nuevo acuerdo de Rusia y China?
A mí me parece que ambos países están realmente interesados en una restructuración diferente de las alianzas entre los Estados. Lo que Rusia busca en realidad es un acuerdo con Alemania. Y lo que China realmente busca es un acuerdo con Estados Unidos. Y su táctica es anunciar esta alianza para siempre entre ellos.


Alemania claramente está dividida acerca de la perspectiva de incluir a Rusia en una esfera europea. La ventaja de Alemania en un arreglo así sería consolidar su base de consumidores en Rusia para su producción, garantizar sus necesidades energéticas e incorporar la fuerza militar rusa a su planeación global de largo plazo. Dado que esto haría inevitable la creación de una Europa post-OTAN, existe oposición a la idea no sólo en Alemania, sino por supuesto en Polonia y en los Estados bálticos. Desde el punto de vista de Rusia, el objetivo del tratado de amistad Rusia-China es fortalecer la posición de aquellos en Alemania favorables a trabajar con Rusia.


China, por otra parte, está fundamentalmente interesada en domar a Estados Unidos y reducir su papel en Asia oriental, pero dicho esto quiere reforzar, no debilitar, sus vínculos con Estados Unidos. China busca invertir en Estados Unidos a tasas de ganga y piensa que ahora es la oportunidad. Quiere que Estados Unidos acepte su emergencia como potencia regional dominante en Asia oriental y sudoriental. Y quiere que Estados Unidos utilice su influencia para evitar que Japón y Corea del Sur se conviertan en potencias nucleares.


Por supuesto que lo que China quiere no está en consonancia con el lenguaje ideológico que prevalece en Estados Unidos. Sin embargo, parece haber dentro de Estados Unidos un respaldo callado para una evolución de las alianzas, especialmente al interior de las principales estructuras corporativas. Justo como Rusia quiere utilizar el tratado de amistad para dar aliento a que ciertos grupos en Alemania se muevan en la dirección que les parece más útil, así China busca hacer lo mismo en Estados Unidos.


¿Funcionarán estos juegos geopolíticos? Posiblemente, pero no hay la certeza, para nada. No obstante, desde la perspectiva de Rusia y China, tienen todo qué ganar y muy poco qué perder con esta táctica. La cuestión real es cómo evolucionará en el futuro cercano el debate interno en Alemania y en Estados Unidos. Y en cuanto al argumento de que el mundo está regresando a la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, piensen que este argumento es sólo la contratáctica de aquellos que entienden el juego que están jugando Rusia y China e intentan contrarrestarlo.


Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

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Sábado, 07 Junio 2014 06:52

¿Fin de los tiempos?

¿Fin de los tiempos?

Desde hace unos cuantos años una franja considerable de la intelectualidad europea comenzó, una vez más, a percibir los tiempos que corren bajo la lente de un relato del fin: una visión que augura no sólo el límite de una época, sino el límite de un mundo que había evitado, hasta la fecha, catástrofes y cismas que mermaran sus bases mismas. No se trata, esta vez, de un par de voces aisladas, sino de un cuantioso número de pensadores destacados que provienen de las más diversas filiaciones: Agamben, Rosa, Beck, Zizek, etcétera. No es, por supuesto, una narrativa nueva ni mucho menos. La aparición y reaparición cíclica de un tono cuasi apocalíptico en la filosofía (así lo llamó Jacques Derrida en 1982 en un artículo célebre) es una de las características centrales de la cultura europea desde sus orígenes modernos en el siglo XVI.


