El padre Lerroux le entrega a Gustavo Petro el Informe Final de la Comisión de la Verdad. — Javier Sulé / Público

El trabajo recoge el testimonio de miles de víctimas de los 60 años de guerra, expone cómo parte de la sociedad le dio la espalda a quienes más sufrieron y propone una serie de recomendaciones que Gustavo Petro, asegura, asumirá.

 

Colombia ha vuelto a vivir un día histórico a partir del cual deberá saber dimensionar su propia tragedia, la ocasionada por un conflicto armado de más de 60 años que todavía persiste y que causó más de 10 millones de víctimas, el 80% civiles. La Comisión de la Verdad ha entregado este martes su Informe Final en el que cuenta qué fue lo que pasó en la guerra, por qué pasó, quiénes lo hicieron y cómo gran parte de la sociedad colombiana que no sufrió el conflicto directamente miró para otro lado sin dar ninguna respuesta a los horrores cometidos por paramilitares, guerrillas y agentes del Estado. El Informe resalta la capacidad de las víctimas para resistir en medio de la guerra y hace un llamado a la reconciliación y la convivencia.

El Informe, que tiene 5.000 páginas repartidas en diez tomos, es el resultado de cuatro años de investigación sobre más de medio siglo de conflicto armado y aporta luz para comprender, analizar y conocer las razones y las múltiples verdades de la guerra.

Un amplio equipo de investigadores, con 11 comisionados, ha recorrido todo el país y han escuchado cerca de 29.000 testimonios de víctimas de toda condición; indígenas, afros, mujeres, niños y niñas, campesinos, también de miembros de grupos armados ilegales, de la Fuerza Pública, de políticos, empresarios y otros actores que tuvieron que ver con el conflicto armado colombiano. A diferencia de otras comisiones de la verdad en el mundo, han recogido la voz de cientos de exiliados y exiliadas colombianos en 23 países que tuvieron que dejar el país por la violencia. En definitiva, miles de historias sobre la inhumanidad de la guerra.

La Comisión ha recibido también más de 1.100 informes de distintas organizaciones e instituciones que han contrastado y sistematizado. Ha investigado 730 casos en profundidad, como la difícil situación de los pueblos indígenas y comunidades negras, y ha impulsado múltiples espacios de encuentro, diálogo, de reconocimientos de responsabilidad y de dignificación a víctimas.

Al acto de presentación del Informe celebrado en el teatro Jorege Eliecer Gaitán de Bogotá asistieron unas 3.000 personas y ha contado con la presencia del presidente electo Gustavo Petro y de la vicepresidenta Francia Márquez. El presidente actual Iván Duque no fue pese a estar invitado. Se ha excusado por estar en Portugal y recibirá a la Comisión en julio, pero su ausencia denotó una cierta molestia entre los comisionados.

En su discurso, el presidente de la Comisión, el cura jesuita y filósofo Francisco de Roux ha puesto el acento en el hecho que Colombia sea un país geográfica y culturalmente muy rico y diverso, donde ha destacado el coraje de las mujeres, la audacia de los jóvenes y la fuerza secular de los campesinos, los indígenas y los afrodescendientes. Al mismo tiempo, ha señalado que "es una sociedad excluyente, con problemas estructurales nunca enfrentados como la desigualdad, el racismo, el patriarcado, la corrupción, el narcotráfico, la impunidad, el negacionismo y la seguridad que no da seguridad. Eso es precisamente lo que hay que cambiar por caminos pacíficos y democráticos".

De Roux aseguró que la escucha de las víctimas les ha impactado brutalmente y ha lanzado una profunda crítica al país, que ahora con el conocimiento del Informe estará frente a su propio espejo. El presidente de la Comisión se ha preguntado por qué el país no se detuvo para exigir a las guerrillas y al Estado parar la guerra política desde el principio, para negociar una paz integral.

"¿Cuál fue el papel del Estado y las instituciones que no impidieron y más bien promovieron el conflicto armado? ¿Hasta dónde los que tomaron las armas contra el Estado calcularon las consecuencias brutales y macabras de su decisión? ¿Nunca entendieron que el orden armado que imponían sobre los pueblos y comunidades que decían proteger los destruía y luego los abandonaba en manos de verdugos paramilitares? ¿Qué hicieron los religiosos, los educadores, los jueces y fiscales que dejaron acumular la impunidad? ¿Qué papel jugaron los formadores de opinión y los medios de comunicación? ¿Cómo nos atrevimos a dejar que pasara y a dejar que continúe?", ha lamentado.

De Roux ha convocado a "la construcción de la paz grande" y ha entregado el Informe Final al presidente electo Gustavo Petro que se ha comprometido a tener en cuenta sus recomendaciones durante su gobierno. En su primer discurso público tras ser elegido presidente, Petro ha sido muy enfático en ese compromiso. "Existe la posibilidad de pasar a una era de paz. Cuántos procesos de paz hemos firmado y cuántas veces hemos vuelto a la violencia. Debemos cortar los ciclos de la venganza", insistió al tiempo que afirmó que la verdad tiene un sentido que es el diálogo, el acuerdo, la convivencia y la reconciliación. "Debemos convertir los espacios de la verdad en espacios de reconciliación", continuó.

Para el español Carlos Beristain, uno de los comisionados autores de la investigación en el capítulo del exilio, el Informe debería servir para tomar conciencia de lo que ha sucedido y no debe volver a suceder. "La sociedad y el mundo deben ser conscientes de cuáles fueron los mecanismos que hicieron posible el horror a gran escala que ha vivido Colombia y también recordar los bloqueos de todos los tratados de paz que se han intentado dar en estos últimos 40 años. El Informe muestra un camino de salida, las acciones y las líneas de trabajo para el futuro", afirma para Público.

Gustavo Petro afirma que la verdad tiene un sentido que es el diálogo, el acuerdo, la convivencia y la reconciliación

Por su parte Leyner Palacios, otro de los comisionados que ha realizado la investigación, opina que el Informe ha de conseguir que se pueda reconocer ese pasado doloroso y lograr un compromiso con la reconciliación. "Este es un Informe que nos enrostra una realidad dura, es una crítica sobre ese pasado, pero también es una interpelación a que identifiquemos qué debemos transformar y en ese sentido hay una serie de recomendaciones sobre qué debemos cambiar", señala a Público.

Palacios también fue víctima del conflicto armado como superviviente de la masacre de Bojayá, una localidad de la región del Chocó, donde en un enfrentamiento entre paramilitares y la guerrilla de las FARC murieron 79 personas, la mayoría mujeres y niños y niñas que se refugiaban en la iglesia de los combates y en ese fuego cruzado una bomba lanzada por la guerrilla cayó fatídicamente en el altar del templo.

Recomendaciones

La Comisión de la Verdad le dejará a Colombia no solo un relato sobre la memoria de lo que sucedió sino múltiples recomendaciones para avanzar hacia la convivencia, la reconciliación y la no repetición. Algunas de ellas son que se reconozca a las víctimas del conflicto armado en su dolor, dignidad y resistencias, así como a comprometerse con su reparación y que se implemente de manera integral el acuerdo de paz firmado hace cinco años entre el Gobierno que presidía Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC.

También pide tomar la iniciativa para alcanzar la paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y con otros grupos armados, frenar la impunidad, dar prioridad a garantizar las condiciones de bienestar y vida digna de las personas y las comunidades sin exclusiones, dar a los campesinos el lugar que merecen, superar el racismo estructural, el colonialismo y la exclusión o reconocer la incursión del narcotráfico en la cultura, el Estado, la política y la economía y, al mismo tiempo, poner en marcha una nueva estrategia de regulación contra las drogas donde Colombia, por la historia sufrida.

Las dimensiones de la violencia vivida muestran que el conflicto armado colombiano es uno de los más sangrientos de la historia contemporánea de América Latina. El Informe Final de la Comisión de la Verdad indica que 50.770 personas fueron secuestradas, 121.768 desaparecidas, 450.664 asesinadas y 7,7 millones desplazadas forzadamente, entre otras modalidades de violencia, como las miles de víctimas de violencia sexual.

Muchos son rostros y sucesos criminales que cuesta imaginar siquiera como el de los llamados falsos positivos, donde 6.402 civiles inocentes fueron asesinados por el Ejército que los hacía pasar por guerrilleros para mostrar resultados, o como más de 30.000 niños y niñas fueron vinculados a la lucha armada cuando tenían 15 años o menos. Entre los capítulos que se pueden encontrar en el Informe hay uno precisamente dedicado a los impactos que la guerra tuvo en niñas y niñas, otro dedicado a los impactos del conflicto en las mujeres y la población LGTB y otros sobre la desaparición forzada, el secuestro, el desplazamiento, el exilio y otras modalidades de violencia que se vivieron.

En el teatro Eliecer Gaitan había precisamente algunas de esas víctimas del conflicto como la reconocida periodista Jineth Bedoya, violada por paramilitares mientras realizaba una investigación periodística. "Nuestro gran sueño es que el Informe sirva para que mucha gente entienda que es lo que hemos vivido, cómo lo tuvimos que afrontar y que esa otra Colombia, que no fue tan golpeada, entienda que el conflicto existió, generó mucho daño y nos dejó grandes heridas", dice a Público.

29/06/2022 09:21

Publicado enColombia
Un cartel de Bitcoin anuncia la aceptación de la criptodivisa en San Salvador, el 22 de junio de 2022. (Kellys Portillo / APHOTOGRAFIA vía Getty Images)

Una entrevista con Mario Gómez

El reciente colapso del mercado del bictoin afectó de manera muy intensa a El Salvador, donde el «cripto» es moneda oficial. Conversamos con un destacado crítico del criptocapitalismo sobre las derivas autoritarias que el reciente crack económico puede generar.

 

El 1 de septiembre de 2021, en vísperas de la implementación de una ley que impondría al bitcoin como moneda de curso legal en El Salvador, la policía detuvo a Mario Gómez, tecnólogo de 36 años y desarrollador de software y sistemas embebidos y uno de los principales críticos de la legislación. Hoy, mientras el bitcoin ha perdido más del 50% de su valor, El Salvador vive bajo un Estado de excepción prolongado, y Gómez está tramitando su solicitud de asilo en Estados Unidos.

Desde el exilio, Gómez sigue siendo una de las voces más informadas y críticas contra el autoritarismo del presidente Nayib Bukele y sus políticas económicas experimentales. En esta entrevista con Hilary Goodfriend, colaboradora editorial de Jacobin, habla de su experiencia de persecución política, las contradicciones de la «bitcoinización» de la economía en El Salvador, y las implicaciones del reciente colapso del mercado de cripto.

HG 

Para iniciar, cuéntanos un poco sobre tu detención y cómo fue que terminaste en Estados Unidos.

MG

Desde que se anunció la ley el cinco de junio de 2021 hasta el 31 de agosto del año pasado, me dediqué a apuntar todas las contradicciones respecto a la Ley Bitcoin. Al parecer, esto no fue del agrado del gobierno y utilizaron este arresto arbitrario como una forma de intimidación.

No había una orden. Llegaron a mi casa temprano en la mañana. Yo estaba llevando mi mamá a su trabajo y se presentaron estos agentes armados con los rifles de asalto con que suelen andar y sus uniformes camuflajeados. Bajo la excusa de que había un problema con mi vehículo, me detienen y me llevan a la delegación. Afortunadamente, logré comunicarme con varios grupos y asociaciones con que yo había tenido contacto por mi trabajo en el área de tecnología y ellos lograron alzar la voz.

Me tuvieron toda la mañana sin explicarme los motivos de mi detención, sin explicarme de qué estaba acusado. No me dejan hablar con mis abogados. Al final, me quitan los teléfonos sin una orden, me dicen que los necesitan porque están investigando algo. Ahí es donde digo «pues si están investigando algo, esto implica que hay un caso o algo en mi contra». Pero no me responden: solo me dicen que me van a quitar los teléfonos y que me van a dejar ir.

La gente quizás diga «bueno, te dejaron ir», pero no termina ahí. Me llevaron a escondidas, porque se enteró toda la prensa y se congregó afuera de la delegación adonde estaba (primero en una delegación de policía, después en la Dirección Central de Investigaciones, que es donde están todas las unidades especializadas de investigación de la Policía). «Lo vamos a llevar en un carro particular para que no lo vea la prensa», dijeron. Eso no es normal. 

