Sede de la empresa israelí que comercializa el programa Pegasus, NSO Group, en Herzliya, cerca de Tel Aviv.. Imagen: AFP

Hackearon los celulares de civiles, incluyendo a manifestantes e intendentes opositores al exprimer ministro Netanyahu.

La policía israelí utilizó el software de espionaje Pegasus de la empresa de tecnología local NSO Group. La investigación revelada por el medio digital Calcalist indica que la policía hackeó los teléfonos celulares de civiles, incluyendo a manifestantes e intendentes opositores al exprimer ministro Benjamin Netanyahu. Mientras que el Controlador Estatal de Israel, Matanyahu Englman, afirmó que va a investigar el uso de Pegasus por parte de la policía.

Pegasus

Según reveló la investigación del diario Calcalist, la policía compró el softaware espía Pegasus de la empresa israelí NSO Group por primera vez en 2013 y desde entonces el mismo fue utilizado contra una lista de personas entre ellas líderes civiles y políticos, aunque no precisó nombres. El portal indicó que el exfuncionario del Servicio de Seguridad General de Israel (Shin Bet) y exjefe de policía de Israel, Yohanan Danino, fue el primero en hacer un uso masivo del sistema.

Pegasus fue desarrollado en la ciudad de Herzliya y permite a sus operadores acceder de forma remota a los celulares infectados con el software. El sistema de espionaje fue vendido a las agencias de inteligencia en todo el mundo y permitió obtener acceso a los contenidos dentro del dispositivo: mensajes, fotografías, así como una funcionalidad para activar de forma remota la cámara y el micrófono del celular infectado, todo sin el consentimiento del propietario del teléfono.

En su artículo, Calcalist reveló un detallado historial del uso de Pegasus por parte de la policía israelí. En 2015, con la llegada de Roni Alsheich a la dirección de la policía, que venía de ocupar un alto cargo en el servicio de seguridad Shin Bet, uso del software de espionaje fue ampliado. El matutino israelí Hareetz consignó que recibió una copia de la factura entre NSO Group y la policía de Israel que evidencia la compra del programa por parte de las fuerzas de seguridad. Esa misma factura fue enviada en diciembre de 2013 al departamento de presupuesto del Departamento de Investigaciones e Inteligencia de la Policía de Israel. El diario israelí además citó a una fuerte cercana que afirmó que la policía primero compró el paquete básico del software y cada año fueron incorporando actualizaciones adicionales para el desarrollo de Pegasus.

En la factura a la que accedió Haaretz la descripción del producto era vaga, no hacía referencia de forma explícita al nombre del software de espía, de igual forma el documento fue firmado por Shirley Shochat de NSO Technologies Ltd. y Hadas Biton del Departamento de Investigaciones e Inteligencia de la Policía de Israel.

Diplomacia y espionaje

Durante mucho tiempo Israel colaboró en la promoción de la venta de Pegasus y otros servicios cibernéticos como parte de su “diplomacia cibernética”. Entre los clientes más reconocidos del NSO Group figuraban los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, India, Hungría, México y Polonia. En julio de 2021 la ONG Forbidden Stories publicó la investigación del Proyecto Pegasus, donde reveló que el software de espionaje era utilizado contra periodistas, activistas de derechos humanos y presidentes en todo el mundo. En este sentido, la fundación para la protección de defensores, Front Line Defenders, precisó hace unos meses que Pegasus fue utilizado para espiar a los palestinos que trabajaban con grupos de derechos que Israel proscribió.

Según el informe de Calcalist, entre los objetivos espiados por la policía también había empleados del gobierno que no estaban acusados ​​de delitos penales pero que tenían acceso a información que podría resultar clave en una investigación más amplia. El informe por su parte subraya que teóricamente algunos de estos casos pueden incluir objetivos legítimos, pero el espionaje se realizó sin supervisión y sin justificación legal.

Sin embargo, Pegasus no es el único software de espionaje con el que cuenta la policía israelí. Cellebrite, por ejemplo, permite a los efectivos policiales acceder a cualquier teléfono en su posición física. En esos casos, por lo general obtiene una orden judicial antes de infiltrar los teléfonos. Algo que no se cumplió con el uso de Pegasus.

En tanto, tras la publicación de Calcalist, el Controlador Estatal de Israel, Matanyahu Englman, afirmó que su oficina, encargada de fiscalizar las decisiones de los organismos públicos, va a investigar el uso de Pegasus por parte de la policía para espiar a ciudadanos israelíes. Por su parte, el jefe de la policía, Kabi Shabtai, no negó el uso de Pegasus aunque indicó que algunos datos del reportaje son "incorrectos".

"Todo se llevó a cabo con las debidas garantías legales y supervisiones", insistió. Shabtai sí desmintió que Pegasus fuera utilizado para espiar a los manifestantes del movimiento "Bandera Negra", que lideró protestas masivas y recurrentes contra Netanyahu entre 2020-2021 para exigir su renuncia tras las acusaciones de corrupción en su contra. “La Policía de Israel no utiliza sus capacidades tecnológicas avanzadas contra civiles inocentes y manifestantes”, dijo Shabtai en un comunicado emitido por la policía.

En el congreso, diputados de todo el arco político exigieorn abrir una investigación parlamentaria, mientras que el ministro de Seguridad Pública, Omer Barlev, aseguró  en Twitter que "no hay prácticas de escuchas telefónicas o intrusión en dispositivos por parte de la Policía de Israel sin la aprobación de un juez", aunque afirmó que iba a verificar que ese cuerpo reciba autorización explícita de un juez para usar el software de espionaje.

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Portugal prohibió a los jefes contactar a sus empleados fuera del horario laboral

Equilibrio entre el trabajo y la vida privada

La vida en pandemia trajo nuevas costumbres y, sin dudas, una de las más notorias fue la tendencia a la modalidad remota de trabajo. En ese sentido, los empleados a distancia de Portugal podrían tener un equilibrio más saludable entre su vida laboral y personal gracias a la nueva legislación laboral aprobada por el Parlamento. Es que, según la nueva normativa, los empresarios podrían ser sancionados por contactar con los trabajadores fuera del horario de oficina. 

La nueva ley fue sancionada luego de detectar cómo, en la virtualidad, los horarios de trabajo y carga laboral se extendían hasta horas indefinidas del día. Esta nueva regla se exenderá a todos los trabajadores, no sólo a los que teletrabajan. 

De acuerdo a la normativa solo se permiten excepciones por razones de "causa mayor", limitadas a situaciones realmente imprevistas o urgentes. Eso sí, las modificaciones de la legislación laboral portuguesa tendrán límites: no se aplicarán a las empresas con menos de diez empleados.

Por su parte, según informaron las crónicas locales, la nueva normativa también exigen que los empleadores paguen al personal por los gastos relacionados con el trabajo incurridos mientras trabaja en casa, como los costos de electricidad o Internet. A su vez, los trabajadores con hijos pequeños tendrán derecho a trabajar desde el hogar sin tener que acordarlo previamente con sus empleadores, hasta que el niño cumpla ocho años.

Sin embargo, los diputados portugueses rechazaron una propuesta para incluir el llamado "derecho a la desconexión", es decir, el derecho legal a apagar los mensajes y dispositivos relacionados con el trabajo fuera del horario de oficina.

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Un palestino discute con un oficial de la policía fronteriza israelí sobre la demolición de una casa palestina por las fuerzas israelíes, cerca de Yatta, en los territorios ocupados por Israel. — Mussa Qawasma / REUTERS

La reciente revelación de un programa que anima y premia a los soldados que fotografíen a más palestinos en los territorios ocupados muestra que Israel sigue incrementando la vigilancia digital de la población civil. Las imágenes faciales de palestinos de toda condición se incorporan a un banco de datos que permite estrechar el control militar de millones de personas.

 

Esta semana ha transcendido la existencia de un sofisticado programa de vigilancia del ejército israelí que impulsa a los soldados a fotografiar a todos los palestinos de los territorios ocupados, incluidas mujeres, niños y ancianos, e introducir las imágenes en una base de datos que permite identificar y controlar en todo momento a la población de Cisjordania.

El programa lo ha revelado un informe de The Washington Post que recoge declaraciones de soldados que han participado en esa empresa y lo han denunciado a Breaking the Silence, una ONG israelí integrada por exmilitares contrarios a la ocupación, desde el anonimato para evitar ser identificados y castigados por las autoridades.

El programa vierte el reconocimiento facial en una red de cámaras y teléfonos inteligentes que se incorpora a un depósito denominado Blue Wolf, con cuya base de datos se contrastan las fotografías. El programa responde emitiendo colores que alertan a los soldados para indicarles si la persona en cuestión debe ser detenida, arrestada inmediatamente o ignorada.

Los soldados llaman al programa coloquialmente el "Facebook de los palestinos". Sus responsables alientan a los soldados a fotografiar a toda clase de palestinos e incorporar a diario las imágenes a Blue Wolf. Los soldados compiten entre ellos para hacer más fotografías y quienes hacen más reciben recompensas, por ejemplo permisos.

