Fútbol y clase obrera: la ideología no se mancha

Las hinchadas del Rayo Vallecano en España, del St. Pauli en Alemania, del Demirspor en Turquía y del Livorno en Italia militan las mismas ideas y tienen un horizonte común: derribar el capitalismo.

Septiembre de 2009, Turquía. Un estadio de fútbol ilumina la noche de verano de la ciudad de Adana, al sur del país y a 270 km de Alepo, Siria. Bengalas rojas atraviesan el cielo. Antorchas de fuego también rojo corren veloces por las tribunas. Los hinchas del Adana Demirspor se apelmazan para ganar un lugar. Son unos veinte mil. El humo apenas deja ver cómo las banderas entran y salen de la claridad: el Che Guevara, la hoz y el martillo, Palestina, Cuba. Suenan tambores. Gritos de guerra. Los jugadores del AS Livorno de Italia comienzan a trotar sobre el césped. Está por arrancar. Son pocos los visitantes que llegaron desde la ciudad puerto de la Toscana y ya están mezclados con los locales. Ahora los cantos de guerra desembocan en uno solo. Se escucha, estridente:

Una mattina mi son’ svegliato
O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao
Una mattina mi son’ svegliato
E ho trovato l’invasor

La canción va a sonar todo el partido, que va a terminar cero a cero y va a ser la excusa para una fiesta internacionalista. Porque podría ser un partido de la Champions League, uno de los torneos internacionales que mueve más plata en el mundo. Podría ser un partido de la Copa UEFA, el segundo torneo de Europa. Podría ser simplemente un partido de fútbol entre un equipo de la tercera división turca y un equipo de la Serie A del calcio italiano. Pero hoy, en esta ciudad, el amistoso es entre dos equipos vinculados a partidos y tradiciones de izquierda. Como el Rayo Vallecano en España o el St. Pauli en Alemania, las hinchadas del Demirspor y del Livorno militan las mismas ideas con un horizonte en común: derribar al capitalismo.

La historia de ese partido comenzó mucho antes. También por un partido, pero el 21 de enero de 1921, en la sala del Teatro Goldoni de Livorno, noroeste italiano. Ahí, sobre la costa del mar Tirreno, el Partido Socialista Italiano se había reunido para realizar su XVIIo Congreso. Habían pasado cuatro años de la Revolución rusa. El tema hervía. Después de horas de discusiones, finalmente Antonio Gramsci y Amadeo Bordiga decidieron romper con el PS y formar el Partido Comunista Italiano. 

El PCI se unía a la Internacional Comunista y comenzaba a expandirse por todo el país. Luego llegaron las prohibiciones y las persecuciones de Benito Mussolini hasta que, a principios de los años 90, se extinguió en las arenas de la socialdemocracia. Aquel partido nacido en Livorno, que pretendía una sociedad en manos de los trabajadores, solidaria y alejada de los coqueteos del mercado y las distracciones de la industria cultural, dejaba huérfanos a los revolucionarios italianos. El único refugio para esas ideas permanecía muy cerca del Teatro Goldoni de Gramsci y Bordiga. Sobre las tribunas del Estadio del AS Livorno todavía combustionaban las ideas revolucionarias del antiguo PCI.

Fundado en 1915, el equipo del puerto toscano —y sobre todo su hinchada— tomó rápidamente afinidad con el comunismo italiano y desde ahí comenzó a traccionar los posicionamientos más progresistas dentro de un fútbol cada vez más aprisionado en las lógicas del marketing y de los negocios. Por eso, a casi cien años de su nacimiento, en ese encuentro amistoso frente al Demirspor de Turquía, la consigna en gradas locales y visitantes decía: «Contra el fútbol moderno». 

A diferencia del Livorno, el Demirspor no estuvo empujado por la fundación de un partido o por la iniciativa de algunos dirigentes. El Adana Demirspor fue fundado por obreros metalúrgicos. Si el Livorno fue la dirigencia, el Demirspor fue la clase. En sus tribunas se repiten las mismas banderas que en las de Livorno y aún hoy, con el club en primera división y con figuras como Mario Ballotelli, se pueden encontrar en las redes sociales del club dibujos del Che y de Lenin con la camiseta azul y negra.

Esa noche de septiembre las tribunas ardían de negro y azul, pero sobre todo de rojo. La efervescencia internacionalista conmocionó a los jugadores de ambos equipos. A uno en especial; al mejor de los italianos. Su figura, el delantero y goleador Cristiano Lucarelli, ya había mostrado al público de qué lado estaba. En 1997 lo citaron de la selección italiana sub-20 para jugar un partido contra Moldavia. Hasta ese momento, era apenas una promesa y no había trascendido que su padre era militante del PC y trabajador del puerto de Livorno. Ese día Lucarelli hizo un gol que le costó el ostracismo en la selección por más de 10 años. En rigor de verdad, un festejo. Acomodó la pelota sobre el palo izquierdo del arquero moldavo, saltó los carteles y fue corriendo a las tribunas para celebrarlo con la gente. En el camino se sacó la camiseta azul para mostrar que debajo tenía una blanca estampada con la cara del Che Guevara. Los hinchas italianos lo festejaron más que al momento del gol. La euforia de la gente pegó un cimbronazo en la cancha. ¿Los italianos eran masivamente comunistas? No. El partido se jugaba en el estadio del Livorno. En una entrevista de febrero de 2021, Lucarelli —ya retirado del fútbol— dijo sobre el famoso festejo con la cara del Che: «Yo pagué por lo del Che Guevara, pero siempre seré comunista».

Ya con su máximo referente afuera de las canchas, los hinchas del Livorno seguían militando los símbolos de la revolución y los distintos procesos de liberación en América Latina y en Medio Oriente. Así aparecieron banderas que decían «Hasta siempre, Fidel» cuando murió el comandante cubano o lo mismo cuando murió Hugo Chávez. Banderas que apoyan a Palestina, a los inmigrantes, a los independentistas del Kurdistán; a los que peor la pasan.

Hasta que les llegó a ellos, a los hinchas, al club. Empujando por una catarata de malas administraciones y pésimos resultados, el Livorno fue perforando las categorías del descenso. Una caída libre que los dejó en la Serie D, la última categoría profesional del fútbol italiano. Las deudas se hicieron imposibles. Los jugadores buscaron equipos con mejores horizontes. La dirigencia no logró pagar los costos administrativos para participar de la D y el club quedó en la quiebra e imposibilitado para competir. Ahora, con nuevos dueños, en la temporada 2021-2022 participará de la Eccellenza Toscana, una liga regional. El club tendrá nuevo nombre, Unione Sportiva Livorno. Los hinchas seguirán cantando la misma canción cuando vean salir a su equipo: 

Avanti popolo, bandiera rossa
Alla riscossa, alla riscossa
Avanti popolo, bandiera rossa
Alla riscossa, trionferà
Bandiera rossa la trionferà
Bandiera rossa la trionferà
Bandiera rossa la trionferà
Evviva il comunismo e la libertà

En el barrio de Vallecas, la libertad y las ideas tampoco se negocian y los bukaneros —la barrabrava del Rayo Vallecano— lo expresan todos los partidos y, a veces, en los entrenamientos. Así lo sintió el jugador ucraniano Roman Zozulya cuando, en 2017, tuvo la participación más efímera en la historia del club. Se habían enterado de que la flamante incorporación se había sacado fotos con una bandera roja y negra y una cara: Stepán Bandera, el colaboracionista nazi de Ucrania más conocido de la Segunda Guerra Mundial. Enseguida encontraron otras fotos: con armas, rodeado de paramilitares, posando con más nazis. El ucraniano se encontró con una bandera el primer día de entrenamiento: «Vallecas no es lugar para Nazis. Presa, para ti tampoco. ¡Vete ya!», en referencia a Martín Presa, el empresario dueño del club, vinculado al Opus Dei. La movilización de los hinchas fue tan grande que Presa tuvo que dar marcha atrás y anular el pase del jugador. Los ultras exhibieron su victoria en las gradas con una bandera que marcaba un camino: «Evitar que un nazi vista La Franja».

El club quedó a salvo de nazis. Al menos momentáneamente. Mientras tanto, los bukaneros siguen sosteniendo políticas de asistencia a desahuciados del barrio, organizan eventos para recaudar fondos y exponen un apoyo constante a las comunidades de inmigrantes. Suelen desplegar banderas contra un único oponente. Porque el clásico del Rayo Vallecano no es el Atlético de Madrid ni el Real Madrid. En Vallecas, el clásico es contra el capital. En la agenda política también intervino Medio Oriente. En esa ocasión, la leyenda sostenida por la gente—escrita en letras rojas y gigantes—, decía: «Luchar es nuestro destino. Con la rabia de un niño palestino. Stop genocidio de Israel».

