Sábado, 11 Junio 2011 08:32

El dilema político de Barack Obama

El presidente de Estados Unidos está considerado la persona que en lo individual tiene más poder en el mundo moderno. Para su pesar, lo que Barack Obama está aprendiendo es que tiene todavía un enorme poder de hacer daño. Pero que virtualmente no cuenta con poder para hacer el bien. Pienso que se da cuenta de ello, y no sabe qué hacer. El hecho es: hay muy poco que pueda hacer al respecto.

Tomemos su preocupación particular más grande en este momento –la segunda revuelta árabe. Él no la inició. Es obvio que le tomó por sorpresa cuando comenzó, y como a casi todo mundo. Su respuesta inmediata fue pensar, correctamente, que implicaba graves peligros para el ya de por sí tambaleante orden geopolítico en la región. Estados Unidos buscó todas las maneras posibles de limitar el daño, mantener su propia posición y restaurar el "orden". No se puede decir que Estados Unidos haya tenido mucho éxito. Todos los días y de todas las formas la situación se ha tornado más desordenada y ha quedado más allá del control de Estados Unidos.

Barack Obama es, por convicción y personalidad, el centrista por excelencia. Busca el diálogo y el arreglo entre los "extremos". Actúa con la debida reflexión, y realiza las decisiones importantes con prudencia. Está en favor de un cambio ordenado, lento —que no amenace el sistema básico del cual él no sólo es una mera parte sino la figura central designada y el jugador individual más poderoso.

Hoy él está constreñido desde todas partes para asumir su papel. No obstante, continúa intentando jugarlo. Obviamente se dice a sí mismo, ¿qué más podría yo hacer? Lo que ocurre como resultado de lo anterior es que los otros jugadores (incluidos aquéllos que alguna vez fueron sus aliados subordinados) lo desafían abiertamente, y sin vergüenza, y al salirse con la suya le restan aún más su poder.

Netanyahu se dirige al Congreso estadunidense, que con entusiasmo aplaude interminablemente su peligroso sinsentido en aras de sus propios intereses, cual si fuera la rencarnación de George Washington. Esto fue una bofetada directa en la cara de Barack Obama, pese a que Obama, al hablar ante la American Israel Public Affairs Commitee, ya había retirado su tímido intento de proponer como base de una solución entre israelíes y palestinos el regreso a las fronteras de 1967.

El gobierno saudita ha dejado muy claro que hará todo lo que esté en su poder para defender los regímenes existentes en el mundo árabe y está enojado ante el hecho de que Obama conceda en ocasiones hablar en el lenguaje de "derechos humanos". El gobierno de Pakistán le dice con mucha claridad a Obama que, si intenta ser rudo con ellos, cuentan con un amigo más firme en China. Los gobiernos ruso, chino y sudafricano le han dejado claro a Obama que, si Estados Unidos intenta convocar la acción del Consejo de Seguridad en contra de Siria, no tendrá su apoyo y probablemente no pueda siquiera lograr la mayoría simple de votos: ecos del fracaso de Bush en 2003 con la segunda resolución en torno a Irak. En Afganistán, Karzai está llamando a la OTAN para que le ponga un alto a los ataques con los llamados vuelos no tripulados o drones. Y el Pentágono está sintiendo presión para salir de Afganistán sobre la base de que es demasiado costoso seguir ahí.

Si alguien pensara que la debilidad estadunidense es un asunto exclusivo de Medio Oriente, echemos un vistazo a Honduras. Estados Unidos respaldó virtualmente el golpe contra el ahora ex presidente Zelaya. Debido al golpe, Honduras fue suspendido de la Organización de Estados Americanos (OEA). Estados unidos ha luchado duro por hacer que se le restaure a Honduras una plena membresía en la OEA sobre la base de que el nuevo presidente fue formalmente electo. Los gobiernos latinoamericanos resistieron esto porque a Zelaya no se le había permitido retornar pese a que se le retiraron todos los cargos falsos.

¿Qué ocurrió entonces? Colombia (supuestamente el mejor amigo de Estados Unidos en la región) y Venezuela (supuestamente la némesis de Estados Unidos en América Latina) se unieron y juntos arreglaron con el gobierno hondureño en el poder que Zelaya regresara en sus propias condiciones. La secretaria de Estado Clinton sonrió sombría ante este rechazo de facto de la diplomacia estadunidense.

Finalmente, Obama está en problemas con el Congreso en relación a la guerra con Libia. De acuerdo a la ley de Poderes en Tiempo de Guerra, Obama podría comprometer tropas en Libia (sin el respaldo explícito del Congreso) sólo durante 60 días. Ya pasaron los 60 días y no ha habido acción por parte del Congreso. Continuar con la acción en Libia es claramente ilegal, pero Obama no ha logrado conseguir el respaldo. Sin embargo, Obama continúa comprometido con las acciones en Libia. Y el involucramiento estadunidense podría crecer. Así que puede hacer el daño, pero no el bien.

Entretanto, Obama se concentra para la relección. Tiene buenas posibilidades de lograrla. Los republicanos se mueven más y más a la derecha, y políticamente no hay duda de que se están excediendo. Pero una vez que se relija, el presidente de Estados Unidos tendrá menos poder que hoy. El mundo se mueve a paso rápido. En un mundo con tantas incertidumbres y actores impredecibles, la más peligrosa "arma suelta" resulta ser Estados Unidos.

Por Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera

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Viernes, 20 Mayo 2011 06:31

La estrategia del arriba

Cualquier plan de acción de los movimientos antisistémicos debe partir de una comprensión lo más completa y abarcativa posible de los objetivos estratégicos que persiguen los grupos dominantes, o sea la tecnoburocracia que maneja los principales hilos del poder global. No se trata de erigir una estrategia alternativa en relación de simetría, sino de comprender cómo planean las clases dominantes perpetuarse en el lugar actual, para prepararnos y maniobrar en consecuencia.
 
En los últimos años va cobrando cuerpo la opción fascista. El nacimiento y expansión del Tea Party en Estados Unidos, el ascenso de la extrema derecha en Francia y la derechización hasta límites peligrosos de algunas derechas europeas como la española, son señalas de alerta. En América Latina la consolidación de la oligarquía colombiana en el poder estatal y el probable retorno de los Fujimori al gobierno son síntomas más que preocupantes.
 
Por fascismo no entiendo una ideología, sino la militarización y exterminio de los de abajo organizados en movimientos. Es evidente que esos pasos se pueden dar sin dejar de pronunciar frases democráticas y que el exterminio lo pueden realizar gobernantes salidos de las urnas, toda vez que el sistema político ha sido reducido a un ejercicio electoral que no se traduce en cambios estructurales. Haití, Colombia y México nos enseñan que militarización, exterminio y democracia son enteramente compatibles. La reciente propuesta de Douglas Fraser, jefe del Comando Sur, para abrir un nuevo frente de guerra en el sur de México y en el triángulo Guatemala-El Salvador-Honduras, que define como la zona más letal del mundo fuera de las zonas de guerras activas, enseña quiénes toman las grandes decisiones que nos afectan.
 