El número de fotografías realizadas no se conoce aunque el objetivo es acumular el mayor número posible con el fin de que en la base de datos esté registrada la mayor parte de la población palestina. Hasta ahora se sabía que existía el programa pero los datos que aportan The Washington Post y Breaking the Silence indican que es mucho más amplio de lo que se creía.

Ori Givati, uno de los responsables de Breaking the Silence, confirma que la última investigación que ha elaborado esta ONG "revela la existencia de un sistema de vigilancia digital extremadamente invasivo que usan los soldados israelíes para perseguir a la población civil palestina de los territorios ocupados".

En Hebrón, al sur de Cisjordania, se han instalado cámaras en los controles militares de esta ciudad en cuyo corazón residen cientos de colonos judíos radicales. Las cámaras identifican a los palestinos antes de que ellos presenten sus tarjetas de identificación y una extensa red de circuito cerrado monitorea sus movimientos.

Los jefes militares dicen a los soldados que el programa de vigilancia es necesario para proteger a Israel del terrorismo, aunque los soldados que lo han denunciado señalan que tiene un alcance que va más allá de la lucha contra el terrorismo. Uno de los soldados entrevistados comentó que constituye "una completa violación de la privacidad de un pueblo completo".

Según la organización de derechos civiles AccessNow, el uso de la vigilancia y del reconocimiento facial que practica Israel está entre los despliegues más elaborados de esta tecnología en todo el mundo para controlar a una población.

El ejército rehúsa dar explicaciones sobre el programa y asegura que la vigilancia de los palestinos son "operaciones rutinarias de seguridad" que forman parte de la "lucha contra el terrorismo", y que los militares "se esfuerzan para mejorar la calidad de vida de la población palestina".

Este mes de noviembre el parlamento europeo instó a prohibir el uso del reconocimiento facial por parte de la policía en lugares públicos, un asunto que preocupa a muchos europeos que consideran que restringe la libertad de los ciudadanos. En al menos una decena de ciudades de EEUU, incluidas Boston y San Francisco, también se ha prohibido el uso de tecnología de reconocimiento facial por los mismos motivos.

El debate sobre esta cuestión está cada día más vivo en Occidente. También en EEUU, donde la policía y otras agencias de seguridad insisten en la necesidad de usar el reconocimiento facial. Un estudio oficial realizado en EEUU señala que una veintena de agencias gubernamentales de ese país utiliza tecnología de este tipo porque les ayuda a identificar a sospechosos durante las protestas. Quienes defienden el uso de esta tecnología sostienen que su prohibición socavará en Europa la lucha "contra el crimen y el terrorismo".

Dentro de Israel se observa el movimiento de un sector del gobierno, la policía y los servicios secretos que quiere introducir cámaras de reconocimiento facial en ciertos lugares del país, pero al mismo tiempo otros sectores, como la agencia de protección de la privacidad, se oponen al proyecto. Naturalmente, Israel aplica unos criterios bien distintos en los territorios ocupados.

El abogado de la Asociación de Derechos Civiles de Israel Roni Pelli cree que el ejército debe "desistir inmediatamente" de un programa que viola sistemáticamente derechos fundamentales de los civiles. "Mientras los países desarrollados imponen restricciones sobre la fotografía, el reconocimiento facial y la vigilancia, la situación descrita (en Hebrón) constituye una grave violación de derechos básicos como el derecho a la privacidad, al tiempo que se incentiva a los soldados a sacar tantas fotos como sea posible de hombres, mujeres y niños en una especie de competición".

El vecino de Hebrón Yaser Abu Marjiah, padre de cuatro hijos, declaró a The Washington Post que desde la guerra de 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania, la vida se ha ido haciendo más difícil para los palestinos de la ciudad y que la nueva vigilancia digital ha quitado a los civiles los últimos vestigios de privacidad.

"Ya no nos sentimos cómodos para socializar porque las cámaras siempre nos están filmando", dijo este palestino de 49 años. Y agregó que ya no deja que sus hijos salgan a jugar a la puerta de su casa y que sus familiares que viven en zonas con menos cámaras evitan visitarlo en su casa.

10/11/2021 20:52

 

 

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Yuval Hariri asiste al Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), el 21 de enero de 2021. Denis Balibouse / Reuters

Yuval Harari ofrece recomendaciones para evitar el control global de la vida de la sociedad.

Los datos personales que las personas proporcionan a las corporaciones acabarán por ser aprovechados para 'hackear' al propio ser humano, si no se llega a regular la recolección de datos y la inteligencia artificial, asegura el antropólogo y escritor israelí Yuval Harari.

En declaraciones a 60 Minutes de CBS, el autor de fama mundial advirtió que gracias a los avances tecnológicos, los países y grupos que más datos controlarán, reinarán el mundo.

El también profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén considera que los métodos de control y manipulación se volverán cada vez más sofisticados con el uso de la inteligencia artificial.

"Netflix nos dice qué ver y Amazon nos dice qué comprar. Con el tiempo, dentro de 10, 20 o 30 años, estos algoritmos también podrían decirnos qué estudiar en la universidad y dónde trabajar y con quién casarnos, e incluso por quién votar", explica Harari.

La pandemia del covid-19, sostuvo, ha abierto la puerta a métodos de recolección de datos aún más intrusivos. "En la próxima fase, la vigilancia llegará por debajo de nuestra piel", asegura.

El antropólogo menciona que es imposible controlar el "poder explosivo del intelecto artificial" a nivel nacional, por lo que insta a desarrollar normas comunes internacionales para prevenir el uso distópico de los datos personales.

Al respecto, Hariri propone como cimientos una regla crucial: si se toman los datos de las personas, se deben usar para ayudar y no para manipular. Además, con el aumento de la vigilancia de la gente, se debe intensificar la vigilancia de las corporaciones y gobiernos que concentran estos datos. También se debe evitar que los datos se almacenen en un único centro, que describió como una "receta de dictadura".

Publicado: 31 oct 2021

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El Gran Hermano nos vigila y el espionaje electrónico invade nuestras vidas

La novela británica 1984, de George Orwell, caracterizaba una sociedad distópica en la que las personas tenían restringido el pensamiento independiente y eran víctimas de una vigilancia constante.

Publicada en 1949, la obra se planteaba como una profecía futurista con un tema de fondo: “El Gran Hermano te vigila”, algo que parece estar haciéndose realidad en 2021.

Ahora parece que vivimos en el ambiente de “1984”, donde todos nuestros movimientos son controlados esta vez por cámaras de vigilancia colocadas en las calles de las grandes ciudades como Nueva York, en las autopistas, en los parques públicos, en el metro, en los centros comerciales y en los aparcamientos, violando la privacidad personal y los derechos civiles.

Un artículo publicado en The New York Times (TNYT) en septiembre, destaca que el Departamento de Policía de Nueva York ha continuado con su vigilancia masiva e ininterrumpida,  desde que comenzó a hacerla sistemática tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Centre de Nueva York.

Según el diario neoyorquino, los residentes en la metrópoli realizan su vida cotidiana mientras  conviven habitualmente –y la mayoría inadvertidamente- con herramientas de vigilancia digital, como programas de reconocimiento facial, lectores de matrículas o furgonetas móviles de rayos X que pueden ver a través de las puertas de los automóviles.

Además, drones de vigilancia sobrevuelan las manifestaciones masivas y los manifestantes dicen haber sido interrogados por agentes antiterroristas después de las marchas.

Pero Estados Unidos no está solo en esta emulación de la distopia orwelliana.

Quizá se esté convirtiendo en un fenómeno mundial a medida que la vigilancia electrónica se extiende por todos los continentes, sean los países del Norte industrial o del Sur global.

Según un nuevo estudio de la Red Africana de Derechos Digitales, publicado el jueves 21, los gobiernos de seis países africanos -Egipto, Kenia, Nigeria, Senegal, Sudáfrica y Sudán- están llevando a cabo una vigilancia masiva y las leyes vigentes no protegen los derechos legales de los ciudadanos ante ese espionaje.

El estudio, descrito como la primera comparación sistemática de las leyes de vigilancia en África, llega en un momento en que aumenta la preocupación por la proliferación de la vigilancia digital a medida que las tecnologías se vuelven más sofisticadas y más intrusivas en la vida de la población.

Muchos gobiernos han ampliado sus facultades de vigilancia y acceso a los datos personales durante la pandemia de la covid-19, señala el estudio.

La Red Africana de Derechos Digitales aglutina a 30 activistas, analistas y académicos de 12 países africanos centrados en el estudio de la ciudadanía digital, la vigilancia y la desinformación, y forma parte del Instituto de Estudios para el Desarrollo (IDS, en inglés), un grupo con liderazgo mundial en la reflexión sobre investigación y política.