Yo creo que mucha gente no entiende la gravedad de ese detalle, porque normalmente cuando te captura la policía y simplemente están haciendo alguna investigación, terminan su procedimiento y te dejan ir a ojos de todos. A nadie lo llevan de taxi. Y, peor, cuando en lugar de llevarte en la patrulla, te dicen que te van a llevar en un carro particular con el objetivo específico de que la prensa no te vea. ¿Qué es lo que te imaginas ahí? Te imaginas que te pueden hacer cualquier cosa: que te van a desaparecer, que te van a meter a una cárcel clandestina, que incluso te podrían matar. No es una situación normal y creo que es lo más relevante y lo más grave que ocurre en ese caso. 

Al final, creo que por la misma presión de la gente —algo que no se había visto en mucho tiempo—me dejaron ir, me dejaron en la casa. Tomaron fotos a todos los vehículos, a los vecinos que llegaron y se fueron. Después de eso, hablé con los abogados. Evaluamos la situación, vimos lo que estaba pasando en el país y caímos en cuenta de que, si eso llegara a pasar otra vez, no me iban a dejar ir.

Lo estamos viendo con el régimen de excepción: están capturando gente sin el debido proceso. Cuando me capturaron a mí, no tenían todavía todos los jueces, no habían reemplazado los fiscales, todavía había algo de institucionalidad. Pero eso ya no existe. Por tal tazón fue que llegamos a la conclusión que si yo quisiera seguir hablando respecto a lo que estaba pasando en el país —no solo respecto al bitcoin, sino también de toda la degradación en el tema de derechos humanos— lo más seguro era hacerlo desde el exterior.

Me vine a Estados Unidos por dos razones. Primero, porque mi idea era seguir hablando de lo que pasaba con el bitcoin, y obviamente uno de los países que más está impulsando el tema es Estados Unidos. Aquí tienen sede muchas de las empresas de los influencers. La segunda razón es que aquí es donde reside la mayor cantidad de salvadoreños en el exterior.

Ahorita estamos en el proceso de la solicitud de asilo. Yo tenía el privilegio de tener familia y gente que pudiera echarme la mano; también los medios legales para migrar al país, una cosa que no tiene la mayoría de gente que es atacada por el gobierno o por las estructuras delincuenciales, que lastimosamente es la historia de la mayoría de gente que emigra a estos países.

HG

En ese momento, antes de que se implementara la ley, ¿cuáles eran las contradicciones principales que estabas viendo?

MG

Yo siempre hablo de tres contradicciones respecto a bitcoin en El Salvador. Primero, la contradicción de la que objeto en tanto moneda. Siempre aclaro: yo no soy un promotor de las criptomonedas, porque mi propia ideología no me permite creer —al menos no como lo dicen sus promotores— de que por sí solo un sistema monetario va a resolver un montón de problemas derivados del mismo funcionamiento del sistema capitalista. No creo eso. Pero lo que argumentan los bitcoiners, los promotores de esta criptomoneda, es que esta moneda nace después de la crisis de la subprime en 2008 como un sistema monetario alternativo que, en teoría, es resistente a la intervención de los Estados (que según sus proponentes es la razón fundamental por la cual las economías fallan).

Esa es una primera contradicción, pues si tu idea es tener una moneda que no tiene una interferencia de los Estados, ¿por qué te parece bien que sea un Estado el que promueve el uso de esta criptomoneda y, peor, incluye estas cláusulas de obligatoriedad en la ley que son completamente contrarias a esta filosofía y estilo de vida libertaria que los bitcoiners apuntan?

La segunda contradicción es un poco en la línea de la autonomía que promueven los fanáticos de bitcoin: es que tú eres «soberano» —entre comillas— respecto a este dinero. Es decir, que no hay intermediarios que te permiten interactuar con él o con otros actores del sistema. El problema es que el gobierno, en lugar de impulsar otras tecnologías u otros proveedores de billeteras electrónicas, decide implementar su propia billetera electrónica y su propio sistema de intercambio de criptomoneda. 

Si la idea es que la gente sea soberana, no debería de pedirse que utilicen una billetera en particular. El gobierno se impone a sí mismo la obligación de ofrecer un medio de intercambio entre bitcoin y dólares y también de educar a la población. Hace solo a la mitad, que es la creación de ese mecanismo de intercambio, pero en lugar de educar a la gente sobre el uso de la tecnología, invierte un montón de publicidad y recursos en vender la idea de que bitcoin es la Chivo Wallet.

La tercera contradicción tiene que ver con el tema de la adopción. Mucha gente habla de que debería ser impulsada y adoptada por todo el mundo, que no debería tener ningún tipo de interferencia. Estamos viendo, en este caso, un Estado que esencialmente está impulsando un monopolio privado con fondos estatales. Si esta billetera tiene sus supuestos cuatro millones de usuarios (según reportaba el mismo presidente), significa que se está estableciendo un monopolio que no permite una adopción orgánica, no permite que haya otros competidores, no permite que realmente pueda existir un caso de uso.

Yo creo que el problema fundamental aquí es que hace mucho que la gente descartó la idea de utilizar criptomonedas como monedas. En el caso particular de bitcoin, desde aproximadamente 2013 (cuando fue su primera gran burbuja especulativa), la gente se dio cuenta de que como moneda de intercambio no servía muy bien por su fluctuación en precio. Entonces comenzaron a utilizarlo más como un vehículo de especulación. Las personas compraban criptomonedas, bitcoin, con la esperanza de que algún día el precio aumentara, para así poder venderla y obtener ganancias de la pura especulación. El uso de las criptomonedas en general ha sido pura especulación en la última década.

HG

Has cuestionado la veracidad de las compras de bitcoin que ha hecho el gobierno salvadoreño. Tal vez nos puedas explicar un poco cómo es que agencias como Bloomberg están calculando la cantidad de bitcoin que supuestamente ha comprado el presidente y por qué se podría dudar de esas cifras.

MG

Esta es una pregunta interesante. Uno de los supuestos de bitcoin y de las criptomonedas en general es que son más transparentes que otros mecanismos financieros. Es más, uno de los puntos con que se promociona es que todas las transacciones son públicas. Todas quedan registradas en la blockchain, todas pueden ser auditadas por el público y ser verificadas. Lo que está sucediendo con las compras de bitcoin en El Salvador es que no hay ninguna prueba de que se hayan realizado, más allá de los tuits del presidente y un screenshot de muy baja resolución de una compra que se realizó a finales del año pasado.

Es un poco contradictorio, porque todas las plataformas de compra y venta de criptomonedas, desde las más sencillas hasta las más complejas, te permiten ver el estado de tus compras —si compraste, cuánto has perdido o ganado, el detalle de la valoración de los precios, etc.—. Tú podrías fácilmente, estando en cualquier plataforma, sacar un balance así como extraes balances de los bancos y decir, «bueno, ¿no me creen que he comprado? Ésta es la plataforma, éstas son las compras, aquí están los balances, este es el desempeño de la inversión». Pero para el caso de las compras de bitcoin que dice haber hecho el presidente no hay ninguna evidencia confiable. Un tuit no vale como evidencia de compra.

Pero esto se pone peor cuando comenzamos a contrastar con otros números. Se supone que hay $150 millones en el fideicomiso que son —y aquí viene la parte que no cuadra— exclusivamente para convertir de bitcoin a dólares en la plataforma de Chivo Wallet. Esto no cuadra cuando comenzamos a meter números de cuánto bitcoin se tuvo que haber dado a la población inicialmente, cuánto se tuvo que haber gastado en presupuesto, cuánto se ha gastado de las supuestas compras de bitcoin y, sobre todo, las supuestas ganancias que dice tener el gobierno con que está impulsando cosas como el hospital de mascotas de Chivo Pets, iniciativa subsidiada. 

Entonces, la pregunta que uno se hace es: ¿Cómo, en un mercado a la baja, el gobierno puede estar reportando ganancias sobre el bitcoin comprado? ¿Cómo, al mismo tiempo, el presidente dice que no ha vendido ningún bitcoin? ¿Y cómo, simultáneamente a las dos cosas anteriores, dicen que están utilizando el fideicomiso? Cuando uno trata de hacer números, alguna de las tres cosas tiene que ser falsa, y lo único que no podemos medir de alguna manera es de las supuestas compras que dice hacer el presidente.

Yo pienso que no son ciertas. Si tuviéramos que evaluar el desempeño del presidente como inversor, sería un terrible desempeño. Cada vez que anuncia que ha comprado bitcoin, el precio se va a la baja. Eso ha sido casi una regla. Más pareciera que es un favor que está haciendo a quien sea que le esté patrocinando para decir que ha comprado para generar lo que le llaman en ingles el FOMO (fear of missing out), que la gente piensa que está perdiendo esta oportunidad de invertir y de salir de alguna situación de pobreza o de falta de suficientes ingresos.

Yo sostengo que las compras son mentira. Refutar el argumento de que son mentiras es tan fácil como sacar estos estados de cuenta. No tenemos absolutamente nada de eso. Ya hemos visto cómo es el presidente. Si alguien le dice algo que es mentira, rápidamente sale y refuta. Hemos visto hasta que periodistas han perdido su empleo porque de pronto le dieron retuit o hicieron un comentario a una foto que era una fake news y él inmediatamente ha salido a desmentir. ¿Por qué, en el caso del bitcoin, no se ha mostrado ninguna evidencia para refutar? Yo realmente siento que no son ciertas y nos vamos a dar cuenta un día cuando podemos ver los estados de cuenta. ¿Cuándo va a ser esto? No sé, pero espero que algún día lo podamos averiguar.

HG

En noviembre del año pasado, el presidente Bukele hizo un anuncio espectacular: el país iba a emitir los «bonos volcán» o «bonos bitcoin». Ya van dos veces que se ha postergado su lanzamiento. ¿Qué pasó ahí?

MG

Creo que los bonos eran más bien una iniciativa para conseguir liquidez adicional para el gobierno. Parece que no ha salido como ellos esperaban. Al final del día, si sos un inversor grande —lo que llamamos las «ballenas», que tienen mucho capital ya sea en criptomonedas o en dinero— tu interés si vas a hacer un préstamo a quien sea es recuperar esa inversión. Creo que lo que ha estado pasando con el gobierno en los últimos meses ha deteriorado esta confianza, incluso en las plataformas de criptomonedas.

La idea de los bonos era que fueran de más fácil acceso que los bonos tradicionales. Incluso el precio es bastante bajo, solo eran $100 por bono emitido y sin compra mínima, diferente a otros bonos que te piden al menos $10 mil o algo así. Me imagino que el plan original era comercializarlos a través de las plataformas de intercambio de criptomonedas. Pero eso significaría que la plataforma tiene que arriesgar su capital en comprar estos bonos para poder luego venderlos a los minoristas, a los retailers.

Las plataformas de cripto tienen mucho mejor conocimiento de cómo va a ir el mercado, porque pueden ver internamente cómo van las transacciones y hacer sus analíticas, tienen información privilegiada que no tiene cualquier externo. Imaginaría que con eso, sumado a todo lo que está pasando alrededor del mundo —el tema de la inflación, los mercados, que mucha gente dice que posiblemente vamos a entrar en recesión— se dieron cuenta de que no era una buena inversión, y eso está provocando que los bonos volcán sean difíciles de posicionar. Me imagino que sus patrocinadores ya no lo vieron como el buen negocio que se veía a finales del año pasado, cuando el precio todavía no estaba tan mal.

Este lunes [13 de junio] ha sido bastante duro para el mercado en general, pero para cripto en particular. Hemos visto cómo el bitcoin ha caído a límites que ponen en aprietos a varias compañías grandes que han invertido mucho ahí. Ya estamos viendo algunos signos de que algunas plataformas grandes —como Celsius, que se especializa en préstamos de criptomonedas— no van a aguantar mucho tiempo antes de caer en insolvencia. Todos estos factores hacen que cada vez sea más difícil impulsar algo como los bonos volcán. A pesar de que no estoy de acuerdo con los bonos ni con lo que se pensaba hacer con ellos, creo que hubieran tenido más éxito incluso si se hubieran impulsado el año pasado, porque hubiera habido alguna chance de venderlos. En este momento, parece algo cada vez más difícil, y si el mercado sigue hacia abajo creo que nunca vamos a ver los bonos volcán.

Ahora bien, observando el panorama más general, lo importante es ver quiénes están detrás de esto. Está, especialmente, la compañía Tether, que es la proveedora de liquidez de prácticamente todo el ecosistema cripto. Por lo menos por volumen del mercado, es la proveedora de liquidez más grande, con esos certificados digitales que valen un dólar: los famosos Tether.