En las gradas del Rayo puede haber muchas banderas, muchas consignas, algunas antifascistas, otras en contra del racismo, otras a favor de la solidaridad. Algunas también se materializaron en la acción. En medio de la crisis económica y los desalojos compulsivos de 2014, el estadio de Vallecas levantó una bandera con nombre propio y un hashtag, #CarmenSeQueda. Se trataba de una mujer de 85 años a la que habían echado de su casa por no poder pagar la hipoteca. La peña rayista se movilizó y el técnico de ese momento, Paco Jiménez, organizó una conferencia de prensa para anunciar que él y los jugadores ayudarían económicamente a Carmen y le pagarían de por vida el alquiler de una nueva casa. Carmen se quedó en Vallecas.

Aunque los bukaneros nacieron en 1992, la tradición del Rayo y el movimiento obrero español es mucho más antigua. Con la irrupción de la Segunda República Española, en 1931, los socialistas armaron una liga obrera de fútbol, independiente de la oficial. Hasta el inicio de la Guerra Civil en 1936, la Federación Cultural Obrera Deportiva (FCOD) agrupó y organizó un campeonato de fútbol de 24 equipos. Uno de ellos era el Rayo Vallecano que, todavía en esos años, representaba un municipio independiente de Madrid.

En esa misma época, del otro lado de los Alpes suizos, a dos mil kilómetros de Vallecas, un equipo alemán naufragaba en las ligas de fútbol organizadas por el nacionalsocialismo. Creado por estibadores y trabajadores del puerto de Hamburgo en 1915 y siempre al margen de las grandes competiciones, el St. Pauli se hizo conocido en el mundo a principios de este siglo por ser un club, un equipo y una hinchada de izquierda. Pero su identidad se forjó durante los años 80. En Alemania, los punks avanzaban fuerte como tribus urbanas y como grupos de resistencia a la oleada liberal en Europa. Mientras las tribunas de los demás equipos eran invadidas por hooligans y grupos nacionalistas, el Millenrtor recibía a bandas de punks, antifascistas y anarquistas. 

Las calles de Sankt Pauli ardían. Grupos de jóvenes se organizaban para tomar casas vacías. Muchas veces en protesta contra las especulaciones y grandes negociados inmobiliarios en Hamburgo. Muchas veces como modo de vida, como resistencia al capitalismo. En este barrio al sur de Hamburgo se estaba gestando la contracultura más fuerte de Alemania. Estaba naciendo el movimiento okupa y las gradas del St. Pauli, el equipo del barrio, se convirtieron definitivamente en un espacio de resistencia. No solo las gradas. Muchos okupas jugaron en el club y hasta hubo jugadores que habían participado de brigadas internacionalistas en la Nicaragua sandinista. Es el club más punk en esta liga de equipos de izquierda y lo demuestra con una calavera como símbolo, inspirada en un famoso pirata de Hamburgo: Klaus Störtebeker, una suerte de Robin Hood del Mar Báltico.

A diferencia del Rayo, el Livorno o el Demirspor, el St. Pauli es el que mejor explota el ejercicio de su ideología. En 2010 regresó a la Bundesliga —la máxima categoría de Alemania— de la mano del empresario teatral Corny Littmann, presidente del club entre 2002 y 2010. Littmann fue uno de los fundadores del Partido Verde y es un referente de la comunidad LGTB. Antes de su llegada, el club ya había establecido en sus estatutos la prohibición contra todo tipo de discriminación racial o religiosa. En una de las entradas a las tribunas, un mural de dos hombres besándose dice: «Nur die Liebe zählt» [El amor es lo único que cuenta].

Después de atravesar distintas crisis financieras, los punks de Hamburgo gozan de una fama internacional como el equipo de izquierda más popular del mundo. Algunos les dicen que son una izquierda a la moda. Una izquierda cool que, por ejemplo, tuvo iniciativas como la creación de miel orgánica Ewaldbienenhonig que pretende ayudar a recuperar la población de abejas.

Actualmente disputan la segunda división del fútbol profesional de Alemania. A tono con sus compañeros internacionalistas, los ultras del St. Pauli también financian asistencia social, visten remeras del Che Guevara e insisten en su lucha contra el fascismo, la intolerancia y el avance del mercado.

Y, como el Adana Demirspor y el AS Livorno, los alemanes y los españoles también tuvieron su fiesta internacionalista. Sucedió en 2015 y fue en Hamburgo. El Rayo Vallecano estaba en la gira de pretemporada por Europa y vieron con simpatía la posibilidad de un amistoso con los compañeros del St. Pauli. Todo se realizó con el máximo orden y camaradería. Se jugó el 18 de julio. Como en todos los partidos que juega en casa, el local entró bajo «Hells Bells», de AC/DC. El encuentro terminó 4 a 2 a favor de los alemanes y en la tribuna donde se asienta la barrabrava se encendieron algunas bengalas rojas. La tribuna de enfrente estaba vacía. Pintados de marrón y blanco, los asientos formaban dos corazones gigantes. 

Los historiadores ubican la creación del fútbol moderno en el año 1863, cuando en Inglaterra se creó la Football Association, primera liga profesional del mundo. La reglamentación, los lineamientos generales y prácticamente todas las bases se gestaron entre los estudiantes que concurrían a los colegios y las universidades. Es decir, la élite londinense. El fútbol, deporte de caballeros, distracción de pobres; el amusement que Adorno y Horkheimer planteaban como una condición necesaria para el correcto funcionamiento del sistema productivo. El fútbol como fenómeno mundial, como fenómeno financiero mundial, bien podría leerse como una nueva fase de un capitalismo en mutación. 

El mercado no controla el fútbol. Hoy, de alguna manera, el fútbol es el mercado. En un escenario en el que los partidos tradicionales de izquierda y los sindicatos se descomponen aceleradamente, en un escenario de derrota, hinchas como los del Livorno, del Adana Demirspor, del Rayo Vallecano o del St. Pauli, todavía sostienen el espíritu necesario para decir que no: todavía no es el fin de la historia.

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Lunes, 02 Mayo 2022 05:49

1º de mayo

Trabajadores de Amazon se manifiestan ayer en Manhattan, Nueva York. Los emplea-dos de una planta de la megaempresa se sindicalizaron hace un mes, lo que retumbó en Estados Unidos, ya que desafiaba los pro-nósticos de políticos y líderes sindicales de que era casi imposible, y ahora hay esfuerzos para replicar eso por todo el pais. Foto Afp

La primera victoria laboral contra la empresa del segundo hombre más rico del país y la ola de triunfos en decenas de tiendas Starbucks a favor de la sindicalización de trabajadores –todo a pesar de esfuerzos antisindicales multimillonarios– en las últimas semanas nutre la esperanza de que los mártires de Chicago están resucitando, una vez más.

El Día de los Trabajadores, que nació con el movimiento por la jornada de ocho horas encabezado por anarcosindicalistas y otros trabajadores rebeldes –muchos de ellos inmigrantes– hace 136 años en Chicago y que se festeja por todas partes del planeta no se celebra oficialmente en Estados Unidos. Pero fueron justo los trabajadores inmigrantes que rescataron la memoria de los mártires de Chicago para los estadunidenses, empezando en el movimiento de millones en la primavera de 2006 –incluyendo el primero de mayo– con marchas y eventos que continúan hasta hoy día en esa fecha.

El extraordinario triunfo de trabajadores en la ciudad de Nueva York que votaron a favor de sindicalizar por primera vez una planta de la megaempresa Amazon en un sindicato independiente llamado Amazon Labor Union hace un mes retumbó alrede-dor del país ya que desafiaba los pronósticos de políticos y líderes sindicales de que tal logro era casi imposible, y ahora hay esfuerzos para replicar eso por todo el pais. Por otro lado, el primer triunfo de trabajadores de Starbucks para sindicalizar una de las miles de tiendas de esa empresa en diciembre, en Búfalo, Nueva York, se está multiplicando (trabajadores en más de 170 tiendas han solicitado una elec-ción sindical) y a la fecha ya son 44 las tiendas que han votado por agremiarse en el nuevo sindicato de Starbucks Workers United. Muchos de estos esfuerzos están encabezados por jóvenes.