La tendencia más importante que vive la humanidad es la concentración de poder. Estamos ante el poder más concentrado que conoce la historia, y ese enorme poder es el que permite una brutal concentración de riqueza y la cada vez mayor concentración de pobreza en la mitad de la población mundial. Tan grande es ese poder que escapa al control de los estados. Ese enorme poder trasnacional utiliza algunos estados muy poderosos, como Estados Unidos, para perpetuarse en la cúspide. Para ese poder, la humanidad es hoy un estorbo, como ya lo han dicho los zapatistas en La cuarta guerra mundial, un texto de rigurosa actualidad que ya tiene 10 años.
 
Fernand Braudel señalaba que hasta el siglo XVIII la demografía había conocido periodos de flujo y reflujo más o menos constantes, con raras y excepcionales situaciones de equilibrio. Sólo a partir del siglo XVIII se produjo una ruptura de las fronteras de lo imposible y la población comenzó a crecer sin que se haya registrado, en casi tres siglos, retroceso alguno (La dinámica del capitalismo). Este es uno de los datos duros del mundo actual: la enorme expansión de lo que William I. Robinson denomina como población global superflua, que en su opinión ya representa un tercio de la humanidad (Al Jazeera, 8/5/2011).
 
Ese tercio excluido es uno de los objetivos del poder. Y lo es de diversas formas: es el tercio de la población de Brasil que es asistido con el programa Bolsa Familia; el mismo tercio que se alimentaba en comedores populares durante el régimen de Alberto Fujimori administrados por su clientelismo mafioso. Y así sucesivamente. La contracara, por supuesto, es la militarización de las favelas brasileñas y el asesinato de 70 mil peruanos en la misma década, además de la esterilización forzosa de 300 mil mujeres indias. En cada país y región pueden hacerse números y concluir cuántos sobran y cómo se están implementando programas para neutralizarlos/asesinarlos.
 
En Colombia, por ejemplo, la guerra desplazó a 4 millones de campesinos de sus tierras y provocó cientos de miles de muertos. Lo más terrible es que el genocidio sigue adelante, como lo viene denunciando la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN). La guerra y la militarización al servicio de lo que Robinson denomina como acumulación militarizada se realizan desde hace algunos meses bajo los nuevos modales democráticos esbozados por el presidente Juan Manuel Santos, que siendo ministro inventó los falsos positivos (civiles asesinados por el ejército para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate) y ahora funge a la vez como amigo de la Unasur y de la Alianza del Pacífico, dos proyectos antagónicos.
 
Para los movimientos anstisistémicos, comprender que la variante genocida de los de arriba va ganando mayores espacios supone mirar la realidad de frente, no para paralizarnos sino para definir con mayor nitidez las formas de acción. Distraer fuerzas en disputas pequeñas no tiene el menor sentido. Hay quienes tienen aún la ilusión de que los de arriba pueden tolerar otra política sin antes neutralizar o dinamitar los espacios colectivos. No debemos enzarzarnos en disputas verbales sobre los caminos a seguir. Dividen y paralizan; debemos crear e inventar.
 
Los hechos muestran que es necesario crear espacios para que los de abajo nos relacionemos, podamos debatir y cuestionar, organizar y movilizar. Lo que viene sucediendo estos días en la Puerta del Sol de Madrid o en el barrio Exarxia de Atenas, siguiendo más o menos los mismos pasos que llevaron a ocupar la plaza Tahrir en El Cairo, muestran que es un camino tan necesario como posible. Un camino distinto al de la tradicional huelga seguida de manifestación para presionar al poder, que no mira arriba sino horizontalmente, que busca tejer vínculos no sistémicos para delinear el mundo otro.
 
Estos movimientos suelen ser criminalizados, perseguidos y reprimidos. Los de arriba pueden optar por la masacre como han hecho tantas veces y siguen haciendo ahora en Medio Oriente. Se impone la necesidad de defender estos espacios, una tarea en la que los movimientos van muy a la zaga del poder. Pero que deberán abordar antes de que sea demasiado tarde.

Por Raúl Zibechi
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Viernes, 15 Abril 2011 06:19

EE.UU. La gran estafa o el Inside Job

La producción cinematográfica Inside Job, ganadora del último Oscar (2011) por el mejor documental, ha sacudido muchas conciencias, sobre todo las de aquellos que confiaron en que con la llegada del presidente Barack Obama a la Casa Blanca, EEUU cumpliría con las reglas del juego, se comenzaría nuevamente a regular el sistema financiero y se pondría fin a la "avaricia de Wall Street". Sin embargo, es poco o nada lo realizado. Según el documental, las tímidas reformas de Obama no han avanzado en las comisiones del Congreso o han sido bloqueadas por los poderosos manipuladores al servicio de los intereses financistas que controlan tanto la esfera política como el mundo académico para legitimar sus mensajes falsos.
 
Inside Job, según el periodista español Ramón Muñoz, deja en evidencia que Obama no ha perseguido a los "avaros" que provocaron el colapso financiero y crisis económica. Los mismos siguen especulando con productos financieros “tóxicos” como las hipotecas “basura” (subprime) o los CDO. Además, Obama puso al mando de su equipo económico a los mismos que presidieron el inmenso fraude contra la economía mundial y ha causado tanto daño a millones de familias en el mundo entero. Los mismos que fueron reclutados por el expresidente George W. Bush, siguen en sus puestos.
 
El supuesto rescate de los bancos que costó varios millones de millones de dólares consistió en traspasar los ahorros y los impuestos de los contribuyentes a los propietarios de las instituciones financieras más grandes de EEUU. En cambio, los especuladores no han asumido responsabilidad alguna. El gran “atraco” fue orquestado por un trío de personalidades muy conocidas, con la aprobación de la Casa Blanca. Comenzando con Ben Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal y mano derecha por muchos años del presidente anterior, Alan Greenspan. Seguido por Timothy Geithner, actual secretario del Tesoro, y presidente de la Reserva Federal de Nueva York por muchos años. Además, Lawrence Summers, entre 2009 y 2011 fue director del Consejo Nacional Económico de la Casa Blanca y por muchos años presidente de uno de los bancos más grandes de Wall Street.
 
El capitalismo reformado de rostro social que presentó el presidente Obama en las reuniones del G-20, tras al estallido de la crisis, sólo fue una máscara que logró engañar al mundo por un breve período. En EEUU los lanzamientos de familias de sus viviendas han alcanzado niveles récord en 2010 y 2011. De igual manera, siguen creciendo las bonificaciones multi-millonarias para los ejecutivos de las agencias de calificación como Moody's o Standard & Poor's, que avalaron las especulaciones más atrevidas y las hipotecas basuras, precipitando el desastre financiero. También, más allá de EEUU, sobre todo en Europa, varios países (los PIGS) se han convertido en blancos de los financistas para arrancarles hasta el último suspiro a sus habitantes.
 