Hay todo un conjunto de compañías —Bitfinex, Blockstream, iFinex— que están intentando generar esta clase de productos, no solo en El Salvador sino en otras partes del mundo. Podría ser que el tema de El Salvador y los bonos volcán más bien sea una estrategia más grande a nivel mundial de estas compañías, de afianzarse a Estados pequeños que pueden adoptar estos mecanismos financieros experimentales, que son altamente especulativos, para generar presión en países ya más desarrollados y más grandes.

Es más fácil convencer a un pequeño país que no tiene mucho que ofrecer a nivel de industria de adoptar cripto, porque lo hace ver como un país innovador, un país que está a la vanguardia de los avances tecnológicos. Eso genera presión en países desarrollados, porque les permite a estas empresas decir (a mí no me gustan esas palabras, pero ellos lo venden así): «¿cómo es posible que un país de tercer mundo está innovando en temas financieros y nosotros aquí en los países desarrollados no estamos adoptando estas herramientas?» «Estamos dejando a la gente más pobre fuera de este nuevo sistema financiero que es más justo».

Les sirve como una herramienta de lobby político. Ya vimos hace unos días que alguien ha sacado un análisis que al menos en Estados Unidos, la industria cripto estaba metiendo más dinero en el lobby que las compañías tradicionales de defensa. No me extrañaría que El Salvador haya sido la cajita de Petri donde, con la apertura del gobierno —no me gusta decirle gobierno, sería más bien con la apertura de los hermanos Bukele— se esté experimentando con la criptomoneda para empujar legislaciones favorables a esta industria. El pequeño detalle es que la industria ahorita está colapsando. Vamos a ver si todo este dinero de los lobbys tiene algún efecto. Posiblemente sí, pero por mucha legislación que se apruebe, si el esquema no es sostenible, igual van a fallar como vimos con la implementación de bitcoin en El Salvador.

HG

En ese sentido, como para ir cerrando, ¿cuáles son los escenarios posibles para El Salvador? Con el colapso del mercado, parece que el Estado queda en una posición bastante desesperada con respecto a su financiamiento. ¿Qué implicancias podría tener todo esto?

MG

Yo no creo que bitcoin por sí mismo haya sido el objetivo principal de todas estas legislaciones. Más bien, el objetivo detrás de todo esto era la implementación de dólares sintéticos, que son estas monedas digitales que tienen un valor equivalente al dólar que el gobierno podría utilizar como forma de emitir su propia moneda. Y en esto sí fueron exitosos. Porque si tomamos al estudio del Bureau Nacional de Investigaciones Económicas de Estados Unidos, veían que los dólares dentro de la Chivo Wallet eran los que tenían transacciones de mayor valor. Es decir, quienes utilizan la Chivo Wallet la utilizan para transferir dólares entre sí. Lo interesante es que la empresa que estuvo detrás del desarrollo, en los documentos que tuvo que llenar para poder cotizar en la bolsa, explica que la forma en que funciona la Chivo Wallet es que dentro de sí no circulan dólares, sino certificados digitales.

Esto va en línea con lo que otras investigaciones han revelado. Por ejemplo, [el periódico digital salvadoreño]El Faro logró tener acceso a algunas teleconferencias con proveedores de cripto, donde los hermanos Bukele sostenían que querían emitir su propia moneda digital. Lo que ha sucedido dentro de la Chivo Wallet es que circulan estos dólares sintéticos. En algún momento, el gobierno podría intentar desplegar un mecanismo similar de dólares sintéticos basados en deuda o quien sabe qué, para tratar de cubrir un poco sus finanzas internas.

A mí no me gusta hacer análisis muy económicos, porque no es mi área (mi área más bien es la parte técnica). Pero la mayoría de los economistas sostienen que el gobierno va a hacer hasta lo imposible para no entrar en impago, por el costo político que esto puede tener de cara a las elecciones de 2024. ¿Por qué? Porque pase lo que pase con esas elecciones, necesita tener el apoyo de la población para legitimarlas. Caer en impago para el gobierno sería un golpe durísimo a cualquier aceptación por muy alta que tenga ahorita.

La mayoría de los economistas sugieren que van a tratar de hacer lo imposible para pagar, y esto podría implicar acceder a la poca liquidez que queda en los fondos de pensiones o a la liquidez que queda en los bancos. Yo estaría muy de acuerdo con esta lectura, y me imagino que cuando ya llega al punto de que las cuentas no cuadren, podrían intentar utilizar todos estos esquemas: emitir más dólares sintéticos, posiblemente a través de la Chivo Wallet, hacer uso de la liquidez que tengan en bancos y pensiones para pagar.

Respecto al bitcoin en particular, yo pienso que la mayoría de gente está desencantada. Independientemente de si estás a favor o en contra, creo que todo mundo está de acuerdo de que la forma en que se implementó, lo único que logró fue que la gente no quiera saber nada de bitcoin. Ahora que el mercado está a la baja, creo que la gente todavía está más arrepentida de ello. Así que ahora hay que ver cómo reacciona el gobierno. Ahí ponía un poco en broma, en mi Twitter, hace un rato, que hay que ver si el presidente no sale otra vez con que ha comprado bitcoin. Al final del día, la industria se mantiene al convencer a los pequeños de comprar, cuando al final son los intermediarios, como los exchanges, y los que tienen una gran cantidad de capital los que realmente hacen dinero con las criptomonedas.

El bitcoin fue el primer error político grande del presidente. La mayoría de población no estuvo de acuerdo respecto a cómo se implementó, porque les trajo muchos malos recuerdos. Todo el mundo pensó en bitcoin y pensó en la dolarización (la forma en que se aprobó, a través de un madrugón, se supone que eran cosas que ya no pasaban). Mi arresto arbitrario fue solo la antesala de todo lo que está pasando ahora en el régimen de excepción. Lo que me hicieron es lo que están haciendo ahora a miles de personas, solo que ahora la gente tiene aún menos herramientas para defenderse y pocos recursos para poder evitar terminar en la cárcel por una acusación infundada.

El bitcoin ha sido solo la primera expresión clara de la forma autoritaria del gobierno del Clan Bukele, porque al final del día la dictadura esta del clan Bukele es literalmente la que decide qué pasa y qué no pasa en el país. La situación solo está empeorando.

Sobre la entrevistadora

Estudiante de doctorado en estudios latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y colaboradora de Jacobin y Jacobin América Latina.

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De una política de muerte a una utopía por la vida

Luego de la euforia colectiva y algunas lágrimas de alegría experimentadas el 19 de junio del 2022, me he detenido a recolectar algunos gestos sustraídos de los medios de comunicación, las redes sociales , las calles atestadas de éxtasis y celebraciones de gentes diversas. Esos registros visuales y frases desbordantes de emoción dieron la sorpresa de contribuir a una democracia posible e incluyente, que haciendo sonar pitos y cantos bajo el imperativo de una “vida sabrosa”, parecen romper mágicamente una prolongada fatalidad vivida por una   “izquierda” colombiana resignada a conmemorar más muertos que logros.

La utopía de una “vida sabrosa”, como posibilidad de acceder a un bien estar de la existencia que incluya a pieles negras, cabellos crespos, pueblos indígenas, diversidad de géneros, mujeres y hombres provenientes de una nación diversa y polícroma, que reclaman la posibilidad de re-existir y re-inventar una esperanza que incluya un mayor número de seres vivientes. Justamente el nuevo presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta electa Francia Márquez han transmitido desde sus primeros mensajes, el reconocimiento a una multitud que creyó en ellos; evocaron la memoria de aquellos masacrados por defender idearios de justicia social y así mismo hicieron alusiones a las “manos callosas” de los antepasados oprimidos;   poco tiene que ver esto con otros mensajes de triunfo electoral enunciado por presidentes recién elegidos, donde los colores son casi ausentes y la evocación a un país de grandes desigualdades resulta inexistente.

Una imagen que llamó poderosamente mi atención fue el momento del empalme entre la vice-presidenta Martha Ramírez y la entrante Francia Márquez quien de manera espontánea rompió el protocolo de la bienvenida, dirigiéndose prioritariamente a estrechar las manos de las mujeres que realizan las labores domésticas en aquel lugar, dando mayor relevancia a las cuidadoras. Entiendo esta acción como un auténtico reconocimiento de igualdad, un pequeño símbolo que contiene el germen de una revolución de las pequeñas acciones, una gratitud orientada a esa clase trabajadora invisible que durante años ha tenido que aceptar jornadas extensas de trabajo físico, pagos irrisorios y contratos deleznables “…que encarnan otro tipo de violencia al servicio de un deseo-amo que se impone bajo un horizonte de amenazas”( (Lordon, 2015, pág. 121)

En el caso del electo presidente Gustavo Petro, fue su primera alocución la que me generó admiración, al proponer una historia que parte de la liberación de los jóvenes detenidos en la protesta social, dándole al país un mensaje que dista de los dirigentes colombianos que hemos tenido, caracterizados por apoltronarse encima de los ciudadanos, generando una enorme distancia con el pueblo, recurriendo al ethos de la “blanquitud”. La utopía por su parte tiene que ver con superar la idea de que el progreso en Colombia esté supeditado a un proceder de sospecha hacia el   pueblo; una potestad gubermental, usada durante dos décadas, por una máquina necro-política que no ha parado de masacrar, desaparecer, torturar, exiliar o simplemente condenar a vivir en las márgenes, bajo una especie de “castigo social” a quienes disienten. El Leviatán se manifiesta como capacidad ofensiva y defensiva de quienes usan el Estado para estigmatizar, eliminar la vida, produciendo seres   destinados a la muerte.

En conclusión, este tiempo que inicia, podría acoger expectativas de quienes hacen parte de una nación rota y buscan reconocerla diversa, ancestral, moderna y eficiente.   Si queremos dar un salto de la “seguridad democrática” a la utopía de una “vida sabrosa” habrá que seducir a esa otra mitad temerosa del “espectro rojo”, de la inminente “expropiación” y del declive de la “propiedad privada”. El reto de los llamados intelectuales y artistas hoy, podría ser aportar sin renunciar a su conciencia crítica, creativa, irónica, a través de relatos y obras que no estén “performadas” por quienes tienen miedo a perder privilegios; contribuyendo en la construcción de una memoria de la justicia y la imaginación capaces de interpelar a quienes actúan desde el prejuicio, la visceralidad, el desprecio. Vuelve a resonar, en el imaginario de un continente poblado de iniciativas populares anchurosas como ríos, la utopía que busca pasar   de una política tanática a una erótica, recuperando el principio utópico de la esperanza, la idea de mandar obedeciendo enquistada en las comunidades ancestrales. Es la hora del salto del puma al pasado, para abrir la ventana que por siglos los guardianes han mantenido clausurada.

Por Alberto Antonio Berón Ospina

Escritor.

Profesor Titular Universidad Tecnológica de Pereira

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Lasso baja precios de combustibles en un monto menor al que exige la Conaie

Quito. El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, anunció anoche una reducción de los precios de combustibles, aunque en un porcentaje menor al que piden miles de indígenas que protestan desde hace 14 días, y advirtió que la policía y las fuerzas armadas seguirán actuando "mediante el uso progresivo de la fuerza" para "restablecer el orden".

Horas antes, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) confirmó que el paro nacional continuará hasta obtener todas las respuestas a las 10 demandas que planteó, entre ellas la reducción de los precios de los combustibles en momentos en que el Congreso reanudó el debate sobre la posible destitución de Lasso.

Antes del anuncio del mandatario, el ministerio de Energía advirtió que Ecuador podría dejar de producir petróleo en las próximas 48 horas de continuar las protestas indígenas que han incluido la toma de pozos. El ministerio de Producción añadió que las pérdidas para el sector productivo –público y privado– alcanzan 500 millones de dólares.

En un mensaje transmitido por radio y televisión al filo de las 10 de la noche, Lasso expuso: "todos consideran que el precio de los combustibles se ha convertido en la pieza angular que mantiene el conflicto, y aunque como gobierno tenemos muy claro que este factor no es el que origina los problemas de los ecuatorianos, debemos pensar en el bien común y la paz ciudadana".

E informó: “he decidido reducir el precio del galón de gasolina Extra y Ecopaís en 10 centavos (de dólar) y el diésel también en 10 centavos.

La Conaie exige que los precios se congelen y se fije la tarifa de la gasolina Extra y Ecopaís en 2.10 dólares y el diésel quede en 1.50 dólares. El precio actual del galón de gasolina Extra y Ecopaís es de 2.55 dólares, y el del diésel 1.90.

Lasso destacó que el fin de semana adoptó medidas, entre ellas derogar el estado de emergencia en seis provincias, "pero la respuesta fue más actos de violencia y terrorismo", y amenazó: "nuestra policía nacional y nuestras fuerzas armadas seguirán actuando mediante el uso progresivo de la fuerza para restablecer el orden y trabajar y prosperar".

