BMW, Mercedes y Volkswagen podrían ir al banquillo por alimentar la crisis climática

Greenpeace Germany y Deutsche Umwelthilfe protagonizarán acciones legales contra el corazón del sector automovilístico alemán. Quieren obligar a la industria a que acelere sus planes para dejar de fabricar motores de combustión interna.

 

Nuevo proyectil legal lanzado al corazón de la industria contaminante, esta vez en Alemania. Las organizaciones ecologistas Greenpeace Germany y Deutsche Umwelthilfe (DUH), junto a activistas de Fridays for Future, han anunciado acciones legales contra el corazón del sector automovilístico del país. El objetivo es conseguir que los fabricantes aceleren sus planes para dejar de fabricar motores de combustión interna y paren de fabricarlos antes de 2030 para descarbonizar las empresas en un 65% en dicho año.

Las organizaciones ecologistas han puesto la mira fija en el segundo mayor constructor de automóviles del planeta, Volkswagen, así como en los otros dos grandes gigantes del sector en el país: BMW y Mercedes-Benz. “Cualquiera que retrase la protección del clima daña a otros y, por lo tanto, actúa ilegalmente”, señalaba la abogada de los demandantes, Roda Verheten.

Los colectivos defensores del clima hacen uso así de una vía que ya les ha dado frutos: en abril el Tribunal Constitucional alemán obligó al Ejecutivo de Angela Merkel ha mejorar su ley climática, declarándola parcialmente inconstitucional, un hecho que se produjo tras la demanda de nueve jóvenes por la que afirmaban que la insuficiente protección del clima viola directamente las libertades y los derechos fundamentales de la ciudadanía. “El derecho civil puede y debe ayudarnos a evitar que las corporaciones destruyan nuestros medios de subsistencia y priven a nuestros hijos y nietos del derecho a un futuro seguro”, continuaba la letrada.

Sin darse por aludidos

Los demandantes denuncian que, a pesar de los compromisos internacionales, el consenso científico y el evidente aumento de fenómenos climáticos extremos, la industria automovilística alemana continúa vendiendo millones de vehículos diésel y gasolina. Los datos que maneja la Unión Europea responsabilizan al sector del transporte de más del 30% de las emisiones de CO2 en la UE. De ellas, un 72% proviene del tráfico rodado.

 “Con nuestras demandas, queremos lograr la salida del motor de combustión interna”, apuntaba  Barbara Metz, de DUH. Son medidas que los ecologistas consideran clave para que Alemania se mantenga dentro de sus compromisos internacionales y cumplir así su parte para que la temperatura global del planeta no supere los 1,5ºC de aumento respecto a los niveles preindustriales.

 “Si bien la gente sufre inundaciones y sequías provocadas por la crisis climática, la industria automotriz, a pesar de su enorme contribución al calentamiento global, parece no verse afectada“, denunciaba Martin Kaiser, director ejecutivo de Greenpeace Alemania. Para el responsable, el fallo del Constitucional alemán “representa un mandato para hacer cumplir de manera rápida y efectiva la protección legal de nuestros medios de vida comunes”.

Frenar los yacimientos

Los gigantes automovilísticos no son los únicos los únicos señalados. Las organizaciones ecologistas alemanas Greenpeace y DUH también emprenderán acciones judiciales contra la petrolera Wintershall Dea, a la que pretenden forzar a que deje de abrir nuevas explotaciones de petróleo y gas para el año 2026. Las organizaciones ecologistas acusan a la multinacional fósil de ser responsable de 80 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año y de tener como objetivo aumentar su producción de combustibles fósiles en un 30 por ciento más durante los próximos dos años.

Precisamente, este lunes la petrolera alemana ha anunciado el hallazgo de una nueva acumulación de gas en el campo de Bergknapp (mar de Noruega) con entre 13 y 56 millones de barriles de petróleo equivalente.

Las cuatro corporaciones que se enfrentan a las acciones legales “contradicen los objetivos climáticos de París”, denuncian los activistas, remarcando que, según la sentencia del Constitucional, esos objetivos serían ilegales”.

Las compañías podrían sufrir el mismo varapalo que Royal Dutch Shell tuvo en mayo en los Países Bajos, cuando un tribunal de La Haya declaró culpable a la petrolera holandesa de la crisis climática, considerándola culpable del 2% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero a nivel global y obligándola a reducir sus emisiones un 45% en diez años.

6 sep 2021 12:59

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Los "virus fabricados" de los que hablaba Gadafi

Muamar el Gadafi estuvo al frente de Libia durante 42 años, desde que derrocó al al rey Idris I el 1 de septiembre de 1969 hasta que murió ejecutado el 20 de octubre de 2011. Había estudiado Derecho antes de autoproclamarse Líder y Guía de la Revolución. Se amparó en la defensa de un Estado socialista y se convirtió en uno de los líderes más activos entre los países de su entorno. Gadafi se alineó con la Unión Soviética y se enfrentó a los Estados Unidos, que acabarían apoyando, al frente de la OTAN, la rebelión a gran escala que le costó la vida hace diez años y que deparó una inútil guerra con multitud de actores.

El líder libio disponía a su antojo a la cabeza de un país cuya economía está basada casi exclusivamente en el petróleo, el 95% de sus exportaciones. Y obtenía resultados. Hasta el año de su muerte, 2011, Libia contaba con la esperanza de vida más alta de África, con 77,65 años, solo superada por las plazas españolas de Ceuta, Melilla​ y Canarias y la isla bajo control británico de Santa Elena.​ También tenía el PIB nominal per cápita más alto del continente africano y estaba en el podio en cuanto al Índice de Desarrollo Humano. El enorme país norteafricano trata ahora de salir adelante tras dos intensos conflictos bélicos, en 2011 y 2014, con un Gobierno que sigue siendo provisional y cuyo primer ministro es Abdul Hamid Dbeibah desde el pasado 15 de marzo.

Gadafi era un hombre inteligente. Se le ha tachado de visionario por predecir la Guerra de Libia de 2011, aunque para eso tampoco hacía falta ser un gran analista. Lanzo al mundo cosas que ahora no desentonan. Habló de "virus fabricados" para hacer negocio con las vacunas. Pero no "predijo la Covid-19 hace 20 años", como se llega a afirmar en las redes sociales. Lo de las profecías suele ser más cosa de Los Simpson.

Para tratar de probarlo, se recurre a imágenes de la intervención de Muamar el Gadafi ante la ONU el 23 de septiembre de 2009, un vídeo de hasta una hora de duración del que existen multitud de cortes y versiones, algunas dobladas al gusto, y que para algunos es "el discurso ante ONU que le costó su vida" dos años después.

En su intervención en Nueva York, Gadafi denunció los "virus fabricados" y fue rotundo: "Se crea un virus y se propaga por todo el mundo para que las empresas capitalistas puedan obtener ganancias gracias a la venta de medicamentos, esto es inaceptable". También llamó la atención sobre que "las vacunas y medicamentos no pueden venderse" y encontró la 'solución' contra la propagación de los virus:

"Las compañías capitalistas producen virus y vacunas en su deseo de obtener ganancias. ¿Por qué no son gratuitas las vacunas? (...) Anuncien medicamentos y medicinas gratis y los virus no se propagaran más".

No parecían tan descabelladas las conclusiones acusatorias de Gadafi, cuando la industria farmacéutica ya llevaba décadas bajo sospecha por acusaciones similares, algunas de ellas confirmadas. Es cierto que en 2009 Gadafi se refirió a "las epidemias naturales y las causadas por el hombre" y a esos "virus fabricados", lo que no es cierto es que predijera la Covid-19 "hace 20 años", como se afirma. Entre otras cosas porque desde su discurso en 2009 han pasado doce años, no veinte.

"Tal vez la gripe H1N1 fue un virus creado en un laboratorio que quedó fuera de control, y que originalmente se había concebido como un arma militar", señaló sobre la pandemía que asaltó ese año México. Gadafi albergaba muchas sospechas, pero le faltó decir que "están tomando tiempo para encontrar la solución que tienen antes", como se ve en Internet. Aunque tampoco hubiera desentonado.

Las propuestas de Gadafi difícilmente podían ser tomadas en cuenta, era como una norma a no ser que hablara de petróleo. Su discurso ante la ONU se tomó como otro más del 'excéntrico disidente habitual' y cayó en saco roto. Merece la pena escucharlo.

