De derechos humanos y equidades geopolíticas

ALAI AMLATINA, 06/06/2014.- Para afianzar los compromisos hemisféricos sobre derechos humanos, reforzar las condiciones para su integral realización y ampliar los alcances de su cumplimiento, los países de la UNASUR han emprendido un proceso propositivo de fortalecimiento del Sistema Interamericano de Derechos Humanos --SIDH-, que incluye, por un lado, la concordancia de contenidos y metodologías con los tiempos y contexto de la región, y por otro, la universalización, que implica la paridad de las reglas del juego para todos los países miembros.
Los derechos humanos, concebidos en la segunda mitad del siglo pasado, para certificar la dignidad de la persona, han ganado una significativa evolución conceptual, en la medida en que se ha evidenciado que la experiencia de 'dignidad ', además del respeto a individualidades, sólo puede hacerse realidad con la confluencia de un conjunto de condiciones socioeconómicas, culturales y de los modos de gestionar la vida colectiva.


Desde esa perspectiva, que es parte del bagaje conceptual universal desde hace varias décadas, los derechos civiles y políticos, que fueron el leitmotif de los mecanismos hemisféricos, son ahora apenas una fracción de un amplio universo de derechos, cuyos nuevos alcances comprenden profusas intersecciones entre una heterogeneidad de condiciones. Nuevos elementos caracterizan la identificación de los sujetos de derechos individuales, que se reclaman ahora de un mosaico identitario en el que convergen condiciones de clase, etnia, identidad genérica y sexual, y otras. Asimismo, los sujetos de derechos colectivos tienen nuevos escenarios y condiciones, como son las provenientes de la globalización, que se expresan por ejemplo en la masificación de la movilidad humana.

Pero también hay novedades en las esferas desde donde se ejerce el poder y en la emergencia de remozados actores de dominación, tales como las transnacionales y los poderes fácticos que, en la mayoría de casos, actúan por encima de los Estados. Las relaciones de poder instauradas por el sector corporativo y financiero, son un ejemplo del carácter extraterritorial de una perspectiva que prioriza los 'derechos' del capital por encima de los humanos y coloca al mismo nivel los intereses corporativos y los nacionales.


En estas relaciones de poder los Estados del Sur son apenas actores de tercer rango, ejecutores de papeles asignados por poderes extraterritoriales, o intermediarios de unas relaciones 'independientes' que las corporaciones establecen con los 'individuos', sea como empleados, consumidores u otros.


Ese tipo situaciones son también evidentes en la omnipresencia de poderes fácticos, que actúan como censores políticos de las decisiones nacionales, sea a través de estrategias mediáticas y/o de una combinación entre estas y acciones beligerantes sostenidas, levantadas en casos por actores "anónimos". Son parte de esos poderes facticos las articulaciones ultraconservadoras, también transnacionales, que ponen en jaque la vigencia de ciertos derechos de las mujeres o de la diversidad sexual, procurando imponerse, muchas veces, a través de mecanismos de poder extra institucionales.


Pero si estos ejemplos ilustran sobre la actuación transnacional de los 'nuevos' poderes, nada exhibe más fehacientemente los recientes escenarios de vulneración de los derechos humanos, como las evidencias que resultan del entronque entre el control de los sistemas comunicacionales, las 'armas de vigilancia masiva' y la 'seguridad', donde el monumental monopolio de las infraestructuras comunicacionales, del hardware y del software, redunda en un impensable e impune control empresarial sobre las personas, las colectividades y países.


Esas mismas dinámicas se expresan en las relaciones de poder geopolítico y geoeconómico, donde los países sede de las corporaciones consiguen ventajas para presionar, influir e imponer intereses coligados, para lograr que las compañías establezcan sus propios criterios, mantengan sus propios mecanismos privados de seguridad, sus modos propios de contratación laboral, y otras actuaciones adversas a los derechos humanos y a las legislaciones de los países.


No obstante, a pesar del peso del sector transnacional y de los poderes fácticos en las nuevas relaciones de poder, está aún pendiente el establecimiento de un mecanismo que establezca sus responsabilidades frente a las vulneraciones de los derechos humanos que cometen.
Compete a los Estados, como únicos garantes de los derechos, delinear una institucionalidad y unas reglas del juego atentas a la universalidad de los derechos y los intereses de sus pueblos. De ahí que la propuesta de la UNASUR, liderada por Ecuador, enfatiza tanto en la soberanía como en la integralidad de los derechos --civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y al desarrollo-, subraya su interdependencia y su carácter indivisible, para visualizar desde allí la necesidad de actualizar la perspectiva conceptual de los derechos humanos, renovar las metodologías para su implementación y multiplicar los escenarios propicios para su cumplimiento [1].


Se trata, simplemente, de que cada instancia del Sistema de Derechos Humanos cumpla con sus atribuciones y haga lo que tiene que hacer, para lo cual, según el planteo ecuatoriano, es momento de afinar las reglas del juego, para hacerlas más transparentes y equitativas, sin sesgos ni patronajes. Estos últimos criterios aplican también al financiamiento, para que responda a canales institucionales, evitando cualquier desliz hacia la influencia del dinero sobre las prioridades temáticas o, peor aún, aparezca el eventual sesgo discrecional en la ubicación de los problemas en los sectores mejor 'financiados', tal como ha sucedido últimamente con el elástico paraguas conceptual de la 'libertad de expresión', bajo cuya sombra se ampara un abanico de detracciones a los países en procesos de cambio.


Ante la constatación de tales inconsistencias, los países de UNASUR proponen 'realizar un estudio sobre las distintas dimensiones del sistema de relatorías de la CIDH, en el marco de los principios de igualdad e indivisibilidad de los derechos humanos, con propuestas concretas respecto al financiamiento equilibrado de las relatorías, incluyendo la creación de un Fondo para recibir contribuciones extra presupuestarias, que deberían ser asignadas de acuerdo a un programa de trabajo previamente aprobado'.

En esa misma línea, se expresa la aspiración de que todos los países se comprometan por igual en el cumplimiento, que haya corresponsabilidad y universalidad, e idealmente que los 32 miembros adhieran y ratifiquen la Convención Americana sobre Derechos Humanos [2] -¡pendiente desde hace 45 años!-. Igualmente, se ha planteado que la sede de la Comisión de Derechos Humanos se mude a un país que haya cumplido con esto último, la actual sede Estados Unidos no lo ha hecho, el país postulante Haití lo hizo en 1977[3].


En síntesis, la propuesta de actualización del Sistema Interamericano de Derechos Humanos sólo propone igualdad en el trato, respeto a la soberanía, visión integral de los derechos y sincronía con los tiempos, en asuntos tales como la adhesión hemisférica a la declaratoria de territorio de paz, como ya lo han hecho la UNASUR, la ALBA y la CELAC.



Notas


[1] IV Conferencia de Estados parte del Pacto de San José, Haití, mayo 2014, Declaración, http://cancilleria.gob.ec/wp-content/uploads/2014/05/Declaraci%C3%B3n-Hait%C3%AD.pdf
[2] http://www.oas.org/dil/esp/tratados_B-32_Convencion_Americana_sobre_Derechos_Humanos.htm
3] http://www.cidh.org/countryrep/Haiti79sp/cap.1.htm

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El Pentágono dice que China se prepara para conflictos cortos pero intensos

Joan Faus Washington 6 JUN 2014 - 00:39 CET


El informe anual del Pentágono sobre el desarrollo militar de China no llega en un momento cualquiera de las relaciones bilaterales entre la primera y la segunda potencia mundial. Lo hace cinco días después de que el secretario de Defensa, Chuck Hagel, acusara a Pekín de "intimidación" en sus disputas territoriales y le avisara de que Washington no permanecerá impasible, y a las dos semanas de que el Departamento de Justicia de EE UU acusara a cinco militares chinos de ciberespionaje industrial. Por todo ello, las afirmaciones y el análisis del documento, con datos de 2013, adquieren aún más trascendencia de la habitual, aunque en el caso del ciberespionaje las aseveraciones apenas varían respecto a las del año anterior.


El informe, remitido este jueves al Congreso, considera que el programa chino de modernización militar a largo plazo pretende "mejorar la capacidad de sus fuerzas armadas de luchar y ganar contingencias regionales de corta duración y alta intensidad". El detallismo sobre el tipo de posibles conflictos parece ser un aviso a navegantes ante la creciente contundencia de Pekín en sus disputas territoriales con sus vecinos en los mar del sur y el este de China, que han disparado la tensión con Japón, Corea del Sur, Vietnam y Filipinas en los últimos meses.


La escalada territorial llevó al presidente de EE UU, Barack Obama, a tener que reiterar, en su gira asiática en abril, el compromiso de Washington de defensa de sus aliados, principalmente Japón, en un eventual conflicto bélico. A finales de noviembre EE UU ya hizo un gesto significativo cuando, a los pocos días de que Pekín reclamara un espacio aéreo sobre unas islas que se disputa con Japón, dos bombarderos B-52 estadounidenses sobrevolaron ese espacio en una misión de entrenamiento rutinaria.