Antes, en declaraciones a CNN el mandatario acusó que la violencia a raíz de las recientes protestas en su contra fueron acordadas por el ex presidente Rafael Correa y el líder indígena Leonidas Iza, presidente de la Conaie. Al cierre de esta edición no se conocía la reacción de la Conaie al anuncio y amenazas de Lasso.

Desde la Universidad Central del Ecuador, zona de paz y asistencia humanitaria para el movimiento indígena y campesino de otras provincias, Iza agradeció a quienes continúan en el paro en los territorios y en Quito, donde habitantes de muchos barrios apoyan el levantamiento popular con alimentos y otros insumos.

Iza reconoció el desabasto generado en la capital por los días de protestas y anunció la resolución tomada de trasladar productos del campo a la ciudad, para compartir solidariamente, como hacen los quiteños con los movilizados. En Twitter, Iza solicitó a la Cruz Roja facilitar un "corredor logístico y humanitario para el paso de insumos médicos, ambulancias, gas de uso doméstico y todo lo que signifique emergencia". El líder indígena recorrió puntos de reunión, donde afirmó: "estamos aquí para llevar los 10 puntos como respuesta a nuestros compañeros".

En cuanto al paro, Iza anunció que las movilizaciones continuarán hoy, y advirtió que sólo regresarán a sus comunidades cuando se cumpla lo planteado en la agenda de la Conaie: bajar el precio del combustible y el costo de la canasta básica, mayor valor a los productos de los campesinos, prohibición de minería en zonas de protección hídrica y territorios de pueblos autóctonos, entre otros temas.

"Les pido mucha solidaridad entre todos. Nos hemos jugado la vida y la libertad, pero vamos a seguir en esta lucha por los 10 puntos de la agenda", enfatizó."Que no se confunda, si regresamos será con una ganancia para el pueblo. Si no hay eso, no nos vamos de Quito", insistió.

Reconoció los pasos dados por el gobierno como la firma de decretos para controlar la especulación, declarar en emergencia la Salud Pública, condonar deudas hasta los tres mil dólares, bajar costo de la urea al 50 por ciento y de presupuesto para la Educación Intercultural. No obstante, recalcó que falta lo más importante, relacionado con el combustible, los créditos, la minería y el alto costo de la vida.

Interés en el debate sobre la destitución del presidente

En medio de la crisis, la atención se centra además en la decisión que adoptará la Asamblea Nacional, al retomar el debate sobre la destitución de Lasso. El legislativo da trámite a un pedido del bloque opositor Unión por la Esperanza (Unes), que requiere el respaldo de 92 de los 137 asambleístas para aprobar la medida contemplada en el artículo 130 de la Constitución.

Otros bloques parlamentarios como la Izquierda Democrática, el Partido Social Cristiano, y el bloque oficialista Creo han rechazado públicamente la medida. El Unes solamente tiene 42 votos y respaldo de seis de los 24 del partido Pachakutik que en contra de lo que piden sus bases se opone mayoritariamente a la destitución del mandatario.

El pleno de la Asamblea Nacional en la que se debatía un pedido de destitución del presidente, Guillermo Lasso, retomó la sesión en la que ayer se apuntaron 40 diputados para hablar en tribuna, cada uno con diez minutos. Al cerrar esta edición continuaban los debates.

El presidente derogó antier el estado de excepción que regía en seis provincias, como muestra de apertura al diálogo y para generar espacio de paz, señaló un comunicado oficial.

En el contexto de la paralización, las cifras oficiales dan cuenta de cinco muertos y centenares de heridos entre manifestantes, policías y militares. En ese tono, el ministerio de Energía informó que de continuar las protestas, Ecuador podría dejar de producir petróleo en las próximas 48 horas. “Por los actos vandálicos, toma de pozos y cierre de vías no se ha podido transportar los insumos y el diésel necesario para mantener la operación”, dijo en un comunicado.

Mientras, las pérdidas para el sector productivo –público y privado– alcanzan 500 millones de dólares, el nivel del riesgo país se ha elevado desde el inicio de las protestas, dijeron ayer las autoridades.

Cada día de paro representa entre 40 y 50 millones de dólares de pérdidas en el sector productivo, afirmó el ministro de Producción, Julio Prado. Sobre el riesgo país, indicó que tras aumentar en 295 unidades se ubica "por encima de los mil 55 puntos", lo cual encarece el crédito al que se accede a nivel internacional y "podría afectar el crédito a nivel local".

Ante las movilizaciones impulsadas por la Conaie, que incluyen cierre de vías, toma de instalaciones e incidentes violentos, la empresa estatal Petroecuador registró el cierre de mil 94 pozos y 31 torres, según Prado. Las pérdidas para el sector ascienden a 96 millones de dólares.

En el sector comercial, los perjuicios económicos alcanzan 90 millones de dólares. Quito registra pérdidas por 25 millones de dólares diarios debido a una caída de las ventas de 60 por ciento, mientras en las industrias textil y del calzado la comercialización se desplomó 75 por ciento, afirmó el ministro.

La industria láctea registra pérdidas por 13 millones de dólares debido a una caída de ventas del 85 por ciento, el sector florícola de 30 millones y el agrícola y ganadero de 90 millones de dólares, agregó el titular de la cartera de Producción.

Las reservaciones de turistas se desplomaron 80 por ciento debido a cancelaciones y redundaron en pérdidas por 50 millones de dólares para el sector, señaló Prado.

Intelectuales y artistas de Ecuador expresaron preocupación ante las violaciones a los derechos humanos registradas en el contexto del paro nacional contra el gobierno.

Entre ellos figuran los escritores Alejandro Moreano, Raúl Pérez, Kintto Lucas, Iván Égüez, Abdón Ubidia, Sandra Araya, Luis Zúñiga, Edgar Allan García, la coreógrafa María Luisa González, el director teatral Iván Morales y los docentes de la Universidad Central del Ecuador Xavier León Borja, Cristhian Viteri, Carlos Pesantes y Mónica Ayala.

El papa Francisco llamó a la calma a todas las partes ante las sangrientas protestas indígenas. "Sigo con preocupación lo que pasa en Ecuador, estoy cercano a ese pueblo y animo a todas las partes a abandonar la violencia y las posiciones extremas", luego de la oración del Ángelus desde la Plaza San Pedro, en el Vaticano.

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Viernes, 24 Junio 2022 06:09

El poder del relato

Pablo Iglesias en la sede del Frente Amplio. JUAN MANUEL RAMOS

El exsecretario general de Podemos, reconvertido a los medios, visitó Montevideo. Habló de relatos, de construcción de hegemonía, de batallas culturales. De marcar la agenda.

 

A Pablo Iglesias lo acompaña el olor a azufre. Lo acompaña también la reputación de marcar la cancha, para propios y extraños, allí donde decida actuar: sea en los primeros planos de la escena política, sea en los medios de comunicación. En España, decir «cosas de izquierda», cumpliendo con aquella exigencia que Michele Apicella, el alter ego de Nanni Moretti, le gritara a un amnésico exdirigente comunista italiano en la película Aprile, le ha valido ser acosado como pocos por sus adversarios. Se ganó esa animosidad cuando se puso al frente del intento de constituir una alternativa de izquierda a partir de Podemos, un partido surgido de una de las vertientes del movimiento de las plazas del 15-M, que se metió como una cuña en la escena política de la península.1 Y se la sigue ganando ahora, desde la trinchera mediática a la que ha regresado desde que, hace algo más de un año, se retirara de la política partidaria. Para la derecha española, este profesor de ciencias políticas egresado de la Universidad Complutense de Madrid es poco menos que la encarnación del diablo.

No solo para la española, a decir verdad. «Cuidado: Gramsci desembarca próximamente en Uruguay.» Así anunció, el 10 de junio, el semanario colorado Correo de los Viernes la llegada a Montevideo del «confeso marxista», «radical» y «defensor del chavismo» Iglesias. En esa nota, el periódico fundado por Julio María Sanguinetti exhortaba al Frente Amplio (FA), que invitó al español a Uruguay vía la Fundación Liber Seregni, a «explicar el alcance de su vínculo» con el exsecretario general de Podemos y deducía, en todo caso, que la existencia de tales relaciones evidenciaba la radicalización de la coalición uruguaya desde que perdió el gobierno, en 2019. «Ahora traen de visita al representante más rancio y ortodoxo de la izquierda que encontraron en Europa.» Para ayudarlos a recuperar la «hegemonía cultural». Un poema.

***

Que comparen a Iglesias con Antonio Gramsci tiene cierta gracia («Cómo quisiera estar a su altura», dijo a Brecha). Pero hay una cosa cierta: el cuco italiano del Correo de los Viernes es uno de los referentes ideológicos centrales de Podemos desde sus inicios y en particular de su exlíder. En una intervención bien reciente en su pódcast La base, Iglesias dijo que un día se tatuará en la frente una frase del pensador muerto en 1937 en una cárcel de la Italia fascista: «La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad. […] Si no controlas el relato, tu olor a cadáver político será cada vez más insoportable. En casi todas partes, los dueños de las grandes empresas, de los bancos y de los fondos buitre ponen mucho dinero en una industria en general no muy rentable: la de los medios de comunicación». Y remataba su presentación con esta frase: «Este es un programa patrocinado por el club de lectura de Antonio Gramsci».

A fines de enero, ocho meses después de que dejara sus cargos políticos y diez meses después de que abandonara el gobierno de coalición español, del que era vicepresidente, Iglesias volvió a uno de sus primeros amores: los medios, en los que se iniciara con bastante resonancia apenas comenzada la década pasada, en las muy inteligentes tertulias de Fort Apachey La tuerka, y en sus largas entrevistas de Otra vuelta de tuerka. Lo hizo con el mencionado pódcast, cuyo primer programa consagró a desmenuzar el poder mediático: sus actores, sus tramas, su influencia. Allí ha abordado también temas sobre los que no podía hablar con libertad cuando estaba en el gobierno y sobre los que Podemos tiene posturas bien distintas a las que defiende el Partido Socialista, dominante en el Ejecutivo español: la pertenencia a la OTAN, la guerra en Ucrania, las alianzas internacionales, en general, y con Estados Unidos, en particular, el papel del Estado, la regulación de los alquileres, los límites de las reformas. «No es solo que me sienta más libre regresando a los medios. Eso es así. Pero pienso fundamentalmente que los medios son un lugar central de la creación de conciencia. Lo han sido siempre y ahora más que nunca. Están entre los principales actores políticos de nuestra época. Lo que puedes hacer desde el gobierno es realmente muy pero muy poquito. A partir de los medios trabajas a mucho más largo plazo. Analizarlos es básico, usarlos más aún», dijo a Brecha.

A Montevideo Iglesias vino precisamente a hablar de medios de comunicación, de relatos, de construcción de hegemonías, de batalla cultural. De eso charló mano a mano con sus interlocutores del FA, en distintos talleres y en una charla pública que dio en el teatro El Galpón el jueves 16. De eso también conversó con Brecha.

—El de los medios no es un terreno en el que las izquierdas hayan trabajado particularmente. Más bien lo han desdeñado y se mueven como a reculones, con cola de paja.

—Absolutamente. Hay una convicción, incluso en sectores de la progresía, de que cuando uno se mete con la prensa está atacando la libertad de expresión. ¿Qué garantía de libertad de expresión hay cuando los medios son propiedad de bancos, grandes empresas o multimillonarios? Es insostenible que un periodista pueda escribir algo que cuestione a la empresa propietaria de un medio. Eso es lo que, en realidad, ataca la libertad de expresión, la libertad de los periodistas: que puedan tener dueños. Es muy importante decirlo, porque lo que se afirma en general –insisto: hay gente que se define como progresista que también lo piensa– es que la mejor regulación de los medios es la que no se hace, lo que equivale a aceptar que se produzcan situaciones oligopólicas o monopólicas en la propiedad de los medios. Para desgracia nuestra, perfectamente se puede decir que la derecha es más gramsciana que la izquierda. En España la Iglesia católica nunca ha dejado de buscar la hegemonía; por ejemplo, a partir del sistema educativo, de toda una red de escuelas privadas y escuelas concertadas financiadas por dinero público. Tiene también una televisión y una radio de las más escuchadas, la COPE. En la Iglesia son gramscianos: trabajan sobre los aparatos culturales. Los sindicatos podrían haberse planteado tener un canal, una radio. Pero no lo hacen.