Es verdad que uno de los dirigentes más impopulares del planeta -aunque no para todos-, habló de "virus fabricados" hace doce años, no veinte. El coronavirus ha servido para devolver a Gadafi a la actualidad y para que se tomen en cuenta sus palabras, que antes a muchos les sonaban a ciencia ficcion solo porque eran suyas.

El discurso del mandatario libio era bastante elocuente hace doce años y ahora también. Si en las redes sociales se adereza es solo porque si no añadieran algo propio, no serían las redes sociales.

Por Luis M. García

7 septiembre, 2021

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Lunes, 06 Septiembre 2021 06:24

¿Cómo se hace un violento?

. Imagen: Guadalupe Lombardo

Matías de Stéfano Barbero indaga en la construcción de la masculinidad. Con mirada antropológica, el investigador estudia por qué los varones ejercen violencia contra las mujeres y cómo la estructura social avala y alimenta esa violencia.

 ¿Cómo se hace un femicida? Esta pregunta elevada en el aire en una pancarta en la movilización del primer #Niunamenos, el 3 de junio de 2015 disparó en Matías de Stéfano Barbero la necesidad de investigar la construcción de las masculinidades de los varones que ejercieron violencia contra las mujeres en la pareja. Ese trabajo se convirtió en el libro Masculinidades (im)posibles. Violencia y género, entre el poder y la vulnerabilidad, editado por Galerna, que promete ser indispensable para entender no solo por qué los varones ejercen violencia contra las mujeres sino cómo la estructura social avala y alimenta esa violencia a través de la construcción de masculinidades ancladas en el ejercicio de la violencia, la heterosexualidad obligatoria y el rechazo/negación de la homosexualidad, entre otras cuestiones.

Matías de Stéfano Barbero es doctor en Antropología (UBA), investigador, docente y becario posdoctoral del Conicet. Es miembro del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, y de la Asociación Pablo Besson, donde forma parte del equipo de coordinación de espacios para varones que ejercieron violencia. El libro sobre el que se explaya en esta entrevista presenta diferentes historias de vida de los varones que ejercieron violencia y analiza el papel que tienen la violencia y el género en la construcción de la masculinidad a lo largo de sus infancias, adolescencias y vidas adultas.

--Hace bastante que los estudios de género se preguntan qué es una mujer. ¿Qué es un hombre? ¿El eje ahora está puesto ahí?

--Sí, qué es el hombre. Me parece que ya de hecho la propia pregunta muestra que hay una transformación en eso, en la misma forma que hay una transformación entre lo que pensamos qué es una mujer y cómo se produce una mujer a nivel social. Y las respuestas son a veces sorprendentes, en el sentido en que escapan un poco del sentido común que podemos construir, tanto de lo que es un varón o de los sentidos de la masculinidad, como del lugar que ocupa la violencia en la vida de la gente y el género en la vida de la gente. Cuando yo empecé a ir a los grupos (de varones que ejercen vioencia) tenía la mirada un poco caricaturizada de lo que me iba a encontrar, y la verdad es que fui con un poco de miedo, tenía cierta aprensión. Y es curioso cómo también, quienes nos dedicamos a estas cuestiones tenemos nuestros prejuicios sobre cómo es el poder, cómo es la violencia, cómo es el sufrir, el hacer sufrir, y la verdad que cuando me encontré entre ellos, trabajando con ellos y escuchándolos, aparecen un montón de otras cosas que trascienden un poco ese sentido común, esa caricaturización de los violentos.

--¿Cómo es esa caricatura?

--Yo creo que la caricaturización viene un poco por poner siempre la violencia afuera. No quiero parafrasear mal a Nietzsche, pero esto de que siempre el malo es el otro y nosotros somos los buenos es casi me atrevería a decir un universal; la bondad siempre está de mi lado y la maldad del otro. Entonces, y no es algo que se limite solamente a la cuestión de la violencia de género y a los varones que ejercen violencia, esta idea de caricaturizar, de hacer exótico al otro que tiene ese estigma.

Caetano Veloso decía que visto de cerca nadie es normal. Me encanta esa frase. Lo mismo pasa un poco con esto, cuando uno se acerca y deja de construir esa otredad como una otredad tan exótica, y se acerca a conocer esas historias y ellos también se permiten, en un largo proceso de trabajo, poder mostrar lo que hay detrás de todas esas capas de resistencia, aparecen seres humanos más o menos comunes, con miserias, con su lugar de poder, con su miedo a la vulnerabilidad, personas que... esto a veces es polémico porque parece que uno está justificando, pero personas que también sufrieron mucho en ese proceso de construirse como varones.

No se trata de justificar sino de tratar de comprender cómo aparece la violencia a lo largo de la vida. La violencia en la vida de alguien no aparece cuando se ejerce sino mucho antes.

--En el prólogo del libro se plantea que si bien reconocemos la violencia de género como un problema estructural, las soluciones que se están dando como políticas públicas en general son individuales. Usted tiene una crítica sobre eso.

--Sí, eso lo recoge superbien Moira Pérez en el prólogo. Pasa un poco con esta idea de deconstrucción, que parece que es una idea que apela al individuo, como “deconstruite vos y tus cosas”. A mí me parece que lo potente que puede llegar a tener esta idea de politizar lo personal es hacerlo político en el sentido de la transformación colectiva. Que yo renuncie a mis privilegios, por ejemplo, no tiene un gran impacto social, puede tenerlo en mi vida cotidiana y en la vida de quienes me rodean, pero no supone una crítica estructural y no supone una transformación estructural. Y pensar las cosas siempre desde el individuo, lo bueno y lo malo, me parece que por un lado es el paradigma hegemónico ¿no? El sujeto, el individuo, y en ese sentido me parece reproducir el sistema que estamos intentando cambiar. Y por otro lado, las perspectivas que lo piensan exclusivamente individualmente, generalmente se terminan topando o reduciendo las posibilidades de actuación al orden de lo punitivo, al orden de decir “se encierra a esta persona y se acabó el problema”, cuando esa persona si bien tiene que tomar responsabilidad por lo que hizo, por supuesto, está expresando algo a nivel social y a nivel estructural, ciertas condiciones que hicieron que esa violencia en este caso pueda aparecer. Pienso en la importancia de reforzar la ESI (educación sexual integral) desde la primera infancia y que se toquen temas como la violencia, la masculinidad, el poder, la vulnerabilidad, y eso implica intentar prevenir antes de que la situación suceda, porque cuando ese niño que sufrió en la infancia, termine cometiendo un crimen y haciendo sufrir, ahí la sociedad va a llegar con todo el peso de la ley en su juicio a dar una solución punitiva. Creo que es mucho antes que tenemos que empezar a preocuparnos de esto en la vida de las personas, y no tanto precisamente como individuos sino en políticas públicas, desde el Estado, desde las organizaciones de la sociedad civil, que puedan considerar el problema a lo largo de la vida, un problema estructural que afecta a toda la sociedad y no solamente a quien termina siendo el síntoma.

--Me gustó la metáfora que usó al comienzo: hay que “volver a Juan”, volver a poner el eje en el varón que ejerce la violencia y no tanto en la víctima ¿no?

--La metáfora de volver a Juan viene de un ejercicio que hizo una lingüista feminista, que muestra en las cuatro operaciones lingüísticas, cómo de un acto que es “Juan golpea a María”, se va desplazando la atención hacia lo que termina sucediendo después, que queda María como víctima de violencia y Juan desaparece de esa ecuación lingüística. Por eso la idea de volver a Juan es ir volviendo en el sentido de volver a la escena, a esa primera formulación de Juan golpea a María o Juan ejerce violencia contra María, para ver qué es lo que pasa en esa escena y después seguir volviendo para ver quién es Juan. Porque entiendo que tiene que ver con una urgencia y me parece completamente legítimo asistir a las personas que sufren, pero si no nos concentramos también en las personas que hacen sufrir, las causas del problema van a seguir intactas y van a seguir reproduciéndose, y va a llegar un momento que no vamos a dar abasto para atender personas que sufren.

--En el libro repasa las distintas ideas en torno a por qué los hombres son violentos: las teorías que plantean que son violentos por naturaleza, o que el violento es el otro... ¿Qué problemas plantean estas nociones tan arraigadas en nuestra sociedad?