Es fácil descartar la idea del fin de los tiempos, sobre todo si se presenta en la envoltura de Holywood (la cinematografía del ecoterror, el tec¬noapocalipsis, los biodesastres o las profecías milenarias, llámense Anticristo o ciclo maya). Basta con decir, no obstante... el mundo sigue ahí. Sin embargo, el asunto es visiblemente más complejo. En pleno Renacimiento, la retórica del Juicio Final, que se remonta a la Biblia misma, cobró una intensidad inusitada en todos los niveles de la sociedad europea. Reinhart Koselleck mostró en sus estudios sobre la historia del tiempo, cómo la gente vivía cotidianamente ante el umbral del miedo, a la espera de la llegada del Anticristo. Su explicación es polémica, no por ello despreciable: la división de la Iglesia cristiana, entre católicos y protestantes, trajo una súbita pérdida de poder en la institución más poderosa de la época, el Vaticano. El Papa estaba convencido que Lutero encarnaba al Anticristo, y Lutero, a su vez, creía plenamente que el Papa representaba esa señal del fin. Esa pérdida se tradujo en una intensificación del relato apocalíptico, que, entre otras cosas, movilizó los órdenes simbólicos que mantuvieron una guerra de cien años. No es que el fin del mundo llegara, dice Koselleck, lo que llegó fue el fin del antiguo régimen medieval.


La idea del tiempo obra en los dominios de la subjetividad social. Pero es en estos dominios donde se deciden los principios de certidumbre/incertidumbre que consolidan o disuelven los lazos de una sociedad. Y esto, obviamente, importa.


En La nacionalización de las masas, libro imprescindible, George L. Mosse recorre la forma en que el fascismo alemán, que resultó de una implosión de poder del antiguo Reich, provocada por el colapso de la República de Weimar y la crisis de 1929, basó su estrategia de arrastre en las narrativas del fin de los tiempos. Incluso Hannah Arendt se sorprende de su eficacia: Nadie amenazaba a Alemania en 1933 y, sin embargo, el nazismo logró que la gente se sintiera efectivamente amenazada. La opción, en ese delirio, era entonces: morir o pelear.


Hace poco, en 2001, vivimos una escena cuasiapocalíptica después del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York. Esa suerte de semiestado de excepción que la administración de Bush impuso a la sociedad estadunidense sólo podía ser fruto del diluvio mediático sobre la amenaza que representaba el terrorismo. Una extraña amenaza, que nunca volvió a amenazar efectivamente a Estados Unidos en su territorio.

 

Habría acaso que pensar, siguiendo el hilo de Koselleck, si la gradual pérdida de poder y legitimidad de Estados Unidos en la escena mundial, así como las insuperables dificultades que enfrenta la unificación europea, no se hallan en el fondo de esa nueva percepción agónica del mundo-que-viene. Pero hay un fenómeno nuevo que no habría que descartar. Se puede formular con una pregunta. Después de 1989, el capitalismo global cobró un ímpetu hegemónico como nunca en su historia. ¿Cómo es que esta hegemonía no se ha traducido en nuevas utopías –como la utopía liberal del fin de la historia–, sino en un cúmulo de visiones distópicas del futuro?


Hay una célebre frase en Marx que podría abonar a la interpretación de este fenómeno. En la maquinaria sublime de operación de la sociedad de mercado, todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres al fin, se ven forzados a considerar sus condiciones reales de existencia y sus relaciones recíprocas. Y el último objeto de profanación de la efervescente labor del mercado es, precisamente, el orden que establece al mercado. Una auténtica historia gótica. El capitalismo se de-simboliza con su propia labor de expansión. No hay que olvidar que lo real es aquí parte del horror: el trabajo muerto, el grado cero del símbolo.


¿Cuáles son esas condiciones de existencia en la actualidad? Sólo menciono dos que muchos autores destacan.


a) La crisis ecológica. Ha llegado el punto en que la contradicción entre los recursos existentes y la maquinaria de reproducción industrial parecen haber alcanzado un límite. Sobre todo en la esfera de los hidrocarburos. Pero más de la quinta parte de todo el embalaje industrial está dedicado al automóvil (acero, plásticos, vidrio, carreteras, etcétera).


b) La necropolítica. Un fenómeno estudiado por Luis Arizmendi y otros: el capitalismo necesita destruir capital, vidas y bienes para mantener su ciclo vital. Despoblamiento violento de zonas, desempleados engrosando ejércitos, metamorfosis de economías en¬teras. ¿Dónde irá a parar el 15 por ciento de desempleados europeos propiciados por la digitalización de la producción? Antes la solución eran guerras. ¿Y hoy?