A la vez hay triunfos en varios otros sectores en los últimos meses, por ejemplo los casi 500 trabajadores de tecnología del New York Times votaron por agremiarse, al igual que los trabajadores del Instituto de Arte de Chicago.

Sólo en los últimos seis meses se ha registrado un incremento de 57 por ciento en el número de trabajadores y agrupaciones laborales que formalmente exigen ser representados por un sindicato, reporta Reuters.

También hay acciones sin precedente, como el piquete flotante de huelguistas ante una refinería de Chevron en Richmond, California, donde se busca que los buques no crucen esa línea, es resultado de una nueva alianza entre el sindicato siderúrgico United Steelworkers y la organización ambientalista Greenpeace.

Todo esto en el momento mas débil del movimiento sindical en casi un siglo resultado de una ofensiva neoliberal durante los últimos 40 años que ha logrado reducir la tasa de sindicalización del sector privado a sólo un 6 por ciento, y con un incremento dramático de la concentración de riqueza sin precedente entre el uno por ciento más rico.

Pero lo de Amazon y Starbucks no salió de un vacío, ya que a lo largo de la última década hubo estallidos y rebeliones laborales, incluyendo la ola de huelgas de maestros en 2018 y 2019 en varios estados, acciones de trabajadores del sector de comida rápida en todo el país por un salario mínimo digno de 15 dólares la hora (el salario mínimo oficial de 7.25 dólares no ha sido modificado en décadas), nuevos sindicatos universitarios y hasta huelgas dentro de prisiones en 17 estados por reos obligados a trabajar por un dólar la hora, y acciones mas tradicionales, como la huelga de más de un año de los mineros en Alabama.

"Desde baristas hasta trabajadores de almacenes y maestros hay algo común, una clase trabajadora machacada década tras década. A través del país, gente trabajadora rehúsa ser pieza en el engranaje de la máquina de la clase multimillonaria. Este primero de mayo recordemos el poder de nuestra solidaridad y concluyo que cuando los trabajadores en nuestro país y alrededor del mundo se juntan, no hay nada que nos puede detener en la lucha por la justicia".

Almanac Singers. Talking Union. https://open.spotify.com/track/0yuKuvDJlOf4GjUtf3OPjf?si=3a90eecd2e824c35

Bruce Springsteen, Tom Morello. Ghost of Tom Joad. https://www.youtube.com/watch?v=B-c6GphpAeY

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Marcha en apoyo a los trabajadores de Amazon y Starbucks, realizada en Nueva York en noviembre. Foto Afp

Nueva York. Por primera vez se logró sindicalizar una tienda de Starbucks, y continúa la pugna para realizar lo mismo en un almacén de Amazon, mientras enfermeras, mineros, maestros, trabajadores académicos y de medios, choferes, así como trabajadores "esenciales", sobre todo inmigrantes, han realizado huelgas y otras acciones que parecen indicar un renacimiento del movimiento laboral en Estados Unidos en una coyuntura económica que resalta la mayor desigualdad económica en un siglo.

Decenas de miles de trabajadores participaron en huelgas y acciones de protesta en meses recientes, con los medios describiendo una nueva ola laboral. Entre mediados de 2021 y principios de 2022, 10 mil trabajadores de John Deere estallaron una huelga, 60 mil trabajadores de producción de cine amenazaron con un paro y 50 mil aprobaron suspender labores en una cadena de hospitales. Además de otrso movimientos en Nabisco y Kellogg’s.

Sin embargo, no es algo tan nuevo, ni empezó, como algunos afirman, con la llegada del gobierno de Joe Biden. De hecho, en 2018 –en la presidencia de Donald Trump– más de 485 mil trabajadores realizaron 20 grandes huelgas (más de mil trabajadores en cada una) y otros 65 mil participaron en 123 en plantas pequeñas, una cifra mucho más que alta que el total de 76 mil trabajadores en 39 disputas durante 2021, reportó The Nation.

Aun con estas movilizaciones y aunque Biden llegó declarando su compromiso con los trabajadores y los derechos sindicales, la ofensiva empresarial y las políticas laborales y económicas impulsadas bajo el consenso neoliberal bipartidista de los últimos 40 años –el cual incluye los tratados de libre comercio– el movimiento sindical continuó en deterioro con una tasa de sindicalización de sólo 6.1 por ciento en el sector privado en 2021, el nivel más bajo desde 1900. La tasa es de 10.3 por ciento si se incluye el sector público, a la mitad de hace 30 años y dos tercios menos que en los 50 cuando fue de 35 por ciento.

Con la reducción del poder colectivo de los trabajadores y la anulación de sus derechos, se registró el nivel más alto de desigualdad económica en un siglo. La remuneración de los ejecutivos se ha incrementado mil 322 por ciento desde 1978, mientras el ingreso de un trabajador típico aumentó sólo 18 por ciento en el mismo periodo, calcula el Economic Policy Institute.

La riqueza de 745 multimillonarios estadunidenses, 5 billones, es dos tercios más que la riqueza total de 50 por ciento de los hogares del país, según el Proyecto sobre Desigualdad del Institute for Policy Studies.

Justo en el momento de mayor debilidad del movimiento laboral, y ante la concentración de poder económico y político del llamado uno por ciento más rico, están presentándose viejas y nuevas formas de acción en las filas de los trabajadores. Entre las sorpresas recientes en el movimiento laboral, que fue noticia nacional, trabajadores de Starbucks lograron sindicalizar la primera tienda de su cadena de 8 mil cafés (la más grande del mundo) en Buffalo, Nueva York, en diciembre de 2021; poco después una segunda tienda en esa misma ciudad hizo lo mismo. Desde entonces, unas 70 tiendas de Starbucks en 20 estados han solicitado procesos de elección para sindicalizarse.

En Memphis, Starbucks acaba de despedir a siete líderes de otro esfuerzo sindical en uno de sus locales. "Si Starbucks cree que nos podrán silenciar, están equivocados. Nuestro movimiento apenas se está fortaleciendo ganaremos nuestro sindicato y nuestros derechos humanos y civiles de organizarnos. Despierten y huelan el poder", afirmó Starbucks Workers United, el gremio que ganó en Buffalo y que ahora está apoyando iniciativas sindicales en otras tiendas alrededor del país. Su símbolo es una versión del famoso logotipo de la empresa de una sirena, pero con el puño en alto.

En Amazon, cuyo dueño es el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, trabajadores de un enorme centro de distribución en Bessemer, Alabama, y el sindicato nacional RWDSU han librado una larga lucha para sindicalizar por primera vez una planta de esta trasnacional.

Después de una campaña masiva con el apoyo de otros sindicatos de éste y otros países, organizaciones del movimiento de Black Lives Matter, figuras progresistas nacionales como el senador Bernie Sanders, músicos y actores y hasta el propio presidente Joe Biden, el voto para aprobar un sindicato fracasó en una aparente derrota. A fines de noviembre del año pasado la Junta Nacional de Relaciones Laborales anuló la primera elección por la intromisión ilegal de la empresa en el proceso y ordenó una segunda votación, la cual ya arrancó y culminará el 28 de marzo cuando se iniciará el conteo.

Hay luchas sindicales tradicionales, como la huelga de más de mil mineros de carbón en Alabama, que ya cumple su undécimo mes y paros que culminaron en triunfos como el de más de dos meses de trabajadores de la Kellogg’s en diciembre, entre diversas acciones de sindicatos de varias ramas, entre ellos de los gremios nacionales progresistas de enfermeras, maestros y sobrecargos y hasta de trabajadores académicos en la Universidad de California y Columbia (https://striketracker.ilr.cornell.edu).

Hay también otras expresiones de organización más allá de los sindicatos tradicionales (aunque a veces con su apoyo) como la extraordinaria Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW), la cual continúa trasformando las condiciones laborales de inmigrantes en los campos de cultivo en el sureste del país, frenando por primera vez el hostigamiento de las jornaleras y liberado a miles de condiciones de esclavitud, impulsando campañas para elevar el salario mínimo de los trabajadores de comida rápida, redes nacionales como las trabajadoras domésticas (National Domestic Workers Alliance) y la de jornaleros urbanos (National Day Laborer Organizing Network) junto con nuevas expresiones de organización de miles de trabajadores de mensajería y entrega de alimentos como Los Deliveristas Unidos, en Nueva York, y de taxistas y choferes de Uber, así como la expansión de cooperativas en el país.