Escribía en una nota reciente [en CTXT, 14-VI-22] que hacer política es reforzarse uno y debilitar a su enemigo, y que en las democracias mediatizadas eso tiene que ver con los instrumentos ideológicos de que dispongas para determinar la agenda. Tanto si gobiernas como si no lo haces, esos instrumentos deben llenar de contenido tu relato. Pero muy raramente la izquierda determina la agenda. Le cuesta hacerlo porque juega en los marcos del adversario.

—En esa nota de CTXT que evocabas y aquí, en Montevideo, hablaste de una entrevista que le hicieron a la portavoz del nuevo gobierno chileno, la comunista Camila Vallejo. Decías que en sus respuestas se veía la autolimitación de la izquierda en eso de marcar la agenda.

—Primero que nada: entre Chile y España hay paralelismos que tienen que ver con procesos de transición de la dictadura a la democracia enormemente limitados. Un politólogo polaco poco sospechoso de ser izquierdista comentó que lo más sorprendente de la transición española es que las elites económicas han permanecido intocables e intocadas. Es un elemento que también se produce en Chile. Gonzalo Winter, coordinador de la bancada del Frente Amplio chileno, nos decía en La base que el pacto de la transición en su país consistió básicamente en que la izquierda renunciaba al socialismo y la derecha renunciaba a asesinar a los militantes de izquierda. Es un análisis muy lúcido y, a la vez, tremendo. El espíritu con el que la Concertación gobernó Chile tiene que ver con esto, con una actitud de resignación, con un «no se puede» y con considerar imposible implementar cambios que no estén pactados con la derecha. Esa es la dinámica que ha existido igualmente en España hasta la llegada de Unidas Podemos al gobierno. Que hoy en España haya, por primera vez, un Ejecutivo con una agenda abiertamente posneoliberal, por lo menos en parte de uno de sus componentes, es algo muy interesante. Lo mismo en Chile.

Respecto a la entrevista a Vallejo, lo que me sorprendió fue su enorme habilidad para abordar los marcos malos y su ambigüedad al responder a la pregunta fácil sobre la agenda propia. Me explico: cuando le preguntaron sobre los problemas que debe enfrentar ahora el gobierno (la situación en la Araucanía, la inseguridad, el asesinato por la Policía de la periodista Francisca Sandoval), se la notó muy sólida, pero cuando el periódico –que, además, es un medio amigo: El Siglo, el semanario del Partido Comunista, su propio partido– le preguntó si el gobierno mantenía una agenda de superación del neoliberalismo, respondió muy vagamente que se van a desmercantilizar los derechos sociales en el marco de un proceso gradualista. Me sorprendió mucho. ¡Era el momento para definir los temas de agenda, para declinar todo eso!: qué significa desmercantilizar, qué implicaciones tiene esa desmercantilización para el sistema sanitario, para los servicios públicos.

—¿Cómo explicás esa ambigüedad?

—Porque el problema es que el adversario ha impuesto la agenda y los temas de conversación, y tú estás a la defensiva. Por eso esa falta de precisión en los objetivos propios. No porque no se tenga conciencia de cuáles son, sino porque el que tiene la iniciativa es el otro. A los pocos días de haber escrito el artículo, me llamó Giorgio Jackson [secretario general de la presidencia de Chile] para decirme que podía ser que yo tuviera razón en este punto. «Ahora vamos a ir por la reforma fiscal», me dijo. Y está muy bueno. Es un enorme tema ese. Una reforma fiscal es también un campo de batalla semántico y cultural, en el que se juegan ideas, valores. La izquierda tiene que imponer también ahí su propio marco. No puede aceptar el concepto de presión fiscal y sí hablar de justicia fiscal, insistir en que reformar el sistema fiscal en el sentido progresista es la base de la democracia, la base para que el Estado tenga dinero suficiente para financiar los servicios públicos. Es una materia sumamente importante. Y ya me puedo imaginar lo que va a ser la derecha mediática chilena atacando al gobierno de Gabriel Boric cuando anuncie su reforma. Esto tiene que ver con las condiciones en que se da el combate político. El terreno del combate político es siempre el terreno mediático. En ese artículo en CTXT ironizaba sobre qué tiene que hacer un inversor extranjero si llega a Chile y quiere conversar con alguien de la oposición: no tiene que ir a ver al dirigente del partido tal o cual, sino a los Edwards, los dueños del diario El Mercurio.

Y esto está relacionado igualmente con otro asunto no menos importante. Muchos sectores están convencidos de que hay una traslación inmediata en términos electorales de los avances sociales que se hayan podido lograr desde el gobierno. No es así, no funciona así. Si la conversación política está dominada por la derecha mediática, estas cosas se olvidan. Jackson me decía que una de las primeras medidas del gobierno de Boric fue aumentar el salario mínimo, y no poco. Sin embargo, a los dos días la noticia había desaparecido de los medios y, como por arte de magia, habían aparecido otras, desfavorables para el gobierno, que los medios jerarquizaron en la conversación y lograron imponer. No basta decir: los medios mienten, los medios manipulan. Es cierto que mienten y manipulan, pero, más que quejarse, hay que contraatacar, y eso no se puede hacer desde la agenda del otro. Tampoco, creo yo, se puede marcar la agenda desde la búsqueda desesperada del consenso. Quien dice que la política es el arte del consenso no ha entendido la historia. La política está definida por el conflicto. Todas las reformas sociales han sido arrancadas, todas, y hasta la propia democracia liberal es producto de choques sociales. Ni que decir de las leyes laborales, que son consecuencia de la lucha de clases en un momento dado.

—Hablabas de salir de los marcos de lo que el adversario afirma. Respecto a la guerra en Ucrania, La base comenzó teniendo posiciones bien diferenciadas respecto del discurso dominante en los gobiernos y los medios occidentales. Pero, pasado el tiempo, ese ángulo se fue moderando y ya no hubo tanta diferenciación; por ejemplo, en relación con las afirmaciones sobre la masacre de Bucha, sobre la cual las versiones de unos y otros difieren por completo, y sobre la cual los rusos han expuesto datos que, por lo menos, deberían ser verificados.

—Puede ser. Hemos sido muy críticos con la postura occidental, pero para ser críticos teníamos que demostrar que no íbamos a aceptar la propaganda, viniera de donde viniera. En el caso de Bucha, tenemos la obligación de creerles a los profesionales de la prensa que están en el terreno dando su versión.

—¿No se les puede vender gato por liebre también a ellos, aunque sean puramente sinceros? Hay muchos ejemplos de periodistas honestos que compraron versiones estadounidenses, como aquella sobre la existencia de gigantescos cementerios clandestinos en Rumania después de la caída de Nicolae Ceaușescu, y decían que habían visto esas tumbas.

—Por supuesto que esas cosas sucedieron y pueden suceder. Pero en el tema de la guerra de Ucrania nosotros partimos de la base de que el agresor es Rusia. Lo cual no quiere decir que esto disculpe a la OTAN, a Estados Unidos ni a la Unión Europea. Quisimos hacer algo que nos diera autoridad. En Ucrania hay en el terreno periodistas españoles a quienes conocemos personalmente y en quienes tenemos confianza. Tenemos la obligación de preguntarles y transmitir su versión. Si no lo hacemos, estamos perdiendo legitimidad para reivindicar nuestra independencia. Del mismo modo que hemos criticado lo que no ha sido periodismo sino propaganda occidental, afirmamos que lo de RT y los medios rusos es propaganda prorrusa. Amigos nuestros que colaboraban con esos medios terminaron diciendo: «Yo no puedo estar en esto» y se fueron. Incluso, hicimos un programa especial desde Rusia, sobre cómo se veía la guerra desde allí.

—Sí, pero lo que se decía en ese programa también podría haber aparecido en un medio occidental mainstream.

—Es verdad. Pero también lo es que nadie en España ha llegado tan lejos a la hora de marcar distancia con las posiciones dominantes. Lo ha reconocido gente que no comparte lo que pensamos. Creo que hemos ganado prestigio diciendo que contamos las cosas con la información disponible. Al mismo tiempo, nos hemos pronunciado –en La base, en Podemos– contra el envío de armas a Ucrania en medio de un debate en la izquierda, en el que Podemos ha quedado prácticamente solo en relación con sus socios en el espacio de la confluencia. En Comú Podem [los aliados en Cataluña], Yolanda Díaz [ministra de Trabajo, comunista, que sustituyó a Iglesias en la vicepresidencia y encabeza un intento de coaligar a todas las fuerzas a la izquierda del Partido Socialista Obrero Español en una plataforma llamada Sumar] se ha manifestado a favor del envío de armas, e Izquierda Unida se ha mantenido en una posición ambigua. Muchos intelectuales amigos también. Nosotros quedamos en la misma posición que el papa, de defensa de la paz y la diplomacia. Creo que fue una posición muy valiente, de poner pie en pared en un contexto enormemente difícil, en el que se ha criminalizado a Podemos y a los poquitos medios que han dicho que comparar la guerra de Ucrania con la guerra civil española es una tomadura de pelo inaceptable. No es fácil respirar en medio del fuego amigo, cuando las posiciones del adversario son multiplicadas por sectores teóricamente afines.

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Imagen: EFE

Luego de que el gobierno anunciara el cierre de una fundición en Valparaíso por contaminación

La Federación de Trabajadores del Cobre advirtió que si "tocan a un trabajador o una trabajadora" por expresar el "legítimo descontento a través de las herramientas del movimiento sindical, esta movilización se radicalizará".

 

Los trabajadores de la Corporación Nacional del Cobre (Codelco) de Chile iniciaron este miércoles un paro indefinido con el objetivo de revertir la decisión del directorio de la firma, la más importante del sector en el mundo, de cerrar la fundición Ventanas en la región de Valparaíso. Dicho cierre, anunciado el viernes pasado por el gobierno de Gabriel Boric, se realiza luego de reiterados episodios de contaminación ambiental, que afectaron a la población de las localidades de Quintero y Puchuncaví.

Cerca de 50 mil trabajadores representados en distintos sindicatos en el país empezaron a manifestarse contra esta decisión, en una protesta que incluye cortes intermitentes de tránsito en los accesos a las diferentes plantas. La ministra y vocera del gobierno, Camila Vallejo, planteó que el Ejecutivo mantendrá el diálogo con los trabajadores de Codelco, aún en paro, y enfatizó a la prensa que no se puede "poner en riesgo la salud de los niños de las comunidades".

"Nuestro compromiso con terminar con las zonas de sacrificio tiene que empezar a cumplirse y esto no es contradictorio con las demandas de las y los trabajadores”, agregó Vallejo. Sin embargo, mediante un comunicado, los trabajadores indicaron que el presidente de Codelco, Máximo Pacheco, y el gobierno "tienen una desconexión absoluta con el desarrollo estratégico de la empresa más importante del país que pertenece a todos los chilenos y chilenas".

Previo al inicio de la medida de fuerza, la Federación de Trabajadores del Cobre advirtió a las autoridades de Codelco y del gobierno que si "tocan a un trabajador o una trabajadora" por expresar el "legítimo descontento a través de las herramientas del movimiento sindical, esta movilización se radicalizará".

En medio del paro, el ministro de Hacienda Mario Marcel anunció la firma de un plan de reinversión que contempla la inyección del 30 por ciento en promedio de las utilidades correspondientes a cuatro años y busca evitar que los operarios de la fundición Ventanas pierdan sus puestos de trabajo. Codelco es una empresa del Estado de Chile cuyas reservas representan un seis por ciento de las reservas globales de cobre.

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La necesaria relación entre Barrismo y sociedad necesaria. Tras las hinchadas

A pesar de la forma simplista de encasillar entre medios y autoridades a las barras futboleras, existen múltiples dinámicas que van desde el simple coreo para animar el equipo de los amores hasta actividades más organizadas que implican formas de intervención en la comunidad. Entender estas formas de asociación será clave para comprender las nuevas formas de ciudadanía que están en gestación.

Hace algunos de días, en pleno cierre del campeonato del fútbol profesional colombiano, visité nuevamente mi ciudad para acompañar al equipo de mis amores, el Deportivo Pasto. Pese a la pésima campaña, volví de Ecuador y mi barra, “La banda tricolor”, me recibió con la boleta para el ingreso, además de compartir el cruce de las anécdotas con los muchachos. Viajar en medio de las ocupaciones se ha convertido ya en una costumbre para ver fútbol y entender a la muchachada. En cada fecha comprendo algo distinto que cada uno se guarda en medio de sus cotidianidades, haciendo de la barra y del fútbol el lugar perfecto para la catarsis, la expresión de los sentimientos y de las repulsiones.