Tal vez no sea el fin de los tiempos, pero es muy probable que se trate del ocaso del mundo que surgió en 1989.

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De derechos humanos y equidades geopolíticas

ALAI AMLATINA, 06/06/2014.- Para afianzar los compromisos hemisféricos sobre derechos humanos, reforzar las condiciones para su integral realización y ampliar los alcances de su cumplimiento, los países de la UNASUR han emprendido un proceso propositivo de fortalecimiento del Sistema Interamericano de Derechos Humanos --SIDH-, que incluye, por un lado, la concordancia de contenidos y metodologías con los tiempos y contexto de la región, y por otro, la universalización, que implica la paridad de las reglas del juego para todos los países miembros.
Los derechos humanos, concebidos en la segunda mitad del siglo pasado, para certificar la dignidad de la persona, han ganado una significativa evolución conceptual, en la medida en que se ha evidenciado que la experiencia de 'dignidad ', además del respeto a individualidades, sólo puede hacerse realidad con la confluencia de un conjunto de condiciones socioeconómicas, culturales y de los modos de gestionar la vida colectiva.


Desde esa perspectiva, que es parte del bagaje conceptual universal desde hace varias décadas, los derechos civiles y políticos, que fueron el leitmotif de los mecanismos hemisféricos, son ahora apenas una fracción de un amplio universo de derechos, cuyos nuevos alcances comprenden profusas intersecciones entre una heterogeneidad de condiciones. Nuevos elementos caracterizan la identificación de los sujetos de derechos individuales, que se reclaman ahora de un mosaico identitario en el que convergen condiciones de clase, etnia, identidad genérica y sexual, y otras. Asimismo, los sujetos de derechos colectivos tienen nuevos escenarios y condiciones, como son las provenientes de la globalización, que se expresan por ejemplo en la masificación de la movilidad humana.

Pero también hay novedades en las esferas desde donde se ejerce el poder y en la emergencia de remozados actores de dominación, tales como las transnacionales y los poderes fácticos que, en la mayoría de casos, actúan por encima de los Estados. Las relaciones de poder instauradas por el sector corporativo y financiero, son un ejemplo del carácter extraterritorial de una perspectiva que prioriza los 'derechos' del capital por encima de los humanos y coloca al mismo nivel los intereses corporativos y los nacionales.


En estas relaciones de poder los Estados del Sur son apenas actores de tercer rango, ejecutores de papeles asignados por poderes extraterritoriales, o intermediarios de unas relaciones 'independientes' que las corporaciones establecen con los 'individuos', sea como empleados, consumidores u otros.


Ese tipo situaciones son también evidentes en la omnipresencia de poderes fácticos, que actúan como censores políticos de las decisiones nacionales, sea a través de estrategias mediáticas y/o de una combinación entre estas y acciones beligerantes sostenidas, levantadas en casos por actores "anónimos". Son parte de esos poderes facticos las articulaciones ultraconservadoras, también transnacionales, que ponen en jaque la vigencia de ciertos derechos de las mujeres o de la diversidad sexual, procurando imponerse, muchas veces, a través de mecanismos de poder extra institucionales.


Pero si estos ejemplos ilustran sobre la actuación transnacional de los 'nuevos' poderes, nada exhibe más fehacientemente los recientes escenarios de vulneración de los derechos humanos, como las evidencias que resultan del entronque entre el control de los sistemas comunicacionales, las 'armas de vigilancia masiva' y la 'seguridad', donde el monumental monopolio de las infraestructuras comunicacionales, del hardware y del software, redunda en un impensable e impune control empresarial sobre las personas, las colectividades y países.


