Desde la resistencia en la frontera paquistaní los talibanes tomaron control de todo Afganistán.. Imagen: EFE

"Estados Unidos está escribiendo con sus bombas nuestra gran victoria futura"

Rodeada de grupos tribales musulmanes dotados de un código moral, social y de honor muy férreo y con un espíritu y una voluntad de combatir poco común, Peshawar fueel reductoideal de los talibanes.

 

Todavía recuerdo la expresión irónica y sobradora de los comandantes talibanes que cruzaban la frontera entre Afganistán y Pakistán a través de las zonas tribales para llegar a la ciudad pakistaní de Peshawar. Algunos venían con la barba afeitaba para disimular así su pertenencia a los cuadros que combatían del otro lado de la frontera. El comandante Ahmid decía en todo burlón: “esta guerra de los gringos contra nuestra tierra es un episodio temporal, negativo en este momento, pero augura nuestra victoria final del mañana. Estados Unidos está escribiendo con sus bombas nuestra gran victoria futura”. Peshawar era para ellos el reducto ideal. Allí se compraban armas y se llevaban a cabo todas las transacciones políticas detrás del telón. Peshawar fue, también, la ciudad donde Osama Bin Laden instituyó Al Qaeda y a partir de la cual pactó su asociación inicial con Estados Unidos. Fundada en el Siglo II D. C por el rey Kaniska perteneciente a la dinastía Kushán, Peshawar es una de las ciudades más antiguas y legendarias de Asia del Sur. Está pegada a la frontera afgana y linda con las zonas tribales de Pakistán habitadas por los pastunes, una de los grupos tribales musulmanes más importantes del mundo, dotado de un código moral, social y de honor muy férreo y con un espíritu y una voluntad de combatir poco común. A ellos se enfrentó Occidente cuando, en 2001, luego de los atentados del 11 de septiembre, la administración de George W. Bush lideró la ofensiva contra las bases de Bin Laden y el régimen de los talibanes al que Washington había respaldado con los honores de un aliado útil en su confrontación con la Unión Soviética.

Afiches

La historia retendrá que los talibanes fueron descubiertos como fuerza local de gran influencia no por el imperio sino por el argentino Carlos Bulgheroni (Bridas) cuando, en la década de los 90, se le ocurrió extraer gas de Turkmenistán pasando por Pakistán. El proyecto requería que el gasoducto atravesara Afganistán y con ese objetivo entabló una negociación con los talibanes. El movimiento talibán se había estructurado como tal durante la lucha contra la invasión soviética de Afganistán y en 1996, al cabo de una guerra contra otras facciones afganas, asumieron el gobierno. A nadie le importaba entonces la instauración de un “Talibanistán”, ni los abusos o las violaciones a los derechos humanos. Los talibanes eran una garantía de estabilidad y una ventana hacia los grandes negocios después de años y años de guerra. Hoy se puede mirar con horror y hacia atrás esa historia: los grupos y movimientos afganos descendientes de la lucha contra la URSS (1979) respaldados con armas y dinero por las sucesivas administraciones norteamericanas son los mismos que originaron luego el islamismo radical que se expandió por el mundo. Pasé varios meses en Pakistán y una buena parte de ese tiempo en Peshawar. Los afiches que el ejército norteamericano largaba en paracaídas con los nombres y las fotos de las personas buscadas no eran desconocidos: eran los mismos a los que Washington había financiado antes (armas, entrenamiento, escuelas coránicas, etc). El imperio convirtió a Afganistán en la tierra original de la guerra santa (yihad).

Paradojas

No faltan las paradojas en este episodio que se tragó decenas de miles de vidas ("The Costs of War", de la Universidad de Brown, evaluó en 241.000 el número de muertos) y 145.000 millones de dólares gastados por Estados Unidos en la “reconstrucción” de Afganistán: el 27 de 1996, los talibanes tomaron el control de Kabul luego de que una de las figuras más míticas de la resistencia afgana, el comandante Masud, abandonara la capital afgana bajo la presión militar de los talibanes. Ahmad Shah Masud fue una de las piezas claves de la derrota de los soviéticos en Afganistán (1979-1989), pero nunca se asoció con los talibán. Fueron sus “adversarios del interior”. Masud era un enemigo mordaz de la interpretación fundamentalista del Islam y por ello encarnó la oposición armada. Fue un guerrero sin igual al mando del Frente Islámico Unido (también conocido como Alianza del Norte). Occidente encontró en Masud un aliado “interior” y lo amparó en la nueva lucha contra la teocracia de los talibán. El 9 de septiembre de 2001, es decir, dos días antes de los atentados contra las torres gemelas, Masud fue asesinado en el curso de un atentado suicida perpetrado por Al Qaeda con el fin de sacar del medio a un líder político y militar de mucho relevancia.

Espejo

En la novela "Kim", el escritor británico Rudyard Kipling empleó la formula « el gran juego » para sintetizar el enfrentamiento entre el imperio británico y la Rusia de los Zares durante el siglo XIX y parte del XX en las regiones de Asia Central. En Peshawar los comandantes talibán decían que “el Gran Juego continuaba” y prometían que Afganistán volvería a ser "la tumba de los imperios". 20 años después del derrocamiento de los talibán por la coalición internacional, los insurrectos islamistas regresan al poder tal y como lo prometían en 2001. Corrupción, ignorancia, errores operativos, estrategias militares improvisadas, ambiciones irrealistas, apoyo a burguesías locales corruptas y occidentalizadas, doble juego de Pakistán (sostén invisible a los talibán y alianza con Estados Unidos) condujeron a la estrepitosa derrota de Estados Unidos y de quienes, desde 2001, se unieron a la cruzada en esa región del mundo. El "Estado afgano" atornillado por Occidente en los últimos 20 años fue incapaz de aportar estabilidad, paz o prosperidad. Por tercera vez en el Siglo XXI, la incongruencia occidental deja a un un país postrado: en 2001 se empezó a gestar el Afganistán de hoy: en 2003, Estados Unidos invadió Irak y derrocó a su gran socio comercial y militar (confrontación con Irán), Saddam Hussein, en 2011, de la mano del ex presidente francés Nicolas Sarkozy y con mandato de la ONU, una coalición internacional derrocó a otro ex gran amigo, el presidente libio Muamar Khadafi. Las tres catástrofes importadas dejaron un tendal de muertos, huérfanos, mutilados y desplazados. Irak, Libia o Afganistán son un espejo que refleja hacia el fin de los tiempos la barbarie que se esconde bajo el manto de la civilización occidental.

28/08/2021

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El presidente brasileño Jair Bolsonaro (C), el presentador de televisión Silvio Santos (d) y el obispo evangélico Edir Macedo. — EVARISTO SA / AFP

La derecha latinoamericana ha visto en ese auge evangélico una puerta abierta para captar votantes en un nicho social que tradicionalmente se le ha resistido: los pobres.

 

Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, vio cumplida su profecía de la 'nación divina' cuando su amigo Jair Bolsonaro tocó el cielo (del Palacio del Planalto) en 2018. Macedo es el arquetipo de los líderes religiosos que han ido acumulando riqueza y poder político en América Latina. Las iglesias evangélicas avanzan sin freno en una región que era el semillero de la Iglesia católica hasta hace poco. Cien millones de fieles llenan sus templos y escuchan las soflamas antiabortistas de los pastores pentecostales. Pero su discurso no se circunscribe al ámbito religioso.

Gracias a imperios mediáticos como el que ha levantado Macedo en Brasil, los evangélicos son hoy un influyente lobby político. A Dilma Rousseff casi le cuesta la presidencia en 2010 su idea de despenalizar el aborto. En plena campaña electoral y ante la presión de los evangélicos, tuvo que matizar su propuesta. Leviatán para todas las iglesias, el aborto ha servido ahora de excusa a los evangélicos argentinos para denostar a la escritora argentina Claudia Piñeiro, guionista de El Reino, una serie de televisión que refleja las promiscuas relaciones entre el poder político y algunos líderes espirituales.

Estrenada recientemente en ese averno audiovisual llamado Netflix, la serie ha batido récords de audiencia en Argentina. A la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina le ha debido sentar a cuerno quemado que la ficción se inspire en las veleidades terrenales de algunos pastores.

Y se han cebado con Piñeiro, autora de éxito editorial y defensora de los derechos de las mujeres: "Es sabido el encono que ha expresado la escritora y guionista de esta obra desde su militancia feminista durante el debate de la ley del aborto hacia el colectivo evangélico de la Argentina, representado por millones de ciudadanos que no coincidían en su posición respecto del tema", rezaba su poco beatífico comunicado.

La influencia de los evangélicos en la política argentina es todavía limitada y su implantación social es menor que en otros países de la región (alrededor del 15%). Distinto es el caso de Brasil, donde los evangélicos representan ya el 30% de la población y sus líderes tienen una notable presencia en el Parlamento y en los gobiernos locales desde hace años. Marcelo Crivella, obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, fue senador, gobernador del estado de Río de Janeiro y alcalde de su capital entre 2017 y 2020. Pertenece al Partido Republicano Brasileño, muy ligado a los neopentecostales.