--A mí me sorprendió encontrar referencias a la violencia natural o asociada a los celos como algo natural o la violación como esa búsqueda de reproducción. Uno lo piensa medio demodé, pero la verdad uno se encuentra lamentablemente muchas de estas cuestiones. Para mí el problema es que muchas de estas teorías, más que para interrogar terminan sirviendo para justificar, para naturalizar determinadas cuestiones. Y esta idea de que la violencia está en los otros también es una mirada patologizante, es el otro siempre el patológico, el enfermo, el psicópata, y con esto no quiero decir que la biología, la psiquiatría o la psicología no tengan nada para decir, pero sí me parece que tenemos que analizar las consecuencias políticas que tiene pensar de una manera o de otra, y eso es lo que intento un poco con el libro.

El marco que yo utilizo es el de masculinidades, del estudio de varones y masculinidades desde una óptica feminista y de las ciencias sociales. Me parece que es el marco que más nos sirve para tratar de entender y de transformar.

--¿Puede dar algunas pautas de cómo se explica la violencia masculina?

--Podemos pensar el lugar que ocupa la violencia en la construcción de un sujeto varón en la sociedad, el vínculo que tiene la masculinidad y la posición masculina en la sociedad con la violencia es muy particular. Por un lado, es un privilegio en el sentido de que se fomenta esa agresividad potencial en los varones y en las mujeres no, por eso los varones muchas veces podemos responder con agresividad a determinadas situaciones y las mujeres no tanto, porque tiene que ver con una educación y con una forma de hacer un sujeto masculino en el mundo. Pero lo curioso, y esto no lo digo yo sino Rita Segato, Bell Hooks, desde un feminismo particular, es la idea de que la primera forma de violencia que los varones aprenden en su vida no es contra las mujeres sino contra sí mismos, que es una violencia que viene de esa manera masculina de ver el mundo, que limita, que cercena. Audre Lorde dice eso cuando analiza su posición de madre con su hijo varón: hay toda una parte de la humanidad que a los varones se les niega y se les quita, no es que nacen machos, para hacer un macho hay que ejercerles violencia. Entonces, los varones tenemos una relación con la violencia particular, que se va gestando en esta idea de construcción de la masculinidad. Que después aparece también en la construcción de la heterosexualidad muy vinculada a la homofobia también, casi que construirse como heterosexual es construirse homofóbicamente, porque yo tengo que ser varón cis heterosexual y tengo que actuar como tal, y actuar como tal implica rechazar una parte de mí que es una parte humana, esconderla y atacar también toda esa forma de expresión de género, lo que está feminizado en la sociedad y en los demás, en el grupo de pares también, para que me interpelen no desde la homofobia sino desde la heterosexualidad como un par. Y en ese sentido me parece que la violencia tiene mucho que ver con el poder entre varones y de los varones sobre las mujeres pero también con la vulnerabilidad, en el sentido en que muchas veces para no exponer nuestra vulnerabilidad, algo que aprendemos de chiquitos con estas ideas un poco maniqueas ya del “no llores”, no te muestres vulnerable, la violencia es esa huida hacia adelante de la propia vulnerabilidad. Voy a actuar con violencia en este momento porque mi lugar de poder se ve amenazado y no quiero dejar expuesta mi vulnerabilidad, porque aprendemos los varones a lo largo de nuestra vida que si nos mostramos vulnerables, nos exponemos a la violencia del otro, a la humillación y subordinación del otro, a la vergüenza...

--Martín, uno de los casos que analiza en el libro, logra sobreponerse al bullying a través de ejercer violencia.

--Sí, y lo que me parece interesante de ese caso en particular, por ejemplo, es que desencializa un poco esta idea de “si vos ejercés violencia, naciste violento”, como si no fuera compatible en una misma trayectoria vital ser víctima y ser victimario. Por eso esa relación entre sufrir y hacer sufrir me parece interesante, muchas veces quienes hacen sufrir están evitando sufrir, y esa es la construcción que fueron aprendiendo y reforzando a lo largo de la vida. Cuando uno habla con estos varones se encuentra curiosamente con esas historias de vida, como que de repente fueron víctimas en un momento también en algo vinculado al género, a la jerarquía de género y de la masculinidad porque ocupaban un lugar subordinado en esa jerarquía, y fueron viendo que así funciona el mundo, en una estructura jerárquica entonces “si voy ascendiendo puedo pisar al otro y con eso se reafirma mi lugar”. Y la mujer en esos casos siempre ocupa una posición como de moneda de cambio para el prestigio y el lugar de poder en el grupo de pares y en esa idea de masculinidad, entonces se va construyendo y solidificando esa percepción de la vida como una jerarquía. No hay que perder posiciones porque saben lo que es estar abajo de todo en la jerarquía porque lo sufrieron, entonces el precio es hacer sufrir.

--En un capítulo habla de la violencia femenina como tabú ¿puede explicarlo?

--Ese capítulo empieza con un epígrafe grande de Amelia Balcarce que reivindica el derecho de las mujeres a ser malas. Me parece que también, si solamente pensamos la violencia como un atributo de los varones, como vinculado a una identidad de género particular, parece que es un problema político. Primero porque deja a las mujeres en la posición de víctimas y las cristaliza ahí, y deja a los varones en la posición de victimarios y los cristaliza ahí, y después también deja sin cubrir otras identidades y expresiones de género y su relación con la violencia. Obtura otras preguntas, y me parece que es también una decisión política en el sentido en que muchas veces, en este momento en particular en donde hay tanto trabajo con varones, hay mucha resistencia, muchos cuestionamientos un poco desde el lugar del sentido común: “bueno pero las mujeres también son violentas”, uno lo escucha mucho en los grupos eso, pero también lo escuchamos en las redes sociales. Me parece que no inhabilitar esa discusión es una opción política para no darle lugar a las críticas que están en la sociedad a los enfoques que tenemos, me parece una responsabilidad que es difícil porque es caminar una fina línea entre mirar el afuera y decir “bueno las mujeres también, entonces se acabó el problema”... no, vamos a estudiar, yo estudio la violencia masculina pero sí reconozco que la violencia no es propiedad de los varones, y que aparece de muchas maneras en muchos vínculos, y que es posible que las mujeres la ejerzan.

--También aparece, además, la confusión por el uso del término ‘violencia de género’ ¿no?

--Sí.

--Se plantea la idea de que las mujeres ejercen violencia de género, y ahí hay una confusión.

--Sí, para mí tiene que ver con lo que me preguntabas al principio cuando hablábamos de qué significa la masculinidad, pero con el género pasa un poco lo mismo, son palabras polisémicas que se usan a veces de una manera y a veces de otra. Yo hago un análisis en el libro de cómo fue cambiando la violencia, al principio era la violencia doméstica, después violencia familiar, violencia conyugal, y hay muchas maneras de pensar el problema, violencia contra las mujeres es una manera pero violencia de género es otra.

--Propone hablar de ‘violencia masculina hacia las mujeres´, no ‘violencia de género’ o ‘violencia machista’...

--Sí, igual es un concepto que después de toda un discusión, este es el último, ‘violencia masculina contra las mujeres’. Y me parece que está bueno por esto, porque habla precisamente de quién ejerce esa violencia y contra quién la ejerce, porque hay críticas al concepto de ‘violencia de género’ que dicen que invisibiliza que las personas que la sufren son mujeres, y que las personas que la ejercen son varones cis, en la mayoría de los casos. Me parece interesante también entonces digo, ‘violencia masculina contra las mujeres’ puede comprender varias cosas. Después al final cuando tengo que referirme a la cuestión, hablo generalmente de la relación entre violencia y género como paraguas más grande.

--¿Sirven los dispositivos para varones que ejercieron o ejercen violencia?

--La percepción de las personas que trabajan en grupos... y también estuve participando en investigaciones con profesionales de otros equipos, de la provincia de Buenos Aires, no es una sensación mía, es que la transformación o el cambio sucede, lo que pasa es que son cambios, y esa es una de las luchas que tenemos quienes trabajamos.

La transformación sí es posible, pero es un trabajo profundo en el sentido de que es extenso, y una de las reivindicaciones que hay desde los espacios es que cuando se derivan varones desde la justicia, no se deriven por tres meses. Nosotros decimos que el trabajo es de mínimo un año de espacio grupal, una vez por semana, porque es un trabajo que va al fondo de la cuestión, que revisa profundamente la subjetividad, la historia de vida, entonces es un trabajo que tiene un gran impacto pero que necesita un tiempo para germinar y florecer.