El pasado sábado, el 14 de mayo, el Pasto cerraría de visitante frente al Deportivo Independiente Medellín, la barra viajó por más de 20 horas y el lunes 16 de mayo el grupo “Barrismo en paz” publicó en sus redes un registro fotográfico interesante, captando en cada imagen que un fútbol en paz, sin líos ni altercados, es posible, registrando la alegría de quienes conozco y considero mis hermanos y hermanas de cancha, así como el esfuerzo infinito que cargan al ser el corazón del equipo, esto es lo que en los códigos de barra conocemos como el “Sí al visitante” y cuando afirman, sin dudarlo: “El Pasto nunca jugará solo”.

Esto me convence, cada vez más, de la existencia de otras formas posibles de alentar a nuestros equipos. Hemos desaprendido, resignificando más allá del estigma de las barras “bravas” (Ver recuadro), “duras”, “sujetos animalizados”, “desadaptados” con los relatos biologicistas que mantuvieron y mantienen nuestra relación, especialmente los señalados por la prensa amarillista que jamás indaga por entender más allá de la primicia.

¿Cómo entender la resignificación? Otras formas posibles


Los cambios que están surgiendo en las barras para el caso colombiano, quieren resarcir, de a poco, las manchas del pasado. Propuestas como las de Fernando Bolaños (2007) buscan una sustitución de “las bravas” para hablar de “barras populares”, con una pedagogía que entrelaza el componente teórico sobre el tema y la acción colectiva de los jóvenes en las calles, a partir de la convivencia, el crecimiento del sentir y el vivir en comunidades grupales.

Otras emanan desde el enorme paradigma del “barrismo social” que, con más fuerza gana espacios importantes tanto en la academia, la praxis y el activismo, entendiendo una sumersión en la pasión por el mundo del fútbol, y la creación de vínculos sociales (y por qué no, hasta políticos) cuya identidad trasciende el mero carácter clubístico, es decir, los mismos actores y actrices han reconocido más allá de una congregación masificada entorno a los 90 minutos del que rueda el balón, unas formas diferentes de ser y de estar juntos con la potencia del componente de la heterogeneidad, que sólo es posible encontrar en una barra. Algunos como Ramírez y Salazar* piensan que se trata de formas nacientes de movimientos sociales que hoy entienden la magnitud de su accionar en el escenario de la ciudad y su incidencia en el cambio.

No sólo se trata de evidentes intervenciones comunitarias de forma intermitente, sino que aluden al encuentro de un proceso más consolidado; recordemos que, desde el 2006, los primeros acercamientos entre las barras llevaron a la creación del “Colectivo barrista colombiano” con la reunión de los esfuerzos de las 19 barras más importantes del país. Hoy, en 2022, con una participación masiva, el establecimiento de códigos mejorados y las interacciones mutualistas, “Barras por la convivencia colombiana”, toman la bandera y le dan la vuelta al mundo con diferentes formas de vivir y sentir el ser barrista, en una sociedad como la colombiana, cuando estamos ya exhaustos de los escenarios de conflicto.

De vuelta con la muchachada del Pasto, nos resulta emergente y responsable rescatar estos procesos, que, si bien son únicos en Latinoamérica, también son polémicos por quienes aún le acuñan el carácter rígido y radical de mantener la violencia en las filas de la hinchada. Sea como fuere, hoy, de la mano de nuestros referentes, le apostamos a una diferencia en construcción con el esfuerzo, como lo diría mi amigo “Menor”:

Habemos todos los sectores sociales, desde el “man” que piensa diferente, hasta el “man” que tiene más, tiene menos, pero todas las clases sociales […] nosotros somos una cultura social, una cultura urbana y futbolera. La apuesta es esa, que desde La Banda nos apropiemos de todos esos procesos sociales, culturales, porque entendimos que tenemos que crecer como organización, sabemos que como personas y como barristas influimos dentro de esta sociedad […], tenemos la diversidad de Colombia, de Nariño y de banda tricolor, la idea es hacer un barrismo diferente, un aguante diferente (“Menor”, miembro de “La banda tricolor” (Deportivo Pasto, 2021).

Así, esta relación entre barrismo y sociedad concluye, no sólo con un nuevo tópico o línea a explorar en mi ejercicio como investigador académico, sino que señala también ese compromiso con las causas que sabemos y merecemos por ser justas en la vida, en un activismo frecuente y consonante sobre la incidencia de mi barra en los escenarios deportivos, pero también por fuera de ellos, en la construcción de una sociedad mejor. Como lo dicen en sus consignas ¡Sean bienvenidos y bienvenidas todos a Pasto porque somos la ciudad!

 

* Ramírez, Jacques y Salazar Santiago. “Hinchas organizados: ¿barras bravas o barristas sociales? Una mirada desde Colombia y Ecuador”. Revista Argumentos, Vol. 18, 83-110. Montes Claros, 2021

 


Del origen de “bravas”

¿Por qué sucedió todo este embrollo? Existen múltiples significados para definir barra: como “pieza de metal u otra materia”1, como “mostrador de bar u otros establecimientos similares en el que se sirven bebidas”2. En Argentina, el término barra, también se entiende como un espacio en el que un cierto número de personas organizadas, comparten un interés en común.


Una de las primeras historias, remonta a la década de 1920 cuando los seguidores del Club Atlético San Lorenzo de Almagro crearon La barra de La goma: “Esta agrupación amedrentaba a jugadores e hinchas rivales con pedazos de goma, que eran lanzados y producían fuertes contusiones a quienes los recibían”3.

Como barra brava, el significado de la RAE, en Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay, contiene: “Grupo de hinchas fanáticos de un equipo de fútbol que suelen actuar con violencia”4.


La terminología de barra puede en este contexto atraer muchos sentidos, pero siempre tendrá una connotación de algo duro, infranqueable, rudo y fuerte; la connotación de brava, marca algunos hitos en particular de la historia futbolera argentina.


Uno de los primeros, data de 1958, que aún evoca la memoria de Mario Linker. Hay múltiples versiones sobre el caso, unos dicen que era hincha de River, otros se aproximan a una simpatía por Boca, algunos dicen que la misma hinchada de River provocó su deceso, otros dicen que la policía; pero, lo único cierto del caso es que “se vio a un hombre tirado en el suelo, víctima del impacto de una bomba de gases en su cabeza […], murió unas horas después en el hospital Salaberry, de Buenos Aires. Era el joven Alberto Linker”5. Algunos diarios argentinos como El Clarín, según la crónica de Szlifman, calificaron el hecho como ““bochornoso” y atribuido a un “pequeño grupo de exaltados” (20/10/1958)”6. Otros como La Razón le dieron otro calificativo: la existencia de “barras fuertes”, públicas y conocidas. La gravedad de los incidentes ocurridos en Liniers modificarían drásticamente las presentaciones que se hacían de los hinchas en la prensa argentina. Por primera vez se afirmaba que existían grupos de hinchas con jerarquías y cierta organización interna, que por sus rasgos se separan en las crónicas de la masa de hinchas que concurría a los estadios7.


Si bien después del incidente de Linker se agudizaron otros hechos de violencia relacionados con el fútbol en Argentina, especialmente en Buenos Aires, casi una década después se pasó del calificativo de barras fuertes a barras bravas. “El apelativo de barras bravas surgió a partir de un hecho trágico […] El 9 de abril de 1967 fue asesinado a golpes Héctor Souto de 15 años de edad, seguidor de Racing Club, por uno de los líderes de la barra de Huracán”8. El ingreso de Souto, según se relata, fue por equivocación a la tribuna de Huracán, y las barras que tenían el denominativo de duras, se convirtieron en bravas. En definitiva, se trata de un origen que “está vinculado históricamente al surgimiento de la violencia política argentina, a mediados de la década del 60”9.

1 Real Academia de España. rae.es. 2020. https://dle.rae.es/intra-?m=form (último acceso: 05 de 04 de 2020).
2 Ibíd., https://dle.rae.es/local?m=form (último acceso: 04 de 05 de 2020).
3 Castro, John, Germán Gómez, y Rafael Jaramillo. Fútbol y barras bravas análisis de un fenómeno urbano. Bogotá: Siglo del hombre editores, Universidad Nacional de Colombia, 2018, p. 320.
4 Ibíd., https://dle.rae.es/barra (último acceso: 05 de 04 de 2020).
5 Szlifman, Javier. «El crímen que dio nacimiento a las barras bravas argentinas.» Revista Líbero, 2020.
6 Idem.
7 Idem.
8 Castro, John, Germán Gómez, y Rafael Jaramillo, op. cit., p.168.
9 Alabarces, Pablo, y otros. «Aguante y represión. Fútbol, violencia y política en la Argentina.» En Peligro de gol, Buenos Aires: CLACSO, 2000, p. 221.


Los últimos «salileros»*


Nos persiguieron, señor, nos persiguieron. Mismamente que animales, no que cristianos. Nos echaron de todas partes, señor, nos quitaron todo. Usted nos ve ahora así, débiles y desparramados, señor, pero los salileros supimos ser fuertes.

Claro, no estábamos aquí, estábamos en otra parte, lejos de aquí. Y era un gusto vernos en los domingos de fiesta, señor, cuando había partido. ¡Así de gente los carros y los camiones llenos de salileros hacia la cancha! Con estos colores, señor, los que usted ve en la vincha. Y la cancha, señor. No sé si había alguna mejor en todo el país, vea lo que le digo, no sé si había alguna mejor. Y venían Boca y River y también San Lorenzo y se iban humillados, señor. Los grandes decían que eran, señor, los grandes, pero de ahí se iban con la cola entre las piernas. Y era una fiesta eso, señor.

Ahora nadie se acuerda de los salileros, nadie se acuerda de cuando éramos fuertes y llenábamos de banderas y trapos las canchas. Nadie se acuerda, señor. Ni saben por qué nos llamamos «salileros», señor, ni eso recuerdan las gentes. Venían River o Boca o San Lorenzo con esos equipos bárbaros y cuando se venían al ataque todos nosotros gritábamos «¡salile! ¡salile!» a los nuestros, para que les hicieran cara, señor. Por eso nos decían los «salileros».

Ellos se venían con esas estrellas famosas que salían en las figuritas y en las tapas de «El Gráfico», señor, una vez por año venían, y ahí, en nuestra cancha se hacían pequeñitos, así quedaban los pobrecitos cuando nos veían a nosotros en las tribunas repletas, que cuando me acuerdo me vienen lágrimas a los ojos, señor.

Y siempre la justicia en contra. Siempre la justicia en contra. Como no podían con nosotros los porteños, nos ponían los jueces en contra. Nosotros éramos buenos, señor, buenazos. Gritábamos nomás, a grito pelado, para alentar a los nuestros. Alguna piedra de vez en cuando, también, cuando ya veíamos que la injusticia era muy grande o los contrarios muy superiores. Ésa es la verdad, señor. A nadie le gusta verse humillado en su propio campo. Pero nada más que eso. Y empezaron a perseguirnos, señor. Siempre los jueces en contra, nos penalizaban, señor. Nos echaban jugadores por pavadas, señor. Y los linieres, señor, cierro los ojos y veo todavía esas banderas amarillas o solferinas levantadas, señor, porque alguno de los nuestros había invadido terreno prohibido. ¡Terreno prohibido, señor, si la cancha era nuestra! La habíamos ido levantando nosotros mismos, con esfuerzo, señor. Con sacrificio. Era nuestro orgullo. Siempre los porteños persiguiéndonos. Es cierto que degollamos a Cándelo, señor. ¡Pero ellos habían quebrado a Solibarrieta! Cándelo, el juez Cándelo. Permítame que escupa, señor. Y al domingo siguiente tuvimos que ir a jugar a otra cancha porque nos habían suspendido la nuestra. Por ahí cerca, pero en otra cancha. Y también hubo lío porque los salileros ya estábamos enojados, señor, muy enojados. Nosotros somos buenos, pero la injusticia era mucha. Los porteños nos perseguían, señor, como a animales. Nos provocaban para que nosotros más nos enojáramos, señor, y más nos castigaran. Al Junín tuvimos que ir a jugar después señor. Daba pena, le juro, ver esa caravana de hombres, ancianos, mujeres y niños, en carros y camiones, yendo hacia el

Junín para seguir los colores de nuestro equipo señor, los mismos que usted ve en esa vincha, señor. Con un frío terrible y la lluvia. Con los abuelos, con enfermos, con los perros. Le pegamos a un linier en Junín, señor, un infame, y de ahí también nos echaron, también de ahí. ¿Adónde íbamos a ir a jugar, señor, adónde íbamos a ir?