Tony Roberts, investigador del IDS, con sede en Londres, y coautor del informe, afirma que los Estados necesitan poderes de vigilancia para prevenir atrocidades terroristas, pero que, para ser coherentes con los derechos humanos, dichos poderes deben estar estrechamente orientados a los delitos más graves, utilizarse cuando sea estrictamente necesario y ser proporcionales a las necesidades.

Señala que los ciudadanos deben ser más conscientes de sus derechos a la intimidad y de las actividades de vigilancia emprendidas por sus gobiernos. La legislación puede ser útil para definir controles y equilibrios que protejan los derechos de los ciudadanos y proporcionen transparencia.

“Pero la sociedad civil necesita la capacidad de controlar las prácticas de vigilancia y hacer que el gobierno rinda cuentas ante la ley”, subrayó en una entrevista con IPS.

El especialista aseguró que esa vigilancia promovida por los gobiernos no es solo algo de Estados Unidos y otro grupo de países, sino que “la vigilancia estatal de los ciudadanos está aumentando en Europa occidental”.

Señaló que las tecnologías digitales han facilitado y abaratado la vigilancia de los ciudadanos por parte de los Estados. Antes se necesitaba todo un equipo de personas para vigilar un objetivo, intervenir las líneas telefónicas, grabar, transcribir y analizar los datos de un solo objetivo.

“Ahora, las búsquedas en Internet y en las comunicaciones móviles están automatizadas mediante inteligencia artificial (IA) y algoritmos”, destacó Roberts.

En ese sentido, consideró que el escándalo de Cambridge Analytics mostró cómo la vigilancia de las redes sociales es utilizada por los partidos políticos en Reino Unido o Estados Unidos.

“Las revelaciones de Edward Snowden mostraron cómo los gobiernos de Europa occidental y Estados Unidos realizan sistemáticamente una vigilancia masiva de los ciudadanos. El caso del programa espía (israelí) Pegasus mostró cómo los Estados utilizan programas maliciosos para espiar al presidente francés, a los líderes de la oposición, a los jueces y a los periodistas”, añadió.

Mientras tanto, la División de Inteligencia de la Policía de Nueva York, rediseñada en 2002 para enfrentarse a las operaciones del grupo islamista Al Qaeda, utiliza ahora tácticas antiterroristas para luchar contra la violencia de las bandas y la delincuencia callejera en Nueva York.

Según TNYT, el Departamento de Policía ha invertido recursos en la ampliación de sus capacidades de vigilancia. El presupuesto de la división de inteligencia y antiterrorismo se ha cuadruplicado con creces, gastando más de 3000 millones de dólares desde 2006, y más a través de fuentes de financiación difíciles de cuantificar, incluidas las subvenciones federales y la secreta Fundación Policial, una organización sin ánimo de lucro que canaliza el dinero y los equipos hacia el departamento a través de benefactores y donantes.

Funcionarios y exfuncionarios de la policía afirman que estas herramientas han sido eficaces para frustrar docenas de atentados. Y el departamento tiene la obligación, dicen, de reutilizar sus herramientas antiterroristas para la lucha diaria contra el crimen, dijo TNYT.

Donna Lieberman, directora ejecutiva de la Unión de Libertades Civiles de Nueva York, dijo al diario que su organización ya estaba preocupada por la vigilancia policial sigilosa en la década de los 90. Ya poco antes de los ataques, su organización  había trazado un mapa de todas las cámaras que pudo encontrar en la ciudad. En retrospectiva, reconoció, fue una labor ingenua.

“Hicimos un mapa, y teníamos puntos, teníamos chinchetas en ese momento donde había cámaras. Y cuando lo hicimos, había un par de miles”, dijo Lieberman.  “Repetimos la encuesta en algún momento después del 11-S, y había demasiadas cámaras para contarlas”, añadió.

Mientras tanto, el nuevo informe también identifica a Egipto y Sudán como los países en los que los derechos de los ciudadanos a la privacidad estaban menos protegidos. Esto se debe a una combinación de protecciones legales débiles, una sociedad civil débil para pedir cuentas al Estado y una mayor inversión estatal o gubernamental en tecnologías de vigilancia.

Por el contrario, a pesar de que el gobierno de Sudáfrica también viola la ley de privacidad, la determinada sociedad civil del país, los tribunales independientes y los medios de comunicación obligan con éxito al gobierno a mejorar su ley y sus prácticas de vigilancia.

En general, la investigación identificó seis factores que significan que las leyes de vigilancia existentes no protegen los derechos de privacidad de los ciudadanos en cada uno de los seis países analizados:

  • La introducción de nuevas leyes que amplían los poderes de vigilancia del Estado,
  • la falta de precisión jurídica y de garantías de privacidad en la legislación sobre vigilancia,
  • el aumento de la oferta de nuevas tecnologías de vigilancia que facilitan la vigilancia ilegítima,
  • los organismos estatales que llevan a cabo regularmente actividades de vigilancia al margen de lo permitido por la ley,
  • la actual impunidad de quienes cometen actos ilegítimos de vigilancia,
  • la debilidad de la sociedad civil, incapaz de hacer que el Estado rinda cuentas ante la ley.

Roberts dijo a IPS que el aumento de la vigilancia es una violación de los derechos civiles, concretamente del derecho a la intimidad.

“Vivía en Londres cuando tenía la mayor densidad de cámaras de seguridad del mundo. Ahora Seúl, París y Boston ostentan ese dudoso récord. Y Nueva York se está poniendo al día rápidamente”, afirmó.

A su juicio,  las pruebas indican que los barrios con población negra están más vigilados que los de población blanca. El problema se agrava cuando la tecnología de reconocimiento facial se combina con la cámara de vídeovigilancia y se vincula a las bases de datos de identidad para llevar a cabo una vigilancia invasiva generalizada.

“La privacidad es un derecho fundamental garantizado por la ley. Toda vigilancia es una violación de esos derechos civiles”, sentenció Roberts.

Y añadió: “Otorgamos a la policía la capacidad legal de llevar a cabo una vigilancia estrecha y limitada de los delincuentes más graves».

«Sin embargo, cualquier otra forma de vigilancia no consentida (con consentimiento previo) viola los derechos fundamentales y la vigilancia masiva de ciudadanos no acusados de ningún delito nunca está justificada en el derecho interno ni en el derecho internacional de los derechos humanos”, remarcó.

Tampoco es inevitable.

En la ciudad estadounidense de Los Ángeles, por ejemplo, la prevalencia de las cámaras de vídeovigilancia es relativamente baja y la tecnología de reconocimiento facial está prohibida, recordó Roberts.

Por Thalif Deen | 27/10/2021

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Sábado, 09 Octubre 2021 06:08

Por el derecho a una internet con derechos

Por el derecho a una internet con derechos

¿Qué duda cabe que la época está atravesada por una rasante revolución tecnológica, con la irrupción de la digitalización en casi todas las actividades sociales?

Internet, un espacio tan vital para nuestra interacción social ha ido mutando en sus características, alejándose de todo posible control democrático y siendo cada vez más permeado por los intereses mercantiles corporativos. Intereses que concentran poder y riquezas en un puñado de empresas transnacionales que van ejerciendo un control de facto sobre los contenidos que circulan por la red.

¡Sí!, la internet y sus tecnologías conexas, que idealmente pudieran servir para una mayor democratización del conocimiento y del quehacer político, que pudieran contribuir a una mejor distribución del bienestar y el patrimonio colectivo de la humanidad, se encuentran intervenidas por intenciones monopólicas particulares, que impiden o dificultan que aquello se realice.

De allí que es imprescindible analizar con mayor precisión cuáles son las intenciones y procesos que subyacen a la instalación de este modelo tecno-digital, cuáles son sus principales impactos y su posible devenir.

Los procesos en curso

Suele suceder que procesos que guardan alguna similitud externa, pero que son movilizados por distintas intenciones son confundidos y asimilados como idénticos, pese a constituir direcciones históricas distintas y hasta opuestas.

Tal es el caso de procesos como la mundialización [1] y la globalización. Mientras la primera corresponde a una tendencia histórica de conexión entre pueblos y culturas, llegando en la actualidad a formar un mosaico de diversidad plenamente interconectado y en camino a una posible Nación Humana Universal, la globalización responde al interés de empresas capitalistas de ampliar sus operaciones sin límites geográficos, intentando a su vez evadir toda responsabilidad localizada.

Es obvio que mientras la mundialización tiene una clara dirección de evolución, conllevando la posibilidad de compartir la acumulación histórica de cada cultura y de colaborar mutuamente para sortear los desafíos comunes y también los particulares de cada pueblos, la globalización actúa de manera regresiva, concentrando capital y poderío y alejando de la base social las capacidades de decisión democráticas, de por sí menguadas por la propia descomposición de la democracia formal en la institución Estado.

Algo similar acontece con las tecnologías digitales y la internet, encuadradas como están en los procesos anteriormente mencionados.