Muchas de las luchas laborales giran en torno no sólo a salarios, sino de condiciones de sobreexplotación en largas jornadas obligatorias, falta de protección ante patrones y robo de sueldos (por miles de millones de dólares), entre otras. Los inmigrantes, sobre todo los indocumentados, son los más indefensos ante estos abusos.

Muchos de los organizadores han comentado a La Jornada que lo que enfrentan no es sólo empresas dispuestas a gastar millones para combatir la sindicalización, sino que bajo las leyes actuales no existe en la práctica ninguna protección del derecho a organizar un sindicato en Estados Unidos. Ante esta situación, se siguen detonando acciones laborales en lo que algunos esperan podría ser un renacimiento del movimiento social más grande del país.

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Viernes, 22 Octubre 2021 06:04

Que la tortilla se vuelva

Trabajadores de John Deere realizan una huelga con piquete, el 14 de octubre, en las instalaciones de la empresa en East Moline, Illinois AFP, GETTY IMAGES, SCOTT OLSON

La pandemia y el teletrabajo recordaron a millones de estadounidenses que la vida es frágil y la familia importa. La reactivación impulsada por el Estado, que sigue engordando las ganancias empresariales, se ha topado con una creciente militancia gremial y con demandas de sueldos más altos y mejoras en la calidad de vida.

 

SI EL MAÍZ CRECE DESPAREJO…

La pandemia tuvo un impacto grueso en el mercado laboral estadounidense: el índice de desempleo, que hasta enero de 2020 se había mantenido alrededor del 3,5 por ciento, saltó al 14 por ciento en abril. Los pedidos de subsidio por desempleo, con un promedio semanal de 205 mil trámites a comienzos de ese año, se remontaron a 6,8 millones en la última semana de marzo. Decenas de millones de personas perdieron su empleo o registraron una poda sustancial en sus ingresos por la reducción de las horas de trabajo.

El efecto no fue parejo: los trabajadores en sectores en que fue posible el recurso del teletrabajo continuaron laburando, pero otros muchos –en sectores como los restaurantes y los hoteles– quedaron desempleados. Para otro segmento, el de los llamados «trabajadores esenciales» –las cosechas, el transporte, el cuidado de niños, enfermos y ancianos–, el panorama fue sombrío: quedarse en casa sin sueldo o concurrir a trabajar y exponerse a la pandemia.

Los programas de estímulo por 1,9 billones de dólares, aprobados de manera rápida por el Congreso y promulgados de forma expedita por el presidente Donald Trump, reanudaron la actividad económica. El arribo de las vacunas contra la covid-19 y otro generoso estímulo de 1,2 billones de dólares promulgado por el presidente Joe Biden han contribuido a esa reactivación. El índice de desempleo ha bajado al 4,8 por ciento en setiembre de este año y, por primera vez desde el comienzo de la pandemia, la cifra semanal de solicitudes del seguro de paro se ha ubicado por debajo de las 300 mil.

Como suele suceder, las noticias que son medianamente buenas para muchos son mucho mejores para otros pocos. En el segundo trimestre de 2020, cuando la pandemia causó una caída del 9,1 por ciento en el PBI de Estados Unidos, las ganancias de las empresas sumaron 17,4 billones de dólares. En el segundo trimestre de 2021, cuando el PBI creció 12,2 por ciento, sumaron 24,4 billones de dólares. Un aumento del 40 por ciento. El índice del mercado de valores (Stock Market Index), que muestra el entusiasmo o el pánico en el casino financiero, tenía en julio de 2020 una marca de 26.400 puntos. Esta semana el optimismo ronda por encima de los 35.381 puntos. Un aumento del 34 por ciento.

Mientras tanto, y con una tasa anual de inflación del 5,4 por ciento, los sueldos reales de todos los trabajadores en el sector privado (medidos en dólares constantes de 1982-1984) bajaron de 394,62 a 391,62 dólares por semana.

NO ES SOLO CUESTIÓN DE DINERO

La pandemia tuvo otro efecto en el mercado laboral, previsible desde hace un par de décadas y demorado solo por el enfoque anticuado en la administración empresarial de los llamados «recursos humanos». La propagación del teletrabajo ha demostrado, primero que nada, que sí es posible mantener la actividad de negocios, escuelas y universidades sin la concentración de empleados y estudiantes en oficinas, fábricas y aulas. Desde el punto de vista empresarial, esto es una promesa de reducción de gastos fijos, como el alquiler de espacios, la electricidad y los seguros.

Para los millones de trabajadores que han continuado sus labores desde casa, la revelación ha sido aún más importante: existe la vida afuera del horario. Librarse de las dos horas diarias de transporte hacia y desde el sitio de trabajo significa dos horas más de vida familiar, el ahorro de dinero en el cuidado de los niños, una dieta más sana con comidas hogareñas. Y, sobre todo, una administración diferente del tiempo: en lugar de ocho horas de confinamiento en una oficina de las que quizás solo dos o tres se ocupan en alguna labor, ahora puede haber tiempo para ejercicio, para escuchar música, para leer o –sin que se note– para echarse una siesta hasta que la tarea siguiente sea asignada.

Con la recuperación del tiempo personal, millones de personas empleadas a tiempo completo o parcial, o desempleadas, encontraron el tiempo y las circunstancias para tomar cursos por Internet y adquirir certificados profesionales, o han emprendido pequeños negocios propios. Y las empresas, especialmente las que mejor se adaptaron al teletrabajo, encuentran ahora la resistencia de sus empleados a retornar a las oficinas y fábricas, a las escuelas y universidades. Una renuencia combinada con las precauciones para evitar nuevos brotes de la pandemia.

En pocos meses, millones de estadounidenses descubrieron aquello de que hay que trabajar para vivir en lugar de vivir para trabajar. Hay instructores de yoga, de canto, de reparación de motores que se han hecho clientelas vía Zoom, y alumnos que por Zoom exploran el canto, practican yoga o se entretienen reparando una motocicleta. La aritmética es sencilla: una instructora de guitarra o de cocina uruguaya, un instructor de ajedrez o fotografía puede cobrar, digamos, 25 dólares por clase. Si consigue tan solo cuatro alumnos por día y trabaja desde su casa y apenas cuatro horas diarias, de lunes a viernes, logrará un ingreso superior al sueldo real. El teletrabajo tiene sus propias complicaciones: el uso de espacio para oficina en un apartamento o casa familiar, la interferencia de los niños, la pereza de cambiar del pijama a una vestimenta formal. Y también el peligro de la disponibilidad ilimitada: por Internet el empleador puede encargar tareas a cualquier hora del día o de la noche, lo que crea una forma nueva de compromiso laboral.

La fuerza combinada de la reactivación económica impulsada con dinero estatal y el teletrabajo y sus beneficios forman parte del fenómeno por el cual, ahora, en Estados Unidos hay una escasez tremenda de mano de obra. Las empresas no pueden encontrar gente dispuesta a emplearse a menos que las condiciones de trabajo sean más flexibles, con más tiempo para la familia o el gusto personal.

A LA HUELGA, COMPAÑERAS

En agosto unos 4,3 millones de trabajadores, esto es, el 2,9 por ciento de la fuerza laboral, abandonaron sus empleos, la cifra más alta de dimisiones desde que se registra este dato. Eso significa 242 mil renunciantes más que en julio, como reflejo de que más y más empleados reclaman sueldos más altos, mejores condiciones de trabajo, incluidas más vacaciones, licencia por maternidad o paternidad y horarios flexibles.

En agosto, al acentuarse la escasez de mano de obra dispuesta a emplearse, había unos 10,4 millones de ofertas de empleo en puestos vacantes en casi todas las industrias. En julio había 11,1 millones. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. Gran Bretaña encara una escasez de pilotos, al tiempo que se reanudan los vuelos normales, debido a que cientos de tripulantes de aerolíneas se jubilaron o cambiaron de carrera durante la pandemia, y otros muchos requieren instrucción. Expertos en el área de la aviación comercial calculan que esa industria tendrá una escasez de unos 34 mil pilotos hacia 2025.

«Es la época de oro para los trabajadores estadounidenses», según Joe Brusuelas, economista jefe en la firma contable y de asesoramiento RSM. «El trabajador estadounidense sabe que ahora tiene poder en la negociación, que puede obtener un sueldo razonable y tener influencia en la conformación de las condiciones laborales. Esto es lo que ocurre después de las guerras o depresiones grandes. Es difícil percibirlo cuando uno está en medio del proceso, pero hemos tenido un shock que ha generado cambios inesperados en la población», ha afirmado Brusuelas a la CNN.