Muchas veces ya dentro y estando en el grupo, muchos de los varones dejan de ejercer violencia física y están mucho más permeables a, en vez de ejercer violencia, a poder construir un conflicto con la pareja, muchas veces me cuentan que tuvieron una discusión pero que no pasó a mayores, que “yo pude decir lo que pensaba y ella también me dijo y lo vamos charlando. A medida que van pasando los encuentros y los varones llevan más tiempo en los grupos, aparece otra manera de enfrentarse a los conflictos en el sentido de que se construyen los conflictos, y no se usa la violencia para que ese conflicto desaparezca. 

05/09/2021

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Los residentes locales celebran el levantamiento del grupo de fuerzas especiales, Conakri (Guinea), el 5 de septiembre de 2021.Souleymane Camara / Reuters

Las fuerzas especiales de Guinea anunciaron este domingo en un mensaje a la nación la disolución del Gobierno, la suspensión de la Constitución y el cierre de las fronteras terrestres y aéreas tras derrocar al presidente del país, Alpha Condé, informa Reuters.

"Hemos disuelto el Gobierno y las instituciones", anunció Mamady Doumbouya, jefe de unidad del ejército de élite, en la televisión estatal. "Vamos a reescribir la Constitución juntos", aseveró.

Los militares ordenaron a los ministros del Gobierno que asistan a una reunión, convocada para este lunes. Los oficiales advirtieron que cualquier persona que no comparezca será considerada rebelde, recoge BBC.

Asimismo, se informa que el presidente del país se encuentra sano y salvo. Horas antes, en las redes sociales se ha difundido un video que muestra al mandatario guineano rodeado por militares, presuntamente en el momento de su arresto.

Anteriormente, aproximadamente a las 8:00 (hora local) del domingo, se reportó un tiroteo que involucró a las fuerzas especiales del país en los alrededores del palacio presidencial de la capital de Guinea, Conakri.

Posibles causas de la crisis 

Alpha Condé ganó las elecciones presidenciales de Guinea en el 2010 y cinco años después fue reelegido para un segundo mandato. Con el objetivo de poder postular su candidatura por tercera vez consecutiva, en marzo del 2020 el mandatario organizó un referéndum, que lo habilitó a realizar cambios correspondientes a la Constitución. Sin embargo, la oposición acusó al Gobierno de falsificar los resultados de la consulta y protagonizó multitudinarias protestas en el país.

Cabe resaltar también que en las últimas semanas el gobierno de Condé aumentó drásticamente los impuestos para reponer las arcas del Estado y elevó el precio del combustible en un 20%, lo que provocó malestar generalizado entre los ciudadanos.

Publicado: 5 sep 2021 20:20 GMT

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Bukele saluda el 6 de junio después de una conferencia de prensa en San Salvador.JOSE CABEZAS / Reuters

A través de un fallo judicial de un órgano nombrado por él, el presidente de El Salvador apunta a reelegirse en 2024 y reaviva los temores de sus críticos

 

Unos meses después que el presidente Nayib Bukele comprometió la independencia de la justicia en El Salvador a golpe de giros autoritarios, la Sala de lo Constitucional que él instaló autorizó la noche de este viernes su reelección presidencial inmediata, cruzando una línea que los críticos del proyecto de Nuevas Ideas —el partido del mandatario— habían advertido con preocupación. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) salvadoreño anunció este sábado que acatará la orden de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de que se permita la inscripción para competir por una reelección presidencial con la única condición de que el presidente en funciones renuncie seis meses antes del mandato.

Así, Bukele apunta a reelegirse en 2024 usando un fallo judicial para consolidar su proyecto político, como hizo Daniel Ortega en Nicaragua en 2011. La diferencia es que el mandatario sandinista alegó que la prohibición constitucional de la reelección “violaba sus derechos humanos” y la justicia de Bukele invocó al pueblo para “que decidan sin presiones o coacciones indebidas”.

Hasta ahora, y según la Constitución del país, los presidentes de El Salvador, que tienen un mandato de cinco años, no podían renovarlo para un periodo inmediato. Sin embargo, la Sala de lo Constitucional instalada en mayo pasado por Bukele arrolló el artículo 152 de la Carta Magna que señala que no puede ser candidato a presidente “el que haya desempeñado la Presidencia de la República por más de seis meses, consecutivos o no, durante el periodo inmediato anterior, o dentro de los últimos seis meses anteriores del periodo presidencial”.

Aunque la reelección presidencial era algo que se barajaba en El Salvador, tomando en cuenta los zarpazos de Bukele a la justicia destituyendo a través de la Asamblea Nacional a magistrados y recientemente a un tercio de los jueces y fiscales, lo sorpresivo es la celeridad con que el mandatario afianza su proyecto político tildado como autoritario por sus detractores.

“La Sala de lo Constitucional de El Salvador —que Bukele cooptó en mayo de este año—acaba de permitir que Bukele se presente a una reelección. El mismo libreto que usaron Daniel Ortega y Juan Orlando Hernández, el presidente de Honduras. La democracia en El Salvador está al borde del abismo”, expresó José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch.

04 sept 2021 - 19:36 CEST

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Los talibanes necesitan dinero, a China le interesan los recursos naturales

Lo que las élites políticas de «Occidente» aparentemente ya no son capaces de hacer, los dirigentes políticos chinos sí pueden hacerlo: pensar estratégicamente a largo plazo y a escala global. La geopolítica no es una palabra extraña para el Partido Comunista Chino (PCC), sino una categoría conocida. Como le corresponde a una potencia mundial.

El Asia Central forma parte de su área de interés y de influencia directa. Con Pakistán, existe una estrecha cooperación, fruto de la rivalidad con la India. El interés principal de China es el de mantener la seguridad de sus rutas comerciales con Occidente. Una de las nuevas rutas de la seda más importantes (One Belt, One Road) pasa cerca de la frontera entre Pakistán y Afganistán. Otras rutas paralelas son posibles, pero la seguridad de las rutas existentes es una prioridad.

La política exterior China está motivada, además, por la naturaleza de su economía en rápido crecimiento y ávida de recursos. Afganistán posee muchos recursos naturales: hierro, cobre, oro, litio, tierras raras, carbón y petróleo, cuyo valor total está estimado en más de 3 billones de dólares. Sin embargo, la mayoría de las zonas mineras interesantes se encuentran en áreas de difícil acceso. En el futuro inmediato, los talibanes va a ejercer el control de la minería en Afganistán. Pero para extraer los recursos minerales o incluso para encontrarlos -el 70% del país está aún poco explorado-, los talibanes carecen de tecnología, de conocimientos y de dinero. Los chinos tienen todo eso. Tienen una concesión para una mina de cobre desde 2007 y para un yacimiento de petróleo desde 2011. Sin embargo, para explotar con éxito los recursos minerales, tendrán que construir carreteras y vías férreas, muchas de ellas en la alta montaña, lo que requiere una cuidadosa planificación a largo plazo y una experiencia probada en grandes proyectos de infraestructura. China también las tiene.

Opio, cobre y petróleo

Un análisis de la situación económica de los talibanes demuestra a qué punto necesitan esta cooperación. Hasta ahora, su principal recurso financiero era la exportación de amapolas y opio en bruto, además de los chantajes y de los derechos de aduana, cobrados de forma arbitraria. En total, las milicias recaudaron unos 1.600 millones de dólares de diversas fuentes oscuras en 2020; por su parte, el gobierno afgano pudo registrar unos 5.600 millones de dólares en ingresos durante el mismo periodo. Aunque los portavoces  de los talibanes digan ahora lo contrario, el comercio altamente rentable del opio les interesa, y mucho. Sobre todo porque se encuentran en una situación financiera desesperada desde que llegaron al poder.

Pero, para dirigir el país, los talibanes necesitan mucho más aún. No pueden acceder a las reservas de divisas del Banco central afgano -actualmente 9.400 millones de dólares [según el FMI]- que se encuentran en el extranjero, en su mayoría en el Banco central estadounidense. El Fondo Monetario Internacional bloqueó el acceso del régimen a la parte del país correspondiente a los derechos especiales de giro, 340 millones de dólares, y suspendió el último tramo (105,6 millones de dólares) de un programa de ayuda a la crisis sanitaria, de un total de 370 millones de dólares [decisión de noviembre de 2020]. Hasta ahora, la ayuda occidental representaba el 43% del producto interior bruto (PIB) afgano. Más del 60% del presupuesto estatal era financiado por Occidente. Este dinero desparece ahora casi por completo, aunque los británicos, por ejemplo, no quieren suspender sus pagos por el momento. Los talibanes siguen recibiendo millones de dólares en donaciones de algunos Estados del Golfo, pero al mismo tiempo están en conflicto con otros Estados árabes.