Antes de acabar su mandato como alcalde, cayó preso por corrupción. En prisión tal vez escuchara la letanía proveniente de alguna de las miles de congregaciones evangélicas de Brasil: "Para de sufrir". Su tío Edir Macedo hace tiempo que no sufre. Con su poderoso arsenal mediático (posee la cadena de televisión Récord, varias emisoras de radio y dos periódicos), hace y deshace a su antojo. Ha amasado una fortuna y ahora tiene un aliado de lujo en Brasilia, el ultraderechista Bolsonaro, a quien ayudó a ganar las elecciones en 2018. Los congresistas evangélicos fueron ya decisivos en el impeachment que sacó a Rousseff de la presidencia en 2016. A la hora de votar, la mayoría invocó a Dios.

La doctrina pentecostal (relevancia del Espíritu Santo, relación directa con Dios, prosperidad terrenal, etc.) fue implantándose en América Latina desde mediados del siglo XX. Antes ya había echado raíces en Estados Unidos, cuya influencia en las iglesias latinoamericanas ha sido notoria. Ante las experiencias progresistas de la católica teología de la liberación (con la que confraternizaron los movimientos insurgentes latinoamericanos), a partir de los años 80 los sectores conservadores norteamericanos apostaron por la "teología de la prosperidad" que predicaban los carismáticos y elocuentes pastores evangélicos.

Según un estudio del Pew Research Center realizado en 2014, cerca del 20% de los latinoamericanos se declaraban evangélicos. Los católicos continúan siendo mayoría (alrededor del 70%) pero su declive es constante (representaban el 94% hasta los años 60) pese a los esfuerzos del Vaticano por frenar la sangría. Las continuas giras de los papas por la región eran parte de esa estrategia. Un informe más reciente de Latinobarómetro (2018) confirma esa tendencia ascendente de la doctrina evangélica en detrimento de la católica, si bien su crecimiento no es homogéneo. Hay países como México o Paraguay donde el catolicismo no se resiente tanto mientras en Brasil el descenso es continuo. Y Centroamérica cuenta ya con más evangélicos que católicos.

La política se ha impregnado del discurso de las iglesias neopentecostales en muchos países. El cómico evangélico Jimmy Morales, en la mira de la justicia por presunta financiación electoral irregular, gobernó en Guatemala entre 2016 y 2020. Y en Costa Rica estuvo a punto de llegar a la presidencia en 2018 Fabricio Alvarado, otro dirigente en la órbita de los evangélicos. Ganó la primera vuelta al grito de "¡No se metan con las familias!", en referencia a la educación sexual laica que comenzaba a impartirse en las escuelas costarricenses. No superó la segunda vuelta electoral pero el poder del lobby evangélico sigue muy presente en el país.

El populismo de derechas que abandera Bolsonaro en América Latina se ha mirado en el espejo de las iglesias evangélicas. Los pastores pentecostales se han ganado a los más desfavorecidos prometiéndoles redención espiritual y alivio pecuniario en el mismo sermón. Su mayor acierto ha sido asentarse en los rincones donde la Iglesia católica no ha logrado penetrar. Las corrientes migratorias del campo a la ciudad han creado barriadas gigantescas en las grandes urbes latinoamericanas. Allí han crecido como setas las iglesias evangélicas con sus redes de apoyo comunitario para combatir la drogadicción o el alcoholismo, atrayendo así a miles de fieles a su causa.

La derecha latinoamericana ha visto en ese auge evangélico una puerta abierta para captar votantes en un nicho social que tradicionalmente se le ha resistido: los pobres. La buena sintonía entre populistas de derechas y pastores evangélicos es evidente en muchos países. Coinciden en muchas ocasiones (aunque no siempre) en una defensa del neoliberalismo y una oposición militante a derechos sociales como el aborto o el matrimonio igualitario. Esa conexión político-religiosa no solo ha proliferado en Brasil.

Los evangélicos desempeñaron un papel relevante en el rechazo a los acuerdos de paz en el referéndum de Colombia en 2016. El empresario Sebastián Piñera volvió al poder en Chile tras ganar las elecciones en diciembre de 2017. Tanto el dirigente conservador como el candidato pinochetista José Antonio Kast contaron con asesores evangélicos en sus equipos de campaña. Y en Bolivia, los golpistas que echaron del poder a Evo Morales en noviembre de 2019 irrumpieron en el Palacio de Gobierno enarbolando biblias.

Jeanine Áñez, presidenta de facto durante un año y hoy en prisión, es una ferviente creyente católica. El hacedor político del golpe, Luis Fernando Camacho, actual gobernador de la rica provincia de Santa Cruz, está muy vinculado a los evangélicos (de hecho, se le conoce como el Bolsonaro boliviano). El reino que invocan ciertas iglesias y líderes evangélicos es muy terrenal. Un paraíso de votos para la emergente ultraderecha latinoamericana.

 

28/08/2021 22:28

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El Reino y la avanzada del poder evangélico en América Latina

La historia de una familia a cargo de un templo evangélico, inmersa en una oscura trama de poder que entrelaza la política más turbia, la Justicia, el empresariado y los servicios de inteligencia, hizo de El Reino la serie furor del momento. Pero más allá de sus destacadas virtudes cinéfilas, el thriller logró poner en debate un fenómeno clave: la acelerada incursión de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana.

En las últimas décadas se dio una transformación demográfica en la religiosidad del continente, marcada por la debacle de la Iglesia católica y el vertiginoso ascenso de la población evangélica, que pasó del 3% a más del 20% en 60 años. Si bien el mundo evangélico abarca diversidad de corrientes y denominaciones, son las neopentecostales las protagonistas de este auge y de la apuesta a copar la institucionalidad.

Su principal acierto fue la penetración en las barriadas populares y la capacidad de contención a personas vulneradas, canalizando desesperos y desesperanzas. Lo mismo en las cárceles. Interpelan con la oratoria de líderes carismáticos generando un vínculo emocional y un sentido de pertenencia envidiable. Complementan su despliegue territorial con esas mega-iglesias en suntuosos edificios en centros urbanos, emisoras de radio y televisión, colegios, bandas musicales, indumentaria y más. Toda una industria cultural que potencia su masividad.

Desde esa masividad y ese magnetismo de sus pastores y telepredicadores, sus dirigentes percibieron la eficacia del “voto evangélico” y comenzaron a meterse en cargos legislativos o locales, casi siempre desde espacios de derecha y ultraderecha. Ante el creciente desprestigio de los partidos tradicionales, aparecen como la cara renovada de las fuerzas conservadoras para combatir la ampliación de derechos como el aborto legal o el matrimonio igualitario.

Las fronteras entre religión y política siempre fueron difusas. Pero la ambición de esta rama eclesiástica por dominar estructuras de poder, como soportes del credo neoliberal y primera línea de la tropa anti-derechos, da cuenta de un fuerte reimpulso de la religión como herramienta política.

Alerta que caminan

Los evangélicos se escindieron de la Iglesia Católica con la reforma protestante del siglo XVI. A comienzos del siglo XX surge en Estados Unidos la corriente Pentecostal, que se expande en América Latina en la década de 1970 para hacer un contrapeso al avance de la Teología de la Liberación. En 1982 llega a la presidencia de Guatemala -mediante un golpe de Estado- el militar y pastor evangélico José Efraín Ríos Montt, años después condenado por genocida.

Otro antecedente lleva el sello de otro devenido dictador, el peruano-japonés Alberto Fujimori, quien ganó las presidenciales de 1990 gracias al apoyo de algunas iglesias evangélicas. Luego puso de vicepresidente a Carlos García, un pastor de la Iglesia Bautista, y unos 50 fieles evangélicos fueron candidatos al Congreso por su partido. Treinta años después, la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas jugó fuerte para el tercer -y frustrado- intento de su hija Keiko por llegar a la presidencia.

Pero sin dudas fue Brasil el núcleo de expansión de las iglesias evangélicas en Suramérica, diseminando pastores por toda la región. También es el país con mayor involucramiento político, sobre todo desde la Iglesia Universal del Reino de Dios y su poderoso multimedio Grupo Record.

Un poder que se estructuró en torno a la “bancada de la Biblia”, con decenas de legisladores, y que logró colocar al pastor Marcelo Crivella como alcalde de Río de Janeiro, destituido y preso en 2020 por corrupción. El mayor hito de la potencia evangélica fue su rol en el triunfo de Jair Messias Bolsonaro, quien fuera bautizado en el Río Jordán por un pastor evangélico. La semana pasada, Bolsonaro propuso a un pastor para la Corte Suprema y así cumplir su promesa de poner un juez “terriblemente evangélico”.

El factor eclesiástico también fue protagonista en el golpe de Estado en Bolivia en 2019. “La Biblia vuelve a entrar al Palacio”, gritaba sonriente la presidenta de facto Jeanine Áñez levantando un ejemplar gigante mientras asumía rodeada de militares. El día anterior, el empresario Luis Fernando Camacho, principal promotor del golpe, posaba arrodillado en la misma Casa de Gobierno también con Biblia en mano: “La Pachamama nunca volverá al Palacio. Bolivia es de Cristo”. La trama golpista había contado con el apoyo de la Iglesia y de los líderes evangélicos.

Centroamérica es otro epicentro de la incursión evangélica en la arena política. Guatemala tuvo como presidente entre 2016 y 2020 al teólogo evangélico Jimmy Morales, en Costa Rica llegó al balotagge de 2018 el predicador evangélico Fabricio Alvarado y en El Salvador gobierna Nayib Bukele, otro exponente de esa iglesia que llegó a militarizar el Congreso vociferando oraciones y prédicas.

En Colombia, los pastores evangélicos -aliados del expresidente Álvaro Uribe- mostraron su peso en las urnas cuando impulsaron el NO en el plebiscito para ratificar el Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC en 2016.