Esas mismas dinámicas se expresan en las relaciones de poder geopolítico y geoeconómico, donde los países sede de las corporaciones consiguen ventajas para presionar, influir e imponer intereses coligados, para lograr que las compañías establezcan sus propios criterios, mantengan sus propios mecanismos privados de seguridad, sus modos propios de contratación laboral, y otras actuaciones adversas a los derechos humanos y a las legislaciones de los países.


No obstante, a pesar del peso del sector transnacional y de los poderes fácticos en las nuevas relaciones de poder, está aún pendiente el establecimiento de un mecanismo que establezca sus responsabilidades frente a las vulneraciones de los derechos humanos que cometen.
Compete a los Estados, como únicos garantes de los derechos, delinear una institucionalidad y unas reglas del juego atentas a la universalidad de los derechos y los intereses de sus pueblos. De ahí que la propuesta de la UNASUR, liderada por Ecuador, enfatiza tanto en la soberanía como en la integralidad de los derechos --civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y al desarrollo-, subraya su interdependencia y su carácter indivisible, para visualizar desde allí la necesidad de actualizar la perspectiva conceptual de los derechos humanos, renovar las metodologías para su implementación y multiplicar los escenarios propicios para su cumplimiento [1].


Se trata, simplemente, de que cada instancia del Sistema de Derechos Humanos cumpla con sus atribuciones y haga lo que tiene que hacer, para lo cual, según el planteo ecuatoriano, es momento de afinar las reglas del juego, para hacerlas más transparentes y equitativas, sin sesgos ni patronajes. Estos últimos criterios aplican también al financiamiento, para que responda a canales institucionales, evitando cualquier desliz hacia la influencia del dinero sobre las prioridades temáticas o, peor aún, aparezca el eventual sesgo discrecional en la ubicación de los problemas en los sectores mejor 'financiados', tal como ha sucedido últimamente con el elástico paraguas conceptual de la 'libertad de expresión', bajo cuya sombra se ampara un abanico de detracciones a los países en procesos de cambio.


Ante la constatación de tales inconsistencias, los países de UNASUR proponen 'realizar un estudio sobre las distintas dimensiones del sistema de relatorías de la CIDH, en el marco de los principios de igualdad e indivisibilidad de los derechos humanos, con propuestas concretas respecto al financiamiento equilibrado de las relatorías, incluyendo la creación de un Fondo para recibir contribuciones extra presupuestarias, que deberían ser asignadas de acuerdo a un programa de trabajo previamente aprobado'.

En esa misma línea, se expresa la aspiración de que todos los países se comprometan por igual en el cumplimiento, que haya corresponsabilidad y universalidad, e idealmente que los 32 miembros adhieran y ratifiquen la Convención Americana sobre Derechos Humanos [2] -¡pendiente desde hace 45 años!-. Igualmente, se ha planteado que la sede de la Comisión de Derechos Humanos se mude a un país que haya cumplido con esto último, la actual sede Estados Unidos no lo ha hecho, el país postulante Haití lo hizo en 1977[3].


En síntesis, la propuesta de actualización del Sistema Interamericano de Derechos Humanos sólo propone igualdad en el trato, respeto a la soberanía, visión integral de los derechos y sincronía con los tiempos, en asuntos tales como la adhesión hemisférica a la declaratoria de territorio de paz, como ya lo han hecho la UNASUR, la ALBA y la CELAC.