En su informe anual, el Pentágono mantiene que el principal foco de la estrategia militar del gigante asiático sigue siendo la preparación ante un eventual conflicto con Taiwán, pero subraya que también se está preparando para "potenciales contingencias" en el sur y el este de su costa al recordar que el año pasado Pekín amplió unilateralmente su espacio aéreo y que extiende sus derechos marítimos a prácticamente todo el mar del sur de China.


"En los últimos documentos siempre hemos visto un interés estratégico [de China] de fortalecer sus reclamaciones territoriales, pero el año pasado creció el comportamiento agresivo", dijo este jueves un alto cargo del Pentágono en un encuentro con periodistas. El portavoz reiteró que EE UU se opone al uso de la "coerción" en estas disputas y que aboga por una solución diplomática pacífica.


A las palabras de Hagel del sábado en una cumbre de defensa en Singapur, las autoridades militares chinas replicaron, en el mismo foro, que estaban "llenas de hegemonismo, amenaza e intimidación", pero no adoptaron ninguna represalia concreta, como la cancelación de reuniones. Esto, según el Pentágono, es un reflejo de que la comunicación militar entre ambas potencias es sólida y puede servir de salvoconducto en momentos de tensión a nivel gubernamental.


La tesis de los estrategas del Departamento de Defensa es que, con su agresividad en sus disputas marítimas, Pekín busca "proyectar su poder en la región" y que su estrategia militar se basa en una visión a "largo plazo", que es previa e independiente a la intención de Obama de virar el epicentro de su estrategia diplomática, su pivote exterior, hacia Asia.


Sin embargo, algunos analistas no creen que ambas estrategias sean tan independientes. Su argumento es que China busca en parte, con la escalada territorial con sus vecinos, poner a prueba a EE UU para dirimir su verdadero grado de compromiso con sus aliados. Es decir, si es puramente retórico. Por ejemplo, si Washington se quedaría de brazos cruzados si Pekín decidiera apropiarse de un territorio perteneciente a otro país. El trasfondo, con la invasión rusa de la península ucraniana de Crimea, tampoco es casual.


De hecho, el Pentágono admite que los intereses del gigante emergente pueden ir más allá de su área de influencia más cercana. "Con el aumento de los intereses, capacidades e influencia internacional de China, su programa de modernización militar se ha enfocado más en inversiones para misiones más allá de sus costas", se lee en el informe.


El documento sostiene que el horizonte del crecimiento militar de China está en el año 2020 y por ello, está invirtiendo intensamente en renovar sus aviones de combate, misiles, portaaviones y submarinos. El Pentágono estima que el presupuesto de defensa chino en 2013 fue de 145.000 millones de dólares, según explicó el mencionado alto cargo, por encima de los 119.500 anunciados oficialmente por Pekín.


Pese a que no ha dejado de crecer en los últimos años, el presupuesto militar chino sigue siendo casi cuatro veces inferior al estadounidense, que en 2013 fue de 495.000 millones al margen de otros 82.000 para la guerra de Afganistán. Aún así, el gasto en defensa de China supera al de algunos de sus vecinos, como Rusia (69.500 millones), Japón (56.900) y Corea del Sur (31.000).

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Una cumbre sin Rusia pero con Putin de protagonista

Por primera vez en los últimos 17 años habrá un ausente de marca: el presidente ruso Vladimir Putin. La crisis que se desató en Ucrania luego de la anexión de Crimea por parte de Rusia llevó a que la cumbre del G-7 que se celebra en Bruselas se lleve a cabo sin la presencia del mandatario ruso. En realidad, este megaespectáculo de política internacional debía haber tenido lugar en la ciudad rusa de Sochi y su nombre era "la cumbre del G-8". Pero la trama Ucrania redujo el G-8 a G-7 y la sede se trasladó de Rusia a Bruselas. La ausencia física de Putin está ampliamente compensada por el espacio que ocupa el presidente ruso en esta reunión previa a la celebración del septuagésimo aniversario del desembarco de las tropas aliadas en Normandía (6 de junio), donde Putin sí estará presente. Herman van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo, ya adelantó que el tema de "Ucrania es la prioridad de la agenda". Hábil como pocos, Vladimir Putin pasó por el interciso de los medios para ser un protagonista bien presente. En una entrevista con el mandatario ruso difundida por el canal francés TF1, Vladimir Putin desplegó su estrategia, apuntó la responsabilidad de los europeos en la crisis actual y no excluyó entrevistarse en Francia con el nuevo presidente de Ucrania, Petro Poroshenko: "No cuento con evitar a nadie y hablaré con todo el mundo", dijo el jefe del Estado.


En cuanto al tema central de la cumbre del G-7, es decir, Ucrania y las acusaciones expansionistas que pesan sobre Moscú, Vladimir Putin aclaró: "No estamos contemplando apoyar al nacionalismo ruso ni reconstituir un imperio. Espero que no haya una segunda fase de Guerra Fría". El mandatario apareció muy locuaz, puntual y hasta agresivo en sus respuestas. Putin trató a los norteamericanos de mentirosos y negó toda intervención rusa en Ucrania, concretamente al Este de la república donde los separatistas rusos tomaron el poder. Según dijo en la entrevista, "no hay militares rusos en Ucrania. Los norteamericanos mienten: no hay personal militar ruso en Ucrania y nunca lo hubo". Cuando se le preguntó qué pensaba sobre las declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que comparó los métodos de Putin con los de Hitler, el presidente dijo: "Hillary Clinton nunca fue muy sutil con sus declaraciones (...) Es preferible no debatir con las mujeres". Por último, Putin hizo responsable a Europa de la fase actual de la crisis Ucrania por haber querido que Kiev firmara con Bruselas un acuerdo de libre cambio. "En vez de mantener con nosotros ese debate por medio de vías legítimas y diplomáticas, nuestros amigos europeos y norteamericanos apoyaron una revuelta armada anticonstitucional contra el poder."

Lo cierto es que los líderes del G-7 sí debaten en Bruselas sobre las estrategias comunes o poco comunes a adoptar frente a Moscú luego de la batería de sanciones aplicadas por Europa y Estados Unidos contra Rusia. El presidente norteamericano, Barack Obama, está en Europa estrenando su nuevo juguete imperial de dominación del mundo a través de alianzas internacionales sin recurso automático a la fuerza militar.
No caben dudas de que el presidente norteamericano encontró un límite inmediato a esa idea de coalición. La dependencia energética de Europa ante el suministro de gas procedente del Cáucaso es capaz de ablandar las alianzas más aguerridas. La cumbre del G-7 estará envuelta de una retórica fuerte, pero los hechos pueden ser limitados como lo demuestra la no anulación de la venta de dos barcos franceses portahelicópteros a Rusia. La canciller alemana, Angela Merkel, volvió a repetir que "no queremos nuevas sanciones. Queremos una cooperación estrecha con Rusia, pero si las nuevas sanciones son inevitables las adoptaremos de manera unánime".


Este hilo de antagonismos verbales va acompañado de una fuerte actividad de consenso diplomático para evitar escaladas y más sanciones que podrían hacer que los sancionados sean en realidad los sancionadores. El presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, y el responsable de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, apoyaron la exploración de "posibilidades políticas y diplomáticas" para superar la crisis sin que se recurra a nuevos escarmientos. Ucrania es el equivalente a una cuadratura del círculo para los aliados de Washington. La dependencia energética de Europa limita el alcance de cualquier medida de fuerza, tanto más cuanto que ni siquiera los mismos países europeos están de acuerdo con la utilidad de las sanciones. Por otra parte, la situación de Ucrania es una catástrofe: es un Estado casi quebrado, con una guerra separatista en el Este, con una deuda enorme con Rusia por el gas que consume, supeditada a los fondos que Europa y el Fondo Monetario Internacional podrían suministrarle a cambio de la ya ultra sacrificial metodología de los organismos de crédito internacionales: ajustes, reformas, compresión del gasto. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, Europa produce el 6 por ciento de la energía mundial pero consume el 14 por ciento. El gas representa una cuarta parte de la energía que se consume dentro de la UE. De esa cuarta parte, un tercio sale de Rusia y de ese porcentaje la mitad circula a través de Ucrania. EL G-7 debe sortear muchas dependencias mutuas y ajenas antes de estar en plenas condiciones de doblegar a Moscú.

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Miércoles, 04 Junio 2014 05:36

Obama exhibe su poder a Rusia

Obama exhibe su poder a Rusia

El presidente Barack Obama ayer prometió hasta 1000 millones de dólares en nuevos fondos de Estados Unidos para la defensa europea, reafirmando el papel de Washington en la región, a pesar de las advertencias de Rusia de que cualquier aumento militar cerca de sus fronteras con Europa del Este podría provocar una nueva carrera armamentista y una nueva Guerra Fría.