Los sindicatos en Estados Unidos han estado perdiendo influencia por décadas, y la afiliación de trabajadores ha bajado del 18 por ciento de los trabajadores en 1985 al 10 por ciento actual. Paradójicamente, el 68 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión positiva de los sindicatos, el nivel más alto de confianza desde 1965, según una encuesta de Gallup. La simpatía por los gremios sube al 78 por ciento entre la gente más joven, con edades entre 18 y 29 años.

Y hasta esta semana ya más de 100 mil trabajadores en diferentes industrias han aprobado la autorización para que los sindicatos que los representan declaren la huelga si no hay progreso en las negociaciones de los respectivos convenios colectivos. La semana pasada 10 mil trabajadores de la firma John Deere entraron en huelga, y una medida similar en el área de producciones de Hollywood se evitó pocas horas antes del plazo, cuando se llegó a un acuerdo con unos 60 mil trabajadores. Unos 1.400 empleados de la firma Kellogg, que produce cereales para el desayuno y otros alimentos, se declararon en huelga el 5 de octubre en las plantas de Michigan, Nebraska, Pensilvania y Tennessee, en repudio a la oferta de contrato presentada por la patronal, que incluye recortes en el seguro médico, las jubilaciones y las vacaciones.

Más allá de los trabajadores en los sectores privado y público que tienen representación sindical, un aspecto notable del mercado laboral en 2021 es que hay millones de trabajadores, en áreas sin sindicatos, que se rehúsan a retornar a sus empleos. «Somos testigos de la “Gran Huelga de 2021”, y la componen mayormente millones de trabajadores no organizados y en áreas de empleo de bajos sueldos», afirmó esta semana el periódico financiero The Street. «Muchos de los nueve millones de trabajadores que no han retornado a trabajar están, de hecho, en huelga para obtener algo mejor.»

De acuerdo con la Facultad de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad Cornell, este año ha habido huelgas contra 178 empresas. Por su parte, la Oficina de Estadísticas Laborales, que solo lleva el registro de las huelgas mayores, ha documentado 12, en las que participaron más de mil empleados. «Las huelgas son una señal, sin duda, de que los empleadores ignoran a los trabajadores en perjuicio propio», dijo esta semana a The Washington Post Elizabeth Shuler, la primera mujer al frente de la central sindical AFL-CIO. «La pandemia dejó al desnudo nuestro sistema de desigualdades, y los trabajadores se rehúsan a volver a empleos míseros que ponen en riesgo su salud. Esta ola de huelgas inspirará a más y más trabajadores para que se planten firmes y digan “merecemos algo mejor”», agregó.

Por Jorge A. Bañalesdesde Washington 
21 octubre, 2021

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Corea del Sur: medio millón de trabajadores van al paro y miles se movilizan

Medio millón de trabajadores se unieron a la huelga y miles realizaron manifestaciones en Seúl y en otros lugares el jueves, muchos con disfraces que hacen referencia a la oscura serie que se inspiró en las terribles condiciones económicas que enfrentan muchos surcoreanos.

 

Al menos medio millón de trabajadores en Corea del Sur de los sectores de la construcción, el transporte, los servicios y otros abandonaron sus trabajos para unirse a la huelga general el 20 de octubre de 2021. La Confederación de Sindicatos de Corea (KCTU), la organización laboral más grande del país, con más de un millón de miembros, realizó un mitin a nivel nacional para lograr mejores condiciones y una mayor autodeterminación de los trabajadores. Cerca de 80.000 trabajadores participaron en manifestaciones en 13 ciudades de todo el país, con 27.000 trabajadores participando solo en Seúl.

Además hubo una particularidad de que en las movilizaciones se utilizaron los trajes y máscaras de la popular serie de Netflix "El Juego del Calamar". La serie trata sobre cientos de surcoreanos con problemas de dinero atraídos a competir en series de juegos sencillos por un enorme premio en efectivo, pero la penalización por perder cualquiera de las seis etapas es instantánea y muerte brutal. Se inspiró en las condiciones de los surcoreanos normales tras el colapso económico mundial de 2008.

Las demandas de huelga se pueden clasificar en tres categorías amplias : abolir el "trabajo irregular" (trabajo a tiempo parcial, temporal o por contrato con pocos o ningún beneficio) y extender las protecciones laborales a todos los trabajadores, dando a los trabajadores más poder de decisión en torno a la reestructuración económica. En tiempos de crisis, la nacionalización de industrias clave como la salud y los servicios básicos como la educación y la vivienda. Los trabajadores en huelga exigen que la vivienda pública aumente del 5% al ​​50% del parque de viviendas y que el gobierno contrate a un millón de nuevos trabajadores de cuidado para brindar cuidado de niños y ancianos gratis, expandir la atención médica pública, brindar preparación universitaria gratuita y terminar con el sistema de clasificación universitaria. También luchan por el fin de las lagunas en las leyes laborales que permiten a los empleadores privar a sus empleados de derechos básicos, como el derecho a organizarse, así como su acceso a beneficios y compensación por lesiones laborales.

Corea del Sur ocupa el tercer lugar en el mundo con las horas de trabajo anuales más altas, en 2015, ocupó el tercer lugar más alto en número de muertes en el lugar de trabajo, entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se estima que aproximadamente el 40 por ciento se consideran "trabajadores irregulares" y se encuentran principalmente en la economía del trabajo temporal. Estos trabajadores irregulares incluyen trabajadores temporales y subcontratados y no reciben todos los beneficios prometidos en la legislación laboral existente.

Los trabajadores movilizados son cada vez más y son quienes están sacando a la luz las terribles condiciones laborales que muchos han soportado. El personal de limpieza de LG Towers compartió que LG contrató matones para verter agua en las tiendas de los trabajadores mientras dormían mientras protestaban por los despidos y las condiciones de explotación en el lugar de trabajo en los fríos meses de invierno. Los mineros de carbón de Korea Coal, propiedad del gobierno, discutieron cuántos mineros están sufriendo problemas de salud por respirar polvo de carbón y exceso de trabajo. Los trabajadores irregulares en las minas hacen exactamente el mismo trabajo que los trabajadores a tiempo completo y sufren las mismas dolencias, pero no reciben ni la mitad del mismo salario que sus contrapartes.

Chaebol (es decir, los conglomerados corporativos controlados por familias unifamiliares, como Samsung, Hyundai y LG) han creado y fomentado problemas sociales y económicos. Los chaebols son responsables de la crisis financiera asiática de 1997 , así como de la concentración económica y la consolidación industrial que se aceleró después de la crisis, que culminó en despidos y una mayor precariedad de trabajadores en industrias clave como la automotriz. Sesenta y cuatro chaebols reclaman el 84 por ciento del PIB, pero proporcionan solo el 10 por ciento de los puestos de trabajo . A medida que los grandes conglomerados comerciales reducen la contratación, los trabajadores tienen que asumir cada vez más un segundo y tercer empleo para poder pagar sus facturas debido a la inherente inestabilidad del trabajo de baja jornada, contrato limitado o sin contrato.

La policía reprimió duramente las protestas, desplegando agentes e instalando paredes de autobuses para bloquear el movimiento desde la estación de Seodaemun hacia la oficina presidencial cerca de Sejong-no, además de chocar con los manifestantes en los puestos de control. El presidente de la KCTU, Yang Kyung-soo, y al menos otros 30 organizadores sindicales fueron arrestados y encarcelados, según el director de políticas de la KCTU. Los funcionarios citaron las medidas de prevención del coronavirus como la razón para evitar las protestas, y el ministro del Interior y Seguridad, Jeon Hae-cheol, llegó a decir que las protestas destruirían las expectativas de normalidad en este punto de inflexión crítico.

Pero no debería haber ninguna expectativa de normalidad. Si bien Corea del Sur fue anunciada en todo el mundo como un modelo a seguir en términos de medidas de prevención de enfermedades de salud pública, la crisis del coronavirus también puso al descubierto la verdadera precariedad de los trabajadores. Las industrias de las aerolíneas, la fabricación de automóviles y la construcción naval están despidiendo trabajadores en masa, mientras que los precios promedio de los apartamentos en todo el país han aumentado más del 70 por ciento en los últimos cinco años. Todos los pasos que el presidente Moon ha tomado desde 2017 para tratar de reducir los precios de la vivienda, como los pasos regulatorios, aumentar los impuestos a las ganancias de capital por la mudanza de viviendas y los impuestos a la propiedad para los propietarios de viviendas múltiples, finalmente no han tenido éxito. Solo desde julio de 2020 hasta julio de 2021, los precios de las viviendas aumentaron un 14,3 por ciento . La deuda de los hogares en Corea del Sur es casi el doble del ingreso familiar promedio, pero la respuesta del gobierno al aumento de la deuda y la inflación de los hogares es aumentar las tasas de interés para tratar de disminuir la inflación.