Al nuevo régimen le agradaría venderle los recursos naturales a la China. Las concesiones mineras aportan mucho dinero. Los chinos también serían bien recibidos para construir carreteras. China cuenta con socios en Pakistán y en otros países islámicos, lo que le facilita la entrada en el mercado afgano. Así, los chinos estarían en condiciones de ganar la carrera por los recursos minerales afganos.

Sigue existiendo el problema del terrorismo

Por su parte, los chinos no se hacen ilusiones con los nuevos líderes del Hindu Kush. Desconfían, con razón, de sus declaraciones, en las que dicen que no quieren dar cobijo al terrorismo. Aunque la frontera entre Afganistán y China sea de solamente 76 kilómetros, la amenaza del terrorismo es real. Los yihadistas uigures que regresan de Siria o de Afganistán fueron responsables de atentados terroristas en China. El gobierno chino reaccionó con mano de hierro y la región autónoma de Xinjiang está bajo un estricto control.

Hasta ahora, las experiencias chinas con proyectos mineros en Afganistán no han sido buenas. Por ejemplo, un consorcio dirigido por la China Metallurgical Group Corporation propuso invertir más de 3.000 millones de dólares en el mayor yacimiento de cobre del mundo en una región minera de la provincia oriental de Logar, con una mina, un ferrocarril y una central eléctrica. Hasta la fecha, las obras no han comenzado porque en la provincia tenían lugar conflictos entre los talibanes y el gobierno. La compañía petrolera estatal abandonó la producción en la zona del río Amu Darya [que sirve de frontera entre Afganistán y Tayikistán] ya que no le fue posible abrir rutas de transporte seguras hacia China para el petróleo extraído.

Para que pueda existir una cooperación a largo plazo entre China y el régimen talibán, este último tendrá que cumplir su promesa de mantener a raya el terrorismo islamista. Porque China no depende de los talibanes, puede prescindir de Afganistán e incluso cerrar la frontera común. Este era también el plan para las nuevas rutas de la seda. La República Popular tiene otras alternativas.

Por Michael Krätke, economista, fue profesor en la Universidad Libre de Berlín, luego en Bielefeld y más tarde, en la Universidad de Ámsterdam. Escribe en varias revistas de izquierda en alemán.

30/8/2021

Der Freitag

Traducción (del francés) de Ruben Navarro para Correspondencia de Prensa

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Viernes, 03 Septiembre 2021 08:18

Orwell, Kafka, Afganistán

Orwell, Kafka, Afganistán

El otro día –tras un buen rato de no seguir la prensa ni medios de allá– estaba mirando cómo los valientes soldados polacos instalaban en la frontera con Bielorrusia “en tiempo récord” 6 kilómetros de valla de alambre de cuchillas. Tres capas. Dos metros y medio de altura. El previamente instalado muro de 150 kilómetros de puro alambre de púas resultó supuestamente “demasiado débil”. ¿El propósito? Según el gobierno, “proteger a Polonia de la migración” y “de los terroristas de Irak y de Afganistán” (bit.ly/38A7ljn). O sea, refugiados civiles, buena parte mujeres y niños que huyen de sus países, reventados por las guerras neoimperiales.

El ministro de Defensa se congratulaba –y ensalzaba a sus tropas– como si hubiéramos (ahora sí) parado una blitzkrieg nazi o mandado de vuelta a la casa, con la cola entre las piernas, al ejército de Stalin.

¿Cuántos materiales televisivos recordaban que éramos los primeros en sumarse a la invasión de Irak (2003) –incluso a cargo de una de las zonas de ocupación allí– librada con base en mentiras orwellianas: armas de destrucción masiva (WMD), complicidad con Saddam en el 9/11, etcétera, unas, que le causarían envidia al propio Goebbels y harían parecer a Molotov un nene de pecho?

¿Cuántos reportajes, sin importar si era la tele estatal, llena de propaganda y medias verdades como en tiempos comunistas, o la privada de los “luchadores por la libertad (y el libre mercado)”, mencionaban, en conexión con la reciente debacle (bit.ly/3yyiiwv), que éramos igualmente los primeros a mandar las tropas a Afganistán (2001) a pedido de nuestro “compadre”, Bush Jr?

Pues... ninguno (de los que alcancé a ver).

Ningún link entre nuestra complicidad en reventar aquellos países y la “amenaza ante portas”, como si la imagen de los mismos soldados, ahora en la frontera con Bielorrusia, pero antes en las calles de Bagdad y Kabul, no fuese capaz de agitarle la memoria a nadie.

Tampoco ninguna reflexión acerca de las lecciones de la crisis de los refugiados (2015) desencadenada por otra guerra, en Siria –a esta, milagrosamente, ya nos negamos a ir–, pero en la cual Polonia, aún bajo otro gobierno (neo)liberal, estaba en la primera fila de crueldad y xenofobia que caracterizaron la respuesta de la Unión Europea (UE).

Ahora que un grupo de 32 refugiados está atrapado en una “tierra de nadie”entre Polonia y Bielorrusia –con otros muchos en la zona– “en una bizarra confrontación kafkiana entre ambos países” (bit.ly/3DqslHE), como reportó The Guardian: yo ya tuve que apagar la tele polaca..., en la cual Varsovia y Bruselas acusan a Lukashenko de “librarles una guerra híbrida” y “vengarse por las sanciones” queriendo “desestabilizar a la UE”, tampoco a nadie se le despertó la conciencia.

La noción de lo kafkiano fue acuñada en los 30 por Malcolm Lowry para denotar –tal como la entendemos generalmente– una “pesadilla burocrática” o situación que oscila desde lo absurdo al ridículo (véase: Michael Löwy, Franz Kafka, soñador insumiso, Taurus, México 2007, pp. 131-135). La palabra empezó a vivir su propia vida, hasta el punto que su (sobre)uso, hizo que se “erosionara” y empezara a perder el sentido (bit.ly/3DxOiVu); lo mismo pasó de hecho con el adjetivo “orwelliano” vaciado hasta cierto punto del sentido (bit.ly/3kDF699), que apunta tanto a la destrucción del pensamiento independiente, decepción, como a la propia “erosión del lenguaje” y que –dadas las tendencias autoritarias y/o posfascistas del actual gobierno polaco de extrema derecha–, quizás sería igualmente apropiado.

En fin.

Yo digo que si un grupo de 32 personas, independientemente de dónde venga y a dónde va, es capaz de –juzgando por la reacción de Varsovia y Bruselas–, “desestabilizar a la UE”, pues bueno, ya... El último apaga la luz.

Además, si hay alguien que ha estado desestabilizando por años y trabajando duro para reventar (desde dentro) la UE son los reaccionarios polacos en el poder – with a little help of Orbán– ignorando resoluciones de la Comisión Europea, atacando cortes, medios, buleando a mujeres, minorías y arrasando –muy en el espíritu de 1984– con la disidencia y todo lo que se oponía a su “sincronización”( gleichschaltung) católica y nacionalista (perdón por andar fifí, pero la inserción de bloques religiosos hasta en un canal de radio pública de música clásica fue la gota por la cual ya dije “basta” con los medios de allá...).

Son ellos más bien que por el bien de Europa –por si hay algo digno de salvar de ella... ¡sí, me acuerdo de usted, Zygmunt Bauman!– deberían ser acorralados por un alambre de cuchillas. Arrestados y expulsados.

Lo que pasa en la frontera polaco-bielorrusa no es kafkiano. Es vergonzoso e inhumano. O bueno, que sea kafkiano: al final el gran George Steiner también apuntaba a esta faceta de “inhumanidad” en su lectura de El proceso (Löwy, p. 131).

El mismo chantaje, “de abrir la llave con los refugiados”, Erdogan le está haciendo desde hace años a la UE. Pero como Turquía es miembro de la OTAN, pues bueno... Todo en familia. Lukashenko, verdaderamente despreciable, como enemigo, es perfecto. Y como los europeos, no sólo los gringos, acabaron de salir volando de Afganistán con la cola entre las piernas –junto con las últimas tropas polacas recibidas en estas semanas como “héroes” por aquel mismísimo ministro de Defensa (bit.ly/3jxrfC0)–, siempre se ocupan nuevos.