El anuncio a comienzos del viaje de cuatro días de Obama por Europa coincidió con fuertes combates en Ucrania, donde las fuerzas del gobierno lanzaron una nueva ofensiva contra los separatistas prorrusos que se apoderaron de grandes extensiones de las regiones del Este.


Las elecciones de Ucrania a fines del mes pasado fueron con relativa tranquilidad, aumentando las esperanzas de una solución diplomática a la crisis que estalló en febrero, cuando los manifestantes derrocaron al presidente prorruso, Viktor Yanukovich, pero el nuevo presidente, Petro Poroshenko, está luchando para mantener el control en el Este, y hoy los líderes del grupo G-7 de países industrializados se reunirán para discutir si Moscú ha hecho lo suficiente para sofocar la insurgencia –o si se necesitan nuevas sanciones económicas.


El encuentro debía haber sido organizado por el presidente ruso, Vladimir Putin, en la ciudad turística de Sochi, pero su anexión de Crimea en marzo provocó la indignación internacional y una suspensión indefinida del grupo G-8 mientras Occidente trataba de reevaluar sus relaciones con el Kremlin. Las naciones de Europa occidental también están buscando garantías de que Estados Unidos los proteja si Rusia amenaza sus fronteras, y Obama se refirió a este nuevo panorama geopolítico ayer mientras se dirigía a Varsovia. Hablando frente a cuatro aviones de combate F-16, dijo que el compromiso de Estados Unidos era particularmente importante ahora. "La seguridad de nuestros aliados en Europa central y occidental es la piedra angular de nuestra propia seguridad, y es sacrosanta", dijo Obama.


Le pedirá al Congreso que apruebe nuevos fondos por valor de 1000 millones de dólares, que se destinarán a entrenamientos y ejercicios de las fuerzas de la OTAN, equipo militar, despliegues navales en el Mar Negro y el Mar Báltico, y un aumento en el despliegue de los planificadores y asesores estadounidenses en Europa del Este.


Estados Unidos ya envió 150 soldados a Polonia y más a los países bálticos, pero Obama tenía en claro que no estaba tratando de provocar una confrontación militar con Rusia. "Estamos interesados en las buenas relaciones con Rusia. No estamos interesados en amenazarla", dijo.
Rusia desconfía profundamente de cualquier movimiento de fuerzas de la OTAN hacia sus fronteras, y el enviado de Moscú ante la OTAN advirtió el lunes que las nuevas rotaciones de tropas o un aumento de material militar provocaría una reacción.


"Todo esto podría regresar a Europa a la época de la Guerra Fría y lanzar una carrera armamentista", dijo Alexander Grushko, citado por la agencia de noticias Interfax. Los ministros de Defensa de la OTAN también se reunieron ayer en Bruselas con Ucrania primera en la agenda. Anders Fogh Rasmussen, el secretario general de la alianza militar, dijo que estarían evaluando su respuesta a largo plazo de las acciones de Rusia en Ucrania. También elogió el liderazgo de Washington en la crisis.


"Estados Unidos reaccionó rápidamente tras las acciones militares ilegales de Rusia en Ucrania", dijo Rasmussen. "Y aprecio que otros aliados hayan hecho lo mismo para que podamos anunciar que los 28 aliados están contribuyendo a las medidas de reaseguro".


Después de un discurso de conmemoración del 25 aniversario de la caída del comunismo en Polonia y una primera reunión con Poroshenko, Obama viajará hoy a Bruselas para reunirse con los jefes de Estado de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón. Un funcionario de la UE dijo que la prioridad era evaluar la reacción de Rusia ante las elecciones ucranianas. El Kremlin expresó su disposición a negociar con Poroshenko, aliviando la presión sobre la UE para que avance hacia las sanciones.


"Ahora la prioridad es conseguir una solución política y diplomática aprovechando el impulso de la elección del nuevo presidente de Ucrania", dijo el funcionario. Sin embargo, agregó que Rusia "puede hacer más para evitar la desestabilización" en Ucrania y dijo que los líderes del G-7 "reconfirmarán su voluntad de seguir adelante con más sanciones si la situación lo requiere".


La diplomacia blanda estará en su apogeo a fines de esta semana en Francia, cuando el presidente Putin se reúna con sus homólogos francés, alemán y británico. No hay ninguna reunión prevista con Obama, pero ambos líderes asistirán a una ceremonia en Normandía para conmemorar el 70 aniversario del desembarco del Día D. "Siempre hay oportunidades para trabajar en red", dijo un diplomático europeo.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.


Traducción: Celita Doyhambéhère.

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El G77 y la descolonización de la geopolítica

ALAI AMLATINA, 31/05/2014.- Las recientes crisis en Ucrania y Siria manifiestan la compleja transición hacia un mundo sin centro hegemónico único; lo que se está denominando el "incipiente mundo multipolar" (las áreas en disputa manifiestan esta tónica). El siglo XXI amanece con un nuevo mundo emergente que ya no presupone, ni cultural ni civilizatoriamente, la hegemonía occidental. El "gran relato" neoliberal del "fin de la historia" se hizo pedazos el 11 de septiembre de 2001 y su última cruzada, llamada el "choque de civilizaciones", es derrotada en Siria y Ucrania. Es decir, el fenómeno de la colonización, consustancial al mundo moderno, empieza a desmoronarse en el nuevo siglo. Incluso las nuevas potencias emergentes, si optaran por asegurarse áreas de influencia, ya no podrían hacerlo según las prerrogativas que adoptaron las potencias occidentales cuando se repartieron el África y el Oriente. La sobrevivencia de un mundo multipolar pende del siguiente detalle: los términos en que se expresen las alianzas geopolíticas sólo podrían cimentarse en una cooperación mutua y estratégica y ya no en exclusivas relaciones de dominación.


Las últimas bravuconadas que Occidente despliega bélicamente no hacen sino mostrarnos su decadencia profunda. Ya no pudo invadir Siria, y eso le está costando, no sólo credibilidad sino, sobre todo, la desconfianza en su capacidad militar. Incluso podría decirse que el 3 de septiembre de 2013 se evitó la tercera guerra mundial, cuando el sistema de defensa aéreo ruso S300-PS, desde la base de Tartus, en Siria, intercepta y destruye misiles tomahowks (lanzados desde la base gringa de Rota, en la bahía de Cádiz), que tenían como destino Damasco. Desde entonces queda demostrado que los rusos han recuperado su importancia militar; lo cual equilibra un mundo que había sido capturado por USA (según Ehud Barack, exministro de asuntos militares de Israel, eso debilita a USA en todo el mundo). Desde el triunfo de Rusia ante Georgia, por Osetia del Sur, el 2008, puede decirse que la geopolítica del siglo XX ha sido dislocada en favor de una nueva reconfiguración planetaria.


En Ucrania termina de rematarse la cosa, puesto que la injerencia occidental, comandada por USA, no hace sino, para su propia desgracia, acercar aún más a China y Rusia, lo cual significa, en lo venidero, el viraje definitivo de la economía mundial hacia el Oriente. El último acuerdo monumental entre Rusia y China (cuyo comercio bilateral alcanzará, para el 2020, los 200.000 millones de dólares), no sólo ratifica la hegemonía de una Eurasia oriental, en torno a la restauración comercial de la "ruta de la seda", sino hasta posibilita que China se expanda hacia Occidente (los más que probables ejercicios militares conjuntos entre Rusia y China en pleno Mar Negro). Ni USA ni Europa tienen la musculatura, ni económica ni militar, para hacer valer sus sanciones económicas a una Rusia que, aliada de China, ya no tiene necesidad de supeditarse a un Occidente en plena decadencia.


El mundo y su cartografía geopolítica, tal cual había sido concebida por las potencias occidentales, desde el siglo XIX, está feneciendo. Esto quiere decir que la disposición centro-periferia, pertinente al mundo moderno, ya no tiene sentido. Como tampoco tiene sentido, frente a la crisis climática y energética, un sistema económico que sólo sabe administrar el despojo sistemático de vida (humanidad y naturaleza) en favor de los fetiches del mundo moderno: el capital y el mercado. La crisis es civilizatoria y sólo puede ser comprendida, en su verdadera magnitud, desde una perspectiva multidimensional.


Esto quiere decir que, tampoco las ciencias modernas, en su crisis epistemológica, estarían a la altura de dar razón de la crisis. Si todas parten de los mitos y prejuicios modernos, ¿cómo podrían auscultar una crisis que la originan estos mismos mitos y prejuicios? La crisis actual manifiesta una rebelión de los límites mismos de un mundo que es finito; pero la ciencia moderna, la economía capitalista y el mismo paradigma del desarrollo, suponen recursos de aprovechamiento infinitos como presupuesto de un progreso también infinito.