En el Wall Street Journal, Paul Farrell está insistiendo en que los ricos tienen que comenzar a contribuir a la recuperación de las economías más maduras. En la actualidad, los pobres y los trabajadores son los únicos que pagan impuestos. En EEUU los ricos han logrado que los gobiernos de turno los exoneren de sus obligaciones. Incluso, como se ha visto en el caso de Wisconsin, los ricos le están secuestrando sus ahorros y fondos de pensiones a los maestros, policías y a todos los trabajadores. "Los súper ricos, agrega Farrell, no se preocupan por usted", porque viven al margen de la crisis, envueltos en una burbuja en la que "disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, tienen el mejor masajista y los mejores cirujanos". Farrell concluye recordándole a los trabajadores – especialmente a los más jóvenes – que aún hay “tiempo para prepararse ante la revolución que se avecina, la depresión".
 
Inside Job describe como los grandes capitalistas y el gobierno de EEUU conspiraron para intentar frenar la caída de las enormes ganancias de las empresas trasnacionales norteamericanas. Mientras que las industrias emblemáticas de EEUU caían una tras otra, a partir de la década de 1970, los capitalistas comenzaron a invertir sus ganancias en actividades especulativas cada vez más arriesgadas. La banca financiera tiró por la borda todas las regulaciones y el gobierno en Washington eliminó las leyes que impedían que los especuladores se adueñaran de la economía.
 
La especulación combinada con la política de guerra y la “externalizacion” de la industria a China (donde existe una masa de fuerza de trabajo barata), colocó a la economía de EEUU sobre el precipicio. Sólo faltaba que colapsara la burbuja inmobiliaria para que se viniera abajo todo el edificio en 2008. Todavía no hay propuesta racional de recuperación. Tampoco existe – por el momento – grupo social con una alternativa capaz de movilizar al pueblo norteamericano.

Por Marco A. Gandásegui, h, docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena. http://marcoagandasegui10.blogspot.com
 
Panamá, 14 de abril de 2011.
 
 
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Martes, 15 Marzo 2011 07:19

Consorcios vs. pueblos

Cuando está uno en el Ártico, por lo menos hay que tratar bien al anfitrión. El gigantesco consorcio petrolero anglo-holandés Royal Dutch Shell recibió una dura lección al respecto cuando planeaba instalar dos pozos de perforación en el mar de Beaufort, en Alaska, hace un par de años. Había gastado 84 mdd en arrendamientos en la costa y satisfecho a las autoridades. Pero no había logrado granjearse a los inupiat, un grupo inuit (esquimal) al que le preocupaba que los rompehielos y los barcos perforadores lastimaran a las ballenas de Groenlandia, de las que ellos dependen. Sus líderes y grupos ambientalistas demandaron a las autoridades reguladoras estadunidenses por no acatar una ley de 1970 referente a impactos ambientales. Eso les permitió arrancar varias concesiones a Shell, entre ellas un compromiso de detener toda operación frente a la costa durante la temporada de migración y caza de los cetáceos en caso de que comiencen las perforaciones.

Mucho se ha dicho de los conflictos entre los estados del Ártico a causa del repliegue del casquete polar, que ha vuelto accesibles por primera vez muchos recursos naturales. Pero hasta ahora las disputas habían sido de un tipo diferente. La experiencia de Shell en Alaska se repite alrededor del Polo Norte. Y esos conflictos se volverán más comunes. Grupos indígenas consideran gran parte de la costa ártica como su territorio natural (ver mapa) y están dispuestos a defender sus derechos. A finales de febrero, representantes de los inuit se reunieron en Ottawa para definir una postura común en cuanto al desarrollo de recursos en el Alto Norte.

De hecho, los países que rodean el Ártico no tienen mucho por lo cual discutir. Los recursos en tierra yacen dentro de fronteras claramente delineadas, y los submarinos –estimados en 83 mil millones de barriles de petróleo, más de las reservas probadas actuales de Rusia– están en su mayoría en aguas poco profundas bajo jurisdicción de los estados costeros. "No hay competencia por los recursos del Ártico, ni apetito para el conflicto", señala Michael Byers, autor del libro Who owns the Arctic? (¿Quién es dueño del Ártico?). En vez de ponerse a pelear, dice, el año pasado Noruega y Rusia concluyeron el año pasado una disputa de décadas.

En contraste, el potencial de conflicto con pueblos originarios es muy alto. Los inuit en particular viven en zonas abundantes en recursos naturales, y si bien son una pequeña minoría –se estima que hay 160 mil esparcidos en el Ártico–, han logrado cierto grado de poder. Groenlandia, territorio de Dinamarca con preponderancia de población inuit, asumió autonomía en 2009, la cual le dio el control de sus recursos. Nunavut, vasto territorio del norte de Canadá, fue creado una década antes mediante un acuerdo con los inuit.

Más aún, los inuit están decididos a no dejarse hacer a un lado. Han ampliado su poder uniéndose en el Consejo Circumpolar Inuit (CCI), organismo creado en 1977. Han empleado su pertenencia a diversos órganos de Naciones Unidas para comparar notas con grupos indígenas de todo el mundo. Han hecho equipo con otros pobladores del Ártico, como los sami de Escandinavia y los dene del noroeste de Canadá, y han buscado asesoría legal experta para formular su postura común, la cual darán a conocer en mayo.

Los inuit no se oponen al desarrollo, pero quieren asegurarse de que ocurra en sus términos. Esto significa proteger el ambiente, pero también recibir la parte que les corresponde. "Durante siglos las tierras y aguas del Ártico han sido explotadas por todo mundo, excepto los inuit. Ahora es nuestro turno", expresó Kuupik Kleist, primer ministro de Groenlandia, en una reunión en Ottawa. El territorio cuenta con el petróleo y el gas que tiene frente a sus costas para acelerar su camino hacia la independencia. El año pasado permitió que continuara la exploración mientras otros se detenían luego del desastroso derrame de petróleo en el Golfo de México.

Otros delegados hablaron con desdén de compañías que hace algún tiempo indujeron a los inuit a firmar pactos leoninos. En un caso una empresa proveyó a comunidades pobres de Rusia con una caja de vodka y un poco de comida. En otro, una firma de Canadá trató de comprar acceso a un depósito de níquel en Quebec ofreciendo dinero en efectivo y dos removedores de hielo para la pista de patinaje local.

Sin embargo, fueron los relatos de éxito inuit los que más atrajeron a los delegados. Un ejemplo es la mina Red Dog, en el norte de Alaska. Creada como coinversión entre el operador, Teck Alaska, y los inupiat de la localidad, ha metido mucho dinero a las arcas de la etnia: 146 mdd tan sólo en 2010. Puede ser que tales acuerdos parezcan muy onerosos para el apetito de muchas compañías explotadoras de recursos naturales que tienen sueños árticos. Sin embargo, la creciente interconexión entre los inuit hace improbable que acepten menos en un país cuando saben lo que sus hermanos en otros lugares han recibido.

Los inuit saben que no siempre obtendrán lo que quieren, por ejemplo en Rusia, donde los derechos de los yupik, otro grupo inuit, están consagrados en la constitución, pero son erosionados por el gobierno. Por otra parte, los sucesos en Medio Oriente sólo elevarán la ambición por su petróleo y su gas. "Nos guste o no, el desarrollo va a ocurrir", señala Edward Itta, el líder inuit que arrancó las concesiones a Shell.