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Viernes, 03 Septiembre 2021 08:11

El botín de la conquista

El botín de la conquista

AFGANISTÁN Y LA ECONOMÍA MUNDIAL DE LA GUERRA

La idea de que vivimos un período de relativa paz y prosperidad en la historia mundial pasa convenientemente por alto algunos detalles.  El éxito de las élites empresariales tiene no pocos vínculos con la violencia y la brutalidad padecidas hoy en el Sur Global.

El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, contuvo las lágrimas durante una emisión de la cadena LBC cuando se supo que los talibanes consolidaban su control sobre Afganistán. «Lo que más lamento es que algunas personas no regresarán», dijo Wallace. Entre 2003 y 2005, el ahora ministro fue director en el extranjero de Qinetiq, la empresa de tecnología militar creada en abril de 2001, cuando se privatizó la agencia estatal británica de Investigación y Evaluación de Defensa. Los ingresos de la compañía rondan hoy los 1.000 millones de libras al año.

Los contradictorios roles de Wallace –un exejecutivo de alto nivel de una empresa que lucra con la «guerra contra el terrorismo» reconvertido hoy en ministro de alto rango que afirma, con razón, que Reino Unido le debe mucho al pueblo de Afganistán– reflejan una contradicción mayor. Por un lado, es obvio que la guerra es un negocio lucrativo. Y la «guerra contra el terror», que ha hecho crecer enormemente la dependencia de los gobiernos occidentales con respecto a mercenarios y contratistas privados, ha sido especialmente lucrativa, disparando al alza en los últimos 20 años las ganancias de los accionistas de las cinco principales empresas de defensa del mundo (véase, en este número, «Ganar y perder en Kabul»). Por otro lado, si se considera el lugar que ocupan la guerra y la conquista en la economía y en las ciencias sociales en general, es evidente que la mayoría de los economistas del mainstream continúa ignorando las formas en que la guerra contra el terrorismo enriquece a un pequeño pero influyente número de personas.

Es un problema tan nuevo como antiguo. Los proponentes del laissez-faire en el siglo XIX se esforzaron de manera deliberada para crear una brecha perceptiva entre conflicto bélico y comercio. Frédéric Bastiat (1801-1850) creía que el libre comercio sin restricciones podía ser una fuente de paz mundial. Pero, para conseguirlo, la gente tenía que fingir que en el mundo real el comercio estaba tan libre de conflictos como él lo deseaba en sus fantasías teóricas. «Eliminemos de la economía política todas las expresiones tomadas del vocabulario militar: luchar en igualdad de condicionesconquistaraplastarestrangularser derrotadoinvasióntributo, tales expresiones son contrarias a la cooperación internacional», escribió Bastiat.

John Stuart Mill también trató de fingir que el mundo era más pacífico de lo que en realidad era. En su célebre obra El sometimiento de las mujeres, Stuart Mill elogia a «las naciones más avanzadas del mundo (incluido Reino Unido) por allanar el camino hacia una nueva era de libre comercio, marcada por relaciones consensuales entre las naciones en lugar del principio bárbaro de la ley del más fuerte». Es una afirmación divertida para hacer en pleno apogeo del imperio británico. Es cierto que, en el continente europeo, hubo hacia la última mitad del siglo XIX una disminución de las guerras entre las potencias. Pero solo pasando por alto la violencia y la brutalidad que se desataba en las colonias podían Mill y otros economistas mantener que el comercio libre y pacífico era lo prevalente, cuando la realidad es que no lo era.

Uno de los herederos actuales de Mill a este respecto es el psicólogo y lingüista Steven Pinker, cuyos Los ángeles que llevamos dentro (2011) y En defensa de la Ilustración (2018) describen cómo, en los últimos 300 años, se habría registrado una disminución de la violencia mundial. Sin embargo, sus afirmaciones son principalmente un artefacto de oportunismo estadístico. El número de personas desplazadas que huyen de conflictos armados está hoy en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, pero los refugiados apenas reciben mención en los best sellers de Pinker.

Como ha señalado el sociólogo Michael Mann, la teoría de Pinker sobre la disminución de la violencia se basa en una visión convencional de la guerra que considera como progreso que las guerras entre los Estados europeos hayan disminuido, mientras que las guerras civiles fuera de Occidente han proliferado. El problema, como enfatiza Mann, es que la visión convencionalignora la participación angloestadounidense en esas guerras civiles no occidentales. Es la forma de mantener una falsa apariencia de manos limpias.

El economista estadounidense Tyler Cowen, en tanto, atribuye el estancamiento del crecimiento económico en las naciones occidentales a una supuesta falta de guerras. «Vivimos en esta divertida burbuja mundial en la que no ha habido ninguna gran guerra últimamente», sugirió Cowen en su pódcast en 2017, a poco de cumplirse 20 años de la «guerra contra el terror» liderada por Estados Unidos.

La afirmación es profundamente cuestionable por una serie de razones. En primer lugar, aunque la guerra genera a menudo grandes ganancias, estas se reparten por arriba: enriquece a las elites, pero no al resto de nosotros. No existe vínculo directo entre las guerras y la riqueza nacional en general, como bien señaló Adam Smith: «Desde el establecimiento de la Compañía de las Indias Orientales, por ejemplo, los demás habitantes de Inglaterra, además de estar excluidos del comercio, deben haber pagado, en el precio de los bienes provenientes de las Indias que ellos han consumido, no solo por todas las ganancias extraordinarias que la compañía pudo haber obtenido de esos bienes como consecuencia de su monopolio, sino también por todo el extraordinario derroche que el fraude y el abuso, inseparables de la administración de una compañía tan grande, necesariamente deben haber ocasionado».

Incluso Forbes, difícilmente una enemiga de las grandes empresas, describió la narrativa de Cowen como económicamente engañosa y «de miedo». Pero, aun si el botín de la conquista hubiera beneficiado a la nación agresora en su conjunto, no es razón suficiente para elogiar la guerra deliberada como fuente de beneficios económicos.

 Una pregunta más profunda es qué se considera una gran guerra, una guerra digna de mención o consideración. Millones de personas han muerto como resultado directo de las invasiones de Afganistán en 2001 e Irak en 2003, pero, para Cowen, estas muertes parecen tener una importancia insignificante. Es preocupante cuánta gente estaría de acuerdo con él. Bastiat se salió con la suya: el lenguaje de la conquista ha sido, en gran parte, desterrado del mainstream de la economía política. Según la organización de Reino Unido que impulsa la Campaña contra el Comercio de Armas, en ese país hay cerca de 200 ex funcionarios públicos que ahora trabajan en las industrias armamentística y de seguridad. El nexo financiero entre la guerra contra el terrorismo y los miembros de los gobiernos occidentales no ocupa mucho tiempo en los medios. Muchos académicos y legisladores parecen preferir que así sea.

(Publicado originalmente en London Review of Books. Traducción de Brecha.)

Por McGoey, profesora de sociología y directora del Centro para la Sociología Económica y la Innovación en la Universidad de Essex.

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Jueves, 02 Septiembre 2021 05:48

Los matices del perdón

Los matices del perdón

Entrevista al psicoanalista Alberto César Cabral

Una mirada psicoanalítica sobre el perdón, sus límites, la culpa y el arrepentimiento.

El perdón estuvo vinculado históricamente a un sentido religioso. Pero también con una posición ética respecto de quien tiene la "autoridad moral" para perdonar y quien tiene la suficiente conciencia ética como para arrepentirse. ¿El perdón es acaso la respuesta más apropiada ante las ofensas o los daños que nos infringe un otro? ¿Qué tiene para decir el psicoanálisis al respecto? Muchos de estos interrogantes son los que trabaja el psicoanalista Alberto César Cabral en su libro El perdón y sus límites. Una aproximación psicoanalítica (Teseo). Cabral es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina y exdirector del Instituto "Ángel Garma". También autor de Cuestiones en psicoanálisis, entre otros libros.

¿Qué diferencia existe entre el uso cotidiano del término "perdón" y de su concepción psicoanalítica? Cabral señala que hay un uso cotidiano que no ha roto plenamente sus adherencias de origen con el sentido religioso. "Hoy está aceptado que el perdón no existió en todas las épocas ni en todas las culturas. Roma y Grecia no tenían idea de lo que era el perdón como lo entendemos actualmente. Y es claro que las religiones monoteístas tuvieron mucho que ver con modelar las primeras nociones que estuvieron ligadas a la idea del perdón", plantea Cabral. El autor entiende que en los últimos tres siglos se produjo un proceso de secularización progresiva de la noción de perdón que lo fue despojando de sus connotaciones religiosas.