Este presupuesto da origen a la sociedad moderna. Pero es un presupuesto falso, porque los recursos no son infinitos. Ni la naturaleza ni el trabajo humano pueden garantizar un progreso sin fin. Un crecimiento sin límites es una pura ilusión trascendental. Por eso el mundo moderno se halla en la peor de sus encrucijadas; pues si su economía se basa en el crecimiento económico, este crecimiento supone el aprovechamiento desmedido de energía fósil. Sin energía se hace imposible crecer. Crecer para el primer mundo significa aumentar su consumo de energía; pero si añadimos a esto que el mito moderno de los países ricos es crecer indefinidamente, fieles al modelo de desarrollo y progreso infinito, resulta que su propia forma de vida, basada en el crecimiento infinito, ya no puede sostenerse. Entonces, lo que se vislumbra, como consecuencia de esta crisis, es el colapso cultural y civilizatorio de la modernidad occidental. No siendo ya el primer mundo dueño de la energía del planeta (desde el 2003, cuando British Petroleum confirma el fracaso de la guerra de Irak), ya no puede subvencionar su desarrollo con la miseria que genera su economía en el resto del planeta.


La crisis financiera se vincula también a la crisis energética, que es la otra cara de la rebelión de los límites ante las pretensiones ilimitadas de un crecimiento sin fin. Este crecimiento es ya insostenible ante la evidencia del agotamiento paulatino de los recursos energéticos. Lo cual hace más vulnerable la estabilidad a futuro de un dólar que, sin petróleo, no tiene nada que lo sostenga (a no ser sus bombas nucleares). El primer mundo requiere cada vez más energía para crecer económicamente, pero si ya no dispone de energía barata y abundante, todo su complejo industrial y tecnológico se estanca. Entra en crisis. Tanto su producción como su consumo ya no pueden sostenerse. La crisis manifiesta aquello. La crisis climática es la rebelión de los límites: el mundo es finito.


Por eso el mito de la globalización encierra una aporía insoluble: si el mundo es uno, entonces no es infinito. El sistema-mundo-moderno-occidental choca entonces con la fuente de donde emana todo lo que hace posible la vida: la naturaleza es única, lo cual no quiere decir que sea infinita. Única quiere decir vulnerable. Su finitud es constatación de su condición de sujeto. Por eso no puede no tener derechos. Si la vida procede de ella es porque es Madre. Por eso le decimos PachaMama. La extracción indiscriminada que se hace de sus componentes vitales, en torno a una acumulación excesiva de ganancias, hace imposible que pueda reponer lo que se le ha quitado: la sobre-explotación de un recurso conduce a la destrucción paulatina de todo su contexto vital. A esto llamamos extractivismo, prototípico del capitalismo.


La curva geofísica de Hubbert fue diseñada para mostrarnos que todo elemento depletable, como el petróleo, alcanza una cúspide en su explotación, para nunca más superar aquello. Según el World Energy Outlook (informe anual de la Agencia Internacional de Energía del 2010) esta cúspide a nivel mundial ya se habría alcanzado el 2006. Y, si es cierto que la cúspide de todos los hidrocarburos, además del uranio, se daría el 2018, entonces se hace imprescindible una transformación en la base energética; pero los países ricos no responden de modo sensato a esta realidad sino que apuestan por un peligro aún mayor: los agrocombustibles.


Pareciera que los países ricos, al no encontrar salida a su crisis, optan por meterse más en ella. Pues esta supuesta solución a la crisis energética supondría un holocausto alimenticio a nivel global (la subida de los precios de granos y alimentos corrobora una tendencia de carácter especulativo que aprovecha ufano el capital financiero).


La pelea energética es ahorita la tónica de los dislocamientos geopolíticos. Para el imperio es imprescindible la combinación dólar-petróleo. Sin petróleo no puede sostener su infraestructura bélica planetaria. Si tiene el petróleo tiene el control. Entonces la situación en Ucrania y Siria nos lleva también a reflexionar acerca de la amenaza sistemática que ejercen los poderes fácticos en Venezuela. Necesitan del petróleo venezolano para equilibrar su poder ante estas nuevas derrotas en Ucrania y Siria.


USA persigue su soberanía energética recapturando a Latinoamérica. Por eso el TLCAN con México reaviva la "Doctrina Monroe", por eso lo que sucede en Venezuela forma parte de su estrategia geopolítica ante el ascenso de China y Rusia; las bases militares gringas de Colombia y Perú ya no apuntan sólo a Venezuela sino también a Brasil. No sólo el Orinoco sino el Amazonas son áreas geoestratégicas para restaurar un mundo unipolar (parece que Brasil, aun siendo parte de los BRICS, no se ha anoticiado de esto).


Esta lectura nos sirve para diagnosticar, establecer y determinar el contexto epocal que subyace a la celebración de la "50 reunión cumbre del G77". Esta cumbre que se realizará en Bolivia es inédita, pues si en sus inicios el G77 sólo coordinaba programas de cooperación en materia de comercio y desarrollo para una mejor integración en el mercado mundial, la nueva reconfiguración geopolítica y geoeconómica actual, sienta las bases para hacer de este grupo un contrapeso a la hegemonía –en decadencia– de los países ricos.

No sólo Bolivia, sino el ALBA y hasta el MERCOSUR, tienen la mejor oportunidad de liderar una transición con perspectiva mundial. Por eso la necesidad de contar, en la actualidad, con una perspectiva geopolítica ya no sólo coyuntural sino acorde con este proceso de transición planetaria. Politizar la cumbre G77 es fundamental para que nuestros países sitúen a nuestra región en el nuevo centro de gravedad de la transición civilizatoria del siglo XXI. Por eso el "vivir bien" y la "descolonización" ya no pueden diluirse en la pura retórica sino consolidarse como el discurso pertinente a un mundo en transición civilizatoria.

El G77 nace dentro del paradigma del desarrollo y en un mundo repartido entre dos potencias. Con la imposición de un mundo unipolar, el grupo no tenía más carácter que el exclusivamente declarativo. Pero con la decadencia del mundo unipolar y el ascenso de los BRICS, nuevos márgenes de acción se presentan para este tipo de grupos (también es el caso de los "no alineados"), pues los mismos organismos internacionales (pertinentes a la hegemonía gringa) se hallan seriamente cuestionados; entonces, ante el declive de unos y el ascenso de otros, el G77 se halla en condiciones nunca antes experimentadas, pues el mundo moderno atraviesa, por vez primera, la ausencia del poder hegemónico occidental, pero a su vez, también se encuentra en medio de una crisis civilizatoria que amenaza a la supervivencia propia del planeta.


En ese contexto, la reunión en Bolivia podría despertar una conciencia global de un necesario cambio de paradigma frente a la decadencia del capitalismo. Sólo una mancomunidad de esfuerzos de los países pobres podría augurar nuevas vías que puedan apostar las economías periféricas, con el fin de desprenderse definitivamente de las prerrogativas de los países ricos (ahora en crisis profundas) y proponerse despegues económicos que ya no busquen una integración subordinada al capital y al mercado globales sino de una reconstrucción de sus propias economías. Este periodo de transición hacia un nuevo sistema económico mundial durará por lo menos un siglo; no se sabe qué adviene pero la economía no puede continuar con las prerrogativas propias del modelo de producción, consumo y acumulación actual.


El ascenso de las potencias emergentes no sólo reequilibran el poder global sino que hace posible descentrar la economía y la política globales. La disposición centro-periferia es lo que ya no puede mantenerse; con el ascenso de los BRICS se reivindican culturas y civilizaciones que el mundo moderno las consideró arcaicas y superadas del todo. India y China vuelven a tener la importancia global anterior a la modernidad. Por eso no es raro que una buena parte de la literatura gringa hable del "choque de civilizaciones". Occidente se siente amenazada por el despertar de las civilizaciones que supuso atrasadas, lo cual no hace sino desmentir su presunta superioridad civilizatoria.


Para este año China será la primera economía mundial y para el 2020 China superará en lo tecnológico, económico, científico, educativo, etc., a la suma conjunta de Europa y USA. Solo en el índice PISA, que mide el nivel educativo en el mundo, de los 10 primeros puestos, 7 son países asiáticos (hasta Vietnam está por encima de USA). Es decir, la decadencia del primer mundo es ya una cuestión de hecho.


En ese contexto, el primer mundo ya no es más modelo civilizatorio. Y la economía que patrocinó por cinco siglos ya no es más sostenible. Energéticamente el mundo ya no puede seguir el modelo de consumo occidental; a lo cual hay que añadir que las potencias emergentes no son autosuficientes y ya no pueden hablar en los términos colonialistas que lo hacían Europa y USA. La colonización ya no sería posible de reeditarse en el siglo XXI.