Fuente: EIU
Traducción de texto: Jorge Anaya

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Viernes, 11 Febrero 2011 07:18

Aferrado al poder

Para el horror de los egipcios y del mundo, el presidente Hosni Mubarak –demacrado y aparentemente desorientado– apareció en la televisión estatal anoche para negar toda exigencia de sus opositores, al anunciar que va a quedarse en el poder durante por lo menos cinco meses. El ejército egipcio, que ya prácticamente había iniciado un golpe de Estado, quedó confundido con el discurso del presidente, que había sido ampliamente publicitado –tanto por sus amigos como por sus enemigos– como un discurso de adiós después de treinta años de dictadura. La inmensa multitud en la plaza Tahrir se volvió loca de enojo y resentimiento.

Mubarak trató –increíblemente– de aplacar al pueblo furioso con una promesa de investigar los asesinatos de sus opositores en lo que él llamó “los infortunados y trágicos eventos”, aparentemente ignorando la furia masiva dirigida a su dictadura de tres décadas de corrupción, brutalidad y represión. El viejo originalmente había parecido listo para abandonar, enfrentado al fin con la furia de millones de egipcios y el poder de la historia, apartado de sus ministros como un bacilo. Sólo a regañadientes su propio ejército le había permitido decir adiós a la gente que lo odiaba.

Sin embargo, en el mismo momento en que Hosni Mubarak se embarcó en lo que se suponía que iba a ser su discurso final, dejó en claro que tenía la intención de aferrarse al poder. Después del discurso, el ministro de Información del presidente insistió en que Mubarak no se iría. Hubo quienes, hasta el último momento, temieron que la ida de Mubarak fuera una acción cosmética –aunque su presidencia se había evaporado frente a la decisión del ejército de tomar el poder horas antes del discurso presidencial—.

La historia puede decidir más adelante que la falta de fe del ejército en Mubarak hizo que éste perdiera efectivamente su presidencia después de tres décadas de dictadura, de torturas a manos de la policía secreta y de corrupción en el gobierno. Confrontado aun por mayores manifestaciones en las calles de Egipto hoy, ni siquiera el ejército podía garantizar la seguridad de la nación. Sin embargo, para los opositores de Mubarak hoy no será un día de alegría y de regocijo y victoria, sino un potencial baño de sangre.

Pero, ¿fue ésta una victoria para Mubarak o un golpe de Estado militar? ¿Puede Egipto ser libre? Para los generales del ejército que insistieron en su partida fue una jornada tan dramática como peligrosa. ¿Son ellos, un Estado dentro del Estado, los verdaderos guardianes de la nación, defensores del pueblo, o continuarán apoyando al hombre que ahora debe ser juzgado casi por insania? Las cadenas que atan a los militares a la corrupción del régimen eran reales. ¿Van a apoyar a la democracia o cimentarán un nuevo régimen de Mubarak?

Aun cuando Mubarak todavía estaba hablando, los millones en la plaza Tahrir rugían su furia. Por supuesto que los millones de egipcios valientes que lucharon contra todo el aparato de la seguridad del Estado gobernado por Mubarak debieran haber sido los vencedores. Pero como lo demostraron los hechos de ayer a la tarde muy claramente, fueron los altos generales –que disfrutan del lujo de las cadenas hoteleras, los shoppings, las propiedades y las concesiones bancarias del mismo régimen corrupto– los que permitieron que Mubarak sobreviviera. En una reunión del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas Egipcias que no presagiaba nada bueno para Mubarak, el ministro de Defensa, Mohamed Tantawi –uno de los amigos más cercanos al dictador—, aceptó cumplir con las exigencias de los millones de manifestantes por la democracia, aunque no llegó a decir que el régimen mismo sería disuelto. A Mubarak mismo, comandante en jefe del ejército, no se le permitió asistir.

Pero esto es un Medio Oriente épico, uno de esos momentos cruciales cuando el pueblo árabe –olvidado, castigado, infantilizado, reprimido, a menudo golpeado, torturado demasiadas veces, ocasionalmente ahorcado– todavía lucha por darle un empujón a la gran rueda de la historia y sacarse de encima el peso de sus vidas. Anoche, sin embargo, la dictadura había ganado. La democracia había perdido.

Todo el día, el poder de la gente había crecido en la misma medida en que el prestigio del presidente y su partido vacío colapsaban. Las enormes multitudes en la plaza Tahrir comenzaron ayer a moverse por todo el centro de El Cairo, aun moviéndose detrás de los portones de hierro de la Asamblea del Pueblo, instalando sus carpas frente al edificio seudogriego del Parlamento, unidos en el reclamo de nuevas y justas elecciones. Hoy planeaban entrar al Parlamento mismo, tomando por asalto al símbolo de la falsa “democracia” de Mubarak. Feroces discusiones entre la jerarquía del ejército –y aparentemente entre el vicepresidente Omar Suleimán y Mubarak mismo– continuaban mientras las huelgas y los paros se extendían por todo Egipto. Se estimaba que más de siete millones de manifestantes estaban en las calles de Egipto ayer –la mayor manifestación política en la historia moderna del país, mayor aun que los seis millones que asistieron al funeral de Gamal Abdul Nasser, el primer dictador egipcio cuyo reinado continuó a través de la vana y finalmente fatal presidencia de Anwar el Sadat y las tres mortales décadas de Mubarak—.

Era demasiado temprano anoche para que los millones en la plaza Tahrir entendieran las complejidades legales del discurso de Mubarak. Pero el discurso había sido condescendiente, interesado e inmensamente peligroso. La Constitución egipcia insiste en que el poder presidencial debe pasar al presidente del Parlamento, un incoloro amigote de Mubarak llamado Fatih Srour, y las elecciones –justas, si esto se puede imaginar– llevadas a cabo dentro de los próximos 60 días. Pero muchos creen que Suleimán puede querer gobernar por alguna nueva ley de emergencia tras echar a Mubarak del poder, sacando a relucir una fecha para una nueva y fraudulenta elección y otra terrible época de dictaduras.

La verdad, sin embargo, es que los millones de egipcios que han tratado de derrocar a su Gran Dictador tienen por su Constitución –y por el Poder Judicial y todo el edificio de las instituciones gubernamentales– el mismo desdén que tienen por Mubarak. Quieren una nueva Constitución, nuevas leyes que limiten los poderes y el ejercicio de los presidentes, nuevas y prontas elecciones que reflejen “la voluntad del pueblo” más que la voluntad del presidente y el presidente de la transición, o de los generales, brigadieres y los matones de la seguridad estatal.

Anoche, un oficial militar que vigilaba a las decenas de miles que celebraban en El Cairo tiró su rifle y se unió a los manifestantes, como otra señal de la crecientes simpatía de los soldados egipcios comunes por los manifestantes de la democracia. Habían sido testigos de muchos sentimientos similares del ejército durante las últimas dos semanas. El momento crítico llegó la noche del 30 de enero, cuando, ahora resulta claro, Mubarak ordenó al Tercer Ejército Egipcio que aplastara a los manifestantes en la plaza Tahrir con sus tanques después de volar aviones rasantes de combate F-16 sobre los manifestantes.