Si bien algunos líderes progresistas como Lula o Andrés Manuel López Obrador también han hecho alianzas con sectores evangélicos, es nítida la hegemonía de la orientación reaccionaria, con el caso del apoyo a Donald Trump como máxima expresión.

La cruzada es integral y apunta a la disputa de sentidos. “El explosivo crecimiento de la corriente neopentecostal en América Latina constituye una emergencia conservadora de gran eficacia en el plano de la micropolítica, es decir en la lucha por la constitución de las subjetividades contemporáneas”, analiza un completo informe del Instituto Tricontinental.

Argentina: el futuro llegó

El Reino es una ficción. “Pero una ficción que contiene elementos tomados de realidades”, explica su director Marcelo Piñeyro. Realidades que en Argentina aún no muestran una dimensión superlativa. Por Ahora. La apuesta más fuerte fue la movilización callejera contra la legalización del aborto, además de un fallido intento por posicionar en 2018 al diputado salteño Alfredo Olmedo.

La Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas (ACIERA), que salió con los tapones de punta contra la serie, supo tejer buenos vínculos con varios dirigentes de Juntos por el Cambio; en 2019 el macrismo postuló a seis evangélicos para el Congreso y el exmilitar Juan José Gómez Centurión tuvo como compañera de fórmula a la referente evangélica Cynthia Hotton. Para las legislativas de este año se presentan decenas de candidaturas evangélicas, tanto en JXC como en espacios nuevos como el Frente +Valores o el Partido Celeste. Como en otras latitudes, el salto a la política del poder evangélico viene por derecha.

27/08/2021

Gerardo Szalkowicz es editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo”.

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 Para los organizadores se trata de la mayor movilización indígena en la historia de Brasil

El tribunal supremo debe resolver la sentencia de un tribunal de apelaciones en relación a un territorio del estado de Santa Catarina reivindicado por los pueblos xokleng, guaraní y kaingang. 

 

Miles de indígenas marcharon este miércoles por Brasilia hacia la Corte Suprema, que empezó a analizar un caso clave sobre los derechos a sus tierras ancestrales. Los organizadores afirman que se trata de la mayor movilización indígena en la historia de Brasil, con seis mil participantes de 170 etnias diferentes acampando desde el domingo en la región central de la capital, sede de los tres poderes.

En concreto, la Corte brasileña debe resolver el fallo de un tribunal de apelaciones en relación a un territorio del estado de Santa Catarina reivindicado por los pueblos xokleng, guaraní y kaingang. La nueva legislación que se somete a votación a partir del miércoles pretende adoptar el criterio de "marco temporal" para la demarcación de las tierras indígenas, reconociendo como tierras ancestrales solo aquellas que estaban ocupadas por ellos cuando se promulgó la Constitución de 1988.

"Persecución sistemática"

Bajo el lema "Lucha por la vida", los movimientos indígenas marcharon hacia el Supremo Tribunal Federal (STF) por la tarde, cuando la Corte abrió la sesión en la que se empezó a abordar un caso que tendrá repercusión en decenas de litigios sobre sus reservas naturales. Vistiendo trajes típicos, al son de cánticos e instrumentos tradicionales, el martes habían realizado una vigilia nocturna con miles de velas dispuestas en la Plaza de los Tres Poderes, rodeada por los edificios de la Presidencia, el Congreso y el STF. 

Los indígenas protestan contra lo que consideran una "persecución sistemática" por parte del gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro desde que llegó al poder en 2019.  "Este gobierno está atacando a los pueblos indígenas", dijo el cacique Syrata Pataxo, de los indígenas Pataxo, originarios de Bahia (nordeste). "Toda la humanidad hoy clama por la protección de la Amazonia. Pero este gobierno quiere que la selva, el pulmón de nuestro planeta, sea reemplazada por soja y minería", agregó el líder de 32 años. 

Tierras ancestrales

La Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (Apib), que organiza las protestas, considera que lo que está en manos del máximo tribunal es "el proceso más importante del siglo" para los 900 mil indígenas que viven actualmente en el país (0,5 por ciento de la población) y cuyas reservas ocupan el 13 por ciento del vasto territorio nacional.

El caso gira en torno al derecho de los indígenas a ocupar y preservar sus tierras ancestrales, que les fue asegurado en la Constitución brasileña de 1988. El lobby del agronegocio defiende que solo deben reconocerse como tierras indígenas aquellas que estaban ocupadas por ellos cuando se promulgó la Carta Magna. 

Pero los defensores de los pueblos originarios sostienen que la Constitución no prevé ese "marco temporal" y que los indígenas fueron desplazados de sus territorios a lo largo de la historia, especialmente durante la dictadura militar (1964-1985). 

"Todo Brasil es tierra indígena. Nunca salimos de esta tierra, siempre estuvimos aquí", sostuvo Tai Kariri, líder de 28 años del pueblo con su mismo nombre del estado de Paraiba (nordeste). La decisión, que podría demandar más de una sesión e incluso no emitirse esta semana, es sobre una reserva en el estado sureño de Santa Catarina, pero tendrá repercusión general y podrá afectar otras numerosas tierras en disputa.

"Si el Supremo Tribunal acepta el marco temporal podrá legitimar la violencia contra los pueblos indígenas y estimular conflictos en la selva amazónica y otras regiones", dijo en un comunicado Francisco Cali Tzay, relator especial de la ONU para los derechos de los pueblos indígenas. El tribunal "tendrá sangre indígena en sus manos" si apoya esa tesis, sostuvo la líder indígena Alexandra Munduruku. 

El presidente Jair Bolsonaro advirtió el martes que si la Corte rechaza el argumento del marco temporal podría desatarse un "caos". Lejos de mostrarse atento a las necesidades de los pueblo originarios, Bolsonaro promueve una ley para legalizar la minería y el agronegocio dentro de las tierras indígenas. 

Desde que el mandatario de ultraderecha llegó al poder, los indígenas multiplicaron sus denuncias sobre invasiones a sus tierras y hechos de violencia. También cuestionan las omisiones del gobierno en la prevención y el cuidado de los pueblos originarios frente al coronavirus que ha dejado 1.166 muertos y más de 58 mil contagiados en sus comunidades, según cifras de la Apib.

25/08/2021

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China acusa a EE.UU. de militarizar el espacio extraterrestre

China criticó las actividades de EE.UU. en la órbita y afirmó que provocan la militarización del espacio extraterrestre.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wang Wenbin, aseguró que, en los últimos años, "EE.UU. ha posicionado abiertamente el espacio exterior como un nuevo territorio de combate, ha creado una Fuerza Espacial y un Comando Espacial independientes, y ha llevado a cabo enérgicamente el desarrollo del poder en el espacio exterior. China está profundamente preocupada por esto", aclaró.

Según Wenbin, China, Rusia y otros países trabajan para negociar instrumentos legales que permitan controlar y mantener pacífico el espacio extraterrestre. A su vez, Washington "se ha resistido pasivamente durante mucho tiempo al proceso de negociación […] y ha utilizado la llamada 'amenaza del espacio exterior chino' para desviar la atención internacional".

En esta situación, el portavoz de la diplomacia china indicó que "una serie de acciones" de EE.UU. destinadas a militarizar el espacio reiteran "la urgencia de negociar y concluir instrumentos jurídicos" para el control del área.

De esta manera, el diplomático chino comentó las recientes declaraciones del jefe del Comando Espacial estadounidense, James Dickinson, quien aseveró que su cuerpo está listo para realizar ejercicios militares en el espacio.

Dickinson aseveró que el Comando Espacial ha madurado hasta convertirse en una "fuerza de guerra". "Hemos salido de nuestra fase de creación. […] El Comando Espacial de EE.UU. está listo para disuadir el conflicto y, si es necesario, derrotar la agresión y, junto con aliados y socios, defender nuestros intereses vitales en el dominio espacial", declaró.

26 agosto 2021

(Con información de Russia Today) 

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Marcha feminista, septiembre de 2019, CDMX. Foto: La Jornada / Luis Castillo

Las palabras rara vez o ninguna son inocentes o gratuitas o neutras, mucho menos si se trata de un término como el que, con conciencia de la historia y lucidez crítica, se analiza en este artículo, y que pone en evidencia lo mucho que aún es necesario hacer para cambiar el pensamiento arraigado en la palabra ‘feminazi’.

El 5 de febrero de 2020, durante su discurso del Estado de la Unión, el entonces presidente de Estados Unidos Donald Trump otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad al conductor de radio Rush Limbaugh, a quien se refirió como “un luchador y un ganador” que ha dedicado “décadas de incansable devoción a Estados Unidos”. Lo único decepcionante fue que, con todo y lo lenguaraz que es, el magnate no mencionó que a principios de la década de 1990 Limbaugh tildó de feminazis a las mujeres que abogaban por la legalización del aborto, porque, según él, las hordas nazis y las feministas asesinaban niños. Tan elocuente muestra de misoginia habría dejado fuera de duda los méritos del locutor para recibir la insigne medalla.

De aquella década de 1990 a esta parte, el término feminazi se ha expandido no sólo entre derechistas fanatizados, religiosos ultramontanos o machistas recalcitrantes, sino también entre personajes que, por su filiación progresista, liberal o socialista, al menos en teoría creeríamos que comprenden la bajeza y la contradicción del vocablo.