Esto quiere decir que, un mundo multipolar, permite pensar una situación mucho más rica y compleja: la ceropolaridad. Este concepto es novedoso en la geopolítica y quiere describir un mundo sin hegemonías concentradas. Pues tampoco las nuevas potencias emergentes, pueden decidir todo sin contar con los afectados; esto significa que ninguna potencia puede ejercer, de modo único, su influencia sobre todos los acontecimientos.


Cuando los poderes hegemónicos retroceden en algo, las soberanías nacionales, aunque mínimas, despiertan a nuevas apuestas; y si estas apuestas se generalizan, entonces tenemos una coyuntura como la actual: un "cambio de época". Una nueva disposición geopolítica planetaria con ya no un solo centro abre márgenes de acción para los países pobres. Pero estos, de modo aislado, no podrían superar su situación. Sólo la cooperación y las alianzas estratégicas podrían enfrentar, de modo más plausible, la arremetida de los países ricos.


Estas alianzas no pueden prescindir de los BRICS. China recupera el pacífico como centro de la economía global y eso supone también que los flujos comerciales se des-occidentalicen. Junto a la India establecen una nueva geografía de la economía mundial. Por primera vez, después de 500 años, América aparece otra vez al extremo oriente del oriente, mostrando el verdadero sentido y dirección de la civilización humana. Occidente nunca fue la culminación del desarrollo de la civilización humana. Las implicaciones de este tipo de recambios van a tener sus repercusiones hasta en lo cultural

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Aliarse a los BRICS no tendría que significar avalar, o peor, remedar su modelo de crecimiento económico. Pero en una nueva cartografía geopolítica y un nuevo mapa institucional global, nuestros países podrían demandar, en condiciones más favorables, una transformación del modelo productivo y de consumo que ha originado el capitalismo. Por eso necesitamos reafirmar la creación de una nueva arquitectura financiera global. Se dice que nadie, en el contexto global, es independiente del todo; se es independiente en la medida en que se conoce y se aprovecha, en beneficio propio, el grado de dependencia que se tiene.


Una transformación del modelo productivo supone una nueva arquitectura financiera y ésta presupone un nuevo marco jurídico del derecho, nacional e internacional, que le devuelva la soberanía a los pueblos. Cuestionar todo aquello supone también advertir que no es un modelo de desarrollo lo que ha entrado en crisis sino el propio desarrollo; el afán de control y dominio de la naturaleza, reducida a objeto a disposición, es lo que ya no puede sostenerse. La propia concepción que de naturaleza tiene el capitalismo y la modernidad, es lo que hace insostenible todo sistema económico. Por eso, la defensa de "derechos de la Madre tierra", el "vivir bien", la "descolonización", se constituyen en criterios epocales que sostienen una toma de conciencia global; esto es lo que establece, en nuestro caso, un liderazgo nunca antes imaginado y que nos abriría la posibilidad de establecer una agenda mundial.

Los desafíos son grandes, por ejemplo, desafiar al mismo mercado global supone la promoción de sistemas de producción locales y tecnologías ancestrales o la recuperación de economías campesinas comunitarias como base de la soberanía alimentaria. Sólo aquello podría remediar, en un 50%, la emisión de gases de efecto invernadero (que provoca las gran agroindustria). La autosuficiencia alimentaria es parte de la consolidación de alternativas en la economía e, inevitablemente, de la revalorización de las culturas antes despreciadas.

El nivel de agresión y destrucción del proceso de producción capitalista, destaca una invariable en su propia lógica: destruir para producir. En ese sentido, la decadencia del capitalismo arrastra al mundo y a la vida en su conjunto. Las implicancias a futuro de esta decadencia es la que obliga al mundo a proponerse nuevas alternativas. Por eso la respuesta no puede provenir del primer mundo, pues la apuesta de éste es únicamente alterar el rumbo que está adquiriendo el mundo multipolar e impedir definitivamente su consolidación.


En Ucrania, la opción occidental consiste en restaurar el orden hegemónico unipolar; pues la sobrevivencia de Europa misma se encuentra en entredicho. La dependencia del gas ruso le aleja de la esfera gringa y le convierte en una semi-colonia energética de una economía cuyo centro se hace cada vez más oriental. Los dislocamientos geopolíticos de este nuevo siglo hacen resurgir a la región euroasiática como lugar estratégico para controlar y dominar al mundo. Para Occidente es vital recuperar esa zona, pues sus estrategas consideran que Ucrania es la entrada a Eurasia, donde vive el 75% de la población mundial y donde se hallan ¾ partes de toda la energía conocida. Capturando a Ucrania se trata de impedir que la economía se orientalice, pues si Rusia se acerca a China (y a India), Occidente deja de tener la importancia que una vez tuvo y su economía no podría ya reponer su predominio (por eso hasta Alemania juega doble, pues también se acerca a China y Rusia, aunque no renuncia a su pertenencia occidental).


El G77 no puede desatender este nuevo contexto que está alterando por completo el tablero geopolítico mundial. En medio de un incipiente mundo multipolar, la visión que se tenga no puede reducirse a lo meramente local. En un mismo mundo compartido, todo tiene relación con todo. Una nueva lectura del relacionamiento internacional pasa por una actualización geopolítica de un mundo en transición. La narrativa actual es geopolítica, pero no una geopolítica provinciano-imperial sino una geopolítica verdaderamente mundial.


Esto nos posibilita advertir también el carácter ideológico, unilateral y hasta plagado de un provincianismo cultural de los marcos teórico-conceptuales de las relaciones internacionales y la diplomacia, como disciplinas sociales. Estas disciplinas tienen una reducida perspectiva europeo-norteamericana, que justifica un excepcionalismo inadmisible hoy en día. La decisiva dependencia que tienen estas disciplinas de la política exterior norteamericana, delata también una profunda ignorancia de otros mundos culturales y civilizatorios que no pueden ser reducidos a la mirada occidental.


Esto nos lleva a advertir que, si el mundo que viene será multipolar, nuestra geopolítica deberá también, acorde con ese nuevo mundo, tener una visión multidimensional de implicancias globales, o sea, deberemos aprender a ver el mundo desde una perspectiva propia. Si los chinos, hindúes, iraníes y rusos, propician think tanks propios, con perspectivas geopolíticas radicalmente distintas a las de europeos y gringos, no menos debemos realizar en este lado del mundo. El asunto, en definitiva es, o producimos una perspectiva propia de lo que sucede en el mundo o nos contentamos con la perspectiva usual, que es la occidental. De una determinada narración se deduce una determinada posición. Si la narración es la decadente, la moderno-occidental, entonces lo que se deduce es la defensa de los intereses y los valores moderno-occidentales.

El mundo es lo que se interpreta de éste. O descubres el mundo o te lo encubren. La política exterior de nuestros países ha estado siempre constituida a partir de los marcos teórico-conceptuales de la narración geopolítica imperial. Desprenderse de aquello supone producir una nueva narración geopolítica que de nacimiento a un nuevo tipo de relaciones internacionales. Lo usual en teoría de las relaciones internacionales ha sido siempre la lectura abstracta, descontextualizada, sin historia, usando conceptos meramente formales, que ordenaban un pasivo reacomodo a las situaciones impuestas. La geopolítica parecía patrimonio del centro, por eso hasta la izquierda ingenua entendía ésta como una disciplina imperial (sumidos en la lectura hacia adentro olvidaban a menudo el mundo real en el cual se encontraban).


Las lecturas hegemónico-imperiales están en crisis, develando el provincianismo de la visión del centro ante un mundo de ascensos civilizatorios que no logran comprender. Occidente nunca conoció al mundo, por eso mira atónito el ascenso de las potencias emergentes y descubre que no tiene otra cosa que la fuerza bruta para imponerse. El afamado historiador de la Universidad de Yale, Paul Kennedy, sostiene que los asuntos internacionales no andan bien en el mundo político y social y que incluso estarían comenzando a desmoronarse, tanto institucional como discursivamente. Pero este desmoronamiento lo ve como un atentado al "mundo libre", es decir, no es capaz de ver que se trata del desmoronamiento cultural-civilizatorio de la propia hegemonía occidental, es decir, el llamado "mundo libre".


La conclusión que este tipo de personajes –muy influyentes en ámbitos de poder– presenta, es que el mundo está desquiciado. Esa visión delata a un centro que ya no sabe leer un nuevo mundo emergente. Para Charles Hill, legendario funcionario del Departamento de Estado, el antiguo orden conocido como el siglo norteamericano, que era parte de la era moderna, parece estar apagándose. Su diagnóstico es revelador, pues señala que la era que viene "ya no será moderna"; pero lo que constituiría una esperanza para el resto del mundo pobre, él lo ve como "nada agradable".