Entre otras demandas, la huelga también exige la nacionalización de industrias críticas y una mayor autodeterminación de los trabajadores en tiempos de crisis económica.

Se movilizó a muchos trabajadores de una variedad de industrias, como la educación, el servicio civil, la manufactura, la logística y los sectores de la construcción. Los gobiernos capitalistas burgueses siempre intentarán obstaculizar la autodeterminación y la nacionalización de los servicios bajo el control de los trabajadores. El gobierno coreano podría ceder ante la presión social y ofrecer algunas concesiones a los trabajadores, como aumentar los canales para que los trabajadores aporten información en la toma de decisiones económicas (sin implementar cambios críticos) o invertir algo de dinero en los servicios sociales. Sin embargo, los trabajadores merecen mucho más que las concesiones que se pueden otorgar o no.

Es inspirador que los trabajadores estén luchando contra la ofensiva neoliberal que diezmó por completo la red de seguridad social, y estén luchando por mejores condiciones laborales y mejores vidas. En los Estados Unidos, en el núcleo imperial, debemos apoyar la lucha de los trabajadores coreanos para terminar con el trabajo irregular y precario, por la mejora de las condiciones laborales, más poder de decisión y una mayor nacionalización, al mismo tiempo que luchamos por más para todos los trabajadores en todas partes.

Para que los trabajadores coreanos ganen sus demandas, deben continuar luchando, extendiendo la huelga de un día a una huelga general indefinida hasta que obtengan lo que legítimamente merecen. Solo ejerciendo todo el poder de la clase obrera a través de sus métodos, los trabajadores podrán ganar sus demandas.

Por KS Mehta

Jueves 21 de octubre

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Lunes, 11 Octubre 2021 05:35

Los esenciales

Trabajadores de Kellogg’s en Michigan protestaron la semana pasada contra la amenaza de la empresa de trasladar a México más áreas de producción. Este año han estallado unas 12 huelgas que involucran a 22 mil 300 empleados en Estados Unidos.Foto Afp

Un resurgimiento del movimiento de trabajadores está confrontando la injusticia económica que es el saldo de cuatro décadas de neoliberalismo en el país más rico del mundo, y cuyas consecuencias ahora están al centro de una crisis existencial de lo que llaman democracia en Estados Unidos.

En los últimos meses se ha registrado un número sorprendente de huelgas y acciones laborales, y amenazas de mucho más, en varias partes del sector privado, incluidas empresas emblemáticas como Kellogg’s (en parte en respuesta a amenazas de la empresa de trasladar más producción a México si los trabajadores no aceptan demandas patronales), RJR Nabisco y Frito-Lay (éstas dos ya fueron ganadas por el sindicato), más de mil mineros de carbón en Alabama mantienen una huelga de más de seis meses, en universidades, cadenas de comida rápida y más.

Además, decenas de miles de agremiados han autorizado que sus sindicatos declaren huelgas, entre ellos los 65 mil trabajadores de producción de la industria de cine y televisión, otro gremio de 37 mil trabajadores de una empresa de salud y hospitales, y unos 10 mil trabajadores de John Deere.

En lo que va del año se han registrado oficialmente más de 12 "huelgas mayores" (aquellas de más de mil trabajadores) que involucran a un total de 22 mil 300 empleados; en 2020 hubo 90. Se han registrado más de 100 huelgas "menores" en el año en curso, comparado con menos de 50 todo el año pasado.

Todo indica que la huelga, el arma más poderosa de los trabajadores, está resucitando y que 2021, según el veterano periodista y analista laboral Harold Meyerson, empieza a parecerse a 1919 y 1946, cuando Estados Unidos tuvo su mayor número de huelgas.

Todo esto ocurre en una coyuntura en la que la aprobación de los sindicatos en la opinión pública registra su nivel más alto en más de medio siglo, 68 por ciento (90 por ciento entre demócratas), según Gallup.

A la vez hay otros tipos de "acciones" laborales no organizadas que algunos analistas están calificando como un tipo de rebelión laboral, con la decisión de millones de trabajadores –sobre todo en trabajos de salarios mínimos o bajos– de no retornar a esos empleos al reabrirse la economía rechazando las condiciones en esos empleos en lo que es en cierto sentido una huelga masiva.

Más aún, además de sindicatos hay un universo creciente de organizaciones laborales –cooperativas, centros obreros, organizaciones de jornaleros y trabajadoras domésticas, taxistas y más– que forman parte dinámica de lo que se puede llamar el movimiento laboral. A esto se suman nuevos aliados que surgen de la lucha contra la desigualdad e injusticia económica, entre ellos la Campaña de los Pobres, la diáspora de Ocupa Wall Street y un renovado movimiento social demócrata/socialista como Democrátic Socialists of America junto con legisladores federales progresista como Bernie Sanders, Alexandra Ocasio-Cortez y Jesús Chuy García vinculados a la lucha de los trabajadores.

Todo mientras se revelan más detalles sobre la delincuencia legal de los más ricos y sus paraísos fiscales, como datos que registran que la fortuna de los 400 más ricos en este país se elevó 40 por ciento, justo mientras la pandemia devastó la vida de millones. Esto en un país donde, como señala Sanders, el 1 por ciento más rico tiene aún más riqueza que 92 por ciento del resto de la población, y donde 45por ciento de todo el nuevo ingreso ha sido concentrado por el 1 por ciento desde 2009.

Fueron los trabajadores oficialmente calificados de "esenciales" que rescataron a este y otros países de la pandemia y sus efectos (ningún empresario ni ejecutivo o banquero de Wall Street tuvo esa clasificación). Ahora son esenciales para el rescate –como siempre lo han sido a lo largo de la historia del país– de Estados Unidos ante la crisis económica y política que amenaza el futuro de la democracia.

Teatro Campesino. El Picket Sign. https://www.youtube.com/watch?v=VsnxVnMUwfs&list=OLAK5uy_l4 UhvgTgRHjHyJ5h2T0OY-aw3rMwE7VZE&index=5

Pete Seeger. Talking Union. https://www.youtube.com/watch?v=9SIhG7Wv5YI

Dolly Parton. 9 to 5. https://www.youtube.com/watch?v=UbxUSsFXYo4

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Francia: una huelga inaugura la confrontación social en pleno rebrote

El impacto económico y sanitario del coronavirus

Empleo, salarios, jubilaciones y servicios públicos fueron las consignas de una jornada en la cual, apenas salieron de la Place de la Republique, los manifestantes gritaban “No queremos un mundo peor que el de antes”.

 

El nuevísimo gobierno del primer ministro Jean Castex estrenó este jueves 17 de septiembre su primer movimiento social con una serie de huelgas y manifestaciones que se prenden en el horizonte incierto de la crisis sanitaria en plena resurrección. Huelgas y manifestaciones convocadas por la CGT y organizaciones juveniles inauguran la confrontación social con un Ejecutivo trastornado por la amenaza de una “segunda ola” de contaminaciones cuya gestión responde al imperativo fijado por el presidente Emmanuel Macron: “vivir con el virus” sin adoptar medidas drásticas como, por ejemplo, un segundo confinamiento generalizado. Empleo, salarios, jubilaciones y servicios públicos fueron las consignas de una jornada en la cual, apenas salieron de la Place de la Republique, los manifestantes gritaban “No queremos un mundo peor que el de antes”.

No se percibe, por el momento, un clima de revuelta, aunque si de exasperación en el cual la sociedad busca sus marcas. Hay dos lecturas de la situación y los sindicatos apostaron por la segunda: la primera apunta a que las restricciones en vigor y lo ignoto y plural de la crisis disuadan todo intento de manifestación masiva: la segunda radica en que, pese a ello, la gente asiste al cierre de empresas que se acumulan, al desempleo y la nebulosa cada vez más extendida que ha dejado el virus. 