Bajeza, porque equipara la lucha de las mujeres por sus derechos con la ideología nazi, que, con base en la denigración de los orígenes étnicos, las convicciones políticas, las preferencias sexuales o la simple existencia, anuló la condición humana de millones de personas y las condenó al exterminio. Denigración, anulación y exterminio a tal punto premeditados y sistematizados, que convirtieron la masacre de millones de seres humanos en una actividad burocrática. Contradicción, porque enlaza dos visiones opuestas de la convivencia humana: la feminista, que busca relaciones basadas en el principio de igualdad y comprensión entre hombres y mujeres; la nazi, que nunca se interesó por los derechos femeninos, toda vez que redujo a las mujeres a meras paridoras de soldados para su máquina belicista.

Los nazis mantuvieron el concepto de la triple k, que limitaba la vida de las mujeres y que asomó durante la relativa democracia de la República de Weimar, pero que el nazismo exacerbó. Triple k: Kinder, Kirche, Küche (niños, iglesia, cocina); mujeres prisioneras del esposo, la autoridad religiosa, el entorno vecinal y los hijos.

La ideología nazi se ubica así en las antípodas del feminismo, que no promueve ni aspira a la aniquilación del ser masculino, porque de entrada tal idea seguiría los postulados de la cultura patriarcal, que por milenios ha sustentado su poder en la inequidad y la exclusión, lo que determinó y aún determina la relación entre hombres y mujeres, como devela el uso del término feminazi, una más de la larga lista de palabras que rebajan y violentan a las mujeres en el afán patriarcal de cosificarlas, situación de tal calado que, en buena medida, la búsqueda del feminismo estriba en recuperar la condición humana de la cual se les despojó.

El feminismo implica la creación y cimentación de una convivencia humana real, por lo que es indispensable superar el patriarcado, lo que traería aparejada la liberación de mujeres y de hombres, porque los hombres también estamos atrapados en el patriarcado, que nos empuja a vivir a partir de valores que nos deforman en seres insensibles, esclavistas, solitarios incapaces de comunicarnos; es decir, se trata de tener comunión con la otredad.

El neoliberalismo y sus neonazis

El término feminazi no califica al feminismo, sino a la hipocresía machista, que le atribuye la necrofilia nazi porque los machos saben que, al equipararlo con el nazismo, se le vincula con una ideología que provocó la más sangrienta guerra en la historia, en donde la apropiación y denigración de las mujeres alcanzó niveles patológicos. E hipocresía doble, además, pues el nazismo es un monstruo creado por machos.

Las feminazis no existen; en cambio, sí existen machos que rinden culto al nazismo, quienes desde distintas posiciones exaltan el sometimiento de las mujeres a un patriarcado siempre crispado. Machos nazis que son producto de evidencias incontrastables: los locutores de radio, televisión y plataformas de internet que basan su humor en degradar a las mujeres; los feminicidas y sus protectores en las instancias de justicia; los profesores que desprecian la inteligencia de las alumnas y consideran a las escuelas cotos de acoso sexual; los lenones dedicados a la explotación sexual de niñas y adolescentes, y un larguísimo etcétera con su discurso totalitarista que, sin embargo, no esconde detrás de la violencia y la intransigencia que el sistema patriarcal, sustento del machismo y la misoginia, no es más que una aberración bioética. Esta es una realidad que los hombres debemos comprender, so pena de acabar en patéticos remedos de seres humanos; porque mujeres y hombres somos, antes que nada y después de todo, humanos, y el feminismo también ha dado la pauta para que los hombres recuperemos la condición humana que el patriarcado nos ha negado.

 Por Moisés Elías Fuentes, 22 Aug 2021 07:43

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Ahmad Massoud, líder del Frente de Resistencia Nacional afgano, en una imagen de archivo. — REUTERS

Los talibanes tendrán que enfrentarse a corto y medio plazo no solo a una oposición política desde dentro y fuera de Afganistán sino también a una resistencia armada. A día de hoy es una incógnita el calibre que alcanzará la violencia, aunque puede avanzarse que la represión será directamente proporcional y redundará en perjuicio del conjunto de la población.

 

Menos de una semana después de la toma de Kabul, la oposición a los talibanes empieza a cristalizar en distintos frentes y no faltan indicaciones de que también se está organizando una resistencia armada que salpicará a distintos puntos del país, incluida la capital, una resistencia que podría conducir a una guerra desigual en la que los talibanes tienen la sartén por el mango.

La resistencia contará con el apoyo de una parte de la oposición política de dentro y fuera que los talibanes intentarán desarticular o contener, aunque el país no es el mismo de 1996, cuando los rigoristas tomaron el control por primera vez. Muy posiblemente eso influirá en las políticas del régimen y en sus relaciones con la ciudadanía, especialmente la urbana.

Ahmad Massoud, el líder del Frente de Resistencia Nacional educado en Occidente, anunció esta semana mediante un artículo de The Washington Post, su intención de encabezar la resistencia armada. Massoud es consciente de que para ello deberá contar con el apoyo monetario y militar de los países occidentales, que ya ha pedido explícitamente, pero no está claro que la lucha armada sea una buena idea.

Después de la experiencia de las primaveras árabes, es más evidente que la opción liberal que propone Massoud, la que a Occidente le suena a música celestial, es una quimera en el mundo musulmán. Y es más minoritaria en un país con costumbres tan tradicionales como Afganistán que en los países árabes, de modo que la lucha armada en la que Massoud quiere embarcar a Occidente no será victoriosa. Al contrario, podría causar grandes males.

Massoud, de solo 33 años, es conocido como hijo de un célebre jefe muyahidín ya fallecido y cuenta con respaldo en una remota región afgana. Pero el hecho de que el mencionado artículo ponga como su guía espiritual al reaccionario filósofo francés Bernard-Henry Lévy es una muestra de que Massoud es demasiado ajeno a la realidad afgana. Lévy no solo es un controvertido y acérrimo ultraliberal sino que también ha sido denunciado en infinitas ocasiones por islamófobo, y Afganistán es profunda y esencialmente islámico.

La rápida caída de Kabul sin ofrecer ningún tipo de resistencia muestra que los talibanes son fuertes. La opción occidental de financiar una resistencia armada que propone Massoud se arriesgaría a llevar al país una sangrienta lucha que no garantizaría el final del régimen sino más bien su endurecimiento, con previsibles y nefastas consecuencias para los afganos.

Conviene insistir en que la población, particularmente la urbana, no es la misma que la del periodo 1996-2001. Una parte notable ha podido vivir durante veinte años bajo unas condiciones de libertad relativa a la que no todos renunciarán resignados. Ya se está viendo con protestas en distintas ciudades que son novedosas respecto al anterior periodo talibán.

Es muy probable que en algunas ciudades, y especialmente en la capital, surjan combatientes que operen de manera puntual contra los talibanes, pero serán acciones que tendrán un recorrido limitado y que sin duda provocarán una dura represión.

El papel de Emiratos

Otra cuestión relacionada con la resistencia armada es la señalada por el presidente Ashraf Ghani, que el pasado domingo huyó para refugiarse en los Emiratos Árabes Unidos alegando que no quería provocar un "baño de sangre", pero que el jueves manifestó que piensa volver para "continuar la lucha por el pueblo".

No sorprende que Ghani se haya refugiado en los Emiratos, un país que cuenta con una larga trayectoria de hostilidad antiislamista, y que ha intervenido e interviene, de manera directa o encubierta, en numerosos estados árabes y no árabes, como Libia, Egipto o Túnez, entre otros, para combatir al islam político sin importarle la fortuna que emplea en esos menesteres.

La injerencia de los Emiratos es como una espada de doble filo que en algún momento quizá se volverá contra el activo príncipe Mohammed bin Zayed que gobierna ese país con la obsesión de que el islam político constituye la principal amenaza para los musulmanes. Y debe considerarse que el islam político de los países árabes se puede digerir mejor que el de Afganistán.

¿Intervendrá Bin Zayed también en Afganistán? El hecho de que el presidente Ghani haya buscado cobijo en los Emiratos apunta en esa dirección. Ya se ha visto cómo Bin Zayed ha financiado la guerra en Libia y ha actuado de manera más sibilina en Túnez, de modo que no hay que descartar que también se implique con la resistencia armada en Afganistán.

Resistencia de desgaste

El problema es que Afganistán es un país más complejo que Libia, más pobre, más poblado y donde el islam está más arraigado. Además, requeriría unas inversiones considerablemente superiores. Naturalmente, los Emiratos también pueden optar por el modelo que han aplicado en Túnez con buenos resultados, es decir movilizar a la opinión pública contra el régimen talibán, pero en este caso se arriesgarían a represalias de los talibanes que podrían llegar por varios caminos.

Lo más probable es que en Afganistán haya lucha armada, pero será una resistencia de desgaste y limitada que los talibanes podrán gestionar, es decir no supondrá una amenaza existencial para el régimen. En cuanto a Occidente, crear un campo de minas en el territorio afgano no parece una buena idea dado que redundaría en perjuicio del conjunto de la población

 

20/08/2021 22:04

Por Eugenio García Gascón

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La 'Carta Talibán' en la estrategia de Rusia

Los sentimientos de Moscú hacia los Talibán, el grupo islamista de extremaderecha afgano-pakistaní, han ido cambiándose a lo largo de los años y Kremlin ahora se prepara, al igual que el resto del mundo, para reconocer su régimen, sea Emiratos o República islámica, que será un sistema político de corte fascista, donde los partidos progresistas, sindicatos obreros, organizaciones feministas, etc., estarán duramente perseguidos.