Por supuesto, desde el imperio no es nada agradable perder su preeminencia; por eso hace bien David Brooks (columnista del New York Times) en señalar que el orden moderno al cual se refiere Hill, es un sistema de Estados que encarnan los dos grandes vicios de las relaciones internacionales: el deseo de dominio expansivo y de eliminación de la diversidad. De ello se puede colegir que las mismas relaciones internacionales no fueron nunca concebidas para un mundo multipolar no occidental. Para el imperio, la geopolítica ha sido la defensa exclusiva de sus intereses, a los cuales llama sus valores. Un mundo multipolar y policéntrico es algo inconcebible para la geopolítica imperial, pero una necesidad a ser pensada en la geopolítica de nuestros países. Por eso tiene sentido hablar de una descolonización de la geopolítica.

La transición civilizatoria no puede ser ciega. Advertir el sentido potencial de una nueva reconfiguración planetaria, sin hegemonía única, permite diseñar una nueva fisonomía global más acorde a una realidad diversa y plural. Por eso la visión provinciana de la geopolítica imperial ya no sirve para interpretar el sentido de la transición. La narrativa geopolítica deberá recuperar las historias negadas y los horizontes culturales olvidados. Si el G77, y Bolivia y los países del ALBA, están a la altura de liderar la transición civilizatoria, lo que lógicamente debería acontecer es la posibilidad de fundar, en el mediano plazo, una nueva "Liga de las Naciones" (como reconocimiento además a sus verdaderos inspiradores: la liga indígena Iroquesa).


Si todas las instituciones mundiales ya no cuentan con legitimidad, pues todas ellas responden a la disposición centro-periferia, prototípica de la hegemonía moderno-occidental, la propia ONU debería desaparecer y dar lugar a una nueva y más democrática organización. El G77 contiene la mayor concentración de países miembros de la ONU, por tanto, su legitimidad es considerable. Un nuevo mundo en ciernes no puede amanecer con instituciones arcaicas.


La Paz, Bolivia, 30 de mayo de 2014

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Jueves, 29 Mayo 2014 05:50

Un mundo multipolar

El mayor viraje de la historia contemporánea fue el propiciado por el desenlace de la Guerra Fría, momento en que uno de los campos de la era bipolar desapareció, abriendo camino hacia un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial norteamericana.


De inmediato, Estados Unidos pasó a valerse de su incuestionable superioridad, buscando transferir los conflictos hacia el enfrentamiento militar. El ápice de esa política de militarización de los conflictos se dio en Afganistán, Irak y Libia. Aunque bajo formas relativamente distintas, el desenlace de los conflictos se dio por la vía militar –invasión, ocupación, bombardeo, derrocamiento de los gobiernos–.


Aun con desgastes, esa vía se imponía hasta hace poco, sin que aparecieran obstáculos para que la dominación norteamericana se desplegara con fuerza. Hasta que el conflicto con Siria, que se encaminaba hacia un bombardeo del territorio de ese país, tuvo un giro inesperado, con una propuesta de acuerdo formulada por el canciller de Rusia, aceptada por EE.UU.


El desgaste de las operaciones anteriores empezaba a mermar la capacidad hegemónica de EE.UU. Fue muy significativo que el primer rechazo de participar del bombardeo viniera del principal aliado estratégico de EE.UU. –Gran Bretaña–, con la negativa del Parlamento a acompañar a EE.UU. en una nueva aventura, consecuencia directa de la invasión a Irak, en la que el ex primer ministro Tony Blair salió muy desgastado por haber jugado su prestigio por una versión que demostró ser falsa.


Obama tuvo que aceptar la oferta rusa porque, además, no logró apoyo de la opinión pública de EE.UU., que no tenía ganas de meterse en una nueva guerra, con consecuencias imprevisibles. Tampoco logró el apoyo de los militares, a quienes la idea de un bombardeo quirúrgico no convenció. Y, como remató Obama, ni su familia lo apoyó.

El clima de acuerdo sobre Siria se extendió a Irán –entre otras cuestiones, por los vínculos directos que tienen los dos conflictos–. En ambos casos, aun con dificultades hay avances, proyectando a Rusia como nuevo gran protagonista de la negociación de los conflictos contemporáneos. Por primera vez, desde el final de la Guerra Fría, EE.UU. tuvo que limitar su accionar basado en la fuerza, para aceptar términos políticos de acuerdos negociados entre gobiernos.


La situación de Ucrania, aun con distintos rasgos, confirma esa nueva tendencia. Con el final de la Guerra Fría y la desaparición del campo socialista, las potencias occidentales han avanzado con gran codicia sobre los países hasta entonces participantes en ese campo, incorporándolos a la Unión Europea e incluso a la OTAN.


Ucrania es un caso especial, porque se ubica en la frontera con Rusia y porque Crimea es un puerto esencial para el país, en términos comerciales y militares. La forma violenta con que las fuerzas pro Unión Europea han actuado –decretando incluso la prohibición de la lengua rusa– sólo logró debilitar su capacidad de consolidar la unificación de un país con enormes diferencias regionales.


Lo cierto es que se desató una dinámica centrífuga, donde las potencias occidentales denuncian la acción de Rusia como fuerza que estaría empujando y actuando en favor del desmembramiento de Ucrania. Conforme aumenta la ira de los medios occidentales, se ven confrontados con la imposibilidad de intervenir de EE.UU., generándose una situación de más límites a la acción norteamericana.


Mientras las potencias occidentales se veían limitadas a medidas inocuas de punición de Rusia, Putin se reunía con Xi Jinping para cerrar un gran acuerdo energético, así como una estrategia de desdolarización del comercio entre los dos países. En todos sus aspectos, los acuerdos contribuyen a configurar campos propios de acción, en oposición al bloque dirigido por EE.UU. Ya en el conflicto ucraniano, mientras EE.UU. cuenta con sus aliados europeos –con distintos grados de coincidencia–, Rusia cuenta con los países del Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).


Los acuerdos entre China y Rusia, el fortalecimiento de los Brics y los procesos de integración regional en América latina y el Caribe son eslabones de lo que puede llegar a ser un mundo multipolar. Los próximos años confirmarán o no esta perspectiva.

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El acercamiento económico entre China y Rusia podría socavar la condición del dólar como una divisa de reserva "en el contexto" de otros acontecimientos de importancia.


Así lo asegura James Rickards, gerente de cartera de inversiones del West Shore Group.
Después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, y el mandatario chino, Xi Jinping, ratificaran un contrato multimillonario sobre suministro a largo plazo de gas de Gazprom al territorio chino, muchos analistas del mercado se preguntan por la divisa en la que Pekín efectuará los pagos.
Algunos de ellos supusieron que los dos países ya pueden prescindir del dólar estadounidense, lanzando un cambio directo de yuan por rublo.
Mientras que Putin clasificó las condiciones financieras del contrato de gas, el segundo mayor banco de Rusia, el VTB, especializado en comercio exterior, llegó a un acuerdo con el Banco de China sobre las transferencias en las divisas nacionales.


"Por sí solos, estos dos pasos no significan el final del dólar como principal divisa de reserva global", dijo el gerente en un comentario concedido a la cadena de televisión CNBC vía el correo electrónico.


Pero "al examinarlos en el contexto" de la frustración de Arabia Saudita por la ineficaz política de Estados Unidos respecto a Irán, la creciente demanda de oro en China y otros factores, Rickards llega a la conclusión que son "pasos significativos del dólar en esa dirección".


Y es que en los sistemas globales como lo es el financiero, admite el experto, unas tendencias diminutas pueden transformarse en un colapso desastroso.


La condición del dólar como moneda de reserva permite a Washington endeudarse con enormes sumas y vivir por encima de sus posibilidades, recuerda el experto estadounidense.


"Un problema muy grande consiste en que EE.UU. da por hecho el papel del dólar como divisa de reserva, mientras que corre el riesgo de perder la confianza en la política monetaria (del Sistema de Reserva Federal) y la política del dólar barato del Departamento del Tesoro", argumenta Rickards.


(Con información de Russia Today)

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Miércoles, 28 Mayo 2014 06:50

Evo Morales: arrasar es la consigna

El próximo 12 de octubre se celebrarán elecciones presidenciales y legislativas en Bolivia y el jefe del Estado, Evo Morales, que gobierna desde 2006 y busca su tercer mandato, no se conforma con ganar, quiere superar los dos tercios de votos y escaños: arrasar es la consigna.
¿Pero a qué viene esa necesidad? En una reciente entrevista en Vanity Fair, publicación poco afecta a lo precolombino, aseguraba el presidente que "no más", que había que dar paso a otras generaciones. Pero son bastantes los que en Bolivia creen que la magnitud de su victoria puede ser indicador o pretexto para cambiar de opinión. Pedro Rivero, director del diario de Santa Cruz El Deber, da por sentado que "Evo ganará sin despeinarse", mientras la oposición "sigue deshojando la margarita en torno a una candidatura única que sea capaz de plantarle cara al caudillo, hasta ahora imbatible".