Aunque huelgas y Covid se han combinado en un espacio con mucha confusión, la movilización social ha sido más bien tímida y muchos analistas se preguntaban qué le pasó por la cabeza a la CGT para activar una protesta social en un momento de arenas movedizas. La confusión es un elemento muy arraigado, tanto más cuanto que las informaciones pueden ser percibidas como contradictorias. Cada semana hay más y más contagios, pero estos no tienen por ahora el impacto de antes. Hoy hay 796 personas en reanimación en los hospitales contra 7.000 en el peor momento de la pandemia (abril de 2020). Con todo, se contabilizan entre 7.000 y casi 10.000 nuevos casos por día. 2.100 clases fueron clausuradas y 81 estabelecimientos escolares cerrados, lo que representa un 0,13% de los 6.0000 existentes. A su vez, la Organización Mundial de la Salud no cesa de advertir sobre “la alarma” implícita en la progresión constante de infecciones en Europa. La zona Europa de la OMS comprende 53 países con Rusia incluida y en esa área se registraron 5 millones de casos oficiales y 227.000 mil muertos provocados directamente por la covid-19.

Antes que imponer una salva de restricciones el Ejecutivo decidió apoyarse en el argumento de la responsabilidad colectiva para contener el empuje de la pandemia. También optó por mejorar los dispositivos vigentes, particularmente el triángulo de las pruebas, la trazabilidad de los contagiados y su aislamiento. La otra opción hubiese sido activar protocolos y prohibiciones cuyo impacto político y económico no habría tardado en ser negativo. La sociedad ha tomado conciencia de que el virus permanecerá activo mucho tiempo más y el gobierno también advirtió que el plan de reactivación económica que presentó al final del verano europeo tenía un aliento muy corto. El consejo científico que asesora al gobierno ya consideró que la estrategia de contención elegida había sido “un fracaso”. Como en muchos otros lugares el mundo, en Francia también se filtra una lectura científica y otra política de la situación. En el medio se meten un ejército de charlatanes, pseudo científicos y comentaristas cuyas opiniones no hacen más que incrementar la sensación de un barco a la deriva. 

El delirio es la palabra clave. Cualquier apresurado sale con sus previsiones al mejor estilo Nostradamus, cuando no son los mismos médicos quienes siembran desconfianza y temor. Un clérigo de expertos patentados dice un día una cosa y al otro día un clérigo del otro bando afirma lo contrario. El pasado 11 de septiembre unos 30 investigadores, médicos y universitarios se pronunciaron en el diario Le Parisien para criticar el discurso del gobierno “tendiente a inducir”, y hasta pusieron en tela de juicio la legitimidad del consejo científico. El epidemiólogo Laurent Toubiana afirmó que “en este momento la amenaza no existe, sino que la fabrican”. Dos días después, en otro diario, Le Journal de Dimanche (ambos populares), un grupo de médicos hizo un llamado contrario: "hay que permanecer atentos frente la segunda ola que se anuncia y limitar los desplazamientos”. Delirios, manipulaciones, batalla de egos y de circuitos científicos, la cacofonía es otro de los espectáculos de una actualidad indigerible. En este contexto, el ministro francés de Salud, Olivier Veran, adelantó nuevas medidas y protocolos sanitarios destinados a las escuelas, así como esfuerzos suplementarios que se concentrarán en las ciudades de Paris, Lille, Toulouse, Rennes, Dijon y dos regiones del sur. Es allí donde la covid-19 circula con más frecuencia.

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Gobierno de facto boliviano denuncia al ex presidente Evo Morales ante la OEA

Genera una crisis sanitaria al instigar protestas, acusan

 

El gobierno de facto de Bolivia, encabezado por Jeanine Áñez, denunció ayer al ex gobernante Evo Morales ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por instigar protestas que están generando una crisis sanitaria en Bolivia.

La denuncia constituye un nuevo intento de aumentar la presión sobre los simpatizantes de Morales a que dejen las manifestaciones para que se pueda transportar tubos de oxígeno. En el quinto día de bloqueos de rutas perdieron la vida 31 personas enfermas por el nuevo coronavirus, sin mencionar el gran riesgo de contagio que representan las movilizaciones.

Las protestas, que cumplen cinco días, rechazan el aplazamiento de la fecha de las elecciones presidenciales del 6 de septiembre al 18 de octubre.

“Esta situación se agrava por las acciones de sectores políticos que –dirigidos e incitados por el ex presidente Morales– atentan contra los derechos humanos de las personas que sufren Covid-19 y de la población en general”, dijo la canciller boliviana Karen Longaric, quien participó de manera virtual en la sesión extraordinaria de la OEA, solicitada por Bolivia.

"Estos sectores inescrupulosos no ocultan su naturaleza antidemocrática. Buscan el caos, la confrontación y la muerte para encubrir 14 años de despilfarro, corrupción y abusos, e imponer su agenda autoritaria", agregó.

También solicitó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que muestre "imparcialidad" en el capítulo boliviano y exigió a esta instancia dejar de ser "portavoz" del ex mandatario.

Poco después intervino el director de Epidemiología de Bolivia, Virgilio Prieto, quien explicó que en La Paz murieron 23 personas, tres en Cochabamba y cinco en Oruro por la falta de oxígeno medicinal, esencial por los pacientes que están en terapia intensiva e intermedia.

"La bajeza de pretender obtener réditos políticos del sufrimiento del pueblo ante esta situación de salud es inadmisible. Reiteramos que es inmoral e indigno jugar a la política con la vida de la gente", dijo el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, tras escuchar a la canciller.

El presidente de Tribunal Supremo Electoral, Salvador Romero, explicó que la decisión de postrergar los comicios se debe al incremento acelerado de contagios y fallecidos a causa de la pandemia de Covid-19.

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El intento de exterminar a Sintraisa hace parte de la estrategia para la venta de ISA, y para el despido de trabajadores de ISA y su filial Intercolombia

Si bien el gobierno de Uribe en 2004 no pudo vender a ISA, hoy es propósito que la venda su títere “el presidente Duque”.

Los gobiernos de turno en Colombia no pueden incumplir los acuerdos que firmaron sus predecesores y menos los compromisos con la banca mundial, so pena de recibir el castigo que hoy sufren los pueblos de Siria, Libia, Venezuela, y para ello tienen a sus vasallos.

En las dos últimas décadas, los gobiernos de turno en Colombia, han tenido en común  la venta del patrimonio público y el propósito de transferir a las corporaciones privadas todas las empresas del estado, primordialmente las más rentables -aquellas que prestan servicios públicos- en las cuales, pueden imponer tarifas a su antojo con la garantía de una rentabilidad siempre creciente, que se convierte en otra causa de empobrecimiento de los pueblos, sin que los gobiernos, ni las nuevas generaciones puedan hacer nada en beneficio del usuario y menos en contra de la multinacionales que operan y despojan a su antojo.

Un caso en Colombia nos sirve de muestra, el que se vive en los departamentos de la Costa Atlántica con la empresa Electricaribe, que hoy distribuye la energía a más del 20% de la población colombiana y que fue intervenida tardíamente por la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios -Sspd-; territorio en el cual la multinacional prestó un mal servicio, obtuvo grandes ganancias, no obtuvo ninguna sanción, mientras ponen al pueblo a salvar la empresa con el incremento en la tarifa a través del plan de desarrollo del Sr. Duque; y la multinacional demanda al estado por un gran monto de dinero que seguramente pagarán las futuras generaciones por el despropósito de nuestros gobernantes de privatizarla en 1998, bajo los supuestos de que se mejoraría el servicio, se incrementaría el empleo y de la promesa de reducción de la tarifa a la población; supuestos que nunca se cumplieron, por el contrario, se incrementó la tarifa del servicio, quebraron una empresa rentable, saquearon los activos, corrompieron a algunos sindicatos, promovieron la corrupción y se robaron la plata de los pensionados, la que hoy tiene que pagar el pueblo colombiano a través de impuestos; igualmente pasó en el sector salud con Saludcoop y hoy con Medimas.

Por eso la propuesta de venta del patrimonio público a todas luces es contrario a los intereses del pueblo colombiano, no tiene ninguna razón que la justifique, como no la tuvo la venta de Telecóm, de Isagen, ni de UNE, la de los bancos del estado, y tampoco la tienen para justificar la venta de ISA.

Con la firma del acuerdo de Paz, con el aumento de la corrupción a todo nivel, con el asesinato de líderes sociales que ya suman más de 600, con la aniquilación de sindicalistas y el exterminio de sindicatos, se crea el escenario propicio para salir a “vender” el patrimonio público de los colombianos y en su proceso promover más la corrupción a los más altos niveles en beneficio de empresarios y de algunos funcionarios en el alto gobierno.