Recuerden que el propio Joe Biden en una entrevista con Newsweek en 2011 dijo que "Los talibanes no son nuestros enemigos y no queremos combatirlos": El autogolpe de EEUU en Afganistán, entregando el poder a los talibanes, sucede cuando el "exterior cercano" ruso sigue convulso: desde Ucrania y Bielorrusia hasta Armenia y Azerbaiyán; conflictos que le restan fuerza a Moscú impidiendo que recupere la posición de la superpotencia.

El primer contacto de Moscú con el "yihadismo" tuvo lugar en 1979 y además (y no por casualidad) en dos países vecinos: a) Afganistán, cuando tuvo que enviar al Ejército Rojo para apoyar al gobierno del partido socialista, seis meses después de que EEUU mandara a la turba de 30.000 alqaedista desde Pakistán. Fue Donald Trump quien reconoció esta realidad, de que los terroristas "patriotas" no habían ido a luchar contra los "ocupantes soviéticos"; b) Irán, donde el pueblo derrocó a la monarquía despótica semi secular de Pahlaví, y los G4 la reemplazaron por un totalitarismo religioso. Así, cercó las fronteras sureñas de la Unión Soviética con el islamismo profundamente anticomunista (el mismo año también patrocinó al católico ultraderechista Lech Walesa en Polonia, otra fronteras de la URSS).

Una vez desmantelada la "Cuna del Socialismo", los Talibán asesinaron brutalmente al presidente Nayibulá y su familia, cuyo gobierno progresista se mantuvo tres años y medio después de la retirada del Ejército Rojo en 1989: el de Ashraf Ghani, instalado por EEUU cayó incluso antes del espectáculo de los helicópteros en la Embajada de EEUU, el 15 de agosto.

En 1995, en un incidente rocambolesco, los Talibán secuestran un helicóptero ruso con siete tripulantes, y cuando el diplomático Zamir Kabulov no consigue convencer a Mullah Omar, los pilotos rusos deciden volar la nave y llevarla a Emiratos Árabes Unidos con los tres vigilantes talibanes incluidos.

Tras apoderarse de Kabul en 1996, cometiendo crimen contra la humanidad y silenciados por los medios occidentales, el Secretario del Consejo de Seguridad ruso, el general Alexander Lebed advierte que si Los Talibán no son detenidos en Afganistán, avanzarán hacia la ciudad de Samara (en Volga). Kremlin, luego establecerá una diferencia entre Al Qaeda-Talibán y otros grupos "yihadista" que operan en la región.

  1. Junto con China, la Rusia ya no socialista fundan la Organización de Cooperación de Shanghái, integrando a los países de Asia Central ex soviéticos. ¿Tuvo que ver este hecho histórico de alianza entre los dos gigantes (sin precedente desde la muerte de Stalin), con la ocupación de Afganistán, -el país más estratégico del mundo para EEUU por estar al lado de China, Rusia, Irán e India? ¡Cómo iba a permitir tal alianza tras haberse liberado de la URSS!

¿Por qué los dirigentes de la OCS apoyaron la invasión de la OTAN? Rusia, además le permitirá a esta alianza militar profundamente antirrusa usar su espacio aéreo y las instalaciones militares de Uzbekistán y Kirguistán para transportar material a las tropas en Afganistán: Era secreto a voces que el "nuevo enemigo yihadista" ha sido un recurso y un gran negocio para el complejo industrial militar y su guerra eterna contra el terror, justo cuando desapareció el Enemigo Rojo.

  1. Los talibanes son designados como "organización terrorista".
  2. Rusia empieza a recuperar su influencia en la "Comunidad de Estados Independientes", y la hostilidad de EEUU hacia el país ex socialista fuerza cambios en el comportamiento de Moscú: Obliga al Pentágono desmantelar su base militar en Uzbekistán. ¿Se imaginan una base rusa en Méjico?

A partir del 2010, aparece una nueva narrativa: "al contrario de Al Qaeda o ISIS que tienen aspiraciones globales los Talibán son un movimiento exclusivamente afgano y no representa un peligro para Rusia". ¿En serio? ¿No fueron los talibanes que proporcionaron a los separatistas chechenos dinero, armas, y territorio para entrenar en su hazaña de declarar el Yihad a Rusia?

El nuevo enfoque ignora que:

  • Este grupo ha sido creado por la CIA y está bajo el control de la Inteligencia Inter-Services (ISI) pakistaní.
  • La oposición de la base del grupo a EEUU no se debe a su "anti-imperialista", sino a que su ideología tribal y reaccionaria y se oponga a todo "extranjero" (¡salvo si son armas y móviles!). Además, una cosa son los dirigentes oportunistas y chaqueteros del grupo asentados en Qatar, y otra sus miles de militantes, que odian más a Rusia (por décadas de propaganda anticomunista y porque confunden a Rusia con la URSS) que a un país imperialista como Francia.
  1. Moscú comparte inteligencia con los Talibán en su "lucha común" contra ISIS.
  2. Kabulov, ahora como enviado especial de Rusia a Afganistán, opina que ISIS "se está preparando para una guerra en Asia Central, contra de los intereses de Rusia". Pues, tras cumplir con su misión de desmantelar el Estado sirio, parte del ISIS fue trasladada por la CIA a esta región, con el objetivo de incendiar el corazón de Eurasia, aplicando el "modelo sirio" a Afganistán.
  3. Rusia intenta mediar entre diferentes grupos de la derecha afgana, creyendo erróneamente que existe un "conflicto interafgano". Como señalamos en 2017, Rusia no tenía ninguna posibilidad en conseguir la pacificación del país, puesto que 1) los islamistas, supremacistas y totalitarios, se niegan a compartir el poder: lo querían todo, algo que no alarmó a Kremlin, y 2) los planes de la OTAN iban justamente en la dirección contraria. Utilizar a un grupo impredecible, y bajo el mando del Pentágono, era y es como mínimo, ingenuo.
  4. Rusia desmiente al general estadounidense John Nicholson que le acusa de armar a los Talibán.

2021, 8 de julio, una delegación talibán llega a Moscú, aunque el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, se niega a recibirle. Ante una incomprensible contradicción, el Ministerio de Relaciones Exteriores explica que las conversaciones eran no oficiales con los representantes no oficiales del grupo islamista.

La importancia de Asia Central para Rusia

Rusia celebra la caída del gobierno de Ashraf Gani, aunque un Afganistán hundido en el caos es la principal amenaza para su influencia e intereses en las repúblicas seculares de los países musulmanes de Asia Central. Rusia intenta compensar la debilidad de sus lazos con Occidente, fortaleciendo su poder e influencia en esta región.

La OCS ya ha integrado a Pakistán en su seno, al tiempo que el acercamiento de Rusia a Pakistán le facilitaría conocer los siguientes pases de los talibanes. Moscú ha regalado vacunas al «País de los inmaculado» (eso significa Pakistán), le vende armas y también invierte en "Pakistan Stream" un gasoducto extendido entre Karachi y Lahore. En 2020, las Fuerzas Especiales rusas y pakistaníes llevaron a cabo los primeros ejercicios militares en la frontera de Afganistán.

La 'Carta Talibán'

Y, mientras así EEUU procura enredar a Rusia en otro conflicto, y volcarse con la contención de China, Moscú podría:

  • Utilizar a los Talibán, en algún momento, para un quid pro quo con Joe Biden en Siria o Ucrania.
  • Participar en el diseño del futuro de Afganistán.
  • Entrar en el mercado afgano y sus inmensos recursos naturales.
  • Hacerse con el proyecto de gaseoducto transafgano.

Moscú de momento, ha entregado a los mulas una lista de deseos:

  • Que protejan la integridad física de sus diplomáticos en Kabul.
  • Que controle a su rama en Asia Central el grupo Jorasan.
  • Que impidan la entrada del opio a Asia Central y Rusia. El grupo gana cientos de millones de dólares al año por el negocio de la droga.

Y ellos a cambio piden que el Sr. Putin, desde el Consejo de Seguridad, promueva la eliminación de su nombre como organización terrorista.

Desde Tayikistán, preparando la defensa

"Todos para uno, uno para todos" es el lema del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), un "minipacto de Varsovia" creado en 1992 de algunos países ex soviéticos. Por lo que, la llamada de "¡Socorro!" del presidente tayiko, Emomali Rahmon, -que ya ha enviado a 20.000 soldados a la frontera con Afganistán-, fue escuchada enseguida.

Tayikistán, país complejo de habla persa y escritura cirílica, sembrado de los agentes de los ayatolás de Irán, alberga la mayor base militar rusa en el suelo extranjero, la "base 201" que acoge a unos 6.000 soldados y está equipada con el escudo antimisil S-300. En esta república exsoviética también está la estación rusa de vigilancia espacial Okno-M en el alto de las montañas de Pamir tayiko. En los últimos meses, el equipo del presidente Putin ha organizado dos importantes maniobras militares mirando a Afganistán.

El 10 de agosto, unos 10.000 soldado rusos y chinos practicaron tiros en la Región Autónoma china de Ningxia Hui, en la frontera que comparte con Tayikistán, y en los mismos días, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán hicieron lo mismo en el suelo tayiko, a unos 20 km de la frontera de Afganistán.

Rusia también está preocupada por la posible desestabilización de Irán, por el efecto de mariposa afgana, y no solo por cerca de mil kilómetros de frontera que comparten ambos estados, sino también debido a que Irán es vecino de Turkmenistán, Armenia y Azerbaiyán.