Cada vez éramos menos, castigados por la policía, por las cárceles, los salileros cada vez éramos menos. Los más viejos se fueron quedando en el camino, por esos caminos, cansados de seguir la divisa. Y perdimos la divisional, señor, la perdimos, nos fuimos a la «B», que no es deshonra, señor, pero no es lo mismo. Los tiempos de gloria se habían alejado de nosotros señor, nos habían dejado de lado.

Y siempre la justicia en contra señor. Siempre en contra. Nos castigaban por cualquier cosa, por pavadas señor, por tonterías. De la «B» también bajamos, señor.

Ya ni cancha teníamos para jugar, nada era nuestro. Algunos de los muchachos jugaban descalzos, señor, tan pobres éramos. Y casi nadie para alentar, sólo un grupito, chico. Las otras hinchadas se aprovechaban, señor, y nos pegaban, nos corrían, nos humillaban. A nosotros a los salileros, que habíamos sido fuertes y poderosos y que cuando gritábamos todos juntos no dejábamos que se escuchara ningún otro canto, señor. No nos perdonaban el haber sido fuertes, señor. A la «C» nos fuimos señor, pero ya no teníamos más ganas de pelear, ni jugadores, ni cancha, y éramos un puñadito los que alentaban, señor. Cada vez más lejos de nuestras tierras, cada vez menos parecidos a nosotros mismos. Si hasta el color de las camisetas se había borrado con el tiempo, señor, con las lavadas, con el tierral de los potreros inmundos donde teníamos que ir a jugar, señor, nosotros, que habíamos sabido del césped verde y el olor del césped verde recién cortado, señor.

Y aquí estamos, señor, para que cada tanto venga alguien como usted para investigarnos como a animales raros. Los últimos que quedamos, señor. Los últimos salileros. Los porteños nos persiguieron mucho, señor. Muy mucho nos persiguieron. Si hasta los domingos nos quitaron, señor. Hasta los domingos.

* Fontanarrosa, Roberto, Puro fútbol, Todos los cuentos de fútbol, Ediciones de la Flor, Argentina, p. 24,

 


 

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En El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty evitó defender el socialismo. Ahora ha adoptado el término. (Foto: Universidad Centroeuropea / Flickr)

Hace años que Thomas Piketty viene articulando una convincente crítica del capitalismo del siglo veintiuno. Ahora parece estar avanzando más allá de la crítica y convoca a un socialismo del siglo veintiuno.

El artículo que sigue es una reseña de ¡Viva el socialismo! Crónicas 2016-2020 de Thomas Piketty.

Es un un signo de época que uno de los intelectuales más importantes publique un libro de ensayos titulado ¡Viva el socialismo! Como explica Piketty en la larga introducción a esta obra, «si en 1990 alguien me hubiese dicho que en 2020 publicaría una compilación de artículos titulada en francés Vivement le socialisme!, hubiera pensado que era un mal chiste».

Sin embargo, como sucedió con tantas personas en todo el mundo, las últimas tres décadas de lo que Piketty denomina «hipercapitalismo» lo llevaron a cuestionar las verdades heredadas sobre el sistema económico dominante. Y aunque el autor todavía rehuía defender el socialismo cuando publicó El capital en el siglo XXI, su obra magna sobre la desigualdad y éxito de ventas en 2013, ahora acoge la palabra argumentando que, más allá de la carga que imponen sus connotaciones estalinistas, «sigue siendo el término más apropiado para describir la idea de un sistema económico alternativo al capitalismo».

Pero la cuestión está lejos de agotarse en una disputa terminológica. Como explica Piketty, su reconciliación con el socialismo refleja su nueva convicción de que «uno no puede estar “en contra” del capitalismo o del neoliberalismo: uno debe estar también y sobre todo “a favor” de otra cosa, y eso implica precisamente designar el sistema económico ideal que uno desea establecer». Alimentada por una desigualdad brutal y por la sombría catástrofe climática, la furia contra el capitalismo está bastante extendida. Por eso, según Piketty, ahora necesitamos más que nada persuadir a todo el mundo en función de una «alternativa explicada con claridad». 

Un socialismo nuevo

Piketty resume su defensa de «una nueva forma de socialismo» con los adjetivos «participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, multirracial y feminista». La perspectiva que nos convida empalma sin duda con la tradición del socialismo democrático, que busca profundizar y expandir las instituciones representativas y las libertades políticas codificadas en las democracias capitalistas contemporáneas. Lejos de avizorar un levantamiento insurreccional, Piketty argumenta que «no es nada improbable avanzar gradualmente hacia un socialismo emancipador mediante la transformación del sistema legal, fiscal y social».

Desde su punto de vista, esta transición está en marcha: «Si asumimos una perspectiva de largo plazo, la larga marcha hacia la igualdad y hacia el socialismo participativo empezó hace bastante tiempo». Aunque el progreso se detuvo en la época neoliberal, Piketty destaca que la gran historia de los países capitalistas desde el siglo diecinueve es la historia de la «reducción aguda» de las desigualdades y del crecimiento imponente del Estado de bienestar. 

En Europa Occidental —foco geográfico del libro— el gasto público total de comienzos del siglo veinte representaba apenas un 10% de los ingresos nacionales. Hoy oscila entre el 40 y el 50%, y está dedicado sobre todo a financiar servicios como la educación, la salud y las jubilaciones. De acuerdo con Piketty, este progreso es el resultado de la presión popular codificada en las políticas gubernamentales, es decir, no se trató de una maniobra de la clase dominante para impedir el cambio radical, ni es la consecuencia inevitable del desarrollo capitalista librado a sus propias fuerzas.

Aunque Piketty argumenta que promover la expansión de los servicios públicos —que debería incluir, sobre todo, medidas para hacer que la educación superior sea accesible para todos— es esencial para avanzar hacia el socialismo, su perspectiva no se reduce a reconstruir Estados de bienestar robustos. Si queremos una igualdad real, debemos repensar «todo el espectro de relaciones de poder y dominación». En el núcleo de su concepción sobre la transición al socialismo está la redistribución de la riqueza combinada con la extensión del poder de influencia de los empleados en las empresas privadas. 

Una de las propuestas más innovadoras de ¡Viva el socialismo! es incrementar considerablemente los impuestos progresivos para garantizar que todos tengan un «mínimo de herencia» de aproximadamente 180 000 dólares cuando cumplan los veinticinco años. A través de esta política, Piketty prevé la construcción de una sociedad en la que «todos poseerán unos cuantos cientos de miles de euros, algunos tal vez poseerán unos cuantos millones, pero las grandes fortunas […] solo serán temporarias y serán rápidamente aplanadas por el sistema impositivo hasta alcanzar niveles más racionales y más útiles en términos sociales». 

Garantizar que todos tengan un colchón financiero generoso traería muchos beneficios, entre los que cabe destacar que liberaría a los trabajadores de las presiones que ejerce la necesidad material y que los lleva a aceptar malas condiciones de trabajo, bajos salarios y despotismo fabril. En síntesis, una redistribución general de la riqueza que opere de arriba abajo ayudaría a «redefinir el conjunto de relaciones de poder y de dominación social».

Con el fin de profundizar este desplazamiento de poder, Piketty también propone que todos los países adopten un sistema de cogestión en el que representantes elegidos por los trabajadores ocupen la mitad de las mesas directivas de todas las grandes empresas. Esta política, destaca, existe en algunos países como Suecia y Alemania, y produjo una «transformación considerable de la lógica accionaria clásica». 

Sin embargo, Piketty también advierte contra la idealización de las formas en que este sistema de cogestión fue implementado en el pasado, argumentando que es posible diseñar formas más ambiciosas. El autor concluye su argumentación a favor del socialismo destacando que todas sus propuestas tienen un carácter provisional: las políticas específicas que elabora «apuntan a abrir el debate, nunca a cerrarlo» porque el «socialismo participativo que defiendo no vendrá de arriba».

Un cambio bienvenido

El hecho de que un pensador tan influyente como Piketty haya acogido el socialismo es significativo en sí mismo y pavimenta el camino a que cada vez más personas comiencen a imaginar un mundo más allá del capitalismo. Pero, ¿qué decir de su perspectiva de transformación socialista?

Sin duda, el discurso de un avance hacia el socialismo relativamente gradual y que está en marcha hace bastante tiempo hará que muchos radicales, formados en la escuela de la ruptura revolucionaria en el Estado y en la economía, levanten las cejas con escepticismo. Sin embargo, no debemos subestimar esta perspectiva gradualista. 

La verdad es que no tenemos ninguna manera de predecir con precisión la forma que adoptará la transición al socialismo en una democracia capitalista avanzada. Es probable que la insistencia de Piketty en el hecho de que las reformas radicales que propone deberán conquistarse a través de la lucha contra el poder empresarial —y no adecuándose a sus mandatos— baste como horizonte estratégico en el futuro próximo. Aunque cabe esperar que una ruptura revolucionaria más rápida y menos pacífica llegue a estar en agenda cuando se haga sentir la reacción minoritaria de los patrones, la verdad es que la proyección de una revolución inmediata como única vía posible no responde a la necesidad ni implica un beneficio político.

Algunos radicales también desconfiarán de la insistencia de Piketty en que la transición al socialismo está en marcha según los datos del crecimiento del Estado de bienestar y de la disminución correlativa de la desigualdad económica. Pero el autor también tiene un punto en este caso: las reformas conquistadas por los socialistas, por los trabajadores organizados y por los movimientos sociales durante el siglo pasado efectivamente tuvieron consecuencias sobre las relaciones mercantiles. 

A pesar de los estragos del neoliberalismo, el Estado de bienestar sigue existiendo incluso en lugares como Estados Unidos y el Reino Unido, y las luchas presentes y futuras por la desmercantilización se desarrollan sobre una base social mucho más elevada que la de, por ejemplo, los años 1930. En ese sentido, la crítica más pertinente contra la socialdemocracia —y Piketty está de acuerdo— no es que hayan sido gradualistas, sino que en última instancia mostraron ser incapaces de ser gradualistas efectivos. En vez de transmitir cada vez más poder y control a manos de los trabajadores, los partidos socialdemócratas, a partir de los años 1980, abandonaron en gran medida este proyecto frente a la crisis económica, la globalización y la resistencia patronal.

Tampoco tiene sentido criticar a Piketty por omitir el llamado a nacionalizar las instituciones económicas más importantes. Existen buenos argumentos para sostener que los mercados de bienes privados son perfectamente compatibles —y tal vez hasta sean necesarios— con una sociedad socialista próspera, en la que se supone que el Estado socavó radicalmente el poder y la riqueza de los capitalistas, que la democracia económica en los lugares de trabajos es un hecho y que las políticas de bienestar garantizan que todo el mundo acceda a los servicios necesarios. Dicho todo esto, la defensa que Piketty hace del socialismo podría haber sido más convincente si se hubiera comprometido con las propuestas de democratizar completamente las empresas, como anticipaba el célebre plan Meidner de Suecia. 

Ni un paso adelante sin los trabajadores

Una limitación más significativa es que Piketty no dice casi nada sobre la importancia de reconstruir el poder de los trabajadores organizados. Se contenta con algunas observaciones al pasar cuando habla de «repensar las instituciones y las políticas, incluidos los servicios públicos y, en particular, la educación, la legislación laboral, las organizaciones y el sistema impositivo», cuando dice que hay que «terminar con el menosprecio de los sindicatos, el salario mínimo y las escalas salariales». Sin embargo, la relativa desatención del autor hacia el trabajo organizado no deja de ser sorprendente dado el encomiable cuidado que pone en la urgencia de recuperar la política de la clase obrera, y su conocimiento consistente de la importancia histórica que tuvieron los sindicatos en la reducción de la desigualdad. 

Tal vez Piketty, priorizando su experticia en el relevamiento de datos que permite identificar tendencias históricas y soluciones políticas, siente que es mejor dejar que otros doten de espesor a las líneas estratégicas necesarias para conquistar el horizonte que nos propone. Como sea, sin un movimiento obrero revitalizado, que apunte a cambiar el equilibrio de poder entre las clases, es improbable que se concreten las soluciones más ambiciosas del autor, y muchas otras podrían desembocar en consecuencias indeseadas. 

La cogestión de los trabajadores, por ejemplo, efectivamente puede servir en términos generales como una herramienta para incrementar la influencia de los trabajadores, siempre que esté acompañada por sindicatos robustos. Pero sin la relación de fuerzas relativamente favorable que garantizan las organizaciones de la clase obrera, y sin la amenaza creíble de una acción obrera en los lugares de trabajo, los planes de cogestión corren el riesgo de convertirse, en el mejor de los casos, en un instrumento desdentado, y, en el peor, en un mecanismo de control que fuerza a los trabajadores a ratificar las prerrogativas de los patrones.