Se podía ver a muchos de los altos comandantes en tanques sacándose sus cascos para usar sus celulares. Estaban, se sabe ahora, llamando a su propia familia militar pidiendo consejo. Padres que habían pasado sus vidas sirviendo en el ejército egipcio les decían a sus hijos que desobedecieran, que nunca debían matar a su propia gente.

Por lo tanto, cuando el general Hassan al Rawani les dijo a las multitudes ayer a la noche que “todo lo que ustedes quieren será realizado –todas sus exigencias se cumplirán—”, la gente gritó: “El ejército y el pueblo están juntos, el ejército y el pueblo están unidos”. Anoche, la corte de El Cairo evitó que tres ministros –hasta ahora anónimos, aunque casi seguramente incluyen al ministro de Interior– abandonaran Egipto.

Pero ni el ejército ni el vicepresidente Suleimán pueden enfrentar la mucho mayor manifestación planeada para hoy, realidad que le fue transmitida a Mubarak por el mismo Tantawi, en presencia de Suleimán. Tantawi y otro general –que se cree que es el comandante del área militar de El Cairo– llamaron a Washington, según un alto oficial egipcio, para darle la noticia a Robert Gates en el Pentágono. Debe haber sido un momento aleccionador. Durante días la Casa Blanca había estado observando las masivas manifestaciones en El Cairo, temerosa de que se pudiera convertir a Egipto en un mítico monstruo islamista, asustada por la posibilidad de que Mubarak se fuera, y aún más asustada porque se quedara. Los hechos de las últimas doce horas no fueron una victoria para Occidente. Los líderes estadounidenses y europeos que se regocijaban ante la caída de las dictaduras comunistas se sentaban desanimados mirando los extraordinarios y esperanzadores hechos en El Cairo –una victoria de la moralidad sobre la corrupción y la crueldad– con el mismo entusiasmo con que muchos dictadores de Europa oriental miraban la caída de sus naciones del Pacto de Varsovia.

Por Robert Fisk, d
e The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12. Traducción: Celita Doyhambéhère.
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"Mubarak, haz como Ben Alí, lárgate". La joven egipcia Hela Halou pide en Facebook la dimisión del octogenario líder de este país árabe y numerosos internautas secundan sus gritos virtuales. "¡Sí, lárgate! [...] Fletemos un avión y metamos a Mubarak y las demás momias dentro", añade Ahmed, mientras otro participante de la red social invita a la acción: "Hermanos y hermanas de Egipto, tenemos que luchar. No temáis a la policía".

El derrocamiento del régimen tunecino de Ben Alí ha desatado la euforia en internet entre miles de jóvenes urbanos del norte de África. Hastiados de regímenes autoritarios y corruptos que no les ofrecen oportunidades económicas e impiden que sus reclamaciones se asomen a los medios tradicionales, han encontrado en las nuevas tecnologías un aliado para burlar la censura y expresarse sin cortapisas.
Un nuevo símbolo

La red popularizó el acto deses-perado de Mohamed Buazizi, el tunecino de 26 años que se quemó a lo bonzo, y lo ha convertido en el símbolo de la Revolución de los jazmines. Los tunecinos han arrancado los carteles oficiales de Ben Alí y pegado sobre ellos la fotografía de Buazizi, un fotomontaje que airean en las protestas. Su gesta ha ido aún más allá y ha saltado la frontera. Dos marroquíes ayer y otras diez personas en los días previos en Argelia, Egipto y Mauritania, han seguido su ejemplo.

"Buazizi se ha convertido en un símbolo brutal, una muestra de la desesperación extrema de un joven sin expectativas de futuro, dispuesto a acabar con su vida a pesar de que el suicidio, por motivos sociales y religiosos, es un estigma para los musulmanes", explica Haizam Amirah Fernández, investigador principal para el Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano.

Muchos magrebíes pueden identificarse con Buazizi. La crisis económica ha aumentado el desempleo juvenil, empeorando aún más sus condiciones laborales y complicando la posibilidad de emigrar a Europa. Los jóvenes ven cómo sus bajos sueldos menguan más y más a medida que el precio de los alimentos y de la factura energética se dispara, mientras sus corruptas élites políticas siguen malversando fondos públicos y haciendo ostentación de su riqueza.

"Frustración acumulada"

"El régimen de Ben Alí era anacrónico en un país con ciudadanos educados y conscientes", subraya Senén Florensa, director general del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed). También lo son, a ojos de poblaciones cuya media de edad no supera los 30 años, los regímenes de Marruecos, Argelia, Libia y Egipto, liderados por una gerontocracia sorda a su malestar. "La frustración acumulada de aquellos que han estudiado y, en cambio, ven que no pueden tener la misma vida que sus padres tiene que acabar estallando", predice Amirah.

"Pero hay que recordar que las protestas de Túnez no son las primeras. Entre 2004 y 2005 hubo protestas en Egipto, en 2008 en Marruecos, en Argelia este año... Y no trajeron una revolución como la que estamos viendo", subraya Barah Mikail, investigador senior de FRIDE .

Los expertos coinciden en que la revolución tunecina es un aviso serio para los autócratas árabes y traerá cambios simbólicos; "medidas cosméticas por parte de los regímenes", en palabras de Amirah. Aún así, las diferencias entre este país y sus vecinos impiden pensar en un efecto dominó que borre las dictaduras de la región. "Al menos a corto plazo", matiza Mikail, "hasta que se vea si Túnez es capaz de dar el salto a la democracia, algo que aún no es seguro".

La principal diferencia es el rol del ejército, "que en Túnez decidió no apoyar a Ben Alí", agrega el analista de FRIDE. Ahmed Driss, director del centro de Estudios Internacionales y Mediterráneos de Túnez, comparte su punto de vista: "El régimen, al ver que no podía contar con los militares ni aplastar las protestas, se vio abocado a su final. Es díficil que este dato fundamental se reproduzca. Por ejemplo, en Libia, el ejército no tiene ninguna razón para retirar su apoyo a Muamar Gadafi. Además, la población en países como Libia y Marruecos no se ha levantado aún."

Capacidad de decisión política

El respaldo militar es también clave en Argelia, informa Guillaume Fourmont. A diferencia de Túnez, el ejército argelino "no ha sido marginado por las autoridades, sino que participa en el proceso de decisión política", explica Amel Boubekeur, especialista del Magreb en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París.

En Argelia, continúa, "el poder no está en las manos de un solo hombre, como en Túnez. Está mucho más difuso. Nadie está muy seguro del poder de maniobra de Buteflika".

"No hay que olvidar que Argelia vive en estado de emergencia y que las manifestaciones están prohibidas", recuerda la analista. En otras palabras, en caso de revueltas, el ejército atacará a la población, como hizo ayer, cuando los militares reprimieron una marcha prodemocrática de 300 personas. "Hay varios heridos y numerosos arrestos", dijo Said Sadi, líder de la protesta.