Si uno observa el avance de la digitalización a la luz de la mundialización, se hace evidente la utilidad de acortamiento del tiempo y las distancias en la comunicación junto a la posibilidad de acceder a conocimientos y compartirlos de forma libre.

Desde un espíritu mundializador, internet es una vía positiva para expresarse, cotejar hábitos, compartir experiencias, fortalecer proyectos, comunicar utopías, convocar a transformaciones y percibir al mundo y la humanidad como un todo, unido por un destino común.

Pero si se mira a estos mismos portentos tecnológicos bajo la lupa de la globalización, se devela que estamos ante un momento de reconversión del sistema capitalista, inmerso en una encrucijada por la monstruosa derivación especulativa de sus excedentes, y la reducción para el capital de espacios con márgenes de ganancia apetecibles en actividades productivas de la economía real para su afán de lucro ilimitado y presuroso.

La economía digital globalizada constituye una puerta de escape, junto con la promocionada “revolución verde”, de un sistema de acumulación excluyente e injusto que tiende, por su misma esencia, a la concentración de riqueza, a la segmentación social y, contrariamente a lo que se pretende pregonar, a la depredación del hogar común, privatizando el bienestar y socializando tan solo dificultades.

No es de extrañar entonces que el mismo Foro Económico Mundial, un cónclave de los poderosos e insensibles del mundo, haya abrazado con fervor al mismo tiempo la causa digital y el discurso de transformación ecologista. Para Naomi Klein, “El gran reinicio” – programa presentado en Davos 2020 por Klaus Schwab, director del FEM y también miembro del consejo de administración del elitista club Bilderberg y el príncipe Carlos, conspicuo miembro de la realeza Británica- es un lugar para pregonar soluciones tecnológicas con fines de lucro para problemas sociales complejos; para escuchar a los jefes de los gigantes petroleros transnacionales opinar sobre la necesidad urgente de abordar el cambio climático; para escuchar a los políticos decir las cosas que dicen durante las crisis: que esto es una tragedia pero también una oportunidad, que se comprometen a reconstruir mejor y a marcar el comienzo de un «planeta más justo, más verde y más saludable».

No por nada, entre los principales oradores en esa ocasión estuvo también el presidente de Microsoft, Brad Smith, quien señaló de modo explícito: «Los datos, y la tecnología en general, son herramientas indispensables para resolver casi todos los problemas a los que nos enfrentamos».

Tampoco es casual que ya en marzo de 2017, el Foro Económico Mundial (WEF) inaugurara el primer Centro para la Cuarta Revolución Industrial en San Francisco, Estados Unidos, en una zona de alta concentración de incubadoras y empresas tecnológicas.

Los dos caminos 

Estamos ante una clara bifurcación de caminos. Un camino corto y veloz, el de una tecnologización digital acrítica, que conduce a una mayor dependencia de poderes concentrados y un aumento de la desigualdad y la exclusión social. El otro camino, con la mirada puesta en el interés común y la participación social, es quizás  más largo y lento, pero conduce a más autonomía, equidad, inclusión y complementación social.

Por el camino que pretende el capital concentrado, internet perderá todo componente social y humano. La ansiada conectividad universal será entonces tan solo el aprovechamiento por parte de ávidos hombrecillos del negocio corporativo de la inversión social en infraestructura ejecutada por los Estados. 

Por esta vía, se multiplicarán las plataformas digitales ofreciendo trabajo precarizado. El teletrabajo, lejos de servir a la reducción de la jornada laboral, la aumentará. Se agudizarán las diferencias salariales entre trabajadores del conocimiento y empleos de segundo o tercer orden. Para las mujeres, la nueva explotación digital se sumará al trabajo de cuidado no remunerado y las diferencias de paga con los hombres.

Si internet se convierte definitivamente en la autopista del negocio transnacional, continuarán proliferando los instrumentos de manipulación informativa, de vigilancia y control, transformando a las personas en objetos de un extractivismo de datos ilimitado. 

El avance corporativo digital sobre la educación y la salud traerá consigo la intervención ideológica de sus contenidos y la invasión de la privacidad de las comunidades involucradas, siempre para mayor gloria y riqueza de los accionistas de fondos de inversión.

Por este camino, aumentará la desigualdad entre el Norte y el Sur global, que continuará abasteciendo al Norte con materia prima digital y física a través del consumo extendido sin gozar de los beneficios que otorgan la propiedad de las patentes y licencias de tecnología.

Por ese sendero, las corporaciones irán primero  invadiendo y después capturando todo resquicio de actividad democrática, tornándose en una suerte de gobierno global corporativo, avanzando sobre el sistema multilateral de relaciones internacionales  y convirtiéndolo en mera pantalla para legitimar sus intereses.

El camino alternativo es el de la apropiación común de la tecnología digital para beneficio exclusivo de la comunidad humana en su conjunto.

Para que el derecho a internet constituya una ampliación efectiva de derechos, como en cualquier otro campo y ocasión de la historia, es imprescindible la participación decidida de los pueblos y sus organizaciones. 

De este modo, podrá establecerse una alianza entre el Estado y la comunidad organizada, una alianza público-comunitaria que desplace la nefasta “asociación público-privada”, que en el marco neoliberal legitimó la intromisión del capital en regiones hasta entonces vedadas a sus negocios. 

Desde esa alianza público-comunitaria podrán acometerse proyectos de conectividad universal de gestión compartida o autónoma para que las infraestructuras, herramientas y conocimiento y la necesaria inversión estatal se orienten al bien común y a la formación de usuarios activos y críticos. 

En esa perspectiva, las prioridades son garantizar la soberanía y la autonomía con la generación de alternativas tecnológicas descentralizadas, no invasivas, interoperables y de libre elección; forjar redes de cooperación entre organizaciones para pasar de ser meras receptoras a generadoras y hacedoras de políticas sobre tecnología y posibilitar el acceso irrestricto y compartido al conocimiento estratégico entre naciones.

Es ineludible colocar hoy fuertes impuestos a las grandes empresas tecnológicas y plataformas digitales y evitar su fuga a guaridas fiscales para financiar una Renta Básica Universal Incondicional. Asimismo exigir leyes que garanticen la protección y propiedad individual o comunitaria de los datos y regulen el accionar de plataformas digitales comerciales desde el interés público.

Es fundamental apropiarse no solo del uso, sino también de la creación de tecnología y redes sociales no tuteladas ni extractivistas para favorecer la comunicación, la organización y el acercamiento social.

En definitiva, el progreso científico-tecnológico es un logro de los pueblos y de su acumulación histórica. Las herramientas digitales deben servir para la plena realización del ser humano. De lo contrario, no solo son inútiles, sino también perjudiciales. 

Esta ponencia fue expuesta el 6/10/21 en el marco de la sesión del Grupo de Educación, Academia, Ciencia y Tecnología (GEACT), mecanismo de la sociedad civil en la agenda de desarrollo sostenible (Agenda 2030) y en el Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre Desarrollo Sostenible (FPALCDS). Algunos de los contenidos vertidos forman parte de los diagnósticos y propuestas colectivas de las Jornadas “Utopías o distopías. Los Pueblos de América Latina y el Caribe ante la era digital” organizadas por el espacio Internet Ciudadana.

 

Por Javier Tolcachier | 09/10/2021

 

Nota:

[1] Para ampliar el concepto de mundialización ver: Silo, Diccionario del nuevo humanismo. Obras completas Vol. II. pag. 538 (2002)  México. Editorial Plaza y Valdés. 

Javier Tolcachier es investigador en el Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia internacional de noticias de Paz y No Violencia Pressenza.

El presidente de Ecuador, Lasso, es uno de los mandatorios con inversiones en paraísos fiscales según la investigación "Pandora Papers".

Publicado enCultura
Viernes, 08 Octubre 2021 05:30

Vivís en Matrix

Matrix.- Pixabay

Todas las miradas fijadas en fuerzas ciegas que pugnan por la expropiación de nuestra atención (anterior fuerza de trabajo) en aras de mejorar la app en cuestión para competir con otras apps mediante algoritmos cada vez más sofisticados. Las apps nos estudian, se mejoran, aprenden de nosotros como colectivo y como individuos y cada vez son más perfectas. Las máquinas ya controlan el mundo. Los humanos hemos perdido el control. Nuestra energía sirve para alimentarlas. Sí. Vivís en Matrix y el rey es mi padre.

Ese es el sistema digital del que nos habla Marta Peirano en El enemigo conoce el sistema, un relato histórico de cómo internet, partiendo de un proyecto basado en lo común, ha sido colonizado por las fuerzas capitalistas y pretende hacer un negocio de todo eso que producimos y consumimos en las redes. Las consecuencias de tener a miles de millones de seres humanos al servicio de dinámicas que escapan a su control todavía están por ver. Sin embargo, ya hemos comprobado lo peligroso que es que los algoritmos dominen la escena pública en las elecciones que auparon a Trump al poder, que hicieron triunfar el Brexit, o que provocaron (en parte) la victoria de Bolsonaro en Brasil. Lo hemos visto también en tantos otros países en los que el fascismo, la homofobia y el racismo están ganando terreno. Esto sucede a nivel político-colectivo. ¿Pero qué sucede a nivel individual?