Notas


[1] IV Conferencia de Estados parte del Pacto de San José, Haití, mayo 2014, Declaración, http://cancilleria.gob.ec/wp-content/uploads/2014/05/Declaraci%C3%B3n-Hait%C3%AD.pdf
[2] http://www.oas.org/dil/esp/tratados_B-32_Convencion_Americana_sobre_Derechos_Humanos.htm
3] http://www.cidh.org/countryrep/Haiti79sp/cap.1.htm

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El Pentágono dice que China se prepara para conflictos cortos pero intensos

Joan Faus Washington 6 JUN 2014 - 00:39 CET


El informe anual del Pentágono sobre el desarrollo militar de China no llega en un momento cualquiera de las relaciones bilaterales entre la primera y la segunda potencia mundial. Lo hace cinco días después de que el secretario de Defensa, Chuck Hagel, acusara a Pekín de "intimidación" en sus disputas territoriales y le avisara de que Washington no permanecerá impasible, y a las dos semanas de que el Departamento de Justicia de EE UU acusara a cinco militares chinos de ciberespionaje industrial. Por todo ello, las afirmaciones y el análisis del documento, con datos de 2013, adquieren aún más trascendencia de la habitual, aunque en el caso del ciberespionaje las aseveraciones apenas varían respecto a las del año anterior.


El informe, remitido este jueves al Congreso, considera que el programa chino de modernización militar a largo plazo pretende "mejorar la capacidad de sus fuerzas armadas de luchar y ganar contingencias regionales de corta duración y alta intensidad". El detallismo sobre el tipo de posibles conflictos parece ser un aviso a navegantes ante la creciente contundencia de Pekín en sus disputas territoriales con sus vecinos en los mar del sur y el este de China, que han disparado la tensión con Japón, Corea del Sur, Vietnam y Filipinas en los últimos meses.


La escalada territorial llevó al presidente de EE UU, Barack Obama, a tener que reiterar, en su gira asiática en abril, el compromiso de Washington de defensa de sus aliados, principalmente Japón, en un eventual conflicto bélico. A finales de noviembre EE UU ya hizo un gesto significativo cuando, a los pocos días de que Pekín reclamara un espacio aéreo sobre unas islas que se disputa con Japón, dos bombarderos B-52 estadounidenses sobrevolaron ese espacio en una misión de entrenamiento rutinaria.


En su informe anual, el Pentágono mantiene que el principal foco de la estrategia militar del gigante asiático sigue siendo la preparación ante un eventual conflicto con Taiwán, pero subraya que también se está preparando para "potenciales contingencias" en el sur y el este de su costa al recordar que el año pasado Pekín amplió unilateralmente su espacio aéreo y que extiende sus derechos marítimos a prácticamente todo el mar del sur de China.


"En los últimos documentos siempre hemos visto un interés estratégico [de China] de fortalecer sus reclamaciones territoriales, pero el año pasado creció el comportamiento agresivo", dijo este jueves un alto cargo del Pentágono en un encuentro con periodistas. El portavoz reiteró que EE UU se opone al uso de la "coerción" en estas disputas y que aboga por una solución diplomática pacífica.


A las palabras de Hagel del sábado en una cumbre de defensa en Singapur, las autoridades militares chinas replicaron, en el mismo foro, que estaban "llenas de hegemonismo, amenaza e intimidación", pero no adoptaron ninguna represalia concreta, como la cancelación de reuniones. Esto, según el Pentágono, es un reflejo de que la comunicación militar entre ambas potencias es sólida y puede servir de salvoconducto en momentos de tensión a nivel gubernamental.


La tesis de los estrategas del Departamento de Defensa es que, con su agresividad en sus disputas marítimas, Pekín busca "proyectar su poder en la región" y que su estrategia militar se basa en una visión a "largo plazo", que es previa e independiente a la intención de Obama de virar el epicentro de su estrategia diplomática, su pivote exterior, hacia Asia.


Sin embargo, algunos analistas no creen que ambas estrategias sean tan independientes. Su argumento es que China busca en parte, con la escalada territorial con sus vecinos, poner a prueba a EE UU para dirimir su verdadero grado de compromiso con sus aliados. Es decir, si es puramente retórico. Por ejemplo, si Washington se quedaría de brazos cruzados si Pekín decidiera apropiarse de un territorio perteneciente a otro país. El trasfondo, con la invasión rusa de la península ucraniana de Crimea, tampoco es casual.