"No hay 'una' concepción psicoanalítica del perdón. Es una cuestión polémica, también entre los analistas. Hay colegas que, a mi modo de ver, reciclan concepciones religiosas del perdón. Lo consideran una 'virtud moral': la decisión de 'no perdonar', entonces, constituiría el testimonio de una elaboración no adecuada del rencor y el odio. Es claro que de ahí se desprende una concepción de la cura que debería desembocar inevitablemente en el perdón, y que lo convierte en objeto de una prescripción, sostenida por la autoridad del analista", señala Cabral. "La aproximación filosófica, ética e incluso la jurídica pecan en muchos momentos de cierto voluntarismo, como si se tratara exclusivamente de la buena voluntad de la víctima, del potencial y de la disposición de amor de la que sería portador como si bastara eso para definir si un agravio, una ofensa pueden o no ser perdonados", agrega.

--¿Qué lugar ocupa la culpa en el perdón de acuerdo a la mirada psicoanalítica?

--Lo podemos pensar en la dupla que forman el victimario y la víctima. Los autores anglosajones hablan del perpetrador y suena impactante. Respecto del ofensor y la víctima, la culpa está del lado del perpetrador, en una mirada convencional, de aquel que cometió la falta sobre el otro. Respecto del perpetrador también se supone que hay un goce también porque hay algo del orden del regodeo de la propia culpabilidad que, en algún punto, exime al sujeto de la posibilidad que le cabe en ver si puede o no enmendar aquello que protagonizó. Si no es así, la posición de culpa, el registro de la culpa por parte del perpetrador puede ser un primer paso en un proceso subjetivo de arrepentimiento, que cuando es realmente eficaz, en realidad lo que supone es un cambio de posición subjetiva por parte del perpetrador de dirigir una mirada distinta sobre el acto que protagonizó sobre la víctima.

--Ya que trae el tema de víctima y victimario y del arrepentimiento, ¿desde qué aspecto del psicoanálisis se puede pensar el pedido de perdón sin arrepentimiento, como muchas veces sucede en la violencia de género, por ejemplo?

--Una escucha psicoanalítica permite discriminar cuánto hay de lo que algunos autores serios y rigurosos del campo de la filosofía y de la ética recortan con mucha claridad descriptivamente del momento del arrepentimiento como un preliminar lógico en el trabajo del perdón. Pero no alcanzan porque son las limitaciones del propio discurso. Así como el discurso psicoanalítico tiene sus límites, lo tienen también otros discursos. El discurso filosófico, el ético, el religioso no alcanzan a dar cuenta, más allá del plano descriptivo, qué es lo que lo que supone lo que ellos llaman un “arrepentimiento genuino”. Entonces, hablan, por ejemplo, de un cambio de corazón, de un renacer del victimario, de una renacer en el amor. Es decir, una serie de frases que, a mi modo de ver, encubren una dificultad para contar con herramientas más rigurosas que permitan dar cuenta de cuándo, por ejemplo, un arrepentimiento es voluntarista, cuándo es hipócrita, cuándo transmite lo que llamamos coloquialmente "lágrimas de cocodrilo" y cuándo, en realidad, el discurso de arrepentimiento por parte del perpetrador tiene una condición de franqueza que logra provocar también en la víctima un cambio de posición subjetiva.

--¿Perdonar implica una renuncia desde el punto de vista subjetivo?

--Sí, y esto no es patrimonio exclusivo de una mirada psicoanalítica. Se acepta en otros ámbitos --y los analistas lo tomamos-- que efectivamente el perdón supone una renuncia por parte de la víctima al deseo de venganza, pero también a los resabios de odio subsistente a la conducta del perpetrador, pero no por una cuestión de buena voluntad sino porque existe en la víctima una voluntad genuina de relanzar el vínculo que fue puesto en jaque en su continuidad por la ofensa perpetrada. Si la posición subjetiva de quien perdona está sostenida en una represión del rencor hacia el victimario, el perdón tendrá un carácter precario, frágil, expuesto a los inevitables retornos de la hostilidad reprimida. Si el trabajo elaborativo desemboca en cambio en un "deseo decidido" (Lacan) de relanzar el vínculo que el accionar del perpetrador puso en jaque (a despecho del rencor subsistente), se abre la posibilidad de un perdón "genuino", no neurótico. En ese sentido, el perdón supone un movimiento más elaborado que las meras disculpas. Cuando uno acepta las disculpas de otro renuncia a la venganza sobre el otro (cuando la aceptación de la disculpa es genuina), pero no necesariamente quien acepta las disculpas de otro está interesado en relanzar el vínculo amoroso, fraterno, amistoso que lo unía previamente con el perpetrador. Están las disculpas, pero se puede no apostar a relanzar el vínculo y mantener las cosas en una suerte de coexistencia pacífica.

--Yendo un poco al título del libro, ¿hay un límite para perdonar? ¿De qué depende?

--Hay una categoría que tiene que ver con lo imperdonable que para mí fue la puerta de entrada a esta problemática porque en la clínica uno puede apreciar con bastante nitidez y con mucha frecuencia que rupturas vinculares precipitadas por situaciones vividas como daños generados por un otro con el que se estaba en relación generan algo del orden de una experiencia subjetiva de que el otro atravesó cierto límite y franqueó cierta barrera. Y en ese punto generan un odio, un rencor que es resistente a los intentos de elaboración del daño sufrido. En otros casos, no, uno puede registrar que el curso del trabajo analítico permite una elaboración de lo que inicialmente se vivió como un daño sufrible y como producto de esa elaboración, la víctima se puede ubicar inicialmente en una posición de "yo a éste no lo perdono, esto fue imperdonable", y puede modificar su posición subjetiva. Esto es algo que para una analista es imposible de ponderar a priori. Es al cabo de intentar procesar analíticamente, elaborativamente el daño sufrido, que se puede llegar o no a acercar a un núcleo de imperdonable. 

01/09/2021

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Las relaciones estratégicas de los talibanes para no perder Afganistán

El movimiento talibán ha conseguido volver a entrar en el palacio presidencial de Kabul, generando un escenario muy volátil que en los últimos días ha escapado incluso a su control. Por otra parte, las potencias regionales e internacionales deben decidir ahora si apoyarán o no al grupo islamista, aunque sea en vistas a derrotar a un enemigo que talibanes y occidentales mantienen en común: la rama del Estado Islámico en Afganistán.

Afganistán ha sido escenario de lo que muchos han denominado como “la mayor evacuación de la historia”. Las principales potencias occidentales han retirado ya a sus tropas y, mientras los últimos aviones extranjeros levantaban el vuelo, los líderes de distintos países prometían que “seguirán trabajando sobre el terreno para ayudar a los colaboradores afganos que no han podido evacuar”. Queda también suspendida en el aire la contradicción de Estados Unidos, que tras 20 años combatiendo contra las milicias del grupo talibán, mantiene a su servicio de inteligencia trabajando con los talibanes para hacer frente a la rama local del Estado Islámico en Afganistán: la filial EI-Khorasan (EI-K).

Por otra parte, a esta situación tan compleja se añaden las distintas posturas de los países interesados en la región. Durante los cinco años que mantuvieron su emirato, entre 1996 y 2001, los talibanes fueron reconocidos por tres países de gran peso en la región: Pakistán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Dos décadas después, solo el primero de estos actores clave mantiene a su personal diplomático en territorio afgano. Además, al tablero de juego actual se suman también países como China, Rusia, Irán o Turquía, que tienen pendiente reconocer a los talibanes como gobierno oficial.

El complicado vínculo entre talibanes y Estados Unidos, el líder occidental

Los talibanes no han tomado Afganistán en un día, ni es el primer atentado de los reductos del Estado Islámico en suelo afgano. Lo que sí ha ocurrido es que la mirada occidental ha pasado por alto ambos acontecimientos hasta que estos han tenido una repercusión directa para los suyos. Desde que, en 2001, las fuerzas de la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, acabaran con el emirato talibán que comenzó en 1996, el país afgano salió del foco mediático.

Primero fue Iraq, la guerra orquestada por George W. Bush en uno de los países con reservas petroleras más grandes del mundo; después, la primavera árabe, que solo produjo un verdadero cambio de modelo político en Túnez; la muerte de Osama bin Laden, que supuso a EE UU la excusa perfecta para justificar su implicación en la región; y por último, la creación del autodenominado Estado Islámico en 2014, la que fuera la facción de al-Qaeda en Iraq y el fruto del desembarco estadounidense en Bagdad en 2003. Estos acontecimientos fueron copando las portadas de los medios internacionales, mientras Afganistán quedaba olvidado, y con él la reorganización del movimiento talibán en el país.