En Egipto, las fuerzas armadas apoyan a Hosni Mubarak pero, sobre todo, "están en contra de que los Hermanos Musulmanes [la principal fuerza opositora] lleguen al poder y formen un Gobierno islamista", explica Mikail. "Todos los partidos opositores han sido perseguidos y diezmados desde las legislativas de septiembre pasado y no hay una alternativa fuerte a Mubarak", agrega. Por eso, concluye, habrá que esperar hasta las elecciones presidenciales o a la muerte de Mubarak para ver si la indignación ciudadana precipita un cambio.

Silencio en Europa

"La revolución tunecina se ha producido desde el interior, sin ayuda de Europa. [...] Además, se ha tratado de un movimiento social sin instrucción alguna de partidos políticos", destaca Ridha Tlili, experto en transiciones democráticas de la universidad de Túnez.

Tras haber puesto a este país como ejemplo una y otra vez, la UE guarda silencio. Florensa, ex embajador en Túnez, cree que "Europa tiene que apoyar claramente la transición democrática". Al otro lado del Mediterráneo, el bloguero Anuar Dilou disiente: "La UE fue cómplice de un régimen criminal. Esperemos que ahora no sea hipócrita y se quede al margen".

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Domingo, 12 Diciembre 2010 07:16

Cuba: dos opciones falsas y una rechazada

La estatización de la economía no es sinónimo de socialismo. Éste requiere la participación valiente, ardorosa, consciente, de los trabajadores, y una modificación profunda en las relaciones en la sociedad y en el poder entre los que mandan y los que obedecen, de modo de ir debilitando el viejo Estado y reforzando y creando uno nuevo, democrático. La alternativa a la estatización no es tampoco la economía de mercado, ni siquiera el mercado controlado por el Estado sobre todo cuando éste no tiene la capacidad técnica de crear polos económicos de punta y de control sobre los demás sectores.

Había otra opción, o sea sincerar hace decenios la situación económica, exponer los problemas reales ante todos, buscar que todos los trabajadores y la población en general estuviera informada, fuera protagonista. Esa opción fue descartada y la prensa y los medios de información cubanos ocultaron sistemáticamente los problemas y la magnitud de los mismos durante años. La creencia de que la Unión Soviética y los países de Europa oriental eran socialistas y, además, durarían eternamente, no sólo llevó a imitar métodos desastrosos sino también a mantener a Cuba en una situación de exportadora de azúcar, níquel y trabajadores, dependiente del CAME o Comecon, retardando eternamente la adopción de medidas de fondo para evitar los errores iniciales, como la estatización de todas las empresas minúsculas y los servicios y el ocultamiento de la desocupación inflando las plantillas, para que todos tuviesen cómo ganarse la vida. La vía de la participación, de la democracia social, de la autogestión social generalizada, jamás se practicó, un poco por la imposición de centralismo, para defenderse de la guerra que libra contra Cuba el imperialismo, otro poco por errores políticos evitables.

La dirección cubana, nacida de una revolución democrática y antimperialista, no claudicó ante el imperialismo y con valentía defendió la independencia de la isla y por eso tiene consenso mayoritario, pero la descomposición de la economía bajo el impacto de los huracanes y de la crisis mundial desarrolló en el seno de la alta burocracia y en las capas privilegiadas de la sociedad tendencias al acomodamiento con el capitalismo mundial y al desarrollo del mercado. El sector del gobierno que quiere hoy iniciar un camino chino (apertura al mercado controlado por el Estado y un partido fuerte) libra un combate contra esa tendencia claudicante, que tiene detrás de sí todo el peso del capitalismo y del mercado mundial y que se apoya en la desilusión de vastas capas de la población cubana.

La batalla no está ganada de antemano porque en Cuba, a diferencia de China, hay muy pocos campesinos, la población es más vieja, no existen capitales cubanos en el exterior que, por nacionalismo, inviertan en la isla, no hay, tradicionalmente, una cultura de la innovación y del trabajo como en el país asiático y la productividad es baja no sólo porque los salarios son simbólicos sino también porque muchas fábricas tienen una tecnología obsoleta de origen soviético, costosa en energía y en reparaciones.

Las decisiones adoptadas a espaldas de los trabajadores, las reglas y normas que todo el mundo sabe que son diariamente violadas porque no hay otro modo de subsistir, las desigualdades planteadas por el sistema de dos monedas y por los privilegios relativos de sectores de la burocracia, desgraciadamente redujeron la capacidad de reacción y de intervención de los trabajadores, los desgastaron y desmoralizaron. El resultado es que el mismo gobierno tiene que advertir que se podrá hablar sin temor a represalias al convocar a una discusión amplia de las decisiones (por otra parte ya adoptadas y que figuran en la Gaceta Oficial desde octubre).

Sabiendo que no tiene mucho sentido discutir lo ya resuelto y temiendo abrir la boca, en las asambleas de discusión reina el silencio, se vota por unanimidad, y poquísimos intervienen. ¿Hay realmente unanimidad ante las drásticas medidas o el gobierno enfrenta una mezcla de resignación, impotencia y protesta mal digerida? El sector chino podrá imponerse pero al acecho están los burócratas precapitalistas o candidatos a ser capitalistas, como los de la ex Unión Soviética, porque no hay un control y una presión de masas que hagan posible la dirección de los primeros y que impidan a la vez el desarrollo y el sabotaje de los que reciben aliento del mercado para afirmar sus privilegios.

Por supuesto, cuando el barco hace agua no es el momento adecuado para discutir por qué se está en esa situación y de quién es la responsabilidad principal sino que hay que dedicarse a hacer posible y poco costosa en términos políticos incluso la menos peor de las opciones para salir del trance, la militar-tecnocrática china. Hay que evitar el agravamiento de la crisis económica cubana y su transformación en crisis política porque si bien hoy no hay una participación masiva y decidida en la propuesta de soluciones ni confianza en proponerla, en la lucha en las cumbres del aparato estatal y partidario entre las dos tendencias mencionadas, la nacionalista antimperialista tenderá posiblemente mañana a apoyarse en algún momento en los trabajadores. Lo grave, hasta ahora, es que las nuevas medidas que están siendo aplicadas golpean sobre todo a los sectores más pobres y débiles, que son la base de apoyo de la Revolución. Una política de gran austeridad, que empiece por reducir salarios y privilegios de sectores burocráticos, civiles y militares, en las instituciones y las empresas, podría demostrar a la población que las medidas adoptadas, en general, son una imposición de la crisis y que el gobierno hará de modo de que ésta no afecte sólo a los pobres. Si hay un cambio en la política de las informaciones, podría reconstruirse en parte la credibilidad de las afirmaciones oficiales.

Por Guillermo Almeyra
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La iniciativa, que crea formas de gobierno comunitarias, es una pieza fundamental para el "socialismo del siglo XXI" que impulsa el presidente Hugo Chávez. El texto privilegia el modelo de democracia "participativa, protagónica y corresponsable", y establece "la constitución de formas de autogobierno comunitarias y comunales, para el ejercicio directo del poder".