El presidente, convertido en oráculo de la Bolivia indígena, ha desplegado en los últimos meses una gran actividad para amueblar de lujo su victoria. El politólogo Horst Grebe subraya cómo "ha puesto en campaña a todo el aparato público, sellado alianzas con la cúpula sindical, cooperativas mineras, campesinos y productores de coca, con regalos y beneficios como un aumento salarial bastante por encima de la inflación". Eso hacia dentro, pero hacia fuera la actividad no ha sido menor: "A su estrategia electoral ha incorporado la demanda contra Chile de restitución de un acceso soberano al Pacífico, presentada - el 13 de abril de 2013- ante la Corte Internacional de La Haya", que reivindica los 400 kilómetros de costa que La Paz perdió en la guerra de 1879, 83. Con gran habilidad el mandatario ha logrado atraer a una voz crítica como la del expresidente Carlos Mesa a un comité de reivindicación de la salida al mar, lo que no ha impedido al veterano periodista y politólogo tachar la candidatura reeleccionista de Morales de anticonstitucional. Y aun se podría añadir a la lista de operaciones de prestigio el lanzamiento en China del satélite de comunicaciones boliviano Túpac Katarí, el 20 de diciembre del año pasado, y muy señaladamente la cumbre del 14 y 15 de junio en Santa Cruz del Grupo 77 + China, una especie de acampada fraternal del mundo en vías de desarrollo, que agrupa a 133 Estados, bajo la presidencia de Bolivia en todo 2014.


La reunión se presenta como apoteosis del plurinacionalismo, santo y seña de la revolución que Morales quiere extender, según sus propias palabras, no solo a toda América Latina sino al resto de la Humanidad. Y, como afirma el periodista de radio y televisión José Pomacusi, la reunión se celebra en Santa Cruz, la ciudad de la Media Luna que ha sido el bastión tradicional de lo poscolombino, que "hoy lo tiene, sin embargo, como favorito electoral, compartiendo sonrisas con los empresarios cruceños, que con su Gobierno ganan más dinero que nunca". En su obra de autogratificación, cuenta con palmeros excepcionales como el expresidente brasileño Inàcio Lula da Silva, que en mayo de visita en La Paz aseguraba que "Bolivia nunca ha estado tan bien como ahora".


En ese panorama triunfal no han dejado de aparecer, sin embargo, brotes de sarpullido que podrían infectarse. A fin de abril estalló una insurrección masiva de suboficiales que protestaban por la situación material en que vivían, de los que 715 fueron inicialmente pasados a retiro. Como dice la directora del semanario Uno, Maggy Talavera, "muchos creyeron ver entonces el anuncio de una ruptura entre el Gobierno y uno de sus aliados privilegiados". Militares y policía, como describe Juan Carlos Rivero (El Deber), "absorben cerca del 50% del Presupuesto y la gratitud de la cúpula castrense se ha dejado sentir expresando su adhesión al proceso de cambio, así como en la sustitución del grito de guerra "subordinación y constancia" por el de "Patria o muerte, venceremos", donde el eco del castro-chavismo suena como tintineo de dólares.


Ocurre que, como subraya el periodista cruceño, "las condiciones en que se forman y viven suboficiales y sargentos son deplorables. Tanto que muchos deben comprarse su propio uniforme. Y su acceso al seguro médico y la educación superior son muy limitados, por lo que exigen la descolonización de las Fuerzas Armadas". El término "descolonización" es altamente sensible para un presidente cuya justificación ante la historia es que está deshaciendo la colonización impuesta por una minoría de blancos, mayormente españoles, que ha perdurado desde la conquista. Y la "descolonización" de las Fuerzas Armadas ha sido hasta ahora puro maquillaje, como incluir motivos indígenas en banderas y estandartes, lo que se ha calificado de un cierto gatopardismo, que cambia la parte para que todo siga igual.


Talavera ve, sin embargo, en el movimiento una intencionalidad que desborda la simple protesta alimenticia: "El trasfondo es otro; lo que se disputa es el mando de tropas bajo un modelo similar al de las milicias venezolanas, que es el que parece que se considera en una próxima reforma legal. La presión está muy bien calculada en estos meses preelectorales, porque es el mejor momento para lograr atención cuando el poder está en campaña para ser reelegido". Y, aunque se desactivó la protesta contentándose los suboficiales "con no cambiar de destino y ser reintegrados en la institución militar, el problema de la colonización de las Fuerzas Armadas no está en modo alguno resuelto", asegura José Pomacusi. Juan Carlos Rivero apunta que "no se descarta que puedan surgir conflictos similares, especialmente en las filas policiales, que reciben todavía peor trato que los militares".


La cuestión de fondo puede consistir, como sugiere Talavera, en que las Fuerzas Armadas que, como pretende la autoridad, son no deliberantes, obedecen y callan, "sí que deliberan, hacen política y se adscriben de manera militante al Gobierno de turno. Se puede decir que lo hacen con premeditación y alevosía, según una ruta que muchos afirman que ha sido diseñada por el ministro de la presidencia y exmilitar Juan Ramón Quintana, junto con el vicepresidente Alvaro García Linera, ambos consejeros áulicos del presidente. El director de El Deber remata que, de la crisis, "quedaron efectos y consecuencias, debidas a la desinstitucionalización de la entidad tutelar de la patria".


Los 715 sancionados - de los que casi 400 pertenecían al Ejército de Tierra, 300 a la Fuerza Aérea, y 21 a la exigua armada lacustre del Titicaca - fueron progresivamente reincorporados al servicio (187 el 30 de abril) y los restantes por etapas. Pero lo hicieron sin reintegrar a filas al que se califica de líder de la protesta, el sargento Lorgio Cartagena, sancionado en un primer grupo de 13 suboficiales el 21 de abril, y retirado definitivamente el 22 de mayo. Los casos que aún están bajo examen se supone que concluirán con la readmisión de la mayoría.


¿Le ha hecho daño al presidente la revuelta de subalternos? Encuestas recientes reflejan un apoyo popular de un 34%, muy lejos del Himalaya habitual por encima del 60% en el que ha vivido muellemente el jefe del Estado. La escritora Susana Seleme, que se declara "demócrata opositora al régimen de Evo Morales", sostiene que "hay un desgaste del poder por rechazo al continuismo y a la megacorrupción que la propaganda oficial no puede tapar". Según la politóloga, el lema inicial de Morales "indígena-pueblo originario-campesino, así como la restauración del mundo precolombino y la defensa de la Madre Tierra, quedaron en el olvido". Para ella, ha acabdo imponiéndose, en cambio, "la creencia en una única institución: Estado-Gobierno-partido único-pueblo" y quienes "se rebelan son descalificados como neoliberales, delincuentes, traidores a la patria, amén de un largo y absurdo etcétera".


Ante las elecciones de octubre, una oposición cuyas figuras más representativas son Juan del Granado. candidato del MSM (Movimiento Sin Miedo); Rubén Costas, gobernador de Santa Cruz, por el MDS (Movimiento Democrático Social); y el industrial Samuel Doria Medina, al frente del Frente Amplio, tiene poco que hacer ante el líder indígena, digan lo que digan encuestas coyunturales.


El presidente es un viejo zorro aunque solo tenga 54 años y, como subraya Pedro Rivero, todo parece jugar a su favor: "La fiebre mundialista –el Mundial de fútbol en Brasil a fin de junio- cobra temperatura y hasta el presidente se pondrá en onda para debutar en la depauperada Liga Nacional. Así, con circo de por medio, el deporte concentrará la atención del público antes de que los ajetreos preelectorales ganen de nuevo impulso". El mandatario es un futbolista frustrado y, si el gremio cocalero del que procede hubiera tenido selección, seguramente habría destacado en ella.


El publicista Raúl Peñaranda hace un dramático colofón: "Evo Morales lo tiene todo a su favor: maneja a su antojo los recursos del Estado, sujeta con mano de hierro un bloque de medios de comunicación, controla la Justicia y manipula movimientos sociales y sindicatos. Aun así, no está claro el margen de victoria; que si fuera corto, en el caso de que la oposición lograra unirse, constituiría una buena noticia para la maltrecha democracia boliviana. Pero, al contrario, una victoria amplia implicaría fortísimos desafíos para la libertad de expresión, los derechos humanos y, en general, toda la sociedad"

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¿Quiere Evo Morales arrasar electoralmente, para perpetuarse en el poder como el primer bolivariano, Hugo Chávez, hizo hasta su muerte en Venezuela, y podría hacer otro tanto en Ecuador Rafael Correa? La respuesta, en 2018

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Golpe de Estado y toque de queda en Tailandia

El tráfico en la hora pico era tan caótico como siempre. La única diferencia del jueves por la noche en Bangkok era que la música que se reproduce desde las radios al mundo provenía de bandas militares. Esa tarde, el jefe del ejército de Tailandia lanzó un golpe de Estado, tomando el control del gobierno, deteniendo a los líderes políticos rivales y bloqueando las emisoras nacionales e internacionales. El Consejo Nacional de Paz y el Orden también impuso un toque de queda durante la noche y prohibió reuniones de más de cinco personas.