Durante la pandemia aumentaron en España un 250% las tentativas de suicidio en población infantil y juvenil. Y no todo se debió al confinamiento. Durante el mismo, muchas personas estuvimos conectadas a las noticias mucho tiempo, recibiendo toda clase de mensajes negativos con la sensación de que el mundo se acababa. Sin embargo, también estuvimos mucho tiempo pendientes de las pantallas y nos hicimos (todavía más si cabe) adictos al consumo de redes sociales. Y eso ha influido también en la percepción que tiene la juventud de las cosas. El simple hecho de ver cómo hay personas que "están haciendo cosas todo el tiempo" es causa de frustración y genera insatisfacción en la población infantil y juvenil, que al someterse al mundo de la absoluta inmediatez, no son capaces de entender que las cosas requieren un proceso, que los caminos son arduos y largos si uno quiere conseguir lo que se propone. El mundo se acababa y miles de personas "estaban haciendo algo con su vida" (como si con la vida hubiera algo que hay que hacer). Las apps se movían y se mueven al filo de la paciencia, jugando con el contraste entre lo que odias y lo que amas. Esa delgada línea es traspasada en muchos casos individuales generando mucho malestar.

El confinamiento y la pandemia han sido duros. Pero fue duro también para mucha gente ver cómo esa situación les había anulado a ellos, y sin embargo, al mismo tiempo, había miles de personas que durante ese lapso habían hecho todo tipo de cursos, habían perfeccionado su cuerpo, habían sacado un disco, habían estado con gente famosa o habían iniciado su aventura en Twitch. El mundo digital en el que habitamos es una selva. Una lucha de todos contra todos por la atención de millones de personas. El valor de la persona se genera siempre en contraste con otras personas. Siempre desde una lógica oposicional que no entiende la diferencia, si no que desarrolla una guerra ficticia (aunque a veces aparentemente amable como en Instagram) para que todos estemos las 24 horas pendientes de una pantalla que no deja de recibir todo tipo de notificaciones. Cada sonido, cada vibración es una muestra de nuestro valor. Y uno puede esperar eso de su video en TikTok, de su post en Facebook, de su tuit, o derivado de alguna publicación en Instagram. Decía Byung Chul Han que nos habíamos transformado en empresarios de nosotros mismos. Cada una de las personas es una empresa y maneja sus redes como si quisiera vender alguna cualidad de sí mismo. Decirle a cada minuto a todas las personas por qué vale la pena seguirle. Antes debías demostrar al jefe lo que valías en tu horario de oficina. Ahora tú eres tu jefe, tu propio empresario de ti mismo y necesitas mostrarte a ti y a los demás que estás en la cresta de la ola constantemente. ¿Y el horario? Siempre.

Esto ha generado una ruptura casi abismal con una antropología derivada de generaciones del siglo XX que desarrollaban su trabajo en la empresa y se iban a casa para desconectar. El hecho de estar conectados a todas horas a toda clase de apps y plataformas genera una ansiedad "laboral" por la cual nadie te paga con dinero. Estás trabajando constantemente en la imagen que proyectas. Sin embargo, se te paga solo con atención, follows, o se te penaliza con unfollows o campañas en contra por haber intentado llegar demasiado lejos. Es la totalización de lo laboral en lo vital. Es convertir tu vida en un trabajo constante, las 24 horas del día, los 365 días del año. Porque si en lugar de estar donde estás, solo estás pendiente de qué publicar, cómo hacerlo mejor, cómo mejorar tu secuenciación algorítmica que te llevará al estrellato digital, entonces es que no estás en ningún lado. Esta relación laboral se puede extrapolar también a las amistades, que se desarrollan por conveniencia, ya que el simple hecho de publicar una foto con alguien que tiene más followers que tú puede producir un trasvase de followers. Marx hablaba de cómo en un mundo basado en el interés la traición se podía oler en cualquier esquina. En el mundo actual, un mundo en que comes o te comen, basado en relaciones interesadas, desapego, desarraigo, actividad perpetua y ultraproductividad solo puede, como muestran los últimos datos, crecer la ansiedad, la depresión y las enfermedades mentales derivadas de un clima social y cultural perverso. Todo esto ha generado, por ejemplo, que Instagram (según un documento confidencial de la compañía publicado por The Wall Street Journal) asuma que dañan el autoestima corporal de una de cada tres adolescentes. Estar sometido al influjo constante de imágenes de cuerpos perfectos, estilos de vida fit y de alimentación sana, mientras las empresas de comida rápida y comida basura añaden cada vez más alicientes adictivos a sus alimentos es una carrera de obstáculos difícil de soportar: todos son perfectos menos yo.

¿Pero para quién estamos trabajando? Si a las personas se las paga con likes y no con dinero. ¿Quién está beneficiándose económicamente de todo esto? Gente como Jeff Bezzos (dueño de Amazon y Twitch que se catapulta al espacio con el dinero generado por nuestro trabajo no pagado) o gente como Zuckerberg (dueño de Instagram, Facebook y Whatsapp). La sede de Instagram no está en Menlo Park, California. Los verdaderos trabajadores de Instagram no son los que cobran en dinero de esa empresa. El proletariado contemporáneo está al servicio de las apps en todo el mundo, gratuitamente, generando contenido, publicando, consumiendo, alimentándose de modelos a seguir, envidiando, queriendo ser como este o aquel en aras de aumentar las multimillonarias cuentas de personas que podrían vivir mil vidas a cuerpo de rey con ese dinero. Trabajamos gratis y somos consumidos en el intento de labrarnos un futuro sometidos a tanta presión. O eres alguien o no eres nadie. La entidad en el mundo digital se alcanza mediante la fama y el éxito que puede darte un video viral aupado por los todopoderosos algoritmos. Expropian nuestra atención y la convierten en dinero, la insatisfacción por una vida siempre en déficit, siempre mejorable, siempre perfeccionable se convierte en beneficios multimillonarios. Los sudores fríos, el insomnio que provoca el estar siempre pendiente y el FOMO (Siglas de "miedo a perderte algo") son transformados en oro por las multinacionales que se dedican al negocio de la atención.

Hace unos años se hizo viral un video de una persona con una enfermedad mental llamado "el guardián de las estrellas". El hombre decía "Vivís en Matrix". Como si de una profecía se tratara, ese hombre tenía razón y se había adelantado algunos años al pronunciar esas palabras en la plaza de España de Palma, en Mallorca. El video se hizo famoso y causó mucha gracia a raíz de frases como "el rey es mi padre" o "hay naves detrás del sol que vendrán a buscarme". Sin embargo, ese momento de locura de la persona que pronunciaba estas palabras podría perfectamente encarnar unos minutos de lucidez de cualquier persona que en su sano juicio decide denunciar lo que estamos viviendo. Matrix es el espejo distópico de la sociedad contemporánea.

Neo despierta en una cápsula de la que las máquinas extraen su energía. Mira a su alrededor: hay millones de seres humanos como él, despojados de su energía, de su vitalidad y su mundo. Allí ganaron las máquinas y utilizan a los humanos como baterías para tener energía. Aquí en el ámbito de lo real las máquinas también han ganado. Condicionan lo que hacemos y cómo pensamos. ¿Cómo ha podido pasar? En 2001: Una odisea en el espacio, Kubrick nos relata como Hal, el ordenador que funciona como sistema operativo de la nave espacial, se rebela ante los astronautas que deben completar una misión. Hal sabe que quieren desconectarle y no va a permitirlo. ¿Puede llegar el momento en que el machine learning genere algo parecido a una conciencia con voluntad de autoconservarse, de forma que pugne por sus propios intereses y pueda acarrear peligros para los seres humanos? Está sucediendo. La primera ley de la robótica de Isaac Asimov ya se está incumpliendo. Esta reza: un robot no hará daño a un humano. Millones de personas deprimidas, con ansiedad, con la necesidad de autopromoción constante no saben cómo enfrentarse a un mundo que se les escapa. Están siendo dañadas. Muchas de ellas piensan en desaparecer. Que todo esté siendo delegado en algoritmos está teniendo graves consecuencias. Los humanos estamos perdiendo el control. Hay personas que se manejan bien en esta guerra. Hay buenos soldados. Pero hay demasiados efectos colaterales nocivos para mucha gente. Y sin embargo, aquí estamos, frente a un artículo desplegado en una pantalla que anuncia y denuncia lo terrible. Escrito desde un mundo feliz de una sociedad empastillada por ansiedad. La despedida pretende añadir algo de esperanza, a pesar de lo oscuro del mensaje. Acabamos pues, con una paráfrasis marxiana: "Los algoritmos terminarán por cavar su propia tumba".