¿Es una casualidad que los principales actores de la guerra contra Siria sean los mismos que en Afganistan? Aunque es EEUU quien posee la mayoría de las bases militares en ambos estados. En el acuerdo de paz con Talibán, el Pentágono mantendría cinco de las nueve bases, aunque seguramente dispone de instalaciones secretas que no se contabilizan.

Esta situación fortalece el peso de Rusia en Asia Central, sus lazos con las repúblicas ex soviéticas, y potenciará a la OCS, para la desgracia de Washington. El geógrafo inglés Halford Mackinder llamó Heartland "la región cardial" a Asia Central, y advirtió: quien la domine dominará el mundo. Y ahora que EEUU no ha podido apoderarse de ella, planea hundirla en un estado de conflicto permanente. De hecho, los señores de Guerra de la Alianza del Norte, con algunos lazos con Rusia,Francia, India e Irán, se reorganiza, y buscan armas para luchar contra los talibanes

En el futuro incluso podrá romper Afganistán en varias piezas, y tener un Kosov en sus terrenos.

No hay que pedir a los Talibán que se comprometan civilizadamente, no podrán, sino negarles la legitimidad en la comunidad internacional.

Hace poco, Rusia criticaba a EEUU de dividir a los terroristas sirios en "buenos" y "malos". No hay "Talibán moderado", como no hay "fascismo moderado": en una de sus acciones del pasado mes de mayo, mataron a 85 niñas de un colegio y dejaron a 147 con graves heridas. El rastro de terror que están dejando a su paso también se refleja en cómo los afganos se arriesgan la vida para huir de estos monstruos, colgándose de los aviones a punto de despegar.

Una cosa es gestionar una amenaza y otra bien distinta es colar otro régimen fascista.

Público

20 agosto 2021

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“La libertad de los medios de comunicación públicos depende del nivel de democracia de la sociedad”

Noam Chomsky / Filósofo y lingüista

 

Para todo crítico con los medios de comunicación y la política a finales del siglo pasado y principios de este, Los guardianes de la libertad, de Edward S. Herman y Noam Chomsky, era una lectura imprescindible. El “modelo de propaganda” del libro ofrecía un marco de referencia útil para entender cómo la cobertura informativa típica filtra cierto tipo de datos mientras que enfatiza otros, lo que a la larga favorece el discurso dominante. La lección clave de este análisis estaba clara: para cambiar el mundo, primero hay que cambiar los medios de comunicación.

A principios de la década de los 2000, esa idea me llevó hasta el movimiento de reforma de los medios y al campo académico de la comunicación, donde esperaba aprender sobre las limitaciones y las alternativas al hiper mercantilizado sistema mediático estadounidense. Sin embargo, me resultó descorazonador encontrar en la escuela de postgrado una mezcla de hostilidad e indiferencia hacia el análisis crítico de los medios. Con los años, encontré círculos de corriente radical, sobre todo en el subcampo de la economía política, que se centra en los análisis críticos e históricos de los medios, pero este trabajo seguía siendo marginal. Hoy en día, con el auge de los nuevos monopolios digitales, el miedo al fascismo y el hundimiento del periodismo, hay un renovado interés en los análisis estructurales de nuestros sistemas informativos, aunque con demasiada frecuencia carece de crítica radical.

Chomsky aporta desde hace tiempo una voz radical firme en estos temas. He hablado con él sobre la importancia actual de la crítica a los medios que escribieron Herman y él y le he preguntado por qué se centró en los medios de comunicación como un lugar importante de conflicto. Me preguntaba si había cambiado su análisis, si algo le había sorprendido a lo largo de las décadas y, sobre todo, si creía que un sistema de medios democrático era concebible y alcanzable.

A sus 92 años, Chomsky sigue haciendo gala de una crítica aguda y un análisis sagaz. En nuestra conversación por Zoom, sacó en repetidas ocasiones el New York Times del día para ilustrar los diversos temas que íbamos tratando. Lo que más me impresionó fue su optimismo con matices: si bien considera que las mismas patologías estructurales siguen aquejando a nuestros sistemas de medios de comunicación comerciales, hoy en día, también percibe un avance significativo en la cobertura informativa, sobre todo a la hora de enfrentarse a atrocidades históricas que los relatos de los principales medios de comunicación ignoraban o tergiversaban en el pasado.

El subtítulo [original] de su famoso libro junto con Ed Herman es “La economía política de los medios de comunicación”, pero la economía política es marginal dentro de los estudios de comunicación. Viniendo de fuera del campo, ¿qué le llevó a centrarse en el análisis crítico de los medios?

A mí lo que más me interesa es la cultura intelectual general y es sobre lo que más he escrito. Una de sus manifestaciones son los medios de élite. Te lees The New York Times y no estás muy lejos del Harvard Faculty Club. Viene siendo el mismo ambiente cultural. Ahí tenemos de manera clara y manifiesta, un día tras otro, una recopilación de datos fácil de estudiar que refleja bastante bien la cultura intelectual general y ofrece la posibilidad de asomarse a ella. Ed Herman y yo discrepábamos un poco sobre este orden de prioridades. A él le interesaban más concretamente los medios de comunicación y a mí me interesaban más los medios de élite como reflejo de la cultura intelectual general. Esta discrepancia no tuvo repercusión alguna, nos resultó muy fácil colaborar. Pero esa es básicamente mi entrada en el tema. Por eso, por ejemplo, no me molesto en escribir sobre las noticias de la Fox.

Es verdad, las noticias de la Fox ofrecen la posibilidad de asomarse a otro discurso. Me gustaría ahondar en esa diferencia: ¿su objetivo es examinar el discurso de élite mientras que el de Ed estaba más centrado en las estructuras económicas de nuestro sistema de medios de comunicación?

Eso es, esa parte del libro es suya por entero. Y era también lo que le interesaba profesionalmente. Por ejemplo, uno de sus libros más importantes fue Corporate Control, Corporate Power (Control corporativo, poder corporativo).

Sin embargo, las estructuras económicas de los medios, como el poder monopolístico y el mercantilismo, suelen favorecer los discursos dominantes.

¿Hay alguna diferencia en la manera en que las instituciones de los medios de comunicación perpetúan los discursos de élite hoy en día? Sé que ya le han preguntado esto otras veces, pero ¿sigue siendo relevante el modelo de propaganda en nuestra era digital?

Herman y yo actualizamos el libro para tener en cuenta el auge de internet, pero llegamos a la conclusión de que no había cambiado gran cosa. Las fuentes de información siguen siendo las mismas. Si quieres saber qué está pasando en Karachi, no encuentras información fiable en Facebook ni en Instagram que no sea la que se filtra de los principales medios de comunicación. Por eso, lo primero que hago por las mañanas es leer The New York Times, Washington Post, Financial Times, etcétera. De ahí es de donde viene la información.

O sea, que aunque por encima parezca que disponemos de diversos tipos de información, buena parte todavía proviene de las mismas fuentes mayoritarias.

Así es. Puedes obtener información de otras fuentes, internet te permite leer la prensa extranjera si te interesa. Pero creo que el efecto principal de internet es limitar la variedad de información a la que accede la mayoría de la gente a fuerza de empujarlos a las burbujas de las redes sociales. El modelo de propaganda es básicamente el mismo.

Pero bueno, ha habido otros cambios de diversa índole. Uno de ellos, por supuesto, no es más que el declive de los medios. Por ejemplo, yo he vivido buena parte de mi vida en Boston, y The Boston Globe, cuando estaba allí, era un periódico de verdad. Tenía una de las mejores coberturas del país sobre Centroamérica, por ejemplo. Ahora ni siquiera merece la pena suscribirse. Es básicamente una agencia de noticias. Lo mismo ocurre con The San Francisco Chronicle y muchos otros periódicos. Hay mucha limitación en las principales fuentes de información.

Por otra parte, si se analiza un periódico como The New York Times, se nota que le han afectado considerablemente los cambios en el nivel general de concienciación y sensibilización. El efecto civilizador del activismo de los años sesenta y sus repercusiones ha afectado a los periodistas, a los editores, al contenido y a todo. Mucho de lo que aparece hoy en el Times habría sido impensable hace un par de décadas. Mire el de esta mañana: el artículo principal es sobre la destrucción de Gaza.

El cambio en la cobertura mediática ha sido impresionante.

No nos habríamos encontrado con algo así hace un par de años, ¿verdad? Es uno de los efectos que ha tenido el activismo popular a la hora de cambiar la forma en la que el país entiende las cosas. Pero claro, genera una reacción negativa, así que también obtenemos todo lo contrario. El Proyecto 1619 [proyecto periodístico de largo alcance, publicado por el New York Times en agosto de 2019, cuyo objetivo es replantear la historia de EE.UU. “colocando las consecuencias de la esclavitud y las contribuciones de los estadounidenses negros” en el centro de la  narrativa nacional] recibió su correspondiente aluvión de quejas de historiadores: que si había una nota al pie que estaba mal y eso. Pero fue un auténtico avance el hecho de poder analizar 400 años de atrocidades en un periódico de gran tirada. Si nos remontamos a la década de los sesenta, por ejemplo, sería inconcebible. Ahora estamos empezando a enfrentarnos a parte de esa historia.

Resulta que el periódico de hoy también trae un artículo importante acerca de las atrocidades canadienses cometidas contra la población indígena: el asesinato en unos internados dirigidos por la Iglesia católica de cientos de niños, puede que de miles, a los que básicamente los secuestraban y los obligaban a entrar en estas escuelas de reeducación. En los años sesenta ni siquiera se podía hablar de algo así. Hasta historiadores profesionales e importantes antropólogos nos decían: “Bueno, aquí no había más que unos pocos cazadores-recolectores rezagados deambulando por el país, no había prácticamente nada”. Todo ha cambiado radicalmente, y es así con un tema tras otro. Tampoco quiero exagerar. Sigo emitiendo el mismo tipo de críticas que he formulado durante años, pero el marco ha cambiado. El activismo ha abierto oportunidades importantes.