Dos días después de que el ejército interviniera e impusiera la ley marcial, el general Prayuth Chan-ocha anunció ayer en la televisión que por 12ª vez desde que el país dejó de ser una monarquía absoluta, en 1932, las fuerzas armadas se apoderaron del gobierno. Pero salvo por un puñado de elementos, la Constitución, dictada bajo un régimen golpista anterior, en 2007, había sido suspendida, dijo.


"El ejército intervino para que la situación volviera rápidamente a la normalidad, para que el pueblo tuviera amor y unidad como en el pasado, para reformar los sistemas políticos y económicos, y para otorgar igualdad a todos", expresó. Ayer por la noche agregó que iba a asumir el papel de actual premier.


El ejército dijo que había impuesto el golpe de Estado con el fin de preservar la ley y el orden, pero dada la situación ahí parece que va a hacer lo contrario. Miles de partidarios del derrocado gobierno han dicho que van a marchar y protestar para preservar la democracia. Hace cuatro años, más de 90 personas murieron en la violencia política que se desató en Bangkok. Estados Unidos, que es un aliado de Tailandia y tiene vínculos muy estrechos con el Ejército Real de Tailandia, denunció los acontecimientos de ayer diciendo que revisaría la ayuda militar al país. "No hay justificativo para este golpe militar", dijo el secretario de Estado, John Kerry.


El golpe se llevó a cabo después de que el ejército convocara a los líderes de las facciones rivales, enfrentados políticamente desde hace mucho en el país, al segundo día de conversaciones en un complejo deportivo militar en Bangkok. En las conversaciones participan el gobierno, el partido gobernante Phua tailandés, el partido Demócrata opositor, el movimiento de Camisa Roja y los manifestantes antigubernamentales conocidos como el Comité de Reforma Democrática del Pueblo (PDRC). Habían comenzado el miércoles, pero no habían podido llegar a un acuerdo.

El portavoz del ejército, Werachon Sukondhapatipak, dijo que el golpe se había declarado porque el ejército había sido incapaz de lograr que los diferentes grupos llegaran a un compromiso. "No estuvieron de acuerdo en la reunión y en ese momento se llevó a cabo el golpe", dijo a The Independent. "Estamos tratando de llegar a un acuerdo."

Pero muchos vieron la organización del Gen Prayuth de la reunión como una hábil estratagema. Hasta anoche, los altos dirigentes de las facciones rivales quedaron en custodia del ejército y no pudieron responder sus teléfonos. "Fue una treta. No se detiene a la gente porque no se llega a un acuerdo", dijo Sean Boonpracong, asesor del gobierno derrocado. "Han ocultado cosas a través de la ley marcial. Nadie creyó que serían tan descarados."


La acción del ejército se produjo después de meses de protestas del PRCD que socavaron al gobierno respaldado por el ex primer ministro Thaksin Shinawatra. Thaksin fue derrocado en un golpe de Estado de 2006, pero siguió moviendo los hilos desde el exilio en Dubai. Su hermana, Yingluck Shinawatra, fue elegida en 2011, pero fue destituida de su cargo hace dos meses.

 

El PDCR hizo campaña para destituir a la familia de Thaksin de la política de Tailandia, insistiendo en que son corruptos y venales. Ellos rechazaron la perspectiva de más elecciones hasta que se lleven a cabo una serie de "reformas no especificadas", alegando que el sistema está arreglado.


Sin embargo, hay otros factores implicados. Tailandia es un país que está cambiando rápidamente y los partidarios de Thaksin lo recuerdan como alguien que ayudó a introducir los préstamos de asistencia sanitaria y pequeños préstamos, la patada inicial para su viaje hacia la clase media. El movimiento de la Camisa Roja, que en gran parte lo apoya, cree que los manifestantes contra el gobierno quieren reducir la democracia electoral y limitar el poder político y el derecho de voto a los ricos y poderosos.


Varios analistas creen que un factor vinculado de forma paralela e inextricable es la lucha por el poder detrás de las escenas sobre qué miembro de la familia real será el sucesor del monarca enfermo, el rey Bhumibol Adulyadej, de 86 años, que controla activos por valor de más de 306 mil millones de dólares.


De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

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Traducción: Celita Doyhambéhère.

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China y Rusia sellan un pacto sobre energía de gran alcance estratégico

China hizo hoy su mejor regalo posible a Rusia. Ambos países suscribieron finalmente un histórico acuerdo valorado en 400.000 millones de dólares por el que la rusa Gazprom suministrará 38.000 millones cúbicos anuales de gas a China, y que representa un importante espaldarazo económico y diplomático para un presidente ruso, Vladímir Putin, necesitado de respaldos ante las sanciones impuestas por Occidente a raíz de la crisis ucraniana.

 

En una ceremonia presidida por Putin y su homólogo chino, Xi Jinping, en Shanghái, donde ambos participaban en la IV Conferencia sobre Interacción y Desarrollo de la Confianza en Asia (CICA, un foro de seguridad y cooperación regional), los presidentes de Gazprom, Alexei Miller, y del consorcio energético estatal chino CNPC, Zhou Jiping, suscribieron un acuerdo que culmina una década de negociaciones, llamado, según la agencia estatal china Xinhua, el "Contrato de Compraventa Chino-Ruso sobre el Proyecto de Gas de la Ruta del Este".


Ninguna de las dos partes ha querido divulgar detalles precisos sobre el precio de venta acordado, aunque Miller, ha declarado a los medios rusos que el acuerdo alcanza los 400.000 millones de dólares, lo que arrojaría un valor en torno a los 350 dólares por millar de metros cúbicos. El consorcio ruso empezará a suministrar gas a China, en una ruta hacia el este, a partir de 2018.


De acuerdo con un comunicado de CNPC, el contrato estipula que Gazprom será responsable del desarrollo de los campos de extracción del gas, las plantas de procesamiento y los gasoductos en territorio de su país. La parte china se hará cargo de la construcción del gasoducto en su territorio, así como de la construcción de instalaciones para su almacenamiento.


El gas ruso se distribuirá principalmente en el noreste chino, las áreas metropolitanas de Pekín y Tianjin -la ciudad portuaria al este de la capital- y la región del delta del Yangzé, y permitirá "hacer frente al aumento del consumo interno de energía en China, mejorar el medioambiente, optimizar la estructura de uso de la energía y promover la diversificación de las importaciones energéticas", subrayó CNPC.El acuerdo, según el subdirector de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Renmin, Cheng Xiaohe, "beneficia a China y a Rusia". A Pekín, pues permite cubrir buena parte del actual consumo de gas chino, que en 2013 se situó en torno a los 170.000 millones de metros cúbicos anuales y que crecerá a medida que la República Popular abandone gradualmente el carbón, su principal y más barata fuente de energía, en favor de alternativas menos contaminantes. Para Moscú, forzado a buscar otros clientes ante el deterioro de los lazos con los países europeos, sus principales compradores, porque se le abren otros mercados. De hecho, los 38.000 millones de metros cúbicos anuales que suministrará Gazprom -si bien sólo la mitad prevista en un memorándum anterior- representan el mayor contrato individual de esta compañía.


Según CNPC, el acuerdo "es una completa demostración del principio de confianza y beneficios mutuos" en las relaciones entre Rusia y China.
La firma del pacto se esperaba inicialmente para el martes, cuando Xi y Putin se reunieron por séptima vez en apenas catorce meses. El presidente ruso se encontraba en Shanghái, su primera visita a China durante el mandato de Xi, para participar en las reuniones de la CICA y para asisitir al comienzo de unas maniobras militares conjuntas que se prolongarán hasta el próximo martes. Pero la falta de un acuerdo definitivo sobre el precio obligó a retrasar un día la ceremonia. Finalmente, tras unas negociaciones que continuaron hasta la madrugada se impuso el interés común y, sobre todo, la fuerte voluntad política de las dos partes.


Xi, inmerso en disputas sobre soberanía territorial en los mares de su este y sur, necesita el apoyo diplomático de Putin para contrarrestar el respaldo de EEUU a sus vecinos y el "pívot" de la primera potencia hacia la región de Asia-Pacífico. Por su parte Putin, aislado a raíz de la crisis ucraniana, busca respaldos fuera de Occidente. Es una alianza que, como recuerda Chen, "no necesita una ideología común; de hecho, los dos países no es que se amen locamente. Lo que les unen son los intereses comunes".


Ambos presidentes prevén que el intercambio comercial bilateral crezca para el año próximo un 10 por ciento respecto al volumen actual, inferior a los 90.000 millones de dólares. El Gobierno chino calcula que esa cifra se doblará y alcanzará los 200.000 millones de dólares en 2020, un objetivo para el que el acuerdo firmado hoy representa un paso importante.

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