Nada de esto desmerece la importancia de ¡Viva el socialismo! ni la fortaleza de la perspectiva que nos convida. El esfuerzo que Piketty pone en esbozar una alternativa al capitalismo debería ser un motivo de reflexión para todos los progresistas que todavía mantienen su escepticismo frente a la «s» de socialismo. Y los militantes más radicalizados, cuya efectividad política en las democracias capitalistas tiende a debilitarse por el apego doctrinario a fórmulas articuladas en otras épocas y en otros contextos políticos, harían bien en considerar las obras de este autor francés. En la tarea de conquistar un mundo mejor, es probable que la apertura intelectual de ¡Viva el socialismo! termine siendo más útil que sus propuestas políticas concretas.

Por Eric Blanc

Traducción: Valentín Huarte

Publicado enEconomía
Lunes, 20 Junio 2022 09:19

Zurcir con la totalidad que somos

Zurcir con la totalidad que somos

El mapa lo dice todo. La cartografía electoral que arroja el mapa de Colombia, producto de las elecciones del 29 de mayo es una nítida fotografía de la realidad social y política que padecemos: en el centro del país, con pocas extensiones sobre departamentos de los denominados periféricos, se congrega el país que votó por Rodolfo Hernández. Es casi un círculo ampliado de los departamentos que cuentan con mayor desarrollo económico y en los que habitan –si no lo hacen en Estados Unidos u otros países de sus ensueños– los sectores más pudientes de nuestra sociedad, una minoría que se ha beneficiado de las políticas de Estado que protegen, financian, apadrinan, acolitan, a quienes “crean la riqueza nacional”.

Bordeando este círculo, en forma de óvalo, con extensiones hacia el norte, el occidente, el sur y el oriente del país, en un porcentaje superior a favor del Pacto Histórico, y con apoyo mayoritario en los departamentos que más han padecido los efectos negativos de las políticas económicas y sociales de Estado que marcan nuestro ser nacional, los sectores marginados, una mayoría de connacionales que sufren la exclusión, el desconocimiento y los efectos, además, de la política militar que prevalece como recurso para resolver la conflictividad social.

En estas dos Colombias, con presencia significativa pero no detallada en su configuración por la cartografía electoral, habita otro país, constituido por más de una tercera parte de quienes están en edad de votar pero no lo hacen y cuyos motivos pueden ser diversos, como lo son los millones que allí están sumados. Aquellos no tienen confianza en la clase política, no los convoca el canto de un prometido cambio institucional que entona la izquierda, tienen rabia con el establecimiento, pues lo único que reciben del mismo es palo y promesas incumplidas; no se sienten recogidos en los programas que abanderan las campañas electorales… Tenemos, por tanto, no uno ni dos sino por lo menos tres países, cada uno motivado por circunstancias disímiles y opuestas entre sí.

La lógica política, económica, social, militar, en boga, indica que –de salir electo el candidato que promete ahondar las políticas neoliberales, achicando el Estado como principal empleador, por ejemplo– esto continuará, y la sociedad que resumimos no estará convocada a reencontrarse y permanecerá dividida entre polarizaciones y tensiones.

De salir elegida la candidatura que ofrece la superación de lo construido hasta hoy, en tanto en el eje de su programa está la inversión social acrecentada, mayores impuestos para los más pudientes, reconocimiento de grupos excluidos, y similares, encontrará sintonía y empezará a bordar un país para las mayorías pero no para la totalidad.

En su ejercicio de cambio, de ponerse en boga un amplio proyecto cultural y educativo, además de económico y no militar para contener la inconformidad social, alimentará energías para que muchas de las personas que no sienten sintonía alguna con el establecimiento se acerquen, al menos, para ver qué está pasando y “metan el dedo en la llaga” y así comprueben su veracidad.

Tenemos aquí un zurcido que empieza a unir pedazos de país. Tal vez el secreto para que eso permanezca y no se descosa al primer jalón sea hilar en Z, quizás en M. Las opciones son varias pero encontrar cuál es la que une con más fortaleza es labor de quienes estarán en los años que vienen como funcionarios de lo público.

Lo cierto es que esas puntadas tienen que pasar con su hilo por la concreción efectiva de una reforma agraria que sea integral, acompañada por una política de protección a la producción y el mercado nacionales, con una red para acercar los productos del campo a las barriadas, en clara disputa con las redes de mercadeo que ahora intentan monopolizar este sector de la economía del país. Es un esfuerzo en el cual se deberá citar y lograr la concurrencia de pequeños y medianos tenderos, como de micro, pequeños y medianos productores urbanos de bienes destinados al consumo diario, para que se asocien y faciliten este proceso y se beneficien del mismo –en calidad de trabajo, en precios favorables, en líneas de crédito para operativizar su labor, en proceso de capacitación, etcétera.

Aquel es un hilar que deberá cruzar y tensar el cumplimiento de los acuerdos de paz, a fin de crear así un ambiente regional para la participación y el liderazgo social sin correr riesgo de muerte; a la par de otras muchas hiladas que recojan, por ejemplo, la creación de una industria nacional con ejes en diversos segmentos estratégicos de una economía de punta y en sintonía con la revolución industrial en curso, pero también que haga sentir sus puntadas en la política educativa, garantizando el soñado anhelo de educación superior para toda aquella persona que lo anhele y cumpla con los mínimos académicos que exijan en uno u otro centro de estudios.

El recorrido de las agujas es mucho más amplio y diverso, pues el tamaño de lo aplazado en el país es mayúsculo para que se pueda hablar de reducción sustancial de la pobreza y eliminación de la miseria. ¿Qué decir de una política de paz para el diálogo y la apertura política con quienes estén dispuestos a aunar esfuerzos, de modo que el país viva una oportunidad de reencuentro? ¿Qué de una política ambiental en realidad consecuente con todo lo que implica no aportar al incremento del cambio climático? ¿Qué de una política urbana que vaya al fondo de la crisis que sobrelleva la ciudad del mercadeo y el consumo?

En ese zurcir con delicadeza, y con la alegría de quienes están construyendo una pieza por vestir engalanados, hay quienes desde un principio se sentirán excluidos, pero en esta ocasión no son los de siempre sino quienes desde décadas atrás no han dejado de beneficiarse de las políticas de Estado que priman en el país.

Con el solo hecho de cobrarles más impuestos, de llamarlos a pagar mejor a sus trabajadores y empleados, con el efecto de que el chorro de beneficios estatales dirigidos hacia ellos se corte o reduzca, estas y otras realidades los llevarán a conspirar contra el nuevo gobierno y atizar asimismo el descontento social, incrementado, seguramente, por la fuga de capitales que propicien, por el bloqueo de la agenda legislativa y –esto no es extraño– por el estímulo al ahondamiento del conflicto armado que hoy padece el país. El factor Estados Unidos calentando el ambiente político podrá estar en el trasfondo de algunas de esas reacciones.

Se podría decir, entonces, que en este punto, ante un cuero duro, la aguja se partirá y el país seguirá roto, tal vez en menos pedazos pero roto. La pregunta que corresponde hacerse a quienes diseñen las políticas de Estado, ojalá en diálogo dinámico con toda la sociedad, es: ¿Qué se debe hacer para neutralizar esta realidad de fractura, entre minorías y mayorías, entre ricos y pobres, entre quienes desean el cambio y quienes aspiran a prolongar al status quo?

La tarea no es sencilla de resolver pero, seguramente, revisando nuestro profundo ser nacional, sus valores y mejores tradiciones, así como las experiencias vividas en otras coordenadas, se encontrarán luces y material para reforzar las agujas y el hilo necesarios para reencontrar al país como una sola pieza. Con detalles, con bolsillos y ojales que significan clases e intereses dispares pero que integran una sola pieza que, bien tejida, debe ser cómoda en su uso, de manera que a la vuelta de algunas décadas la realidad de vida digna y democracia participativa, directa, radical, plebiscitaria, haya echado raíces en todo el territorio nacional y en lo más profundo de nuestro ser cultural. Tremendo reto. ¡Ojalá no se frustre nuestro destino posible! n atizar nuevas protestas sociales.

 

 

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Lunes, 20 Junio 2022 07:11

Democracia ¿Para qué?

El reverendo William Barber durante su discurso en la Marcha Moral el fin de semana, en Washington. La Campaña de los Pobres en Estados Unidos ha declarado que hay un problema moral en el país, el cual ha generado injusticia social, racismo, guerras y devastación ecológica, y por ello se requiere una "revolución de valores", receta recomendada por el reverendo Martin Luther King, en 1968. Foto Ap

 

En la segunda semana consecutiva en el que un comité del Congreso continuó documentando públicamente cómo se intentó un golpe de Estado en Estados Unidos y siguió advirtiendo que esa amenaza derechista prevalece hoy día, tal vez lo más sorprendente es que esto aún no ha provocado una ola popular masiva por la defensa de lo que supuestamente es la esencia fundamental de este país: su democracia.

Mas aún, todo apunta a que el Partido Republicano que se ha subordinado, por ahora, a Trump, retomará el control del Congreso en las elecciones intermedias de noviembre, con su liderazgo prometiendo revancha contra aquellos que se atrevieron a investigar los delitos antidemocráticos del ex presidente y sus cómplices.

¿Será que en el faro mundial de la democracia, ya se está fundiendo esa palabra tan sagrada?

Vale recordar que hace año y medio la mayoría de los votantes expulsó al bufón neofascista y apoyó al candidato que prometió "el gobierno más progresista desde Franklin Delano Roosevelt" y declaró que su presidencia marcaba el fin de cuatro décadas de políticas neoliberales (sin usar esa palabra).

Más aún, vale subrayar que en las encuestas, mayorías apoyan toda una gama de políticas progresistas: desde el derecho al aborto, un mayor control de armas de fuego, un sistema de acceso básico a salud y educación, que los ricos paguen su parte en impuestos para reducir la desigualdad, hasta una reforma migratoria para legalizar a la mayoría de los indocumentados, entre otras políticas. Biden y el liderazgo demócrata prometieron promoverlas, y en parte por ello ganaron la Casa Blanca y el control de ambas cámaras del Congreso, pero poco despues empezó a imperar el juego de Washington, donde la voluntad de las mayorías no se implementa.

Como resultado, el desencanto, una vez más, es palpable por todas partes, y en particular, como lo fue con Obama antes, entre los jóvenes.

Ese tipo de desencanto fue en gran medida lo que motivó el triunfo electoral de Trump, sobre todo entre sectores de trabajadores y granjeros que seguían perdiendo sus empleos, tierras y oportunidades para sus familias e hijos. Algunas manifestaciones de una creciente desesperación social son las epidemias de opiaceos, violencia con armas de fuego y suicidios, entre otros factores que causan muertes prematuras y que están elevando la tasa de mortalidad de manera inusitada y diferente a la de otros países ricos.

La Campaña de los Pobres insiste en que hay un problema moral en Estados Unidos, generado por demasiada injusticia social, racismo, guerras y la devastación ecológica, y que ahora "el país tiene que ser rescatado de sí mismo" con una "revolución de valores", una receta recomendada por el reverendo Martin Luther King en 1968.

Ante un obvio desencanto con lo que oficialmente se llama "democracia", se puede decir que hay dos caminos visibles en Estados Unidos en esta coyuntura: una propuesta neofascista basada en una agenda supremacista blanca antimigrante, o una propuesta progresista que busca cumplir con las necesidades y demandas de las mayorías y a favor de la justicia social y económica.

Observar el deterioro de "la democracia" del país más poderoso del mundo ha sido la tarea periodística desde la elección de Trump en 2016, aunque ese proceso empezó mucho antes y en gran parte –como en tantos países– está relacionado directamente con la era neoliberal de las últimas cuatro décadas. Que hubo un intento de golpe de Estado y que hay un proyecto neofascista explícito apoyado por millones y por uno de los dos partidos nacionales, algo impensable hace sólo unos años, sigue definiendo la coyuntura actual de Estados Unidos. Con ello queda en el aire la pregunta sobre si el pueblo defenderá o no lo que se llama "democracia".

Las consecuencias de esa decisión, por tratarse de la superpotencia, afectarán a casi todos en el planeta, y de manera inmediata a sus vecinos.

Sly and the Family Stone. Stand. https://open.spotify.com/track/68DqLs1hv7zI08EBvu53wV?si=xDw5HWsdRcm1z1zvvgRN-Q

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