El escenario para la venta de ISA, desde el año 2005, se ha orientado internamente por su junta directiva, a través de los planes estratégicos y sus administraciones, así han definido e implementado una política de exterminio del sindicato y de flexibilización laboral, que obedece al objetivo del gobierno nacional de entregar a ISA en “bandeja de plata” a las multinacionales, haciéndola altamente rentable en el mercado eléctrico de Latinoamérica con mínima resistencia de la sociedad.  Así lo hemos advertido, ante los permanentes y sistemáticos ataques que las administraciones de ISA han cometido contra Sintraisa y contra los trabajadores, desconociendo derechos, tercerizando áreas, secciones y funciones, para hacer de ISA una empresa atractiva sin mayores responsabilidades laborales y de gran flexibilidad.

En razón de dicha estrategia se crea a Intercolombia -empresa de papel- que seguramente, entrará en liquidación tras la venta de ISA; quedando ISA con todos los activos, utilidades y rentabilidad, pero sin la responsabilidad ni el pasivo de la mano de obra. La suerte de los trabajadores de Intercolombia, poco importará para el nuevo propietario.

Debe entenderse que quien compre a ISA, debe tener experiencia, y por tanto sus propios trabajadores y debe ser altamente eficiente en mano de obra, lo que nos deja ante el escenario de que un buen número de trabajadores de Intercolombia y de ISA engrosarían la lista de desempleados en Colombia, muchos de los cuales hasta tendrán que demandar para que les paguen sus prestaciones.

La administración actual de ISA en cabeza de su presidente Bernardo Vargas Gibsone y su Vicepresidente de Talento Organizacional Carlos Humberto Delgado Galeano, han tratado de desconocer a Sintraisa, porque saben que es parte de los obstáculos para la privatización de ISA. Por lo que han adelantado a nombre propio y de terceros una serie de acciones legales, ilegitimas y hasta ilegales, para desconocer a Sintraisa, a sus representantes y a los trabajadores sindicalizados, tales como: demandas contra la estructura sindical, violación al fuero sindical, falsedad ante autoridades administrativas, violación al derecho de asociación y negociación colectiva al negarse a negociar los pliegos de peticiones, entre otras acciones; el propósito es desconocer los sindicatos y los derechos de los trabajadores que laboran para ISA desde su filial Intercolombia y exterminar a Sintraisa, la cual, desde la legalidad y sus actos se niega a desaparecer, aprestándose  a jugar el papel histórico que le corresponde, aun ante la adversidad de la realidad ya descrita, y ante la indiferencia de los que en poco tiempo ya no serán trabajadores de esa empresa que construyeron.

Es nuestro papel resistir y advertir que la realidad la creamos los trabajadores; que de nuestras acciones colectivas de hoy depende el futuro de las nuevas generaciones de trabajadores en Colombia y en el mundo; que no podemos sucumbir ante el interés de un grupo corrupto de políticos y empresarios que se enriquecen a costa de vender las fuentes de bienestar de las futuras generaciones.

Hacemos un llamado a rechazar la privatización de ISA, y hacer un frente común para que el patrimonio público se conserve como garantía de sostenibilidad y bienestar para el pueblo colombiano y para futuras generaciones de trabajadores en Colombia. 

Medellín, 15 de julio de 2019

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL SINTRAISA

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La mayor huelga general contra Mauricio Macri paraliza Argentina

El quinto paro desde 2015 fortalece el cerco opositor contra el presidente en el inicio de la campaña electoral

Argentina estuvo hoy paralizada. No circularon buses, trenes, aviones ni barcos. En Buenos Aires, donde viven 15 millones de personas, tampoco funcionó el metro. Las escuelas, comercios y bancos no abrieron y los hospitales atendieron sólo las urgencias. La quinta huelga general contra Mauricio Macri encontró a todo el sindicalismo y los movimientos sociales unidos contra la política económica oficial. El presidente no sólo padece la presión de la calle. La caída de su popularidad activó reclamos intestinos en Cambiemos, la alianza de Gobierno, de grupos que no creen que Macri sea la mejor opción para disputar las elecciones generales de octubre.


"Estamos hartos de los paros", dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ocupada en que los grupos de izquierda que se sumaron a la convocatoria sindical no cortasen los accesos a la capital. "Esto ya es como una especie de rutina. Le impiden a la gente que viaje. Es una situación en contra de la libertad y el trabajo", agregó. Bullrich fue la única voz oficial contra la protesta. Macri participó en un acto por el día el Ejército sin siquiera mencionarla. Y desde el ministerio de Hacienda sólo dijeron que la huelga costó a Argentina unos 900 millones de dólares. Las grandes ciudades, mientras tanto, estuvieron desiertas.


La singularidad de la huelga fue la unidad sindical, algo poco común en Argentina. "Es el paro más fuerte y de mayor contundencia en la era de Macri, gracias a que lo convocamos todas las centrales de trabajadores y lo apoyaron todas las organizaciones empresariales, pymes, más todos los movimientos sociales del país", dijo Hugo Yaski, secretario general de la CTA, una central de perfil combativo que no pertenece a la CGT, la gran confederación de gremios peronistas.


El regreso de Hugo Moyano, líder del poderoso sindicato de los camioneros, fortaleció aún más el golpe. Moyano es un dirigente a tener en cuenta. Apoyó al kirchnerismo, luego hizo campaña por Macri y ahora volvió al kirchnerismo. Su poder de movilización es enorme: no hubo reparto de alimentos, faltó combustible y dinero en los cajeros automáticos y no hubo recolección de basura.


Con la huelga, el sindicalismo argentino ingresó por la puerta grande en la campaña electoral. Macri había logrado mantener a raya a la CGT con acuerdos salariales acordes con la inflación, pero el deterioro de la situación económica en 2018 le quitó poder en las negociaciones. La presión de los gremios más duros, sobre todo los alineados con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, terminó por inclinar la balanza a favor de la protesta. El sindical no es, sin embargo, el único frente con que debe lidiar Macri.


Cambiemos, la alianza oficialista, cruje. La Unión Cívica Radical (UCR), el partido de los expresidentes Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001), exigió a Macri que someta su candidatura a las elecciones primarias que se celebrarán en agosto. Sus líderes consideraron que la caída de popularidad del presidente es un lastre que pone en riesgo su reelección. En un documento firmado durante una convención del partido, celebrada el lunes, advirtieron también que intentarán abrir Cambiemos a otras fuerzas políticas. La presa a capturar es el peronismo federal, "no kirchnerista". Sus líderes, entre los que se cuentan gobernadores con peso en el interior del país, están hoy enfrascados en una discusión sobre el mejor nombre para enfrentar a Alberto Fernández, el hombre al que Cristina Fernández Kirchner acompañará como candidata a vicepresidenta.


Los sondeos dan a la fórmula Fernández -Fernández un cómodo triunfo en la primera vuelta, prevista para el 27 de octubre, pero insuficiente para ganar sin necesidad de un balotaje en noviembre. En la segunda vuelta, las cuentas son más ajustadas, con una leve ventaja para Macri. El apoyo del peronismo no kirchnerista será la clave de un triunfo oficialista en segunda vuelta. No es descabellado pensar que Macri logre ese apoyo. El líder del peronismo federal, el recién reelecto gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, se considera amigo personal del presidente, mientras que su par salteño Juan Urtubey mantuvo inmejorables relaciones con la Casa Rosada. La pieza suelta se llama Sergio Massa, un exjefe de Gabinete de Cristina Kirchner que no decidió aún si juega a la interna del peronismo federal o negocia algún tipo de alianza con su exjefa política.
A la expectativa


Mauricio Macri, entre tanto, espera. Mientras sus portavoces advierten que la candidatura a la reelección no está en discusión, el presidente confía en un repunte económico que le regale un poco de oxígeno. Las cifras le han dado, al menos, un respiro. El peso lleva un mes estable en su relación con el dólar, después de perder casi la mitad de su valor durante 2018.


Cuando el peso no se derrumba, la inflación, el gran mal de los argentinos, al menos se ralentiza. El IPC subió un 4,7% en marzo y un 3,4% en abril, una curva descendente que, de persistir, permitirá a Argentina cerrar 2019 con una inflación que rondará el 40%. Será clave que los números acompañen a Macri: la popularidad del presidente cae cuando sube la inflación, y viceversa. Con poco que ofrecer en materia económica, la otra pata de la campaña oficialista ha sido hasta ahora más tradicional, con cortes de cinta en grandes obras de infraestructura y ataques directos al kirchnerismo, el gran enemigo a vencer en octubre.

Buenos Aires 30 MAY 2019 - 04:18 COT

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