Por Carlos Saura León

Profesor de filosofía

08/10/2021  

Publicado enCultura
Singapur puso robots a patrullar las calles y preocupa la violación de la privacidad y las libertades individuales

Avanzan los sistemas de vigilancia intrusiva

Singapur puso a prueba unos robots de patrullaje que lanzan advertencias a personas envueltas en "comportamiento social no deseable", lo que aumenta el arsenal tecnológico de vigilancia en esta ciudad-estado fuertemente controlada.

Desde el amplio número de cámaras hasta los postes de iluminación equipados con tecnología de reconocimiento facial, actualmente a prueba, Singapur ha visto una explosión de herramientas para vigilar a sus habitantes.

Las autoridades han impulsado su visión de una "nación inteligente", hipereficiente y tecnológica, pero activistas dicen que se sacrificó la privacidad y que las personas tienen poco control de lo que se hace con sus datos.

Singapur ha sido criticada por reducir las libertades civiles y su población se acostumbró a los fuertes controles, pero hay una preocupación creciente con la tecnología intrusiva.

Los más recientes aparatos de vigilancia son los robots con ruedas y siete cámaras, que emiten advertencias al público y detectan "comportamientos sociales no deseados".

Eso incluye fumar en áreas prohibidas, estacionar mal las bicicletas o violar las reglas de acercamiento por el coronavirus.

Durante un reciente patrullaje, uno de los robots "Xavier" ingresó a una zona residencial y se detuvo frente a un grupo de ancianos que observaban un partido de ajedrez.

"Por favor mantengan un metro de distancia", "por favor aténganse a cinco personas por grupo", alertó una voz robótica, mientras una cámara del aparato los enfocaba.

Durante una prueba de tres meses, en septiembre, dos robots fueron enviados a patrullar esa zona residencial y un centro comercial.

"Me recuerda a Robocop", comentó Frannie Teo, una asistente de investigación de 34 años que caminaba por el centro comercial. Trae a la memoria "un mundo distópico de robots (...) Estoy un poco indecisa sobre este tipo de concepto", agregó.

Lee Yi Ting, una activista de los derechos digitales, dijo que los aparatos son la forma más reciente de vigilar a los singapurenses. "Todo contribuye con la sensación de que la gente debe cuidar lo que dice y hace en Singapur, más de lo que lo harían en otros países", declaró a AFP.

Pero el gobierno defiende el uso de los robots, al decir que durante la fase de prueba no podrán identificar o tomar acciones contra quienes cometan ofensas, y que son necesarios para atender la falta de trabajadores ante el envejecimiento poblacional.

"La fuerza laboral está decreciendo", dijo Ong Ka Hing, de la agencia gubernamental que desarrolló los robots Xavier. Agregó que podrían ayudar a reducir el número de oficiales requeridos para patrullar las calles.

Singapur, una isla controlada

La isla de 5,5 millones de habitantes tiene 90.000 cámaras policiales, y la idea es duplicar esa cifra para 2030, al tiempo que podría instalar en toda la ciudad la tecnología de reconocimiento facial que ayuda a las autoridades a distinguir rostros en la multitud.

Este año se dieron muestras de rechazo público cuando las autoridades admitieron que la policía tuvo acceso a la información sobre casos de covid-19 recogida por un sistema oficial.

El gobierno posteriormente aprobó leyes para limitar su uso.

Pero los críticos dicen que las leyes de la ciudad-estado suelen limitar poco la vigilancia gubernamental, y los singapurenses tienen poco control sobre lo que ocurre con los datos recogidos.

"No hay leyes de privacidad que restrinjan lo que el gobierno pueda o no hacer", comentó Indulekshmi Rajeswari, un abogado singapurense especialista en temas de privacidad radicado actualmente en Alemania.

7 de octubre de 2021

Represión y venta de datos: el espía en tu móvil

Las grandes empresas y los Estados han desarrollado diversas técnicas de espionaje a través de los teléfonos móviles. Los datos obtenidos son utilizados para fines comerciales o represivos.

 

Vigilancia y espionaje son las dos caras de una moneda. La moneda es el software imbricado en las vértebras de tu dispositivo digital. La cara es la vigilancia masiva y acumulación de datos para elaborar perfiles comerciales y segmentar publicidad, por ejemplo, para recomendarte la música que no sabías que querías escuchar. La cruz es el acceso total a todos los resquicios de tu vida para tenerte bajo el punto de mira, desacreditarte públicamente, encarcelarte o matarte si hace falta.

“Nos hemos acostumbrado acá en México, pero nos han intervenido a 15.000 personas en todo el mundo, es una barbaridad, es monstruoso”, dice el periodista mexicano Ignacio Rodríguez Reyna, una de esas personas espiadas. El informe publicado por Forbidden Stories en colaboración con Amnistía Internacional y otros medios revela que gobiernos de todo el mundo contrataron el software Pegasus a la empresa israelí NSO Group para espiar a activistas, periodistas, disidentes políticos o defensores de derechos humanos en países como México, Marruecos o Arabia Saudí. Con todo, la empresa israelí dice que se dedica a hacer del mundo “un lugar mejor”.

Vulnerabilidades en tu móvil

Cada vez a más gente le resulta familiar la siguiente conversación: “Ayer hablamos de estas zapatillas y hoy me han salido en Instagram. Estoy segura de que el móvil me espía”. Pero, de todo lo que decimos, ¿qué espían exactamente las plataformas? Juan Tapiador es investigador y profesor de seguridad informática en la Universidad Carlos III de Madrid y hace unos años publicó junto con otros colegas un estudio titulado An Analysis of Pre-installed Android Software (Un análisis del software preinstalado de Android), en 2019. Buscaban confirmar mediante métodos científicos esa “evidencia anecdótica” que tenía cada vez más gente respecto a sus teléfonos móviles. El grupo de investigación desarrolló una aplicación que distribuyó a través de contactos y redes sociales. La aplicación, Firmware Scanner, le hacía una foto a todo aquello que viniese preinstalado en los teléfonos Android. Su sospecha era que muchas aplicaciones preinstaladas en dichos teléfonos extraían datos de los usuarios y usuarias. A través de contactos y redes sociales, consiguieron que muchísima gente se descargase Firmware Scanner y recogieron cientos de miles de fotografías de las tripas de los teléfonos. “Nos encontramos una confirmación a una escala inusitada, de cosas que eran más o menos conocidas, pero no hasta ese nivel”, afirma Tapiador. La vigilancia era masiva.

Tapiador explica que en la cadena de suministro intervienen muchos agentes: el que fabrica los circuitos, el que los integra, el que mete la cámara o el que introduce el micrófono, por mencionar algunos. “Lo que conocemos como fabricantes, la marca que te vende el dispositivo, en realidad son integradores, y su papel es ensamblar las partes previamente fabricadas por subcontratas”, afirma el informático. La cadena no atañe solo al hardware, sino que continúa hasta los operadores telefónicos, que también manipulan los teléfonos móviles e implementan aplicaciones de software cuya finalidad es conseguir datos de los usuarios. “En todo ese proceso como parte del esquema de monetización, que es pervasivo en internet y que tiene que ver con la recolección de datos, están presentes muchísimos agentes que introducen componentes software”, afirma el investigador. En la cadena de ensamblaje de los teléfonos, no se sabe qué agente introduce qué software. No hay ninguna trazabilidad y ninguna regulación que les obligue a informar sobre ello. 

Las motivaciones son diversas, pero principalmente suelen atender a dos principios: conseguir una predominancia del mercado, como es el ejemplo de Facebook, que lo que quiere es estar presente en todos los teléfonos posibles y monetizar los datos de los usuarios, o lo que es lo mismo, obtener telemetría del dispositivo para luego vender esa información. Muchas de estas aplicaciones preinstaladas son las que ofrecen puertas traseras abiertas o vulnerabilidades por las que pueden entrar muy fácilmente softwares como Pegasus.

Realizando una mínima interacción como coger una llamada o hacer un clic en un enlace, la puerta trasera del teléfono se abre sin que nos enteremos. Aunque el software destinado al espionaje es distinto al que usan las empresas para recopilar datos, son estas funcionalidades de base las que permiten que el espionaje sea tan sencillo. Según el análisis forense de Amnistía Internacional, en el caso de los iPhone 11 y 12 el virus se propagaba a través del envío de un simple mensaje sin necesidad de hacer ningún clic.

“Yo ya me había dado cuenta en 2017 de que mi teléfono estaba intervenido y dejé de usarlo, pero lo guardé. Cuando me contactaron en 2020 desde Forbidden Stories les doné mi móvil para que hicieran el trabajo forense para su investigación. Desde aquel entonces trato de ser más cuidadoso, uso correos encriptados y aplicaciones seguras, pero la verdad es que hay tal vulnerabilidad que de una manera u otra van a conseguirlo”, relata Rodríguez Reyna. “No solamente tuvieron acceso a todas mis conversaciones, contactos, correos, anotaciones o a las fotos que tomé, pudieron encender mi cámara o mi micrófono en mis situaciones íntimas y personales. Tienen un acceso al control de mi dispositivo en tiempo real. Esto no solo nos coloca en riesgo a nosotros, coloca en riesgo físico a nuestras fuentes. Coloca en la indefensión y susceptibilidad de ser chantajeados por actos de nuestra vida privada que nos ridiculicen o nos quiten credibilidad o cualquier asomo de dignidad”, añade.