De hecho, el Pentágono admite que los intereses del gigante emergente pueden ir más allá de su área de influencia más cercana. "Con el aumento de los intereses, capacidades e influencia internacional de China, su programa de modernización militar se ha enfocado más en inversiones para misiones más allá de sus costas", se lee en el informe.


El documento sostiene que el horizonte del crecimiento militar de China está en el año 2020 y por ello, está invirtiendo intensamente en renovar sus aviones de combate, misiles, portaaviones y submarinos. El Pentágono estima que el presupuesto de defensa chino en 2013 fue de 145.000 millones de dólares, según explicó el mencionado alto cargo, por encima de los 119.500 anunciados oficialmente por Pekín.


Pese a que no ha dejado de crecer en los últimos años, el presupuesto militar chino sigue siendo casi cuatro veces inferior al estadounidense, que en 2013 fue de 495.000 millones al margen de otros 82.000 para la guerra de Afganistán. Aún así, el gasto en defensa de China supera al de algunos de sus vecinos, como Rusia (69.500 millones), Japón (56.900) y Corea del Sur (31.000).

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Una cumbre sin Rusia pero con Putin de protagonista

Por primera vez en los últimos 17 años habrá un ausente de marca: el presidente ruso Vladimir Putin. La crisis que se desató en Ucrania luego de la anexión de Crimea por parte de Rusia llevó a que la cumbre del G-7 que se celebra en Bruselas se lleve a cabo sin la presencia del mandatario ruso. En realidad, este megaespectáculo de política internacional debía haber tenido lugar en la ciudad rusa de Sochi y su nombre era "la cumbre del G-8". Pero la trama Ucrania redujo el G-8 a G-7 y la sede se trasladó de Rusia a Bruselas. La ausencia física de Putin está ampliamente compensada por el espacio que ocupa el presidente ruso en esta reunión previa a la celebración del septuagésimo aniversario del desembarco de las tropas aliadas en Normandía (6 de junio), donde Putin sí estará presente. Herman van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo, ya adelantó que el tema de "Ucrania es la prioridad de la agenda". Hábil como pocos, Vladimir Putin pasó por el interciso de los medios para ser un protagonista bien presente. En una entrevista con el mandatario ruso difundida por el canal francés TF1, Vladimir Putin desplegó su estrategia, apuntó la responsabilidad de los europeos en la crisis actual y no excluyó entrevistarse en Francia con el nuevo presidente de Ucrania, Petro Poroshenko: "No cuento con evitar a nadie y hablaré con todo el mundo", dijo el jefe del Estado.


En cuanto al tema central de la cumbre del G-7, es decir, Ucrania y las acusaciones expansionistas que pesan sobre Moscú, Vladimir Putin aclaró: "No estamos contemplando apoyar al nacionalismo ruso ni reconstituir un imperio. Espero que no haya una segunda fase de Guerra Fría". El mandatario apareció muy locuaz, puntual y hasta agresivo en sus respuestas. Putin trató a los norteamericanos de mentirosos y negó toda intervención rusa en Ucrania, concretamente al Este de la república donde los separatistas rusos tomaron el poder. Según dijo en la entrevista, "no hay militares rusos en Ucrania. Los norteamericanos mienten: no hay personal militar ruso en Ucrania y nunca lo hubo". Cuando se le preguntó qué pensaba sobre las declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que comparó los métodos de Putin con los de Hitler, el presidente dijo: "Hillary Clinton nunca fue muy sutil con sus declaraciones (...) Es preferible no debatir con las mujeres". Por último, Putin hizo responsable a Europa de la fase actual de la crisis Ucrania por haber querido que Kiev firmara con Bruselas un acuerdo de libre cambio. "En vez de mantener con nosotros ese debate por medio de vías legítimas y diplomáticas, nuestros amigos europeos y norteamericanos apoyaron una revuelta armada anticonstitucional contra el poder."