Esas instancias, como la "comuna" y el "consejo comunal", podrán asumir funciones de administración bajo una economía de "propiedad social comunal" y "desarrollo endógeno", según la normativa.
El proyecto de ley establece que "la comuna es una entidad local socialista, constituida por iniciativa soberana del pueblo organizado, donde y a partir de la cual se edifica la sociedad socialista". Cada comuna recibirá recursos del Estado, contará con un Parlamento Comunal y una Carta que garantizará "la primacía del interés colectivo sobre el interés particular".

La organización comunal es una larga ambición de Chávez, que en 2007 la incluyó dentro de una propuesta de reforma constitucional que fue rechazada en referendo. "El pueblo es el depositario de la soberanía y la ejerce a través del poder popular (...) que se expresa en comunidades, comunas y autogobierno de las ciudades", definió por entonces Chávez.

En tanto, la ley del Sistema Económico Comunal, que secunda a la ley de Poder Popular, busca establecer un sistema basado en la "propiedad social". Las empresas comunales, que se crearán al amparo de estas leyes, coexistirán junto al "modelo capitalista", señala el diputado oficialista Afredo Murga, de la comisión de Participación Ciudadana, "hasta que la madurez de la sociedad vaya extinguiendo esas formas capitalistas". "El esquema de producción capitalista no se eliminará de un plumazo", afirmó. "Queremos refundar la República sobre las bases de una sociedad socialista", remató Murga.

La ley fue aprobada a menos de un mes de la entrada en funciones de la nueva Asamblea Nacional, el Parlamento, en la que por primera vez en cinco años el oficialismo no tendrá la mayoría calificada de la que disfrutó durante este período ya que en 2005 la oposición se retiró de los comicios. A partir de enero, la oposición tendrá 67 de los 165 escaños.
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Lunes, 06 Diciembre 2010 06:33

Hackers vengadores y espías en diligencia

El caso WikiLeaks tiene un doble valor. Por un lado, no es más que un escándalo aparente, un escándalo que sólo parece tal por la hipocresía que gobierna las relaciones entre los Estados, los ciudadanos y la prensa. Por otro lado, anuncia cambios profundos a nivel internacional y prefigura un futuro dominado por la regresión.

Pero vayamos por orden. El primer aspecto de WikiLeaks es la confirmación del hecho de que cada dossier abierto por un servicio secreto (de cualquier país) está compuesto exclusivamente de recortes de prensa. Las “extraordinarias” revelaciones americanas sobre los hábitos sexuales de Berlusconi no hacen más que informar de lo que desde hace meses se puede leer en cualquier periódico (salvo aquellos cuyo propietario es Berlusconi), y el perfil siniestramente caricaturesco de Gadafi era desde hace tiempo un tema corriente entre los artistas de cabaret.

La regla según la cual los dossiers secretos no deben contener más que noticias ya conocidas es esencial para la dinámica de los servicios secretos, y no únicamente los de este siglo. Si va usted a una librería consagrada a publicaciones esotéricas, verá que cada obra repite (sobre el Grial, el misterio de Rennes-le-Château, los Templarios o los Rosacruces) exactamente lo mismo que dicen las obras anteriores. No se trata únicamente de que el autor de textos ocultos sea reacio a embarcarse en nuevas investigaciones (o que no sepa dónde buscar información sobre lo inexistente), sino de que quienes se consagran al ocultismo sólo creen aquello que ya saben, aquello que les confirma lo que ya les habían dicho.

Mucho ruido y pocas nueces
Es el mismo mecanismo que explica el éxito de Dan Brown. Y lo mismo pasa con los dossiers secretos. El informador es perezoso, y también es perezoso (o estrecho de miras) el jefe de los servicios secretos (si no lo fuera, podría ser, pongamos, redactor de Libération) que sólo da por cierto lo que reconoce como tal. Las informaciones top secret sobre Berlusconi que la embajada americana enviaba de Roma al Departamento de Estado eran las mismas que Newsweek había publicado la semana anterior.

Pero entonces, ¿por qué han hecho tanto ruido las revelaciones sobre estos dossiers? Por un lado, sólo dicen lo que cualquier persona cultivada ya sabe, esto es, que las embajadas, por lo menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y desde que los jefes de Estado pueden llamarse por teléfono o tomar un avión para almorzar juntos, han perdido su función diplomática y que a excepción de algunas funciones representativas menores se han convertido en centros de espionaje. Cualquier aficionado a las películas policiales lo sabe perfectamente, y sólo por hipocresía se hace ver que no se sabe.

Sin embargo, el hecho de repetirlo públicamente viola el deber de la hipocresía y pone en mal lugar a la diplomacia americana. En segundo lugar, la idea de que un hacker cualquiera pueda captar los secretos más secretos del país más poderoso del mundo supone un golpe nada menor para el prestigio del Departamento de Estado. En este sentido, el escándalo no pone tanto en crisis a las víctimas como a los “verdugos”.

El Gran Hermano es parte del pasado
Pero pasemos a la naturaleza profunda de lo que ha ocurrido. Antes, en tiempos de Orwell, cualquier poder podía ser visto como un Gran Hermano que controlaba cada gesto de sus súbditos. La profecía orwelliana se vio totalmente confirmada desde el momento en que el ciudadano pasó a ser la víctima total del ojo del poder, que ahora podía controlar gracias al teléfono cada uno de sus movimientos, cada una de sus transacciones, los hoteles que visitaba, la autopista que había tomado y así sucesivamente.

Pero ahora que se ha demostrado que ni siquiera las criptas de los secretos del poder pueden escapar al control de un hacker, la relación de control deja de ser unidireccional y se convierte en circular. El poder controla a cada ciudadano, pero cada ciudadano, o al menos el hacker -elegido como vengador del ciudadano- puede conocer todos los secretos del poder.

¿Cómo puede sostenerse un poder que ya no es capaz de conservar sus propios secretos? Es verdad que Georg Simmel ya decía que un auténtico secreto es un secreto vacío (el secreto vacío nunca podrá ser desvelado); es verdad, también, que todo saber sobre la personalidad de Berlusconi o de Merkel es efectivamente un secreto vacío de todo secreto, pues es de dominio público; pero revelar, como ha hecho WikiLeaks, que los secretos de Hillary Clinton eran secretos vacíos es robarle todo su poder.

Volver al espionaje a la antigua
WikiLeaks no ha perjudicado en absoluto a Sarkozy o a Merkel, y sí en cambio a Clinton y a Obama. ¿Cuáles serán las consecuencias de esta herida infligida a una potencia tan importante? Es evidente que en el futuro, los Estados no podrán poner online ninguna información reservada, pues eso sería como publicarla en un cartel pegado en la calle. Pero también es evidente que con las tecnologías actuales, es vano esperar que se puedan mantener conversaciones confidenciales por teléfono. Nada más fácil que descubrir si y cuándo un jefe de Estado se ha desplazado en avión y ha contactado con alguno de sus colegas.