Yo también comparto parte de ese optimismo, pese a todo. Sin embargo, también sufrimos claramente las consecuencias de la desinformación y la propaganda en nuestros medios de comunicación, cada vez más degradados. ¿Hay otras formas de censura que expliquen la limitación de nuestro imaginario político?

Oh, claro, hay una profunda labor de censura. Mire otro artículo de esta mañana: el gobernador de Florida está promoviendo leyes para investigar las opiniones de los estudiantes en las universidades del estado y asegurarse de que hay lo que él llama “diversidad”, es decir, suficiente ideología de derechas. Quiere asegurarse de que las opiniones de extrema derecha tienen un papel primordial, en vez del papel importante que ya tienen. Es control del pensamiento al más puro estilo estalinista.

Mientras tanto, siguen inventando villanos imaginarios de izquierda y delitos de pensamiento.

Un ejemplo llamativo es el ataque que sufre en los estados republicanos la denominada “teoría crítica de la raza”. Está claro que no tienen la menor idea de qué es la teoría crítica de la raza, pero para ellos supone cualquier tipo de debate sobre temas como el Proyecto 1619, la voluntad de enfrentarnos a la historia real del país y al terrible legado que dejó. No se puede permitir porque puede acabar con el dominio de la supremacía blanca. Hay que asegurarse de que no ocurra con una labor directa de censura en colegios y universidades. Así mismo, la derecha ha desenterrado acusaciones sobre una pequeña escuela no sé dónde, no me acuerdo, que adoctrinaba a alumnos de tercero para que apoyasen los derechos de las personas transgénero, y ahora invaden las redes de ultraderecha. No cabe duda de que este tipo de censura ocurre y es importante, pero es un complemento a la iniciativa más amplia de dificultar el derecho al voto y asegurarse de que dominen las doctrinas de la supremacía blanca cristiana, tengan el apoyo popular que tengan.

Aparte de esta descarada forma de censura, ¿hay otros medios más sutiles de limitar el debate?

Sí, los ves cada vez que abres el periódico. Mire, volvamos al New York Times de esta mañana: informan sobre la última votación de la ONU, 184 votos a favor y dos en contra, de terminar con el embargo estadounidense que está oprimiendo a Cuba y que es un escándalo internacional. Es interesante analizar la redacción. Dicen que es la manera de marcar distancia por parte de “los críticos con Estados Unidos”. Los críticos con Estados Unidos resulta que son el mundo entero menos Israel, que tiene que seguirle la corriente a Estados Unidos porque es un Estado cliente. Así que, en esencia, según el Times, no es más que la oportunidad de que el mundo entero demuestre su crítica irracional hacia Estados Unidos. La narrativa no puede ser que Estados Unidos está cometiendo un delito grave que el mundo detesta y rechaza. No es censura directa, pero instruye sobre cómo se supone que tenemos que ver las cosas: que el mundo no está en sintonía con Estados Unidos, no se sabe por qué.

O sea, que sigue habiendo una frontera tácita. Creo que también entra en juego cuando hablamos del papel del capitalismo y de cómo funcionan nuestros medios de comunicación dentro del sistema capitalista. Apenas se oye hablar de esas conexiones en los medios… ni en buena parte del discurso académico, siquiera.

Eso es indiscutible. De hecho, resulta interesante echarle un vistazo a la historia del debate en torno al capitalismo. Incluso en los años sesenta, al contrario de lo que se cree, no había muchas inclinaciones anticapitalistas, ni siquiera entre la izquierda radical. Me acuerdo de una charla espectacular que dio el presidente de los SDS [Estudiantes por una Sociedad Democrática, por sus siglas en inglés], Paul Potter, en 1965, en la que defendía que había que “nombrar el sistema” cuando hablábamos de problemas sociales importantes. Sin embargo, él no lo hizo, no mencionó ni una vez la palabra capitalismo. Eran los sesenta. Hoy es distinto. Podemos hablar de capitalismo, pero solo un poco. En realidad, todavía no se puede insinuar que puede que haya otras opciones aparte del capitalismo.

Hablando de alternativas al capitalismo, desde la izquierda somos rápidos a la hora de criticar los medios corporativos, pero no tanto cuando se trata de discutir alternativas sistémicas. Como ha apuntado, hay menos periodismo de verdad hoy en día y lo que queda se va degradando cada vez más. ¿Tiene alguna idea de cómo podría ser un sistema de medios de comunicación no capitalista?

Me hago alguna idea después de leer su libro, así que voy a venderle miel al colmenero si le cuento lo que usted ha escrito. Pero bueno, usted analizaba cómo los fundadores de la República de Estados Unidos creían que el Gobierno debía subvencionar con fondos públicos la difusión de medios informativos variados. En este sentido, debería entenderse que la Primera Enmienda proporciona lo que se denomina “libertad positiva”, no solo “libertad negativa”. Debería crear oportunidades para la información libre e independiente. Subvencionar los medios informativos era una de las funciones principales de la oficina de correos. La inmensa mayoría del tráfico del servicio postal se componía de periódicos.

De modo que esa es una alternativa. De hecho, prácticamente todos los países democráticos tienen un sistema público de medios de comunicación con fondos suficientes, excepto Estados Unidos. Su obra y las de Bob McChesney analizan la historia de cómo el sistema de medios estadounidense pasó a estar más manejado por las empresas en comparación con otros sistemas del mundo. En Estados Unidos, el interés comercial y sus aliados destruyeron y acabaron con iniciativas de radio y televisión para crear un mayor sistema público de medios como contrapartida al sector privado, por eso no llegó a consolidarse aquí.

Resulta instructivo oír que apoya la subvención de los medios para construir un sistema democrático y de propiedad pública al margen del mercado (algo que evidentemente comparto), pero ¿hay otros enfoques? ¿Cómo sería un modelo socialista libertario?

Está claro que las subvenciones públicas a los medios son una posibilidad dentro del marco actual de instituciones, sin siquiera cambiarlas, simplemente recuperando las ideas que se supone que veneramos, los famosos fundadores. Pero hay mucho más. Como a finales del siglo XIX, que teníamos una prensa obrera muy diversa, independiente y con inquietudes. Publicaba artículos muy interesantes, entre ellos crónicas, análisis y debates serios escritos por trabajadores, muchos de los cuales tenían poca o ninguna educación formal, pero producían obras tremendamente destacadas (por ejemplo, el trabajo de las denominadas factory girls, las mujeres jóvenes que trasladaron del campo a las fábricas). Esa dinámica prensa obrera duró mucho tiempo en Estados Unidos, llegando a adentrarse en la década de 1950 y condenando el “sacerdocio comprado” que servía al poder privado en los principales medios de comunicación. Pero terminó arrollada por la concentración de capital y la dependencia de los anunciantes.

Todo eso puede recuperarse, todas esas posibilidades para los medios de comunicación liberados del control corporativo o estatal. Y en cuanto a los medios de comunicación públicos, hasta cierto punto pueden tener más libertad que los medios comerciales. La medida de su libertad depende en gran parte del nivel de democracia en la sociedad en general. Si están controlados por el Estado bajo el mando de la Rusia estalinista, obviamente no van a ser libres, pero si es la BBC del Reino Unido, entonces sí, pueden ser razonablemente libres (no totalmente libres, para nada, pero razonablemente libres).

Una última pregunta que no tiene que ver con los medios directamente, pero que se me antoja pertinente, sobre todo dados los recientes ataques a académicos progresistas. En el imaginario popular, la academia está plagada de enconados izquierdistas. Sin embargo, sabemos que es predominantemente una institución liberal, donde los de izquierdas son una pequeña minoría. ¿Tiene algún consejo para los radicales que actualmente están intentando hacerse un hueco en el sistema y ser eficaces activistas académicos?

Es difícil porque hay muchas barreras. El mundo académico es básicamente de centro. Dicen que es liberal, que para los estándares internacionales significa más o menos de centro. Puede que esté alineado con el Partido Demócrata, pero ni siquiera es socialdemócrata. Si intentas desligarte y ser más radical, encuentras trabas. Suelen ser sutiles, comentarios como “este no es el tipo de tema en el que quieres trabajar”, que es otra forma de decir “más te vale espabilar y hacer otra cosa”. Hay que enfrentarse a la realidad del sistema doctrinal e intentar ampliar los límites. A veces se encuentran compañeros que te apoyan y te permiten superar esas limitaciones, pero muchos no lo van a hacer. Así que hay que entender la naturaleza de la institución, la naturaleza de los factores que la llevan a funcionar así, y luego, intentar encontrar una vía a través de la maraña de dificultades.

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Por Victor Pickard (The Nation) 17/08/2021

Victor Pickard es profesor de políticas de medios de comunicación y economía política en la Escuela de Comunicación Annenberg de la Universidad de Pensilvania, donde codirige el Media, Inequality & Change Center (Centro de medios, desigualdad y cambio).

Esta entrevista se publicó en The Nation.