Lo cierto es que los líderes del G-7 sí debaten en Bruselas sobre las estrategias comunes o poco comunes a adoptar frente a Moscú luego de la batería de sanciones aplicadas por Europa y Estados Unidos contra Rusia. El presidente norteamericano, Barack Obama, está en Europa estrenando su nuevo juguete imperial de dominación del mundo a través de alianzas internacionales sin recurso automático a la fuerza militar.
No caben dudas de que el presidente norteamericano encontró un límite inmediato a esa idea de coalición. La dependencia energética de Europa ante el suministro de gas procedente del Cáucaso es capaz de ablandar las alianzas más aguerridas. La cumbre del G-7 estará envuelta de una retórica fuerte, pero los hechos pueden ser limitados como lo demuestra la no anulación de la venta de dos barcos franceses portahelicópteros a Rusia. La canciller alemana, Angela Merkel, volvió a repetir que "no queremos nuevas sanciones. Queremos una cooperación estrecha con Rusia, pero si las nuevas sanciones son inevitables las adoptaremos de manera unánime".


Este hilo de antagonismos verbales va acompañado de una fuerte actividad de consenso diplomático para evitar escaladas y más sanciones que podrían hacer que los sancionados sean en realidad los sancionadores. El presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, y el responsable de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, apoyaron la exploración de "posibilidades políticas y diplomáticas" para superar la crisis sin que se recurra a nuevos escarmientos. Ucrania es el equivalente a una cuadratura del círculo para los aliados de Washington. La dependencia energética de Europa limita el alcance de cualquier medida de fuerza, tanto más cuanto que ni siquiera los mismos países europeos están de acuerdo con la utilidad de las sanciones. Por otra parte, la situación de Ucrania es una catástrofe: es un Estado casi quebrado, con una guerra separatista en el Este, con una deuda enorme con Rusia por el gas que consume, supeditada a los fondos que Europa y el Fondo Monetario Internacional podrían suministrarle a cambio de la ya ultra sacrificial metodología de los organismos de crédito internacionales: ajustes, reformas, compresión del gasto. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, Europa produce el 6 por ciento de la energía mundial pero consume el 14 por ciento. El gas representa una cuarta parte de la energía que se consume dentro de la UE. De esa cuarta parte, un tercio sale de Rusia y de ese porcentaje la mitad circula a través de Ucrania. EL G-7 debe sortear muchas dependencias mutuas y ajenas antes de estar en plenas condiciones de doblegar a Moscú.

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Miércoles, 04 Junio 2014 05:36

Obama exhibe su poder a Rusia

Obama exhibe su poder a Rusia

El presidente Barack Obama ayer prometió hasta 1000 millones de dólares en nuevos fondos de Estados Unidos para la defensa europea, reafirmando el papel de Washington en la región, a pesar de las advertencias de Rusia de que cualquier aumento militar cerca de sus fronteras con Europa del Este podría provocar una nueva carrera armamentista y una nueva Guerra Fría.


El anuncio a comienzos del viaje de cuatro días de Obama por Europa coincidió con fuertes combates en Ucrania, donde las fuerzas del gobierno lanzaron una nueva ofensiva contra los separatistas prorrusos que se apoderaron de grandes extensiones de las regiones del Este.


Las elecciones de Ucrania a fines del mes pasado fueron con relativa tranquilidad, aumentando las esperanzas de una solución diplomática a la crisis que estalló en febrero, cuando los manifestantes derrocaron al presidente prorruso, Viktor Yanukovich, pero el nuevo presidente, Petro Poroshenko, está luchando para mantener el control en el Este, y hoy los líderes del grupo G-7 de países industrializados se reunirán para discutir si Moscú ha hecho lo suficiente para sofocar la insurgencia –o si se necesitan nuevas sanciones económicas.