¿Cómo podrán mantenerse contactos privados y reservados en el futuro? Sé bien que por el momento mi previsión no parece más que ciencia-ficción y resulta por lo tanto novelesca, pero no me queda otra opción que imaginar a los agentes del gobierno desplazándose en diligencia por itinerarios incontrolables, llevando únicamente mensajes aprendidos de memoria o, a lo sumo, escondiendo en el talón del zapato las raras informaciones escritas. Las informaciones se guardarán en copia única en cajones cerrados con llave: en el fondo, la tentativa de espionaje de Watergate tuvo menos éxito que WikiLeaks.

¿Quién informa a quién?
Ya había tenido ocasión de escribir antes que la tecnología avanza como un cangrejo, es decir, hacia atrás. Un siglo después de que el telégrafo sin hilos revolucionara las comunicaciones, Internet ha restablecido un telégrafo con hilos (telefónicos). Los vídeos (analógicos) habían permitido a los estudiosos del cine investigar una película paso a paso, haciendo avanzar y retroceder la película y descubriendo todos los secretos del montaje, mientras que ahora los CDs (digitales) sólo permiten saltar de capítulo en capítulo, es decir, por grandes secciones.

Con los trenes de alta velocidad se puede ir de Roma a Milán en tres horas, mientras que en avión, incluidos los desplazamientos que requiere, son tres horas y media. No tiene pues nada de sorprendente que la política y las técnicas de comunicación vuelvan a los carruajes.

Una última observación. Antes, la prensa se esforzaba por descubrir lo que se tramaba en el secreto de las embajadas. Hoy, son las embajadas las que piden informaciones confidenciales a la prensa.

Umberto Eco
5 Diciembre 2010

(Tomado de Libération)
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Jueves, 11 Noviembre 2010 18:44

Poder, autoridad y desobediencia (II)*

En 1599, un intelectual de la corte y del clero español, Juan de Mariana,
advertía a Felipe III sobre los inconvenientes de la tiranía en desmedro de
la monarquía, que era la mejor forma de gobierno posible. Antes no había
leyes, pensaba Mariana, y se confiaba en los reyes. Pero por desconfianza a
los príncipes, “se creyó que para obviar tan grande inconveniente podían
promulgarse leyes que fuesen y tuviesen para todos igual autoridad e igual
sentido”. No obstante, la autoridad política debía ser ejercida por un
noble, porque “la nobleza como la luz deslumbra, no sólo a la muchedumbre,
sino hasta los magnates, y sobre todo enfrenta la temeridad de los que
tengan un corazón rebelde”.

Más adelante el consejero le recuerda al príncipe que Enrique III de
Castilla decía temer más al pueblo que a los enemigos. Juan de Mariana era a
un mismo tiempo religioso católico y humanista —casi una norma en los
intelectuales de su época—, y esta ambigüedad se manifiesta a lo largo de
sus páginas. Por ejemplo, la idea tradicional del poder descendiendo de Dios
sobre el rey y de éste al pueblo, es invertida con estas palabras: “Los
pueblos le han trasmitido su poder [al rey], pero se han reservado otro
mayor para imponer tributo; para dictar leyes fundamentales es indispensable
siempre su consentimiento […] el poder real, si es legítimo, ha sido creado
por el poder de los ciudadanos”. Y otra vez una objeción de facto que no
sugiere una posible progresión histórica sino lo contrario: pero “el pueblo
no se guía desgraciadamente por la prudencia sino por los ímpetus de su
alma”.

La Era moderna terminó de sustituir esta idea de autoridad personal,
hereditaria, por los preceptos humanistas de igualdad y libertad. Pero esta
dinámica también se construye por una aparente contradicción: por un lado,
el Estado moderno representa todas aquellas promesas de superar las
jerarquías religiosas y la confianza en la equidad y las libertades
individuales, pero por otra parte también revela cierta incertidumbre sobre
la naturaleza de estas virtudes, lo que deriva en la manipulación y control
del Estado. Según la tradición hobbesiana, las acciones humanas no están
motivadas por el bien sino por el deseo. La guerra es una expresión de este
impulso, fuente del poder humano. La diferencia relativa de poder entre dos
seres humanos significa un poder absoluto cuando decide un conflicto a favor
de una de las partes; el reconocimiento de esta diferencia se convierte en
honor y prestigio. Es decir, el poder se consolida y legitima culturalmente.
Por esta razón, si se puede entender esta diferencia de poder como inherente
a la condición humana, también se puede entender como una creación
artificial, al menos en su expresión social, y por lo tanto mutable.

Pronto la legitimidad del poder social establecido deja de ser expresión
indiscutible de Dios (a través de la clase clerical, noble o aristocrática)
y comienza a ser radicalmente cuestionado. A mediados del siglo XIX Pi i
Margall adelantaba lo que un siglo después reconoceremos en Michel Foucault:
“el derecho de penar, simple atributo del poder, es tan místico y tan
inconsistente como el poder mismo. La ciencia no lo explica, el principio de
soberanía individual lo niega” (*Reacción*). Si para el psicoanálisis la
civilización es la expresión de la violencia primitiva, la sublimación de
los instintos salvajes o la materialización de tabúes como el incesto, para
los humanistas este estado actual se trata de una corrupción temporal de la
concepción contraria: la “naturaleza” original de los seres humanos radica
en la igualdad, la libertad se sostiene por su racionalidad, pero aún no ha
sido expresada plenamente: el objetivo de la civilización no es oprimir sino
liberar, ir del estado de necesidad al de libertad. Para Pi, “un ser que lo
reúne todo en sí es indudablemente soberano. El hombre, pues, todos los
hombres son ingobernables. Todo poder es un absurdo. Todo hombre que
extiende la mano sobre otro hombre es un tirano. Es más: es un sacrílego”.
Trazando un típico paralelismo entre el individuo y las naciones o pueblos,
antes había recordado: “entre dos soberanos no caben más que pactos.
Autoridad y soberanía son contradictorias. A la base social
*autoridad* debe, por lo tanto, sustituirse la base social
*contrato*. Lo manda así la lógica”.

Para que la verdadera libertad del individuo social sea alcanzada, Pi dice:
“*dividiré y subdividiré el poder, lo movilizaré, y lo iré de seguro
destruyendo*”. La concepción inversa dominó los siglos anteriores y fue
formulada en 1599 por Juan de Mariana. Aunque advirtiendo que las monarquías
suelen degenerar en tiranías, el religioso argumentó a favor de la
monarquía, ya que en el pueblo los malos son más que los buenos y no
conviene dividir el poder en un orden democrático. “No se pesan los votos,
se cuentan, y no puede suceder de otra manera”, se quejaba Mariana.

En el caso del humanismo radical, la revolución es una forma de progresión
por saltos y el objetivo principal es el individuo, pero siempre a través de
la asociación con los otros: “el pueblo no debe agradecer anda a nadie. El
pueblo se lo merece todo a sí mismo” (Pi).

En el siglo XX ya no quedan dudas sobre la naturaleza política del poder.
Para Edward Said, la autoridad no es un fenómeno misterioso o natural;
simplemente se forma y se irradia, es un instrumento de persuasión, posee un
determinado estatus, establece cánones estéticos y valores morales. La
autoridad se confunde con las ideas que eleva a categoría de verdad (*
Orientalism*).

(continua)

Jorge Majfud
Jacksonville University
majfud.org
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