Ahora, el mundo entero vuelve a mirar a Kabul para presenciar una desbandada occidental, que se podría haber organizado cuidadosa y pausadamente durante los últimos 20 años. La desordenada huida de EE UU y países europeos deja tras de sí un país sumido en el caos, dos atentados perpetrados por la filial del Estado Islámico en Afganistán y más de 170 muertos, según las últimas cifras oficiales.

Si una promesa queda suspendida en el aire es la que constituyen las contradictorias declaraciones de Estados Unidos. Llama la atención que, tras 20 años enfrentándose en terreno afgano, ahora la inteligencia estadounidense colabore con los talibanes, por una parte, para hacer frente al EI-K, y por otra, para evacuar a los colaboradores afganos que se han quedado en el terreno y que huyen de los propios talibanes.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, gracias a las piezas del puzle que se entrelazan en la cuestión afgana, el odio al occidentalismo en el país está servido. Cabe recordar, en primer lugar, que la victoria talibán se produce después de que más de 2.100 civiles, entre ellos 800 niños, hayan perdido la vida desde 2016 a 2020 en Afganistán, debido a los bombardeos que se achacan a la coalición internacional, según los datos de la ONU. Las víctimas de esta ofensiva destinada supuestamente a reducir a los talibanes, se triplicaron desde la entrada en vigor de la expansión de los bombardeos anunciada por la Administración Trump en 2017. Además, algunos de los talibanes que ahora están al frente de Afganistán han pasado por Guantánamo, prisión estadounidense famosa por sus torturas, abusos y arbitrariedad. Otro dato que no se debe dejar en el tintero es la estrecha relación que el grupo talibán mantiene con al-Qaeda, desde que el grupo liderado por bin Laden ayudase a la milicia talibán a tomar el poder en 1996 y a cambio los talibanes permitiesen después a al-Qaeda realizar entrenamientos terroristas en Afganistán.

Tras todos estos hechos, el escenario actual es, como mínimo, comparable a la “semilla del odio” que Estados Unidos sembró en Iraq con su invasión y que tuvo como consecuencias una sociedad iraquí fragmentada y la creación en 2014 del autodenominado Estado Islámico. Este conocido grupo terrorista también llevaba años fuera de los focos occidentales, hasta que, la filial de Khorasan, se ha llevado por delante la vida de 13 marines estadounidenses, entre las más de 170 víctimas de los atentados en el aeropuerto de Kabul. Sin embargo, no es el primer gran atentado del EI-K. Al grupo terrorista se le atribuye un atentado del pasado mes de mayo, perpetrado contra una escuela de secundaria de Kabul, en el que murieron más de 80 niñas afganas.

Los lazos que posee el grupo talibán fuera de Afganistán

Pakistán fue un actor clave hace 20 años y vuelve a serlo ahora. A pesar de lo complicado que es lograr un reconocimiento directo a las fuerzas del grupo talibán por parte de Pakistán, hay varios factores que lo sugieren implícitamente. En primer lugar, la cuestión étnica. En Afganistán predominan cuatro grupos étnicos, y el mayoritario es el de los pastunes, ya que suponen en torno al 40% de la población. Los pastunes son, al mismo tiempo, la segunda etnia predominante en Pakistán, integrada por casi un 15% de los pakistaníes. De hecho, fue en las madrazas de Pakistán donde estudiaron muchos de los muyahidines fundamentalistas que crearon el movimiento talibán en 1994 y que expulsaron a los soviéticos de la región en 1989.

Otro aspecto que determina el interés de Islamabad en Kabul, es el de la relación con India, el enemigo histórico de Pakistán. La inclinación de Pakistán a mantener un control efectivo sobre Afganistán obedece también al trauma sufrido por la pérdida de Pakistán Oriental, el actual Bangladés, en la que se implicó el ejército de la India. Mientras que Pakistán comparte lazos con los talibanes, la India poseía línea directa con el gobierno afgano, por lo que la toma de Kabul por las milicias el pasado 15 de septiembre es una pésima noticia para Nueva Delhi. No obstante, un excesivo poder por parte de los talibanes es un riesgo serio para Islamabad, ya que se le puede volver en contra y pagarlo con violencia dentro de sus propias fronteras.

Por su parte, China se ha convertido en el inversor estratégico de la cuestión afgana. Pekín ve al país como uno de sus grandes activos, pues en territorio afgano hay aproximadamente 1,4 millones de toneladas de elementos como neodimio o litio. En este sentido, no hay que olvidar que China es líder de las cadenas de suministro mundiales de tierras raras, hecho crucial en su estrategia geopolítica. Sin ir más lejos, en 2019, EEUU obtenía el 80% de sus minerales a través de China, al tiempo que los países europeos importaron el 98% de estos materiales de Pekín.

Teniendo todo esto en cuenta, China ha evitado reconocer explícitamente a los talibanes, pero sí muestra su disposición a mantener relaciones cordiales con el grupo fundamentalista y “desea una transición tranquila”, declaró la portavoz del ministerio de Exteriores, Hua Chunying, el día siguiente a la toma de Kabul. También aclaró que la embajada China continuaba trabajando con normalidad en territorio afgano. Esta postura de cordialidad, recuerda mucho al trato que ya mantuvo el gigante asiático con el grupo talibán entre 1996 y 2001.

“El enemigo de mi enemigo es mi amigo” es la mejor definición de la actitud que están adoptando países como Rusia o Irán. Vladimir Putin, es uno de los líderes que ha decidido mantener su embajada en Kabul. Moscú calificó en 2003 a los talibanes de grupo terrorista, pero una retirada de tropas estadounidenses siempre significa una buena noticia para el Kremlin. Máxime, si hace tres décadas era Washington el que apoyaba a los fundamentalistas que echaron de Afganistán a los soviéticos. El responsable del Gobierno ruso para Afganistán, Zamir Kabulov, ya ha declarado que el reconocimiento oficial de los talibanes por parte de Rusia dependerá de las acciones que el grupo lleve a cabo. El grupo talibán, que se encuentra en una suerte de cortejo a las grandes potencias, ha respondido asegurando “la protección del perímetro exterior de la embajada rusa”.

Asimismo, Irán, más que apoyar a los talibanes, apoya al que ha echado a EE UU de la región. Las disputas que la República Islámica de Irán ha mantenido con Washington han llegado a provocar que, un país de mayoría chiita, como el iraní, no eche las manos al cielo por el ascenso de poder de un grupo integrista sunita, como es el talibán.

Por otra parte, Irán está mostrando una posición muy similar a la de Turquía: ambos temen una entrada masiva de refugiados en sus fronteras. Por esta razón, los líderes de los dos países celebran cada vez que los talibanes prometen en público un gobierno estable y pacífico. No obstante, ya el pasado mes de julio, ante el inminente avance talibán, Turquía anunciaba que construiría un muro a lo largo de su frontera con Irán para impedir la llegada de refugiados afganos. Por el momento, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ya ha admitido que Turquía mantiene contactos oficiales con el grupo talibán. Asimismo, los talibanes han propuesto a Turquía que gestione el aeropuerto de Kabul tras los atentados ejecutados por el EI-K el pasado 26 de agosto, los cuales tenían el objetivo de atacar a las fuerzas estadounidenses, pero también de demostrar la inestabilidad y la volatilidad que caracterizaría a un nuevo emirato talibán.

Por tanto, si en este escenario de incertidumbre hay algo claro es que el enemigo más peligroso de los talibanes ahora mismo es el EI-K. Igual que le pasó con al-Qaeda en Iraq, el EI-K no ve a los talibanes lo suficientemente extremistas y se dedica a atraer a yihadistas descontentos. La rivalidad entre ambos grupos se basa en la falta de reconocimiento de la filial del Khorasan por parte del grupo talibán y en que los talibanes sí estén dispuestos a negociar con potencias occidentales.

Dadas las circunstancias, los talibanes se encuentran ante dos posibilidades opuestas para no perder el control de Afganistán; con tal de sumar efectivos y fuerzas contra el EI-K, pueden continuar acercándose a al-Qaeda como en el pasado, mostrando más abiertamente su componente islamista; o mantener su propaganda de moderación para conseguir el reconocimiento oficial y apoyo de grandes potencias mundiales.

30 ago 2021 06:00

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