El encuentro debía haber sido organizado por el presidente ruso, Vladimir Putin, en la ciudad turística de Sochi, pero su anexión de Crimea en marzo provocó la indignación internacional y una suspensión indefinida del grupo G-8 mientras Occidente trataba de reevaluar sus relaciones con el Kremlin. Las naciones de Europa occidental también están buscando garantías de que Estados Unidos los proteja si Rusia amenaza sus fronteras, y Obama se refirió a este nuevo panorama geopolítico ayer mientras se dirigía a Varsovia. Hablando frente a cuatro aviones de combate F-16, dijo que el compromiso de Estados Unidos era particularmente importante ahora. "La seguridad de nuestros aliados en Europa central y occidental es la piedra angular de nuestra propia seguridad, y es sacrosanta", dijo Obama.


Le pedirá al Congreso que apruebe nuevos fondos por valor de 1000 millones de dólares, que se destinarán a entrenamientos y ejercicios de las fuerzas de la OTAN, equipo militar, despliegues navales en el Mar Negro y el Mar Báltico, y un aumento en el despliegue de los planificadores y asesores estadounidenses en Europa del Este.


Estados Unidos ya envió 150 soldados a Polonia y más a los países bálticos, pero Obama tenía en claro que no estaba tratando de provocar una confrontación militar con Rusia. "Estamos interesados en las buenas relaciones con Rusia. No estamos interesados en amenazarla", dijo.
Rusia desconfía profundamente de cualquier movimiento de fuerzas de la OTAN hacia sus fronteras, y el enviado de Moscú ante la OTAN advirtió el lunes que las nuevas rotaciones de tropas o un aumento de material militar provocaría una reacción.


"Todo esto podría regresar a Europa a la época de la Guerra Fría y lanzar una carrera armamentista", dijo Alexander Grushko, citado por la agencia de noticias Interfax. Los ministros de Defensa de la OTAN también se reunieron ayer en Bruselas con Ucrania primera en la agenda. Anders Fogh Rasmussen, el secretario general de la alianza militar, dijo que estarían evaluando su respuesta a largo plazo de las acciones de Rusia en Ucrania. También elogió el liderazgo de Washington en la crisis.


"Estados Unidos reaccionó rápidamente tras las acciones militares ilegales de Rusia en Ucrania", dijo Rasmussen. "Y aprecio que otros aliados hayan hecho lo mismo para que podamos anunciar que los 28 aliados están contribuyendo a las medidas de reaseguro".


Después de un discurso de conmemoración del 25 aniversario de la caída del comunismo en Polonia y una primera reunión con Poroshenko, Obama viajará hoy a Bruselas para reunirse con los jefes de Estado de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón. Un funcionario de la UE dijo que la prioridad era evaluar la reacción de Rusia ante las elecciones ucranianas. El Kremlin expresó su disposición a negociar con Poroshenko, aliviando la presión sobre la UE para que avance hacia las sanciones.


"Ahora la prioridad es conseguir una solución política y diplomática aprovechando el impulso de la elección del nuevo presidente de Ucrania", dijo el funcionario. Sin embargo, agregó que Rusia "puede hacer más para evitar la desestabilización" en Ucrania y dijo que los líderes del G-7 "reconfirmarán su voluntad de seguir adelante con más sanciones si la situación lo requiere".


La diplomacia blanda estará en su apogeo a fines de esta semana en Francia, cuando el presidente Putin se reúna con sus homólogos francés, alemán y británico. No hay ninguna reunión prevista con Obama, pero ambos líderes asistirán a una ceremonia en Normandía para conmemorar el 70 aniversario del desembarco del Día D. "Siempre hay oportunidades para trabajar en red", dijo un diplomático europeo.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.


Traducción: Celita Doyhambéhère.

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