Texto traducido por Ana González Hortelano

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Los talibanes recuperan el control de Kabul tras casi 20 años de guerra y el presidente de Afganistán abandona el país

Los insurgentes se hacen con la capital sin encontrar resistencia. Los países occidentales con representación en el país aceleran sus planes de evacuación entre escenas de desesperación y caos en las cercanías del aeropuerto de Kabul.

 

Los talibanes recuperaron este domingo el control de Kabul después de casi veinte años de guerra, con la entrada de sus combatientes en la capital sin encontrar resistencia. Mientras, el presidente afgano, Ashraf Ghani, abandonaba Afganistán.

Después de una semana en la que los insurgentes fueron tomando una tras otra casi la totalidad de las 34 capitales de provincia afganas, este domingo amanecía con la noticia de que los talibanes se habían apostado al norte, oeste y sur de los límites de Kabul.

El pánico estalló entonces en la capital, con las autoridades afganas pidiendo a todos los funcionarios que abandonasen sus puestos de trabajo y fueran a sus hogares, mientras cerraban tiendas y bancos, con el tráfico paralizado por grandes atascos.

Los talibanes, sin embargo, pidieron a sus combatientes no entrar en la capital. "Dado que la capital Kabul es una ciudad grande y densamente poblada, los muyahidines del Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) no tienen la intención de entrar en la ciudad por la fuerza o combatir, sino más bien entrar en Kabul pacíficamente", remarcaron en un comunicado los insurgentes.

Para ello, continuaron, "se están llevando a cabo negociaciones para garantizar que el proceso de transición se complete de manera segura, sin comprometer la vida, la propiedad y el honor de nadie, y sin comprometer la vida de los kabulíes", un extremo que confirmó también el ministro del Interior afgano, Abdul Satar Mirzakwal.

Pero a medida que se iban retirando las fuerzas de seguridad afganas de varias partes de la capital y comenzaban en algunos lugares a escucharse disparos y posibles actos de pillaje, los talibanes anunciaron que finalmente entraban en Kabul para, según ellos, "evitar actos de saqueo y que los oportunistas hagan daño a la gente".

"No le está permitido a ningún combatiente entrar en casa alguna o torturar o molestar a nadie", dijeron para tratar de crear confianza entre la población. Tras la orden, combatientes talibanes comenzaron a patrullar las calles de Kabul, registrando a las personas que se iban encontrando, para luego dejarlas seguir, según pudo ser testigo Efe.

Toma del palacio presidencial

La salida del mandatario afgano se hizo pública al tiempo que los talibanes entraban en Kabul, cuando el presidente del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional de Afganistán, Abdullah Abdullah, anunciaba en un mensaje de vídeo que "el expresidente" Ghani había abandonado el país, culpándole de lo que sucedía.

Al final del día, y tras soportar numerosas críticas por su huida rápida y silenciosa, Ghani justificó su marcha para evitar "un derramamiento de sangre", algo que logró, dijo, con su salida y la toma de Kabul por los talibanes sin encontrar resistencia.

"Los talibanes ya habían declarado que, para expulsarme, estaban dispustos a llevar a cabo ataques contra la ciudad de Kabul y sus ciudadanos. Para evitar un derramamiento de sangre, pensé que era mejor marcharme", aseguró el presidente en un comunicado.

Ghani afirmó que se trató de una "decisión difícil", al tener que elegir entre enfrentarse a los talibanes que querían entrar en el palacio presidencial o salir del país al que dedicó su vida. La entrada en el palacio presidencial finalmente se produjo, como mostraron imágenes de televisión con los insurgentes recorriendo el recinto, pero Ghani evitó, dijo, "una catástrofe humana" al decidir no resistir en esta ciudad de seis millones de habitantes.

El ministro de Defensa afgano, Bismillah Mohammadi, que padeció la semana pasada un ataque talibán a su residencia en Kabul, culpaba sin embargo al mandatario. "Nos ataron las manos a la espalda y vendieron la patria, maldito Ghani y su pandilla", sentenció.

Evacuación

El acecho de los talibanes había aumentado la presión para tratar de encontrar una salida de urgencia de parte de la población ante la probable caída de la ciudad, un temor que se cierne sobre funcionarios públicos, académicos, periodistas y, sobre todo, entre aquellos que han trabajado con alguno de los países que enviaron tropas a Afganistán para combatir a los insurgentes.

Pero la rápida llegada de los talibanes a Kabul, que ni los más pesimistas pensaban que pudiera ser tan rápido, trastocó los planes de evacuación de varios países en Afganistán, que esperaban una salida de un modo más coordinado y escalonado.

En vez de eso, se vivieron imágenes que Estados Unidos nunca quiso que se produjeran, como la salida en helicóptero de su personal diplomático desde la azotea de su embajada en Kabul, o escenas de desesperación y caos en las cercanías y el interior del aeropuerto internacional de Kabul entre aquellos que quería huir.

Países como Canadá, Alemania, Reino Unido también han anunciado el inicio o la próxima evacuación de parte del personal de sus embajadas y de otros ciudadanos afganos con sus familias que trabajaron codo con codo con ellos, pero todo es incertidumbre ahora sobre cómo se procederá ante la masiva presencia de talibanes. España enviará este lunes dos aviones con destino a Dubái para cubrir la primera fase de repatriación.

KABUL

15/08/2021 10:44 Actualizado: 15/08/2021 23:38

Baber Khan Sahel (EFE)


La fuerza insurgente venía avanzando de manera abrumadora desde mayo de este año

Cronología de la crisis en Afganistán: los talibanes volvieron a tomar Kabul 25 años después

Los talibanes ocuparon la capital afgana en 1996 e impusieron un régimen integrista islámico que extendieron al 90 por ciento del territorio hasta que fueron expulsados del poder en 2001 por fuerzas opositoras ayudadas por Estados Unidos.

15/08/2021

La reconquista de Kabul por los talibanes supone un punto de inflexión en la larga guerra en la que está inmersa Afganistán y perfila un panorama similar al registrado hace 25 años en la capital afgana. Los talibanes, cuyo origen de la palabra significa estudiantes (del Corán), tomaron por primera vez Kabul en 1996 e impusieron un régimen integrista islámico que extendieron al 90 por ciento del territorio hasta que fueron expulsados del poder en 2001 por fuerzas opositoras ayudadas por Estados Unidos.

La fuerza insurgente, que ingresó este domingo en Kabul tras la fuga del presidente Ashraf Ghani al extranjero, encadenó una serie de victorias en el camino hacia la toma del poder desde mayo, beneficiándose de la retirada de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN. En su reporte "Protección de Civiles en Conflicto Armado en Afganistán", la misión de Naciones Unidas en el país identificó 1.659 civiles muertos y 3.254 heridos solo en los primeros seis meses de 2021.

1996

  • 27 de septiembre: Los talibanes toman Kabul e imponen un régimen integrista islámico.
  • Octubre: Los antiguos líderes muyahidines (combatientes santos) firman un pacto para luchar contra los talibanes.

1998

  • Septiembre: Los talibanes toman la ciudad de Bamiyan, lo que supone el control del 90 por ciento del territorio afgano.

2001

  • Marzo: Los talibanes destruyen las estatuas gigantes de los Buda de Bamiyan, patrimonio de la humanidad.
  • 7 de octubre: Un mes después de los atentados de Nueva York y tras la negativa de los talibanes a entregar a Bin Laden, Estados Unidos inicia la operación "Libertad Duradera" con apoyo del Reino Unido.
  • Noviembre: Fuerzas opositoras toman las principales ciudades afganas, lo que supone el fin del régimen talibán.
  • Diciembre: El Acuerdo de Bonn (Acuerdo sobre Arreglos Provisionales en Afganistán) designa a Hamid Karzai presidente interino y prevé la creación de una misión internacional.

2003

  • 1º de mayo: Estados Unidos anuncia el fin de las operaciones de combate en Afganistán.
  • Agosto: La OTAN asume el mando de la Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia (ISAF) creada por la ONU para combatir a las fuerzas insurgentes.

2004

  • 9 de octubre: Primeras elecciones libres en Afganistán. Karzai es elegido presidente.

2008

  • 17 de febrero: Cien muertos en un atentado suicida en Kandahar, el más sangriento desde la invasión.

2009

  • 20 de agosto: Bajo una campaña de intimidación talibán y acusaciones de fraude, Karzai se impone en las segundas elecciones democráticas.
  • 1º de diciembre: El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anuncia el envío de 30 mil soldados adicionales y el comienzo de la retirada del contingente internacional para junio de 2011.

2011

2014

  • 29 de septiembre: el presidente Ashraf Ghani sustituye a Karzai. Mientras se celebraba la toma de posesión explotó una bomba en la ruta al aeropuerto de Kabul dejando un saldo de cuatro muertos, y en la provincia de Paktia decenas de talibanes fallecieron en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad.

2015

  • 15 de octubre: Obama renuncia a la retirada completa y prolonga una misión con 5.500 efectivos.

2017

  • 31 de mayo: Un camión cargado con explosivos explota en la zona de alta seguridad de Kabul. Se registran más de 150 muertos en el peor atentado desde la caída del régimen talibán.

2019

  • 28 de septiembre: Ghani vuelve a ganar las presidenciales.

2020

  • 29 de febrero: El gobierno de Donald Trump y los talibanes firman un acuerdo en Doha, Qatar, que prevé la completa retirada de las tropas en 14 meses.

2021

  • 14 de abril: El nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, anuncia que la retirada definitiva de las tropas empezará el primero de mayo. Coincidiendo con el anuncio, los talibanes avanzan y ya controlan 100 de los 402 distritos del país.

Fuente: Página12

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