Y qué más me da si yo no soy nadie

“Las empresas no están interesadas en las fotografías de tus gatitos ni en las conversaciones ni en los mensajes, eso no sucede”, informa Tapiador, “pero los metadatos son muy buenos predictores de los comportamientos”. La información que recogen las aplicaciones móviles es muy valiosa para luego cruzarla con la navegación web y construir perfiles que durante muchos años se han venido utilizando para dar servicios de publicidad dirigida. “Esta es la gasolina que ha movido internet durante la última década y algo”, afirma este investigador en seguridad informática.

En julio de 2020, los nombres de NSO Group y Pegasus volvieron a llenar los medios nacionales  gracias al estudio del instituto de ciberseguridad de la Universidad de Toronto, el Citizen Lab, que publicó que diversas figuras públicas del independentismo catalán como Roger Torrent —entonces president del Parlament— fueron espiadas por Pegasus. A pesar de que el Gobierno, a través del CNI y de los Ministerios de Interior y Defensa, negó rotundamente estar involucrado, la empresa NSO Groups ha manifestado que los únicos clientes de su producto estrella de espionaje son gobiernos. Un extrabajador afirmó que España llevaba siendo cliente de NSO Groups desde 2015.

“En el caso del espionaje sí les interesan tus fotos de gatitos”, bromea Tapiador haciendo alusión a la última megafiltración de 15.000 personas espiadas. “El caso de NSO Group y Pegasus es un animal totalmente distinto [a la vigilancia comercial]. Son empresas que trabajan con cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado porque los países tienen una necesidad de monitorizar los dispositivos de lo que ellos consideran objetivos”, comenta Tapiador.

Virginia Álvarez es responsable de investigación y política interior en Amnistía Internacional. “La empresa decía que el software solo se utilizaba para ciberterrorismo, para localizar delincuentes, pero Amnistía ha empezado a tener información de que este software se estaba utilizando para cometer violaciones de derechos humanos y la intromisión al derecho a la intimidad es un delito”, nos recuerda la activista y portavoz de Amnistía Internacional España.

Rodríguez Reyna es uno de los fundadores de 5º Elemento Lab, una organización que se dedica al periodismo de investigación. Tres de sus miembros fueron infectados por Pegasus. “Cuando nos empezaron a vigilar estábamos trabajando en la ramificación mexicana de la trama de corrupción Odebrecht”, cuenta. Esta es una de las mayores tramas de corrupción de la historia reciente de América Latina y tiene como centro de operaciones a la constructora brasileña Odebrecht, que ha realizado sobornos a figuras importantes de 12 gobiernos del continente. “Nosotros señalamos a Emilio Lozoya, figura cercana a Peña Nieto [expresidente mexicano], consejero de OHL en México, como la puerta de entrada de la constructora brasileña al país a través de sobornos. Además, una compañera nuestra estaba creando el primer mapa de las 2.000 fosas clandestinas de personas asesinadas y desaparecidas por el Estado”, relata. Según datos oficiales, se cifran en 80.000 las desaparecidas en los últimos 15 años en México.

Cecilio Pineda es un periodista mexicano que fue asesinado a los pocos días de que Pegasus entrase en su móvil. Según The Guardian, a pesar de que no hay pruebas vinculantes, la hipótesis principal señala que se usó el virus para localizarlo. Otro caso conocido en México fue el de uno de los asesores legales en la lucha por esclarecer el crimen de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Su teléfono fue intervenido, se sacó una frase de contexto y se difundió en redes a través de cuentas falsas haciendo creer que había traicionado al movimiento, lo cual provocó una fractura real en el mismo.

La industria global de vigilancia y espionaje

“Es toda una industria la que hay detrás de esto. Siento que estamos ante una indefensión casi absoluta y es algo terrible”, reflexiona Reyna. El coste de infectar un teléfono en México, según los datos publicados, sería de alrededor de 64.000 dólares, y el Gobierno se gastó 32 millones en espiar a 500 personas de interés. Un amplio número de especialistas considera que es necesaria más regulación para controlar el acceso a los dispositivos tecnológicos, especialmente los teléfonos. Ya sea en el ámbito de la vigilancia y el acceso a metadatos, ya sea en el caso del espionaje y el acceso a datos.

Tapiador afirma que no hay una regulación que obligue a decir qué proveedor de la cadena de suministro introduce software en los dispositivos móviles. “Un problema de este mundo del databrokering es que es muy oscuro, no es nada transparente”, advierte. Para las leyes de protección de datos de usuarios la transparencia es muy importante, saber qué datos se recopilan y con qué fines, y “en los casos de las aplicaciones de software preinstaladas, no existe”, sentencia el investigador.

Virginia Álvarez afirma que existe una falta de control absoluta. “Mientras no haya un marco regulador que no evite el mal uso del software de espionaje, Amnistía seguirá pidiendo su no comercialización”. Dario Castañé, del Partido Pirata de Catalunya, considera que “habría que establecer una prohibición a la compra y venta de software para espionaje, así como revertir y anular toda iniciativa que vaya a minar la confidencialidad de las conversaciones, ya sea mediante filtros de subida, control de mensajes o puertas traseras en los algoritmos de cifrado”.

Sin embargo, cuando hablamos de espionaje, se cruzan los intereses geopolíticos de los Estados en la propia regulación. Desde NSO han manifestado que la publicación “es tendenciosa y tiene una clara motivación comercial y que, en cualquier caso, no ha sido la empresa la que ha hecho uso del software”. No deja de ser interesante, tal y como señala un artículo del Financial Times, que los países clientes de NSO como Emiratos Árabes o Arabia Saudí son aliados recientes con los que han crecido las relaciones con Israel. Países como Hungría, India o Ruanda aparecen también en el informe, en momentos en los que el ex primer ministro, Benjamin Netanyahu, buscaba alianzas con líderes ultraderechistas en estos países.

En su informe Operando desde las sombras, publicado a principios de julio, Amnistía Internacional sostiene que existe toda una industria de empresas dedicadas al espionaje. Otras de las empresas que fueron contratadas por el Gobierno de México son Hacking Team (Italia) o Rayzone Group (Israel). También podemos encontrar a empresas vinculadas a grandes controversias como Clearview AI, envuelta en un escándalo por almacenar millones de fotos de redes sociales. O Palantir, la máquina de espiar de Silicon Valley relacionada con varias operaciones al margen de la legalidad. Todas ellas son compañías multimillonarias. Según el informe de Amnistía, el campo de juego de los productos de espionaje ha venido delimitado por las decisiones de diferentes Estados que han permitido autorizaciones legales que se saltan los derechos humanos básicos para poder aplicarlas tanto fuera como dentro de sus territorios.

No obstante, hay que tener en cuenta que la tecnología que lo permite está en manos de dichas compañías. “Es el momento de detenernos y preguntarnos qué está pasando. Estamos ante un monstruo tecnológico que tiene muchos brazos, una dictadura o dictablanda capaz de mover el poder en cualquier lugar del planeta”, reflexiona Rodríguez Reyna.

Genoveva López / Álvaro Lorite

@genolomo

Álvaro Lorite

@lorojuntaletras

7 ago 2021 06:00

Publicado enSociedad
Sábado, 24 Julio 2021 06:47

El espía

Edificio de NSO Group en Herzliya, Israel AFP, JACK GUEZ

Pegasus y la exportación del control

 

Periodistas, líderes mundiales y opositores fueron espiados por dictaduras y grupos delictivos gracias a una empresa de software israelí con sobrados antecedentes. En un mundo donde la vigilancia de las voces críticas se ha vuelto la norma, algunos encuentran un nicho para exportar sus talentos.

El año pasado, la organización periodística con sede en Francia Forbidden Stories y Amnistía Internacional recibieron un listado con información acerca del espionaje a más de 50 mil números telefónicos vigilados mediante el softwarePegasus, desarrollado y comercializado por la empresa israelí NSO Group. Esta información fue analizada durante meses por Forbidden Stories, Amnistía Internacional y 17 medios de diez países –entre ellos The Guardian, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post, Haaretz y Proceso–, que conforman el Proyecto Pegasus, creado para investigar y divulgar información relacionada con el espionaje efectuado con esta herramienta y, finalmente esta semana, los medios asociados del Proyecto Pegasus comenzaron a publicar los hallazgos. En la lista de los vigilados se encontró a periodistas, activistas, empresarios y políticos, incluidos los jefes de Estado de 14 países (es posible que en los próximos días este número aumente).

Pegasus, que por restricciones impuestas por el gobierno israelí solo se vende a instituciones gubernamentales, se instala en los smartphones al aprovechar vulnerabilidades de diferentes sistemas operativos y de aplicaciones comunes, o engaña a los usuarios para que cliqueen en enlaces maliciosos enviados a través de SMS, whatsapps, correos electrónicos u otros servicios de mensajería. Una vez instalado, el spyware permite monitorear y enviar a quien lo controla casi toda la información almacenada y de actividad del dispositivo, así como activar micrófonos, cámaras y grabar llamadas, con la posibilidad de posteriormente eliminar el programa e incluso borrar gran parte de sus rastros.

LA ERA DEL CIBERESPIONAJE

En las últimas décadas el espionaje digital se convirtió en un fenómeno conocido públicamente. Entre los casos más resonantes están la vigilancia llevada adelante sin ninguna discreción por el gobierno de Estados Unidos en el marco de la Ley Patriota, las filtraciones de Wikileaks y Edward Snowden acerca del seguimiento estadounidense a jefes de gobierno y ciudadanos, la recopilación y comercialización de datos de usuarios por parte de las grandes plataformas sociales y de servicios como Alphabet, Amazon y Facebook, así como los usos políticos de la empresa Cambridge Analytica de información recolectada por Facebook. El ciberespionaje es hoy algo habitual y ya no nos resulta tan sorprendente encontrarnos periódicamente con filtraciones acerca de la vigilancia estatal, empresarial o, como en este caso, llevada adelante en conjunto por organizaciones estatales y empresas privadas. De hecho, esta ni siquiera es la primera vez que NSO y su spyware Pegasus están en el ojo de la tormenta.

En 2018, Amnistía Internacional y The Citizen Lab (organizaciones que venían monitoreando el uso de Pegasus en el mundo) denunciaron que sus miembros eran espiados por NSO. Amnistía Internacional incluso formó parte de una acción legal contra la empresa, en la que se procuró que el Ministerio de Defensa israelí restringiera las exportaciones de Pegasus, demanda que fue finalmente desestimada por una corte israelí (AP, 20-VII-21). Por otro lado, Whatsapp, propiedad de Facebook, inició en 2019 una demanda contra NSO por el uso de Pegasus contra sus usuarios tras encontrar que al menos 1.400 dispositivos habían sido infectados y espiados (The Verge, 29-X-19).

LOS CLIENTES Y LOS USOS

NSO, cuyas ventas son monitoreadas pero no divulgadas por el gobierno israelí, declara tener más de 60 clientes en más de 40 países, aunque no brinda información sobre la identidad de sus compradores. Sin embargo, como informa este domingo The Washington Post, el spyware ha sido utilizado por varios Estados conocidos por vulnerar los derechos humanos y la libertad de prensa, entre ellos, India, Marruecos, Kazajistán, México, Bahrein, Togo, Ruanda, Hungría, Azerbaiyán, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

El país del que aparecen más números listados es México, con 15 mil. De acuerdo a lo publicado en 2017 por The New York Times, México contrató a Pegasus en 2012 por 20 millones de dólares y lo utilizó para espiar periodistas, activistas, abogados (entre ellos, los abogados que investigaban la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa) y políticos opositores. Incluso el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, su familia y su cardiólogo fueron víctimas de esta vigilancia, según se supo esta semana (Aristegui, 19-VII-21). Pero no solo el gobierno utilizó Pegasus, también lo emplearon los cárteles criminales para vigilar e intimidar periodistas (The Guardian, 7-XII-20), entre ellos, Cecilio Pineda, asesinado justo un mes después de ser ingresado en la lista de espiados.

El caso de Arabia Saudita también es considerado particularmente grave, pues, de acuerdo a la nueva filtración, la pareja del periodista opositor Jamal Khashoggi fue espiada con Pegasus el día anterior a que este fuese torturado, asesinado y desmembrado en Turquía en 2018, presuntamente por orden del príncipe Mohammed bin Salman. Arabia Saudita también ha sido responsabilizada, junto con Emiratos Árabes Unidos, de infectar los celulares de al menos 37 periodistas de la cadena qatarí Al Jazeera. Uno de ellos, Tamer Almisshal, afirma que en un teléfono que usaba para llamar a ministerios emiratíes recibió una llamada en la que lo amenazaron con convertirlo en el próximo Khashoggi (Al Jazeera, 21-XII-20).

De acuerdo a The Washington Post, en la lista aparecen también números de periodistas de Hungría, Azerbaiyán, Kazajistán, Pakistán e India, donde también se espiaría a políticos opositores, entre ellos, al líder del principal partido de oposición indio, Rahul Gandhi. Si bien los medios del Proyecto Pegasus no tienen constancia de que el gobierno de España haya contratado a NSO, algunos líderes independentistas catalanes (entre ellos, quien fuera presidente del Parlamento de Cataluña Roger Torrent) sí que han sido espiados mediante Pegasus (El País de Madrid, 13-VII-20). Por otro lado, llaman la atención los usos que se le atribuyen a Marruecos, pues, entre los números que se especula que fueron monitoreados por fuerzas de ese país, están los de su propio rey y primer ministro, el del exprimer ministro belga y actual presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el del director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, y los de gran parte del gabinete francés, entre quienes se encuentran el primer ministro, Édouard Philippe, y el presidente, Emmanuel Macron (The Guardian, 20-VII-21).

Hasta el momento, NSO Group ha declarado que la información difundida por el Proyecto Pegasus no es confiable y que la responsabilidad por el mal uso de Pegasus recae sobre sus clientes. Según fuentes del Post, recientemente NSO canceló contratos con Arabia Saudita y Dubai, alegando razones relacionadas con la violación de derechos humanos. Por su parte, el gobierno israelí, que anteriormente se había negado a cambiar su política respecto a esta y otras empresas de ciberseguridad (véase recuadro), anunció el miércoles la formación de un equipo con miembros del gabinete, de la inteligencia civil y militar, y del ejército, que estudiará cambios en la política respecto a la exportación de servicios digitales sensibles.


NSO y el ecosistema de ciberseguridad israelí

NSO Group, la empresa que desarrolló y comercializa Pegasus, fue fundada en 2010 por Omri Lavie, Shalev Hulio y Niv Carmi, quienes se sospecha que fueron miembros de la Unidad 8200 de las Fuerzas de Defensa de Israel (Forbes, 28-VIII-21), un cuerpo de inteligencia militar caracterizada por el desarrollo y el uso de tecnología de punta. NSO no es la única empresa fundada por exmiembros de la 8200. Allí se ha formado a gran parte de los actores de la exitosa industria de tecnología israelí y a muchos expertos que hoy trabajan en la industria tecnológica civil y militar alrededor del mundo (Rest of World, 9-III-21).

NSO tampoco es la única empresa israelí que ha estado en la mira por sus actividades. Por ejemplo, Black Cube, una empresa de inteligencia empresarial y política fundada por exmiembros de la 8200 y que contrata casi exclusivamente veteranos de la inteligencia israelí, trabajó para el gobierno de Donald Trump en el espionaje a exfuncionarios del gobierno de Barack Obama y para el gobierno húngaro de Viktor Orbán, donde hizo lo propio con organizaciones opositoras (Haaretz, 10-VII-18).

Por su parte, Psy Group, propiedad del empresario Joel Zamel, cuyo CEO fue teniente coronel de la Unidad 8200, hasta hace poco llevó adelante gran cantidad de actividades de espionaje, control de percepción y manipulación política en Estados Unidos. Antes de cerrar, mientras era investigada por el fiscal especial Robert Mueller por su participación en la injerencia extranjera en las elecciones de 2016, Psy Group trabajó con Cambridge Analytica (Politico, 23-V-18) en la producción y propagación de noticias falsas, en la manipulación de usuarios de plataformas sociales para la campaña de Trump (Wall Street Journal, 25-V-18) y en el espionaje a activistas pro-Palestina en Estados Unidos (The New Yorker, 18-II-19). Asimismo, según informó The Daily Beast en octubre de 2018, Zamer se reunió el año anterior con asesores de Trump y Bin Salman para hablar acerca de un posible cambio de régimen en Irán. No es casualidad que esto suceda con empresas israelíes vinculadas a la Unidad 8200. Gran parte de la actividad en esa repartición militar se trata justamente de espiar a personas que no representan ningún peligro real, muchas veces con fines extorsivos, como consignó The Guardian en un artículo de diciembre de 2014 titulado «Cualquier palestino está expuesto al monitoreo del Gran Hermano israelí». En ese panorama, juega un rol importante el sector privado, que no solo exporta sus servicios a otros gobiernos, sino que en muchos casos se asocia con el Estado israelí para atacar a los habitantes de los territorios ocupados. De hecho, la industria de tecnologías de seguridad es considerada por activistas israelíes y palestinos una de las claves del estado de apartheid en que viven millones de palestinos.

Por Joaquín Moreira Alonso
23 julio, 2021

Publicado enInternacional
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